Humanismo para el Siglo XXI by variablepitch337

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									II Congreso Interoceánico de Estudios Latinoamericanos
11 al 13 de setiembre de 2003 Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo Mendoza, República Argentina

Sujeto y utopía. El lugar de América Latina
Comisión: Construcción del sujeto, pluralidad de voces

Memoria honesta y espera responsable: tarea para la Latinoamérica que queremos
Luisa Ripa

Universidad Nacional de Quilmes Roque Sáenz Peña 180. BERNAL. Provincia de Buenos Aires luisa@unq.edu.ar Tel. 5411-4365-7100 interno 133 Fax 5411-4365-7120

Resumen
   La existencia es habitar, origen y destino, vinculados por la Ricoeur compara el “trabajo de la memoria” con el “acting” La memoria enferma de nostalgia y de carga y se cura como

memoria y la esperanza. (por falta de memoria) y de la melancolía (por falta de duelo). verdad: palabra históricamente recuperada. El “encuentro”: criterio débil de verdad.  La esperanza cura a la memoria. Libera contenidos del pasado para ideales y propósitos no cumplidos. Reconociendo el “nunca más”. Supera la ilusión imaginativa y la apuesta voluntarística.

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 

La esperanza saneada es tarea: ética, política y técnica. RePero el “juego” y la ritualización es muchas veces la única po-

conciliando a la ética con el deseo y con la eficacia para ser humana. sibilidad de superación del conflicto.

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Memoria honesta y espera responsable: tarea para la Latinoamérica que queremos
I. Un triángulo de la vida
Recuperando un tema largamente querido 1 haré una presentación de tono reflexivo antes que de exposición y de agradecimiento por el don de pensar. Convoco fragmentariamente a Ricoeur que en sus últimos trabajos se refieren, primero, a la temporalidad 2 y su sentido de definición antropológica y recientemente a la memoria como tal y su relación con la historia 3 como tarea científica, y nos ofrece una serie de perspectivas para repasar algunas cuestiones. Podemos pensar la existencia en el sentido que le otorga una metáfora geométrico -espacial como un ámbito que se distiende triangularmente entre el habitar, su origen y su destino. Habitar, en el sentido más habitual de vivir y de pertenecer al lugar y al tiempo en el que se vive; habitar como ser en el mundo y como ser en el tiempo, designa, precisamente el ser de lo humano. En el mundo, en su tiempo “con y para los otros”, -para tomar prestada la preciosa fórmula
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Ver mis trabajos Memoria y esperanza, IV Congreso Nacional de Filosofía, Buenos Aires, de Ricoeur: un borrador sobre un

1980; Memoria, historia y la “pequeña felicidad”

borrador, XI Encuentro Nacional de Fenomenología y hermenéutica, Buenos Aires, septiembre de 2000 y ; Memoria, historia y la “pequeña felicidad” de Ricoeur: algunos apuntes para pensar nuestros dolores y esperanzas, I Jornadas de Investigación sobre la relación Historia-Memoria, Universidad Nacional del Comahue, Neuquén, noviembre de 2000 y Memoria y espera, tarea del pensar y del conversar, primera versión del trabajo actual, ante el XII Encuentro Nacional de Fenomenología y Hermenéutica, Buenos Aires, 2001.
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Ver: Paul RICOEUR: Temps et Récit, Paris, Du Seuil, 1983, 1984 y 1985; Soi- même

comme un autre, Paris, Du Seuil, 1990 y Du texte à l´action. Essai d´herméneutique II, Paris, Du Seuil, 1998
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Paul RICOEUR: La mémoire, l´histoire, l´oubli. Paris, Éd. du Seuil, septiembre de 2000.

Citaré MHO.

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ricoeuriana-, existen, habitando, los hombres y las mujeres . Y lo hacen desde su origen y hacia su destino. De este modo la hondura del habitar, por un lado y la altura del origen y del destino, por otro, describen un arco imaginario, dibujo de la dimensión de la existencia humana. Tanto más altos y dignos se estimen esos puntos desde y hacia los cuales se habita, tanto más amplia es la existencia concreta; tanto más cortos o rastreros se estimen, tanto más estrecha es la existencia en su sentido. Tales dimensiones no remiten a una medida objetiva o histórica de esos puntos referenciales –dado que, por definición, todos los hombres y mujeres pueden tener orígenes y destinos, semejantes y distantes por millones de años- sino por el vínculo que cada uno establece con este origen y destino mediante la memoria y la esperanza. El espacio existencial depende del reconocimiento y el recorte que se haga del propio ser como originado de, o destinado a. El límite del recuerdo de lo que provengo y el límite del punto al que me dirijo. Memoria y esperanza tensan la existencia real, posible y querida: y la enriquecen, o la cargan, o la adelgazan, o la limitan. Este vínculo puede cumplirse tanto en la memoria subjetiva, autobiográfica y personal, como en la memoria de un pueblo, como memoria oficial o como tradición narrativa como en la memoria social y comunitaria. Entre ambas, las memoria de los grupos familiares o sociales particulares también definen el sentido de sus existencias. Ricoeur la llama “memoria de los cercanos”: mediadora entre la privada y la pública y que se hace cargo de dos acontecimientos fundamentales de la vida, sin importancia para la memoria pública e inasibles para la personal: el propio nacimiento y la propia muerte. Que son, en cambio, importantes acontecimientos en la memoria de los cercanos. Los que, dice Ricoeur, “aprueban mi existencia”, mi capacidad de decir, de actuar y de ser responsable, incluso aunque desaprueben mis actos o mis opiniones. 4
4

MHO, 161-163.

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Fue Agustín, en el célebre capítulo XI de las Confesiones quien nos inquietó inicialmente con este tema. Después de un largo excursus orante, en el capítulo X lanza la pregunta que desafía todo el pensar que sigue “¿Qué es lo que hacía Dios antes de crear el cielo y la tierra?”. Provocativamente insiste en enredar y desenredar el pensamiento en torno a límites y diferencias que muestran la verdad de su famosa aseveración (capítulo XIV) “¿Qué es [el tiempo] en sí? Cuando nadie me lo pregunta, lo sé; pero si me lo preguntan y quiero explicarlo, no lo sé.” La evidencia de que “el presente no ocupa ningún espacio” y de que el pretérito ya no existe y el futuro aún no es, se contrasta con nuestra práctica de medir los tiempos en largos y cortos. De modo que si bien parecen tan fluentes como inexistentes, permiten ser pensados en su realidad incontestable gracias a su relación con el alma humana unitaria. En efecto, “el alma espera, atiende y recuerda; en forma tal que lo que espera pasa por lo que atiende para ir a dar a lo que recuerda”. De modo que si bien el futuro todavía no existe está presente en la expectación; si el pretérito ya no es nada, está presente en el recuerdo y si el presente no ocupa espacio porque es un punto fugitivo, perdura mientras la atención lo mantiene al tiempo que se hunde en el pasado.

II El trabajo de la memoria
Ricoeur se asombra reiteradamente de la demasiada memoria y la poca memoria en distintos lugares de nuestro planeta. Reconoce que toda su investigación sobre la memoria, la historia y el olvido nace de tres tipos de preocupaciones. Preocupaciones privadas, que son las de la necesidad de tratar este tema no sólo al haber cumplido su reflexión autobiográfica de “una larga vida”, sino para cubrir la “laguna” de las obras en las que demasiado directamente pasó de la experiencia de la temporalidad a la narrativa, sin considerar a la memoria. Preocupaciones profesionales, que son las de continuar diálogos y estudios en común con historiadores. Y

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preocupaciones públicas, que surgen de ese asombro por demasiada memoria aquí y demasiado poca allí. Ricoeur encuentra formas fácticas que van desde la prescripción del olvido, la prohibición de hacer memoria, al abuso de la memoria especialmente pública como conmemoración de las glorias fundacionales. Ésta, que parece ser su mayor preocupación, es la preocupación por la “memoria justa”. 5 En tanto que “trabajo de memoria” es semejante a una terapéutica de la expresión (hacer memoria) o del duelo. A raíz de la sugerencia de dos tesis freudianas Ricoeur traslada a la pragmática memoriosa la dialéctica entre memoria y repetición y la del duelo y melancolía. En efecto: sólo recordando y haciendo lugar a la narración es posible evitar la aparición morbosa del “acting”: el paso a la actuación y a la repetición traumática. A su vez, sólo la aceptación serena del dolor de la pérdida, siendo fiel al objeto amado y a la verdad de su ausencia es posible evitar la melancolía. En el colectivo y en la vida política también la falta de memoria nos somete a la repetición de los hechos traumáticos y conflictivos y esa falta de duelo nos sume en la tristeza sin cura 6. Nosotros podemos decir que la memoria enferma en las formas de la nostalgia y de la carga (en su vaivén culpa - exculpación). La nostalgia ancla a la memoria en el pasado como el mejor lugar posible y la dobla del dolor, “algia” por la vuelta al paraíso perdido, el útero cobijante, “la edad de la inocencia”. La carga, por su lado, ata a las propias acciones pasadas sin permitirles pasar y se enreda infinitamente en la autoflagelación de la culpa o en su equivalente inacabable exculpación. Frente a estas enfermedades, la propuesta de la justa memoria y de su trabajo debe entenderse como una ética de la verdad. Cuando un pudor y una sospecha nos hacían renuentes a usar esa palabra hoy nos es recuperada históricamente a la zaga de los “juicios de la verdad” y la verdad jurídica. En efecto: cuando se trata de crímenes horribles o de pérdidas tremendas no caben
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MHO, I MHO, 574-579

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medias tintas o aproximaciones: la “crudeza” de la verdad se impone con toda su fuerza. Con su exigencia, al menos de luz para saber, si ya no fuera posible la justicia. Por último, en el camino de esta verdad apenas menciono al fenómeno del “encuentro”, categoría crucial, criterio débil de verdad científica en la “pequeña felicidad” de los estudiosos. La coincidencia feliz en una recuperación histórica o, especialmente, en una perspectiva de análisis e interpretación nos permite una cierta verificación, que si bien no resulta incontestable no es lo mismo que nada. La memoria se vuelve aquí, fundamentalmente, escucha 7.

III La construcción de la esperanza
La esperanza cura a la memoria de sus enfermedades, anunciando a la nostalgia que lo mejor está aún por ser y asegurando al espíritu cargado que es posible ser distinto del que se fue. Como “horizonte de espera”, recuerda Ricoeur, otorga al espacio de experiencia una posibilidad de recuperación del pasado según una triple dimensión que desmiente el carácter de clauso de lo que fue y lo abre en perspectivas nuevas. Primero, porque el pasado se explica y comprende en una totalidad representativa que elige, ordena y estructura documentos, testimonios y huellas mientras desestima o posterga otros. Segundo, porque puede reformularse gracias una nueva interpretación de esos contenidos del pasado, vistos y comprendidos de manera nueva. Tercero, porque muestra en su contingencia como el mundo que fue, pero que siempre pudo ser distinto y otro del que así fue. Es posible una auténtica liberación del pasado. Especialmente porque en su momento, hombres y mujeres tuvieron ideales y propósitos, objeto de su esperanza, que no llegaron a cumplirse. La esperanza actual puede construirse recuperando y volviendo a proponer tales ideales y propósitos incumplidos que mere7

Ver mis trabajos del año 2000 citados en la nota 1.

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cen una oportunidad en la historia. Y los hombres y mujeres, las comunidades de este tiempo pueden acceder a una dote de valores que de otro modo podrían no ser entendidos y que vuelvan a plantearnos las viejas cuestiones de qué es aquello por lo que vale la pena perder algo, qué es aquello por lo que vale la pena envejecer y no morir y, en definitiva, cuál es aquella cosa por la que daríamos la vida y que por eso es aquella la cosa por la que vale la pena vivir8. Gracias a la memoria la esperanza reconoce el límite del “nunca más”: que el horror sido no pueda volver a ser. La memoria entrega a la construcción de proyectos y de ideales la gravedad de lo inconcebible, de lo irreparable y de lo imperdonable. Para esto debe superar sus propias enfermedades. Tanto la ilusión del mero diseño imaginativo, por la que confunde el despliegue onírico con lo que verdaderamente puede esperarse, como la seducción de la apuesta voluntarística en las ya criticadas formas del pesimismo-optimismo, frívolas afirmaciones que se contentan con la definición positiva o negativa y la confunden con alguna especie de responsabilidad efectiva. Entiendo que la esperanza saneada se propone como tarea: a la vez ética, política y técnica. Después de siglos de insistir en el formalismo apriorístico y “puro” nos es menester reconciliar a la ética con el deseo y con la eficacia, sin los cuales deja de ser humana. Las inclinaciones y su pasión, por un lado y el cumplimiento efectivo de los propósitos de acuerdo a las propias legalidades de la eficiencia, lejos de ser elementos que prostituyen la intención y la rectitud ética son las figuras que la dotan de vida y de realidad. No resulta creíble una corrección sistemáticamente doblada de la apatía y de la ignorancia de las consecuencias. 9
8

Ver mi trabajo Pensar la familia: acercamientos en “La Universidad por un nuevo He insistido largamente en estas tesis durante en mis cursos de ética, durante veinte

humanismo”, EUDEBA, Buenos Aires, 105-13.
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años. Encuentro en la obra de Enrique Dussel: Ética de la liberación en la era de la

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Sin embargo, muchas veces el “juego” y la ritualización del “como si” son la seria única posibilidad de superación de un conflicto, que incluya, junto con la memoria, el olvido y el perdón. En efecto: en los límites de la memoria y en la inconsistencia de una cura futura que recupere plenamente la justicia es posible para los hombres alguna forma de apoderarse de la herida y devolverla como espera de una convivencia a la que no se renuncia, pero a la que no se disfraza de solución. La espera puede enredar y desenredar las figuras de lo mismo y de lo conocido como el único objeto posible de darse. Un cierto cinismo o, al menos, una cierta cuota de resignación parecen inevitables desde este límite. Sin embargo, la esperanza puede dar un salto sobre la experiencia y esperar lo que de ninguna manera ha sido todavía. Esta espera de un “novum” sólo puede fundarse en la promesa. La promesa viene de una tierra religiosa, donde es posible creer en lo que no es posible pensar ni imaginar, lo que “ningún ojo vio”. Pero puede encarnarse como estilo humano de superar los propios límites y los de la comunidad histórica para asegurar la propia fidelidad a lo que todavía no es pero que cuenta con nuestro empeño para ser. “Estaré contigo”, “levantaremos una casa”, “tendremos hijos” son propuestas y compromisos que abren la existencia y la ponen en las manos del otro. La tarea de la esperanza se torna entonces tarea de confianza y de solidaridad. El encuentro que en relación a la memoria era suelo de verdad, en relación a esta construcción común es la dimensión de la paridad, del acontecimiento histórico que funda tanto la dignidad personal en sentido absoluto, el llamado a la existencia, como los derechos humanos que consisten en reconocer a todos ser “tan yo como yo”. 10
globalización y la exclusión una importante fundamentación teórica de la necesidad de incluir la factibilidad en la propuesta ética –tanto a nivel fundamental como a nivel crítico-, a la vez, distanciándose del utilitarismo y sus frivolidades.
10

Ver GUARDINI, Romano: Mundo y persona, Madrid, Ediciones Encuentro, 93 y 113-116

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IV

Concluyendo
Otorgar la palabra, silenciar lo impronunciable e intentar la historia

son los gestos éticos que nos sugieren las preocupaciones de Ricoeur y el legado agustiniano. Necesitamos conversar sobre nuestro pasado, sobre nuestro futuro y sobre nuestra morada. Entiendo que es posible afirmar que el pensamiento de Ricoeur, hasta donde he podido hacerme cargo, puede ser interpretado por las categorías de la tensión y del límite, nunca parece cerrar totalmente una cuestión y, a la vez, reconoce esos lugares epistémicos y de realidad que cortan el vaivén anterior, definen toda relatividad y levantan un muro austero y callado, pero intransferible. Aparecen así las referencias a lo imperdonable y, antes, lo impensable. Lo que resiste absolutamente el control de la razón y de la libertad, lo que no puede desaparecer ante la mirada ni borrarse de la historia. 11 También ahora podemos recordar que Agustín no hablaba de dos espacios del alma, memoria y esperanza, como hicimos nosotros, sino de tres. Sumaba la “atención al presente”. Esta noción que aparece al final puede entenderse como la clave ética y hermenéutica de todo el trabajo. Es por la atención, por la escucha atenta e interesada a lo que pasa y a lo que nos pasa 12 que nuestra tarea de pensar y de elaborar trabajos para congresos tiene un sentido que no caiga bajo la acusación de frivolidad que le hiciera Nietzsche 13.

11

MHO, 642-656. Ver también GUARDINI, Romano, La cuestión judía, Buenos Aires, Sur, He presentado en el Ágora II, Mar del Plata, agosto de 2002, una ética filosófica que MHO, 377-383

1963.
12

piense “lo que pasa y lo que nos pasa” sin extrañamientos sistemáticos.
13

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La distracción, la indiferencia (y su equivalente, la mera protesta como descarga tranquilizante) son a la vez formas de la perversión e índices de la morbilidad esquizofrénica de nuestra sociedad. En cambio, la valentía de atender a los rostros y a los hechos, a los deseos y a las decisiones es parte del camino a recorrer con verdadera insistencia, para que nuestra racionalidad sea de veras ética y contribuya a la construcción de un mundo mejor y habitable. Latinoamérica será la que vayamos construyendo, tanto porque con la memoria no renunciemos a la verdad, como porque con la esperanza nos pongamos al trabajo. La tarea filosófica en especial es responsable de este mundo en ciernes. Curando nostalgias mentirosas y culpas paralizantes, evitando ilusiones imaginarias y apuestas pesimistas u optimistas para ver con sencillez lo que es y lo que puede ser y ponerse en camino. La sencillez final esconde la seriedad de nuestro habitar posible. Concluyo con el precioso texto 14 con que el filósofo francés cierra su libro: Por debajo de la historia, la memoria y el olvido. Por debajo de la memoria y el olvido, la vida. Pero escribir sobre la vida es otra historia. Inacabadamente15 Escribir sobre la vida es otra historia. Y, sin embargo, nunca escribimos acerca de otra cosa.

14 15

MHO, 657 Estas pocas palabras me permiten acercar este pensamiento al que desarrolla Enrique

Dussel en su “Ética de la Liberación” (Ver: Enrique Dussel: Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión, Madrid, Trotta, 1998), construida en torno a la vida como absoluto, la justicia del procedimiento dialógico y la constante interpelación de las víctimas. Pero como bien dice Ricoeur, es otra historia.

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