1 FRANCISCO PRIETO PÉREZ, IN MEMORIAM Luis Enrique Alonso

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					                 FRANCISCO PRIETO PÉREZ, IN MEMORIAM


                                  Luis Enrique Alonso


                                            “Y la vida es uno mismo y uno mismo son los otros”
                                                                            Juan Carlos Onetti




El magnífico escritor Manuel Rivas ha hecho una de los mejores caracterizaciones de la
idiosincrasia gallega que se pueda encontrar: un gallego -dice Rivas- es el que ha hecho
de la supervivencia amistad y de la amistad supervivencia; y pocas definiciones se
adaptan mejor a la forma de ser y estar en la vida de nuestro querido Paco Prieto (no
puedo llamarlo de otra manera), todo amistad, todo esfuerzo, todo humanidad. Paco de
las dificultades hizo amistad y siempre su amistad sirvió para superar muchas
dificultades como esos gallegos emigrantes perdidos por el mundo entero, pero
supervivientes siempre por sus lazos de amistad y solidaridad primaria.

Porque Paco representaba mejor que nadie una generación de profesores que lo hicieron
y lo dieron todo por modernizar la universidad española, con trayectorias vitales
durísimas, llegaron a una universidad pobre, atrasada y oscurantista y han dejado como
legado una institución considerablemente renovada, razonablemente bien equipada e
intelectualmente libre y abierta. La obsesión de nuestro Paco por dignificar todos y cada
uno de los aspectos de la vida universitaria era proverbial y bien conocida por todos
nosotros, el esfuerzo puesto en acondicionar los espacios, e incorporar las nuevas
tecnologías en nuestro entorno, justo en el período en que fue decano de esta Facultad,
sirvieron para transformarla y convertirla en lo que hoy ha llegado a ser, también
gracias al empuje de los que lo han acompañado y seguido.

Acompañé a Paco en su singladura como decano, durante más de seis años hablamos
casi a diario de todo lo divino y lo humano; siendo tan diferentes en tantas cosas –él
venía del mundo de la economía financiera, yo me dedico a la sociología económica-
encajamos bien en el trabajo común y, sobre todo, en la convivencia, el afecto y el
respeto mutuo. Otra escritora de origen gallego, Carmen Martín Gaite, decía que hablar
y contarse cosas es lo único que merece la pena, porque no hay vida que no pueda ser
vivida si no se la contamos a otros y otros no nos cuentan la suya, y con Paco la
conversación siempre era cálida, abundante, buscada y reposada. Con Paco había que
hablar porque él quería contarte y que le contaras, porque el trabajo para él se envolvía
en una charla cálida y amistosa, como su acento, que rompía toda distancia, se acercaba
a todo el mundo y salvaba cualquier situación.

Realmente en las distancias cortas era en las que Paco mejor se movía, solucionaba los
problemas cuerpo a cuerpo como a él le gustaba decir. Buscaba a las personas y se
acercaba y siempre estaba dispuesto a hablarlo todo tomando un café o en algún
almuerzo distendido, gozaba compartiendo porque era próximo y generoso. Disolvía los
problemas a base de concordia y proximidad, tenía una habilidad especial para acercar
posiciones y en su tiempo de decano, pocos conflictos se abrieron y sí muchos se
cerraron a nuestro alrededor.
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En Paco Prieto no había grandilocuencia, ni empacho y su extremada sencillez y llanura
se convertían rápidamente en sentido del humor y camaradería. Lejos de cualquier
ironía amarga, hiriente o afilada, lo de Paco era un humor festivo, había algo en él de
personaje de Wenceslao Fernández Flórez, de lugareño amable y juicioso que había
hecho de la universidad su particular bosque animado. Y es que en un mundo que no
siempre sabe vencer la grandilocuencia y el estiramiento, la frialdad y la distancia, Paco
daba siempre pruebas de poseer lo que para Jorge Luis Borges era la suprema forma de
la cortesía y el buen trato hacia los demás: el sentido del humor.

No tengo competencias profesionales para juzgar su validez científica ni su obra técnica
–ya he dicho que vengo de una formación teórica muy distinta-, pero si que pude
apreciar la calidad de sus consejos financieros y la enorme sagacidad de sus
diagnósticos sobre los mercados de valores y su intrincado funcionamiento, no he tenido
más remedio que recordar su sabio sentido común en estos últimos meses con lo que ha
caído y nos sigue cayendo desde ese volátil y caprichoso mundo de los valores
bursátiles. Frente a cualquier desviación teoricista o formalista, Paco tenía una visión de
la enseñanza de la economía inequívocamente orientada al servicio de la sociedad y de
la gente común, su extremado pragmatismo del que había hecho gala en las múltiples y
diversas empresas que acometió, lo acompañó siempre y supo crear con él redes de
cooperación profesional y de amistad personal.

En fin, mucho de lo que es esta Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la
Universidad Autónoma de Madrid se lo debemos a Paco Prieto. Nos costará mucho
acostumbrarnos a prescindir de su compañía, su generosidad y su modestia, de sus
paseos por la Facultad al encuentro de la gente y sus conversaciones; su obra ha
quedado entre nosotros y si como Miguel de Unamuno decía en una de sus novelas
morales que nadie acaba de desaparecer mientras permanezca en la memoria de los que
le recuerdan, Francisco Prieto Pérez estará entre nosotros años y años, en la añoranza de
los muchos que le quisimos y le respetamos y, por eso, hoy, le agradecemos que esa
vida difícil y esforzada –testimonio de una generación que no tuvo precisamente las
cosas fáciles- fuese entregada con tanta humildad, humor y benevolencia a la aventura
de la enseñanza universitaria.




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