ENCUENTROS DE FORMACION LITURGICA

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ENCUENTROS DE FORMACION LITURGICA Powered By Docstoc
					           ENCUENTROS DE FORMACION LITURGICA. I


           “La Palabra de Dios en la Celebración Litúrgica”

          Lectura comentada de los prenotandos y otros textos


                         Febrero-Abril de 2008



                ESQUEMA DE CADA ENCUENTRO

I.     Canto relacionado con la Palabra de Dios. Salmo o lectura de un
       fragmento de la PdD.
II.    Presentación general del tema
III.   Lectura común de los números elegidos en los prenotandos del
       leccionario, o de los distintos rituales, o del directorio correspondiente.
       Comentarios o dudas, aclaraciones, iluminación del texto.
IV.    Conclusiones: sugerencias para mejorar las celebraciones en nuestras
       comunidades parroquiales.
V.     Oración final y repetición del canto inicial con otras estrofas


                      BASES DOCUMENTALES


I.     Prenotandos del Leccionario
II.    Ordenación General del Misal Romano
III.   Prenotandos en otros libros litúrgicos
IV.    Directorios de la Comisión Episcopal de Liturgia


                            CONTENIDOS

                             (10 encuentros)


1. Rasgos específicos de la PdD en la celebración litúrgica. Su dinámica. Breve
   comparación con otros espacios: catequesis, formación, grupos bíblicos,
   Lectio Divina…

2. La abundante Mesa de la PdD. Un gran Leccionario. Dinamismo y selección
   de las lecturas. Estructura a través de años y ciclos.

3. El salmo responsorial. La Aclamación al Evangelio. El Salmista.

4. La proclamación de la Palabra. Ministerio y servicio del lector.


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5. Lugares y otros elementos materiales: el Leccionario y el Evangeliario. El
   Evangelio: procesionado por la Via Sacra; depositado en el Altar;
   proclamado en el Ambón; predicado en la Sede.

6. Ritos y oraciones en el momento de la Liturgia de la Palabra: Gestos,
   posturas, oraciones, cantos, moniciones. El silencio.

7. El desarrollo de la Palabra proclamada: la Homilía, el Credo y la Oración
   Universal o “de los fieles”.

8. La PdD en otros elementos de la celebración eucarística: los cantos
   (antífonas) y su contenido bíblico; las oraciones presidenciales, el prefacio,
   las aclamaciones y oración hímnicas, el Padrenuestro…

9. Liturgia de las Horas, o el derroche de la Palabra de Dios.

10. La Palabra de Dios en los demás sacramentos y, sacramentales.

11.- Revisión final. Celebración de Vísperas. Ágape fraterno.


                                CALENDARIO

                           FEBRERO: 7, 14, 21 Y 28
                              MARZO: 6 Y 13
                            ABRIL: 3, 10, 17 Y 24
                                MAYO: 15




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                               INTRODUCCION


Un curso centrado en la Palabra de Dios (PdD), con motivo del Próximo Sínodo
y del objetivo diocesano de este año. Nosotros enmarcada dicha palabra en un
momento central: la celebración litúrgica como lugar eminente de la Palabra,
nacida, recogida especialmente para este momento (Esdras, Jesús en la Sinagoga
de Cafarnaum)


Aquí: introducción general a la rica presencia de la PdD en la celebración, con el
fin de traer a la memoria lo que habitualmente vivimos en las celebraciones y
nos puede pasar desapercibido.


Delimitar el campo de juego: ¿Por qué a través de la lectura de los prenotandos y
directorios? Por su riqueza y validez, más allá de opiniones personales:


       -   Venimos a descubrir el arte de celebrar que posibilitan estas normas
           (prenotandos) y otras orientaciones concretas dadas actualmente
           (directorios de la Conferencia Episcopal Española). Venimos a
           conocerlas y sobre todo a descubrir el sentido de lo que hacemos para
           poder vivirlo con intensidad, enriquecernos y responder así al
           cuádruple efecto que tiene la celebración litúrgica de Jesucristo y de
           su Iglesia: dar gloria a Dios, ser santificados, construir Iglesia y
           hacerlo actualizando el misterio de Salvación. Seremos los artistas
           que tienen una partitura determinada que ejecutar, bajo la dirección
           del Espíritu Santo para celebrar con el Hijo el culto que se dirige al
           Padre y nos va transformando la vida. (Orquesta). Y hacerlo no sólo
           por la Iglesia y en ella, sino también con ella.

       -   Son necesarios una mente y un corazón abiertos para entrar en este
           diálogo fascinante que supone la escucha/respuesta a la PdD en la
           Liturgia. Nos ejercitaremos en el arte de recibir, acoger, responder,
           celebrar, vivir. Disfrutaremos del arte de dejarse envolver por el
           torbellino de la PdD en la dinámica del “ Por Cristo en el Espíritu
           para ir al Padre.”




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                                         TEMA PRIMERO


               Rasgos específicos de la Palabra de Dios en la celebración litúrgica. Su
                                          dinámica.


                                            Fuentes de este tema:


                     Prenotandos del Leccionario números 3 a 10 y 44-48. (OLM)


           Oración primera:

                   Canto: Canto de entrada para el tiempo de Cuaresma. Explicación1.

                   Texto: Mt 4, 1-4.


           Introducción

        Este tema encuadra todos los demás. Está centrado en los rasgos específicos, en
la dinámica de la Palabra de Dios (PdD) en la Liturgia. Descubriremos esos rasgos que a
la postre son los mismos que se reflejan en toda la liturgia. Como en un resumen ya lo
vemos en estos textos:

       DCM2 156: “En la liturgia de la Palabra no se trata sólo de ilustrar, catequizar,
alimentar la fe de los ya creyentes. Ni sólo de proclamar las maravillas de Dios. Hay que
celebrarlas porque se cumplen hoy aquí y en la liturgia eucarística que sigue”.

      SC 33: “En la liturgia, Dios habla a su pueblo, Cristo sigue anunciando el
Evangelio. Y el pueblo responde a Dios con el canto y la oración”.

       Los rasgos y la dinámica de la PdD en la liturgia los podemos encontrar
especialmente en una lectura de algunos números de los prenotandos del leccionario
(Ordo Lectionum Missae –OLM-). De esa lectura comentada sacaremos el sentido. Por
ordenarlo de alguna manera intentaremos ver cómo se sitúa la Palabra de Dios en la
celebración litúrgica, quienes son los protagonistas, qué se necesita para que de fruto o
cuáles son los frutos que produce en nosotros.

          Rasgos y dinámica:

          Significación litúrgica de la Palabra de Dios:

OLM 3:         “En las distintas celebraciones y en las diversas asambleas de fieles que
participan en dichas celebraciones, se expresan de modo admirable los múltiples tesoros
1
    Hoja Misa Dominical: Año cristiano 40.
2
    DCM: Canto y música en la celebración. Directorio de la Conferencia Episcopal Española (CEE).


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de la única palabra de Dios, ya sea en el transcurso del año litúrgico, en el que se
recuerda el misterio de Cristo en su desarrollo, ya en la celebración de los sacramentos y
sacramentales de la Iglesia, o en la respuesta de cada fiel a la acción interna del Espíritu
Santo,3 ya que entonces la misma celebración litúrgica, que se sostiene y se apoya
principalmente en la palabra de Dios, se convierte en un acontecimiento nuevo y
enriquece esta palabra con una nueva interpretación y una nueva eficacia. De este modo,
en la liturgia, la Iglesia sigue fielmente el mismo sistema que usó Cristo en la lectura e
interpretación de las sagradas Escrituras, puesto que él exhorta a profundizar el conjunto
de las Escrituras partiendo del «hoy» de su acontecimiento personal.4”


        Características propias de la Palabra de Dios en la acción litúrgica:

OLM 4:          “En la celebración litúrgica, la palabra de Dios no se pronuncia de una
              5
sola manera, ni repercute siempre con la misma eficacia en los corazones de los que la
escuchan, pero siempre Cristo está presente en su palabra 6 y, realizando el misterio de
salvación, santifica a los hombres y tributa al Padre el culto perfecto.7
        Más aún, la economía de la salvación, que la palabra de Dios no cesa de recordar
y de prolongar, alcanza su más pleno significado en la acción litúrgica, de modo que la
celebración litúrgica se convierte en una continua, plena y eficaz exposición de esta
palabra de Dios.
        Así, la palabra de. Dios, expuesta continuamente en la liturgia, es siempre viva y
      8
eficaz por el poder del Espíritu Santo, y manifiesta el amor operante del Padre, amor
indeficiente en su eficacia para con los hombres.”

        La Palabra de Dios en la economía de la salvación:

OLM 5:         “La Iglesia anuncia el único e idéntico misterio de Cristo cuando, en la
celebración litúrgica, proclama el Antiguo y el Nuevo Testamento.
       En efecto, en el Antiguo Testamento está latente el Nuevo, y en el Nuevo

3
  Un mismo texto, por tanto, puede ser leído y usado bajo diversos aspectos, según las diversas ocasiones
y celebraciones litúrgicas del acto eclesiástico. Esto se ha de tener presente en la homilía, en la exégesis
pastoral y en la catequesis. A través de los índices de este mismo volumen, ello resulta evidente para
todos, por ejemplo, en cuanto al uso de los capítulos 6 y 8 de la carta a los Romanos, según se lean en los
diversos tiempos del año litúrgico y en las diversas celebraciones de sacramentos y sacramentales.
4
  Cf. Lc 4, 16-21; 24, 25-35. 44-49.
5
  Así, por ejemplo, Proclamación o Lectura, etc., en la celebración de la misa (cf. Ordenación general del
Misal romano, núms. 21,23,95, 131, 146, 234, 235); así también las celebraciones de la palabra de Dios
en el Pontifical, en el Ritual romano y en la Liturgia de las Horas, reformados por decreto del Concilio
ecuménico Vaticano II.
6
  Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núms. 7, 33;
Mc 16, 19-20; Mt 28, 20; S. Agustín, Sermo 85, 1: «El Evangelio es la boca de Cristo. Está sentado en el
cielo, pero no deja de hablar en la tierra» (PL 38, 520; cf. también In Ioannis Evangelium Tractatus XXX,
1: PL 35, 1632; CCL 36, 289) Y aquellas palabras del Pontificale Romanum Germanicum: «Se lee el
Evangelio, en el cual Cristo habla al pueblo con su misma boca para... actualizar el Evangelio en la
Iglesia, como si hablara al pueblo el mismo Cristo en persona.» (d. V. Vogel-R. Elze, edición Le
Pontifical Romanogermanique du dixième siècle. Le Texte 1. Ciudad del Vaticano 1963/XCIV, 18, p.
334), o aquellas otras: «Cuando se hace presente e! mismo Cristo en persona, esto es, el Evangelio,
dejamos el báculo porque ya no necesitamos de soporte humano» (op. cit., XCIV, 23, p. 335).
7
  Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 7.
8
  Cf. Hb 4, 12.


                                                                                                          5
Testamento se hace patente el Antiguo.9 Cristo es el centro y plenitud de toda la
Escritura, y también de toda celebración litúrgica;10 por esto, han de beber de sus
fuentes todos los que buscan la salvación y la vida.
        Cuanto más profunda es la comprensión de la celebración litúrgica, más alta es
la estima de la palabra de Dios, y lo que se afirma de una se puede afirmar de la otra, ya
que una y otra. recuerdan el misterio de Cristo y lo perpetúan cada una a su manera.”

        La Palabra de Dios en la participación litúrgica de los fieles:

OLM 6:          “La Iglesia, en la acción litúrgica, responde fielmente el mismo «Amén»
que Cristo, mediador entre Dios y los hombres, con la efusión de su sangre, pronunció
de una vez para siempre, para sancionar en el Espíritu Santo, por voluntad divina, la
nueva alianza.11
        Cuando Dios comunica su palabra, espera siempre una respuesta, respuesta que
es audición y adoración «en Espíritu y verdad» Jn 4, 23). El Espíritu Santo, en efecto, es
quien da eficacia a esta respuesta, para que se traduzca en la vida lo que se escucha en la
acción litúrgica, según aquella frase de la Escritura: «Llevad a la práctica la palabra y no
os limitéis a escucharla» (St 1, 22).
        Las actitudes corporales, los gestos y palabras con que se expresa la acción li-
túrgica y se manifiesta la participación de los fieles reciben su significado no sólo de la
experiencia humana, de donde son tomados, sino de la palabra de Dios y de la economía
de la salvación, a la que hacen referencia, por lo cual tanto más participan los fieles en la
acción litúrgica cuanto más se esfuerzan, al escuchar la palabra de Dios en ella
proclamada, por adherirse íntimamente a la Palabra de Dios en persona, Cristo
encarnado, de modo que aquello que celebran en la liturgia procuren reflejarlo en su
vida y costumbres, y, a la inversa, miren de reflejar en la liturgia los actos de su vida.”12


        La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia:
OLM 7:         “La Iglesia se edifica y va creciendo por la audición de la palabra de
Dios, y las maravillas que, de muchas maneras, realizó Dios, en otro tiempo, en la his-
toria de la salvación se hacen de nuevo presentes, de un modo misterioso pero real, a
través de los signos de la celebración litúrgica; Dios, a su vez, se vale de la comunidad
de fieles que celebran la liturgia para que su palabra siga un avance glorioso, y su
nombre sea glorificado entre los pueblos.13
       Por tanto, siempre que la Iglesia, congregada por el Espíritu Santo en la
celebración litúrgica,14 anuncia y proclama la palabra de Dios, se reconoce a sí misma

9
   13 Cf. S. Agustín en: Quaestionum in Heptateuchum liber 2, 73: PL 34, 623; CCL 33, 106; Concilio
Vaticano TI, Constitución dogmática Dei verbum, sobre la divina revelación, núm. 16.
10
   14 Cf. S. Jerónimo: «Si, como dice el apóstol Pablo (1Co 1, 24), Cristo es fuerza de Dios y sabiduría de
Dios, e! que desconoce las Escrituras desconoce la fuerza y sabiduría de Dios, ya que ignorar las Escri-
turas es ignorar a Cristo» (Commentarii in Isaiam prophetam. Prologus: PL 24, 17 A; CCL 73, 1);
Concilio Vaticano TI, Constitución dogmática Dei verbum, sobre la divina revelación, núm. 25.
11
   Cf. 2Co 1, 20-22.
12
   Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 10.
13
   17 Cf.2 Ts 3,1.
14
    Cf. Oraciones colectas, Por la santa Iglesia, en Misal romano reformado por mandato del Concilio
Vaticano Il Y promulgado por su Santidad el papa Pablo VI (Coeditores litúrgicos 1978), pp. 824, 825,
827; S.Cipriano, De oratione dominica 23: PL 4,553; CSEL 3/2, 285; CCL 3A, 105. S. Agustín, Sermo
71, 20, 33: PL 38, 463s.


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como el nuevo pueblo en el que la alianza sancionada antiguamente llega ahora a su
plenitud y total cumplimiento. Todos los cristianos, constituidos, por el bautismo y la
confirmación en el Espíritu, pregoneros de la palabra de Dios, habiendo recibido la
gracia de la audición, deben anunciar esta palabra de Dios en la Iglesia y en el mundo,
por lo menos con el testimonio de su vida.
       Esta palabra de Dios, que es proclamada en la celebración de los sagrados
misterios, no sólo atañe a la actual situación presente, sino que mira también el pasado y
vislumbra el futuro, y nos hace ver cuán deseables son aquellas cosas que esperamos,
para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la
verdadera alegría.15”
         La Palabra de Dios en la explicación que de ella hace la Iglesia:

OLM 8b:        “Así, la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto, perpetúa y
transmite, a todas las generaciones, todo lo que ella es, todo lo que cree, de modo que,
en el decurso de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina hasta
que en ella tenga su plena realización la palabra de Dios.16”

         Conexión entre la Palabra de Dios proclamada y la acción del Espíritu
Santo:

OLM 9:         “Para que la palabra de Dios realice efectivamente en los corazones lo
que suena en los oídos, se requiere la acción del Espíritu Santo, con cuya inspiración y
ayuda la palabra de Dios se convierte en fundamento de la acción litúrgica y en norma y
ayuda de toda la vida.
   Por consiguiente, la actuación del Espíritu no sólo precede, acompaña y sigue a toda
acción litúrgica, sino que también va recordando,17en el corazón de cada uno, aquellas
cosas que, en la proclamación de la palabra de Dios, son leídas para toda la asamblea de
los fieles, y, consolidando la unidad de todos, fomenta asimismo la diversidad de
carismas y proporciona la multiplicidad de actuaciones.”

         Intima conexión entre la Palabra de Dios y el misterio eucarístico:

OLM 10:         “La Iglesia honra con una misma veneración, aunque no con el mismo
culto, la palabra de Dios y el misterio eucarístico, y quiere y sanciona que siempre y en
todas partes se imite este proceder, ya que, movida por el ejemplo de su Fundador,
nunca ha dejado de celebrar el misterio pascual de Cristo, reuniéndose para leer «lo que
se refiere a él en toda la Escritura» (Le 24, 27) Y ejerciendo la obra de salvación por
medio del memorial del Señor y de los sacramentos. En efecto, «se requiere la
predicación de la palabra para el ministerio de los sacramentos, puesto que son
sacramentos de la fe, la cual procede de la palabra y de ella se nutre». 18
        Alimentada espiritualmente en esta doble mesa,19 la Iglesia progresa en su


15
    Cf. Oración colecta del Domingo XXI del tiempo ordinario, en el Misal romano, o. c., p. 38 l
16
   Cf. Conci1io Vaticano II, Constitución dogmática Dei verbum, sobre 1a divina revelación, núm. 8.
17
   21 Cf. Jn 14, 15-17.25-26; 15,26-16,15.
18
   Concilio Vaticano II, Decreto Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y la vida de los presbíteros,
núm. 4.
19
   Cf. Concilio Vaticano U, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 51;
Decreto Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y la vida de los presbíteros, núm. 18; y también la


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conocimiento gracias a la una, y en su santificación gracias a la otra. En efecto, en la
palabra de Dios se proclama la alianza divina, mientras que en la eucaristía se renueva la
misma alianza nueva y eterna. En aquélla se evoca la historia de la salvación mediante
el sonido de las palabras, en ésta la misma historia es presentada a través de los signos
sacramentales de la liturgia.
        Conviene, por tanto, tener siempre en cuenta que la palabra de Dios leída y
anunciada por la Iglesia en la liturgia conduce, por así decido, al sacrificio de la alianza
y al banquete de la gracia, es decir, a la eucaristía, como a su fin propio. Por
consiguiente, la celebración de la misa, en la cual se escucha la palabra y se ofrece y
recibe la eucaristía, constituye un solo acto de culto,20 en la cual se ofrece a Dios el
sacrificio de alabanza y se confiere al hombre la plenitud de la redención.”

        La acogida:

        Oficio de los fieles en la liturgia de la palabra

OLM 44:         “Por la palabra de Cristo el pueblo de Dios se reúne, crece, se alimenta,
«lo cual se aplica especialmente a la liturgia de la palabra en la celebración de la misa,
en que el anuncio de la muerte y de la resurrección del Señor, y la respuesta del pueblo
que escucha, se unen inseparablemente con la oblación misma con la que Cristo
confirmó en su sangre la nueva Alianza, oblación a la que se unen los fieles con el deseo
y con la recepción del sacramento».21 En efecto, «no sólo cuando se lee "lo que se
escribió para enseñanza nuestra" (Rm 15, 4), sino también cuando la Iglesia ora, canta o
actúa, la fe de los asistentes se alimenta, y sus almas se elevan hacia Dios, a fin de
tributarle un culto racional y recibir su gracia con mayor abundancia».22”


OLM 45:         “En la liturgia de la palabra, por una audición acompañada de la fe,
también hoy la congregación de los cristianos recibe de Dios la palabra de la alianza, y
debe responder a esta palabra con la misma fe, para que se convierta cada día más en el
pueblo de la nueva Alianza.
        El pueblo de Dios tiene derecho a recibir abundantemente el tesoro espiritual de
la palabra de Dios, lo cual se realiza al llevar a la práctica la Ordenación de las lecturas
de la misa, y también a través de las homilías y de la acción pastoral.
        Los fieles, en la celebración de la misa, han de escuchar la palabra de Dios con
una veneración interior y exterior que los haga crecer continuamente en la vida
espiritual y los introduzca cada vez más en el misterio que se celebra.23”

OLM 46:         “Para que puedan celebrar de un modo vivo el memorial del Señor, los
fieles han de tener la convicción de que hay una sola presencia de Cristo, presencia en la



Constitución dogmática Dei verbum, sobre la divina revelación, núm. 21; Decreto Ad gentes divinitus,
sobre la actividad misionera de la Iglesia, núm. 6. Cf. Ordenación general del Misal romano, núm. 8.
20
   Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 56.
21
   Concilio Vaticano II, Decreto Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y la vida de los presbíteros,
núm. 4.
22
   Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 33
23
   Cf. Ordenación general del Misal romano, núm. 9.


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palabra de Dios, «pues cuando se lee en la Iglesia la sagrada Escritura es él quien
habla», y presencia, «sobre todo, bajo las especies eucarísticas».24”

OLM 47:          “La palabra de Dios, para que sea acogida y traducida en la vida de los
fieles, pide una fe viva,25 fe que va siendo actuada sin cesar por la audición de la palabra
proclamada.
         En efecto, la sagrada Escritura, sobre todo en la proclamación litúrgica, es fuente
de vida y de fuerza, ya que el Apóstol atestigua que el Evangelio es fuerza de salvación
para todo el que cree;26 por esto, el amor a las Escrituras es vigor y renovación para todo
el pueblo de Dios.27 Conviene, por tanto, que todos los cristianos estén siempre
dispuestos a escuchar con gozo la palabra de Dios.28 La palabra de Dios, cuando es
anunciada por la Iglesia y llevada a la práctica, ilumina a los fieles, por la actuación del
Espíritu, y los arrastra a vivir en su totalidad el misterio del Señor.29 La palabra de Dios,
en efecto, recibida con fe, mueve todo el interior del hombre a la conversión y a una
vida resplandeciente de fe, personal y comunitaria,30 ya que es el alimento de la vida
cristiana y la fuente de toda la oración de la Iglesia.31”

OLM 48.         “La íntima relación entre liturgia de la palabra y liturgia eucarística en la
celebración de la misa llevará a los fieles a estar presentes en la celebración desde el
principio32 y a que participen atentamente, y, en lo posible, a una audición preparada
con anterioridad, principalmente por medio de un más profundo conocimiento de la
sagrada Escritura; además, suscitará en ellos el deseo de alcanzar una comprensión
litúrgica de los textos que se leen y la voluntad de responder por medio del canto.33
        Así también, habiendo escuchado y meditado la palabra de Dios, los cristianos
pueden darle una respuesta activa, llena de fe, de esperanza y de caridad, con la oración
y con el ofrecimiento de sí mismos, no sólo durante la celebración, sino también en toda
su vida cristiana.”




24
   Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 7.
25
   Cf. ibid., núm. 9.
26
   Cf. Rm 1, 16.
27
   Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Dei verbum, sobre la divina revelación, núm. 21.
28
   Cit. en Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Dei verbum, sobre la divina revelación, núm. 21.
29
   Cf. Jn 14, 15-26; 15,26-16, 4.5-15.
30
   Cf. Concilio Vaticano II, Decreto Ad gentes divinitus, sobre la actividad misionera de la Iglesia, núms.
6 y 15; Y también Constitución dogmática Dei verbum, sobre la divina revelación, núm. 26.
31
   Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 24; y
también Sagrada Congregación para los Clérigos, Directorium catechisticum generale, 11 de abril de
1971, núm. 25: AAS 64 (1972), p. 114.
32
   Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 56; y
también Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto divino, Instrucción Inaestimabile donum,
3 de abril de 1980, núm. 1: AAS 72 (1980), pp. 333-334.
33
   Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núms. 24
y 35.


                                                                                                         9
 RASGOS /QUÉ34                    QUIENES                  ACTITUDES                     FRUTOS

El derroche, la              Cristo: 4.5.46.            La fe: 10. 45. 47.        Realiza el misterio
variedad, las                                                                     de la Salvación:
distintas voces de la        Espíritu Santo:            La acogida: 44-48.        4.10.
Palabra según el             4,6,7, 9.
momento,                                                La actitud de             Glorifica al Padre:
celebración. La              Padre (amor                audición-adoración:       4.10.44.
novedad: 3-4.                operante): 4: los          6.
                             Tres en el regalo de                                 Santifica a los
Una acción viva y            la Palabra.                Veneración interior       hombres: 4.
eficaz: 4.                                              y exterior: 45.
                             La Iglesia: 6, 8 b.                            Construye la Iglesia:
                                                        Escucha gozosa: 47. 7. 10. 44. 45.
La importancia del
“Hodie”: 7.                                             Preparación anterior: Nuestra respuesta: 6.
                                                        48.                   48.
Dinámica de la
historia: pasado,                                       Y la adhesión a           Conversión: 47.
presente, futuro: 7.                                    Cristo con la propia
                                                        vida. 6.                  Traducido en la
En conexión                                                                       vida: 6. 7. 47. 48.
dinámica con la
acción litúrgica:                                                                 Lleva al anuncio de
4.5.48.                                                                           la Palabra: 7.

Proclamación-                                                                     A la oración: 48.
renovación: 10.
                                                                                  Fruto de la acción
En clave                                                                          del Espíritu: 9:
eminentemente                                                                     .- llega al corazón
comunitaria. 47                                                                   .- en asamblea
                                                                                  .- crea unidad
                                                                                  .- regala los carismas
                                                                                  en la diversidad




34
     Muchos de los rasgos incluidos en otros apartados podrían perfectamente estar en este.


                                                                                                        10
              Resumen de lo que significa la PdD en la celebración litúrgica:

                -   se actualiza objetivamente la salvación. El “hoy”. Historia de
                    Salvación anunciada, evocada, proclamada
                -   anuncio y respuesta (escucha35, adoración, adhesión y vida)
                    comunitaria y personal
                -   edifica la Iglesia
                -   misión personal y de Iglesia. Testimonio
                -   acción del Espíritu
                -   Veneración
                -   La fe




Oración final: “Al celebrar un año más la santa Cuaresma concédenos, Dios
todopoderoso, avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su
plenitud.36Conviértenos a ti, Dios Salvador nuestro; ilumínanos con la luz de tu palabra,
para que la celebración de esta Cuaresma produzca en nosotros sus mejores frutos.37
Amén.


        Se repite el canto con otra estrofa.




35
   Escuchada, no leída. Al ritmo de la comunidad: lector.
36
   Oración colecta del primer Domingo de Cuaresma
37
   Oración colecta del lunes de la primera semana de Cuaresma


                                                                                       11
                                         TEMA SEGUNDO


               La abundante Mesa de la Palabra de Dios: Un gran Leccionario.
           Dinamismo y selección de las lecturas. Estructura a través de años y ciclos.

                                            Fuentes para este tema:

                    Prenotandos del Leccionario números 3 a 10 y 44-48. (OLM)

                Ordenación general del Misal Romano números 357 a 362 (OGMR)


Oración primera:

                  Canto: Tu Palabra me da vida. Salmo 11838
                  Texto: Mt 17, 1-5

         Introducción.

       Rm 15,4: “Y sabemos que cuanto fue escrito en el pasado, lo fue para enseñanza
nuestra, a fin de que, a través de la perseverancia y el consuelo que proporcionan las
Escrituras, tengamos esperanza.”

         Un poco de historia:

       La Biblia se lee en al liturgia de la misa o bien en lectura continua o bien en
perícopas39 escogidas. La lectura continua fue la habitual en al primitiva Iglesia y ha
sido recuperada por la reforma del Concilio Vaticano II. La prueba más evidente la
tenemos en los voluminosos comentarios del Antiguo y Nuevo testamento que nos han
dejado los Padres, y que nos son otra cosa que la trascripción de las homilías
pronunciadas por ellos después de la lectura de la Biblia. Desde el siglo cuarto vemos, a
través de los sermones y cartas de san Agustín y san Ambrosio40, que determinados
libros se reservan para un tiempo litúrgico concreto: en Milán, al igual que en
Constantinopla, se lee a Job y a Jonás durante la cuaresma; en África es el Génesis el
que ocupa una parte de este tiempo, mientras que los Hechos de los apóstoles se lee

38
   El más largo de los salmos. Poema alfabético en el que a cada una de las 22 letras corresponde una
estrofa de ocho versos. Sentencias lapidarias, sin conexión interna, como en los poemas sapienciales. Esto
conlleva cierta monotonía pese a sus bellezas internas. El espíritu religioso hace de este salmo la perla del
Salterio, por su profunda espiritualidad. No es fácil resumir sus elementos esenciales. El salmista es un
sufrido servidor de Dios. Sabe que la verdadera felicidad nace de la fidelidad a Yahvé, que manifiesta su
voluntad por medio de la ley. Aunque desgarrado por una terrible prueba, ama y observa la voluntad
divina. Aquí lo elegimos por sus referencias a la Palabra.
39
   Perícopa: del griego “peri-kopto”: cortar alrededor. Se usa para designar los pasajes bíblicos que se
seleccionan para una lectura sobre todo litúrgica, en los sacramentos o en la Liturgia de las Horas. O
también los apartados de estos pasajes, las frases que se están comentando. A una lectura “continuada”
directamente de la Biblia, siguió durante siglos la lectura de “capítulos”, que tenían marcado el inicio y el
final de cada pasaje a leer. Luego se prefirió escribir por extenso las lecturas enteras, las “perícopas” ya
seleccionadas, como tenemos ahora en los Leccionarios.
40
   Número especial de Reseña Bíblica


                                                                                                          12
durante el tiempo pascual. A mediados del siglo quinto es cuando aparecen en las Galias
los primeros ensayos de fijación de perícopas propias para periodos determinados. Esta
lectura continua naturalmente se interrumpía los días de fiesta, en que se escogía el
pasaje más apropiado al misterio que se estaba celebrando.

                                             ***

           La abundante Mesa de la Palabra:
                               ¡Un Leccionario41 en 10 volúmenes + Evangeliario!

           1-3:     Domingos y fiestas del Señor: A. B. C.
           4:       Lecturas feriales T.O
           5:       Propio y común de los Santos
           6:       Misas por diversas necesidades y votivas
           7:       Ferias de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua
           8:       Misas rituales
           9:       Misas con niños
           10.      Misas de la Virgen María

       Comencemos por ver la finalidad de esta ordenación general de las lecturas de
la Misa:

        Al concluir el número 58 de la OLM aparece una cita que nos ilustra sobre la
finalidad del gran trabajo que se realizó en el tema de las lecturas tras el Vaticano II.
Dice Pablo VI, en la Constitución apostólica Missale romanum: «Todo esto ha sido
ordenado de tal manera que estimule cada vez más en los fieles el hambre de la palabra
de Dios, y, bajo la acción del Espíritu Santo, impulse al pueblo de la nueva Alianza
hacia la perfecta unidad de la Iglesia. Vivamente confiamos que la nueva ordenación del
Misal permitirá a todos, sacerdotes y fieles, preparar sus corazones a la celebración de la
Cena del Señor con renovado espíritu religioso y, al mismo tiempo, sostenidos por una
meditación más profunda de las sagradas Escrituras, alimentarse cada día más y con
mayor abundancia de la palabra del Señor. De aquí se seguirá que, según los deseos del
Concilio Vaticano II, la divina Escritura constituya para todos una fuente perenne de
vida espiritual, un instrumento de incomparable valor para la enseñanza de la doctrina
cristiana y, finalmente, un compendio sustancial de formación teológica», en Misal
Romano reformado por mandato del Concilio Vaticano II y promulgado por su Santidad
el papa Pablo VI (Coeditores litúrgicos, 6ª edición, 1988), pp. 20-21.”


    OLM 58 a:          “La Ordenación de las lecturas, tal como se halla en el
Leccionario del Misal romano, ha sido elaborada, según la mente del Concilio Vaticano
II, con una finalidad principalmente pastoral. Para ello, no sólo los principios en los que
se basa la nueva Ordenación, sino también todo el conjunto de textos de la misma, han
sido revisados y pulidos una y otra vez, con la cooperación de muchas personas, de todo
el mundo, versadas en materia exegética, litúrgica, catequética y pastoral. La
Ordenación es el resultado de este trabajo en común.”


41
     1ª edición en 1969, 2ª en 1981.


                                                                                         13
        No perdamos de vista la importancia de este trabajo común, de este grandísimo
esfuerzo por enriquecer la mesa de la Palabra, tal vez el mayor en toda la historia. En un
tiempo record, desde 1964 a 1969, un grupo de expertos llevó a cabo un trabajo
inmenso de estudio de todos los sistemas de lecturas de las diversas liturgias, de
coordinación de las propuestas de 31 escrituristas y 14 liturgistas que prepararon los
primeros proyectos. Se consultó a todas las conferencias episcopales, a los padres del
primer sínodo de los obispos y a unos 800 peritos en Biblia, liturgia, catequesis y
pastoral de todo el mundo. El resultado ha sido contar hoy con el más rico y completo
orden de lecturas de toda la historia de la liturgia romana. De hecho es cuantitativa y
cualitativamente superior al precedente42, y su originalidad y riqueza ha sido
unánimemente elogiada por católicos y hermanos separados.

  Antes de seguir con la lectura de los prenotandos nos podemos detener en un
pequeño resumen de lo que se pretendía al realizar el nuevo orden de las lecturas de la
Misa. Tenéis este resumen en la hoja.


     RESUMEN: AL REALIZAR EL NUEVO ORDEN DE LECTURAS DE LA MISA


1.- SE HA QUERIDO PONER DE MANIFIESTO:

                 -   Que la Iglesia vive hoy todo el misterio de la salvación, completo en
                     Cristo, pero que debe completarse en nosotros.
                 -   Que todo el Antiguo Testamento (AT) es presupuesto de la
                     predicación del Señor, de sus acciones y de su pasión.
                 -   Que junto al tema unificador de la pascua hay otros que no pueden
                     olvidarse, como el reino de Dios, por ejemplo.
                 -   Que la homilía debe exponer también los misterios de la fe y las
                     normas de vida cristiana
                 -   Que el año litúrgico es el marco necesario e ideal para presentar a los
                     fieles, orgánicamente, el anuncio de la salvación43.


2.- JUNTO A ESTAS LINEAS DE FONDO SE TOMO LA DECISION DE:

                 -   Introducir tres lecturas: profética, apostólica y evangelio, en los
                     domingos y fiestas.
                 -   Confeccionar un sistema de lecturas en tres años para los días festivos
                     y dos para las ferias.
                 -   Conservar el uso tradicional de algunos libros de la Sagrada Escritura
                     asignados a determinados tiempos litúrgicos.
                 -   Dar preferencia a las lecturas bíblicas del Misal, de forma que las
                     lecturas principales fueran estas, y las de la Liturgia de las Horas con
                     carácter complementario.

42
 Rito Juan XXIII.
43
 Se pasa de la concepción celebrativa por meses (mes de S. José; mes de María, mes del Sagrado
Corazón, mes del Rosario, mes de las ánimas…) a reconocer la importancia del Año Litúrgico.


                                                                                                 14
3.- SE TUVIERON EN CUENTA TAMBIEN LOS SIGUIENTES CRITERIOS:


                 -   Corrección: el sistema romano de lecturas de la misa presentaba
                     importantes lagunas y fallos respecto a otros sistemas; por ejemplo,
                     apenas se leían el libro de los Hechos y el Apocalipsis. El AT estaba
                     muy poco representado.
                 -   Recuperación de algunas series de lecturas que tuvieron gran
                     importancia en el pasado y que estaban relegadas; por ejemplo los
                     evangelios de los escrutinios catecumenales de los domingos III, IV y
                     V de cuaresma (los famosos pasajes de la samaritana, del ciego de
                     nacimiento y de Lázaro).
                 -   Consolidación de los usos tradicionales de ciertos libros o perícopas,
                     por ejemplo, el evangelio de san Juan, que se leía desde la mitad de
                     cuaresma hasta Pentecostés; determinados pasajes bíblicos, que
                     siempre se han leído en determinadas fiestas y solemnidades.
                 -   Creación: corresponde a la parte de originalidad del nuevo orden de
                     lecturas. Esta creatividad ha transcurrido por los cauces siguientes:
                         - Bíblico, atendiendo al estado de los estudios exegéticos, a la
                             hora de seleccionar y “cortar” los pasajes bíblicos.
                         - Litúrgico, teniendo en cuenta los tiempos y los días, es decir
                             el año litúrgico y las fiestas.
                         - Pastoral, buscando la claridad y la coherencia del texto.
                         - Catequético, a fin de facilitar la inserción del año litúrgico en
                             la catequesis, en la predicación y otras actividades de tipo
                             formativo o docente.
                         - Homilético, para que el ministro de la palabra pueda presentar
                             el contenido de las lecturas de una forma ordenada y sintética.



     Leamos ahora la OLM que nos habla de la finalidad:

OLM 60:         “Por tanto, la presente Ordenación de las lecturas de la misa es una
disposición de lecturas bíblicas que suministra a los cristianos el conocimiento de toda
la palabra de Dios, junto con la adecuada explicación. En todo el año litúrgico, pero
sobre todo en los tiempos de Pascua, de Cuaresma y de Adviento, la selección y
distribución de lecturas tiende a que, de modo gradual, los cristianos conozcan más
profundamente la fe que profesan y la historia de la salvación.44 Por esto, la Ordenación
de las lecturas responde a las necesidades y deseos del pueblo cristiano.”

OLM 61:        “Aunque la acción litúrgica, de por sí, no es una forma determinada de
catequesis, incluye, no obstante, un carácter didáctico, que se expresa también en el



44
   Cf. Pablo VI, Constitución apostólica Missale romanum: «De esta manera tendrá mayor relieve el
progreso ininterrumpido del misterio de la salvación, presentado con los textos mismos de la revelación
divina», en Misal Romano, o.c., p. 20.


                                                                                                    15
Leccionario del Misal romano,45 de manera que, con razón, puede ser considerado como
un instrumento pedagógico para el fomento de la catequesis.

       En efecto, la Ordenación de las lecturas de la misa ofrece adecuadamente,
tomándolos de la sagrada Escritura, los hechos y palabras principales de la historia de la
salvación, de modo que esta historia de la salvación, que la liturgia de la palabra va
recordando paso a paso en sus diversos momentos y eventos, aparece ante los fieles
como algo que tiene una continuidad actual al hacerse de nuevo presente el misterio
pascual de Cristo, celebrado por la eucaristía.”

OLM 62:         “Hay otras perspectivas desde las cuales se comprende también la
conveniencia y utilidad pastoral de una sola Ordenación de lecturas del Leccionario de
la misa en el rito romano: el hecho de que todos los fieles, principalmente aquellos que,
por diversos motivos, no siempre participan en la misma asamblea, en cualquier parte,
en determinados días y tiempos, escuchen las mismas lecturas y las mediten aplicadas a
las circunstancias concretas, incluso en aquellos lugares en que, por carecer de
sacerdote, un diácono u otra persona delegada por el obispo dirige la celebración de la
palabra de Dios.46”



       Hablando de algunos criterios y normas para llevar a cabo esta determinada
selección de lecturas nos dicen:

OLM 59:        “En esta reforma, ha parecido conveniente confeccionar una sola
Ordenación de lecturas, rica y abundante, lo más conforme con la voluntad y las normas
del Concilio Vaticano II,47 pero que, al mismo tiempo, por su forma se acomodara a
determinadas exigencias y costumbres de las Iglesias particulares y de las asambleas
celebrantes. Por esta razón, los encargados de elaborar esta reforma se preocuparon de
salvaguardar la tradición litúrgica del rito romano, sin detrimento de una gran estima por
el valor de todas las formas de selección, distribución y uso de las lecturas bíblicas en
las demás familias litúrgicas y en algunas Iglesias particulares, valiéndose de lo que ya
había sido comprobado por experiencia y procurando, al mismo tiempo, evitar algunos
defectos existentes en la tradición precedente.”

OLM 64:        “Para alcanzar la finalidad propia de la Ordenación de las lecturas de la
misa, la elección y distribución de los fragmentos se ha hecho teniendo en cuenta la
sucesión de los tiempos litúrgicos y también los principios hermenéuticos que los
estudios exegéticos de nuestro tiempo han permitido descubrir y definir…”

45
   Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núms. 9, 33;
Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Inter Oecumenici, 26 de septiembre de 1964, núm. 7: AAS
56 (1964), p. 878; Juan Pablo II, Exhortación apostólica Catechesi tradendae, 16 de octubre de 1979,
núm. 23: AAS 71 (1979), pp. 1296-1297.
46
   Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 35,4;
Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Inter Oecumenici, 26 de septiembre de 1964, núms. 37-38:
AAS 56 (1964), p. 884.
47
   Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núms. 35 y
51.


                                                                                                      16
        No se olvidan del principio de la posibilidad de elección:

OLM 63:        “Los pastores que quieran dar una respuesta peculiar, tomada de la
palabra de Dios, a las cuestiones de sus propias comunidades, sin olvidar que ellos han
de ser, antes que nada, heraldos de la totalidad del misterio de Cristo y del Evangelio,
pueden usar, según convenga, de las posibilidades que ofrece la misma Ordenación de
las lecturas de la misa, sobre todo con ocasión de la celebración de alguna misa ritual,
votiva, o en honor de los santos, o por diversas circunstancias. Teniendo en cuenta las
normas generales, se conceden unas facultades particulares en cuanto a las lecturas de la
palabra de Dios en las celebraciones de la misa para grupos particulares.48”

      Y se pasa en el número siguiente a señalar algo que ya conocemos: la elección de
determinados fragmentos bíblicos:

OLM 65:         “La sucesión de lecturas del Propio del tiempo se ha dispuesto de la
siguiente manera: en los domingos y fiestas se proponen los textos más importantes,
para que, en un congruo espacio de tiempo, puedan ser leídas ante la asamblea de los
fieles las partes más relevantes de la palabra de Dios. La otra serie de textos de la
sagrada Escritura, que en cierto modo completan el anuncio de salvación desarrollado en
los días festivos, se asigna a las ferias. Sin embargo, ninguna de las dos series de estas
partes principales de la Ordenación de las lecturas, esto es, la dominical festiva y la serie
ferial, depende la una de la otra. Más aún, la Ordenación de las lecturas dominical y
festiva se desarrolla en un trienio, mientras que la ferial lo hace en un bienio. Por esto, la
Ordenación de las lecturas dominical y festiva procede con independencia de la ferial, y
viceversa.

        La sucesión de lecturas propuesta para las demás partes de la Ordenación de las
lecturas, como son la serie de lecturas para las celebraciones de los santos, para las
misas rituales o por diversas necesidades, o las votivas, o las misas de difuntos, se rige
por normas propias.”

        Los números 66 a 69 concretarán esta distribución para los domingos, fiestas y
ferias. No vamos a leerlos enteros pero recordemos lo más importante. Digo recordar
porque como somos asiduos a la Eucaristía seguramente ya nos hemos dado cuenta de
los siguiente:

        - En los domingos y fiestas toda Misa presenta tres lecturas: AT, Apóstol
(epístolas o Apocalipsis), Evangelio. “Con esta distribución, se pone de relieve la
unidad de ambos Testamentos y de la historia de la salvación, cuyo centro es Cristo
contemplado en su misterio pascual.”

       - “El hecho de que, para los domingos y fiestas, se proponga un ciclo de tres
años es causa también de una lectura más variada y abundante de la sagrada Escritura,
ya que los mismos textos no volverán a leerse hasta después de tres años.49”

48
   Cf. Sagrada Congregación para el Culto divino, Instrucción Actio pastoralis, 15 de mayo de 1969, núm.
6: AAS 61 (1969), p. 809; Directorium de Missis cum pueris, 1 de noviembre de 1973, núms. 41-47: AAS
66 (1974), p. 43; Pablo VI, Exhortación apostólica Marialis cultus, 2 de febrero de 1974, núm. 12: AAS
66 (1974), pp. 125-126.
49
   Cada año tiene asignada una de las tres letras A, B, C. Para determinar cuál sea el Año A, el B, o el C,


                                                                                                        17
        - Hay dos formas de ordenar las lecturas: composición armónica y lectura
semicontinua. Hay veces en que prima una o la otra. Por ejemplo: la primera lectura y el
Evangelio van normalmente en armonía porque los textos del AT están elegidos en
correspondencia al Evangelio. En los tiempos fuertes (Adviento, Cuaresma y Pascua) las
tres lecturas suelen estar armonizadas. El los domingos del tiempo ordinario la segunda
lectura y el Evangelio tiene una lectura semicontinua, y no están así armonizados en
temática.

       - El número 68 pretende dar respuesta a una objeción que tal vez también nos
suene: la disparidad de los textos, el exceso de temática en tres lecturas que algunos
consideran excesivas: “Lo que era conveniente para aquellos tiempos anteriormente
citados no ha parecido oportuno aplicarlo también a los domingos, de modo que en ellos
hubiera una cierta unidad temática que hiciera más fácil la instrucción homilética. El
genuino concepto de la acción litúrgica se contradice, en efecto, con una semejante
composición temática, ya que dicha acción litúrgica es siempre celebración del misterio
de Cristo y, por tradición propia, usa la palabra de Dios movida no sólo por unas
inquietudes de orden racional o externo, sino por la preocupación de anunciar el
Evangelio y de llevar a los creyentes hacia la verdad plena.”

        Los dos criterios de “Composición armónica” y “lectura semicontinua” los
vemos en la celebración ferial, la de los días de labor. (Ver Esos días, como recordáis,
son dos las lecturas: la primera es del AT o Apóstol (Cartas o Apocalipsis – en Pascua
Hechos); la segunda: el Evangelio. Durante el tiempo ordinario la primera se distribuye
en un ciclo bianual: años impares (I), años pares (II); el evangelio es todos los años el
mismo. Así en el tiempo ordinario la lectura es semicontinua (ver tabla de primeras
lecturas). En los tiempos fuertes la selección es más armónica: por ejemplo en Cuaresma
responden a su sentido catecumenal o penitencial.

        No vamos a detenernos en otras distribuciones de las lecturas, como por ejemplo
el caso de las celebraciones de los santos. Sólo os recordaré que hay solemnidades,
fiestas y memorias que tienen textos ya propios. En otras ocasiones se eligen de los
Comunes de los santos (mártires, pastores, vírgenes…). También hay lecturas
seleccionadas para las misas votivas, las misas por diversas necesidades y las exequias.




se procede de la siguiente manera: con la letra C se designa el año cuyo número sea divisible por tres,
como si el ciclo hubiera empezado el primer año del cómputo cristiano. Según esto, el año l hubiera sido
el año A, el año 2 el B, el año 3 el C, y los años 6, 9, 12... otra vez el año C. Así, por ejemplo, el año 1995
es año C, el año siguiente, esto es, el año 1996, es año A, el año 1997 es año B y el año 1998 vuelve a ser
año C, y así sucesivamente. Está claro, además, que cada ciclo se acomoda a la disposición del año
litúrgico y empieza, por tanto, en la primera semana de Adviento, que cae en el año civil precedente.
Los años de cada ciclo se estructuran en cierto modo teniendo en cuenta, como nota característica, el
evangelio sinóptico que se lee en lectura semicontinua durante el tiempo ordinario. Así, el primer año del
ciclo se llama y es el año en que se lee Mateo, y ]os demás, a saber, el segundo y el tercero, el año en que
se lee Marcos y Lucas, respectivamente.


                                                                                                            18
       Otros aspectos de interés:

       Entre los números 74 y 88 (89 a 91 hablan del salmo responsorial y la
aclamación al evangelio que veremos en el tema siguiente) aparecen otros aspectos que
son de interés y que intento recoger:

-. Ejemplos de selección: OLM 74: “Por la importancia intrínseca de la cosa en sí
misma y por tradición litúrgica, en la presente Ordenación algunos libros de la sagrada
Escritura se reservan para determinados tiempos litúrgicos. Por ejemplo, se respeta la
tradición, tanto occidental (ambrosiana e hispánica) como oriental, de leer los Hechos de
los apóstoles en tiempo pascual, ya que este libro sirve en gran manera para hacer ver
cómo toda la vida, de la Iglesia encuentra sus orígenes en el misterio pascual. Se
conserva asimismo la tradición, tanto occidental como oriental, de leer el Evangelio de
san Juan en las últimas semanas de Cuaresma y en el tiempo pascual.
   La lectura de Isaías, principalmente de la primera parte, se asigna, por tradición, al
tiempo de Adviento. No obstante, algunos textos de este libro se leen en el tiempo de
Navidad. Al tiempo de Navidad se asigna también la primera carta de san Juan.”

-. Extensión de los textos: OLM 75: “Respecto a la extensión de los textos, se guarda
un término medio. Se ha hecho una distinción entre las narraciones, que demandan una
cierta longitud del texto, y que generalmente los fieles escuchan con atención, y aquellos
textos que, por la profundidad de su contenido, no pueden ser muy extensos.
   Para algunos textos más largos, se prevé una doble forma, la larga y la breve, según
convenga. Estas abreviaciones se han hecho con gran cuidado.


-. Textos difíciles: OLM 76: se evitan los textos difíciles de entender. Se mantienen
otros que puedan parecer difíciles: solución, formación de los fieles y bíblica de los
pastorees de almas. Y algo más: “Algunas veces, una lectura difícil se vuelve fácil por
su armonía con otra lectura de la misma misa.”

-. Omisión de algunos versículos: OLM 77: “La tradición de muchas liturgias, sin
excluir la misma liturgia romana, acostumbra a omitir a veces algunos versículos de las
lecturas de la Escritura. Hay que admitir, ciertamente, que estas omisiones no se pueden
hacer a la ligera, no sea que queden mutilados el sentido del texto o su espíritu y el,
diríamos, estilo propio de la Escritura. Con todo, salvando siempre la integridad del
sentido en lo esencial, ha parecido conveniente, por motivos pastorales, conservar
también en esta Ordenación la antedicha tradición. De lo contrario, algunos textos se
alargarían excesivamente, o habría que omitir del todo algunas lecturas de no poca, más
aún, de mucha utilidad a veces para los fieles, porque contienen algunos pocos
versículos que, desde el punto de vista pastoral, son menos provechosos o incluyen
algunas cuestiones realmente demasiado difíciles.”

        Otro aspecto de gran interés en esta parte que estamos viendo es el que habla de
la posibilidad de elección de unas determinadas lecturas. Los criterios están bastante
claro en el nº 78 que vamos a leer íntegramente:

       “En la Ordenación de las lecturas se concede, a veces, al celebrante la facultad
de elegir la lectura de uno u otro texto, o de elegir un texto entre los diversos propuestos


                                                                                         19
a la vez para la misma lectura. Esto raramente sucede en los domingos, solemnidades y
fiestas, para que no quede diluida la índole propia de algún tiempo litúrgico, o no se
interrumpa indebidamente la lectura semicontinua de algún libro; por el contrario, esta
facultad se da con más facilidad en las celebraciones de los santos y en las misas
rituales, por diversas necesidades, votivas y de difuntos.

   Estas facultades, junto con otras indicadas en la Ordenación general del Misal
romano y en el Ordo cantus Missae,50 tienen una finalidad pastoral. El sacerdote, por
tanto, al organizar la liturgia de la palabra, «mirará más al bien espiritual común de la
asamblea que a sus personales preferencias. Tenga además presente que una elección de
este tipo estará bien hacerla de común acuerdo con los que ofician con él y con los
demás que habrán de tomar parte en la celebración, sin excluir a los mismos fieles en la
parte que a ellos más directamente corresponde».51”

     Los números siguientes del OLM entran en otros aspectos concretos:

   - 79: ¿Dos o tres lecturas? Dos. En ocasiones, según norma de la Conferencia
Episcopal. Elección: varios criterios: a.- consonancia con el evangelio; - motivos
catequéticos; - valoración de la lectura semicontinua.

   - 80: ¿Versión larga o corta?: criterio pastoral: posibilidad de escucha con provecho,
desarrollo en la homilía.

   - 81. Cuándo hay dos posibilidades de texto: atender a la utilidad de los que
participan o a evitar la repetición en días posteriores (coincidencia en la misma semana,
p.e.)

    - 82. Lecturas feriales cuando se corta la lectura semicontínua por fiestas, memorias
de santos… criterio: “En la Ordenación de las lecturas para las ferias, hay que advertir
si, durante aquella semana, por razón de alguna celebración que en ella coincida, se
tendrá que omitir alguna o algunas lecturas del mismo libro. Si se da este caso, el
sacerdote, teniendo a la vista la ordenación de lecturas de toda la semana, ha de prever
qué partes omitirá, por ser de menor importancia, o la manera más conveniente de unir
estas partes a las demás, cuando son útiles para una visión de conjunto del argumento
que tratan”

   -83-84: Celebraciones de los santos. Cuando hay lecturas propias, preferencia sobre
las de feria. En otros casos: atención al bien espiritual de los fieles. No omitir con
frecuencia las lecturas del Leccionario ferial. Solemnidades y fiestas: lecturas propias.
Calendario general: lecturas propias. Solemnidades particulares: Tres lecturas, fiestas y
memorias: dos (en Pascua, apóstol y evangelio, a ser posible de Juan)

   Los números 85 a 88 analizan brevemente lo referente a misas rituales, por diversas
necesidades, votivas o de funerales.


50
   Cf. Ordenación general del Misal romano, númso 36-40; Missale Romanum ex Decreto Sacrosancti
Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, auctoritate Pauli PP o VI promulgatum, Ordo cantus Missae
(Typis Polyglottis Vaticanis 1972), núms. 5-90.
51
   Ordenación general del Misal romano, núm. 313.


                                                                                                   20
  La descripción de la ordenación de las lecturas está en : OLM 92-110. Tiempos.
Domingos. Ferias. Veamos, como ejemplo concreto, el tiempo en que estamos:
Cuaresma.

   Tiempo de Cuaresma

OLM 97 a) DOMINGOS


  “Las lecturas del Evangelio están distribuidas de la siguiente manera:

   En los domingos primero y segundo, se conservan las narraciones de las ten-
taciones y de la transfiguración del Señor, aunque leídas según los tres sinópticos.

   En los tres domingos siguientes, se han recuperado, para el año A, los Evangelios
de la samaritana, del ciego de nacimiento y de la resurrección de Lázaro; estos
Evangelios, por ser de gran importancia en relación con la iniciación cristiana, pueden
leerse también en los años B y C, sobre todo cuando hay catecúmenos.

   Sin embargo, en los años B y C hay también otros textos, a saber: en el año B, unos
textos de san Juan sobre la futura glorificación de Cristo por su cruz y resurrección; en
el año C, unos textos de san Lucas sobre la conversión.

   El domingo de Ramos en la Pasión del Señor: para la procesión, se han escogido los
textos que se refieren a la solemne entrada del Señor en Jerusalén, tomados de los tres
Evangelios sinópticos; en la misa, se lee el relato de la pasión del Señor.
   Las lecturas del Antiguo Testamento se refieren a la historia de la salvación, que es
uno de los temas propios de la catequesis cuaresmal. Cada año hay una serie de textos
que presentan los principales elementos de esta historia, desde el principio hasta la
promesa de la nueva alianza.
   Las lecturas del Apóstol se han escogido de manera que tengan relación con las
lecturas del Evangelio y del Antiguo Testamento y haya, en lo posible, una adecuada
conexión entre las mismas.”

OLM 98: b) FERIAS

  “Las lecturas del Evangelio y del Antiguo Testamento se han escogido de manera que
tengan una mutua relación, y tratan diversos temas propios de la catequesis cuaresmal,
acomodados al significado espiritual de este tiempo. Desde el lunes de la cuarta semana,
se ofrece una lectura semicontinua del Evangelio de san Juan, en la cual tienen cabida
aquellos textos de este Evangelio que mejor responden a las características de la
Cuaresma.

  Dado que las lecturas de la samaritana, del ciego de nacimiento y de la resurrección
de Lázaro ahora se leen los domingos, pero sólo el año A (y los otros años sólo a
voluntad), se ha previsto que puedan leerse también en las ferias: por ello, al comienzo
de las semanas tercera, cuarta y quinta se han añadido unas «Misas de libre elección»
que contienen estos textos; estas misas pueden emplearse en cualquier feria de la



                                                                                           21
semana correspondiente, en lugar de las lecturas del día.

  Los primeros días de la Semana santa, las lecturas consideran el misterio de la pasión.
En la misa crismal, las lecturas ponen de relieve la función mesiánica de Cristo y su
continuación en la Iglesia por medio de los sacramentos.”

       Entregar a modo de resumen OGMR 357-362:


       LA ELECCION DE LOS ELEMENTOS DE LA MISA

       Las lecturas

OGMR 357: “Para los domingos y solemnidades se señalan tres lecturas, es decir,
Profeta, Apóstol y Evangelio, con las que se educa al pueblo cristiano para que viva la
continuidad de la obra de salvación, según la admirable pedagogía divina. Estas lecturas
han de hacerse estrictamente. En el Tiempo Pascual, según la tradición de la Iglesia, en
lugar del Antiguo Testamento, la lectura se toma de los Hechos de los Apóstoles.

      Para las fiestas se asignan dos lecturas. Pero si la fiesta es elevada según las
normas al grado de solemnidad, entonces se le añade una tercera lectura, que se toma del
Común.

       En las memorias de los Santos, si carecen de lecturas propias, se hacen
normalmente las lecturas asignadas a la feria. En algunos casos se proponen lecturas
apropiadas que ilustran un aspecto particular de la vida espiritual o de la actuación del
Santo. Pero no se debe urgir el uso de estas lecturas si no lo aconseja una auténtica
razón pastoral.”

OGMR 358: “En el leccionario ferial se proponen lecturas para todos los días de
cualquier semana a lo largo de todo el año; por consiguiente, se tomarán ordinariamente
esas lecturas en los mismos días para los que están señaladas, a no ser que coincidan con
una solemnidad o fiesta o una memoria que tenga lecturas propias del Nuevo
Testamento, en que se haga mención del Santo celebrado.

       Sin embargo, si alguna vez la lectura continua se interrumpe dentro de la semana
por alguna solemnidad, fiesta o alguna celebración particular, le está permitido al
sacerdote, teniendo a la vista el orden de las lecturas de toda la semana, o juntar con las
otras lecturas la que tuvo que omitir, o determinar qué textos han de llevarse la
preferencia.

       En la Misas para grupos peculiares se le permite al sacerdote escoger las lecturas
más acomodadas a esta celebración particular, con tal que esté tomadas de un
leccionario aprobado.”

OGMR 359: “En el Leccionario, además, se da una selección particular de textos de la
Sagrada Escritura para las Misas rituales, en las que se celebra algún sacramento o
sacramental, o para las Misas que se celebran por diversas necesidades.



                                                                                        22
      Estos leccionarios se han hecho para que los fieles, oyendo una lectura más
acomodada de la palabra de Dios, puedan llegar a entender mejor el misterio en el que
toman parte y sean formados en una mayor estima de la palabra de Dios.

       Por consiguiente, los textos que se leen en una celebración se han de determinar
teniendo presentes no sólo los oportunos motivos pastorales, sino también la libertad de
elección concedida para estos casos.”

OGMR 360: “En ocasiones se da una forma más larga y una forma más breve de un
mismo texto. En la elección entre ambas formas téngase presente un criterio pastoral.
Hay que considerar la capacidad de los fieles de escuchar con fruto una lectura más
larga o más breve y también su capacidad de escuchar un texto más completo que se
deberá explicar por medio de la homilía (OLM, nº 80).”

OGMR 361: “Cuando se da opción de elegir entre dos textos ya establecidos o
propuestos como facultativos, habrá que tener presente la utilidad de los que participan
y elegir el texto que resulte más fácil y conveniente a la asamblea reunida, o bien repetir
u omitir un texto que está asignado como propio para una determinada celebración y
facultativo para otra, cuantas veces la utilidad pastoral lo aconseje. (OLM 81).

       Esto puede suceder o cuando un mismo texto se debe leer de nuevo en días
próximos, por ejemplo, un domingo y un lunes, o cuando se tiene el temor de que un
texto vaya a crear alguna dificultad para algún grupo de fieles. No obstante, se debe
evitar que al elegir los textos de la Sagrada Escritura queden excluidas de modo
constante algunas de sus partes.”

OGMR 362: “Además de las facultades arriba mencionadas de elegir algunos textos
más apropiados, se faculta a las Conferencias de los Obispos en circunstancias
especiales para que señalen algunas adaptaciones referentes a las lecturas, con la
condición de que los textos se elijan de un leccionario debidamente aprobado.”



Oración final: “Señor, Padre santo, tú que nos has mandado escuchar a tu Hijo, el predilecto,
alimenta nuestro espíritu con tu palabra; así, con mirada limpia, contemplaremos gozosos la
gloria de tu rostro. Amén 52”



Se repite el canto con otra estrofa.




52
     Oración colecta del segundo Domingo de Cuaresma


                                                                                        23
                                               TEMA TERCERO

                       El salmo responsorial. La aclamación al Evangelio. El Salmista.


                                            Fuentes de este tema:
                       Prenotandos del Leccionario números 19 a 23 y 89 a 91. (OLM)
                    Ordenación general del Misal Romano números 61 a 64 y 102 (OGMR)
                            Directorio litúrgico pastoral: “El salmo responsorial
                                     y el ministerio del salmista”. (DSS)


                    Oración primera:

                    Canto: Lámpara es tu palabra, Señor, para mis pasos
                    Texto: selección samaritana: Jn 4, 5-10. 13-15. 39-42.


                                   EL SALMO RESPONSORIAL


           Introducción. Razón de ser de una recuperación y realidad actual:

DSS 1:           “El Concilio Vaticano II, al disponer los principios de la reforma
litúrgica, se propuso «restablecer, de acuerdo con la primitiva norma de los santos
padres, algunas cosas que habían desaparecido a causa del tiempo»53. Uno de los ritos
restablecidos por la reforma litúrgica ha sido el salmo responsorial. La recuperación de
este rito es fruto, por una parte, del aprecio y revalorización de la presencia de la palabra
de Dios en la liturgia y, por otra, del planteamiento de la estructura de la celebración
eucarística a partir de las leyes fundamentales recibidas de la tradición litúrgica.

        La recuperación del salmo responsorial ha hecho posible también la reaparición
de la figura del salmista, uno de los más estimados oficios litúrgicos al servicio de la
palabra de Dios en la asamblea.

       Ahora bien, el restablecimiento del salmo responsorial y la reaparición del
ministerio del salmista están lejos todavía de ser una realidad plena en el acontecer
diario de nuestras comunidades celebrantes. La escasa valoración del salmo
responsorial, que en muchos lugares es sustituido sistemáticamente por otro canto
cualquiera, significa un empobrecimiento de toda la liturgia de la palabra.”

DSS 2, final: “Se trata de comprender que el salmo responsorial forma parte integrante
de la liturgia de la palabra, no como un elemento meramente embellecedor, sino como
verdadera palabra divina proclamada en el momento en que Dios habla a su pueblo y
éste le responde con el canto y la oración”54.



53
     Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre al sagrada liturgia, núm. 50.
54
     Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre al sagrada liturgia, núm. 33.


                                                                                                          24
DSS 14 a:      “La escasa cultura bíblica, en particular sobre los salmos, que se advierte
en algunas comunidades, y el peso de tantos siglos de abandono de la práctica del salmo
responsorial hacen aún más urgente la catequesis sobre los grandes contenidos del
Salterio y sobre su sentido litúrgico y espiritual.”

        Su importancia:

OLM 19:         “El salmo responsorial, llamado también gradual, por ser «parte
integrante de la liturgia de la palabra»,55 tiene una gran importancia litúrgica y pastoral.
Por ello, los fieles han de ser instruidos con insistencia sobre el modo de percibir la
palabra de Dios, que nos habla en los salmos, y sobre el modo de convertir estos salmos
en oración de la Iglesia. Esto «se realizará más fácilmente si se promueve, con
diligencia, entre el clero un conocimiento más profundo de los salmos, según el sentido
con que se cantan en la sagrada liturgia, y si se hace participes de ello a todos los fieles
con una catequesis oportuna».56

   También pueden ayudar unas breves moniciones en las que se indique el por qué de
aquel salmo determinado y de la respuesta, y su relación con las lecturas.”

     Uso de los salmos en la liturgia


     DSS 3: “Desde sus comienzos y siguiendo el ejemplo de Jesús, que oraba con los
salmos57, la Iglesia tuvo acceso al uso de los salmos en la plegaria común58. La
utilización del Salterio en la liturgia cristiana primitiva fue una consecuencia de la
recepción en la Iglesia de las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento: La Ley de
Moisés, los Profetas y los Salmos59, cuyo cumplimiento en Cristo y sentido último
reveló el Señor a sus discípulos60.

       Sin la certeza es imposible comprender la estructura de la liturgia de la palabra,
formada por lecturas, cantos (salmos) y oraciones, como expresión del diálogo entre
Dios y su pueblo y de la participación de los fieles, que tuvo en el salmo responsorial
uno de los ritos que nutrieron más abundantemente la espiritualidad cristiana. Así lo
pusieron de relieve los Santos Padres en sus catequesis y sermones, como este texto de
san Juan Crisóstomo: «Tú haces un pacto con Dios, tú firmas un pacto con él, sin tinta
ni papel. Tu voz proclama que lo amas, que lo prefieres a todo, que vives encendido en
amor por él. No cantemos la respuesta con rutina, sino tomémosla como bastón de viaje.
Las respuestas que tú has cantado, no una sola vez, ni dos, ni tres, sino muchas veces,
recuérdalas con interés y entonces serán para ti de gran consuelo. Yo os exhorto a no

55
   Ordenación general del Misal romano, núm. 36
56
   Pablo VI, Constitución apostólica Laudis canticum, en Liturgia de las Horas, reformada por mandato
del concilio Vaticano II y promulgada por su Santidad el papa Pablo VI (Coeditores litúrgicos 1979); cL
también Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núms. 24,
90; Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Musicam sacram, sobre la música en la sagrada liturgia, 5
de marzo de 1967, núm. 39: AAS 59 (1967), p. 311; Ordenación general de la Liturgia de las Horas,
núms. 23 y 109; Sagrada Congregación para la Enseñanza católica, Ratiofundamenta/is, núm. 53.
57
   Cf. Mt 26, 30 Y paralelos; Me 14, 34; 15, 34 y paralelos; Le 23, 46; etc.
58
   Cf. Heh 4,24 ss.; Rm 15, 9; 1 Co 14, 15,26; Ef 5, 19.
59
   Cf. Le 24, 44.
60
   Cf. Le 24, 45; Jn 5, 39; 16, 12-15


                                                                                                     25
salir de aquí con las manos vacías, sino a recoger las respuestas como perlas, para que
las guardéis siempre, las meditéis y las cantéis a vuestros amigos»61.”

        En los salmos se nos revela el rostro de Cristo

DSS 4:         “El salmo responsorial «es parte integrante de la liturgia de la palabra»
(OGMR, 61). No es un canto cualquiera, sino que es el canto de la Mesa de la Palabra. A
san Agustín le gustaba tomarlo como base de su homilía62.

       Según el Nuevo Testamento, hay una historia de Jesús no sólo en la Ley (el
Pentateuco) y en los Profetas, sino también en los Salmos. Cristo resucitado, según el
testimonio de Lucas, habla de lo que se ha escrito de él «en la ley de Moisés, en los
profetas y en los salmos» (Lc 24, 44).

        En la liturgia, los salmos tienen una interpretación cristológica. Por una parte,
quien sufre, suplica, ora, cree, espera o da gracias, es el Hijo del hombre en el que se
resume toda la humanidad; por otra parte, el Salvador a quien se dirigen nuestras ple-
garias, es Cristo resucitado que intercede, sentado a la derecha del Padre, por todos
nosotros.

        «En Jesús no se perdieron los salmos; se transfiguraron. La Iglesia ha orado con
Él los salmos a lo largo de los siglos, como un inmenso coro que acompaña al único
solista ante Dios que es el Hijo»63.

        En los salmos se nos revela el rostro de Cristo. «Oigo en mi corazón: Buscad mi
rostro. Tu rostro buscaré, Señor. No me escondas tu rostro» (Sal 27, 8). En las
lamentaciones se nos muestra el rostro del hombre de dolores; en los salmos del reino,
el rostro del resucitado; en los salmos sapiencia les, el rostro de maestro de sabiduría; en
los salmos de súplica, el rostro de imploración; en los salmos hímnicos, el rostro de
alabanza y bendición. «¿Cómo atrevemos a sustituir ese rostro adorable, cuyos rasgos
han sido trazados por el Espíritu Santo, por otro rostro cuyos rasgos, fruto de la
imaginación humana, nos propone un canto?» 64.

        El salmo es Palabra de Dios, en sentido estricto. Palabra poética, lírica, pero
Palabra de Dios. Hemos de velar con el cantor, el salmista o el coro que tenemos para
que no se sustituya, en ningún caso, esa Palabra de Dios por un canto cualquiera por
muy bonito que sea.
        La terminología nos ha llevado a confusiones. Canto interleccional, entre
lecturas, canto gradual, canto de meditación etc.

       El salmo por ser «meditación», el salmista lo debe proclamar de tal modo que
permita una asimilación y contemplación del texto. Por ser «alabanza», la melodía debe
permitir una expansión lírica del espíritu orante. Por consiguiente, el ritmo machacón de
las guitarras, ¿ayuda a la asamblea a la meditación y alabanza o nos la dispersa y
disgrega?”
61
   San Juan CRIS6STOMO, Comentario sobre el salmo 41: PG 55, 156-166.
62
   Véanse Las Enarrationes in Psalmos, acabadas hacia el 416
63
   GOENAGA, J. A., Phase, 220. 1997, p. 322
64
   DEISS, L., Celebración de la Palabra. Ed. Paulinas. Madrid 1992, pp. 72-73.


                                                                                         26
       El salmo responsorial: poesía y música

DSS 5:         “Uno de los valores heredados del judaísmo es el valor místico de la
«palabra cantada». Esta no era un arte en sí misma ni un adorno para el culto, sino una
especie de puente entre el hombre y Dios. Por eso, el lector de la sinagoga o de la Iglesia
tendía a «llenar de melodías» toda lectura, creando, de este modo, la primera forma de
canto sagrado, conocida con el nombre de accentus o canto silábico, consistente en la
recitación expresiva y acentuada de la palabra. A cada sílaba le correspondía una nota,
salvo en las cadencias finales. La recitación se desarrollaba, en su totalidad, sobre una
misma nota repetida. Era la forma más primitiva de salmodia. Cuando el que
proclamaba (praecentor) lo hacía en este nivel melódico y los fieles repetían solamente
las últimas palabras, surgía el responsorio.
    La Iglesia primitiva, al organizar la liturgia de la palabra sirviéndose de los salmos,
descubrió el carácter estructurado del Salterio, es decir, el paralelismo de las frases
(sinónimas, antitéticas, sintéticas), el ritmo de las pulsaciones (binarias, ternarias, cua-
ternarias) y la fuerza y dulzura de su expresión vocal rayana con la entonación
melódica.
    El salmo exigía una lectura melódica diferente de la de otros textos bíblicos. De esta
constatación emergió, como rito musical autónomo, el salmo responsorial, pieza lírica y
poético-musical con una estructura muy simple, formada por dos elementos: el tono
salmódico, para cantilar el salmo, y la respuesta cantada. La eficacia del salmo
responsorial radicaba en que, en un momento de meditación e interiorización de la
palabra leída, ésta continuaba siendo proclamada en forma poética y musical, y la
asamblea respondía con una aclamación o una súplica, cantadas con melodía sencilla.”

       Recuperación del salmo responsorial

DSS 7:         “Felizmente, como se dijo al principio, el Concilio Vaticano II ha hecho
posible la recuperación del salmo responsorial, facilitando « la participación plena,
consciente y activa de los fieles en las celebraciones litúrgicas»65.

    El salmo responsorial es «parte integrante de la liturgia de la palabra», después de la
primera lectura66 , y viene a ser una meditación de la palabra que se acaba de escuchar,
pero en estilo poético y lírico. Al contrario del Aleluya y el verso que se canta antes del
evangelio, el salmo responsorial es obligatorio. El salmo responsorial tiene una gran
importancia litúrgica y pastoral.
     «El salmo se toma habitualmente del Leccionario, ya que cada uno de estos textos
está directamente relacionado con cada una de las lecturas. Sin embargo, para que el
pueblo pueda más fácilmente intervenir en la respuesta salmódica, han sido
seleccionados algunos textos de respuestas y de salmos, según los diversos tiempos
litúrgicos del año o las diversas categorías de santos. Estos textos podrán emplearse en
vez del texto correspondiente a la lectura siempre que el salmo sea cantado... Si se
canta, se puede escoger, además del salmo asignado por el Leccionario, el gradual del
Graduale Romanum o el salmo responsorial o el aleluyático del Graduale simples, tal


65
     Concilio Vaticano 11, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 14.
66
     Misal romano, OGMR, núm. 61.


                                                                                                      27
como figuran en estos mismos libros»67.”

       El salmo como canto responsorial

DSS 8:           “La liturgia antigua nace en una cultura oral donde la expresión vocal
está muy articulada y posee un gran significado. El culto cristiano toma de los cortejos
la práctica del canto procesional; de los pastores, campesinos y marineros, el uso del
jubilus; de las religiones paganas, el himno; de la oratoria clásica, los gestos de
proclamación. En cuanto a los salmos, el canto típicamente cristiano, su importancia
deriva del texto. El Salterio es el libro de la plegaria; dado que su género incluye la
lírica, será preferentemente una oración cantada.
    La liturgia romana da a los salmos el lugar predominante entre sus cantos, mientras
que las liturgias orientales le conceden este lugar a los himnos.
    El canto del Salmo responsorial es un paso más, como parte integrante de la Liturgia
de la Palabra, para llegar a la meta deseada de «cantar la Misa». En ella tiene el Salmo,
con su ritmo de propuesta-respuesta, la función hermosa de responder a la Palabra de
Dios con las mismas palabras que Dios nos ha dado, hechas oración, al Dios que nos
habla y se nos revela. «Dios habla a su pueblo y el pueblo le responde con el canto y la
oración» 68.
    El Salmo, como canto responsorial tiene sus raíces en ese fondo común a la
humanidad que es el arte coral popular. Intercalar una antífona respuesta entre estrofa y
estrofa es una costumbre universal desde los orígenes del culto cristiano y practicada ya
anteriormente por el pueblo judío, como puede verse en el Cántico de Moisés o en el
Salmo 135.
    El salmo con su respuesta es una meditación coloquial comunitaria de la Palabra
que se acaba de escuchar, pero en estilo poético y lírico. Al ser meditación ha de ser una
parte de la Palabra tranquila, reposada y sin prisas. La meditación de la Palabra y el
diálogo con Dios son indudablemente de mucha mayor trascendencia que la misma
homilía del celebrante. Al ser comunitaria es una meditación de toda la asamblea que ha
escuchado la Palabra. Por eso no es suficiente que cada uno responda privadamente en
su corazón, sino que se han de expresar los sentimientos y la fe de una asamblea, de un
Iglesia que los creyentes reconocen como suyos.”

           Selección:


OLM 89:        “Entre estos cantos tiene una importancia especial el salmo que sigue a la
primera lectura. Como norma, se tomará el salmo asignado a la lectura, a no ser que se
trate de lecturas del Común de los santos, de las misas rituales, por diversas
necesidades, votivas o de difuntos, ya que, en estos casos, la elección corresponde al
sacerdote celebrante, que obrará en esto según pida la utilidad pastoral de los asistentes.

      Sin embargo, para que el pueblo pueda más fácilmente decir la respuesta
salmódica, la Ordenación de las lecturas señala algunos textos de salmos y de respuestas

67
     Ibid., núm. 61.
68
     Concilio Vaticano 11, Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia, núm. 33.


                                                                                                     28
seleccionados para los diversos tiempos del año o para las diversas categorías de santos,
los cuales podrán emplearse en vez del texto que corresponde a la lectura, siempre que
el salmo sea cantado.69”

         Ejecución:

OLM 20:         “Normalmente, el salmo responsorial debe ser cantado. Conviene
recordar los dos modos de cantar el salmo que sigue a la primera lectura: el modo
responsorial y el modo directo. En el modo responsorial, que, en lo posible, ha de ser el
preferido, el salmista o cantor del salmo canta los versículos del salmo, y toda la
asamblea participa por medio de la respuesta. En el modo directo, el salmo se canta sin
que la asamblea intercale la respuesta, y lo cantan, o bien el salmista o cantor del salmo
él solo, o bien todos a la vez.”

OLM 21:        “El canto del salmo o de la sola respuesta favorece mucho la percepción
del sentido espiritual del salmo y la meditación del mismo.

   En cada cultura hay que poner en juego todos los medios que pueden favorecer el
canto de la asamblea, y en especial el uso de las facultades previstas para ello en la
Ordenación de las lecturas de la misa,70 en lo que se refiere a las respuestas para cada
tiempo litúrgico.”

OLM 22:        “El salmo que sigue a la lectura, si no se canta, debe leerse de la manera
más apta para la meditación de la palabra de Dios.71

     El salmo responsorial es cantado o leído por el salmista o cantor en el ambón.72”


      El canto de la antífona

DSS. 10:      “Estas respuestas o antífonas son unas frases breves que no cuesta trabajo
memorizar. Son oraciones enjundiosas que conectan con la fe, el sentir y las necesidades
de quienes forman la asamblea. San Juan Crisóstomo decía que las podíamos tomar
como «bastón de viaje». ¿Cómo no caminar día tras día apoyados, por ejemplo en «El
Señor es mi luz y mi salvación. ¿A quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida.
¿Quién me hará temblar?»; o en: «El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira
y rico en clemencia»; «El Señor me libró de todas mis ansias»; «hemos salvado la vida
como un pájaro de la trampa del malhechor»? A veces el «bastón» se hará alabanza
gozosa, y cantaremos: «Cantaré eternamente las misericordias del Señor»; «Gustad y
ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a Él»; «Bendeciré tu nombre por
siempre jamás», Otras veces la respuesta nos ayudará a sentimos Pueblo de Dios y
cantaremos: «El Señor es mi alabanza en la gran asamblea»; «Dichoso el pueblo que el
Señor se escogió como heredad»; «Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor»; «El Señor
69
   Cf. infra, en el Leccionario I, pp. 302ss
70
   Cf. infra, Prenotandos, núms. 89-90, p. XXX.
71
   Cf Ordenación general del Misal romano, núms. 18 y 39.
72
   Cf. ibid., núm. 272; e infra, Prenotandos, núms. 32ss., pp. XVIs.

   En DCM 157 habla de otros lugares además del ambón: “desde el ambón o desde otro sitio oportuno”.
Insiste el mismo número en que “el salmista no debe ser el lector de la primera lectura”.


                                                                                                 29
bendice a su pueblo con la paz». Otras veces será súplica angustiada, y cantaremos:
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»; «Padre, a tus manos encomiendo
mi espíritu»; «Misericordia, Señor, hemos pecado»; «Protégeme, Dios mío, que me
refugio en ti»,
    Tendríamos que asegurar, al menos, el canto de la antífona, pues, como afirma san
Juan Crisóstomo, hemos de tomar las antífonas como bastón de viaje: «Yo os exhorto a
no salir de aquí con las manos vacías, sino a recoger las respuestas como perlas, para
que las guardéis siempre, las meditéis y las cantéis a vuestros hijos»73.
     Merece la pena cantar la antífona propia del salmo, no sólo por razones de variedad,
sino porque esa antífona que es Palabra de Dios orada, en bastantes casos resume el
mensaje que las lecturas quieren transmitimos en ese domingo o fiesta. Sin embargo,
«para que el pueblo pueda más fácilmente intervenir en la respuesta sal módica, han sido
seleccionados algunos textos de respuestas y de salmos, según los diversos tiempos
litúrgicos del año o las diversas categorías de santos. Estos textos podrán emplearse en
vez del texto correspondiente a la lectura siempre que el salmo sea cantado... Si se can-
ta, se puede escoger, además del salmo asignado por el leccionario, el gradual del
Graduale romanum o el salmo responsorial o el aleluyático del Graduale simplex, tal
como figuran en estos mismos libros» (OGMR,61).
    La antífona o respuesta de la asamblea deberá ser una frase corta en forma de
aclamación, con una música afirmativa, entusiasta, mediante la cual el pueblo exprese la
aceptación del mensaje recibido y reafirme su contenido. Su melodía, de una extrema
sencillez, lo que no quiere decir pobreza o vulgaridad, sino sentido de la medida; por
regla general en estilo silábico, que es el más apropiado para estas piezas cortas
destinadas al canto del pueblo. El ritmo, en estrecha relación con el texto a quien sirve.
Rezar un texto y cantarlo debe ser casi lo mismo. Una melodía complicada o con
demasiado movimiento rítmico relegará el texto a un segundo plano.”


Sugerencias prácticas

DSS 12:        “Teniendo en cuenta los datos de la tradición litúrgica y las normas sobre
el salmo responsorial de los documentos más recientes, se pueden analizar las formas de
interpretación de este salmo:

          a) Forma ideal: el salmista canta el salmo y la asamblea canta la respuesta
          propia.
          b) Formas válidas: el lector proclama el salmo y la asamblea canta la respuesta
          propia intercalada; o bien, el salmo es cantado o proclamado de modo directo,
          con la respuesta final común a la palabra.

          c) Forma menos correcta: el lector proclama el salmo y la asamblea recita la
          respuesta.

   Esta última forma se ha convertido en una práctica bastante habitual, incluso en
comunidades parroquiales y religiosas que deberían exigirse un poco más. De este
73
     1San Juan CRISÓSTOMO, Comentario al salmo 41: PG 55, 156-166.


                                                                                       30
modo, difícilmente se puede meditar pausadamente en el contenido del salmo, porque
lector y asamblea se enzarzan en una recitación precipitada de palabras que no da
tiempo a comprender.
    La forma ideal, plena, permite poner de relieve la figura del salmista, con su propio
carisma. El salmista no debe ser el lector de la primera lectura que, acto seguido, canta
el salmo. Hacer esto desfigura el ministerio del salmista y simplifica, de tal manera, el
sentido de la proclamación del salmo que elimina prácticamente el elemento poético
para la contemplación de la asamblea, sobre todo cuando el salmo se proclama sin
canto.
    En el desarrollo de la liturgia de la palabra hay un elemento que hay que valorar
como muy significativo: todos los cantos que se ejecutan en el presbiterio son
interpretados por solistas. El celebrante, el diácono, los lectores y el salmista son
ministros y servidores de la palabra divina dirigida a la asamblea que celebra. Dios
mismo, comunicando su mensaje, se hace presente e inspira la respuesta de la fe y de la
acción de gracias. La respuesta de la asamblea desemboca de nuevo en la mediación del
ministro.

   Por otra parte, de la nave, como lugar y espacio de la asamblea, surge el canto
colectivo, la expresión comunitaria, gesto absolutamente indispensable para que la
liturgia sea, en efecto, la aclamación viva de todo el Pueblo de Dios. No obstante, de la
nave sale el lector y el salmista para dirigirse al ambón. El lector cede el lugar de la
palabra al salmista, se produce un silencio, después un cambio de voz y un nuevo nivel
de la palabra: la salmodia.

   Estos gestos, cuando se realizan correctamente, tienen valor educativo. A veces se
argumenta, para justificar la acumulación de funciones, que así se evitan
desplazamientos innecesarios. Sin embargo, la celebración es una situación dinámica,
de manera que hay que promover todos los gestos y actitudes que realmente articulan la
acción litúrgica en todos sus pasos.”

       El libro del salmista:

       Presentación del libro.
       DSS 13.
       Entrega del folleto: Cuaresma-Pascua ciclo A.
       Algunos ejemplos: 3º Cuaresma. Domingo de Ramos. Vigilia Pascual, 3ª lectura…


                            LA ACLAMACION AL EVANGELIO

           Sentido:

OLM 23ª:        “También el Aleluya, o, según el tiempo litúrgico, el versículo antes del
Evangelio «tienen por sí mismos el valor de rito o de acto»,74 con el que la asamblea de
los fieles recibe y saluda al Señor que va a hablarles, y profesa su fe con el canto.”


74
     Ordenación general del Misal romano, núm. 17.


                                                                                       31
DCM 158: similar contenido

        Ejecución:

OLM 23b: “El Aleluya y el versículo antes del Evangelio deben ser cantados,
estando todos de pie, pero de manera que lo cante unánimemente todo el pueblo, y no
sólo el cantor o el coro que lo empiezan.75”

DSS 9, final: “Como canto de aclamación, ha de ser de estructura musical simple y
recia, de carácter festivo y jubiloso, eco de la Pascua. Toda la asamblea aclama con
entusiasmo. Su forma fácil e ideal puede ser, o dar el tono el órgano, o empezarlo el
cantor o el coro. Luego la asamblea unánime entra con un múltiple aleluya. Siguen el
cantor o el coro con el versículo, si no le es fácil a toda la asamblea. Y repite toda la
asamblea el múltiple aleluya. Expresamente advierte la OGMR 63c que el aleluya o el
versículo que precede al evangelio, si no se cantan, pueden omitirse. La razón es que,
sin música, quedaría desdibujada su intensa interpelación esencial, «alabad al Señor».”

        Selección:

OLM 90:          “El otro canto, que se ejecuta después de la segunda lectura, antes del
Evangelio, o bien se determina en cada misa y está relacionado con el Evangelio, o bien
se deja a la libre elección entre la serie común de cada tiempo litúrgico o del Común.”

OLM 91:      “En el tiempo de Cuaresma, puede emplearse alguna de las aclamaciones
propuestas más adelante,76 y se dice antes y después del versículo antes del Evangelio.”



                                         EL SALMISTA


        Identidad/función:


OLM 56:        “Corresponde al salmista o cantor del salmo cantar, en forma responsorial
o directa, el salmo u otro cántico bíblico, el gradual y el Aleluya u otro canto
interleccional. Él mismo, si se juzga oportuno, puede incoar el Aleluya y el versículo.77

   Para ejercer esta función de salmista es muy conveniente que en cada comunidad
eclesial haya unos laicos dotados del arte de salmodiar, y de facilidad en la
pronunciación y en la dicción. Lo que hemos dicho anteriormente acerca de la
formación de los lectores se aplica también a los cantores del salmo.”


75
   Cf. también ibid., núms. 37-39; Missale Romanum ex Decreto Sacrosancti Concilii Oecumenici
Vaticani II instauratum, auctoritate Pauli VI promulgatum, Ordo cantus Missae, Praenotanda, núms. 7-9;
Graduale Romanum, 1974, Praenotanda, núm. 7. Graduale simplex, editio typica altera 1975,
Praenotanda, núm. 16.
76
   Cf. Leccionario I ,p.301
77
   Cf. Ordenación general de! Misal romano, núms. 37 a y 67.


                                                                                                   32
DSS 20b:       “La tarea de conducir a las comunidades a una participación plena,
consciente y activa es lenta y difícil, pero posible y fascinante. Es preciso estar
continuamente despertando vocaciones para el servicio de la asamblea cultual y
atendiendo a su preparación adecuada. El ministerio del salmista constituye una riqueza
que está todavía por aprovechar y que, una vez hecho realidad en las celebraciones
normales de las parroquias y comunidades religiosas, será motivo de íntima satisfacción
para todos sus miembros”

DSS 15:       “El salmista es una figura entrañable de la comunidad primitiva. Por
medio de él, el salmo principal de la misa tomó forma, y el pueblo sencillo encontró el
pedagogo de la plegaria y de la participación en el diálogo con Dios en el interior de la
celebración… El ministerio del salmista hace más evidente la función de la música en la
celebración.”

DSS 17 final: “…El salmista es, ante todo, un servidor de la asamblea, un creyente que
ha sido tocado por la palabra de Dios, como el lector, antes de proclamarla. No se apoya
en su técnica, que no es mucha, sino en el esplendor poético de la plegaria de los justos,
que le ha llegado al alma. No es protagonista espectacular, sino animador y pedagogo,
consciente de su capacidad y de sus límites. Su misión es sencilla y sublime, pero
sumamente delicada.”

       Espiritualidad:

DSS 16:         “En el momento en que se dibuja con claridad la figura del salmista, los
Santos Padres le recuerdan que se debe a la asamblea santa y a los misterios que ésta
celebra; así, san Agustín recomienda: «Cantad con el secreto de vuestros corazones y
considerad el peligro que representa vuestro talento material… Que, a través de vuestra
voz, se escuche el eco de la palabra divina». El salmista era portador de una carga
preciosa, el mensaje del Verbo… El salmista debía afrontar su misión con una
conciencia de servicio y de coherencia en su vida. Así se lo mandaban los Statuta
ecclesiae antiqua: «Mira que lo que cantas con palabras lo creas de corazón, y o que
crees de corazón lo cumplas con las obras»”.

       Ejecución:

DSS 11, final: “El salmista que recita no debe pensar que está cantando, sino recitando.
El es un ministro de la palabra y por lo tanto la fórmula musical debe estar a su servicio.
El tiene que encostrarse identificado con el texto, dándole sentido para una mayor
compresión por parte de la asamblea. Cuando no sea posible contar con un salmista que
salmodie bien, es preferible que se declame el texto. El salmo también es un poema. Ya
se sabe que una lectura poética del salmo puede suplir, quizá con ventaja, el mal canto
del salmo. A veces es más fácil encontrar un buen declamador que un buen cantor. Esta
declamación habrá de hacerse en consonancia con el carácter literario del salmo, en tono
poético, lírico, emocionado.”

       Formación:

DSS 18:        “Se hace necesaria la formación básica y permanente del salmista. La
conciencia del servicio que presta a la comunidad cristiana, a la que ayuda a penetrar en


                                                                                        33
la palabra de Dios, le ayudará en su esfuerzo continuado por conocer los salmos que ha
de proclamar y empaparse de la espiritualidad de los orantes bíblicos. La formación del
salmista comprende varias facetas: a) Formación bíblica o conocimiento del salterio, de
los géneros literarios de los salmos y de las situaciones humanas y religiosas que dieron
origen a tan bellas plegarias… b) Formación litúrgica o estudio de la función y de la
estructura de la liturgia de la palabra… c) Formación técnica de tipo musical y de tipo
ceremonial (formas de la celebración y actitud corporal ante la asamblea)… ”

           Sugerencias:

DSS apéndice: Importancia del ensayo previo; posibilidad de que el salmista repita cada
vez la respuesta y luego la diga el pueblo, posibilidad de música de fondo mientras se
recita el salmo si obstaculizar la compresión del texto; monición introductoria al salmo
que haga referencia a la respuesta.




Oración final: “Señor, tú nos invitas en cada Eucaristía
a encontrarnos contigo en la montaña santa,
con el corazón contrito y humillado.
Reaviva entonces nuestra vocación de pueblo de la alianza,
convocado para bendecir tu nombre,
escuchar tu palabra
y experimentar con gozo tus maravillas.
Amén.”78



           Se repite el canto con otra estrofa.




78
     Oración sobre el prefacio V de Cuaresma.


                                                                                      34
                                       TEMA CUARTO

                                La proclamación de la Palabra.
                                Ministerio y servicio del lector.


                                     Fuentes de este tema:
                    Prenotandos del Leccionario números 38-57. (OLM)
             Ordenación general del Misal Romano número 99. 194-198 (OGMR)
             Directorio litúrgico pastoral sobre “El ministerio del lector”. (DML)


               Oración primera:

               Texto: Mt 7, 24-27
               Canto: Acabamos de oír tu Palabra.


               Introducción:

        Hemos visto tres temas anteriores sobre la importancia y contenido de la Palabra
de Dios en la celebración litúrgica: sentido de la PdD en la celebración, riqueza de
lecturas, el salmo responsorial. En la última parte (salmista) adelantábamos algo del
tema de hoy. Nos centramos ahora en el hecho de proclamar la palabra y en quienes lo
hacen. Este tema nos va a recordar, a través de estos protagonistas, la importancia de la
Palabra de Dios. Al fin y al cabo, lo decimos desde el principio, se trata de un servicio: a
Dios que nos habla y a la asamblea que escucha. Y para que el tema sea completo os
recuerdo la importancia de los oyentes (tema del primer día). Recordábamos, por
ejemplo, que “los fieles, en la celebración de la misa, han de escuchar la palabra de Dios
con una veneración interior y exterior que los haga crecer continuamente en la vida
espiritual y los introduzca cada vez más en el misterio que se celebra” (OLM 45). Para
que esta escucha sea posible son necesarios quienes emiten: lectores y ministros. En
ellos nos centramos hoy. Comenzaremos por los ministros, dando unas líneas generales:
después nos detendremos con más atención en los lectores ya que en este servicio os
podéis ver reflejados mejor.

                                      1.- Ministros.

       Realidad:

DPCE 21:       “Al servicio de la Palabra de Dios. El que preside la Eucaristía es
también ministro de la Palabra en virtud del mismo sacramento del Orden que lo
capacita para actuar en la persona de Cristo. Por ello, al ejercer este ministerio en la
celebración litúrgica proclamando el Evangelio, cuando no hay diácono, o pronunciando
la homilía, personifica a Cristo Maestro que acerca el mensaje salvador de Dios a sus
hermanos. Por otra parte, al explicar la palabra de Dios, aplicándola a las circunstancias
concretas de la vida y al rito que se está celebrando, contribuye a poner de manifiesto la
unidad entre las dos partes de la Eucaristía, la liturgia de la Palabra y la liturgia del
sacramento (cf SC 56).”


                                                                                         35
OLM 38a: “El que preside la liturgia de la palabra, aunque escucha él también la
palabra de Dios proclamada por los demás, continúa siendo siempre el primero al que se
le ha confiado la función de anunciar la palabra de Dios, compartiendo con los fieles,
sobre todo en la homilía, el alimento interior que contiene esta palabra”.

        Conocimiento:

OLM 39:         “Es necesario que el que ha de presidir la celebración conozca
perfectamente, él mejor que nadie, la estructura de la Ordenación de las lecturas, para
que sepa hacerla provechosa en el corazón de los fieles, y que además, mediante la ora-
ción y el estudio, perciba claramente la coherencia y conexión entre los diversos textos
de la liturgia de la palabra, a fin de que, a través de esta Ordenación de las lecturas, se
comprenda adecuadamente el misterio de Cristo y su obra de salvación.”


        Funciones:
OLM 38b:       “Si bien él debe cuidar, por sí mismo o por otros, que la palabra de Dios
sea proclamada adecuadamente, con todo, a él le corresponde ordinariamente preparar
algunas moniciones que ayuden a los fieles a escuchar con más atención y, sobre todo,
hacer la homilía, para facilitarles una comprensión más fecunda de la palabra de Dios.”
OLM 41:        “El presidente ejerce también su función propia y el ministerio de la
palabra cuando hace la homilía.79 Con ella, en efecto, guía a sus hermanos hacia una sa-
brosa comprensión de la sagrada Escritura, abre el corazón de los fieles a la acción de
gracias por las maravillas de Dios, alimenta la fe de los presentes en la palabra que, en
la celebración, por obra del Espíritu Santo, se convierte en sacramento, los prepara para
una provechosa comunión y los invita a asumir las exigencias de la vida cristiana.”
OLM 43:        “Corresponde al presidente introducir, de vez en cuando, a los fieles
mediante unas moniciones, en la liturgia de la palabra, antes de la proclamación de las
lecturas.80 Estas moniciones podrán ser de gran ayuda para que la asamblea reunida
escuche mejor la palabra de Dios, ya que promueven el hábito de la fe y de la buena
voluntad. Esta función puede ejercerla por medio de otros, por ejemplo, del diácono o
del comentador.81”

        Ejercicio:

OLM 40:        “El que preside no ha de ser reacio en aprovechar las diversas
posibilidades que le ofrece el Leccionario, en cuanto a las lecturas, respuestas, salmos
responsoriales, aclamaciones para el Evangelio;82 pero debe hacerlo de común acuerdo83
con todos los interesados, oyendo también el parecer de los fieles en aquello que les
atañe.84”

79
   Cf. ibid., núm. 42; Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto divino, Instrucción Inaes-
timabile donum, 3 de abril de 1980, núm. 3: AAS 72 (1980), p. 334.
80
   Cf. Ordenación general del Misal romano, núm. 11.
81
   Cf. ibid., núm. 68.
82
   Cf. infra, Prenotandos, núms. 78-91, pp. XXVII-XXX.
83
   Cf. Ordenación general del Misal romano, núms. 318-320; 324-325.
84
   Cf. ibid., núm. 313.


                                                                                                   36
OLM 42:       “El presidente, dirigiendo la oración universal y, si es posible,
conectando las lecturas de la celebración y la homilía con la oración, por medio de la
monición inicial y de la conclusión, introduce a los fieles en la liturgia eucarística.85”

                                            2.- Lectores.

       Nos servimos de dos fuentes para acercarnos a este ministerio o servicio: OLM y
DML. Como vais a observar en la primera se contiene en resumen lo que podemos
encontrar en la segunda. El directorio desarrolla algunos aspectos, especialmente en su
segunda parte: “sugerencias prácticas”. Algunas de estas sugerencias os daré por escrito
más adelante. Comencemos por leer lo que dicen los prenotandos del leccionario:
números 49 a 55 que hablan de los ministerios en la liturgia de la Palabra:

OLM 49:         “La tradición litúrgica asigna la función de leer las lecturas bíblicas en la
celebración de la misa a los ministros: lectores y diácono. A falta de diácono o de otro
sacerdote, el mismo sacerdote celebrante leerá el Evangelio86 y, si tampoco hay lector,
todas las lecturas.87”

OLM 50:        “Corresponde al diácono, en la liturgia de la palabra de la misa;
proclamar el Evangelio, hacer la homilía en algunos casos especiales y proponer al
pueblo las intenciones de la oración universal.88”

OLM 51:         “«El lector tiene un ministerio propio en la celebración eucarística,
ministerio que debe ejercer él, aunque haya otro ministro de grado superior.»89 Al
ministerio de lector conferido con el rito litúrgico hay que darle la debida importancia.
Los lectores instituidos, si los hay, deben ejercer su función propia, por lo menos los
domingos y días festivos, sobre todo en la celebración principal. También se les podrá
confiar el encargo de ayudar en la organización de la liturgia de la palabra y de cuidar, si
es necesario, la preparación de otros fieles que, por encargo temporal, han de leer las
lecturas en la celebración de la misa.90”
OLM 52:         “La asamblea litúrgica necesita de lectores, aunque no estén instituidos
para esta función. Hay que procurar, por tanto, que haya algunos laicos, los más idó-
neos, que estén preparados para ejercer este ministerio.91 Si se dispone de varios lectores
y hay que leer varias lecturas, conviene distribuidas entre ellos.”

OLM 53:          “En las misas sin diácono, la función de proponer las intenciones de la

85
   Cf. Ordenación general del Misal romano, núms. 33, 47.
86
   Cf. Ordenación general del Misal romano, núm. 34.
87
   Cf. ibid., núm. 96.
88
   Cf. ibid., núms. 47, 61, 132; Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto divino, Instrucción
Inaestimabile donum, 3 de abril de 1980, núm. 3: AAS 72 (1980), p. 334.
89
   Ordenación general del Misal romano, núm. 66.
90
   Cf. Pablo VI, Carta apostólica Ministeria quaedam, 15 de agosto de 1972, núm. V, en Pontifical roma-
no reformado según los decretos del Concilio Vaticano n, aprobado por el episcopado español y confir-
mado por la Sagrada Congregación para el Culto divino, Para instituir Lectores y Acólitos (Coeditores
litúrgicos 1974), p. 9.
91
   Cf. Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto divino, Instrucción Inaestimabile donum, 3
de abril de 1980, núms. 2 y 18: AAS 72 (1980), p. 334; cf. también Sagrada Congregación para el Culto
divino, Directorium de Missis cum pueris, 1 de noviembre de 1973, núms. 22, 24, 27: AAS 66 (1974), p.
43.


                                                                                                      37
oración universal hay que confiada a un cantor, principalmente cuando estas intenciones
son cantadas, a un lector o a otro.92”

OLM 54:        “El sacerdote distinto del celebrante, el diácono y el lector instituido en
su propio ministerio, cuando suben al ambón para leer la palabra de Dios en la ce-
lebración de la misa con participación del pueblo, deben llevar la vestidura sagrada
propia de su función. Los que ejercen el ministerio de lector de modo transitorio, e
incluso habitualmente, pueden subir al ambón con la vestidura ordinaria, aunque
respetando las costumbres de cada lugar.”

OLM 55:        “«Para que los fieles lleguen a adquirir una estima suave y viva de la
sagrada Escritura por la audición de las lecturas divinas, es necesario que los lectores
que ejercen tal ministerio, aunque no hayan sido instituidos en él, sean de veras aptos y
diligentemente preparados.»93

    Esta preparación debe ser antes que nada espiritual, pero también es necesaria la
preparación llamada técnica. La preparación espiritual presupone, por lo menos, una
doble instrucción: bíblica y litúrgica. La instrucción bíblica debe apuntar a que los
lectores estén capacitados para percibir el sentido de las lecturas en su propio contexto y
para entender a la luz de la fe el núcleo central del mensaje revelado. La instrucción
litúrgica debe facilitar a los lectores una cierta percepción del sentido y de la estructura
de la liturgia de la palabra y las razones de la conexión entre la liturgia de la palabra y la
liturgia eucarística. La preparación técnica debe hacer que los lectores sean cada día más
aptos para el arte de leer ante el pueblo, ya sea de viva voz, ya sea con ayuda de los
instrumentos modernos de amplificación de la voz.”

        Vamos al directorio sobre “El ministerio del lector”:

                                            El ser del lector:

        Su importancia

DML 3:         “La figura de Jesús, de pie ante la asamblea, con el volumen del profeta
Isaías en la manos, leyendo la palabra divina en el marco de la liturgia sinagogal,
ilumina por sí sola un ministerio que tiene como objeto “proclamar la Palabra de Dios
en las celebraciones litúrgica, educar en la fe a los niños y a los adultos, prepararlos
para recibir dignamente los sacramentos, y anunciar la Buena Nueva de la salvación a
los hombres, que aún la ignoran” (Ritual de Ordenes, Rito para instituir lectores, nº 4.
Homilía)… este ministerio puede ser desempeñado en las celebraciones litúrgicas, por
encargo temporal, por todos los laicos (cf. can 230/2)” para que se lleve a cabo lo
dispuesto en el Concilio Vaticano II de que “en las celebraciones litúrgicas cada cual,
ministro o simple fiel, al desempeñar su oficio, hará todo y sólo aquello que le
corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas (SC 58).”



92
   Cf. Ordenación general del Misal romano, núms. 47, 66, 151; cf. también Consejo para la puesta en
práctica de la Constitución sobre la sagrada liturgia, De oratione communi seu fide!ium (Ciudad del
Vaticano 1966), núm. 8.
93
   Ordenación general de! Misal romano, núm. 66.


                                                                                                 38
        Su realidad de servicio: DML 1: “La proclamación de la palabra de Dios en la
asamblea es un verdadero servicio eclesial”. DML 2: “Como todo servicio eclesial, el
ministerio del lector tiene su origen en Cristo, autor de la Iglesia; el cual entendió su
misión confiada por el Padre como una diaconía (cf. LG 18), haciéndose servidor de
todos (cf. Lc 22, 27); Mt 20, 28; LG 29). En un gesto, que es preciso interpretar a la luz
de este espíritu de servicio, Jesús, estando en la sinagoga de Nazaret “se puso en pie
para hacer la lectura”, leyendo y comentando después el pasaje del profeta Isaías que lo
presentaba como el Ungido del Señor para anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios,
según refiere el evangelista San Lucas (Lc 4, 16ss)”. DML 9: “Al desempeñar su
ministerio, el lector pone al servicio de la palabra de Dios toda su persona y toda su
capacidad de comunicación. Pero también hace esto mismo al servicio de la asamblea de
los fieles, para que el pueblo pueda comprender la Palabra divina y ponerla en práctica
(cf. Jn 14,15).”

       Su función y competencia

DML 6:         “En este diálogo vivo entre Dios y su pueblo, que es anuncio eficaz de la
Palabra y respuesta gozosa de la fe, el ministerio del lector aparece como un servicio de
mediación, en el que la función del que lee consiste en hacerse mensajero y portavoz de
la Palabra de Dios. El lector litúrgico es el último eslabón para que la Palabra de Dios
llegue al pueblo, ofreciendo su voz y sus recursos de interpretación para que en ellos se
realice esa especie de última encarnación o morada de la Palabra entre los hombres.

   Como dice san Agustín: «Por condescendencia con nosotros, la Palabra ha
descendido a las sílabas de nuestros sonidos» (Enarr. in Ps. 103, serm. 4,1; CCL 40, p.
1521); en este mundo la Palabra se nos da «en letras, en sonidos, en códices... en la voz
del lector y del homileta» (ib., serm. 3,3; ib., p. 1501).

    El lector participa, en cierto modo, de la misión profética de aquellos que han sido
llamados, como sucesores de los Apóstoles, para enseñar a todas las gentes y predicar el
Evangelio a toda criatura (cf. LG 24; 31; AA 2). En el contexto del ministerio profético,
el lector aparece como un signo vivo de la presencia del Señor en su Palabra.

    «Por amor a esta Palabra y por agradecimiento a este don de Dios, el lector litúrgico
tiene que hacer un acto de entrega y un esfuerzo diligente. Si su voz no suena, no
resonará la Palabra de Cristo; si su voz no se articula, la Palabra se volverá confusa; si
no da bien el sentido, el pueblo no podrá comprender la Palabra; si no da la debida
expresión, la Palabra perderá parte de su fuerza. Y no vale apelar a la omnipotencia
divina, porque el camino de la omnipotencia, también en la liturgia, pasa por la
encarnación» (L. A. SCHOKEL,Consejos al lector: «Hodie» 17, 1965, p. 82).”


DML 7:         “Según la tradición litúrgica, la lectura de los textos bíblicos en la
asamblea no es un oficio presidencial, sino ministerial (cf. OGMR 34; OLM n. 49).
Salvo el evangelio, reservado al diácono o, faltando éste, al presbítero, las demás
lecturas deben hacerlas los lectores (cf. ib.).


    El Motu proprio Ministeria Quaedam, de Pablo VI, define así las competencias del
lector instituido:


                                                                                       39
           «El lector queda instituido para la función, que le es propia, de leer la Palabra
   de Dios en la asamblea litúrgica. Por lo cual proclamará las lecturas de la Sagrada
   Escritura, pero no el Evangelio, en la misa y en las demás celebraciones sagradas;
   faltando el salmista, recitará el Salmo interleccional; proclamará las intenciones de la
   Oración de los Fieles, cuando no haya a disposición diácono o cantor; dirigirá el
   canto y la participación del pueblo fiel; instruirá a los fieles para recibir dignamente
   los sacramentos. También podrá, cuando sea necesario, encargarse de la preparación
   de otros fieles a quienes se encomiende temporalmente la lectura de la Sagrada
   Escritura en los actos litúrgicos» (n. 5).

    La proclamación de las lecturas bíblicas, excepto el Evangelio, constituye la tarea
específica y principal del lector, tanto del que ha sido constituido para desempeñar esta
función de manera estable como del que tiene un encargo temporal u ocasional. Las
restantes atribuciones, que pueden desempeñar todos los laicos a tenor de la norma del
derecho (cf. can. 230/2), tienen carácter unas veces de suplencia de otros ministerios
litúrgicos, como el del salmista o el del monitor o el del director del canto, y otras veces
de complemento de su función propia y específica. En este sentido la preparación de los
que han de recibir los sacramentos, mediante la catequesis más directamente litúrgica,
pertenece al mismo contexto pastoral y sacramental que las moniciones en el interior de
la celebración, las cuales están reservadas al sacerdote, al diácono o al comentador (cf.
SC 35/3; OLM 42).

    La promoción de nuevos lectores o la instrucción de los que eventualmente realicen
esta función, como tareas confiadas al lector instituido, contribuyen también a realzar
este ministerio en el conjunto de la vida eclesial.”

   Otras Funciones: OGMR 194-198


       Desde la acogida a la Palabra

DML 8:          “Para realizar mejor y más perfectamente las funciones que corresponden
al lector, debe éste empaparse de «aquel amor suave y vivo hacia la Sagrada Escritura»
que es característico de la liturgia (cf. se 24). El lector es un ministro de la Palabra que
debe transmitir a los fieles, «los tesoros bíblicos de la Iglesia» puestos a disposición de
los fieles con mayor abundancia en la mesa de la Palabra de Dios (cf. SC 51; DV 21).

    Es necesario, pues, que profundice en el conocimiento de las Escrituras mediante la
lectura asidua y el estudio diligente, cuidando de que la lectura vaya siempre
acompañada de la oración para que se entable diálogo entre Dios y el hombre, ya desde
el primer contacto del lector con los textos que ha de proclamar (cf. DV 25). El lector
debe familiarizarse con el mensaje bíblico en su conjunto, meditándolo personalmente y
acogiéndolo con corazón de discípulo que se deja llenar por la Palabra divina que ha de
comunicar (cf. Lc. 2,19.51).

    Por otra parte, el testimonio personal, que ha de brotar de esta meditación asidua de
la Palabra de Dios, hace de los lectores eficaces anunciadores del mensaje no sólo con la
palabra, sino también con la verdad de los hechos.”



                                                                                         40
           El actuar del lector:

DML 11: necesidad de preparación (ver OLM 55): Instrucción bíblica (sentido de las
lecturas, núcleo del mensaje, notando la exégesis como conocimiento profundo y vital
de la Sagrada Escritura a la luz de la tradición litúrgica), instrucción litúrgica (liturgia de
la palabra y su conexión con la liturgia eucarística, composición del leccionario, los
tiempos del año Litúrgico, criterios para la elección de lecturas…), preparación técnica
(comunicación y lectura en público, capacitación técnica).

DML 12: condiciones materiales para una buena proclamación: la calidad del libro, la
iluminación, la megafonía.

DML 14: actitud corporal y vestidura: “El lector ha de saberse portavoz de la Palabra
divina en un contexto religioso y cultual. Para cumplir con fidelidad esta misión, el
lector debe manifestar en su compostura exterior, cuando ejerce el ministerio, que es el
primero en aceptar la Palabra que proclama. En efecto, el gesto del lector es
manifestación de su identificación con lo que dice. Con su actitud corporal, al leer,
puede apoyar o desautorizar el mensaje que transmite. El cuerpo, el vestido, el rostro y
las manos, deben denotar un sentimiento interior. El estar cara a la asamblea en un plano
elevado, con una vestidura litúrgica incluso, son motivos para cuidar al máximo la
expresividad corporal…”.

           Vestidura (cf. OLM 54).

DML 17ª: el silencio: lo trataremos cuando hablemos de los signos que acompañan la
proclamación de la palabra e Dios.

           Sugerencias prácticas: Técnicas de proclamación

DML 13:        “Leer en voz alta no es lo mismo que leer en privado. Proclamar un texto
sagrado que tiene valor inmutable y decisivo para la asamblea que celebra, es aún más
importante que hablar a esa asamblea. El pasaje bíblico, que es Palabra de Dios, no
puede llegar a sus destinatarios, los fieles que forman la comunidad reunida, con menos
energía y menor viveza que las demás palabras que se pronuncian en la celebración.
    El lector no sólo debe leer, sino leer bien, de modo que la Palabra sea entendida y
comprendida. Cada palabra del texto cobra vida en los labios del lector. El es el que
pronuncia lo que lee y descubre lo que está escrito, dando a cada palabra y a cada frase
su sentido exacto. Por eso, el lector debe llevar a la práctica algunos consejos útiles para
proclamar bien.
    a) Preparación de la lectura o conocimiento previo del texto que va a proclamar. El
lector debe familiarizarse con las palabras que va a leer, hasta hacerlas suyas,
especialmente con las palabras esenciales o difíciles de pronunciar, y ha de descubrir los
momentos de más intensidad.
    En la preparación de la lectura hay que tener en cuenta tanto el género literario del
texto bíblico, es decir, si es narrativo, lírico, meditativo, parenético94, midráshico95, etc.;
94
     Parenesis: exhortación o amonestación.
95
     Explicación de la Escritura hecha por los rabinos, sermones o pláticas.


                                                                                             41
como la estructura interna del pasaje, si es un diálogo, un poema, una exhortación, etc.
   No se trata de verter los propios sentimientos en el texto, sino de asimilar la Palabra
de Dios e intentar manifestar su contenido con expresividad, sin fingimiento, con
sencillez, sin afectación.
   b) Articulación y tono. La lectura debe llegar al auditorio sin que se pierda una sola
palabra o una sílaba. Al leer se debe abrir la boca lo suficiente para que se escuchen
perfectamente todas las vocales, y para que las consonantes se hagan sentir con nitidez.
    Es necesario atender al estilo y estructura de cada frase, para que los oyentes las
perciban con claridad. Las frases o palabras que forman grupo, deben ser leídas sin
interrupción para no romper el sentido del conjunto.
   Al texto hay que darle vida. Aunque la lectura se haga con claridad, se puede caer en
la monotonía. Esto se evita con el tono y el ritmo que se den a la lectura. Es preciso huir
de la voz monocorde y del «tonillo». Las interrogaciones y los paréntesis en el texto son
una buena ocasión para subir o bajar la voz. Los finales de frase no tienen por qué
obligar a hacer inflexiones de manera sistemática.
   Por otra parte, la acústica del templo o del lugar de la proclamación impone también
ciertas condiciones al lector. Tan molesta puede resultar una voz hiriente, que grita, en
una iglesia pequeña, como una voz apagada y mortecina en un templo grande.
     c) Ritmo de proclamación. El ritmo es un elemento indispensable para la
comprensión del texto que se proclama; es manifestación externa del dinamismo interno
del pasaje. Cada lector tiene su propio ritmo, incluso cada lectura exige el suyo. Lo
verdaderamente importante es que los oyentes entiendan el mensaje transmitido. De ahí
que sea necesario equilibrar diversos movimientos en una lectura. El lector, desde la
primera frase, debe imponer la atención por medio de una voz sosegada y firme, que
anuncia y transmite un mensaje.
    Una lectura demasiado rápida se hace incomprensible, pues obliga al oído a hacer
un esfuerzo mayor. Por el contrario, la excesiva lentitud provoca apatía y somnolencia.
La estructura del texto es la que impone el ritmo, pues no todo tiene la misma
importancia dentro del conjunto. Se puede leer más aprisa un pasaje que tiene una
importancia menor, y dar un ritmo más lento a las frases que merecen un mayor interés.

   La puntuación debe ser escrupulosamente respetada. Las pausas del texto permiten
respirar al lector, y ayudan al auditorio a comprender plenamente lo que se está leyendo.

   d) Leer con expresión. El lector debe identificarse con lo que lee, para que la palabra
que transmite surja viva y espontánea, captando a los oyentes, y penetre en el corazón
del que escucha.

   Para que la lectura sea expresiva, el lector tiene que procurar leer con:

       - sinceridad, es decir, sin condicionamientos, hinchazón o artificios;
       - claridad y precisión, conduciendo al oyente hacia el contenido, sin detenerle en
       las palabras;
       - originalidad, imprimiendo a la lectura un sello de distinción y personalidad, de


                                                                                           42
acuerdo con los matices que ofrece cada texto;
- misión y convicción, actitudes que encierran fuerza y persuasión;
- recogimiento y respeto, como corresponde a una acción sagrada.”


Oración final:


Siempre has querido hablarnos, Señor.
A veces en silencio. O en todo lo creado.
Nos hablas en la historia. Nos hablas en tu Hijo.
Sobre todo en tu Hijo: Jesucristo.

Tu Palabra nos llega, desde Antiguo.
Y sobre todo en El. ¡Te damos gracias!
Insistente, lloviendo en nuestra tierra.
Cada Domingo, sobre todo aquí, en tu Mesa:
un diálogo de amor, por tu Palabra.

Danos oído atento, escucha confiada.
Haz que favorezcamos nuestro encuentro contigo.
No dejes que perdamos ocasiones.
Tienes tantas sorpresas por regalo...

Y haz, Señor de nuestra escucha vigilante,
que respondamos siempre a tus mensajes.
Con alabanza, sí, y luego con la carne:
encarnando en las manos, pies y rostro,
en corazón, en tierra, en nuestras horas,
derroche de tareas y sentido
que nos donas, Señor, en tu Palabra,
celebrada y tomada en alimento.

Siempre nos hablas, por amor nos hablas.
Danos de amor respuesta a tu Palabra.
Amén.




                                                                      43
                                      TEMA QUINTO

                       Lugares y otros elementos materiales:
                                  El Leccionario.
                                 El Evangeliario:
               procesionado por la Vía Sacra; depositado en el Altar;
                  proclamado en el Ambón; predicado en la Sede.

                                      Fuentes de este tema:
                             Prenotandos del Leccionario (OLM).
                      Ordenación general del Misal Romano (OGMR).
             Directorio litúrgico pastoral sobre “El ministerio del lector” (DLM).
                               Directorio litúrgico pastoral sobre
                “Ambientación y arte en el lugar de la Celebración” (DAA).
                            Catecismo de la Iglesia Católica (CEC).
                               Ceremonial de los Obispos (CO).
                            Pontifical Romano (Ordenaciones) (PR).


Oración primera:

              Canto: Salmo 129: Desde lo hondo
              Texto: Jn 5, 37-47. Jueves 4ª Semana de Cuaresma


       Introducción:

        La celebración litúrgica se desarrolla a través de gestos (ritos) y palabras
(PdD/oraciones)
        Hemos hablado de palabras, especialmente, en los cuatro primeros temas.
        En los dos siguientes hablaremos también de los gestos, de las acciones, de
algunos elementos físicos que resultan necesarios para entender la importancia de la
PdD en la celebración. Todo nos habla de esa importancia y especialmente de Jesucristo
que se hace presente a través de ella.
        Nos fijaremos hoy en dos libros que contienen la Palabra de Dios: Leccionario y
Evangeliario. Especialmente el segundo.
        Después repasaremos los lugares que tienen relación con la Palabra de Dios:
Altar, Ambón y Sede. Especialmente nos detendremos en el Ambón. No entraremos en
otros espacios que también tienen alguna relación con la Palabra de Dios: la Via Sacra
y, sobre todo, la Capilla Penitencial.


                                    EL LECCIONARIO

DML 18:       “El Leccionario es un signo sagrado, es decir, sacramental, de la
presencia de Dios en su comunicación a los hombres por medio de su Palabra leída y
proclamada. El Concilio Vaticano II recuerda que «la Iglesia ha venerado siempre las
Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la



                                                                                     44
mesa y distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la Palabra de Dios como del Cuerpo
de Cristo, sobre todo en la liturgia.» (Dei Verbum 21).

       Este amor a las escrituras se manifiesta en los honores litúrgicos con que es
honrado el Leccionario, que es llevado en procesión, entre luces, incensado y besado,
depositado sobre el altar y saludado con aclamaciones y cantos…”

OLM 35:       “Los libros que contienen las lecturas de la palabra de Dios, así como los
ministros, las actitudes y demás cosas, suscitan en los oyentes el recuerdo de la
presencia de Dios que habla a su pueblo. Hay que procurar, pues, que también los libros,
que son en la acción litúrgica signos y símbolos de las cosas celestiales, sean realmente
dignos, decorosos y bellos.”

OGMR 349: “Cuídese de modo particular que los libros litúrgicos -especialmente el
Evangeliario y el Leccionario, destinados a la proclamación de la palabra de Dios y que,
en consecuencia, merecen una particular veneración-, sean verdaderamente en la acción
litúrgica signos y símbolos de realidades sobrenaturales y, por tanto, verdaderamente
dignos, nobles y bellos.”

                                        EL EVANGELIARIO


       ¿Qué es el Evangeliario? Se llama “evangeliario” al libro que contiene los
cuatro evangelios distribuidos para su lectura en la liturgia.


        Su importancia

OGMR 60: “La proclamación del Evangelio constituye la culminación de la liturgia
de la palabra. La misma liturgia enseña que se le debe tributar suma veneración, ya que
la distingue por encima de las otras lecturas con especiales muestras de honor, sea por
razón del ministro encargado de anunciarlo o por la bendición u oración con que se
dispone a hacerlo, sea por parte de los fieles, que con sus aclamaciones reconocen y
profesan la presencia de Cristo que les habla, y escuchan la lectura puestos en pie; sea,
finalmente, por las mismas muestras de veneración que se tributan al Evangeliario.”

OLM 36:         “Puesto que la proclamación del Evangelio es siempre el ápice de la
liturgia de la palabra, la tradición litúrgica, tanto occidental como oriental, ha introdu-
cido desde siempre alguna distinción entre los libros de las lecturas. En efecto, el libro
de los Evangelios era elaborado con el máximo interés, era adornado y gozaba de una
veneración superior a la de los demás leccionarios. Es, por lo tanto, muy conveniente
que también ahora, por lo menos en las catedrales y en las parroquias e iglesias más
importantes y frecuentadas, se disponga de un evangeliario bellamente adornado,
distinto de los otros leccionarios. Con razón, este libro es entregado al diácono en su
ordenación, y en la ordenación episcopal es colocado y sostenido sobre la cabeza del
elegido.96”

96
  Ritual de Órdenes reformado según los decretos del Concilio Vaticano II, promulgado por mandato de
S.S. Pablo VI, aprobado por el episcopado español y confirmado por la Sagrada Congregación para los


                                                                                                 45
DML 18:       “… Particularmente el Libro del Evangelio, el Evangeliario debería ser
distinto de los otros leccionarios (OGMR 117), un libro que en su impresión,
encuadernación, guardas y adornos dé a entender la estima que la comunidad siente por
él. Habría que recuperar el tratamiento que el arte del pasado dispensó al libro de la
Palabra de Dios y volver, otra vez, a contar con ejemplares preciosos que hablen
también con el lenguaje de su simbolismo y belleza.”


       Uso del Evangeliario:


       Procesión de entrada:

OGMR 172: “Llevando el Evangeliario algo elevado, el diácono precede al sacerdote
en su camino hacia el altar; si no, camina a su lado.”

OGMR 173: “Llegado al altar, si porta el Evangeliario, omitida la reverencia, accede
al altar. Luego, una vez colocado el Evangeliario como es laudable, sobre el altar,
juntamente con el sacerdote lo venera con un beso.”

OGMR 194: “En la procesión al altar, en ausencia del diácono, el lector, con la debida
vestidura, puede llevar el Evangeliario un poco elevado: en este caso, precede al
sacerdote; de lo contrario va con los otros ministros.”97


       “En el rito romano98

    En la procesión de entrada de la misa pontifical, el Evangeliario es llevado por el
subdiácono. Una vez depositado sobre el altar, el obispo lo besa después de haber
besado el mismo altar.99 Pero esto sólo es un vestigio de la antigua liturgia: el
Evangeliario se colocaba sobre el altar al término de la solemne procesión de entrada,
precediendo la entrada del obispo y acompañado por uno o diversos acólitos revestidos
con casulla; cuando habían llegado al santuario, un subdiácono que les había
acompañado recibía el libro y lo colocaba sobre el altar: eum de super planeta illius
suscipiens, manibus suis honorifice super altare ponat.100 El Evangeliario permanecía
así, sobre el altar, hasta el momento en el que el diácono lo iba a buscar para el canto del
Evangelio.

   La procesión hasta el ambón era de una majestad absoluta según la descripción que
da de ella el Ordo del siglo VII:101 dos acólitos llevando cirios encendidos y tres
subdiáconos llevando el incensario avanzaban delante del diácono, que había besado el
Evangeliario antes de cogerlo de encima del altar. Todos, naturalmente, están de pie,

Sacramentos y el Culto divino, Ordenación del Diácono, del Presbítero y del Obispo (Coeditores
litúrgico s 1977), p. 59, núm. 24; p. 98, núm. 21; p. 119, núm. 25.
97
   El lector puede llevar el Evangeliario, no el Leccionario. OGMR 120.
98
   Jounel, Pierre: La Biblia en la liturgia, Cuadernos Phase 176, pp.29-31.
99
   Caeremoniale Episcoporum, 1. 2, cap. 8, nn. 25 y 33.
100
    Ordo Primus, nn. 30-31, ed. M. Andrieu, 1, c., p. 77.
101
    Ibid., nn. 59-60.


                                                                                           46
mientras el coro canta el Aleluya y el versículo sálmico tomado de los salmos reales. Se
trataba, en efecto, de una teofanía, de una aparición en medio de la asamblea, de Cristo
como Rey, Hijo consustancial de Dios. Los honores que se le rinden son los que se
concedían a la Majestad imperial. La fe católica, de hecho, siempre trató el libro de los
Evangelios como si fuera la persona viva del Señor. Por este motivo, del Concilio de
Éfeso al del Vaticano, se le hizo presidir las asambleas conciliares. San Cirilo de
Alejandría atestigua: El santo Sínodo reunido en la Iglesia confirió de alguna manera a
Cristo la cualidad de miembro de la asamblea y la presidencia del Concilio. El
venerable Evangelio, en efecto, fue colocado en un trono sagrado.102 A finales del siglo
VII el pseudo-Germán de París escribía: Egreditur processio sancti evangelii velut
potentia Christi triumphantis de morte cum praedictis armoniis et cum septem
candelabris luminis... ascendens in tribunal analogii... clamantibus clericis: Gloria tibi
Domine.103

    Después que el diácono haya colocado el Evangeliario sobre el pupitre del ambón, el
anuncio que hace de la Palabra de Dios es aclamado no sólo por el clero, sino por todo
el pueblo: Gloria tibi Domine. Concluido el canto de la perícopa, el subdiácono lleva
respetuosamente el libro al celebrante para que lo bese, pero antes había ya sido
presentado a todos: tenens ante pectus suum super planetam porrigit osculandum
ómnibus. Después el libro se guarda con toda delicadeza dentro de su estuche -deinde
ponitur in capsa- porque a la liturgia de la Palabra va a seguirle la de la Cena del Señor.

        En los ritos orientales

    En ningún aspecto los ritos orientales dejan que la liturgia romana les aventaje en lo
que se refiere a los homenajes rendidos al Evangelio. Ya san Jerónimo mostraba su
admiración porque, en su tiempo, en el momento de la lectura del Evangelio, en todas
las iglesias de Oriente, se encendían cirios aunque el sol ya hubiera salido rutilante.104
Sabemos muy bien que en los ritos bizantino y armenio, el libro es colocado
solemnemente sobre el altar al principio de la Liturgia de la Palabra y al término de una
verdadera procesión, la «pequeña entrada» bizantina, que luego encontrará su
correspondencia en la «gran entrada» o procesión de las ofrendas. En el rito Sirio de
Antioquía, se contentan con hacer una procesión alrededor del altar con el Evangeliario,
lo cual es un vestigio evidente de la antigua procesión de entrada. La procesión hacia el
ambón -o al menos la presentación del evangelio cuando éste se canta directamente
desde la entrada del santuario- en todas partes es idéntica a la del rito romano: cirios
encendidos, incienso, canto del Aleluya. En la mayor parte de los ritos (copto, sirio
oriental y occidental, armenio), el canto del evangelio está reservado al celebrante, sea
presbítero u obispo. El papel del diácono es el de invitar al pueblo a acoger la Palabra
del Señor: Silencio, dice el diácono sirio. Con temor y pureza, escuchemos el mensaje
de las palabras vivas del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo que va a ser leído ante
nosotros.105 En el rito armenio, a la invitación del diácono: Estad atentos, el pueblo
responde: Es Dios quien habla.106”
102
    Cirilo de Alejandría, Apología al emperador Teodosio, P.G., 76, 471. Muchas otras referencias en A.
Croegaert, op. cit., t. 1, p. 560.
103
    P.L., 72, col. 91.
104
    "Per totas Orientis ecclesias, quando legendum est evangelium, accenduntur luminaria, iam sole
rutilante" (Adversus Vigilantium) citado en P. Lebrun, Explication de la messe, ed. 1843,1. 2, p. 32.
105
    La liturgia siria, Anáfora de los Doce Apóstoles. París, 1950, p. 35.
106
    Liturgia de la misa armenia. Venecia, 1939, p. 37.


                                                                                                    47
       Momento central: proclamación del Evangelio.

       Bendición con el Evangeliario:

OGMR 175: “En las celebraciones más solemnes, el Obispo imparte la bendición al
pueblo con el Evangeliario, si se ve oportuno.”


       Imposición y entrega del Evangelio sobre el obispo en su ordenación:

CO 583:        “En seguida, el consagrante principal recibe de un diácono el
Evangeliario y lo impone abierto sobre la cabeza del elegido. Dos diáconos, a la derecha
y a la izquierda del elegido, sostienen el Evangeliario sobre la cabeza del elegido, hasta
que termine la oración consecratoria.”

PR 26:         “Por la imposición del libro de los Evangelios sobre la cabeza del
ordenando mientras se pronuncia la Plegaria de Ordenación, y por la entrega del mismo
en manos del ordenado, se declara como función principal del Obispo la predicación fiel
de la palabra de Dios.”

PR 50:         “Recibe el Evangelio y proclama la palabra de Dios con deseo de instruir
y con toda paciencia”.


       Entrega del Evangelio en la ordenación de diáconos:

PR 188:        “Por la entrega del libro de los Evangelios se indica la función diaconal
de proclamar el Evangelio en las celebraciones litúrgicas y también de predicar la fe de
palabra y obra.”

PR 210:        “Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido constituido mensajero,
convierte en fe viva lo que lees, y lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello
que has enseñado”.


       Entrega del Evangelio en la introducción del nuevo párroco:

CO 1191:      “Es conveniente que el Evangelio sea anunciado por el párroco mismo,
quien primero se acerca al obispo, de él recibe el libro y pide la bendición”

       Colocación en las exequias de obispos, presbíteros y diáconos:

       En las exequias de un presbítero:

       “Que el presbítero N., que tuvo en este mundo
       la misión de anunciar el Evangelio de Cristo,
       goce ahora contemplando, cara a cara, aquella misma verdad que,
       ya cuando vivía en la luz limitada de este mundo,
       vislumbró en la palabra de Dios y predicó con celo.”


                                                                                       48
        Entronización con ocasión de un Concilio o un Sínodo:

CO 1172 y 1174: “Después del Evangelio, el Evangeliario se coloca abierto sobre un
facistol idóneo en el centro del presbiterio”

        Este acto se realiza cada día. Si se celebra la Misa, el Evangeliario se lleva
honoríficamente durante la entrada de los concelebrantes y se coloca sobre el altar, tal
como se hace en la Misa estacional. Proclamado el Evangelio, el Evangeliario se coloca
abierto sobre un facistol idóneo en el centro del presbiterio. Este mismo proceder se
realiza si se trata de una Hora de la Liturgia de las Horas. También si se hace una
celebración de la Palabra se tributan los mismos honores al Evangeliario.


                 LUGARES PARA LA PALABRA DE DIOS EN LA LITURGIA


                                                 EL ALTAR

OGMR 296: “El altar, en el que se hace presente el sacrificio de la cruz bajo los signos
sacramentales, es, además, la mesa del Señor, para cuya participación es convocado en
la Misa el pueblo de Dios; es también el centro de la acción de gracias que se realiza en
la Eucaristía.”


CEC 1182: “El altar de la Nueva Alianza es la Cruz del Señor, de la que manan los
sacramentos del Misterio pascual. Sobre el altar, que es el centro de la Iglesia, se hace
presente el sacrificio de la cruz bajo los signos sacramentales. El altar es también la
mesa del Señor, a la que el Pueblo de Dios es invitado. En algunas liturgias orientales, el
altar es también símbolo del sepulcro (Cristo murió y resucitó verdaderamente).”


OGMR 306: “Sobre la mesa del altar se puede poner tan sólo aquello que se requiere
para la celebración de la Misa, es decir, el Evangeliario desde el inicio de la celebración
hasta la proclamación del Evangelio...”


      Durante la liturgia de la palabra, en las celebraciones eucarísticas con procesión
de entrada     más solemne, puede colocarse honoríficamente sobre el altar el
Evangeliario, pero no el Leccionario (OGMR 117)107.

       ¿Por qué conviene que el Evangeliario descanse sobre el altar hasta el momento
de la proclamación de la buena nueva pascual? Para responder a esta pregunta nos
situamos en el momento ritual: llegado el momento culminante de la liturgia de la
palabra, la procesión se inicia tomando el Evangeliario del altar. Haber colocado el
Evangeliario sobre el altar indica la unión entre el Verbo en la kénosis de la carne
107
   Sólo el Evangeliario contiene las perícopas evangélicas que se proclaman en el momento culminante
de la liturgia de la palabra. Las únicas perícopas precedidas del saludo “El Señor esté con vosotros”, las
únicas que requieren el ministerio ordenado para proclamarlas y las únicas seguidas de la aclamación
“Gloria a ti Señor Jesús”, por parte de la asamblea.


                                                                                                       49
asumida, simbolizado por el altar, y el Verbo en la kénosis de la palabra pronunciada por
el lector, simbolizado por el Evangeliario. Al altar es símbolo de Cristo; si el
Evangeliario contiene la palabra de Cristo, es lógico que proceda del altar


                                                   LA SEDE

DAA 14:        “… El pastor que en cada comunidad hace presenta a Cristo, sacerdote,
maestro y pastor, ha de contar con un asiento desde el que preside, atiende, enseña y ora
por su pueblo. La sede ayuda a mostrar al sacerdote como cabeza de la comunidad, que
congregada en nombre de Cristo, y, cuando permanece vacía ante la asamblea, recuerda
la tensión escatológica que vive la Iglesia orante aguardando con el espíritu la pronta
venida del Señor. Conviene, pues, una sede única, visible e integrada en el conjunto del
presbiterio y de la iglesia… La homilía se debe hacer normalmente desde la sede (Cf.
OGMR 310). Por consiguiente, la sede ha de estar en lugar preeminente, de cara al
pueblo y que no haga difícil la comunicación entre el sacerdote y la asamblea…”

OGMR 310: “La sede del sacerdote celebrante debe significar su oficio de presidir la
asamblea y dirigir la oración. Por consiguiente, su puesto más apropiado será de cara al
pueblo al fondo del presbiterio, a no ser que la estructura del edificio o alguna otra
circunstancia lo impida; por ejemplo, si, a causa de la excesiva distancia, resulta difícil
la comunicación entre el sacerdote y la asamblea congregada o si el sagrario ocupa un
lugar central detrás del altar. Evítese toda apariencia de trono.108 Es conveniente que la
sede, antes de recibir su destino litúrgico, se bendiga según el Ritual romano.109

       En el presbiterio se colocan las sillas para los sacerdotes concelebrantes y
también para los presbíteros que, revestidos de hábito coral, se hallan presentes en la
concelebración, pero no concelebran.

        El asiento del diácono se sitúa cerca de la sede del celebrante. Los asientos para
los otros ministros se disponen de modo que se distingan de las sillas del clero y les
permitan cumplir con facilidad el oficio que se les ha confiado.”

CO 42:          “La iglesia catedral es aquella en la cual el Obispo tiene situada la
cátedra, signo del magisterio y de la potestad del pastor de la Iglesia particular, como
también signo de la unidad de los creyentes en aquella fe, que el Obispo anuncia como
pastor de la grey”


        Sentado: 110“Esta postura es la propia del que enseña, del que tiene autoridad,
del juez… En nuestra liturgia el “sentado” por antonomasia es el presidente: «el que está
sentado delante»”


108
    Cf. S. CONGR. DE RITOS, Intr. Inter Oecumenici, del 26 de septiembre de 1964, n. 92: A.A.S. 56
(1964) p. 898.. ).
109
     Cf. S. RITUAL ROMANO, Bendicional, edición típica 1984, Bendición con ocasión de la
inauguración de una cátedra o sede presidencial, nn. 880-899 (ed. española, nn. 978-1001).
110
    Aldazábal, J.: Vocabulario básico de liturgia. Voz. “Sentados”, pp 376-377. CPL. Biblioteca litúrgica,
n 3. Barcelona 1996.


                                                                                                       50
                                                 EL AMBÓN

OLM 32:        “En la nave de la iglesia ha de haber un lugar elevado, fijo, dotado de la
adecuada disposición y nobleza, de modo que corresponda a la dignidad de la palabra de
Dios y, al mismo tiempo, recuerde con claridad a los fieles que en la misa se les prepara
la doble mesa de la palabra de Dios y del cuerpo de Cristo,111 y que ayude, lo mejor
posible, durante la liturgia de la palabra, a la audición y atención por parte de los fieles.
Por esto, hay que atender, de conformidad con la estructura de cada iglesia, a la
proporción y armonía entre el ambón y el altar.”

OGMR 58: “En la Misa celebrada con la participación del pueblo, las lecturas se
proclaman siempre desde el ambón”.

DML 19:      “… Después de la proclamación, el Leccionario abierto sobre el ambón,
puede permanecer como un recordatorio de la Palabra proclamada”

DAA 15:       “«La dignidad de la palabra de Dios exige que en la iglesia haya un lugar
adecuado para su proclamación, hacia el que, durante la liturgia de la palabra, se vuelva
espontáneamente la atención de los fieles» (OGMR 309 y CEC 1184). Este puede
ocupar una parte del presbiterio o estar más proyectado hacia la asamblea, aunque
fácilmente accesible desde el presbiterio.

               En la Iglesia ha de haber, de conformidad con su estructura y en
proporción y armonía con el altar, un lugar elevado y fijo (no un simple atril), dotado de
la adecuada disposición y nobleza, que corresponda a la dignidad de la Palabra de Dios
y ayude lo mejor posible a la audición y atención por parte de la asamblea (cf OLM 32).
El ambón debe tener amplitud suficiente, ha de estar bien iluminado y, si es necesario,
dotado de micrófono par que los fieles puedan oír cómodamente, puede adornarse
sobriamente, por lo menos en los días más solemnes, con un paño precioso sobre el atril
e incluso con flores.

                A lo largo de la historia, el lugar de la palabras e vinculó con la Jerusalén
de la tierra, donde se anunció y cumplió la salvación, particularmente el Santo sepulcro,
desde el cual comenzó a anunciarse, por medio de los ángeles, el Evangelio de la
Resurrección. Es importante poder identificar el ambón con un lugar y resaltar así en
paso y la conexión entre la Palabra y el Sacramento, el anuncio y el cumplimiento, en la
celebración. Resulta también elocuente, en relación con el valor simbólico del ambón,
que junto a él se alce el candelabro para el cirio pascual (Carta sobre las Fiestas
Pascuales n. 99). Así se resalta el vínculo entre el ambón y la Pascua, y se aclara cómo
toda palabra encuentra su clave de interpretación y unidad en Cristo Mesías, muerto y
resucitado.

             Desde el ambón se pronuncian las lecturas y el salmo responsorial,
pueden hacerse también desde él la homilía y la oración de los fieles. Sin embargo no es

111
   Cf. supra, nota 23, p. “Cf. Concilio Vaticano II. Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la
sagrada liturgia, núm. 51; Decreto Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y la vida de los presbíteros,
núm. 18; y también la Constitución dogmática Dei verbum, sobre la divina revelación, núm. 21; Decreto
Ad gentes divinitus, sobre la actividad misionera de la Iglesia, núm. 6. Cf. Ordenación general del Misal
romano, núm. 8.”


                                                                                                        51
aconsejable que suban al ambón el comentarista, el cantor o el director del canto. Para
esto es conveniente disponer de otro lugar más sencillo cerca de los fieles.

            Después de la celebración puede permanecer el Leccionario abierto sobre
el ambón como un recordatorio de la Palabra proclamada.

               A veces puede ser oportuno el uso de frontales o paños decorativos, más
o menos preciosos, en el ambón, especialmente en algunas solemnidades. Se deberá
procurar que, por su forma, medida y ornamentación, cuadren bien con la estructura del
lugar.”


                              EL AMBON EN LA OGMR112

                 OGMR AÑO 1975                                       OGMR AÑO 2002

272. “La dignidad de la palabra de Dios                  309. “La dignidad de la palabra de Dios
exige que en la iglesia haya un sitio                    exige que en la iglesia haya un lugar
reservado para su anuncio, hacia el que,                 adecuado para su proclamación, hacia el
durante la liturgia de la palabra, se vuelva             que, durante la liturgia de la palabra, se
espontáneamente la atención de los fieles.               vuelva espontáneamente la atención de los
                                                         fieles.

     Conviene que en general este lugar sea                   Conviene que en general este lugar sea
un ambón estable, no un facistol portátil.               un ambón estable, no un facistol portátil.
Uno y otro, según la estructura e cada                   El ambón, según la estructura de cada
iglesia, debe estar colocado de tal modo                 iglesia, debe estar colocado de tal modo
que permitan al pueblo ver y oír bien a los              que permita al pueblo ver y oír bien a los
ministros.                                               ministros ordenados y a los lectores.

       Desde el ambón se pronuncian las                        Desde el ambón únicamente se
lecturas, el salmo responsorial y el pregón              proclaman las lecturas, el salmo
pascual; pueden hacerse también desde él                 responsorial y el pregón pascual; pueden
la homilía y la oración universal u oración              hacerse también desde él la homilía y las
de los fieles.”                                          intenciones de la oración universal. La
        Es menos conveniente que ocupen                  dignidad del ambón exige que a él sólo
el ambón el comentarista, el cantor o el                 suba el ministro de la palabra.
director del coro.
                                                                 Conviene que el ambón nuevo sea
                                                         bendecido, antes de ser destinado al uso
                                                         litúrgico, según el Ritual Romano.”




112
      Las palabras en cursiva indican las diferencias.


                                                                                                  52
                               COMPARACION MAS DETALLADA:


            OGMR AÑO 1975                                 OGMR AÑO 2002

272. “reservado para su anuncio”              309. “adecuado para su proclamación”

Anunciar: “dar noticia o aviso de algo”       Proclamar: “publicar en alta voz algo para
                                              que sea notorio a todos”

                                              El acto que se cumple desde el ambón, sin
                                              dejare de ser anuncio es, sobre todo,
                                              proclamación


 De “los ministros.”                          A “los ministros ordenados y a los
                                              lectores.”

       Desde el ambón se pronuncian las             Desde el ambón únicamente se
lecturas, el salmo responsorial y el pregón   proclaman las lecturas, el salmo
pascual; pueden hacerse también desde él      responsorial y el pregón pascual: se
la homilía y la oración universal u oración   proclaman únicamente: lecturas bíblicas y
de los fieles.”                               pregón (canto poético de raigambre bíblica,
                                              junto al cirio pascual: signo de Cristo
                                              resucitado)

                                              Se permite desde él la homilía y las
                                              intenciones de la oración universal.

De: “oración universal u oración de los a “oración universal” Los fieles oran a lo
fieles.”                                largo de toda la celebración.


 De “Es menos conveniente que ocupen el a “La dignidad del ambón exige que a él
ambón el comentarista, el cantor o el sólo suba el ministro de la palabra.”
director del coro.”

                                              Conviene que el ambón nuevo sea
                                              bendecido, antes de ser destinado al uso
                                              litúrgico, según el Ritual Romano.”
                                              (Bendicional publicado en 1984)




                                                                                       53
                 En el CEREMONIAL DE LOS OBISPOS (CO) se anota que:

       Desde el ambón también se hace el anuncio de las fiestas del año (Día de
Epifanía)113 (n. 240), la lectura de las letras apostólicas en la Ordenación o recepción del
Obispo (nn. 573 y 1143) y lectura del Mandato apostólico de la imposición del palio (n.
1152)


       También nos ayuda para comprender el significado del ambón la oración de
bendición de un nuevo ambón, que en encuentra en el BENDICIONAL, nº 1019 :


        “Oh Dios, que te has dignado llamar a los hombres
        a salir de la tiniebla
        y a entrar en tu luz maravillosa,
        es justo que te demos gracias,
        porque nunca dejas de saciarnos
        con el sabroso alimento de tu palabra,
        y porque, siempre que nos reunimos en esta iglesia,
        nos recuerdas y nos aclaras las maravillas de tu revelación.
        Te pedimos, Señor, que en este lugar
        la voz de tu Hijo llegue siempre a nuestros oídos,
        y que, dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo,
        no nos limitemos a escuchar tu palabra,
        sino que la llevemos con decisión a la práctica.
        Que, en éste lugar, los que proclaman tu palabra
        nos enseñen el camino de la vida,
        para que nosotros, recorriéndolo valientemente,
        sigamos a Cristo, El Señor,
        y alcancemos al vida eterna.
        Por Jesucristo, nuestro Señor.
        Amén”


Oración final:

        “Oh Dios, tú nos amas tanto que hasta te dignas hablarnos como amigos;
concédenos la gracia del espíritu Santo, para que, al gozar de la dulzura de tu palabra,
nos llenemos del pleno conocimiento de tu Hijo. Amén.”114




113
    “Esta ampliación no ofende a la dignidad del ambón; sugiere, por el contrario, la sacramentalidad del
año litúrgico, que no es un mero calendario. En cuanto celebradas, las fiestas del año litúrgico contienen,
en cierto modo, el misterio que celebran.”(Arocena, F.M. El altar cristiano. P.243)
114
    Oración primera en el rito de bendición de un nuevo ambón.


                                                                                                        54
                                            TEMA SEXTO

                    Ritos y oraciones en el momento de la Liturgia de la Palabra:
                           Gestos, posturas, oraciones, cantos, moniciones.
                                              El silencio.


                                      Fuentes de este tema115:
                               Prenotandos del Leccionario (OLM).
                         Ordenación general del Misal Romano (OGMR).
              Directorio litúrgico pastoral sobre “El ministerio del lector” (DLM).
         Directorio litúrgico pastoral sobre “Canto y música en al celebración” (DCM).


        Oración primera:

                Canto: Señor, tú tienes palabras
                Texto: Versículos antes del Evangelio para las ferias de Cuaresma: 2, 3,
                8, 10, 13, 17.


        Gestos y signos:

                -     Procesión con el evangeliario.
                -     Incienso y luces.
                -     El Cirio Pascual
                -     Saludo.
                -     Signación del presidente, del pueblo, al Evangelio (en la Liturgia de
                      la Horas: Benedictus y Magnificat).
                -     Beso de quien lee, beso del Obispo.
                -     Bendición con el Evangeliario

        Posturas: sentados, en pie (Evangelio, credo, oración universal, Liturgia de las
        horas), inclinados (antes del Evangelio, credo)

        Oraciones: petición de bendición, oración ante el altar inclinado, oración
        posterior al Evangelio.

        Cantos: saludo, alabanza-aclamación

        Las moniciones

        El silencio




115
   Junto a lo recogido en los textos oficiales hay datos procedentes de la obra de Miguel Expósito:
Conocer y celebrar la Eucaristía, en las páginas 83-86, 99-100 y 116-124


                                                                                                55
        INTRODUCCION

        “Quizá lo primero que se deba decir de la liturgia de la Palabra es eso: que es
liturgia, acción festiva, celebración; algo que, por lo mismo, no puede reducirse a lo
puramente funcional, ni limitarse a lo estrictamente imprescindible, sino que ha de tener
su desarrollo ritual, su puesta en escena, su riqueza de gestos y de expresión simbólica.

        Es un «acto de culto a la Palabra de Dios», una celebración de la Palabra. No se
trata de acercarse a la Sagrada Escritura para hacer de ella objeto de estudio, ni de
catequesis bíblica, ni siquiera de meditación piadosa; sino de acercarse a la Escritura
para hacerla objeto de proclamación gozosa, de escucha comunitaria, de aclamación
festiva. Es un celebrar la Palabra de Dios, o, mejor, al Dios de la Palabra, al Dios que,
en la palabra proclamada en la asamblea litúrgica, se hace presente y se da, se comunica.

       La Iglesia, o comunidad cristiana, que se sabe nacida de la Palabra de Dios, se
reúne cada domingo convocada por esa misma Palabra, que la sigue hablando y
alimentando, manteniéndola y haciéndola crecer en su condición de pueblo que escucha
al Señor y se alegra y rehace en su Palabra.

        El «Dios que habló en otro tiempo» y cuya Palabra recoge y testimonia la
Sagrada Escritura, «sigue hablando» en el hoy de la proclamación litúrgica. «En las
lecturas, que luego desarrolla la homilía, Dios habla a su pueblo... y el mismo Cristo,
por su Palabra, se hace presente en medio de los fieles» (OGMR 55). La liturgia de la
Palabra celebra esa presencia del Dios que habla; un Dios que habla porque ama, y para
decirnos, en definitiva, su amor; para decirnos: «Os amo».

       Esa palabra, siempre la misma, aunque dicha en formas distintas, resulta, sin
embargo, siempre nueva y renovadora, como el Amor del que procede; siempre recién
dicha, como la palabra del amigo, o del ser amado. Su actualidad no consiste en que
haga saber algo que no se sabía, sino en que hace presente al que, hablándonos, regenera
nuestra vida y mantiene viva nuestra relación con él.

        Creemos que, en la celebración de la Palabra, el Señor se hace presente y nos
habla. Esa fe en la presencia del Señor y en su palabra actual es lo que está a la base de
la liturgia de la Palabra, y la explica. Y es lo que pretenden expresar cada uno de los
elementos que la componen.”116

                    DESARROLLO del momento de la Liturgia de la Palabra:

        (Posible momento de silencio antes de comenzar)

        (Posible monición, con brevísimas palabras)

        El lector va al ambón y le la primera lectura, que todos escuchan sentados.

        Para indicar el fin de la lectura el lector dice:
116
   Miguel Expósito, Miguel: Conocer y celebrar la Eucaristía. Centre de Pastoral Litúrgica. Barcelona,
2001. pp 83-84



                                                                                                   56
       Palabra de Dios

       Todos aclaman:
       Te alabamos, Señor.
       (Posible momento de silencio “para que todos mediten lo que han escuchado”
       (OGMR 128); también tras la segunda lectura)

       Respuesta el salmo

       Aleluya o canto antes del Evangelio (Cuaresma). En pie.

       (Preparación del incensario: el sacerdote pone el incienso y lo bendice)
       Petición de bendición (diácono o presbítero al obispo; diácono al presbítero):

              -   Padre, dame tu bendición.
              -   El Señor esté en tu corazón y en tus labios,
                  Para que anuncies dignamente su Evangelio;
                  en el nombre del Padre, y del Hijo ┼,
                  y del Espíritu Santo.
              -   Amén

       Si el mismo sacerdote debe proclamar el evangelio, inclinado ante el altar, dice
       en secreto:

              Purifica mi corazón y mis labios,
              Dios todopoderoso,
              para que anuncie dignamente tu Evangelio

        (Cuando hay procesión con el Evangeliario, el diácono va al altar a recogerlo y
llevarlo al ambón)

        Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, acompañado eventualmente
por los ministros que llevan el incienso y los cirios; ya en el ambón dice:

              - El Señor esté con vosotros
              - Y con tu espíritu
              - Lectura del santo Evangelio según san N.
(Y mientras tanto hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y
pecho.)
       El pueblo aclama:
              - Gloria a ti, Señor.

       El diácono (o el sacerdote), si usa incienso, inciensa el libro.
       Acabado el evangelio el diácono (o el sacerdote) dice:
              - Palabra del Señor
       El pueblo aclama:
              - Gloria a ti, Señor Jesús

       Otras aclamaciones, si son cantadas:


                                                                                        57
             - Tu palabra, Señor, es al verdad, y tu ley nuestra libertad
             - Tu palabra, Señor, es lámpara que alumbra nuestros pasos
             - Tu Palabra, señor, permanece por los siglos.
       Después el diácono lleva el libro al celebrante, y éste lo besa, diciendo en
secreto:

         Las palabras del evangelio borren nuestros pecados

         O bien el mismo diacono besa el libro, diciendo en secreto las mismas palabras

         (Posibilidad de bendición con el Evangeliario si preside el obispo)

         Luego tiene lugar la homilía. Sentados.

         (Posible momento de silencio)

       Acabada la homilía, si la liturgia del día lo prescribe, se hace la profesión de fe.
En pie.

      En las palabras que siguen todos se inclinan: “y por obra del espíritu santo se
encarnó de María, al Virgen, y se hizo hombre”.

         Sigue la plegaria universal u oración de los fieles. En pie. Respuesta común.


              DESARROLLO. II. Según la ORDENACION GENERAL DEL MISAL
                                   ROMANO:

                                         Liturgia de la palabra

OGMR 128: “Terminada la oración colecta, todos se sientan117. El sacerdote puede
introducir a los fieles en la liturgia de la palabra con brevísimas palabras. El lector se
dirige al ambón, y, del leccionario, colocado allí antes de iniciarse la Misa, proclama la
primera lectura, que todos escuchan. Al final, el lector pronuncia la aclamación:
Palabra de Dios y todos responden: Te alabamos, Señor.

       En este momento puede guardarse, si conviene, un breve tiempo de silencio para
que todos mediten lo que han escuchado.”

OGMR 129: “Después, el salmista o el mismo lector recita los versículos del salmo, y
el pueblo va diciendo la respuesta del modo acostumbrado.”

OGMR 130: “Si hay una segunda lectura antes del Evangelio, el lector la proclama
desde el ambón, mientras todos escuchan, y al final responden a la aclamación como se


117
  Las palabras señaladas en negrita lo están para facilitar su lectura y ver con mayor claridad los
múltiples elementos de este momento en la celebración. No aparecen así en la OGMR.


                                                                                                      58
indica más arriba (n. 128). Luego, si se ve oportuno, puede guardarse un breve tiempo
de silencio.”

OGMR 131: “Después todos se ponen en pie y se canta el Aleluya u otro canto, según
las exigencias del tiempo litúrgico (cf. nn. 62-64).”
OGMR 132: “Mientras se canta el Aleluya u otro canto, el sacerdote, si se emplea el
incienso, lo pone en el incensario y lo bendice. Luego, con las manos juntas y
profundamente inclinado ante el altar, dice en secreto: Purifica mi corazón.”118

OGMR 133: “Después toma el Evangeliario, si está en el altar, y precedido por los
ayudantes laicos, que pueden llevar el incensario y los ciriales, se acerca al ambón
llevando el Evangeliario algo elevado. Los presentes se vuelven hacia el ambón
manifestando así una especial reverencia al Evangelio de Cristo.”

OGMR 134: “Llegado al ambón, el sacerdote abre el libro y, con las manos juntas,
dice: El Señor esté con vosotros, y el pueblo responde: Y con tu espíritu, y después:
Lectura del santo Evangelio..., trazando la cruz sobre el libro con el pulgar, y luego
sobre su propia frente, boca y pecho, lo cual también hacen todos los demás. El
pueblo aclama, diciendo: Gloria a ti, Señor. El sacerdote, si se utiliza el incienso,
inciensa el libro (cf. nn. 276-277). Después proclama el Evangelio y al final pronuncia
la aclamación Palabra del Señor y todos responden Gloria a ti, Señor Jesús. El
sacerdote besa el libro diciendo en secreto: Las palabras del Evangelio.”119

OGMR 135: “Si no hay lector, el mismo sacerdote hará todas las lecturas y el salmo de
pie en el ambón. Allí mismo, si se emplea el incienso, lo pone en el incensario y lo
bendice, y profundamente inclinado dice: Purifica mi corazón.”

OGMR 136: “El sacerdote, de pie en la sede o en el mismo ambón, o en otro lugar
idóneo, si conviene, pronuncia la homilía; una vez terminada, puede guardarse un
tiempo de silencio.”

OGMR 137: “El Símbolo lo canta o lo recita el sacerdote juntamente con el pueblo (cf.
n. 68), estando todos de pie. A las palabras: Y por obra del Espíritu Santo se encarnó...,
etc., o que fue concebido..., etc., todos se inclinan profundamente; pero en las
solemnidades de la Anunciación y de la Natividad del Señor, se arrodillan.”

OGMR 138: “Una vez dicho el símbolo, el sacerdote, de pie junto a la sede, Con las
manos juntas, invita a los fieles a la oración universal con una breve monición.
Después el cantor o el lector u otro, propone, vuelto al pueblo, las intenciones desde el
ambón o desde otro lugar conveniente y, por su parte, el pueblo responde suplicante.
Al final, el sacerdote, con las manos extendidas, concluye la súplica con la oración.”

           Cuando hay diácono:


118
      “Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que anuncie dignamente tu Evangelio”.
119
      “Las palabras del evangelio borren nuestros pecados”.




                                                                                                         59
OGMR 175: “Mientras se dice el Aleluya u otro canto, si se ha de usar el incienso,
ayuda al sacerdote a ponerlo en el incensario: luego, profundamente inclinado ante él,
le pide su bendición, diciendo en voz baja: Padre, dame tu bendición. El sacerdote le da
la bendición, diciendo: El Señor esté en tu corazón. 120El diácono se signa con la señal
de la cruz y responde: Amén. Luego, hecha una profunda inclinación al altar, toma el
Evangeliario…

       Cuando el diácono asiste al Obispo, lleva el libro para que lo bese o lo besa él
mismo diciendo en secreto: Las palabras del Evangelio. En las celebraciones más
solemnes, el Obispo imparte la bendición al pueblo con el Evangeliario, si se ve
oportuno…”


                                PER RITUS ET PRAECES


Posturas:          Gestos:                Oraciones:          Cantos:         Otros
                                                                              elementos:
Sentados:          La mirada.             Petición de         Saludo.         El silencio,
lecturas y                                bendición.
homilía.           Procesión con el                           Alabanza y
                   evangeliario.          Oración ante el     aclamación      Las moniciones.
En pie:                                   altar inclinado.
Evangelio,         Incienso y luces.
credo, oración                            Oración
universal,         El Cirio Pascual.      posterior al
Liturgia de las                           Evangelio.
horas).            Saludo.

Inclinados:        Signación del
oración antes      presidente, del pue-
del Evangelio      blo, al evangelio).
Recuerdo de la
Encarnación en     Beso de quien lee,
el Credo.          beso del Obispo.

De rodillas:       Bendiciones:
Recuerdo de la     incienso
Encarnación en     diácono/presbítero;
el Credo.          pueblo con el
(Anunciación y     Evangeliario
Navidad).




120
   “El Señor esté en tu corazón y en tus labios, Para que anuncies dignamente su Evangelio; en el
nombre del Padre, y del Hijo ┼, y del Espíritu Santo.”


                                                                                              60
                                           PER RITUS...

                                           GESTOS Y SIGNOS:

        MIRADA:

        Recordar lo dicho respecto al ambón como lugar al que instintivamente se
vuelva la mirada cuando comienza la Liturgia de la palabra. Los ojos juegan en la
celebración litúrgica, como en la vida, un papel importante. El hecho mismo de mirar,
de dirigir los ojos hacia un lugar, hacia una persona o una cosa, puede tener un
significado y una fuerza comunicativa que añade profundidad a nuestra celebración
cristiana. Comemos también «por los ojos». Con la mirada nos comunicamos antes que
con la voz. También no mirar, cerrar los ojos, por ejemplo: durante el salmo
responsorial o en el silencio tras la homilía.

        PROCESION CON EL EVANGELIARIO:

OGMR 44: “Entre los gestos se comprenden también algunas acciones y procesiones
en las que el sacerdote con el diácono y los ministros se acerca al altar; el diácono, antes
de la proclamación del Evangelio, lleva consigo al ambón el Evangeliario o Libro de los
evangelios; los fieles llevan al altar los dones, y se acercan a la Comunión. Conviene
que estas acciones y procesiones se realicen en forma decorosa, mientras se cantan los
textos correspondientes, según las normas establecidas en cada caso.”

        INCIENSO121:

OGMR 276 y 277: “La incensación expresa la reverencia y la oración, como se
significa en la Sagrada Escritura (cf. Sal 140, 2; Ap 8, 3).

        El incienso puede libremente usarse en cualquier forma de Misa: …Para la
procesión y proclamación del Evangelio... Cuando el sacerdote pone el incienso en el
turíbulo, lo bendice con la señal de la cruz, sin decir nada. Antes y después de la
incensación se hace una profunda inclinación a la persona o al objeto que se inciensa, a
excepción del altar y los dones para el sacrificio de la Misa…”

        “Incensación del libro: aparte de llevarlo en la procesión, como las luces, el
incienso sirve para incensar con él, en este momento, el libro. Es una expresión más de
honor, dirigida al libro como signo de Cristo. Se honra al libro y, en él, a Cristo. Para los
orientales, el incienso expresa también la presencia del Espíritu Santo, que es el que
hace posible la escucha de la Palabra, y el fruto de la misma en los oyentes.”122

        CIRIOS: “Expresión de veneración o de celebración festiva” (OGMR 307).

       “La procesión con el evangeliario, desde la mesa el altar, de donde lo toma el
que va a proclamar la lectura, hasta el ambón, o lugar de la proclamación, es otro de los
121
    La incensación del Evangelio fue entrando a partir del siglo XI. Signo de honor y respeto hacia aquel
cuyas palabras vamos a escuchar.
122
    Miguel Expósito, Miguel: Conocer y celebrar la Eucaristía. Centre de Pastoral Litúrgica. Barcelona,
2001. pp 122.


                                                                                                      61
elementos tradicionales que solemnizan el evangelio y expresan simbólicamente el
respeto y honor especial que merece. Todas las liturgias conocen esa procesión con
luces e incienso, en la que el libro de los evangelios es honrado como un signo de la
presencia de Cristo, un símbolo o « icono» de aquel cuya palabra contiene. « Las luces y
el incienso hacen los honores al libro durante su desplazamiento, como lo hacían al
pontífice en la procesión de entrada, y por el mismo motivo: el uno y el otro representan
a Jesucristo. »123”.

        EL CIRIO PASCUAL.

        Junto al ambón, lugar en que se proclama la Resurrección de Cristo.


        SALUDO

       “«El Señor esté con vosotros». Es lo primero que dice, desde el ambón, el lector
del evangelio, como saludo dirigido a la asamblea. Un saludo que señala la importancia
del momento, y que, como se dijo en el comentario al rito de entrada, tiene tanto de
expresión de un deseo, como de afirmación de una realidad: el Señor está, se hace
presente, de un modo nuevo, en la proclamación del evangelio. Y se pide que esté con la
asamblea, que la asista y ayude, para que le preste atención, le escuche y acoja su
palabra. Y lo mismo que él, el lector del evangelio, desea a la asamblea, la asamblea le
desea a él: «Y con tu espíritu». Sólo entonces comienza la lectura.”124

        SIGNACIÓN (Diácono en bendición, quien proclama el evangelio, todos;
        Liturgia de las Horas: Benedictus y Magnificat)

        “Señal de la cruz. Mientras tanto, o sea, mientras dice las palabras anunciadoras
del texto que va a proclamar, hace la señal de la cruz sobre el libro, y también sobre sí
mismo, en la frente, la boca, y el pecho; gesto este que es compartido por toda la
asamblea. Señalar con una cruz el libro puede verse como un modo de indicar que es
Cristo el que se hace presente en el Evangelio que se proclama, y le da eficacia
salvadora. Y hacer la señal de la cruz sobre uno mismo, después de haber tocado el
libro, puede interpretarse como un gesto de apropiación, un deseo de que la Palabra de
Jesucristo, que se va a escuchar, impregne todo el ser125.”126



123
    Miguel Expósito, Miguel: Conocer y celebrar la Eucaristía. Centre de Pastoral Litúrgica. Barcelona,
2001. pp 118-119.
124
    Miguel Expósito, Miguel: Conocer y celebrar la Eucaristía. Centre de Pastoral Litúrgica. Barcelona,
2001. pp 121.
125
    Cf. J. ALDAZABAKL, La mesa de la palabra, op. cit. p. 23. También se las ha interpretado como un
modo de ahuyentar al enemigo malo, que quiere impedir que nos abramos a la palabra salvadora, o
arrancar de nosotros la semilla de esa palabra (Le 8, 12). JUNGMANN tiene esa interpretación como la
más primitiva y añade una más, que sería posterior: expresaría "la prontitud para confesar la fe". Sería
como decir: estamos dispuestos a defender con la frente alta la fe que Cristo nos ha enseñado y que está
escrita en este libro, confesándola con la boca y guardándola fielmente en el corazón" (op. cit., p. 501-
502).
126
    Miguel Expósito, Miguel: Conocer y celebrar la Eucaristía. Centre de Pastoral Litúrgica. Barcelona,
2001. pp 122.


                                                                                                      62
        BESO DE QUIEN LEE, BESO DEL OBISPO:

OGMR 273: “Según la costumbre tradicional, la veneración del altar y del
Evangeliario se expresa con el beso. Sin embargo, donde este signo no concuerda
plenamente con las tradiciones culturales de alguna región, corresponde a la
Conferencia de los Obispos determinar otro en su lugar, con el asentimiento de la Sede
Apostólica.”

       “El beso del libro concluye todos los gestos de homenaje y veneración que se
han tenido para con el evangelio. Su lenguaje, el lenguaje de este gesto, resulta
fácilmente inteligible. Tratándose de objetos, besamos aquellos que nos resultan muy
valiosos y, normalmente, por la relación que tienen con alguna persona especialmente
querida. Una vez más, en el libro se honra a aquel cuya palabra contiene: a Cristo. A él
es a quien se expresa, por medio de un beso, el amor y la estima. Antiguamente (en el
siglo VIII), la veneración del libro con un beso era algo que realizaba todo el clero, y en
algunas Iglesias incluso todo el pueblo, como se hace todavía entre los coptos y etíopes.
En nuestra liturgia actual, besa el libro, en nombre de todos, únicamente el que
proclama el evangelio, o, mejor, por más significativo, el que preside la celebración.”127

        BENDICIONES: al diácono, al presbítero (por el obispo); al preparar el incienso.

       BENDICION CON EL EVANGELIARIO: une en un sencillo gesto el carácter
descendente de esa Palabra y nuestra acogida de su fuerza de bendición comunitaria y
personal.

                                            LAS POSTURAS:

OGMR 42: “El gesto y la postura corporal, tanto del sacerdote, del diácono y de los
ministros, como del pueblo, deben contribuir a que toda la celebración resplandezca por
su decoro y noble sencillez, de manera que pueda percibirse el verdadero y pleno
significado de sus diversas partes y se favorezca la participación de todos.128 Habrá que
tomar en consideración, por consiguiente, lo establecido por esta Ordenación general,
cuanto proviene de la praxis secular del Rito romano y lo que aproveche al bien común
espiritual del pueblo de Dios, más que al gusto o parecer privados.

       La postura corporal que han de observar todos los que toman parte en la
celebración, es un signo de la unidad de los miembros de la comunidad cristiana
congregados para celebrar la sagrada Liturgia, ya que expresa y fomenta al mismo
tiempo la unanimidad de todos los participantes.”

OGMR 43: “Los fieles estén de pie: desde el principio del canto de entrada, o
mientras el sacerdote se acerca al altar, hasta el final de la oración colecta; al canto del
Aleluya que precede al Evangelio: durante la proclamación del mismo Evangelio;
durante la profesión de fe y la oración de los fieles; y también desde la invitación Orad
hermanos que precede a la oración sobre las ofrendas hasta el final de la Misa, excepto
en los momentos que luego se enumeran.
127
    Miguel Expósito, Miguel: Conocer y celebrar la Eucaristía. Centre de Pastoral Litúrgica. Barcelona,
2001. pp 124.
128
    Cf. Sacrosanctum Concilium, nn. 30 y 34; cf. también ibidem n. 21.


                                                                                                    63
       En cambio, estarán sentados durante las lecturas y el salmo responsorial que
preceden al Evangelio; durante la homilía, y mientras se hace la preparación de los
dones en el ofertorio; también, según la oportunidad, a lo largo del sagrado silencio que
se observa después de la Comunión.

        Estarán de rodillas durante la consagración, a no ser que lo impida la enfermedad
o la estrechez del lugar o la aglomeración de los participantes o cualquier otra causa
razonable. Y, los que no pueden arrodillarse en la consagración, harán una profunda
inclinación mientras el sacerdote hace la genuflexión después de ella.

       Corresponde, no obstante, a la Conferencia de los Obispos según la norma del
derecho, adaptar los gestos y posturas descritos en el Ordinario de la Misa, según la
índole y las razonables tradiciones de cada pueblo" Pero siempre se habrá de procurar
que haya una correspondencia adecuada con el sentido e índole de cada parte de la
celebración. Allí donde sea costumbre que el pueblo permanezca de rodillas desde que
termina la aclamación del Santo hasta el final de la plegaria eucarística y antes de la
Comunión cuando el sacerdote dice: Éste es el Cordero de Dios, es loable que dicha
costumbre se mantenga.

Para conseguir la uniformidad en los gestos y posturas dentro de una misma celebración,
los fieles seguirán las moniciones que pronuncian el diácono o el ministro laico o el
sacerdote, según lo dispuesto en el Misal.”

       SENTADOS: escucha de las lecturas y durante la homilía. Marca una postura de
escucha y atención y puede favorecer una actitud de meditación o contemplación.
Simboliza también la actitud del discípulo.129

       EN PIE: escucha del Evangelio; en la Liturgia las Horas: himnos evangélicos;
en la recitación del Credo y la Oración universal. Signo de atención y disponibilidad
hacia lo que se nos proclama, preparados para la acción. Signo también de respeto al
Evangelio, a las palabras del mismo Jesús que habla especialmente en ese momento. Y
símbolo de nuestra condición de seguidores del Resucitado.

        “La asamblea escucha de pie. Se pone así para la aclamación del Aleluya, si lo
hay, y, si no, al menos, para el saludo que se le dirige, al comienzo del evangelio, que es
escuchado de pie. Más allá del sentido originario, o del origen histórico, que haya
podido tener tal gesto en este momento130, está claro que hoy, aparte de manifestar la
vigilancia y simbolizar nuestra condición de resucitados con Cristo, es un gesto más de
respeto al evangelio, de homenaje a Cristo, que habla.”131



129
    María de Betania a los pies de Jesús.
130
    Según parece. el hecho de que el evangelio se escuche de pie, históricamente se debe, no a que se trate,
precisamente, del evangelio, sino a que éste era proclamado por el obispo o presbítero, o por el principal
de los ministros, el diácono, por tratarse de la última lectura. Antiguamente, en los maitines papales, como
la última lectura la hacía el papa, esta era escuchada de pie, aunque se trataba de un fragmento patrístico;
mientras que las demás lecturas, aunque fueran de textos bíblicos, eran escuchadas estando todos
sentados. (cf. P. FARNES-M. DELGADO, op. cit., 91).
131
    Miguel Expósito, Miguel: Conocer y celebrar la Eucaristía. Centre de Pastoral Litúrgica. Barcelona,
2001. pp 121.


                                                                                                         64
       INCLINADOS: el diácono pidiendo la bendición; el sacerdote en la oración
antes del Evangelio; saludo al Evangeliario antes de la incensación; todos en el recuerdo
de la Encarnación; Liturgia de las Horas: Gloria al Padre…)

OGMR 275: “Por medio de la inclinación se expresa la reverencia y el honor que se
tributa a las personas o a sus signos. Hay dos clases de inclinación: de cabeza y de
cuerpo:… La inclinación de cuerpo, o inclinación profunda, se hace: al altar; a las
oraciones: Purifica mi corazón y Acepta, Señor, nuestro corazón contrito; en el
Símbolo, a las palabras: Y por obra del Espíritu Santo o que fue concebido…”

        Signo de veneración, respeto, humildad.

       DE RODILLAS: recuerdo de la Encarnación los días de la Anunciación y la
Natividad.

        POSTURAS DE LAS MANOS:

        “Manos juntas y plegadas junto al pecho: Este gesto es de origen tardío, pues se
introdujo en la liturgia en el siglo XII. Parece que está tomado de la forma de homenaje
propio del sistema feudal germánico: el vasallo se presentaba ante su señor en esa
actitud, recibiendo éste al señal externa de enfeudamiento. Es, pues, un gesto de
humildad y vasallaje, y de actitud orante y confiada.”132



                                         ...ET PRAECES

                                         MONICIONES:

OLM 42:        “Corresponde al presidente introducir, de vez en cuando, a los fieles
mediante unas moniciones, en la liturgia de la palabra, antes de la proclamación de las
lecturas.133 Estas moniciones podrán ser de gran ayuda para que la asamblea reunida
escuche mejor la palabra de Dios, ya que promueven el hábito de la fe y de la buena
voluntad. Esta función puede ejercerla por medio de otros, por ejemplo, del diácono o
del comentador.134”

DML 16:         “Las moniciones y las lecturas. Al comenzar la liturgia de la Palabra
puede ser oportuno hacer una breve introducción a las lecturas que se han de proclamar,
con el fin de ayudar a los fieles a captar su sentido litúrgico y conexión entre sí. Estas
moniciones han de ser necesariamente muy breves y, en modo alguno, pueden suplantar
a la homilía. Deben huir, por igual, de la explicación exegética y de la erudición
histórica, como de las aplicaciones concretas a la vida. Si lo primero se ha debido hacer
antes, en la preparación a la celebración, lo segundo corresponde hacerlo al predicar la
homilía…”

132
    ABAD, J.A. y GARRIDO, M, Iniciación a la liturgia de la Iglesia. Ed. Pelícano. Madrid, 1997. P. 66
133
    Cf. Ordenación general del Misal romano, núm. 11.
134
    Cf. ibid., núm. 68.


                                                                                                    65
        “La monición introductoria a las lecturas: Esta monición introductoria no es
parte integrante ni elemento fijo de la liturgia de la Palabra; y habrá ocasiones en que,
por innecesaria, lo mejor sea prescindir de ella; pero no cabe duda de que, las más de
las veces, será muy útil y facilitará la escucha de la Palabra, en las lecturas que se
proclaman los domingos. No es lo mismo sentarse y empezar a oír un texto con el que la
mayoría no cuenta, ni sabe a qué viene en ese domingo concreto, que oír el mismo texto
oportunamente «situado» y, diríamos, hecho desear.

        La primera lectura suele estar escogida en función de un texto evangélico que en
ese momento se desconoce, que va a ser proclamado más tarde. Mostrar esa relación es
ofrecer una luz y, posiblemente, un interés nuevo para la escucha de esa lectura que, de
ese modo, resultará más provechosa. También la segunda lectura, escogida con otro
criterio (de lectura semicontinua), a veces bastante breve, se beneficiará, normalmente,
de una monición, que le haga aparecer en relación con lo que se ha escuchado los
domingos anteriores, o con lo que se va a escuchar en los siguientes, o que despierte un
interés por ella. La monición al evangelio, por ser este de más fácil comprensión, o de
explicación más frecuente en la homilía, y porque probablemente la mayoría de los
oyentes están ya más motivados para escucharlo con atención, podrá ser más fácilmente
omitida. Si se hace la monición habrá que elegir como momento para la misma, no el
que sigue al canto del Aleluya, sino el que le precede, como invitación-motivación a esa
aclamación (algo así como: «Puestos de pie, aclamamos al Señor que va a hablarnos en
el evangelio»).

        Algunas veces, por ejemplo, en ciertas solemnidades o fiestas populares, puede
ser útil hacer, en lugar de esa monición previa a cada una de las lecturas, una única
monición introductoria al conjunto de las mismas. Este último tipo de monición parece
más propio del que preside.

        Bien hechas, esas moniciones no tienen por qué contribuir a una «inflación de
palabra» en la liturgia, sino todo lo contrario. Pero deberán ser, como dice el
Leccionario «breves y apropiadas» (OLM 15); habrá que poner mucho cuidado en
hacerlas bien, con sencillez, con adaptación, con brevedad, con minuciosa preparación;
evitando convertirlas en un doblaje anticipado y resumido de las lecturas, o de la
homilía, o en una explicación exegética y aclaración de todo lo que puede resultar
oscuro en el texto que se va a escuchar. Deberán ser sencillas, pero sugerentes; breves,
pero vivas. Si se convierten en «introducción banal, rutinaria y formalista, como si se
tratara de algo obligado», mejor suprimirlas.

       Nunca debiera hacer la monición el mismo que va a proclamar la lectura. Así se
evita que monición y lectura aparezcan demasiado niveladas y parecidas entre sí. De
suyo, el ambón, que es el lugar propio para hacer la lectura, no lo es para hacer la
monición; aunque, demasiadas veces, la insuficiencia megafónica de las iglesias hace
que no se puedan respetar detalles litúrgicos que son importantes.”135




135
   Miguel Expósito, Miguel: Conocer y celebrar la Eucaristía. Centre de Pastoral Litúrgica. Barcelona,
2001. pp 84-86


                                                                                                   66
      ACLAMACIONES, CANTOS: SALUDO, ALABANZA-ACLAMACIÓN

OGMR 39: “Amonesta el Apóstol a los fieles que se reúnen esperando la venida de
su Señor, que canten todos juntos con salmos, himnos y cánticos inspirados (cf. Col
3,16). El canto es una señal de euforia del corazón (cf. Hch 2,46). De ahí que san
Agustín diga, con razón: «Cantar es propio de quien ama»;136 y viene de tiempos muy
antiguos el famoso proverbio: «Quien bien canta, ora dos veces».”

OGMR 40: “Téngase, por consiguiente, en gran estima el uso del canto en la
celebración de la Misa, siempre teniendo en cuenta el carácter de cada pueblo y las
posibilidades de cada asamblea litúrgica: aunque no siempre sea necesario, por ejemplo
en las misas feriales, usar el canto para todos los textos que de suyo se destinan a ser
cantados, hay que procurar que de ningún modo falte el canto de los ministros y del
pueblo en las celebraciones de los domingos y fiestas de precepto.

       Al hacer la selección de lo que de hecho se va a cantar, se dará preferencia a las
partes que tienen mayor importancia, sobre todo a aquellas que deben cantar el
sacerdote, el diácono o el lector, con respuesta del pueblo: o el sacerdote y el pueblo al
mismo tiempo.137”

DCM 156: “… Téngase en cuenta que en la liturgia de la palabra no se trata sólo de
ilustrar, catequizar, alimentar la fe de los ya creyentes. Ni sólo de proclamar las
maravillas de Dios. Hay que celebrarlas porque se cumple hoy aquí y en la liturgia
eucarística que sigue.

        Los cantos y aclamaciones contribuyen sobremanera a esta celebración. «En la
liturgia, Dios habla a su pueblo, Cristo sigue anunciando el Evangelio. Y el pueblo
responde a Dios con el canto y la oración» (SC 33).

        La proclamación de las dos primeras lecturas, sean o no melodizadas, pueden
resaltarse mediante el canto de la aclamación «Palabra de Dios – Te alabamos, Señor»…
De este modo, la asamblea reunida honra la palabra de Dios recibida con fe y con
espíritu de acción de gracias (OLM 18). ”

   OLM 17: “…La salutación, el anuncio: Lectura del santo evangelio..., y: Palabra
del Señor, al final, es conveniente cantarlos, a fin de que la asamblea pueda aclamar del
mismo modo, aunque el Evangelio sea tan sólo leído. De este modo, se pone de relieve
la importancia de la lectura evangélica y se aviva la fe de los oyentes. ”138

       “«Lectura del santo Evangelio según san N. Gloria a ti, Señor»139.Se le anuncia a
la asamblea que lo que va a escuchar es el Evangelio, la palabra de Cristo, y la asamblea
136
   S. AGUSTÍN DE HIPONA, Sermón 336. 1: PL 38, 1472.
137
   49 Cf. S. CONGR. DE RITOS, Instr. Musicam sacram, del 5 de marzo de 1967, nn. 7, 16: A.A.S. 59
(1967) p. 302, 305.
138
    En el Misal se nos recuerda que se pueden emplear otras aclamaciones si son cantadas: Tu palabra,
Señor, es al verdad, y tu ley nuestra libertad; Tu palabra, Señor, es lámpara que alumbra nuestros
pasos; Tu Palabra, señor, permanece por los siglos.
139
    A veces, en lugar de "Lectura del santo Evangelio", se oye decir: "Proclamación del santo Evangelio".
No hay razón para tal cambio. Efectivamente, en la liturgia de la Palabra, la lectura del evangelio, y no


                                                                                                      67
prorrumpe en una aclamación a ese Cristo. Él es el que va a hablar, y a él a quien la
asamblea aclama con fe agradecida «Gloria a ti. Señor».”140

       Aclamaciones a las lecturas: ¡Te alabamos, Señor!; ¡Aleluya!; ¡Gloria a Ti,
Señor Jesús! Con ellas demostramos nuestro reconocimiento y alabanza a Dios por
habérsenos hecho presente en la Palabra. Sobre todo en el Evangelio, donde es el propio
Verbo quien nos ha hablado: El es el Señor y a El damos todo honor y toda gloria.

       “La aclamación: Las dos lecturas que se hacen antes del evangelio concluyen con
el «Palabra de Dios» que dice el lector, al que responde la asamblea: «Te alabamos,
Señor». Esta conclusión tiene un claro sentido de aclamación gozosa y creyente y de
veneración agradecida a la Palabra. Sentido que queda empobrecido y desvirtuado
cuando el lector, en lugar de decir: «Palabra de Dios", dice, como se oye a veces: «Es
palabra de Dios». ¿A qué viene esa información? En ese momento no se trata de
informar, sino de afirmar y proclamar, provocando la respuesta aclamatoria del pueblo.

       Cuando esa respuesta es cantada, tiene mucha mayor fuerza y resulta un buen
signo expresivo del carácter celebrativo de la liturgia de la Palabra. Ocurrirá muchas
veces que el lector que hace la lectura no sea capaz de cantar la aclamación, pero ello no
es obstáculo para que esta y, consiguientemente, la respuesta, pueda ser cantada. El
Leccionario advierte que esa conclusión de la lectura «puede ser cantada también por un
cantor distinto al lector que ha proclamado la lectura» (OLM 18).141”

        “Aclamación final: Terminada la lectura del texto, el lector del evangelio dice:
"Palabra del Señor". Y la asamblea aclama: «Gloria a ti, Señor Jesús»... Más realce dará
todavía a la aclamación el hecho de cantarla. A1 menos, la del Aleluya, al comienzo, y
esta aclamación al final, debieran ser cantadas. Pero también añadiría fuerza y
solemnidad cantar el saludo –«El Señor esté con vosotros»- y el enunciado del evangelio
–«Lectura del santo Evangelio según... »- y la aclamación «Gloria a ti, Señor». Con ello,
la proclamación del evangelio, que nunca, o casi nunca, será cantada, quedará como
enmarcada en canto. La melodía oficial se encuentra en la pág. 414 del Misal de 1978 y
en la pág. 587 del Misal de 1988.”142




sólo del evangelio, ha de ser proclamación, lectura proclamativa. Pero, ni el hecho de decir
"proclamación" asegura una lectura realmente proclamativa, ni el hecho de decir "lectura" impide hacer
de ella una verdadera proclamación. Dar expresión oral a un texto escrito es hacer lectura del mismo,
cualquiera que sea el modo de esa lectura, que no queda prejuzgado por el hecho de decir "lectura".
140
    Miguel Expósito, Miguel: Conocer y celebrar la Eucaristía. Centre de Pastoral Litúrgica. Barcelona,
2001. pp 121.
141
    Miguel Expósito, Miguel: Conocer y celebrar la Eucaristía. Centre de Pastoral Litúrgica. Barcelona,
2001. pp 99-100
142
    Miguel Expósito, Miguel: Conocer y celebrar la Eucaristía. Centre de Pastoral Litúrgica. Barcelona,
2001. pp 123-124.


                                                                                                    68
                                         ORACIONES:


        PETICION DE BENDICIÓN


        “El ministro encargado de proclamar el evangelio, y la bendición-oración con
que se dispone a hacerlo, son otra muestra del aprecio y el honor especial que la liturgia
tributa a esa lectura... Y, porque prestarle la voz a Cristo, en la proclamación de su
Evangelio, es algo muy importante, el realizador de ese ministerio no se dirige, sin más,
al ambón, sino que, antes, invoca la bendición purificadora del Señor. Si es diácono (o
presbítero, en la misa presidida por el Obispo), se inclina ante el que preside, y 1e pide
la bendición, diciendo en voz baja: «Padre, dame tu bendición». El que preside se la da,
diciendo: «El Señor esté en tu corazón y en tus labios para que anuncies dignamente su
Evangelio», y añade, haciendo sobre él la señal de la cruz: «En el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo». A lo que el bendecido responde: «Amén».143”


        ORACION INCLINADO ANTE EL ALTAR

        El ministro y la oración con que se prepara

        “Si ha de proclamar el evangelio el mismo que preside (porque no hay otro
ministro ordenado que pueda hacerlo) este se inclina, no ante el sagrario sino ante el
altar, que es signo de Cristo (durante la celebración, el signo principal), y dice en
secreto: «Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que anuncie
dignamente tu Evangelio». El que va a proclamar el evangelio se reconoce indigno de
hacerlo, y suplica la asistencia divina. Los que van a recibir el don de la palabra
evangélica, han de reconocerse, igualmente, indignos de ello y, sobre todo, necesitados
de que él mismo que va a hablarles les abra el oído y el corazón a la escucha de su
palabra salvadora. Cuando se prepara la proclamación del evangelio hemos de
prepararnos todos para recibirlo como conviene: querer escuchar; suplicar el don de la
escucha.144”


        ORACION POSTERIOR AL EVANGELIO.

        Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados




143
   Miguel Expósito, Miguel: Conocer y celebrar la Eucaristía. Centre de Pastoral Litúrgica. Barcelona,
2001. pp 116-117
144
   Miguel Expósito, Miguel: Conocer y celebrar la Eucaristía. Centre de Pastoral Litúrgica. Barcelona,
2001. pp 117



                                                                                                   69
                                      EL SILENCIO:

OGMR 45: “También, como parte de la celebración, ha de guardarse, a su tiempo, el
silencio sagrado.145La naturaleza de este silencio depende del momento de la Misa en
que se observa. Así, en el acto penitencial y después de la invitación a orar, los presentes
se recojan en su interior; al terminar la lectura o la homilía, mediten brevemente sobre lo
que han oído; y después de la Comunión, alaben a Dios en su corazón y oren.

        Es laudable que se guarde, ya antes de la misma celebración, silencio en la
iglesia, en la sacristía, y en los lugares más próximos, a fin de que todos puedan
disponerse adecuada y devotamente a las acciones sagradas.”

OLM 28:        “…El diálogo entre Dios y los hombres, con la ayuda del Espíritu Santo,
requiere unos breves momentos de silencio, acomodados a la asamblea presente, para
que en ellos la palabra de Dios sea acogida interiormente y se prepare la respuesta por
medio de la oración.

    Pueden guardarse estos momentos de silencio, por ejemplo, antes de empezar dicha
liturgia de la palabra, después de la primera y segunda lectura y, por último, al terminar
la homilía.146”

OGMR 56: “La liturgia de la palabra se ha de celebrar de manera que favorezca la
meditación y, en consecuencia, hay que evitar toda forma de precipitación que impida el
recogimiento. Conviene que haya en ella unos breves momentos de silencio,
acomodados a la asamblea, en los que, con la gracia del Espíritu Santo, se perciba en el
corazón la palabra de Dios y se prepare la respuesta a través de la oración. Estos
momentos de silencio pueden observarse, por ejemplo, antes de que se inicie la misma
liturgia de la palabra, después de la primera y la segunda lectura, y una vez concluida la
homilía.147”

DML 17:       “El silencio es un elemento importante de la celebración (cf SC 30;
OGMR 45), no sólo el silencio exterior, la ausencia de ruidos, sino también el silencio
interior, como clima para el encuentro del hombre con Dios. Para escuchar con
provecho la Palabra de Dios es preciso crear el silencio material, ambiental, como
condición previa o preparación para el recogimiento y la atención interior.
        La palabra del lector debe surgir en el silencio, porque de lo contrario será un
ruido más que se suma a otros ruidos, y no manifestará ni comunicará nada. Nunca debe
el lector comenzar a leer hasta que los fieles estén acomodados y hayan desaparecido
los ruidos. Es preciso tener calma y no acercarse precipitadamente al ambón, mantener
una postura digna y, antes de empezara leer, tratar de comunicarse con la asamblea a
través de una mirada confiada.



145
    Cf. Sacrosanctum Concilium, n. 30; S. CONGR. DE RITOS, Instr. Musicam sacram, del 5 de marzo
de 1967, n. 17: A.A.S. 59 (1967) p. 305.
146
    Cf. Ordenación general del Misal romano, núm. 23. 58 Cf. ibid., núm. 23.
147
    Cf. MISAL ROMANO, Ordo lectionum Missae, segunda edición típica. n. 28.



                                                                                             70
       Pero la palabra no sólo brota en el silencio. Hablar o leer sin silencio es matar las
palabras, convirtiendo la lectura en una pesada monotonía. Durante la lectura, la pausas,
de acuerdo con la intensidad de las frases que se van leyendo, ayudan a interiorizar la
palabra proclamada y hacen posible el asentimiento y la aquiescencia espiritual. La
excesiva rapidez al leer, y la falta de quietud y de silencios en la transmisión oral,
convierte la lectura en una sucesión encadenada de frases que resbalan superficialmente.
        El silencio, al final de la lectura, está expresamente recomendado para que, al
callar la voz del lector resuene en el interior del hombre la Palabra de Dios que se ha
proclamado (OGMR 45). Este silencio meditativo, que no tiene por qué ser prolongado,
es tiempo propicio para la escucha interior y predispone para la respuesta a la Palabra e
Dios, que ha de brotar en la asamblea, por medio del acento o de la oración.”




        ORACION FINAL148:

Señor, Dios nuestro,
que en la bienaventurada Virgen María
nos das el modelo del discípulo fiel que cumple tu palabra,
abre nuestros corazones para escuchar el mensaje de salvación. Haz que el Espíritu
Santo haga resonar
diariamente en nosotros ese mensaje.
Así seremos verdaderos discípulos de Cristo,
que escuchan diligentemente sus palabras
y, al cumplirlas con fidelidad,
producen fruto abundante.
Amén.




148
   Adaptación de las oraciones colecta y postcomunión de la Misa de la Virgen: “Santa María, discípula
del Señor”, para el tiempo de Cuaresma.


                                                                                                   71
                                           TEMA SEPTIMO

                              El desarrollo de la Palabra proclamada:
                    la Homilía, el Credo y la Oración Universal o “de los fieles”.

                                         Fuentes de este tema149:
                                  Prenotandos del Leccionario. (OLM)
                        Ordenación general del Misal Romano. (OGMR)
      Directorio litúrgico pastoral sobre la homilía “Partir el pan de la Palabra”. (DPPP)
           Directorio litúrgico pastoral sobre “Canto y música en al celebración”. (DCM)
                         Instrucción “Redemptionis sacramentum” (RS)


           Oración primera:

                  Canto: Canto para el tiempo Pascual. Explicación y ejecución.
                  Texto: Lc 24, 13-27


           Introducción:

       Concluimos hoy los temas centrados en el momento conocido como “Liturgia de
la Palabra”, aunque volvamos puntualmente a este momento al hablar de otros
sacramentos.

       Observamos ahora los tres elementos que desarrollan la Palabra proclamada.
Están marcados por la PdD y por su aplicación a la vida personal, comunitaria o de la
humanidad. Forman parte de la respuesta que damos nosotros en este diálogo de amor
iniciado por Dios a través de su Palabra.


                                         LA HOMILIA:


        La homilía150 es uno de los elementos más antiguos de la liturgia de la palabra,
herencia ya de la sinagoga. Basta recordar la primera homilía de Jesús en Nazaret (Lc 4),
a la que hemos hecho ya varias referencias en este cursillo, y las de Pablo en las diversas
ciudades que visitaba ( p. e. Hch 20, 7-12151). A partir del Concilio Vaticano II se ha
revalorizado, haciéndola obligatoria los domingos y fiestas, y muy recomendada
especialmente en los tiempos fuertes.

        La palabra “homilía”viene del griego “homilein” (en latín “sermo”), que
significa “tener una plática familiar”, en contraposición al “logos” (en latín “oratio”),
que apunta más bien a un discurso oratorio. Es la palabra de un hermano, ministro de la

149
    Junto a lo recogido en los textos oficiales hay datos procedentes de la obra de Miguel Expósito:
Conocer y celebrar la Eucaristía, en las páginas 83-86, 99-100 y 116-124
150
    Seguimos en esta ocasión los vocabularios litúrgicos de Aldazábal y Abad.
151
     Acaecida en Triade. Episodio con el joven Eutiquio mientras Pabla habla largamente. Unica
descripción detallada de la Eucaristía en el libro de los Hechos de los Apóstoles.


                                                                                                 72
comunidad, que ayuda a entender y aplicar a la vida lo que Dios nos ha dicho en las
lecturas bíblicas. Se distingue de otros géneros de predicación, como la
“evangelización”, que es el anuncio primero de la salvación que Dios nos ofrece en
Cristo, y la “catequesis”, que es la profundización sistemática en los contenidos de esa
fe. La “homilía” sucede dentro de al celebración y es una exhortación a llevar a la
práctica lo escuchado.

           La homilía se mueve en tres direcciones152:

                    -    ante todo es servicio a la Palabra que se ha proclamado, explicándola
                         si es el caso, y ayudando a captar su mensaje hoy y aquí;
                    -    es servicio a la vida de la comunidad, para que la palabra incida en su
                         vida, iluminando la situación existencial de los presentes;
                    -    y finalmente tiene también una función mistagógica: o sea, conduce
                         desde las lecturas escuchadas hasta el misterio sacramental que se
                         celebra, tanto si es la Eucaristía como los demás sacramentos,
                         resaltando la unidad entre las dos mesas: la de la palabra y la del
                         sacramento.

        Para la homilía el lenguaje de Jesús sigue siendo un lenguaje inigualable:
profundamente religioso y misericordioso, positivo y optimista, interpelante y sugerente,
sencillo y popular, pero no chabacano. La homilía surge, como hemos dicho, en un
lenguaje colonial, en el de una charla amistosa entre un padre y sus hijos que, incluso
cuando es exigente y correctora, nunca pierde el tono paterno-filial, lo cual comporta
una cuidadosa preparación. Por eso, el verdadero homileta debe evitar, por ejemplo, el
exhibicionismo, la indoctrinación, el moralismo exhortatorio o el catastrofismo
contestatario.

       Veamos algunos de estos aspectos en los documentos oficiales de la Iglesia y
comencemos por algo que no debemos olvidar: cuando hablamos de la homilía estamos
hablando de un acto litúrgico.

DPPP 10:      “En todo este contexto, tan significativo, del puesto que ocupa la Palabra
de Dios hecha libro y signo sagrado en la liturgia, aparece la homilía «como parte de la
misma liturgia, en la cual se exponen durante el ciclo del año litúrgico, a partir de los
textos sagrados, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana» (SC 52).

    Es esta integración en la misma acción sagrada de la que forma parte, la nota más
sobresaliente de la homilía, lo que hace de ella un acto sacramental que pertenece por
entero a la misma dinámica de la presencia de la Palabra de Dios en la liturgia. La
homilía no cumple únicamente la función de anunciar a Cristo, explicar las Escrituras o
instruir al pueblo, sino que hace todo esto en el ámbito propio del culto litúrgico y de los
signos sacramentales. En este sentido puede decirse que está destinada preferentemente
a aquellos que ya han sido llamados a la conversión y a la fe (SC 9) y están en grado de
participar en los sacramentos, signos de la fe, que la suponen al mismo tiempo que la
alimentan, la robustecen y la expresan por medio de palabras y de cosas (SC 59, PO 4).


152
      Aspectos más desarrollados en el directorio sobre la homilía.


                                                                                             73
    Y por la misma razón la homilía aparece como un acto reservado al ministerio
ordenado, como luego veremos. La presencia de Cristo, Pastor y Maestro, que continúa
en la Iglesia predicando el evangelio (SC 33), tiene lugar no sólo cuando se lee la
Sagrada Escritura en la asamblea litúrgica (SC 7), sino también cuando es explicada
(Inst. Euch. Myst. 55).”

   Dicho esto vayamos a los números centrales de la OLM en que se nos habla de la
homilía (OLM 24-27, especialmente el 24) En esos números se nos presenta lo esencial
para entender la homilía y su relación con la Palabra de Dios. Después otros textos
completaran o remarcarán lo dicho ahora:

OLM 24:         “La homilía, en el cual, en el transcurso del año litúrgico, y partiendo del
texto sagrado, se exponen los misterios de la fe y las normas de vida cristiana, como
parte de la liturgia de la palabra,153 muchas veces, a partir de la Constitución sobre la
sagrada liturgia del Concilio Vaticano II, ha sido recomendada con mucho interés, e
incluso mandada en algunos casos. En la celebración de la misa, la homilía, que
normalmente es hecha por el mismo que preside,154 tiene por objeto el que la palabra de
Dios proclamada, junto con la liturgia eucarística, sea «como una proclamación de las
maravillas de Dios en la historia de la salvación o misterio de Cristo».155 En efecto, el
misterio pascual de Cristo, proclamado en las lecturas y en la homilía, se realiza por
medio del sacrificio de la misa.156 Cristo está siempre presente y operante en la
predicación de su Iglesia.157

    La homilía, por consiguiente, tanto si explica las palabras de la sagrada Escritura
que se acaban de leer como si explica otro texto litúrgico,158 debe llevar a la comunidad
de los fieles a una activa participación en la eucaristía, a fin de que «vivan siempre de
acuerdo con la fe que profesaron».159 Con esta explicación viva, la palabra de Dios que
se ha leído y las celebraciones que realiza la Iglesia pueden adquirir una mayor eficacia,
a condición de que la homilía sea realmente fruto de la meditación, debidamente
preparada, ni demasiado larga ni demasiado corta, y de que se tenga en cuenta a todos
los que están presentes, incluso a los niños y a los menos formados.160

    En la concelebración, normalmente hace la homilía el celebrante principal o uno de
los concelebrantes.161”


153
    Cf. Concilio Vaticano n, Constitución Sacrosanctum Conci/ium, sobre la sagrada liturgia, núm. 52; cL
Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción lnter Oecumenici, 26 de septiembre de 1964, núm. 54: AAS
56 (1964), p.890.
154
    Cf. Ordenación general del Misal romano, núm. 42
155
    Concilio Vaticano TI, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 35,2.
156
    Cf. ibid., núms. 6 y 47.
157
    Cf. Pablo VI, Carta Encíclica Mysterium Fidei, 3 de septiembre de \965: AAS 57 (1965), p. 753;
Concilio Vaticano TI, Decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, núm. 9; Pablo VI, Ex-
hortación apostólica Evangelii nuntiandi, 8 de diciembre de 1975, núm. 43: AAS 69 (1976), pp. 33-34.
158
    Cf. Concilio Vaticano TI, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 35,2;
Ordenación general del Misal romano, núm. 41.
159
    Concilio Vaticano TI, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 10.
160
    Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica Catechesi tradendae, 16 de octubre de 1979, núm. 48: AAS
71 (1979), p. 1316.
161
    Cf. Ordenación general del Misal romano, núm. 165.


                                                                                                       74
OLM 25:         “En los días que está mandado, a saber, en los domingos y fiestas de
precepto, debe hacerse la homilía, la cual no puede omitirse sin causa grave, en todas las
misas que se celebran con asistencia del pueblo, sin excluir las misas que se celebran en
la tarde del día precedente.162

      También debe haber homilía en las misas con niños y con grupos particulares.163

     La homilía es muy recomendable en las ferias de Adviento, de Cuaresma y del
tiempo pascual, para los fieles que habitualmente participan en la celebración de la
misa, y también en otras fiestas y ocasiones en que el pueblo acude en mayor número a
la iglesia.164 ”

OLM 26:       “El sacerdote celebrante pronuncia la homilía en la sede, de pie o
sentado, o también en el ambón.165”

OLM 27:       “Hay que separar de la homilía las breves advertencias que, si se da el
caso, tengan que hacerse al pueblo, ya que éstas tienen su lugar propio terminada la
oración después de la comunión.166”

       Además de estos números centrales es especialmente rico el número 41. En él se
nos hablan de cinco aspectos que marcan la finalidad de la homilía:

OLM 41:         “El presidente ejerce también su función propia y el ministerio de la
palabra cuando hace la homilía.167 Con ella, en efecto, guía a sus hermanos hacia una sa-
brosa comprensión de la sagrada Escritura, abre el corazón de los fieles a la acción de
gracias por las maravillas de Dios, alimenta la fe de los presentes en la palabra que, en la
celebración, por obra del Espíritu Santo, se convierte en sacramento, los prepara para
una provechosa comunión y los invita a asumir las exigencias de la vida cristiana.”

        Por lo que se refiere al sujeto de la homilía, a quien la pronuncia también se
insiste en otros momentos sobre que ha de ser un ministro ordenado:

OLM 8a:        “Por voluntad del mismo Cristo, el nuevo pueblo de Dios se halla
diversificado en una admirable variedad de miembros, por lo cual son también varios
los oficios y funciones que corresponden a cada uno, en lo que atañe a la palabra de
Dios; según esto, los fieles escuchan y meditan la palabra, y la explican únicamente

162
    Cf. ibid., núm. 42, y también Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium,25
de mayo de 1967, núm. 28: AAS 59 (1967), pp. 556-557.
163
    Cf. Sagrada Congregación para el Culto divino, Instrucción Actio pastoralis, 15 de mayo de 1969,
núm. 6 g: AAS 61 (1969), p. 809; Directorium de Missis cum pueris, 1 de noviembre de 1973, núm. 48:
AAS 66 (1974), p. 44.
164
    Cf. Ordenación general del Misal romano, núms. 42, 338. Ritual del Matrimonio reformado según los
decretos del Concilio Vaticano II, aprobado por el episcopado español y confirmado por la Sagrada
Congregación para el Culto divino (Coeditores litúrgicos 1970), núms. 90, 112, 130; Ritual de Exequias
reformado según los decretos del Concilio Vaticano II, aprobado por el episcopado español y confirmado
por la Sagrada Congregación para el Culto divino (Coeditores litúrgicos 1971), núms. 86, 134.
165
    Cf. Ordenación general del Misal romano, núm. 97.
166
    Cf. ibid., núm.. 139.
167
    Cf. ibid., núm. 42; Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto divino, Instrucción Inaes-
timabile donum, 3 de abril de 1980, núm. 3: AAS 72 (1980), p. 334.


                                                                                                    75
aquellos a quienes, por la sagrada ordenación, corresponde la función del magisterio, o
aquellos a quienes se encomienda este ministerio.”

OGMR 66: “La homilía la pronuncia ordinariamente el sacerdote celebrante o un
sacerdote concelebrante a quien éste se la encargue o, a veces, según la oportunidad,
también el diácono, pero nunca un fiel laico.168

      En casos peculiares y con una causa justa pueden pronunciarla también un
Obispo o un presbítero que asisten a la celebración pero no concelebran.

       Los domingos y fiestas de precepto ha de haber homilía, y no se puede omitir sin
causa grave en ninguna de las Misas que se celebran con asistencia del pueblo; los
demás días se recomienda, sobre todo, en los días feriales de Adviento, Cuaresma y
Tiempo Pascual, y también en otras fiestas y ocasiones en que el pueblo acude
numeroso a la iglesia.169

        Tras la homilía es oportuno guardar un breve espacio de silencio.”

DPCE170 22: “La homilía (cf OGMR 65-66) es un servicio a la Palabra de Dios que
consiste en mostrar su actualización en el presente: «hoy se ha cumplido esta escritura
que acabáis de oír» (Lc 4, 21). La homilía la tendrá normalmente el que preside (cf.
OGMR 66, OLM 24). La Iglesia desea que sea el ministro ordenado que preside la
celebración el que realice este ministerio, guiando a sus hermanos en la comprensión de
la Palabra que Dios les dirige en las lecturas del día (cf. OLM 41). Esta norma vale
también para la concelebración, aunque está permitido que pueda también hacer la
homilía otro de los concelebrantes (cf OGMR 66; OLM 24). Siempre es más expresivo
que predique el que es signo de Cristo presidiendo la celebración.

       Dada la importancia del ministerio de la homilía, los presidentes de la Eucaristía,
deben prepararse bien171 para realizar este servicio…”

       Y si nos fijamos en el contenido, también otros documentos insisten en lo
siguiente:

RS 67:          “Sobre todo, se debe cuidar que la homilía se fundamente estrictamente
en los misterios de la salvación, exponiendo a lo largo del año litúrgico, desde los textos
de las lecturas bíblicas y los textos litúrgicos, los misterios de la fe y las normas de la
vida cristiana, y ofreciendo un comentario de los textos del Ordinario y del Propio de la
Misa, o de los otros ritos de la Iglesia.172 Es claro que todas las interpretaciones de la

168
     Cf. Código de Derecho Canónico, can. 767 § 1; PONT. COM. PARA LA INTERPRETACIÓN
AUTÉNTICA DEL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO, resp. a una duda acerca del can. 767 § 1:
A.A.S. 79 (1987) p. 1249; Instrucción fieles laicos en el ministerio de los sacerdotes. Ecclesiae de
mysterio, del 15 Interdicasterial sobre algunas cuestiones acerca de la cooperación de los agosto de 1997,
art. 3: A.A.S. 89 (1997) p. 864.
169
    Cf. S. CONGR. DE RITOS, Instr. Inter OEcumenicii, del 26 de septiembre de 1964, n. 53: A.A.S. 56
(1964) p. 890.
170
    Directorio sobre “El presidente de la celebración eucarística”.
171
    Ver también DPPP nº 18
172
    Cf. CONCILIO ECUMENICO TRIDENTINO, Sesión XXII, día 17 de septiembre de 1562, De Ss.
Missae Sacrificio, cap. 8: DS 1749; MISSALE ROMANUM, Institutio Generalis, n 65.


                                                                                                       76
sagrada Escritura deben conducir a Cristo, como eje central de la economía de la
salvación, pero esto se debe realizar examinándola desde el contexto preciso de la
celebración litúrgica. Al hacer la homilía procúrese iluminar desde Cristo los
acontecimientos de la vida. Hágase esto, sin embargo, de tal modo que no se vacíe el
sentido auténtico y genuino de la palabra de Dios, por ejemplo, tratando sólo de política
o de temas profanos, o tomando como fuente ideas que provienen de movimientos
pseudo-religiosos de nuestra época.173”

OGMR 65: “La homilía es parte de la Liturgia, y muy recomendada,174 pues es
necesaria para alimentar la vida cristiana. Conviene que sea una explicación o de algún
aspecto particular de las lecturas de la sagrada Escritura, o de otro texto del Ordinario o
del Propio de la Misa del día, teniendo siempre presente el misterio que se celebra y las
particulares necesidades de los oyentes.175”

       Otros aspectos dejamos sin tocar, sobre todo lo que se refiere a la parte práctica,
contenida en segundo bloque temático el directorio sobre la homilía.


                                    LA PROFESION DE FE:

       No vamos a entrar en los contenidos de la profesión de fe o Credo176 (“Credo in
unum Deum”). Ni en la historia de su composición. Se trata solamente de resaltar su
vinculación a la palabra de Dios en este momento la celebración eucarística.

        Dicho esto sí que podemos acercarnos rápidamente un poco de historia y decir
que profesamos la fe desde el principio principalmente en los sacramentos de Iniciación
(Bautismo y Eucaristía), o en la gran Noche Pascual (Vigilia). Sólo en el siglo V,
comenzando por las Iglesias de Oriente, pasó esta proclamación del Credo a la
Eucaristía. En la liturgia hispana se introduce en el siglo VI y no en el lugar en que lo
hacemos nosotros, sino antes del Padrenuestro. Como primer momento preparatorio
para al comunión, y además con carácter diario, considerando por tanto la profesión de
fe como elemento fundamental de la celebración. En el rito romano comienza esta
incorporación en el siglo XI.

       La razón de ser del Creo en la Eucaristía nos la explica la Ordenación General
del Misal Romano:

OGMR. 67: “El Símbolo o profesión de fe tiende a que todo el pueblo congregado
responda a la palabra de Dios, que ha sido anunciada en las lecturas de la sagrada
Escritura y expuesta por medio de la homilía, y, para que pronunciando la regla de la fe

173
    Cf. JUAN PABLO II, alocución a los Obispos de los Estados Unidos de América, venidos a Roma en
visita “ad limina Apostolorum”, el día 28 de mayo de 1993, n. 2: AAS 96 (1994) p.330.
174
    Cf. Sacrosanctum Concilium, n. 52; cf. Código de Derecho Canónico, can. 767 § 1.
175
    Cf. S. CONGR. DE RITOS, Instr. Inter OEcumenicii, del 26 de septiembre de 1964, n. 54: AA.S. 56
(1964) p. 890.
176
     Tal vez sí podríamos recordar que en este momento son dos las fórmulas para la profesión de fe: los
llamados “símbolos”: formularios que recogen los diversos artículos o aspectos de nuestra fe (sym-ballo”:
reunir). El primero es el Símbolo llamado “de los Apóstoles” (nos une a católicos, ortodoxos y
protestantes). El otro es el llamado Niceno-Constantinopilitano: fruto de la conjunción de las profesiones
de fe de dos concilios del siglo IV: Nicea (325) y Constantinopla (381).


                                                                                                       77
con la fórmula aprobada para el uso litúrgico, rememore los grandes misterios de la fe y
los confiese antes de comenzar su celebración en la Eucaristía.”

           En similares términos se expresa OLM 29:

        “El Símbolo o profesión de fe, dentro de la misa, cuando las rúbricas lo pres-
criben, tiende a que la asamblea reunida dé su asentimiento y su respuesta a la palabra
de Dios oída en las lecturas y en la homilía, y traiga a su memoria, antes de empezar la
celebración del misterio de la fe en la eucaristía, la norma de su fe, según la forma
aprobada por la Iglesia.177”

           Aquí se habla expresamente de la actitud de “asentimiento”.

        A lo dicho habría que añadir lo que se sugiere para la forma de ejecutar el Credo
y otro de los aspectos o equívocos que a veces hemos podido observar: la invención de
fórmulas de fe ajenas al sentir de la Iglesia para este momento de la celebración:

OGMR. 68: “El Símbolo lo ha de cantar o recitar el sacerdote con el pueblo los
domingos y solemnidades; puede también decirse en peculiares celebraciones más
solemnes.
        Si se canta, lo inicia el sacerdote o, según la oportunidad, un cantor, o el coro,
pero lo cantan todos juntos, o el pueblo alternando con la schola.
        Si no se canta, lo recitan todos juntos, o a dos coros alternando entre sí.”

RS. 69:      “En la santa Misa y en otras celebraciones de la sagrada Liturgia no se
admita un «Credo» o Profesión de fe que no se encuentre en los libros litúrgicos
debidamente aprobados”.

           Dicho todo esto con otras palabras:

       “Escuchar la Palabra del Señor y responder con el Credo es decir sí al señor de
esa Palabra: el sí del asentimiento, el sí de la fe y de la conversión que van unidas, como
unidas van las renuncias y profesión de fe, en el bautismo. El Credo, no debe olvidarse,
es, en la Eucaristía, un elemento bautismal. Si cada Eucaristía es renovación del
compromiso bautismal, ratificación de la alianza, en la liturgia de la Palabra esa función
la cumple el Credo. Al fe que en él se profesa es, pues, mucho más que aceptación de
verdades; es compromiso de fidelidad al dios Padre, que se nos comunica y salva en
Jesucristo, su Hijo, por el Espíritu178”

La Oración Universal o “de los fieles”:

       La oración universal o “de los fieles” concluye en la actual estructura de la
Eucaristía romana la liturgia de la Palabra. Después de que Dios ha dirigido su Palabra
al pueblo cristiano, y éste la ha acogido, la comunidad presente se pone a orar para que
la salvación que las lecturas han anunciado se haga eficaz y se cumpla en nuestra
generación, en la Iglesia y en al humanidad entera.

177
      Ibid., núm. 43.
178
      Miguel Expósito: Conocer y celebrar la Eucaristía, p. 152.


                                                                                        78
        La oración universal aparece como un noble ejercicio del sacerdocio bautismal
de los fieles, que, puestos en pie, se dirigen a Dios, mostrando a la vez su sintonía con lo
que El les ha comunicado en la Palabra y su solidaridad con sus hermanos los hombres,
sobre todo los que sufren.

       Para ver esta realidad leemos especialmente lo que se recoge en la ordenación
del misal. También aquí se nos habla de dos aspectos importantes: el sentido de este
momento y la forma de realizarlo:

OGMR 69: “En la oración universal u oración de los fieles, el pueblo, responde de
alguna manera a la palabra de Dios acogida en la fe y ejerciendo su sacerdocio
bautismal, ofrece a Dios sus peticiones por la salvación de todos. Conviene que esta
oración se haga normalmente en las Misas a las que asiste el pueblo, de modo que se
eleven súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren alguna
necesidad y por todos los hombres y la salvación de todo el mundo.179”

OGMR 70:        “Las series de intenciones, normalmente, serán las siguientes:

a) Por las necesidades de la Iglesia;
b) Por los que gobiernan las naciones y por la salvación del mundo;
c) Por los que padecen por cualquier dificultad;
d) Por la comunidad local.
Sin embargo, en alguna celebración particular, como en la Confirmación, el Matrimonio
o las Exequias, el orden de las intenciones puede amoldarse mejor a la ocasión. “

OGMR 71: “Corresponde al sacerdote celebrante dirigir esta oración desde la sede.
Él mismo la introduce con una breve monición en la que invita a los fieles a orar, y la
concluye con una oración. Las intenciones que se proponen sean sobrias, formuladas
con sabia libertad, en pocas palabras, y han de reflejar la oración de toda la comunidad.
Las pronuncia el diácono o un cantor o un lector o un fiel laico desde el ambón o desde
otro lugar conveniente.180

      El pueblo, permaneciendo de pie, expresa su súplica bien con la invocación
común después de la proclamación de cada intención, o bien rezando en silencio.”

       En los prenotandos del Leccionario se vuelve a repetir, con algún ligero matiz lo
ya apuntado y sobre todo. Sobre todo en su número 43 es interesante cómo opantea el
carácter de puente de este momento hacia la liturgia eucarística:

OLM 31:        “El celebrante dirige la oración universal desde la sede, mientras que las
intenciones se anuncian desde el ambón.181
      La asamblea reunida, de pie, participa en la oración, diciendo o cantando la
misma invocación después de cada petición, o bien orando en silencio.182 ”
179
    Cf. Sacrosanctum Concilium, n.53.
180
    Cf. S. CONGR. DE RITOS, Instr Inter OEcumenicii, del 26 de septiembre de 1964. n. 56: A.A.S. 56
(1964) p. 890.
181
    Cf. ibid., núm. 99.
182
    Cf. ibid., núm. 47.


                                                                                                79
OLM 43:       “El presidente, dirigiendo la oración universal y, si es posible,
conectando las lecturas de la celebración y la homilía con la oración, por medio de la
monición inicial y de la conclusión, introduce a los fieles en la liturgia eucarística.183”

        Finalmente recojamos de nuevo la importancia que tienen el canto y el silencio
en este momento de oración:

DCM 161: “... Una de las diferencias entre las misas festivas y feriales puede ser el
canto o no de la oración de los fieles.

        Su estructura litánica ofrece la posibilidad de, tras el enunciado de las
intenciones por el diácono, cantor u otro, o por el mismo sacerdote, hacer cantada la
invitación, Oremus, Dominum deprecemur, roguemos al Señor, etc., invitando a la
respuesta de: Te rogamos, audi nos = te rogamos, óyenos; Oh Señor, escucha y ten
piedad; Kyrie, eleison, que cantan todos, incluido el sacerdote y los ministros. También
el sacerdote puede introducir la oración y concluirla en un tono oracional.

       La súplica o petición adquiere aún mayor fuerza expresiva si la cantan todos con
polifonía y acompañamiento. La introducción y conclusión y las mismas propuestas de
intenciones e invitación a orar la preparan, enmarcan y concluyen.

       La versión musical ha de transparentarlo. Y manifestar que, así como la
comunión del Cuerpo del Señor y de su sangre es el culmen de la liturgia eucarística, la
oración común de los fieles es la culminación de la liturgia de la Palabra…

     Antes de la invitación a la respuesta, indicada ya la intención, podría dejarse un
momento de silencio para asimilarla serenamente.»

        Podríamos alargar mucho más esta parte dedicada a la oración universal. Por
ejemplo hablando del sentido de la oración de súplica, o del sacerdocio común ejercido
en este momento con su carácter de intercesión, o del sentido de universalidad de este
momento más allá de las súplicas particulares... Realmente aquí nos ha interesado, sobre
todo, situar esta oración en relación con la Palabra de Dios proclamada. Concluyamos
insistiendo en esta relación:

        “La Oración de los fieles es una oración de súplica intercesora; la más
importante intercesión universal que realiza el pueblo fiel o Iglesia de Jesucristo cada
vez que celebra el memorial de su Señor, al final de la liturgia de la Palabra. Concluye
esa liturgia de la Palabra y da paso a la liturgia de la Eucaristía. Puede decirse que es
fruto de la una, de la Palabra, y preparación de la otra, de la Eucaristía; vínculo o enlace
entre ambas. Al Palabra nos “cristianiza”, nos hace arraigar en los sentimientos y deseos
de Cristo, nos acerca al designio salvador de Dios, al recordárnoslo. Y, antes de
responder a la misma con la acción de gracias y la renovación sacramental de la entrega
amorosa de Cristo por nosotros “y por todos los hombres”, rezamos para que esa
salvación se cumpla y alcance realmente a todos.”184

183
      Cf. Ordenación general del Misal romano, núms. 33, 47.
184
      Miguel Expósito: Conocer y celebrar la Eucaristía, p. 170.


                                                                                         80
       Hay otra cuestión final: la relación del contenido de las propuestas de
intenciones con los textos proclamados. Es muy sensata la opinión del mismo autor185:

        “En cuanto a la relación de estas intenciones de la Oración de los fieles con la
Palabra que acaba de ser proclamada en las lecturas y actualizada en al homilía, cabe
decir lo siguiente. En el práctica tradicional, en los formularios más antiguos de Oración
de los fieles, estos se muestran autónomos en relación con la Palabra proclamada,
independientes de ella. Y así sigue ocurriendo en la liturgia bizantina actual: las
peticiones de la Oración Universal no hacen ninguna referencia a las lecturas
proclamadas. Son peticiones fijas; siempre las mismas.

       La relación, pues, intenciones-Palabra no es una relación obligada. Pero tampoco
hay que absolutizar la historia y decir que es una relación prohibida; ni es una relación
que haya que evitar como necesariamente peligrosa para al Oración de los fieles. Esta no
puede convertirse, ciertamente, en simple glosa oracional de las lecturas escuchadas, ni
en un diálogo con Dios acerca del mensaje de esas lecturas, con olvido de su condición
de súplica de intercesión universal. Pero puede realizarse perfectamente esa intercesión
universal, sin prescindir de la Palabra escuchada, haciéndose eco de ella, dejando que
esa Palabra dé su tonalidad y colorido a las peticiones y las enriquezca e impregne de su
novedad.

        Parece que una sabia norma pastoral sería esta: ni forzar la relación, buscándola
por sistema; ni renunciara a ella, cuando pueda enriquecer la Oración de los fieles, sin
cambiar para nada su identidad, es decir, sin impedirle ser intercesión universal.”




Oración final: Material Diócesis para el tiempo de Pascua. Oración inicial.

Dios mío, Padre:
Me pongo a la escucha del evangelio
porque quiero encontrar en él tu llamada,
porque quiero sentir muy cerca tu presencia,
porque necesito tu aliento de vida para poder ser yo.
Dios mío, Padre:
Te pido que hagas fructificar en mí tu Palabra
para que en ella encuentre tus caminos,
para que en ella beba a de tu fuente de agua viva
para que en ella descubra tu voluntad salvadora.
Te lo pido en nombre de Jesús,
al que quiero seguir con docilidad y alegría.
Amén




185
      Miguel Expósito: Conocer y celebrar la Eucaristía, p. 166-167.


                                                                                       81
                                       TEMA OCTAVO

                   La PdD en otros elementos de la celebración eucarística:
         los cantos (antífonas) y su contenido bíblico; las oraciones presidenciales, el
              prefacio, las aclamaciones y oración hímnicas, el Padrenuestro…


                       Fuentes de este tema: el Misal Romano y la Biblia



       Oración primera:

               Canto: Gracias, Señor, por tu Palabra
               Texto: Hechos 2, 14a. 36-41


       Introducción:


         “La importancia de la Sagrada Escritura en la liturgia es muy grande: de ella se
toman las lecturas que luego se explican en la homilía, y los salmos que se cantan, las
preces, las oraciones e himnos litúrgicos están penetrados de su espíritu y de ella reciben
su significado las acciones y los signos.” (SC 24)

       Tratamos el último de los temas que tienen relación con la Eucaristía. Hasta
ahora nos hemos centrado principalmente en le momento de la liturgia de la Palabra.
Hoy repasamos el resto de la celebración eucarística, rastreando en ella la presencia de
la PdD. Nos daremos cuenta enseguida de que esa presencia es muy abundante. Es como
su esqueleto, sin el cual sería imposible que se mantuviera en pie.

       En esta ocasión nos fijaremos sólo en las palabras, aunque sea evidente lo que
decía SC 24: “de ella reciben su significado las acciones y los signos” (SC 24). No
podemos abarcar todo y nos quedamos con las palabras, y no todas. Por ejemplo, falta
un estudio sobre el “Amén”.

       En contraste con el resto de los temas aquí no vamos a los documentos oficiales
de la Iglesia. Hacemos una labor de aproximación por nuestra cuenta y buscamos la
correspondencia de los textos de la Misa con las fuentes bíblicas. Y lo hacemos a modo
de ejemplo. Podríamos pasarnos días y días buscando esa influencia de la PdD sobre
todo en oraciones y prefacios. Con ver algún ejemplo y tomar conciencia de la
importancia de la palabra de Dios en esos momentos será suficiente. Después, cuando
más familiarizados estemos con la Palabra, más nos resonará al oír las oraciones y
demás elementos de la celebración eucarística. Comencemos viendo si alguien ha
descubierto esta semana cómo aparece la PdD en esos otros elementos de la Eucaristía y
luego haremos un repaso a lo largo de toda la celebración.




                                                                                        82
        Desarrollo del tema

         Ahora veamos este desarrollo de la celebración eucarística de forma ordenada.
Trabajamos a modo de ejemplo, sin pretender ser exhaustivos. Otro muchos textos
podrían ilustras esta presencia continua de la Palabra de Dios en la Eucaristía, más allá
de la liturgia de al Palabra.


                                          Ritos iniciales
Textos litúrgicos                                 Textos de la Biblia

INVOCACION186:                                     Mateo 28, 18-20:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del          Jesús se acercó a ellos y les habló así: “Me
Espíritu Santo.                                    ha sido dado todo poder en el cielo y en la
                                                   tierra.
                                                   Id, pues, y haced discípulos a todas las
                                                   gentes bautizándolas en el nombre del
                                                   Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
                                                   y enseñándoles a guardar todo lo que yo os
                                                   he mandado. Y he aquí que yo estoy con
                                                   vosotros todos los días hasta el fin del
                                                   mundo.”

SALUDOS:
                                                   2 Cor, 13, 13:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el  La gracia del Señor Jesucristo, el amor
amor del Padre, y la comunión del Espíritu de Dios y la comunión del Espíritu Santo
Santo estén con todos vosotros.            estén siempre con todos vosotros.

                                                   Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo
                                                   esté con vosotros, hermanos: Rm 16, 20b;
                                                   1 Cor 16, 23; Gal 6, 18.

INVOCACIONES AL ACTO
PENITENCIAL ( 2 ejemplos):

Kyrie eleison                                      Ver: Salmos 6, 3; 40, 5.11; 12, 2.
                                                   Mt 9, 27; 15, 22; 17, 15 y 20, 30; ; Mc 10,
                                                   47; Lc 18, 38.
Fórmula 2ª:
“- Muéstranos, Señor, tu misericordia              Salmo: 84, 8: Muéstranos, Señor, tu
- Y danos tu salvación”                            misericordia y danos tu salvación.

186
   Aunque hemos dicho que no comentaríamos los signos, podemos hacer al menos una ligera alusión a
este primero de santiguarnos. Hacemos la señal de la cruz sobre nosotros invocando a la Santísima
Trinidad en recuerdo de nuestro bautismo que nos fue conferido en nombre de las tres divinas personas y
nos incorporó a Cristo Jesús.


                                                                                                    83
Fórmula 3ª:

Tú que has sido enviado a sanar los                   Lc 5, 31 b: No necesitan médico los
corazones afligidos:                                  sanos, sino los enfermos.

Tú que has venido a llamar a los            Lc 5, 32: Yo no he venido a llamar a los
pecadores:                                  justos, sino a los pecadores, para que se
                                            conviertan.
Tú que estás sentado a la derecha del Padre Rm 8, 34: ¿Quién será el que condene, si
para interceder por nosotros:               Cristo Jesús ha muerto, más aún, ha
                                            resucitado y está a la derecha de Dios
                                            intercediendo por nosotros?
          187
GLORIA :

Gloria a Dios en el cielo,                            Lc 2, 14: De pronto, en torno al ángel,
y en la tierra paz a los hombres que ama el           apareció una legión del ejército celestial
Señor.                                                que alababa a Dios diciendo: “Gloria a
                                                      Dios en el cielo, y en la tierra paz a los
                                                      hombres que ama el Señor”.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del                 Títulos en muchos textos. Cordero: ver
Padre; tú que quitas el pecado del                    más delante la oración antes de comulgar.
mundo…

ORACION COLECTA: ver al final en
oraciones presidenciales.



                    Liturgia eucarística: presentación de ofrendas
Textos litúrgicos                           Textos de la Biblia
OFRENDA:
- Bendito seas, Señor, Dios del Universo,   Jesús pronunció la bendición:
por este pan…                               Multiplicación de los panes: Mt 14, 19; 26,
                                            26 y paralelos; última cena: Mt 26, 26 y
                                            paralelos; Emaús: Lc 24, 30.

- Bendito seas, por siempre, Señor.                   Ef 1, 3: “Bendito sea Dios, Padre de
                                                      nuestro Señor Jesucristo…”



187
   Es uno de los pocos himnos no bíblicos que nos han llegado de las primeras comunidades, con el “Te
Deum” y el “Oh luz gozosa”: el concilio de Laodicea, en el siglo IV, prohibió los cantos no bíblicos, los
llamados “idióticos” o propios (particular). El Gloria, en la liturgia oriental, al principio pertenecía a la
oración matutina, como sigue sucediendo en la liturgia bizantina. En el siglo IV pasó a la Misa, primero
sólo para la fiesta de Navidad, luego para las fiestas y domingos en las misas presididas por el obispo,
luego con mayor frecuencia, a partir del siglo X. Se llama también “himno angélico”, porque Lc 2, 14
pone su inicio en boca de los ángeles en la noche del nacimiento de Jesús. Su contenido es un buen
resumen de la historia de la salvación.


                                                                                                          84
ORACION          DEL       SACERDOTE             EN
SECRETO:
                                                      Daniel 3, 37-40

Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y             Pero ahora, Señor, somos el más pequeño
nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy            de todos los pueblos; hoy estamos
nuestro sacrificio y que sea agradable en tu          humillados por toda la tierra a causa de
presencia, Señor, Dios nuestro.                       nuestros pecados. En este momento no
                                                      tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni
                                                      holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni
                                                      incienso; ni un sitio donde ofrecerte
                                                      primicias, para alcanzar misericordia.
                                                      Por eso, acepta nuestro corazón contrito
                                                      y nuestro espíritu humilde, como un
                                                      holocausto de carneros y toros o una
                                                      multitud de corderos cebados. Que éste
                                                      sea hoy nuestro sacrificio, y que sea
                                                      agradable en tu presencia: porque los que
                                                      en ti confían no quedan defraudados.


LAVATORIO:                                            Salmo 50

Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
pecado.                                   por tu inmensa compasión borra mi culpa;
                                          lava del todo mi delito, limpia mi
                                          pecado.



                                   Plegaria eucarística: prefacio
Textos litúrgicos                                 Textos de la Biblia
PREFACIO188:

Un ejemplo189: Prefacio común I                       Las fuentes de este prefacio son los textos

188
    Del latín “pre-fatio” (de “fari”, decir: em griego “pro-logo”): lo que se dice antes, lo que se pronuncia
primero, preámbulo. O también lo “dicho delante de otros”, lo proclamado ante una audiencia. En el misal
romano más de 100 prefacios, además de los 46 que forman parte de la Colección de Misas de la Virgen
María
189
    Podríamos haber analizado los de este tiempo de Pascua, fijándonos e su parte central, tal vez con sólo
oírlos nos vengan a la mente palabras del Nuevo Testamento: Prefacio Pascual I: Porque Él es el
verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando,
restauró la vida.
Prefacio Pascual II: Por Él los hijos de la luz amanecen a la vida eterna, los creyentes atraviesan los
umbrales del reino de los cielos; porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida y en su
resurrección hemos resucitado todos.
Prefacio Pascual III: Porque Él no cesa de ofrecerse por nosotros, de interceder por todos ante ti;
inmolado, ya no vuelve a morir; sacrificado, vive para siempre.
Prefacio Pascual IV: Porque en Él fue demolida nuestra antigua miseria, reconstruido cuanto estaba
derrumbado y renovada en plenitud la salvación.


                                                                                                          85
                                                     bíblicos siguientes:
En verdad es justo y necesario…

A quien hiciste fundamento de todo y de              Ef 1, 10: Llevando la historia a su plenitud
cuya plenitud quisiste que participáramos            al constituir a Cristo en cabeza de todas
todos.                                               las cosas.
                                                     Jn 1, 16: De su plenitud todos hemos
                                                     recibido gracia tras gracia.
                                                     También Col 1, 19-20,

Siendo él de condición divina se despojó             Flp 2 6-9: El, a pesar de su condición
de su rango, y por su sangre derramada en            divina, no hizo alarde de su categoría de
la Cruz, puso en paz todas las cosas;                Dios; al contrario, se despojó de su
                                                     rango y tomó la condición de esclavo,
                                                     pasando por uno de tantos. Y así, actuando
                                                     como un hombre cualquiera, se rebajó
                                                     hasta someterse incluso a la muerte, y
                                                     una muerte de cruz. Por eso Dios lo
                                                     levantó sobre todo y le concedió el
                                                     “Nombre-sobre-todo-nombre”.

y así, constituido Señor del universo, es            Hebreos 5, 9: Y llevado a la consumación,
fuente de salvación eterna para cuantos              se ha convertido para todos los que le
creen en él.                                         obedecen en autor de salvación eterna.
Por eso, con los ángeles y arcángeles…



SANTO190:
                                                     Isaías 6, 2-3

Santo, Santo, Santo es el Señor,                 Unos serafines se mantenían erguidos por
Dios del Universo.                              encima de él; cada uno tenía seis alas: con
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. un par se cubrían la faz, con otro par se
                                                cubrían los pies, y con el otro par
                                                aleteaban, y se gritaban el uno al otro:
                                                “Santo, santo, santo, Yahveh Sebaot:
                                                llena está toda la tierra de su gloria.”


Prefacio Pascual V: Porque Él, con la inmolación de su cuerpo en la cruz, dio pleno cumplimiento a lo
que anunciaban los sacrificios de la antigua alianza, y ofreciéndose a sí mismo por nuestra salvación quiso
ser al mismo tiempo sacerdote, víctima y altar.
Ascensión: Porque Jesús, el Señor, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte, ha ascendido
hoy ante el asombro de los ángeles a lo más alto del cielo, como mediador entre Dios y los hombres, como
juez de vivos y muertos. No se ha ido para desentenderse de este mundo, sino que ha querido precedernos
como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de
seguirlo en su reino.
190
    OGMR 79: Aclamación: toda la asamblea, uniéndose a las jerarquías celestiales, canta el Santo. Esta
aclamación, que constituye una parte de la Plegaria eucarística, la proclama todo el pueblo con el
sacerdote. Trisagio angélico.


                                                                                                        86
                                                     Ap 4, 8

                                                     Los cuatro seres vivientes, cada uno con
                                                     sus seis alas, estaban cubiertos de ojos por
                                                     fuera y por dentro. Día y noche cantan sin
                                                     pausa: Santo, Santo, Santo es el Señor
                                                     soberano de todo: el que era, y es y viene.

                                                     Salmo 117, 25-27

Hosanna191 en el cielo.                   Señor, danos la salvación; Señor, danos
Bendito el que viene en nombre del Señor. prosperidad. Bendito el que viene en
Hosanna en el cielo.                      nombre del Señor, os bendecimos desde
                                          la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos
                                          ilumina.

                                                     Mt 21, 9: Y la gente que iba delante y
                                                     detrás gritaba: “¡Hosanna al Hijo de
                                                     David! ¡ Bendito el que viene en nombre
                                                     del Señor! ¡Hosanna en el cielo! ”



                         Liturgia eucarística: Plegaria eucarística192
Textos litúrgicos                               Textos de la Biblia
CONSAGRACION:
                                                     Lucas 22, 19-20 ( paralelos y 1 Cor 11, 24-
                                                     25)

Tomad y comed todos de él,                           Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo
porque esto es mi Cuerpo,                            partió y se lo dio diciendo: “Este es mi
que será entregado por vosotros.                     cuerpo que es entregado por vosotros;
                                                     haced esto en recuerdo mío.”
Tomad y bebed todos de él,                           De igual modo, después de cenar, la copa,
porque éste es el cáliz de mi Sangre,                diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza
Sangre de la alianza nueva y eterna,                 en mi sangre, que es derramada por
que será derramada por vosotros                      vosotros.”
y por todos los hombres
para el perdón de los pecados.
Haced esto en conmemoración mía.


ACLAMACIONES:


191
   Hosanna: “da la salvación, por favor”
192
   De haber tenido tiempo, un comentario de la Plegaria Eucarística IV, inspirada en la anáfora de San
Basilio, nos habría convencido de la riqueza bíblica de este momento de al celebración. Estamos ante todo
un despliegue de la Historia de Salvación. Al no ser esto posible ahora nos centramos en las palabras de la
consagración y las aclamaciones.


                                                                                                        87
- Anunciamos tu muerte,                               Ap 22, 20: El que se hace testigo de estas
proclamamos tu resurrección.                          cosas dice: -“Sí, voy a llegar enseguida”.
¡Ven, Señor Jesús!                                    Amén. Ven, Señor Jesús.

- Cada vez que comemos de este pan                    1 Cor 11, 26. Por eso, cada vez que
y bebemos de este cáliz,                              coméis de este pan y bebéis del cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor,                          proclamáis la muerte del Señor hasta
hasta que vuelvas.                                    que vuelva.

DOXOLOGIA:
- Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre Rm 16, 27: Al Dios, único sabio, por
omnipotente, en la unidad del Espíritu         Jesucristo, la gloria por los siglos de los
Santo, todo honor y toda gloria por los        siglos. Amén.
siglos de los siglos. -Amén

                             Liturgia eucarística: Rito de comunión
Textos litúrgicos                                 Textos de la Biblia

INVITACION AL PADRENUESTRO:                           Romanos 5, 3-5

El amor de Dios ha sido derramado en                  Más aún; nos gloriamos hasta en las
nuestros corazones con el Espíritu Santo              tribulaciones, sabiendo que la tribulación
que se nos ha dado, digamos con fe y                  engendra la paciencia; la paciencia, virtud
esperanza.                                            probada; la virtud probada, esperanza,
                                                      y la esperanza no falla, porque el amor de
                                                      Dios ha sido derramado en nuestros
                                                      corazones por el Espíritu Santo que nos
                                                      ha sido dado.


PADRENUESTRO193:
                                                      Mt 6, 9-13
                                                      Vosotros orad así:
Padre nuestro que estás en el cielo                   “Padre nuestro del cielo
santificado sea tu Nombre;                            santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;                            venga tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el            hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo.                                                cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;                    Danos hoy el pan nuestro de cada día;
193
    OGMR 81: “En la Oración dominical se pide el pan de cada día, con lo que se evoca, para los
cristianos, principalmente el pan eucarístico, y se implora la purificación de los pecados, de modo que,
verdaderamente, "las cosas santas se den a los santos". El sacerdote invita a orar, y todos los fieles dicen,
a una con el sacerdote, la oración. El sacerdote solo añade el embolismo, y el pueblo lo termina con la
doxología. El embolismo, que desarrolla la última petición de la misma Oración dominical, pide para toda
la comunidad de los fieles la liberación del poder del mal. La invitación, la oración misma, el embolismo
y la doxología con que el pueblo cierra esta parte, se pronuncian o con canto o en voz alta.”
         En la celebración de la Eucaristía se reza esta oración al menos desde el siglo IV. San Cirilo de
Jerusalén (5ª catequesis mistagógica) lo comenta y sitúa antes de la comunión. Petición de perdón,
petición del pan, dimensión de fraternidad (perdón ofrecido) son motivos que sirven de preparación a la
comunión.


                                                                                                          88
perdona nuestras ofensas,                       perdónanos nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos                pues nosotros hemos perdonado
a los que nos ofenden;                          a los que nos han ofendido,
no nos dejes caer en la tentación,              no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.                             y líbranos del Maligno.”

                                                Ver Lc 11, 1-4

RESPUESTA AL EMBOLISMO194:                       Ap 12, 10: Y en el cielo se oyó una voz
                                                potente que decía: “Ya está aquí la
- Tuyo es el reino,                             salvación y el poder y el reinado de
tuyo el poder y la gloria,                      nuestro Dios. Ya está aquí la potestad de
por siempre, Señor.                             su Cristo. Ha sido precipitado el acusador
                                                de nuestros hermanos, el que día y noche
                                                los acusaba delante de nuestro Dios”.
GESTO DE LA PAZ:
-Señor Jesucristo,
que dijiste a tus apóstoles:
“La paz os dejo, mi paz os doy”,                Jn 14, 27: La paz os dejo, mi paz os doy,
no tengas en cuenta nuestros pecados,           no os la doy yo como la da el mundo. Que
sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu       no tiemble vuestro corazón ni se acobarde.
palabra,
concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos de los
siglos.

- La paz del Señor esté siempre con             Saludo de Cristo Resucitado: “Paz a
vosotros.                                       vosotros”. Lc 24, 36; Jn 20, 19.21.26

CORDERO DE DIOS:

- Cordero de Dios, que quitas el pecado del Is 53, 7. Cuando era maltratado, se
mundo, ten piedad de nosotros.              sometía, y no habría la boca; como
                                            cordero llevado al matadero, como oveja
- Cordero de Dios, que quitas el pecado del ante el esquilador, enmudecía y no habría
mundo, ten piedad de nosotros.              la boca.

- Cordero de Dios, que quitas el pecado del Juan 1, 29-30: Al día siguiente ve a Jesús
mundo, danos la paz.                        venir hacia él y dice: “He ahí el Cordero
                                            de Dios, que quita el pecado del mundo.
                                            Este es por quien yo dije: Detrás de mí
                                            viene un hombre, que se ha puesto delante
                                            de mí, porque existía antes que yo.”

                                                1 Cor 5, 7: Suprimid la levadura vieja y ser
                                                masa nueva, como panes pascuales que

194
   Em-ballo: añadir, introducir una cosa. Aquí desarrollo de la última petición del Padrenuestro.
¿Formaba parte de alguna versión del Padrenuestro? Así aparece en la Didaché.


                                                                                              89
                                            sois, pues Cristo, que es nuestro cordero
                                            pascual, ha sido ya inmolado.

INVITACION Y RESPUESTA ANTES
DE COMULGAR:

Este es el Cordero de Dios,                 Ver lo anterior
que quita el pecado del mundo.

Dichosos los invitados a la cena del Señor. Ap 19, 9. Entonces alguien me dijo: -
                                            Escribe: Dichosos los invitados al
                                            banquete de bodas del Cordero. Y añadió:
                                            - Palabra verdaderas de Dios son estas.

                                            Mateo 8, 5-9

                                            Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un
- Señor, no soy digno de que entres en mi   centurión y le rogó diciendo: “Señor, mi
casa, pero una palabra tuya bastará para    criado yace en casa paralítico con terribles
sanarme.                                    sufrimientos.” Dícele Jesús: “Yo iré a
                                            curarle.” Replicó el centurión: “Señor, no
                                            soy digno de que entres bajo mi techo;
                                            basta que lo digas de palabra y mi
                                            criado quedará sano. Porque también yo,
                                            que soy un subalterno, tengo soldados a
                                            mis órdenes, y digo a éste: "Vete", y va; y a
                                            otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz
                                            esto", y lo hace.”.

                       Liturgia eucarística: Rito de conclusión
Textos litúrgicos                           Textos de la Biblia

BENDICIONES.
26 fórmulas de bendiciones solemnes y 26
oraciones sobre el pueblo.

Un ejemplo: Ascensión del Señor:
                                            Lc 24, 51 Y sucedió que mientras los
- El Dios todopoderoso, por medio de su bendecía, se separó de ellos y fue llevado
Hijo, que ascendió hoy a lo alto de los al cielo.
cielos
                                            Ef 2, 6: Y con él nos resucitó y nos hizo
y os abrió el camino para seguirle hasta su sentar en los cielos en Cristo Jesús.
reino, os colme de bendiciones.

- Jesucristo, que después de su resurrección Ver encuentros con el Resucitado
se manifestó visiblemente a sus discípulos,
se os manifieste también como Juez Jn 5, 22: El Padre no juzga a nadie, sino
benigno cuando vuelva para juzgar al que le ha dado al Hijo todo el poder de


                                                                                        90
mundo.                                         juzgar.

                                           Col 3, 1: Así pues, si habéis resucitado con
- Y a quienes confesáis que está sentado a Cristo, buscad las cosas de arriba, donde
la derecha del Padre                       está Cristo sentado a la derecha de Dios.

os conceda la alegría de sentir que, según
su promesa, está con vosotros todos los Mt. 28, 20b: Y sabed que estoy con
días hasta el fin del mundo.               vosotros todos los días, hasta el fin del
                                           mundo.


                       Eucaristía: las oraciones presidenciales
                Un ejemplo: oraciones de la Misa del día de Pentecostés:
Textos litúrgicos                           Textos de la Biblia
ORACION COLECTA:

Oh Dios, que por el misterio de                Mt 28, 19: Id y haced discípulos de todos
Pentecostés santificas a tu Iglesia,           los pueblos, bautizándolos en el nombre
extendida por todas las naciones,              del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.



Derrama los dones de tu Espíritu sobre los   Is 11, 2: Se posará sobre el espíritu de
confines de la tierra                        Yahvé: espíritu de sabiduría e
                                             inteligencia, espíritu de consejo y
                                             fortaleza, espíritu de ciencia y temor de
                                             Yahvé.
Y no dejes de realizar hoy, en el corazón de Ez 36, 26. Y os daré un corazón nuevo, y
tus fieles,                                  os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré
                                             de vuestra carne el corazón de piedra y os
                                             daré un corazón de carne.
Aquellas maravillas que obraste en los       Hch 2, 4: Se llenaron todos del Espíritu
comienzos de la predicación evangélica.      Santo y empezaron a hablar en lenguas
                                             extranjeras, cada uno en la lengua que el
                                             Espíritu le sugería.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS:

Te pedimos, Señor, que, según la promesa       Jn 16, 13: Cuando venga él, el Espíritu de
de tu Hijo, el Espíritu Santo nos haga         la verdad, os guiará hasta la verdad
comprender la realidad misteriosa de este      completa; pues no hablará por su cuenta,
sacrificio y nos lleve al conocimiento pleno   sino que hablará lo que oiga, y os
de la verdad revelada.                         anunciará lo que ha de venir.

ORACION DE POSTCOMUNION:

Oh Dios, que has comunicado a tu Iglesia
los bienes del cielo, conserva los dones que Hch 1, 8. Cuando el Espíritu Santo
le has dado, para que el Espíritu Santo sea descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza

                                                                                       91
siempre nuestra fuerza y la eucaristía que para ser mis testigos en Jerusalén, en
acabamos de recibir acreciente en nosotros samaria y hasta los confines del mundo.
la salvación.


                    Eucaristía: cantos procesionales o antífonas
                  Un ejemplo: antífonas de la Misa del día de Pascua
Textos litúrgicos                           Textos de la Biblia

CANTO PARA LA PROCESION DE
ENTRADA195:

He resucitado y aún estoy contigo, has Sal 138, 18. 5-6
puesto sobre mí tu mano: tu sabiduría ha
sido maravillosa. Aleluya.
O bien:
En verdad ha resucitado el Señor, aleluya. Lc 24, 34;
A él la gloria y el poder por toda la Ap 1, 6
eternidad.


CANTO PARA LA PROCESIÓN DE
COMUNION196:

Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: 1 Co 5, 7-8
Cristo. Así pues, celebremos la Pascua con
los panes ázimos de la sinceridad y la
verdad.




195
    OGMR 48: El canto de entrada lo entona la schola y el pueblo, o un cantor y el pueblo, o todo el
pueblo, o solamente la schola. Pueden emplearse para este canto o la antífona con su salmo, como se
encuentran en el Gradual romano o en el Gradual simple, u otro canto acomodado a la acción sagrada o a
la índole del día o del tiempo litúrgico, con un texto aprobado por la Conferencia de los Obispos."
Si no hay canto de entrada, los fieles o algunos de ellos o un lector recitarán la antífona que aparece en el
Misal. Si esto no es posible, la recitará al menos el mismo sacerdote, quien también puede adaptarla a
modo de monición inicial (cfr. n. 31).
Ver también cantos propuestos por la Conferencia Episcopal Española y su contenido bíblico.
196
    El canto de comunión , del que hay testimonio en los siglos IV-V, consistió primeramente en el canto
responsorial de un salmo. Uno de los más citados, o el más citado, junto al 144 y por encima de él, como
canto de comunión, tanto en Oriente como en Occidente, es el salmo 33, con su frase-estribillo: “Gustad y
ved qué bueno es el Señor”.


                                                                                                          92
                                     TEMA NOVENO

                  Liturgia de las Horas, o el derroche de Palabra de Dios.

            Fuente de este tema: Ordenación General de la Liturgia de las Horas



              Oración primera:

              Canto: Palabra que fue luz
              Texto: Salmo 18, 8-11: La Ley del Señor es perfecta


       Introducción

        Casi concluyendo nuestro curso no podíamos terminar sin reconocer la presencia
intensa y extensa de la Palabra de Dios en la Liturgia de las Horas. Muchas de las que
estáis aquí sois expertas en este tema. Si no escucháis nada nuevo, aprovechad este
momento para agradecer este derroche del Dios que nos habla a través de su Palabra y
nos la ofrece para que podamos responderle.


                                                                                   93
       Para quienes no estéis tan familiarizados comenzaremos por comprender el
carácter litúrgico de esta oración de la Iglesia. Veremos después brevemente en que
consiste esta oración y nos centraremos sobre todo en las horas principales: Laudes y
Vísperas. Después podremos ver con mayor atención los elementos comunes de Laudes
y Vísperas que tienen más relación con la Palabra de Dios, y que son prácticamente
todos. No faltará una alusión al Oficio de Lecturas, tan relacionado con el tema que nos
ocupa.

       En esta aproximación de hoy tenemos suficiente con acercarnos a lo que nos dice
la Ordenación General de la Liturgia de las Horas (OGLH), texto que podéis encontrar
en el primer volumen de dicha liturgia, correspondiente a los tiempos de Adviento y
Navidad. Ese texto tiene una gran riqueza que aquí no podemos exponer. Sólo nos
fijaremos en aspectos puntuales.

       Conviene, eso sí, que se nos quede claro que, además del momento eucarístico,
la Palabra de Dios va llenando toda nuestra jornada a través de los siete momentos de
oración que jalonan el día.


        Desarrollo del tema


                   LA LITURGIA DE LAS HORAS: UN ACTO LITURGICO

       Si nos acercamos a ver qué es la Liturgia de las Horas descubriremos que se trata
realmente de un acto litúrgico, una celebración. Mucho de los rasgos que se señalan para
otros momentos, como la Eucaristía vuelven a darse en este momento: acción de Cristo
y de su Iglesia, dinámica trinitaria, presencia de la Palabra de Dios, protagonismo del
creyente. Y no olvidemos los signos, especialmente posturas y otros gestos. Podremos
descubrir esto en la OGLH, pero antes veamos con un poco de orden los rasgos de esta
celebración de la Iglesia197:

     Se llama “Liturgia de las Horas” a la oración que a lo largo de los siglos ha
organizado la Iglesia, siguiendo el ritmo del día y la noche, la mañana y la tarde.
Cuando celebramos Laudes y Vísperas o las otras horas, no sólo estamos rezando
nosotros solos, sino que participamos en la oración de toda la Iglesia. Más aún,
entramos en la oración de Cristo Jesús. Y así santificamos la jornada entera, o sea, la
orientamos hacia Dios, dando un tono de alabanza y de súplica al correr de las horas del
día.

     Todos los pueblos, y sobre todo el de Israel, dieron un tono de oración al correr de
la jornada. En el Templo, o en las sinagogas, o en sus casas, los judíos hacían oración
tres veces al día, por la mañana, al mediodía y a la tarde, con salmos y cánticos.

    Cristo, nuestro mejor maestro, también nos dio ejemplo de oración, en la soledad
del desierto o en compañía de los discípulos, en la sinagoga o en el Templo, siguiendo
197
   Textos tomados de Aldazábal, J.: Vocabulario básico de liturgia. Voz. “Liturgia de las Horas”, pp
219-221. CPL. Biblioteca litúrgica, n 3. Barcelona 1996.


                                                                                                 94
los ritmos de oración heredados de su pueblo (de los números que el Catecismo dedica
a la oración de Jesús: CEC 2599-2615). Aprendió la oración de su pueblo, pero sobre
todo nos hizo partícipes de su oración divina: “Cristo Jesús, el Sumo Sacerdote, cuando
tomó la naturaleza humana, introdujo en este exilio terrestre aquel himno que se canta
perpetuamente en las moradas celestiales” (SC 83).

    Y ahora como Señor Resucitado, en su existencia pascual, sigue orando. Alaba a
su Padre e intercede continuamente por nosotros, ejerciendo su papel de Mediador y
Sacerdote ante el Padre. Ahora “resuena en el corazón de Cristo la alabanza a Dios con
palabras humanas de adoración, propiciación e intercesión: todo ello lo presenta al
Padre, en nombre de los hombres y para bien de todos ellos, el que es príncipe de la
nueva humanidad y mediador ante Dios” (OGLH 3).

     Nuestra oración de las Horas no es sólo nuestra. Es oración con Cristo: “él une a
sí a toda la comunidad humana, de modo que se establece una unión íntima entre la
oración de Cristo y la de todo el género humano» y de una manera especial asocia a sí
a los que formamos parte de su Cuerpo, la Iglesia (OGLH 6-7). Nuestra oración es así
«la voz de la misma Esposa que habla al Esposo: más aún, es la oración de Cristo con
su Cuerpo al Padre” (SC 84). “Es necesario, por tanto, que mientras celebramos el
oficio, reconozcamos el eco de nuestras voces en la de Cristo y la voz de Cristo en
nosotros. Nuestra oración recibe su unidad del corazón de Cristo” (Pablo VI, «Laudis
canticum»).

     La Liturgia de las Horas es la oración que la Iglesia ha hecho suya. A lo largo de
los siglos ha ido variando el número de horas, o la distribución de los salmos, o los
textos de las preces. Pero ésta es la oración que la Iglesia considera como suya, y por
tanto tiene la eficacia y la dignidad de ser la oración eclesial por excelencia, unida a la
de Cristo198.

    Estos mismos aspectos señalados aparecen en la OGLH en la siguiente selección de
textos:

OLGH 1:         “La oración pública y comunitaria del pueblo de Dios figura con razón
entre los principales cometidos de la Iglesia…”

OLGH 2:          “…Esta Liturgia de las Horas u Oficio Divino, enriquecida también con
lecturas, es principalmente oración de alabanza y de súplica, y ciertamente oración que
la Iglesia realiza con Cristo y que dirige a él.”

OLGH 8:         “…No puede darse, pues, oración cristiana sin la acción del Espíritu
Santo, el cual, realizando la unidad de la Iglesia, nos lleva al Padre por medio del Hijo.”
198
    Además, la Liturgia de las Horas, que antes se consideraba casi como la oración propia de los
canónigos, de los ministros ordenados o de los religiosos obligados al coro, ahora la Iglesia la considera
como la oración de todo el pueblo de Dios. Todos son invitados idealmente a esta oración litúrgica, sobre
todo en las dos horas fundamentales de Laudes y Vísperas: es la oración comunitaria del pueblo de Dios
unido a Cristo. Dentro de esta comunidad cristiana que, toda ella, es invitada a unirse a la oración de
Cristo y de la Iglesia, hay dos categorías de personas que lo son de modo muy particular: los ministros
ordenados y los religiosos. Los ministros ordenados, porque representan de un modo especial a Cristo
como orante y sacerdote, y los religiosos porque deben ser, dentro de la comunidad eclesial, signo y
fermento (cf. OGLH 23-32).


                                                                                                       95
OLGH 9:        “Por tanto, el ejemplo y el mandato de Cristo y de los Apóstoles de orar
siempre e insistentemente, no han de tomarse como simple norma legal, ya que
pertenecen a la esencia íntima de la Iglesia, la cual al ser una comunidad, debe
manifestar su propia naturaleza comunitaria incluso cuando ora…”

OLGH 10: “…Responde al mandato de Cristo no sólo con la celebración eucarística,
sino también con otras formas de oración, principalmente con la Liturgia de las Horas,
que, conforme a la antigua tradición cristiana, tienen como característica propia la de
servir para santificar el curso entero del día y de la noche199. ”

OLGH 12: “La Liturgia de las Horas extiende200 a los distintos momentos del día la
alabanza y la acción de gracias, así como el recuerdo de los misterios de la salvación, las
suplicas y el gusto anticipado de la gloria celeste, que se nos ofrecen en el misterio
eucarístico, «centro y cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana»201.”

OLGH 13: “La «obra de la redención de los hombres y de la perfecta glorificación
de Dios»202 es realizada por Cristo en el Espíritu Santo por medio de su Iglesia, no sólo
en la celebración de la Eucaristía y en la administración de los sacramentos, sino
también con preferencia a los modos restantes, cuando se desarrolla la Liturgia de las
Horas203. En ella Cristo está presente en la asamblea congregada, en la Palabra de Dios
que se proclama y «cuando la Iglesia suplica y canta salmos»204.”

OLGH 14: “La santificación humana y el culto a Dios205 se dan en la Liturgia de las
Horas forma tal que se establece aquí aquella especie de correspondencia o diálogo
entre Dios y los hombres, en que «Dios habla a su pueblo,… y el pueblo responde a
Dios con el canto y la oración»206…”

OLGH 20: “La Liturgia de las Horas, como las demás acciones litúrgicas, no es una
acción privada, sino que pertenece a todo el cuerpo de la Iglesia, lo manifiesta e influye
en él207…”

OLGH 22: “Por tanto cuando los fieles son convocados y se reúnen para la Liturgia
de las Horas, uniendo sus corazones y sus voces, visibilizan a la Iglesia que celebra el
misterio de Cristo208. ”


199
      Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núms. 83-
84.
200
    Cf. Concilio Vaticano II, Decreto Presbiterorum ordinis, sobre el ministerio y la vida de los
presbíteros, núm. 5.
201
    Cf. Concilio Vaticano II, Decreto Christus Dominus, sobre el deber pastoral de los obispos en la
Iglesia, núm. 30.
202
    Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 5.
203
    Ibid., núms. 83 y 98.
204
    Ibid., núm. 7.
205
    Ibid., núm. 10.
206
    Ibid., núm. 33.
207
    Ibid., núm. 26.
208
    Ibid., núms. 26 y 84.


                                                                                                      96
OLGH 27: “Se recomienda asimismo a los laicos, dondequiera que se reúnan en
asambleas de oración, de apostolado, o por cualquier otro motivo, que reciten el Oficio
de la Iglesia209, celebrando alguna parte de la Liturgia de las Horas. Es conveniente que
aprendan, en primer lugar, a adorar al Padre en espíritu de verdad210, y que se den cuenta
de que el culto público y la oración que celebran atañen a todos los hombres y puede
contribuir en considerable medida a la salvación del mundo entero211. Conviene
finalmente que la familia, que es como un santuario doméstico dentro de la Iglesia, no
sólo ore en común, sino que además lo haga recitando algunas partes de la Liturgia de
las Horas, cuando resulte oportuno, con lo que se sentirá más insertada en la Iglesia212. ”


                                          SIETE MOMENTOS…

     La estructura que se ha ido configurando a lo largo de los siglos para la Liturgia de
las Horas, quiere ayudamos a santificar el tiempo, o sea, orientarlo a Dios y al bien de
los demás. Y, como decíamos antes, llena de la Palabra de Dios toda la jornada.

     El nombre ahora preferido para designar este tipo de celebración -en vez de
Breviario u Oficio Divino-, es el de “Liturgia de las Horas”: “Liturgia”, porque es una
celebración; “de las Horas”, porque sigue el ritmo del día y la noche, la luz y la
oscuridad, la mañana y la tarde, y así abarca en su dinámica de alabanza o de súplica
toda la jornada.

    Las dos horas fundamentales son las de Laudes y Vísperas, que son consideradas ya
desde los primeros siglos como las más apropiadas a toda la comunidad cristiana, al
principio y al final de las actividades del día. Eran las horas del “oficio eclesial” a cuya
celebración acudían el obispo, los otros ministros, los monjes cercanos y el pueblo,
como nos atestigua, por ejemplo, el relato de la peregrina Egeria en Jerusalén.

    A estas se añadieron, con el correr de los siglos, sobre todo en ambiente monástico,
otras horas diurnas y nocturnas, para ayudar a cumplir con mayor generosidad ascética
el mandamiento de la oración incesante (cf. Lc 18,1). Así surgieron Prima, Tercia,
Sexta, Nona y Completas. De noche se organizó también la oración de varios modos,
como vigilias y nocturnos, que luego se hicieron antes del amanecer y se llamaron
Maitines.

     El Concilio Vaticano II dio normas para la revisión y la reforma de esta oración
oficial de la Iglesia (SC 83-101): dio prioridad a Laudes y Vísperas, suprimió Prima,
dejó que de las Horas intermedias, fuera de las comunidades corales, se pueda elegir una
sola, indicó que Completas sea siempre oración de fin de jornada, mientras que el Oficio
de Lecturas (que todavía llama Maitines) no se sujete necesariamente a la hora nocturna,
encomendó la “verdad del tiempo” (“veritas temporis”) en el rezo de cada Hora, y dio

209
    Ibid., núm. 100.
210
    Cf. Jn 4, 23.
211
    Cf. Concilio Vaticano II, Declaración Gravissimum educationis, sobre la educación cristiana, núm. 2;
Decreto Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los seglares, núm. 16.
212
    Cf. Concilio Vaticano II, Decreto Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los seglares, núm.
11.



                                                                                                       97
otra serie de criterios para el rezo de los salmos, los himnos y las lecturas.

    En 1971, precedida por la Constitución Apostólica de Pablo VI “Laudis Canticum”
(Cf. E213 3923-3941), apareció la Institutio Generalis Liturgiae Horarum, con la
motivación y las orientaciones para la celebración de la Liturgia de las Horas en sus
diversos aspectos (cf. E 3942-4225).


    En el siguiente cuadro observamos los nombres y los momentos de las siete
ocasiones de oración que nos presenta la liturgia de las horas:

                  NOMBRE                                             MOMENTO

               LAUDES                                           MAÑANA
         OFICIO DE LECTURAS                               VARIAS POSIBILIDADES
               TERCIA                                        MEDIA MAÑANA
                SEXTA                                           MEDIODIA
                NONA                                    PRIMERA HORA DE LA TARDE
              VISPERAS                                         ATARDECER
             COMPLETAS                                     ANTES DE ACOSTARSE


       De entre ellas nos fijaremos en la presencia de la palabra de Dios en las Laudes,
las Vísperas y el Oficio de Lectura.

                      ...DONDE LA PALABRA DE DIOS LO LLENA TODO

                     “La Palabra de Dios habite en vosotros con toda su riqueza;
                             instruíos y amonestaos con toda sabiduría,
                          cantad agradecidos a Dios en vuestros corazones
                             con salmos, himnos y cánticos inspirados”
                                     (Col 3, 16; cf. Ef 5, 19-20).

OLGH 14: “…Los que participan en la Liturgia de las Horas pueden hallar una
fuente abundantísima de santificación en la Palabra de Dios que tiene aquí principal
importancia. En efecto, tanto las lecturas como los salmos que se cantan en su presencia
están tomados de la Sagrada Escritura y las demás preces, oraciones e himnos están
penetradas de su espíritu214…”

OLGH 18: “…A su vez, las lecturas y oraciones de la Liturgia de las Horas
constituyen un manantial de vida cristiana. Esta se nutre de la mesa de la Sagrada
Escritura y de las palabras de los Santos, y se robustece con las plegarias. Pues sólo el
Señor, sin el cual nada podemos hacer215, y a quien acudimos con nuestros ruegos,
puede dar a nuestras obras la eficacia y el incremento216, para que diariamente seamos

213
    Enchiridion. Documentación litúrgica posconciliar (ed A. Pardo), Regina, Barcelona 1992, 1456 págs.
(2ª ed.)
214
    Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 24.
215
    Cf. Jn 15, 5.
216
    Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 86.


                                                                                                    98
edificados como morada de Dios en el Espíritu217, a la medida de la plenitud de
Cristo218, y redoblemos las energías para llevar la buena nueva de Cristo a los que están
fuera219.”

OLGH 140: “La lectura de la Sagrada Escritura, que conforme a una antigua tradición
se hace públicamente en la Liturgia, no sólo en la celebración eucarística, sino también
en el Oficio divino, ha de ser tenida en máxima estima por todos los cristianos porque
es propuesta por la misma Iglesia, no por elección individual o mayor propensión del
espíritu hacia ella, sino en orden al misterio que la Esposa de Cristo «desarrolla en el
círculo del año, desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la
expectación de la dichosa esperanza y venida del Señor»220. Además, en la celebración
litúrgica, la lectura de la Sagrada Escritura siempre va acompañada de la oración, de
modo que la lectura produce frutos más plenos y a su vez la oración, sobre todo la de los
salmos, es entendida, por medio de las lecturas, de un modo más profundo y la piedad se
vuelve más intensa.”

OLGH 144: “ Siguiendo en pie la excepción de que se habla en el n. 73221, no se leerá
el Evangelio en la Liturgia de las Horas, puesto que se lee íntegramente todos los años
en la Misa.”

OLGH 146: “…Mientras el Nuevo Testamento se lee íntegramente todos los años, ya
sea en la Misa ya en la Liturgia de las Horas, se han seleccionado de los libros del
Antiguo Testamento tan sólo aquellas partes que son de mayor importancia para la
inteligencia de la historia de la Salvación y para el fomento de la piedad.”



                                         LAUDES Y VISPERAS


OLGH 37: “«Las Laudes, como oración matutina, y las Vísperas, como oración
vespertina, que, según la venerable tradición de toda la Iglesia, son el doble quicio sobre
el que gira el Oficio cotidiano, se deben considerar y celebrar como las Horas
principales»222.”


                                Estructura de las Laudes y las Vísperas


                   LAUDES                                             VISPERAS



217
    Cf. Ef 2, 21-22.
218
    Cf. Ef 4, 13.
219
    Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 2.
220
    Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 102.
221
    En la vigilias más prolongadas.
222
    Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 89a;
cf. Ibid., núm. 100.


                                                                                                    99
1.- Invocación inicial223                        1.- Invocación inicial229
2.- Himno224                                     2.- Himno230
3.- Salmodia: antífona, texto, gloria.225        3.- Salmodia: antífona, texto, gloria.
      a: salmo matutino                                a: salmo
      b: cántico tomado del AT                         b: salmo
      c: salmo de alabanza                             c: cántico tomado de las Epístolas
                                                           o del Apocalipsis.
4.- Lectura226                                    4.- Lectura231
       - lectura                                        - lectura
       - (homilía)                                      - (homilía)
       - (silencio)                                     - (silencio)
5.- Responsorio breve                            5.- Responsorio breve
6.- Cántico evangélico: Benedictus               6.- Cántico evangélico: Magnificat
7.- Preces consagrando a Dios el día             7.- Preces de intercesión
    y el trabajo
8.- Padrenuestro                                 8.- Padrenuestro
9.- Oración conclusiva227                        9.- Oración conclusiva232
10.- Conclusión228                               10.- Conclusión233

        Comentario de los elementos más significativos en relación con la PdD

        Los salmos:

OLGH 100: “En la Liturgia de las Horas, la Iglesia ora sirviéndose en buena medida
de aquellos cánticos insignes que bajo la inspiración del Espíritu Santo compusieron los
autores sagrados del Antiguo Testamento. Pues por su origen tienen la virtud de elevar
hacia Dios la mente de los hombres, excitan en ellos sentimientos santos y piadosos, les
ayudan de un modo admirable a dar gracias en los momentos de alegría y les
proporcionan consuelo y firmeza de espíritu en la adversidad.”

OLGH 108: “Quien recita los salmos en la Liturgia de las Horas no lo hace tanto en
nombre propio como en nombre de todo el Cuerpo de Cristo, e incluso en nombre de la
persona del mismo Cristo. Teniendo esto presente se desvanecen las dificultades que
surgen cuando alguien, al recitar el salmo advierte tal vez que los sentimientos de su
Corazón difieren de los expresados en el mismo, así, por ejemplo, si el que está triste y


223
    Dios mío, ven en mi auxilio… En Laudes, suprimido cuando se hace el salmo invitatorio.
224
    Da el tono, colorido propio de la hora, el tiempo…
225
    Posibilidad de realizar las oraciones sálmicas.
226
    Señalada de acuerdo con las características del día, del tiempo o de la fiesta.
227
    Las que figuran en el salterio para las ferias ordinarias, las del propio para los demás días.
228
     Ministro ordenado: bendición y conclusión. Si no es así: conclusión-invocación: El Señor nos
bendiga…
229
    Dios mío, ven en mi auxilio… En Laudes, suprimido cuando se hace el salmo invitatorio
230
    Da el tono, colorido propio de la hora, el tiempo…
231
    Señalada de acuerdo con las características del día, del tiempo o de la fiesta.
232
    Las que figuran en el salterio para las ferias ordinarias, las del propio para los demás días.
233
     Ministro ordenado: bendición y conclusión. Si no es así: conclusión-invocación: El Señor nos
bendiga…


                                                                                              100
afligido se encuentra con un salmo de júbilo o, por el contrario, si sintiéndose alegre se
encuentra con un salmo de lamentación…”

OLGH 110: “Quien recita los salmos en nombre de la Iglesia debe dirigir su atención
al sentido pleno d ellos salmos, en especial al sentido mesiánico que movió a la Iglesia a
servirse del Salterio…”


       Las antífonas:


OLGH 1:        “Tres cosas hay en la tradición latina que contribuyeron grandemente a la
inteligencia de los salmos o a su adaptación para la oración cristiana, a saber, los títulos,
las oraciones sálmicas y, sobre todo, las antífonas.”

OLGH 113: “…Las antífonas, en efecto, ayudan a poner de manifiesto el género
literario del salmo; lo transforman en oración personal; iluminan mejor alguna frase
digna de atención y que pudiera pasar inadvertida; proporcionan a un determinado
salmo cierta tonalidad peculiar en determinadas circunstancias…”


       Los cánticos del Antiguo y Nuevo Testamento:

OLGH 136: “En las Laudes, entre el primero y segundo salmo, se intercala, según
costumbre, un cántico del Antiguo Testamento. Además de la serie aceptada por la
antigua tradición romana y de la nueva ordenación introducida por san Pío X en el
Breviario, se han añadido en el Salterio muchos cánticos sacados de los libros del
Antiguo Testamento, de forma que cada día ferial de las cuatro semanas tenga su cántico
propio y en los domingos alternen las dos partes del cántico de los Tres Jóvenes.”


OLGH 137: “En las Vísperas, después de los dos salmos, se intercala un cántico del
Nuevo Testamento, sacado de las Epístolas o del Apocalipsis. Se indican siete cánticos
para cada uno de los días de la semana. Pero en los domingos de Cuaresma, en lugar del
cántico aleluyático sacado del Apocalipsis, se dice el cántico tomado de la primera
Epístola de San Pedro. Además, en la solemnidad de la Epifanía y en la fiesta de la
Transfiguración del Señor, se recitará el cántico indicado en su lugar, de la primera carta
a Timoteo.”

OLGH 138: “A los cánticos evangélicos Benedictus, Magnificat y Nunc dimittis se les
ha de conceder la misma solemnidad y dignidad con que se acostumbra a oír la
proclamación del Evangelio.”

OLGH 139: “La salmodia y las lecturas están ordenadas conforme a una ley firme de
la tradición que sitúa, en primer lugar, el Antiguo Testamento, luego el Apóstol y por
último el Evangelio.”


       Las lecturas breves:


                                                                                          101
OLGH 45: “La lectura breve está señalada de acuerdo con las características del día,
del tiempo o de la fiesta; deberá leerse y escucharse como una proclamación de la
Palabra de Dios, que inculca con intensidad algún pensamiento sagrado y que ayuda a
poner de relieve determinadas palabras a las que posiblemente no se presta toda la
atención en la lectura continua de la Sagrada Escritura. Las lecturas breves son distintas
en cada uno de los días en que se divide el salterio.”

OLGH 156: “Las lecturas breves, o «capítulos», cuya importancia en la Liturgia da las
Horas se señaló en el n. 45, fueron seleccionadas de forma que expresen sucinta y
distintamente una sentencia o exhortación. Se ha prestado atención asimismo a la
variedad.”

OLGH 158: “En la selección de lecturas breves se han seguido los siguientes criterios.
a) Conforme a la tradición, se han excluido los Evangelios; b) Se ha observado, en la
medida de lo posible, el carácter propio del domingo, y también el de la feria VI y el de
las mismas Horas; c) Las lecturas de las Vísperas fueron seleccionadas tan sólo del
Nuevo Testamento, puesto que van después de un cántico del Nuevo Testamento.”

       Los responsorios:

OLGH 172: “…el responsorio breve de las Laudes matutinas, Vísperas y
Completas… y los versos que acompañan a Tercia, Sexta y Nona, responden a la lectura
breve a modo de cierta aclamación mediante la cual la Palabra de Dios penetra más
profundamente en el espíritu del que escucha o del que lee.”


       Las preces:

OLGH 179: “La Liturgia de las Horas celebra ciertamente las alabanzas de Dios.
Ahora bien, tanto la tradición judaica como la cristiana no separan la oración de petición
de la alabanza divina; a menudo la suplica es en alguna manera una deducción de la
alabanza divina…”


OLGH 185: “Como se hace en el Padrenuestro conviene enlazar las peticiones con la
alabanza de Dios o la confesión de su gloria, o la conmemoración de la historia de la
salvación.”

       El Padrenuestro:

OLGH 194: “En las Laudes matutinas y en las Vísperas, como Horas mas populares, a
continuación de las preces ocupa el Padrenuestro el lugar correspondiente a dignidad, de
acuerdo con una tradición venerable.”


OLGH 195: “Así, la oración dominical, de ahora en adelante, dirá solemnemente tres
veces al día, a saber: en la Misa, en las Laudes matutinas y en las Vísperas.”



                                                                                      102
        El silencio sagrado:

OLGH 194: “Por lo tanto, según la oportunidad y la prudencia, para lograr la plena
resonancia de la voz del Espíritu Santo en los corazones y para unir más estrechamente
la oración personal con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia, es lícito dejar
un espacio de silencio o después de cada salmo, una vez repetida su antífona, según la
costumbre tradicional, sobre todo si después del silencio se añade la oración sálmica (cf.
n. 112) o después de las lecturas tanto breves, como más largas, indiferentemente antes
o después del responsorio. Se ha de evitar, sin embargo, que el silencio introducido sea
tal que deforme la estructura del Oficio o resulte molesto o fatigoso para los
participantes...”


                                        OFICIO DE LECTURA

       Es la hora de compenetrarse con la Palabra de Dios, ambientada por los salmos
(que forman parte de ella) y comentada por los Padres de la Iglesia. Es la hora de la
escucha.

       En un texto que habla de cómo los ministros sagrados han de orar con el Oficio
de Lectura nos ilustra sobre los efectos que la Palabra de Dios produce:

OLGH 29: “…Hagan con fidelidad el Oficio de lecturas, que es principalmente una
celebración litúrgica de la Palabra de Dios; cumplirán así cada día con el deber, que a
ellos les atañe con particular razón, de acoger en sus propios corazones la Palabra de
Dios, con lo que crecerán en la perfección de discípulos del Señor y saborearán más a
fondo las insondables riquezas de Cristo234.”

       La importancia de la Palabra de Dios en el Oficio de Lectura aparece claramente
señalada:

OLGH 55: “El Oficio de lectura se orienta a ofrecer al pueblo de Dios y
principalmente a quienes se han entregado al Señor con una consagración especial, una
más abundante meditación de la palabra de Dios y las mejores páginas de los autores
espirituales, Pues si bien es verdad que en la misa de cada día es más rica la serie de
lecturas bíblicas, no puede negarse que el tesoro de la revelación y de la tradición
contenido en el Oficio de lectura es de grande provecho espiritual. Traten de buscar
estas riquezas, ante todo, los sacerdotes, para que puedan transmitir a otros la palabra de
Dios que ellos han recibido y convertido su doctrina en «alimento para el pueblo de
Dios»235.”

OLGH 56: “La oración debe acompañar «a la lectura de la Sagrada Escritura, a fin de
que se establezca un coloquio entre Dios y el hombre, puesto que con él hablamos
cuando oramos y lo escuchamos a él cuando leemos los divinos oráculos»236. y, por lo

234
    Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Dei verbum, sobre la divina revelación, núm. 25;
Decreto Presbiterorum ordinis, sobre el ministerio y la vida de los presbíteros, núm. 13.
235
    Pontifical romano, De ordinatione presbyterorum, núm. 14.
236
    S. Ambrosio, De Officiis ministrorum I, 20, 88: PL 16, 50; Concilio Vaticano II, Constitución
dogmática Dei verbum, sobre la divina revelación, núm. 25.


                                                                                                 103
mismo, el Oficio de lectura consta también de salmos, de un himno, de una oración y de
otras fórmulas, y tiene de suyo carácter de oración.”

OLGH 64: “Se hace una doble lectura: la primera es bíblica; la otra puede estar
tomada de las obras de los Padres o de escritores eclesiásticos o ser hagiográfica.”

OLGH 143: “En la distribución de las lecturas de la Sagrada Escritura, en el Oficio de
lectura se tienen en cuenta tanto aquellos tiempos sagrados en los que siguiendo una
tradición venerable se han de leer ciertos libros, como la distribución de las lecturas en
la Misa. De esta forma, pues, la Liturgia de las Horas se coordina con la Misa de modo
que la lectura de la Escritura en el Oficio complete las lecturas hechas en la Misa,
ofreciendo así un panorama de toda la historia de la salvación.”

       Y hasta la lectura de los Padre y de los escritores eclesiásticos mantienen una
estrecha relación con esa misma Palabra de Dios:

OLGH 163: “La finalidad de esta lectura es, ante todo, la meditación de la palabra de
Dios tal como es entendida por la Iglesia en su tradición. Porque la Iglesia siempre
estimó necesario declarar auténticamente a los fieles la palabra de Dios de modo que «la
línea de la interpretación profética y apostólica se guíe conforme a la norma del sentido
eclesiástico y católico»237.”

OLGH 164: “Mediante el trato asiduo con los documentos que presenta la tradición
universal de la Iglesia, los lectores son llevados a una meditación más plena de la
Sagrada Escritura y a un amor suave y vivo. Porque los escritos de los Santos Padres son
testigos preclaros de aquella meditación de la palabra de Dios, producida a lo largo de
los siglos, mediante la cual la Esposa del Verbo Encarnado, es decir, la iglesia «que
tiene consigo el consejo y el Espíritu de su Dios y Esposo»238, se afana por conseguir
una inteligencia cada vez más profunda de las Sagradas Escrituras.”

           También los responsorios ayudan en esa comprensión de la Escritura:

OLGH 169: “A la lectura bíblica en el Oficio de, la lectura le sigue su propio
responsorio cuyo texto ha sido seleccionado del tesoro tradicional o compuesto de
nuevo de forma que arroje nueva luz para la inteligencia de la lectura que se acaba de
hacer, ya sea insertando dicha lectura en la historia de la salvación, ya conduciéndonos
desde el Antiguo Testamento al Nuevo, ya convirtiendo la lectura en oración o
contemplación, ya, finalmente, ofreciendo la fruición variada de sus bellezas poéticas.”



           Oración final:

           Señor, que has iluminado las tinieblas de nuestra ignorancia
           con la luz de tu Palabra,
           acrecienta en nosotros la fe que tú mismo nos has dado.

237
      S. Vicente de Lerins, Commonitorium, 2: PL 50, 640.
238
      S. Bernardo, Sermo 3 in vigilia Nativitatis, 1: PL 183 (edición 1879), 94.


                                                                                      104
           Que ninguna tentación pueda nunca destruir el ardor de la fe y de la caridad
           que tu gracia ha encendido en nuestro espíritu.
           Amén.




                                               TEMA DECIMO


                       La Palabra de Dios en otros sacramentos y sacramentales.

                                  Fuente de este tema: los diversos Rituales


                    Oración primera:

                    Canto: Danos, Señor, un corazón nuevo.
                    Texto: Is 55, 8-11
                    Canto: Las palabras de los hombres.

               Oración: “Bendícenos, Señor, con todas las bendiciones del cielo y
mantennos siempre santos y puros en tu presencia; derrama sobre nosotros, con
abundancia, las riquezas de tu gloria, instrúyenos con la palabra de la verdad, oriéntanos
con el evangelio de la salvación y haznos ricos en caridad fraterna. Amén.”239


239
      Adaptación de la oración sobre el pueblo número 20.


                                                                                          105
           Introducción

       Concluimos estos encuentros de formación litúrgica. Y lo hacemos con un breve
acercamiento a los otros sacramentos y alguno de los sacramentales. También en ellos
se hace siempre presente la Palabra de Dios que acompaña, más aún, protagoniza la
acción litúrgica.

        Vamos a recordar la presencia directa de esa Palabra en el momento de su
lectura. Como muchos de los sacramentos y también sacramentales se desarrollan
durante la celebración Eucarística no repetiremos lo que ya hemos visto relacionado con
dicha celebración. Tampoco entraremos a fondo en la presencia de la Palabra en los
otros momentos de la celebración sacramental (oraciones, fórmulas, gestos…), salvo
algunos ejemplos más significativos.

       Hoy, ya en el final de este recorrido, nos limitaremos tan sólo a subrayar la
importancia de lo que ya hemos comentado hasta ahora y referido en este momento al
resto de sacramentos. Y, a modo de ejemplo, daremos algunas pinceladas que nos
ayuden a comprender esa importancia.

           Desarrollo del tema

        Como hemos hecho a lo largo de estos encuentros vamos a leer lo que se nos
dice en los mismos rituales. O a ver la práctica que marcan. O tomar algún ejemplo de
lo que se realiza.



           A.- SACRAMENTOS:

           Bautismo240:

       En este sacramento no sólo el momento celebrativo, sino todo el proceso
catecumenal están marcados pro la presencia de la Palabra de Dios. Veamos unos
ejemplos:

                    La entrega del Padrenuestro:

RICA 25b: “Las «entregas», por las cuales la Iglesia entrega o confía a los elegidos
antiquísmos documentos de la fe y de la oración, a saber: el símbolo y la Oración
dominical, tienden a la iluminación de los elegidos… en la Oración dominical
descubren más profundamente el nuevo espíritu de los hijos, gracias al cual, llaman
Padre a Dios, sobre todo durante la reunión Eucarística.”

RICA 188: “También se entrega a los elegidos la «Oración dominical», que desde la
antigüedad es propia de los que han recibido en el Bautismo el espíritu de los hijos de


240
      Las citas se refieren concretamente al Ritual para la iniciación cristiana de Adultos: RICA.


                                                                                                     106
adopción, y que los neófitos recitan juntamente con los demás bautizados al participar
por primera vez en la celebración de la Eucaristía241.”


                 La entrega del Evangelio242:

RICA 93:       “A continuación, si parece oportuno, se pueden distribuir, con dignidad y
reverencia, los libros de los Evangelios a los catecúmenos, usando para el caso alguna
fórmula apropiada, v. gr.: - Recibe el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios… El
catecúmeno dará una respuesta en consonancia con el obsequio y las palabras del
celebrante.”

               Otros ritos: Recitación del símbolo, rito del “Effetá”, rito de la elección
del nombre cristiano, van acompañados de la lectura de la Palabra de Dios que los
explica y prepara243.

                 Las celebraciones de la Palabra:

RICA 106244: “Para la utilidad de los catecúmenos prepárense peculiares celebraciones
de la palabra de Dios, procurando en primer lugar los fines siguientes: a) que la doctrina
recibida penetre en las almas, v. gr., la ética propia del Nuevo Testamento, el perdón de
las injurias y de las ofensas, el sentido del pecado y la penitencia, la misión de los
cristianos en el mundo, etc.; b) que enseñen a saborear los diversos métodos y aspectos
de la oración; c) que explanen a los catecúmenos los símbolos, gestos y tiempos del
misterio litúrgico; que les vayan introduciendo gradualmente en los actos de culto de la
comunidad total.”


        Confirmación:

       En este sacramento la Liturgia de la Palabra se realiza en la forma habitual para
la Eucaristía.


RC 13:        “...Debe darse el mayor relieve a la celebración de la Palabra de Dios,
con que comienza el rito de la Confirmación. De la escucha de la Palabra de Dios
proviene la multiforme acción del Espíritu Santo sobre el Iglesia y sobre cada uno de los
bautizados o confirmandos, y se manifiesta la voluntad del Señor en la vida de los
cristianos.

       Debe darse gran importancia la recitación de la oración dominical
(Padrenuestro), que hacen los confirmandos juntamente con el pueblo, ya sea dentro de
241
    Los números 189 a 192 contienen las forma en que se ha de realizar esta entrega, la lecturas y
oraciones que la acompañan.
242
    Reacuérdese lo dicho sobre el Evangeliario en su entrega a los diáconos y en la ordenación de obispos.
243
    Ver RICA 193 a 205.
244
    Ver también RICA 100; “Ténganse las celebraciones de la Palabra de Dios, acomodadas al tiempo
litúrgico, que sirvan lo mismo para la formación de los catecúmenos que para las necesidades espirituales
de los fieles.”



                                                                                                      107
la Misa antes de la Comunión, ya fuera de la Misa antes de la bendición, porque es el
Espíritu el que ora en nosotros, y el cristiano en el Espíritu dice: «Abba, Padre»”.


        Matrimonio:

       En este sacramento la Liturgia de la Palabra se realiza en la forma habitual para
la Eucaristía, cambiando el lugar de la oración de los fieles.

RM 35:         “Se destacarán los principales elementos de la celebración del
Matrimonio, a saber: la liturgia de la palabra, en la que se resalta la importancia del
Matrimonio cristiano en la historia de la salvación y sus funciones y deberes de cara a la
santificación de los cónyuges y de los hijos…245”


        Orden sacerdotal:

       En este sacramento la Liturgia de la Palabra se realiza en la forma habitual para
la Eucaristía, omitiendo el Credo y al Oración de los fieles. Por otra parte la importancia
de la Palabra de Dios aparece en el momento de la “Promesa de los elegidos”:

RO 15:         “…-¿Realizaréis el ministerio de la palabra, preparando la predicación
del Evangelio y la exposición de la fe católica con dedicación y sabiduría? – Sí, lo
haré…”
       Y encontramos de nuevo una referencia a nuestro tema en la oración de
ordenación, no solo en las referencias a la historia de la salvación, sino también en las
peticiones insertas en la misma oración:

RO 22:         “… Sean sinceros colaboradores del Orden Episcopal para que la palabra
del Evangelio llegue a toda la tierra y todos los pueblos, congregados en Cristo, formen
el pueblo santo de Dios…”


        Reconciliación:

       Son varias las alusiones a la importancia de la Palabra de Dios en este
sacramento, tanto en cu celebración individual como en la comunitaria. Además
propondrá lecturas concretas para el examen de conciencia y el reconocimiento de la
realidad de pecador. Veamos estas alusiones:

RP 17:        “ Entonces el sacerdote, o el mismo penitente, lee, si parece oportuno, un
texto de la Sagrada Escritura; esta lectura puede hacerse también en la preparación del


245
   Entre los números 59 a 61 encontraremos la forma de realizar la Liturgia de la Palabra y la proposición
de los textos típicos. Gn 1, 26-28. 31ª (creación del hombre…creced..; salmo 127 (dichoso el que teme…
tu mujer como parra…); Ef 5, 2ª. 25-32 (referencia Cristo y a su Iglesia); Mt 19, 3-3 (se unirá a su
mujer… lo que Dios ha unido) y Jn 2, 1-11 (Boda en Caná). El elenco completo de las lecturas está entre
los números 374-419; las lecturas específicamente matrimoniales en los números 420 a 433, y unas
propuestas de Liturgia de la palabra entre los números 511 a 519.


                                                                                                      108
sacramento. Por la Palabra de Dios el cristiano es iluminado en el conocimiento de sus
pecados y es llamado a la conversión y a la confianza en la misericordia de Dios.”

RP 20:        “Una vez recibido el perdón de los pecados, el penitente proclama la
misericordia de Dios y le da gracias con una breve aclamación tomada de la Sagrada
Escritura; después el sacerdote lo despide en la paz del Señor. El penitente ha de
continuar y manifestar su conversión, reformando su vida según el Evangelio de Cristo y
con un amor a Dios cada vez más generoso porque “el amor cubre al multitud de los
pecados” (1 Ped 4, 8).”

RP 24:         “Es conveniente que el sacramento de la Penitencia empiece con la
lectura de la Palabra. Por ella Dios nos llama a la penitencia y conduce a la verdadera
conversión del corazón. Puede elegirse una o más lecturas. Si se escogen varias,
intercálese un salmo u otro canto apropiado o un espacio de silencio, para profundizar
en la palabra de Dios y facilitar el asentimiento del corazón. Si sólo se hace una lectura,
es conveniente que se tome del Evangelio.

       Elíjanse principalmente lecturas por las cuales:

       a)        Dios llama a los hombres a la conversión y a una mayor semejanza con
                 Cristo.
       b)        Se proponga el misterio de al reconciliación por la muerte y
                 resurrección de Cristo y también como don del Espíritu Santo.
       c)        Se manifieste el juicio de Dios sobre el bien y el mal en la vida de los
                 hombres, para iluminar y examinar la conciencia.”

RP 25:         “La homilía, a partir del texto de la Escritura, ha de ayudar a los
penitentes al examen de conciencia, a la aversión del pecado ya la conversión a Dios.
Así mismo debe recordar a los fieles que el pecado es una acción contra Dios, contra la
comunidad y el prójimo, y también contra el mismo pecador…”

RP 26:        “…Si parece oportuno, el examen de conciencia y exhortación a la
contrición, puede sustituir a la homilía; pero, en tal caso, se debe tomar claramente
como punto de partida el texto de al Sagrada Escritura leído anteriormente…»

RP 59:         “…El Ritual inserta orgánicamente en el mismo rito sacramental la
proclamación de la palabra de Dios. La renovación de la pastoral del Sacramento de la
Penitencia pide que todos los que son responsables de la celebración valoren mucho esta
presencia de la Escritura, incluso en las celebraciones individuales. Aun en los caos en
que por alguna circunstancia que lo justifique, se omite la lectura, será bueno que los
fieles tengan fácilmente a mano algunos textos bíblicos para que ellos mismos puedan
leerlos antes de la confesión, y así se mantenga el enlace entre la Palabra, la fe y el
Sacramento de la reconciliación.

       Los valores de la lectura bíblica en el interior de la celebración son los
siguientes:

       a)         Actualización de la llamada de Dios a la conversión, y, en este
                  sentido, manifestación de la iniciativa divina en la reconciliación


                                                                                       109
        b)           Introducción a la acción sacramental por la cual Dios comunica, en la
                     visibilidad del signo eclesial, su perdón y su paz.
        c)           Proposición de objetivos de perfección, especialmente los reflejados
                     en las palabras y obras de Cristo.”

       Dando ejemplo de esta valoración propondrá algunas series de lecturas posibles,
tanto para la confesión individual como comunitaria: números 88-93; 118-127; 160-165;
169-270. Tres textos bíblicos son propuestos para la oración del penitente, en la
confesión individual, antes de recibir la absolución. Números 96-98246. En las
invocaciones de la confesión general también aparecen los textos bíblicos: número 274.
otro tanto sucede con la proclamación de la alabanza tras recibir el perdón: números
135-136 y 275-287


        Unción de enfermos:

RU 72:         “Una celebración digna y cuidada hará descubrir al estructura y dinámica
de todo el rito que, al igual que sucede con los otros sacramentos, encierra diversos
elementos. En efecto, los ritos iniciales viene a crear un clima sagrado para constituir la
comunidad en oración; la liturgia de la Palabra intenta iluminar el conjunto de la
celebración a la luz de la revelación…”

       En la parte práctica sugerirá diversos textos para las distintas acciones de las que
se ocupa ese ritual:
       Comunión fuera de la Misa: número 103
       Unción de enfermos: números 135 y 260 a 335.
       Viático: números 187 y 260 a 335.
       Entrega de los moribundos a Dios: número 239 y 260 a 335.
       B.- Otros actos de la Iglesia: los SACRAMENTALES.

     Los sacramentales247 son signos sagrados, a modo de los sacramentos, pero que no
provienen de la institución de Cristo. Los ha creado la misma Iglesia para que preparen,
acompañen y prolonguen la acción de los sacramentos. Reciben su identidad y su fuerza
de la fe de la Iglesia celebrante, y también de la fe de los cristianos que los piden y
participan en ellos. También por medio de estos sacramentales el Misterio Pascual de
Cristo, fuente de toda gracia y salvación, ilumina y fecunda las diversas circunstancias
de la vida del cristiano.

     Los sacramentales, como dijo el Vaticano II, son “signos sagrados con los que,
imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo
espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se
disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas
circunstancias de la vida. Y así, la liturgia de los sacramentos y sacramentales hace que,
en los fieles bien dispuestos, casi todos los acontecimientos de la vida sean santificados

246
    Sal 24, 6-7: “Recuerda, Señor, que tu misericordia…”; Sal 50, 4-5: “Lava del todo mi delito…”; Lc 15,
18; 18, 13: “Padre, he pecado contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo. Ten compasión de este
pecador.”
247
    Textos tomados de Aldazábal, J..: Vocabulario básico de liturgia. Voz. "Sacramentales", pp 353-354.
CPL. Biblioteca litúrgica, n 3. Barcelona 1996.


                                                                                                     110
por la gracia divina que emana del misterio pascual de la pasión, muerte y resurrección
de Cristo, de quien reciben su poder todos los sacramentos y sacramentales, y que todo
uso honesto de las cosas materiales pueda estar ordenado a la santificación del hombre y
a la alabanza de Dios” (SC 60-61 ;cf. en C 62-63.79 los criterios para su renovación).

     Algunas de estas acciones eclesiales, muy semejantes a los sacramentos, tienen
importancia notoria, como la dedicación de las iglesias y los altares, las exequias, la
coronación de imágenes sagradas, la exposición y bendición con el Santísimo, la
profesión religiosa y la consagración de vírgenes. Algunos de estos sacramentales
afectan a toda la Iglesia local, y por tanto se reservan al obispo, como la dedicación de
iglesias y altares. Otros los realizan los presbíteros o diáconos, e incluso algunos, como
ciertas bendiciones, pueden hacerlas los laicos.

     La iniciación cristiana, que se realiza sobre todo por los sacramentos del Bautismo,
la Confirmación y la primera Eucaristía, contiene diversos sacramentales: la signación
en la frente, los exorcismos, la unción con óleo de catecúmenos y crisma, y la bendición
del agua. La memoria de estos sacramentos también se aviva con sacramentales como la
aspersión dominical, la señal de la cruz con agua bendita y la renovación de las
promesas bautismales.

     A lo largo del año cristiano realizamos varios sacramentales muy significativos,
más o menos incluidos en la celebración de los sacramentos: la bendición e imposición
de cenizas, la bendición de palmas y la procesión de entrada el Domingo de Ramos, la
adoración de la Cruz el Viernes Santo la procesión y las oraciones de rogativas, la
bendición y procesión con candelas el 2 de febrero, las procesiones en honor de la
Virgen o de los Santos o de Semana Santa.

     Un sacramental muy cercano es la oración con que invocamos la bendición de Dios
sobre las personas, los edificios, las imágenes y las cosas, para que les comunique la
gracia salvadora de la Pascua de su Hijo: estas bendiciones se hacen según los textos y
orientaciones del nuevo libro del Bendicional.

     En la celebración de los sacramentales, de modo parecido al de los sacramentos, se
proclama la Palabra de Dios, de la que deriva su fuerza y que alimenta la fe de los fieles.
Luego se alaba y se invoca a Dios, para que nos conceda su ayuda por medio de Cristo
su Hijo y con la fuerza de su Espíritu. Los signos más frecuentes en estos sacramentales
son la imposición de manos, la señal de la cruz, la unción, la aspersión con agua y la
incensación.

     Veamos a continuación algunos ejemplos de sacramentales y la presencia en ellos
de la Palabra de Dios.


        Profesiones religiosas y Consagración de Vírgenes248:




248
   Hablamos de estos sacramentales dada la presencia en este grupo de varias religiosas y vírgenes
consagradas.


                                                                                              111
       En esta celebración la Liturgia de la Palabra se realiza en la forma habitual para
la Eucaristía, omitiendo el Credo y al Oración de los fieles.

       Las oraciones de bendición para la profesión perpetua contiene múltiples
alusiones a la historia de salvación: números 72 y 104249.

       También hay algunas breves alusiones en la oración de la Consagración de
Vírgenes: caída de los primeros padres y restauración en Cristo, unión primera del
hombre y la mujer y también la expresión aplicada a los cristianos de toda la tierra como
“herederos del Nuevo Testamento” (número 24).

        En esa celebración el salmo 44 (“Me brota del corazón un poema bello…”)
refleja el sentido de la consagración y acompaña los gestos que también explican la
entrega total de las vírgenes a Cristo, el Esposo.

       Podríamos decir que otro gesto en relación con la Palabra de Dios está en la
entrega de la Liturgia de las Horas a las vírgenes consagradas (número 28).

           Exposición del Santísimo:

       Si la Eucaristía es inconcebible sin la presencia de la Palabra de Dios, el culto a
la Eucaristía fuera de la Misa está necesitado de esa misma presencia. Así lo señala el
“Ritual de la Sagrada Comunión y del culto a la Eucaristía fuera de la Misa:

RCC 89:       “Las exposiciones breves del santísimo Sacramento deben ordenarse de
tal manera que, antes de la bendición con el santísimo sacramento, se dedique un tiempo
conveniente a la lectura de la palabra de Dios, a los cánticos, a las preces y a la oración
en silencio prolongada durante algún tiempo. Se prohibe la exposición hecha
únicamente para dar la bendición.”

RCC 90:        “A las comunidades religiosas y otras piadosas asociaciones que, según
las constituciones o normas de su Instituto, tienen la adoración perpetua o prolongada
por largo tiempo, se les recomienda con empeño que organicen esta piadosa costumbre
según el espíritu de la sagrada liturgia, de forma que, cuando la adoración ante Cristo, el
señor, se tenga con participación de toda la comunidad, se haga con sagradas lecturas,
cánticos, sagrado silencio, para fomentar más eficazmente la vida espiritual de la
comunidad…”

        Los números 95 y 96 insistirán en dedicar esa oración a Cristo. Una oración
alimentada por la Sagrada Escritura, respondida con cantos. Habla también de la
posibilidad de celebrarse alguna parte de la Liturgia de las Horas cuando se trata de una
exposición prolongada.


           Bendiciones:



249
      Noé, Abraham, Moisés; Cristo, María, las mujeres que seguían a Cristo.


                                                                                       112
B 20:         “La celebración típica de la bendición consta de dos partes: la primera es
la proclamación de la palabra de Dios, la segunda la alabanza de al bondad divina y la
impetración del auxilio celestial…”

B 21:          “La primera parte tiende a que la bendición sea realmente un signo
sagrado, que toma su pleno sentido y eficacia de la proclamación de la palabra de
Dios250. Por tanto, el centro de esta primera parte es la proclamación de la palabra de
Dios, a la cual se subordinan tanto la monición introductoria como la breve explicación
o la exhortación u homilía que pueden añadirse, según se estime oportuno. Para avivar
en los que participan una fe más intensa, se puede intercalar un salmo, un canto o un
silencio sagrado, máxime si se hacen varias lecturas.”

       Para que esto se pueda llevar a cabo se ha hecho un esfuerzo en la búsqueda de
textos y salmos que acompañan cada una de las bendiciones. Esto es manifiesto si nos
acercamos al índice de los textos bíblicos que aparece en las páginas 672 a 678.

           Martirologio:

        En los números 2 y 14 del Ordinario de la lectura del Martirologio se habla de
la posibilidad de proclamar una lectura breve. Valorada esta probabilidad dará una serie
de textos del antiguo y del Nuevo Testamento, aunque no aparecen textos evangélicos.
Son 65 textos.

           Oración final: Lectura del Martirologio.

        “Bendícenos, Señor, con todas las bendiciones del cielo y mantennos siempre
santos y puros en tu presencia; derrama sobre nosotros, con abundancia, las riquezas de
tu gloria, instrúyenos con la palabra de la verdad, oriéntanos con el evangelio de la
salvación y haznos ricos en caridad fraterna. Amén.”251

                                             Revisión final.
                       Celebración de la Palabra: salmos, lecturas, gestos y cantos.
                                             Ágape fraterno.




                          Posibles cantos y salmos para cada encuentro


                                                Cantos

                   -    Me invocará y lo escucharé (tema 1º)
                   -    Tu Palabra me da vida (tema 2º)
                   -    Lámpara es tu palabra, Señor, para mis pasos (tema 3º)
                   -    Acabamos de oír tu Palabra (tema 4º)
                   -    Desde lo hondo (tema 5º)
250
      Cf. Missale romanum, Ordo Lectionum Missae, Ed. Typ. Altera, Roma, 1981, prenotandos, núms. 3-9.
251
      Adaptación de la oración sobre el pueblo número 20.


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       -   Señor tú tienes Palabras (Gabarain: Bendito eres, Señor) (tema 6º)
       -   Cristo resucitó (tema 7º)
       -   Gracias, Señor, por tu Palabra (tema 8º)
       -   Palabra que fue luz (tema 9º)
       -   Las palabras de los hombres (tema 10º)
       -   Habla, Señor
       -   Danos, Señor, un corazón nuevo



                                 Salmos

       -   18, 8-11: La Ley del Señor es perfecta (tema 9º)
       -   22: El Señor es mi pastor (tema 4º)
       -   26. El Señor es mi luz
       -   118: Tu Palabra me da vida (tema 2º)
       -   129. Desde lo hondo (tema 5º)
       -   118: Lámpara es tu palabra, Señor, para mis pasos (tema 3º)




                                INDICE


1. Rasgos específicos de la PdD en la celebración litúrgica. Su dinámica. Pág. 4

2. La abundante Mesa de la PdD. Un gran Leccionario. Dinamismo y selección
   de las lecturas. Estructura a través de años y ciclos.         Pág. 12

3. El salmo responsorial. La Aclamación al Evangelio. El Salmista.       Pág. 24

4. La proclamación de la Palabra. Ministerio y servicio del lector.       Pág. 35

5. Lugares y otros elementos materiales: el Leccionario y el Evangeliario.
   El Ambón, el altar y la sede.                                 Pág. 44



                                                                                114
6. Ritos y oraciones en el momento de la Liturgia de la Palabra:
   Gestos, posturas, oraciones, cantos, moniciones. El silencio.       Pág. 55

7. El desarrollo de la Palabra proclamada: la Homilía, el Credo
   y la Oración Universal o “de los fieles”.                           Pág. 72

8. La PdD en otros elementos de la celebración eucarística:
   los cantos (antífonas) y su contenido bíblico; las oraciones presidenciales,
   el prefacio, las aclamaciones y oración hímnicas, el Padrenuestro… Pág. 82

9. Liturgia de las Horas, o el derroche de la Palabra de Dios.         Pág. 94

10. La Palabra de Dios en los demás sacramentos y, sacramentales.     Pág. 106




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