A medida que el niño se desarrolla, la sociedad

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A medida que el niño se desarrolla, la sociedad Powered By Docstoc
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La convivencia familiar
La etapa escolar
(segunda y última parte)

Julio E. Hernández Elías

medida que el niño se desarrolla, la sociedad parece preocuparse cada vez más por incorporarlo sobre una base igualitaria; las escuelas, las iglesias y las organizaciones juveniles lo alientan a participar más activamente. Por tanto, el eje de interés se ha desplazado de la dependencia respecto del progenitor, como aquel que más influye sobre el niño, a la dependencia respecto de las instituciones sociales. Parece que ahora las familias urbanas enfrentan las condiciones de competitividad, consumo y enajenación sociales con diversas estrategias de organización familiar; la relación entre dos o tres hermanos es más interdependiente y más intensa que entre cinco o seis, pues las condiciones de falta de estabilidad fortalece la cercanía de un grupo menor. A diferencia de las grandes familias tradicionales del siglo pasado, las familias actuales tienen pocos miembros, los padres planifican la vida familiar de tal forma que combinan actividades profesionales o laborales con los quehaceres domésticos y la crianza de pocos hijos. Al concluir la etapa escolar, el niño de 10 a 12 años, ya cuenta con una estructura de personalidad que le ha permitido sobrevivir emocionalmente a los hermanos. Estos ya no son los competidores significativos que eran en las etapas previas, a menos que formen parte de su grupo de edad. Además, en esta etapa de niño productivo, desea tener amigos íntimos y ser objeto de la aceptación y aprobación de los pares, como se mencionó en el número anterior. Las relaciones entre hermanos han cobrado una creciente importancia debido a los cambios en las condiciones sociales de los últimos años. Su relación tiende a polarizarse: se estrecha y aprenden a cooperar y brindarse apoyo, o bien se aleja y compiten con desconfianza y sin sentido de pertenencia a la familia. Circunstancias cada vez más comunes en la 1

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sociedad, tales como cuando la madre sale a trabajar o cuando los padres se divorcian, incrementa estas posibilidades. Como en cada fase anterior y ulterior, el niño se convierte en una persona muy distinta. Erikson, dice: “se transforma en una persona con cualidades cognoscitivas más amplias y con capacidad mucho mayor para interactuar con una gama mucho más extensa de personas en las que está interesado, a las que comprende, y que reaccionan frente a él”. Erikson destaca que el origen de muchas de las actitudes ulteriores del individuo hacia el trabajo y los hábitos de trabajo, puede hallarse en el grado de eficaz sentido de la industria promovido durante esta fase; en cambio, la tecnología básica para ejecutar su tarea proviene de capacidades innatas que permiten el desarrollo de los conocimientos valorados por su cultura. Así, la importancia dada a la artesanía experta cimienta la ulterior actividad científica. Todo el desarrollo se ajusta a una misma secuencia. Como hemos revisado en las etapas anteriores, cada etapa del desarrollo comienza con experiencias o problemas concretos que requieren el apoyo de los adultos, y sólo después de dominar totalmente una experiencia concreta, el desarrollo se orienta progresivamente hacia el conocimiento abstracto de la siguiente etapa. J. Piaget plantea el desarrollo de la personalidad pasando de la experiencia con el mundo físico a la experiencia a la experiencia con el mundo social y, finalmente, con el mundo ideacional. Cada nueva dimensión es experimentada primero a través de sus realidades físicas, antes de que puedan incorporarse consideraciones de tipo social e ideacional. La conducta intelectual se desenvuelve descriptivamente de la actividad sin pensamiento al pensamiento con menor énfasis en la actividad. Es decir, la conducta cognoscitiva del niño avanza del hacer al hacer con conocimiento, y luego a la conceptualización. El niño escolar ha transcurrido por la inteligencia representativa, pasando del pensamiento intuitivo a la fase de operaciones concretas. De operaciones simples ha pasado a la conceptualización de sistemas totales y ahora empieza a manejar la lógica hipotético-deductiva y operaciones combinatorias. Para adquirir el sentido de industriosidad y rechazar el sentido de inferioridad, es necesario, que el niño haya sublimado eficazmente gran parte de sus deseos anteriores. Durante este período a menudo se afirma que el niño “tiene pretensiones excesivas”. El joven consagra sus abundantes energías al mejoramiento de sí mismo y a la conquista de personas y cosas. Su impulso hacia el éxito incluye la conciencia de la amenaza del fracaso. Este temor subyacente, lo incita a trabajar más duramente para tener éxito, porque cualquier acción a medias, a cualquier forma de mediocridad, lo acercará demasiado a un sentido de la inferioridad, sensación que debe combatir para avanzar seguro de sí mismo hacia la siguiente etapa. Antes de la adolescencia aparecen los cambios púberes y, con ellos, modificaciones en la relación del niño con la familia. Se presentan mayores 2

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conflictos ya que no quiere ser tratado como niño pequeño, pero tampoco como mayor; se observan cambios emocionales rápidos e inexplicables que lo hacen pasar de la risa al llanto. El amigo o la amiga íntima asume un lugar de privilegio sobre otras relaciones. A este casi adolescente, le cuesta mucho más que antes aceptar límites: todo puede ser sometido a cuestionamientos. El hijo comienza a denotar aspectos nuevos de su personalidad que desconciertan a los padres o maestros. El niño ha iniciado su etapa púbera, y con ello el arribo a la adolescencia. Esas conductas expresan un conflicto que le llevará los siguientes 10 años de su vida resolver. Para consultar: Twerski, Abraham J., ¿Acaso pedí pertenecer a esta familia?, Barcelona, Paidos, 1994. Libro ampliamente recomendable acerca de la relación entre hermanos, con humor y conocimiento, que a pesar de su importancia actual, ha sido un tanto descuidado por muchos estudiosos del desarrollo humano. Manual de identificación y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes, de la Organización Panamericana de la Salud, Programa de Salud, Familia y Población, 1998. Evans, P., Diálogos con Erik Erikson, México, FCE, 1985. Maier, Henry, Tres teorías del desarrollo del niño: Erikson, Piaget y Sears, Buenos Aires, Amorrortu, 1984.

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