Hacia un enfoque integral de la pobreza

Document Sample
Hacia un enfoque integral de la pobreza Powered By Docstoc
					                     Hacia un enfoque integral de la pobreza

                                       “Verse libres de la miseria, hallar con más seguridad la propia
                                       subsistencia, la salud, una ocupación estable; participar todavía más
                                       en las responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de
                                       situaciones que ofendan su dignidad de hombres; ser más instruidos;
                                       en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser más: tal es la
                                       aspiración de los hombres de hoy, mientras que un gran número de
                                       ellos se ven condenados a vivir en condiciones que hacen ilusorio
                                       este legítimo deseo” (Pablo VI; Populroum progressio, 6).



                     Definiendo la pobreza

El verdadero         Podemos decir que pobreza es ausencia de algo que debería estar
desarrollo
          1          presente. Quien es pobre lo es porque le falta algo. Hay algo que no
                     tiene, en algún orden.


                     Ensayando una clasificación

Dimensión            De todas las pobrezas, la material pareciera ser la que más importa o,
integral de la       por lo menos, la que más prensa tiene. Los datos e imágenes que nos
         2
pobreza              ofrecen los medios de comunicación son escalofriantes. Sin embargo,
                     creemos que podemos distinguir otros tipos de pobreza que
                     catalogamos de la siguiente manera:

                        !   Pobreza material: para no ser pobre en este sentido, se
                            supone tener un cuerpo bien mantenido, con suficiente
                            alimento, abrigo, vestido, salud, descanso. Este dato hace a la
                            supervivencia física y al sentirse bien con uno mismo desde la
                            propia materialidad. Podemos hablar entonces de la comunión
                            con el propio cuerpo, desde lo estrictamente físico, comunión
                            que es requisito mínimo e indispensable para que el ser
                            humano se eleve a categorías superiores.

                        !   Pobreza afectiva: no ser pobre en este sentido implica la
                            posibilidad de cultivar sentimientos fuertes, equilibrados y
                            seguros. Contra esto atentan males como la orfandad, la
                            soledad, y la marginación. Está en juego la comunión de
                            afectos con los demás, el sentirse parte de una familia
                            particular y también de la gran familia humana.

                 3      !   Pobreza cultural: se refiere a una adecuada inserción en la
La educación
                            cultura. No olvidemos que el hombre es más hombre cuanto
                            más cultiva su espíritu a través de la cultura. La falta de
                            instrucción, de educación, de modales, en última instancia
                            atentan contra la misma humanidad, medida según el grado de
                            desarrollo cultural de las diferentes épocas históricas. Se trata
                            de ser capaz de asimilar y de estar en comunión con la obra del
                            hombre a través de los siglos en lo que ésta tiene de bueno y
                          de verdadero.
Ambivalencia
moral del
                      !   Pobreza moral: se trata de una cierta familiaridad con el bien y
crecimiento
           4              la bondad. Una mala educación y las experiencias traumáticas
                          atentan contra este grado de bienestar que se traduce
                          generalmente en falta de valores, en irresponsabilidad, en
                          descompromiso y falta de energías. Establece en la persona
                          una connaturalidad o comunión con el bien.

                      !   Pobreza de sentido de la vida: es la pobreza más trágica y la
Fin último de la          que puede llevar a decisiones gravemente equivocadas o a
             5
vida humana               existencias sumidas en la depresión. Es la pobreza de quien no
                          vive ni valora el don profundo de las cosas y de las personas,
                          incluida la propia vida. Y tenemos entonces en fenómeno de las
                          adicciones, los suicidios, las depresiones. En el fondo se trata
                          de falta de comunión con el regalo de la creación.

                      !   Pobreza espiritual: es la raíz de muchas pobrezas y es
                          causada por no vivir el amor de Dios y la relación con El que
                          nos permite crecer y ser felices. Se traduce en el materialismo,
                          el pragmatismo, el utilitarismo, el nihilismo.


                   Hacia una calificación moral de la pobreza

                   ¿Toda pobreza es mala? O, dicho de otra manera: los efectos de la
                   pobreza, ¿son siempre malos?

                   No toda pobreza es mala. La pobreza evangélica, la que es asumida
                   sobrenaturalmente, no es mala. Los votos de pobreza que hacen los
                   religiosos, por ejemplo. Y esto porque todas las pobrezas son
                   transformadas en riqueza cuando se las asume sobrenaturalmente.
                   Por eso, quien es capaz de encontrar en Dios la fuente de su
                   bienestar, de sus afectos, de su cultura, del bien y del sentido de la
                   vida, es capaz de reducir al mínimo las demás exigencias y ser
                   igualmente feliz.

                   ¿Cuándo, entonces, es ‘mala’ la pobreza’? Creo que la pobreza es
                   mala o produce efectos nocivos cuando se da cualquiera de los
                   siguientes requisitos:

                      !   Cuando se priva al otro de lo mínimo necesario
                      !   Cuando es impuesta sin ser comprendida
                      !   Cuando es producto de una mala acción o de una omisión.


                   La dimensión cultural de la pobreza

                   Esto nos lleva a preguntarnos qué es lo necesario, es decir, si se trata
                   una cuestión cultural que varía con el transcurso de la historia, o no.
                Parece evidente que una persona de este siglo requiere muchas más
                ‘cosas’ para vivir ‘dignamente’ que una del siglo III. En comparación,
                la del siglo III era infinitamente más pobre que el más pobre del siglo
                XXI. ¿Cuál es el parámetro, entonces, para medir la pobreza?
                Evidentemente, si uno deja a salvo las condiciones elementales para
                el mantenimiento del propio cuerpo, este parámetro parece ser
                relativo y cambiar a lo largo de los años.

                ¿Se puede tener más bienes que antes y ser más pobre que antes?
                Sí por dos motivos: el primero es que la pobreza que ‘daña’ (esta
                palabra es importante) se mide también en comparación con otros.
                Aunque aparentemente yo tenga más que un pobre de hace mil años,
                la cultura crea necesidades que no siempre concuerdan con las
                necesidades vitales desde el punto de vista biológico. A veces las
                compulsiones creadas por la cultura llegan a pesar más en el
                inconciente de las personas que las necesidades reclamadas por el
                organismo. Y así podemos tener chicos desnutridos en un hogar que
                tiene televisor color, por poner un ejemplo. ¿Está mal tener televisor
                color cuando uno tiene hambre? En principio parecería que sí, pero yo
                creo que el juicio moral allí es confuso, porque podemos decir que la
                cultura va generando en las personas como una ‘segunda naturaleza’,
                que también tiene exigencias muy fuertes. Es verdad que si
                suprimimos la TV color no pasa nada, no nos morimos en realidad,
                pero también es cierto que sufrimos a lo mejor fuertemente en el
                ‘espíritu’, en la psicología.

                Por eso son tan perniciosos los hábitos de consumo desenfrenados.
                Porque van ampliando la base de pobres, al ampliar la base de
                necesidades a cubrir para no ser pobres.

                Y también por esto se da la paradoja de vivir en una época que posee
El consumo
desenfrenado
            6   bienes como ninguna otra, pero que también tiene pobres como
                ninguna otra. Y ello no es a causa del incremento de la población,
                como sostienen muchos ideológicamente.

                En segundo lugar el desarrollo del espíritu y de la cultura ha
                despertado nuevas necesidades que no siempre son materiales y que
                antes estaban dormidas. Me refiero a las necesidades de progreso
                personal, de ser alguien, de saber, de comunicarse, etc. La ausencia
                de todos esto genera situaciones y cuadros de rebeldía profunda que
                muchas veces lleva a tomar decisiones equivocadas.

                Sin contar con que la vorágine moderna y los cambios han generado
                profundas inquietudes en el corazón de los hombres y no siempre se
                descubren los afectos verdaderos y el sentido profundo de la vida. Es
                como si el espíritu pidiera a gritos un alimento que realmente
                necesitara, y nadie se lo diera. Esto también es pobreza que, no por
                ser menos tenida en cuenta en las estadísticas, tiene menos
                importancia.
                   ¿Cuántas personas, teniendo medios materiales, padecen trastornos
                   en su alimentación por cuadros de bulimia y anorexia? Esto también
                   es pobreza. O, ¿cuántas, por efectos de una mala educación,
                   padecen situaciones de desnutrición? ¿Es concebible que mueran de
                   hambre niños en un país rico en alimentos? Este hecho reciente, ¿no
                   nos abre los ojos sobre la naturaleza integral de nuestra pobreza?
Una cuestión
moral
     7             Afirmamos, entonces, que lo que califica a la pobreza como un mal es,
                   más que la dimensión material, la dimensión moral de la pobreza.


                   El desafío integral de la pobreza material

                   Sin embargo, pareciera que al decir todo esto estuviéramos
                   negándonos a abordar el desafío integral de la pobreza desde lo
                   material. No quisiéramos dar pie a esta afirmación y por eso vamos a
                   realizar algunas consideraciones sobre la pobreza material.

                   No hace falta que repasemos las cifras y estadísticas de la pobreza en
                   la Argentina y en el mundo. Además son inabarcables y sería muy
                   denso intentarlo. Todos conocemos sus efectos devastadores en la
                   moral de un pueblo.

El principio del   Decíamos al comenzar esta exposición, que pobreza es la ausencia
              8
Bien Común         de algo que debería ‘estar’. Los alimentos, la vivienda, la salud, son
                   elementos que deberían ‘estar’, al menos en un grado mínimo como
                   para poder subsistir a secas, en primer lugar, y luego como para
                   hacerlo ‘con dignidad’ (acá se juega propiamente el elemento cultural,
                   porque el modo de vivir de la Edad de Piedra podía ser muy ‘digno’ en
                   esa época, pero no pretendamos que sea considerado ‘digno’ hoy.
                   Por eso es muy difícil aislar el elemento relativo a la cultura al hablar
                   de pobreza). Y como los alimentos, la vivienda y la salud son
                   elementos que deberían ‘estar’ sí o sí, entonces es la autoridad quien
                   debe velar por su efectivo cumplimiento.

                   Esto no significa que no puedan hacerse cargo otros, pero sí que la
Principio de
subsidiaridad
             9     autoridad debe asegurarlos en última instancia. Esta misión de la
                   autoridad, también es algo que debería ‘estar’. Un Estado en donde su
                   autoridad es incapaz de asegurar esto, es también un Estado ‘pobre’,
                   aunque la función la terminen cumpliendo otros.

                   No se trata aquí necesariamente de que la autoridad deba basar sus
                   políticas sociales en el reparto de pan, viviendas o planes médicos,
                   sino que cada uno tiene que procurarse el sustento mediante el
                   trabajo, la ocupación. Porque además, el trabajo y la ocupación,
          10       dignifican al hombre. Su ausencia también es pobreza. Pobreza de
El empleo
                   ocupación que, luego de traducirse inmediatamente en pobreza de
                   recursos, se expresa muchas veces en vacío de sentido, la principal
                   de las pobrezas humanas.
                Un tema que involucra a todos

Responsabilidad Por eso decimos que solucionar la pobreza es un tema complejo e
          11
compartida      integral. Comienza asumiendo su papel cada uno en la sociedad.

                La solución de la pobreza apela también a la generosidad y a la
Principio de    delicadeza que, en este caso se vuelve justicia. Generosidad en el dar
solidaridad
           12
                gratuitamente o en el privarse de ganancias para que otros
                sobrevivan. Y delicadeza en tantos pequeños gestos como cuidar el
                estilo de vida en épocas de crisis, o renunciar a muchos derechos de
                segunda necesidad para que otros vean satisfechos sus derechos
                elementales.

                Recordemos que nadie puede reivindicar el derecho a la propiedad
La propiedad    privada como exclusivo, antes bien, el mismo está subordinado al
       13
privada
                destino universal de los bienes y al Bien Común

                ¿Podemos decir por eso que la pobreza es culpa de todos: de los que
                tienen por no compartir lo suficiente y de los que no tienen por no
                haber sido capaces o no haber querido tener? Creo que sí es una
                culpa compartida, pero compartida por toda la humanidad. No
                podemos ser inconcientes ante la generación y publicitación de tantos
                estilos de vida que dejan más en evidencia la pobreza de algunos,
                que ponen cada vez a más hombres ante el riesgo de la pobreza y
                que incrementan el riesgo de pobreza moral, afectiva o espiritual a
                aquellos que sí poseen bienes materiales. Porque existe también una
                pobreza humana, de sentimientos, de moral, que exacerba la pobreza
                material.

                Podemos decir, entonces, que la pobreza engendra pobreza. No se
                sale de la pobreza con más pobreza, sino con espíritu de grandeza.
                Para salir de la pobreza hay que dar un salto que no siempre es
                automático. Pero para darlo hace falta garantizar la calidad moral de
                quien lo da. No todos están llamados a dar ese salto, pero quienes lo
                dan arrastran a quienes no pueden darlo. Y para garantizar la calidad
                moral de quien da el salto, debemos ocuparnos ante todo de formar
                generaciones capaces de crecer moralmente.

                La pobreza no es cuestión de un paquete económico de medidas, ni
                de un arreglo con el FMI o el Banco Mundial. La pobreza en nuestro
                país es una cuestión moral. Lo cual no exime a nadie de tomar las
                medidas económicas que se consideren necesarias, pero sepamos
                que para solucionar el problema de raíz o, mejor dicho, para
                encaminar una solución que tenga visos de realismo, debemos atacar
                la crisis moral. La pobreza moral es la raíz de todo. ¿De qué sirve, por
                ejemplo, un préstamo que no llega a destino, o una partida
                presupuestaria que se canaliza a través de iniciativas que
                incrementan la pobreza, fomentando el egoísmo?
Además de la pobreza individual existe una pobreza y un desarrollo
‘colectivos’. Es decir, de pueblos enteros. Y acá también la pobreza
puede dividirse en las mismas clasificaciones que hicimos al principio.

Creo que es muy interesante ver qué índices son los más
representativos de los pueblos pobres. El de la corrupción es uno de
ellos, y está en el terreno de la pobreza moral. También el desempleo,
el índice de criminalidad, de endeudamiento externo. Todos ellos nos
refieren a condiciones que son, en sí, más éticas que económicas.

                                                           Inés Franck
1
   Cfr. Pablo VI; Populorum progressio; 20-21: “El verdadero desarrollo, que es el paso, para
todos y cada uno, de unas condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas.
Menos humanas: la penuria material de quienes están privados de un mínimo vital y la penuria
moral de quienes por el egoísmo están mutilados. Menos humanas: las estructuras opresoras,
ya provengan del abuso del tener, ya del abuso del poder, de la explotación de los trabajadores
o de la injusticia de las transacciones. Más humanas: lograr ascender de la miseria a la
posesión de lo necesario, la victoria sobre las plagas sociales, la adquisición de la cultura. Más
humanas todavía: el aumento en considerar la dignidad de los demás, la orientación hacia el
espíritu de pobreza, la cooperación al bien común, la voluntad de la paz. Más humanas aún: el
reconocimiento, por el hombre, de los valores supremos y de Dios, fuente y fin de todos ellos.
Más humanas, finalmente, y, sobre todo, la fe, don de Dios, acogido por la buena voluntad de
los hombres, y la unidad en la caridad de Cristo, que a todos nos llama a participar, como hijos,
en la vida del Dios viviente, Padre de todos los hombres.
2
   Cfr. Pablo VI; Populorum progressio; 14: “El desarrollo no se reduce al simple crecimiento
económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a
todo el hombre”.
3
   Cfr. Pablo VI; Populorum progressio; 35: “También puede afirmarse que el crecimiento
económico se corresponde totalmente con el progreso social suscitado por aquél, y que la
educación "básica" es el primer objetivo en un plan de desarrollo. Porque el hambre de cultura
no es menos deprimente que el hambre de alimentos: un analfabeto es un espíritu
subalimentado. Saber leer y escribir, adquirir una formación profesional, es tanto como volver a
encontrar la confianza en sí mismo, y la convicción de que se puede progresar personalmente
junto con los otros”.
4
   Cfr. Pablo VI; Populorum progressio; 19: “Todo crecimiento es ambivalente. Necesario para
permitir que el hombre sea más hombre, lo encierra como en una prisión, desde el momento
que se convierte en el bien supremo, que impide mirar más allá. Entonces los corazónes se
endurecen y los espíritus se cierran; los hombres ya no se unen por amistad sino por interés,
que pronto les hace oponerse unos a otros y desunirse. La búsqueda exclusiva del podeer se
convierte en un obstáculo para el crecimiento del ser y se opone a su verdadera grandeza;
para las naciones, como para las personas, la avaricia es la forma más evidente de un
subdesarrollo moral”.
5
   Cfr. Pablo VI; Populorum progressio; 16: “La creatura espiritual está obligada a orientar
espontáneamente su vida hacia Dios, verdad primera y bien soberano. Reuslta así que el
creciimento humano constituye como un resumen de nuestros deberes. Más aún, esta armonía
de la naturaleza, enriquecida por el esfuerzo personal y responsable, está llamada a superarse
a sí misma. Por su inserción en Cristo vivo, el hombre tiene un camino abierto hacia un
progreso nuevo, hacia un humanismo trascendental, que le da su mayor plenitud; tal es la
finalidad suprema del desarrollo personal”.
6
   Cfr. Pablo VI; Populorum progressio, 18: “Es legítimo el deseo de lo necesario (...). Pero la
adquisición de los bienes temporales puede conducir a la codicia, al deseo de tener cada vez
más y a la tentación de acrecentar el propio poder. La avaricia de las personas, de la familias y
de las naciones puede apoderarse lo mismo de los más desprovistos que de los más ricos y
suscitar en los unos y en los otros un materialismo sofocante”.
7
  Cfr. Pontificio Consejo “Cor Unum”; “El hambre en el mundo”: “El desafío que se plantea a
toda la humanidad es, desde luego de orden económico y técnico, pero más que todo de orden
ético espiritual y político. Es una cuestión de solidaridad vivida, de desarrollo auténtico y
progreso material”.
8
  Cfr. Concilio Vaticano II; Constitución pastoral Gaudium et Spes; 26: “El bien común abarca el
conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las
asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección’”.
9
   Cfr. Pio XI; Quadragesimo anno; %: ““Como es ilícito quitara los particulares lo que con su
propia iniciativa y propia industria pueden realizar, para entregarlo a una comunidad, así
también es injusto y al mismo tiempo de grave perjuicio y perturbación del recto orden social,
confiar a una sola sociedad mayor y más elevada lo que pueden hacer y procurar comunidades
menores e inferiores”.
10
   Cfr, Juan Pablo II; Laborem excercens; 18: ““El desempleo (...) es en todo caso un mal (...)
que, cuando asume ciertas dimensiones, puede convertirse en una verdadera calamidad social”
11
   Cfr. Pontificio Consejo “Cor Unum”; “El hambre en el mundo”: “Es ilusorio esperar soluciones
ya hechas. Estamos en presencia de un fenómeno vinculado a las opciones económicas de los
dirigentes y responsables, así como también de productores y consumidores; también en
nuestro modo de vivir se hallan profundas raíces. Este llamamiento es, pues, una invitación a
todos y a cada uno, con la esperanza de llegar a un progreso decisivo, gracias a unas
realizaciones humanas siempre más solidarias (...). Hasta el siglo XIX, las oleadas de hambre
que diezmaban a enteras poblaciones procedían, por lo general, de causas naturales. Hoy día
están más circunscriptas y en la mayoría de los casos son producto del comportamiento
humano”.
12
    Cfr. Juan Pablo II; Sollicitudo rei socialis; 39 –40: “La solidaridad (...) no es (...) un
sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la
determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de
todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos. Esta
determinación se funda en la firme convicción de que lo que frena el pleno desarrollo es aquel
afán de ganancia y aquella sed de poder de que ya se ha hablado. Tales ‘actitudes y
estructuras de pecado’ solamente se vencen —con la ayuda de la gracia divina— mediante una
actitud diametralmente opuesta: la entrega por el bien del prójimo, que está dispuesto a
‘perderse’, en sentido evangélico, por el otro en lugar de explotarlo, y a ‘servirlo’ en lugar de
oprimirlo para el propio provecho (...). El ejercicio de la solidaridad dentro de cada sociedad es
válido sólo cuando sus miembros se reconocen unos a otros como personas. Los que cuentan
más, al disponer de una porción mayor de bienes y servicios comunes, han de sentirse
responsables de los más débiles, dispuestos a compartir con ellos lo que poseen. Estos, por su
parte, en la misma línea de solidaridad, no deben adoptar una actitud meramente pasiva o
destructiva del tejido social y, aunque reivindicando sus legítimos derechos, han de realizar lo
que les corresponde, para el bien de todos. Por su parte, los grupos intermedios no han de
insistir egoísticamente en sus intereses particulares, sino que deben respetar los intereses de
los demás (...). A la luz de la fe, la solidaridad tiende a superarse a sí misma, al revestirse de
las dimensiones específicamente cristianas de gratuidad total, perdón y reconciliación”.
13
   Cfr. Pablo VI; Populorum progressio; 23: “La propiedad privada no constituye para nadie un
derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo
que supera a la propia necesidad, cuando a los demás les falta lo necesario”.