TENDENCIAS DEL CINE DEL SIGLO XXI
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1 TENDENCIAS DEL CINE DEL SIGLO XXI Antes de empezar, quiero pedirles que cierren los ojos y piensen en sus tres películas favoritas. Puede ocurrir que solo recuerden una, o ninguna. Les recomiendo entonces que después, cuando quieran, agudicen la memoria, y cuando resuelvan el acertijo comenten con alguien cercano cuáles han sido esas películas preferidas y por qué. Lo disfrutarán y se sorprenderán por la cantidad de información que comparten. El séptimo arte no necesita presentación. Y no solo para las que nacieron después de 1985. Desde que a fines del siglo XIX los hermanos Lumiére pusieron en marcha el primer reproductor de imágenes, desde que los grandes estudios de Hollywood transformaron en industria la producción de cine, desde que el cine del Cono Sur arrasa con los premios de los festivales internacionales, la pantalla grande contribuye a la construcción de la cultura y transmite humanidad. La televisión estadounidense proyecta desde hace algunos años The Hollywood Fashion Machine, un programa que trata de la influencia ejercida por Hollywood en el estilo de vida norteamericano. En un artículo escrito por Mary Claire Kendall, se recoge que “impresiona comprobar cómo los jefes de MGM, Paramount y Warner BROS. utilizaban la moda para proyectar sus personales ideas sobre el país”1. Los trajes que llevaban las estrellas, aquel vestido negro de Audrey Hepburn, los drapeados de Grace Kelly, la chaqueta blanca de Gregory Peck en To Kill a Mockinbird, no eran casuales: el objetivo era transmitir riqueza, seguridad, sofisticación, estilo, fortaleza de carácter. “Todo estaba pensado para ejercer la máxima influencia en la cultura”. El tema que nos ha convocado es ser, aparecer y comunicar, las modas y los modelos sociales del siglo XXI. En esta conferencia pretendo reflexionar con uds. acerca de las historias y los modos de contar del cine argentino contemporáneo. ¿Es entonces válido pensar que los contenidos de la 1 KENDALL, Marie Claire, La máquina de mensajes de Hollywood, Aceprensa, 103/00. 2 producción cinematográfica influyen en la audiencia, en los espectadores? ¿Cuánto influye la historia y qué incidencia tiene el contexto en la interpretación de esa historia? ¿Cuánto inciden esos contenidos en nuestra percepción de la realidad, en nuestra relación con el mundo? ¿Puede explicarse el impacto del cine a través de las teorías sobre los efectos de los medios de comunicación que surgieron a lo largo del siglo XX? El desarrollo de los medios de comunicación a lo largo de los últimos cien años modificó los modos de relación entre los individuos y la sociedad, local, regional y global. Y aún no lo hemos visto todo. Primero fue el cine, luego la radio y la televisión. Algunos académicos sostienen que el impacto de Internet en la vida cotidiana de las personas no tiene parangón, ni siquiera con la imprenta de Gutenberg y que la masificación y la distribución de los mensajes ya no tiene límites. Quizá por eso, a lo largo de las últimas diez décadas, los intelectuales, los políticos y los empresarios han invertido tiempo, esfuerzo y dinero para comprender, potenciar y hacer rentable el impacto de los medios masivos en los públicos y las audiencias. El politólogo Harold Laswell, estudioso de la escuela funcionalista estadounidense, elaboró el paradigma que lleva su nombre y que se aplica a todos los fenómenos de comunicación masiva: quién, dice qué, en qué canal, a quién, con qué efecto. Empezaremos entonces por el quién. Si lo referimos al cine, ¿cuánto influye el director o el guionista de la película en el mensaje y en la respuesta de los espectadores? ¿Y los actores que encarnan el papel protagónico? ¿Cuánto inciden en la taquilla? Porque aquí y en todas partes la taquilla es todo. Inciden mucho más de lo que podemos imaginar. A la hora de elegir una película, el quién, es decir los directores, el guionista y los actores aparecen como determinantes. Entre agosto y diciembre del año pasado, el 18, 2% de los asistentes al cine en Montevideo, compró la entrada seducido por el protagonista. Los cinéfilos, que son siempre los preferidos por los exhibidores porque son los que van al cine todas las semanas, eligieron a China Zorrilla, y por eso fueron a ver Elsa & Fred. Los espectadores que asistieron a El aura, compraron la entrada con la intención de volver a ver a Ricardo Darín, les 3 daba lo mismo que la excusa fuese un thriller o un drama, una comedia o una película de acción. Igual que China Zorrilla, Darín es siempre Darín, no importa que exponga su vida para vender las nueve reinas que aparezca como el hijo de la novia o que se enfrente a su enemigo de toda la vida para salvar Luna de Avellaneda, el club de sus amores. Así es Darín y así es producir una película con Darín. Quién pudiera. Después del actor, y después del género, y otras tres razones, la elección estuvo motivada por el director. Aclaro que las otras tres razones son la publicidad, la recomendación de un amigo y la continuidad. Si Luna de Avellaneda 2 estuviese en cartel, sería un éxito de taquilla. Pero vuelvo al director. El 10% de las personas que compraron entradas entre agosto y diciembre de 2006, eligieron la película de su director favorito: Campanella, Burman, Piñeyro, Bielinsky, Sorín, Agresti. En algunos casos estos directores argentinos han sido tan o más importantes que las historias que proyectaron en pantalla. ¿Se trata de realizadores que tienen como única finalidad el entretenimiento o son los primos hermanos de la máquina de mensajes de Hollywood? Haya tranquilidad, es indudable que los cineastas han considerado el cine como instrumento para expresar sus opiniones y creencias personales, sus valores, sobre el amor, la vida y llegado el caso, también la política. Y si alguno aún se resiste a aceptar que su tarea deja huella, que lo sepa: el entretenimiento también genera cultura, y eso no es malo, por cierto. Entre enero de 2000 y septiembre de 2006, se estrenaron en Argentina 355 películas producidas o coproducidas en el país. En Hollywood se producen 400 al año y en Uruguay, 4, nos llevan ventaja. Sin embargo, la memoria del espectador retiene 20, apenas un 5,6%. Digo apenas pero sé que la recordación es excelente, sino, que alguien enumere las 400 películas que la meca del cine estrenó en 2005. Esas 20 películas están guardadas en la memoria porque los críticos y los espectadores reconocen en el cine argentino la capacidad de contar historias llenas de vida, cotidianas en su dramatismo a veces un tanto teatral. Se trata de ambiciones sencillas sin demasiada preocupación por ser famosas o por complacer lo políticamente correcto. 4 Efrén Cuevas, profesor de Teoría del cine en la Universidad de Navarra, explica el acierto del cine argentino con las siguientes palabras: “Las historias, los personajes y los propios actores tienen vida, y se les nota que disfrutan con lo que hacen. Es una sensación que no siempre encontramos en el cine de Hollywood, con frecuencia repetitivo en sus fórmulas de alto coste y poco guión, y tampoco en el cine español, demasiado preocupado de sí mismo o carente de energía para ilusionar al espectador”2. Es el caso de Valentín, que se estrenó en 2003 y que fue una producción de bajo coste, es cierto, como también es cierto que se trata de un guión que expresa un contenido humano hondo y valioso. Esa pequeña y entrañable película en la que un niño cuenta del 1 hasta el infinito para paliar la soledad que padece por la ausencia de su madre, fue la que catapultó a la fama a Alejandro Agresti. Este cineasta argentino acaba de estrenar La casa del lago, con Sandra Bullock y Keanu Reeves, la pareja de Máxima velocidad. El diario El País de Montevideo publicó el 31 de agosto pasado que Reeves aceptó trabajar con Agresti, porque, según palabras del mismo director “es un fanático de Valentín”. Valentín, un niño, un gran actor sin duda, que está dispuesto a todo con tal de tener una familia. Aprovecho a reproducir el texto que se publicó en Cineforum, la colección de críticas de cine que dirige el español Jerónimo José Martín y que publica todas las semanas en Aceprensa: “Valentín consigue transmitirnos, en tono cómico e hilarante, el drama de la vida, con sus decepciones, soledades y desaciertos, pero también con amores y esperanzas. El gran hallazgo del filme es el niño mismo, interpretado por Rodrigo Noya, que se adueña de la pantalla por su elocuencia y expresividad realmente sorprendentes. Una mirada limpia sobre la vida, que denuncia con simpatía las grandes torpezas de los adultos”. Quizá están sorprendidas ante la valoración positiva. La mirada local es diferente, lo sé, y en parte es lógico que así sea. Los efectos de los medios, también del cine, la capacidad de crear modas y modelos dependen antes 2 CUEVAS, Efrén, “El cine argentino (y el uruguayo) sigue sorprendiendo”, Nuestro Tiempo, enerofebrero de 2005, p. 72. 5 del contexto en el que se interpretan que del mensaje mismo. A veces, incluso, el contexto redirecciona el mensaje y por tanto lo reinterpreta. Para que la comunicación adquiera sentido, deben articularse todos y cada uno de los momentos que componen el proceso de la comunicación. En el caso de la comunicación audiovisual hablamos de un proceso que incluye instancias de producción, realización, distribución y consumo, y consideramos clave dos momentos: la codificación y la decodificación, es decir, la producción, la elaboración del mensaje, y la respuesta de la audiencia. ¿Qué habría pasado si Nueve reinas se hubiese estrenado en febrero de 2006? Y por el contrario, ¿había lugar para una historia como la de El ratón Pérez en diciembre de 2001? Fuera de fecha, ni Nueve reinas, ni Plata quemada hubiesen significado lo mismo. Si en su momento Piñeyro tuvo un impacto de 8 sobre 10, hoy apenas llegaría al 4. Por otro lado, El ratón Pérez o Cleopatra tampoco hubiesen sido viables en el 2001, no era el momento. La comunicación se desarrolla desde una perspectiva ritual del fenómeno comunicativo, entendido como un proceso simbólico donde la realidad es producida, mantenida, reparada y transformada. Así, surgen modelos y las modas sociales que se mantienen en el tiempo, más allá del mensaje. La pantalla grande promueve ciertas visiones del mundo, sin duda, en incluso actúa al servicio de ciertos intereses sociales. Pero no podemos olvidar que los espectadores también juegan su parte, ellos, y aquí se incluye a la crítica, son los que generan el contexto de valoración: la publicidad y la recomendación, la segunda y la tercera razón para asistir al cine. La diferencia de valoración surge por el impacto que provocan las comunidades interpretativas, quienes condicionan el significado del mensaje. Guillermo Ortiz, estudioso del cine, reconoce la cuestión social que subyace en las historias que cuenta el cine argentino. Cuando se refiere a la cuestión social, está hablando de las relaciones más privadas, reflejo inequívoco de lo que es un país. Y dice que de entrada, a principios de siglo, de siglo XXI, el cine argentino aparece contestatario: relata una realidad que no es justa. Hay un duro pasado por superar y un presente por olvidar, dice. Es el 6 desasosiego que produce Nueve reinas, cuando Marcos le muestra la calle a Juan: es una mañana cualquiera y en cada esquina aparece un ladrón. ¿Sienten el mismo desasosiego los espectadores alemanes, los japoneses, los españoles? No, sin duda que no. Aunque en el Río de la Plata nos empeñemos, la estética del perdedor local no trasciende. No con el dramatismo y la fuerza con que lo planteamos aquí. Fuera de fronteras tienen más facilidades para apreciar otros valores del guión local, la decodificación es distinta. Y es interesante preguntarse cómo es posible que convivan tantas valoraciones distintas. Pienso que puede ayudarnos escuchar qué dicen afuera de lo que hacemos aquí, de lo que hace Argentina. Si siempre decimos que los demás nos ven como somos y no como creemos que somos, ¿por qué no con los temas de cine? Juan José Campanella quebró la baraja del bajón en 2001, y estrenó El hijo de la novia, una comedia que conquistó los corazones de los españoles. Darín aparece para nosotros como un sujeto complicado y al borde de convertirse en perdedor, es fiel al estereotipo y llega incluso a dolerle el pecho. Aún así el contexto interpretativo extranjero se orienta hacia otros rumbos: es otra entrañable historia familiar. Aquí va la crítica de La butaca: “Es una magnífica obra cinematográfica basada en un guión sin una sola fisura, lleno de verdad y humor pero no exento de drama. Es decir, como la vida misma. Y eso, visto en una pantalla, te deja sin aliento. Cuando de pronto te das cuenta de que estás llorando pero riendo al mismo tiempo, en un solo momento; cuando acaba la proyección y el público se resiste a abandonar la sala, conmocionado, vivo, no se puede dejar de pensar que lo que se acaba de ver es algo más que una simple película”. Por cierto, la comedia le gana siempre al drama. La relación es 3 a 1. Pero vuelvo al peso interpretativo del contexto. Algo similar a lo de Campanella ocurrió con Kamchatka, la película de Marcelo Piñeyro. No fue lo mismo mirarla en Montevideo o Buenos Aires que en Madrid o Barcelona. Vamos a leer la crítica española a la película que se estrenó en 2002: “El director argentino no nos ofrece un discurso didáctico y obvio, o aun peor, revanchista. Sus maneras suaves y entrañables se revelan así mucho más efectivas, a la hora de hablar de libertad y persecución. Acierta al pintarnos 7 a una familia normal y corriente, cuyos miembros se quieren, donde el contrapunto a la defensa de las propias ideas lo ponen los abuelos, que quisieran que los padres pensaran, ante todo, en el futuro de sus hijos”. Una familia normal y corriente, cuyos miembros se quieren. Me parece que es bueno enterarse de que Argentina transmitió un mensaje positivo con Kamchatka: la defensa de las propias ideas nunca será más importante que el futuro de los hijos, por ejemplo. Cuando las instituciones fallan, prevalecen las historias de la gente común, las historias mínimas. Y eso fue lo que encontró en la Patagonia Carlos Sorín. Así describe la crítica la película de este reconocido director de publicidad, hasta ese entonces, porque ahora es un prestigioso director de cine. Dice Cineforum: “Hay enorme vigor narrativo en el guión y la realización, que retratan la frescura y el humor de unos personajes muy amables. Estamos ante una excelente y conmovedora road movie, con los inconvenientes del cine situacional argentino, minimizados por el inteligente montaje y el aliento ético del viaje de los personajes”. Espero que se sientan orgullosas. Y así llegaronn los estrenos de 2004: El abrazo partido, de Daniel Burman; Luna de Avellaneda, de Campanella; Diarios de motocicleta, de Salles; El perro de Sorín. En todos los casos, el guión y el modo de contar apelan a los casos concretos, el problema humano. Ese es otro valor del cine argentino. El abrazo partido, que obtuvo premio en el Festival de Berlín 2004, ofreció una historia colorista y evocadora, donde todo el mundo es bueno, e impera la inquietud por la inestabilidad económica de un país en crisis. Es cierto que desentona una ramplona banalización del sexo, pero aún así, dice la crítica “demuestra que este tipo de cine argentino está a años luz (para mejor) de sus estancados y recurrente primos españoles”. ¡Qué sorpresa!, ¿verdad? Luna de Avellaneda tiene momentos brillantes, aunque es cierto que se vuelve reiterativa e incluso melosa. Aún así tiene valor, porque en medio de 8 la crisis del club de barrio, y en medio de una dura asamblea, el protagonista, que en ese momento está tentado de aparecer como el perdedor, crece, y confiesa en público que la falta de dinero le ha llevado a vivir sin teléfono, sin heladera, sin perfume, pero que no está dispuesto a vivir sin su familia, y aparece entonces, ante los asistentes a la reunión, y ante los miles de espectadores que lo vimos, como un hombre grande y fuerte. Es el clímax de la película de Campanella. Diarios de motocicleta, de Walter Salles, aparece como una película interesante, amena y rodada con mucho oficio. A la belleza de los paisajes y a la autenticidad de sus personajes, dice la crítica que “se añade un cierto tono cómico, o juvenil muy gratificante, así como una espléndida banda sonora”. Y de nuevo Carlos Sorín, esta vez con El perro. Fue premio de la crítica internacional en San Sebastián. Les leo: “Consigue un delicioso equilibrio entre su contenido social y el tono cómico y eminentemente tierno de la historia. Un actor no profesional, que destila humanidad, y un perro imponente iluminan la pantalla durante hora y media irradiando esperanza y dignidad”. Whisky Romeo Zulú, Iluminados por el fuego y Elsa & Fred son los estrenos más recordados del 2005. El método y Derecho de Familia, los de 2006, otra vez Piñeyro y Burman. Otra vez el recurso al protagonista y otra vez los directores de siempre, que son los que tienen algo que contar. La comedia, el drama, el documental. La denuncia, el amor, la familia. Entretenimiento o mensaje, o mensaje entretenido, ¿por qué no? ¿Cuál es el problema en admitir que el entretenimiento también genera cultura? Quizá es el temor a asumir una responsabilidad, nada más, y nada menos, claro. Lo cierto es que los estudiosos de la comunicación sostienen que los medios fijan la agenda de los temas públicos. Es lo que se reconoce como agenda-setting, la plataforma desde la que se analiza la actividad mediática desde 1980. La agenda cultural depende de la publicidad, de los programas de televisión, de las series de ficción y del cine. Se fijan los temas y los 9 atributos de la agenda cultural de las personas. No se trata de decirle a la gente qué tiene que pensar sino sobre qué tiene que pensar. son tres: la corrupción, el compromiso y la familia. Y aquí surge otra cuestión, ¿cómo se representan esos temas? Porque si bien el guión es la base de la historia, el modo de contar también es importante. ¿Cuáles son los principios organizadores, socialmente compartidos, que persisten en el tiempo y trabajan simbólicamente para estructurar la sociedad con un significado? Eso es lo que se reconoce como FRAME. El cine argentino nos está reclamando que pensemos en esos tres temas y nos lo propone desde un encuadre, un frame, específico: nos hemos dejado invadir por la corrupción y eso nos hace daño, tenemos que reaccionar; tenemos que mantener nuestros compromisos, no podemos vivir como Norma Aleandro, en el papel de Cleopatra, deliberando qué hacer: lo que siento o lo que debo; tenemos que proteger a la familia, es la base, y aunque haya dificultades, no podemos abandonarla. Estos son los modelos sociales que comunica con insistencia el cine argentino. Es cierto que en el medio se cuentan otras muchas cosas y quizá no del mejor modo: muchas veces prevalece la falta de lealtad en las relaciones humanas, se impone la decadencia, la traición, una propuesta sin rumbo. Aún así pienso que vale la pena que mucha gente joven argentina estudie cine, e intente especializarse en guión. Las raíces están firmes, hay que cortar los yuyos y aprovechar el talento, levantar la mirada y animarse. La tradición narrativa argentina es rica y puede hacer mucho bien. Es lo que dicen los expertos desde hace ya seis años, es más, desde el siglo pasado. Para terminar recojo unas palabras de Agresti: “Sería fantástico que el cine de ficción vuelva a entender para qué sirve. Que vuelva a simplemente querer contar bien historias interesantes (como si esto fuera poco). Dejemos el arte dramático del cine un poco en paz de políticas y de modas. Hagamos cine para unir a la gente, no para separarla por pensar distinto, no para excluirla porque narramos como snobs, no para mirarla de costado porque genuinamente no entienden, y, sobre todo, dejemos de echarles la culpa por esto. La culpa es de los que hacemos cine. No nos olvidemos que Los temas 10 los tenemos ilusionados sentados a oscuras”. Les recuerdo que Alejandro Agresti es argentino. Contar bien, unir, hacer cultura con arte. Darle unidad a los valores humanos, manifestar la trascendencia. Esto queda pendiente. Talento sobra, hay que sumarse.
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