La Consagración en la Biblia, en la enseñanza actual by lsg16921

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									          La Consagración en la Biblia, en la enseñanza actual de la Iglesia y
                en la espiritualidad de San Luis María de Montfort.

                 En el mundo es muy conocida la expresión
                 TOTUS TUUS, “Todo tuyo” que el Santo
                 Padre Juan Pablo II ha tomado como lema
                 de su vida sacerdotal y episcopal. Con ello
                 quiere expresar su Consagración total a
                 Jesucristo por las manos de María, que
                 aprendió de San Luis María de Montfort en
                 el Tratado de la Verdadera Devoción cuando
                 se      preparaba      clandestinamente    al
sacerdocio. En efecto, a partir del No 120 del famoso Tratado
de la Verdadera Devoción (VD) san Luis María nos enseña
lo que él mismo escribió con grandes caracteres en el texto manuscrito, de LA
PERFECTA CONSAGRACIÓN A JESUCRISTO. O en otras palabras, de la “perfecta
consagración a Jesucristo, Sabiduría encarnada, por manos de María” (Amor de la
Sabiduría Eterna, ASE 223). San Luis María busca con ello presentarnos la que él llama
“la más perfecta y útil de todas las devociones a María”.

Esta Consagración Total a Jesús por María constituye lo más característico y fecundo de
la espiritualidad de san Luis María de Montfort. Lo que identifica a todos los miembros
de la familia montfortiana es la Consagración Total. (Anécdota de las Misioneras de
María...). Es, por ello, y al mismo tiempo, lo más importante y el común denominador
de todos los seguidores del camino espiritual y apostólico del Padre de Montfort, sean
laicos o religiosos o sacerdotes u obispos. La Consagración Total tiene unos
fundamentos tan sólidos que San Luis María llega a decir que “no se la podrá condenar
sin trastornar los fundamentos del cristianismo” (VD 163; ver VD 180)1. Como estos
fundamentos se encuentran en la Santa Biblia y en la Tradición de la Iglesia enseñada
por su Magisterio, primero diremos al menos algo de la rica doctrina de la Consagración
en la Biblia y en la Iglesia, antes de entrar en la enseñanza directa de san Luis María.

Esta meditación ayuda a comprender que la verdadera devoción a la Santísima Virgen
no puede reducirse a unas devociones a la Virgen, sino que significa toda una vida
cristiana en sintonía con María. La Consagración abarca toda la existencia humana. Y
María, es la más perfecta discípula de Cristo y modelo perfecto de consagración a
Jesucristo y a su obra.
    1. La Consagración en la Biblia y en la enseñanza actual de la Iglesia

    1.1 En la Biblia hay toda una teología amplia y progresiva de la Consagración2. La
        palabra consagración viene de sagrado y designa un lugar, un tiempo (Gn 2,3),
        una cosa o una persona dedicados al Señor. La consagración significa
        pertenencia al Señor, dedicación a él. Lo que es consagrado participa de la
        santidad de Dios. Sólo El es el Santo de Israel (Is 40,25; 60,14). La
        consagración es la entrada en el mundo de Dios, es participar de la cercanía del
        Dios lejano, es participar de su santidad. Lo que está consagrado está reservado

1
  Ver GAFFNEY P., Consagración, Diccionario de Espiritualidad Monfortiana, Centro Mariano
Monfortiano, Bogotá, 1998, p. 270
2
  Ver PÍO SUÁREZ, La Consagración total a Jesús por María, artículo publicado en español en la colección
de artículos: MONTFORT, un maître spirituel pour notre temps, p. 346, para justificar el doctorado del P.
de Montfort, Roma, 28, abril, 1988, Archivos-Doctorado, Curia General Montfortiana en Roma,.
                                                   -1-
         al Señor y está revestido de una especial presencia del Señor. Lo que está
         consagrado está dedicado sobre todo al culto de Dios y a la santificación de los
         humanos. Tiene pues, un carácter litúrgico de alabanza, de santificación y de
         comunión... 1 en el doble movimiento de Dios a los humanos y de los humanos
         a Dios. En lo que está consagrado el inefable e inaccesible se deja tocar y besar
         hasta de los niños. (Anécdota en Santa María Mayor). Aquel que no pueden
         contener los cielos de cielos, ni el espacio sideral con sus estrellas y
         constelaciones a miles de años luz2 y en constante en expansión, hace sentir su
         presencia santificadora en una casita construida3 en la boronita sideral llamada
         tierra y en el pequeño sistema planetario del átomo humano...4. La consagración
         coloca al ser humano en la órbita divina. Uds. saben que no es fácil colocar una
         nave espacial en órbita... es una hazaña muy costosa y riesgosa... y de tiempo
         limitado y para pocos pasajeros... Bueno, aterricemos... volvamos a la tierra
         (como dicen los boyacenses), al Pueblo de Dios y a la Santa Biblia.

    1.2 El término clave para comprender la Consagración en la Biblia es la Alianza5 .
        En la primera Alianza, sellada en el monte Sinaí, el pueblo se da cuenta que es
        “un pueblo consagrado al Señor, su Dios”, que Dios “se enamoró “ de ellos y
        los “eligió” no porque lo merecieran o por su prestigio o grandeza, sino por
        “puro amor” a ellos y por “su fidelidad a la promesa” (Deut 7, 5-11) hecha a
        Abraham y a su descendencia. El pueblo fue consciente que se comprometía a
        “no tener otro Dios, que el que lo había sacado de la esclavitud de Egipto”, a
        respetar su nombre y santificar el día de la semana consagrado a su culto y a
        amar al prójimo como a sí mismo siendo honrados, sinceros, castos, justos y
        solidarios. Así lo prescribía el Código de la Alianza y “Las 10 Palabras”,
        proclamados en medio de una tormenta sideral para que tuvieran temor de Dios
        tomando las cosas en serio (Ver Ex 20,1-21). Y el pueblo respondió al unísono:
        “Haremos cuanto dice el Señor” (Ex 19,8; 24,3.7; ver Deut 5,23-29). Pero como
        Uds. saben, la historia del Pueblo elegido ha sido la que inmortalizó Miguel
        Ángel en su famoso Moisés. Moisés está sentado majestuoso en un trono con
        las tablas de la Ley debajo el brazo derecho y con una mirada airada y perdida
        en el horizonte de la humanidad y de la historia. Cuando uno lo mira siente el
        impacto de su duro reproche eternamente fresco: los seres humanos prefieren
        adorar al becerro de oro, llámese Dólar o Yen o Euro, que al Dios vivo y
        verdadero, que ama y libera. Entonces... el fracaso histórico, personal y
        colectivo, se vuelve pan de cada día, como lo constatamos hasta hoy en nuestra
        historia de guerras, divisiones, injusticias y locuras. Sin Dios el hombre sólo

1
  Ver VATICANO II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, 10 : lo que la Iglesia entiende por la Sagrada
Liturgia.
2
  La velocidad de la luz es de 300.000 Kmts. por segundo. Hasta ahora barrera insuperable para la técnica
humana. El sol se encuentra a 8 minutos luz de la tierra. Pero estos 150 millones de kilómetros que nos
separan no son nada en el ámbito inconmensurable del espacio sideral. Porque la estrella más cercana a
nosotros después del sol es la estrella Alfa, de la constelación Centauro, que se encuentra a 4,5 años luz.
Pero esta es una pequeña distancia si se compara con la Aldebarán a 68 años y Orión a 900 años luz y
todo esto en nuestra humilde Galaxia. Nuestra galaxia no es sino una entre millones de galaxias. Hay
galaxias a 10.000 años luz. Oremos con el Salmo 8...
3
  Ver II Cron 6,18ss « Es posible que Dios habite con los hombres en la tierra ? Si no cabes en el cielo y
lomás alto del cielo ¡Cuánto menos en este templo que te he construido!...”. (Ver Ver Act 7, 47-50).
4
  Incluso para san Luis María de Montfort, María en comparación de Dios es menos que un átomo:
“Confieso con toda la Iglesia que, siendo María una simple criatura salida de las manos del Altísimo,
comparada a la infinita Majestad de Dios, es menos que un átomo, o mejor, es nada, porque sólo El es El
que es (Ex 3,14)” VD, 14
5
  Ver Pío Suárez, o.c., pag 347
                                                    -2-
            edifica torres de babel... crea utopías fantásticas, se vuelve fratricida a diversos
            niveles... y fabrica ídolos que esclavizan y achican.

       1.3 Queda entonces un pequeño Resto fiel compuesto de creyentes que ponen toda
           su confianza en Dios. Son los Pobres de Yahvé que permanecen fieles aún en el
           destierro Babilónico y conservan viva la esperanza en el cumplimiento de las
           promesas. A este Resto fiel, los Anawin, pertenecerá María, quien “sobresale
           entre los humildes y pobres del Señor”1 Ante el fracaso histórico, Dios no
           abandona a su pueblo y le promete una Nueva Alianza. Le promete cambiar su
           corazón de piedra (hacerle un transplante) e infundirle su mismo Espíritu
           (renacimiento) (Jr 31, 31-34; Ez 36,37-38). “Haré con ellos una alianza de paz,
           alianza eterna pactaré con ellos. Los estableceré, los acrecentaré y pondré entre
           ellos mi santuario para siempre..., y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y
           sabrán todas las naciones que yo soy el Señor que consagra a Israel...” (Ex
           37,26-28; ver 36, 22-36). La Nueva Alianza apunta a los sentimientos (al
           corazón) y a la vida (nacimiento) y tiene, además una dimensión eterna y un
           carácter misionero. El Pueblo consagrado está llamado a ser testigo ante todos
           los pueblos de la tierra del Dios único, vivo y verdadero, liberador y Señor de la
           historia (Is 44,8). Así, cuando Dios selle una “Alianza perpetua” (Is 55,3) y
           sean nuevamente pueblo de Dios, “Pueblo Santo” (Is 62,12), dirán a pleno
           pulmón y con derecho: “Soy del Señor”. Y llevarán en el brazo un tatuaje que
           dirá: “Del Señor” (Is 44,5)2.

       1.4 Jesús es el Consagrado o Santo de Dios (Mc 1,24; Lc 4,34; Jn 6,69). El Ángel
           le anuncia a María que “el Espíritu Santo vendrá” sobre Ella y “por eso, el
           consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios” (Lc 1,35). En el misterio
           de la Encarnación se realiza la consagración de Jesús. Ahí se inicia su
           consagración al Padre, por la unción del Espíritu Santo, para cumplir la misión
           a Él confiada. “Aquí estoy, he venido para cumplir, oh Dios, tu voluntad” (Heb
           10,6). Cuando, al inicio de su misión apostólica se presenta en la Sinagoga de
           Nazareth, revela claramente que Él es el Siervo de Dios ungido por el Espíritu
           Santo para dar la Buena Noticia a los pobres, para liberar a todos los oprimidos
           –del pecado, del demonio, del mundo, de todo mal-, para derramar en
           abundancia las bendiciones divinas (Ver Lc 4, 16-21; Ef 1,3-7; Act 10,18; Act
           5,31; Jn 14,6...). Así pues, en el misterio de la Encarnación la Sabiduría de
           Dios, el Verbo de Dios no sólo se hace hombre, sino también siervo de Dios,
           esclavo, consagrado al Padre, Mesías o Cristo, ungido por el Espíritu para ser
           profeta, sacerdote, rey y sobre todo mediador de la Nueva y definitiva Alianza...
           Con Él y en Él y por Él todos los redimidos estamos llamados a hacer nuestro
           éxodo personal y comunitario del pecado y de toda forma de esclavitud hacia la
           casa del Padre, viviendo una vida santa en conformidad con el Evangelio, es
           decir, según la Nueva Ley de las Bienaventuranzas y del Amor (Ver Jn 14,6; Mt
           5, 12; Jn 15, 9-17). En Jesucristo, “imagen de Dios invisible”, primogénito y
           cabeza de todo lo creado, de todo lo visible e invisible, todo ha sido
           reconciliado y consagrado (Ver Col 1, 15-20). De ahí su mandato final a los
           apóstoles: “Vayan a hacer discípulos entre todos los pueblos, bautizándolos y
           consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enseñándolos a cumplir
           cuanto les he mandado” (Mt 28,19-20). -----------------------------------La
           consagración del Verbo de Dios en la Encarnación, adquiere su punto
1
    Vat. II, Iglesia, 55
2
    Ver Pío Suárez, o.c., pag 348
                                                -3-
           culminante con su inmolación en la Cruz, su gloriosa Resurrección y el envío
           del Espíritu Santo... –es decir, con su Misterio Pascual-. (Ver Vat. II, Const.
           Divina Revelación, 4). Esta consagración de Jesucristo es la consagración
           fundamental, signo, garantía y modelo de todas las consagraciones del Pueblo
           de Dios en la Nueva y definitiva Alianza. A ella deben referirse todas las
           consagraciones y de ella toman todo su valor. Así la vida del cristiano no será
           otra cosa que prolongar en el tiempo y en espacio la Encarnación, es decir, la
           Consagración de la Sabiduría eterna1. -------Además, en la Encarnación, la
           Consagración de la Sabiduría eterna o Hijo de Dios, adquiere una característica
           mariana. Pues en esta consagración interviene de manera libre y eficaz el SI de
           la esclava del Señor (ver Lc 1,34-38). La Encarnación o Consagración del
           Verbo de Dios se hace en María y por María, por obra del Espíritu Santo. De
           ahí la unión tan íntima de María con el Espíritu Santo y con la persona de
           Jesucristo y su obra Redentora, que se prolonga en la Iglesia. Por ello, la
           consagración del cristiano tiene también una dimensión mariana imprescindible
           y esencial. Dios lo ha querido así (Ver Gal 4,4-6; VD 225 y 247).

      1.5 La Iglesia, pueblo de la Nueva Alianza, consagrado por el Bautismo (Ver Vat
          II, Iglesia, 9-10). Al recibir la unción del Espíritu Santo (1 Jn 2,20-27), el
          cristiano entra a formar parte de la nueva y definitiva Alianza de amor y
          fidelidad, cuyo Mediador o nuevo Moisés, ha sido Jesucristo. Por el Bautismo
          el cristiano entra a formar parte de una nación consagrada, de un pueblo santo,
          llamado por Dios a proclamar sus maravillas (ver 1 Pe 2,9-10). Por el Bautismo
          participamos de la Consagración de Jesucristo, de su santidad victoriosa. Por
          ello, por el Bautismo entramos en ese doble movimiento de renuncia y entrega
          como expresión de nuestra pertenencia total a Jesucristo y dedicación a su obra
          salvadora. Por el Bautismo renunciamos a todo lo que nos esclaviza y sobre lo
          cual Jesucristo nos garantiza la victoria: el demonio, el pecado y todo lo
          mundano (sabiduría del mundo), para disfrutar de la libertad de los hijos de
          Dios y poder amar como El nos ha enseñado. Para amar hay que ser libres, y el
          amar no hace más libres... El Bautismo es la consagración fundamental del
          Cristiano. El bautizado queda insertado en el mundo de Dios como hijo del
          Padre, hermano y discípulo de Cristo, templo vivo del Espíritu Santo. Por el
          Bautismo, el cristiano participa de la misma naturaleza de la Familia Divina y
          se incorpora en la Iglesia para realizar su vocación santa y misionera. La Iglesia
          del Vaticano II y del Post-Vaticano II ha acentuado bastante esta enseñanza que
          ya estaba explicitada en la Santa Biblia sobre todo en los himnos cristológicos
          de las cartas a los Efesios y Colosenses, en la Carta a los Romanos y en la 1ra.
          de san Pedro. Todo ello, para estimularnos a morir al pecado y a vivir una vida
          nueva (Ver Rom 6, 1-23) “como hijos de Dios, santos e inmaculados” (Ver Ef
          1,4-2,22), aceptando la salvación que gratuitamente nos ha sido ofrecida por
          Dios (2 Tes 2,13: 2 Tim 1,8.9). Todo el Pueblo de Dios queda, pues, consagrado
          desde el Bautismo, para formar para Dios una morada espiritual y conformar un
          sacerdocio santo (Vat. II, Iglesia, 10.34.44). “No es, pues, sorprendente que los
          bautizados sean llamados los consagrados: en el bautismo se han revestido de
          Dios. Forman parte de la familia de Dios: Consagrados en el Consagrado (Ver
          Col 1,12-23)2. San Pablo presenta las consecuencias de esta consagración para
          la vida y el compromiso de cada día: “Por tanto, ya no son extranjeros ni
          advenedizos, sino conciudadanos de los consagrados y familia de Dios, pues
1
    Ver PIO SUAREZ, o.c., pag 359
2
    GAFFNEY, o.c., p. 272
                                             -4-
           fueron edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, con el Mesías
           Jesús como piedra angular. Por obra suya la construcción se va levantando
           compacta, para formar un templo consagrado por el Señor; y también por obra
           suya van entrando ustedes con los demás en esa construcción, para formar por
           el Espíritu una morada para Dios” (Ef 2,19-22). En conclusión, la consagración
           bautismal, implica para el creyente un cambio radical de vida, pues pertenece
           totalmente a Jesucristo. Como nos dice san Pedro: “Como hijos obedientes, no
           se amolden a las aspiraciones que tenían antes, en los días de su ignorancia.
           ¡No! Igual que es santo Aquel que les llamó, sean también ustedes santos en
           toda su conducta” (1 Pe 1,15-16).

      1.6 Otras consagraciones en la Iglesia. En el Concilio Vaticano II se encuentran
          muchos documentos que nos hablan de la consagración como de una unción
          especial de Dios y una entrega total del consagrado al Señor y a su obra.
          Además de presentarnos a Jesucristo como el consagrado y enviado por el
          Padre y que, a su vez consagra y envía a los apóstoles y sus sucesores (Iglesia,
          28; ver Jn 10,36), nos presenta a María como la persona que se consagró
          totalmente a la persona y a la obra de su Hijo (Iglesia, 56). Nos habla
          insistentemente de la Consagración fundamental realizada en el Bautismo, pero
          también nos dice que una consagración especial corresponde a las personas y
          vida de la Iglesia en sus diversos estamentos: los obispos son consagrados para
          santificar, enseñar y conducir al pueblo de Dios (Iglesia, 21.28); los Sacerdotes
          son consagrados para predicar el Evangelio, apacentar a los fieles y celebrar el
          culto (Iglesia 28; CD 34); los Religiosos también son consagrados con una
          peculiar consagración (PC, 1.5; AG 18; Iglesia 44). A la vida religiosa se le
          llama por excelencia “Vida Consagrada”, incluso en el famoso documento Post-
          Sinodal sobre la misma del Papa Juan Pablo II, publicado significativamente el
          25 de marzo de 1996. La Iglesia no ha encontrado otro término mejor para
          expresar la identidad de quienes dejan todo por Cristo y para Cristo y su reinado
          en el mundo. Y, sin embargo, toda vida bautismal es consagrada1. Hubo un
          tiempo en que parecía que los únicos llamados a la perfección de la vida
          cristiana, a la santidad, eran los religiosos. Sin embargo, de los 8 capítulos que
          la Iglesia emplea para describir quien es Ella, dedica uno todo entero, para
          hablar de la Universal Vocación a la Santidad en la Iglesia (Cap. V).

      1.7 María, Modelo para todos los Consagrados. Es muy significativo que para
          hablar de sí misma la Iglesia haya empleado todo el capítulo VIII para
          presentarnos a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de
          Cristo y de la Iglesia. Y que al presentarla nos diga algo que siempre recordaba
          con profunda satisfacción el P. Pío Suárez –el hombre, amigo y consagrado que
          más he admirado en mi vida-: en el SÍ de la Anunciación, María de Nazareth “se
          convirtió en Madre de Jesús... y se consagró totalmente como esclava del Señor
          a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la
          Redención...” (LG 56)2. Los Obispos de América Latina lo repiten a su manera:
          En Ella “todo está referido a Cristo y todo depende de El (MC 25). Su
          existencia entera es en plena comunión con su Hijo. Ella dio su SÍ a su designio
          de amor. Libremente lo aceptó en la anunciación y fue fiel a su palabra hasta el
          martirio del Gólgota. Fue la fiel acompañante del Señor en todos sus caminos...
          Anudó una historia de amor a Cristo íntima y santa, verdaderamente única, que
1
    Ver PÍO SUÁREZ, o.c., pag 345
2
    Ver PÍO SUÁREZ, o.c., pag 355
                                             -5-
         culmina en la gloria”1. En efecto, comenta el P. Pío Suárez, la “llena de gracia
         desde el primer momento de su ser, perfectamente disponible al Espíritu que la
         transforma en templo viviente de la divinidad y arca de la nueva alianza, se
         consagra con todo su ser y hacer a la obra de la redención. La vocación de
         María aparece así como la prolongación y expresión más perfecta y la plena
         realización de la vocación de Israel”2. En efecto, María como punto de enlace
         del Pueblo de la antigua y de la nueva Alianza, dice SÍ a nombre de su Pueblo y
         de toda la humanidad: “Obedeceremos y haremos cuanto nos pide el Señor”.
         María es la “heredera de la fe de Abrahán y la lleva a su plenitud”3 Ella es la
         mujer dichosa que “escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica” (Ver Lc
         1,38; Ex 19,8; 24, 3.7; Lc 1,45; Mt 12, 46-48; Lc 11,27-28; Vat. II, Iglesia, 58).
         Su fidelidad es absoluta al compromiso pactado con Dios. La Consagración de
         María adquiere nuevo significado y fecundidad especial junto a la Cruz en
         donde su Hijo proclama su nueva Maternidad respecto a todos sus discípulos:
         “Mujer, ése es tu hijo” (Jn 19,26). Desde ese momento nace la Iglesia confiada
         a María y María comienza a caminar con los discípulos de Jesús y persevera
         con ellos en la oración en espera del Espíritu Santo que dará vida a la Iglesia
         constituyéndola Cuerpo de Cristo y Nuevo Pueblo de Dios. Esta consagración
         de María “a Cristo y a su misión es una realidad suficiente para justificar una
         presencia de María en la vida del cristiano”4 y acogerla como lo hizo Juan (ver
         Jn 19, 25-27) y obedecerle como hicieron los discípulos en Caná: “Hagan lo que
         El les diga” (ver Jn 2,1-11). En la Exhortación Apostólica Post-sinodal Vida
         Consagrada, todos los consagrados son invitados “acoger a la Santísima Virgen
         imitándola con la radicalidad propia de su vocación...” (pues) “La relación filial
         con María es el camino privilegiado para la fidelidad a la vocación recibida y
         una ayuda eficacísima para avanzar en ella y vivirla en plenitud” (VC, 28). En
         su Homilía en San Lorenzo, junto a la tumba de san Luis María de Montfort, el
         santo Padre dijo a los religiosos: “Ustedes están llamados a ir aún más lejos,
         gracias a “un don particular del Espíritu” (VC,30), puesto que Uds. escogieron
         practicar radicalmente los consejos evangélicos para seguir a Cristo, y toman
         por modelo a la Virgen María, “ejemplo sublime de perfecta consagración, por
         su plena pertenencia y entrega total a Dios” (VC 28)5


    2. La Consagración Total a Jesús por María
       en la espiritualidad de san Luis María de Montfort

    2.1 Tres testimonios de Juan Pablo II. 1- Para orientar la celebración del Año
        Mariano y promover la auténtica espiritualidad mariana a la luz de la Tradición
        de la Iglesia, el Santo Padre Juan Pablo II, en su carta Encíclica, Madre del
        Redentor, dice: “Me es grato recordar entre tantos testigos y maestros de la
        espiritualidad mariana, la figura de san Luis María Grignion de Montfort, el
        cual proponía a los cristianos la consagración a Cristo por manos de María,
        como medio eficaz para vivir fielmente el compromiso del bautismo. Observo
        complacido como en nuestros días no faltan tampoco nuevas manifestaciones de


1
  Puebla 292
2
  Ver PÍO SUÁREZ, o.c., pag 355
3
  Juan Pablo II, Mensaje dl Angelus 4.12.1983, Osservatore Romano del 12.12.1983.
4
  Ver PÍO SUÁREZ, o.c., pag 356
5
  Ver L’ECHO MONTFORTAIN, Nro. 486, pag 6; Rome, Octubre, 1996
                                                 -6-
         esta espiritualidad y devoción”1. Además de este documento del magisterio, el
         Santo Padre ha dado otros testimonios en los que destaca la validez, actualidad
         y fecundidad de la Consagración Total. 2- Cuando estuvo en San Lorenzo,
         Francia, visitando las tumbas de San Luis María y de María Luisa Trichet, en la
         homilía de la Eucaristía celebrada con los religiosos de la diócesis de Luçon,
         dijo: “Ya que mi visita pastoral se ubica en gran parte bajo el signo del
         bautismo, hoy quiero ante todo poner de relieve el hecho que, en el espíritu de
         san Luis María, toda la vida espiritual proviene directamente del sacramento del
         santo bautismo. Así lo destaca un pasaje significativo del Acto de consagración
         a Jesucristo por las manos de María, redactado precisamente por el P. de
         Montfort. En el corazón de este acto, hay estas palabras: “Yo, -aquí se
         pronuncia el nombre; por ejemplo: Luis María o Juan Pablo o Carlos- pecador
         infiel, renuevo y ratifico hoy en tus manos (entre las manos de María) los votos
         de mi bautismo; renuncio para siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras y
         me consagro totalmente a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, para llevar mi cruz
         en su seguimiento todos los días de mi vida...” (ASE 225). (Anécdota: “Al
         emplear su propio nombre de bautismo, su nombre de Papa y el nombre de san
         Luis María, entretejió toda su vida con la experiencia de Montfort. Después,
         dejando a un lado el texto escrito, añadió con dulzura: “la repetimos cada día”)2.
         3- Otro testimonio muy interesante del Santo Padre se encuentra en su libro
         “Don y misterio”. En él expresa la influencia de san Luis María en su vida.
         Comentando la luz que le vino del Tratado de la Verdadera Devoción cuando
         comenzó a conocerlo, dice: “En él (en el TVD) encontré respuesta a mis
         perplejidades. Sí, María nos acerca a Cristo, nos conduce a El, a condición de
         que se viva su misterio en Cristo. El Tratado de San Luis María Grignion de
         Montfort puede molestar un poco por su estilo enfático y barroco, pero la
         esencia de las verdades teológicas contenidas en él es incontestable. El autor es
         un teólogo de clase. Su pensamiento mariológico está fundado en el Misterio
         trinitario y en la verdad de la Encarnación del Verbo de Dios”3

    2.2 La Palabra misma de san Luis María:

    2.2.1    Consagración total a Jesucristo. San Luis María está plenamente
             convencido que “la plenitud de nuestra perfección –y por tanto de nuestra
             vocación- consiste en asemejarnos, vivir unidos y consagrados a Jesucristo”
                                                                           ,
             (VD, 120; ver VD 61-62). Porque, añade, “efectivamente, sólo en Cristo
             habita realmente la plenitud total de la divinidad (Col 2,9) y todas las demás
             plenitudes de gracia, virtud y perfección. Sólo en Cristo hemos sido
             bendecidos con toda bendición del Espíritu (Ef 1,3). Porque El es el único
             Maestro que debe enseñarnos, el único Señor de quien debemos depender, la
             única Cabeza a la que debemos estar unidos, el único Modelo a quien
             debemos asemejarnos, el único Médico que debe curarnos, el único Pastor
             que debe apacentarnos, el único Camino que debe conducirnos, la única
             Verdad que debemos creer, la única Vida que debe vivificarnos y el único
1
  JUAN PABLO II, Enc. Madre del Redentor, No 48; 25, marzo, 1987, para celebrar el año Mariano en
conmemoración del año 2000 del nacimiento de la Virgen María y en la perspectiva del final del segundo
Milenio cristiano.
2
  WILLIAM CONSIDINE, Superior General de Los Monfortianos, L’ECHO MONTFORTAIN, Nro. 486, pag 9;
Rome, Octubre, 1996
3
  JUAN PABLO II, Dono e mistero. Nel 50° del mio sacerdozio, Città del Vaticano, Libr. Ed. Vaticana,
1996, 37s. Ver también A. Frossand, N’ayez pas peur! Dialogue avec Jean-Paul II, Paris, Laffont, 1982,
184ss.
                                                 -7-
             Todo que en todo debe bastarnos. Bajo el cielo, no tenemos los hombres otro
             diferente de él al que debamos invocar para salvarnos (Hech 4,12). Dios no
             nos ha dado otro fundamento de salvación, perfección y gloria que
             Jesucristo. Todo edificio que no esté construido sobre esta roca firme, se
             apoya en arena movediza, y se derrumbará infaliblemente tarde o temprano.
             Quien no esté unido a Cristo como el sarmiento a la vid, caerá, se secará y lo
             echarán al fuego (ver Jn 15,6)” (VD 61). Y después de esta profesión de fe,
             precisa: “Por tanto, si establecemos la sólida devoción a la Santísima Virgen,
             es sólo para establecer más perfectamente la de Jesucristo y ofrecer un medio
             fácil y seguro para encontrar el Señor” (VD 62)1

    2.2.2    La esclavitud mariana. La perfecta devoción a María que nos propone san
             Luis María de Montfort es una consagración radical. Consiste en una
             “consagración total a Ella (la Madre de Jesús) y a Jesucristo por medio de
             María, en calidad de esclavos, haciéndole entrega total y perpetua del propio
             cuerpo, alma, bienes interiores y exteriores, satisfacciones y méritos de las
             buenas obras... en fin, de todos los bienes recibidos en el pasado, de los que
             se poseen al presente y se poseerán en el futuro” (ASE 219). A esta entrega y
             dependencia total, san Luis María la llama esclavitud de la Santísima Virgen.
             Para ser más precisos, como lo aclara el mismo san Luis María, “vale más
             decir, “la esclavitud de Jesucristo en María y llamarse esclavo de Jesucristo
             en María, tomando el nombre de esta devoción de su fin último que es
             Jesucristo, y no de María que es el camino y el medio para llegar a la meta”
             (VD 245). Se trata, pues, de una donación total de mi persona por el tiempo
             y la eternidad. Este concepto de esclavitud, que suena chocante a los oídos
             actuales que pregonan la libertad total –aunque en realidad hay tantos
             esclavos de la moda, del placer, del juego, de algún vicio, de una máquina,
             en fin, de algunos ídolos- no quiere significar opresión o servilismo, sino
             pertenencia y dedicación a través de una entrega de amor libre y total, en
             correspondencia al amor libre y total que Dios nos ha manifestado en
             Jesucristo y en María, o mejor en Jesús que vive y reina en María. Es una
             esclavitud de amor. Es una conclusión práctica y radical del principio
             fundamental que coloca al principio del Tratado de la VD: “Por medio de a
             Santísima Virgen María, vino Jesucristo al mundo, y por medio de ella debe
             también reinar en el mundo” (VD 1)2. La expresión esclavitud se equipara en
             este caso al “affidamento” –en italiano- empleado por el Santo Padre al
             renovar la Consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María.
             “Affidare” es confiar algo a alguien con plena seguridad de que la persona a
             quien se le confía es digna de toda confianza y se hace garante de lo que se
             le confía. Así Cristo desde la Cruz confía Juan a María y le pide a Juan que
             se abandone a Ella. No olvidemos que el primero en confiar en María ha sido
             Dios Padre quien le confió su Hijo eterno. Precisamente, nos dice san Luis
             María que esta “entrega total a la Santísima Virgen, para pertenecer por
             medio de ella totalmente a Jesucristo” (VD 120) es “1) para honrar e imitar

1
  Ver LG 66
2
  Es el tema que desarrolla a través de toda su obra; ver nn. 13.2.49.158.217.262; ver SM 58. PABLO VI
(21-12-1966) expresaba el mismo pensamiento: “Si nos preguntamos cuál es el camino real y directo de
nuestro mundo terreno, que nos conduce a la humanidad de Jesucristo –n la cual encontramos la
revelación de Dios y nuestra propia salvación-, la respuesta es inmediata y bellísima: ese camino es la
Virgen, es María Santísima, es la Madre de Cristo, y, por tanto, Madre de Dios y madre nuestra...,
portadora de Cristo, la que lleva Cristo al mundo”. (NB No 1 VD, B.A.C., 451 OC).
                                                   -8-
            la dependencia inefable que Dios Hijo quiso tener respecto a María para
            gloria del Padre y para nuestra salvación. Dependencia que se manifiesta de
            modo especial en este misterio –de la Encarnación-, en el que Jesucristo se
            halla prisionero y esclavo en el seno de la excelsa María, en donde depende
            de Ella en todo y para todo; 2) para agradecer a Dios las gracias
            incomparables que otorgó a María, y especialmente el haberla escogido por
            su dignísima Madre; Elección realizada precisamente en este misterio. Estos
            son los fines principales de la esclavitud de Jesús en María. Se trata, pues, de
            una “donación total”, de una “dependencia plena” de una “obediencia total”,
            de un “filial abandono”, de una “consagración”. Personalmente les digo que
            no encuentro ningún problema en declararme esclavo de amor de María. Por
            el contrario, lo considero un gran honor. Y me encanta el signo que propone
            al respecto San Luis María de llevar al cuello, en el brazo, el pie o la cintura
            una cadena o la cadenilla bendita. Con ello se quiere expresar que he roto las
            cadenas infames que me ataban al pecado y al demonio y que ahora estoy
            encadenado con ataduras de amor a Jesús y a María (Ver SM 65; VD 236-
            242). (Anécdota personal: cadenilla de oro, coronilla, Rosario). San Luis
            María firmaba sus cartas colocando después de su nombre las palabras
            “sacerdote, indigno esclavo de Jesús en María”1

    2.2.3   No son dos sino una sola Consagración. San Luis María nos dice claramente
            que no se trata de dos consagraciones: una a María y otra a Jesucristo, sino
            de una única consagración total. “Esta devoción nos consagra, al mismo
            tiempo, a la Santísima Virgen y a Jesucristo. A la Santísima Virgen como el
            medio perfecto escogido por Jesucristo para unirse a nosotros y a nosotros
            con El (Notar el doble movimiento descendente y ascendente característico
            de toda la espiritualidad monfortiana). A Nuestro Señor, como a nuestra
            meta final, a quien debemos todo lo que somos, ya que es nuestro Dios y
            Redentor” (VD 125). Esta consagración como lo anota el P. Giandomenico
            Mucci s.j., es de carácter sacramental y místico2, ya que el amor genera la
            voluntad de unión íntima, de pertenencia total y de total interdependencia y
            servicio.

    2.2.4   Perfecta renovación de la Consagración Bautismal. Las palabras de san Luis
            María son muy claras al respecto. “La plenitud de nuestra perfección
            consiste en asemejarnos, vivir unidos y consagrados a Jesucristo3. Por
            consiguiente, la más perfecta de todas las devociones es, sin duda alguna, la
            que nos asemeja, une y consagra más perfectamente a Jesucristo. Ahora bien,
            María es la criatura más semejante a Jesucristo. Por consiguiente, la
            devoción que mejor nos consagra y hace semejantes a Nuestro Señor es la
            devoción a su santísima Madre. Y cuanto más te consagres a María, tanto
            más te unirás a Jesucristo. La perfecta consagración a Jesucristo es, por lo
            mismo, una perfecta y total consagración de sí mismo a la Santísima Virgen.
            Esta es la devoción que yo enseño, y que consiste -en otras palabras- en una
            perfecta renovación de los votos y promesas bautismales4. Así pues, la

1
 Carta 5 a Lechassier, B.A.C., 451, p.75 ver. P.78, 81, 83, 85, 89.
2
 GIANDOMENICO MUCCI S.J, SanLuigi Maria di Montfort, la dottrina cristologico-mariana, Civiltà
Cattolica, 3 feb-2001; anno 152, 3615; pp256-265.
3 Ver VD 61-62.
4 La consagración que el P. DE MONTFORT propone como pertenencia total a Jesús por María es una
perfecta renovación de la consagración bautismal (VD 126ss).
                                              -9-
             radicalidad de la consagración total a Jesús por María, propuesta por el P. de
             Montfort, va exigida por la totalidad radical de la elección y entrega
             incondicional a Jesucristo realizada en la Alianza Bautismal1. De esta
             manera, san Luis María, el Misionero Apostólico que se sentía llamado por
             Dios para renovar la Iglesia haciendo conocer y amar a Jesucristo, enseñando
             el catecismo a los pobres y la Consagración Total, logra lo que hoy se
             llamaría re-fundar el cristianismo sobre la base sólida de la vocación
             cristiana, de la nueva y eterna Alianza sellada en el Bautismo y de un
             cristianismo vivido como opción de vida personal y responsable en cuanto
             discípulos de Cristo en la escuela de María.

    2.2.5    Carácter eclesial y apostólico. La consagración total a Jesús por María,
             como toda consagración en la Biblia y en la Iglesia tiene un carácter
             apostólico y eclesial. Dios consagra siempre para una misión salvadora en
             favor de su pueblo. Por el Bautismo somos insertados en la Iglesia y nos
             comprometemos a ser “sal de la tierra y luz del mundo”. La palabra más
             acertada al respecto, es la misma vida de san Luis María. El realizó su
             vocación de “Misionero Apostólico” ratificada por el santo Padre Clemente
             XI cuando le visitó como peregrino en Roma el 6 de junio de 1706. Su
             trabajo fue siempre un trabajo de Iglesia en plena sumisión a los Obispos y a
             los Párrocos en donde predicó las misiones o retiros, aún en medio de
             incomprensiones y persecuciones. Fue promotor de la formación de los
             laicos para que fueran realmente piedras vivas2 en la Iglesia y vivieran en
             grupos o asociaciones con características peculiares. Por ello, quien busca
             vivir la espiritualidad del padre de Montfort está llamado a comprometerse
             más apostólicamente en la parroquia y en la diócesis en donde vive o trabaja
             y a abrirse a las necesidades de la Iglesia según sus propios carismas. El
             sueño de Montfort es formar apóstoles de fuego, hombres y mujeres, para
             renovar la Iglesia.

    2.2.6    Camino de santidad. San Luis María de Montfort, en todos sus escritos, en
             sus oraciones y misiones, parte siempre de una convicción fundamental: “la
             vocación para la cual Dios nos ha creado es la santidad. Escuchemos sus
             palabras vehementes: “Alma, tú que eres imagen viviente de Dios (Gén 1,26)
             y has sido rescatada con la sangre preciosa de Jesucristo (1Pe 1,19), Dios
             quiere que te hagas santa como El (Mt 5,48) en esta vida y que participes en
             su gloria por la eternidad. Tu verdadera vocación consiste en adquirir la
             santidad de Dios3. A ello debes orientar todos tus pensamientos, palabras y
             acciones, tus sufrimientos y las aspiraciones todas de tu vida. De lo
             contrario, haces resistencia a Dios, por no realizar aquello para lo cual te ha
             creado y te conserva la vida.¡Oh! ¡Qué obra tan maravillosa! ¡El polvo se
             vuelve luz, la fealdad resplandor, el pecado santidad, la criatura se
             transforma en su Creador y el hombre en Dios! ¡Sí, qué obra tan
             maravillosa!, lo repito. Pero difícil en sí. Más aún, imposible al ser humano
             abandonado a sus fuerzas. Sólo Dios con su gracia, y gracia abundante y

1
  Ver PÍO SUÁREZ, o.c., pag 363
2
  Ver, Montfort, Cara a los amigos de la Cruz, 28
3
  EL CONCILIO VATICANO II, recordando la "vocación universal a la santidad en la Iglesia", concluye:
"Todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la
perfección de la caridad" (LG 40). La vocación de todos los cristianos es ciertamente una y única: vivir en
Cristo con la fuerza del Espíritu.
                                                   -10-
                 extraordinaria, puede realizar con éxito semejante empresa; la creación del
                 universo no es una obra maestra tan excelente como ésta... (SM 3).
                 Convencido de esta vocación cristiana, nos presenta la esclavitud mariana
                 como el camino fácil, corto, seguro y perfecto1 para lograrla. Pues “María no
                 es como las demás criaturas, que, si nos apegamos a ellas, pueden separarnos
                 de Dios en lugar de acercarnos a El. (anécdota del P. smm a seminaristas).
                 La tendencia más fuerte de María es la unirnos a Jesucristo (ver VD 164) su
                 Hijo, y la más viva tendencia del Hijo es que vayamos a Él por medio de su
                 Santísima Madre” (VD 75). El sueño de Montfort es “la formación de un
                 gran escuadrón de aguerridos y valientes soldados de Jesús y de María, de
                 uno y otro sexo...” (VD 114), consagrados a Jesucristo por medio de María
                 (VD 55), que “prenderán en todas partes el fuego del amor divino” (VD 56),
                 que se dejarán empujar y guiar por “el menor soplo del Espíritu Santo” (VD
                 57) que “llevarán en su boca la espada de dos filos de la Palabra de Dios;
                 sobre sus hombres el estandarte ensangrentado de la cruz; en la mano
                 derecha el crucifijo; el rosario en la izquierda; los sagrados nombres de Jesús
                 y de María en su corazón...” (VD 59) para “volar con la pura intención de la
                 gloria de Dios y de la salvación de los hombres a donde los llame el Espíritu
                 Santo” (VD 58).

         2.2.7   El reinado de Jesús por el reinado de María. Lo que en definitiva busca el P.
                 de Montfort con la Consagración Total es establecer en el mundo y
                 particularmente en los corazones el Reinado de Jesús por medio del reinado
                 de María. El título de su famoso Tratado de la Verdadera Devoción, no es
                 correcto. No es de él. Lo que Montfort busca es el Reinado de Jesucristo por
                 medio del Reinado de María (Ver VD 1, 13; 38; 133; 227).

     En conclusión:

1.   La Consagración Total tiene unos fundamentos tan sólidos que San Luis María llega a
     decir que “no se la podrá condenar sin trastornar los fundamentos del cristianismo” (VD
     163; ver VD 180)2.

2.   La Consagración Total o esclavitud mariana, no puede reducirse a unas devociones a la
     Virgen, sino que significa toda una vida cristiana de renuncia y donación total a Cristo y
     su obra, en sintonía con María. María es el eje transversal de toda vida del consagrado.

3.   Hay que recuperar en la pastoral y espiritualidad de la Iglesia el sentido profundo y
     fecundo, de la Consagración bautismal y de las diversas consagraciones3, expresado en
     la Biblia y en la Magisterio de la Iglesia. El Totus Tuus o ser esclavo de Jesús en María,
     es un camino para lograrlo.

                                   ¿Cuándo llegará ese tiempo dichoso
                                 en que la excelsa María sea establecida
                                como Señora y Soberana en los corazones,
                                       para someterlos plenamente
                                  al imperio de su excelso y único Jesús?
                                  ¿Cuándo respirarán las almas a María

     1
       Ver VD 55 ; 152-168
     2
       Ver GAFFNEY P., Consagración, Diccionario de Espiritualidad Monfortiana, Centro Mariano
     Monfortiano, Bogotá, 1998, p. 270
     3
       Ver supra 1.6 pp. 6-7
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                  como los cuerpos respiran el aire?
         Cosas maravillosas sucederán entonces en la tierra,
                        donde el Espíritu Santo
                  -al encontrar a su querida Esposa
                   como reproducida en las almas-
            vendrá a ellas con la abundancia de sus dones
                        y las llenará de gracia.
         ¿Cuándo llegará, hermano mío, ese tiempo dichoso,
             ese siglo de María, en el que muchas almas
            escogidas y obtenidas del Altísimo por María,
        perdiéndose ellas mismas en el abismo de su interior,
                  se transformen en copias vivientes
                        de la Santísima Virgen
                 para amar y glorificar a Jesucristo?
          Ese tiempo sólo llegará cuando se conozca y viva
                      la devoción que yo enseño:
“¡Señor, para que venga tu reino, venga el reino de María!” (VD 217).

                                                          Miguel Patiño H. Smm
                                                          Roma, 28 abril de 2001




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