Después de muchos años de tendencia positiva, en el by olliegoblue23

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									1. La inversión de América Latina en ciencia y tecnología

Después de muchos años de tendencia positiva, en el año 2000 ha disminuido la inversión en
I+D realizada por el conjunto de los países de América Latina, medida en millones de dólares.
El dato es importante y debe ser examinado minuciosamente a fin de determinar si se trata del
agotamiento de la tendencia ascendente que se había iniciado a principios de la última década
del siglo pasado, o si constituye un fenómeno tan sólo aparente, derivado de las variaciones
del tipo de cambio o de modificaciones habidas en el método de cálculo empleado por algunos
países. En realidad, ambos tipos de cuestiones son concurrentes y dan cuenta de una parte de
la explicación. Por un lado, la cifra del último año presentado en este informe refleja la
devaluación de Brasil, el país de mayor peso en la región en esta materia. En el mismo orden
explicativo, la diferencia está también relacionada con variaciones en el método de cálculo,
como en el caso de Colombia y Costa Rica. Por otro lado, sin embargo, parece fuera de duda
que efectivamente se ha producido un freno en el auge de estas actividades en la región, pese
a que el aumento de la inversión en México contrarrestó un poco la tendencia negativa. El
monto actual de la inversión en I+D en los países de la región puede observarse en el Gráfico
1.




Este panorama puede observarse con mayor claridad si se cruzan los datos relativos a ciencia
y tecnología con otras informaciones como, por ejemplo, la evolución del PBI regional y la
relación de éste con la inversión en I+D. Chile y Argentina son dos ejemplos en los cuales la
disminución de los recursos ha sido real y no aparente. Tras un pico en 1995 y 1996, la
inversión en I+D como porcentaje del PBI de la región se ubica en 2000 en valores similares a
los de comienzos de la década del noventa (Gráfico 2).
Como consecuencia de la disminución, las cifras latinoamericanas corresponden actualmente
tan sólo al 1.6% del total mundial estimado, contra el 1.9% del año anterior (Gráfico 3).




Para evaluar con mayor precisión las consecuencias de esta reversión de la tendencia y cuáles
son sus consecuencias reales en los sistemas de I+D latinoamericanos sería de gran utilidad
examinar los valores de la paridad en poder de compra (PPP); sin embargo, este dato no está
disponible en series suficientemente actualizadas. Hecha esta salvedad, las cifras son
confiables en su descripción de un cambio de sentido en la tendencia de crecimiento sostenido
y permiten sacar ciertas conclusiones que, por cierto, son poco alentadoras, si se toma en
cuenta que los países y bloques más dinámicos, como los Estados Unidos, Japón y la Unión
Europea, mantuvieron su crecimiento, por lo que la brecha necesariamente ha seguido
aumentando. (Gráfico 4).




Algunos acontecimientos ocurridos en la región con posterioridad al período que cubre este
informe son coherentes con la interpretación hecha hasta aquí, al menos en dos sentidos: en
primer término, la implementación de políticas públicas correctivas, en algunos países y, en
segundo término, la profundización de las turbulencias en otros. La nueva política tendiente a
disponer un financiamiento sustentable de la I+D puesta en práctica por Brasil, con la creación
de fondos especiales dotados con recursos provenientes del sector privado, debe ser leída
como una respuesta eficaz a las dificultades experimentadas por el sector público para
sostener en soledad el costo de la I+D y la innovación. Los resultados de esta política no
aparecen todavía reflejados en la serie actual pero, sin lugar a dudas, influirán fuertemente en
los valores del año próximo, posiblemente dando lugar a un nuevo cambio de tendencia que
implique la recuperación del rumbo anterior. En sentido contrario, las cifras de Argentina, a
partir de la devaluación, mostrarán una caída de gran importancia que quizás no se vea
reflejada en términos de porcentaje del PBI, ya que éste se desplomó en mayor medida.

Examinando la serie histórica llama la atención el hecho de que los años de auge de la
inversión en I+D en la región (1993 a 1995) coinciden con los de signo inverso -mayor caída-
en Japón, los Estados Unidos y, en cierta medida, la Unión Europea (si bien ésta prolongó su
caída hasta 1997). Sólo los países nórdicos han aumentado en forma constante, año a año, su
inversión con relación al PBI. El hecho no necesariamente es interpretable en el sentido de que
exista alguna correlación entre unas tendencias y otras, dado que la marginalidad de la
inversión en I+D de los países latinoamericanos permite concebir que su ciclo sea
independiente del de los países más avanzados; sin embargo cabe también formular otras
hipótesis como, por ejemplo, que el menor grado de actividad en éstos últimos disminuya la
presión sobre los sistemas de I+D en los países periféricos y permita una recuperación por
parte de éstos (por ejemplo, por una menor atracción migratoria ejercida sobre sus
investigadores). El fenómeno puede ser también enfocado como un simple retraso en las
curvas (efecto retardado); tanto en un sentido de aumento como de caída de la inversión.

Algunos datos sobresalientes que vale la pena remarcar son la caída de Chile, del 0.63% al
0.54% del PBI, poniéndose a tono con la media de la región (Gráfico 5) y el crecimiento de
México, que se acercó en gran medida al nivel de Argentina y presumiblemente la superará, ya
que este país está retrocediendo.




La media de la región bajó del 0.59% al 0.54% del PBI. Los datos confirman también la
tendencia, ya señalada en años anteriores, de que en América Latina no existe una correlación
estrecha entre la riqueza de un país (expresada en el PBI per capita) y la inversión en I+D
(medida como porcentaje del PBI). Ciertos países, como Brasil y Cuba, invierten más de lo
esperable en función de su PBI per capita. Otros, en cambio, muestran un marcado déficit en la
inversión en I+D que resultaría esperable en función de su nivel de ingresos; los más llamativos
dentro de este grupo son Uruguay y Trinidad y Tobago (Gráficos 6 y 7).
Otro ensayo de correlacionar variables, realizado en la versión 2000 de "El Estado de la
Ciencia", se orientaba hacia la vinculación del esfuerzo de un país en I+D con su nivel de
desarrollo humano. En tal sentido, el Gráfico 8 presenta una distribución de los países de
América Latina sobre un plano determinado por la inversión en I+D como porcentaje del PBI y
el Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para
el Desarrollo (PNUD). El gráfico de este año presenta algunos cambios con respecto al año
anterior, derivados de varios factores, entre los que sobresale el nuevo cálculo de la inversión
de Costa Rica. En la nueva configuración, Cuba permanece en el cuadrante de mayor valor
positivo en ambas variables y Chile accede a él. Argentina y México se "benefician" de este
cambio, y quedan situados en el límite de mayor y menor gasto, con mayor IDH. Es presumible
que en el caso de Argentina el indicador mostrará un efecto negativo en el los datos de 2001,
ya que las consecuencias de la crisis habrán de traducirse necesariamente en una pérdida de
posición en el IDH.




Para analizar el dinamismo del sector empresario con relación a la I+D, los indicadores de nivel
macro que suelen utilizarse son los relativos a la inversión que el sector privado realiza en sus
propias actividades de I+D y en la contratación a otros centros públicos o privados y la
ejecución de actividades de I+D en las propias empresas, así como con financiamiento de
distintos orígenes. En promedio, el 28.3% de la inversión en I+D de América Latina es
financiado por las empresas (Gráfico 9). En el último año, la participación empresarial en el
financiamiento de la I+D disminuyó en Venezuela y aumentó en Colombia. Sin embargo, en el
caso venezolano no se trata de una disminución en valores absolutos, sino tan sólo porcentual,
y expresa el aumento de la inversión del sector público. En cualquier caso, hay que recordar
que el sector dinámico de las empresas en este aspecto es el petrolero, básicamente estatal.
Es necesario llamar la atención acerca del hecho de que ni en los Estados Unidos, ni en Japón,
ni en el promedio europeo, la inversión pública en I+D logra alcanzar el 1% del PBI. Brasil no
se encuentra lejos de esa situación, pero su inversión privada es en extremo más baja que en
los países avanzados. El gobierno de este país estaría, por lo tanto, haciendo un esfuerzo
similar al de los países avanzados, en tanto que el país se muestra claramente deficitario en lo
que se refiere a la inversión privada, lo cual puede ser interpretado como una muestra de
vulnerabilidad tecnológica. Por su parte, el sector público del conjunto de los países
latinoamericanos no alcanza estos niveles, ya que representa el 0.31% del PBI agregado, y por
lo tanto debería triplicar su inversión; aun así, también en este caso el mayor déficit aparece en
el sector privado.

En cuanto a la ejecución de I+D, el 35.3% del total regional corresponde a actividades
realizadas por las empresas (Gráfico 10). Brasil mantiene el liderazgo en este indicador con un
45%, pero Perú y Uruguay superan asimismo la media latinoamericana. El caso de Perú se
basa en una encuesta realizada en el sector privado. En el caso de Uruguay, en cambio, la
estimación toma en cuenta básicamente las grandes empresas públicas. México, Argentina y
Chile forman parte del conjunto que se encuentra por debajo de la media regional de inversión
en I+D del sector de empresas.
Así como las empresas impulsaron el aumento de la inversión en I+D a mediados de la década
del noventa, también parecen cargar con su descenso a fines de ésta en mayor medida que la
caída en la inversión del sector público (Gráfico 11).




La distribución de la inversión en I+D por tipo de actividad en América Latina muestra un
predominio general de la investigación básica y aplicada por sobre el desarrollo experimental
(Gráfico 12). Como excepción a esta regla aparece Cuba -cuyos datos para este indicador se
publican por primera vez en este informe- con un porcentaje del 40% en desarrollo
experimental, valor llamativamente mayor al resto de los países, lo cual resulta coherente con
el estilo de desarrollo científico y tecnológico aplicado en ese país.




Los objetivos socioeconómicos más destacados en el conjunto de países relevados en este
informe son Agricultura, Silvicultura y Pesca, Desarrollo Industrial y de la Tecnología,
Promoción General del Conocimiento, Defensa (relevante sólo para los Estados Unidos y
España) y Desarrollo Social (Gráfico 13). En términos generales, no se advierten novedades
con respecto a El Estado de la Ciencia - 2000, excepto la inclusión de datos de Cuba, lo cual
puede ser interpretado en el sentido fuerte como una señal de coherencia en las líneas de
investigación en ejecución, o bien en un sentido meramente superestructural asignando cierta
componente declarativa a la identificación de los objetivos socioeconómicos.

								
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