Todo o nada - Raine Miller by ps94506

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         Sinopsis
         Prólogo
         Capítulo 1
         Capítulo 2
         Capítulo 3
         Capítulo 4
         Capítulo 5
         Capítulo 6
         Capítulo 7
         Capítulo 8
         Capítulo 9
         Capítulo 10
         Capítulo 11
         Capítulo 12
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              E
                    than Blackstone tiene problemas. Ha perdido de la
                    mujer que ama y ella lo ha dejado. Sin embargo, Ethan
                    no se dará por vencido —Está determinado a conseguir a
         su chica de regreso. Su pasión es explosiva, pero sus secretos son
         más oscuros y más aterradores. Con amenazas políticas dirigidas a
         Brynne, Ethan no tiene otra opción que pelear por ella, para ganar
         su amor, y protegerla de los peligros que podrían alejarla de él para
         siempre. Está dispuesto a arriesgar todo por tener a Brynne y
         mantenerla a salvo. Él va por todo…
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                No sé porque sigo asustado
            Si no fueses real te inventaría
                        ahora
               Desearía poder seguirte

            Sé que tu amor es verdadero
                     y profundo
                  como el océano

                   Pero justo ahora
            Todo lo que quieres esta mal
                    Y justo ahora
         Todos tus sueños están despertando

                  Y justo ahora
              Desearía poder seguirte
                   A las costas
                  De la libertad
                 Donde nadie vive



                       —Honey and the Moon, Joseph Arthur
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                Junio, 2012
                Londres
                          eje a Ethan en los ascensores, rogándome que no me
                          fuera. Irme fue la cosa más dura que he tenido que hacer
                          en mucho tiempo. Pero yo lo dejé entrar. Le abrí mi
                          corazón a Ethan y conseguí que lo pisoteara. Lo oí
                          decirme que me amaba y lo oí cuando dijo que sólo
         trataba de protegerme de mi pasado. Lo oí fuerte y claro. Pero eso no
         cambiaba el hecho de que yo necesitaba alejarme de él.
                Todo lo que podía pensar es en la misma aterradora idea una y otra
         vez.
                “Ethan lo sabe”.
                Pero las cosas no siempre son lo que parecen. Se juzga sin tener
         toda la información completa. Las ideas son formas basadas en emociones
         y no en hechos reales. Ese era el caso entre Ethan y yo. Encontraría la
         manera de salir de esto más tarde, por supuesto, y con el tiempo, cuando
         pudiera mirar hacia atrás a los eventos que me rodearon, yo sería capaz de
         ver la situación un poco diferente.
               Con Ethan todo era rápido, intenso… explosivo. Desde el principio,
         me dijo cosas. Me dijo que me quería. Y sí, incluso dijo que me amaba. No
         tenía problemas en decirme lo que quería de mi, o como se sentía por mí. Y
         no me refiero solo al sexo. Eso era una gran parte de nuestra conexión,
         pero eso no era todo con Ethan. Él puede compartir sus sentimientos
         fácilmente. Es a su manera… no necesariamente la mía.
                Siento como Ethan quiere consumirme algunas veces. Me abrumó
         desde el principio y fue definitivamente un amante exigente, pero una cosa
         era cierta, yo quería todo lo que él quisiera darme.
                Lo descubrí una vez que lo dejé.
               Ethan me dio un poco de paz y seguridad de una manera que yo
         nunca realmente sentí siendo una adulta, y ciertamente nunca antes en
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         cuanto a mi sexualidad. Esa no era su personalidad, creo que ahora lo
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         entiendo. Él no era exigente y controlador porque quisiera dominarme, era
         así conmigo porque sabía que eso era lo que yo necesitaba. Ethan trataba
         de darme algo que yo necesitaba para que nuestra relación funcionara.
                Así que, mientras los días sin él eran una agonía, la solicitud que
         hice era fundamental para mí. Nuestro apasionado fuego me quemaba al
         rojo vivo, y ambos nos quemamos por el fuego que rápidamente se
         encendía cuando estábamos juntos. Sé que un tiempo sanador era
         necesario para mí, pero eso no hacía que el dolor rescindiera.
         Seguía regresando al mismo pensamiento que tuve cuando descubrí lo que
         él estaba haciendo.
              “Ethan sabe lo que me ocurrió y no hay ninguna manera posible de
         que me ame ahora”.
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                            i mano palpitó junto al latido de mi corazón. Todo lo
                            que pude hacer era respirar hacia las puertas del
                            ascensor y pensar en qué hacer. Seguirla no era una
                            opción, así que dejé el vestíbulo y fui hacia la sala de
                            descanso. Elaina estaba ahí preparándose un café. Ella
         mantuvo su cabeza agachada y pretendió que yo no estaba ahí. Mujer
         inteligente. Espero que esos idiotas en el piso hagan lo mismo o ellos
         necesitarían encontrar nuevo empleo.
               Tiré algo de hielo a una bolsa de plástico y empujé mi mano dentro.
         ¡Joder, ardió! Había sangre en mis nudillos y estoy seguro en la pared a
         lado del ascensor. Caminé de regreso a mi oficina con mi mano en el hielo.
         Le dije a Frances que llamara a mantenimiento para que vinieran y
         arreglaran el jodido timbre en la pared.
               Frances asintió sin perderse el momento y miró a la bolsa de hielo al
         final de mi brazo. —¿Necesitas un rayos X para eso? —preguntó, su
         expresión como la de una mamá. O lo que yo imaginaba como luciría una
         madre al menos. Apenas recuerdo a la mía, por lo que probablemente solo
         estaba proyectándolo con ella.
                  —No. —¡Necesito a mi chica de regreso, no un jodido rayos x!
              Fui hacia mi oficina y me encerré. Saqué una botella de Van Gogh
         del mini-bar y la destapé. Abrí el cajón de mi escritorio y hurgué por el
         paquete de Djarum Blacks1 y el encendedor que me gustaba guardar ahí.
         Había estado surcando a través de las nubes de humo en un paso record
         desde la reunión con Brynne. Tendría que recordar reabastecerme.
               Ahora todo lo que necesitaba era un vaso para el vodka, o tal vez no.
         La botella estaría bien para mí. La levanté con mi destrozada mano y le di
         la bienvenida al dolor. Joder, mi mano; Mi corazón está así de roto.
                Observé su fotografía. La que le tomé en el trabajo cuando me
         mostró la pintura de Lady Percival con el libro. Usé mi celular para tomar
         la fotografía porque tenía que tenerla. No importaba si era sólo la cámara
         de mi celular, Brynne se veía hermosa a través de cualquier lente.
         Especialmente las lentes de mis ojos. La imagen había salido tan bien que
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         la había descargado y ordené una impresión para mi oficina.
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         1   Djarum Blacks: Marca de cigarrillos con aroma y sabor a especias.
               Recordé esa mañana con ella. Sólo podía verla con el ojo de mi
         mente y cuán feliz estaba cuando le tomé la foto sonriendo a esa pintura
         antigua...


                                                ♥♥♥♥


                Aparqué en el estacionamiento de la Galería Rothvale y apagué el
         motor. Era un día gris, con llovizna y frío, pero no dentro de mi auto.
         Teniendo a Brynne sentada a mi lado vestida para el trabajo, luciendo
         hermosa y sexy, sonriéndome, me tenía por lo alto, pero saber que solo
         compartiríamos juntos esta mañana era una jodida bomba. Y no hablaba
         sobre sexo. Recordando la ducha y lo que habíamos hecho ahí me
         apaciguaba durante todo el día, muy apenas, pero era sabiendo que la vería
         otra vez esta noche, que estaríamos juntos, que ella era mía y que podría
         llevarla a la cama y demostrarle todo otra vez. Estaba también la
         conversación que habíamos tenido. Sentí que ella finalmente me había
         dejado entrar un poco. Que se preocupaba por mí de la misma forma que yo
         lo hacía por ella. Y era tiempo para empezar a hablar de un futuro nosotros.
               —Ethan, ¿alguna vez te he dicho lo mucho que me gusta cuando me
         sonríes?
               —No —contesté disminuyendo la sonrisa—, dime.
                Ella sacudió su cabeza con mis tácticas y miró fuera de la ventana, a
         la lluvia —Siempre me he sentido especial cuando lo haces porque creo que
         no sonríes mucho en público. Te describiría como reservado. Entonces,
         cuando me sonríes como que… me dejo llevar.
                —Mírame. —Esperé a que respondiera, sabiendo lo que vendría. Esta
         era otra cosa que todavía teníamos que discutir, pero que estaba claro como
         el cristal desde el comienzo. Brynne era naturalmente sumisa a mí. Acepta
         todo lo que yo quiero darle, la dominación y eso era sólo una razón más de
         que éramos perfectos juntos.
               Levantó sus ojos cafés verdosos, grisáceos, hacia mí y esperó. Mi
         pene se lanzaba contra mis pantalones. Podía tomarla justo aquí en el auto
         y seguir deseándola minutos después. Ella era mi adicción. —Dios, eres tan
         hermosa cuando haces eso.
               —¿Hacer qué, Ethan?
               Metí un mechón de su sedoso cabello detrás de su oreja y le sonreí de
         nuevo. —No importa. Me haces sentir feliz, eso es todo. Amo traerte a tu
         trabajo después de haberte tenido toda la noche.
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               Se sonrojó hacia mí y yo deseaba follarla otra vez. No, hacerle el amor
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         era lo que realmente quería justo ahora. Quería tomarla lento, ese hermoso
         cuerpo desnudo para mí, para un placer en todas maneras que pudiera
         manejar. Mía. Ella era para mí y sólo para mí. Brynne me hacía sentir todo...
               —¿Te gustaría entrar y ver en qué estoy trabajando? ¿Tienes tiempo?
              Llevé su mano a mis labios e inhalé la esencia de su piel. —Pensé que
         nunca lo preguntarías. Condúzcame, Profesora Bennet.
               Ella rió. —Algún día, tal vez. Usaré una de esas túnicas negras y daré
         conferencias sobre correctas técnicas conservativas. Y tú podrás sentarte en
         la parte de atrás y distraerme con inapropiados comentarios y miradas
         lascivas.
               —Ah, ¿Y después me citarás en tu oficina clandestinamente? ¿Me
         castigarás, Profesora Bennet? Estoy seguro que podemos negociar un trato
         por mi comportamiento irrespetuoso. —Bajé mi cabeza hacia su regazo.
               —Estás loco —dijo, con una risita y empujándome—. Vamos a entrar.
                Corrimos a través de la lluvia, con mi paraguas protegiéndonos, su
         delgada figura apretándose contra mí, oliendo a flores y sol y haciéndome
         sentir el hombre más suertudo del planeta.
               Me presentó al guardia de seguridad quien estaba claramente
         enamorado de ella, y me llevó de regreso a un gran estudio, parecido a una
         sala. Grandes mesas y caballetes estaban organizados con buena
         iluminación y abundante espacio libre. Ella me llevó a una pintura grande
         de aceite de una mujer solemne de pelo oscuro con llamativos ojos azules,
         sujetando un libro.
              —Ethan, por favor saluda a Lady Percival. Lady Percival, mi novio,
         Ethan Blackstone. —Ella sonrió a la pintura como si fueran las mejores
         amigas.
               Le ofrecí una media reverencia a la pintura y dije—: Mi Lady.
               —¿No es ella asombrosa? —preguntó Brynne.
                Estudié la imagen pragmáticamente. —Bueno, ella es una figura
         llamativa a decir verdad. Parece como si tuviera una historia detrás de sus
         ojos azules —Miré más de cerca para ver al libro que sostenía con la portada
         visible. Las palabras eran difíciles de leer pero una vez que me di cuenta
         que eran francesas, eso era de alguna forma más fácil.
               —He estado trabajando en restaurar la sección del libro. Ella sufrió
         algunos daños por el calor en un incendio décadas atrás y ha sido un
         problema conseguir el barniz y descubrir el libro. Es especial, sólo lo sé.
              Miré otra vez y formé la palabra Chrétien. —Es en Francés. Ese es el
         nombre, Christian, justo ahí. —Señalé.
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               Sus ojos se abrieron grandes y su voz emocionada —¿Lo es?
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               —Sí. Y estoy seguro que dice, Le conte du Graal. ¿La Historia del
         Grial? —Miré a Brynne y me encogí de hombros—. La mujer en la pintura es
         llamada Lady Percival, ¿cierto? ¿No es Percival quien encontró el Santo Grial
         en las leyendas del Rey Arturo?
                —¡Oh mi Dios, Ethan! —Agarró mi brazo por la emoción—. ¡Claro!
         Percival es su historia. ¡Lo descifraste! Lady Percival está sosteniendo
         ciertamente un libro muy raro, Ethan. ¡Sabía que lo era! Una de las primeras
         historias del Rey Arturo que alguna vez se ha escrito; De regreso en el
         doceavo siglo. Ese libro es “Chrétien de Troyes”, La Historia de Percival y el
         Grial. —Miró fijamente la pintura, su rostro resplandeciendo con felicidad y
         alegría pura, y yo alcancé mi celular y tomé una imagen de ella. Una foto del
         perfil de Brynne sonriendo a Lady Percival.
               —Bueno, estoy feliz que pude ayudarte, nena.
               Ella saltó sobre mí y me besó en los labios, sus brazos se envolvieron
         con fuerza a mí alrededor. Era el más increíble sentimiento en el mundo.
               —¡Lo hiciste! Me ayudaste tanto. Voy a llamar a la Sociedad Mallerton
         hoy y decirles lo que descubriste. Ellos estarán interesados, estoy segura.
         La exhibición de su cumpleaños viene en un par de semanas… Me pregunto
         si querrán incluir esto…
               Brynne divagó emocionadamente, diciéndome todo lo que pude alguna
         vez haber querido conocer sobre libros raros, pinturas de libros raros, y la
         conservación de pinturas de libros raros. Su rostro se sonrojó por la emoción
         de resolver un misterio, pero esa sonrisa y ese beso valía su peso en oro
         para mí.


                                                ♥♥♥♥


               Abrí mis ojos y traté de enfocarme. Mi cabeza se sentía como si
         hubiera sido golpeada con una tabla. La botella de Van Gogh estaba casi
         vacía a la mitad y las colillas de Djarum esparcidas encima de mi escritorio
         donde mi mejilla estaba entumida, llenando mi nariz con clavos de olor
         rancio y tabaco. Levanté mi cara de la cima del escritorio y acuné mi
         cabeza en mis manos, sostenidas en los codos firmemente plantados.
               El mismo escritorio donde la había puesto y follado sólo una pocas
         horas antes. Si, follado. Eso había sido sexo puro y sin remordimientos, y
         tan bueno que mis ojos picaron por el recuerdo. La luz en mi móvil
         parpadeó locamente. Me voltee para no tener que ver. Sabía que ninguna
         de esas llamadas sería de ella, de todas formas.
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              Brynne no me llamaría. Ciertamente no. La única pregunta era,
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         ¿cuánto tiempo pasaría antes de que yo tratara de llamarla?
               Era de noche ahora. Oscuro afuera. ¿Dónde estaba ella? ¿Estaba
         horriblemente herida y enojada? ¿Llorando? ¿Siendo reconfortada por sus
         amigos? ¿Odiándome? Si, probablemente todo eso, y no podía ir con ella y
         hacerla sentir mejor tampoco. Ella no te quiere.
                Así que así es como se siente. Estar enamorado. Necesitaba
         enfrentar algunas verdades sobre Brynne y lo que le había hecho. Así que
         me quedé en mi oficina y lo enfrenté. No podía ir a casa. Había tanto de
         ella allí todavía, y ver sus cosas solo me volvería loco. Me quedaría aquí
         esta noche. Tal vez para siempre.
               Saqué mi culo fuera de la silla y me puse de pie. Vi un trozo de tela
         rosa en el piso y supe lo que era. Sus bragas de encaje. Era agonizante
         recogerlas. Las puse dentro de mis bolsillos y fui hasta la puerta trasera
         hacia la suite adjunta.
               La suite tenía una cama y una ducha, una televisión y una pequeña
         cocina, todo con lo más alto de la línea. El departamento de soltero
         perfecto para el hombre profesional ocupado quien trabaja hasta tarde y
         no tiene motivo para manejar hasta casa.
               O más como un departamento para follar. Aquí es donde traigo
         mujeres si quiero follarlas. Claro, siempre después de la jornada laboral y
         ellas nunca se quedan toda la noche. Despido a mis “citas” mucho antes
         del amanecer.
               Todo antes de que encontrara a Brynne. Nunca quise traerla aquí.
         Ella era distinta desde el comienzo. Especial. Mi hermosa chica americana.
              Brynne ni siquiera sabía de esta suite. Ella lo habría averiguado en
         apenas dos segundos y me odiaría por traerla aquí. Froté mi pecho y traté
         de mantener calmado el dolor que me quemaba. Abrí la regadera y me
         desvestí.
                Mientras el agua caliente caía sobre mí, me incliné contra el azulejo
         y enfrenté exactamente donde me encontraba. Lo jodiste de nuevo y ella no
         te quiere ahora.
               Era tiempo de aceptar el hecho de que mi hermosa chica americana
         me había dejado por segunda ocasión. La primera vez lo hizo a hurtadillas
         a la mitad de la noche porque estaba aterrorizada por un mal sueño. Esta
         vez, solamente se dio la vuelta y huyó de mí sin mirar atrás. Pude verlo en
         su cara y no fue miedo lo que hizo que se fuera. Era total devastación por
         la traición al descubrir que le había ocultado la verdad. Había roto su
         confianza. Aposté muy alto y perdí.
               La urgencia de jalarla y hacerla quedarse era tan grande que golpee
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         la pared y probablemente rompí algo para impedir que se fuera. Me dijo
         que nunca más la contactara de nuevo.
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               Cerré la regadera y salí, el sonido desolado del goteo del agua
         drenándose hizo que mi corazón doliera más del vacío. Desdoblé una toalla
         afelpada y empujé mi cabeza en ella. Me quedé observando mi imagen en
         el espejo mientras mi rostro se revelaba.
              Desnudo, mojado y miserable. Solo. Me di cuenta de otra verdad
         mientras me miraba a mi mismo, un hijo de puta.
               Nunca es un muy largo tiempo. Tal vez pueda ser capaz de darle un
         día o dos, pero nunca estaba totalmente fuera de cuestión. Estaba también
         el hecho que ella seguía necesitando protección de una amenaza que podía
         ser peligrosa. No podía permitir que algo le pasara a la mujer que amo.
         Nunca. Sonreí en el espejo, mi inteligencia me divierte aun en mi estado de
         pena; porque había encontrado un ejemplo perfecto del uso correcto de la
         palabra nunca.
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                             ra el segundo día de mi exilio de Brynne y ya no
                             soportaba. Estuve inquieto y haciendo cosas, pero nada
                             se sentía bien. ¿Cuánto más estaría así? ¿Debería
                             llamarla? Si pensaba demasiado en mi situación el
                             terror comenzaba a incrementarse entonces, así que
         intente evitarlo. La deje en paz. El espacio vacío dentro de mí exigía acción,
         pero yo sabía que era demasiado pronto para intentar buscarla. Ella
         necesitaba tiempo y yo ya cometí ese error antes. Presionándola demasiado
         rápido y demasiado fuerte. Y fui un completo imbécil egoísta.
                Estacioné en la calle al lado de la casa donde yo crecí. El césped
         muy arreglado, la puerta limpia y los arbustos cortados como ha sido
         siempre. Papá nunca se marcharía de aquí. No de la casa donde él vivió
         con mamá. Mi padre le daba al término “viejo terco” un nuevo significado y
         allí era donde él moriría algún día.
               Recogí la cerveza fría del asiento del copiloto y entré por la puerta.
         Un gato negro corrió frente a mí y esperó. No era precisamente un gatito,
         pero tampoco adulto. Un gato adolescente, supongo. Se sentó justo
         delante de la puerta, se giró y me miró. Sus brillantes ojos verdes
         parpadearon, como diciéndome «mueve tu perezoso culo y déjame» entrar
         en la casa. ¿De dónde diablos consiguió papá un gato?
               Toqué el timbre y luego abrí la puerta y asomé mi cabeza dentro.
               —Papá —El gato se deslizó dentro de la casa más rápido que la
         velocidad de la luz y todo lo que pude hacer fue mirar—, ¿tienes un gato
         ahora? —Lo llamé y fui a la cocina. Puse la cerveza en el refrigerador y me
         dejé caer en el sofá.
               Apuntando con el control remoto encendí el televisor. La ligua
         Europea. Jodidamente perfecto. Podía concentrarme en futbol por unas
         pocas horas, con un poco de suerte beber cuatro de las seis cervezas y
         olvidarme de mi chica por un rato. Y llorarle a mi papá.
               Eché mi cabeza hacia atrás y cerré los ojos. Algo peludo y suave
         subió a mi regazo. El gato volvió.
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               —Ah, así que estás aquí, y veo que has conocido a Scoot. —Mi papá
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         se acercó detrás de mí.
               —¿Por qué compraste un gato? —No podía esperar por su respuesta.
         De niños nunca tuvimos gatos.
               Mi papá resopló y se sentó en su silla. —No lo hice. Se podría decir
         que fue él quien me encontró.
               —Me lo imagino. —Acaricié con mi mano el brillante cuerpo de
         Scoot.
                 —Entro a la casa en el segundo que abrí la puerta, como si fuera el
         dueño del lugar. Mi vecina me pidió alimentarlo mientras iba a cuidar a
         su madre enferma. Pero tuvo que mudarse a la casa de su madre y ahora
         yo lo tengo por defecto. Tenemos un acuerdo, supongo.
               —¿Tú y tu vecina o tú y el gato?
               Mi papá me miró astutamente, entrecerrando sus ojos. Jonathan
         Blackstone era muy intuitivo por naturaleza. Siempre lo ha sido. Nunca
         pasaba algo inadvertido para él. Siempre supo si yo llegaba a casa ebrio y
         cuando empecé a fumar, o si yo estaba metido en problemas cuando chico.
         Supongo que aprendió a serlo porque fue padre soltero la mayor parte de
         nuestras vidas. Mi hermana Hannah y yo nunca fuimos descuidados a
         pesar de la perdida de nuestra madre. Sus sentidos consiguieron más
         sagacidad y podía oler los problemas como un sabueso. Lo hacía ahora.
               —¿Qué diablos te paso, hijo?
               Brynne, eso fue lo que pasó.
               —Es evidente, ¿no? —El gato empezó a ronronear en mi regazo.
               —Conozco a mi propio hijo y sé cuando algo va mal contigo. —Mi
         papá dejó la habitación por un minuto. Regreso con dos cervezas abiertas
         y me lanzo una.
               —¿Cerveza mexicana? —Arqueó una ceja hacia mí y me pregunté si
         yo me veía igual a él cuando lo hacía. Brynne hizo varios comentarios
         sobre mis cejas arqueadas.
               —Sí. Es buena con una tajada de limón metida en la garganta. —
         Tomé un trago y acaricié a mi nuevo amigo peludo—. Es una chica.
         Brynne. La conocí y me enamore de ella, y ahora me ha dejado —Corto y
         dulce. ¿Qué más podría decirle a mi propio padre? Eso era todo lo que
         importaba o todo lo que podía pensar. Sufría por ella y ella me había
         dejado.
               —Ah, bueno, eso tiene sentido —Papá pausó por un momento como
         si lo estuviera digiriendo. Yo estaba seguro que se sorprendió por la
         revelación—. Mi muchacho, sé que te he dicho esto antes, así que no es
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         una novedad, pero obtuviste tu buena apariencia de tu madre, que
         descanse en paz. Todo lo que obtuviste de mi fue el nombre y tal vez mi
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         cuerpo. Y tus características te facilitaron todo con las mujeres.
               —Yo nunca he perseguido mujeres, papá.
                —No dije que lo hicieras, pero el punto es que nunca has tenido que
         hacerlo. Ellas te persiguen a ti —Sacudió su cabeza, recordando—. Dios,
         siempre has tenido a las mujeres clamando por ti. Estuve seguro de que te
         divertirías mucho y te atraparían pronto, haciéndome abuelo mucho antes
         de lo planeado —Me dio una mirada que sugería que él se preocupó mucho
         en el pasado, mucho más de lo que él hubiera querido—. Pero no lo
         hiciste… —La voz de papá se desvaneció y surgió una mirada triste en sus
         ojos. Después del instituto me enlisté en el ejército y me marché de casa. Y
         casi no vuelvo con vida.
               Papá me dio una palmadita en la rodilla y tomó un trago de su
         cerveza.
               —Nunca quise a nadie como la quiero a ella —Cerré mi boca y
         empecé a beber mi cerveza en serio. Alguien anotó un gol en el partido y
         me forcé a mirar y acariciar el gato.
               Papá fue paciente por un rato, pero finalmente hizo sus preguntas.
               —¿Qué hiciste para que te dejara?
               Dolió sólo de escuchar la pregunta. —Mentí. Fue una mentira de
         omisión, pero no le dije la verdad y ella lo descubrió —Puse el gato fuera
         de mi regazo cuidadosamente y entré en la cocina por otra cerveza. Y mejor
         cogí dos.
               —¿Por qué le mentiste, hijo?
               Me encontré con los oscuros ojos de mi padre y dije algo que jamás
         había dicho antes. Nunca lo había admitido. —Porque la amo. La amo y no
         quiero herirla sacando el tema de un recuerdo doloroso de su pasado.
              —Así que fuiste y te enamoraste —Asintió con la cabeza sabiamente
         y me examinó—. Y muestras todos los síntomas. Debí haberlo notado
         cuando llegaste luciendo como si hubieras dormido debajo de un puente.
              —Me dejó, papá. —Empecé mi tercera cerveza y puse el gato de
         nuevo sobre mi regazo.
              —Ya has dicho eso —Habló secamente y continuó examinándome
         como si yo que no fuera su hijo en absoluto, sólo algún extraterrestre
         impostor—. Así que, ¿Por qué le mentiste a la mujer que amas? Es mejor
         que me lo digas, Ethan.
              Es mi papá y confío en él con toda mi vida. Estoy seguro que no hay
         ninguna otra persona a la que pudiera contarle. Aparte de posiblemente mi
         hermana. Tomé una profunda respiración y le conté.
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               —Conocí al padre de Brynne, Tom Bennett, hace un año en un
         torneo de póquer en Las Vegas. Nos llevamos bien y él era bueno con las
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         cartas. No tan bueno como yo, pero desarrollamos una amistad. Me
         contactó hace poco y me pidió un favor. No iba a aceptar. Quiero decir,
         estoy muy ocupado con el trabajo. ¡No puedo proporcionar protección a
         una estudiante americana de artes y modelo cuando tengo que organizar
         la seguridad VIP para las malditas Olimpiadas!
               El gato se encogió. Papá simplemente arqueó una ceja y se acomodó
         en su silla. —Pero lo hiciste —dijo.
                —Sí, lo hice. Le eché un vistazo a la foto que me envió y despertó mi
         curiosidad, además ella modelaba y es… tan hermosa. Me gustaría tener
         ya el retrato de ella en mi casa. Pero la condición por la compra fue que se
         quedara en exhibición en la galería Andersen por seis meses.
               Mi papá sólo me examinó y esperó.
               —Fui a la exposición de la galería y compré el maldito retrato a unos
         pocos instantes de verlo, ¡Como un maldito poeta o algo! Tan pronto como
         la conocí estuve dispuesto a enviar un guardaespaldas para mantenerla a
         salvo si fuera necesario —Sacudí mi cabeza—. ¿Qué demonios me paso,
         papá?
               —Tu madre amaba leer a todos los poetas. Keats, Shelley, Byron —
         Sonrió ligeramente—. Así sucede algunas veces. Encuentras la indicada
         para ti y eso es todo, así de sencillo. Los hombre se han enamorado de las
         mujeres desde el inicio los tiempos, hijo. Tú finalmente lo hiciste y ahora
         eres uno más en la fila —Papá tomó otro trago de su cerveza—. ¿Por qué
         necesita protección?
               —Ese congresista que murió en el accidente aéreo ya tiene un
         remplazo. El nombre es Senador Oakley, de California. Bueno, el Senador
         tiene un hijo, un tal Lance Oakley, quien solía salir con Brynne. Hubo
         algunos problemas… y un video sexual —Me detuve y noté cual horrible
         debía sonar esto para mi papá—. Pero era muy joven. Solo tenía diecisiete.
         Y fue terriblemente lastimada por su traición. Oakley fue un total imbécil
         con ella. Va a un terapista… —Me fui apagando, preguntándome cómo
         asimilaba todo mi padre. Bebí un poco más de mi cerveza antes de
         contarle la última parte—. El hijo fue enviado a Iraq y Brynne vino a
         estudiar a la Universidad de Londres. Estudia artes y conservación de
         pinturas, y es absolutamente talentosa en eso.
               Papá me sorprendió al no reaccionar ante todo la fealdad que le
         conté. —Asumo que el Senador no quiere publicidad sobre el mal
         comportamiento de su hijo en la televisión —Me miró irritado. Mi papá
         odia a los políticos sin importar su nacionalidad.
                —El Senador y el poderoso partido que lo está apoyando. Algo como
         esto los haría perder las elecciones.
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               —¿Qué pasa con el partido opositor? Estarán investigándolo tan
Página




         fuerte como la gente de Oakley está tratando de ocultarlo —dijo mi papá.
                Sacudí mi cabeza, dudando. —¿Por qué no estás trabajando para
         mi, papá? Deduces todo. Tienes una visión más amplia. Aunque necesito
         diez iguales a ti —dije irónicamente.
              —¡Ja! Estoy muy feliz de ayudar cuando me necesitas, pero yo no lo
         hago por dinero.
                —Sí, soy consciente de eso —dije, levantando una mano. Traté que
         él trabajara para mí por un largo tiempo y ahora era una especie de broma
         entre nosotros. Aunque él nunca aceptaría mi dinero, es un viejo muy
         terco.
               —¿Ha pasado algo que sugiere que tu Brynne necesita protección?
         Parece un poco alarmista. ¿Por qué su padre te pidió el favor?
                —Al parecer, el hijo del Senador aún sigue metiéndose en
         problemas. Fue a casa y salió de fiesta y uno de sus compañeros fue
         asesinado en un altercado en un bar. Ya sabes, escándalos fuertes que los
         políticos odian. Causó investigaciones exhaustivas en lugares que ellos no
         quieren que la gente conozca. Podría ser solo un incidente aislado, pero
         ese amigo sabía del video. El papá de Brynne continúa alerta con ese
         asunto. En sus palabras: «Cuando la gente que conoce del video comience a
         aparecer muerta, en ese momento necesitare que protejas a mi hija» —Me
         encogí de hombros—. Me pidió que lo ayudara. Inicialmente dije que no y
         ofrecí recomendarle otra empresa, pero me envió la foto de ella en un
         email…
              —Y no pudiste negarte después de que haber visto su foto. —dijo
         papá como una afirmación. Entonces, supe que entendió lo que sentía por
         Brynne.
               —No. No pude —Negué con la cabeza—. Estuve fascinado. Fui a la
         exposición y compré su retrato. Y cuando entró en la habitación, papá, no
         pude quitarle los ojos de encima. Ella tenía la intención de regresar en
         metro en la noche y entonces me presenté y la convencí para que me
         dejara llevarla a casa en mi auto. Intenté dejarla sola después de eso.
         Realmente quería…
              Sonrió otra vez. —Siempre has sido un chico protector.
              —Pero se convirtió en mucho más que solo un trabajo. Quería estar
         con Brynne…—Examiné a mi padre sentado tranquilamente y escuchando,
         su gran cuerpo aún en forma para un hombre de sesenta y tres años.
         Sabía que él me entendía. No necesité explicar nada más acerca de mis
         motivos y esa parte fue un alivio.
              —¿Pero averiguó que su padre te contrató para protegerla?
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              —Sí, escuchó sin querer una llamada telefónica en mi oficina. Su
         padre explotó cuando descubrió que estábamos saliendo y me reclamó por
Página
         ello —Pensé que mi papá debería también conocer todo el maldito
         desastre.
               —Se sintió traicionada y expuesta, supongo. Si su pasado con el hijo
         del Senador, o quien sea, es algo que tú conoces, ¿Por qué no le dijiste
         que lo sabias? —Papá sacudió su cabeza—. ¿Qué estabas pensando? Y ella
         debió ser informada sobre la muerte de ese otro chico, sobre la posibilidad
         de una amenaza. Y que la amas. Y que intentas aún mantenerla a salvo.
         Una mujer necesita la verdad, hijo. Tendrás que decirle todo si quieres que
         confíe en ti otra vez.
               —Lo intenté —Dejé escapar un gran suspiro y eché mi cabeza hacia
         atrás sobre el sofá para mirar el techo. Scoot se estiró y se acomodó de
         nuevo en mi regazo.
               —Bueno, esfuérzate más. Empieza con la verdad y parte de ahí. Ella
         te aceptara o puede que no. Pero no tienes que rendirte, puedes seguir
         intentándolo.
                Saqué mi móvil y abrí la foto de Brynne mirando la pintura y se lo
         ofrecí a papá. Él sonrió mientras observó su imagen a través de sus gafas.
         Una sugerencia nostálgica en sus ojos me dijo que estaba pensando en mi
         madre. Me lo pasó de nuevo después de un momento.
                —Es una chica adorable, Ethan. Espero que tengamos la
         oportunidad de conocernos algún día —Papá me miró directo a los ojos y
         dijo las cosas como son. Sin compasión, simplemente la cruel verdad—.
         Tendrás que seguir tu corazón, hijo… nadie puede hacer eso por ti.


                                               ♥♥♥♥


                Abandoné la casa de mi papá en la noche, fui a casa y me ejercité
         por tres horas en el gimnasio. Me mantuve así hasta que no fui nada más
         que una masa temblorosa de músculos adoloridos y sudorosos. Aunque el
         baño en mi bañera después estuvo excelente. Y los cigarrillos. Ahora
         fumaba demasiado. No era bueno para mí y necesitaba moderarlo. Pero
         maldita sea, la necesidad era fuerte. Estar con Brynne me calmó lo
         suficiente, por lo que no moría de ganas de fumar, pero ahora ella se había
         marchado y yo fumaba compulsivamente como un asesino en serie.
         Bromeamos sobre ello en nuestra primera conversación.
               Puse el Djarum fuera de mi labio y miré fijamente las burbujas.
               Brynne amaba tomar baños. No tenía una tina en su apartamento y
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         me dijo que desearía tener una. Me encantaba la idea de ella desnuda en
         mi tina. Ella desnuda. Era un pensamiento que no me hacía bien, pero
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         aún así, pasado muchas horas imaginándomela. Y si razonaba el por qué,
         era la base para todo lo que había pasado con nosotros. Ella desnuda…
         Esa fotografía que Tom Bennett me envió fue la misma que compré en la
         exposición. Desde un punto de vista práctico era sólo una imagen de un
         cuerpo hermoso y desnudo que cualquiera apreciaría, hombre o mujer.
         Pero incluso con lo poco que él me dijo al principio, la postura en esa
         imagen era de vulnerabilidad, seducción y belleza austera; la idea de que
         pudiera estar en peligro o que alguien la hiriese me obligó a salir a la calle
         y mantenerla segura en mi auto. No podía solo alejarme de ella y
         mantener mi consciencia intacta. Y una vez que la conocí mi mente se
         volvió loca con las fantasías. Todo lo que podía ver en mi cabeza mientras
         hablamos era… ella desnuda.
                Mi baño comenzó a perder su calor después de una hora, y
         comprensiblemente su encanto. Así que salí, me vestí y fui en busca de mi
         libro. Cartas de Johan Keats para Fanny Brawne. Algo que papá mencionó
         me hizo recordarlo. Dijo que mi madre amaba leer a los grandes poetas. Y
         sabía que Brynne le encantaba Keats. Había encontrado el libro sobre el
         sofá donde ella obviamente había estado leyendo y le pregunte sobre él.
         Brynne me confesó su amor por él y quería saber por qué yo tenía el libro
         en mi casa. Le dije que mi papá siempre me regalaba libros que la gente
         olvidaba en su taxi. Él odiaba botarlos, así que los traía a casa si el libro
         era algo decente. Cuando compré mi apartamento me regaló unas cuantas
         cajas de libros para llenar las estanterías y debieron haber sido un
         montón. Yo sinceramente le dije que nunca había leído algo de Keats.
               Pero lo leía ahora.
               Keats dominaba muy bien las palabras y yo comenzaba a
         descubrirlo. Para un hombre que murió con tan sólo veinticinco años,
         seguramente provocó muchas emociones a su novia con las cartas cuando
         estuvieron separados. Y pude sentir su dolor como si fuera el mío. Era el
         mío.
               Decidí escribirle una carta usando un lapicero y un papel. Encontré
         un poco de papel de algodón en mi oficina y me llevé el libro conmigo.
         Simba agitó sus aletas desde el acuario cuando me acerqué, siempre
         esperando un premio. Me encantan los animales que ruegan, así que deje
         caer un kril congelado y lo observé devorarlo.
              —Ella te ama, Simba. Quizás si le digo que estás triste y que estás
         dejando de comer regrese. —Así que ahora hablaba con peces. ¿Cómo
         demonios llegué a este punto? Ignoré la urgencia por un cigarrillo, lavé mis
         manos y me senté a escribir.
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               Brynne,
                No sé cuan ágil sería mi espíritu, que placer me daría vivir aquí, si tu
         recuerdo no pesara tanto sobre mí. Pregúntate, amor mío, si no eres
         bastante cruel por haberme aprisionando, por haber destruido así mi
         libertad.
               …Todos mis pensamientos, mis días y noches más infelices, no me
         han curado en absoluto de mi amor por la Belleza, sino que lo han hecho tan
         intenso que me siento desolado porque tú no estás conmigo… No puedo
         concebir ningún principio de amor que sienta por ti, que no sea Belleza. Julio
         de 1819.
               Sé que reconocerás las palabras de Keats. Empecé a leer el libro que
         te gusta. Puedo decir que ahora comprendo de lo que este hombre intentaba
         expresarle a la Srta. Brawne, cómo ella capturó su corazón.
               Como tú has capturado mi corazón, Brynne.
                Te extraño. Los pensamientos de ti nunca me abandonan, y si puedo
         decírtelo una vez más y conseguir que me creas, entonces supongo que hay
         un poco de consuelo en eso. Solo puedo intentar hacerte saber lo que siento.
                Estoy inmensamente arrepentido por mantener mis conocimientos de
         tu pasado y como llegué a verte en secreto, pero necesitas saber algo,
         porque es la cruel verdad. No tuve intenciones de tomar el trabajo. Planeé
         darle a tu padre el nombre de otra agencia para protegerte. Aunque no pude
         hacerlo tan pronto como te conocí. Quise decirte esa noche en la calle que tu
         padre trataba de mantenerte a salvo, pero cuando vi como me mirabas,
         Brynne, yo sentí algo —una conexión contigo. Cosas se movieron dentro de
         mí y encajaron en algún lugar. ¿La pieza perdida de mi rompecabezas? No
         sé que fue, sólo supe que me pasó la noche en la que nos conocimos. Trate
         de mantener la distancia y dejarte escapar volver a tu vida, pero no pude
         hacerlo. Me sentí atraído hacia ti desde el primer momento en que vi tu
         retrato. Tuve que conocerte. Y luego estar contigo. Conseguir que me miraras
         y que realmente me vieras. Ahora sé que me enamore. Me enamore de una
         hermosa chica americana. De ti, Brynne.
               Hubo muchas veces que quise decirte como llegue a conocerte esa
         noche en la exposición. Me abstenía de decírtelo porque me asustaba herirte.
         Pude ver como estuviste angustiada cuando te despertaste con la pesadilla.
         Supuse el por qué, pero hubiera hecho cualquier cosa para evitar que fueras
         lastimada. Supe de alguna manera que si te confesaba que tu padre me
         contrató para protegerte de poderosos enemigos políticos te asustarías
         demasiado. Me asusta pensar en alguien acosándote para causarte daño,
         emocionales o de otro tipo. Sé que dijiste que estaba despedido, pero si algo
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         pasa o alguien te asusta, quiero que me llames y yo llegare hasta ti en un
         momento. Lo digo completamente enserio. Llámame.
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               Eres alguien muy especial, Brynne. Siento cosas contigo —emociones
         e ideas y sueños; un profundo sentimiento que me transporta a un lugar que
         nunca pensé que encontraría con otra persona. Pero también tengo
         demonios. Me aterra la idea de enfrentarlos sin ti. No sé que estoy haciendo
         la mayor parte del tiempo, pero sé que siento por ti. E incluso si tú me odias
         por lo que hice, aún te amare. Si no quieres verme, aún te amare. Aún te
         amare porque tú eres mía. Mía, Brynne. Estás en mi corazón, y nadie puede
         sacar eso de mí. Ni siquiera tú.
                                                    E


               Pasó una semana antes de que enviara a Brynne mi carta. La más
         jodida y larga semana de mi vida.
                No era exactamente cierto, pero fumé los suficientes Djarum como
         para declararme en bancarrota o que me diera un cáncer. Le ordené al
         florista flores purpuras y que incluyera la carta. Era domingo por la tarde
         cuando las ordené y el florista me dijo que serían enviadas el lunes. Se las
         envié al trabajo en lugar de su apartamento. Sabía que estaría ocupada
         con la universidad y quise esperar hasta que sus exámenes finales
         hubieran terminado y acabado.
               Brynne y yo no hemos terminado y acabado. Ese es el mantra que
         continúe diciéndome durante esos días porque era la única opción que
         podría aceptar.
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                           e hacen creer cosas que no son ciertas. Te lo dicen
                           tantas veces que aceptas que lo que te dicen es la
                           verdad, no mentiras. Sufres como si fuera la verdad. La
                           tortura más eficaz no es la física, es la mental, por
                           supuesto. La mente puede imaginar pesadillas mucho
         más horribles que tú nunca podrías soportar físicamente, también la
         mente puede desconectarse de los dolores físicos cuando el dolor supera lo
         que tu cuerpo puede soportar.
               Los nervios en mi espalda gritan como si me hubieran vertido ácido
         sobre mi piel destruida. El dolor me dejó sin aliento, era tan agudo. Me
         pregunté cuando tiempo pasó hasta que me desmayé, y si lo hice, si iba a
         despertar otra vez en esta vida. Dudé poder caminar más de unos pocos
         metros. Apenas podía ver con la sangre en mis ojos y los golpes en la
         cabeza. Moriría aquí, en este infierno, y probablemente pronto. Esperaba
         que fuera pronto. Sin embargo, mi padre y Hannah no podían verme aquí.
         Esperaba que nunca se enteraran de cómo fue mi fin. Rogué que no hubiera
         un video de mi ejecución. Por favor, Cristo, no un video de eso…
               La suerte es al azar. No tuve suerte cuando emboscaron a nuestro
         equipo. No hubo suerte cuando mi arma se atascó. No hubo suerte cuando
         no morí en el intento de evadir la captura. Esos hijos de puta aprendieron
         técnicas de los rusos. A ellos les encantaban tener prisioneros occidentales.
         ¿Y a las Fuerzas Especiales Británicas? Era una maldita corona de joyas. Y
         totalmente prescindible para mi país. La suerte del azar. Un sacrificio por el
         bien común, por la democracia, por la libertad.
               —Haremos que nos observes cuando la follamos. Gritará como la puta
         que es. Una puta estadounidense que hace fotografías desnuda —Escupió
         en mi cara y tomó un mechón de mi pelo para tirar mi cabeza hacía atrás—.
         Tan repugnantes sus mujeres… que se merecen todo lo que les pasa. Ser
         usada como una puta sucia. —Se rió de mí.
               Lo miré fijamente y memoricé su rostro. Nunca lo olvidaré y si tuviera
         la oportunidad le cortaría la lengua en primer lugar, antes de matarlo.
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         Incluso si matarlo era una simple imaginación en mi mente. Él desconocía lo
         que pensaba. Por dentro estaba congelado de miedo. ¿Cómo permití que la
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         encontraran? Quería implorar pero no lo hice. Sólo miré fijamente y sentí mi
         corazón latiendo en mi pecho, comprobando mi condición de ser viviente. Por
         ahora.
                —Cada guardia tendrá un turno entre sus muslos. Luego, cuando su
         lujuria afloje, será cuando follemos su boca. Tu sabes, cuando estás a punto
         de terminar —Sostuvo mi cuello y arrastró su dedo por mi garganta—. Ya
         estás rogando por misericordia como el cerdo que eres… a punto de ser
         sacrificado. No te sentirás orgulloso de eso —Se rió en mi cara, sus dientes
         amarillos parpadeando debajo de su barba—. Y entonces mataremos a tu
         puta estadounidense de la misma manera….
               Me levanté de la cama jadeando, mi mano en mi pene y chorreando
         sudor. Me apoyé en la cabecera y vi donde me encontraba… y agradecí
         donde no estaba. Ya no estás ahí. Sólo fue un sueño. Eso fue hace mucho
         tiempo…
               Mi pesadilla era una recapitulación de toda la mierda que me ha
         pasado en un brebaje espantoso. Cerré los ojos con alivio. Brynne no fue
         parte del horror de Afganistán. Ella era del aquí y ahora. Brynne vive en
         Londres, trabajando y estudiando por su título de posgrado. Fue solo tu
         subconsciente mezclando todo lo que es malo. Brynne está segura en la
         ciudad.
               Ella ya no esta conmigo.
               Miré mi polla, dura y caliente y envolví mi puño alrededor del eje.
         Cerré los ojos y me comencé a acariciar. Si mantenía los ojos cerrados
         podía recordar ese día en mi oficina. Necesitaba esa liberación en estos
         momentos. Tenía que correrme, así podía detener la sangrienta invasión
         que me jodió en la pesadilla. Lo que sea funcionaría. Sería una solución
         temporal, pero tenía que hacerlo.
               Lo recordaba. La primera vez que vino a verme. Llevaba botas rojas y
         una falda oscura. Le dije que se sentara en mi regazo e hice que ella se
         corriera. Un espectáculo jodidamente sexy en mi oficina. Ella se veía
         hermosa desmoronándose en mis brazos, por lo que le hice, por lo que le
         hice sentir.
                Brynne se tuvo que alejar de mí y yo no quería. Recuerdo que se bajo
         de mi regazo. Pero cuando se arrodilló y me tocó a través de los
         pantalones, lo comprendí. Quería chuparme. Supe que la amaba en ese
         momento. Lo supe porque ella era honesta y generosa sin artificios. Era
         real y perfecta y mía.
               Ahora no está. Te dejó.
               Mantuve mis ojos cerrados y recordé la visión de sus hermosos
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         labios en el extremo de mi polla y tomándome. Cuan mojada y caliente se
         sintió su boca cuando me tomó la primera vez. Cuan hermoso fue el
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         momento cuando tragó saliva y me miró de esa manera sexy y misteriosa
         que tiene. Nunca sé lo que está pensando. Es una mujer después de todo.
               Recuerdo todo, los sonidos que hacía, su pelo largo cayendo en su
         rostro, el tobogán resbaladizo contra sus labios cálidos, ese apretón en el
         eje mientras ella se retorcía y me llevaba profundo en su hermosa boca.
               Recuerdo ese momento especial con Brynne mientras yo llego a un
         clímax vacío en mi presente patético y solitario. Tenía que recordar o me
         vendría abajo. Grité cuando el esperma salió disparado de mi polla en una
         carrera dolorosa por todas las sábanas de mi cama, brillante blanco contra
         el negro. ¡Debería ser ella! Jadeé contra la cabecera y dejé que la liberación
         se extendiera por todo mi cuerpo, enfurecido de que me acababa de
         masturbar con un recuerdo de ella, como un monstruo desesperado.
                No me podía importar menos el desorden. Las sábanas se pueden
         lavar. Mi mente no.
               Puedo recordar cada vez que estuve con ella.
                El vacío que me invadió fue casi algo cruel, y el clímax
         definitivamente no sustituye a uno real. Muy hueco e inútil por completo.
              «¡Ni de broma, Benny! Es demasiado atractivo como para recurrir a su
         mano para tener un orgasmo»
              Sí, claro. Me levanté y quité las sábanas de la cama y me dirigí a la
         ducha. Solamente ella podía ser suficiente.


                                                ♥♥♥♥


               Me llamó esa tarde a mi móvil. Perdí su llamada por culpa a una
         tonta reunión. Quería golpear a los idiotas que ocuparon mi tiempo, pero
         en cambio escuché su voz en el correo de voz.
               —Ethan, yo… yo recibí tu carta. —Su voz sonó débil y la necesidad
         de ir a su lado era tan grande que no sé como me las arreglé para
         contenerme—. Gracias por enviarla. Las flores son hermosas también.
         Sólo… sólo quería que supieras que hablé con mi papá y me contó algunas
         cosas…
              Perdió su compostura. Pude oír los sonidos de llanto ahogado. Me
         rompió el corazón. —Me tengo que ir… quizás más tarde podemos a hablar
         —susurró lo último—: Adiós, Ethan. —Y luego colgó.
               Pensé que rompería la pantalla de mi móvil apretando los botones
         para volver a marcar, orando que contestara y hablara conmigo. El tiempo
         pasó interminablemente mientras la llamada conectaba. Uno, dos, tres. Mi
         corazón latía con fuerza y la necesidad de aire iba aumentando…
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                —Hola. —Sólo una pequeña palabra. Pero era su voz y se estaba
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         dirigiendo a mí. Podía oír ruidos de fondo. Como tráfico.
               —Brynne… ¿cómo estás? Parecías triste en el mensaje. Me
         encontraba en una reunión… —Me detuve al notar que comenzaba a
         divagar. Obligué mi boca a cerrarse y desesperadamente deseé un amado
         cigarro de clavo negro.
               Respiró fuerte en el interceptor. —Ethan, dijiste que llamara si algo
         extraño sucedía…
               —¿Qué paso? ¿Estás bien? ¿Dónde estás? —Sentí que se me helaba
         la sangre con sus palabras y el sonido de su voz—. ¿Estás afuera?
              —Estoy en la calle en estos momentos. Tuve que salir un rato y
         tomar un descanso.
               —Voy por ti. Dime dónde estás.
              Se mantuvo callada. Podía oír los autos moviéndose a su alrededor y
         odiaba verme obligado a soportar la visualización imaginaria de donde se
         encontraba en ese momento. Sola en la calle. Vulnerable. Sin protección.
               —¿Puedes decirme, por favor? Necesito verte, tenemos que hablar. Y
         quiero oír lo que te preocupaba lo suficiente como para llamarme y
         dejarme un mensaje. —Más silencio—. Nena, no puedo ayudarte si tu no
         me lo permites.
               —¿Lo viste? —Su voz cambió, llegando a ser dura.
               —¿Ver qué? —Juro que sólo quería ir con ella y tenerla en mis
         brazos. Su pregunta no la entendí al principio. El frío silencio en el otro
         extremo me ayudó a entenderlo.
               —¿Lo viste, Ethan? Responde mi pregunta.
               —¿El sex tape tuyo y de Oakley?
               Ella hizo un sonido de angustia.
              —¡Mierda, no! Brynne… —El hecho de que incluso me preguntará tal
         cosa me molestó—. ¿Por qué iba a hacer eso?
              —¡Es escasamente un sex tape! —gritó en mi oído. El pecho me dolía
         como si un cuchillo hubiera sido empujado.
               —Bueno, ¡eso es lo que tu padre me dijo que era! —le grité de vuelta,
         confundido por su cuestionamiento y por la jodida conversación que
         estábamos teniendo. Si pudiera hablar con ella en persona, hacer que me
         miré a los ojos y me escuche, entonces tendría una oportunidad. Pero este
         argumento se ha roto y no nos lleva a ninguna parte. Traté de hablar en
         un tono más razonable—. Brynne, por favor, dime donde estás.
              Lloraba otra vez. Podía oír el suave sonido de ella contra los sonidos
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         más tenues del tráfico. No me gustaba que estuviera conduciendo sola,
         tampoco. Los autos de la calle pasándola con exceso de velocidad, los
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         hombres mirándola, indigentes pidiendo su limosna….
               —¿Qué demonios te dijo, Ethan? ¿Qué te dijo mi padre de mí?
               —No quiero hacer esto por teléfono…
               —Cuéntame. —Y luego el silencio.
                Cerré los ojos con miedo, sabiendo que no aceptaría más que la
         brutal verdad, odiaba como el infierno decirle, pero sabía que tenía que
         hacerlo. ¿Cómo empezar? No sabía de otra manera que sencillamente
         soltarlo. Envié una oración silenciosa a mi madre para que me diera
         fuerza.
                —Me dijo que tú y Oakley salieron en el instituto. Cuando tenías
         diecisiete Oakley hizo un video sexual sin tu conocimiento y lo difundió.
         Abandonaste la escuela y tuviste problemas después de eso. El Senador
         envió a su hijo a Irak, y tú viniste acá para estudiar y empezar de nuevo.
         Ahora el Senador está tratando de ganar la elección como vicepresidente y
         quiere asegurarse de que nadie nunca vea el video… o escuche de él. Tu
         papá me dijo que uno de los compañeros de Oakley ha muerto en una
         inusual circunstancia y le preocupa la gente conectada a ese video…
         incluyéndote a ti. Le preocupa lo suficiente como para contactarme y
         pedirme un favor, que te cuide y esté pendiente de que nadie se acerque a
         ti.
               Qué no daría por un cigarro ahora mismo. El silencio en el otro
         extremo fue doloroso de soportar, pero después de unos pocos latidos
         interminables oí el sonido de las palabras que quería escuchar. Palabras
         que podía trabajar. Algo que comprendía y que yo podía hacer algo al
         respecto. —Eso me asusta.
               Alivió se apoderó de mí al escuchar eso. No es que ella estuviera
         asustada, pero sonó como si me necesitada. Como si me dejara volver a
         entrar. —No dejaré que nada ni nadie te lastime, nena.
               —Recibí un mensaje extraño en mi celular hace dos días. Un
         hombre. De algún periódico. No sabía que hacer, y luego, cuando recibí tu
         carta hoy… leí que dijiste sobre llamarte si alguien hacía algo que me
         molestara.
               La sensación de alivio se desvaneció al instante. —¡Basta de esta
         mierda, Brynne! ¿Dónde estas? ¡Voy a buscarte! —Me arrastraría por el
         jodido teléfono si las leyes de la física me lo permitieran. Necesitaba llegar
         a ella y eso era todo, y punto. Al demonio con el desastre sangriento,
         necesitaba a Brynne a mi lado donde pudiera poner mis manos en ella.
               —En el extremo sur del puente de Waterloo.
               Por supuesto que estás ahí. Rodé mis ojos. Sólo oír la palabra
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         Waterloo me molestaba. —Me voy ahora. ¿Puedes ir a Victoria
         Embankment y esperarme ahí? Puedo encontrarte más rápidamente de
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         esa forma.
              —De acuerdo. Iré al obelisco. —Sonó mejor para mí. Con menos
         miedo y el sentimiento hizo maravillas a mi nivel de estrés. Iría a buscar a
         mi chica. Puede que ella no lo supiera todavía, pero de hecho, eso era lo
         que sucedería.
               —Con eso basta. Si alguien se acerca a ti mantente en espacios
         abiertos donde hay gente cerca —Seguí hablando con ella mientras se
         abría camino hacia la Aguja de Cleopatra a pie, a la vez que yo conducía
         como un demonio y evitaba una manifestación.
               —Estoy aquí —dijo.
               —¿Hay personas a tu alrededor?
               —Sí. Hay gente corriendo, algunas parejas y personas paseando a
         sus perros.
              —Bien. Estoy estacionándome ahora. Te encontraré —Terminé la
         llamada.
                El corazón latía con fuerza en mi pecho mientras encontraba un sitio
         para estacionarme y comenzaba a caminar hacia el terraplén. ¿Qué
         pasaría? ¿Se resistiría a mí? Yo no quería reabrir nuestras heridas, pero
         joder, no dejaría esta situación para otro día. Le pondría fin ahora. Hoy. Lo
         que sea que tuviéramos que arreglar se solucionaría aquí, en este
         momento.
               El sol comenzaba a ponerse cuando la vi. Sus pantalones cortos
         abrazaban su cuerpo como una segunda piel. Estaba de espalda a mí
         mientras se inclinaba sobre la barandilla para contemplar el río, el viento
         soplaba su coleta hacia un lado, una larga pierna doblaba hacia la
         barandilla con sus manos descansando elegantemente en el borde.
                Reduje la velocidad porque simplemente quería disfrutar de su
         imagen. Finalmente la veía después de una semana de hambre. Estaba
         justo frente a mí. Brynne.
               Necesitaba poner mis manos en ella. Hormigueaban por abrazarla y
         tocarla. Pero ella se veía diferente —delgada. Cuanto más cerca estoy, más
         notable es. Cristo, ¿Dejó de comer desde la semana pasada? Debió haber
         perdido casi tres kilos. Me detuve y la miré fijamente, ira mezclándose con
         preocupación, pero entendiendo que toda la mierda con su pasado era
         mucho más grande de lo que yo había pensado. Afortunadamente para
         nosotros, podemos estar jodidos juntos.
               Se giró y me encontró. Nuestros ojos conectaron y algún tipo de
         poderosa comunicación fluyó a través de la brisa entre nosotros. Brynne
         sabía como me sentía. Debía de saberlo. Se lo dije muchas veces. Sin
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         embargo, ella nunca pronunció las palabras que yo le dije. Aún esperaba
         escuchar esas dos palabras provenir de ella. Te amo.
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               Dijo mi nombre. Lo leí en sus labios. No pude escuchar el sonido a
         través del viento, pero vi que ella, efectivamente, dijo mi nombre. Parecía
         tan aliviada como yo me sentía al verla en una pieza y a unos cuantos
         pasos de distancia el uno del otro. Y absolutamente hermosa para mí,
         como ella siempre lo era y siempre lo sería.
               Pero yo me detuve en mi lugar. Si Brynne me quería debía caminar
         hasta aquí y demostrarme como se sentía. Me mataría si ella no lo hacía,
         pero el consejo de mi padre era cierto. Todo el mundo tiene que seguir su
         corazón. Yo seguí el mío. Ahora Brynne necesita hacer lo mismo.
              Se bajó de la barandilla y mi corazón dio un vuelco cuando ella se
         detuvo. Casi como si estuviera esperando a que yo hiciera un gesto o fuera
         a buscarla. No, nena. No sonreí y ella tampoco, pero ciertamente hicimos
         contacto.
               Vestía un top deportivo color turquesa que abrazaba sus pechos y
         me hizo pensar en ella desnuda y debajo de mí, mis manos y boca
         tomándola. La deseaba tan fuerte que dolía. Supongo que enamorarte de
         alguien te provoca eso —Un tipo de dolor que no tiene cura. Brynne era mi
         cura. Imágenes de ella y yo haciendo el amor pasaron por mi cabeza
         mientras esperaba por ella; las escenas de mis deseos rodaban sin cesar
         con un anhelo que me quemaba desde adentro hacia afuera. Estoy
         quemándome por Brynne. El Sr. Keats seguro sabía de lo que hablaba en
         sus poemas.
              Extendí mi mano y posé mi mirada en la suya, pero mis pies se
         quedaron plantados. Y luego vi el cambio. Un parpadeo en sus
         encantadores ojos. Entendió lo que yo estaba pidiéndole. Lo comprendió. Y
         nuevamente recordé cuan bien nos entendíamos en el nivel más
         fundamental. Brynne me comprendía, y eso sólo incremento aún más mi
         hambre por ella.
               Caminó hasta que extendió su brazo. Acercándose hasta que
         nuestros dedos se tocaron, su pequeña y elegante mano descansando
         entre la mía, mucho más grande. Mis dedos envolvieron su muñeca y le di
         un apretón firme para tirar de ella el resto del camino. Justo en mi pecho,
         cuerpo a cuerpo. Envolví mis brazos alrededor de ella y hundí mi cabeza
         en su pelo. El aroma que conocía y ansiaba subía por mi nariz y entraba
         en mi cabeza otra vez. Tenía a Brynne de nuevo.
               Me eché para atrás y tomé su rostro entre mis manos. La sostuve en
         esa posición para así poder mirarla. Ella nunca vaciló con la mirada. Mi
         chica era valiente. La vida apestaba a veces, pero ella no rehuía. Miré sus
         labios y supe que la besaría quisiera ella o no. Esperaba que quisiera.
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               Sus encantadores labios eran tan suaves y dulces como recordaba.
         Más aun porque yo había estado sin ellos durante mucho tiempo. Me
Página




         sentía en el cielo con mi boca sobre la suya. Me perdí en el momento y
         olvidé que estábamos en público. Perdí el control en el momento que
         Brynne me respondió.
               Me respondió el beso y se sintió tan bien poder sentir su lengua
         enredándose con la mía, gemí contra su boca. Sabía lo que quería hacer. Y
         mis requerimientos eran pocos. Privacidad. Brynne desnuda. Si las cosas
         fueran así de simples…
                Recordé que nos encontrábamos de pie en medio de una multitud en
         el Embankment Victoria y desafortunadamente no había un lugar privado
         cerca.
              Dejé de besarla y froté su labio inferior con mi pulgar. —Vendrás
         conmigo. Ahora mismo.
               Asintió con su rostro aún en mis manos y la besé una vez más. Un
         beso de agradecimiento.
               No hablamos mientras no dirigimos hacia el auto. Sin embargo,
         caminamos tomados de la mano. Yo no estaba dispuesto a dejarla ir hasta
         que ella estuviera dentro del coche. Una vez que estuvo en el asiento del
         pasajero y las puertas con seguro, me giré y la miré seriamente. Parecía
         medio hambrienta y eso me molesto. Recordé la primera noche cuando nos
         conocimos y como le conseguí una barra nutritiva y agua.
              —¿A dónde vamos? —preguntó.
                —¿Primero? A conseguirte algo de comer —Salió un poco más duro
         de lo que yo quería.
              Asintió hacia mí y luego apartó la mirada hacia la ventana.
               —Después de comer te conseguiremos un nuevo celular y un
         número telefónico para ti. Necesito quedarme con tu viejo número para
         poder rastrear a quien intente contactarte. ¿De acuerdo?
               Ella bajó la mirada hacia su regazo y asintió nuevamente. Casi la
         tomé en brazos y le digo que todo estaría bien, pero me contuve.
              —Luego voy a llevarte a tu casa. Mi hogar… casa.
               —Ethan, no es una buena idea —susurró, todavía mirando hacia su
         regazo.
              —Al diablo con las buenas ideas —exploté—. ¿Podrías al menos
         mirarme? —Levantó su mirada para encontrarse con la mía y parecía
         molesta en su asiento, vislumbré el fuego parpadeando, haciéndola verse
         más atractiva. Quería arrastrarla hasta mí y sacudirla, obligarla a
         entender que esa tontería de romper era cosa del pasado. Vendría a casa
         conmigo, punto. Giré la llave en el encendido.
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              —¿Qué quieres de mí, Ethan?
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               —Eso es fácil —dije algo tosco—, quiero volver a lo que teníamos
         hace diez días. ¡Quiero regresar a mi oficina, follando en mi escritorio con
         tus piernas alrededor de mí! ¡Quiero tu cuerpo debajo del mío, mirándome
         con una expresión distinta a la que vi cuando me dejaste en los
         ascensores! —Descansé mi frente en el volante y tomé aire.
               —Está bien… Ethan —Su voz sonó temblorosa y más que un poco
         derrotada.
               —¿Está bien, Ethan? —Me burlé—. ¿Qué significa eso? ¿Está bien,
         me iré a casa contigo? ¿Está todo bien entre nosotros? ¿Está bien, te
         dejaré que me protejas? ¿Qué? Necesito más de ti, Brynne —Hablé hacia el
         parabrisas porque me daba miedo ver su rostro ahora mismo. ¿Qué
         pasaría si yo no puedo hacerla entender…?
               Se inclinó hacia mí y puso su mano sobre mi pierna. —Ethan, yo…
         yo necesito… yo necesito la verdad. Tengo que saber lo que ocurre a mi
         alrededor…
               Inmediatamente cubrí su mano con la mía. —Lo sé, nena. Me
         equivoque ocultándote la información…
               Negó con la cabeza hacia mí. —No, tú no lo sabes. Déjame terminar
         de decírtelo —Puso sus dedos en mis labios para callarme—, siempre me
         interrumpes.
               —Me callaré —Agarré sus dedos con mi otra mano y los mantuve en
         mis labios. Besé sus dedos y luego los solté. Diablos, me gusta aprovechar
         todas las pequeñas oportunidad que se me presenten.
               —Tu honestidad y franqueza es una de las cosas que amo de ti,
         Ethan. Siempre me dices lo que quieres, lo que pretendes hacer, cómo te
         sientes. Fuiste sincero conmigo y me hiciste sentir protegida —Ladeó la
         cabeza y la sacudió—. No tienes idea de lo mucho que necesitaba de ti. No
         tenía miedo de lo desconocido porque eras muy bueno diciéndome
         exactamente lo que querías que ocurriera entre nosotros. Eso realmente
         funcionaba para mí. Pero confíe en ti ciegamente y tu lastimaste esa parte
         entre nosotros por no ser honesto, y no decirme que fuiste contratado para
         protegerme. El hecho de que necesito protección probablemente me
         hubiera vuelto loca, pero tú no tenías ni un jodido derecho a ocultármelo.
             Dios, era sexy cuando se cabreaba y decía malas palabras. Le di un
         momento de triunfo porque tenía completamente la razón.
               Cuando alejó sus dedos de mis labios, dándome permiso para
         hablar, musité las palabras que más quería decir—: Lo siento mucho —Y
         realmente lo lamentaba. Lo que había hecho estaba mal. Brynne
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         necesitaba saber toda la verdad. Ella tenía sus razones; La confianza era
         importante para ella y yo metí la pata. Espera. ¿Acaso ella dijo: “una de las
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         cosas que amo de ti”?
               —Pero… he hablado con mi padre, y él me contó cosas que yo no
         sabía antes, comprendí que la culpa no es totalmente tuya. Papá te puso
         en una posición que tú no pediste… y he estado tratando de verlo desde tu
         perspectiva. Tu carta me ayudó a entenderlo.
              —Entonces, ¿Me perdonas y podemos dejar atrás todo este caos? —
         Estaba esperanzado, pero no me sentía seguro del todo. Quería saber
         dónde estábamos situados, así podría adivinar a donde iríamos desde este
         punto. Podría trabajar con probabilidades como esa.
              —Ethan, hay tantas cosas que no sabes sobre mí. No sabes
         realmente lo que me ocurrió, ¿verdad?
               Brynne me dio una mirada angustiada demasiado madura para su
         edad. Me gustaría desaparecer su angustia si pudiera. Me hubiera gustado
         decirle que no importaba lo que yo sabía. Si para ella sería horrible y
         doloroso contármelo, entonces no tenía por qué hacerlo. Pero yo sabía que
         esto sería a la manera de Brynne. Ella necesitaba poner sus cartas sobre
         la mesa para poder seguir adelante.
               —Supongo que no. No sabía que tu pasado te había marcado tan
         profundamente hasta hace poco. Pensé que yo estaba protegiéndote de un
         posible blanco político y posible exposición de daños o si había alguien
         acosándote. Una vez que vi tus demonios me preocupó más asustarte o
         herirte. Yo sólo quería protegerte y mantenernos juntos —Hablé con su
         rostro cerca del mío, bebiendo su respiración.
               —Lo sé, Ethan. Lo entiendo ahora —Se movió de nuevo plenamente
         en su asiento—. Pero tú todavía no lo sabes todo —Apartó la mirada hacia
         la ventana otra vez—. No te gustará oírla. Tú no… querrás… que sigamos
         juntos después de saberlo.
                —No digas eso. Yo sé exactamente lo que quiero —Tomé su barbilla
         y tiré de ella hacia mí dirección—. Vamos por algo de comida para ti y
         luego me puedes contar lo que necesitar decir. ¿Sí?
              Asintió ligeramente, de esa manera condescendiente que tenía —La
         mirada que me dio me volvió completamente loco por ella hasta tal grado
         que mi posesividad me sorprendió.
               Yo sabía que estaba herida y temerosa, pero también sabía que ella
         pelearía por atravesar cualquier dificultar que la persiguiera. Sin embargo,
         no cambiaba lo que yo sentía. Para mí, era mi hermosa chica americana y
         siempre lo sería.
               —No iré a ninguna parte, Brynne. Estás atrapada conmigo y es
         mejor que te acostumbres a eso —dije. La besé en sus labios y dejé ir su
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         barbilla.
             Medio sonrió mientras yo puse el auto en reversa. —Te extrañé
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         mucho, Ethan.
               —Yo como no tienes idea —Alargué mi mano y toqué su rostro otra
         vez. No podía evitarlo. Tocarla significaba que ella realmente estaba aquí
         conmigo. Sentir su piel y cuerpo cálido me decía que yo no estaba
         soñándolo—. Comida primero. Vas a comer algo substancial, y yo voy a
         verte y disfrutar cada segundo de lo que tu boca puede hacer. ¿Qué te
         apetece en este momento?
               —No lo sé. ¿Pizza? No estoy exactamente vestida para la cena —
         sonrió, señalando su ropa—. Tú usas traje.
               —Como estás vestida es la menor de mis preocupaciones, nena —
         Llevé su mano a mis labios y besé su piel suave—. Eres hermosa para mí
         en cualquier cosa… o con nada. Especialmente con nada —bromeé.
               Ella se sonrojó ligeramente. Sentí mi polla vibrar cuando vi su
         reacción. Quería llevarla pronto a mi casa. A mi cama, donde podía tocarla
         toda la noche y saber que ella estaba allí conmigo. No la dejaría irse
         nuevamente.
               Una vez me dijo que amaba cuando le besaba la mano. Y sé que yo
         no puedo evitarlo. Es difícil no tocarla y besarla todo el tiempo, porque no
         soy una persona que se niega cualquier placer que quiera. Y la quiero a
         ella.
               Articuló un silencioso «gracias», pero aun parecía triste.
         Probablemente temía nuestra conversación, pero yo sabía que eso tenía
         que ocurrir. Por su propio bien tenía que decirme algo fuerte y yo debía
         escucharla. Si esto es lo que ella necesitaba hacer para que nosotros
         siguiéramos adelante, entonces yo escucharía lo que fuera.
               —Entonces, pizza será —Dejé ir su mano para conducir, pero apenas
         pude arreglármelas. Sólo a duras penas. Mi chica estaba a mi lado en mi
         auto. Podía olerla, verla, e incluso tocarla si extendía la mano; estaba tan
         cerca de mí. Y por primera vez en días, el constante dolor en mi pecho
         desapareció.
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                            izza a la luz de las velas es excelente con la persona
                            indicada. Para mí, la persona indicada se encontraba
                            sentada justo frente a mí y no me habría importado
                            donde estuviéramos siempre y cuando fuera juntos. Pero
                            Brynne necesitaba comida y yo necesitaba oír su
         historia, por lo que Bellísima serviría como cualquier otro lugar.
               Teníamos una mesa en un rincón oscuro y privado, una botella de
         vino tinto, y una grande de pepperoni y salsa para compartir. Intenté no
         ponerla incómoda mirándola demasiado, pero era malditamente difícil
         porque mis ojos morían de hambre por verla. Estaban famélicos.
               En cambio, hice lo mejor para escucharla bien. Frente a mí, Brynne
         parecía luchar con por donde empezar. Le sonreí y comenté lo bien que
         sabía la comida. Me descubrí deseando que comiera un poco más pero
         mantuve la boca cerrada al respecto. Estoy seguro de que no soy un idiota.
         Crecí con una hermana mayor y las lecciones aprendidas de Hannah sin
         duda me han acompañado todos estos años. A las mujeres no les gusta
         que les digan qué comer y qué no. Es recomendable dejarla tranquila y
         esperar lo mejor.
               Parecía muy perdida en sus pensamientos cuando comenzó a
         contarme de su familia. No me gustaba el lenguaje corporal triste ni el tono
         derrotado de su voz, pero eso era irrelevante.
                —Mis padres se separaron cuando tenía catorce. Supongo que no lo
         manejé muy bien. Soy hija única, por lo que supongo que quería llamar su
         atención o quizás quería vengarme de ellos por divorciarse. Quién sabe,
         ¿pero lo peor? Era una zorra de la escuela —Levantó su mirada para
         encontrarla con la mía, determinada para que comprendiera—. Es verdad,
         lo era. No era muy buena eligiendo a los chicos con los que salía y no me
         importaba mi reputación. Era malcriada e inmadura, y muy
         estúpidamente osada.
                ¡Enserio! Primera sorpresa de la noche. No podía imaginar así a
         Brynne y tampoco quería, pero mi parte pragmática comprendió que casi
         todos teníamos un pasados, y mi chica no era diferente. Tomó su copa de
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         vino y la miró como si estuviera recordando. No dije nada. Sólo la escuché
         y disfruté tenerla tan cerca.
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               —Una vez salió una noticia que se difundió por toda California hace
         unos años. El hijo de un sheriff hizo un video de una chica en una fiesta.
         Ella estaba desmayada de borracha cuando él y dos amigos la follaron y
         jugaron con ella en la mesa de billar.
                Sentí los vellos en mi nuca erizarse. Por favor, no. —Recuerdo eso —
         dije, forzándome a escuchar y no reaccionar demasiado—. El sheriff
         intentó eliminar la evidencia contra su hijo pero no pudo y los estúpidos
         fueron presos de todas formas.
              —Sí… en ese caso sí. —Bajó la mirada a su pizza y luego volvió a
         mirarme—. Aunque no en el mío.
             Sus ojos se llenaron de lágrimas y de repente yo tampoco tenía
         hambre.
               —Fui a una fiesta con mi amiga Jessica y por supuesto, nos
         emborrachamos. Tanto que no recuerdo nada de esa noche hasta que me
         desperté y los oí riendo y hablando de mí —Tomó un gran trago de vino
         antes de seguir—. Lance Oakley era, es, un completo imbécil, rico y rufián.
         Su papá era Senador del Estado de California en esa época. No sé por qué
         alguna vez salí con él. Probablemente sólo porque me lo pidió. Como dije
         antes, no tomaba buenas decisiones. Me arriesgaba. Así de poco me
         importaba yo misma.
               Odio esto.
                —Él estaba en la universidad y yo estaba en mi último año del
         instituto. Supongo que se sentía con derecho a que cada vez que viniera yo
         anduviera con él, aunque no éramos exclusivos ni nada. Sé que me
         engañaba. Supongo que él creía que yo me quedaba esperando que
         volviera a casa de la universidad y me usara a su conveniencia. Sabía que
         estaba enojado conmigo por salir con otro chico que conocí en una
         competencia de atletismo, pero no qué tan cruel sería por ello.
               —¿Hacías atletismo en la escuela? —pregunté.
                —Sí… corría —Asintió y volvió a mirar su copa—. Entonces me
         desperté completamente desorientada e incapaz de mover mis
         extremidades. Creemos que pudo haber puesto algo en mi bebida… —
         Tragó fuertemente y siguió con valentía—, hablaban, pero al principio no
         sabía que era sobre mí. O lo que me habían hecho. Eran tres, todos en sus
         vacaciones de Acción de Gracias. Ni siquiera conocía a los otros dos, sólo a
         Lance. No eran de mi escuela —Bebió un poco de vino—. Podía oírlos
         riéndose de alguien. Diciendo cómo le habían metido una botella y un palo
         de billar y… y la follaron con esas cosas… cómo ella era una zorra que les
         había rogado que lo hicieran.
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              Brynne cerró los ojos e inspiró hondo. Sentía pena por ella. Quería
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         matar a Oakley y su amigo, y deseé que su otro amigo estuviera vivo para
         poder matarlo también. No sabía nada de esto. Había asumido que había
         sido una indiscreción juvenil que un idiota decidió grabar, no una
         completa violación de una chica de diecisiete. Estiré mi mano y cubrí la
         suya. Se tensó un instante y cerró los ojos con más fuerza, pero no
         retrocedió. De nuevo, su coraje me sorprendió y esperé que dijera más.
               —Aunque no tenía idea de que hablaban de mí, estaba muy
         confundida. Cuando pude mover mis piernas y brazos luché para
         levantarme. Se rieron y me dejaron allí en la mesa. Yo sabía que había
         tenido sexo pero no sabía con quién ni tenía los detalles. Me sentía
         enferma y con resaca. Sólo quería salir de la casa. Por lo que me puse mi
         ropa, encontré a Jessica y me llevó a casa.
               Un gruñido surgió de mi garganta. No pude evitarlo. Incluso para mí
         sonaba bajo. Brynne me miró casi anonadada por un segundo y luego
         mano sobre la de ella. Me concentré en ella y controlé mis emociones.
         Perder la calma no ayudaría a Brynne en nada, por lo que pasé mi pulgar
         sobre su mano suavemente, esperando que entendiera cuánto me dolía
         saber que la habían usado así. Mi mente daba vueltas con la información.
         En el momento del crimen, los culpables eran adultos y ella menor.
         Interesante. Y no podía imaginar por qué Tom Bennett omitió esa
         información al contratarme. Al parecer sólo intentaba proteger la
         reputación de su única hija. Ahora entiendo por qué reaccionó así cuando
         descubrió que dormía con ella.
               —Me habría olvidado de todo de no ser por el video. No tenía idea de
         lo que me habían hecho ni de que me filmaron. Fui a la escuela el lunes y
         era una noticia. Yo era una noticia. Me habían visto, desnuda, desmayada
         de borracha, siendo… siendo usada como un juguete… follada… usada
         como un objeto…
               Las lágrimas caían por sus mejillas pero no perdió la compostura.
         Siguió hablando y yo sólo le sostuve la mano.
               —Todos sabían que era yo. La gente vio el video todo el fin de
         semana y pasándoselo. El video me mostraba claramente, pero los chicos
         estaban fuera de la cámara y el sonido fue cambiado por una canción en
         lugar del audio, por lo que no se podían oír sus voces. —Bajó su voz a un
         susurro—. Nine Inch Nails… quiero follarte como un animal. Lo hicieron
         como un video musical con la letra de la canción impresa en toda la
         pantalla en letras grandes… me dejas violarte… me dejas profanarte… me
         dejas penetrarte…
               Ella se detuvo y mi corazón se rompió en dos por lo que ella sufrió.
         Sólo sabía cuánto quería hacer que lo nuestro funcionara. Entonces, la
         detuve. Tenía que hacerlo. Ya no podía seguir oyendo y contenerme en
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         público. Necesitábamos privacidad para esto. Sólo quería llevármela a casa
         y abrazarla con fuerza. El resto se arreglaría después.
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               Apreté su mano para que me mirara. Grandes ojos luminosos, en
         colores que se mezclaban, llenos de lágrimas que quería borrarle, me
         miraron. —Déjame llevarte a casa, por favor. —Asentí para que entendiera
         que era lo que necesitábamos—. Quiero estar a solas contigo ahora,
         Brynne. Todo lo demás no importa tanto.
               Ella hizo un sonido que me desgarró. Tan suave, pero herido y
         dolido. Me puse de pie abruptamente, manteniéndola cerca, y bendita sea,
         ella me siguió sin protestar. Arrojé un poco de dinero en la mesa y la llevé
         al auto y la acomodé en el asiento.
               —¿Estás seguro de esto, Ethan? —Me preguntó con los ojos rojos y
         llorosos.
               La miré fijamente. —Nunca he estado tan seguro de algo —Me
         incliné contra ella y puse mi mano en su cuello para controlar el beso. La
         besé profundamente en los labios, incluso presionando sus dientes con mi
         lengua para que se abriera para mí. Brynne necesitaba saber que aún la
         deseaba. Sabía que luchaba contra las emociones y mi conocimiento de su
         pasado. Ella asumió que no la desearía más si conocía los detalles.
               Mi chica no podría estar más equivocada.
               —Todas tus cosas siguen esperándote. Pero quiero que sepas… —
         hablé directamente a centímetros de su rostro, mirando fijamente sus
         ojos—. No tengo intención de dejarte ir —Tragué fuertemente—. Si vienes
         conmigo estás aceptándome todo, Brynne. No conozco otra forma de estar
         contigo. Yo quiero todo o nada. Y quiero que tú también.
              —¿Todo o nada? —Puso su mano en mi mejilla y la sostuvo allí, con
         un cuestionamiento genuino.
               Volví mi cara para besarle la mano mientras sostenía mi rostro. —
         Un término de póquer. Significa apostar todo lo que tienes en las cartas
         con las que estás jugando. Eres lo que yo tengo.
               Volvió a cerrar los ojos y su labio tembló levemente. —Ni siquiera te
         he contado todo. Hay más. —Alejó su mano.
               —Abre los ojos y mírame —dije suavemente pero con firmeza.
               Ella obedeció de inmediato y tuve que contener un gemido, ya que
         me encendió eso. —No me importa lo que aún no me has contado o incluso
         lo que acabas de contarme en el restaurante. —Sacudí la cabeza un poco
         para que comprendiera—. No cambiará como me siento. Sé que
         hablaremos más y puedes contarme el resto cuando puedas… o cuando
         necesites. Lo oiré. Necesito oír todo para asegurarme de mantenerte a
         salvo. Lo que haré, te lo prometo, Brynne.
              —Oh, Ethan… —Su labio inferior tembló mientras me miraba, tan
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         hermosa en su tristeza como lo era feliz.
               Podía ver que a Brynne le preocupaban muchas cosas —compartir
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         su pasado, mi reacción a su pasado, las posibles amenazas de su
         seguridad en Londres, mis sentimientos— y yo realmente quería borrar
         esas preocupaciones de su rostro si pudiera. Desearía que se liberara de
         sus persecutores y que la dejaran para vivir su vida, con suerte conmigo a
         su lado. Nunca había prometido algo con tanto ímpetu como ahora. Yo la
         mantendría a salvo, pero también quería asegurarme de que entendiera en
         qué se metía si accedía a venir conmigo.
               —Nada de huir de mí, Brynne. Si necesitas espacio, está bien, lo
         respetaré y te lo daré. Pero tienes que dejarme ir a verte a donde estés, y
         saber que no te irás de nuevo… o me cerrarás la puerta —Acaricié su labio
         con mi pulgar—. Es lo que necesito de ti, nena. ¿Puedes hacerlo?
               Ella comenzó a respirar más rápido, su pecho moviendo sus senos
         de arriba abajo en esa blusa azul turquesa, sus ojos brillantes. Sabía que
         tenía miedo, pero Brynne tenía que aprender a confiar en mí si queríamos
         tener una oportunidad para nosotros. Me aferré a la esperanza de que
         tomaría mi oferta. No sabía qué hacer si ella no lo hacía. ¿Derrumbarme?
         ¿Convertirme en un acosador? ¿Anotarme en psicoterapia?
                —Pero… me cuesta tanto confiar en una relación. Has llegado más
         lejos que nadie antes. Por primera vez he tenido que elegir entre una
         relación seria y compleja o estar tranquila… y sola.
              Gemí y la sujeté con más fuerza. —Sé que tienes miedo, pero quiero
         que nos des una oportunidad. No tienes que estar sola. Tienes que estar
         conmigo. —Las palabras sonaron algo duras pero no podía retractarme.
               Brynne me sorprendió sonriendo y sacudiendo un poco la cabeza. —
         Eres algo más, Ethan Blackstone. ¿Siempre fuiste así?
               —¿Así como?
               —Tan demandante, decidió y directo.
               Me encogí de hombros. —Supongo. No lo sé. Sólo sé como soy
         contigo. Quiero cosas contigo que nunca antes había querido. Te quiero y
         es todo lo que sé. Ahora mismo quiero que vengas a casa y estemos juntos.
         Y sólo tomaré la promesa de que no te irás ante la menor señal de
         problemas. Me darás la oportunidad de enmendarme y no me cerrarás la
         puerta —Sostuve sus hombros con ambas manos—. Puedo ser
         comprensivo si me dices lo que necesitas de mí. Quiero darte lo que sea
         que necesites, Brynne. —Froté su cuello con mis pulgares, la suave piel
         magnetizándose bajo mis dedos cuando comencé a tocarla. Una vez que
         conseguía sentirla no quería dejarla ir.
              Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos un instante,
         sucumbiendo a nuestra atracción y dándome esperanza. Dijo una palabra.
         Mi nombre. —Ethan…
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              —Creo que también sé lo que es eso. Sólo tienes que confiar en mí
         para dártelo —La apreté con un poquito más de fuerza—. Escógeme.
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         Escógenos.
               Ella tembló. Lo vi pasar y también lo sentí. Asintió y murmuró las
         palabras: —De acuerdo. Prometo no volver a huir.
               La besé lentamente, mis manos moviéndose a su rostro. Empujé mi
         lengua entre sus dulces labios y por todos los cielos, ella me dejó entrar.
         Sí. Me permitió entrar y me besó de regreso, su cálida y suave lengua
         deslizándome contra la mía. Premio Mayor. Sabía que gané esta ronda,
         quería detener todo y agradecer a mi madre en el cielo.
               En cambio, seguí besando a Brynne. La dejé saber todo en ese beso,
         tomando sus labios, jugando con mis dientes, intentando entrar en ella.
         Mientras más entrara, más difícil sería para ella volver a dejarme. Así
         funcionaba mi mente con ella. Estás eran estrategias de batalla y podría
         hacerlas todo el día. Ya no huiría de mí, no se escondería, nada de finales.
         Ella sería mía y me dejaría amarla.
               Brynne se derritió bajo mis labios, se volvió tan suave y permisiva,
         encontró el lugar que necesitaba y se acomodó en ello, como hacía yo al
         tomar el control. Funcionaba para nosotros, muy, muy bien. Me retiré y
         suspiré profundamente. —Ahora vamos a casa.
               —¿Qué pasó con ir despacio? —preguntó suavemente.
               —Todo o nada, nena —susurré—. No puede ser de otra forma con
         nosotros. —Si ella supiera lo que tenía en mente para el futuro podría
         volverse temerosa conmigo de nuevo y no podía arriesgarme aún. Habría
         tiempo de sobra para esa charla más tarde.
               —Aún tenemos mucho de que hablar —dijo.
               —Entonces hablaremos mucho —Además de otras cosas.
              Se volvió en su asiento y se reclinó, poniéndose cómoda para
         mirarme mientras salía del estacionamiento. Me miró todo el viaje. Me
         gustaba tener sus ojos en mí. No, lo amaba, joder. Amaba que estuviera a
         mi lado, pareciendo quererme tanto como yo a ella. También la miraba
         cuando podía dejar de mirar el camino.
               —¿Conque todo o nada? Tendré que aprender a jugar al póquer.
              Me reí. —Oh, estoy de acuerdo. De alguna manera creo que te saldrá
         naturalmente, cariño —Arqueé las cejas—. ¿Qué tal un póquer de prendas
         primero?
                —Esperaba que lo sugirieras. Qué bueno que no me decepciones —
         dijo, poniendo los ojos en blanco.
              Sólo sonreí y la imaginé quitándose la ropa en un juego de póquer
         porque yo ganaría cada mano. Una muy, muy linda imagen.
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               Al final me pidió que pasáramos por su casa para que consiguiera
         sus “pastillas”. No estaba seguro de si eran las anticonceptivas o las de
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         dormir y no tenía intención de preguntar. Definitivamente necesitábamos
         ambas. Por lo que hice lo que cualquier tipo con cerebro haría. La llevé a
         su departamento. De nuevo, me enorgullecí por no ser un idiota.
               Esperé mientras ella preparaba un bolso. Le dije que trajera cosas
         para varios días. Lo que realmente quería era que se quedara en mi casa
         indefinidamente, pero no pensé que fuera el momento indicado para
         sugerir eso —sigo manteniendo mi estado de un no-imbécil.
               Los recuerdos llenaron mi mente cuando ella entró. La pared
         adyacente a la puerta principal siempre estaría grabada en mi lóbulo
         frontal. La imagen de ella en su pequeño vestido púrpura y botas,
         sostenida por mí. Cristo, había sido sublime la forma en que manejó mi
         polla contra la pared esa noche. Amo esa pared, joder. Divertido. Sonreí
         por mi chiste inteligente.
               —¿Ahora por qué sonríes? —preguntó Brynne mientras salía de su
         habitación con el bolso preparado, viéndose mucho mejor de lo que hacía
         más temprano. Su personalidad de siempre había vuelto.
               —Eh… sólo pensaba en cuánto amo tu pared —Le hice mi mejor
         gesto sugestivo y tomé el bolso de su mano.
               La expresión de sorpresa de Brynne rápidamente pasó a ser de
         humor. —Aún puedes hacerme reír, Ethan, a pesar de todo. Tienes un
         extraño talento.
              —Gracias. Me gusta compartir todos mis talentos contigo —dije
         sugestivamente, rodeándola con un brazo mientras salíamos de su
         departamento. Ella miró la pared cuando pasamos.
              —Vi eso —dije.
               —¿Qué viste? —preguntó inocentemente. Oh, ciertamente tenía una
         cara de póquer. No podía esperar a jugar cartas con ella.
              —Miraste la pared y recordaste estar follándome contra ella.
             Me codeó juguetonamente mientras caminábamos. —¡No hice eso!
         Además, tú me follaste a mí, no de la otra forma.
               —Lo que sea —Le hice cosquillas y me hizo una mueca. Era
         encantador volver a tenerla en mis brazos—. Sólo digo la verdad nena, fue
         una follada épica la de esa pared.


                                              ♥♥♥♥


              Para cuando tuve a Brynne tras las puertas cerradas de mi
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         departamento, la noche de verano había caído en la ciudad.
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                En el camino habíamos parado una vez más para comprar un nuevo
         teléfono para ella. Había tomado casi una hora escojerlo, pero era
         necesario. Su viejo teléfono ahora lo tenía yo. Quien fuera que llamara
         buscando a Brynne Bennett tendría que lidiar conmigo.
              Quizás esta noche investigara al periodista y hablaría con Tom
         Bennett. No era algo que me emocionaba, pero no iba a evitarlo. «Hola,
         Tom. Estoy follándome a tu hija de nuevo. Oh, y antes que lo olvide, debes
         saber que su seguridad está totalmente en mis manos ahora. ¿También
         mencioné que es mía? Mía, Tom. Mantengo lo que es mío cerca y a salvo.»
               Me pregunté cómo tomaría las nuevas noticias, y luego noté que no
         me importaba. Era él quien puso a Brynne en mi camino. Ahora ella era mi
         prioridad. Me importaba ella. Sólo quería protegerla y evitar que la
         dañaran. Él tendría que lidiar con el asunto como yo.
               Caminé detrás de ella, de pie ante la ventana, mirando las luces de
         la ciudad. Me había dicho que amaba la vista la primera vez que la traje a
         casa. Le dije que verla en mi casa era la mejor vista, sin comparación. Mi
         opinión no había cambiado.
               La toqué cuidadosamente, mis manos en sus hombros, mis labios en
         su oído. —¿Qué miras?
              Ella vio mi reflejo en el vidrio por lo que no se asustó. —La ciudad.
         Amo las luces de noche.
               —Amo mirarte viendo las luces de noche —Moví su cabello a un
         costado y besé su cuello. Inclinó la cabeza para darme acceso mientras yo
         inhalaba, la esencia de su piel drogándome, volviéndome loco por ella—.
         Se siente tan bien tenerte aquí —susurré.
               Todo el tiempo luchaba con mis deseos cuando ella estaba cerca.
         Este era un nuevo problema que nunca había enfrentado en una relación
         antes. Amaba la parte de follar —soy un chico y tengo un pene. Tampoco
         he tenido grandes problemas encontrando una cita. A las mujeres les
         gusta mi aspecto y, como papá decía, hace todo más fácil, pero no mejor.
         Cuando las mujeres te persiguen porque creen que eres sexy y tienes poco
         dinero rápidamente se reduce todo a un intercambio muy básico. Una
         cena, algo de sexo, quizás una segunda cita… follar. Y luego… adiós. El
         punto es no me gusta que me usen, y he tenido años de intentos de
         mujeres que quieren salir solo por sexo.
               Brynne evoca una reacción diferente de mí y lo hace desde el primer
         encuentro. Para empezar, ella nunca me buscó. Si no la hubiera oído
         llamarme atractivo esa noche en la galería no sabría que me miró. Presionó
         todos los botones correctos, y por primera vez me importaba la mujer
         mucho más que el sexo con ella.
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               Oh, aún me importaba el sexo, pero era muy diferente ahora. Las
         necesidades dominantes en mí se habían modificado al conocer a Brynne,
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         como si ella fuera la causa. De hecho, yo sabía que lo era. Quería cosas
         con ella que me asustaban, porque yo no quería… no, no podía soportar
         perderla por eso.
              Lo que compartió conmigo esta noche me asustaba como nunca.
         También dejaba en claro su misterioso comportamiento del principio. Al
         menos tenía unas respuestas de por qué ella huía.
              —También me alegra —suspiró profundamente—. Te extrañé tanto,
         Ethan.
                Se inclinó contra mí, la curva de su trasero justo contra mi cadera.
         Con sólo las capas de su pantalón corto cubriéndole esa hermosa parte, mi
         polla se despertó enseguida, lista y preparada para el servicio.
               ¡Santo Cielo! Eso fue todo lo que necesité para comenzar. Ella
         sentiría mi erección en un momento, ¿Y después qué? No debería
         acercarme a ella así ahora. Seguía frágil y necesitaba compartir su
         historia. Si pudiera decirle eso a mi pene. La volví para poder besarla,
         intentando tirar de ella hacia mí. Sabía tan bien. Brynne se derretía justo
         donde yo quería, y sabía que ya no podía retroceder. Necesitaba volver a
         reclamar a mi mujer.
             Sólo un bastardo querría llevarla a la cama y desnudarla ahora
         mismo. Error, yo era un bastardo enfermo.
               Podía vivir con eso.
               Brynne siempre me decía que le gustaba que fuera directo. Dijo que
         se sentía mejor cuando yo le decía lo que quería porque sabía lo que venía.
         Ella necesitaba eso de mí. Por lo que inspiré hondo y se lo dije.
               —Quiero llevarte a la cama ahora mismo. Te quiero en mis brazos y
         quiero… estar en ti —Sostuve su cara entre mis manos y esperé su
         respuesta.
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                          ambién te deseo —Asintió y se inclinó para besarme—.
                          Llévame a la cama, Ethan. —Las palabras más hermosas
                          que había escuchado en días y días llegaron a mis oídos.
                          Tomé esos labios dulces que me ofrecía y la levanté del
         piso, su cuerpo apretado contra mi pecho.
                Ella envolvió sus piernas alrededor de mis caderas y enterró su cara
         en mi cuello. Gemí en voz alta y empecé a caminar. Cuando llegamos a la
         habitación, la vista de la cama hecha con sábanas limpias nunca había
         sido más bienvenida. ¡Lunes! ¡Annabelle había llegado, gracias a los
         benditos dioses! Si esas sabanas hubiesen seguido todavía allí con la
         evidencia de mi sesión de mi lamentable masturbación por todos lados no
         sé lo que habría hecho. Hice una nota mental para dar a Annabelle una —
         gracias por ser discreta— propina.
               Puse a Brynne yaciendo en su espalda y sólo la miré por un
         momento. La necesidad de ir lento era importante en este momento.
         Quería amarla y aceptar este regalo que me estaba dando. Necesitaba su
         sabor.
              Su cabello oscilaba sobre los hombros y sus ojos brillaban de un
         tono verdoso por la blusa turquesa que todavía vestía. No la usará por
         mucho tiempo.
               Empecé con sus zapatos de deporte. Luego los calcetines. Cogí sus
         pies y los masajee antes de deslizarme hacia arriba de la pierna a la
         cadera, a la pretina de sus pantalones cortos. Mis dedos se deslizaron por
         debajo y se apoderaron de ellos. Llegaron más abajo. Mis ojos vieron
         pedazos de su piel mientras la tela se deslizaba lejos del ombligo, caderas,
         estómago, coño, y largas piernas. Piernas que se envolvían alrededor de mí
         cuando yo estaba en el interior de ese hermoso y desnudo coño. Dulce
         Cristo.
               Había una razón para que mi chica fuera modelo. Modelo de
         desnudos. Poseía un cuerpo que tenía el poder de hacer que me quedara
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         sin habla. Sin embargo, todavía no había terminado de revelar mi obra
         maestra. Cogí su camiseta. Era una parada rápida también. Nada debajo.
         Quería gritar un triunfante SÍ. Sus pechos se derramaron hacia el lado tan
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         pronto como saqué esa camisa fuera por la cabeza.
               —Brynne... hermosa. —Escuché el sonido de su nombre viniendo de
         mis labios, pero no podía recordar mi intención de decirlo. Tenía que verla
         desnuda de nuevo, recordar cómo se veía, saber que tenía derecho de
         tocarla y que ella me aceptaría. Tenía que tener una pequeña parte de ella
         dentro de mí antes de que pudiera hacer otra cosa también, estaba tan
         desesperado.
                Poco a poco llevé mi boca desde el ombligo hasta un pecho perfecto,
         cubriendo todo el pezón y chupándolo profundamente. Lo puse en el
         interior de mi boca y acaricie la parte inferior con los dedos. Tan suave.
         Floreció hasta que quedo apretado y duro debajo de mi lengua y tenía que
         darle la misma atención al otro para ser justo. Esas bellezas merecían una
         participación absoluta de igualdad.
               Se veía tan dispuesta y sensual yaciendo allí para mí que llené mis
         ojos con su imagen. Como un retrato. Pero uno que sólo yo podía ver. Eso
         no es cierto. La irritación persistente fue fugaz mientras empujaba la idea
         de que otros la vieran desnuda, en el fondo de la mazmorra de mi mente.
         En este momento tenía un festín delante de mí. Era el momento de
         participar.
               Necesitaba sentir su carne contra mi lengua y labios. Necesitaba
         tanto de ella que yo temblaba mientras me quitaba los zapatos y cogía el
         cinturón. Me quité mi ropa rápidamente, muy consciente de que Brynne
         observaba cada movimiento que hacía, sus ojos viajando por todo mi
         cuerpo. Su mirada admirada me puso tan duro que mis pelotas dolieron y
         mi polla ardió. Sólo por ella.
               Bajé de la cama con mis rodillas guiándome, totalmente distraído
         acerca de dónde ir primero. Era un banquete ante mí, toda extendida en
         mi cama, con las piernas ligeramente flexionadas pero sin revelar lo que
         quería ver. Mi urgencia creció y las palabras salieron de mi boca. —Abre y
         muéstrame. Quiero ver lo que es mío, nena.
               Poco a poco, sus pies se deslizaron hacia arriba, hasta que se
         apoyaron sobre las sabanas mientras doblaba las piernas por las rodillas.
         Contuve el aliento y sentí el golpe de mi corazón en mi pecho. Movió una
         pierna y luego la otra. Simplemente así. Ella hizo lo que yo le pedía. Una
         presentación perfecta, en un movimiento elegante que envió una oleada de
         lujuria a mi polla solo por el espectáculo que me estaba dando. Me sentía
         muy lejos de estar satisfecho. Quería un buen vistazo antes de empezar a
         entrar en lo que me ella había sido negado durante muchos días.
               —Pon tus manos sobre tu cabeza y aférrate a la cama.
               Sus ojos parpadearon un poco y se centró en mi boca.
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               —Confía en mí. Voy a hacerlo bueno para ti, nena. Déjame hacer
         esto a mi manera...
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               —Ethan —susurró, pero hizo lo que le pedí, lentamente llevando sus
         brazos para cruzar las muñecas por encima de su cabeza y agarrarse al
         borde del colchón. Dios, me encantaba cuando decía mi nombre durante el
         sexo. Me encantaba cuando lo decía, y punto.
               —Nena —Sus pechos se desbordaron a los lados y un poco hacia
         arriba con el levantamiento de sus brazos. Los pezones de frambuesa con
         puntas perfectas rogaban por más de mi lengua. Fui de nuevo a ellos,
         chupando y pellizcando la piel sensible, amando cómo se movía debajo de
         mi boca. Corría al ritmo conmigo.
               Llevé mis labios a los de ella. Mis dedos se extendieron a un pezón y
         lo enrollaron alrededor antes de tirar de la punta en un pequeño pellizco.
         Ella gimió y se arqueó para mí, pero mantuvo sus brazos. Pellizqué el otro
         y la vi flexionar las caderas un poco, sus piernas cada vez más abiertas,
         mostrando aún más esa parte de ella que necesitaba conocer más.
                —Eres tan hermosa en está posición —dije contra su estómago
         mientras besé mi camino hasta el lugar en el que tenía que tener mi boca.
         La besé primero y me encantó su respuesta. Ella tembló bajo mis caricias.
         Corrí mi lengua por los pliegues, presionándola abierta como una flor. Mía.
         Ella flexionó sus músculos y gimió. Pequeños sonidos suaves de placer y
         necesidad. Necesidad de lo que yo podía darle. Necesidad de mí.
               —Eres... tan jodidamente hermosa, Brynne —murmuré contra su
         carne.
               —Me haces sentir hermosa —tartamudeó ella en un susurro y se
         abrió un poco más debajo de mí.
               —Eso es todo... entrégate a mí, nena. —Besé sus labios vaginales al
         igual que lo haría con su boca—. Voy a hacer que te corras tan fuerte, y no
         vas a pensar en otra cosa salvo en mi cuando lo hagas —dije.
               —Por favor, hazme...
                Gruñí contra su carne. —Hacerte correr con mi lengua es la cosa
         más sexy del mundo. Cómo te mueves. Cómo sabes. Cómo suenas cuando
         llegas allí...
               —Ahhh... —Gimió y se movió debajo de mí. Ese magnífico sonido. Me
         puse a trabajar en ella en serio mientras gritaba, arqueando las caderas
         para encontrarse con mi boca. La sostuve abierta y devoré la suavidad
         temblorosa. No podía parar y no pude frenar. Su coño contra mis labios,
         mi lengua donde podría encontrar su camino dentro de ella una y otra vez,
         era todo lo que importaba. No me detuvo, continué acariciado su clítoris
         hasta que la sentí correrme.
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              —Oh, Dios, ¡Ethan! —Exclamó en voz baja, convulsionándose
         mientras su clímax se hacía cargo.
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               —Umm —gemí, casi sin poder hablar—. ¡Ahora, vamos a hacer eso
         otra vez! —Le dije mientras me levantaba y alineaba mi polla. Me estremecí
         cuando nuestras pelvis se tocaron, como si una descarga de electricidad
         me estuviese cargando. Nuestros ojos se encontraron y los suyos se
         ampliaron en ese instante antes de que yo la tomara.
               Enterré mi polla en un fuerte empuje, incapaz de negármelo a mí
         mismo por un segundo más. Ella gimió el más sexy de los sonidos que he
         escuchado cuando me dejé caer en ella. Mierda, se sentía bien —apretada
         y caliente y tragándome, sus músculos internos comprimiéndose a mi
         alrededor a través de la fuerza de su clímax en curso. Era algo tan
         cautivante que me asustó saber el poder que tenía sobre mí. Brynne me
         mantuvo cautivo como lo había hecho desde el principio. El sexo no fue
         diferente. Me mantuvo cautivo todo el tiempo.
                  Se movió conmigo, aceptando cada golpe como si lo necesitara para
         vivir.
                  —¡Te voy a follar hasta que te corras otra vez!
                  Y lo hice.
                Brynne lo tomó todo; cada centímetro de mi polla caliente en su
         cavidad dulce, el sonido de nuestros cuerpos golpeándose juntos llenaba el
         aire, acercándonos a la final. Cerní su rostro al mío, buscando sus ojos
         con los míos, adueñándome de su cuerpo con el mío. Sólo la vi a ella. Sólo
         la sentí a ella. Solo la oí a ella.
                Se tensó más profundo y puso los ojos en blanco, su boca abierta.
         Tomé eso también. Cubrí su boca con la mía y la penetré con la lengua.
         Tragué sus gritos cuando empezó a llegar al orgasmo y le di los míos
         cuando la prisa me golpeó en los testículos. Esto iba a ser algo inmenso —
         una explosión de placer indescriptible que iría mas allá de lo que las
         palabras pudiesen expresar, se disparó en mi polla. Sólo podía perderme
         en ella y montarlo hasta caer en el olvido con la explosión.
               Mi cuerpo se redujo a nada y sólo se quedó enterrado dentro de ella,
         todavía convulsionando con las vibraciones. No quería quitarme nunca
         dónde estaba. ¿Cómo podría?
                El tiempo se calmó y respiramos. La simple tarea de llevar oxígeno lo
         consumía todo. Podía sentir su corazón latiendo debajo de mi pecho y los
         pequeños espasmos de placer que extraían hasta lo último alrededor de mi
         polla en las paredes de su apretado coño. Tan jodidamente bueno.
               Cuando pude soportar apartar mi boca de su piel, me cerní sobre su
         rostro, buscando sus ojos. Tenía miedo de lo que podría ver. La última vez
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         que habíamos estado así juntos cosas muy malas sucedieron después.
         Había dicho que me alejara de ella y salió por la puerta.
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               —Sí, te amo —susurré las palabras apenas audibles a pocos
         centímetros de su cara y vi crecer sus ojos luminosos y húmedos.
         Comenzó a llorar.
               En realidad, no era la reacción que había esperado. Salí de su
         cuerpo y sentí la humedad pegajosa entre nosotros. Pero Brynne me
         sorprendió una vez más. En vez de distanciarse, se acurrucó pegada a mi
         pecho, se aferró a mí y lloró en silencio. Ella lloró, pero no intento alejarse
         de mí. Fue en busca de consuelo. Me di cuenta de que nunca podría
         entender la mente de una mujer.
               —Dime que todo estará bien... aunque sean mentiras... —dijo entre
         sollozos.
               —Lo va estar, nena. Voy a asegurarme. —Quería un Djarum tan
         desesperadamente que podía saborearlo. En cambio la sostuve contra mí y
         acaricié su cabello, entrelazando mis dedos por su sedosidad una y otra
         vez hasta que dejó de llorar.
               —¿Por qué? —preguntó al cabo de un tiempo.
               —¿Por qué, qué? —Besé su frente.
              —¿Por qué me amas? —Su voz era baja, pero la pregunta la escuché
         muy claramente.
               —No puedo cambiar lo que siento o saber por qué, Brynne. Sólo sé
         que eres mi chica y que tengo que seguir mi corazón. —Todavía no me
         podía decir lo mismo. Sabía que se preocupaba por mí, pero creo que
         estaba más convencida de que no merecía el amor más que nada. De
         cualquier concesión o recepción.
               —Sin embargo, no te he dicho el resto de la historia, Ethan.
              Bingo. —¿A qué le tienes miedo? —Se puso rígida en mis brazos—.
         Dime lo que te asusta, nena.
               —A que te pares.
               —¿Pare de amarte? No. No lo haré.
               —¿Pero cuando lo sepas todo? Soy un desastre, Ethan. —Me miró
         con los ojos brillando de diferentes colores otra vez.
               —Umm —Besé la punta de su nariz—. Sé lo suficiente y no cambia
         nada acerca de cómo me siento. No puedes ser peor que yo. Te ordeno que
         dejes de preocuparte. Y tienes razón. Eres un desastre aquí, y yo te he
         hecho de esa manera. —Serpentee mi mano entre sus piernas y deslicé los
         dedos a lo largo de todo el centro de ella y sentí lo que había puesto allí. Al
         hombre de las cavernas en mí le encantó la idea de todo el semen que
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         había puesto dentro de ella, pero a ella probablemente no—. Toma un
         baño conmigo y podemos hablar un poco más.
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                 Sus ojos se abrieron ante mi tacto, pero asintió y dijo—: Eso suena
         bien.
               Salí de la cama y fui a abrir el agua del baño. Sus ojos me siguieron,
         mirando por encima de mi espalda. Sabía que ella miraba las cicatrices.
         Sabía que ella me preguntaría por ellas muy pronto. Y tendría que
         compartir mi jodido pasado. No quería hacerlo. La idea de traerla a ese
         mundo iba en contra de todo instinto que poseía, pero aun así, no volvería
         a ocultarle la verdad. Eso no era una opción con Brynne y había aprendido
         mi lección.
               Vertí algunas burbujas de baño y ajusté la temperatura. Levanté la
         mirada al escuchar los pasos de ella caminando hacia el baño. Desnuda y
         hermosa y viniendo hacia mí, me dejaba sin aliento incluso si ahora estaba
         demasiado delgada. Me encontré pensando en otra ronda de prehistórico
         sexo, pero me obligué a controlarlo, así la parte racional de mi cerebro
         podría funcionar. Realmente necesitaba hablar de algunas cosas y el sexo
         tenía una manera de hacerme olvidar otros asuntos y eclipsar todo lo
         demás. El bastardo codicioso.
               Así que tomé su mano y la ayudé a entrar en la bañera conmigo y
         nos acomodamos. Me senté en la parte de atrás y la puse delante de mí, su
         culo resbaladizo descansando tentadoramente contra mi polla
         repentinamente despierta. Le digo a mi paquete que cierre la maldita boca,
         e imagine a Muriel, la vendedora ambulante y su bigote para apaciguarse.
         Eso funcionó. Muriel era horrible, y probablemente ni siquiera una mujer
         de verdad. Tal vez, ni siquiera humana. De hecho, estoy seguro de que
         Muriel es realmente un extraterrestre explorador enviado aquí a vender
         periódicos y aprender el idioma. Todavía ansiaba mis Djarums. Varios.
                 Brynne olfateó el aire. —¿Fumas aquí?
              —A veces. —En realidad necesito dejar de hacer eso—. Pero tendré
         que dejar de fumar en la casa ahora que estás aquí conmigo.
              —No me importa, Ethan. El olor de las especias y los clavos es
         agradable, y no me importa, pero sé que es malo para ti y no me gusta eso.
               —Estoy tratando de dejarlo. —Deslicé mis manos por su brazo hacia
         arriba y luego hacia abajo sobre su pecho, descansando justo al nivel del
         agua—. Contigo aquí, lo haré mejor. Puedes ser mi motivación, ¿de
         acuerdo?
              Tomó una respiración profunda y asintió. Entonces, empezó a
         hablar.
               —Nunca volví a mi escuela de nuevo. Sólo faltaban seis meses de la
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         graduación y lo dejé. Mis padres estaban en shock por el cambio en mí. No
         pasó mucho tiempo para que se enteraran del video. Discutían sobre qué
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         hacer, y tenían opiniones muy diferentes. No me importaba. Mi mente
         estaba en otro lugar y muy, muy enferma. Es difícil de admitirlo, pero es la
         verdad. Estaba destrozada emocionalmente y sin forma de escapar de los
         demonios.
               Besé su nuca y la sostuve un poco más fuerte. Sabía todo sobre sus
         demonios, los malditos hijos de puta que eran. —¿Puedo preguntar por
         qué tus padres no trataron de presentar cargos por asalto a los tres?
         Hubiera sido fácil arrestarlos. Eras menor de edad y ellos adultos… y
         había un video grabado en evidencia.
               —Mi papá los quería en prisión. Mi mamá no quería la publicidad.
         Afirmó que mi reputación de zorra sólo arrastraría nuestro nombre por el
         fango y alteraría el orden social de las cosas. Probablemente tenía razón.
         Pero de nuevo, no me importó que nadie hiciera algo al respecto. Estaba
         perdida en mis pensamientos.
              —Oh, nena…
              —Y entonces, descubrí que me habían dejado embarazada.
              Me calmé ante esas desagradables noticias. Jodido infierno…
               —Eso me puso al borde. Yo… yo no podía tratar con nada de eso. Mi
         papá no sabía qué hacer con un embarazo. Empezó a hablar con el
         Senador. Mi mamá programó un aborto para mí, y yo simplemente no
         podía manejar más. No quería un bebé. No quería matar lo que estaba
         dentro de mí, tampoco. Sólo no quería estar recordando el incidente y todo
         y todos me lo recordaba. Supongo que si me hubiera sentido mejor
         conmigo misma, podría haberle hecho frente alas cosas, pero entonces, si
         me hubiera sentido mejor conmigo misma nunca hubiera ido esa fiesta en
         primer lugar y terminado en esa mesa de billar.
               —Lo siento mucho… —dije con voz suave pero firme, queriendo que
         realmente entendiera cómo me sentía—. Escucha, nena, no puedes
         culparte por lo que te sucedió —Presioné cerca de su oído—. Fuiste la
         víctima de un crimen y trato abominable. No fue tu culpa, Brynne. Espero
         que sepas eso ahora. —Froté arriba y abajo sus brazos, echando agua
         caliente en su piel.
              Se acomodó más en mi cuerpo y tomó una profunda respiración. —
         Creo que lo hago ahora, en su mayor parte, al menos. La Dr. Roswell me
         ayudó, y encontrar mi lugar en el mundo también ayudó. Pero, en aquel
         entonces, estaba acabada. Acabada en vida. No podía ver otro camino para
         mí.
               Todo el calor anterior me dejó y me preparé para lo que venía. Como
         un choque de trenes que no puedes dejar de mirar, tenía que saber lo que
         había sucedido con ella, pero tampoco quería saberlo. No quería ir a su
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         lugar oscuro con ella.
              Se movió en la bañera e hizo girar sus dedos en el agua cuando
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         empezó a hablar de nuevo. —Nunca me había sentido tan tranquila como
         lo hice ese día. Me levanté y supe lo que iba a hacer. Esperé hasta que
         papá fue a trabajar. Me sentí mal por hacerlo en su casa, pero sabía que
         mi mamá nunca me perdonaría por hacerlo en la suya. Les escribí cartas
         de despedida y las dejé en mi cama. Entonces, tomé un puñado de
         pastillas para dormir que había robado del botiquín de mi madre, me metí
         en la bañera, y corté mis muñecas.
               —No. —Mi corazón se comprimió en un apretón doloroso y todo lo
         que podía hacer era sostenerla, sentir su cuerpo caliente, y estar
         agradecido de que estaba conmigo ahora. Imaginarla en ese punto de su
         vida, a una edad tan joven, y sintiendo que no tenía otras opciones fue
         muy aleccionador. Sabía cómo me sentía sobre Brynne, pero esto asustó
         como el infierno.
               —Pero apestaba ante eso, también. Me quedé dormida y realmente
         no corté lo suficientemente profundo para sangrar, o eso me dijeron más
         tarde. Las píldoras que tomé fueron el peor peligro. Papá me encontró a
         tiempo. Vino a casa para el almuerzo para ver cómo estaba. Dijo que un
         ambiente raro le estaba ensombreciendo la mañana entera, y regresó a
         casa. Me salvó. —Brynne se estremeció ligeramente y giró su cabeza un
         poco más para descansar su mejilla en mi pecho.
              Gracias, Tom Bennett.
               —Me alegra mucho —susurré—. Mi chica no puede ser genial en
         todo. —Traté de aligerar el ambiente un poco, pero esta no era una
         conversación con esa dirección. Mi papel era escuchar, así que la besé en
         el cabello de nuevo y puse mi mano sobre su corazón—. Cuando le hable a
         tu padre, se lo voy a agradecer —susurré.
                —Desperté en un hospital siquiátrico. Las primeras palabras de mi
         madre fueron que yo tuve un aborto involuntario y que había hecho algo
         muy estúpido y egoísta, y que los doctores tuvieron que ponerme en la
         sección de observación suicida. Ella no manejó bien las cosas. Yo sabía
         que la avergonzaba. Y ahora que soy mayor, sólo puedo imaginar por lo
         que hice pasar a mis padres, pero ella tampoco parece querer hacer frente
         a sus decisiones. Mamá hablaba sin parar de la bendición que era ya no
         estar embarazada, esa era su mayor preocupación. Nuestra relación no es
         fácil. Ella desaprueba casi todo lo que hago.
               Brynne suspiró de nuevo en mi pecho. Seguí tocándola para
         asegurarme que ella estaba realmente aquí. Mi chica me contaba sus más
         profundos secretos, en una bañera caliente, desnuda en mis brazos
         después de algún realmente alucinante polvo. No tenía ninguna queja.
         Bueno, tal vez unas pocas, pero no se las expresaría a Brynne. Continué
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         echando agua caliente sobre sus brazos y pecho, y pensé en lo mucho que
         estaba en desacuerdo con su mamá. ¿Qué madre diría tal cosa a su hija
         después de un intento de suicidio?
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                —Cuando todo termino, mis padres me enviaron a un lindo lugar en
         el desierto de Nuevo México. Tomó tiempo, pero mejoré y finalmente
         aprendí cómo lidiar con mi pasado. No sin problemas, pero me las arreglé
         para hacer algunos avances decentes, supongo. Descubrí mi interés por el
         arte y lo desarrollé.
               Brynne se detuvo otra vez en su historia, casi como si estuviera
         midiendo cómo estaba aceptando sus noticias y si estaba escandalizado o
         aterrorizado de ella ahora. Se preocupaba demasiado. Agarré su muñeca
         con cicatrices y la besé justo sobre las marcas irregulares. Pequeños trozos
         de color blanco estropeaban la perfecta piel con su brillo translúcido. La
         idea de ella cortando esa piel me entristeció por lo que ella había tolerado.
               Tuve una súbita epifanía —Brynne intentando suicidarse la misma
         hora que estuve en esa prisión afgana a punto de ser…
               Entrelazó sus dedos con los míos y me sacó de mis pensamientos,
         llevando nuestras manos a su boca y sosteniéndolas allí con sus labios.
         Brynne estaba besando mi mano esta vez. Sentí el calor desvanecer todo a
         través de mi cuerpo y traté de aferrarme a lo maravilloso de la sensación
         mientras duró, porque su gesto me puso demasiado emocional para
         hablar.
                —Nunca supe que mi padre fue a ver al Senador Oakley y que
         básicamente lo chantajeó. Estaba lívido porque casi me había perdido, y
         culpó a Lance Oakley por todo. Mi papá quería presentar cargos, pero yo
         no estaba en condiciones de soportar un juicio, y probablemente nunca lo
         estaría. Además mi madre le decía que lo dejara en paz, y me permitiera
         recuperar en paz, lo convenció de no presentar cargos. Pero papá aún
         quería alguna retribución, sin embargo. El Senador Oakley sólo quería que
         todo lo feo quedara en el olvido, muy lejos de su carrera política, así que
         obligó a su hijo a enlistarse en el ejército y resolvió su problema cuando
         Lance fue enviado a Irak. Luego arregló que me aceptaran en la
         Universidad de Londres, cuando llegó el momento en que estuve lo
         suficientemente bien para dejar Nuevo México e ir a la universidad. Nos
         decidimos por Londres porque estaba tan lejos de casa y el arte estaba
         aquí. Podía hablar el idioma y la tía Marie ya vivía aquí, así que no estaría
         completamente sola en un país extranjero sin al menos alguna familia.
               —¿Así que el Senador ha sabido exactamente dónde estás todos
         estos años? —La situación apestaba, era mucho más grande de lo que
         jamás imaginé, y los riesgos para Brynne podían ser enormes.
              —Nunca supe esa parte hasta la semana pasada —susurró—, yo
         pensé que coseché mis propios méritos.
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               —Puedo entender cómo eso te molesto, pero te licenciaste gracias a
         tus méritos. Te he visto trabajar, y sé que eres brillante en lo que haces —
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         Bromeé con mi tono y besé el lado de su mandíbula—. Mi adorable anorak,
         profesora Bennett.
                —¿Anorak? —se rió—. ¿Qué clase de loca palabra de jerga inglesa es
         esa?
               —Sí, creo que tus yanquis los llaman nerds o geeks. Eso eres tú. Un
         anorak artístico que adoro. —Giré su cabeza hacia la mía y encontré sus
         labios para otro beso. Sabía que estábamos recordando nuestra ridícula
         conversación en auto esa mañana sobre el profesor deteniendo al alumno
         que se porta mal. Lo que sería ella, la profesora, y yo, el estudiante que se
         porta mal.
                —Estás loco —dijo contra mis labios.
               —Loco por ti —dije, apretándola un poco—. Pero en realidad, el
         Senador Oakley te debía mucho más de lo que te dio, a pesar de que no me
         hace feliz saber que él dónde exactamente dónde estás y lo que estás
         haciendo cada día.
                —Lo sé. Y eso me asusta un poco. Papá dijo que Eric Montrose
         murió en una extraña pelea de bar cuando Lance fue a casa con permiso
         del ejército. Él… era uno de ellos… en el video, pero nunca vi a ninguno de
         ellos de nuevo después de esa noche. Ni siquiera a Lance Oakley.
                El sonido de su voz me molestó, también la idea de ella recordando
         lo que pasó por las manos de esos degenerados. Estaba realmente feliz de
         que uno de ellos estuviera muerto. Esa parte no me molestaba en
         absoluto. Sólo rezaba que su muerte no tuviera nada que ver con ese video
         y el veto del Senador Oakley.
               Puse el agua a drenar y la ayudé a salir de la bañera. —No voy a
         dejar que nada te suceda, y no tienes por qué estar asustada. Lo tengo
         cubierto. —Sonreí y empecé a secar sus piernas con una toalla—. Hablaré
         con tu papá mañana y averiguaré todo lo que pueda del Senador Oakley.
         —Sequé sus brazos, espalda y pechos, pensando que realmente podría
         acostumbrarme a hacer esto—. Sólo déjame preocuparme por el Senador.
         Buscaré a mis contactos y veré lo que lo que sale en el camino. Nadie va a
         acercarse a mi chica, a menos que vengan a mí primero.
                Sonrió y me dio un muy bonito beso mordisqueando mi labio
         inferior. Tuve problemas para contenerme de subirla sobre el mostrador
         del lavabo y tenerla de nuevo.
               La piel de Brynne tenía un brillo dorado natural, pero justo ahora
         era rosa por el agua caliente, y tan hermosa que era difícil de mirar y
         permanecer neutral. No pienses en eso. Ignoré la urgencia y trabajé en
         secar sus sensuales curvas, las que definitivamente habían perdido algo de
         su forma curvilínea, pero aún así me encantaba y era toda mía. Se puso de
         pie con gracia para mí, como si no le afectara nuestra desnudez con tal
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         proximidad. Me pregunté cómo demonios se las arregló para hacerlo.
         Bueno, tenía una idea de cómo. Era una modelo que posaba desnuda y
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         estaba acostumbrada. No pienses en eso, tampoco.
               No pude recordar nunca ser controlado por mi polla en la forma que
         era controlado con ella. Tal vez cuando apenas era un adolescente, pero
         nunca nada con este nivel de intensidad me había consumido como lo
         hacía ahora. Follar con Brynne tenía más importancia para mí que comer
         o dormir.
              Todos necesitamos lo básico, Brynne. Comida, agua… una cama.
              Ella provocaba emociones en mí que no sabía que existían hasta la
         noche que entró en la Galería Andersen, hablando tonterías sobre mí y mi
         mano confianzuda.
               Me quitó la toalla con una sexy sonrisa, y la utilizó para envolver
         toda esa gloriosa desnudez en la esponjosa tela de algodón. Una maldita
         lástima. Entró al dormitorio y escuché cajones abriéndose y cerrarse.
         Amaba el sonido de ella allí, moviéndose y preparándose para la cama.
         Saqué una toalla para mí y empecé a secarme, inmediatamente agradecí
         que me dormiría con ella en mi brazos, esta noche.
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                            brí los ojos en la oscuridad con el aroma de Brynne en
                            mi nariz y sonreí cuando noté donde estábamos. Está en
                            tu cama, contigo. Tuve cuidado en no perturbar su
                            sueño. Ella me miraba, pero su cabeza estaba oculta
         debajo de su brazo. La observé mientras respiraba durante unos minutos,
         extasiado y satisfecha por primera vez en días. Quería tocar a mi chica,
         pero la dejé dormir. Por Dios que lo necesitaba.
              Necesidad. Tanta necesidad dentro de mí. Necesidades que sólo
         Brynne podría satisfacer, y eso me asustó. Hace un mes no hubiera podido
         imaginar que tuviera un sentimiento de este tipo por ninguna mujer, pero
         ahora no podía imaginar no tenerla en mi vida. Me temía que el tiempo
         separados me hubiese cambiado para siempre.
               Aspiré profundamente y contuve el aliento. El ligero olor a sexo
         estaba en las sabanas, pero en su mayoría sólo era su limpio y florido
         aroma el que me embriagaba. Me embriagaba de la misma manera que lo
         había hecho la primera vez que nos conocimos. Olía tan bien y odiaba
         tener que dejarla sola en la cama, pero me levanté con cuidado y me puse
         unos pantalones cortos y una camiseta.
               Me dirigí al otro lado de la gran habitación y hacia el pasillo de mi
         oficina, dejando la puerta de la habitación entreabierta en caso de que
         Brynne se despertara con un mal sueño. Sobre todo necesitaba un
         cigarrillo y hablar con su padre.
               —Tom Bennet —Su fuerte acento americano al otro lado del teléfono
         me recordó lo lejos que estaba Brynne de su familia, aunque debo admitir
         que me encantaba la idea de que ahora considerase Londres como su
         hogar.
               —Soy Ethan. —dije mi nombre dándole una profunda calada a mi
         cigarrillo.
               Hubo silencio y después apresuradas preguntas.
               —¿Está bien Brynne? ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está?
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               —No ha pasado nada, Tom. Está durmiendo ahora mismo y
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         perfectamente. —Inhalé otra vez.
               —¿Estas con ella? Espera. ¿Ahora está en tu casa? —El silencio
         creció espeso y siniestro mientras Tom Bennet contemplaba con exactitud
         lo que había estado haciendo con su hija—. Así que han resuelto sus
         diferencias. Mira, lamento esa llamada que hice…
                —¿Lo sientes? —interrumpí—. Y sí, Brynne está conmigo en este
         momento y planeo mantenerla muy cerca, Tom. —Aplasté mi Djarum y
         decidí no encenderme otro hasta haber terminado esta conversación—.
         Sólo para que lo sepas, tampoco voy disculparme por haber estado con
         ella. Tú organizaste esto. Simplemente soy un hombre que se enamoró de
         una hermosa y encantadora chica. No se puede evitar, ¿no?
               Tom hizo un ruido que sonó frustrado para mí. Tenía que darle
         crédito por no explotar, pero quizás seguía teniéndolas consigo.
               —Mira, Ethan… Yo sólo la quiero a salvo. Brynne toma sus propias
         decisiones en cuanto a con quien quiere salir. Lo único que quiero es
         mantener a esos bastardos lejos de ella. Evitar que le recuerden toda esa
         mierda. No tienes idea lo que ha sufrido. Eso casi la destruyó.
               —Lo sé. Anoche me lo contó todo. También tengo algunas cosas que
         decirte a ti.
               —Adelante —dijo Tom con impaciencia.
               —En primer lugar, quiero darte las gracias por seguir tus instintos y
         volver a casa para verla ese día. Y en segundo lugar, quiero preguntarte
         algo. —Hice una pausa para dar efecto—. ¿En qué cojones pensabas al no
         decirme lo que le pasó realmente a tu hija? El conocimiento es poder, Tom.
         ¿Cómo diablos puedo mantenerla protegida cuando no sé qué le hicieron?
         Lo que Brynne me describió no era una cinta de sexo indiscreto como
         aludiste; fue un acto criminal de asalto y abuso a una chica de diecisiete
         años por tres hombres legalmente adultos.
               —Lo sé —dijo con voz derrotada—. No quise romper su confianza y
         revelar los detalles ni a ti ni a nadie. Esa historia es suya y sólo suya para
         contar.
               A la mierda con esto. Encendí un segundo Djarum.
              —Omitiste la parte del Senador dándole su beca para la Universidad
         de Londres. Él sabe exactamente dónde está, y desde hace años.
               —Me doy cuenta de eso, ¡y una vez más te digo que yo sólo quería
         que ella estuviera tan lejos de esa gente como fuera posible! —Rechinó de
         nuevo—. ¡Sé que esta situación es potencialmente un desastre y deja a mi
         hija en la peor de las posiciones! ¿Ahora ves por qué te necesito? Todo esto
         podría haberse quedado en el olvido de no ser por ese accidente aéreo.
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         ¡Quién hubiera imaginado que Oakley sería investigado como próximo
         vicepresidente!
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               Suspire con fuerza.
               —Estoy trabajando en él y hasta ahora no encuentro ningún trapo
         sucio sobre el Senador. Sé que ese chico son problemas, pero la lista negra
         del Senador Oakley está limpia y ordenada.
               —Bueno, no confió en él. ¡Y ahora uno de esos malditos degenerados
         esta fuera de la foto! Esa historia es todo lo que el Senador desea muerto y
         enterrado, y ¡ahora mismo mi hija está en medio de ese montón de mierda!
         ¡Esto es inaceptable!
               —Tienes razón, y estoy vigilándolos a todos, créeme. Tengo algunos
         contactos en las FE y están buscando en los registros militares del hijo. Si
         hay algo ahí lo encontraré. Pregunta para ti. Brynne dijo que la única
         persona identificable en el video era ella misma. Me dijo que los demás
         estaban en su mayoría fuera de la cámara y sus voces dobladas con una
         canción…
               —Yo… Yo lo vi. Vi lo que le hicieron a mi niña… —Ahora el hombre
         parecía deshecho.
                Cerré los ojos y deseé que las imágenes se desvanecieran. No podía
         imaginarme en sus zapatos, al ver la infamia y no tratar de matar a los que
         la lastimaron. Tom Bennet recibió elogios por no convertirse en un asesino
         en mi libro.
               Me aclaré la garganta para poder hablar.
               —Hay algo más que debes saber sobre mí.
               —¿Qué quieres decir?
               —Ahora ella es mi responsabilidad. Estoy a cargo y haré contacto
         con la gente de Oakley siempre y cuando llegue el momento. Brynne es
         adulta y estamos juntos. Y si estás preocupado por mis motivos para
         decirte esto, no lo estés. La amo, Tom. Voy a hacer lo que sea necesario
         para mantenerla segura y feliz. —Di una calada final de humo y dejé que
         asimilara mis palabras.
               Suspiró antes de contestar—: Tengo dos cosas que decir a eso. Como
         un cliente que te necesita, estoy totalmente de acuerdo. Sé que eres el
         hombre para el trabajo. Si alguien puede ver a Brynne a través de este lío
         ese eres tú. —Hizo una pausa y pude adivinar lo que estaba por venir—.
         Pero como un padre que ama a su hija, y realmente no puedes entenderlo
         hasta que te pase a ti, si la lastimas y rompes su corazón, iré a por ti,
         Blackstone, y olvidaré que alguna vez fuimos amigos.
               Sonreí en mi silla, contento de que esta conversación estuviera
         llegando a buen término.
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               —Me parece justo, Tom Bennet. Puedo vivir con esos términos.
              Hablamos un poco más y me dio el fondo completo de la historia de
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         los Oakley de San Francisco. Decidimos volver a hablar pronto, para
         mantenerlo al tanto de cualquier novedad y terminé la llamada.
               Me quedé en mi escritorio un poco más, escribí algunas notas y
         envié algunos emails antes de apagar el ordenador portátil. Cuando
         apague la luz, Simba revoloteaba locamente en el acuario brillando detrás
         de mi escritorio. Volví y le lancé una golosina antes de salir al balcón para
         sentarme un rato.
                Pasé por el dormitorio y no oí más que silencio. Quería que Brynne
         durmiera bien. No más pesadillas para mi chica. Ya había tenido
         suficientes para una vida.
               El cielo nocturno celebró millones de estrellas esta noche. No eran a
         menudo tan brillantes y me di cuenta de que había pasado mucho tiempo
         desde que me había sentado aquí. Encendí otro cigarrillo. Aunque este fue
         despilfarrado. Si fumaba fuera nadie tenía que saberlo. No debería fumar
         dentro con Brynne, de todos modos.
               Crucé mis pies sobre la silla y me recosté en la tumbona. Dejé mi
         mente vagar en los pensamientos de hoy y todo lo que había pasado. Pensé
         en la historia trágica de Brynne y en cómo cambiaron las cosas ahora.
         Para los dos. Sé… nuestros momentos de oscuridad habían sido como un
         universo paralelo. Ella tenía diecisiete años y yo había tenido veinticinco.
         Ambos en un lugar muy malo. Me sentí más conectado con ella que nunca,
         sentado aquí solo, inhalando tabaco condimentado a mis pulmones.
              Solía fumar Dunhills. Era mi marca preferida y la primera de la lista.
         Me gustan las cosas finas así que no era una sorpresa. Pero todo cambio
         después de Afganistán. Muchas cosas cambiaron después de aquel lugar.
                Absorbí la nicotina que mi cuerpo ansiaba y miré a la multitud de
         estrellas que brillaban por encima.


                                                ♥♥♥♥


               …Cada guardia fumaba tabaco de clavo. Cada maldito rebelde tenía
         uno de esos encantadores e imperfectos cigarros liados a mano en sus
         labios mientras llevaban a cabo sus tareas de torturas y lavados de cerebro.
                ¿Y el olor? Como ambrosía pura. Soñé con cigarrillos el primer día de
         mi captura. Soñé con el dulce olor del clavo mezclado con tabaco hasta que
         estuve seguro de que moriría antes de probar uno. Las palizas e
         interrogatorios empezaron más tarde. No creo que supieran lo que habían
         capturado a la primera. Aunque a su debido tiempo, al final, se lo figuraron.
         Los afganos querían usarme para negociar la liberación de los suyos.
         Recuerdo muchos de sus casi insensibles desvaríos. Sin embargo, eso
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         estaba totalmente fuera de mis manos. La política del gobierno es no
         negociar con terroristas, así que sabía que se decepcionarían. Y sabía que
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         iban a sacar su frustración en mí. Lo que hicieron. A menudo me preguntaba
         si sabían lo cerca que al principio estuve de romperme. Tenía una terrible
         culpa por conocer la verdad, y sentí un gran alivio por nunca haber tenido
         que elegir, pero había algunos interrogatorios (si se los puede llamar así)
         donde hubiera cantado como un canario en una mina de carbón si me
         hubieran ofrecido uno de esos hermosos y dulces clavos para fumar. Fue la
         primera cosa que pedí cuando salí de ese montón de escombros. El infante
         de la Marina de los Estados Unidos que llegó a mí primero, dijo que estaba
         en shock. Supongo que lo estaba… y no. Yo creo que él estaba en estado de
         shock de que nadie estuviera vivo de lo que quedaba de mi prisión después
         de que ellos bombardearan esa mierda (cosa por la que amablemente le di
         las gracias). Pero en realidad yo estaba en shock porque sabía que en ese
         momento el destino había cambiado para mí. Ethan Blackstone era un
         hombre afortunado.


                                                ♥♥♥♥


                Una sombra se movió a la luz tenue detrás de mí y me llamó la
         atención. Volví la cabeza. Mi corazón dio un vuelco dentro de mi pecho al
         ver a Brynne de pie, mirándome, justo al otro lado de la corrediza de
         cristal. Nos miramos el uno al otro durante un instante o dos, antes de
         que ella deslizara la puerta abriéndola y saliera.
               —Te levantaste —dije.
               —Estás fumando fuera—dijo.
               Puse el cigarro en el cenicero y sujeté mis brazos abiertos para ella.
               —Me has pillado.
               Vino directamente, luciendo decadentemente despeinada por dormir
         con una camiseta turquesa y un par de mis boxers de seda. Y sin nada
         debajo. La arrastré hacia mí y sonrió un poco, cruzando sus largas piernas
         a cada lado de las mías, a horcajadas sobre mi regazo y agarrando mi cara
         con sus dos manos.
               —Estas     arrestado,  Blackstone.    —Sus    ojos    se    movieron
         inmensamente, tratando de leerme. Sabía lo que hacía y deseaba poder
         saber lo que realmente pensaba. Sólo el hecho de que ella se subiera en mi
         regazo y tocara mi cara me emocionaba, pero verla relajada y feliz después
         de despertarse en la noche me complació más.
               —Umm, se cómo puedes castigarme si quieres —dije.
               Ella se acurrucó en mí y puse mis brazos a su alrededor.
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               —¿En que estás pesando? Parecías lejano y furtivo con tu cigarrillo
         fuera en la noche.
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               Hablé en su pelo y moví mi mano arriba y abajo en su espalda.
               —Pensaba en… la suerte. En ser afortunado. En tener un poco de
         suerte —Era la verdad y la razón por la que todavía respiraba incluso
         aunque todavía no podía compartir esa parte con ella. Quería, pero no
         sabía cómo empezar siquiera ese viaje con Brynne. Ella no necesitaba más
         mierda dolorosa de la que ya tenía que cargar en sus hombros.
               —¿Y lo eres? ¿Afortunado?
              —No solía serlo. Pero luego mi suerte cambió para mejor un día.
         Tomé el regalo que me dio y empecé a jugar a las cartas.
               Trazó mi pecho con sus dedos muy suavemente, probablemente
         consciente de lo mucho que me tenía.
               —Ganaste un montón de torneos. Papé me contó cómo te conoció.
               Asentí contra su cabeza, con mis labios aún en su pelo.
              —Tu padre me cayó muy bien el día que nos conocimos. Y todavía
         me cae bien. Anoche hable con él.
               Su mano en mi pecho se calmó por un momento, pero luego
         continuó con el suave roce.
               —¿Y cómo te fue?
               —Fue casi como me imaginaba que sería. Dijimos lo que
         necesitábamos decir y fuimos al grano. Él sabe lo nuestro. Se lo dije.
         Quiere lo mismo que yo, mantenerte a salvo y feliz.
               —Me siento segura contigo… siempre lo he hecho. Y sé que mi padre
         te respeta mucho. Me dijo que tuvo que presionarte para que aceptaras el
         caso. —Ella hizo un sonido en mi contra, su boca sobre mi pectoral. Un
         sonido agradable; suave y bonito, y uno que me puso muy duro—. Pero
         hubiera deseado que me contará lo que pasó. —Hizo una pausa y luego
         susurró con nostalgia—. Tengo que saber que está pasando, Ethan. Nunca
         podré volver a ser la victima inconsciente. Los secretos me destruirían, no
         puedo manejarlos ahora. Siempre tengo que saberlo todo. Despertarme en
         esa mesa, sin saber quién o qué… no puedo…
               —Shhhh… lo sé. —Le detuve antes de que se exaltara—. Ahora lo sé.
                Alcancé su cara. Quería ver sus ojos cuando le dijera la siguiente
         parte. Ella era absolutamente hermosa mirándome a la luz de la noche
         estrellada donde se apoyaba en mi pecho. Sus labios necesitaban besos y
         yo quería estar dentro de ella de nuevo, pero en su lugar me obligué a
         hablar.
                 —Lamento mucho haber mantenido esos secretos. Entiendo porque
         necesitas saber la verdad. Lo entiendo, y prometo contarte todo a partir de
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         ahora, incluso si pienso que no te va a gustar oírlo. Y sé que anoche fue
         difícil para ti contarme tu historia, pero quiero que sepas que estoy muy
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         orgulloso de ti. Eres tan fuerte… encantadora… y brillante, Brynne
         Bennett. Mi hermosa chica americana. —Froté sus labios con mi pulgar.
               Sonrió.
               —Gracias —articuló.
               —¿Y sabes cuál es la mejor parte? —pregunté.
               —Dime.
               —Que estás conmigo. Justo aquí, donde puedo hacer esto. —Bajé la
         mano por debajo de su camiseta y le agarré un pecho, tan suave, llenando
         mi mano con su peso liviano. Le sonreí. El tipo de sonrisa que puedo sentir
         en mi cara, del tipo que sólo ella y un grupo muy reducido de personas
         podía causar.
               —Sí —dijo—, y me alegro de estar aquí contigo, Ethan. Eres la
         primera persona que me hace… olvidar. —Su voz se hizo más suave, pero
         extrañamente, más clara—. No sé por qué funciona contigo, pero lo hace.
         Yo no, no pude… tener intimidad en mucho tiempo. Y luego seguía
         siendo… difícil… esas veces que intenté…
               —Ya no importa, nena —interrumpí. Odiaba incluso imaginar a
         Brynne con alguien más; otro hombre viéndola desnuda, tocándola,
         haciendo que se corriera. Las imágenes me volvían loco de celos, pero al
         mismo tiempo lo que me acababa de decir me hacía feliz. Yo era la primera
         persona que la hacía olvidar. ¡Joder, sí! Y me gustaría hacerlo de manera
         que fuera la última persona que también recordaría.
               —Ahora te tengo, me estoy aferrando a ti y no quiero volver a dejarte
         ir.
                Me ronroneó y sus ojos brillaron mientras rozaba su otro pecho
         encontrando su pezón floreciendo apretado. Tenía los pezones sensibles y
         me encantaba devorarlos. Y hacer que me deseara. Esa era la motivación
         real, si era honesto. Hacer que Brynne me deseara era mi obsesión.
               Moví su pelo al otro lado y me aferré a su cuello con los labios.
               Me encantaba el sabor de su piel y como respondía cuando la
         tocaba. Teníamos química juntos, y lo supe desde el principio. En ese
         momento estaba arqueándose en mi pecho, empujando el suyo más y más
         en mi mano. Le pellizqué el pezón y disfruté del sonido que hizo cuando lo
         hice. Sabía hacia donde se estaba dirigiendo esto, o hacia donde quería
         que se dirigiera. Yo moviéndome dentro de ella, haciendo que se corriera,
         consiguiendo esa suave y magnifica mirada de sus ojos después de llegar al
         clímax. Vivía por esa mirada en sus ojos. Esa mirada me llevaba a
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         comportamientos que nunca había considerado antes con una mujer.
              Ella comenzó a frotarse en mi regazo. Sus caderas balanceándose
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         sobre mi “muy excitada” polla bajo la fina tela de los pantalones,
         haciéndome imaginar todo tipo de cosas pervertidas para probar. Y
         hombre, yo quería probar algunas cosas pervertidas con ella.
               Deslicé mi mano a través del canal de los boxers de seda que llevaba
         y directamente a su hendidura. Fácil acceso. Y estaba tan jodidamente
         mojada para mí que sólo pude avanzar más. Hizo sonidos cuando rocé su
         coño y empecé a hacer círculos sobre su apretado capullo de clítoris que
         quería mi polla golpeando contra él. Ella me quería. La hice quererme
         sexualmente. Si por el momento era lo mejor que tener con ella, entonces
         aceptaría lo que pudiese. Sin embargo, yo quería más de mi con Brynne.
         Mucho más.
               Aparté mi boca de su cuello y mi mano de su coño, la levanté de mi
         regazo y la puse de pie, delante de mí. Me quedé en la tumbona y encendí
         mi mirada sobre ella.
               —Desnúdate para mí.
               Ella se tambaleó un poco sobre sus pies, mirándome, con expresión
         indescifrable. No sabía cómo podría tomarse esa orden, pero no me
         preocupó. Estaba a punto de descubrirlo, y la emoción y el desafío me
         endurecieron como hierro.
              —Pero estamos afuera… —Se giró para mirar por el balcón y
         después a mí.
               —Desnúdate y ponte de espaldas sobre mí.
               Comenzó a respirar pesadamente y seguí sin estar seguro de lo que
         haría, pero se lo dije de todos modos. A Brynne le gustaba cuando era
         contundente.
               —Nadie puede vernos. Quiero follar aquí mismo, ahora mismo, bajo
         las estrellas —dije.
                Me miró con esos ojos suyos cuyo color no puede ser nombrado y
         llevó las manos a la parte baja de su camiseta. La tiró hacia arriba y hacia
         fuera en un abrir y cerrar de ojos, pero la sostuvo en una mano durante
         un momento antes de soltar la tela y dejarla caer sobre suelo del balcón.
         Esa demora y esa mirada que me dio era puramente y sin adulterar sexy.
         Mi chica sabía cómo jugar a este juego. También tenía las tetas más
         hermosas del mundo.
               Fue a la cinturilla de sus pantalones cortos en el siguiente paso. Sus
         pulgares se atrincheraron bajo el elástico. Mi boca se hizo agua mientras
         comenzaba a bajarlos. Se inclinó con gracia y salió de mis boxers de seda.
         Se puso de pie completamente desnuda para mí, con las piernas
         ligeramente separadas y su pelo revuelto violentamente por un sueño,
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         esperando que le dijera que hacer a continuación.
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               —Dios, sólo mírate. No hay nada que pudieras decirme que cambie
         lo que siento por ti, o hacer que te quiera menos. —Mi polla latía con
         corazón propio, muriendo por llenarla de semen—. Créeme —dije con mi
         tono cargado de ardor.
               Tenía una expresión que sugería que mis palabras la aliviaban.
         Brynne todavía tenía tantas dudas sobre cómo su pasado podría cambiar
         mis sentimientos por ella. Tendría que esforzarme para demostrarle que eso
         era insignificante para mí.
               —Ven aquí, preciosa.
               Ella vino a mí y se subió de nuevo en mi regazo, cruzando sus
         piernas y situándose justo sobre mi polla con sólo una capa de suave
         algodón separando nuestra piel. Primero fui a por sus tetas, ahuecando
         una en cada mano y apretándolas. Llenaron mis manos exactamente, no
         desbordante, pero un peso suave que tentaba con la promesa de pretender
         otra parte de su cuerpo por mi cuenta. Perfección.
                Arqueó la espalda cuando le mordí un pezón. Sin fuerza, pero con la
         suficiente como para darle una pequeña punzada y luego exhaló un
         glorioso gemido cuando lo tranquilicé con mi lengua. Me pregunté cómo lo
         haría con unas esposas. Me apuesto que podría hacerla llegar al orgasmo.
         De hecho, yo más o menos sabía que podía. Sería algo magnifico de ver
         cuando sucediera. Trabajé en el otro pecho y sentí que se le endurecían,
         curvándose de nuevo en mis brazos, toda extendida, cálida… y magnifica.
               Tenía que estar dentro de ella. Sentir el orgasmo de Brynne
         alrededor de mis dedos, de mi lengua o de mi polla era una sensación
         indescriptible, me había convertido en adicto. Moví mi mano por su
         espalda, deslizándola sobre el sendero de su trasero, yendo más abajo y
         por debajo para satisfacer su coño mojado por detrás. Jadeó un suave
         sonido cuando mis dedos tocaron su coño y gimió cuando penetraron su
         calor húmedo en un abrazo profundo.
               —Eres mía… —dije en un susurro, a pocos centímetros de su cara—.
         Este coño es mío. Todo el tiempo… ya sea de mis dedos… de mi lengua… o
         de mi polla.
               Me miró ardientemente mientras mis dedos trabajaban. Tomé su
         boca y hundí mi lengua todo lo que pude a la par con lo que mis dedos
         estaban haciendo entre sus muslos. Esos magníficos muslos extendidos y
         abiertos sobre mi regazo porque yo le había dicho que lo hiciera.
               Estaba tan cachondo que estoy seguro de que era demasiado duro
         con ella, pero no podía controlarlo. Ella no protestó, y si lo hubiera hecho,
         yo hubiera parado. Cada respuesta, cada sonido y suspiro, cada vibración
         sobre mi polla, me dijo que, de hecho, ella estaba de acuerdo.
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               A Brynne le gustaba que fuera dominante cuando follábamos y yo la
         quería exactamente como era conmigo.
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               Sosteniéndola de esta manera, con mi brazo detrás de su culo,
         obligándola a estar más cerca de mí era algo que tenía que hacer. Quería
         que entendiera que no podía dejarla ir otra vez. No dejaría que se fuera.
               Supongo que era la necesidad de mi interior por poseerla. Antes
         necesitaba el control durante el sexo, pero no como esto. Brynne me hizo
         algo que ni siquiera yo podía comprender. Nada antes me hizo sentir así.
         Sólo ella.
               Tiré de su peso hacia mis caderas. Ella tuvo la idea y se mantuvo a
         sí misma suspendida, lo suficiente como para permitirme bajar la
         cinturilla de mis pantalones. No es el más fácil de los trucos, pero era
         necesario si quería estar dentro de ella, y ella parecía de acuerdo con mi
         plan. Sostuve mi polla hacia arriba y le dije en un tono áspero—: Justo
         aquí. Y fóllame bien.
               Creo que en realidad podría haber una o dos lágrimas en mis ojos
         cuando ella se deslizó hacia abajo sobre mí y empezó a moverse. Sé que
         quería. Sentí mis ojos mojarse al primer contacto de su coño alrededor de
         mi polla con todo ese calor resbaladizo, exuberante, y durante el viaje por
         la zona virgen mientras resistía arriba y abajo, follándome hasta la
         inconsciencia. Y entonces de nuevo cuando me descargué en su interior.
         Me las arreglé para sacarle otro orgasmo con mi pulgar frotando su punto
         dulce, y apreciando cada gemido y el sonido que hizo cuando llego a su
         punto más alto un momento después. Ella se corrió con fuerza sobre mí.
         Sin embargo, mi nombre en sus labios cuando ocurrió fue lo mejor.
         Ethan…
                Cuando se derrumbó mi polla todavía tenía espasmos, enterrada
         profundamente en su interior, sacudida por las convulsiones mientras sus
         músculos internos se contraían. Estaba seguro que podría quedarme en su
         interior para siempre.
                Nos mantuvimos unidos, sin querer separar nunca nuestros
         cuerpos. Nos quedamos en el balcón por un tiempo. La abracé y froté
         arriba y abajo su espina dorsal con mis dedos. Ella acarició mi cuello y mi
         pecho, y me sentí muy suave y cálido a pesar de ser de noche,
         estuviéramos afuera, y ella estuviera totalmente desnuda. Tiré de la manta
         de la otra tumbona y la puse a su alrededor.
               Por primera vez entendí lo que la gente quería decir cuando decían
         que lloraban de felicidad.
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                         delántate y escoge la que más te guste para hoy —le dije.
                         Brynne sonrió desde la puerta de mi armario y luego
                         desapareció en su interior.
                          —Bueno, me encantan las moradas, pero creo que hoy
         optaremos por esta —anunció mientras emergía con una corbata azul en
         su mano. Llegó hasta mí y me colocó la seda alrededor del cuello—.
         Coincide con tus ojos y amo el color de tus ojos.
              Amo cuando dices la palabra «amo» en referencia a algo sobre mí.
               Observé su expresión mientras trabajaba anudándome la corbata,
         mordiéndose apenas la comisura de su delicioso labio en concentración;
         amando sus atenciones y no gustándome el hecho de que obviamente
         había practicado con alguien más. Que alguna vez estuvo de pie frente a
         otro hombre y le ató la corbata. Lo sabía. Intenté imaginar que no había
         sido una mañana cuando ayudó a ese cabrón, y que no había pasado la
         noche anterior comiéndole la polla a ese hijo de puto.Era un bastardo
         celoso ahora. Nunca estuve celoso con ninguna de las otras chicas con las
         que había salido anteriormente, pero de nuevo, Brynne no era sólo una
         chica para mí. Brynne era la chica. Mi chica.
              —Amo que estés aquí, haciendo esto por mí —dije.
               —Yo también. —Me sonrió por un instante antes de regresar a la
         tarea en cuestión.
               Había muchas cosas más que quería decir, pero no lo hice.
         Presionarla nunca funcionó, y había aprendido la lección en ese sentido,
         pero aun así era difícil tomarse las cosas con calma. No quería calma con
         Brynne. Quería rapidez e intensidad y todo al mismo tiempo. Gracias a
         Dios que no dije eso en alto.
               —¿Cuáles son sus planes para el día, señorita Bennett? —pregunté
         en su lugar.
               —Tengo una reunión en el almuerzo con colegas de la Universidad.
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         Cruza los dedos. Tengo que empezar a pensar sobre conseguir esa visa de
         trabajo y ahí podría haber algo para mí. Como un cargo de conservación
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         en un importante museo de Londres. —Terminó con la corbata y la
         acarició—. Ya está. Se ve tan fantástico en su corbata azul, señor
         Blackstone. —Alzó sus labios hacia los míos con los ojos cerrados.
              Besé con sólo el más pequeño de los besos sus labios fruncidos.
         Abrió los ojos y los entrecerró, luciendo un poco decepcionada. —
         ¿Esperando algo más? —Me encantaba burlarme de ella y hacerla reír.
             Lo afrontó como si no le importara. —Nah —dijo, encogiéndose de
         hombros—. Tus besos son… pasables, supongo. Puedo vivir sin ellos.
               Me eché a reír al ver la expresión de su rostro y le hice cosquillas en
         el costado. —Es una buena cosa que conserves tus pinturas, mi amor,
         porque eres pésima para mentir.
               Chilló por las cosquillas y trató de escaparse.
              Deslicé los brazos a su alrededor y la arrastré contra mí. —No hay
         escape para ti —murmuré sobre sus labios.
               —¿Qué si no quiero escapar? —preguntó contra los míos.
               —Me parece bien —respondí con un beso real. Fui lento y
         minucioso, disfrutando de este mañanero momento a su lado antes de
         tener que separarnos por nuestros trabajos. Se derritió en mí tan
         dulcemente que tuve que recordarme que ambos teníamos trabajo y que
         no había tiempo de llevarla de vuelta a la cama ahora. La cosa buena era
         que estaríamos aquí al final del día, y podría dar rienda suelta a mi vívida
         imaginación.
                Tuve que besarla de despedida un par de veces más antes de que
         nos fuéramos por caminos separados: esperando en los ascensores, en el
         garaje contra el Rover, y cuando la dejé en el Rothvale. Estos son los
         beneficios de tener a alguien con quien quieres estar tan locamente en tu
         vida. De nuevo, soy un hombre muy, muy afortunado. Por lo menos soy lo
         suficientemente inteligente como para darme cuenta de ello.


                                                ♥♥♥♥


                Entré por la puerta principal hoy después de aparcar porque quería
         comprar todos los periódicos principales de EE.UU y rastrearlos para
         encontrar cualquier cosa pequeña. Habían estado repletos con calumnias
         políticas por ahora, pero la lucha final entre los candidatos estaba lejos
         todavía. Las elecciones presidenciales se celebraban a principios de
         Noviembre en América, así que quedaban cinco meses más de publicidad.
         Sentí una punzada de preocupación y prácticamente la ignoré. No podía
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         fallar en protegerla. No permitiría un fracaso.
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               Muriel me sonrió cuando pagué por los periódicos. Traté de no
         estremecerme al ver sus dientes. —Aquí tienes, cariño —dijo, tendiéndome
         una manchada mano con mi cambio.
               Le eché un vistazo a esa mano sucia y decidí que necesitaba el
         cambio más de lo que yo necesitaba contagiarme. —Quédatelo. —Miré sus
         extrañamente hermosos ojos verdes y asentí una vez—. Estaré comprando
         todos estos periódicos regularmente a partir de ahora, por si los quieres
         tener listos —ofrecí.
               —Oh, eres un encanto, sí, señor. Los tendré. Que tengas un buen
         día, guapo. —Me guiñó un ojo y me mostró un poco más de esos horribles
         dientes. Traté de no mirar demasiado cerca, pero creo que Muriel podría
         competir conmigo en rastrojo de barba. Pobrecita.
               Cuando llegué a mi oficina encendí el buzón. Escuché el mensaje del
         hombre que había llamado a Brynne. Lo reproduje varias veces.
         Americano, de hecho, no conflictivo, y nada en su indagación reveló algo
         de lo que pudiera saber. “Hola. Soy Greg Denton del Washington Review.
         Estoy tratando de encontrar a Brynne Bennett, quién asistió al instituto
         Union Bay, en San Francisco…”
               Su mensaje era corto y utilitario, y dejó su información para que lo
         llamara de vuelta. El historial mostraba que sólo la llamó una vez, así que
         había una buena oportunidad de que no supiera mucho, o de que incluso
         Brynne no fuera la persona correcta con la que trataba de contactar.
                Informé a Frances sin revelar detalles específicos, le dije que buscara
         al tal Greg Denton en el Washington Review y también que mirara qué más
         podía averiguar en los periódicos que había comprado esta mañana.
              Estaba sentándome, echándole un vistazo al cajón en donde estaban
         escondidos los cigarrillos cuando Neil entró.
                —Pareces muy… humano… esta mañana, amigo. —Se sentó en la
         silla y me miró, el indicio de una sonrisilla apareciendo en su mandíbula
         cuadrada.
               —No lo digas —le advertí.
              —Vale. —Sacó el móvil y trató de parecer ocupado con él—. No diré
         que sé quién trasnochó anoche. Y definitivamente no diré que los vi
         besuqueándose mientras esperaban el ascensor esta mañana por la
         cámara de segur…
               —¡Vete a la mierda!
               Neil se rió de mí. —Diablos, la oficina está encantada, amigo. Todos
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         podemos respirar de nuevo sin temor a ser despedazados. El jefe volvió con
         su novia. ¡Gracias a los Dioses! —Alzó la vista y levantó las manos—. Han
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         sido un par de jodidas semanas…
               —Me encantaría ver cómo lo hace tu desgraciado trasero si Elaina de
         repente decidiera marcharse —interrumpí, ofreciendo una sonrisa falsa, y
         esperando un cambio de actitud—. Lo que siempre podría suceder, ya
         sabes, dado a que sé todos tus vergonzosos secretos.
                Funcionó como un encantamiento. Neil perdió la postura de
         gilipollas en menos de cinco segundos.
               —Estamos verdaderamente contentos por ti, E —dijo quedamente. Y
         sé que lo decía en serio.
               —¿Cómo está yendo la investigación militar sobre el Teniente
         Oakley? —pregunté, cediendo y abriendo el cajón del escritorio para sacar
         el encendedor y el paquete de Djarums.
               —Han estado haciendo cosas muy malas a la gente de Irak y
         saliéndose con la suya, pero no estoy seguro de cuánto tiempo
         permanecerá esto controlado. Creo que el Senador estará aliviado de que
         su hijo esté metiéndose en problemas en Irak y que eso no lo usen en su
         contra en la campaña electoral.
               Gruñí en acuerdo y aspiré de vuelta mi primera, dulce calada. El
         cigarrillo dio un buen tiro, pero estaba acostumbrado a eso. Ahora sólo
         dejé que la nicotina hiciera su trabajo y que me hiciera sentir culpable por
         lo que estaba adentrando en mi cuerpo. —¿Así que crees que es un militar
         de carrera? —Exhalé lejos de Neil.
               Neil negó con la cabeza. —No lo creo.
               —¿Por qué no?
                Neil tenía los instintos más agudos de todos los que conocía. No sólo
         era un empleado, no por un largo tiempo. Neil era mucho, mucho más.
         Habíamos sido chicos juntos, ido a la guerra, sobrevivido todo el infierno
         de vuelta a Inglaterra, llegando a crecer en el proceso y comenzando un
         negocio exitoso. Confiaba en él con mi vida. Lo que significaba que podía
         confiar en él todo lo respecto a Brynne también. Me alegré de que a ella le
         gustara, porque tenía la sensación de que él tendría que vigilarla cuando
         saliera. Brynne odiaría mucho eso. Pero no tanto como odiaría al equipo de
         seguridad, no se desquitaría con Neil. Mi chica era demasiado buena para
         ese tipo de cosas.
               No me engañaba a mí mismo tampoco —amigo o no, me alegraba
         que Neil ya tuviera una mujer, y si hubiera estado soltero no habría sido
         mi primera elección. Era un tipo atractivo.
               —Bueno, esta es la parte interesante. El Teniente Lance Oakely fue
         trasladado sólo un par de semanas después de que el avión se estrellara.
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         Por lo que he podido averiguar, los EE.UU prácticamente lo cesaron con el
         traslado por un año, y sólo un puñado de hombres le sirve ahora.
Página




               —¿Estás pensando lo que yo, compañero?
               Neil asintió otra vez. —Tan pronto como el Senador se enteró de que
         era el próximo vice-candidato presidencial, trasladó a su único hijo a otro
         tour en Irak.
               Chasqueé la lengua. —Suena como que el Senador conoce a su hijo
         muy bien e imaginó que cuanto más lejos pudiera tenerle de la campaña,
         mejores oportunidades tendría de ser elegido—Me recosté en la silla y le di
         otra calada al cigarrillo—. Quién mejor para conseguir una orden de
         traslado que alguien que tiene conexiones políticas. Estoy empezando a
         pensar que el Senador Oakley más bien espera que su hijo nunca regrese
         de Irak. Un héroe de guerra y todo eso… se ve sensacional para el
         patriotismo. —Agité la mano para dar énfasis.
               —Precisamente a dónde estaba yendo. —Neil le echó un vistazo al
         cigarro en mis dedos—. ¿Pensé que ibas a dejarlo?
                —Lo hago… en casa. —Lo aplasté en el cenicero—. No fumaré
         alrededor de ella. —Y estaba bastante seguro de que Neil era lo
         suficientemente astuto como para entender por qué no lo haría. Pero esa
         era la cosa sobre los amigos… si os entendíais el uno al otro, no tenías que
         explicar hasta la saciedad sobre la mierda que deseabas poder olvidar,
         pero que más o menos sabía que era una parte de ti tanto como la médula
         ósea.


                                               ♥♥♥♥


                El móvil de Brynne se iluminó y me despertó de mi trabajo. Miré el
         identificador. Una palabra—Mamá.
               Bueno, esto será divertido, pensé mientras pulsaba aceptar. —Hola.
                Hubo un instante de silencio, y luego una voz altanera. —Trato de
         localizar a mi hija, y por lo que sé este es su número, ¿con quién estoy
         hablando?
               —Con Ethan Blackstone, señora.
               —¿Por qué está contestando al móvil de mi hija, señor Blackstone?
              —Estoy vigilando su antiguo número, ¿señora…? Lo siento, no
         conozco su nombre. —No iba a dárselo en bandeja de plata. La mamá de
         Brynne tendría que preguntarme. Amablemente. De momento, no estaba
         impresionado.
               —Exley. —Esperó a que dijera algo pero no lo hice. Juego al póquer y
         sé cómo esperar—. ¿Por qué estás vigilando su móvil?
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               No pude evitar sonreír. Ambos sabíamos quién había ganado esta
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         ronda. —Sí, bueno, yo trabajo en el área de seguridad, señora Exley. Ese
         mi trabajo. El padre de Brynne me contrató para velar por ella ya que el
         Senador Oakley está siendo investigado. No seré tímido con usted
         tampoco, señora. Sé por qué su seguridad está en peligro y usted también.
         Lo sé todo. —Hice una pausa para el efecto—. Me contó lo que le pasó a
         manos del hijo de Oakley.
               Escuché una fuerte inhalación; habría pagado dinero por ver su
         cara, pero por desgracia, tenía que usar mi imaginación. —Usted es el que
         compró el retrato, ¿no? Me contó que compró su foto desnuda y la llevó a
         casa después. Algo que debería saber sobre Brynne, señor Blackstone, es
         que adora sorprenderme.
              —¿En serio? No tenía ni idea de eso, señora Exley. Brynne nunca la
         mencionó hasta anoche. No tengo nada con que compararla.
                Pareció ignorar mi insulto encubierto y fue a matar. —¿Así que está
         saliendo con mi hija, señor Blackstone? Puedo leer entre líneas y hacer
         suposiciones tan bien como cualquier otra persona. Y Brynne es mi única
         hija, y al contrario de lo que le ha dicho, la quiero y sólo quiero lo mejor
         para ella.
               —Ethan, por favor; y sí, puedo decir sin lugar a dudas que estoy
         saliendo con Brynne. —Cogí un nuevo cigarrillo y abrí el mechero. ¿En
         serio? Esta mujer no sabía con quién estaba jugando. Podríamos seguir así
         todo el día y aún seguiría ganando—. Y yo también.
               Se quedó callada un momento y luego preguntó—: ¿Usted también,
         qué, señor Blackstone?
               —Quiero a su hija y sólo quiero lo mejor para ella. La mantendré a
         salvo de cualquier peligro. Ella es mi responsabilidad ahora.
               De nuevo sólo pude imaginármela poniendo los ojos en blanco a lo
         que acababa de decir y preguntarme cómo mi chica aguantaba toda esa
         desaprobación de esta mujer. Capté que no tomó la oferta de tutearme
         tampoco. Me hizo sentir triste por Brynne. Especialmente porque yo
         llevaba toda mi vida anhelando a mi madre y aquí estaba Brynne con una
         que la censuraba en cada decisión. Prefería tener el cariñoso recuerdo de
         una madre que nunca tuve, que tener que aguantar a esta dama-dragón el
         resto de mi vida.
               —Bueno, entonces, ¿podría conseguir el nuevo número de su móvil
         dado a que ella no se dignó a dármelo? —Sonaba más como una víctima
         herida ahora, y a un intento de deshacerse de mí tan rápido como fuera
         posible.
               Y ahora yo sonreí. Amaba jodidamente tener la mano ganadora. —
         Oh, por favor, no, señora Exley, no se ofenda. Todo esto sucedió muy
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         repentinamente. Brynne me dijo algo ayer y tomé la decisión de que
         necesitaba un número nuevo. Es así de simple. No ha tenido tiempo de
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         ponerse en contacto con usted todavía, estoy seguro de que es por eso. —
         Era fácil ser magnánimo cuando tenías las mejores cartas.
              —¿Usted tomó la decisión, señor Blackstone?
              —Sí. —Hombre, mi cigarrillo sabía a gloria.
               —¿Por qué está tomando esas decisiones por Brynne? —Mamá tenía
         garras al parecer.
              —Porque como dije antes, señora Exley, la mantendré a salvo de
         cualquier persona o cosa que trate de hacerla daño. De cualquiera… o
         cualquier cosa. —Di una gran calada y saboreé el sabor.
              Se tranquilizó entonces. La esperé, y eventualmente cedió. —¿El
         nuevo número, señor Blackstone?
               —Cierto, señora Exley. Le diré algo. Le enviaré el nuevo número
         desde mi móvil, y de esa forma podrá tener el mío también. Si tiene alguna
         duda sobre esta situación con Brynne o surge alguna indagación sobre su
         pasado de parte de los medios de comunicación o de otros, me gustaría
         que lo compartiera conmigo. Por favor, llámeme en cualquier momento.
               Nuestra conversación terminó muy rápidamente después de eso y
         estaba un poco más que agotado para cuando colgamos. Señor, era difícil.
         Pobre Brynne. Pobre Tom Bennett. ¿Cómo diablos salió con ella alguna
         vez? No podía ver cómo esa relación pudo haber despegado, y ni siquiera
         sabía qué aspecto tenía. Apostaba a que era hermosa, sin embargo. Fría,
         pero bella.
              Le envié un mensaje a la madre de Brynne con el nuevo número y
         un pequeño mensaje:
              Un placer hablar con usted, Sra. E. —EB; y sonreí todo el
         tiempo mientras lo hacía.
                                               ***


              Brynne me envió un mensaje alrededor de una hora más tarde:


              ¡¿Hblste con mi madre?! :O


               Oh, hombre. Mamá ya se lo había contado. Esperaba que no
         estuviera en demasiados problemas. Le contesté:


              Sí, nena. Llamó a tú viejo móvl y no estaba contenta
         cuando contesté :/
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Página




              Brynne contestó de inmediato:
                Siento que hays tenido que tratar c/ ella. Te recmpnsré.
         ♥♥


                Tuve que sonreír a eso. Escribí:


                Me dste 2 ♥’s!! Acpto tu oferta, nena… y no stuvo tan
         mal.


               Imaginé que una pequeña mentira piadosa respecto a su madre no
         la heriría. Esa mujer no era agradable.
              Hubo una pequeña pausa antes de que respondiera, pero valió la
         pena cuando llegó.


              Causste una gran impresión. Te cuento sta noche. Tengo
         que ir a ese almuerzo ahora. Te xtraño… nene xxx ♥


               Acaricié las palabras en la pantalla, no queriendo cerrar el mensaje.
         Me llamó bebé. Dijo que me extrañaba. Me dejó besos y corazones. Traté
         de leer entre líneas, pero aun así era difícil no hacerlo. Simplemente quería
         lo que quería y no quería esperar ni un momento más.
               Mis reflexiones fueron interrumpidas cuando Frances llamó y me
         recordó que, efectivamente, tenía una empresa que dirigir. —Tengo a Iván
         Everley en línea para ti —dijo por el altavoz.
              La dije que me lo pasara y lo cogí. —Estás en problemas otra vez,
         ¿no? —dije sarcásticamente.
               —Otra amenaza de muerte llegó, E. Esta vez de la Oficina Mundial
         de Tiro con Arco. No me importa una mierda, pero esos idiotas de la
         Comisión Olímpica no me asegurarán un lugar para anunciar la
         competición sin alguna garantía tuya. La verdadera locura está
         gobernando estos juegos, te digo, y no tengo tiempo para esta mierda.
               —No lo sé. Hablaré con ellos pero creo que deberíamos reunirnos y
         revisar el horario para así poder asegurarte un equipo de seguridad —le
         dije.
                —¿En qué estás pensando?
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               —No lo sé, ¿un almuerzo? Puedo hacer que Frances arregle algo
         para cuando estés libre.
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               —Eso debería funcionar. Estoy muy agradecido por ti, E, o no creo
         que pudiera presentarme a los juegos en absoluto. Tu compañía calma a
         esos idiotas organizadores.
               —Hablando de idiotas que organizan las cosas… Iván, me acabas de
         recordar algo. ¿No estabas en el consejo ejecutivo del National Gallery?
               Iván bufó. —Seh, algo así. ¿Por qué? Y haré como que no me acabas
         de insultar porque soy así de generoso… y eres familia.
               —Vale, primo. —Rodé los ojos—. Mi novia estudia conservación del
         arte en la Universidad de Londres. Es Americana y necesita una visa de
         trabajo para quedarse aquí definitivamente.
               —Espera. Retrocede el culo. ¿Acabas de decir tu “novia”? ¿El
         escurridizo Blackstone está fuera del mercado? ¿Cómo es eso posible,
         amigo?
               Debería haber sabido que sería hostigado nada más abrir la boca.
         Me reí un poco incómodo. —Apenas lo sé, pero sí, es brillante en la
         restauración de pinturas y realmente ama lo que hace. Y de verdad que no
         quiero que su visa expire…
              —Te he oído, E. Preguntaré. Está este próximo evento en el National.
         The Mallerton Society…
              —Oh sí, me contó sobre eso. La voy a llevar. Ha estado trabajando
         en una de las pinturas de Mallerton. Sé que Brynne puede explicarlo
         mucho mejor que yo. Te la presentaré y verás a lo que me refiero.
               —Espero con gran interés conocer a la belleza Americana qué sacó
         tu polla de ese circuito de una-sola-noche.
               —Por favor, no digas eso cuando la conozcas o tendré que ignorar
         todas esas encantadoras amenazas de muerte que recibes con regularidad
         de tus fieles seguidores.
               Se rió de mí. —Sabes, E, si la quieres aquí indefinidamente todo lo
         que tienes que hacer es casarte con ella y no necesitará una vista de
         trabajo.
               Mi mente obtuvo un sobre exceso cuando dijo las palabras “casarte
         con ella”, y me encontré buscando otro cigarrillo del cajón del escritorio.
               —Fingiré que no acabas de decirme eso, incluso aunque no debería
         sorprenderme, eres un ignorante. Tú, de todas las personas que no apoyan
         el matrimonio; es la cosa más hilarante que te he escuchado decir en todo
         el año, o debería decir, de tu jodida vida.
              Mi primo se rió un poco más a mi costa. —Sólo porque el
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         matrimonio sea una inmensa cagada no significa que el tuyo vaya a serlo,
         E.
Página
                —Definitivamente hemos llegado al final de esta conversación, Iván.
         Estoy colgándote ahora. —Todavía podía oír su risa cuando me aparté el
         teléfono del oído.
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                          ecogerla del trabajo era algo que esperaba con interés y
                          hoy no fue la excepción. Todo fue bien hasta cuando
                          llegó un texto a su móvil. Ahora simplemente parecía un
                          viejo desesperado en ir a mirarla.
               Me detuve dentro de The Rothvale, me estacioné y vi las puertas
         desde donde ella saldría del edificio, la conversación con mi primo todavía
         persistía en mí desde que habíamos hablado, y honestamente infectó mi
         imaginación con toda clase de locura, ¡¿Matrimonio... en serio?! ¿Qué tal
         una relación exclusiva, comprometidos para empezar?
                La idea de casarme con alguien nunca había estado en mi lista de
         vida. Yo no veía un futuro en mis cartas y nunca lo tuve. La propia
         institución tenía mi mayor respeto, pero con toda probabilidad, a una
         persona con mi estilo de vida, el resultado sería, sin duda un fracaso épico
         como marido. Había tanta mierda en mi armario, demasiada, que apenas
         podía tener un tiempo para hacer cosas normales.
               Mi hermana se encontraba casada, y muy feliz, con tres hermosos
         hijos. Hannah y Freddy eran una pareja estándar, supongo, yo nunca
         pensé en ello. Mi hermana tenía un camino doméstico y bendijo a nuestro
         padre con sus nietos, y básicamente ya no tenía que competir. Quiero
         decir, Hannah lo hizo tan bien que no era necesario para mí sentir la
         presión.
              Decidí llamarla mientras esperaba a que Brynne saliera. Sonreí
         cuando contesto al segundo timbrazo.
               —¿Cómo está mi hermanito?
               —Perdiendo su mente con el trabajo —le dije.
             —Su mente no es lo único que está perdiendo, o eso me han dicho —
         Hannah podría ser muy presumida y molesta cuando le daba la gana.
               —¿Así que papá ya te contó el chisme, verdad?
               —Está preocupado por ti. Me dijo que nunca te había visto así, ni
         siquiera cuando llegaste a casa de la guerra.
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               —Umm. No debí haber ido allí y dicho todas esas cosas. Soy un
         idiota por hacerlo. Voy a hacer las paces con él de alguna manera.
Página




         Entonces, ¿cómo están las cosas con mi hermana mayor?
               —Buen intento, E, pero no caeré en tu juego. Mi hermano
         finalmente se enamora de alguien ¿y crees que dejaré pasar un chisme así
         de jugoso? ¿Por quién me tomas? Los dos sabemos quién es el hermano
         más inteligente aquí.
               Suspiré a mi hermana. —No voy a discutir contigo ese punto, Han.
               —Guau. ¿Realmente has cambiado?
               —Sí, supongo. Espero que sea para bien. Y que papá pueda dejar de
         preocuparse por mí, estamos de nuevo juntos, así que ahora ya no soy la
         criatura miserable y rota que vio la última vez.
               —¿Has estado leyendo poesía, Ethan? Suenas diferente.
                —Sin comentarios —dije con sarcasmo—. Escucha, me preguntaba
         si podía llevarla hasta tu casa para un fin de semana. Creo que a Brynne
         le encantaría Halborough y prefiero sacarla de la ciudad por unos pocos
         días. ¿Pueden tú y Freddy acomodarnos ahí?
               —¿Por ti? ¿Para tener la oportunidad de conocer a esa americana
         que ha transformado a mí distante y pequeño hermano ñoño, cursi,
         enfermo de amor, y bebedor de cervezas mexicanas? No hay problema.
               Me eché a reír. —Bien. Hazme saber la fecha, Han. Quiero que todos
         la conozcan, y su encantadora casa sería el lugar perfecto para hacerlo. Y
         echo de menos a los niños.
                —Ellos extrañan a su tío Ethan. Bueno... Voy a verificar los libros y
         les hare saber cuándo. Estará más ocupado con los juegos que vienen.
               —No hace falta que me digas eso. ¡Toda la ciudad se ha vuelto loca y
         sólo estamos en junio!
               Colgamos y miré por la ventana esperando por Brynne. Saqué su
         móvil del bolsillo y abrí el texto que había arruinado mi día pacifico. Algún
         chico llamado Alex Craven del Museo Victoria & Albert al que me
         encantaría convertirlo en un eunuco:


              Brynne, fue adorable verte hoy. Espléndido en el
         Mallerton, también. Me gustaría mucho llevarte a cenar y
         discutir más a fondo la forma en que podemos obtenerte en el
         equipo. No sabía que modelabas ¡pero ahora que he visto las
         fotos debo saber más! –Alex.


                Estoy seguro de que me iba a rebanar una parte de la lengua por
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         rechinar los dientes. El impulso de responderle el mensaje era algo que
         ansiaba tanto que podía saborearlo en la sangre de mi boca, una línea
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         larga:
              Vete a la mierda, tú idiota inútil. Ella ya ha elegido
         y su hombre te cortara las pelotas si tan solo piensas en
         ella desnuda. -Ethan con un gran cuchillo.


               Por supuesto que no lo hice, pero por poco.
               Dios, ¿cómo comportarme? Mi sangre no era buena para este tipo de
         cosas. Los celos me consumían y con Brynne los tenía en exceso. Es
         inevitable cuando ella es tan hermosa y además se exhibe. Necesitaba más
         tranquilidad y yo estaba bastante seguro de que ella no tenía en mente
         darme más por el momento.
               La puerta del pasajero se abrió y ella entró, dejándose caer en el
         asiento, se sonrojó de un momento a través de la llovizna que había
         empezado desde que me había estacionado. Sonrió y se inclinó hacia mí
         para darme un beso.
               —Bueno, ahí lo tienes —le dije y la apreté contra mí. Su piel, un
         poco fría, pero sus labios eran cálidos y suaves para mí.
               ¡Joder, sí, para mí!
               Saqueé su boca y sostuve su cara frente a la mía, alegando con mi
         lengua profunda para que así pudiera sentir lo mucho que la quería. Ella
         permitió la invasión al principio y no la deje hasta que chilló, diciéndome
         que tenía que retroceder. La solté y se inclinó hacia el lado de mi asiento
         para que pudiera mirarla.
               —Lo siento, esa fue la pequeña bestia que hay en mi —Le di mi
         mejor mirada castigado.
               Su rostro cambió y mis ojos buscaron su mirada. Cristo, era
         hermosa. No es de extrañar que el ese hijo de puta llamado Alex la quisiera
         desnuda. Yo la quería desnuda. ¡Quería follarla justo ahora! Hoy su cabello
         caía suelto y tenía una chaqueta de color verde oscuro y una bufanda. El
         color era precioso en ella, combinaba con el verde y avellana de sus ojos y
         tenía unas pocas gotas de lluvia esparcidos en su cabello.
               —¿Qué está mal, Ethan?
               —¿Por qué piensas que algo está mal?
               —Es sólo una corazonada —Sonrió—, y tu lengua jodiéndome lo
         confirmó.
               Negué con la cabeza. —Solo te extrañaba, eso es todo. ¿Cómo estuvo
         tu almuerzo con los colegas que querías impresionar?
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               —Fue impresionante. Tuve que contarles sobre la restauración de
         Lady Percival y les di un buen gancho para que me recuerden. Espero que
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         algo venga. Tal vez así sea —sonrió—. Y te lo debo todo a ti. —Me dio un
         beso en los labios solo una vez y me tomó de la barbilla con su mano.
               Traté de devolverle la sonrisa. Creo que lo hice, pero al parecer soy
         muy malo en fingir mis sentimientos tanto como soy muy malo en tratar
         con mis celos. Oh algo vendrá de ahí, nena. ¡Alex Craven obtendrá una
         erección y el gancho será recordar tus fotos desnuda, no el alma de Lady
         Percival sosteniendo su raro y precioso libro! Pinturas Mallerton se puede ir
         a la basura ¡pero él quiere a Brynne Bennett en su polla!
              Suspiró ante mí. —¿Vas a decirme qué está mal? Sólo gruñes y estoy
         bastante segura de que gruñir no es una señal universal de la felicidad y
         armonía. —Lucía muy molesta conmigo.
               —Esto tiene que ver con algo que pasó antes. —Dejé el móvil en su
         regazo con el texto en la pantalla.
               Lo recogió y lo leyó, tragó una vez y luego miró a un lado de mí. —Te
         pusiste celoso cuando lo viste. —No era una pregunta.
               Asentí con la cabeza hacia ella. Más vale dejar salir todo el asunto
         aquí mientras estábamos en ello. —Él quiere follarte.
               Todos los hombres lo hacen cuando ven tus fotografías desnudas. Yo
         no era estúpido como para decirle eso a ella, pero hombre, estoy seguro de
         pensarlo que si quería. ¡Era la cruda verdad!
                 —Lo dudo mucho, Ethan.
                 —¿Es gay, entonces?
               Se encogió de hombros. —No creo que Alex sea gay, pero realmente
         no lo sé.
              —Entonces, definitivamente quiere follarte —dije tristemente por la
         ventana ahora cubierta con llovizna y el estacionamiento con un estado de
         ánimo en perfecta armonía con lo que sentía.
                 —Ethan, mírame.
                 El tono de su orden me sacó de mi estado de ánimo. Y me puse
         duro.
               Miré a mi chica, quien llego a significar tanto para mí en tan poco
         tiempo y me pregunté lo que quería decir. No sabía cómo compartirla, o
         cómo no ser celoso, o cómo ser el acompañante educado de una modelo de
         desnudo artístico y que otros hombres sólo querían babear o fantasear
         sobre follar. Yo no sabía cómo ser ese hombre.
                 —Alex Craven no es un él.
               Brynne apretó sus labios para no reír abiertamente. No importaba.
         Me alivió lo suficiente como para tomar sus bromas y algo más.
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               —Oh —Logré decir, sintiéndome muy, muy tonto—, pues bien, tienes
         que ir a cenar con Alex Craven y te deseo mucha suerte, nena. Ella
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         realmente suena como si quisiera contratarte —asentí.
               Se rió de mí y dijo—: Te preocupas demasiado, bebé.
               Me incliné hacia sus labios, pero no los toqué. —No puedo dejar de
         preocuparme, y me encanta cuando me llamas bebé —La besé de nuevo,
         esta vez no como un Neanderthal, pero si cómo debí haberla besado en
         primer lugar. Enrosqué mis dedos alrededor de su cabeza y traté de
         mostrar lo que significaba para mí. Me aparté lentamente mordisqueado
         un poco el labio inferior, colocando mi mano a un costado de su cara y
         cuello—. Quiero llevarte a casa ahora. A mi casa. Lo necesito...mucho.
                Esperé que ella supiera que era mi versión de una solicitud. Yo le
         pedí que trajera ropa suficiente para unos días, pero no podía estar seguro
         de que en realidad lo hubiera hecho. La quería conmigo todo el tiempo. No
         podía explicar este profundo deseo... un requisito de tenerla ahí para mí,
         hablar y tocarla. Y joder. Me convertía en un bastardo necesitado, pero
         simplemente no me importaba nada, y tener que presionarla era
         difícilmente molesto.
                —Está bien, tú casa esta noche —Llevó una mano a mi pelo y lo
         acarició, mirándome otra vez con sus ojos inteligentes. Juro que me podía
         leer como un libro abierto y me pregunté por qué me aguantaba. Yo
         esperaba que fuera porque comenzaba a amarme de nuevo, pero odiaba
         reflexionar mucho porque siempre vuelvo a... ¿y si ella no lo hace?
               —Gracias —Tomé su mano de donde me sostenía y la lleve a mis
         labios para besarla. Alcé los ojos para ver su reacción y fui muy muy feliz
         de ver la sonrisa en ella. Le devolví la sonrisa y puse el coche en marcha.
         Ahora llevaría a mi chica a casa a solas, donde podía conseguir las cosas
         que realmente quería hacer con ella.
                                                ***



               El pollo al parmesano en mi boca estaba perfectamente preparado
         con una carne suculenta, salsa sabrosa y especias, pero la compañía que
         se sentaba frente a mí en mi mesa era aún mejor.
               Observé que ella lo preparaba mientras yo trabajaba desde mi
         portátil. Más o menos. Me hubiera gustado ir hasta ella y ponerla en la
         barra de la cocina, pero me conformé con mirarla de reojo y sonreírle de
         vez en cuando. Disfruté mucho de los sonidos de su trabajo en la cocina.
         Era una sensación agradable junto con los deliciosos olores procedentes de
         la habitación en la que rara vez pasaba mucho tiempo. El olor de nuestra
         cena, la cual Brynne preparó con sus cariñosas manos.
               Algo bastante sexy si me preguntas.
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               Era diferente a lo que Annabelle hacía por mí, una empleada que
Página




         limpiaba y cocinaba cosas y las etiquetaba en el congelador. Esto era algo
         real. Son cosas que la gente hace porque le importas, no porque les
         pagues.
               Tener una mujer en la cocina de mi casa cocinando para mí también
         era una experiencia. Pero me encontraba bastante seguro de que podría
         acostumbrarme a esto. Genial. Brynne me enganchó. Brillante, sexy,
         hermosa, hábil, una maldita buena cocinera, y más mucho mejor en mi
         cama. ¿He mencionado sexy y hermosa? Pensé en la hora de acostarnos
         para más tarde.
               Di otro mordisco y saboreé el sabor. Tenía el pelo recogido con una
         pinza y un profundo escote en su blusa carmesí que atraía mi mirada
         hasta sus deliciosos pezones que gritaban por mi boca. Algunos largos
         mechones de pelo se le habían deslizado de su pinza y caían en olas en su
         escote. Mmmmm... delicioso.
               —Me alegro de que pienses así. Esto es muy sencillo de hacer —dijo.
         Vi su boca y los labios mientras tomaba un sorbo de vino, me sorprendió
         totalmente darme cuenta que hablé en voz alta y me alegré de que pensara
         que yo hablaba de la comida.
                —¿Cómo aprendiste a manejar la polla2 tan bien? —solté—. ¡Me
         refiero al pollo!
                   Ella rodó los ojos y negó con la cabeza.
               Le di una sonrisa y un guiño. —Tú haces ambos tan bien, nena, en
         mi polla y la parte de cocinar.
               —Idiota —me regañó—. He visto programas de cocina y aprendí. Mi
         padre me dejó experimentar con él después del divorcio. Puedes
         preguntarle sobre cuando empecé a cocinar. —Se echó a reír y clavó otro
         bocado de la cena y se lo metió en la boca—. ¡Pero es mejor no preguntarle
         acerca de cuando empecé a follarte!
              Me reí de mí mismo y bajé la cabeza. —No todos han estado buenos
         como esta comida que has hecho esta noche, ¿entonces?
               —Ni siquiera cerca. Mis primeros intentos fueron terribles, y papá
         pagó el precio. Sin embargo, nunca se quejó.
                   —Tu padre no es ningún tonto, y te ama mucho.
              —Me alegro de que ustedes dos hablaran. A él realmente le gustas,
         Ethan. Te respeta mucho. —Me sonrió.
              —Ahhh, bueno, yo siento lo mismo por él —Vacilé antes de
         mencionar a su mamá, pero pensé que debía hacerlo—. No creo que tu
         madre esté muy impresionada conmigo, sin embargo. Lo siento. Pensé que
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         era mejor presentarme y decirle lo que yo estoy haciendo en tu vida, sin
         embargo, probablemente pude decirlo con más tacto.
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             Cook: Pollo o Polla.
               Ella negó con la cabeza. —Está bien. Dijo que se alegra de que estés
         cuidando de mí y que parecías decidido a asegurarte de que nada pasara...
                Noté cuando le falló su voz y no quería nada más que tranquilizarla,
         pero esperé a que terminara.
                  —Cree que estás obsesionado conmigo —Brynne jugueteó con su
         pollo.
              Me encogí de hombros. —No me contuve con ella, es cierto. Le dije a
         tu mamá lo que siento por ti.
              Me sonrió. —Me contó eso también. Fue muy valiente de tu parte,
         Ethan.
               —Decir la verdad no es ser valiente, es esperado —Sacudí mi
         cabeza—. Es importante para mí que tus padres sepan que no estoy sólo
         para proporcionar seguridad a su hija —Llevé una mano hacia ella—. Es
         importante que lo sepas también, Brynne, porque eres mucho más para
         mí.
              Ella puso su mano en la mía y me dio un apretón, cerrando los ojos,
         mientras mis dedos se encontraban en torno a los delicados huesos de la
         mano. La misma mano encantadora que preparó mi cena de esta noche, y
         me ato la corbata esta mañana. La misma mano que acariciaría mi cuerpo
         cuando me la llevara a la cama dentro de poco.
                  —Eres muy bueno, Ethan.
               Sentí esa posesividad otra vez. Juraría que funciona como un
         interruptor. Un minuto toleraba bien nuestra situación, o creía que lo
         hacía, y entonces ella decía algo, ni aludo, y bam, solo pensaba en follarla.
               Sus palabras eran todo lo que necesitaba oír. Me levanté de la silla y
         la levanté conmigo, levantándola con mis brazos y sentí esas largas
         piernas envolviéndose alrededor de mi cintura para que pudiera llevarla
         del comedor al dormitorio.
               Sostuvo los lados de mi cara y me besó locamente todo el camino en
         que la lleve. No me quejo. Me encantaba cuando ella estaba excitada. Y
         Brynne podría ser así.
                  Gracias. Joder.
               Le quite el top de su parte superior y su ropa inferior, sin esperar el
         juego previo de quitarse la ropa, necesitaba ver su cuerpo lo antes posible,
         estaba totalmente perdido. Llevaba un sujetador violeta y un tanga negra.
         Gemí. —¿Qué estás tratando de hacer, mujer, matarme?
              Ella sonrió y sacudió lentamente la cabeza de un lado a otro. —
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         Nunca —susurró.
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              Me incliné hacia ella y la besé lento y dulce por su respuesta, pero
         mi corazón latía fuerte y rápido. Dios, amaba cómo estaba conmigo, tan
         suave y seductora aceptándome.
               Amaba muchas cosas acerca de ella.
               Le di la vuelta sobre su estómago y desabroche su bonito sujetador
         mientras me deshacía de la tanga. Capturé su imagen y exhalé, arrastré
         mis manos por su espalda, las caderas, las mejillas de su bonito culo y
         luego de vuelta otra vez.
               Una vez que ella se encontraba desnuda, me calmé un poco y bajé
         lentamente. Dejé mi ropa y me tendí a su lado. Volvió su cara hacia mí y
         nos miramos el uno al otro.
               Tome su broche para el cabello y se lo quite, extendiendo su pelo por
         su espalda y los hombros. Brynne tenía el pelo largo y sedoso. Amaba
         tocar y arrastrar los dedos a través de sus mechones. Amaba caía en su
         pecho cuando se encontraba encima de mi polla, saltando sobre ella.
         Amaba agarrar un gran mechón de su cabello y apretarlo mientras me la
         follaba y llegaba a un orgasmo demoledor gritando mí nombre.
               Pero no hice nada de eso esta noche. En su lugar, la excité más
         lentamente y con cuidado, entrando en todos los lugares con mi lengua y
         mis dedos, haciéndola correrse una y otra vez antes de desnudarme y
         enterrar mi polla en su interior.
               Nos adaptamos muy bien. El sexo con ella me rompía hasta mis más
         profundos niveles de complejidad; Incluso si Brynne no era consciente, yo
         lo era. Ni siquiera sé lo que le dije a ella durante el calor de ello. Le digo
         todo tipo de cosas debido a que a le gusta que hablé sucio. Me lo dijo. Es
         una maldita buena cosa también, porque no puedo evitarlo. Los filtros
         entre mi cerebro y mi boca son más o menos inexistentes.
               Todavía no sabía lo que le dije después del orgasmo explosivo que
         tuve, me sentía tan agotado que empecé a adormilarme aún enterrado
         dentro de ella y esperando que me dejara permanecer ahí por un tiempo.
               Pero lo supe cuando dijo—: Te amo también.
              Mis ojos se abrieron de inmediato y me quedé en la oscuridad
         abrazándola. Repetí el sonido de esas palabras una y otra y otra vez.


               Mierda. Lo iban a hacer. Mi corazón comenzó a bombear de miedo
         como nunca lo había hecho antes, la adrenalina corría por mis venas
         cargadas a través de mi cuerpo. Había esperado que esto ocurriera. En el
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         fondo yo sabía que pasaría, pero para salvar mi cordura intenté no pensar
         en ello. La negación funcionó por un tiempo, pero el tiempo ya había
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         expirado.
                —¿Estás listo? —me pregunto él. La criatura quien hizo la pregunta
         era la única que quería destripar, y dejarlo desangrarse lentamente. El único
         quien habló sobre ELLA. Él único quien se burló todo el tiempo de hacerle
         daño a ella.
               ¡MIERDA NOOOOO!
               Negué con la cabeza mientras él avanzaba hacia mí, su cara muy
         cerca, el humo de su cigarro enrollado en su mano girando tentadoramente,
         haciendo mi boca agua. Era divertido como podía desear un cigarro en un
         momento como este, pero lo hice. Le abría quitado el cigarrillo de su jodida
         boca para meterla a la mía si hubiera podido.
                Mis brazos estaban inmovilizados de atrás por otro hombre y me tapó
         la nariz. Traté de contener mi respiración y escaparme, pero mi cuerpo me
         traicionó. Al segundo que jadee en una respiración él derramó algo vil en mi
         garganta. Traté de evitar que el elixir descendiera, pero otra vez mi cuerpo
         tomó el control en una función básica para mantenerme respirando. Qué
         irónico. Me estaban drogando con el fin de ejecutarme… Así que no iba a
         pelear en el proceso… Así ellos podían filmar mi muerte y mostrárselo a todo
         el mundo.
               No ¡No! ¡NO!
                Pelee con todo lo que me poseía, pero él solo se rió de mis esfuerzos.
         Sentí las lágrimas exprimirse de mis ojos, pero yo estaba seguro de que no
         estaba llorando. Nunca lloré.
                Él ladró la orden y entonces lo vi. La cámara. Un subordinado sentado
         en una trípode mientras yo comenzaba a dejar las lágrimas rodar mientras
         el opio comenzó a apoderarse de mí.
               Noté que realmente lloraba.
              Pero no por las razones que ellos pensaban. Lloraba por mi papá y por
         mi hermana. Por mi chica. Ellos podrían ver esta…. cosa…. matarme. El
         mundo entero podría verlo. Ella podría verlo.
               —¡Preséntate! —ordeno él.
                Negué con la cabeza y gesticulé a la cámara. —¡Sin video! ¡Sin VIDEO
         hijo de puta! SIN PUTO VIDEO…
                El dorso de la mano a través de mi boca fue tan brutal que me calló
         por la fuerza del golpe. Él ladró otra orden a él único con la cámara de video
         quien dirigió la lente a mí y la etiqueta se leía en vacilante Ingles:
         “Blackstone, E. SAS capitán. Dos, nueve, uno, cinco, cero, uno”
               Se dirigió a mí de nuevo, esta vez sacó un Khukri de su vaina. La hoja
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         era curvada y afilada finamente. Incluso con mi debilidad de reaccionar a lo
         que venía por las drogas, pude ver que la herramienta estaba bien
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         preparada para el trabajo que se encontraba a punto de hacer.
         Pensé en mi madre. La quise toda mi vida y ahora más que nunca. Yo no era
         valiente. Me encontraba asustado hasta la muerte. ¿Qué podría sucederle a
         Brynne? ¿Quién podría protegerla de ellos una vez que me haya ido?
               Oh, Dios…
               —Sin video. Sin video. Sin video. Sin video —Era todo lo que podía
         pronunciar. Y si el sonido ya no era una expresión capaz a través de mi
         boca, entonces sería la única cosa en mi mente junto con—: Lo siento, Papá.
         Hannah, Brynne… Lo siento tanto…


               —¡Ethan! Bebé, despierta. Estas teniendo un mal sueño —La dulce
         voz encontró mis oídos y unas manos suaves me tocaron.
               Me levanté jadeando, la conciencia me arrancó en un estado de
         hiper-alerta. Sus manos se alejaron mientras me estrellé en la cabecera de
         la cama y aspiré oxígeno. La pobre Brynne, con ojos muy abiertos
         mirándome horrorizada mientras se sentaba conmigo en la cama.
               —¡Oh, mierda! —Jadeé, aceptando la realidad de donde estaba.
               ¡Respira, hijo de puta!
               Había hecho esto muchas veces. Solo era una pesadilla. No era real.
         Pero aquí me encontraba sentado, perdiendo el control magníficamente
         delate de mi chica. Tenía que estar atemorizarla y me arrepentí
         profundamente. Sentí que iba a enfermarme.
               Ella alargó la mano de nuevo, el frío toque de su mano en mi pecho
         me trajo a la tierra, trayéndome de regreso a aquí y ahora. Brynne está
         justo aquí cerca de mí en la cama, no en ese jodido sueño otra vez. Yo
         seguía trayéndola a mis pesadillas. ¿Por qué diablos hacía eso?
              Se acercó más y agarré su mano en mi pecho, necesitando su toque
         como un salvavidas.
               —¿Qué fue eso, Ethan? Gritabas cosas y lanzabas golpes por todas
         partes en la cama. No podía despertarte…
               —¿Qué te dije? —La interrumpí.
              —Ethan —dijo con dulzura, buscando mi rostro, sus dedos rozando
         mi mandíbula.
                —¿Qué te dije? —grité, agarrando su mano y manteniéndola fuera de
         mi cuerpo, sintiendo la urgencia de vomitar al pensar en lo que podía
         haber salido de mi boca. Se estremeció de nuevo y mi corazón se rompió
         por asustarla, pero tenía que saberlo. La miré fijamente en la oscuridad y
         traté de inhalar el oxígeno suficiente para llenar mis pulmones. Un
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         ejercicio casi inútil, sin embargo. No había suficiente aire en todo Londres
         para satisfacerme justo ahora.
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              —Tú estabas diciendo sin video una y otra vez. ¿Qué significa eso,
         Ethan?
               La sabana había caído hasta tu cintura, dejando al descubierto sus
         encantadores pechos desnudos en el resplandor de la luna colándose a
         través del traga luz. Vi una cautela en sus ojos mientras ella apartó su
         mano de mi apretón y lo odie. La deje ir.
               —Lo siento. Yo… tengo sueños a veces. Perdón por gritarte. —Di un
         vuelco fuera de la cama y entré al baño. Me aferré al fregadero y dejé el
         agua fluir sobre mi cabeza, enjuagué mi boca y bebí del grifo. Mierda,
         necesitaba superar esta mierda —esto no estaba bien. Tenía que ser fuerte
         para ella. Todas estas cosas eran historia pasada y sepultada. Esto no era
         bienvenido en mi presente y seguro como el infierno que no en mi futuro
         con Brynne.
                Sus brazos me envolvieron desde atrás. Pude sentirla desnuda
         contra mi espalda y eso despertó a mi polla. Presionó sus labios en mis
         cicatrices y las besó. —Habla conmigo. Dime lo que soñabas. —Su suave
         voz venía cargada con una determinación de acero, pero no había manera
         de que pudiera adentrarla en ese lío torturador
               De ninguna jodida manera ella iría ahí conmigo. No le quitaría su
         inocencia.
               —No. No quiero hacerlo. —Miré al espejo sobre el fregadero y me vi a
         mí mismo, el agua goteaba de mi pelo, los brazos de Brynne envueltos a
         mis costados, descansando sus manos en mi pecho donde mi corazón
         palpitaba con fuerza sin piedad de una inmensa pesadilla de todo tipo de
         mierda. A pesar de todo, ella me abrazaba, abrazaba mi corazón en sus
         hermosas manos. Me había seguido aquí para consolarme.
               —¿Qué video, Ethan? Gritabas sobre un video.
               —¡No quiero hablar de eso! —Cerré mis ojos al sonido de mi voz
         contra la suya, odiando la ira en ella, odiando que tuviera que verme así.
                —¿Fue por mi culpa? ¿Es por mi video? —Apartó sus manos y se
         retiró de mí—. Dijiste que nunca lo viste. —Podía oír el dolor en su voz e
         imagine donde su mente iba con este escenario. No podía estar más
         equivocada.
               La perdí entonces, total y completamente, temeroso de que ella no
         pudiera confiar en mí, aterrorizado de que podría dejarme otra vez. Me di
         la vuelta y tiré de ella con fuerza. —No, nena. No es eso. Por favor. No es
         eso. Soy yo… del pasado… un mal momento para mí en la guerra.
              —Sin embargo, no me lo dirás. Porque no puedes decir lo que te
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         pasó…. Es por tus cicatrices. ¿Ethan?
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                Trató de apartarse, de poner distancia entre nosotros, pero el
         infierno se enfriaría si se lo permitía. —No, Brynne, te necesito. No te
         alejes de mí.
                 —Yo no…
               Interrumpí sus palabras con mi boca contra la suya, adueñándome
         de ella con mi lengua tan profundo que todo lo que podía hacer era
         tomarla. La levanté y me tambalee en la cama con ella. Tenía que estar
         dentro de suyo, en todas las maneras. Necesitaba una confirmación de que
         se encontraba aquí, que yo estaba vivo, que ella estaba segura a mi lado….
         Que yo estaba vivo… que ella estaba a salvo… que yo estaba vivo…
               —Nena, eres tan hermosa y buena para mí. Eres todo para mí,
         ¿entiendes? Dime que me deseas. —Balbuceaba mientras empujaba sus
         piernas abiertas con mis rodillas y adentré dos dedos en su calor húmedo.
         Empecé a acariciarla, esparciendo todo el esperma de antes alrededor y
         sobre su clítoris como a ella le gustaba.
               —Te deseo, Ethan —respondió entrecortadamente, su sexo
         calentándose para mí, listo para tomarme. Dios, luché con el filo de la
         navaja del control cuando se puso toda sumisa conmigo. Era lo que más
         me excitaba, incluso aunque esta era la primera mujer con la que yo
         funcionaba así.
              —Dime que me dejarás tener todo de ti. Cada parte. ¡Lo quiero todo,
         Brynne!
                 —Te voy a dejar —Lloró—. Estoy aquí.
              Me hundí en su boca otra vez, profundo y completo con mi lengua,
         mis dedos se movían dentro de su coño, consiguiendo que se humedeciera
         más.
               —Tu boca es mía, cuando envuelves esos labios de frambuesa
         alrededor de mi polla y me chupas —Ella se movió debajo de mí. Me
         arrastré de sus labios para adherirme a su pezón. Lo mordí lo suficiente
         para obtener un gemido de ella, chupé profundo para después retroceder y
         hacer lo mismo con el otro seno—. Tus hermosos pechos me pertenecen
         también. Cuando los muerdo y chupo y te vuelvo loca.
                 —Oh, Dios…
               Me moví por su cuerpo, mis dedos todavía en ella, deslizándose por
         su coño, acercándola más al clímax. —Este dulce manjar de coño es
         siempre mío, cuando lo lleno con mi polla y vaciándole una carga de mi
         semen dentro—susurré, hablando más sucio y estaba seguro de que ella
         estaba más caliente.
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                 Se retorció y rodó su cabeza y me encantó que estuviera volviéndose
Página




         loca.
                Chasqueé mi lengua sobre su clítoris e incluso puse mis dientes en
         él, mordiendo su carne hasta que oí su grito y cambié a tranquilizador, tan
         gentil con un toque suave, presionándola más y más.
               —¡Necesito más! ¡Fóllame, Ethan!
               Oh, sí, ella estaba más caliente.
               Santo infierno, finalmente tenía a mi chica justo donde la quería. Me
         volvía loco con su sabor por toda mi lengua, mi sabor, su olor, su calor, su
         coño empapado, es la droga del sexo.
               —Puedo darte más, nena. Quiero darte más —Saqué mis dedos de
         su coño, deslizándolos de regreso en su otro agujero, y bordee la apertura
         con mi dedo índice empapado. Se quedó sin aliento en una respiración e
         inmóvil. Levanté la cabeza y me moví por su cuerpo, sosteniéndome en un
         brazo, la otra mano libre para explorar. Deslicé solo la punta de mi dedo
         dentro y me encontré con su mirada. Ella lucía salvaje, sus ojos
         quemaban—. Quiero estar aquí, Bynne, ¿me dejas follar tu hermoso culo?
         —Hable contra sus labios temblorosos y un poco en el fondo, la punta de
         mi dedo todavía frotándose en su entrada, esperando por su respuesta.
              —¡Sí! —Fue un susurro áspero, pero definitivamente ella estaba de
         acuerdo.
               Me aparté y la volteé sobre su estómago. Agarré sus caderas en el
         aire y abrí bien sus piernas, así yo podría posicionarme en mis rodillas.
         Era impresionante. Totalmente extendida para mí, entusiasmada y
         aceptándome, y perfecta fuera de las nubes.
               Con la mano en mi eje, deslicé la cabeza alrededor de su mojado
         sexo, trabajando sobre su clítoris una y otra vez, acercándola más a su
         orgasmo y mi polla lubricándose bien.
                —Umm —gemí, centrando el extremo de la cabeza contra su
         estrecho agujero—. Eres tan jodidamente perfecta… —Me empujé y
         penetré solo la punta de mi polla, tratando de abrirla un poco y pensé que
         podría fácilmente perderla. Al igual que eyacular antes de estar en su
         interior.
               Se tensó y arqueo ante mi invasión, así que la relajé de inmediato,
         poniendo mi palma en su espalda para sostenerla. —Tranquila… relájate
         para mí, cariño. —Se calmó y respiró fuerte, esperándome, sometiéndose a
         mis deseos, lista para que la haga mía, y gloriosamente aferrado con sus
         músculos mi polla, lista para estallar. No quería lastimarla, pero Dios mío,
         pero que espectacular encendido para estar listo como lo estaba, apunto
         de reclamar ese lugar definitivo en el que podía fundirme en ella.
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               Ella se estremeció debajo de mí. —Vas a hacer correr, nena. Te deseo
         tanto, pero tú primero. ¡Voy a hacer que te sientas tan bien!
Página
               —¡Ethan, por favor, haz que me corra! —Se removió contra la punta
         de mi polla, lista para tomarme de todas las maneras posibles. Comprendí
         que ella me lo permitía, incluso si era doloroso, porque era una amante
         generosa.
               ¡Señor, ayúdame!
               Tomó todo mi control no hundirme en la estirada y misteriosa parte
         de ella que todavía yo tenía que reclamar. Lo quería. Lo necesitaba. Pero
         quería y necesitaba apreciarla más. Sabía que iba a lastimarla y ella
         estaba lejos de estar lista. Teníamos que trabajar en ello—algo que
         esperaría con interés. Como cualquier cosa nueva que hiciéramos juntos.
         Me encontraba fuera de mi jodida mente justo ahora, y este no era el
         momento para adentrarme en su interior anal por primera vez.
               —Brynne… Te amo tanto —susurré contra su espalda, guiando mi
         polla para encontrar su vagina. La carne estaba tan caliente que quemaba
         cuando nos tocábamos. Escuché mi propio grito cuando golpeé
         profundamente dentro de ella y comencé a follarla. Mis manos se
         apoderaron de sus caderas, apretándola, tirando de ella con fuerza hacia
         mi eje, una y otra y otra vez. El sonido de nuestros cuerpos golpeando en
         medio de gruñidos de placer fue lo único que se escuchó después.
               Estuvimos haciéndolo mucho tiempo. Necesitaba sacar esa pesadilla
         de mi sistema y follarla era para mí una forma de hacer que eso sucediera.
         Si puedes follar, entonces estás vivo, la lógica brutal era difícil de diferir en
         ese asunto.
               Fue sexo duro, incluso para nosotros. Y Brynne podía aceptar lo
         duro de mí. Lo había hecho antes y lo haría de nuevo, porque yo nunca la
         dejaría marcharse. Nunca. No podía hacer las cosas que hacía con ella con
         nadie más. Sabía que no sería capaz de hacerlo.
               Lo comprendí más tarde, en la oscuridad, después del viaje de sexo
         loco al que la había arrastrado, y después de que ella cayó en un profundo
         sueño a mi lado. Se corrió tantas veces que terminó desmayándose de
         cansancio cuando finalmente me logré detener. Nunca me pidió que me
         detuviera, sin embargo. Mi chica se entregó a mí y no presionó por
         respuestas. Mis entrañas seguían revueltas después de mis pesadillas.
               Quería encender un cigarrillo, pero me controlé. Se sentía mal en
         consideración a ella. Estaba mal someterla a mi insalubre tabaco y no
         pensaba hacerlo cerca de ella, nunca más.
               Mirándola dormir luego de la sesión, su respiración metódica, sus
         largas pestañas descansando encima de los pómulos, su cabello
         arremolinándose violentamente sobre la almohada, me dejo totalmente sin
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         aliento. Supe que había encontrado mi ángel por fin y me aferraría a ella
         con todo lo que tenía.
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               Fue sólo una pesadilla…
               Ella me salvo de la locura absoluta de mi tormento. Me hizo querer
         cosas que nunca había querido antes. Mataría si tenía que hacerlo para
         mantenerla a salvo. Me mataría a mi mismo si algo le sucediera.
               Eventualmente, fui capaz de dormirme otra vez y era solo porque ella
         se encontraba allí conmigo.
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                          e desperté en una cama vacía y en un apartamento
                          vacío, y una auténtica pesadilla. Después de lo que
                          ocurrió en la noche lo último que esperaba era que se
         hubiera marchado sin mi permiso.
               Mi primera pista de que algo no andaba bien vino cuando rodé en la
         cama y estaba vacía. Ningún cuerpo suave y cálido con aroma a flores para
         presionarse contra mí y abrazarme. Sólo sábanas y almohadas. Ella no
         estaba en mi cama. La llamé y lo único que recibí un ominoso silencio.
               ¿Anoche fue demasiado para ella?
                Revisé el baño primero. Pude ver que usó la ducha. Sus cosméticos y
         cepillo estaban sobre el tocador, pero ella estaba definitivamente ausente.
         No estaba en la cocina haciendo café, ni en mi despacho revisando sus
         correos electrónicos, ni haciendo ejercicio en el gimnasio, ni en ninguna
         parte dentro del apartamento.
                Metí el vídeo de la cámara de seguridad en un monitor que
         registraba la puerta principal y el pasillo. Cualquier persona que viniera o
         se fuera estaría en él. Mi corazón latía con tanta fuerza en mi pecho que
         tenía que estar subiendo y bajando visiblemente. Rebobiné la última hora
         y allí estaba ella, vestida con mallas y zapatillas deportivas, dirigiéndose
         hacia los ascensores, auriculares pegados a las orejas.
               —¡Joder! —grité, golpeando mi mano contra el escritorio. ¿Salió por
         la mañana a correr? Jodidamente increíble. Parpadeé por lo que veía y me
         pasé una mano por la barba.
              —¡Dime que estás con ella ahora mismo! —grité en la línea directa
         con Neil.
               —¿Qué? —Sonó como si aún estuviera tumbado en la cama y me
         sentí más enfermo que antes.
               —Respuesta incorrecta, amigo. Brynne dejó el apartamento. ¡Para
         correr!
               —Yo estaba durmiendo, E —dijo—. Por qué iba a estar siguiéndole
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         los pasos si está en el apartamento contigo…
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               Le colgué a Neil y llamé a Brynne a su teléfono móvil. Fue al correo
         de voz, por supuesto. Casi arrojé el mío contra la pared, pero me las
         arreglé para mandarle un mensaje:


               ¿Dónde demonios estás?


                Corrí hasta mi armario, me puse algo de ropa, unos zapatos, cogí las
         llaves del coche, la cartera, el móvil y me apresuré hacia la cochera. Me
         lancé a la calle, los neumáticos chillando, y empecé a calcular cómo de
         lejos podría ella haber ido desde que había sido registrada por la cámara
         de seguridad, mi mente corriendo salvajemente con escenarios sobre cómo
         de fácil sería para un profesional alcanzarla para eliminarla en esta hora y
         hacerlo parecer un accidente.
               Era temprano, justo después de las siete, una típica mañana
         nublada en Londres volviendo a la vida para el día. Las habituales
         furgonetas de reparto y los vendedores ambulantes moviéndose alrededor,
         la cafetería del vecindario haciendo un buen negocio, unos pocos
         corredores tempranos haciendo ejercicio en la mañana, pero ninguno era
         quien yo estaba buscando. Ella podía estar en cualquier parte.
               Seguí volviendo al por qué ella se habría marchado sin decírmelo.
         Estaba asustado porque fuera por mi culpa. Lo que ella vio de mí anoche.
         Lo que sucedió después… La forma en que yo perdí el control por Brynne
         era cómica. Dios sabe que ambos tenemos nuestros problemas, pero
         quizás ese jodido cúmulo de emociones de anoche fue más de lo que ella
         podía aguantar. Me froté el pecho y seguí conduciendo.
               Mi móvil sonó. Neil. Le puse a través del audio de los altavoces del
         coche.
               —No la he visto todavía. Estoy en Cromwell ahora, en dirección sur,
         pero creo que he viajado más allá de lo que ella podría haber hecho desde
         la hora registrada en la cámara de seguridad.
               —Mira, E, lo siento.
               —Puedes disculparte más tarde, cuando la encuentre —Estaba
         enfadado, pero no era su culpa. Brynne había estado conmigo y Neil
         estaba técnicamente fuera de servicio. Culpa mía. ¡Qué jodido desastre!
             —Me dirigiré al este, entonces. Muchos corredores siguen Heath
         Downs por el parque.
               —Haz eso, amigo.
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              Seguí escaneando, rezando por una señal de ella cuando me llegó un
         mensaje:
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               ¿Estás levantado? Fui a conseguir café. ¿Qué quieres
         que te lleve?


              ¡Qué traigas tu dulce trasero a casa, mujer!
               El alivio me hizo volver en sí, pero estaba tan enojado con ella por
         esta estupidez. ¡Salió a conseguir un puñetero café! ¡Dulce Cristo! Me
         detuve inmediatamente y apoyé la cabeza sobre el volante un momento.
         Necesitaba sentarla y explicarle unas cuantas cosas sobre cómo tendría
         que cambiar su vida durante los próximos meses. Y que correr en solitario
         por las mañanas estaba definitivamente fuera del menú.
              ¡Maldita sea!
              Mis dedos se sacudieron escribiendo un mensaje:


              ¿En qué cafetería?


              Una breve pausa y entonces:


              Hot Java. ¿Estás enfadado?


              Pregunta ignorada.
               La cafetería que mencionó no estaba a más de una manzana de mi
         apartamento. Nosotros incluso habíamos ido allí juntos unas cuantas
         mañanas cuando ella se quedaba a pasar la noche conmigo. ¡Brynne
         estuvo cerca de casa todo el tiempo! Le contesté:


              ¡No te vayas! ¡Te recojo en dos minutos!


               Llevó al menos diez minutos conducir por las carreteras de regreso a
         mi vecindario. Estaba furioso conmigo mismo —por varias razones, pero
         mayormente por dormir mientras ella despertaba y se marchaba sin mi
         conocimiento. En mi apresuramiento por ir tras ella estuve a punto de
         pasar junto a la cafetería, y eso era simplemente inaceptable. Derrapé.
             Decidí poner las razones de mi profundo sueño a un lado por el
         momento.
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              ¿Pesadilla del infierno y mucho sexo después, quizás?
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              Oh, sabía que tendría que sacarlo a la luz otra vez en una
         conversación en algún punto, probablemente pronto, porque Brynne me
         preguntaría, pero ahora mismo yo estaba crudo para hacerle frente a lo
         que estaba burbujeando en mi subconsciente. La negación parecía mucho
         más atractiva.
               ¡No me jodas corriendo! Nunca mejor dicho.
                Joder, ella no estaba en la cafetería como le había dicho que
         estuviera, ¡sino afuera, en la acera, sujetando dos cafés! Y no estaba sola
         tampoco. Un tipo estaba sobre ella, charlando, quién sabe quién coño era
         para ella. ¿Alguien que conocía? ¡O alguien que la seguía hasta afuera solo
         Dios sabe con qué propósitos! Le daría un azote por esta estupidez cuando
         la pillara a solas.
               Tuve que aparcar en el lado contrario de la calle y luego cruzar. Me
         vio acercarme y le dijo algo a su acompañante, quien me miró. Sus ojos
         parpadearon un poco y se acercó más a ella.
               Movimiento equivocado, idiota.
               —Ethan —dijo ella, sonriendo como si esta fuera una forma
         perfectamente aceptable de empezar el día.
               Oh, mi amor, necesitamos tener una larga charla.
               —Brynne —dije forzadamente, tirando de ella hacia mí por la cintura
         y consiguiendo una buena, larga mirada de su amigo, quien debió
         continuar con su alegre camino como desde hace diez minutos. El tipo era
         un poco demasiado atrevido para mi gusto, estando allí de pie como si
         tuviera derecho a hablar con ella, como si lo hubiera hecho antes y tuviera
         una historia con ella. ¡Mierda! La conocía. Éste hombre conocía a Brynne.
               —Ethan, este es Paul Langely, umm… un amigo del departamento
         de arte. Él es maestro… yo ya me iba cuando Paul justo entraba.
               Estaba nerviosa. Brynne parecía incómoda y si yo era bueno en algo
         era leyendo a las personas. Podía oler la molestia viniendo de ella. Pero el
         tipo era una historia diferente. Parecía demasiado engreído y un poco
         presumido y recto, como yo lo descifré.
               Brynne pareció notarlo y dijo—: Paul, éste es Ethan… Blackstone, mi
         novio —Me tendió uno de sus cafés—. Te conseguí un con leche —Me miró
         y tomó un sorbo de su vaso. Sí. Estaba incómoda.
               El idiota tendió su mano y la ofreció primero.
               Te odio.
                Yo tenía un brazo alrededor de Brynne y la otra mano ocupada con
         el café que ella me acababa de pasar. Tenía que dejarla ir para estrecharle
         la mano. Le odiaba en su traje inmaculado, profesional, de corte limpio y
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         toda la apariencia de dinero. Desenrolle la mano de la cintura de Brynne y
         acepté su apretón. Apreté firme e intenté no pensar en lo sumamente
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         asqueroso que me veía yo exactamente como si acabara de caerme de la
         cama.
               —Un placer —dijo Langley, sin querer decirlo.
               Le devolví la más leve inclinación de cabeza. Era lo mejor que podía
         hacer, y realmente no me importaba una mierda si estaba siendo grosero o
         no. Era un tipo en un lugar equivocado, en un momento equivocado, para
         ser amigo mío. Le odié a simple vista.
               Sus ojos se posaron sobre mí. Decidí que sería quien le pusiera fin al
         apretón de manos. O al concurso de quien es más macho, por así decirlo.
              Retiré mi mano y presioné mis labios contra el cabello de Brynne,
         pero mantuve mis ojos en él mientras hablaba—: Me desperté y te habías
         ido —Puse mi brazo alrededor de ella.
              Ella rió nerviosamente. —Tuve antojo de un café mocha con
         chocolate esta mañana.
                —Todavía necesitas tu café matutino, ya veo. Algunas cosas nunca
         cambian, ¿eh, Brynne, cariño? —Langley le sonrió con complicidad a
         Brynne y en ese instante lo supe. Él se la había follado. O hizo su mejor
         intento. Tenían alguna especie de historia y sólo pude ver la capa roja de
         celos colgando ante mis ojos. Santo jodido infierno, las violentas
         emociones me atravesaron en segundos. Quería mostrarle a Langley con
         mi puño el camino que su rostro recorrería hasta la acera, pero necesitaba
         alejarla de él aun más.
               —Hora de irse, nena —anuncié, presionando mi mano contra su
         espalda.
               Brynne se tensó por un instante, pero luego se relajo. —Fue bueno
         verte otra vez, Paul. Cuídate.
               —Lo mismo para ti, cariño. Tengo tu nuevo número y tú tienes el
         mío, así que sabes dónde encontrarme, ¿verdad? —El bastardo me miró y
         no había duda del desafío en su mirada. Pensaba que yo era alguna
         especie de cabeza hueca y dejó caer una advertencia para mí de que si
         Brynne necesitaba ser rescatada, ella solo tendría que llamar y el Príncipe
         Encantador vendría a por ella.
               Bastardo. Detén. Tus. Patéticos. Intentos.
               Brynne asintió y le sonrió. —Adiós, Paul.
               Si, lárgate bastardo… Paul.
                Era evidente que el “Amante Paul” no quería dejarla. Quería besarla
         y abrazarla para presumir de una despedida afectuosa, pero tenía
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         suficiente cerebro como para no intentarlo. Yo no dije que fuera estúpido,
         solo mi enemigo.
Página
                —Te llamaré. Quiero oírlo todo sobre el Mallerton —Hizo un gesto
         llevándose la mano a la oreja—. Adiós, cariño —Me dio una mirada y yo se
         la regresé. Realmente esperaba que él pudiera leer mentes, porque yo tenía
         algo digno de decir que él debería escuchar.
               ¡Tú, egocéntrico, saco de mierda sin valor! De ninguna manera la
         llamarás para hablar sobre el asunto de Mallerton. ¡Tampoco la mirarás ni
         pensarás en ella! ¿Entendido? Mi chica NO es tú “cariño”, ni lo será en el
         futuro. ¡Fuera de mi vista antes de que me vea obligado a hacer algo que me
         meterá en un montón de problemas con MI chica!
               Empezamos a cruzar la calle, mi corazón latiendo con fuerza, la irá
         brotando de mí, cuando ella abrió la boca:
               —¿Qué demonios fue        todo   ese   espectáculo,   Ethan?    Fuiste
         increíblemente maleducado.
               —Sigue andando. Discutiremos esto en casa —Me las arreglé para
         decir mientras caminábamos.
               Ella me miró fijamente como si me hubiera crecido una segunda
         cabeza y se detuvo en la acerca —Te he hecho una pregunta. ¡No me
         hables como si fuera un niño que está en problemas!
               —Métete en el auto —espeté, tratando de contenerme de cogerla y
         ponerla en el asiento, lo cual estaba peligrosamente cerca de suceder
         incluso si ella no lo sabía aún.
                —Perdóname, pero esto es una mierda. ¡Regreso caminando! —Se
         alejó enfadada de mí.
               Quería explotar. Estaba tan enfadado. Agarré su mano para evitar
         que se marchara.
               —No, no vas a regresar andando, Brynne. Métete en el coche ahora.
         Te voy a llevar a casa —hablé en voz baja y directamente en su cara, donde
         podía ver sus furiosos ojos fulminándome. Ella era tan hermosa cuando
         estaba irritada. Me daban ganas de arrastrarla a mi cama y hacerle cosas
         muy traviesas a su cuerpo durante todo el día.
               —No voy a recibir órdenes de ti. ¿Por qué estás actuando así?
              Cerré los ojos y pedí paciencia. —No estoy actuando en absoluto —
         La gente nos miraba. Probablemente también podían oír nuestra
         conversación. ¡Maldita sea!—. ¿Podrías, por favor, meterte en el coche,
         Brynne? —Forcé una sonrisa falsa.
               —Estás siendo un cretino, Ethan. Todavía tengo una vida. Voy a
         salir a correr por las mañanas y puedo detenerme a tomar un café si
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         quiero.
              —No si no estás conmigo o con Neil. ¡Ahora mete tu dulce culo
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         yanqui en el puto coche!
                Me miró por un momento y sacudió la cabeza, sus ojos
         disparándome dagas. Su barbilla se alzó imperiosamente antes de que
         caminara a zancadas hacia el Rover y entrara. Ignoré su comportamiento,
         pensando que yo estaba siendo malditamente generoso por las
         circunstancias. Le escribí un mensaje a Neil para informarle que la
         encontré y le hice esperar un rato mientras lo hacía. Ella estaba encerrada
         en el coche y no podía ir a ninguna parte por ahora, al menos.
               La miré. Me miró. Estaba enfadada conmigo. Yo estaba más allá de
         enfurecido con ella.
                  —No vuelvas a hacer eso —dije en términos inequívocos.
               —¿Qué, salir a caminar? ¿Comprar café? —Hizo un puchero y miró
         por la ventana. Su móvil se iluminó y sonó. Lo revisó mientras aceptaba la
         llamada—. Sí, estoy bien, Paul. Pido disculpas por lo pasó, pero no te
         preocupes. Solo una pequeña pelea de novios —Me sonrió mientras le
         decía a ese cabrón envanecido que yo estaba teniendo un mal día.
              Quería arrancarle el móvil de las manos y lanzarlo por la ventana. Y
         probablemente lo habría hecho si ella no lo hubiera apagado y guardado
         en un bolsillo.
                  —Sabes lo que quiero decir, Brynne, ¡Y no te burles de mí con él,
         joder!
              —¡Me avergonzaste hace unos momentos, Ethan! Paul piensa que
         eres…
               —Me importa una mierda lo que ese gilipollas piensa. ¿Quién es él,
         de todos modos?
                —Es un buen tipo y un amigo —No me miró a los ojos cuando lo dijo
         y lo supe. ¡Joder, lo sabía!
               —¿Le dejaste que te follara, Brynne? ¿Sabe qué tu coño fue hecho
         sólo para follar? ¿Ha puesto sus manos sobre ti, su polla dentro de ti?
         ¿Eh? En verdad quiero saberlo. Háblame sobre ti y Paul, el buen tipo.
              —Ahora mismo eres un imbécil —Cruzó los brazos bajo sus pechos y
         contempló los limpiaparabrisas—. No te voy a contar nada.
                  —¿Te lo follaste?
               Se removió en su asiento y me lanzó una mirada que envió una
         oleada de dolor a mi polla.
               —¿A quién te follaste antes de posar tu mirada en mí, Ethan?
         ¿Quién fue la afortunada chica? ¡Sé qué no pasó más de una semana
         cuando tuvimos nuestra primera vez! —Comenzó a agitar sus manos
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         haciendo gestos—. ¡Dijo el chico que piensa que una semana es mucho
         tiempo para estar sin sexo!
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                  ¡Bueno, mierda!
               Ese no era un pensamiento bueno, porque ella tenía razón. Odiaba
         admitirlo, pero no podía decirle el nombre de la última mujer con la que
         había estado. ¿Pamela? ¿Penélope? Algo con P… Ivan lo sabría, él tenía
         una larga lista de amigas y nos presentó. Fruncí el ceño al darme cuenta
         de que realmente no podía recordar, y el hecho de que quién fuera que
         hubiera sido, no la había hecho, o al polvo, más memorable que la letra de
         su nombre.
              Paul empezaba con P también, pensé. Estaba bastante seguro de
         que nunca olvidaría su nombre, en cambio.
              —¿Tienes     problemas    para   recordar   su   nombre?   —preguntó
         Brynne.
               Sí.
               —¿De qué color tenía el pelo, eh?
               Rubio fresa al natural. Recuerdo eso.
               —¿Ibas a volver a follarla, Ethan, si no me hubieras conocido? —
         continuó burlona.
              No respondí. Arranqué el coche y salí al tráfico, queriendo
         únicamente volver a casa y tal vez volver a donde habíamos estado tan solo
         unas horas antes. Odiaba discutir con ella.
               —¿Por qué te escabulliste? —Logré decir por fin—. Después de la
         última noche, ¿simplemente me abandonas esta mañana?
               —No te abandoné, Ethan. Me levanté, usé la cinta de correr, me di
         una ducha y quería un café mocha. Vamos a esa tienda todo el tiempo y
         sabía que estabas cansado por… um… anoche.
               Así que ella también estaba pensando en anoche. Yo aún no sabía si
         eso era bueno o no, pero esperaba que sí. Entré en el garaje de mi edificio
         y aparqué el Rover. La vi siseando enfadada en el asiento.
               Aparentemente, Brynne no había terminado de atacarme. —Es algo
         que hago la mayoría de las mañanas. No llovía y el día era perfecto para un
         breve paseo hasta la esquina —Levantó las manos de nuevo—. Terminé de
         correr en la cinta y quería un mocha de chocolate blanco. ¿Es eso un
         crimen? No es como si hubiera irrumpido en la Torre y robado las joyas de
         la corona o algo.
              Rodé los ojos. —Nena, ¿tienes idea de lo que ha sido para mí esta
         mañana, cuando descubrí que te habías marchado? Ningún mensaje,
         ninguna nota, ¡nada de nada!
               Echó la cabeza hacia atrás contra el asiento y levantó la mirada.
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               —¡Dios, ayúdame! ¡Te dejé una nota! Lo hice. La dejé en mi
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         almohada, así la verías. Decía: iré a tomar un café a Java. Regresaré
         pronto. Usé el gimnasio y me di una ducha antes de irme. ¿Eso no te dio
         una pista de dónde estaría? ¡No está pasando nada oculto, solo quería
         hacer algo normal, Ethan!
              ¡No es el tipo de normalidad con la que quiero despertarme otra vez,
         muchas gracias!
               —¡No vi tu maldita nota! ¡Te llamé y fui al buzón de voz! ¿Por qué no
         lo cogiste si solo estabas de camino a la cafetería? —Salí y abrí su puerta
         de golpe. La quería de vuelta en el apartamento, en privado. Esta discusión
         en público apestaba.
               Ella sacudió la cabeza y salió del coche —Hablaba con mi tía Marie.
               Pulsé el botón del ascensor —¿A esa hora de la mañana? —La hice
         entrar en el ascensor y la acorralé contra una esquina, mis brazos
         enjaulándola de forma que consiguiera intimidarla un poco. Ella era una
         bala perdida en ese momento. El sonido de las puertas encerrándonos en
         nuestra privacidad era el sonido más bienvenido que había oído en los
         últimos momentos.
               —Tía Marie es una madrugadora y sabe que salgo a correr por las
         mañanas. —Brynne miró mi boca, sus ojos como dardos mientras me
         intentaba leerme. Me hubiera gustado saber lo que pasaba por su mente.
         Lo que había en su corazón. Me empujé hasta estar muy cerca de su
         cuerpo, pero sin tocarlo. Sólo quería absorber el hecho de que yo la tenía
         contra la pared.
              —No hagas eso otra vez, Brynne. Lo digo en serio. Esas ocasiones
         donde podías salir sola han terminado.
                Las puertas del ascensor se abrieron y ella luchó por salir antes que
         yo. La seguí por el pasillo y abrió la puerta de entrada a mi casa. Tan
         pronto como estuvimos dentro sacó todo afuera. Sus ojos llamearon y se
         volvieron brillantes. Estaba muy, muy enojada, y absolutamente hermosa,
         de una manera que me puso duro como una piedra. —¿Así que ni siquiera
         se me permite ir a Java y tomar un café? —exigió.
               —No exactamente. ¡No se te permite ir sola y sobre todo sin decirle a
         nadie! —Sacudí mi cabeza con exasperación ante lo que había hecho, dejé
         caer mis llaves y sacudí mi cabeza—. ¿Por qué ese concepto es tan
         jodidamente difícil de entender?
                Me miró extrañamente, como si estuviera tratando de entenderlo. —
         ¿Por qué estás tan enojado realmente, Ethan? Ir a tomar café a la luz del
         día con personas por todos lados no es arriesgado. —Cruzó los brazos bajo
         sus pechos de nuevo.
              —¡Por lo que sé, podrías haber huido mi otra vez e ido a casa! —La
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         verdad es cruel a veces. ¿Acabo de decir eso en voz alta?
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               —¡Ethan! Yo no haría eso —Me miró—. ¿Por qué crees que lo haría?
               —¡Porque lo has hecho antes! —grité. Esa era la jodida verdad,
         abriéndose paso y sacando a la luz mis inseguridades.
               —¡Jódete! —espetó, su cabello volando mientras se daba la vuelta y
         huía a la habitación, cerrando la puerta mientras entraba.
               Joder, necesitaba una buena follada. Se me ocurrían un par de
         cosas para que se callara. Uno pensaría que después de la última noche se
         despertaría suave y complaciente como un gatito soñoliento. No tenía esa
         suerte. Yo tenía un loco y salvaje escupiendo en mis manos.
               Noté que olvidé el café que ella me compró sobre el portavasos en mi
         auto. Que se joda el jodido café, necesitaba una botella de Van Gogh y una
         docena de cigarrillos.
               También necesitaba una ducha y dejarle un par de cosas
         perfectamente claras a mi absolutamente frustrante mujer. Cristo, era un
         muy difícil cuando se ponía así, pero una ducha y luego podría sentarla e
         intentar razonar con ella. Regresé al baño de mi dormitorio porque me la
         imaginaba vistiéndose para el trabajo allí, y pensé que un poco de
         intimidad sería bien apreciada, tomando en cuenta que ella me dijo que
         me perdiera. Dejé mis zapatos y la camisa y entré.
               Y los ojos casi se me salen de mis orbitas y ruedan en el suelo.
         Brynne se encontraba semidesnuda, usando una lencería jodidamente
         sexy, maquillándose, o el peinándose o algo así.
               Se giró y me lanzó una mirada que decía lo mucho que aún seguía
         cabreada. —Encontré la nota que dejé para ti —Cogió un trozo de papel del
         buró—. Estaba bajo las sábanas donde lo empujaste —Sonrió, dejó caer el
         papel, y luego se volvió hacia el espejo, mostrando su precioso trasero en
         bragas de encaje negro, lo cual me sentir que mis nervios ópticos
         comenzaban a sobrecargarse.
              Pensé en su culo y la última noche. Lo que hice, y lo que no lo hice...
               Sus ojos se cruzaron con los míos en el espejo justo antes de que
         ella bajara la mirada, rubor rosado sobre las curvas de sus pechos en ese
         sujetador de encaje negro del que estuve locamente celoso.
              Esa es mi chica.
                Estaba recordándolo, también. Algunas cosas entre nosotros podrían
         estar jodidas justo ahora, pero en el departamento de sexo eran fuertes.
                —Ni siquiera estamos cerca de terminar esta discusión de tu
         seguridad. —Di un paso detrás de ella, mi mano hasta su pelo y agarrando
         un puñado. Respiró profundamente y sus ojos se encendieron
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         encontrándose con los míos en el espejo—. Y estás metida en muchos
         problemas —Tiré de su cabeza hacia un lado y desnudé su cuello para
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         poder llegar a él.
              —Ah—respiró más pesado—. ¿Qué estás haciendo?
               Descendí en su cuello y arrastré mis labios por su delgada curva,
         mordiendo con los dientes. Mordí lo suficiente como para provocarle
         algunos gemidos. Olía tan bien que su aroma me embriagaba hasta el
         punto de que no iba a mantener el control por mucho más tiempo.
                —No yo. Tú eres quien ordena. Vas a decirme qué hacer, nena. ¿Qué
         te estoy haciendo en primer lugar? —Mantuve una mano en su pelo y llevé
         la otra a su estómago plano y con la mano extendida, presionando con
         fuerza mientras descendía por debajo del fino encaje.
               Ella se retorció pero la abracé con fuerza, deslizando mi dedo medio
         justo entre sus pliegues y sobre su clítoris. —¿Esto? —Moviendo mi dedo
         hacia atrás y hacia adelante, lubricándola, poniéndola húmeda para mí,
         pero sin penetrar. Ella tendría que ganárselo.
                  —Oh, Dios —gimió.
               Tiré de su pelo un poco. —Respuesta equivocada, cariño. No me has
         dicho qué es lo que estoy haciéndote todavía. Ahora di: "Ethan, te deseo..."
         —Retiré mi mano de entre sus piernas y llevé el dedo que había ido
         deslizando alrededor de su coño hasta mi boca. Chupé, limpiando con un
         montón de espectáculo—. Umm, como la miel con especias. —Mordí su
         cuello otra vez.
                Estaba frustrada y caliente y necesitada, y yo disfrutaba castigarla
         por lo que había hecho. Se inclinó hacia mí y frotó las nalgas contra mi
         polla. Eché mis caderas hacia atrás y reí bajo al oír sus protestas cuando
         lo hice.
                  —Ethan…
               Chasqueé la lengua y le tiré del pelo otra vez. —Has estado muy
         desafiante hoy. Todavía estoy esperando, nena. Dime lo que quieres de mí.
         —Llevé mi mano libre hasta su culo y apreté con rudeza—. Tú comenzaste
         este pequeño juego, y lo sabes, así que dime lo que quieres que haga para
         ti —Se quedó sin aliento cuando clavé los dedos e intentó frotarse contra
         mi polla de nuevo—. Nop. No tendrás nada hasta que me lo pidas bien —
         Eché mi mano hacia atrás y la dejé caer sobre su culo con una bofetada.
         Ella gritó y se puso rígida de puntillas, arqueándose como la diosa
         hermosa que era.
                  —Ethan, te deseo… —Se rindió y trató de volver la cabeza contra mi
         pecho.
               —Umm, así que te gusta ser golpeada en tu magnifico culo, ¿no?
         ¿Quieres que te dé otro? —Susurré contra su oreja—. Te merecías unas
         cuantas nalgadas, nena. Sabes que las merecías, y todavía no has hecho lo
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         que te he pedido, cosita traviesa. Dime lo que te haré contra y sobre el
         lavabo.
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                Ella gritó un sonido hermoso, tan sumisa que tenía mi corazón
          latiendo con fuerza y mi polla a punto de estallar.
               —Dime —golpeé su culo otra vez, conteniendo la respiración
          mientras esperaba su respuesta.
                 —¡Ahhh! —Se levantó en un arco elegante y abrió la boca en un
          grito. Yo sabía que había ganado, sabía lo que ella me pedía, y la emoción
          no se parecía a nada que haya conocido antes cuando dijo las palabras—:
          ¡Ethan, me vas a joder en el lavabo!
                 —Inclínate hacia él y aférrate a la orilla —ordené, dando marcha,
          esperando a que obedeciera. Ella tembló un poco, pero se posicionó como
          yo le había dicho, con un aspecto tan sensual que era casi imposible para
          mi mente aceptar lo inmensos que estábamos en esto, pero el hombre en
          mí se sentía demasiado bien como para detenerse.
                Metí mis dedos bajo el elástico del encaje negro y lo bajé, empujando
          por sus piernas cuando salió. Podía oler el sabor de su excitación, su
          necesidad por mí, ansiando lo que sólo yo podía dárselo. Tiró de la cintura
          de mis pantalones y tomé mi polla con la mano. Me deslicé sobre su
          húmeda hendidura y la froté contra su clítoris, pero aún sin penetrar. —
          ¿Es esto lo que has querido, mi amor?
                Brynne retorció su coño sobre el extremo de mi polla y trató de
          penetrarse por sí sola. Le di puntos por el esfuerzo, pero yo era la voz
          cantante y necesitaba más de ella todavía. Mi chica tenía que esforzarse
          un poco más si quería su recompensa.
                Volví a su pelo y tomé otro puñado, estirando su cuello hacia atrás
          con elegancia. —Responde a la pregunta, cariño —dije en voz baja. Su
          hermosa garganta subió y bajo al tragar saliva mientras nos mirábamos el
          uno al otro en el espejo. El tirar del pelo fue un disparador para ella.
          Nunca tiraba con fuerza suficiente para lastimarla, sólo para maniobrar su
          cuerpo y dominarla durante el sexo. Eso la ponía salvaje y si eso no lo
          hiciera nada más lo haría. Complacería en todo a mi chica.
                 —Sí, quiero tu polla, Ethan. ¡Quiero que me folles y me hagas venir!
          ¡Por favor! —Temblaba contra mi cuerpo, absolutamente hirviendo a fuego
          lento con el calor.
                Me reí y lamí su cuello arqueado para mí. —Buena chica. ¿Y cuál es
          la verdad, nena? —Froté su clítoris muy sensible y esperé un poco más,
          amando el sabor de su piel y el olor de la excitación que salía de su
          cuerpo.
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                —La verdad es que... ¡soy tuya, Ethan! ¡Ahora, por favor! —Rogó, mi
          corazón a punto de estallar en el sonido de esas palabras.
              Perfección absoluta. —Sí, lo eres, y es mi intención, nena.
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          Complacerte a ti, complacerme a mí. —Coloqué la punta y me empalé mí
          mismo dejándome ir. Ambos gritamos cuando nuestros cuerpos se
          conectaron.
                Mantuve apretando aquel pelo sedoso mientras la jodía, así podía ver
          sus hermosos ojos a través del espejo. Eso es mío. No sé por qué, pero con
          Brynne necesitaba sus ojos cuando follábamos. Quiero mirar en ellos y ver
          cada sensación, cada empuje y retirada de nuestros sexos chocando,
          impulsándonos hacia el final, hasta que nos perdiéramos en la sensación
          que sólo podíamos llegar entre nosotros dos juntos.
                  Hay una verdad cuando miras a los ojos de tu amante cuando te
          corres, y ahogarme en los ojos de Brynne cuando me vengo era una cosa
          tan poderosamente conectiva que me ataba a ella de un modo que
          significaba algo importante y real. La intensidad de lo que pasaba entre
          nosotros realmente me asustaba. Me hacía muy vulnerable, pero era
          demasiado tarde. Yo ya había caído.
                Sus músculos internos se contrajeron a mí alrededor mientras
          atravesaba el orgasmo, gritando mi nombre y estremeciéndose. Yo seguía
          bombeando en sus profundidades, sintiendo cada apretar y soltar de su
          coño mientras le daba de comer mi polla. Se sentía tan bien
          convulsionando alrededor de mi eje que hizo que mis ojos ardieran.
                 El cuerpo de Brynne fue hecho para el acto sexual, pero lo que
          importaba era ella. Ella, quien me cautivaba. Los segundos justos antes de
          que llegara al clímax penetré tan profundo y tan lejos como pude y puse
          mis dientes sobre su hombro. Lloró y registré el sonido de ella, pero no
          podía saber si era de dolor o de placer. No era mi intención hacerle daño,
          pero yo estaba fuera de control en ese instante, sólo quería aferrarme a
          ella, mantenerla conmigo, llenar su coño con mi esperma, hacerla mía.
                A medida que mi semen salía de mí y la llenaba, le dije de nuevo.
                —Yo... te... amo...
                La miré a los ojos, en el espejo cuando lo dije.


                                                 ♥♥♥♥


                 No íbamos a llegar a tiempo al trabajo ni de broma. No importaba.
          Algunas cosas son más importantes. Los dos estábamos agotados por el
          sexo y apenas podíamos soportar caminar de pie después, así que la
          levanté y la llevé a la ducha conmigo. La lavé por todas partes y le permití
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          que me lavara. No hablamos. Solo nos miramos y tocamos y besamos y
          pensamos. Después de la ducha, la envolví en una toalla y la lleve de
          vuelta a la cama, sólo entonces, tendida a mi lado toda suave y contenida,
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          fue que hablamos de las cosas.
                —No es seguro para ti salir sola. No puedes hacerlo más. No
          sabemos los motivos y no voy a correr el riesgo contigo. —Hablé suave pero
          firme, no cediendo en este punto y lo que tenía que decir—. Eso es todo.
               —¿En serio? ¿Es tan malo? —Parecía sorprendida y luego esa
          mirada temerosa que había visto antes apareció en su rostro.
                —No se sabe lo que está pasando en el grupo de Oakley o de su
          oponente. Tenemos que asumir que Oakley tiene su ojo en ti, Brynne. Él
          sabe dónde has estado todos estos años, en que trabajas, dónde vives, y
          probablemente tus amigos también. Necesito tener una conversación con
          Gabrielle y Clarkson pronto. Deberían ser informados en caso de que se
          acercaran por su relación contigo. Tus amigos lo saben todo, ¿no?
                Asintió con la cabeza tristemente. —Simplemente no entiendo por
          qué la gente querría hacerme daño. Yo no hice nada y ciertamente no
          quiero traer a colación el pasado. ¡Sólo quiero olvidarlo que alguna vez
          sucedió! ¿Cómo es mi culpa?
                 Besé su frente y froté su barbilla con el pulgar. —Nada es culpa
          tuya. Sólo vamos a tener cuidado contigo. Mucho, mucho, cuidado —le
          dije, besándola en los labios tres veces seguidas.
                —Yo no quiero nada del Senador Oakley —susurró.
                 —Eso es porque no eres una oportunista. La mayoría de la gente lo
          explotarían por dinero para mantenerlo el secreto. Tú no has hecho eso y
          te están vigilando para ver lo que podrías hacer. Y estoy seguro de que
          están observando para ver si los enemigos de Oakley tratan de llegar a ti. Y
          la verdad, sus enemigos políticos son los que me preocupan más. El vídeo
          y el conocimiento de Oakley de él, lo hace culpable, bajo la línea. Su hijo
          adulto y amigos cometieron un delito y él lo encubrió. Los opositores de
          Oakley verán esa información un tesoro político. Por no hablar de una
          noticia realmente sórdida para vender un montón de periódicos.
                —Oh, Dios... —Rodó sobre su espalda, echando su brazo por encima
          de los ojos.
                —Oye, escucha —Tirándola de nuevo frente a mí—. Nada de eso, ¿de
          acuerdo? Me voy a asegurarme que te dejen en paz por un montón de
          razones. Es mi trabajo por un lado, y tú eres mi chica por otro. —Acuné su
          rostro—. Eso no ha cambiado para ti, ¿verdad? —Yo no la dejaría ir porque
          necesitaba el consuelo. Tenía que saber—. Anoche fue... lo jodí…
                 —Mis sentimientos no han cambiado —Interrumpió ella—. Yo sigo
          siendo tu chica, Ethan. Lo ocurrido ayer no ha cambiado nada. Tú tienes
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          tu lado oscuro y yo el mío. Lo entiendo.
                La hice rodar en las sábanas y la besé lenta y minuciosa, haciéndole
          saber lo mucho que necesitaba oír esas palabras de ella. Sin embargo, yo
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          quería más. Siempre más. ¿Cómo iba a tener suficiente cuando era tan
          dulce y hermosa y encantadora?
                —Siento lo de esta mañana —dijo, trazando mi labio inferior con el
          dedo—. Me prometí que no te dejaría así de nuevo, y lo dije en serio. Me
          entristece que pensaras que volví a hacerlo. Me has asustado cuando te
          despertaste de tu pesadilla, Ethan. Odié verte sufriendo de esa manera.
                Besé su dedo. —La parte más egoísta de mí estaba tan contenta que
          estuvieras allí. Verte fue un alivio muy grande, ni siquiera pueden expresar
          las emociones que pasaron por mí cuando te vi a salvo a mi lado. Pero la
          otra parte de mí odiaba lo que presenciaste. —Sacudí mi cabeza—. Odié
          que me vieras así, Brynne.
                —Tú me has visto después de una pesadilla y no cambió cómo te
          sientes —dijo.
                —No, no lo hizo.
               —Entonces, ¿cómo es diferente para mí, Ethan? Y no lo compartirás
          conmigo... no me dejarás entrar —Sonó herida de nuevo.
                —Yo-yo no lo sé... Lo intentaré, ¿de acuerdo? No he hablado con
          nadie acerca de lo que pasó. No sé si puedo... y sé que no quiero estar
          dentro de este lugar oscuro. No es a dónde quiero que vayas, Brynne.
                 —Oh, bebé —Dibujó sus dedos sobre mi sien y me miró a los ojos—.
          Pero me gustaría ir allí por ti —Me buscó—. Quiero ser lo suficientemente
          importante como para que me digas tus secretos, y tienes que dejarme
          entrar también. Soy buena escuchando. ¿Cuál era ese sueño?
                 Quería intentar ser normal para ella, pero no sabía si podría.
          Supongo que era algo que había que hacer frente a si quería quedarme con
          ella. Brynne era terca y una parte de mí sabía que no lo dejaría ir porque
          dijera que no quería hablar de ello.
                —Tú eres lo suficientemente importante, Brynne. Tú eres todo lo que
          importa. —Seguí la línea del cabello con el dedo y la besé de nuevo,
          adentrándome profundamente con mi lengua, saboreando su sabor dulce
          y suave y amando su aceptación de mí. Pero el beso tenía que terminar
          con el tiempo.
                Saqué un poco de valentía de alguna parte y respiré hondo, rodando
          sobre mi espalda y mirando hacia el tragaluz. El día se había vuelto tan
          gris como mi estado de ánimo y parecía que la lluvia era inminente. Justo
          en sintonía con el lugar en mi cabeza, todo se empaña. Brynne se quedó
          en su lado, esperando a que yo dijera algo.
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                —Lamento lo de anoche, y como me comporté contigo después. Fui
          agobiante y demasiado intenso —Hablé más suave—. ¿Me perdonas?
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               —Por supuesto que sí, Ethan. Pero quiero entender por qué. —
          Extendió una mano y la puso sobre mi corazón y la dejó allí.
                —Esa pesadilla era de una época en que yo estaba en las Fuerzas
          Especiales. Mi equipo cayó en una emboscada, la mayoría de ellos fueron
          asesinados. Yo era el oficial superior y mi arma se atascó. Me capturaron...
          Los afganos me sostuvieron en el interrogatorio durante veintidós días.
                Inhaló bruscamente. —¿Es así como conseguiste las cicatrices en la
          espalda? ¿Hicieron eso? —Su voz era suave pero podía oír la preocupación
          en sus palabras.
                —Sí. Destrozaron mi espalda con latigazos de cuerdas... y otras
          cosas.
                Ella me agarró un poco más fuerte y tragué saliva, sintiendo
          ansiedad, pero seguí su camino, sintiéndome mal por engañarla, pero no
          pude explicar correctamente que mis peores cicatrices no eran las de mi
          espalda.
               —He soñado con algo que… que pasó... y era un momento en que
          pensé que iba a ser ase… —me detuve. Mi respiración era tan fuerte que
          no podía decir nada más. Yo no podía tocar el tema. No a ella.
                —Tu corazón late con fuerza —Puso sus labios sobre el lugar en el
          que músculo que bombea mi sangre y lo besó. Puse mi mano en la parte
          posterior de su cabeza y la sostuve allí, frotando su cabello una y otra
          vez—. Está bien, Ethan, no tienes que decir nada más hasta que sientas
          que puede hacerlo. Voy a estar aquí —Su voz tenía el tono triste de
          nuevo—. No quiero que te duela más por mi culpa.
                Acaricié su mejilla con el dorso de mi dedo. —¿Eres real? —susurré.
                Sus ojos brillaron y asintió.
                 —Cuando me desperté esta mañana y no estabas, pensé que podrías
          haberme dejado por esa jodida situación de anoche y te había perdido.
          Brynne... No puedo estar sin ti ahora. Ya lo sabes, ¿verdad? Simplemente
          no puedo hacerlo. —Toqué sobre la marca roja en su hombro donde la
          mordí con los dientes cuando estaba en medio de ese orgasmo volcánico en
          el fregadero—. Te marqué. Lo siento sobre eso también. —Corrí mi lengua
          por la marca.
                 Ella se estremeció contra mi boca. —Escucha —Se apoderó de mi
          cara y me abrazó—. Te amo, y quiero estar contigo. Sé que no lo digo todo
          el tiempo, pero eso no quiere decir que lo sienta menos. Ethan, si yo no
          quisiera estar contigo, o no podría estar contigo, yo no lo estaría... y lo
          supieras.
                Exhalé con alivio tan grande que me tomó un minuto para
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          encontrar mi voz. —Dilo de nuevo.
                —Te amo, Ethan Blackstone.
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                           ladstone para el almuerzo e Iván estaba retrasado. No sé
                           por qué me molesto en tratar de ser puntual con mi primo
                           porque a él ciertamente no le importa. Revisé mi reloj y
                           miré alrededor de la habitación. Formalmente un club
                           para caballeros en el siglo pasado, el lugar ha sido
                           reanimado con ropas de lino blancas, montones de
          cristales, y maderas claras, luciendo para nada como el exclusivamente
          masculino, enclave social para los Londinenses con derechos de hace
          cientos de años.
                Bueno, Iván ciertamente habría encajado. Mi primo era un noble del
          reino, que aún odiaba ser recordado y ciertamente no actuaba como tal.
          Ninguno de nosotros pudo evitar como nacimos e Iván no pudo controlar
          que su padre había sido el anterior Baron Rothvale más de lo que yo pude
          controlar que mi padre manejó un taxi de Londres. Teníamos conexiones
          que fueron mucho más profundas de lo que el dinero alguna vez pudo
          llevarnos de cualquier forma.
                ¿A quién engañaba? Iván podría tirar un acantilado si le gustaba, yo
          tenía dos hermosas mujeres en la mesa luciendo felices y preciosas en
          frente a mí—mi chica y su mejor amiga.
               —Ustedes señoritas lucen como si ir de compras hubiera acordado
          con ustedes. —Les serví a ambas el Riesling que había ordenado.
                Brynne y Gabrielle sonrieron y se miraron entre ellas con
          complicidad, obviamente compartiendo secretos femeninos, un misterio
          que yo sólo podía adivinar. Tenían una excursión de compras de vestidos
          cuando me llegó un mensaje de texto de Brynne preguntándome que
          hacían para el almuerzo. Desde que eran sólo algunas cuadras de
          distancia desde Gladstone le dije que se unieran a mi cita del almuerzo
          con Iván. Quería presentárselo a Brynne de todas formas, con la ilusión de
          que él pudiera ejercer alguna influencia sobre la Galería Nacional por ella.
          Demonios, no estoy tan orgulloso de pedir un favor. No es que le importe
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          un bledo. El hombre estaba en el consejo de los más prestigiosos museos
          de arte en el mundo y no le podría haber importado menos sobre eso si lo
          intentara. De hecho, estoy seguro que Iván renunciaría si con eso pudiera
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          escaparse.
                —Así es, Ethan. Brynne adquirió el más fabuloso vestido vintage
          para la Galla Mallerton. Sólo espera —me advirtió Gabrielle.
                 Hice una cara. —Entonces estás diciendo que estará más
          encantadora de lo normal. —Miré a Brynne sonrojarse y luego regresé con
          Gabrielle—. Sólo lo que necesito… más admiradores persiguiéndola. Pensé
          que podía confiar en ti, Gabrielle, ¿Sólo un poquito de ayuda aquí? —
          imploré. ¿Por qué no sólo la llevaste a un lugar que venda poco atractivas
          batas de baño en su lugar? —Mis palabras eran en broma pero en el yo
          interior iba en serio a muerte. Odiaba cuando los hombres veían a Brynne
          como si la estuvieran imaginando desnuda.
                Gabrielle se encogió de hombros. —La tía Marie nos calentó en la
          tienda. La mujer tiene locas habilidades con lo único y raro. Vintage little
          beauty eso es, escondida en una tranquila esquina de Knightsbridge. Sé
          que regresaré. —Me dio un guiño—. Tú necesitas competencia de todas
          formas, Ethan, es bueno para ti. —Tomó un trago de su vino y puso su
          atención de regreso en revisar mensajes en su móvil.
                —No es verdad. Estoy batallando lo suficiente tal como está.
          ¡Muchísimas gracias! —Tomé la mano de Brynne y la besé—. Me alegro de
          que vinieras al almuerzo.
               Sólo me sonrió y no dijo nada en esa misteriosa forma de ella.
          Deseaba que estuviéramos solos.
                 Gabrielle era una amiga fiel por lo que yo podía decir, y ferozmente
          protectora de Brynne. Nosotros teníamos un entendimiento que era
          factible siempre y cuando me viera como un amigo y no como un
          enemigo—Yo había pasado la prueba hasta ahora. Hermosa también por
          su cuenta, solo que no era mi gusto de mujer. Su largo cabello castaño.
          Con sólo mínimos toques de rojo oscuro destellando a través de él,
          combinado con ojos muy verdes. Era llamativo. Agradable figura aún si no
          era mi gusto, yo seguía teniendo ojos en mi cabeza y no estaba muerta.
                El color de sus ojos me recordaron los ojos de Iván. El mismo verde.
          Me pregunté qué pensaría de ella cuando le diera un vistazo, por lo
          mujeriego que era. Apuesto que le gustaría mucho. Tuve que reprimir una
          carcajada. Gabrielle probablemente le diría que se fuera a la mierda en su
          cara y él lamería sus labios y le pediría que se uniera a él sin problemas.
          Sería de risa observar si alguna vez consiguiera poner su culo aquí.
                La compañera de habitación de Brynne era otra americana viviendo
          en Londres, estudiando arte en la universidad, y haciendo su camino…
          muy lejos de casa. Aunque su papá era un ciudadano británico. Policía
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          Metropolitana de Londres—un tal Robert Hargreave, Jefe inspector, de New
          Scotland Yard. Levanté la vista hacia él, y a todas cuentas lucía sólido, un
          respetado policía en la fuerza. Supuse que debería concretar una reunión
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          con él en cualquier momento también. Aunque las cosas habían estado un
          poco tranquilas en el frente del Senador Oakley. Sin noticias eran buenas
          noticias… eso esperaba.
                —¿De qué color es tu asombroso vestido que me hará enloquecer de
          celos cuando los hombres babeen sobre ti usándolo? —le pregunté a
          Brynne.
                —Es azul índigo. —Sonrió otra vez—. La tía Marie se reunió con
          nosotras ahí y tuvimos mucha diversión con ella. Realmente tiene ojo para
          la moda.
                —La debiste de haber traído al almuerzo contigo.
                —Habría amado que viniera con nosotras, pero estaba saliendo a un
          almuerzo de señoras con su club de lectura. Me dijo que te dijera las ganas
          que tiene por conocerte. —Brynne se sonrojó de nuevo como si la idea de
          nuestra reunión juntos la hacía tímida.
                Ella tenía una timidez que era adorable en público, pero no lo lleva
          con ella al dormitorio conmigo. Nop. Mi chica no era tímida conmigo así,
          era todo bueno. Pensé sobre cuántas horas más tendría hasta esta noche
          en que la pudiera llevar de regreso a mi habitación y ella pudiera
          mostrarme su lado no-tímido un poco más.
                Habíamos estado ardiendo en las sábanas últimamente… y las
          paredes de la ducha… en el escritorio de mi oficina… la alfombra frente a
          la chimenea, en el camastro del balcón, y hasta en el gimnasio. Me removí
          en mi silla y recordé esa mañana ejercitando con gran ternura. ¿Quién
          sabría cuanta diversión podría haber en una banca de pesas con Brynne
          desnuda y deslizándose arriba y debajo de mi…?
                 —Amarás a Marie, Ethan —dijo Gabrielle distraídamente, todavía
          revisando sus mensajes e interrumpiendo mis eróticas reflexiones.
          Necesitaba reacomodar mi polla pero forcé una sonrisa a ambas en su
          lugar.
                Todavía no conocía a la adorable tía Marie, pero estaba por hacerlo
          muy pronto. Habíamos decidido que era tiempo de juntar a la familia en
          una cena en mi casa. Mi papa, la tía de Brynne, Gabrielle, Clarkson, Neil y
          Elaina hicieron la lista corta. Habíamos discutido y sentido que era tiempo
          de traer a todos a bordo con lo que pasaba con nosotros y las posibles
          amenazas a Brynne. Todos necesitaban saber lo que puede estar en juego.
          Brynne era muy importante para mí para tomar un riesgo en este
          momento, y todos los involucrados ya sabían su pasado de todas formas.
                —Bueno no puedo esperar a conocerla. Suena como que te
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          consiente. —Revisé mi reloj otra vez—. No puedo creer Iván, sólo no
          aparecer así. Tan grosero.
                —¿Porqué no lo llamas? —sugirió Brynne.
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                —Eso sería un total desperdicio de mi tiempo. Nunca responde su
          móvil. Dudo que siquiera encienda esa maldita cosa —respondí secamente.
                —¡Oh, hombre! —Gabrielle levantó la vista de sus mensajes—. Voy a
          tener que regresar a la universidad. Problemas con una pintura. Un
          accidente que involucra solvente vaciado en una rara, escucha esto
          Brynne, Abigail Wainwright. —Gabrielle lucía absolutamente horrorizada,
          se levantó abruptamente, y recogió sus bolsas—. No es una buena
          combinación.
               —No, eso no es bueno para nada —dijo Brynne, sacudiendo su
          cabeza—, el solvente comerá a través del lienzo si no se neutraliza…
               Traté de seguir el ritmo con la cosa del arte geek de la que ellas
          hablaban pero no era fácil para mí. No creo tener un hueso artístico en mi
          cuerpo. Aunque lo puedo apreciar. El retrato de Brynne era la
          personificación del arte en mi opinión.
                —¿Quieres que te dé un aventón de regreso? Neil te puede llevar si
          quieres —ofrecí.
                —No, está bien. Conseguiré un taxi, será más rápido. Tengo que
          irme ahora mismo, pero gracias. Te veo en tu casa mañana en la noche,
          Ethan. Disfruta tu almuerzo, ambos.
               —Déjame saber cómo se resuelve —le dijo Brynne—. Si alguien
          puede arreglar este desastre, ¡eres tú, Gaby!
                 Gabrielle abrazó a Brynne, ondeó su mano y se fue, su alta forma
          curvilínea atrayendo un montón de miradas de hombres agradecidos
          mientras hacía su camino fuera de Gladstone.
               Le sonreí a Brynne y tomé sus manos. —Entonces te tengo toda para
          mí en el almuerzo después de todo. —Susurré el resto—: Qué mal que
          estemos en público.
                —Lo sé. Nunca conseguimos hacer esto. —Apretó mis manos un
          poco—. Has tenido mucho trabajo últimamente y sólo puedo imaginar con
          las Olimpiadas. Dios, eso es enorme, Ethan. Toda esa gente. —Ella
          sonrió—. ¡William y Kate!
               Asentí. —Sí, estarán ahí por eventos. El Príncipe Harry también. Es
          buena diversión.
               —¿Lo conoces? —preguntó con incredulidad.
                Asentí otra vez. —Puedo conseguir presentarte si quieres… mientras
          no tengas una cosa por los príncipes con cabello rojo anaranjado.
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                —Nunca —dijo con ojos seductores—. Soy parcial a los tipos de
          seguridad con cabello oscuro.
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                ¿Quién había encendido el horno explosivo? De hecho miré alrededor
          de la habitación por una salida. Si hubiera una puerta marcada “privado”
          juro que la habría tenido detrás de esta y desnuda en apenas dos
          segundos.
                —Es usted muy cruel, Señorita Bennett.
                Se veía muy satisfecha con ella misma sentada frente a mí en un
          restaurante. Muy satisfecha de hecho, me hacía pensar con cariño los
          azotes que le había dado encima del lavabo. Dios era una cosa sexy,
          inclinada a conducirme a la locura…
                —Entonces de regreso a tu trabajo. ¡Estás haciendo la seguridad Vip
          para las malditas Olimpiadas, Ethan!
                Su excitación me sacó de mi cabeza. Probablemente una maldita
          cosa buena en este momento.
                —Bueno, no me estoy quejando, es bueno para los negocios pero lo
          podría hacer sin el estrés. Sólo quiero que todo corra fluidamente. No
          conspiradores o chiflados con un hacha para irritar con su causa de
          mentiras, no bombas, o vergüenzas y puedo respirar. Clientes felices
          mantenidos a salvo y estaré satisfecho. —Alcancé mi vino—. Vamos a
          ordenar, no creo que Iván vaya a aparecer… ¡Siempre jodidamente tarde
          para todo! —gruñí, abriendo mi menú.
                 Brynne me dijo lo que quería en caso de que el mesero apareciera y
          se excusó para ir al baño de damas. Observé cuando se alejó, y las
          miradas que obtuvo de los otros también. Suspiré. Por más que Brynne
          estuviera reservada, todavía tenía ese algo que hacía que la gente la
          notara. Algo que pude haber hecho de seguro, pero entendía que era parte
          del asunto con ella. Los hombres siempre la mirarían. Y la desearían. Y
          tratarían de llevársela.
                 El trabajo me iba a volver completamente loco, y cuanto más
          ocupado esté, y mi más estirada concentración venga en el trabajo en
          mano y menos capaz de estar atento en la seguridad de ella. Las pasadas
          dos semanas habían sido buenas para Brynne y para mí, y nuestra
          relación, pero no sin preocupación. La preocupación nunca se iría lejos. He
          estado en el negocio de la seguridad lo suficiente para saber que cuando
          las cosas parecen estar más en orden no es el tiempo para bajar tu
          guardia. Ella seguía estando muy vulnerable y el pensamiento me volvía
          loco.
                —Lo siento, E. Perdí el control del tiempo y todo eso —interrumpió
          Iván, dejándose en frente de mí.
                 —Es agradable de tu parte aparecer. Para la cita que tú hiciste,
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          podría agregar. Y no te sientes ahí. Brynne está conmigo. —Señalé la silla
          de al lado—. Regresará en un momento.
                Iván se movió a la silla de al lado. —Algo salió y fui asaltado.
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                —Sí —gruñí—. Tu polla fue asaltada. ¿Con quién estabas en la cama
          esta vez?
                —No era eso. Los malditos reporteros persiguiéndome, dije que
          necesito algo más sustancial qué eso. —Miró fijamente al vino y le hizo
          señas al mesero, la vacía apariencia de dolor mostrándose sólo por un
          instante antes que él la enmascarara con ojos entrometidos.
               Déjalo ser. Mi primo tenía sus culpas pero todo el mundo las tiene.
          No significa que él había merecido lo mucho que había conseguido
          tampoco. Sí, Iván estaba tan podidamente solo como el resto de nosotros.
                Brynne hizo su camino de regreso a la mesa unos momentos
          después, su expresión inexpresiva, pero si pudiera imaginar, diría que
          tenía algo en su mente. Me pregunté que era.
                 Me levanté y alcancé su mano, pateando la pata de la silla de Iván
          en el proceso, entonces él quitaría su trasero. Saltó y amplió sus ojos
          cuando la vio. Deseé haber pateado su pierna en lugar de sólo la pata de
          su silla.
               —Brynne, mi primo, Iván Everly. Iván, Brynne Bennet, mi muy
          hermosa, y podría agregar, muy tomada, novia.
                —Enchanté3, Brynne. —Tomó su mano y ofreció un beso que apenas
          pasó como neutral en mi libro, pero entonces ¿esperaba algo diferente de
          él? Estúpida pregunta retórica.
               Ella sonrió hermosamente como siempre, saludando a Iván con
          amabilidad mientras la sentaba y luego yo también lo hice. Iván sólo se
          quedó ahí parado como un imbécil.
               —Te puedes sentar ahora, primo. Y pon tu lengua de regreso en tu
          boca —dije.
                —Bueno, Brynne, yo estaba preparado para preguntarte cómo te las
          arreglaste para enganchar a Ethan pero ahora que te he conocido
          finalmente, creo la pregunta es mejor para él. —Iván hizo un show
          mirándome—. ¿Cómo infiernos capturaste a tan exquisita criatura como
          esta, E? Quiero decir, ¡sólo mírala! ¿Y tú? Bueno, eres tan aburrido y
          gruñón todo al mismo tiempo. —Se concentró de regreso en Brynne—. Mi
          querida, ¿Qué ves en él? —Hizo una cara de parodia interesado y descansó
          su barbilla en su mano apoyada por un codo.
                   —Dios, ¡eres un idiota, Iván!
                Brynne se rió e hizo un comentario sobre cuán determinado había
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          estado en sacarla en una cita conmigo. —Él era muy persistente, Iván.
          Ethan nunca se dio por vencido conmigo, y finalmente salí en esa cita. —
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          3   Encantado en francés.
          Ella tomó un trago de su vino y me guiñó—. Los dos son muy diferentes,
          ¿Siempre han sido así de cercanos? —preguntó Brynne.
                —Sí —le contestamos ambos al mismo tiempo. Iván encontró sus
          ojos conmigo y tuvimos esta comunicación por un instante, pero entonces
          se apagó así de rápido en el siguiente instante. La conversación era para
          otra ocasión. Esto era social.
                —¡Cercanos como para matarlo! —Le guiñé a Brynne—. No,
          seriamente, lo mantengo con vida y tolero sus muchas molestias, e Iván es
          demasiado agradecido, ¿no es cierto, Iván?
               —Supongo… es mejor que me quiera muerto —respondió el.
               Brynne rió. —¿Quién te quiere muerto, Iván?
               —¡Mucha gente! —Iván y yo hablamos otra vez al mismo tiempo.
                Ambos reímos a una confundida Brynne y luego el mesero apareció
          para hacer su tarea, entonces unos minutos antes fui capaz de explicar
          sobre mi muy ecléctico primo
                —Mmmmm, ¿Dónde empezar? —Pausé para dar efecto—. Nuestras
          madres eran hermanas y hemos estado alrededor de cada uno desde…
          siempre. Sin la conexión de sangre dudo que nunca nos hubiéramos
          conocido. Iván es aristócrata, sabes. En herencia y en los ojos de la
          Federación de Tiro al blanco del mundo. —Iván me frunció el ceño—.
          Brynne, estás viendo al Lord Rothvale, el treceavo barón o alguna
          putrefacción, o Lord Iván como es llamado entre sus compatriotas
          deportistas —gesticulé con ademán ostentoso—. En carne y hueso.
                 Era Brynne girándose viéndose sorprendida. —Rothvale… como en
          la galería ¿donde conservo pinturas?
                —Bueno sí. Ese es mi tatara, tatara, tatara abuelo nombrado por él,
          pero no tengo conexión con la galería Rothvale —dijo Ivan.
               —Pero si lo haces en el Nacional —le recordé.
                 Brynne me miró con incredulidad y luego regresó con Ivan. —¿Estás
          en la junta de directores de la Gallería Nacional, Iván?
                Soltó un enorme suspiro. —Bueno, sí, mi querida, pero no por
          elección. He heredado el nombramiento y parece que no puedo librarme de
          él. Mi conocimiento es muy débil me temo. No como tú, una experta en
          restaurar pinturas me contó E.
                —Amo lo que hago. Estoy trabajando en el más encantador
          Mallerton en este momento. —Brynne me miró y alcanzó mi mano—.
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          Ethan me ayudó a resolver un misterio del título del libro el que la mujer
          en la pintura sujetaba.
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                —Ella es realmente brillante, Iván —concordé, cepillando mi pulgar
          sobre su mano y no la quería dejar ir—. Sólo traduje un poco de francés
          para ella.
                Brynne arrebató su mano. Miré con furia a Iván.
                Iván respondió con un guiño. —Yo podría tener un trabajo para
          alguien de hecho. Tal vez para todo un grupo. —Se encogió de hombros—.
          Mi estado en Irlanda, Donadea, tiene habitaciones y habitaciones llenas de
          pinturas del décimo noveno siglo. Un montón de Mallerton, también. —
          Iván levantó la vista avergonzado.
                 —Perdona mi francés, pero necesito que pasen por ellos y los
          cataloguen. No creo que hayan sido tocados en un siglo. —Sacudió su
          cabeza y sostuvo sus manos—. Ni siquiera sé que hay ahí, sólo que hay
          una tonelada de eso y necesita una atención profesional. Está en mi lista
          de cosas por hacer—. Iván ladeo su cabeza hacia Brynne y le ofreció una
          mirada que era bastante coqueta de lo que debería haber sido porque se
          dirigía a mi novia—. ¿Interesada?
                No, ¡ella definitivamente no está interesada en ir al estado irlandés y
          catalogar tus pinturas mientras tratas de tenderle una trampa para llevarla
          a tu cama contigo!
                —¡Sí! —dijo Brynne
               —Ugh —gemí—. Sólo si voy como chaperón, y mi rotulo estará
          bastante lleno hasta después de Agosto. —Le di una mirada dejándole
          saber que Brynne iría sola a su estado en Irlanda sobre mi muerto y
          descompuesto cadáver.
               —¿Qué? ¿No confías en mí, E? Tu propia sangre. —Sacudió su
          cabeza—. Qué triste.
                —¿Con ella? ¡De ninguna manera! —Tomé la mano de Brynne otra
          vez, la urgencia de tocarla, aún el predominante hecho que yo era un
          bastardo celoso con quien sea que tratara de coquetear con ella, incluso
          mi primo.
                 —Sabes, debería presentarte a Gabrielle. Mi compañera de
          habitación. Está haciendo su disertación en Mallerton. Es la indicada para
          hacer tu trabajo, Iván. Gaby estaba justo aquí y tuvo que irse. Es una
          pena que no se conocieran. —Brynne sonrió suavemente, obviamente
          satisfecha con su sugerencia. Tiró su mano fuera de la mía con una
          pequeña palmadita y luego una mirada de desaprobación.
                —¡Sí! —dije, repentinamente interesado—. Gabrielle sería perfecta
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          para el trabajo, Iván. —Las chispas volando entre los dos sería un
          espectáculo que no quería perderme. Y demonios, era la idea de Brynne
          por lo que estaba completamente fuera del problema. Cualquier cosa para
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          distraerlo de Brynne funcionaba para mí—. Te la presentaré en la Gala
          Mallerton. Trata de no hablar mucho y               estarás   bien   —dije
          condescendiente—. Sólo muéstrale las pinturas.
                Él me ignoró y se concentró en su lugar en ser encantador con mi
          novia. —Gracias por eso, Brynne. Amaría conocer a tu amiga y hacer que
          se enfrente el trabajo. No tienes idea. Es el mono conocido en mi espalda
          que necesita estar en su camino unas décadas atrás…
               ¡Ja! Espera hasta que tengas la carga de Gabrielle y ¡estarás
          deseando por que el pequeño mono esté arañando en tu espalda!
                El almuerzo llegó en el momento en que estábamos en el punto de la
          cuestión. Iván parloteando con Brynne sobre nada con sentido, y luego
          conmigo sobre sus problemas de seguridad; antes de que supiera que era
          tiempo de regresar.
                Dejé a Brynne con Iván mientras iba por el auto para llevarlo al
          frente. Iván me guiñó y me aseguró que pondría un buen ojo en ella por
          mí. Le dije gracias por comprar nuestro almuerzo y le di una mirada de
          advertencia que no dejaba preguntas sobre lo mucho que necesitaba su
          ayuda. Sabía que mi primo sólo jugaba conmigo. El pobre hombre estaba
          probablemente en shock al verme así sobre una chica y estoy seguro que
          tendría bastante que decirme sobre ella en una conversación privada.
          Bonito.
                Le entregué el ticket al valet y escaneé el área. Era un hábito, sólo
          algo que hacía cuando estaba fuera. Un tipo con chaqueta café inclinado
          contra el edificio esperando. Tenía esa mirada hambrienta y una cámara
          alrededor de su cuello. Lo identifiqué como paparazzi. Vivían de tomas de
          celebridades yendo y viniendo de establecimientos como Gladstone donde
          cualquiera podría aparecer en cualquier momento.
                El aparcacoches me entregó mi auto y entré para esperar. Encendí la
          música y puse Butterfly de Crazy Town. Canción perfecta, pensé,
          golpeteando mi pulgar en el volante mientras Brynne e Iván se tomaban su
          maldito, tiempo dulce en salir.
                No estaba excitado sobre a donde llevaba a Brynne tampoco. Sesión
          de fotos. Si había una cosa que podía cambiar sobre mi chica eso sería.
          Absolutamente odiaba y despreciaba que ella se desnudara para una
          cámara y que otro hombre viera su cuerpo. Era una cosa de belleza, cierto,
          pero no quería que cualquier otro viera lo que era mío.
                Mis pensamientos fueron interrumpidos por la puerta del carro
          mientras Iván la abría para Brynne, besándola en ambas mejillas y
          haciendo un gran show diciendo adiós.
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                 Al mismo tiempo, ¡ese jodido fotógrafo empezó a tomar fotos! Ellos
          lucían como celebridades aún si no lo eran, e Iván técnicamente lo era.
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          ¡Cristo todopoderoso!
               Brynne lucía despampanante en la calle hablando con mi primo.
          Cómo alguna vez sobreviviría a esto, pensé. El deseo de fumar más
          temprano me tenía jadeando pero mi vicio tendría que esperar por el
          momento.
                —¡Adios, Iván! Estaba tan encantada de conocerte hoy y sería
          maravilloso verte otra vez en la Gala Mallerton pronto. —Brynne entró en
          su asiento y sonrío hacia él.
                —Fue agradable conocerte también, Brynne Bennet. —Iván sonrío
          ampliamente y se agachó para hablarme—. Cuida de esta hermosa chica
          por mí, ¿lo harás? No encajes y berrinches, ¿bien, E? Puedes hacerlo. —Él
          reía mientras azotaba la puerta.
                 —Bueno eso fue divertido —dije sarcásticamente mientras arrancaba
          del freno.
                —Me gusta mucho tu primo, Ethan. Es un personaje seguro. Estoy
          contenta de que me lo hayas presentado. No puedo creer que sabías que
          está en la junta de la Galería Nacional y ¡no me dijeras! —Me dio un
          pequeño golpe en el hombro, el cual encontré increíblemente caliente.
                 —Bueno, lo siento, sé que él no da una mierda por el arte, sólo está
          en la junta.
                 Recordando mi juramento de decirle todo continué—: Le dije sobre ti
          hace un tiempo. Quería ver si podría haber algo en el Nacional para ti.
          Quería que tuvieras esa visa de trabajo también. —La miré en el asiento al
          otro lado de mí, tan hermosa y brillante, y supe que haría cualquier cosa
          para mantenerla en Inglaterra conmigo. ¿Aunque Iván lo insinuara
          bromeando por teléfono?
               —Oh, Ethan. —Tocó mi pierna—. Eso es muy dulce de tu parte, pero
          puedo conseguir cualquier cita por mi cuenta. Es realmente importante
          para mí. Quiero ganarlo por mí misma, no consiguiendo un favor de tu
          primo. No importa qué tan bien conectado esté… y coqueto. Jesús, ¡ese
          hombre es un coqueto!
                —Ni me lo recuerdes. Hubo unas cuantas veces que quise
          estrangularlo durante el almuerzo.
                 —Pero él sólo fingía, Ethan. Deberías saber eso. Te respeta y puedo
          ver la relación que ustedes tienen. Casi como hermanos.
               —Sí… Iván es bueno muy en el fondo. Sólo ha tenido algunos golpes
          duros últimamente que lo han hartado. No todos lo tenemos.
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                —No todos lo tenemos —dijo.
               Agarré su mano y la sostuve en mi regazo en un tipo de respuesta.
          No sabía que decir en respuesta para eso y sabía que no teníamos que
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          manejar muy lejos.
                 Aunque yo sinceramente deseaba que el viaje pudiera haber tomado
          mucho más tiempo. Entre más cerca estábamos de su destino, más
          repugnante se volvía mi humor. Cuando me detuve en el estudio donde
          ella trabajaba todo el día y estacioné el maldito auto, yo era un desastre
          rabioso. Sentí una barrida irracional por mi cuerpo y tenía que pelear
          duro. Mi interno Sr. Hyde estaba teniendo un día de campo con mi interno
          Dr.Jekyll. Como pateando el noble culo del buen doctor en la acera y
          repartiendo puñetazos con regocijo.
                —¿Qué están fotografiando hoy? —demandé. Y por favor di que hay
          algo de ropa involucrada.
                —Ethan —advirtió—, hemos atravesado esto antes. No puedes venir
          y necesitas dejar de preocuparte. Sólo somos el fotógrafo y yo, y algo de
          tiempo detrás de los lentes de la cámara. Todos somos profesionales
          haciendo nuestros trabajos. —Se detuvo—. Hay algo de lencería
          involucrada…
                —¿Cuál fotógrafo? —pregunté.
                —Marco Carveletti. Ya lo conociste.
                —Oh, recuerdo al suave Italiano el Sr. Carvaletti a quien le gusta
          besarte, muy bien, mi querida.
                —Puedes parar de ser un idiota ahora, Ethan —me dijo en no
          inseguros términos—. Ese es mi trabajo como tú tienes un trabajo.
                La miré fijamente en el asiento y le quería decir que no podía entrar
          ahí y quitarse la ropa. Quería quedarme parado en la parte de atrás de la
          habitación y observar todo lo que Cavaletti hacía, cada movimiento que
          hiciera, cada sugerencia que le indique. Quería estar ahí en caso de que el
          tratara de tocarla o verla muy de cerca. Quería girar el auto y llevarla a
          casa. Quería follarla contra la pared en el momento en que estemos
          dentro. Quería escuchar sus jadeos con mi nombre mientras se venía.
          Quería que me sintiera dentro de ella—saber que era yo y nadie más.
          Quería tanto.
                No podría tener ninguna de esas cosas. Nada.
                Tuve que despedirla y regresar a mi trabajo. Tuve que decirle que le
          mandara un mensaje de texto a Nail cuando fuera tiempo de que la recoja
          porque yo tenía una reunión en la tarde y no podía venir. Tuve que
          observarla irse y esperar a que la puerta se cerrara detrás de ella y
          estuviera dentro del edificio. Tuve que alejarme conduciendo y dejar a mi
          chica dentro de ese edificio.
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                Tuve que hacerlo todo.
                Y odié cada maldito segundo de eso.
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                                                ♥♥♥♥


                No estaba de mejor humor para cuando pude dejar la oficina. Llamé
          a Brynne y entró el buzón. Le dejé un mensaje y le dije que traería la cena
          porque sé lo cansada que está después de una sesión de fotos. No pienses
          en esa jodida sesión de fotos.
                No estaba preocupado cuando no lo contestó, porque sabía que se
          encontraba en casa. Nail siempre se reportaba conmigo cuando la dejaba.
          Había esperado que pudiéramos quedarnos en mi casa esta noche pero
          Brynne no iba por eso. Le pregunté y se resistió. Dijo que necesitaba su
          propia cama por esta noche, además estaría aquí mañana para la cena
          familiar que habíamos planeado. Traté de traerla conmigo cada noche pero
          seguía evasiva sobre renunciar a su independencia. Brynne se molestaba
          conmigo si interfería mucho o trataba de influenciar sus decisiones.
               Pista el modelaje desnuda. Estás pensando sobre eso otra vez,
          pendejo.
                Maldita sea, las relaciones son mucho trabajo jodido… como todo el
          maldito tiempo.
                Entonces, siendo el brillante cabrón que soy, yo podría sopesar mis
          opciones—mi lugar sin Brynne contra el paquete de compromiso de
          Brynne y su pequeñita plana, y menos privacidad si Gabrielle estaba
          alrededor.
                Decisión fácil. Brynne ganaba todo el tiempo.
               Infiernos, yo seguía fantaseando sobre otra follada-en la pared y me
          pregunté si podría sorprenderla con eso si la costa estaba despejada
          cuando llegara ahí.
                ¿Dónde recoger la comida? Nos gustaban muchas cosas diferentes.
          Habría traído lasaña de Bellisima pero inmediatamente recordé sobre
          Carvaletti siendo Italiano y disparé esa idea derecho al infierno. Ese
          bastardo la vio desnuda hoy.
                Brynne amaba la comida mexicana, pero era mucho mejor cuando
          hacía las cosas que cualquier restaurante en la ciudad. Yo realmente
          amaba las influencias de Sur América en lo que a ella le gustaba hacer.
          Decidí en Indio y llamé y ordené algo de pollo en mantequilla, curry de
          cordero y ensalada de verduras. Dejaba el restaurante con la comida
          cuando envié un rápido mensaje de texto:
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                Casi llego, nena. Nos conseguí pollo indio y cordero.
               Recibí algo de ella inmediatamente. Hola. Estoy realmente
          cansada y sólo quiero ir a la cama. ¿Puedo saltarme la cena sta
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          noche?
                ¿Qué? No me gustó el sonido del mensaje e inmediatamente traté de
          descifrar lo que quería decir con eso. Un parpadeo de ansiedad corrió a
          través de mí. Me decía que no fuera, ¿o sólo que no tenía hambre? No
          podía decirlo de ese mensaje de texto y lo leí cerca de diez veces.
                 Estaba cansado, malhumorado, arrugado, y privado de nicotina, y
          no completamente seguro de que mi cerebro estuviera despierto para una
          conversación con una mente femenina posiblemente irracional. Todo lo
          que quería era comer algo, tomar una ducha y colarme en la cama con
          ella. Aún podía saltarme el sexo, pero dormir con ella era no negociable.
                Habíamos hecho un acuerdo de formas donde nos quedaríamos, ya
          sea su lugar o el mío. La quería junto a mí. Lo hice perfectamente claro
          para Brynne cuando empezamos a salir. La llamé desde el auto y manejé.
               —Hola. No tengo hambre, Ethan. —Sonaba rara.
                —Bueno ¿Qué está mal, nena? ¿No te estás sintiendo bien? —Esto
          era primero. Nunca había estado enferma antes, excepto por el dolor de
          cabeza la primera noche que nos conocimos.
               —Me duele el estómago. Estaba acostada.
               —¿Como si te fueras a enfermar? ¿Quieres que me detenga en la
          farmacia y te consiga algo? —ofrecí.
                Se detuvo antes de contestar misteriosamente. —No… como que
          tengo calambres.
                Ahhhh. La Maldición. Sabía sobre eso por tener una hermana, sólo
          que nunca tuve que ocuparme de eso en una relación anteriormente
          tampoco. De hecho nunca había tenido una relación como la que tenía con
          Brynne, antes tampoco. Cuando tienes sexo con las de poco-tiempo,
          inconvenientes como las que “ella” está teniendo en su semana muerta no
          salen. Pero había escuchado las quejas de amigas por años, y había estado
          alrededor de mi hermana. Y había aprendido lo suficiente para saber que
          darle a una mujer su espacio cuando está hormonal es la forma de actuar.
          ¡¿No crees?! Suponía que la agradable follada-en la pared que tenía en
          mente estaba fuera de la imagen ahora también. Maldición.
               —Está bien… te puedo dar un masaje cuando llegue. ¿Todo lo
          demás está bien? ¿Cómo fue la sesión? —Me sentí tenso con sólo esperar a
          que me respondiera.
                —Ummm, la sesión estuvo bien. Bien. —Se detuvo e hizo un sonido
          de resfriado—. Hablé con mi mama por teléfono. —Sonaba triste y me
          pregunté si la razón de que sonara resfriada era porque había estado
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          llorando. Tenía sentido. La mujer casi me hacía sentir que quería llorar
          una vez que habíamos hablado.
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               —Nuestra conversación no fue muy buena.
               —Lo siento, nena. Estaré ahí y podemos hablar cuando te levantes.
                —No quiero hablar de ella —espetó de regreso. Tenía ese encantador
          tono de estar cabreada en su voz que de hecho me lo ponía un poco duro,
          pero también me ponía mis nervios de advertencia.
                Pausé un latido. —Eso está bien también. Estaré ahí pronto.
                —¿Por qué estás susurrándome en el teléfono?
                 Cristo. Estoy seguro que abrí mi boca y sólo la abrí como un pez
          dorado porque no tenía nada que ofrecer después de esa pregunta. —No lo
          estoy.
                —¡Lo acabas de volver a hacer! —regañó—. Si me vas a interrogar
          sobre la sesión de fotos, y mi madre, entonces tal vez no deberías venir. No
          estoy despierta para eso esta noche, Ethan.
               ¿Puedes decir hormonas débiles están cambiando a mi chica en
          Medusa y asustando el infierno fuera de mí?
                —No estás despierta para hablarme o ¿no estás despierta para mí en
          lo absoluto? Porque sí quiero hablar contigo. —Traté de mantener el nivel
          de mi tono pero no estaba muy seguro si tenía éxito. Aunque estaba
          jodidamente seguro que no podía hacerlo mucho mejor manteniéndome
          guay. No me gustaba este jodido dialogo en lo absoluto. Apestaba.
                Silencio.
                —Hola, ¿Brynne? ¿Estoy yendo ahora mismo o no?
                —No lo sé.
               Conté hasta diez. —No lo sé, ¿esa tu respuesta para mí? —¿Qué en
          el santo infierno pasó en nuestro agradable almuerzo romántico en
          Gladstone?
                —Me susurraste otra vez.
               —Me has arrestado. Mira, estoy manejando con un auto lleno de
          comida india para llevar y no sea a donde voy. ¿Puedes ayudarme, nena?
                Absolutamente y jodidamente me rehusé a discutir sobre eso. Ella
          estaba teniendo un día de mierda y hormonal—yo podía tratar con eso.
          Apestaría si ella no estuviera con mis brazos esta noche, pero al menos no
          estábamos rompiendo. Medusa podía meterse con mi noche, pero estaría
          fuera de la foto en pocos días. Recé.
                —Bien… ven por mí entonces —dijo firmemente.
               No podía creerle a mis oídos. —¿Ir por ti? Pensé que tenías que
          quedarte en tu casa esta noche. Dijiste antes…
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                 Me cortó, con su lengua como espada con borde filoso—: Cambié de
          opinión. No quiero quedarme aquí. Empaqué una bolsa y estaré lista para
 Página




          ti en cinco minutos. Llámame cuando estés en la acera y estaré abajo.
                 —Está bien, jefa —dije en completo desconcierto, antes esperé hasta
          que colgara suspiré bien y fuerte. Sacudí mi cabeza también. Y solté un
          silbido. Luego manejé para traer a mi cabello-de serpiente, lengua-filosa,
          impredecible, y muy desconcertante novia, como el bastante enamorado
          gilipollas que lo era.
               Mujeres… criaturas escalofriantes.
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                       Esa debe ser la tía Marie! Ethan, ¿puedes dejarla entrar?
                       Estoy hasta los codos aquí. —Brynne se señaló a sí misma,
                       frenética, terminando los toques de última hora para la cena.
                       —Lo tengo. —Le di un beso al aire y dije—: Que comience el
          show, ¿no?
                Asintió con la cabeza, luciendo hermosa como siempre en su falda
          larga y camiseta negro púrpura. El color se veía precioso en ella, y ya que
          ahora sabía que era su favorito, tenía que creer en mi suerte aquella
          primera vez en que le envié las flores púrpuras.
                Todo o nada, nena.
                                                ***
                Abrí la puerta a una mujer encantadora de la que no tenía otras
          expectativas más que se trataba de la tía abuela de Brynne. La hermana
          de su abuela por parte de mamá. Pero la persona que se encontraba en la
          puerta de mi casa, sonriéndome, era lo menos que pensarías cuando
          escuchabas la palabra abuela. Con una piel libre de arrugas y cabello de
          una tonalidad rojo oscuro, se veía joven, con estilo, y bastante... caliente
          para una mujer que no podía estar por encima de los cincuenta y cinco.
               —Tú debes ser el Ethan del que he estado escuchando tanto —dijo
          en una lengua nativa.
                —¿Y tú debes ser Marie, la tía de Brynne? —dudé, por si estuviera
          equivocado, pero en realidad, las mujeres de su familia eran
          impresionantes. Me pregunté de nuevo cuán bella debía ser la madre de
          Brynne.
                Ella se echó a reír con encanto. —Suenas un poco inseguro.
                La hice pasar y cerré la puerta. —No, en absoluto. Como ve,
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          esperaba a su tía abuela, no a su hermana mayor. Ella está bastante
          ocupada en la cocina y me envió a darle la bienvenida. —Le tendí la
          mano—. Ethan Blackstone. Es para mí un gran placer, tía Marie. Todo el
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          tiempo escucho a Brynne alabarla y esperaba con impaciencia poder
          conocerla.
               —Oh, por favor llámame Marie —dijo, tomando mi mano—, eres
          bastante encantador, Ethan. Su hermana, ¿eh?
                Me eché a reír y encogí mis hombros. —¿Demasiado halagador? No
          lo creo, y bienvenida, Marie. Te agradezco que te hayas tomado el tiempo
          para acompañarnos esta noche.
                —Gracias por la invitación a tu preciosa casa. No veo a mi sobrina
          muy a menudo, por lo que es un extra. Y tu comentario fue encantador,
          aunque demasiado halagador. Ganaste mi voto, Ethan. —Me guiñó un ojo,
          y creo que en ese preciso momento, me enamoré de ella.
                Brynne salió de la cocina y abrazó a su tía. Vi su sonrisa de felicidad
          por encima del hombro de Marie. Estaba claro que cualquier problema que
          tenía con su madre, no los tenía con Marie y eso me hacía muy feliz. Todo
          el mundo necesitaba a alguien quien le diera amor incondicional. Se
          fueron a la cocina y yo fui por bebidas antes de que el timbre volviera a
          sonar. Sonreí para mis adentros por lo que papá pensaría de Marie cuando
          le echara un vistazo. Sabía que ella era una viuda sin hijos, pero por su
          belleza, tenía que haber una larga fila de hombres aclamando por un poco
          de su tiempo. No podía esperar para que Brynne me contara su historia.
                Clarkson y Gabrielle llegaron después y puesto que ya conocían a
          Marie, todo lo que tuve que hacer fue preparar bebidas y pasarlas
          alrededor. Clarkson y yo tuvimos una especie de tregua fácil, muy parecida
          a mi relación con Gabrielle. A todos nos importaba Brynne y queríamos
          que fuese feliz. No me emocionaba que él le tomara fotos, pero no había
          razón por la cual no ser amable, ya él era gay. En serio, sé que ese es justo
          mi problema, ¿pero si fuera heterosexual y le tomara fotos desnuda a
          Brynne? Ahora mismo no estuviese en mi casa.
                Una vez que Neil y Elaina aparecieron, me sentí un poco más a
          gusto. Clarkson fue a ayudar a Brynne y Marie en la cocina mientras
          Gabrielle y Elaina parecían hacerse buenas amigas hablando de libros—
          especialmente uno muy popular sobre un multimillonario muy joven y su
          obsesión con una mujer aún más joven... y el sexo. Habían montón de
          escenas de sexo eróticas en el libro, aparentemente en cada página.
                 Neil y yo nos miramos con simpatía el uno al otro, y no tuvimos
          absolutamente nada que añadir a la conversación. Es decir decir, ¿quién
          lee esta basura? ¿Quién tiene tiempo? ¿Por qué incluso leer sobre sexo en
          un libro cuando se puede tenerlo en la vida real? No lo entiendo. ¿Y
          multimillonarios a los veinte años? Mentalmente negué con la cabeza y
          fingí importancia. Soy un hijo de puta.
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                Miré mi reloj y como si lo hubiese convocado, el timbre sonó. Mi
          papá, por fin. Salté de mi asiento para abrir la puerta. Pobre Neil, parecía
          que deseaba poder venir conmigo.
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                —Papá. Estaba preocupado. Ven a conocer a mi chica.
                —Hijo. —Me dio una palmada en la espalda la cual era nuestro
          saludo estándar y sonrió—. Te ves más feliz que la última vez que puse
          mis ojos en ti. Hannah me dijo que irás a Somerset a visitarla. Llevarás a
          Brynne.
                —Sí. Quiero que todos se conozcan. Hablando de conocer, vamos,
          papá, está por allí. —Lo llevé a la cocina y fui recibido por el resplandor
          más brillante en el rostro de Brynne cuando le dio un vistazo a papá. Esto
          hizo que mi corazón saltara. Conocer a la familia y provocar impresiones.
          Era algo grande. El deseo de que se llevaran bien, de pronto, era muy
          importante para mí.
               —Bueno, esta debe ser la encantadora Brynne y su… ¿hermana
          mayor? —dijo papá hacia Brynne y Marie.
                —¡Oye! ¡Te robaste mi línea, papá!
                —Tiene razón —dijo Marie—. Tu hijo dijo lo mismo cuando llegué.
               —De tal palo, tal astilla —dijo papá, sonriendo alegremente entre
          Brynne, Marie y Clarkson.
                —Mi padre, Jonathan Blackstone. —Salí de mi estupor al hacer las
          presentaciones y froté lentamente de arriba a abajo en la espalda de
          Brynne. Me pregunté cómo tomaba todo esto. Habíamos llegado muy lejos,
          bastante rápido, lo cual era más que un poco loco, pero como había dicho
          antes, no había ninguna vuelta atrás en nuestro camino. Íbamos a toda
          velocidad por una montaña y no nos detendríamos por nada. Se inclinó
          hacia mi lado y le di un pequeño apretón.
                 Mi papá tomó la mano de Brynne y la besó, como había estado
          saludando a las mujeres durante toda su vida. Le dijo lo bonito que era
          por fin conocer a la mujer que me había capturado, y lo hermosa que era.
          Ella se sonrojó y presentó a Marie y Clarkson. Maldita sea si el viejo
          coqueto no besaba la mano de Marie también. Negué con la cabeza,
          sabiendo que lo haría alrededor de todas las mujeres que habían aquí esta
          noche. Si tenían una mano, él tendría sus labios sobre ella. Ah, y sí, pensó
          que Marie era caliente. Algo muy fácil de notar, así que estaba seguro.
                —No voy a besar tu mano —dijo papá a Clarkson mientras se
          estrechaban la mano.
                —Si de verdad quieres, puedes hacerlo —ofreció Clarkson, en
          ultimátum para romper el hielo.
                —Gracias por eso, amigo. Creo que lo has dejado mudo —le dije a
          Clarkson.
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                Brynne me miró y luego a papá. —Ahora Sé donde Ethan aprendió a
          hacer esa cosa de besar la mano que tanto amo, señor Blackstone. Puedo
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          ver que ha sido entrenado por un maestro —le dijo con una hermosa
          sonrisa. Una sonrisa con el poder de iluminar una habitación.
                —Llámame Jonathan por favor, y aguanta conmigo un poco más,
          cariño, mientras me tomo un poco de libertad más adelante. —¡Papá se
          inclinó y la besó en la mejilla! Ella se sonrojó un poco más y se puso un
          poco tímida, pero parecía feliz. Seguí acariciando su espalda y realmente
          esperaba que no fuera demasiado... de todo.
                —Tranquilo, viejo —le dije, sacudiendo la cabeza—. Mi chica. Mía. —
          La atraje muy cerca de mí hasta que Brynne chilló.
               —Creo que entendió, Ethan —dijo ella, apretando su mano en mí
          pecho.
                —Está bien, siempre y cuando nadie lo olvide.
                —Es como imposible que eso suceda, nene.
                Me llamó nene. Todo está bien ahora, pensé, alegre de poder reírme
          de mí mismo ya que nuestro propósito de reunirnos esta noche había
          salido bien.
                                                 ***
               —Pollo Marsala… mmmm. Brynne cariño, ¿qué es eso de aquí? —
          preguntó papá entre bocado y bocado—. Es realmente maravilloso.
                —Usé un vino de chocolate para saltear el pollo.
                —Interesante. Me encanta el gusto que le da. —Papá le hizo un
          guiño a Brynne—. Así que ¿eres una gourmet?
                —Gracias, pero no soy realmente una gourmet. Lo disfruto y aprendí
          a cocinar para mi papá cuando mis padres se separaron. Tengo estos
          maravillosos libros de cocina de Rhonda Plumhoff en mi e-reader. Ella
          mezcla sus recetas con los libros populares. Es famosa desde donde vengo.
          Adoro sus recetas.
                Él inclinó la cabeza hacia mí. —Muy inteligente el hijo que crié.
                —No soy un idiota, papá, y ella puede cocinar, pero al principio no
          tenía ni idea de esa parte. Su primera comida conmigo fue una barrita
          energética, así que imaginen mi sorpresa cuando comenzó a servir platos y
          a agitar cuchillos afilados en mi cocina. ¡Sólo me mantuve alejado y salí de
          su camino!
               —Una vez más, siempre fuiste un rápido muchacho —dijo papá con
          un guiño.
                Todo el mundo se rió y parecían muy a gusto el uno con el otro, lo
          cual me ayudó, pero todavía me sentía nervioso por lo que tenía que
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          decirles. No por la parte de seguridad, esa yo la sabía hacer y muy bien,
          pero compartir la información con la presencia de Brynne es lo que me
          agitaba. No quería rebajarla como un trabajo de seguridad cuando ella era
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          mucho más para mí. Tampoco quería tenerla toda enredada en la
          emotividad de la situación y alterarla, y a su vez perturbar nuestra
          relación otra vez. Intentaba protegernos. Protegerla a ella. Sí, esa era la
          cruda realidad y no lo cambiaría por nada. No podía soportar hacerle más
          daño con ese lío sórdido, y tampoco dejaría que nadie más lo hiciera.
                Así que hicimos un trato. Les informaría a Clarkson y Gabrielle
          juntos en mi oficina mientras Brynne jugaba de anfitriona con los demás,
          y luego cambiaría con Marie y mi papá. De esta manera, Brynne no tenía
          que estar ahí con la sensación de incomodidad mirando la presentación en
          PowerPoint que había hecho con los horarios y las fotos de las que todo el
          mundo conocía las caras y nombres. Era importante que las personas más
          cercanas a Brynne conocieran todos los detalles de quién, qué, dónde, y
          las posibles motivaciones de lo que puede avecinarse. No podrías obtener
          ningún propósito político más alto que una elección presidencial en los
          EE.UU. Y el lado queriendo explotar a Brynne trabajaría tan duro como el
          lado que quería que su existencia se desconociera. No sabía de qué otra
          manera protegerla y sacarle información a las personas que importaban.
          Elaina y Neil ya estaban poniéndose al día y Brynne había dicho que
          estaba cómoda con que ellos y mi padre supieran. Los otros ya conocían
          su historia, por supuesto.
                 Teníamos una reunión prevista con el Dr. Roswell para repasar
          algunas cosas como pareja. Estuve de acuerdo cuando ella me lo pidió.
          Brynne todavía tenía esta idea en la cabeza que yo no podía amarla lo
          suficiente como para pasar por alto que ella hubiese estado con esos
          chicos en el video. El sello del tiempo la había marcado como una puta
          para siempre a los diecisiete años. Se me hacía muy triste que se culpara
          por ello. Definitivamente era un problema para ella, no para mí, pero que
          crea que la amo menos debido a aquel ataque asqueroso que había
          sufrido, era el verdadero obstáculo. Teníamos nuestras cosas sobre las que
          trabajar y ni siquiera habíamos tocado en absoluto la superficie de mis
          demonios. Por más de una vez me pregunté si necesitaba hablar con
          alguien acerca de mis pedazos. El pensamiento de otra pesadilla siempre
          me asustaba. Sobre todo que Brynne me viera así de nuevo.
                Durante toda la noche la observé con atención. En apariencia se veía
          hermosa y encantadora, pero por dentro supuse que luchaba mientras la
          noche avanzaba. En el momento en que terminé con papá y Marie, fui a
          encontrarla en la cocina, donde preparaba café y el postre para nuestros
          huéspedes. Mantuvo la cabeza baja a pesar de que sabía que me
          encontraba allí. Por detrás, envolví mis brazos a su alrededor y apoyé la
          barbilla en la parte superior de su cabeza. Se sentía suave contra mí y su
          cabello olía a flores.
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                —¿Qué tenemos aquí, mi amor?
                —Brownies con helado de vainilla. El mejor postre en todo el
          planeta. —Su voz era plana.
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                —Luce exquisito. Casi tan delicioso como tú te ves ésta noche.
                Hizo un ruido y luego se quedó callada. La vi limpiarse un ojo y
          entonces lo supe. Le di la vuelta y tomé su cara entre las manos. Odiaba
          cuando lloraba. No las lágrimas en sí, sino la tristeza detrás de ellas. —Tu
          padre… —No pudo terminar pero ya había dicho suficiente. La puse contra
          mi pecho y la atraje más hacia la cocina para que la gente no pudiera ver,
          y sólo la sostuve por un momento.
                —¿Te preocupa lo que piense?
                Asintió con la cabeza apoyada contra mi pecho.
                —Él te adora, al igual que todos los demás. Mi padre no es un
          hombre de críticas. No es así. Nada lo hace más feliz que verme feliz. Y
          sabe que lo que me hace feliz eres tú. —Puse mis manos en cada lado de
          su cara—. Tú me haces feliz, nena.
               Me miró con tristes y hermosos ojos que brillaron e iluminaron
          cuando comprendió mis palabras. —Te amo —susurró.
                —¿Ves? —Empujé mi pecho con un dedo—. Tipo muy feliz.
                 Me besó en los labios e hizo que mi corazón golpeara duro en mi
          interior.
                —Postre... —dijo, haciendo un gesto hacia el mostrador—, el helado
          se va a derretir.
                Es algo bueno que lo haya recordado, porque estoy seguro que yo no
          lo habría hecho. —Deja que te ayude con eso —dije—, cuanto antes les
          sirvamos, más pronto pueden regresar a sus casas, ¿no? —Empecé
          recogiendo platos de postre y repartiéndoselo a la gente. Por lo menos, soy
          un hombre de acción.
                                                 ***
                 Me desperté con un montón de ruido y movimiento irregular a mi
          lado. Brynne tenía un sueño. No una pesadilla, sino un sueño. Al menos,
          es lo que me parecía. Ella se retorcía por todas partes y movía las piernas.
          Agarraba su camiseta y arqueaba todo su cuerpo. Debía un muy agradable
          maldito sueño. ¡Y mejor que sea yo con el que está malditamente soñando!
                —Nena. —Puse una mano en su hombro y la sacudí un poco—.
          Estás soñando... no te asustes. Sólo soy yo.
                Abrió los ojos y se incorporó de inmediato, mirando alrededor de la
          habitación hasta que su mirada se fijó en mí. Dios, era tremendamente
          hermosa con el pelo sobre sus hombros y el pecho agitado. —¿Ethan? —
          Estiró una mano.
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               —Estoy aquí, cariño. —Tomé su mano en una de los mías—.
          ¿Estabas soñando?
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                —Sí... fue raro. —Salió de la cama y fue al baño. Oí como corría el
          agua y un vaso siendo puesto sobre el mostrador. Esperé en la cama hasta
          que regresara y después de un par de minutos lo hizo.
                Hombre. Cómo. Lo. Hizo.
               Se escabulló completamente desnuda con una mirada en sus ojos
          que ya había visto antes. Una mirada que decía: “Quiero sexo y lo quiero
          AHORA.”
                —¿Brynne? ¿Qué está pasando?
                —Creo que ya sabes —dijo con voz sensual mientras se subía
          encima de mí y bajaba la mirada, su pelo cayó hacia adelante como una
          diosa del placer decidida a devastarme.
                ¡Oh, joder sí!
                Mis manos subieron hasta sus pechos sin pensarlo. ¡Dios! Ahuequé
          toda esa carne suave en mis manos y las atraje hasta mi boca. Ella se
          arqueó y comenzó a moverse por encima de mi polla que ahora estaba
          completamente despierta, como mi cerebro. Me olvidé de ella estando fuera
          de servicio porque en verdad que no actuaba como si estuviera fuera de
          servicio.
                 Pongo mi boca sobre su pezón y lo chupó con ganas. Amaba el sabor
          de su piel y podría pasar mucho tiempo antes de que estuviera dispuesto a
          dejar sus hermosas tetas. Tomé el otro pezón y lo mordí un poco, con
          ganas de llevarla al borde, donde un poco de dolor hacía que el placer se
          sintiera mucho mejor. Gritó y empujó con más fuerza contra mi boca.
               Sentí su mano deslizarse por debajo de los calzoncillos que traía
          puesto para dormir y envolverse alrededor de mi polla.
                —Quiero esto, Ethan.
                 Saltó de mis caderas y su pezón salió de mi boca con un chasquido.
          No tuve tiempo para protestar por la pérdida antes de que me quitara los
          molestos pantaloncillos y llevara sus labios alrededor del extremo de mi
          polla.
                 —¡Ahhh, Dios! —Tiré la cabeza hacia atrás y le permití trabajar en
          mí. Estaba tan jodidamente bien que mis bolas dolían. Era realmente
          buena en esto. Agarré un puñado de su pelo y le sostuve la cabeza
          mientras me chupaba al borde del orgasmo. Deseaba poder venirme en su
          interior en lugar de su boca. Prefería estar dentro de ella cuando me venía,
          con mis ojos fijos en ella.
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                Bueno, mi chica tenía más sorpresas para mí, porque me dijo—: Te
          quiero dentro de mí cuando te vengas.
                ¿Cómo diablos hizo eso?
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                —¿Estás bien? —Logré decir con voz entrecortada mientras se movía
          hacia arriba para sostenerse sobre sí misma.
                —Aaaja —gimió, empujando hacia arriba sus rodillas para sentarse
          a horcajadas sobre mí y empujarse para enterrar mi polla hasta las bolas.
                 No sé cómo esto no le hacía daño. Tal vez lo hizo, pero no fui yo, era
          ella tomando lo que obviamente más quería. ¡Ya que insistes!
                 —¡Ohhhh, joooder! —grité, enganchando sus caderas y ayudándola
          a salir.
                Brynne se volvió salvaje, montándome duro, frotando su sexo donde
          mejor la hacía sentir. El golpeteo se escuchaba entre nosotros, y lo que iba
          a venir, yo sabía que iba a ser enorme. Sentí mi endurecimiento comenzar,
          pero necesitaba desesperadamente traerla conmigo. No había manera de
          que fuera a venirme sin que ella lo disfrutara también. No funcionaba así.
                Sentí su núcleo interno apretado y caliente mientras se movía arriba
          y abajo. Deslicé una mano entre sus piernas para satisfacer donde
          nuestros cuerpos se unían y encontré su clítoris a través de todo lo mojado
          y resbaladizo. Me hubiera gustado que fuera mi lengua, pero me conformé
          con los dedos y comencé a acariciar.
                —Me vengo —jadeó.
                Lo había dicho así antes, tan suave y delicada. Esas dos palabras.
          Me enloqueció escucharlo de ella otra vez. Lo hizo porque era yo quien la
          hacía explotar y me dio todo de ella en el instante en que ocurrió.
                Sus suaves palabras también me enviaron rodando al límite.
                —Sí, cariño. Vente. Ahora. ¡Vente sobre mí!
                La vi venirse y seguir mis órdenes como una experta. Apretó y gritó y
          se agarró y se estremeció.
                —¡Ohhhhhh, Ethaaaaan! Sí. Sí. ¡Sí!
                Viniéndose a la orden. Esa es mi chica, que lo hace cuando se lo
          digo. Soy un bastardo con suerte.
                Me encantó mirarla en todo momento. Sentir su placer. Y cuando
          sentí que empecé a irme, la sostuve violentamente por última vez mientras
          empujaba dentro de ella y me dejaba ir.
                La inundación caliente de esperma salió hacia fuera y hacia sus
          profundidades. Sentí cada chorro en explosiones agudas y monté en una
          ola de placer jodido aturdido, apenas consciente de lo que mis manos
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          agarraban o de lo que mi cuerpo hacía. Aunque conseguí mirar a sus
          hermosos ojos.
 Página
                Algún tiempo después, no tengo ni idea de cuánto tiempo, se sacudió
          en mi pecho y levantó la cabeza. Sus ojos brillaban en la oscuridad y me
          sonrió.
                —¿Qué fue eso?
                —¿Un impresionante polvo de medianoche? —bromeó ella.
               Me reí entre dientes. —Realmente un increíble jodido polvo de
          medianoche.
                La besé en los labios y le sostuve la cabeza hasta que estuve
          dispuesto a dejarla ir. Como que soy posesivo después de tener sexo. No
          me gustaba salir de inmediato, y como ella se encontraba encima de mí, no
          tenía de que preocuparme al quedarme un poco más.
                Empujé profundamente de nuevo y la hice gemir contra mis labios.
                 —¿Quieres más? —preguntó ella con un tono entre sorpresa y
          felicidad.
               —Sólo si tú quieres —le dije—. Nunca te rechazaré y me gusta
          cuando saltas sobre mí, pero pensé que estabas teniendo tu período
          menstrual…
               —No. En mi caso es distinto debido a las pastillas que tomo. Es
          apenas nada, un día tal vez, si acaso... a veces no tengo ni siquiera uno...
          —Comenzó a besar mi pecho y rozó un pezón con los dientes.
                Cristo, se sentía tan bien. Sus atenciones me sacudieron de nuevo
          en el momento, y el deseo hizo aparicion para una segunda ronda.
                —Creo que me vas a matar, mujer... de una manera muy
          jodidamente agradable —Me las arreglé para decir, pero fue lo último que
          cualquiera de nosotros habló durante un rato. Mi Medusa acababa de
          convertirse en Afrodita adorando el altar de Eros. Mi suerte al parecer no
          conocía límites.
                                                 ***
                —Los periódicos estadounidenses —dijo Frances, el establecimiento
          de la pila sobre mi escritorio—. Hay un interesante artículo sobre los
          miembros del Congreso con los niños en el servicio militar activo en Los
          Angeles Times. ¿Adivina a quién entrevistaron?
                —Debe ser uno de los pocos. Oakley lo explotará todo lo que pueda.
          Gracias por estos. —Toqué el montón de papeles—. ¿Qué era lo otro?
                Frances parecía muy satisfecha de sí misma. —Lo recojeré cuando
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          salga a almorzar. El Sr. Morris dijo que lo restauró maravillosamente
          después de tantos años en bóveda.
                —Gracias por ocuparte de esto por mí. —Frances era una joya de
 Página




          asistente. Dirigía mi oficina de la compañía eficientemente. Yo podía
          organizar la seguridad, pero esa mujer mantenía mi negocio ordenado y no
          subestimaba su mérito en ninguna instancia.
                —A ella le va a encantar. —Frances vaciló en la puerta—. ¿Todavía
          quieres que limpie tu agenda para el lunes?
                —Sí, por favor. La cosa de los Mallerton es esta noche y luego
          salimos por la mañana para Somerset. Vamos a regresar el lunes por la
          noche.
                —Me ocuparé de ello. No debería haber ningún problema.
                 Tomé el periódico Los Angeles Times cuando France se fue y busqué
          el artículo del senador. Quise estar enfermo. La escurridiza culebra no
          mencionaba como su valioso hijo fue una gran pérdida recientemente, pero
          esa no era ninguna sorpresa. Me pregunté lo que pensaba realmente el
          hijo del padre. Sólo podía imaginar la impotencia en la familia, y no era ni
          siquiera un poco agradable.
                Puse de nuevo el periódico en la pila y cuando lo hice, el movimiento
          causó que algo se asomara debajo de él. Un sobre. Lo habían puesto entre
          el montón de periódicos. Eso sí era extraño, pero las palabras en el sobre…
          PARA SU CONSIDERACIÓN… y mi nombre debajo, consiguió que mi
          corazón latiera con fuerza.
                 —Frances, ¿quién te entregó los periódicos esta mañana? —grité en
          el intercomunicador.
                —Muriel los tiene preparados cada mañana. Ella los deja a un lado
          al igual que lo ha estado haciendo durante el último mes. Sólo estaban allí
          esperando por mí. —Vaciló—. ¿Está todo bien?
                —Sí. Gracias.
                Mi corazón todavía latía con fuerza mientras miraba el sobre en mi
          escritorio. ¿Quería mirar? Cogí la solapa y desenrollé el hilo rojo del
          amarre. Metí la mano y saqué fotos. Ocho de diez fotografías en blanco y
          negro de Ivan y Brynne hablando en Gladstone. Él besándola en la mejilla
          mientras esperaba que ella entrara en el coche. Iván inclinándose para
          hablar conmigo y despidiéndonos. Iván en la calle después de que nos
          habíamos ido. Iván esperando en la calle por su propio coche.
                ¿Ese fotógrafo que había visto fuera del restaurante estaba allí
          específicamente por Iván? Él había recibido amenazas de muerte antes...
          ¿y ahora teníamos fotos de él y Brynne y yo juntos? No es una buena
          conexión para ella. Iván tenía su propia mierda de problemas, y seguro
          como el infierno que no necesitaba añadir la complicación de quienquiera
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          que sea que acosaba a Iván arrastrara a mi Brynne en su lío. ¡Mierda!
                Revisé las imágenes una por una. Nada. Hasta la última. Nunca
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          intentes asesinar a un hombre que está cometiendo suicidio.
                Había visto este tipo de cosas a lo largo de mi carrera. Tenía que ser
          tomado seriamente, por supuesto, pero la mayoría de las veces no lo era,
          ya que una lunática que tenía un interés personal en una persona notable
          que consideraba que le habían causado ofensa personalmente y con
          intención cruel. Las figuras deportivas especialmente sufrían este tipo de
          basura. Iván había ofendido a un montón de gente en su tiempo y tenía las
          medallas de oro para demostrarlo. Un ex arquero olímpico ya retirado del
          deporte, seguía siendo alabado chico de oro de Gran Bretaña acosado por
          los medios de comunicación. El hecho de que él era mi familia de sangre le
          habían valido la protección, pero sin duda me mantenía ocupado.
                Estas fotos habían sido tomadas hace dos semanas. ¿El fotógrafo
          estaba allí por Iván en concreto, o simplemente vendía las fotos que había
          tomado de Iván Everley, el arquero Olímpico, porque había tenido la suerte
          de acoplarse y poder conseguir algunas libras por la venta? Los Paparazzi
          rondaban los lugares que recibían una gran cantidad de tráfico de
          celebridades por hábito, por lo que era difícil decir si las fotos habían sido
          previamente acordadas o mera casualidad.
                Y si era una lunática con la intención de matar a alguien famoso,
          ¿por qué diablos se molestaría en informar a su personal de seguridad
          privada que tenían previsto hacerlo? No tenía ningún sentido en absoluto.
          ¿Por qué enviármelas a mí? El que había conseguido las fotos, obviamente,
          quería que yo las viera. Se habían tomado la molestia de insertarlas en un
          montón de periódicos que suelo ordenar de la cesta en la calle.
                Muriel.
                Hice una nota mental de hablar con Muriel cuando me fuera. Estaría
          saliendo temprano de todos modos, debido a la cosa de Mallerton esta
          noche, así que debería ser capaz de atraparla antes de que cerrara sus
          puertas por la noche.
                Abrí el cajón de mi escritorio y saqué los cigarrillos y el encendedor.
          Vi el viejo móvil de Brynne y lo saqué también. No había mucho
          movimiento en él durante las últimas dos semanas, ya que ahora todos
          sus contactos se encontraban en su nuevo teléfono. El tipo de The
          Washington Review nunca llamó de nuevo, lo más probable es que la
          tomara como alguien insignificante, lo cual funcionaba perfectamente a
          favor de Brynne. Lo puse a cargar para que estuviese encendido durante
          esta noche y todo el fin de semana.
                Encendí mi primer Djarum del día. La inhalación fue perfecta. Me
          sentí como si estuviera haciendo bastante bien con el recorte. Brynne me
          ayudaba motivarme, pero cuando las cosas estaban inestables entre
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          nosotros, era un fumador empedernido. Tal vez debería probar los parches
          de nicotina.
 Página




                Intenté disfrutar de mi cigarrillo, y pensé en el fin de semana que se
          avecinaba. Nuestro primer viaje juntos. Me las había arreglado para tener
          tres días de tiempo para que pudiera llevar a mi chica a la costa de
          Somerset a alojarse en el país de origen de mi hermana. El lugar también
          funciona como un alto-nivel-de-alojamiento-y-desayuno y era muy
          consciente del hecho de que nunca le había preguntado a mi hermana si
          podía llevar a un invitado conmigo en alguna ocasión en la que había
          estado allí antes.
                Brynne era diferente por muchas razones y si yo no estaba dispuesto
          a confesar públicamente esos sentimientos, los reconocía por lo que eran.
          Quería hablar con ella acerca de hacia dónde nos dirigíamos, y pedirle lo
          que quería. La única razón por la que no lo hacía ya era porque su posible
          respuesta me ponía jodidamente nervioso. ¿Y si ella no quería lo que yo
          quería? ¿Qué pasa si yo era su primera relación real con la que podía
          tantear el terreno? ¿Y si conocía a alguien más adelante?
               Mi lista podría seguir y seguir. Sólo tenía que recordarme a mí
          mismo que Brynne era una persona muy honesta y cuando me decía lo
          que sentía por mí, entonces bueno, era la verdad. Mi chica no era
          mentirosa. Ella te dijo que te ama.
                El plan era salir temprano en la mañana para evitar el tráfico luego
          de esta noche de gala, ya no podía esperar por tener a Brynne allí. Quería
          un poco de tiempo romántico con mi chica, y también simplemente
          necesitaba salir de la ciudad y meterme en el aire fresco del campo. Amaba
          Londres, pero aún así, el deseo de tener tiempo lejos de la aglomeración
          urbana con el fin de mantener mi cordura, jugaba con regularidad.
                En ese momento, entró una llamada, sacándome de mi
          ensañamiento y regresándome al muy demandante y urgente presente de
          mis responsabilidades de trabajo.
               El día pasó rápido y antes de darme cuenta, era hora de irse.
                Llamé a Brynne cuando me iba de la oficina para decirle que me
          encontraba en camino y esperé obtener un jadeante resumen de todo lo
          que había que hacer antes de lo de esta noche y nuestro viaje inminente.
          Me llevó al correo de voz en su lugar. Así que le envié un texto breve:
          Estoy en camino a casa. ¿Necesitas algo? No obtuve respuesta.
               No me gustó y me di cuenta en ese mismo momento, que siempre me
          preocuparé por ella.
                La preocupación nunca se iría. Había escuchado a gente decir tales
          cosas de sus hijos. Que no sabían lo que era la preocupación real hasta
          que tenían a alguien lo suficientemente importante en sus vidas que
          medían la verdadera esencia de lo que significa amar a otra persona. Con
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          ese amor vino la carga de la posible perdida—una perspectiva demasiado
          incómoda para mí en la que pensar.
 Página




               Al acordarme del sobre de la pila de periódicos, me dirigí al quiosco
          de Muriel en camino a mi coche. Me vio y siguió acercándose con sus ojos
          conmovedores. Ella pudo haber tenido una vida dura y una existencia
          difícil, pero esas verdades no alteraban el hecho de que era muy
          inteligente. Sus ojos agudos no se perdían nada.
                —Hola, Muriel.
               —Hola, Jefe. ¿Qué puedo hacer por ti? Tengo cada periodicucho
          como tú quieres ¿eh?
                —Sí. Muy bien. —Le sonreí—. Aunque tengo una pregunta, Muriel.
          —Observé su lenguaje corporal mientras hablaba, en busca de pistas para
          ver si ella sabía lo que preguntaba o no. Saqué el sobre con las fotos de
          Iván y la sostuvo en alto—. ¿Qué sabes sobre esto siendo colocado dentro
          de la pila de periódicos de hoy?
                 —Nada. —No miró hacia la izquierda. No perdió el contacto con mis
          ojos tampoco. Esas dos cosas eran partidarios de que me decía la verdad.
          Sólo podía suponer y usar mi intuición, y recordar con quien me estaba
          relacionando.
               Puse un billete de diez libras en el mostrador. —Necesito tu ayuda,
          Muriel. Si ves a alguien o algo sospechoso quiero que me lo cuentes. Es
          importante. La vida de una persona podría estar en juego. —Le di un
          movimiento de cabeza—. ¿Mantendrás los ojos abiertos?
                Bajó la mirada al billete de diez y luego de vuelta a mí. Destelló esos
          dientes horribles en una sonrisa sincera y dijo—: Por ti, guapo, lo haré. —
          Muriel tomó las diez libras y lo puso en su bolsillo.
                —Ethan Blackstone, cuadragésimo cuarto piso —le dije, señalando a
          mi edificio.
                —Sé tu nombre y no lo voy a olvidar.
                Supuse que tenía tan buen negocio como era posible considerando
          con quien lo estaba teniendo. Me dirigí a mi coche, ansioso por llegar a
          casa y ver a mi chica.
               Marqué a Brynne una segunda vez y una vez más me llevó al correo
          de voz, así que le dejé un mensaje diciendo que estaba en camino. Me
          pregunté lo que hacía para no contestar y traté de imaginar algo como
          tomar un baño, hacer ejercicio con auriculares, o tener su teléfono en
          modo silencioso.
               Luché con mis preocupaciones. Ante todo, la emoción era todavía
          desconocida, pero a la vez no era algo que podría dejar de lado tampoco.
          Me preocupaba por Brynne constantemente. Y sólo porque todo esto era
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          nuevo para mí, seguro que no lo hacía más fácil de entender. Era un
          completo novato aprendiendo a mi manera.
                El piso se hallaba silencioso como una tumba cuando entré. Sentí
 Página




          mi pico de ansiedad a niveles muy desagradables al comencé a buscar. —
          ¿Brynne?
                 Simplemente más silencio. Ella no estaba entrenando y
          definitivamente no se encontraba en mi oficina. Tampoco fuera en el
          balcón. El baño era mi última esperanza. Mi corazón latía con fuerza en mi
          pecho mientras abría la puerta. Y se estrelló cuando no la encontré allí
          tampoco.
                ¡Mierda! Brynne, ¿dónde estás?
                Sin embargo, su hermoso vestido colgaba de un gancho. El lavanda
          azulado que había comprado en la tienda de la vendimia con Gabrielle el
          día que nos reunimos para almorzar en Gladstone. Hubo pruebas de
          embalaje también—cosméticos y una pequeña bolsa a medio camino de
          hacer. Así que ella había estado aquí preparándose para esta noche y
          nuestro fin de semana.
                Quería darle el beneficio de la duda, ¿pero se había ido sola antes y
          qué si lo hubiese hecho otra vez? Después de esas fotos lunáticas de hoy,
          mi estómago se encontraba hecho un nudo y ¡sólo tenía que saber dónde
          diablos estaba!
                Entré al dormitorio, intentando llamar a Neil en mi estado de pánico
          cuando la vi. La visión más maravillosa del mundo. En medio de la
          dispersión de ropa y de maletas se encontraba Brynne, acurrucada en la
          cama... durmiendo.
                —¿Sí? —respondió Neil. Yo estaba tan congelado, que todavía tenía
          el móvil en mi oído.
                —Umm... falsa alarma. Lo siento. Nos vemos en el Nacional en unas
          horas. —Colgué antes de que pudiera responder. Pobre compañero debe
          pensar que lo he perdido.
                ¡Lo has perdido completamente!
                Moviéndome muy silenciosamente, me quité la chaqueta, abandoné
          mis zapatos, y me arrastré con cuidado sobre la cama y me acurruqué en
          torno a su figura durmiendo. Aspiré su perfume encantador y permití que
          mi ritmo cardíaco se reluciera. El impulso de encender un cigarrillo era
          intenso pero en su lugar me concentré en su calor contra mi cuerpo y
          pensé que mi adicción a los cigarrillos tendrían que disminuir con el
          tiempo.
                Brynne estaba fría durmiendo muy profundamente, y me pregunté
          por qué estaba tan cansada pero no quería molestarla tampoco. Podría
          mirar el reloj y esperar bien con ella junto a mí y pensar en la lección que
          acababa de aprender. Brynne no era la única con problemas de confianza,
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          al parecer. Tenía que trabajar en la mía un poco más. Cuando ella decía
          que no me dejaría, entonces yo tenía que confiar en que mantenía su
          palabra.
 Página
               Abrí los ojos para encontrarla estudiándome. Sonrió, pareciendo feliz
          y hermosa y un poco presumida. —Me gusta verte dormir.
                —¿Qué hora es? —Miré hacia el tragaluz al ver la luz del día
          aferrándose—. ¿Me dormí? Llegué a casa y te encontré en la cama y no
          pudo resistirme a unirme a ti. Supongo que me quedé así, dormido.
                —Son las cinco y media y tiempo de empezar a moverse. —Se estiró
          como un gato, viéndose gloriosamente sensual y erótica mientras lo
          hacía—. No sé por qué estaba tan cansada. Sólo me acosté por un minuto
          y cuando abrí los ojos... estabas aquí. —Comenzó a rodar fuera de la
          cama.
                Me aferré a su hombro y la rodé sobre su espalda, sujetándola
          debajo de mí y colocándome entre sus piernas. —No tan rápido, mi belleza.
          Necesito un poco de tiempo a solas primero. Va a ser una noche larga y
          voy a tener que compartirte con miles de idiotas.
                 Se acercó y tomó mi rostro, sonriéndome. —¿Qué clase de tiempo a
          solos imaginabas?
                La besé lenta y delicadamente, recorriendo mi lengua por cada
          centímetro de su boca antes de contestar. —La clase en la que estás
          desnuda y gritando mi nombre. —Empujé mis caderas lentamente en su
          cuerpo blando—. Esta clase.
                —Mmmmm, usted es convincente, Sr. Blackstone —dijo ella, todavía
          sosteniendo mi cara—, pero es necesario empezar a prepararse para la
          cosa de esta noche. ¿Qué tan bueno eres en hacer varias cosas a la vez?
               —Soy bueno en muchas cosas —le respondí antes de besarla otra
          vez—. Dame una pista.
                —Bueno, a mi me gusta la ducha, casi tanto como tu bañera —dijo
          tímidamente.
               —Ahhh, ¿así que sólo me usas por mis excelentes servicios de baño?
                Se rió y movió la mano hacia abajo entre nosotros para agarrar por
          encima de mi endurecida polla. —Excelentes servicios en todos los
          sentidos como yo lo veo.
                Me reí y gemí al mismo tiempo, levantándola y entrando en el baño.
          —Iré preparando el agua caliente... te estaré esperando.
                No tuve que esperar mucho tiempo antes de que ella se uniera a mí,
          desnuda e impresionantemente sexy como siempre, dejándome totalmente
          cautivo y furioso para reclamar su cuerpo con el dominante sexo que no
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          era capaz de controlar cuando estábamos juntos. Mi mejor recompensa y
          mi mayor temor, todo en uno. Bromeaba sobre la gala de esta noche y
          compartirla con los demás, pero la declaración había tenido mucha más
 Página




          verdad de lo que quería admitir. Odiaba compartirla con otros hombres
          que la admiraban demasiado, en mi opinión.
               Sin embargo, era la realidad de Brynne, y si ella era mi chica
          entonces tendría que aprender a tomarlo como un hombre.
                Hicimos un muy buen uso del tiempo en la caliente agua jabonosa.
          Sí... multi-tareas es uno de mis puntos fuertes y no voy a rechazar
          ninguna oportunidad que ofrezca.
                                                   ***
               —Te ves más allá de hermosa, ¿sabes?
                Se ruborizó en el espejo, y el oscuro color se movía por su cuello e
          incluso sobre la curva de sus pechos en el escote de ese vestido decadente
          que encontró. Era de encaje y muy ajustado a su forma, la falda corta
          bastante espumosa de algún otro material del que yo no sabía el nombre.
          No importaba que fuera, ese vestido iba a ser mi muerte esta noche.
          Estaba bastante jodido.
                —Te ves muy hermoso, Ethan. Hacemos juego también. ¿Escogiste
          esa corbata sólo por mi vestido?
                —Por supuesto. Tengo un montón de corbatas. —La miré
          maquillándose y acabando con los últimos retoques, agradecido de que a
          ella no le importaba mi acecho, y poniéndome nervioso por lo que estaba a
          punto de hacer.
               —¿Vas a usar ese clip de corbata vintage de plata? ¿El que tanto me
          gusta?
               —Seguro. —Fui a buscarlo sobre la cómoda.
                —¿Era una pieza familiar? —preguntó mientras lo inmovilizó sobre
          mi corbata.
                —En realidad sí. De la familia de mi madre. Mis abuelos eran
          conservadores ingleses y sólo tenían dos hijas, mi mamá y la mamá de
          Iván. Entonces las cosas fueron pasando entre los nietos, Hanna, Iván y
          yo.
                —Bueno, es increíble y me encantan las piezas antiguas como esa.
          Las cosas vintage están tan bien elaboradas y si tienen algún significado
          sentimental, entonces todo es mejor, ¿no?
                —No tengo muchos recuerdos de mi madre, yo era muy joven
          cuando murió. Aunque sí recuerdo a mi abuela. Ella nos hacía quedarnos
          durante las vacaciones, nos contaba un montón de historias y nos
          mostraba fotografías; intentó ayudarnos a conocer mejor a nuestra madre
          como mejor pudo, porque siempre decía que es lo que mamá hubiera
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          querido.
              Brynne dejó el pincel de maquillaje y se acercó a mí. Acomodó la
          manga y luego ajustó la corbata un poco, y, finalmente alisó el clip de
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          plata con reverencia. —Tu abuela suena como una mujer encantadora y
          también tu madre.
                —A ambas les habría encantado conocerte. —La besé con cuidado
          para no manchar su lápiz de labios y saqué la caja de mi bolsillo—. Tengo
          algo para ti. Es especial... para ti. —Se lo tendí a ella.
                Sus ojos se abrieron ante la caja de terciopelo negro y luego miró un
          poco sorprendida. —¿Qué es eso?
                —Sólo un regalo para mi chica. Quiero que lo tengas.
               Le temblaba la mano mientras abría la caja y entonces se acercó a
          su boca en un grito suave. —Oh, Ethan... es... es tan hermoso...
               —Es una pequeña pieza vintage de mi madre y es perfecto para ti... y
          cómo que siento por ti.
               —Pero no deberías darme esta pieza familiar a mí. —Sacudió la
          cabeza—. No es correcto para... para darme...
                —Debería dártelo a ti y te lo estoy dando —hablé sobre ella con
          firmeza—. ¿Quieres que te lo ponga?
                Volvió a mirar el colgante y luego a mí, repitió sus acciones.
                —Quiero que lo uses esta noche y aceptes el regalo.
                —Oh, Ethan... —Su labio inferior temblaba—. ¿Por qué esto?
                ¿Honestamente? El colgante de corazón amatista con diamantes y
          perlas era una cosita muy bonita, pero era más que eso, gritaba el nombre
          de Brynne. Cuando recordé que estaba en la colección de mi parte de la
          parcela de la finca de mi madre, había bajado a la cripta y la abrí. Había
          otras cosas allí también, pero tal vez para algunos se necesitaba más
          tiempo antes de que nos adentráramos más profundos en regalos de joyas
          adicionales.
                —Es sólo un collar, Brynne. Algo muy fino que     me recuerda a ti. Es
          de época y es tu color favorito en un corazón. —Tomé    la caja de su mano y
          saqué el colgante—. Espero que lo aceptes y lo uses     y sepas que te amo.
          Eso es todo. —Incliné la cabeza y mantuve con los       dos extremos de los
          dedos, esperando a que estuviera de acuerdo.
                Frunció los labios, respiró profundo, y tenía esa brillante mirada en
          sus ojos cuando me miró. —Me vas a hacer llorar, Ethan. Eso es tan... tan
          hermoso y me encanta... y... y me encanta que quieras que yo lo tenga... y
          yo también te amo. —Se volvió hacia el espejo y levantó el pelo de la nuca.
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                 ¡La victoria se sintió tan jodidamente fabulosa! Estoy seguro de que
          estaba radiante, conociendo más felicidad en este momento de lo que
          había sentido en mucho tiempo cuando uní esa cadena alrededor de su
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          cuello hermoso, mirando el corazón sobre su piel, encontrando un hogar,
          por fin, después de décadas en la oscuridad.
          Muchas como mi corazón.
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                         a Galería Nacional Portrait es un lugar magnífico para
                         eventos y uno con el que estoy bien familiarizado, habiendo
                         estado allí muchas veces antes de trabajar en seguridad, a
                         veces como un invitado y una o dos veces en una cita.
               Pero nunca como esto.
                Brynne trajo un completo nuevo significado a la idea de posesividad.
          Al menos para mí, lo hizo. Pensé que podría estar muerto para el final de
          la noche por mantenerme al día con todas las personas que querían un
          pedazo de ella.
                Se veía tan hermosa y perfecta en su vestido de encaje violeta y
          zapatos plateados; cada centímetro de la modelo estaba por fuera, pero por
          dentro, esa mente artística suya era brillante y respetada por el trabajo
          que hacía en su campo. Mi chica era una celebridad esta noche. Maldita
          sea que bien ayudó ver mi regalo alrededor de su cuello, también. ¡Ella es
          mía, gente! ¡Mía! ¡Y no lo olviden tampoco, joder!
                La pantalla de Lady Percival era de hecho un éxito. Había sido
          creada como un tutorial en el proceso de conservación, como su
          restauración que fue solamente parcialmente completada. Y Brynne, por
          supuesto, fue acreditada como el conservador para el proyecto. A medida
          que fuimos a que nos sentaran para la cena, se hizo mención sobre su
          descubrimiento en el discurso de bienvenida. La mirada de orgullo en su
          rostro era algo que creo nunca olvidaré. Todas las ganancias del evento de
          esta noche iban para apoyar la Fundación Rothvale para el Avance de las
          Artes, y al mirar alrededor en la habitación, pude ver mucho dinero y
          viejos nombres entre los invitados. Parecía que Mallerton estaba
          experimentando un renacimiento, y la divulgación de Brynne, de lo que él
          había pintado, tuvo que ayudar a generar interés en su trabajo, y como
          resultado, la caridad Rothvale.
                 —Brynne, tu Lady Percival es impresionante —dijo Gabrielle—. Tuve
          una buena mirada de ella cuando llegué. Me encanta cómo la están
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          mostrando, como una oportunidad para enseñar sobre los métodos de
          conservación y procesos que entran en un tesoro como ella. Y, Ethan,
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          fuiste decisivo en la solución del misterio también, según escuché.
                —Difícilmente decisivo. Solo una palabra de traducción, pero
          gracias, Gabrielle. Estaba contento de ayudar a mi chica con un poco de
          francés —guiñé un ojo a Brynne—. Ella parecía bastante feliz cuando
          comprendió todo.
                 —Estaba extasiada. Esa pintura fue un creador de carrera para mí.
          Y te lo debo todo a ti, cariño. —Llegó y cubrió mi mano con la suya.
                Dios, amaba cuando hacía pequeños gestos de afecto como ese.
          Llevé su mano a mis labios y me importó poco quien viera. Simplemente
          no me importaba.
               —Me pregunto donde está Ivan. ¿Crees que estará aquí pronto? —
          me preguntó Brynne.
                Mis sentimientos de alegría se convirtieron en pura envidia en
          aproximadamente dos punto cinco segundos, y seguro que fruncí el ceño
          antes de que yo mismo me diera cuenta y aceptara que ella sólo estaba
          siendo amable. Recodé que tenía que hacerle saber sobre las fotografías de
          hoy, pero maldición, a Ivan se le caería la baba por Brynne cuando viera
          cuan hermosa lucía esta noche.
                Brynne se giró hacia su amiga y comenzó con entusiasmo —Gab,
          realmente espero que él venga esta noche, quiero que conozcas al primo de
          Ethan. Tiene una casa llena de Mallerton que necesita catalogación y Dios
          sabe que más. Necesitas conocer a este hombre. Quiero decir, realmente lo
          necesitas.
                Gabrielle se echó a reír, luciendo muy feliz y encantadora, usando
          un ajustado vestido verde que hacía cosas maravillosas a la par con su
          color y ojos a juego. Esta podía ser una fijación muy buena, me di cuenta.
          Un Ivan distraído por Gabrielle sería excelente para alejarlo de coquetear
          con Brynne. Y algo me decía que Ivan iba a lanzarse sobre Gabrielle una
          vez que tomara una buena mirada de ella. Apostaría bronce en ello. Y
          ganaría, también.
                —Es difícil de decir, cariño. Ivan ve el tiempo en su propio conjunto
          de parámetros, y siempre lo hecho. Es terriblemente molesto… —Mis
          palabras se desvanecieron cuando la vi cruzar la mesa. Que me jodan.
          Rubia Fresa a las tres en punto, toda decorada y a la caza. No es bueno.
                 Aparté rápidamente la mirada y me concentré en Brynne. Ella miró
          hacia donde mis ojos habían estado y luego de nuevo a mí. Su mente
          estaba dando vueltas, estaba bastante seguro. Brynne era una chica
          inteligente. Intenté hacer como si nada hubiera pasado y rogué que Pamela
          o Penélope no tuviera mejor memoria que yo, pero no mantenía mucho las
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          esperanzas. Era una amiga de Ivan y sabía que terminaría acercándose a
          mí antes de que la noche hubiera terminado. ¿Dónde está el libro de reglas
          para manejar estas situaciones incómodas? ¿No era simplemente vulgar
 Página
          presentar a la última persona que había follado a la persona que estás
          fallándote ahora? Ugh.
                  —¿Está todo bien? —preguntó Brynne.
               —Sí. —Alcancé mi copa y puse mi brazo en el respaldo de la silla de
          Brynne—. Perfecto. —Sonreí.
                —Oh. Mira, allí está Paul. —Sonrío y saludó a mi enemigo, que
          levantó su copa en nuestra dirección. Había esperado que estuviera aquí
          porque lo había dicho esa mañana cuando quise presentarle a la acera—.
          Sé agradable. Ni siquiera pienses en tener otro berrinche delante de él —
          me murmuró en voz baja.
                —Está bien —dije, levantando mi copa y deseando mentalmente por
          conocimiento directo de las artes oscuras para así poder echarle una
          maldición y convertirlo en sapo. Espera, ya era un sapo; tendría que ser
          algo diferente… ¿una cucaracha, tal vez?
                  —¿Qué estás pensando?
                  —En cuánto desprecio a ciertos insectos —dije, tomando un trago de
          vino.
                  Rodó los ojos. —¿En serio?
                —Ajá. No es broma. Las cucarachas son sólo criaturas viles, que se
          deslizan alrededor de lugares a los que definitivamente no pertenecen.
                 Se rió de mí. —Eres adorable cuando estás celoso. —Entrecerró los
          ojos y se inclinó más cerca—. Pero si me avergüenzas de nuevo, como lo
          hiciste esa mañana consiguiendo café, te haré daño, Blackstone. Y habrá
          mucho insoportable dolor involucrado. —Bajó la mirada a mi cintura.
               Me reí de nuevo, solamente porque era divertido no dudaba de su
          amenaza por un momento, y el hecho de que La Cucaracha nos estaba
          mirando desde el otro lado. —Seré un perfecto caballero… siempre y
          cuando él mantenga sus tenazas para sí mismo.
                Rodó los ojos otra vez y me di cuenta de cuan azules se veían, a la
          par con su vestido de esta noche.
                Después de la cena, tuve el placer de ser presentado a la muy
          femenina y muy atenta Alex Craven de Victoria y Albert. Envié una oración
          de agradecimiento a mi madre que nunca envié a la Sra. Craven el
          mensaje tóxico de “Ethan con el cuchillo grande” e imaginé que mamá tuvo
          que estar cuidando de mí ese día. Nunca tomo mi suerte por sentado.
                 No pasó mucho tiempo para que Brynne fuese llevada por los
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          clientes que querían una narración detallada de la conservación de Lady
          Percival. Me resigné a esa eventualidad y me dirigí a conseguir otro trago.
          Sentí una mirada en mí y giré para encontrar a Rubia Fresa dirigiéndose
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          rápidamente hacia mí. Mierda. Sabía que esto sucedería.
               —Hola, Ethan. Es tan bueno verte aquí, esta noche. Estaba
          preguntándole a Ivan sobre ti el otro día.
                —¿En serio? —Asentí hacia ella, deseando desesperadamente
          recordar su nombre—. ¿Bebes… um…? —Bajé la mirada, sintiéndome
          como un idiota y queriendo estar en cualquier otro lugar en este momento.
               —Priscilla.
               Bueno, recordaba la primera letra correctamente. Chasqueé mis
          dedos y apunté al techo. —Bueno… Priscilla, ¿te sirvo una copa? Estoy a
          punto de volver a la Galería Victoriana. —Por favor, di que no.
                —¡Sí! Me encantaría un Cosmo. —Habló con entusiasmo, sus ojos
          iluminándose al percibir cierto interés de mi parte. Me dio una profunda
          mirada y me encontré más que incómodo. Esto era algo que aguanté
          durante años en las mujeres. Lo había hecho por sexo, por supuesto.
          Quiero decir, ¿quién cogería si al menos no las dejas admirar y pretender
          estar halagado por sus intensiones? Pero en realidad no me gustaba, y
          había sido nada más que un juego para mí. Antes de Brynne, mucho de lo
          que había estado haciendo habían sido juegos. Había sido un idiota.
               —¿Y qué dijo Ivan de mí?
               —Dijo que estabas muy ocupado con tu trabajo y las Olimpiadas… y
          tu nueva novia.
                —Ahhh… bueno, te dijo la verdad al menos —dije, buscando una
          manera de salir de la habitación sin ser cruel—. Tengo una novia —¡Y
          necesito alejarme de ti como el.infierno.justo.ahora!
                 —La vi antes en la cena. Es una pequeña cosa joven, ¿verdad? —
          Priscilla dio un paso más cerca y puso su mano en mi brazo, su voz
          mezclada con suficiente toxina para picar.
               —No es tan joven —tragué un sorbo de vodka y rogué por algún acto
          de Dios para conseguir la mierda fuera de esta incómoda situación,
          cuando entró La Cucaracha con Brynne a su lado.
               Allí está tu acto de Dios, idiota.
                —Cariño. —Me separé de Priscilla y fui hacia Brynne—. Estaba
          consiguiendo una bebida y me encontré con… um… Priscilla. —¡Maldita
          sea si no sabía su apellido, tampoco! Esto apestaba, y no tenía las
          habilidades para hacer esta mierda más, no que las hubiera tenido alguna
          vez, pero esto era incómodo como la mierda.
               —Blackstone. —Paul Langley me dio una mirada acusatoria—.
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          Brynne se estaba sintiendo un poco mareada y necesitaba tomar un
          descanso.
               Tomé su mano y puse mis labios en ella. —¿Estás bien?
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                —Creo que necesito un poco de agua —dijo—. Me sentí de repente
          caliente y extraña.
                 —Aquí, quiero que te sientes y te conseguiré un poco de agua. —Pero
          antes de que pudiera moverme, allí estaba el bueno de Langley
          presionando un vaso de cristal en sus manos. Intenté telepatía metal con
          él. Puedes dejarnos ahora, Langley.
                No funcionó.
               —Gracias, Paul. —Brynne          le   dio   una   sonrisa   rápida   en
          agradecimiento y empezó a beber.
                —El placer es mío, querida —ronroneó La Cucaracha a ella.
                Maldición… esperaba que hubiera dejado la sala. Langley, el epítome
          de las costumbres que al parecer era, tendió su mano a Priscilla y se
          presentó. —Paul Langley.
                —Priscilla Banks. Encantada de conocerte.
                Maravilloso. Ahora, ¿pueden los dos irse juntos y follar en el baño o
          hablar detrás de nuestras espaldas o algo así? Cualquiera estaría
          jodidamente perfecto.
                Para mi buena fortuna, se alejaron y comenzaron una conversación.
          Volví a mirar a Brynne y pregunté—: ¿Te sientes mejor?
               —Sí, mucho. —Miró a Paul y Priscilla y luego, de nuevo a mí. —
          ¿Quién es esa, Ethan? —susurró.
                —Una amiga de Ivan.
               No se lo estaba comprando y me dio una mirada que escribía muerte
          segura si no confesaba. —¿Fue amiga tuya, también?
                —No en realidad —ofrecí.
                —¿Qué quiere decir no en realidad?
                Hice una pausa, sin saber a dónde llevar esto desagradable. Un
          evento público de caridad no era el lugar, pero no siempre filtraba mis
          pensamientos de lo que sale de mi boca, por lo que seguí adelante de todos
          modos. —Quiere decir que salimos un tiempo juntos y no somos amigos en
          cualquier sentido de la palabra. No como tú y Langley son amigos. —
          Levanté una ceja.
                 —Está bien. Muy bien —dijo, con una larga mirada reflexiva hacia
          Priscilla y luego, de nuevo a mí, antes de terminar el resto de su agua.
          Hmmm… así que parecía que estaba dispuesta a dejarlo pasar por el
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          momento. Gracias. Dios. Ahora, si pudiéramos sólo escapar de La
          Cucaracha y Rubia Fresa, las cosas serían de oro.
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                —¿Vamos a volver a la galería? Debes tener legiones de fans aún
          esperando hablar contigo.
                —Cierto —se rió, sacudiendo su cabeza—. Pero sí, realmente
          deberíamos volver. Quiero que Lady Percival consiga su pago esta noche.
          Ha estado escondida en la oscuridad por demasiado tiempo.
                Mientras llevaba a Brynne a la Galería Victoriana, no pude dejar de
          pensar que se estaba refiriendo a sí misma metafóricamente con esa
          última parte: Ha estado escondida en la oscuridad por demasiado tiempo.
          Eso me hizo feliz por alguna razón.
                No pasó mucho tiempo para que Brynne quedara atrapada en otra
          ronda de entrevistas y en cierto modo, me desvanecí en el fondo y la dejé
          hacer lo suyo. Estaba empezando su carrera y quería su éxito por varias
          razones. Uno, era su sueño, y dos, un buen trabajo en su campo elegido la
          mantendría en Londres conmigo. Estaba tan motivado como mi chica lo
          estaba.
                —¿Disfrutando el espectáculo? —La voz de Ivan vino por mi hombro.
                —Me alegro que pudieras venir esta noche. Hemos estado
          preguntándonos cuando nos honrarías con tu presencia. Brynne quiere
          presentarte a su amiga —miré alrededor por Gabrielle en su vestido verde,
          pero no la vi.
               —Brynne luce bastante ocupada en este momento. —Miró a mi chica
          con admiración—. Tal vez, más tarde.
                —Mira, Ivan, había una pseudo amenaza entregada en mi oficina,
          hoy. No estoy terriblemente preocupado, pero quiero que sepas los
          detalles. —Le entregué el sobre de fotografías que había traído a lo largo de
          la noche, anticipando su asistencia. Era un firme creyente de que todo el
          mundo debería saber sobre las amenazas contra ellos, sin importar cuán
          insignificante fueran. Los locos nunca parecen mejorar, así que todos
          necesitaban saber lo que podría ser un problema potencial en el futuro.
                Ivan y yo habíamos hecho esto muchas veces antes, así que no era
          nada nuevo. Gruñó ante las fotos mientras las hojeaba y después de un
          minuto, me entregó el lote completo. —Gracias, E, por ir con cuidado.
          Estoy seguro que todo se calmará cuando las Olimpiadas no sean más que
          un recuerdo. —Miró al trago en mi mano—. Al menos puedo esperar,
          ¿verdad?
               —Es todo lo que podemos hacer, amigo —asentí, dándole una
          palmada en la espalda con una mano.
                —Necesito tener algo en los labios de lo que estás teniendo. —Se
          despidió y fue al bar.
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                Cuidé mi vodka por unos minutos más antes de decidir que fumar
          sería la cosa. Brynne todavía estaba demasiado ocupada para ser
          interrumpida, así que encontré a Neil y le dije a dónde me dirigía. Localicé
 Página




          una puerta de salida hacia el nivel de la calle, la sostuve abierta lo
          suficiente para poder volver de la misma manera que había salido, y
          avancé a la fría y fresca noche.
                 El cigarrillo sabía tan bien que creo que me puse un poco duro.
          Apenas unas horas más y estaremos en nuestro camino fuera Londres y la
          tendría toda para mí. Las luces y los sonidos de la ciudad eran un
          consuelo arremolinado con el humo perfumado que me envolvía como un
          manto. Mientras estaba allí y me entregaba a otro pitillo, me pregunté
          cómo nunca dejé el cigarrillo completamente. Realmente trataba de limitar
          mi consumo, pero lo había consumido por tanto tiempo que no sabía como
          dejarlo por completo. La adicción era un componente poderoso del cuerpo
          y el espíritu. Y el humo tenía más poder sobre mí que la nicotina. Supongo
          que un poco de ayuda profesional era necesaria, y era tiempo de enfrentar
          esa realidad, así como algunas otras.
                 Sentí la vibración contra mi pecho y me dio un gusto, porque me
          tomó un momento determinar lo que era. El viejo móvil de Brynne en el
          bolsillo delantero de mi chaqueta. La cosa había estado silenciada por
          tanto tiempo que casi había olvidado que lo traía esta noche, pero por
          costumbre lo había cargado y encendido.
                Lo saqué y vi la alerta de mensaje multimedia. Eso significaba una
          foto. Sentí que me volvía frío y reconocí la hoja aterradora del trozo de
          miedo en mi estómago. Presioné abrir y traté de respirar.
                ArmyOps ha enviado a Brynne un video de música en Spotify.
                ¡Oh, mierda, no! Esto no está pasando justo ahora. Presioné aceptar
          contra mi mejor juicio, pero estaba obligado a mirar. El profesional en mí
          tenía que ver exactamente lo que era. Reconocí la canción al momento que
          empezó a sonar. Closer de Nine Inch Nails. La que fue utilizada en el video
          de sexo con Brynne. Lo dejé sonar porque tenía que hacerlo, pero se sintió
          mal durante toda la canción. Y era sólo el video musical oficial, y no el de
          Brynne.
                Gracias. Santa. Mierda.
                Imágenes de un mono en una cruz, una cabeza de cerdo dando
          vueltas en algo, Trent Reznor en una máscara de cuero colgando de
          cadenas, usando alguna mordaza fetiche, y un diagrama médico del sexo
          femenino…
                Dejé de respirar en el momento que terminó y me quedé mirando la
          pantalla. ¿ArmyOps? ¿Quién carajo iba a enviar esta mierda? ¿Oakley? Mi
          entendimiento con él era tan seguro como se podía obtener. Lance Oakley
          estaba en Irak y no iba a ir a ninguna parte pronto, a menos que un
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          cuerpo en una bolsa volviera a San Francisco si tenía esa suerte. Podría
          suceder, razoné.
 Página




               El texto venía un poco más tarde: Brynne, Ayúdame; he roto mis
          entrañas. Brynne, Ayúdame; no tengo alma que vender. Brynne,
          Ayúdame a escapar de mí mismo. Brynne, Ayúdame a derribar mi
          razón. Brynne, Ayúdame a ser alguien diferente. Brynne, ¡¡AYÚDAME!!
               Mis dedos definitivamente temblaban mientras respondía a ese lio
          monstruoso de palabras: ¿Quién eres y qué quieres de mí?
               La respuesta fue inmediata: No tú, Blackstone. Quiero a Brynne.
          Apaga tu cigarrillo y vuelve a entrar a darle mi mensaje.
                Levanté mi cabeza y escaneé el perímetro y luego los tejados. ¡¿Este
          hijo de puta estaba sobre mí en estos momentos?! No creo que me haya
          movido tan rápido en mi vida, pero tenía un propósito y sólo era encontrar
          a Brynne y sacarla de aquí.
                Me metí de nuevo en el interior y empecé a correr. Tenía a Neil en el
          auricular y le conté en breve para informarlo.
              —En las instalaciones de seguridad, acabo de recibir una llamada de
          amenaza de bomba. Están evacuando el lugar completo, E.
                ¿Qué? Mi mente se tambaleó con conexiones, pero no había tiempo
          para jugar a Sherlock. —¡Quédate con Brynne y espérame! —labré.
                Neil hizo una pausa antes de contestar. No era una buena señal.
                —¡Carajo, no me digas que no estás con ella en este momento!
                —Creo que se fue al baño de ñas damas, y los del local se me
          asercaron… voy a encontrarla ahora.
                —¡Mierda!
                Cambié de dirección y el sistema de alarmas se disparó. Realmente
          mi sangre corría rápido. Todas las salidas y las puertas empezaron a
          abrirse. Gabrielle salió de una puerta justo delante de mí y comenzó a
          correr como si estuviera en una carrera a pie, lo que era notable
          considerando los tacones que se había puesto esta noche. Su cabello
          estaba todo torcido, así como la falda de su vestido verde mientras huía.
                No tenía tiempo para preguntar qué estaba haciendo, sin embargo;
          necesitaba encontrar a mi chica. Oí pasos detrás de mí y di la vuelta. Ivan.
          No se veía mujo mejor que Gabrielle con su cabello reorganizado y su
          camisa medio metida. Tuve que preguntarme si habían estado juntos allá
          atrás… ¡Realmente no tengo tiempo para esto!
                —Amenaza de bomba. Eso es lo que es. —Hice un gesto a las luces
          intermitentes—. Todos están siendo evacuados.
                —¡¿Estás bromeando?! ¡¿Todo esto es por mí?! —explotó Ivan.
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                 —No conozco los detalles. Estaba afuera fumando cuando se disparó
          la alarma. Neil dijo a la seguridad que tenía una amenaza de bomba dentro
          y cerraron todo. Vamos a arreglarlo más tarde. ¡Sólo lárgate!
 Página
               Dejé a Iván y corrí a la Galería Victoriana. El lugar era un absoluto
          choque de locura. Personas gritando y corriendo alrededor por el pánico.
          Como yo.
                ¡Brynne, ¿dónde estás?!
                Busqué por un destello de vincapervinca en la multitud y no lo vi. Y
          mi corazón se hundió.
                —¿La tienes? —Tenía a Neil de nuevo en el auricular.
                —Aún no. He comprobado dos lavabos diferentes en ese piso. Vacíos.
          Le dije a Elaina que la llevara adelante si la veía en la salida a la calle
          donde están llevando a las personas. Voy a seguir buscando.
                En mi desesperación pienso que habría hecho un pacto con el diablo
          si pudiera sólo para encontrar a mi chica sana y salva. Me dirigí de nuevo
          al ala donde Lady Percival estaba en pantalla, esperando que pudiera
          darme una pista. Recordé a Brynne diciendo algo acerca de acceso a la
          habitación del fondo donde había ayudado cuando Lady Percival había
          sido trasladada de Rothvale a aquí por el espectáculo de esta noche.
          Busqué por una puerta y no estaba a más de diez pies, mezclada con la
          pared… El contorno del sello, y entonces un pequeño signo particular de
          privado marcado al mismo.
                ¡Sí!
              Giré la manija y empujé a una gran sala de trabajo de depósito con
          muchas puertas… y una estaba marcada inodoro.
                —¡¿Brynne?! —grité su nombre y apreté la mano fuertemente. Traté
          de abrirla pero estaba con llave.
                —Estoy aquí —vino en una débil respuesta, pero alabados sean los
          ángeles, ¡era ella!
                —¡Nena! Gracias Dios… —Traté de abrirla de nuevo—. Déjame
          entrar. ¡Tenemos que irnos!
                El cierre de la puerta hizo clic y no perdí tiempo en abrir la última
          barrera entre mi chica y yo. La habría arrancado y arrojado si hubiera
          tenido la habilidad.
                Se quedó pálida mirando con la mano sobre su boca, sudor
          salpicando su frente, en su hermoso vestido vincapervinca. ¡El más
          hermoso color en el sangriento mundo entero en este momento! Tal vez
          para siempre. No creía que alguna vez olvidara como me sentí en este
          momento. El crudo alivio al encontrarla casi me llevó a las rodillas en
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          agradecimiento.
                —¿Qué está pasando con la alarma de incendio? —preguntó.
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               —¿Estás bien? —Envolví los brazos a su alrededor pero llevó una
          mano a mi pecho para mantener la distancia.
                —Acabo de vomitar, Ethan. No te acerques. —Mantuve una mano
          sobre la boca—. No sé qué está mal conmigo. Gracias a Dios me acordé de
          este baño al estar tan cerca. Estaba aquí inclinada sobre el lavabo y las
          alarmas se dispararon…
               —Oh, nena. —Besé su frente—. ¡Tenemos que irnos ahora! No es un
          incendio, ¡pero una amenaza de bomba las activó! —Agarró su otra mano y
          empezó a tirar—. ¿Puedes caminar?
                Su rostro palideció aún más pero revivió un poco. —¡Sí!
                Llamé a Neil mientras salíamos de ese edificio.
                La adrenalina tiene increíbles poderes en el cuerpo humano. Hay
          muchas pequeñas cosas por las que agradecer, pero la más grande de
          todas estaba a salvo en mis brazos.
                                                 ***
                Que mierda habían sido las últimas horas. Rumiaba sobre qué había
          pasado mientras conducía en la noche. Cambio de planes, había decidido
          tan pronto llegamos a casa. Llamé a Hannah y le dejé saber que estábamos
          manejando esta noche hasta Somerset. Parecía sorprendida pero dijo que
          se alegraba de tenernos pronto y que la casa estaría abierta para que
          pudiéramos entrar cuando llegáramos.
                 Brynne era un hueso un poco más duro de roer. No se sentía bien
          para una cosa y luego estaba preocupada por la amenaza de bomba y
          todos los cuados. Hasta ahora, no había habido ninguna explosión pero
          todo el desastre estaba en cada estación de noticias y fue clasificado como
          un riesgo terrorista. Tendría a mi gente investigando sobre la amenaza
          como medida obligatoria, pero lo que más me preocupaba eran los
          mensajes de esta noche en su celular. Quién fuera que los había enviado
          estaba cerca. Lo suficiente para verme fumando detrás de la Galería
          Nacional. Y si estaba lo suficientemente cerca para eso, entonces también
          estaba malditamente cerca de mi chica. Apenas podía darle sentido a los
          mensajes de texto, sólo la letra de la canción escrito con la añadidura del
          nombre de Brynne. Me daba escalofríos, y hacía muy fácil la decisión de
          sacarla de la ciudad.
                La miré durmiendo en el asiento del pasajero, su cabeza inclinada
          sobre la almohada que había traído. La llevé rápidamente fuera de la
          ciudad, y sabía que tendría que explicarlo luego, pero afortunadamente no
          había estado en un humor desafiante y me siguió la corriente con todo.
          Nos habíamos cambiado a ropas normales, agarrado los bolsos, y
          golpeamos la M-4 por tres horas de viaje hacía la costa.
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                Se agitó por dos horas de viaje y luego despertó con una pregunta
          directa.
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               —¿Entonces vas a decirme por qué me arrastraste lejos esta noche
          cuando el plan había sido irnos en la mañana durante semanas?
                 —No quiero decirte porque no va a ser agradable que sepas y de por
          sí ya te estás sintiendo mal. —Le tomé la mano—. ¿Podemos esperar hasta
          mañana para hablar de esto?
               Negó con la cabeza. —No.
               —Nena… por favor, estás cansada y…
                —Recuerda nuestro trato, Ethan —me interrumpió—. Tengo que
          saberlo todo o no puedo confiar en ti.
                El tono de su voz era muy duro y espantó la mierda en mí. Oh,
          recordaba muy bien nuestro acuerdo y odiaba lo que sabía. Pero también
          sabía a qué había acordado con Brynne. Y si ocultarle la información nos
          separaba, entonces para mí no valía la pena pagar ese precio.
                —Sí, recuerdo nuestro trato. —Busqué en mi bolsillo por su
          celular—. Un mensaje llegó a tu celular cuando estaba detrás fumando. Es
          por eso que no sabía dónde estabas. Había salido y la amenaza de bomba
          ocurrió de manera simultánea a ese mensaje en tu teléfono.
               Alargó una mano temblorosa y lo tomó. —¿Ethan? ¿Qué dice?
                —Un video musical al inicio y luego un mensaje de alguien
          haciéndose llamar ArmyOps. —Coloqué mi mano en su brazo—. No tienes
          que escucharlo. Realmente no…
                Su cara se veía absolutamente afligida por el miedo pero preguntó de
          todas formas—: ¿Es… es el video de… mí?
                —¡No! Es sólo el video musical de la canción de los “Nine Inch
          Nails”… Mira, ¡no tienes que hacer esto Brynne!
               —¡Si, tengo que hacerlo! ¡Este mensaje es para mí! ¿No es así?
               Asentí.
                —Y si no estuviéramos juntos todavía me lo habrían enviado,
          ¿correcto?
               —Supongo. Pero estamos juntos y quiero evitar que te preocupes por
          mierda así. Me mata, Brynne. ¡Me mata jodidamente verte así!
                Empezó a llorar. Era el tipo de llanto silencioso. La forma en que
          normalmente lloraba, y de alguna manera, el silencio de sus lágrimas
          parecía estar gritando ruidosamente en el auto..
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               —Esa es una de las razones por las que te amo, Ethan —resopló—.
          Quieres protegerme porque realmente te preocupas.
               —Lo hago, nena. Te amo tanto. No quiero que tengas que ver ese
 Página




          pedazo de mier…
                Presionó iniciar y la canción sonó mientras se reproducía el video. La
          miré y contuve el aliento.
                 Brynne se mantuvo compuesta durante toda la cosa, viéndolo hasta
          el final, con toda su temática fetichista de científico-loco de mierda. No
          tuve ninguna indicación de ella respecto a cómo se sentía viéndolo. Al
          menos, no por fuera. No podía saber.
                Sin embargo, sabía cómo me sentí al verla. Totalmente indefenso.
                Entonces llegó a la parte del mensaje de texto.
                —¿Estaba ahí? ¡¿Viéndote fumar?! ¡Oh mierda! —Llevó la mano a su
          boca de nuevo y se atragantó—. ¡Détente!
                ¡Mierda! Desafié las leyes de la física y de tránsito, pero de alguna
          manera logré estacionar a un lado. Estuvo fuera y vomitando sobre los
          arbustos en el instante en que se detuvieron los neumáticos. Sostuve su
          cabello y froté su espalda. ¿Podía esta noche ponerse peor?
               —¿Qué demonios está mal              conmigo?      —jadeó—.   ¿Puedes
          conseguirme una servilleta o algo así?
                Saqué algunas toallas de la guantera y cogí una botella de agua para
          que se enjuagara la boca. Y mantuve la boca cerrada, positivamente
          seguro de que estaba teniendo una experiencia extracorpórea. Esto
          simplemente no podía estar ocurriendo en este momento.
                 —Me siento mejor —jadeó—. Sea lo que sea que fue esta noche
          parece haber pasado. —Poco a poco se enderezó y levantó la cabeza hacia
          el cielo nocturno—. ¡Dios!
                 —Lo siento tanto, nena. Estás enferma y te estoy arrastrando en un
          viaje por carretera y todo está tan regiamente jodido…
                —Pero estás aquí conmigo —exclamó—, y vas a ayudarme en lo que
          sea que fue esa mierda en mi teléfono, ¿no? —Me miró, sus ojos aún
          húmedos, su pecho aún agitado por estar con nauseas en los arbustos, y
          absolutamente increíble para mí a causa de su valentía.
                —Lo haré, Brynne. —Di el par de pasos que nos separaban y la
          atraje cerca. Se acomodó en mis brazos y apoyó la mejilla en mi pecho—.
          Voy a estar aquí en cada paso del camino para mantenerte a salvo. Estoy
          hasta el fondo, ¿recuerdas?
                Asintió. —También estoy hasta el fondo, Ethan.
                 —Bien. Todo va a estar bien, nena. —Froté arriba y abajo su espalda
          y la sentí relajarse un poco.
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                —Es bueno que te sientas mejor. Y sólo hueles un poquito a vómito.
          —Besé la cima de su cabeza y me apretó en las costillas—. Pero tenemos
 Página




          que salir de la carretera. No falta mucho y quiero meterte en la cama para
          que puedas descansar. Freddy es doctor. Puede revisarte mañana después
          de que hayas dormido.
                   —De acuerdo. Qué infierno de noche, ¿no?
                —Eres una cita divertida, Señorita Bennett. —La coloqué en su
          asiento—. Pero creo que prefiero que nos quedemos en casa que salir
          contigo. —La besé en la frente antes de cerrar la puerta.
                Se rió y me alegré que aún pudiera sacarle una sonrisa después de
          la noche tan jodida que acabábamos de tener.
                   —¿Puedes oler el océano? —pregunté después de avanzar un poco
          más.
               —Sí. Me recuerda a casa. Crecí con el olor del mar. —Miró por la
          ventana—. Cuéntame sobre Hannah y su familia.
                Me pregunté si el recuerdo de su casa que había traído era triste,
          pero decidí no entrometerme. Era algo para tal vez otro momento.
                 —Bueno, Hannah es cinco años mayor que yo y mandona como el
          infierno, pero ama a su hermano menor. Somos muy unidos…
          probablemente porque perdimos a nuestra mamá a tan temprana edad.
          Nos unimos juntos cuando se fue. Nuestro papá, Hannah y yo.
                   —Suena muy agradable, Ethan… lo mucho que se preocupan por los
          otros.
                —No puedo esperar para que te conozcan. Freddy es un buen tipo.
          Es un doctor, como dije antes, y practica en el pueblo en Kilve. Su casa es
          llamada Halborough, una antigua finca de la familia de Freddy, los
          Greymonts. Estas grandes casas en el registro histórico son difíciles de
          mantener así que hacen alojamientos y desayunos ejecutados por Hannah,
          junto con la crianza de tres fabulosos niños.
                   —¿Cuáles son sus nombres y edades?
                —Colin tendrá trece en noviembre. Jordan acaba de cumplir once y
          mi princesa de hadas que tengo por sobrina, la pequeña Zara, fue una
          gran sorpresa para todos en el momento en que llegó este mes hace cinco
          años. —No pude evitar la sonrisa al pensar en Zara. Tenía una debilidad
          por las niñas pequeñas—. Ella es algo más, te lo digo. Esa pequeña
          señorita deja atrás a sus hermanos.
                —No puedo esperar para conocer a Zara, entonces. Es bueno ver a
          una mujer que puede controlar a todos los hombres en su vida,
          especialmente a tan temprana edad.
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                   —Bueno, tendrás tu oportunidad en la mañana, porque ya llegamos.
                Entré en el camino de grava que corría en un semicírculo hasta la
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          casa gregoriana de piedra pálida. Había habido cierta mezcla de
          influencias arquitectónicas durante los siglos a lo largo de varias
          remodelaciones. Las ventanas góticas y puntos eran un bonito detalle si
          querías histórico. Todavía era una casa de buen aspecto y dado que estaba
          sobre la costa, no estaba mal para una casa de campo junto al mar. Eso
          siempre me causó risa. De acuerdo con Freddy, Halborough había sido el
          retiro de verano para su familia hace doscientos años cuando necesitaban
          alejarse de la ciudad. Si esto era una casa de campo, entonces ¿qué
          consideraban esas personas una casa?
               —Dios, Ethan, esto es increíble. —Miró la fachada y parecía
          impresionada—. Es precioso. No puedo esperar por un recorrido.
               —Mañana. —Reuní nuestras maletas del baúl y cerré el auto. —
          Tiempo de llevarte a la cama. Necesitas dormir.
               Me siguió hasta la puerta de entrada lateral que estaba abierta tal
          como Hannah había prometido.
               —Lo que necesito es una ducha —murmuró detrás de mí.
                —Puedes tener un baño si quieres. Las habitaciones están muy bien
          equipadas —susurré mientras la llevaba a la escalera principal. Sabía que
          suite quería para nosotros cuando llame a Hannah y le pregunté. La azul
          en la esquina del ala oeste con la vista completa al océano por todo el
          camino hasta Welsh Coast a través de la bahía.
                Brynne estuvo impresionada cuando abrí la puerta y la llevé dentro.
          Podía decirlo por su expresión. Creo que se quedó sin palabras cuando sus
          ojos recorrieron la habitación.
                —¡Ethan! Esto es… simplemente impresionante. —Me sonrió
          ampliamente y se veía feliz—. Gracias por traerme aquí. —Pero entonces
          bajó la mirada y negó con la cabeza ligeramente—. Lamento que esta
          noche fuera un desastre.
               —Ven aquí, nena. —Abrí los brazos y esperé a que se moviera.
                Prácticamente se abalanzó sobre mí y la levanté, dejándola envolver
          sus piernas a mí alrededor en la manera que amaba. Intenté besarla en los
          labios pero se alejó y en su lugar me dio el cuello.
               —Necesito tomar una ducha y cepillarme los dientes antes de que
          hagamos algo —murmuró en mi oído.
                —No vamos a hacer nada. Vas a dormir después de tomar tu ducha,
          tu baño o lo que sea que vayas a tomar.
               —Oye. —Levantó la cabeza y me miró—. ¿Me está negando su
          cuerpo, señor Blackstone?
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                 Estoy seguro que era la última cosa que esperaba me preguntara. —
          Um… por qué… err… No, señorita Bennett. Nunca haría una cosa tan
          estúpida como negarle mi cuerpo cuando está tan obviamente necesitada
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          de él.
               —Qué bien, porque me siento mucho mejor ahora. Mucho mejor… —
          Sostuvo mi cara en ambas manos y me dio una hermosa sonrisa.
                —Ahhh, puedo ver que lo estás. —Se flexionó contra mi verga y nos
          apretó más juntos con sus piernas a mí alrededor.
                —Y puedo sentir que está completamente de acuerdo con mi plan,
          señor Blackstone.
                Bueno, por supuesto que lo estoy cuando tengo tus piernas envueltas
          alrededor de mi culo y mi verga contra una parte tuya muy bonita.
                 Nos llevé cuidadosamente al baño y la dejé sobre sus pies. Encontré
          el interruptor de la luz y disfruté de su segundo jadeo cuando tuvo una
          mirada de la bañera y la vista.
                —¿Es el océano fuera de esa ventana? ¡Dios mío! Es tan hermoso
          aquí apenas puedo soportarlo.
               Me reí. —Ahora, no estoy tan seguro de si estás más interesada en la
          bañera o en violarme.
               —Pero puedo ser tan multi-tareas como tú, bebé —dijo, tirando de
          su sudadera sobre su cabeza y dejándola caer.
               —¿Alguna vez te dije lo mucho que amo cuando me llamas bebé?
                Su espectáculo de striptease iba a ser tan malditamente bueno que
          en verdad ya podía sentir mi cuerpo empezar a zumbar por todas partes.
               —Tal vez lo has dicho una o dos veces.
               Se quitó la camisera y fue cuando lo vi.
               —Estás usando tu collar.
                Me asintió, de pie en sujetador de encaje azul y el colgante de
          corazón que le había dado al inicio de nuestra noche infernal.
                —Cuando nos cambiamos de ropa no quise quitármelo. —Llevó sus
          ojos a los míos y tocó el corazón.
               —¿Y eso? —pregunté.
               —Porque tú me lo diste, y dijiste que me amabas y…
               —No quiero que te lo quites —espeté en medio de la frase.
               —…porque dijiste que estabas hasta el fondo.
                —Lo estoy. Contigo, Brynne, lo estoy, y lo he estado desde el
          principio.
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               Quería decir cada palabra. Sabía que lo quería. Lo entendí tan claro
          como el cristal y ahora no había vuelta atrás con ella.
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               Hasta el fondo es para siempre, nena.
                Cuando llegué a mi chica, le mostré lo mucho que verdaderamente la
          necesitaba, y se lo dije también con palabras. Supe entonces que la mejor
          apuesta en mi vida no había sido las cartas que había jugado, sino esa
          noche en una calle de Londres, cuando una hermosa chica americana
          intentaba caminar en la oscuridad, y jugué la mano más importante que
          alguna vez había tenido, y fue un asunto de… todo o nada.
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                               Raine Miller es estadounidense y vive en
                               California. Profesora en un colegio durante
                               el día, su tiempo libre lo dedica a escribir
                               novelas románticas. Está casada y tiene dos
                               hijos que saben que escribe pero que nunca
                               han mostrado mucho interés en leer sus
                               libros. Antes de Desnuda, Miller escribió dos
                               romances históricos, The Undoing of a
                               Libertine y His Perfect Passion.




          Serie The Blackstone Affair
           1. Desnuda
           2. Todo o Nada
           3. Con los Ojos Muy Abiertos
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