MIRANDO AL SUR by EKAIcenter

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									2013 april 08




ANÁLISIS | POLÍTICAS ANTI-CRISIS EN EUSKADI

Mirando al Sur

EKAI Group

Durante la celebración del Aberri Eguna, el lehendakari Iñigo Urkullu se dirigió a la audiencia
que le escuchaba -y a los medios de comunicación- pidiendo a la sociedad vasca «mirar al
sur». De esta forma, nos daremos cuenta de que la situación en el conjunto de España es
sensiblemente peor que en nuestra comunidad autónoma. Servicios públicos que se cierran,
administraciones en quiebra... Miremos al sur.

Con todo el respeto, sentimos no compartir este posicionamiento. Es cierto que nunca es
conveniente caer en derrotismos o perder la perspectiva comparativa que nos sirva para
relativizar la situación y evolución de la crisis financiera en el País Vasco. Pero otra cosa muy
distinta es la autocomplacencia en la que estamos cayendo en Euskadi durante los últimos
años, consecuencia de una ya larga trayectoria de pasividad en la política económica,
especialmente grave a partir del estallido de la crisis financiera.

Es evidente que durante los años 80 y 90 el País Vasco realizó un importantísimo esfuerzo de
reconversión industrial primero y de reforzamiento de nuestro nuevo tejido industrial a
continuación. Pero no nos engañemos. Aquellos esfuerzos solo compensaron parcialmente los
déficits institucionales estructurales que el franquismo dejó en nuestro país.

Desde los 90, llevamos demasiado tiempo durmiendo en los laureles. El desarrollo de este
siglo en el País Vasco no se ha asentado en activas y eficientes políticas públicas capaces de
hacer frente a nuestros grandes problemas sino en la eficiencia y dinamismo de nuestro
tejido industrial, de pequeñas y medianas empresas (y de la burbuja financiera, por
supuesto). Estamos viviendo de las rentas.

Dar la vuelta a esta situación de forma inmediata es imprescindible. No podemos seguir
repitiéndonos una y otra vez que otros están peor o que estamos mejor que la media
europea en una u otra variable. Ya hemos explicado repetidamente por qué la media europea
no es una referencia válida para nuestra economía y que necesitamos, de forma urgente,
una nueva política estadística que nos compare con las regiones más eficientes de Europa,
de USA y de los países emergentes.

En cualquier organización, privada o pública, los esfuerzos colectivos se dinamizan en base a
retos de futuro, nunca en base a la sistemática comparación con quienes están peor. Este
último es el camino seguro para el desastre colectivo.

Lo cierto es que tenemos un tejido empresarial activo y dinámico, pero un entorno
institucional con gravísimos déficits estructurales. Nuestras empresas, cada vez más, tienen
que competir con las mejores y el que otras empresas del conjunto del Estado español estén
en peor situación les sirve de poco o de nada. Tenemos que mirar hacia otro lado, hacia el
norte de Europa y hacia los países emergentes.
Si miramos hacia Europa y hacia los países emergentes nos daremos cuenta de dónde
estamos y de qué es lo que nuestra política económica debe hacer y no está haciendo. De
que los servicios sociales y el estado del bienestar solo se mantienen con un tejido
productivo eficiente, un sistema financiero enraizado y unas políticas públicas
comprometidas. De que las bases institucionales de nuestro desarrollo económico y, en
concreto, la educación, la universidad y la investigación son aún asignaturas pendientes que
necesitan reformas estructurales inmediatas.

Lo que está sucediendo en Euskadi, con un desempleo creciente, cierres continuados de
empresas..., no se soluciona pensando que «otros están peor». Lo que está sucediendo se
debe precisamente a que desde el estallido de la crisis no hemos hecho otra cosa que
regodearnos en una autosatisfacción poco encomiable. Nuestros problemas estructurales
eran -y son- distintos a los de España y necesitaban de medidas sustancialmente distintas.
Mientras tanto, hemos ido poniendo las bases de nuestro propio hundimiento: congelación -o
reducción- de las inversiones en investigación e innovación, desestructuración de nuestro
sistema financiero, despreocupación con respecto a nuestros déficits estructurales en
educación e investigación.

Limitarse a defender a corto plazo nuestros servicios públicos es -sentimos decirlo-
demasiado fácil. Porque nuestros problemas estructurales son esencialmente distintos.
Nuestro nivel de sobreendeudamiento no es comparable con el del conjunto de España y, por
lo tanto, tampoco lo son los problemas derivados del proceso de desapalancamiento
financiero. Aunque, por la senda que llevamos, nuestra situación irá de mal en peor.
Limitarse a recoger los frutos de una menor tensión sobre nuestros presupuestos públicos no
es suficiente.

Nuestras energías durante todos estos años deberían haberse dirigido a realizar los cambios
estructurales que permitieran posicionar a nuestra sociedad y a nuestro tejido productivo en
un nuevo contexto. Realizando para ello los esfuerzos presupuestarios necesarios en
educación e I+D. Y abordando las reformas estructurales que debe- rían haberse abordado
hace ya diez años.

Si nos paramos a pensar en serio cuáles han sido nuestras estrategias anticrisis llegamos
enseguida a una conclusión evidente. No hemos tenido una estrategia anticrisis. Hemos
copiado de mala manera determina- das medidas y políticas que no correspondían ni con
nuestra situación ni con nuestros retos. Y hemos desatendido lo más importante. En
realidad, nuestras políticas no han hecho nada para preparar nuestro futuro y, por lo tanto,
sólo han asegurado el agravamiento progresivo de nuestra situación. Es lo que no hay más
remedio que denominar políticas «procrisis».

Cinco años de políticas pro-crisis nos están llevando a donde nos tenían que llevar. Eso sí,
seguiremos en una actitud autocomplaciente, comparándonos permanentemente con quienes
sabemos que van a dar peores resultados estadísticos.

Nuestras políticas públicas necesitan una reorientación inmediata. Durante los últimos años
hemos caído en un cortoplacismo que tiene todo de demagógico y muy poco de compromiso
personal y colectivo. Necesitamos menos autocomplacencia y más capacidad de autocrítica y
compromiso. Para ello, miremos al Norte. Miremos a los países emergentes. Ya está bien de
mirar tanto al Sur.

								
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