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Cuando nada da Resultado por John Osteen

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Cuando nada da Resultado por John Osteen Powered By Docstoc
					QUE HACER CUANDO NADA PARECE DAR RESULTADO
John Osteen Versión castellana: Connie Nodarse © 1985 John Osteen Todos los derechos reservados ISBN 0-912631-60-0 Lakewood Church P.O. Box 23297 Houston, TX 77228

¿Cuántos de ustedes se han encontrado en un estado tal que han sentido el deseo de decir "parece que nada resulta"? Si hay alguna ocasión en que los discípulos, así como cualquiera otra persona necesitada, podrían decir "nada parece dar resultado", se encuentra en la Escritura siguiente: "Cuando llegaron a donde estaba la gente, se le acercó un hombre que le dijo de rodillas: Señor, ten compasión de mi hijo, tiene epilepsia y sufre terriblemente, porque muchas veces se cae en el fuego, y otras muchas en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo. "Jesús contestó: ¡Gente sin fe y pervertida! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo los tendré que soportar? Tráiganmelo aquí. "Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento, quedó curado el niño. "Los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron aparte: ¿Por qué razón no pudimos echarlo nosotros? "Contestó: Porque tienen poca fe; les aseguro que si tuvieran fe como un grano de mostaza, le dirían al cerro este: CÓRRETE MAS ALLÁ, y lo haría. Nada les sería imposible "(Mateo 17,14-20). Aquí tenemos el caso de un hombre que tiene una gran necesidad, su hijo es epiléptico, está poseído por el demonio, enfermo, y sufre toda clase de convulsiones. Este hombre lleva a su hijo a los mejores liberadores evangélicos de la época para que lo liberen: A los seguidores de Jesús que recibieron su entrenamiento directamente, bajo el ministerio de Jesús. Si vas a llevar a alguien para que quede curado, tu deseo sería llevarlo a lo mejor alguien como los discípulos que estaban cerca de Jesús. Ese hombre llevó a su hijo a nueve de los discípulos (tres de los doce se encontraban en una misión de oración con Jesús en el Monte de la

Transfiguración). Aquellos discípulos reprendieron al diablo y echaban fuera a los demonios. Tal vez sacudieron al joven hasta que estuvo a punto de sufrir otra convulsión. Hicieron todo lo que pudieron, y todos fallaron. Cada uno, probablemente, tomó su turno con el joven, y desplegó todo el conocimiento que poseía. ¿Has tenido la experiencia de encontrarte alguna vez en un valle cuando todos los demás parecen estar en la cima de la montaña? ¿Que tu enfermedad se dilataba, que nada daba resultado? Pénateme decirte que siempre hay esperanza cuando estás angustiado. David, el salmista, dijo, "Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra" (Salmo 121,1). Si elevas la vista y miras, hay Alguien que baja de la montaña ¡Su nombre es Jesús! Su rostro todavía resplandece a medida que baja de la montaña. Cuando llega a la escena, todo fracaso, toda enfermedad y todo demonio desaparecen. ¡Todo lo que tenemos que hacer es traer a Jesús a la escena! Jesús es la Palabra viva. Tenemos la Palabra escrita, y El es esa Palabra personificada, que nos dice por medio de Juan, "Y la Palabra se hizo hombre, y acampó entre nosotros (y contemplamos su gloria, gloria del hijo único del Padre), lleno de amor y de fidelidad" (Juan 1,14). Si podemos activar la Palabra de Dios en medio de nuestros fracasos, entonces podemos encontrar la ayuda de Dios. Jesús vino a este valle y le preguntó al hombre lo que deseaba de los discípulos. El hombre le contó acerca de su hijo. Le dijo a Jesús que los discípulos no habían sido capaces de ayudar a su hijo. Jesús le dijo que le trajera al niño. "Y Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento quedó curado el niño" (Mateo 17,18). Este hombre encontró su respuesta en el Señor Jesús. El trajo la Palabra viva a su situación concreta. ¡Jesús es maravilloso! Necesitamos predicar sobre Jesús. Esta generación necesita ver a Jesús. Si tan sólo pudiéramos permitir que la humanidad doliente, llorosa, moribunda, vislumbrara a Jesús, que es el mismo siempre, y que tiene el poder de darnos lo que necesitemos, las personas correrían a buscarlo. Correrían a El porque El todavía es el maravilloso Hijo de Dios como leemos en la Biblia. "Jesús el Mesías, es el mismo hoy que ayer y será el mismo siempre" (Hebreos 13,8). Necesitamos saber qué hacer cuando nos encontremos en el valle.

¿QUE HACEMOS CUANDO NADA PARECE DAR RESULTADO?
¿Te has encontrado alguna vez en una situación concreta donde te parece que nada de lo que has aprendido te ayuda, que nada resulta en tu favor, que no se concretiza lo que debía concretizarse? Las personas oran y buscan a Dios para prosperar, para sanarse y para liberarse del demonio. Buscan también que los dones del Espíritu Santo se manifiesten en ellos y que se les abran las puertas del ministerio. Desean tantas cosas. Oran y oran y oran, prueban todas las fórmulas que conocen, pero nada parece dar resultado. Saben que se encuentra en la Biblia, pero, pero, pero, pero... (Recuerden esto: ¡las ovejas siguen a los chivos, "pero"!) ¿Te encuentras en el valle? Necesitas a Jesús en tu valle, trae Su palabra a ese valle. ¡El te revelará el camino, porque El es el Camino! El dijo, "Yo soy el camino, la verdad, y la vida" (Juan 14,6). Una vez tuve un automóvil nuevo. Me sentía tan orgulloso de él, era tan lujoso y uno de los mejores. Lo conducía a todas partes. Un día, mientras lo conducía por la calle y me acercaba a la carretera, se detuvo súbitamente. No se movía, el motor no se encendía, no avanzaba, y ¡era un automóvil nuevo! Me sentía TAN desilusionado. Pude haberme bajado del automóvil y decir, "este auto es igual a los que corren por la carretera. Todos esos funcionan, pero el mío no". Pude decidir marcharme, dejar el automóvil allí y decir, "¡bien, funcionará para los demás, pero no para mí!" Algunas personas son así, pero no actué de esa manera. Dije, "sé que fabricaron este automóvil para que funcionara, tiene cuatro ruedas y se supone que funcione. Veo que los demás automóviles corren y el mío también va a correr. Llamé a un mecánico que vino, lo inspeccionó y al fin encontró que algo estaba desconectado. Se trataba de un alambre pequeño. Pensé que era tal vez algo mayor, pero era poca cosa. Pensé que tal vez tendría que devolver el automóvil a la fábrica, pero él conectó el alambre de nuevo, di vuelta a la llave, y ¡funcionó! ¡Me fui camino adelante en mi carro nuevo! Puedes recibir enseñanzas y verdades maravillosas de uno de los ungidos de Dios. Puedes saltar ante una oportunidad y probarla. Dices, "es tan maravilloso", si "conduces" con ánimo una milla por la carretera, puedes encontrarte con un problema. ¡Cuando tratas de aplicar lo que has aprendido, toda la operación falla! Dices, "¡él me dijo que daría resultado, pero di vuelta a la llave del motor de arranque y nada sucedió". Dices, "sé que está en la Biblia, pero no, a mí no me da resultado".

A veces estos principios no obran con la facilidad que lo describen algunos predicadores. Debes aprender a cooperar con los principios de Dios. ¡Obrarán para ti! Cuando nada parece dar resultado, necesitas que Jesús te muestre tus conexiones flojas. No se trata de que la Biblia no dé resultado. ¡LA PALABRA DE DIOS ACTÚA! Tienes que darte cuenta que si algo va mal, no se trata de Dios ni de Su Palabra, sino de ti. Tienes un cable desajustado en alguna parte. Si estás decidido a recibir algo de Dios, necesitas investigar y descubrir tus cabos sueltos. "... porque alerta estoy yo para cumplir mi palabra" (Jeremías 1,12). Algunas personas quieren hacer las cosas mal y que jamás se les corrija. Se preguntan porqué Dios no obrará para ellos. Cuando buscas a Dios, crees fielmente, y tratas de aplicar la Palabra de Dios a una situación concreta, y nada parece dar resultado, lee a continuación algunas sugerencias a seguir, que te ayudarán a encontrar tus conexiones flojas.

#1. -ANTE TODO, EXAMINA TU PROPIA VIDA
Hace mucho tiempo un grupo de médicos que me examinaba, me diagnosticaron que necesitaba cirugía de corazón abierto. Me dijeron que si quería gozar de una larga vida y de salud, que tenía que someterme a esta cirugía. ¡Esa no es la mejor noticia que puedes recibir! Se trataba de algo muy serio, fue un golpe para mí y para mi familia. ¿Qué hice? Lo primero que hice fue encender el gran proyector de Dios sobre mi corazón para examinarme y examinar mi propia vida. Quería averiguar si había pasado por alto cualquier cosa que necesitaba enmendar. Jesús dijo, "... y cuando estén de pie orando, perdonen lo que tengan contra otros, para que también su Padre del cielo les perdone sus culpas" (Marcos 11,25). Si sentía envidia, celos, discordia, ira o cualquier cosa contra alguien, quería saberlo. Dije, "Dios mío, sondéame para conocer mi corazón, mira si mi camino se desvía, y me sentiré feliz de sacarlo a la luz" (Salmo 139,23). Sabía que si no cerraba toda abertura, Satanás encontraría la oportunidad de entrar. El no tiene poder alguno a no ser que se lo demos. Leemos en la Palabra "... ni dejen ocasión al diablo" (Efesios 4,27). Job tenía una cerca alrededor de él. El diablo tuvo que admitir la verdad ante Dios cuando dijo "Tú mismo lo has cercado y protegido a él, a su hogar y a todo lo suyo" (Job 1,10). Una cerca es una pared que el diablo no puede atravesar. Leemos en el libro de Job que Dios permitió que Satanás traspasara la cerca porque aunque Dios puso una cerca en su derredor y lo tenía perfectamente

protegido, permitió que el temor invadiera su vida. Había una abertura. El dijo "me sucede lo que más temía, lo que más me aterraba me acontece" (Job 3,23). Sin duda, Job, en medio de toda esa protección, permitió que el temor invadiera su vida. El temor le abrió la puerta a Satanás para que entrara y tratara de destruirlo de la manera que aparece escrito en el libro de Job. Examina tu vida. Tienes una cerca en tu derredor. La sangre de Jesucristo está sobre ti y en tu derredor acampan los ángeles del Señor. El Señor va delante de ti, y Su bondad y lealtad te seguirán todos los días de tu vida (Cf. Salmo 23). Debajo de ti están los Brazos Eternos. Esa cerca que tienes alrededor tuyo, la pueden romper la ausencia del espíritu de perdón, los celos, la envidia, la discordia, la mezquindad, la codicia, la lujuria, los deseos impuros, o cualquier pecado no perdonado. Muchas veces la ira irresoluta rompe la cerca. "Si se indignan, no lleguen a pecar; que la puesta del sol no los sorprenda en su enojo" (Efesios 4,26). Si la Palabra de Dios no está obrando para ti, examina tu vida primero. Examínate a ti mismo, para que Dios no te juzgue (Cf. 1 Corintios 11,31). "Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, estén en paz con todos los hombres" (Romanos 12,18). Perdona a tu esposa. Perdona a tu esposo. Leemos en la Escritura, "Unos con otros sean agradables, y de buen corazón, perdonándose mutuamente, como Dios los perdonó por Cristo" (Efesios 4,32). Mantén la contienda fuera de tu vida. Dios no obrará por ti mientras vivas en una rebelión abierta contra la Palabra de Dios. ¡Examínate!

#2. -SEGUNDO, EXAMINA TUS PROMESAS.
Si Dios no ha susurrado a tu corazón ninguna promesa determinada, a través de Su Palabra, y que tú has acogido si no tienes ninguna promesa definida, real y que El ha hecho viva en tu situación concreta, entonces tienes una conexión floja. Sumérgete en la Palabra de Dios, medita en las Escrituras hasta que Dios le hable a tu corazón. "Esfuérzate porque Dios te apruebe como a un obrero irreprensible que predica la verdad sin desviaciones" (2 Timoteo 2,15). No puedes tener fe en algo a no ser que tengas una promesa de la Palabra de Dios. ¡Examina tu libro de promesas! Recuerdo la historia de una abuela y su nieta que vivían juntas. Se salvaron una noche cuando asistían a los servicios de una iglesia, mientras un predicador hablaba sobre la cita bíblica que aparece en Juan 5,24: "De cierto, de cierto os digo: Quien oye mi mensaje y da fe al que me invió, posee vida eterna; no se le llama a juicio; no, ya ha pasado de la muerte a la vida."

Ambas se llenaron del gozo de la salvación ese día. Se levantaban felices por la mañana y por la noche se acostaban felices. Esto sucedió durante muchas semanas. Entonces, una mañana la abuela se levantó "por el lado equivocado de la cama". Se mantuvo enojada y de mal humor todo el día. La pequeña nieta observaba lo mal y lo odioso que actuaba. Así se mantuvo hasta que se hizo de noche. Por último, la niñita se echó a llorar y le dijo a la abuela, "¿ha cambiado el versículo de la Biblia? Déj ame verla. ¿Ha cambiado el versículo de la Biblia? Todavía dice, de cierto, de cierto os digo: Quien oye mi mensaje y da fe al que me envió, posee vida eterna; no se le llama a juicio; no, ya ha pasado de la muerte a la vida. La abuela sonrió. La promesa de Dios se mantuvo viva en su corazón, y dijo "¡Dios me perdone. Si, gracias a Dios, que tengo vida eterna!" Recuperaron así su gozo, y su hermandad. Encontramos un ejemplo en esta historia, de lo que tú debes hacer. Revisa tus promesas, lee tu Biblia y busca a ver si el diablo ha borrado alguna de ellas. ¡Investiga si él ha osado invadir la Palabra de Dios o cambiado alguna de las promesas de Dios! Si esperas recibir prosperidad, examina tus versículos sobre la misma. Leemos en la Palabra de Dios: "Amado, yo deseo que tú prosperes en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma" (3 Juan 2). Si esperas recibir sanidad, examina las Escrituras sobre la misma. Leemos en la Palabra, que Jesús nos dice, "... quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo, sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados" (1 Pedro 2,24). ¡Examina las promesas para cualquier cosa que esperas recibir de Dios! ¡LA PALABRA DE DIOS NO CAMBIARA JAMAS! ¡JAMAS FALLARA! Esta es una historia real. Tenía un amigo misionero en Méjico, que una vez recogió a un turista que estaba parado en la carretera haciendo señas por transporte gratuito, y comenzó a hablar con él sobre el Señor. Entonces, el turista le apuntó con una pistola y le dijo que se detuviera en una carretera solitaria en el campo. Pretendía llevarle el carro con todo su contenido y dejar a mi amigo en un lugar desierto. Mi amigo se volvió hacia este hombre y le dijo "no puedes hacerme esto a mí. Tengo más poder que tú, mayor es el que está en mí, que el que está en el mundo (Cf. 1 Juan 4,4). Tengo poder sobre el diablo que está en ti". El delincuente le dijo "sigue conduciendo". Mi amigo se mantuvo al volante, sentía que la pistola se hundía en su costado, pero dijo "no puedes hacerme esto. Dios

me dice en la Biblia que tengo poder sobre toda la fuerza del diablo (Cf. Lucas 10,19). Tú no puedes hacerme esto a mí". El delincuente lo obligó a conducir hacia una carretera desierta y detenerse allí. Mi amigo insistió, "¡Tú no puedes hacerme esto a mí! Jesús mora en mí. En nombre de Jesús, tú no puedes hacerme esto a mí. Tengo poder sobre ti y sobre el diablo que está en ti". El delincuente lo condujo a un descampado y le ordenó que se quitara la ropa. Mi amigo le dijo, "Tú no puedes hacerme esto a mí. Dios me dice en la Biblia que mayor es el que está en mí, que el que está en el mundo, y que en el nombre de Jesús yo puedo echar fuera a los demonios. Tengo más poder que tú y tú no vas a hacerme esto a mí. ¡Le ordeno a Satanás que se vaya!" El delincuente le dijo, "quítate la ropa". Quedó en su ropa interior.. .¡el hombre de Dios, de fe y con poder! ¡Todo indicaba que nada iba a dar resultado! En realidad parecía que nada iba a resultar. Parecía que todo había fallado. ¿Crees que te encuentras en una mala situación? ¡Qué me dices de este hombre! Mientras el delincuente se dirigía hacia su automóvil, mi amigo alzó su voz y dijo una vez más gritando, "¡en nombre de Jesús no puedes hacer esto! ¡En nombre de Jesús te ordeno que regreses! ¡Satanás, en nombre de Jesús estás derrotado!" El delincuente regresó en cuestión de momentos, le entregó su ropa y le dijo, "¡hombre, simpatizo contigo!" ¿Sabes qué sucedió? El diablo salió del delincuente. Puedes recibir la impresión que el diablo te está cortando en tiras y dejándote sin nada, pero si examinas tus promesas y pones toda tu confianza en la Palabra de Dios, siempre alcanzarás la victoria. Una vez que hagas viva la Palabra de Dios en ti, no sufrirás ninguna enfermedad, pobreza, dolencia, derrota, ni calamidades, ¡La Palabra de Dios se ha establecido en TI para siempre! Tú tienes que establecerla. La Palabra de Dios te elevará a un nivel de fe más alto. "Así que la fe es por el oir, y el oir, por la palabra de Dios" (Romanos 10,17). Examina tus promesas. Investiga lo que dice Dios. Confirma si El te dice la verdad, y si El dice lo que tú crees que dice. ¿Has puesto tu confianza en Su Palabra? ¿Tenías fe en Jesús antes de atravesar este valle? La Palabra de Dios no cambiará. Examina tus promesas. Recuérdale a Dios, recuérdale al diablo, recuérdate a ti mismo, lo que dice Dios.

Deja de murmurar, de gemir, de gruñir, de refunfuñar y de quejarte. ¡EXAMINA TUS PROMESAS!

#3

-TERCERO,

EXAMINA

TU CONFESIÓN.

Jesús dijo, "porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que dice será hecho" (Marcos 11,23). Jamás te elevarás más alto que tu confesión. Jamás te hundirás más bajo que tu confesión. Muchas personas tienen la idea de que si en una emergencia toman la Palabra de Dios y la citan, entonces obrará. ¡No obrará! Recibirás lo que digas o hayas estado diciendo constantemente. No puedes tan sólo decir lo que quieras todo el tiempo, de repente citar la Palabra de Dios y esperar un milagro. No obra de esa manera. Debes entrenarte para pronunciar la Palabra de Dios constantemente y vivir esa confesión todos los días. "La muerte y la vida están en poder de la lengua" (Proverbios 18,21). Examina tu confesión. Por regla general, cuando tienes un problema, es porque no dices lo que Dios dice sobre la situación. Más bien especulas, supones, razonas, y miras las circunstancias en lugar de la Palabra de Dios. Leemos en la Palabra de Dios que "...refutando argumentos, y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios; y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Corintios 10,5). Tus pensamientos tienen que estar de acuerdo con la Palabra de Dios. Examina lo que has estado diciendo. Si necesitas sanarte y alguien te pregunta cómo te sientes, no te quejes durante horas contándole todas tus calamidades. Confiesa lo que Dios está haciendo por ti. Nunca permitas que ninguna de las palabras que salga de tu boca, contradiga lo que esperas recibir de Dios. Si lo que piensas contradice la Palabra de Dios, no lo digas. ¡Puedes hacer que Dios obre con fe en tu corazón, y dudar en tu mente! Protege tu corazón. Si hay en tu mente toda clase de pensamientos contrarios, siempre y cuando rehuses decirlos, nacerán muertos. ¡Una vez que los pronuncias, les das vida! Sustituye los pensamientos negativos con los pensamientos de Dios —la Biblia. Medita en la Palabra de Dios.

Confiesa lo que Dios dice sobre tu situación. Antes de salir de la cama, ora en el Espíritu Santo. Recita las oraciones que aparecen en Efesios 1,17-23 y Efesios 3, 17-19. ¡Confiesa lo que la Palabra de Dios dice sobre ti. ¡Conoce quién eres en Cristo!

#4. -CUARTO, EXAMINA EL CAMPO DE BATALLA.
Si alguna vez el diablo te conduce al campo del razonamiento y a analizar tus síntomas, te derrotará todas las veces. Mantente en el campo de la fe y ganarás todas las veces. Examina el campo en el que luchas. ¿Estás tratando de luchar contra Satanás en el campo del razonamiento? ¿Estás luchando contra los síntomas y tratando de razonar el "porqué"? ¡DETENTE! Llénate de fe. Di lo siguiente: "No importa cómo luzca la situación. Puede que aparentemente esta situación no cambie jamás, pero Dios dice ..." y cita Su Palabra. ¡CREE EN DIOS! "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Hebreos 11,1). Fe en la Palabra de Dios y fe en el Señor Jesucristo es la evidencia de lo que no ves con tus ojos y no sientes con tus sentidos.

#5 -QUINTO, EXAMINA LA COMPAÑÍA QUE GUARDAS Y CON LA QUE CONFRATERNIZAS.
¿Guardas compañía constante con personas de fe? ¿Son tus compañeros o compañeras personas que confiesan la Palabra de Dios? Si te asocias con personas que no te apoyan en la fe, es posible que termines luchando por asirte a tu promesa. Existe la posibilidad de que te vuelvas como las personas con quienes te asocias. Comparte con hombres y mujeres de fe. Desdeluego, ábrele tu corazón a todos y comparte el amor de Jesús, pero cuando des consejo, compartas, escuches y te exhortes, asegúrate de que has elegido aquéllos qué están establecidos en la Palabra de Dios y en la fe. ¡Tus oídos no son cubos de basura! Ten cuidado con lo que escuchas. Leemos en la Biblia ampliada, "Ten cuidado con lo que escuchas. La medida de pensamiento y de estudio que le des a la verdad que escuchas, será la medida de virtud y de conocimiento que regrese a ti, y además se te dará más a ti que escuchas"

(Marcos 4,24). No estés de acuerdo con la incredulidad y con la duda. No recibas consejo de las personas que reprochan la Palabra de Dios. ¡DECÍDETE! Haz lo que es correcto. No comprometas la Palabra de Dios. Si alguien te dice algo que te desanima, responde con la Palabra de Dios. Cuando las personas te pregunten cómo te sientes, dales la respuesta de Dios: "Alabado sea el Señor, soy más que un vencedor. El gran Dios mora en mí. Soy la sal de la tierra y la luz del mundo. Soy la justicia de Dios en Cristo. Todo lo puedo en Cristo. Soy bendecido." No tendrás problemas con las personas cuando confiesas la Palabra de Dios, pues se acercarán a ti o te darán la espalda. Investiga tus compañeros y las personas con quienes compartes.

#6 -SEXTO, EXAMÍNATE E INVESTIGA SI OBEDECES LAS ESCRITURAS QUE TE TRAERÁN LA VICTORIA.
Muchas personas viven vidas mundanas, pasan por alto los mandamientos de Dios. Cuando tratan de apropiarse de las promesas de Dios, fracasan. Leemos en la Biblia que "Por nada estéis afanoso (ansiosos), sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias (Filipenses 4,6). "Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo" (Efesios 5,6-11). Debes ponerte la armadura de Dios para que la Palabra obre por ti. "Pero sed hacedores de la palabra y no tanto solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. "Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. "Porque él se considera el mismo y se va, y luego olvida cómo era. "Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacer de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace" (Santiago 1, 22-25). Tienes que OBEDECER la Palabra de Dios. No te hará ningún bien si no eres hacedor de la Palabra.

Jesús cuenta una historia en Mateo 7, 24-27. "Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las ponga por obra, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. "Descendió la lluvia, y vinieron los ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. "Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las ponga por obra, se parecerá al necio, que edificó su casa sobre la arena; "y descendió la lluvia, y vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y fue grande su ruina." La casa quedó en pie porque ese hombre puso por obra la Palabra. Cuando el Señor dice, "que la puesta del sol no los sorprenda en su enojo" (Efesios 4,32), ¡tienes que obedecer esa Palabra! Cuando el Señor dice,"antes sed benignos unos con otros" (Efesios 4,32), tienes que obedecer esa Palabra. Cuando el Señor dice "perdona" (Cf. Lucas 6,37), tienes que perdonar. El Señor nos dice por medio de Santiago, "Someteos pues, a Dios; resistan al diablo, y huirá de vosotros" (Santiago 4,7). Si estás en una batalla espiritual y necesitas ayuda, debes obedecer a la Escritura y te ayudará. Sométete a Dios. Algunas personas quieren resistir al diablo, pero no se someten primero a Dios. "Sométete a la Palabra de Dios y entonces, resiste al diablo." Supongamos que el diablo te susurra "no estás sanado, te vas a morir". Abre tu Biblia en Éxodo 23,25, y lee en voz alta para que el diablo te oiga, "Mas al Señor vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tu agua; y quitará toda enfermedad de en medio de ti...y colmará el número de tus días". Lee Isaías 53,5: "Por sus llagas fuimos sanados." Vuélvete a ese diablo y dile, "te resisto en nombre de Jesús. ¡Déjame!" Tendrá que irse.

#7 -POR ULTIMO, EXAMINA TU VIDA DE ALABANZA PARA VER SI ALABAS AL SEÑOR ANTES DE VER LA RESPUESTA.
¿Estás demostrando tu fe alabando al Señor antes de recibir la respuesta? Leemos en la Palabra de Dios lo siguiente: "Bendeciré al Señor en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca" (Salmo 34,1). Investiga a ver si estás alabando a Dios como si ya hubieras recibido tu respuesta. Si actuaras, hablaras, alabaras a Dios como si la tuvieras, ¡LA TENDRÁS! Jesús alabó a Dios porque Lázaro resucitó de entre los muertos, antes que El lo resucitara. Se paró ante la tumba y dijo: "Padre, gracias te doy por haberme oído" (Te doy las gracias porque en lo que a mi se refiere, ya lo resucitaste) (Juan 11,

41). Alguien dijo una vez, "me daría miedo decir eso. ¡Puede que no salga!" ¡Seguro que no sale con la actitud de duda! Jesús alabó a Dios antes de resucitar a Lázaro. Josué y el pueblo de Israel gritaron a gran voz triunfante antes de que cayera el muro (Cf. Josué 6,5). Abraham alabó a Dios antes de ver a Isaac (Cf. Romanos 4,17).

Cuando nada parece dar resultado, revisa tu lista de verificación en busca de conexiones flojas. 1. Examina tu propia vida. 2. Examina tus promesas. 3. Examina tu confesión. 4. Examina el campo donde luchas. 5. Examina la compañía que te rodea y con la que compartes. 6. Examina y verifica si estás obedeciendo las Escrituras que te traerán la victoria. 7. Examina tu vida de alabanza. Si examinas y verificas esos puntos, encontrarás dónde está la conexión floja. ¡Un ligero ajuste, te pondrá de nuevo en el camino!

Las citas bíblicas fueron tomadas de: NUEVA BIBLIA ESPAÑOLA, Edición Latinoamericana; traducción de los textos originales dirigida por Luis Alson Schokel y Juan Mateos, Ediciones Cristiandad, Madrid, España. BIBLIA ANOTADA DE SCOFIELD (versión Reina-Valera)


				
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