DIAGNÓSTICO DE LA REALIDAD LABORAL DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

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					DIAGNÓSTICO         DE     LA    REALIDAD        LABORAL        DE    LA     REPÚBLICA
ARGENTINA:
Juan Pablo Sicard

La transformación de la economía mundial ha provocado cambios profundos en el mercado
del trabajo argentino.
La reducción del empleo y el fraccionamiento de los procesos productivos, el proceso de
tercialización; que va de la mano de la desindustrialización de las últimas décadas, y el
crecimiento de las actividades de baja productividad muestran que el empleo industrial y
los salarios reales de los trabajadores se redujeron notablemente.
El mercado actual no absorbe a los trabajadores que fueron expulsados del circuito laboral
por lo que, de acuerdo con ello, puede calificarse al desempleo como estructural.
Asimismo, la introducción de nuevas tecnologías en la fabricación de productos y en el
proceso mismo de organización del trabajo conducen a reducir la mano de obra y el nivel
de los salarios.
Esta caída del empleo repercute básicamente en el personal administrativo, en los
profesionales y en los obreros calificados, pero es dramática la situación cuando hablamos
de obreros no calificados, que no pueden insertarse de forma alguna en el mundo del
trabajo porque no han sido capacitados en una cultura afín a las exigencias que hoy son
demanda en el mercado laboral.
La caída del empleo fue acompañada de una disminución del poder de los sindicatos, de
una menor estabilidad laboral y de una drástica mengua de los beneficios sociales.
Urge dar respuestas que neutralicen los efectos negativos de la reestructuración productiva.
El estado y los diversos representantes de la sociedad deben preocuparse por la situación
del empleo urbano, así como también por el deterioro actual de la demanda de trabajo.
Se requieren políticas económicas y socioeducativas, regionales y locales parar cambiar la
situación de múltiples sectores sociales que han quedado descalificados a partir de las
reformas tecnoeconómicas de los últimos años.
Las políticas que se adopten deberán ser ajustadas a las características de las respectivas
actividades predominantes, de los aparatos administrativos y de las instituciones privadas y
públicas en las diferentes regiones y lugares del país.
La situación laboral en nuestro país ha cambiado, predomina por sobre la población
económicamente activa la población que en términos laborales se reducen a la inactividad:
desocupación, personas que trabajan en negro, personas que buscan trabajo y viven la
cotidianeidad en base a empleos fortuitos o “changas”, personas que viven de una
jubilación mediocre o de subsidios otorgados por el Estado insuficientes, mala distribución
de la mano de obra, desajustes importantes entre la mano de obra disponible en el país y los
otros factores de producción, etc.
Las repercusiones de las condiciones de desocupación y subocupación que afectan a la vida
de las personas son directamente proporcionales a una mayor pobreza e indigencia y a una
mayor exclusión social. La pobreza es consecuencia directa de la falta de trabajo y el
mercado laboral rechaza a la población pobre por su baja calificación. A raíz de los
problemas laborales apareció en nuestro país una nueva pobreza surgida de la reducción de
los ingresos percibidos por las familias y el alto índice de desocupación. Así, la misma
incide en las necesidades básicas ya que lleva a muchas personas a ser excluidas de los
bienes y servicios básicos, aumentando considerablemente las desigualdades sociales.
La concentración de riqueza en algunos sectores expulsa a la población con las
características anteriormente mencionadas hacia una economía cada vez más informal, la
cual, a su vez, sumerge a las personas en ocupaciones indignas y degradantes que conducen
muchas veces al incremento de actividades delictivas y amorales.
Las mujeres, los jóvenes y los adultos mayores que alguna vez tuvieron un empleo son los
que, generalmente hablando, tienen gran número de dificultades a la hora de insertarse en el
mercado del trabajo. Por eso, necesariamente, se deben desplegar políticas públicas y
privadas que contribuyan a modificar el mercado laboral a través de cambios efectivos en la
tasa de empleo por edad, sexo y nivel de instrucción de forma tal de frenar la escalada de
desocupación abierta y subocupación.
Deberá tenerse en cuenta que el mercado laboral se cimienta de acuerdo con los siguientes
elementos:
    1- La reestructuración económica.
    2- Los cambios económicos.
    3- La desregulación y flexibilidad laboral.
    4- La apertura económica.
    5- La intervención del estado en pos del bien común.
    6- La racionalización del aparato productivo.