La sociedad feudal Nobles … by hli12090

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									La sociedad feudal: Nobles …




Monjes …




y Campesinos…




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LA RESTAURACIÓN DEL IMPERIO EN OCCIDENTE: CARLOMAGNO
A mediados del siglo VIII los francos habían constituido ya un importante reino en la antigua provincia romana de
la Galia. Los primeros reyes dividieron el reino en una serie de territorios, gobernados por delegados suyos,
llamados maior domus o mayordomos.
Uno de estos mayordomos fue Pipino el Breve, el cual venció a los lombardos en el este y cedió al Papa la región de
Rávena. Éste fue el origen de los Estados de la Iglesia. Fue también él quien, con el consentimiento del Papa y los
nobles francos, inauguró una nueva dinastía de monarcas.
El hijo de Pipino, Carlos el Grande fue llamado Carlomagno. Tras ser coronado rey en el 768, extendió las
fronteras de su reino en lucha contra sus vecinos: el reino lombardo de Italia, los sajones y los húngaros del este, y
los musulmanes del sur. En el 795 había conquistado casi todas las tierras del centro y oeste europeo.
El año 800 Carlomagno fue coronado por el Papa con el título de emperador de Occidente, primero desde la
caída de Roma. Desarrolló una política de relaciones diplomáticas cordiales con sus vecinos, que le permitió
mantener en paz su extenso imperio. Organizó sus dominios creando marcas y condados. Las marcas eran
territorios situados en zonas fronterizas, gobernadas por un marqués.
Los condados estaban gobernados por condes (del latín comitatus). Junto a condes y marqueses estaban los
missi dominici o emisarios enviados por el rey a estos territorios.
Sin embargo, los sucesores de Carlomagno no pudieron mantener unido el Imperio, y sus nietos Carlos, Luis y
Lotario se lo repartieron mediante el Tratado de Verdún.

EL FEUDALISMO

A comienzos de la alta Edad Media apareció en Europa una nueva forma de organización económica y social,
conocida con el nombre de feudalismo.
El sistema feudal creó una complicada red de relaciones de todo tipo, que caracterizó a todo Occidente durante
la Edad Media y parte de la Edad Moderna.
La Europa feudal tenía un marco geográfico reducido. Alrededor del año 1000 sufría la agresión o cerco de
poderosos e inquietos vecinos: el Islam por el Sur y el Imperio Bizantino por el Sudeste; las razzias de los
normandos desde el Norte, de los húngaros por el Este y la lenta penetración de los pueblos eslavos, por el
Nordeste. Amenazada por todos lados y reducida a un espacio que engloba fundamentalmente las tierras entre
el río Elba y los Pirineos, la Europa de los siglos IX - XIII crea una estructura socioeconómica y política
particular, que conocemos con el nombre de feudalismo.
La riqueza básica es la tierra y los que la poseen (nobles, lglesia) monopolizan el poder. Es una Europa de
campesinos dominados una minoría de señores privilegiados, que viven en sus castillos y abadías, formando
pequeños estados independientes económica y políticamente. Esta sociedad crea una cultura y un arte
fuertemente cristianizados. La etapa feudal es la primera manifestación original de la civilización europea.
El castillo se convirtió a la vez en signo de defensa y de opresión. A él acudían los campesinos a refugiarse en
caso de peligro, pero también desde él el señor les dominaba.


Dos hechos son básicos para la formación del Feudalismo: la ruralización de la sociedad de Europa occidental
partir del siglo III d.C. y la crisis de poder, alcanza sus más graves niveles como consecuencia a segunda oleada de
invasiones, que tiene lugar ante los siglos VIII - X.
Los ataques de musulmanes, normandos y húngaros debieron presionar terriblemente sobre una sociedad de
campesinos con una débil estructura política, gobierno y de administración, propia de los reinos germánicos. El
monarca sólo mantuvo un título simbólico. En la crisis del poder de los reyes se encuentra una de las causas más
importantes de la aparición del feudalismo europeo.

Cómo se llegó a la estructura feudal es un fenómeno histórico complicado: La palabra feudo quiere decir posesión
territorial de un señor. Era una unidad territorial más o menos grande (latifundio), sobre la que ejercía su poder
un señor noble, el cual la gobernaba y explotaba en beneficio suyo. Era un sistema de producción y de poder para
una Europa rural amenazada. Veamos algunos posibles orígenes de estos feudos:


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a) Un monarca ha llevado a cabo una campaña militar y al terminarla debe pagar a los principales jefes que han
   acudido con sus guerreros. Pero no tiene dinero porque el dinero (plata, oro) escasea. Este monarca paga
   entonces con lo único que tiene: la tierra. Entrega a sus jefes una cantidad de tierra en beneficio
   (beneficium); es decir, se la da por un cierto tiempo, que puede alcanzar toda la vida, para que se cobre con
   lo que saque de la explotación de estas tierras y de los hombres que en ellas viven.
   Así pagó a sus jefes militares Carlos Martel después de la batalla de Poitiers (732), así lo hizo también su
   nieto Carlomagno después de sus múltiples campañas.

b) Un funcionario que gobierna una zona determinada (duque, marqués, conde), sobre todo si se trata de zonas
   fronterizas lejanas, empieza a independizarse del rey aprovechándose de la crisis de poder que sufren los
   monarcas sucesores de Carlomagno. Actúa como si las tierras que gobierna como funcionario fueran de su
   propiedad: cobra impuestos, mantiene tropas, imparte justicia... Es ya un señor feudal.

c) Al revés, desde abajo, desde la situación de los campesinos, el proceso que lleva al feudalismo existe también.
   Ante las campañas terribles de los musulmanes, los normandos o los húngaros, o los mismos pillajes de los
   nobles, ¿a quién puede pedir auxilio para defender la casa y la tierra de cultivo? Los campesinos se ven
   obligados a dirigirse al noble más cercano para encomendarse (commendatio). A cambio de su protección,
   el campesino se verá obligado a reconocerse vasallo y a aceptar una serie de obligaciones.

Los mismos monarcas se vieron forzados a reconocer la nueva situación. En la Capitular de Quierzy (877),
Carlos el Calvo de Francia, nieto de Carlomagno, aceptaba que el beneficium se convirtiera en feudum, es decir,
que cada no podía dejar en herencia a su hijo las tierras que ha recibido temporalmente.

Más aún. Ante la inseguridad reinante, en la Capitular de Mersen (847) el rey Carlos el Calvo de Francia, , ante
la fuerza de los nobles-guerreros, la inseguridad producida por las invasiones (normandos, musulmanes...) y las
luchas entre los mismos nobles , tuvo que aceptar que los campesinos libres se pusieran bajo la autoridad de un
señor, ordenando a todos los hombres libres del reino que buscasen la protección de un señor, al que no debían
abandonar:


Queremos también que en nuestro reino todo hombre libre se ponga bajo la protección del señor que cada cual quiera elegir
entre nosotros y nuestros fieles. Y ordenamos que ningún hombre abandone sin motivo a su señor, ni que nadie lo reciba bajo
su protección, si no es con las condiciones que impuso la costumbre de nuestros antepasados... Y del mismo modo os
aconsejamos a vosotros y a los restantes fieles que mantengáis el derecho de vuestros hombres y no obréis injustamente contra
ellos. Y deseamos que los hombres de todos nuestros fieles, en cualquier reino que estén, vayan con su señor a la guerra o a
cualquier otra empresa, a no ser que en este reino se produjera, Dios nos libre de ello, la invasión que llaman lantwer y sea
necesario que vaya todo el pueblo unido para rechazarla…


El feudo o señorío territorial
El territorio estaba organizado en grandes extensiones de terreno, llamados feudos o señoríos territoriales.
Un feudo se componía de tierras de cultivo, pastos y bosques. Pertenecía a un señor, noble o eclesiástico, y estaba
dedicado a la explotación agraria, realizada por campesinos llamados siervos.
Durante la Alta Edad Media, la mayor parte de la población europea vivía en feudos.
Las tierras de un feudo eran de dos tipos: la reserva señorial, constituida por las mejores tierras del feudo, que
era explotada directamente por el señor. En la reserva se encontraba su vivienda y los servicios de uso común para
todo el feudo, como el molino, el horno, la fragua. etc.
El segundo tipo de tierra eran los mansos, parcelas del feudo que el señor entregaba a sus siervos para que las
trabajasen de por vida.
Los siervos vivían dispersos por el feudo o bien en casas agrupadas en aldeas.
Sobre todas las viviendas destacaba por su importancia la del señor, que poco a poco fue adquiriendo la forma de
un castillo o fortaleza.

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Los útiles de trabajo eran muy rudimentarios. Se usaba el arado de tipo romano y se aprovechaba, aunque mal, la
fuerza de los animales. A pesar de conocerse el molino hidráulico, su uso no estaba generalizado. El sistema de
cultivo era de barbecho bienal o trienal. Los rendimientos de la tierra eran muy bajos, por lo que los campesinos
se veían obligados a practicar la caza, muchas veces furtiva, y la recogida de frutos del bosque.
El comercio se limitaba al intercambio de alimentos y a la importación de algunos productos de lujo para los
señores (telas, joyas, etc.), o de determinados productos necesarios, como la sal. Cada feudo era casi autosuficiente
dado el tipo de vida que llevaban sus habitantes.
Inicialmente los señores sólo tenían el control de la producción de sus propias tierras y de las que entregaban a sus
siervos. Poco a poco fueron adquiriendo una serie de derechos jurisdiccionales, que antes sólo pertenecían a
los reyes, tales como administrar justicia, establecer impuestos, y cobrar tasas por el uso de propiedades
comunes (puentes, caminos), castigar delitos, etc. Todo ello les permitió pasar de ser simples propietarios
agrícolas a ser la autoridad política y social de cada feudo.
El señor tenía varios tipos de rentas o ingresos económicos, pero de los que destacaban dos: los que le
proporcionaban la venta de los productos de la reserva y los mansos y los ingresos de las tasas. De este modo, y
para elevar sus ganancias, aumentaron las rentas, al punto de que algunos de ellos llegaron a tener más poder y
riquezas que los mismos reyes.

Los siervos
A cambio de la protección y de la tierra que le entregaba el señor, el siervo debía pagarle de dos maneras: la
primera, mediante los llamados censos en especie, que eran parte de la cosecha de su manso, o cabezas de
ganado y algunas aves de corral que se entregaban al señor en determinadas fechas.
En segundo lugar, mediante las corveas o sernas, que eran una serie de jornadas empleadas por el siervo para
trabajar en la reserva del señor.
Además debían realizar tareas de transporte o correo y tenían la obligación de usar los monopolios del
señorío, pagando por ello tasas por el uso del molino, la fragua, el horno, etc.; y por la explotación de las tierras y
bienes comunes: los bosques, pastos y aguas.
Los siervos no podían abandonar el feudo sin el permiso de su señor. Si querían dejar el señorío y ser libres,
debían pagar lo que su señor valoraba como el precio de sus vidas, algo que se hacía casi imposible pues no
poseían casi nada. Asimismo, debían pedir permiso para casarse, ampliar sus casas, realizar viajes, etc.


EL VASALLAJE Y LOS CABALLEROS MEDIEVALES
El vasallaje
En los siglos X y XI el papel de la infantería (soldados a pie) en los ejércitos perdió importancia, y en las batallas
combatían sólo los caballeros, protegidos con un costoso equipo.
Poco a poco se fue creando una casta hereditaria de nobles guerreros, a los que el rey a cambio de la prestación de
su ayuda militar les entregaba tierras (feudos), convirtiéndolos de paso en sus vasallos.
De este modo se formaba la pirámide de la sociedad medieval: en la cúspide se encontraba el Papa o el emperador,
que no eran vasallos de nadie. Los reyes eran vasallos del Papa o del emperador. Los nobles, grandes eclesiásticos
y los caballeros eran vasallos de los reyes u otros nobles de mayor alcurnia que ellos. Por debajo de todos se
encontraban los siervos, campesinos.
El vasallaje implicaba un pacto entre el señor y el vasallo. Éste debía cumplir dos deberes para con su señor: el
auxilium o ayuda militar, y el consilium o prestación de consejo en la administración de justicia. A cambio, el
señor le ofrecía protección, le defendía en los juicios y le garantizaba la propiedad del feudo que le había
entregado. Si el vasallo era infiel al señor, éste le declaraba culpable de feloºnía. Si el señor no cumplía sus
compromisos con el vasallo, éste le retiraba su fidelidad, es decir, le desafiaba.
La ceremonia del vasallaje (el Homenaje) era muy solemne. El nuevo vasallo juraba fidelidad a su señor sobre el
libro de los Evangelios y el señor realizaba la investidura del vasallo, entregándole un poco de tierra, un cetro, un
anillo, una espada o un báculo (si el vasallo era un eclesiástico).
Al principio, las relaciones de vasallaje eran muy sencillas: un rey tenía varios vasallos. Progresivamente las
relaciones se fueron complicando, ya que un mismo vasallo podía llegar a tener a su vez otros vasallos que,
indirectamente, lo eran también del primero. En algunos casos, los vasallos eran nobles que llegaron a poseer más
poder y riqueza que sus señores.

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La vida de los caballeros medievales
Los caballeros medievales eran señores feudales que rendían vasallaje al rey o a otro señor más importante que
ellos. El término caballero hacía referencia a quienes podían costearse la compra de sus propias armas v combatir
en los ejércitos de un señor, o bien tener su propio ejército.
La formación de un caballero comenzaba desde la niñez. A los siete años era confiado a un caballero anciano, que
le enseñaba a montar a caballo y a manejar las armas. Al cumplir los doce años se le enviaba al castillo para formar
parte de los escuderos del señor. Allí desempeñaba diferentes actividades: acompañaba al señor los días de caza,
le ayudaba en los torneos; aprendía el código del honor que todo caballero debía seguir, etc. Pasados unos años,
podía ser armado caballero, en una solemne ceremonia en la que el señor le calzaba las espuelas y le entregaba una
espada.
Las actividades predilectas de los señores eran la caza, siendo muy apreciada la de aves con halcones (cetrería);
                                                               la equitación y el manejo de las armas. Cada
                                                               señor elegía una serie de figuras para decorar su
                                                               escudo. Con el paso del tiempo, estas figuras se
                                                               convirtieron en el emblema que representaba a la
                                                               familia del señor.
                                                               A partir del siglo XI las residencias de los grandes
                                                               señores comenzaron a ser fortificadas,
                                                               convirtiéndose en castillos situados en lugares
                                                               estratégicos. Eran verdaderas fortalezas, con
                                                               murallas de piedra rematadas por almenas y torres,
                                                               rodeados por un foso defensivo, a veces lleno de
                                                               agua y con puentes levadizos para poder acceder al
                                                               interior. La existencia de estas fortificaciones indica
                                                               el alto grado de belicosidad e inseguridad que se dio
                                                               en este período.

CLÉRIGOS Y MONJES
La Iglesia constituía otro estamento privilegiado en la sociedad medieval. Los eclesiásticos estaban divididos en
dos grupos: el de los clérigos, encabezados por los obispos; y el de los monjes, que residían en los monasterios
bajo la autoridad de un abad. Sobre todos ellos estaba la autoridad del Papa, que representaba la continuidad de
la antigua Roma, ciudad de la que seguía siendo obispo y que fue adquiriendo mayor poder y preponderancia a lo
largo de este período.

Los monasterios
Una de las aportaciones más importantes de la Iglesia a la cultura medieval fue la institución de los monasterios.
El italiano Benito de Nursia (480-547) fundó, en la montaña de
Montecasino (529), el primer monasterio, núcleo de la orden de
los benedictinos.
Un grupo de hombres hacían promesa de castidad, pobreza y
obediencia, y en un lugar apartado llevaban una vida entregada
a la oración y al trabajo. En sus bibliotecas conservaron el
legado cultural heredado de Roma.
Los monasterios estaban formados por un conjunto de edificios
entre los que sobresalía la iglesia. Junto a ella, en el lado sur,
solía estar el claustro, que era un patio porticado con un jardín
central que daba paso al resto de las habitaciones del
monasterio. Las más importantes eran: el refectorio o
comedor, la sala capitular, donde se reunían los monjes,
presididos por el abad, y donde se tomaban las decisiones que
afectaban a la vida del monasterio. El scriptorium era la sala
donde los monjes que sabían escribir redactaban manuscritos o
copiaban libros, ilustrándolos con ricas y bellas miniaturas.
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Pero no todos los eclesiásticos tenían una situación similar. No era lo mismo ser abad o monje del coro -plazas
reservadas a los miembros de familias importantes-, que legos, asistentes o empleados del monasterio.
Asimismo, dentro de los obispados, fueron apareciendo los párrocos rurales, que, siendo su vida mucho mejor que
la de los campesinos, constituían el bajo clero, muy alejado de las dignidades eclesiásticas.

El monasterio estaba rodeado de tierras de cultivo, huertas y granjas. En muchas de estas tierras se realizaron
importantes avances en las técnicas de cultivo y en la explotación ganadera. No es pues extraño que en el siglo a
los benedictinos fuesen los mejores granjeros de toda la Europa occidental.
Enriquecidos por las donaciones, los monasterios se convirtieron pronto en señoríos de carácter feudal, en
posesión de grandes extensiones de terreno trabajadas por siervos. Los abades, que en un primer momento eran
elegidos por los monjes, llegaron a ser nombrados por los reyes o los grandes señores, al tiempo que también eran
investidos como vasallos de éstos. De este modo, los abades pasaron a ser miembros de la nobleza y estar ple-
namente integrados en el sistema feudal. Algunos obispados y abadías se convirtieron incluso en hereditarios o
fueron entregados a los hijos segundones de las grandes familias feudales.

El papel de la Iglesia
Durante la Alta Edad Media, de una iglesia casi sin organización se fue pasando a una plenamente feudal y
jerarquizada. Se fue configurando una nueva religiosidad, llena de demonios, mitos y supersticiones, con anuncios
de castigos eternos que atemorizaban a la gran mayoría de la población analfabeta.
En ocasiones la Iglesia trató de moderar la violencia de la época.
Logró crear una serie de tradiciones, con las que intentó suavizar los
conflictos bélicos. Por ejemplo, la llamada paz de Dios, prohibía atacar a
quienes no eran soldados o gentes de armas.
La tregua de Dios, prohibía guerrear en la Semana Santa, cuando se
conmemoraba la pasión de Cristo.
Por su mismo carácter feudal, la Iglesia y sus instituciones entraron en
conflicto con otras autoridades de tipo civil. Aunque el Papa presidía la
pirámide de la sociedad medieval, los conflictos con reyes y señores
feudales, entre los que se contaban abades y obispos, eran frecuentes,
por lo que el propio papado tomó parte en guerras en defensa de sus
intereses feudales. Una de las más conocidas fue la Guerra de las
Investiduras, en el siglo XI, cuando el emperador Enrique IV de
Alemania quiso nombrar o investir directamente a los obispos, sin
contar con el consentimiento papal.




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