Construir tu propia fe es como trabajar en un crucigrama. Sabemos que, aunque otros pueden ayudar, nadie más lo hará por nosotros. Sabemos que cometeremos errores y tendremos que borrar lo que supusimos al principio. Sabemos que es improbable que seamos capaces de llenarlo a tinta y atinar en todas las respuestas de una sola vez. Pero lo que es más importante, sabemos que debemos tratar de poner algunas letras –algunas palabras– en esos espacios, si es que hemos de crecer espiritual y religiosamente.