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El Mayo Santacruceño

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... se fue cocinando una rebelión contra una concepción hegemónica que los considera ciudadanos de segunda. Buenos hospitales y mucho trabajo no alcanzaron. Los hombres, además de salud y alimentación, necesitan sentirse libres.

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11/22/2007
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Descargado de: http://malditoscorruptos.blogspot.com EL MAYO SANTACRUCEÑO -No te ví en el escrache- El pelado, un robusto profesor de Educación Física del Salesiano, con su gorro de tela polar que no se sacaba ni para comer, le recriminaba a Julia, una docente interina de la Especial nº 6. –Vos sabés que eso a mi no me gusta, para las marchas y las Asambleas, soy buena, pero lo otro no lo comparto- No seas amarga, le dijo el pelado, mientras fumaba el décimo Marlboro de la jornada – la ortiva esa se lo merecía, es una garca. Por la noche, en el Programa de Majul, se mencionaba que había órdenes de detención para tres abogados. El Pelado respiro hondo mientras pensaba “como zafe”. Todavía conservaba la campera Columbia manchada del huevo que se le rompió al excitarse frente al tumulto. Tenía razón Julia, Lo de Alicia había sido una zarpada. Menos mal que le echaron la culpa a esos aves negras, ya sabrán defenderse, pensaba para calmarse. No me banco estar en la casa calentito, pensando en huevadas mientras los compañeros están en la Carpa. El invierno avanzaba despiadadamente sobre el mes de mayo trayendo consigo esperanzas, anhelos, gritos amordazados y también cánticos con el dulce sabor del encuentro.Julia no lo bancaba mucho al Pelado. Lo había visto en varias reuniones arrastrándole el ala a la Marcela, la mosquita muerta esa del noveno. Si bien no estaba mal físicamente, parecía medio mujeriego, y ella con dos separaciones encima no estaba para seguir probando suerte con el primero que la apurara. Ella deseaba volver a las aulas, ya no se bancaba más el olor a humo de los tachos encendidos en la carpa, pero también era consciente que no iba a tirar por la borda más de dos meses de sacrificios, lucha y cagarse de frío, así porque sí. Tenía que salir de la deuda con las tarjetas y si el aumento no venía estaba frita. ¿Son siempre así de fríos los inviernos en mayo en Gallegos? ... o será que esta vez estuvimos mucho a la intemperie, pensaba el pelado, que ya había soportado estoicamente más de cinco inviernos en la ciudad del Presidente desde que había llegado de su Pringues natal. Durante el mes de mayo, la lucha de los trabajadores públicos se había llevado puesto un Gobernador, y la mayoría de los funcionarios no podían ni asomar las narices por la calle Roca, optando por permanecer ocultos en sus gélidos despachos, como roedores que aguardan un fatal desenlace. Todos los actos públicos e inauguraciones fueron suspendidos. Los actos castrenses se realizaban a puertas cerradas y bajo estricto control de admisión. Hasta “la Mecha” Sosa suspendió en dos oportunidades su esperado recital en el coloso del Boxing. El horno no estaba para bollos y el Gobierno lo sabía.Como dice un escritor odiado por el Gobierno “fue una jactanciosa chiquilinada suponer que podía manejarse la provincia por teléfono”. El Lupín se había derrumbado más de diez puntos de las encuestas desde que había comenzado el conflicto, y sumado ello había estallado con toda su fuerza el caso SKANSKA poniéndolo en jaque al Julito. Los docentes en lucha sabían que estaban jugados. El cuervo no perdona, y no quedaba otra que cruzar el río, sí se quedaban a la mitad la corriente lupinera se los llevaría irremediablemente. Todos sabían que no había una segunda oportunidad, era ahora o nunca. El pelado daba vueltas en la cama y no dejaba de pensar en Julia. –Esa guacha no se me va a escapar, pero que le pasa que no me contesta los mensajes, seguro que anda con otro, pero mañana me va a oír, me voy a levantar temprano y le caigo sin avisar a su departamento, eso voy a hacer, - pensaba el pelado a las cuatro de la madrugada sin poder pegar el ojo. Las utopías del otoño se debatían acaloradamente en la carpa.La carpa, era en realidad una cuadra (al cual un ingenioso bautizó como “Paseo de la Dignidad” alterando el cartel de señalización de la calle Alcorta) poblado de pequeñas carpas, de esas que la Muni usa para los artesanos, más una carpa grande para cocinar y otra replica de la Casa Parisi, que pusieron los empleados municipales. El poco calor del lugar era suministrado por varios tachos en los cuales se echaba madera de cualquier especie y color. El humo impregnaba los atuendos de los manifestantes y se los podía reconocer por ese particular aroma en cualquier punto de la ciudad. -¿Venís de la Carpa? preguntaba cualquier vecino al percibir ese olor. Mayo siempre fue un mes simbólico y cargado de lucha, el Mayo de la Revolución del primer gobierno patrio, el Mayo francés (cuando la revolución todavía era algo posible, que estaba a la vuela de la esquina), el Mayo de Malvinas (con los bautismos de fuego y los huevos en la garganta cuando despegaban los Mirage) y ahora era el turno del MAYO DOCENTE.- o mayo de la dignidad, como les gusta decir a los muchachos más próximos a la curia. Descargado de: http://malditoscorruptos.blogspot.com Un MAYO en el cual, al decir de Leuco, se fue cocinando una rebelión contra una concepción hegemónica que los considera ciudadanos de segunda. Buenos hospitales y mucho trabajo no alcanzaron. Los hombres, además de salud y alimentación, necesitan sentirse libres. El lunes, muy temprano el pelado nervioso fue a ver a Julia, había jurado una y otra vez cantarle las cuarenta en la cara. Cuando ella el abrió la puerta y le estampó un fuerte beso en la mejilla, se olvidó de todo aquello que había ensayado una y otra vez con la almohada. Lo invitó a desayunar un café fuertísimo con medialunas del día de ayer, y cuando volvía de dejar la pava para el mate, no se aguantó más y le comió la boca con un beso digno de los grandes culebrones mejicanos. –En la lucha te veo más linda, le dijo- No seas chanta, le dijo ella. -Vos sabés que somos amigos, y ahora también compañeros de lucha, no esta bien que mientras los compañeros están en la carpa, nosotros estemos de romance. –Quedáte tranqui, le dijo el Pelado, que de esto no tiene que enterarse nadie, soy un caballero. - Bueno, le dijo Julia, pero ni se te ocurra abrir la boca porque te corto el rostro de una y no me ves más el pelo. Al día siguiente el pelado cayó con todos sus bártulos al Departamento de Julia, lugar en el cual creo que todavía es su morada. Gallegos en esos días del mes de mayo parecía otra ciudad. No era la ciudad que el Lupo había cincelado a su imagen y semejanza. La ciudad dócil, casi vasalla, que siempre fue su terruño, y que solía recorrer de punta a punta con el Rudy, escapando de los mangueros y desesperados que lo llenaban siempre de cartitas que indefectiblemente dejaba en manos de Valerio. Ahora, era otra cosa, parecía Bagdad en los últimos días de Saddam, con pesados vallados rodeando la Casa de Gobierno y la Legislatura, con los bien pertrechados escuadrones de Infantería de Gendarmería, apodados “las tortugas ninjas” mirando fieramente a los pacíficos transeúntes y automovilistas, con los corresponsales y algunos “consagrados” de los medios nacionales buscando la última noticia por las calles céntricas, con los cobardes que tiraban molotovs en la oscuridad, con los Hoteles céntricos abarrotados por periodistas, camarógrafos, espías y buchones de toda laya y color. Hasta la CNN se ocupaba de lo que pasaba en Gallegos. Vecinas ignotas hacían devastadoras declaraciones para el gordo Lanata y no paraban de boconear en una FM no amiga del Gobierno. No había caso, la irritación le aumentaba al narigón y las píldoras que le recomendaron en EE.UU., ya no se le hacían ningún efecto. A pesar de ello no le contaba nada a Cristina, ella ya tenía mucho con su campaña y nunca le había gustado ensuciarse con los problemas de la chusma de Gallegos. Pero Cristina se reía para sus adentros por el escrache que había sufrido su cuñada, sabía que el Chino y el Chango no habían dejado librado nada al azar, pero aún así gozaba como nunca al verla en Crónica con la jeta manchada de huevo y harina. -Era hora que le tocara para que lo sienta en carne propia, pensaba la Cris. A Cristina la patota de Barrionuevo ya le había hecho sentir el rigor de los huevos, los manotazos, la harina y hasta una tocadita en el trasero cuando fue a meterse en la elección de Catamarca. Los cafés de Río Gallegos por esos días hervían de chismes y los habitués de la mesa del odio no daban abasto para procesar tanta información.Pirincho, el Obispo, los sindicalistas y los muchachos de la Asociación de Abogados aparecían como unos villanos terribles y el Gobierno le echaba la culpa de todos sus males. Ya antes se había demonizado al Partido Obrero, pero ahora eso no era creíble.En ese mes de mayo tocamos las puertas del cielo.

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