El llanto de la mariposa

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					                                                                                    Por Armando Vega-Gil | permanencia@m-x.com.mx
                                                                                                  www.myspace.com/armandovegagil
                                                                              por Armando Vega-Gil | permanencia@eme-equis.com.mx




                                                                                               El llanto de la
                                                                                                    mariposa


S
           índrome de cautiverio. ¿Cómo       tañeo, sí; dos pestañeos, no. Sus ami-         por lo que hemos hecho, por enumerar
           es el espacio de nuestra           gos dicen que él es ahora un vegetal, y        la vida como una larga cadena de fraca-
           prisión? ¿Qué tan profundas o      Jean-Do les preguntaría ¿qué clase de          sos: los amores que dejamos ir, los do-
           asfixiantes son las aristas que    vegetal: una papa, una zanahoria, un           lores que hemos provocado, los deseos
           limitan nuestra libertad?          pepino? Y Jean-Do quiere aullar y reír         que enterramos vivos, los errores y las
      Hay quienes tienen al propio ina-       porque las zanahorias no pueden decla-         cobardías que nos han hecho ser quie-
barcable mundo como cárcel, porque            rar que esos rayos de sol que se cuelan        nes somos; porque sólo al tocar fondo,
llevan en el alma un pudridero que los        por la ventana son un testimonio de que        y allí entender que no hay más rutas de
inmoviliza, porque están acotados por         el mundo aún está allá afuera, tibio y         descenso, debemos viajar hacia la su-
sus miedos y odios, porque están ata-         tenaz, ardiente y vencedor, a pesar de         perficie, y escapar de la escafandra que
dos a los tentáculos de las culpas, a los     que él, Jean-Do, apenas percibe el en-         nos mantiene vivos y prisioneros en el
jueces desalmados de sus entendede-           torno cerrado de su cuarto de hospital         fondo del mar.
ras, y van prisioneros de sí mismos en        con su ojo tuerto y sus oídos atentos y              ¿Debemos esperar por la catástro-
la libertad. Hay quienes, al otro extre-      diáfanos.                                      fe, cuando prácticamente ya es tarde
mo de la escala, tienen al propio cuerpo            En la poderosa película El llanto de     para enmendar nuestras faltas, para ir
como prisión, porque la enfermedad            la mariposa, Jean-Do sabe bien cómo            en busca de la libertad?
o el infortunio hacen de sus carnes y         es el espacio de su prisión, y aprende               Jean-Do, en su calidad de rehén, en-
huesos un fardo desmadejado que no            que no se trata de saber qué tanto está        cuentra en la memoria y la imaginación
responde a las órdenes que el intelec-        acotada su libertad sino, en su reclu-         las boyas de las cuales asirse y sobrevi-
to o la conciencia o la inconciencia les      sión, qué tanto está cautiva su capaci-        vir, porque la memoria no es un recuen-
dicta para el ejercicio del libre albedrío,   dad de ser libre.                              to del pasado, sino el ejercicio de situar
la genialidad o la estupidez, para la con-          En este último grado de cautiverio       en el presente lo que se es, con lo que se
sumación de los deseos, para hacer de         —el de uno mismo, grado cero que es            recuerda que se es, con los materiales
uno mismo una promesa o un error. Y           el inicio para hacernos rehenes de no-         que conforman nuestra biografía vueltos
van estos seres atrapados en el reclu-        sotros mismos a quienes aún podemos            un hoy en los recónditos meandros de
sorio de una cama de hospital, de una         hablar y movernos, degustar y sentir—,         la mente. Y la imaginación es un despe-
silla de ruedas o una cámara hiperbári-       Jean-Dominique descubre que el único           gue hacia la contundencia del deseo, es
ca con el mundo volando a su alrededor,       don que nos permite subsistir en medio         la ilimitada posibilidad de multiplicarse,
y ellos sin poder siquiera atisbarlo. Y la    de la catástrofe es aferrarse a lo que por     de ubicarse, de concretar, la posibilidad
prisión se multiplica, porque los miedos      dentro nos queda de humano. La tarea           de crear universos donde uno es una
y los odios y las culpas les inmovilizan      monstruosa, inimaginable, desgarrada           mariposa que revienta su crisálida y se
aún más, desde lo profundo. La prisión        y feliz, es librarse antes que nada de las     pierde agitada en el viento.
se multiplica, y para muchos de ellos         celdas, cadenas, barrotes y candados                 Así, en El llanto de la mariposa
ni siquiera existe el último recurso del      que llevamos en el alma y nos hacen            —filme cuyo nombre, más significativo,
suicidio o la eutanasia para reventar las     seres densos, pesados que se hunden            es en realidad La escafandra y la ma-
ligas que los tienen atrapados en el an-      en las ciénegas de la existencia.              riposa— Jean-Do nos deja dicho en su
gosto cosmos de El Uno Mismo.                       Pero no, la cuestión no es qué tan       testamento que la memoria y el deseo
      Así le ha ocurrido a Jean-Do lue-       fácil o difícil sea llevarlo a cabo, sino      son la esencia básica del hombre, ese
go de una embolia masiva que no sólo          qué tan necesario y vital es. Porque           aliento humano que habita en nosotros
lo ha coartado de movimiento y sen-           justo en la catástrofe nos preguntamos         a pesar de estar prisioneros en el pro-
saciones, sino que le ha arrebatado la                                                       pio cuerpo o en el universo ajeno e in-
posibilidad del habla; no le queda res-                                                      abarcable; que la libertad es un afán,
puesta motora alguna para afirmar en                El llanto dE la mariposa                 un milagro, una posibilidad a la que no
el mundo su permanencia más que los                  Francia, 2007. Dir. Julian Schnabel.    hay que renunciar jamás a pesar y, más
párpados de su ojo izquierdo: un pes-                Con Mathieu Amalric, Emmanuelle         aún, antes de las catástrofes. ¶
                                                         Seigner y Max von Sydow
67 | EMEEQUIS | 22 de enero de 2007