TEMA 6. TIPOLOGÍA DOCUMENTAL DE LA EDAD MEDIA

Document Sample
TEMA 6. TIPOLOGÍA DOCUMENTAL DE LA EDAD MEDIA Powered By Docstoc
					TEMA 6. TIPOLOGÍA DOCUMENTAL DE LA EDAD MEDIA

                                                               Dr. Tomás Puñal Fernández
                                               Área de Ciencias y Técnicas Historiográficas
                                                                Universidad de Extremadura


       Los documentos más antiguos que conservamos proceden de época visigótica, siendo
muy escasos los de carácter privado. A partir de los inicios de la llamada "Reconquista", en el
siglo VIII, con la formación del primitivo Reino Astur, la Marca Hispánica catalana y los
condados pirenaicos de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, se empieza a forjar una tipología
documental que, con más o menos ligeras variantes, se va a mantener a lo largo de toda la Edad
Media, junto a la aparición de nuevos tipos diplomáticos.


1. LA DOCUMENTACIÓN MEDIEVAL DE LOS SIGLOS XI-XIII.


        Los primeros documentos regios astures y astur-leoneses desde el siglo VIII al X,
correspondientes a los reinados de los llamados alfonsos, ramiros y ordoños, así como los
documentos navarros altomedievales y los catalanes y aragoneses primitivos hasta el siglo XII,
son en su mayoría mandatos, cartas reales, privilegios y cartas de donación, amén de la
documentación de carácter privado, realizados en pergamino de grandes dimensiones y escritos
en latín, con letra visigótica y carolina.
       Todos ellos presentan una estructura muy simple, que combina la tradición diplomática
heredada del mundo romano, en cuanto al formulismo legal, con la germánica. En este sentido
muchas de las fórmulas de las cartas de donación y otros documentos altomedievales están
sacadas del Liber Iudiciorum o Fuero Juzgo visigodo del siglo VII, lo que nos hace pensar en
una cierta continuidad diplomática no interrumpida por la invasión musulmana del siglo VIII.
       Parece, pues, evidente que estos documentos, en ocasiones, escasos en número,
constituyen el punto de referencia del desarrollo diplomático posterior.
       Es a partir del siglo XI, cuando tanto Castilla como Aragón y Navarra, comienzan un
lento proceso de despegue político y territorial coincidente con la aparición de determinadas
categorías documentales y de nuevas instituciones, como las Cortes y las primeras
comunidades de villa y tierra, a medida que la "Reconquista" avanza.
       Castilla es Reino desde el año 1037, cuando Fernando, hijo del rey Sancho III, el
Mayor, de Navarra, recibe en herencia el Reino de León y contrae matrimonio con doña
Berenguela, hija de don García Sánchez, último conde independiente de Castilla,
convirtiéndose así en el primer rey castellano titulado, con el nombre de Fernando I.
       Del mismo modo, el Reino de Navarra, con Sancho III, el Mayor, experimenta un gran
auge, ejerciendo una poderosa hegemonía sobre el resto de los reinos peninsulares y una
influencia política que llega hasta el siglo XIII con la llegada, a la muerte de Sancho VII,
primero de la dinastía francesa de Champaña en la figura de Teobaldo I, después la Capeta con
                                                                            @becedario / p.153
Manuales de apoyo a la docencia universitaria



Felipe IV y por último, a comienzos del siglo XIV, la de Evreux con el esposo de la reina
Juana II.
        El Reino de Aragón comienza también su andadura en el siglo XI, extendiéndose desde
los Pirineos hacia el valle del Ebro, hasta su posterior unión con Cataluña en 1137, mediante el
matrimonio de la princesa aragonesa doña Petronila, hija de Alfonso I, el Batallador, con el
conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, dando lugar a la Corona Catalano-Aragonesa.
        En Castilla, la conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI, supone el punto de partida
de sucesivos avances en la "Reconquista" con Alfonso VII y sobre todo con Alfonso VIII y la
derrota de los almohades norteafricanos en la batalla de Las Navas de Tolosa, en 1212, dejando
así el campo abierto a la futura conquista de la Andalucía occidental, ya en el siglo XIII, con
Fernando III y su hijo y sucesor Alfonso X.
        Igualmente en Aragón, la conquista de Zaragoza en 1118 por Alfonso I y los avances
territoriales que los condes de Barcelona habían venido realizando desde la Cataluña vieja o
feudal hacia el sur, permiten, a partir de la unión de estos dos territorios en 1137, dejar
expedito el camino para las grandes conquistas de Valencia y Mallorca por Jaime I en el siglo
XIII.
        Se trata, pues, de un periodo de cambios y de consolidación política y territorial que se
va a manifestar también en la documentación. Las nuevas instituciones y relaciones sociales,
así como un nuevo concepto de soberanía política por parte de la realeza que se siente cada vez
más fuerte, hasta el punto de que algunos soberanos castellanos como Alfonso VI o Alfonso
VII se autotitulan "imperatores", llevan desde el siglo XI y hasta el XIV a la consolidación de
las siguientes tipologías diplomáticas.


1.1. El privilegio rodado.
       Es el documento más solemne de las cancillerías reales, tanto castellanas como
aragonesas. Es heredero, en Castilla, de los privilegios astures y leoneses altomedievales que
en un principio sirvieron para las donaciones reales, muy frecuentes a iglesias y monasterios.
Durante el siglo XI, sobre todo en el reinado de Alfonso VI y principios del XII con doña
Urraca y Alfonso VII, los privilegios reales se distinguen por el signum regio en forma de cruz.
       Los primeros ejemplares de privilegios rodados en la Corona de Castilla son del siglo
XII en los reinados de Fernando II en León (1157-1188) y de Sancho III, en Castilla (1157-
1158). La denominación viene dada por el signo real en forma circular o de rueda con un
símbolo y una leyenda. Este símbolo fue tomado de la cancillería pontificia, donde tuvo su
origen, en la primera mitad del siglo XI, bajo el pontificado del Papa León IX. En España se
introduce a partir del siglo XII por Gelmírez, obispo de Santiago de Compostela.
       La rueda leonesa consta de un león pasante, mientras la castellana tan sólo de una cruz.
En ambos casos, dos círculos concéntricos con la leyenda en la que se expresa el nombre del
rey. Se trata, en todo caso, de documentos de gran formato, escritos sobre pergamino, de
excelente factura y caligrafía gótica y ornamentados con letras capitales e ilustraciones en la
rueda.



p.154 / I.C.E.
                        Lecciones de archivística general y documentación del patrimonio histórico




Lámina nº 1: Privilegio de donación de Alfonso VII en 1130 con el signum regio
                            simple en forma de cruz




                                                                            @becedario / p.155
Manuales de apoyo a la docencia universitaria




           Lámina nº 2: Privilegio de donación de Alfonso VII en 1137 con el signum
                                    precedente de la rueda




p.156 / I.C.E.
                                 Lecciones de archivística general y documentación del patrimonio histórico



        Su estructura diplomática es la más completa y no falta casi ningún elemento de los
descritos en el epígrafe de las nociones diplomáticas, sirviendo de modelo y referencia para
otras categorías diplomáticas: Invocación simbólica y verbal, la más compleja, arenga o
preámbulo, notificación, intitulación completa, en la que intervienen todos los miembros de la
familia real, además de los magnates y nobles del Reino, dirección, cuerpo del documento, en
ocasiones insertando en la exposición textos o documentos completos, cuando se trata de la
confirmación de privilegios anteriores, dispositivo con una fórmula de otorgamiento y
aceptación regias, cuando se trata de confirmaciones, repitiendo de nuevo el rey su nombre y
títulos, las cláusulas sancionales y corroborativas, y el escatocolo con la data crónica, mediante
el uso de la era hispánica, y tópica. La validación es, sin duda, lo más significativo, por la
disposición de los testigos confirmantes en dos columnas, a uno y otro lado de la rueda.
       Desde el siglo XIII la rueda como signo real se complica y se hace más aparatosa
mediante tres círculos concéntricos, con el nombre del rey, acompañado de una cruz y cuatro
cuarteles con castillos y leones, símbolos del Reino de León y Castilla, en el interior, la
leyenda del rey en el segundo círculo y la confirmación del mayordomo real en el círculo
exterior.


1.2. Las cartas.
      Se trata de documentos más sencillos diplomáticamente, pero de igual valor jurídico.
Comienzan bajo los reinados de Alfonso IX en León (1188-1230) y Alfonso VIII en Castilla
(1158-1214), por tanto entre los siglos XII y XIII.
       En el siglo XIII se las conoce como cartas plomadas y cartas de sello de cera o abiertas.
No tienen rueda ni lista de testigos confirmantes, pero en ocasiones la solemnidad del
documento es la misma que en los privilegios rodados y su estructura diplomática es
semejante. Se usan para la concesión de distintos tipos de privilegios y mercedes a particulares,
vasallos regios o instituciones. La carta plomada recibe esta denominación por el sello de
plomo con la leyenda y el anagrama regios, pendiente de la parte inferior del documento
mediante una cinta o hilos de seda de colores. Este sello viene a ser el trasunto de la rueda
usada en los privilegios rodados como signun regio. Lo mismo sucede con las llamadas de sello
de cera o abiertas.
      Esta tipología documental de las cartas que prolifera, sobre todo, en el siglo XIII, acaba
desapareciendo bajo el reinado de Alfonso XI (1312-1350) en la primera mitad del siglo XIV.




                                                                                     @becedario / p.157