En la sociedad chilena del siglo XVI el papel by nfk14697

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Texto leído: AY MAMA INÉS – Jorge Guzmán

Titulo del ensayo: LAS GLORIAS DE UNA MADRE
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                          LAS GLORIAS DE UNA MADRE

       En la sociedad chilena del siglo XVI el papel de la mujer estaba limitado a los
quehaceres domésticos, cuidado y atención de los niños y ser una compañía para el
hombre en los eventos sociales de la alta aristocracia, pues la mujer común de la época
estaba remitida a las labores de casa.

       La mujer del siglo XVI no tenía un rol protagónico en los acontecimientos
políticos ni sociales, sólo debía acatar lo que el varón decidía. Era muy difícil que este
esquema se rompiera; no obstante, en los albores de la conquista, Inés de Suárez se
traslada sola a las Indias para buscar a su marido que había partido rumbo a Panamá al
servicio de los hermanos Pizarro. Finalmente, lo encuentra muerto y se instala en Perú.
Ya desde esa circunstancia, se nos muestra como una mujer decidida, distinta al
prototipo de la época.

       Jorge Guzmán1, en esta crónica testimonial2, paulatinamente la hace emerger
como una figura intrépida y aventurera. Su participación en nuestra historia para
muchos es conocida sólo como la amante y concubina de Pedro de Valdivia, y en
realidad, así comienza, pero con el paso del tiempo ella logra influir notoriamente en la
toma de decisiones de quien fuera el protagonista principal y ejecutor de un sueño
idílico, como fue establecer en un territorio indomable, una colonia española.

       Inés de Suárez, una mujer, valiente, audaz; capaz de controlar sus emociones aún
en situaciones extremas, inteligente, juiciosa y una consejera fiel del conquistador,
rompe con los parámetros clásicos del machismo imperante de la época, para dar paso a
un liderazgo femenino no reconocido públicamente, pero si aceptado silenciosamente
por la masa gobernante, ya que existía la necesidad de ser conducidos con astucia y
seguridad; estrategias oportunas al momento vivido y a las circunstancias
desconocidas.

       Doña Inés, debe ser reconocida en la historia de nuestro país como la mujer que
supo adaptarse a las circunstancias del momento. Sin perder su lado femenino y la
debilidad típica de su género,     se condujo en la conquista como una más de los
capitanes y fieles acompañantes de Valdivia,         quien escuchaba sus opiniones y
celebraba su astucia para manejar a los enemigos camuflados en tan aventurera
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conquista. Es así, como en una oportunidad Valdivia le responde a Inés que pregunta
“¿Quieres que yo también asista?,- Por cierto, le dice él, tu eres uno de nuestros
capitanes y amigos” (Jorge Guzmán, pagina 118, Ay mama Inés.)

       Esta astuta mujer, era muy querida por sus esclavas, por los soldados y por todo
aquel que le rodeaba, de ahí el apodo: “Mamá Inés”. Era una mujer muy independiente,
puesto que vivía sola en Perú desde que enviudó, sustentada económicamente por un
pequeño negocio de costura y lavado de ropa. Si ella hubiese querido no habría salido
nunca del Perú, sin embargo partió con Pedro de Valdivia, no sólo para cocinar, curar
enfermos o tejer, también porque esta aventura a ella le atraía tanto como a Valdivia,
configurándose así como otra “conquistadora”.     Su ayuda y poder comenzó a crecer
poco a poco, siendo un gran aporte para esta misión elegida.

       Una vez en la expedición, comenzó el problema de la conspiración de Pedro
Sancho de Hoz, a quien una vez descubierto y apresado, Valdivia habría comentado a
doña Inés su decisión de decapitarlo en un solemne acto, con el objeto de escarmentar a
sus seguidores. No obstante, con mucho tino político, ella le aconseja: “si lo condenas
a muerte tendrá mas poder que estando vivo. Crecerá. Las órdenes del Rey, ahora que
no sirven para nada, se verán valiosísimas. Sus servicios en Cajamarca parecerán
grandiosos. Su mujer moverá cielo y tierra en la corte y encontrará muchos aliados
aquí mismo y en el Perú. Tú también ya pensaste en eso ¿no?” (Jorge Guzmán, pág. 118
Ay mama Inés.) Después de este comentario Valdivia, decidió perdonarle la vida al
conspirador, demostrando la gran influencia que tenia Inés de Suárez sobre él.     Así
como ésta, muchas otras decisiones tuvieron que pasar por su consentimiento, ya que el
Gobernador comentaba todo con ella y esperaba siempre su consejo.

       En un interrogatorio a un soldado llamado Romero, doña Inés descubrió que
Juan Ruiz estaba fomentando el descontento, diciendo que “esta tierra era miserable,
que era incapaz de dar de comer a diez encomenderos, que era necesario escapar del
pobrerío de Chile”. Con estos antecedentes, en el árbol de justicia como era costumbre,
se degolló y descuartizo a este hombre. Sus extremidades fueron repartidas por toda la
ciudad y su cabeza quedó en una pica, para que nadie más se atreviese a traicionar la
conquista. Con estas medidas se da por entendido el inmenso poder de la única española
de la aventura.
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       Otro claro ejemplo es el del ataque a Santiago el 11 de septiembre de 1541,
donde unos 8000 indios destruyeron y quemaron la incipiente ciudad.              Desde el
comienzo Inés mostró decisión y entrega, se armó y comenzó los preparativos para la
batalla, reuniendo comida y sábanas para vendar a los heridos. Cuando el combate se
veía perdido y la lucha se había trasladado a pocos metros de la plaza, comenzó el
problema de los siete indios que tenían cautivos, quienes le gritaban consignas a los
aguerridos atacantes. Los españoles no sabían si dejarlos ir o ejecutarlos, Doña Inés era
de la idea de matarlos, pero no recibía ni reproche ni aprobación del Maestre de campo
o sus capitanes. A pesar de esto, toma la iniciativa e incluso ayuda a matarlos. Con el
objeto de desanimar a los sedientos guerreros indígenas, solicita a los guardias que los
degollaran y arrojaran las cabezas al campo de batalla. De este modo, huyeron con lo
que pudieron. En esta batalla sólo murieron cuatro españoles y treinta y dos indios
auxiliares, gracias a las oportunas medidas de la inteligente Inés, quien cambió una
eminente y definitiva derrota en un importante triunfo para la conquista. Después de la
batalla, la ciudad se redujo a ruinas, no habían suficientes semillas, ganado ni tampoco
ropa, pero Inés logró reproducir los pocos pollos y cerdos que sobrevivieron, ayudó en
las labores de siembra y confeccionó vestimenta, labor para la que ella era muy diestra.

       En otra oportunidad, un grave problema interno se presentó cuando Pedro de
Valdivia pidió 60.000 castellanos a los vecinos y especialmente a los más importantes
encomenderos como préstamo para traer más indios y tropas a la ciudad. Ésta situación
provocó un gran descontento en los aludidos a la prestación, pero muy pocos de ellos
tenían el suficiente coraje para enfrentar al gobernador y expresarle su negativa a la
idea. Así, aprovechando un viaje del gobernador, se presentaron ante Inés de Suárez
con la intención de que ésta intercediera, demostrándose nuevamente que los
santiaguinos reconocían en ella poder sobre el hombre más importante de Chile.

       Lamentablemente, por disposición del Virrey del Perú, Pedro de la Gasca,
Valdivia debió terminar su relación con Inés de Suárez, casarla con Rodrigo de Quiroga
y traer a su legítima esposa desde España. No obstante, ni con esta situación la valiosa
mujer de la conquista se vio vencida; por el contrario, luego de acatar la orden ella llevó
una vida tranquila y piadosa.      Posteriormente,    cuando su marido fue nombrado
Gobernador continuó colaborando poderosamente. Ella, en efecto, contribuyó en la
construcción del templo de la Merced y de la ermita de Monserrat, en Santiago.
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       La naturaleza perseverante, lógica, dinámica, emotiva y hasta clarividente de
doña Inés de Suárez, la llevó a participar notablemente en otros ámbitos donde la mujer
no participaba: la toma de decisiones, la acertada influencia en Valdivia, salvando a la
conquista de situaciones extremas. El testimonio que lega esta mujer, es invaluable.

       Esta dama fue sin duda una mujer excepcional, logró vencer el obstáculo que le
presentaba el machismo, capaz de guiar hacia la gloria a su gente, así como lo hizo
tiempo atrás Juana de Arcos u otras mujeres históricas, para escribir en lo alto su
nombre en la gran historia de Chile.

       Una clara y sencilla descripción es la que hace el historiador Tomás Thayer
Ojeda, “una mujer de extraordinario arrojo y lealtad, discreta, sensata y bondadosa, y
disfrutaba de una gran estima entre los conquistadores”, estima que se la ganó en el
transcurso de la conquista por sus grandes cualidades.




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 Jorge Guzmán, nacido en 1930, estudió Pedagogía en Castellano en la Universidad de
Chile, y se doctoró en Filología Románica en la Universidad de Iowa, EE.UU. Además
de ser escritor, tiene una gran trayectoria académica como profesor de la Facultad de
Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, y como director del Departamento
de Estudios Humanísticos de la misma institución.

Guzmán es autor de numerosas obras narrativas, como El capanga (1969), Job-Boj
(1967), Ay mamá Inés (1993), La felicidad (1998), La ley del gallinero (1999) y Cuando
florece la higuera (2003). En sus novelas y cuentos desarrolla una visión de la historia
en la que se reflejan la experiencia y el punto de vista de diversos personajes
correspondientes a estratos e ideologías diferentes. Cuando florece la higuera, es por
ejemplo, una novela que retrata la sociedad chilena actual.

Aparte de las obras narrativas, Guzmán ha escrito importantes ensayos, como Una
constante didáctico-moral del Libro del Buen Amor (1963), Diferencias
latinoamericanas (1984) , Tahuashando: lectura mestiza de César Vallejo (2000), Ay,
mamá Inés, 1993.
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  La crónica se concibe a sí misma como la instancia que ofrece mayor proximidad a la
fiabilidad "histórica". El cronista recibe una multiplicidad de testimonios entre los que
discrimina. Los elementos de validación de los testimonios, los ordenadores de verdad,
se logran recurriendo a juicios de experiencia, sentido común, impresiones u opiniones
personales.     Jorge Guzmán, dice que “siempre hay una distancia entre el
acontecimiento y quien lo mira, y por ello hay una revisión y reescritura constante de
esa primera interpretación cada vez que la persona vuelve a pensar en los hechos.
"Nosotros nos contamos nuestras propias historias de mil maneras a lo largo del
tiempo y eso que llamamos YO es el cuento que hacemos de nosotros mismos". Agrega
que con un país pasa lo mismo, "porque estamos haciendo una crónica de lo que pasó,
que es siempre distinta.

"Siempre hemos leído la historia chilena muy ideológicamente y sería bueno mirarla de
otra manera -siempre ideológicamente, yo soy un hombre de izquierda- pero tratar de
proponer no una verdad (no hay verdades históricas), pero sí inventar una historia
distinta, no burlona, pero que pretenda ser verdadera por el momento, hasta que
aparezca otra que sea mejor o más conveniente y creo que la verdad es lo conveniente",
señala.

Dice que él es hijo del tiempo que empezó con Pedro Aguirre Cerda, un Chile laico,
democrático, laico, racional, igualitario y de repente reventó una veta distinta y por eso
escribió varios ensayos (…) "Ay mama Inés", basada en la vida de Inés de Suárez, es un
libro sobre la madre fundacional.” (Las nuevas lecturas sobre la realidad nacional)
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BIBLIOGRAFÍA


  -   Guzmán, Jorge, Ay, mamá Inés (Crónica testimonial), Editorial Fondo de
      Cultura Económica, 1999.


  -   www.educarchile.cl


  -   www. hispanista.com.br. “Vertientes del testimonio latinoamericano”, Dra.
      Snely Reis Pinheiro.


  -   www. radio.uchile.cl “las nuevas lecturas de la realidad nacional”, 5 de agosto
      de 2004.


  -   www.scielo.cl Revista Atenea Concepción N° 493, 2006. “Entrevista con Jorge
      Guzmán: diferencias latinoamericanas”, Sophie von Werder


  -   www.uchile.cl “Las crónicas hispanas y las voces del otro”. Nelson Martínez B.


  -   es.wikipedia.org “Novela histórica”

								
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