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Resumen - La Revolución Rusa

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					La Revolución Rusa Este tema tiene una extensísima bibliografía historiográfica y es, posiblemente, uno de los más claros ejemplos de los vínculos entre ideología e historiografía. Para estudiosos norteamericanos como Robert Service y Robert Conquest y para el sociólogo Barrington Moore Jr. La revolución rusa es uno de los caminos a la modernización industrial. Esta interpretación, muy difundida, hace énfasis no en lo social ni en la propiedad de los medios de producción, sino más en el desarrollo económico visto como un progreso hacia la industrialización. En este sentido, no habría grandes diferencias entre una revolución industrial del siglo XIX y la industrialización llevada a cabo por la planificación soviética, excepto el carácter forzado de esta última. Sería así una “modernización desde arriba”. Para otros, como Bertram Wolfe o Robert Daniels, el énfasis se ubica en la parte política. Puesto que ponen el acento en el monopolio del poder por parte de los bolcheviques, hacen una comparación ahistórica planteando, que lejos de una ruptura, los soviéticos son la continuidad de la Rusia tsarista y feudal. El eje de su análisis es lo que entienden como tradiciones y patrones culturales asentados durante siglos. Desde el liberalismo esta la más interesante historia de E.H. Carr que presenta a la revolución como un producto de las contradicciones de la época desatadas por la Primera Guerra Mundial. Para otros historiadores la revolución es considerada como una tipo de golpe de estado, exitoso ante los errores del tsarismo y el debilitamiento generado por las derrotas de la Primera Guerra Mundial. Para muchos de los anteriores la Revolución cortó un proceso evolutivo y pacífico de modernización capitalista democrática generalmente vinculado con las reformas del ministro Piotr Stolypin, cuya confirmación sería el surgimiento de la Duma. En cambio, desde el marxismo la Revolución ha generado una inmensa bibliografía incluyendo la monumental obra de León Trotsky (posiblemente una de las más grandes obras de historia), y las de Isaac Deutscher, Moshe Lewin, Alec Nove y otros. En general, estas obras se centran en el proceso de lucha de clases sin dejar de lado los factores coyunturales como la Gran Guerra. Para estos autores, la revolución no era parte de un proceso inevitable sino que se inscribía dentro de la tendencia histórica como una de las posibilidades. De ahí que el factor subjetivo (o sea el papel de los bolcheviques) fuera importantísimo para su resolución en la forma en que se dio. Dentro del marxismo conocido como vulgar (o stalinismo) se dio también la visión histórica vinculada con la Academia de Ciencias de la URSS por la cual la revolución fue producto, sobre todo, de la visión preclara de Lenin. Por último, las hipótesis difundidas el día de hoy abarcan desde el postmarxismo y el postmodernismo una cierta mezcla de las anteriores. Desde el postmarxismo, el ruso Boris Kagarlitsky plantea la revolución como un proceso democratizador (representada por los Kadetes y los Mencheviques y algunos sectores bolcheviques) desviado por las tendencias autoritarias del bolchevismo leninista. En cambio para la posmodernidad, la revolución representó un retroceso en el proceso democratizador, hacia el autoritarismo similar al del fascismo. En este sentido, Stalin sería la continuación lógica de Lenin.

Subyacente a todo lo anterior, y como plantea Hobsbawm[1], existen una gran cantidad de preguntas de índole particularmente ahistóricas de índole “¿qué hubiera ocurrido si Lenin no hubiera muerto?” o “¿era inevitable la revolución?” o “¿iba Rusia camino a un capitalismo liberal en 1913?” o “¿era Lenin lo mismo que Stalin?”. Casi todas estas preguntas apuntan, en última instancia, a explicar no tanto la revolución sino más bien su desarrollo posterior o sea el surgimiento del stalinismo. En general, estas preguntas encierran una respuesta preconcebida y una preferencia político-ideológica por parte del historiador. La realidad es que la revolución ocurrió y se desarrolló en cierta forma y no en otra, por lo que la pregunta para el historiador es ¿por qué? Al decir de Víctor Serge, la realidad es que en un fenómeno histórico existen una inmensa cantidad de posibilidades y el tema es estudiar el por qué fructificaron algunas y no otras. Rusia antes de la Revolución Hacia 1900 Rusia era un país rural y pre industrial en un proceso de cambio relativamente lento. Más del 90% de la población era campesina y residía en zonas escasamente urbanizadas. Al mismo tiempo, había un proceso de urbanización e industrialización que iban modificando la estructura de clases. Había surgido una clase obrera pequeña, como por ciento de población (unos 2 millones de obreros), una burguesía dependiente del estado, y sectores medios cuyo principal empleo era en la administración pública. Por encima existía una aristocracia terrateniente que retenía buena parte de los privilegios obtenidos en época feudal, y un campesinado fuertemente diferenciado. Este último se componía de una amplia mayoría de campesinos pobres y sin tierra, junto con sectores acomodados de pequeños propietarios y arrendatarios (los kulaks). En lo cultural la mayoría de la población era tradicionalista, conservadora y analfabeta con una gran incidencia de la Iglesia Griega Ortodoxa. Al mismo tiempo, en los sectores medios existía una fuerte influencia de las ideas liberales y modernistas provenientes del resto de Europa (en particular de Francia y de Alemania). Asimismo, el estado tsarista promovía ciertas expresiones de modernización e industrialización en respuesta a los desafíos a su papel como potencia europea y, particularmente, como resultado de la derrota de las guerras de Crimea y de 1878. El resultado de todo lo anterior era una sociedad tradicional que estaba siendo desestructurada y con contradicciones cada vez más agudas. El surgimiento de movimientos populistas (Narodnye Volya), anarquistas y socialistas a fines del siglo XIX, cuyos ejes muy variados incluían el rescate de tradiciones, el retorno a la tierra, planteos como la reforma agraria en torno a la comunidad campesina, la movilización obrera y popular y, en especial, la acción directa (por ejemplo la ejecución del Tsar), agudizaron la problemática social. En lo coyuntural el momento clave, en función de experiencia histórica y de quiebre de la hegemonía tradicionalista impuesta por el tsarismo, fue la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-1905. La derrota rusa (batallas de Mukden y de Tsushima) dejó al desnudo la ineficiencia del régimen y debilitó fuertemente al estado (véase la sinfonía de Sergei Prokofiev “Teniente Kijé”, op. 60). En ese contexto surgió la revolución de 1905. El comienzo de la misma fue una movilización en San Petersburgo (enero 1905), liderada por el padre Gapón (que resultó ser un provocador policial), en demanda de reformas. Los manifestantes fueron masacrados por la Guardia Imperial lo que disparó una huelga general y

la conformación de asambleas de gobierno denominadas soviets. La clase dominante se unió en torno al tsarismo y junto con el Ejército lograron reprimir al movimiento revolucionario hacia fin de año. El resultado fue múltiple. Por un lado, el Tsar concedió varias reformas, entre ellas la libertad de expresión y un parlamento electo por sufragio popular (la Duma). Por otro, la masacre de enero junto con la represión de los soviets generó una gran crisis orgánica debilitando el poder ideológico-social tanto de la Iglesia como el del Tsar. Esto continuó puesto que el Tsar entró a menudo en contradicción con las tibias reformas que se votaban en la Duma (disuelta en 1906 y en 1907) generando descontento en los sectores ilustrados. El nuevo primer ministro ruso, Piotr Stolypin, inteligentemente se planteo realizar una serie de reformas tanto para modernizar el país como para eliminar algunos de los principales motivos de protesta. En este sentido propuso una reforma agraria diseñada para crear un sector de campesinado medio que apoyara al Tsar. Esto fue combinado con una fuerte represión hacia sectores radicalizados (más de 3000 ejecutados). Al mismo tiempo, la propuesta de reforma agraria generó oposición entre los terratenientes, principal sector de la burguesía rusa. En 1911 Stolypin fue ejecutado por el anarquista revolucionario y agente policial Dimitri Bogrov. Rusia ante la Primera Guerra Mundial La Primera Guerra Mundial, como señalamos previamente, fue un desastre para Rusia. Si bien los sectores medios apoyaron el esfuerzo bélico, los obreros y el campesinado no lo hicieron tanto; sobre todo como subproducto de las experiencias de 1904-1905. A pesar de todo Rusia hizo un notable esfuerzo bélico movilizando más de 12 millones de hombres. Sin embargo, Rusia sufrió serias derrotas a partir de la batalla de Tannenberg (1914) que no fueron peores porque el Ejército alemán se hallaba sobre todo volcado a la guerra en el frente occidental mientras que el mando austriaco era por lo menos tan incompetente como el ruso. La guerra significó un acelerado deterioro del tsarismo debido tanto al costo económico como a la pérdida de millones de vidas. Además, cundían rumores en torno a la ineficiencia, corrupción y traición del entorno del Tsar (cosa en general muy exagerada, pero generó el asesinato del monje Grigori Rasputin). A fines de febrero de 1917 la guarnición de Petrogrado se amotinó lo cual llevó a los líderes de la Duma (Kerensky) a hacerse cargo del gobierno y a forzar la abdicación del Tsar Nicolás II. El motín había surgido de una serie de huelgas por hambre y salarios y a favor de la paz, y llevó a una gran movilización popular. Entre fines de febrero y octubre de 1917 lo que ocurrió es un cada vez mayor deterioro del estado a partir de la agitación socialista y anarquista. Basados en la experiencia de 1905 se conformaron soviets de obreros, campesinos, soldados y marineros. Los soviets eran, en sus orígenes, una forma de gobierno de democracia directa, asamblearia, donde estaban representados todos los sectores políticos. Lentamente, a partir del 1ro de marzo, los soviets fueron tomando control del estado conformando, de hecho, un poder dual y paralelo al gobierno encabezado por Kerensky. Uno de los ejes centrales en torno al período era la continuación o no de la guerra. La mayoría de los sectores medios planteaban continuarla mientras que sectores obreros y campesinos deseaban la paz a toda costa. Este tema va a dividir aguas fuertemente y definió el liderazgo político de las masas en el período. Con el regreso de Lenin, de su exilio suizo, en abril, los bolcheviques

plantearon: el reparto de la tierra al campesinado, el control obrero de la producción, la paz, y la transferencia de todo el poder a los soviets. Esto los contrapuso a los dos partidos mayoritarios en los soviets: los mencheviques y los socialistas revolucionarios. Los primeros planteaban la necesidad del desarrollo capitalista y de una total democracia política como prerrequisito para el socialismo. Tanto los mencheviques como los segundos, una partido de base campesina ambiguamente socialista, planteaban la continuidad de la guerra. En este proceso, la combinación de las propuestas bolcheviques, junto con su capacidad militante, y renovadas derrotas en el frente de batalla significaron que éstos fueron convirtiéndose en mayoritarios dentro de los soviets. En general se reconoce que el retorno de Lenin fue clave en el viraje bolchevique puesto que previamente estos, liderados por Kamenev y Stalin, planteaban su apoyo al gobierno provisional (Kerensky) y la continuación de la guerra. Para abreviar, la situación evolucionó con rapidez de manera que los bolcheviques fueron acumulando fuerza mientras que la situación general continuaba su deterioro. El peso principal de los bolcheviques era entre los obreros de Moscú y de Petrogrado. Eso, a su vez, debería ser revelador. La clase obrera oscilaba en dos millones de personas, sin embargo el estado y la estructura social rusa se centraban en el Tsar y en esas dos grandes ciudades. Al decir de Gramsci, las trincheras de la sociedad civil eran singularmente débiles. Esto significa que tomar control de estas ciudades podría significar el derrumbe de la totalidad del estado ruso. Sin embargo, el hecho de que los bolcheviques no se lanzaran a la toma del poder a partir de su peso en ambas ciudades, señala la conciencia que tenían de que para realizar una revolución debían ganar apoyo popular también fuera de ellas. De ahí las propuestas de alianza obrera campesina, con todas las medidas políticas que eso significaba, y de ahí el esfuerzo por ganar la mayoría de los soviets. Así, en el Segundo Congreso de Soviets, sobre 650 delegados 390 pertenecían a los bolcheviques. Estimado que el momento clave estaba llegando, Lenin planteó en septiembre la necesidad de organizarse para una insurrección. Esta fue lanzada el mes siguiente, la noche del 24 al 25 de octubre de 1917, con el asalto al Palacio de Invierno y los cañonazos del crucero Aurora. El triunfo del levantamiento bolchevique significó la instauración de un nuevo gobierno que pasó a implementar las propuestas realizadas previamente. La paz fue firmada en Brest Litovsk (a gran costo para Rusia), se nacionalizó la banca, y se decretó el control obrero de la producción, mientras que las empresas industriales fueron lentamente expropiadas, se expropió a los grandes terratenientes, y se decretó la autodeterminación de los pueblos (incluyendo el derecho a la secesión si así lo deseaban). Estas medidas obtuvieron un apoyo masivo y duradero para los bolcheviques, que les permitió enfrentar la guerra civil subsiguiente y la intervención de 17 potencias extranjeras en sus territorios. [1] Eric Hobsbawm, “¿Podemos escribir una historia de la Revolución Rusa?”; en Eric Hobsbawm. Sobre la historia. Barcelona: Crítica, 2002.


				
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posted:12/17/2009
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