En el proceso formativo del estudiante de pretende que

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En el proceso formativo del estudiante de pretende que Powered By Docstoc
					                              Decálogo para el joven pedagogo


                                                                          José Ramón Gómez Cobelo

Decálogo para jóvenes pedagogos resume ideas básicas sobre el quehacer docente, comprende
temas inextricablemente ligados entre sí, como son; la motivación de la actividad docente, la
selección del contenido de la clase, el proceso de evaluación, el protagonismo del alumno en la
clase, el papel del docente en la clase, el respeto y el amor en el proceso docente y la atención a la
diversidad entre otros.
Como su nombre indica está dirigido a jóvenes pedagogos pero los inusuales planteamientos que
en el se realizan pueden llamar la atención y la crítica de un infinito número de especialistas.
El autor aspira a mantener intercambio activo con los que resulten motivados y sustenta al opinión
que el disenso está el desarrollo.

¿Cómo interpreto este decálogo?

•   Comparte el trono de la sabiduría y la razón con tus alumnos. No te consideres su dueño,
    mejor considérate su humilde servidor.
•   Preocúpate por las necesidades y motivos de los estudiantes, son los que importan. Tú
    trabajarás para hacerlos coincidir con tus intereses pedagógicos.
•   No trasmitas conocimiento. Convoca a que el conocimiento sea descubierto por tus discípulos.
•   Habla poco, enseña más. No uses el tiempo y el espacio de tus alumnos para demostrar
    cuanto sabes.
•   Selecciona rigurosamente el contenido. Quién trata de abarcar todo, no abarca nada y solo
    cree que sabe todo de todo el que no sabe nada de nada.
•   Usa la tecnología para facilitar tu vida, no para complicarla. Si logras hacer más agradable y
    productivo el proceso de aprendizaje úsala, sino deséchala.
•   Ama primero, exige después. Antes de sentir el rigor de tu exigencia es preciso que el alumno
    sienta tu afecto y tu amor.
•   Evalúa como enseñas. En la evaluación haz de usar y permitir usar todos los recursos que
    utilizas para enseñar.
•   Respeta más a tus alumnos que a tus gerentes. En última instancia tus alumnos dirán la última
    palabra sobre la autenticidad de tu enseñanza.
•   No planifiques la diversidad, tenla en cuenta. cada alumno deberá andar conforme a sus
    limitaciones y potencialidades, no trates de nivelar el grupo.

En el proceso pedagógico1 se pretende que el estudiante asuma un papel activo, que contribuya a
su propio desarrollo; pero en raras ocasiones el docente permite que el estudiante decida en que
debe ser activo, casi siempre hay que hacer la voluntad del maestro, es decir; lo que el estudiante
quiere en muy pocas ocasiones es tenido en cuenta. Si aceptamos que lo anterior es cierto cabe
preguntarse: ¿Dónde están consideradas las necesidades, los motivos y en consecuencia la
voluntad de los propios estudiantes para que las actividades sean productivas?

En el escenario escolar muy pocas veces se cumple esta expectativa; unas veces por la rigidez de
los programas escolares y en otras por la autocensura del propio docente. Esto limita la creación
sobre todo de los docentes jóvenes, llenos de imaginación y una empatía elevadísima con sus
estudiantes.
Existe el criterio, casi generalizado, que se es bueno si se hace sin rodeos lo que está establecido,
lo que otros han dicho que debe hacerse y casi siempre también esto hace lineal, aburrido y, en

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  El autor considera proceso pedagógico a todo aquel proceso social y organizado intencionalmente, que
contribuya al desarrollo de la personalidad de los individuos. En ocasiones se usa como sinónimo de proceso
educativo y proceso de enseñanza aprendizaje.
consecuencia, poco productivo el proceso pedagógico. Sería muy bueno para la sociedad del siglo
XXI y futura, que las personas sean activas en su superación personal, que sus necesidades y sus
motivos personales se eleven hasta ser congruentes con las necesidades sociales para que la
energía interna que mueve los procesos sociales, dentro del cual se encuentra el proceso
pedagógico, fluya con todo su potencial de creatividad desde lo individual. De ese modo la armonía
y la felicidad podrán estar un poco más al alcance de todos. Se debe pensar en la felicidad que
proporciona descubrir el mundo por si mismo, aunque sea con la ayuda de otros.

La hermeticidad de los programas escolares; los sistemas de evaluaciones, las inspecciones, y el
paradigma de ser bueno por hacer lo que digan otros, recrudece esta realidad en la escuela de hoy
y no estimula una educación participativa donde en realidad el alumno sea objeto y sujeto de la
educación.

No todo está perdido; al contrario, todo esta ganado. La experiencia acumulada durante siglos por
miles de educadores en diversas latitudes, y que por fortuna ha llegado hasta nosotros, aconseja
como denominador común que todo vale: todos los alumnos tienen el derecho a ser tenidos en
cuenta y en todas las dimensiones del ser humano.

Cuando hoy se habla de diversidad se piensa mucho en respetarla y poco en tenerla en cuenta. Es
prudente ceder el espacio que le corresponde a cada ser humano y que en ocasiones puede
parecer desaprovechado por el sujeto pero a fin de cuentas es su espacio, es su tiempo. El
desarrollo de la personalidad, especialmente, el desarrollo del pensamiento es un proceso
complejo donde intervienen diversos factores, pero en ningún caso es razonable excluir el propio
sujeto, al contrario; una educación desarrolladora debe sustentarse en las necesidades, motivos y
posibilidades de cada sujeto.

El desarrollo científico alcanzado en la segunda mitad del siglo XX ha puesto a disposición de la
educación una base tecnológica sustentada en la informática y que comprende varios medios
interactivos, que es muy bueno utilizar en función del desarrollo pleno del hombre. Muchas veces
se habla de que el maestro ahora dispone de tal y cual medios, soportes, etc. Poco se dice de las
posibilidades que tiene el alumno para aprender, usando esa tecnología con relativa
independencia.

El temor del maestro a perder autoridad moral y científica es otro tabú que debe ser resuelto, es
común pensar que el maestro siempre tiene que saber más que el alumno en todos los órdenes y
esto en realidad no es posible y mucho menos en los tiempos actuales donde los alumnos por su
posición económica y social pueden estar por debajo o por encima de las posibilidades del
docente. Un viaje alrededor del mundo puede dar tanta cultura como seis semestres juntos y en
algunos rubros más.

Desde lo ético es bueno reconocer que no tiene más moral el que trata de saberlo todo, que aquel
que reconoce sus errores, en el proceso de acercamiento a la verdad científica, que de hecho es
un proceso inconcluso para toda la vida, sino se deja la ciencia a un lado. Nunca un maestro crece
tanto delante de sus alumnos como cuando reconoces incógnitas o insuficiencias de conocimientos
que pueden ser alcanzados con más trabajo, más esfuerzo y más dedicación.

El carácter democrático de la enseñanza resulta cada vez más necesario, renunciar a las verdades
eternas y diferenciar estas de las verdades vulgares abre el camino de la ciencia. Esto pone al
docente en condiciones de estimular la búsqueda constante en sus alumnos que es en última
instancia el mejor dividendo que la escuela debe dejar en sus egresados. El espíritu investigativo
es una constante necesaria como resultado de toda buena investigación.
Inspirado en el decálogo para escritores, de Augusto Monterroso, escribo este DECÁLOGO PARA
JÓVENES PEDAGOGOS que seguramente será enriquecido por ellos; los verdaderos
protagonistas de la pedagogía del siglo XXI:
   I. Comparte el trono de la sabiduría y la razón con tus alumnos. No te consideres su dueño, mejor
      considérate su humilde servidor.
  II. Preocúpate por las necesidades y motivos de los estudiantes, son los que importan. Tú
      trabajarás para hacerlos coincidir con tus intereses pedagógicos.
 III. No trasmitas conocimiento. Convoca a que este sea descubierto por tus discípulos.
 IV. Habla poco, enseña más. No uses el tiempo y el espacio de tus alumnos para demostrar cuanto
      sabes.
  V. Selecciona rigurosamente el contenido. Quién trata de abarcar todo, no abarca nada y solo cree
      que sabe todo de todo el que no sabe nada de nada.
 VI. Usa la tecnología para facilitar tu vida, no para complicarla. Si logras hacer más agradable y
      productivo el proceso de aprendizaje úsala, sino deséchala.
VII. Ama primero, exige después. Antes de sentir el rigor de tu exigencia es preciso que el alumno
      sienta tu afecto y tu amor.
VIII. Evalúa como enseñas. En la evaluación haz de usar y permitir usar todos los recursos que
      utilizas para enseñar.
 IX. Respeta más a tus alumnos que a tus gerentes. En última instancia tus alumnos dirán la última
      palabra sobre la autenticidad de tu enseñanza.
  X. No temas a la diversidad, tenla en cuenta. Cada alumno deberá andar conforme a sus
      limitaciones y potencialidades, no trates de nivelar el grupo.

   ¿CÓMO INTERPRETO ESTE DECÁLOGO?

   Comparte el trono de la sabiduría y la razón con tus alumnos.

   No te consideres su dueño, mejor considérate su humilde servidor. Sucede que en los primeros
   tiempos se piensa que es mejor maestro el que lo sabe todo, el que no deja una sola pregunta sin
   responder. Y que hay que ver el vocablo alumno como en su estadio inicial, sin luz. Esto es
   erróneo, nadie puede saberlo todo, aunque el término alumno—sin luz—se origino así, ellos tienen
   el conocimiento y la experiencia acumulada de sus propias vidas, la psiquis se desarrolla en un
   proceso histórico y no en una clase en particular.

   El alumno debe observar que UD. no lo manda, sino; UD. le sirve. Es preferible que los alumnos
   comprendan que se trabaja para bien de ellos y no para someterlos a una disciplina de autoridad y
   poder. Se facilitan así las relaciones de camaradería y buena educación.
   Puede que al principio no te sientas, ni se sientan importantes, pero esto cambia en la medida que
   se descubre tu rol como verdadero líder y facilitador del aprendizaje en el grupo, y el papel de ellos
   como pequeños científicos responsables de sus descubrimientos. La cultura de servir nos acerca al
   amor infinito.

   Preocúpate por las necesidades y motivos de los estudiantes, son los que importan.

   Tu trabajarás para hacerlos coincidir con tus intereses pedagógicos. Generalmente se inventan
   motivaciones para las clases y otras actividades docentes, cuando en realidad lo que hay que tener
   en cuenta son las necesidades y motivos de los estudiantes. Siempre que se parte de las
   necesidades reales de los estudiantes, se encuentran sus motivos y entonces se podrá hacer una
   actividad interesante para ellos.

   El trabajo del docente es tratar de aproximar los motivos de los estudiantes a los socialmente
   valorados positivamente; esto se logra sin descuidar un segundo los motivos de los estudiantes.
   Quien crea que la motivación es un proceso externo, momentáneo y simple está errado. El éxito
   de la actividad docente descansa en el interés del objeto y sujeto; el alumno, su continuidad y su
   complejidad; es decir, que se relacione con todos los componentes del proceso. Reza el viejo
proverbio oriental; quien tiene por qué encontrará cómo. Recuerda tocar primero el corazón y
después la razón; la relación necesidad, motivo, actividad debe ser el fundamento de tu clase.

No trasmitas conocimiento. Convoca a que el conocimiento sea descubierto por tus
discípulos.

No anticipes a los alumnos lo que sabes del tema a tratar. Averigua que saben ellos del propio
tema y enseña consecuentemente, demuéstrales sus carencias y la importancia para la vida del
tema a estudiar. Entonces, organiza la actividad docente para que ellos descubran lo que le falta,
de nada vale que se lo digas tú, solo se sabe lo que se descubre.

En este proceso parece que se pierde tiempo pero en realidad se ahorra mucho porque la
adquisición de conocimientos por esta vía es firme y duradera. Pude que queden cosas
pendientes; es decir, que no descubran todo lo que te propusiste en tu objetivo para con los
alumnos. Esto es válido porque esa energía latente que queda estimulando la búsqueda constante
es el ABC del desarrollo intelectual. La vida no termina en tu clase, mejor se alimenta con ella.

Habla poco, enseña más. No uses el tiempo y el espacio de tus alumnos para demostrar
cuanto sabes.

Para un profesor o maestro hablar poco es un gran reto. Otrora se pensaba que los maestros que
más hablaban eran los que más enseñaban; hoy se sabe que enseñan más los que menos hablan.
El aula tipo taller es el aula de estos tiempos donde se plantea el problema, no por el profesor sino
con el concurso de todos, y se comienza a trabajar en la solución del mismo. Es preciso asumir el
papel dirigente que le corresponde la docente, pero un dirigente reflexivo que va coordinado el
proceso de descubrimiento, controlando los resultados parciales y replanteando nuevas metas.

Queda claro que no se puede competir con los alumnos en conocimientos, lo aconsejable que cada
uno mida sus propias fuerzas y finalmente la evaluación orgánicamente vinculada al proceso y no a
los resultados debe rebelar los aportes individuales. Si el maestro se dedica a hablar ¿Cómo
controla, orienta y dirige el proceso docente?

Selecciona rigurosamente el contenido. Quién trata de abarcar todo, no abarca nada y solo
cree que sabe todo de todo el que no sabe nada de nada.

Se parte del criterio pedagógico de que lo que se debe aprender en el aula es un resumen del
contenido de la ciencia que le sirve de base a las asignaturas que enseñamos. Hay que añadir a
esto, que no todos los grupos y mucho menos todos los alumnos pueden aprender lo mismo, en el
mismo tiempo; la selección del contenido que le corresponde al docente debe atender todos esos
factores.

El error más común es pensar que todos aprenderán todo y que es un pecado dejar algo pendiente
para mañana o para siempre. Una de las competencias profesionales menos desarrollas en los
pedagogos es la de seleccionar y organizar el contenido. Lo breve es bello y productivo, no se es
breve cuando se dice lo necesario, sino cuando deja de decirse lo innecesario.

Usa la tecnología para facilitar tu vida, no para complicarla. Si logras hacer más agradable y
productivo el proceso de aprendizaje úsala, sino deséchala.

La ciencia aplicada a la docencia, la tecnología educativa no es para complicar la vida, es para
hacerla más fácil y placentera. Se deben seleccionar aquellos medios que estén a nuestro alcance
y que sabemos manejar. Nadie puede imponer una obligación de usar tal o cual medio. En
ocasiones el estatus socioeconómico no nos permite estar en la última y cuando tratamos de
hacerlo sin suficiente práctica lo ponemos de manifiesto con mucha crudeza, se trata entonces de
contextualizarse y personalizarse ¿Quién pudiera pedirme que pilotee un avión? Nadie, porque
ignoro su uso inclusive como pasajero. El uso de la tecnología educativa debe ser consecuencia y
causa del desarrollo pero esa dialéctica hay que usarla a favor de los alumnos primeros y a fin de
cuentas del propio docente. No se pueden imponer normas ni criterios poco fundamentados de
cómo usar tal y cual medio. El docente decide en función de sus alumnos que usará, como y
cuando.

Ama primero, exige después. Antes de sentir el rigor de tu exigencia es preciso que el
alumno sienta tu afecto y tu amor.

Primero hay que tocar el corazón, después el cerebro. Los estudiantes deben sentir la fuerza del
amor que gravita sobre ellos. Solo así tus exigencias serán comprendidas y difícilmente
rechazadas. En las primeras lecciones y siempre, hay que dedicarle más tiempo a las personas
que a la materia de enseñanza, lo que raramente sucede por la rigidez de los programas escolares
y la intransigencia de algunos directivos.

Si la comunicación con sus alumnos alcanza un adecuado nivel de empatía, comprensión y amor,
no habrá tarea difícil en lo académico. El trabajo podrá ser arduo pero será siempre una meta
visible y por tanto contendrá energía para movernos hacia ella. El que quiere puede, nadie puede
dirigir sus esfuerzos hacia algo que no ama. La armonía del Universo debe ser aprovechada para
que los alumnos comprendan su orden y bondad. Los alumnos siempre serán más importantes,
que el programa escolar, los libros de texto, los medios de enseñanza y todos los componentes de
proceso pedagógico.

Evalúa como enseñas. En la evaluación haz de usar y permitir usar todos los recursos que
utilizas para enseñar.

El proceso de evaluación es un proceso, no puede estar aislado del proceso docente educativo
como un todo. Es preciso usar los libros, el ordenador, las notas de clase y todo lo que sea
necesario para trabajar en el proceso de evaluación. Los docentes que hacen del proceso de
evaluación un acto de tiranía y desconfianza parece haber olvidado cuan desagradable resulta.

La enseñanza contemporánea, sustentada en principios de procedimientos y en el descubrimiento
de los propios alumnos, no tiene porque evaluar como la enseñanza tradicional. No hay que
memorizar por memorizar, la memoria como proceso activo debe potenciar los restantes procesos
lógicos del pensamiento y hay muchas maneras agradables de ejercitarla que no se parecen a la
vieja evaluación. Evalúa como enseñas y con todo lo que enseñas evalúa.

Respeta más a tus alumnos que a tus gerentes. En última instancia tus alumnos dirán la
última palabra sobre la autenticidad de tu enseñanza.

Prefiere incumplir con una orden superior, que con un acuerdo tomado con los estudiantes. Con
independencia del grado, ellos dudan poco de la responsabilidad del profesor. Las ordenes
superiores se deben cumplir siempre que no atenten contra el respeto al estudiante. Son los
estudiantes muy dados a perder la confianza en los que hoy dicen una cosa y mañana otra.

Respetar más que a tus gerentes significa algo tan digno que nunca entrarás en contradicción con
los superiores porque como en todo, en el mundo moral la armonía es fundamento de solidez y eso
es el verdadero respeto.

No planifiques la diversidad, tenla en cuenta. Cada alumno deberá andar conforme a sus
limitaciones y potencialidades, no trates de nivelar el grupo.
Es usual encontrar diagnósticos pocos serios que como resultado de la aplicación de una o dos
pruebas encasillan los alumnos en diferentes escalas para los cuales se planifican actividades
acorde con sus posibilidades. Esto es tan malsano como absurdo. Cada nueva actividad debe
propiciar el máximo desarrollo de cada uno de los estudiantes, así se necesita un carácter
ininterrumpido de la evaluación. No es razonable condicionar y predeterminar el desarrollo de un
alumno por muy capaz que sea el docente. Tal vez en una actividad x alguien no alcanza el
máximo nivel pero en otra implanta record. Esto sugiere la interactividad constante de docente y
alumnos a través de la materia de enseñanza.
Tener en cuenta la diversidad significa que la estructuración didáctica del contenido propicie el
transito gradual de lo más sencillo a lo más complejo. Ejemplo: el autor de este decálogo se
pondría muy triste si se le califica en un bajo nivel de desempeño para toda la vida, en esto de
escribir ideas pedagógicas.