Comentario Mc Donald ECLESIASTES by garcias4jesus

VIEWS: 18 PAGES: 54

									     COMENTARIO BÍBLICO
             DE
     WILLIAM MacDONALD
                                    Editorial CLIE




                    ECLESIASTÉS

William MacDonald
Título original en inglés: Believer’s Bible Commentary
Algunos de los materiales de esta obra fueron editados previamente por Harold Shaw
Publishers y Walterick Publishers, y han sido empleados con su permiso. No obstante, han
sido revisados, expandidos y editados considerablemente.
Publicado originalmente en dos tomos, Antiguo y Nuevo Testamento.
Traductores de la versión española del Antiguo Testamento:
Neria Díez, Donald Harris, Carlos Tomás Knott, José Antonio Septién.
Editor y revisor de traducciones: Carlos Tomás Knott.
Traductor de la versión española del Nuevo Testamento:
Santiago Escuain.
Copyright © 2004 por CLIE para esta edición completa en español.
Este comentario se basa en la traducción Reina Valera, revisión de 1960.
Copyright © 1960 Sociedades Bíblicas Unidas.
Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de esta versión.
«BAS » indica que la cita es de la versión Biblia de las Américas,
Copyright © 1986 The Lockman Foundation.
Los esquemas y otros gráficos son propiedad de William MacDonald.
Depósito Legal:
ISBN: 978-84-8267-410-0
Clasifíquese:
98 HERMENÉUTICA:
Comentarios completos de toda la Biblia
C.T.C. 01-02-0098-04
Referencia: 22.45.73
                               Prefacio del autor
    El propósito del Comentario Bíblico de William MacDonald es darle al lector cristiano
medio un conocimiento básico del mensaje de la Sagrada Biblia. También tiene como
propósito estimular un amor y apetito por la Biblia de modo que el creyente deseará
profundizar más en sus tesoros inagotables. Confío en que los eruditos encuentren alimento
para sus almas, pero deberán tener en consideración y comprender que el libro no fue
escrito primariamente para ellos.
    Todos los libros han sido complementados con introducciones, notas y bibliografías.
    A excepción de Salmos, Proverbios y Eclesiastés, la exposición del Antiguo
Testamento se presenta principalmente de párrafo en párrafo en lugar de versículo por
versículo. Los comentarios sobre el texto son aumentados por aplicaciones prácticas de las
verdades espirituales, y por un estudio sobre tipos y figuras cuando es apropiado.
    Los pasajes que señalan al Redentor venidero reciben trato especial y se comentan con
más detalle. El trato de los libros de Salmos, Proverbios y Eclesiastés es versículo por
versículo, porque no se prestan a condensación, o bien porque la mayoría de los creyentes
desea estudiarlos con más detalle.
    Hemos intentado enfrentar los textos problemáticos y cuando es posible dar
explicaciones alternativas. Muchos de estos pasajes ocasionan desesperación en los
comentaristas, y debemos confesar que en tales textos todavía «vemos por espejo,
oscuramente».
    Pero la misma Palabra de Dios, iluminada por el Espíritu Santo de Dios, es más
importante que cualquier comentario sobre ella. Sin ella no hay vida, crecimiento, santidad
ni servicio aceptable. Debemos leerla, estudiarla, memorizarla, meditar sobre ella y sobre
todo obedecerla. Como alguien bien ha dicho: «La obediencia es el órgano del
conocimiento espiritual».
                           Willian McDonald

                         Introducción del editor
    «No menospreciéis los comentarios». Éste fue el consejo de un profesor de la Biblia a
sus alumnos en Emmaus Bible School (Escuela Bíblica Emaús) en la década de los 50. Al
menos un alumno se ha acordado de estas palabras a lo largo de los años posteriores. El
profesor era William MacDonald, autor del Comentario Bíblico. El alumno era el editor de
la versión original del Comentario en inglés, Arthur Farstad, quien en aquel entonces estaba
en su primer año de estudios. Sólo había leído un comentario en su vida: En los Lugares
Celestiales (Efesios) por H. A. Ironside. Cuando era joven leía ese comentario cada noche
durante un verano, y así Farstad descubrió qué es un comentario.

¿Qué es un comentario?
    ¿Qué es exactamente un comentario y por qué no debemos menospreciarlo? Un editor
cristiano hizo una lista de quince tipos de libros relacionados con la Biblia. No debería
extrañar, entonces, si algunas personas no saben describir la diferencia entre un comentario,
una Biblia de estudio, una concordancia, un atlas, un interlineal y un diccionario bíblico,
nombrando sólo cinco categorías.
    Aunque sea una perogrullada, un comentario comenta, es decir, hace un comentario que
ayuda a entender el texto, versículo por versículo o de párrafo en párrafo. Algunos
cristianos desprecian los comentarios y dicen: «sólo quiero leer la Biblia misma y escuchar
una predicación». Suena a piadoso, pero no lo es. Un comentario meramente pone por
impreso la mejor (y más difícil) clase de exposición bíblica: la enseñanza y predicación de
la Palabra de Dios versículo por versículo. Algunos comentarios (por ejemplo, los de
Ironside) son literalmente sermones impresos. Además, las más grandes exposiciones de la
Biblia de todas las edades y lenguas están disponibles en forma de libro en inglés (tarea que
todavía nos incumbe en castellano). Desafortunadamente, muchos son tan largos, tan
antiguos y difíciles que el lector cristiano corriente se desanima y no saca mucho provecho.
Y ésta es una de las razones de ser del Comentario Bíblico de William MacDonald.

Tipos de comentarios
    Teóricamente, cualquier persona interesada en la Biblia podría escribir un comentario.
Por esta razón, hay toda una gama de comentarios desde lo muy liberal hasta lo muy
conservador, con todos los matices de pensamientos en el intermedio. El Comentario
Bíblico de William MacDonald es un comentario muy conservador, que acepta la Biblia
como la Palabra de Dios inspirada e inerrante, y totalmente suficiente para la fe y la
práctica.
    Un comentario podría ser muy técnico (con detalles menudos de la sintaxis del griego y
hebreo), o tan sencillo como una reseña. Este comentario está entre estos dos extremos.
Cuando hacen falta comentarios técnicos, se hallan en las notas al final de cada libro. El
escritor comenta seriamente los detalles del texto sin evadir las partes difíciles y las
aplicaciones convincentes. El hermano MacDonald escribe con una riqueza de exposición.
La meta no es producir una clase de cristianos nominales con comprensión mínima y sin
mucho compromiso, sino más bien discípulos.
    Los comentarios también suelen distinguirse según su «escuela teológica»:
conservadora o liberal, protestante o católico romano, premilenial o amilenial. Este
comentario es conservador, protestante y premilenial.

Cómo emplear este libro
    Hay varias formas de acercarse al Comentario Bíblico de William MacDonald.
Sugerimos el siguiente orden como provechoso:
    Hojear: Si le gusta la Biblia o la ama, le gustará hojear este libro, leyendo un poco en
diferentes lugares y disfrutándolo así de forma rápida, apreciando el sentido general de la
obra.
    Un Pasaje específico: Puede que tengas una duda o pregunta acerca de un versículo o
párrafo, y que necesites ayuda sobre este punto. Búscalo en el lugar apropiado en el
contexto y seguramente hallarás material bueno.
    Una doctrina: Si estudia la creación, el día de reposo, los pactos, las dispensaciones, o
el ángel de JEHOVÁ, busque los pasajes que tratan estos temas. El índice indica los ensayos
que hay sobre esta clase de tema. En el caso de algo que no aparezca en el índice, use una
concordancia para localizar las palabras claves que le guiarán a los pasajes centrales que
tratan el punto en cuestión.
    Un libro de la Biblia: Quizá en su congregación estudian un libro del Antiguo
Testamento. Será grandemente enriquecido en sus estudios (y tendrá algo que contribuir si
hay oportunidad) si durante la semana antes de cada estudio lee la porción correspondiente
en el comentario.
    Toda la Biblia: Tarde o temprano cada cristiano debe leer toda la Biblia, comenzando
en el principio y continuando hasta el final, sin saltar pasajes. A lo largo de la lectura se
encontrarán textos difíciles. Un comentario cuidadoso y conservador como éste puede ser
de mucha ayuda.
    El estudio de la Biblia puede parecerle al principio como «trigo molido», es decir:
nutritivo pero seco, pero si persevera y progresa, ¡vendrá a ser como «tarta de chocolate»!
    El consejo del hermano MacDonald, dado hace tantos años: «no menospreciéis los
comentarios», todavía es válido. Habiendo estudiado cuidadosamente sus comentarios
sobre el Antiguo y el Nuevo Testamento, puedo decir lo siguiente: «¡disfrútelo!».

                                   Abreviaturas
                        Abreviaturas de libros de la Biblia
        Libros del Antiguo Testamento

Gn.           Génesis
Éx.           Éxodo
Lv.           Levítico
Nm.           Números
Dt.           Deuteronomio
Jos.          Josué
Jue.          Jueces
Rt.           Rut
1 S.          1 Samuel
2 S.          2 Samuel
1 R.          1 Reyes
2 R.          2 Reyes
1 Cr.         1 Crónicas
2 Cr.         2 Crónicas
Esd.          Esdras
Neh.          Nehemías
Est.          Ester
Job           Job
Sal.          Salmos
Pr.           Proverbios
Ec.           Eclesiastés
Cnt.          Cantares
Is.           Isaías
Jer.          Jeremías
Lm.           Lamentaciones
Ez.           Ezequiel
Dn.           Daniel
Os.           Oseas
Jl.           Joel
Am.           Amós
Abd.          Abdías
Jon.          Jonás
Mi.           Miqueas
Nah.          Nahúm
Hab.          Habacuc
Sof.          Sofonías
Hag.          Hageo
Zac.          Zacarías
Mal.          Malaquías

        Libros del Nuevo Testamento

Mt.           Mateo
Mr.           Marcos
Lc.           Lucas
Jn.           Juan
Hch.          Hechos
Ro.           Romanos
1 Co.         1 Corintios
2 Co.         2 Corintios
Gá.           Gálatas
Ef.           Efesios
Fil.          Filipenses
Col.          Colosenses
1 Ts.         1 Tesalonicenses
2 Ts.         2 Tesalonicenses
1 Ti.         1 Timoteo
2 Ti.         2 Timoteo
Tit.          Tito
Flm.          Filemón
He.           Hebreos
Stg.          Santiago
1 P.          1 Pedro
2 P.          2 Pedro
1 Jn.         1 Juan
2 Jn.         2 Juan
3 Jn.         3 Juan
Jud.          Judas
Ap.           Apocalipsis
     Abreviaturas de versiones de la Biblia, traducciones y paráfrasis


ASV                  American Standard Version
BAS                  Biblia de las Américas
FWG                  Biblia Numérica de F. W. Grant
JBP                  Paráfrasis de J. B. Phillips
JND                  New Translation de John Nelson Darby
KJV                  King James Version
KSW                  An Expanded Translation de Kenneth S. Wuest
LB                   Living Bible (paráfrasis de la Biblia, que existe en castellano como
La Biblia al Día)
NASB                 New American Standard Bible
NEB                  New English Bible
NIV                  New International Version
NKJV                 New King James Version
R.V.                 Revised Version (Inglaterra)
RSV                  Revised Standard Version
RV                   Reina-Valera, revisión de 1909
RVR                  Reina-Valera, revisión de 1960
RVR77                Reina-Valera, revisión de 1977
V.M.                 Versión Moderna de H. B. Pratt


                                 Otras abreviaturas
a.C.          Antes de Cristo
Aram.         Arameo
AT            Antiguo Testamento
c.            circa, alrededor
cap.          capítulo
caps.         capítulos
CBC           Comentario Bíblico
cf.           confer, comparar
d.C.          después de Cristo
e.g.          exempli gratia, por ejemplo
ed.           editado, edición, editor
eds.          editores
et al.        et allii, aliæ, alia, y otros
fem.          femenino
Gr.           griego
i.e.          id. est, esto es
ibid.         ibidem, en el mismo lugar
ICC           International Critical Commentary
lit.          literalmente
LXX           Septuaginta (antigua versión gr. del AT)
M              Texto Mayoritario
marg.          margen, lectura marginal
masc.          masculino
ms., mss.,     manuscrito(s)
MT             Texto Masorético
NCI            Nuevo Comentario Internacional
NT             Nuevo Testamento
NU             NT griego de Nestle-Aland/S. Bíblicas Unidas
p.ej.          por ejemplo
pág., págs.    página(s)
s.e.           sin editorial, sin lugar de publicación
s.f.           sin fecha
TBC            Tyndale Bible Commentary
Trad.          Traducido, traductor
v., vv.        versículo(s)
vol(s).        volumen, volúmenes
vs.            versus, frente a


                          Transliteración de palabras hebreas
   El Comentario al Antiguo Testamento, habiendo sido hecho para el cristiano medio que
no ha estudiado el hebreo, emplea sólo unas pocas palabras hebreas en el texto y unas
cuantas más en las notas finales.

                                  El Alfabeto Hebreo

Letra hebrea    Nombre          Equivalente en inglés

                    Álef          ´

                    Bet           b (v)

                    Guímel        g

                    Dálet         d

                    He            h

                    Vau           w

                    Zain          z
                   Chet           h

                   Tet            t

                   Yod            y

                   Caf            k (kh con la h aspirada)

                   Lámed          l

                   Mem            m

                   Nun            n

                   Sámec          s

                   Ayín           ´

                   Pe             p (ph)

                   Tsade          ts

                   Cof            q

                   Resh           r

                   Sin            s

                   Shin           sh (con la h aspirada)

                   Tau            t (th)


    El hebreo del Antiguo Testamento tiene veintidós letras, todas consonantes; los rollos
bíblicos más viejos no tenían vocales. Estos «puntos vocales», como se les llama, fueron
inventados y colocados durante el siglo VII d.C. El hebreo se escribe de derecha a
izquierda, lo opuesto a idiomas occidentales tales como español e inglés.
    Hemos empleado un sistema simplificado de transliteración (similar al que usan en el
estado de Israel en tiempos modernos y las transliteraciones populares). Por ejemplo,
cuando «bet» es pronunciado como la «v» en inglés, ponemos una «v» en la transliteración.
                 Transliteración de palabras griegas
Nombre griego   Letra griega   Equivalente en inglés
alfa                 α                  a
beta                 β                  b
gamma                γ                 g, ng
delta                δ                  d
épsilon              ε               e (corta)
tseta                ζ                  ts
eta                  η               e (larga)
zeta                 θ                  z
iota                 ι                   i
kappa                κ                  k
lambda               λ                   l
mu                   μ                  m
nu                   ν                  n
xi                   ξ                  x
ómicron              ο                  o
pi                   π                  p
rho                  π                   r
sigma                σ                   s
tau                  τ                   t
ípsilon              υ                 u, y
fi                   φ                   f
ji                   χ                   j
psi                  ψ                  ps
omega                ω               o (larga)
                                ECLESIASTÉS
                                     Introducción
    «No conozco nada tan magnífico en su estudio apasionado del dolor y placer mortal,
en su estima del fracaso y éxito, ni de tristeza tan noble, ni de poema que provoque de
modo tan indómito iluminación espiritual.»
                                                                            E. C. Stedman

I. Su Lugar Único en el Canon
    Eclesiastés es un libro de la Biblia cuya unicidad, por lo menos, nunca se ha
cuestionado, aunque casi todo lo demás sí (p.ej., su paternidad, fecha, tema y teología).
    La razón por la que este libro parece chocar con el resto de la Palabra de Dios es que
éste presenta meros razonamientos humanos desde la perspectiva «debajo del sol». Esta
frase, debajo del sol, es la clave más importante para entender Eclesiastés. El hecho de que
ésta aparezca veintinueve veces, indica la perspectiva general del autor. Su búsqueda queda
confinada a esta tierra. Investiga en todo el mundo tratando de hallar la solución al
rompecabezas. Todo su gran proyecto es llevado a cabo con sus propios pensamientos, sin
contar con la ayuda divina.
    Si no se tiene en mente continuamente esta clave —debajo del sol— el libro presentará
tremendas dificultades. Parecerá contradecir el resto de la Escritura, enseñar doctrinas raras
y defender un tipo de moralidad cuestionable, por nombrar unas pocas cosas.
    Pero si recordamos que Eclesiastés es un compendio de sabiduría no divina, sino
humana, entonces comprenderemos por qué aunque algunas de sus conclusiones son
ciertas, otras son sólo medio ciertas y otras no lo son en lo más mínimo.
    Consideremos ahora unos ejemplos. Eclesiastés 12:1 es un consejo cierto y fiable para
los jóvenes de todas las épocas; deben acordarse de Su Creador en los días de su juventud.
El versículo 4 del capítulo 1 es sólo medio cierto; sí es verdad que una generación sigue a
otra, pero no es verdad que la tierra siempre permanece (ver Sal. 102:25–26 y 2 P. 3:7, 10).
Y las siguientes afirmaciones, tomadas literalmente, no son ciertas en lo más mínimo: «No
hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su
trabajo» (2:24); «ni tiene más el hombre que la bestia» (3:19); «los muertos nada saben»
(9:5).
    No obstante, si no tuviésemos revelación de Dios, probablemente llegaríamos a las
mismas conclusiones.

Eclesiastés y la Inspiración
    Al decir que algunas de las conclusiones del libro «debajo del sol» son sólo medio
ciertas o nada ciertas, ¿cómo afecta esto a la inspiración de Eclesiastés? La respuesta es que
no afecta la cuestión de la inspiración en lo más mínimo.
    El libro forma parte de la Palabra inspirada de Dios. Es dada por Dios en el sentido de
que el Señor ordenó que debía incluirse en el canon de la Escritura. Nos aferramos a la
inspiración verbal y plena de Eclesiastés como lo hacemos con el resto de la Biblia
(consulta la Introducción al Antiguo Testamento, pág. 15).
    Pero los libros inspirados de la Biblia a veces contienen declaraciones de Satanás u
hombres, las cuales no son verdad. En Génesis 3:4, por ejemplo, Satanás le dijo a Eva que
no moriría si comiera del fruto del árbol que estaba en medio del huerto. Era una mentira,
pero está citada en la Escritura para enseñarnos que el diablo ha sido un mentiroso desde el
principio.
    Como observó también el Dr. Chafer:

   «La inspiración puede registrar la falsedad de Satanás (o de los hombres), pero ello no
vindica ni santifica la mentira. Sólo asegura el registro exacto de lo que se dijo, sea bueno o
malo».

El Mal Uso de Eclesiastés
    Por el mismísimo hecho de presentar el razonamiento humano «debajo del sol»,
Eclesiastés es uno de los libros favoritos de escépticos y sectas. Lo citan con gran
entusiasmo para demostrar su incredulidad y doctrinas heréticas, especialmente en lo
tocante a la muerte y el más allá. Por ejemplo, usan versículos de este libro para enseñar el
sueño del alma después de la muerte, y la aniquilación de los malos que han muerto. Sacan
versículos de contexto para negar la inmortalidad del alma y la doctrina del castigo eterno.
    Pero nunca ponen la llave en la puerta. Nunca les dicen a sus víctimas que Eclesiastés
expone la sabiduría humana debajo del sol y que por lo tanto no es una fuente válida de
textos claves de las doctrinas de la fe cristiana.

II. Autor
    Hasta el siglo XVII la mayoría de judíos y cristianos creían que Salomón escribió el
libro de Eclesiastés. Un siglo antes, el generalmente conservador Martín Lutero rechazó la
paternidad salomónica, pero fue una excepción.
    A muchos les sorprenderá saber que la mayoría de los eruditos actuales, incluyendo a
los conservadores, creen que el libro no fue escrito por Salomón, sino que fue presentado
en un marco salomónico, no para engañar, sino como un medio literario de expresión.

El Problema de la Paternidad Salomónica
    El argumento primordial en contra de la creencia tradicional de que el rey Salomón es
el autor es lingüístico. Es decir, muchos expertos dicen que libro contiene palabras y
construcciones gramaticales que en su opinión no existieron hasta la cautividad babilónica
o incluso más tarde.
    A la mayoría de los evangélicos, la idea de poner palabras en boca de Salomón les
resulta un modo literario ilícito, al menos sugiriendo engaño para los creyentes
occidentales.
    Los argumentos a favor y en contra son muchos y muy intrincados, y no podemos ahora
profundizar en ello. Basta con decir que no ha sido insuperable ninguna de las objeciones
que han surgido en contra de Salomón como autor. Eruditos de confianza, tales como
Gleason Archer, muestran que creer que Salomón escribió el libro es una opción válida.

Los Argumentos a favor de la Paternidad Salomónica
    Debido a que el punto de vista tradicional nunca ha sido desaprobado, a pesar de que en
la actualidad no sea popular, pensamos que es más seguro mantener la paternidad
Salomónica.
    Las indicaciones indirectas de que fue Salomón quien escribió el libro incluyen las
referencias en el 1:1, 12 al escritor como: «hijo de David, rey en Jerusalén». Aunque «hijo»
puede referirse a un descendiente posterior, estas frases, junto con los detalles directos que
encajan con la conocida biografía del rey Salomón, tiene verdadero peso.
    Debido a que el escritor dice que él «fue» rey, muchos toman esto como una prueba de
que el escritor ya no era rey. Por lo tanto, dicen, no pudo ser Salomón, pues él murió como
rey. Ésta no es una inferencia necesaria. Al escribir en su vejez bien podía haberse referido
al pasado distante de ese modo.
Las referencias históricas directas en Eclesiastés le encajan exactamente a Salomón, y en
realidad, a nadie más.
    Salomón fue un rey en Jerusalén: (1) de gran sabiduría (1:16); (2) de mucha riqueza
(2:8); que no se negaba ningún placer (2:3); (4) que tenía muchos siervos (2:7); y (5) que
sobresalió por grandes programas de construcción y embellecimiento (2:4–6).
    La tradición judía atribuye Eclesiastés a Salomón, y durante siglos los eruditos
cristianos han seguido esta opinión hasta apenas tiempos modernos.
    Esta evidencia, junto con el hecho de que los argumentos lingüísticos en los que se basa
la paternidad no salomónica han sido seriamente desafiados por especialistas en hebreo, nos
hace optar por la opinión tradicional judeo-cristiana de la paternidad Salomónica.


III. Fecha
    Si aceptamos al rey Salomón como el autor humano, es posible una fecha alrededor del
930 a.C., asumiendo que lo escribió en su vejez, cuando ya estaba desilusionado de la
avidez y búsquedas de su vida.
    Si se rechaza a Salomón como «el Predicador» (Koheleth), entonces «las fechas
asignadas al Libro varían casi cerca de mil años».
    Debido a lo que muchos eruditos consideran hebreo «posterior» (aunque Archer lo
clasifica como «único»), Eclesiastés generalmente data de la era del final del post-exilio (c.
350–250 a.C.). Algunos evangélicos prefieren el final del periodo persa (c. 450–350 a.C.),
que precede inmediatamente al antes citado.
    La fecha más tardía posible de Eclesiastés es 250–200 a.C., ya que el libro apócrifo de
Eclesiástico (c. 190 a.C.) hace usos definidos del libro, y los Rollos del Mar Muerto (finales
del segundo siglo a.C.) contienen fragmentos también.


IV. Trasfondo y Temas
     Si nos fundamentamos sobre la paternidad salomónica de Eclesiastés, esto facilita trazar
el trasfondo histórico y temas del libro con cierta confianza.
La Búsqueda de Salomón
    A cierta altura de su vida, Salomón se propuso encontrar el verdadero sentido de la
existencia humana. Estaba resuelto a descubrir la buena vida. Ricamente dotado de
sabiduría y cómodamente protegido con riquezas (1 R. 10:14–25; 2 Cr. 9:22–24), el rey
Salomón pensó que si había alguien capaz de encontrar satisfacción duradera, ése sería él.
    Pero había una condición auto impuesta en la búsqueda de Salomón, la cual consistía en
que él iba a hacerlo solo, por sí mismo. Esperaba que su propio intelecto le capacitaría para
descubrir cómo realizarse en la vida, sin tener en cuenta para nada la revelación divina.
Sería la exploración de un hombre sin la ayuda de Dios. Iba a buscar lo mejor de la vida:
«debajo del sol».

Las Conclusiones de Salomón
    La búsqueda de Salomón para hallar sentido terminó con la deprimente conclusión de
que la vida es «vanidad y correr tras el viento» (1:14, BAS). Hasta donde él había podido
llegar, sencillamente no valía la pena esforzarse en la vida. No era capaz de encontrar
realización o satisfacción duradera. A pesar de toda su riqueza y sabiduría, fracasó en su
búsqueda de la buena vida.
    Y, por supuesto, su conclusión fue acertada. Si uno nunca eleva su pensamiento por
encima del sol, la vida es un ejercicio de futilidad, es algo que no tiene sentido. Todo lo que
el mundo ofrece, todo junto, no puede satisfacer el corazón humano. Fue Pascal quien dijo:
«Hay un vacío en forma de Dios en el corazón del hombre». Y San Agustín observó: «Tú
nos has creado, oh Señor, para Ti, y nuestro corazón no hallará reposo hasta que repose en
Ti».
    La experiencia de Salomón anticipó la verdad de las palabras del Señor: «Cualquiera
que bebiere de esta agua, volverá a tener sed» (Jn. 4:13). El agua de este mundo no puede
dar satisfacción duradera.
    La búsqueda de Salomón por la realidad fue tan sólo una fase temporal, un mero
capítulo de su biografía. Ignoramos cuál era su edad cuando se embarcó en esta búsqueda
filosófica de la verdad, pero aparentemente era bastante mayor cuando escribió el diario de
ello (1:12; 11:9).
    Al final Salomón sí que alzó su mirada por encima del sol; esto parece evidente por el
hecho de que la mayor parte de tres de los libros de la Biblia se le atribuyen a él. No
obstante, el pecado y fracaso que ensombrecieron los últimos años de su vida nos recuerdan
cuán seriamente puede deslizarse un creyente, y cuán imperfectos son incluso las figuras
más brillantes del Señor Jesús.

Salomón y Dios
    Es obvio que Salomón creía en Dios, aun durante el tiempo cuando buscaba
satisfacción. Se refiere a Él nada menos que cuarenta veces en Eclesiastés. Pero esto no
quiere decir que en ese tiempo él fuese un creyente devoto. La palabra «Dios» que él usa a
través del libro es Elohim, el nombre que le revela como el Poderoso Creador. Ni una vez
se refiere a Él como JEHOVÁ (SEÑOR, Yahvéh), el Dios que, por medio de un pacto,
establece relación con el hombre.
    Esta es una importante observación. El hombre debajo del sol puede saber que hay un
Dios. Como nos recuerda Pablo en Romanos 1:20:
    «Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente
visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de
modo que no tienen excusa».
    La creación hace que la existencia de Dios sea obvia. El ateísmo no es un rasgo de
sabiduría, sino de ceguera voluntaria y testaruda. Salomón, el hombre más sabio que haya
vivido jamás, buscando la verdad con su propia mente, supo reconocer la realidad de un Ser
Supremo.
    Pero, aunque cualquiera puede saber que hay un Dios (Elohim) que creó todas las cosas,
Dios como JEHOVÁ sólo puede llegar a ser conocido por revelación especial. Por lo tanto,
las repetidas referencias a Dios (Elohim) en este libro no equivalen a la fe que salva. Lo
único que demuestran es que la creación atestigua la existencia de Dios, y que aquellos que
la niegan son necios (Sal. 14:1; 53:1).

La necesidad de Eclesiastés
    Inevitablemente surge la pregunta: «¿Por qué quiso Dios incluir en la Biblia un libro
que nunca se eleva por encima del sol?»
    Ante todo, el libro fue incluido para que nunca nadie tenga que repetir la triste
experiencia de Salomón, buscando satisfacción donde no se puede encontrar.
    El hombre natural, instintivamente piensa que puede hacerse feliz con posesiones,
placer y viajes por un lado, o con drogas, alcohol e indulgencia sexual por el otro. Pero el
mensaje de este libro es que alguien mucho más sabio y rico que lo que cualquiera de
nosotros llegaremos a ser, ha probado y fracasado. Así que podemos ahorrarnos el gasto, la
angustia, frustración y desengaño mirando por encima del sol al Único que puede
satisfacer, el Señor Jesucristo.
    Pero este libro único tiene aún más valor para aquellos que no están todavía preparados
para recibir el evangelio.
    Como dice el Dr. W. T. Davison:

    «No hay necesidad de señalar el gran contraste entre Eclesiastés y el Evangelio de
Cristo. Tal vez debemos insistir en el hecho de que la aparición del nuevo Evangelio no ha
hecho vana o inútil la literatura de Sabiduría de antaño. Ésta hizo su labor a su tiempo, y
aun tiene labor que llevar a cabo. Hay ocasiones en la historia de uno, en las que no se está
preparado para sentarse a los pies de Jesús, y en las que es más conveniente acudir a la
escuela de Koheleth. El corazón ha de ser vaciado antes de poder ser verdaderamente lleno.
A menudo el predicador moderno tiene que imponer la lección, que no es obsoleta ni lo
será nunca: ―Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque este es el todo del hombre‖.
Es necesario acudir a Cristo para aprender a hacerlo de modo eficaz, y para aprender
lecciones más sublimes para las cuales este primer paso prepara el camino».
                                    BOSQUEJO
  I.  PRÓLOGO: TODO ES VANIDAD DEBAJO DEL SOL (1:1–11)
 II.  TODO ES VANIDAD (1:12–6:12)
    A. La Vanidad de las Búsquedas Intelectuales (1:12–18)
    B. La Vanidad del Placer, Prestigio y Opulencia (Cap. 2)
    C. La Vanidad del Ciclo de la Vida y de la Muerte (Cap. 3)
    D. La Vanidad de las Desigualdades de la Vida (Cap. 4)
    E. La Vanidad de la Religión y Política Populares (5:1–9)
    F. La Vanidad de las Riquezas Pasajeras (5:10–6:12)
III. CONSEJOS PARA LA VIDA DEBAJO DEL SOL (7:1–12:8)
    A. Lo Bueno y Mejor Debajo del Sol (Cap. 7)
    B. Sabiduría Debajo del Sol (Cap. 8)
    C. Disfrutando la Vida Debajo del Sol (Cap. 9)
    D. El Sabio y el Necio Debajo del Sol (Cap. 10)
    E. Esparciendo lo Bueno Debajo del Sol (11:1–12:8)
IV. EPÍLOGO: LO MEJOR DEBAJO DEL SOL (12:9–14)

                                    Comentario
I. PRÓLOGO: TODO ES VANIDAD DEBAJO DEL SOL
(1:1–11)
   1:1 El autor se presenta a sí mismo como el Predicador, hijo de David, rey en
Jerusalén. La palabra Predicador es interesante. El equivalente en hebreo es Koheleth, y
significa «uno que llama o congrega». En griego es ekklesiastes, que quiere decir «uno que
convoca una asamblea». De ahí que es interpretado con tanta variedad, como «convocador,
que reúne, que debate, orador, portavoz, y predicador».
    El Predicador era hijo de David. Aunque aquí hijo podría significar nieto o incluso
algún descendiente posterior, probablemente el primer significado sea el más adecuado.
Salomón fue el único descendiente de David que fue rey sobre Israel en Jerusalén (v. 12).
Todos los demás fueron reyes sobre Judá. Aquellos de otras dinastías que reinaron sobre
Israel tuvieron Siquem (1 R. 12:25) o Samaria (1 R. 16:24) y no Jerusalén como capital.
    1:2 Salomón va al grano directamente; no nos hace esperar hasta el último capítulo. El
resultado de toda la investigación y búsqueda de Salomón es que todo es vanidad. La vida
es transitoria, breve, vana, vacía y fútil. No tiene sentido. Nada de esta tierra ofrece una
meta válida para la existencia.
    ¿Es verdad? ¡Absolutamente! Si no hay más que esta vida, si la muerte corre el último
telón sobre la existencia humana, entonces la vida no es más que neblina, sin sustancia,
desapareciendo al fin.
    El apóstol Pablo nos recuerda que la creación entera fue sujetada a vanidad o futilidad
como resultado de la entrada del pecado (Ro. 8:20). Y no es por casualidad que los
primeros padres llamaron a su segundo hijo Abel, que significa «vanidad» o «vapor».
Salomón tiene razón. Todo es vanidad debajo del sol.
    1:3 La vida frágil del hombre está llena de trabajo y actividad, pero ¿cuándo se llega al
punto de haber dicho y hecho todo lo necesario? Se encuentra en una rutina, en una rueda
fastidiosa que no avanza. Le preguntas por qué trabaja, y responde: «Para ganar dinero,
claro». Pero, ¿por qué quiere dinero? Para comprar comida. ¿Y por qué quiere comida?
Para mantenerse fuerte. Sí, pero ¿por qué quiere fuerza? Para poder trabajar. Y ahí está, en
el mismo lugar donde comenzó. Trabaja para ganar dinero, para comprar comida, para estar
fuerte, para poder trabajar, para ganar dinero, para comprar comida, para estar fuerte, y así,
ad infinitum. Tal como observó Henry Thoreau, vive en desesperación silenciosa.
    Viendo a una mujer que lloraba, un creyente le preguntó si podía ayudarle en algo.
«Oh», respondió ella: «sólo es que estoy cansada y aburrida. Mi marido trabaja mucho,
pero no gana tanto como yo quiero. Por eso, empecé a trabajar. Madrugo mucho, preparo el
desayuno de nuestros cuatro pequeños, preparo sus comidas y cojo el autobús para ir al
trabajo. Entonces vuelvo a casa donde me encuentro con más trabajo, una pocas horas de
sueño, y vuelta a empezar, un nuevo día igual que el anterior. Creo que lo que me ocurre es
que simplemente estoy asqueada de esta rutina interminable».
    Fue H. L. Mencken quien dijo:

   «La realidad básica de la experiencia humana no es que sea una tragedia, sino que es un
aburrimiento. No es que sea predominantemente doloroso, sino que carece de sentido».

   1:4 La transitoriedad del hombre hace gran contraste con la aparente permanencia de su
medio ambiente natural. Una generación sucede a otra con velocidad irresistible. Así es la
vida debajo del sol.

       «Cada uno sueña con permanecer para siempre,
       ¡Qué poco tarda en ser ese el rostro ausente!»
                                     Will H. Houghton

     Si careciésemos de revelación, podríamos pensar que la tierra presente permanecerá
para siempre. Tal es la conclusión de Salomón. Pero Pedro nos dice que la tierra y sus
obras serán quemadas en el Día del Señor (2 P. 3:10).
     1:5 La naturaleza se mueve en un ciclo continuo e inexorable. Por ejemplo, el sol…
sale por el este, pende sobre la tierra hasta ponerse en el oeste, y entonces se apresura
alrededor del otro lado del mundo para volver a salir por el este. Esta rutina aparentemente
interminable, siglo tras siglo, le hace al hombre darse cuenta de que él no es más que una
sombra pasajera.
     Si hubiese alguien tentado de acusar a Salomón de un error científico por describir al
sol en movimiento cuando en realidad es la tierra la que se mueve, debería morderse la
lengua. Él tan sólo estaba usando el lenguaje de la apariencia humana. El sol parece salir y
ponerse. Incluso los científicos utilizan este lenguaje continuamente, y siempre se les
entiende perfectamente y sin necesidad de explicación, porque aún los científicos hablan
así.
     1:6 Salomón continúa el pensamiento en el v. 6. La conducta del viento cambia con la
misma regularidad que las estaciones del año. En invierno, los vientos del norte descienden
sobre Israel hasta el Neguev, el desierto del sur. Cuando llega el verano, los vientos del sur
llevan consigo calor en su soplo hacia el norte. Con monotonía casi pesada siguen este giro
y, entonces, con total indiferencia hacia el mundo de los hombres, pasan de la escena.
    1:7 No sólo la tierra, el sol y el viento, sino que también el agua sigue una misma rutina
monótona a lo largo de las edades. Los ríos todos van al mar pero nunca llegan al punto
de desbordar los océanos, porque el sol evapora enormes cantidades de agua. Entonces, al
enfriarse el aire, el vapor se condensa y se forman las nubes. A su vez las nubes se
apresuran por el cielo y derraman el agua sobre la tierra en forma de lluvia, nieve o granizo.
Y los ríos, rebosantes con estas adiciones, llevan el agua de vuelta al océano. La incesante
actividad de la naturaleza le recuerda al hombre su propia labor interminable. Quizá
Kristofferson tenía en mente este versículo cuando escribió: «Soy tan sólo un río que
siempre corría sin llegar al mar».
    1:8 Por esto, la vida confinada a esta tierra está llena de hastío. El lenguaje humano
resulta inadecuado para describir la monotonía, el aburrimiento y la futilidad de toda ella.
El hombre nunca se sacia. No importa cuánto haya visto, aún quiere ver más. Y sus oídos
nunca llegan al punto donde no quieren oír algo nuevo. Viaja incesante y frenéticamente en
busca de nuevas sensaciones, nuevos paisajes y nuevos sonidos. Va tras lo que un
sociólogo americano llamó el deseo fundamental de experiencias nuevas. Pero vuelve
hastiado e insatisfecho. El hombre está constituido de tal forma que el mundo entero no
puede traerle felicidad duradera al corazón. Esto no quiere decir que sea un caso sin
esperanza. Todo lo que necesita es elevarse por encima del sol a Aquel que «sacia al alma
menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta» (Sal. 107:9).

       «El gozo mundano es fugaz vanidad;
       Vano su resplandor y su propiedad;
       Vana su gloria y su pomposidad;
       Tú eres el Único que ofreces y puedes dar,
       Para vivir en la tierra, satisfacción y paz.
       No hay nadie como Tú, Señor Jesús,
       Nadie que sacie al alma sedienta como Tú.»
                                Autor desconocido

    1:9 Un rasgo adicional de la desilusión de Salomón fue el descubrimiento de que nada
hay nuevo debajo del sol. La historia se repite constantemente. Él ansiaba nuevas
emociones, pero antes de que pasara mucho tiempo se dio cuenta de que cada cosa era, a su
manera, «una mala jugada».
    1:10 ¿Es cierto que no hay nada realmente nuevo? En cierto sentido, sí. Incluso los
descubrimientos más recientes son desarrollos de principios puestos en la creación desde el
principio. Muchos de los logros más aplaudidos del hombre tienen sus equivalentes en la
naturaleza. Por ejemplo, los pájaros volaban mucho antes que el hombre. Ni aun los viajes
espaciales son nuevos. ¡Enoc y Elías fueron transportados por el espacio sin necesidad de
llevar su propio oxígeno! Por tanto, aquellos que gastan toda la vida buscando novedades,
irremediablemente serán defraudados. Ya fue en los siglos que nos han precedido, mucho
antes de que naciésemos.
    1:11 Otro bocado amargo que le aguarda al hombre es la rapidez con la que olvida y es
olvidado. La fama duradera es un espejismo. A muchos de nosotros nos costaría nombrar a
nuestros bisabuelos. Y aun menos, tal vez, podrían nombrar a los últimos cuatro reyes de
España. En nuestra auto importancia, pensamos que el mundo no puede seguir su marcha si
faltamos nosotros; pero la realidad es que morimos y somos prontamente olvidados, y la
vida en el planeta sigue su rumbo.
II. TODO ES VANIDAD (1:12–6:12)

A.    La Vanidad de las Búsquedas Intelectuales (1:12–18)
    1:12 Hasta aquí las conclusiones de Salomón. Ahora va a reproducir para nosotros el
peregrinaje que hizo en busca del summum bonum, el sumo bien de la vida. Nos recuerda
que él fue rey sobre Israel en Jerusalén, con todo lo que ello implica en cuanto a riqueza,
posición y poder.
    El hecho de que diga «fui rey», no significa que su reino hubiese terminado. Él fue rey
y aún lo era (v. 1).
    1:13 Aquí Salomón comienza su búsqueda de la felicidad debajo del cielo. Primero se
inclina por la rama intelectual. Piensa que podría ser feliz si tan sólo consiguiera suficiente
conocimiento, así que se aplica para adquirir la educación más completa posible. Se dedica
a indagaciones y exploraciones, a síntesis y análisis, a inducciones y deducciones. Pero
pronto se apodera de él el desencanto de tener el conocimiento como fin en sí mismo. De
hecho, dice que lo que Dios ha dado al hombre para que se ocupe son asuntos infelices, este
impulso interior y profundo de encontrar el sentido de la vida.
    Malcolm Muggeridge, un sabio contemporáneo, llegó a una conclusión similar:

    «La educación, el gran abracadabra y fraude de todos los tiempos pretende prepararnos
para vivir, y se prescribe como la panacea universal para todos los males, desde la
delincuencia juvenil hasta el envejecimiento prematuro. En su mayor parte solamente sirve
para incrementar la estupidez, inflar la arrogancia, promover la incredulidad y dejar a los
que le están sujetos a merced de lavacerebros que tienen radio y televisión a su
disposición».

     Recientemente, alguien hizo una pintada con grandes letras negras en la pared de una
biblioteca universitaria: LA APATÍA REINA. Esta persona había descubierto lo que
Salomón aprendió hace muchos siglos: que la educación no es el camino a la realización
sino que, tomado en sí mismo, puede ser un bodrio.
     Esto no quiere decir que la búsqueda intelectual no juegue una parte importante en la
vida. Hay lugar para ello, pero ese lugar se encuentra a los pies de Cristo. No debe ser un
fin en sí mismo, sino un medio para glorificarle a Él.
     La referencia a Dios en este versículo no debe considerarse como consecuencia de fe
profunda y personal. El nombre de Dios es lo que W. J. Erdman llama Su nombre natural,
Elohim. Como hemos mencionado en la introducción, este nombre le presenta como el
Todopoderoso que creó el universo. Pero Salomón no le reconoce en ningún lugar de este
libro como el JEHOVÁ guardador del pacto, que muestra gracia redentora a todo aquel que
confía en Él.
     1:14 No hay duda de que Salomón recibió la mejor educación disponible en Israel en
aquella época. Esto lo vemos por la llaneza en su afirmación de haber visto todas las obras
que se hacen debajo del sol. Esto significa que llegó a un conocimiento muy alto en lo que
hoy en día llamaríamos las ciencias, filosofía, historia, bellas artes, ciencias sociales,
literatura, religión, psicología, ética, idiomas y otras áreas del aprendizaje humano.
     Pero todo un alfabeto de títulos después de su nombre y una pared empapelada de
diplomas no le dio lo que buscaba. Al contrario, la conclusión a la que llegó es que todo
ello es vanidad, igual que intentar agarrar algo elusivo como el viento.
    1:15 Quedó frustrado al descubrir que el estudio de los libros no resuelve los enredos de
la vida. Hay cosas torcidas que no se pueden enderezar y cosas incompletas que no se
pueden contar.
    Robert Laurin observó:

    «La vida está llena de paradojas y anomalías que no se pueden resolver; y, por otro
lado, está vacía de tanto que podría darle sentido y valor».

    El hombre puede volar a la luna, pero el vuelo de la abeja desafía todas las leyes
conocidas de la aerodinámica. Los científicos han penetrado en los secretos del átomo, pero
no pueden controlar los relámpagos ni almacenar su potencia. Han llegado a controlarse
enfermedades como el polio y la tuberculosis, pero el resfriado común sigue sin
conquistarse.
    1:16 Tras ganar sus laureles académicos, Salomón hizo inventario personal. Podía
jactarse de tener más sabiduría que todos los que reinaron antes que él en Jerusalén (1 R.
4:29–31; 2 Cr. 1:12). Su mente había absorbido tremendas cantidades de conocimiento. Y
también tenía sabiduría; sabía cómo aplicar su ciencia a los asuntos prácticos y cotidianos
de la vida, hacer buenos juicios y tratar judicialmente con otros.
    1:17 Salomón recordó cómo se había disciplinado para adquirir, por un lado sabiduría,
y por otro conocimiento acerca de las locuras y los desvaríos. En otras palabras, exploró
los dos extremos de la conducta humana, sólo por si el verdadero sentido de la vida se
hallase en uno de ellos o en los dos. Pasó por toda la gama de las experiencias de la vida,
pero su conclusión desconsolada fue que todo ello era aflicción de espíritu y como ir a la
caza del viento.
    Siglos más tarde, un joven llamado Henry Martyn persiguió y ganó los mayores
honores en la universidad de Cambridge. Pero, en el momento de su triunfo académico,
dijo: «Quedé sorprendido al darme cuenta de que había corrido tras una sombra». Esta fue
una bendita desilusión pues, como observó J. W. Jowett: «Entonces sus ojos se elevaron
muy por encima de premios escolares al único premio que sacia, el supremo llamamiento
de Dios en Cristo Jesús Señor nuestro».
    1:18 Si el intelectualismo fuera la clave del sentido de la vida, entonces nuestros
campus universitarios serían utopías de paz, honestidad, moralidad y contentamiento. Pero
no lo son. Antes al contrario, son calderas de fermento, deshonestidad, inmoralidad y
disturbio. La tan vista caricatura del típico estudiante de instituto con la cabeza envuelta en
una toalla y tragando aspirinas con grandes tazas de café encaja a la perfección con la
conclusión de Salomón, en el versículo 18:
    «Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade
dolor».
    En otras palabras: «Cuanto más sabio eres más preocupaciones tienes; cuanto más
sabes, más duele». Según estas palabras, es en parte cierto el dicho «bendita ignorancia», y
«ojos que no ven corazón que no siente».

B.   La Vanidad del Placer, Prestigio y Opulencia (Cap. 2)
   2:1 Habiendo fracasado en la búsqueda intelectual sin encontrar satisfacción, a
continuación Salomón acude en su búsqueda tras el placer y la alegría. Pensó, parece que
podría alegrarme si tan sólo disfrutase del placer suficiente. El placer, por definición, es el
conjunto de sensaciones agradables provenientes de la gratificación de los deseos
personales. Por lo tanto decidió vivir a tope, intentando experimentar todo estímulo de los
sentidos que le son conocidos al hombre. Bebería la copa de la diversión hasta el final y,
entonces, su corazón ya no le pediría más.
    Pero esta búsqueda también acabo en fracaso, y Salomón concluyó con que los placeres
debajo del sol son vanidad. El siguiente verso hace eco a su desilusión:

       «Señor, las cisternas rotas he probado,
       Pero en ellas ¡las aguas escasearon!
       Cuando fui a beber huyeron,
       Y de mis quejas se han burlado.
                                      B. E.

     ¿Quiere decir esto que Dios se oponga a que Su pueblo disfrute del placer? ¡No, por
cierto! De hecho, la realidad es todo lo contrario. Dios quiere que Su pueblo tenga una
buena vida. Pero Él quiere que nos demos cuenta de que este mundo no puede dar
verdadero placer. Éste sólo se halla más allá del sol. En Su presencia «hay plenitud de
gozo», y a Su diestra «delicias… para siempre» (Sal. 16:11). En ese sentido, ¡Dios es el
mayor «hedonista» o amante del placer!
     La gran mentira, promulgada en películas, en la televisión y otros medios de
comunicación y propaganda, consiste en hacer creer al hombre que puede formarse su
propio cielo aquí abajo sin Dios. Pero Salomón se dio cuenta de que todo lo que este
mundo ofrece no son más que pozos negros y cisternas rotas, mientras que lo que Dios
ofrece es fuente de vida.
     2:2 Al mirar hacia atrás pensando en toda la risa hueca, ve que era locura, y que todos
los buenos ratos que pasó no sirvieron para nada. Y así es. Tras la risa se esconde la pena, y
aquellos que intentan entretener a otros a menudo necesitan desesperadamente que alguien
les ayude.
     En El Secreto de la Felicidad, Billy Graham nos ofrece el relato de un paciente
angustiado que acudió a un psiquiatra buscando ayuda. Sufría de profunda depresión, y
nada de lo que había probado había logrado ayudarle. Se despertaba deprimido y triste, y su
condición empeoraba a lo largo del día. Ahora ya estaba desesperado, y no era capaz de
seguir adelante. Cuando ya iba a salir de la oficina, el psiquiatra le comentó acerca de un
espectáculo que iba a tener lugar en uno de los teatros locales. Éste presentaba a un payaso
italiano que hacía reír al público hasta que le dolían las costillas, noche tras noche. El
doctor le recomendó a su paciente que fuera allí, pues reírse durante un par de horas
olvidando sus problemas sería una terapia excelente. ¡Tan sólo tenía que ir a ver al payaso
italiano! Con expresión avergonzada y triste, el paciente murmuró: «ese payaso soy yo». Él
también podía decir a la risa… «Enloqueces»; y al placer, «¿De qué sirve esto?».
     Cuántas veces miramos a otros y pensamos que no tienen problemas, complejos ni
necesidades. Pero E. A. Robinson desmorona esta ilusión en su poema, que traducido sería
así:

       «Siempre que al pueblo Don Ricardo bajaba,
       La gente que por las calles pasaba le miraba:
       Era un verdadero caballero de abajo a arriba,
       Elegante, esbelto e impecable y limpio iba.
       Y siempre delicadamente arreglado,
       Y considerablemente humano hablando;
       Pero aun así era melodioso su saludo,
       Y parecía brillar cuando iba andando.
       Y era rico, tanto o más que un rey tenía,
       Y educación de todo tipo poseía;
       Por eso, a todos nos parecía
       Que ser él era lo mejor que existía.
       Y así nosotros duramente trabajábamos,
       Pasábamos sin carne y al pan maldecíamos;
       Y una noche de verano nos sorprendimos,
       Cuando del suicidio de Don Ricardo oímos».

     2:3 Entonces Salomón, el pródigo del Antiguo Testamento, empieza con el vino.
Llegaría a ser un experto conocedor de los vinos más escogidos. Tal vez, si pudiese
experimentar las sensaciones más exquisitas del paladar, todo su ser se relajaría satisfecho.
     Él era lo suficientemente sabio para poner límite a su epicureísmo, y esto se expresa con
las palabras: y que anduviese mi corazón en sabiduría. En otras palabras, él no iba a
abandonarse a la intemperancia o a emborracharse. No cabe pensamiento de que él se
convirtiese en adicto a las bebidas fuertes. Y en ningún momento su búsqueda de la
realidad sugirió haberse enganchado a las drogas. ¡Era demasiado sabio como para eso!
     Otra de las cosas que probó fue la necedad, esto es, tonterías inofensivas y divertidas,
la liviandad. Por si acaso la sabiduría no tenía la respuesta, decidió explorar lo contrario. A
veces los tontos parecen más felices que los listos. Por esto, no quiso dejar esta piedra sin
darle la vuelta. Concentró su atención en banalidades, indulgencias y diversiones. Se
trataba de una estratagema desesperada por descubrir la mejor manera en la que un hombre
puede ocuparse durante sus días fugaces debajo del sol. Pero allí tampoco encontró la
respuesta.
     2:4–5 Por tanto, Salomón decidió embarcarse en un programa gigantesco de
propiedades. Si ni la educación, ni el placer, ni el vino ni la necedad eran la clave,
seguramente las posesiones sí lo serían. Edificó casas lujosas, y se plantó viñas tremendas.
Por lo que sabemos de los planes de construcción de Salomón, es bien cierto que no
escatimó gastos.
     Edificó fincas enormes con parques y huertos, verdaderos paraísos. Jardines con
árboles de todo fruto resaltaban en el paisaje. Es fácil imaginarle invitando a sus amigos
para recorrerlo todo, y ¡cómo se inflaría su ego con las expresiones de admiración y
entusiasmo!
     Probablemente, ninguno de sus invitados tuvo el suficiente coraje para decirle lo que
Samuel Johnson le dijo a un millonario en un recorrido semejante: «Estas son las cosas que
hacen que al hombre le resulte difícil morir».
     El mundo sigue teniendo muchos millonarios engañados, como el rey del cuento de
Andersen El Traje Nuevo del Emperador. Este emperador salió al desfile en lo que él
quería creer que eran ropas preciosas, pero un niño pudo ver que estaba totalmente
desnudo.
    2:6 Tan grandes terrenos necesitaban riego durante la sequía y calor del verano, por lo
que Salomón construyó acueductos, lagos y estanques, con todos los canales, diques y
conductos necesarios para transportar el agua.
    Si la acumulación de posesiones podía garantizarle la paz y la felicidad, entonces ya lo
había conseguido. Pero, como todos nosotros, tuvo que darse cuenta que el verdadero
placer proviene de las nobles renuncias más que de las acumulaciones frenéticas. Estaba
gastando su dinero en lo que no es pan y su trabajo en lo que no sacia (Is. 55:2).
    2:7 Para el funcionamiento y mantenimiento de las enormes fincas del rey eran
necesarios batallones de siervos, por cual compró siervos y siervas. Y lo que es más,
poseía esclavos nacidos en su casa, que era un símbolo de posición social
excepcionalmente importante para la cultura de aquel tiempo.
    Para Salomón, igual que para muchos otros, un aspecto de grandeza consistía en ser
servido. Sentarse a la mesa era mayor que servir. Uno mayor que Salomón vino al mundo
como el Esclavo de esclavos y nos mostró que la verdadera grandeza en Su reino consiste
en servir (Mr. 10:43–45; Lc. 9:24–27).
    Los rebaños más numerosos de vacas y ovejas jamás vistos en Jerusalén pacían en los
pastos de Salomón. Si el prestigio era la clave de la vida feliz, él la tenía. Pero no lo era, y
no la tenía. Alguien dijo: «Pedí todas las cosas para poder disfrutar la vida; Se me dio la
vida para que disfrutase de todas las cosas».
    2:8 ¿Y qué diremos de sus recursos económicos? Tenía plata y oro en abundancia, y
los tesoros preciados de reyes y de provincias. Esto puede referirse a los impuestos que
recogía de sus súbditos o a la riqueza conseguida de territorios conquistados, o puede
referirse a objetos de arte que le eran presentados por dignatarios que le visitaban, tales
como la reina de Sabá.
    Probó la música. Dicen que la música tiene poder para encantar. Así que reunió a los
mejores cantores y cantoras. Probablemente el noticiero de Jerusalén contenía reportajes
entusiastas de todos los conciertos públicos. Pero, por supuesto, el rey también tenía sus
espectáculos privados, cenas con conciertos, conjuntos de cámara, y mil cosas más. Pero
pienso que su desilusión queda bien expresada por Samuel Johnson en The History of
Rasselas, The Prince of Abyssinia (La Historia de Raselas, El Príncipe de Abisinia):

    «Ya puedo llamar al laudista y al cantor, que los sonidos que ayer me agradaban me
cansan hoy, y aún serán más fastidiosos mañana. No soy capaz de descubrir en mi interior
un sólo tipo de percepción que no haya sido alimentado con su placer correspondiente, y
aún así no me siento deleitado. Seguro que el hombre tiene un sentido latente para el cual
este lugar no ofrece gratificación, o tiene ciertos deseos, separados de los sentidos, que
deben satisfacerse para poder ser feliz».

    Y probó el sexo. No sólo el vino (v. 3) y la música (v. 8) sino también las mujeres.
¡Vino, mujeres y música! Realmente se desconoce el significado de la palabra aquí
traducida como instrumentos de música, pero la traducción fue escogida principalmente por
el contexto. La BAS traduce la última frase así: «los placeres de los hombres, de muchas
concubinas». La Biblia nos dice, de hecho (aunque no lo aprueba), que Salomón tuvo 700
mujeres y 300 concubinas (1 R. 11:3). ¿Y pensaba que ése era el camino de la felicidad?
¡Sólo hay que pensar en los celos, el chismorreo y la murmuración posible en tal harén!
    Y aun así, en nuestra propia sociedad enferma persiste el engaño de que el sexo es una
clave para la felicidad y la realización. Dentro de los límites del matrimonio monógamo
diseñado por Dios, sí que puede ser cierto. Pero el abuso del sexo tan sólo conduce a la
miseria y autodestrucción.
    Una víctima actual de la obsesión sexual sintió que había sido estafada. He aquí lo que
escribió:

   «Supongo que quería que el sexo fuese algo como un exitazo psicodélico que
encendería el mundo como el juego del millón, pero cuando todo terminaba me sentía como
si me hubiesen timado. Recuerdo estar pensando: ―¿esto es todo? ¿es esto realmente
todo?‖».

    2:9 Entonces Salomón fue engrandecido. Tuvo el privilegio de sobrepasar a todos sus
predecesores en el escalón del prestigio, si es que esta satisfacción vale de algo. Y conservó
consigo su sabiduría natural después de todos sus experimentos y excursiones. No perdió
la cabeza.
    2:10 En su búsqueda de satisfacción, no puso límite a sus gastos. Si veía algo y se le
antojaba, lo compraba. Si pensaba que podía disfrutar de un placer, se entregaba a él. Halló
cierto sentido de gratificación en su rodeo incesante de recibir y hacer cosas. Pero ese gozo
fugaz fue toda la recompensa que obtuvo de sus esfuerzos para conseguir placer y
posesiones.
    2:11 Entonces hizo inventario de todo lo que había hecho, y de toda la energía gastada,
y ¿cuál fue el resultado? Todo era vanidad y futilidad, aflicción de espíritu y «correr tras el
viento» (BAS). No pudo encontrar satisfacción duradera debajo del sol. Lo que halló, como
Lutero, fue que: «todo el imperio del mundo no es más que el mendrugo que se le tira a un
perro». Estaba aburridísimo con todo ello.
    Ralph Barton, un célebre caricaturista, también estaba hastiado. Escribió:

    «Tengo pocas dificultades, muchos amigos y grandes éxitos. He ido de esposa en
esposa, de casa en casa, y he visitado grandes países del mundo. Pero estoy harto de los
chismes y pasatiempos para llenar las veinticuatro horas del día».

    El fracaso del placer y las posesiones para llenar el corazón del hombre también lo
ilustró un personaje ficticio, quien tan sólo tenía que desear algo y ahí lo tenía al instante:

    «Quería una casa, y ahí la tenía con los sirvientes a la puerta. Quería un coche de lujo, y
se le presentaba, con chófer y todo. Al principio estaba excitado y contento, pero la
situación pronto comenzó a perder todo su encanto. Entonces dijo al que le atendía:
―Quiero salir de aquí. Quiero crear algo, sufrir algo. Preferiría estar en el infierno antes que
aquí‖. Y el que le atendía respondió: ―¿Y dónde piensas que estás?‖».

     Allí es donde se encuentra nuestra sociedad contemporánea: en un infierno de
materialismo, intentando satisfacer el corazón humano con cosas que no pueden traer gozo
duradero.
    2:12 Debido a los resultados desalentadores de toda su investigación, Salomón empezó
a considerar si es mejor ser sabio o necio. Decidió profundizar en el asunto. Ya que la vida
es como perseguir las burbujas, ¿tiene el que vive con prudencia alguna ventaja sobre aquel
que se va al otro extremo, pasándoselo bien en desvaríos y necedad?
    Siendo monarca absoluto, y, además, sabio y rico, se encontraba en buena posición para
averiguarlo. Si él no podía averiguarlo, ¿cómo iban a hacerlo sus sucesores? Ninguno que
viniese después del rey podría descubrir novedad alguna en el asunto.
    2:13 Su conclusión general fue que la sabiduría es mejor que la necedad en la misma
medida que la luz sobrepasa a las tinieblas. El sabio anda en la luz y puede ver los
peligros del camino. El necio, por el otro lado, anda a tientas en la oscuridad y cae en cada
hoyo y trampa.
    2:14 Pero aun teniendo esta ventaja, que los ojos del sabio ven hacia dónde se dirige,
¿Qué diferencia final hay? Al final los dos mueres y no hay cantidad de sabiduría que
pueda detener o cancelar esa cita. Es la suerte de todos.
    2:15 Cuando Salomón se dio cuenta de que al él le aguardaba la misma suerte que al
necio, se preguntó por qué había puesto tanto énfasis en ser sabio durante toda su vida. El
único punto favorable de la sabiduría es que alumbra el camino. Pero aparte de eso, no es
mejor. Y por lo tanto la búsqueda de la sabiduría es también un gran malgasto de esfuerzo.
    2:16–17 Salomón sigue con esta idea en los versículos 16 y 17. Después del funeral,
tanto el sabio como el necio no tardan en ser olvidados. Después de una o dos generaciones,
es como si nunca hubiesen vivido. Los nombres y rostros que hoy parecen tan importantes
caerán en el olvido. En cuanto a la duración de la fama, la del sabio no es más larga que la
del necio.
    Cuando Salomón vio la escalofriante verdad de que la fama es efímera, y el hombre es
rápidamente olvidado, esto le hizo aborrecer la vida. En lugar de encontrar satisfacción y
realización en la actividad humana debajo del sol, lo único que encontró fue aflicción. Le
angustiaba darse cuenta de que todo era vanidad y aflicción de espíritu.
    Un ex-atleta que había alcanzado la fama dijo:

    «La mayor emoción de mi vida la experimenté la primera vez que marqué el gol
decisivo en un gran partido, y oí las aclamaciones de las multitudes que aplaudían y
animaban. Pero, en el silencio de mi cuarto esa noche, una sensación de futilidad de todo
ello se apoderó de mí. Después de todo, ¿de qué valía? ¿No había nada mejor por lo que
vivir que para marcar goles? Estos pensamientos fueron el comienzo de mi búsqueda de la
satisfacción. En mi corazón sabía que nadie, sino Dios mismo, podía suplir mi necesidad.
Poco después, hallé en Cristo lo nunca pude encontrar en el mundo».

    2:18 Una de las mayores injusticias que le molestaba a Salomón era que no podría
disfrutar las riquezas que había acumulado.
    C. E. Stuart escribió:

    «La muerte es el gusano en la raíz del árbol del placer. Echa a perder el placer y enfría
el disfrute, porque corta al hombre justo cuando se iba a sentar después de años de fatiga
para recoger el fruto de su labor».

    Y ha de dejárselo todo a su heredero.
    2:19 Lo exasperante de esta realidad es que tal vez su heredero no será sabio. Puede ser
un derrochador, un tonto, un playboy, un holgazán, pero eso no quitará que reciba la
herencia. Tendrá en su poder la disipación de una fortuna por la cual no se esforzó ni
planeó.
    Esto sí que le fastidiaba a Salomón. Quizá tenía un presentimiento de que esto sería lo
que le ocurriría a su propia familia. Tal vez preveía que su hijo, Roboam, malgastaría en su
necedad todo lo que a él tanto le había costado acumular. Y la historia nos dice que eso es
justamente lo que hizo Roboam. Al no querer prestar oído a sus consejeros más ancianos,
precipitó la división del reino. Cuando los egipcios invadieron Judá, les compró dándoles
los tesoros del templo. Los escudos de oro fueron a parar a los cofres de Egipto, y Roboam
tuvo que sustituirlos con escudos de bronce (ver 2 Cr. 12:9–10).
    2:20 La perspectiva de tener que dejar la riqueza y la labor de su vida a un sucesor
indigno sumió al Predicador en honda tristeza y depresión. Todo parecía tan falto de
sentido e incongruente, que le hacía sentir que todos sus esfuerzos habían sido en vano.
    2:21 Esta idea le angustiaba, que uno que levanta recursos económicos con inversiones
sabias, decisiones inteligentes y acciones hábiles esté obligado, al morir, a dejárselo todo a
alguien que ni siquiera movió un dedo ni tuvo la más mínima preocupación por ello. ¿Qué
es eso, sino un absurdo y grande calamidad?
    A pesar del descubrimiento de Salomón, muchísimos padres por todo el mundo siguen
gastando la mejor parte de su vida acumulando riqueza para dejársela a sus hijos. De modo
altruista, dicen que es su obligación moral. Pero Jamieson, Fausset y Brown sugieren: «El
egoísmo es en gran parte la raíz de la supuesta provisión de los padres mundanos para sus
hijos».
    Lo primero que consideran es una buena provisión para su propio futuro en la vejez; el
pensamiento principal es en ellos mismos. El hecho de que sus hijos hereden lo que queda
es únicamente el resultado de la muerte de los padres y de las leyes hereditarias.
    Desde la perspectiva cristiana, no hay razón por la que los padres trabajen, se aprieten
el cinturón y se sacrifiquen para dejarles dinero a sus hijos. La mejor herencia que se puede
legar es espiritual, no económica. A menudo, el dinero que se deja en los testamentos,
causa envidias y divisiones terribles en las que de otro modo serían familias felices y
unidas. Muchos hijos se han arruinado espiritual y moralmente por haber heredado
repentinamente grandes legados, e inevitablemente a esto le siguen muchos otros males.
    La estrategia espiritual es movilizar nuestro dinero para la obra de Dios ahora, y no
dejárselo a hijos que a veces son indignos, desagradecidos e incluso incrédulos. Martín
Lutero sabía que podía confiar en Dios para el cuidado de su familia, igual que se había
entregado a sí mismo. En su testamento escribió:

     «Señor mi Dios, te doy gracias, porque te ha placido hacerme pobre e indigente sobre la
tierra. No tengo casa, ni terrenos ni dinero que dejar atrás. Me has dado esposa e hijos, los
cuales hoy pongo en Tus manos. Señor, aliméntales, enséñales y presérvales, del mismo
modo que lo has hecho conmigo».

    2:22 Salomón concluye que el hombre no tiene nada de valor duradero como resultado
de toda su fatiga y dolor de corazón debajo del sol. Se esfuerza, fatiga, preocupa y
desgasta, ¿para qué? ¿Sirve para cambiar algo cinco minutos después de haber muerto?
    Si careciésemos de revelación, llegaríamos a la misma conclusión. Pero sabemos, a
través de la Palabra de Dios, que podemos vivir para Él y para la eternidad. Sabemos
también que todo lo que hagamos para Él recibirá recompensa. Nuestro trabajo en el Señor
no es en vano (1 Co. 15:58).
    2:23 No obstante, para el hombre que no tiene esperanza más allá de la tumba, sí que es
verdad que sus días están llenos de dolor y trabajos molestos, y sus noches de
incomodidad y dar vueltas. La vida es una frustración gigante, repleta de preocupaciones y
dolor de corazón.
    2:24 Siendo éste el caso, la filosofía de vida más lógica para el hombre cuya existencia
se limita debajo del sol, es disfrutar del comer, beber y su trabajo. El Predicador no está
defendiendo la glotonería y exceso de bebida, sino que se refiere a disfrutar, siempre que
sea posible, de las cosas sencillas de la vida. Aun esto viene de la mano de Dios, el que el
hombre pueda disfrutar de las misericordias normales de la vida, el sabor de la buena
comida, el refresco de bebidas deliciosas, y la satisfacción proveniente del trabajo honesto.
El hombre no tiene capacidad de disfrutar a menos que le sea dada de Dios.
    Un predicador posterior, el apóstol Pablo, confirmó la observación de Salomón. Dijo
que si no había resurrección de los muertos, la mejor política sería: «¡Comamos y bebamos,
porque mañana moriremos!» (1 Co. 15:32).
    Salomón añade que la capacidad de comer y de encontrar satisfacción de otras maneras
viene de Dios. Sin Él no podemos disfrutar de los placeres más comunes. Dependemos de
Él para la comida, el apetito, la digestión, la vista, el oído, el olfato, la memoria, la salud, la
sensatez y todo lo que tiene parte en las experiencias normales y agradables.
    2:25 En el versículo 25, añade que él podía disfrutar de estas cosas más que ningún
otro.
    John D. Rockefeller tenía ingresos de alrededor de un millón de dólares semanales, pero
la dieta que sus doctores le permitían no costaba más que unos pocos centavos. Uno de sus
biógrafos dijo que vivía a base de una dieta que hasta un mendigo hubiese despreciado:

    «Pesando menos de cincuenta y cinco kilos, preparaba (para desayunar): una gota de
café, una cucharada de cereales, otra de huevo, y un bocado de carne del tamaño de un
guisante».

    Era el hombre más rico del mundo pero no era capaz de disfrutar su comida.
    2:26 Finalmente, el Predicador vio que había observado el principio general de la vida,
de que Dios recompensa la justicia y castiga el pecado. Al hombre que le agrada, Dios le
da sabiduría, ciencia y gozo. Pero al pecador habitual le da la carga del trabajo pesado,
acumulando y amontonando, sólo para ver cómo le es quitado siendo dado al que a Dios le
plazca. ¿Hay algo más inútil y frustrante que eso?

C.    La Vanidad del Ciclo de la Vida y de la Muerte (Cap. 3)
    3:1 Como estudiante investigador de la vida y la conducta humana, Salomón observó
que hay un tiempo predeterminado para cada cosa, y una hora designada para todo
acontecimiento. Esto significa que Dios ha programado toda actividad como en un
ordenador gigantesco y, como solemos decir, «¿Qué será, será?». También quiere decir
que la historia rebosa de modelos cíclicos, los cuales se repiten con regularidad inalterable.
Así que el hombre está ligado a una clase de carácter que está determinado por ciertas leyes
o principios inflexibles. Es esclavo del fatalismo del reloj y el calendario.
    En los versículos 1–8, el Predicador enumera veintiocho actividades que probablemente
simbolizan la rueda de la vida. Esto lo sugiere el número veintiocho, que es el número del
mundo (cuatro) multiplicado por el número de la perfección (siete).
     La lista está formada por contrastes. Catorce son positivos y catorce negativos. En
cierto sentido parecen anularse los unos a los otros, por lo que el resultado final es cero.
     3:2 Hay tiempo de nacer. El individuo no tiene con-trol sobre esto, e incluso los padres
tienen que esperar durante los nueve meses que forman el ciclo normal del embarazo.
     También hay tiempo de morir. La duración asignada al hombre es de setenta años,
según Salmos 90:10, pero aun fuera de eso, parece que la muerte es una cita
predeterminada que se debe cumplir.
     Es cierto que Dios conoce el término de nuestra vida en la tierra, pero esto al cristiano
no le resulta mórbido ni fatalista. Sabemos que somos inmortales hasta que terminemos
nuestra labor. Y aunque la muerte es posible, no es cierta. La bendita esperanza de la
venida de Cristo inspira al creyente a mirar al Salvador en lugar de mirar al director de
pompas fúnebres. Como dijo el predicador Peter Pell: «Yo espero al que me arrebatará, no
al que me meterá en un nicho».
     Tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado. Con estas palabras, Salomón
cubre todo el área de la agricultura, unida estrechamente con las épocas del año (Gn. 8:22).
Si no se observan estas épocas para sembrar y cosechar, lo único que se obtiene es desastre
seguro.
     3:3 Tiempo de matar, y tiempo de curar. Muchos comentaristas se explayan
intentando explicar que esto no puede referirse a asesinatos, sino sólo a guerras, pena
capital o defensa propia. Pero debemos recordar que las observaciones de Salomón se
basaban en su conocimiento debajo del sol. Sin la revelación divina, a él le parecía que la
vida era un matadero o un hospital, un campo de batalla o una estación de primeros
auxilios.
     Tiempo de destruir, y tiempo de edificar. Primero aparecen la empresa de derribo
para echar abajo edificios antiguos o inservibles, y posteriormente aparecen las empresas
constructoras para erigir complejos modernos y rehabilitar el área en ruinas.
     3:4 Tiempo de llorar, y tiempo de reír. La vida parece alternar tragedia y comedia.
Ahora lleva la máscara negra de la tragedia, y en seguida cambia a la careta del payaso.
     Tiempo de endechar, y tiempo de bailar. La procesión funeraria pasa con los que
endechan lamentándose de pena. Pero no mucho después, las mismas personas se
encuentran bailando en la fiesta de una boda, ajenos a su dolor reciente.
     3:5 Tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras. Si lo tomamos
literalmente, significa que hay tiempo para despejar el terreno para cultivar (Is. 5:2), y
tiempo para recoger piedras para construir casas, muros u otros proyectos. Si tomamos las
palabras de manera figurada, como opinan muchos comentaristas modernos, puede ser una
referencia al acto matrimonial. Así, la DHH lo parafrasea de la siguiente manera: «Tiempo
para tener relaciones sexuales y tiempo para no tenerlas».
     Tiempo de abrazar y tiempo de abstenerse de abrazos. En el ámbito de los afectos,
hay tiempo de compromiso y tiempo de abstención. Hay tiempo en el que el amor es puro,
y tiempo en el que es ilícito.
     3:6 Tiempo de buscar (o ganar, NKJV), y tiempo de perder. Esto nos trae a la mente
las fases en los negocios con sus fluctuaciones de intereses y pérdidas. Primero los
mercados suben en aumento de ingresos, y después bajan y bajan hasta encontrarse en
números rojos.
     Tiempo de guardar, y tiempo de desechar. A casi todas las amas de casa les es
familiar esta circunstancia. Durante meses, y aun años, almacenan cosas en armarios,
sótanos y cuartos trasteros. Y entonces, en un arranque de celo por la limpieza, lo sacan
todo y llaman a alguna asociación benéfica para que se lleve todo lo amontonado.
    3:7 Tiempo de romper, y tiempo de coser. ¿Podía estar pensando Salomón en los
constantes cambios de las modas en la ropa? Algún diseñador famoso decide un nuevo
estilo, y por todo el mundo se suben o bajan los dobles. Los estilos actuales son atrevidos y
para llamar la atención. Mañana vuelven a los estilos anticuados de la abuela.
    Tiempo de callar, y tiempo de hablar. El tiempo de callar es cuando se nos critica
injustamente, cuando nos sentimos tentados a criticar a otros o a decir cosas falsas, duras o
no edificantes. Moisés fue privado de entrar en la tierra prometida porque habló
precipitadamente con sus labios (Nm. 20:10; Sal. 106:33).
    El tiempo de hablar es cuando está en juego un gran principio o causa. Mardoqueo le
dijo a Ester que el tiempo de hablar había llegado (Est. 4:13–14). Y podría haber añadido
junto con Dante: «Las partes más ardientes del infierno están reservadas para aquellos que
en tiempo de gran crisis moral se mantienen neutrales».
    3:8 Tiempo de amar y tiempo de aborrecer. No tenemos que intentar forzar estas
palabras en un contexto cristiano. Salomón no estaba hablando como cristiano sino como
un hombre del mundo. A él le parecía que la conducta humana fluctuaba entre periodos de
amar y periodos de aborrecer.
    Tiempo de guerra y tiempo de paz. ¿Qué es la historia, sino un registro de guerras
crueles y sin motivo, intercaladas con cortos periodos de paz?
    3:9 La cuestión persistente en los pensamientos de Salomón era: «¿Qué ganancia
duradera tiene el que trabaja por toda su fatiga?» Por cada actividad constructiva existe
una destructiva. Por cada más existe un menos. Las catorce cosas positivas quedan
canceladas por catorce negativas, y así, la fórmula matemática de la vida es catorce menos
catorce igual a cero. Al final, al hombre no le queda más que un cero.
    3:10 Salomón había dirigido un estudio exhaustivo de todas las actividades, los trabajos
y propósitos que Dios le ha dado al hombre para que ocupe su tiempo, lo cual ha resumido
todo en los versículos 2–8.
    3:11 Llegó a la conclusión de que Dios todo lo hizo hermoso en su tiempo, o, en otras
palabras, que hay un tiempo apropiado para cada actividad. Aquí el pensamiento no es tanto
la belleza de la creación de Dios, sino el hecho de que cada acción tiene su propio tiempo
designado, y que a su tiempo cada cosa es eminentemente adecuada.
    También Dios ha puesto eternidad en la mente del hombre. Aunque vive en un mundo
regido por el tiempo, tiene insinuaciones de eternidad. Instintivamente, el hombre piensa
en «para siempre», y aunque no puede entender el concepto, se da cuenta de que tras esta
vida hay posibilidad de un océano de tiempo sin orillas.
    Pero las obras y caminos de Dios al hombre le resultan inescrutables. No hay modo en
el que podamos resolver el acertijo de la creación, providencia, o de la consumación del
universo, a no ser por la revelación. A pesar de los enormes avances del conocimiento
humano, aún vemos por espejo, oscuramente. Cuán a menudo tenemos que confesar
suspirando: «¡Qué poco conozco de Él!»
    3:12 Debido a que la vida del hombre está gobernada por ciertas leyes inexorables, y
porque todas sus actividades parecen dejarle en el mismo sitio que cuando empezó,
Salomón decide que la mejor política es ser feliz y disfrutar la vida al máximo.
    3:13 Él no quería decir que la vida deba ser una juerga u orgía de beber, disipación y
vicio, sino que es don de Dios que el hombre disfrute de su comida y bebida y encuentra
satisfacción en su labor diaria. Es una consideración muy baja de la vida, y completamente
sub cristiana en su apariencia, pero debemos recordar continuamente que los puntos de
vista de Salomón son del todo terrenales.
    3:14 Sí que percibió correctamente que los decretos de Dios son inmutables. Lo que
Dios decide es lo que permanecerá y el hombre no lo puede alterar, ni añadiendo ni
quitando. Es insensato de parte de las criaturas el intentar luchar en contra de las cosas que
el Creador ha establecido. ¡Es mucho mejor respetarle y someterse a Su control!
    3:15 Lo que ocurre en la actualidad es sólo una repetición de lo que ocurrió en el
pasado, y nada sucederá en el futuro que no haya acontecido ya. Dios lo dispone todo sobre
una base periódica, de modo que las cosas ocurran vez tras vez repetidamente. Vuelve a
traer lo que ya había pasado, y así se repite la historia. La expresión «Dios restaura lo que
pasó», o «Dios requiere cuentas de lo que pasó» (NKJV) a menudo se emplea para
enfatizar el hecho de que los incrédulos tendrán que dar cuentas por sus pecados. Aunque
esto es cierto, tal no es el énfasis del pasaje. Aquí más bien vemos a Dios trayendo eventos
pasados para formar otro ciclo de la historia. R.C. Sproul lo llama el tema de la repetición
eterna. «Esta idea mantiene que, en tiempo infinito, hay ciclos periódicos en los cuales todo
lo que ha sido se repite de nuevo. El drama de la vida humana es una actuación seguida de
un bis tras otro».
    3:16 Entre algunas de las cosas que apenaban al Predicador estaban la injusticia y la
impiedad. Encontraba perversión en los tribunales donde debía dispensarse juicio, y veía
deshonestidad en los círculos del gobierno donde se debía practicar la justicia.
    3:17 Estas desigualdades de la vida le llevaron a creer que tiene que haber un tiempo
en el que Dios juzgue a los hombres, en el que se enderecen los males de la tierra. Salomón
no dice de manera explícita que esto vaya a tener lugar en la otra vida, sino que es un
resultado inevitable debido a la cantidad de iniquidades pasadas por alto en este mundo. Su
conclusión refleja la emoción común que surge del corazón de los justos. La decencia y la
justicia demandan un tiempo en el que se arreglen las cuentas y el bien sea vindicado.
    3:18 En los últimos versículos del capítulo 3 el Predicador contempla el tema de la
muerte, y la ve como el lúgubre aguafiestas, poniendo fin a las mejores ambiciones,
esfuerzos y placeres del hombre. La ve exactamente como la veríamos nosotros si no
tuviésemos la Biblia para iluminarnos.
    Observemos que introduce sus consideraciones con estas palabras: «Dije en mi
corazón». No es cuestión de lo que Dios le reveló, sino de las conclusiones a las que él
mismo llegó en sus pensamientos. Es su propio razonamiento debajo del sol, por lo tanto,
no es un pasaje sobre el que podamos forjar una doctrina adecuada de la muerte y el más
allá. Pero precisamente, eso es lo que han hecho muchas de las sectas. Utilizan estos
versículos para apoyar sus enseñanzas erróneas del sueño del alma y la aniquilación de los
muertos malos. En realidad, un estudio detenido de este pasaje dejaría claro que Salomón
no estaba defendiendo ninguna de estas opiniones.
    Básicamente, lo que está diciendo es que Dios prueba al hombre a través de su breve
vida sobre la tierra, para mostrarle cuán frágil y pasajero es, igual que las bestias. Pero,
¿está diciendo que el hombre es igual que un animal?
    3:19 No, la cuestión no es que el hombre sea un animal, sino que en un aspecto, no
tiene ninguna ventaja sobre los animales. Igual que la muerte le llega a las bestias, así
también le llega al hombre. Una misma respiración tienen, y en el momento de la muerte,
se corta esa respiración. Por tanto la vida para el hombre es tan vacía como lo es para los
seres más inferiores de la creación.
    3:20 Todos comparten un final común en la tumba. Ambos van al mismo lugar, al
polvo. Ambos vinieron de ello, y ambos a ello volverán. Por supuesto, esto es asumiendo
que el cuerpo sea todo lo que encierra la vida humana, pero nosotros sabemos que esto no
es así. El cuerpo es sólo la tienda en la que vive la persona. Pero no podemos esperar que
Salomón supiese la verdad completa del estado futuro.
    3:21 La ignorancia de Salomón en cuanto a lo que ocurre en el momento de la muerte
se hace evidente por su pregunta: «¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los
hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?» Esto no
debe entenderse como una declaración doctrinal. Es una pregunta humana, no certidumbre
divina.
    Por el Nuevo Testamento, sabemos que el espíritu y el alma del creyente van a estar con
Cristo en el momento de la muerte (2 Co. 5:8; Fil. 1:23), y el cuerpo va a la tumba (Hch.
8:2). El espíritu y el alma del incrédulo van al Hades, y su cuerpo va a la tumba (Lc.
16:22b–23). Cuando Cristo vuelva en el aire, los cuerpos de los que han muerto en fe
resucitarán en forma glorificada y se reunirán con el espíritu y el alma (Fil. 3:20–21; 1 Ts.
4:16–17). Los cuerpos de los muertos incrédulos resucitarán en el Juicio del Gran Trono
Blanco, se reunirán con el espíritu y el alma, y serán lanzados al lago de fuego (Ap. 20:12–
14).
    Estrictamente hablando, los animales tienen cuerpo y alma pero carecen de espíritu. La
Biblia no dice nada en cuanto a que haya vida después de la muerte para los animales.
    3:22 Por lo que él sabía acerca de la muerte, y también por lo que no sabía, Salomón se
figura que lo mejor que uno puede hacer es disfrutar sus actividades cotidianas. Después de
todo, esa es su parte en la vida, y mejor le irá si coopera con lo inevitable. Debe encontrar
satisfacción aceptando lo que no se puede cambiar. Pero, sobre todo, debe disfrutar la vida
como le venga, pues nadie puede contarle lo que ha de ser en la tierra después que él se
haya ido.

D.    La Vanidad de las Desigualdades de la Vida (Cap. 4)
    4:1 Robert Burns dijo: «¡La inhumanidad del hombre para con el hombre hace llorar a
miles incontables!» En cada época ha habido corazones sensibles angustiados al ver la
opresión infligida por los hombres para con sus semejantes. Esto también atormentaba a
Salomón. Le angustiaba ver las lágrimas de los oprimidos, la fuerza de sus opresores, y
la falta de alguien que defendiese a los maltratados. La fuerza estaba en la mano de los
opresores, y no había quien se atreviese a desafiarles. Desde esta posición ventajosa,
parecía que «la Verdad siempre estaba en el cadalso, y el Error sentado en el trono». No
podía ver que «tras la oscuridad de lo desconocido Dios, envuelto en sombras, tenía los
ojos fijos sobre los Suyos».

    4:2 Así que, en su abatimiento, llegó a la conclusión de que los muertos están mucho
mejor que los que viven. A su parecer, la muerte ofrecía una escapatoria agradable de todas
las persecuciones y crueldades de la vida. Por el momento no le preocupaban las
implicaciones más profundas de la muerte, que aquel que muere en incredulidad está
condenado a sufrimiento más severo que la peor opresión de la tierra. Para él la pregunta no
era «¿Hay vida después de la muerte?», sino más bien «¿Hay vida después de nacer?»
     4:3 El cinismo de Salomón llegó al colmo con la observación de que, aunque los
muertos están mejor que los vivos, los que no han llegado a nacer son todavía más
envidiables, pues no han llegado a vivir para ser enloquecidos por las aflicciones debajo
del sol. Nunca han tenido que soportar: «ese cruel sucedáneo de felicidad llamado vida».
     4:4 Había algo más que le exasperaba: el hecho de que la actividad y habilidad humana
sean motivadas por el deseo de ganar al prójimo. Salomón vio que la rueda de la vida era
impulsada por el espíritu competitivo. El deseo de tener mejores ropas y una casa más
lujosa, todo esto parece tan hueco e indigno de seres creados a la imagen y semejanza de
Dios.
     Cuando a Miguel Ángel y a Rafael se les encomendó que, haciendo uso de sus talentos
artísticos, adornasen el Vaticano, un terrible espíritu de rivalidad se interpuso entre los dos.
«Aunque cada uno tenía una tarea distinta que llevar a cabo, llegaron a estar tan celosos que
al final ni se hablaban el uno al otro». Algunos son más hábiles disimulando su envidia que
estos genios, pero esta misma actitud de rivalidad se encuentra en el fondo de mucha de la
actividad contemporánea.
     Un cínico moderno ha escrito: «He probado todo lo que ofrece la vida, pero todo lo que
veo es a uno intentando sobrepasar al otro en un intento inútil de lograr la felicidad».
     4:5 En contraste con aquel cuya motivación y recompensa es la envidia, está el necio, el
perezoso estúpido y torpe. Él cruza sus manos y vive de la poca comida que puede
conseguir con el mínimo esfuerzo. Tal vez sea él más sabio que sus prójimos que viven
frenéticamente por su envidia y avaricia.
     4:6 Mientras que los de su alrededor se entregan al trabajo en una competición
desenfrenada, los sentimientos del necio son: Más vale un puño lleno con descanso, que
ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu. O, como lo parafrasea H. C.
Leupold: «Prefiero estar cómodo, aunque no posea mucho, que adquirir más con toda la
vejación que eso implica».
     4:7–8 Había aún otra vanidad que le reventaba, y era la locura sin sentido del hombre
que está solo y se esfuerza en trabajar y acumular riqueza. No tiene hijo ni hermano, ni
parientes cercanos. Ya tiene más dinero del que jamás vaya a necesitar, pero insiste en
agobiarse día tras día y se niega las amenidades sencillas de la vida. No se le ocurre hacerse
la pregunta: «¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien?»
     Charles Bridges comenta en su exposición: «El mísero, con cuánta razón merece el
nombre, ¡miserable esclavo de mamón, envejeciéndose y convertido en un rácano afanoso,
tacaño y agarrado!». Se llama mísero, y cual es su nombre tal es él, miserable. ¡Qué modo
de vivir tan vacío y desdichado!, pensaba Salomón.
     Seguro que Samuel Johnson tenía razón cuando dijo: «el deseo por el oro, que ni siente
ni se remuerde, es la última de las corrupciones del hombre degenerado».
     4:9 La soledad del mísero hace que Salomón piense en las ventajas de la comunión y
compañerismo. Usa cuatro ilustraciones para enfatizar su tesis. Primero, dos trabajadores
son mejores que uno, porque cooperando pueden producir más y con más eficacia.
     4:10 También, si hay un accidente laboral, uno puede ayudar a su compañero. Pero ay
del que cae de la escalera y está solo, pues no hay nadie a quien pueda pedir ayuda.
     4:11 Dos en una misma cama en una noche fría son mejor que uno porque se calientan
el uno al otro. Podríamos criticar su argumento mencionando el fastidio de que uno tenga
los pies fríos o de que el otro se lleve todas las mantas, o el calor superior controlado
proveniente de la manta eléctrica. Pero el énfasis sigue en que hay placeres y beneficios en
la amistad y en asociarse con otros que les son desconocidos a los que viven aislados.
    4:12 La tercera ilustración tiene que ver con la protección contra los ataques. El ladrón
puede dominar con facilidad a una víctima si está sola, pero generalmente dos pueden
resistir con éxito al intruso.
    Finalmente, una cordón hecho con tres cuerdas es más fuerte que uno hecho con una o
dos. De hecho, tres cuerdas dobladas juntas tienen la fuerza más que triplicada que tres
cuerdas separadas.
    4:13–16 Las locuras y vanidades de la vida no se limitan a los peones; se encuentran
hasta en los palacios de los reyes. Salomón describe a un rey que venció a la pobreza y a su
historial de prisión en su ascenso al trono; pero ahora que es viejo, es imposible tratar con
él. No escucha a sus consejeros. Sería mejor tener a un muchacho joven al que se le puede
enseñar, aunque fuese pobre, para que reinase en su lugar. Salomón pensó todos los
súbditos del rey, y en el muchacho que es segundo en autoridad, el futuro heredero. Las
multitudes se apiñan tras su bandera. Están cansados del viejo monarca, y tienen ganas de
cambios, esperando que éstos conllevarán una mejor administración. Sin embargo, ni los
que vengan después estarán contentos de él.
    Esta inconstancia y avidez de novedades le hizo a Salomón darse cuenta de que aun los
honores más altos del mundo son vanidad. Éstos también son aflicción de espíritu.

E.   La Vanidad de la Religión y Política Populares (5:1–9)
    Instintivamente, el hombre es religioso; pero eso no es necesariamente bueno. De
hecho, puede ser positivamente malo. Su misma religiosidad puede ocultarle su necesidad
de salvación como dádiva gratuita de la gracia de Dios. Además, la religión propia del
hombre puede no ser más que una careta, un ritual externo sin realidad interna. La vanidad
puede infiltrarse en la vida religiosa igual que en cualquier otra esfera, tal vez incluso más.
Por esto, en el capítulo 5 Salomón da algunos consejos a guardarse del formalismo y la
exterioridad cuando se trata de la relación con Dios.
    5:1 Ante todo, Salomón aconseja mirar bien los pasos al ir a la casa de Dios. Aunque
esto puede referirse a la reverencia en general, la explicación que se nos da es más
específica, en cuanto a estar más dispuestos a aprender que a ocuparnos en un montón de
palabras imprudentes. Las promesas apresuradas son sacrificio de necios. Las personas
irreflexivas las hacen sin darse cuenta de que hacen mal.
    5:2 Al adorar se debe evitar la imprudencia en oraciones, promesas y confesiones de
consagración a Dios. La presencia del Todopoderoso no es lugar donde hablar de manera
precipitada o compulsiva. El hecho de que Dios es infinitamente alto por encima del
hombre, igual que el cielo lo es sobre la tierra, tendría que enseñar al hombre a refrenar sus
palabras cuando se acerca a Él.
    5:3 Del mismo modo que una mente hiperactiva suele producir sueños agitados, así la
boca hiperactiva produce palabrería: un torrente de palabras, muchas veces necias, incluso
en la oración. Alexander Pope escribió que «Las palabras son como hojas, que donde más
abundan, menos fruto se suele encontrar».
    Salomón no pretendía que el versículo 3 fuese una explicación científica del origen de
los sueños; meramente estaba señalando lo que le parecía relacionarse entre la ocupación
frenética de la mente durante el día y los consecuentes sueños agitados durante la noche.
    5:4 En el asunto de hacer votos a Dios, la honestidad sencilla demanda que se paguen
sin tardar. A Dios no le sirve de nada el insensato que suelta una tormenta de palabras, pero
que luego no cumple. Por tanto el consejo es éste: «Cumple lo que prometes».
    5:5 Si no piensas cumplir, empieza por no prometer.
    Qué bien conocía el Predicador la facilidad con la que el hombre se compromete con
Dios cuando se encuentra en situaciones desesperadas y apuradas: «Oh, Señor, si me sacas
de ésta, te serviré toda mi vida». Pero la tendencia es a olvidar prontamente cuando se
acaba la crisis.
    También en momentos de regocijo espiritual es fácil hacer un voto de dedicación,
celibato, pobreza y cosas semejantes. Dios nunca ha pedido tales votos de Su pueblo. En
muchos casos, tales como el del celibato, mejor hubiese sido no hacerlos. Pero cuando se
hacen, hay que cumplirlos. Ciertamente el voto del matrimonio es ratificado en el cielo y no
puede quebrantarse sin sufrir costosas consecuencias. Los votos hechos antes de la
conversión deben cumplirse, excepto en caso de violar la Palabra de Dios.
    5:6 Por tanto, la regla general es no dejar que tu boca te lleve a pecar quebrantando tus
votos. Y no intentes excusarte delante del mensajero de Dios (BAS) diciendo que fue
ignorancia y que realmente no querías decir eso. Ni pienses que la ofrenda traída
mecánicamente delante Suyo expiará el quebrantamiento descuidado de tus votos.
    El mensajero de Dios puede referirse al sacerdote, ya que los votos no cumplidos se le
confesaban a él (Lv. 5:4–6). Pero esto presupone un conocimiento de la ley mosaica,
mientras que Salomón está hablando aparte de la religión revelada. Por lo que tal vez sea
más acertado pensar que se refiere a cualquiera que sirve de parte de Dios.
    El pensamiento básico es que a Dios le disgusta en extremo la insinceridad de labios.
Entonces, ¿por qué decir cosas que de seguro le van enojar? Esto hará que, inevitablemente,
Él obstruya, frustre y destruya todo lo que intentes hacer.
    5:7 De la misma manera que existe una tremenda irrealidad en la abundancia de
sueños, así también en las palabras dichas precipitadamente hay vanidad y ruina. Lo que
debemos hacer, según dice Salomón, es temer a Dios. No obstante, él no se refiere a la
confianza con amor en JEHOVÁ, sino a verdadero temor de incurrir en desagrado del
Todopoderoso. G. Campbell Morgan nos recuerda que éste es el temor del esclavo, no del
hijo. Si no consideramos esto, acreditamos a Salomón más espiritualidad de la que
realmente se ve aquí.
    5:8 Entonces Salomón cambia al tema de la opresión de los pobres y la perversión del
derecho. Su consejo es a no desesperar si vemos estos males en la provincia. Total, hay
una jerarquía de autoridad en el gobierno, y los que están más altos vigilan a sus
subordinados con ojos de águila.
    Pero ¿lo hacen en realidad? Con demasiada frecuencia el sistema de chequeos y
controles falla o alguien se burla de él, y todos los rangos oficiales reciben también su
porción de sobornos y pagas secretas.
    La única satisfacción que les queda a los justos es la certeza de que Dios es más alto
que la autoridad más alta, y que Él se cuidará de que un día se arreglen todas las cuentas.
Pero es dudoso que Salomón estuviese refiriéndose a esto aquí.
    5:9 El versículo 9 es uno de los más complicados de Eclesiastés, porque el original
hebreo es incierto. Esto es evidente por la amplia variedad de traducciones:
JND:     Además la tierra para todo es provechosa: el rey mismo depende del campo.
BAS:      Mas el beneficio del país, para todos, es que el rey mantenga cultivado el campo.
DHH:      Incluso el rey depende de la cosecha.
          Además, el provecho de la tierra es para todos; el rey mismo está sujeto a los
RV:
          campos.

   La idea general parece ser que hasta el oficial más elevado depende del producto del
campo y, por tanto, de la providencia de Dios. Todos son responsables ante Dios.

F.     La Vanidad de las Riquezas Pasajeras (5:10–6:12)
    5:10 El que ama el dinero no se saciaría de dinero. Los que son así siempre quieren
más. La riqueza no compra el contentamiento. Ganancias, dividendos e intereses tan sólo
abren el apetito para desear más. Todo parece vacío.
    5:11 Cuando aumentan las posesiones de un hombre, parece que también aumentan
los parásitos viviendo a costa de su riqueza, ya sean de consultas administrativas, asesores
de impuestos, contables, abogados, mujer de la limpieza o parientes «esponja».
    Uno sólo puede llevar un traje puesto, y solamente puede comer cierta cantidad de
comida en un día. Por tanto, el beneficio principal de su riqueza es el poder mirar sus
libretas bancarias, acciones y bonos, y decir con otros ricos insensatos: «Alma, muchos
bienes tienes guardados para muchos años; reposa, come, bebe, regocíjate» (Lc. 12:19).
    5:12 Cuando se trata de sueño profundo, el trabajador lleva ventaja. Ya sea que haya
tenido un banquete o un tentempié, puede descansar sin preocupación ni aprensión. Pero al
otro lado de la ciudad el necio pasa la noche en vela preocupado por la bolsa, los ladrones y
las malversaciones, tragando antiácidos para calmar el mar encrespado de dispepsia que
tiene en el estómago.
    5:13 Salomón observó que el acumular riquezas trae consecuencias desastrosas. Esto
es lo que le ocurre al hombre que, teniendo tremendas reservas de riqueza no las invirtió en
propósitos provechosos, sino que las almacenó escondidas.
    5:14 De repente aconteció alguna calamidad tal como una quiebra en el mercado, y el
dinero se esfumó. Aunque este hombre tenía un hijo, no le quedó nada que dejarle. Se
había quedado pobre y sin nada en el bolsillo.
    5:15 Vino con las manos vacías del vientre de su madre, y ahora deja el mundo así
también, con las manos vacías. A pesar de todo el dinero que había logrado acumular
durante su vida, muere como un pobre.
    Cecil Rhodes pasó años explotando los recursos naturales de Sudáfrica. Cuando estaba
a punto de morir, se lamentó con remordimiento:
    «He encontrado mucho en África. Poseo diamantes, oro y terreno, pero ahora todo esto
he de dejarlo atrás. No me puedo llevar ni una sola cosa de las que he ganado. No he
buscado los tesoros eternos, y por lo tanto ahora no tengo absolutamente nada».
    5:16 Salomón dice que esto es un gran mal, una penosa calamidad, pues podría haber
invertido su dinero para beneficios duraderos. Pero en lugar de ello, se va tan vacío como
vino, con nada que mostrar por todo su trabajo. Ha trabajado en vano.
    5:17 La tragedia se agrava por el hecho de que los últimos días de la vida de este
hombre destacan por su melancolía, pena, preocupación, afán, dolor y miseria. Su vida ha
sido la historia contraria a Cenicienta: de las riquezas a los harapos.
    Por supuesto, en un sentido, todo el que muere lo deja todo. Pero aquí el Predicador
parece señalar la insensatez de acumular dinero cuando podría invertirse para propósitos
útiles; total para perderlo todo, y después no tener nada que mostrar por una vida de fatiga y
trabajo.
    5:18 Por eso, la mejor estrategia es disfrutar las actividades comunes de la vida
cotidiana: comer, beber y trabajar. Entonces, pase lo que pase, no hay nada que pueda
robarle a uno los placeres que ya ha disfrutado. La vida es muy breve, ¿por qué no
disfrutarla en tanto que puedes?
    5:19 Salomón pensaba que es ideal que Dios dé riquezas y bienes al hombre junto con
la capacidad para disfrutar de ellos, quedar satisfecho de su parte en la vida y gozar de su
trabajo. Esta combinación de circunstancias es un don especial de Dios.
    5:20 Este hombre no medita en la brevedad de su vida, ni en sus tragedias e injusticias,
porque Dios hace que su mente esté ocupada con la alegría de sus circunstancias presentes.
    6:1–2 Existe una cruel ironía en la vida, la cual pone una carga pesada sobre los
hombres. Es tocante al hombre a quien Dios da todo lo que su corazón puede desear en lo
que a riquezas y bienes y honra se refiere pero, desafortunadamente, Dios no le da
facultad de disfrutar estas cosas. Observemos que Salomón culpa a Dios de privar al
hombre del disfrute de sus bienes.
    La muerte prematura impide al hombre disfrutar de sus riquezas. Se lo deja todo, no a
un hijo o pariente, sino a extraños. Esto en verdad hace que la vida parezca una burbuja
vacía o una enfermedad maligna.
    6:3 Aun si un hombre tiene una familia numerosa y vive muchos años, estos favores
superlativos no significan nada si no puede disfrutar de la vida, o si no tiene una sepultura
decente al final. En realidad, un abortivo es más envidiable que él.
    6:4 El abortivo en vano viene y se va en el anonimato. Su nombre es cubierto en la
oscuridad de uno que nunca nació ni murió.
    6:5 Aunque el que no llega a nacer nunca ve el sol ni llega a conocer nada, goza de más
reposo que el mísero. Nunca saboreará las perversidades enloquecedoras de la vida.
    6:6 Aun si el mísero viviese mil años dos veces, ¿de qué le sirve, si no ha podido
disfrutar de las cosas buenas de la vida? Al ir a la tumba comparte al misma suerte del
abortivo.
    6:7 La razón principal por la que el hombre trabaja es para comprar comida para sí
mismo y para su familia. Pero lo raro es que nunca se sacia. Cuanto más aumentan sus
ingresos, más necesita comprar. El contentamiento es como la zanahoria en el palo, que
siempre le elude.
    6:8 Así, en su búsqueda fútil, el sabio no tiene ventaja sobre el necio. Y aunque el pobre
sepa afrontar la vida mejor que ningún otro, no le sirve de mucho.
    6:9 Es mucho mejor contentarse con las comidas que se nos ponen delante que estar
siempre deseando algo más. Estar siempre deseando más es tan necio como correr tras el
viento. Como manifestó Leupold, es como: «vagar codicioso de una cosa a otra, en busca
de la verdadera satisfacción».
    6:10–11 No importa lo que uno sea, rico o pobre, sabio o necio, viejo o joven, pues ya
se le ha dado el nombre de hombre. Hombre aquí representa la palabra hebrea adán, y
significa «barro rojo». ¿Cómo puede el barro rojo disputar con el Creador?
    6:12 La sencilla realidad, según el Predicador, es que nadie sabe lo que más le conviene
en esta vida de vanidad y sombras. Y ninguno sabe lo que pasará en la tierra después de
haberse ido.
III. CONSEJOS PARA LA VIDA DEBAJO DEL SOL (7:1–
12:8)

A.    Lo Bueno y Mejor Debajo del Sol (Cap. 7)
    7:1 La nota amarga del final del capítulo 6 estaba en que el hombre no puede
determinar lo que es mejor para él debajo del sol. Pero Salomón sí que tiene algunas ideas
de cosas que son buenas y de otras que son mejores. Éste es el tema en el capítulo 7. De
hecho, las palabras bueno y mejor juntas aparecen aquí más veces que en cualquier otro
capítulo del Antiguo Testamento.
    Primero, mejor es la buena fama que el buen ungüento. La buena fama, por
supuesto, se refiere al buen carácter. El buen ungüento representa todo lo costoso y
fragante. La idea es que el perfume más preciado nunca puede igualar a una vida honorable.
    El Predicador dice que mejor es el día de la muerte que el día del nacimiento. Ésta es
una de sus declaraciones que nos deja confusos. ¿Lo dijo como un dogma general, o se
estaba refiriendo solamente al hombre de buena fama? Si lo aplicamos a verdaderos
creyentes, la observación es bien cierta. Pero obviamente no es cierta para aquellos que
mueren sin confesar sus pecados y sin recibir el perdón.
    7:2 Entonces Salomón decide que es mejor ir a un funeral que a atracarse en un
banquete. la muerte es el fin de todos los hombres, y cuando nos encontramos con ella
cara a cara nos vemos obligados a pensar en nuestra propia despedida.
    Todo ser racional ha de tomarse la muerte en serio, y debe tener una filosofía de vida
que le capacite para afrontar con confianza esa cita inevitable. El evangelio nos habla del
Salvador quien, por medio de la muerte, destruyó al que tenía el imperio de la muerte, esto
es, al diablo, y que libra a todos los que por el temor de la muerte están durante toda la vida
sujetos a servidumbre (He. 2:14–15).
    7:3 Otro cosa «mejor»: mejor es el pesar que la risa. El Predicador estaba convencido
de que la seriedad realiza más que la liviandad. Agudiza y tiene ocupada la mente para
tratar con los grandes asuntos de la vida, mientras que la frivolidad malgasta el tiempo e
impide que las personas se ocupen de lo que es verdaderamente importante.

       «Anduve con Placer un trecho;
       Ella parloteó todo el rato,
       Pero de todo lo que me dijo
       Nada me hizo más sabio.
       Anduve con Pesar un trecho,
       Y ni una palabra me dijo;
       Mas ¡cuantísimo he aprendido
       Con Pesar yendo a mi lado!».
              Robert Browning Hamilton
    Porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón. Es una de las paradojas
de la vida, el que la pena pueda coexistir con el gozo. Incluso filósofos paganos han
atribuido valor terapéutico al sufrimiento y la pena. Pero lo que es sólo moderadamente
cierto para el incrédulo es gloriosamente cierto para el hijo de Dios. La tristeza y los
sufrimientos aquí son los medios por los que se desarrollan las gracias de su vida. Le dan
una nueva apreciación de los sufrimientos de Cristo, y le capacitan para consolar a otros
que pasan por pruebas semejantes. Son señal de la gloria futura (Ro. 8:17).
    7:4 La mente del sabio conserva su aplomo y serenidad en la presencia de la muerte.
Puede hacer frente a la tristeza y presión porque sus raíces son profundas. Los insensatos
no pueden soportar el tener que enfrentarse a crisis serias. Intentan ahogar los sonidos de la
vida con la risa y haciendo gracias. Evitan, si es posible, todo contacto con hospitales y
tanatorios porque sus recursos superficiales no les equipan para permanecer en pie bajo las
presiones de la vida.
    7:5 Hay algo más que es mejor. Mejor es oír la reprensión del sabio que la canción
de los necios. Las críticas constructivas instruyen, corrigen y advierten. La risa hueca del
insensato no logra valor duradero.
    7:6 La risa del necio es como el estrépito de los espinos debajo de la olla, mucho
ruido y pocas nueces, mucho espectáculo y ruido pero nada productivo. Los espinos
ardiendo pueden chasquear, crepitar y saltar, pero no son buen combustible. Genera muy
poco calor, y el fuego se apaga con rapidez. Hace ruido pero sin eficacia, pues es sólo
espuma, sin cuerpo.
    7:7 Hasta el sabio se entontece cuando se convierte en opresor deshonesto. Llega a
volverse loco por el poder y pierde el sentido de equilibrio y dominio propio. Y todos
aquellos que son indulgentes con el soborno corrompen su propio corazón. Una vez que se
rebajan para aceptar dinero a escondidas pierden la fuerza de hacer juicios sin prejuicios.
    7:8 A Salomón le parecía que mejor es el fin del negocio que su principio. Quizá
tenía en mente la tremenda inercia que a menudo hay que vencer para ponerse en marcha
con un proyecto, y la monotonía y disciplina necesarias en las primeras fases. Entonces, en
contraste, es una sensación de logro y satisfacción la que se experimenta al completarlo.
    Pero no hace falta tener muchas luces para darse cuenta de que esta regla no es siempre
cierta. El fin de las obras de justicia sí que es mejor que el principio, pero el fin del pecado
es peor. Los días postreros de Job fueron mejores que su principio (Job 42:12), pero el fin
de los impíos es indescriptiblemente terrible (He. 10:31).
    El Predicador pisaba tierra más firme que la anterior al afirmar que el sufrido de
espíritu es superior al altivo de espíritu. La paciencia es una virtud atractiva, mientras que
la altivez es un pecado «padre», que engendra otros. La paciencia le prepara al hombre para
ser aprobado por Dios (Ro. 5:4), mientras que la altivez le conduce al quebrantamiento (Pr.
16:18).
    7:9 A continuación se nos advierte contra la tendencia a perder los estribos. Tal falta de
dominio propio revela una marcada debilidad de carácter. Alguien dijo que se puede medir
el tamaño del hombre por el tamaño de aquello que le hace enfadarse. Y si alimentamos
rencores y resentimientos, nos exponemos como necios. La gente inteligente no echa a
perder su vida con una conducta tan carente de sentido.
    7:10 Otra actividad de necios es vivir del pasado. Cuando estamos continuamente
hablando de los «recuerdos de antaño», y deseando que vuelvan los viejos tiempos porque
eran tanto mejores, vivimos en un mundo irreal. Es mejor afrontar las condiciones tal como
son y vivir en triunfo a pesar de ellas. Mejor encender una vela que maldecir las tinieblas.
     7:11 El pensamiento de Salomón respecto a la ciencia y la herencia puede entenderse de
varias formas. Primero, buena es la ciencia con herencia (Reina Valera; BAS); capacita al
que la recibe a administrar los bienes con prudencia. Segundo, la sabiduría es buena como
herencia (JND); si uno pudiese escoger sólo una herencia, la sabiduría sería una buena
elección. Tercero, la sabiduría es tan buena como una herencia (VM); es una fuente de
riqueza. También es una ventaja para los que ven el sol, esto es, para los que viven en la
tierra. El versículo 12 explica cómo es esto.
     7:12 La sabiduría se asemeja al dinero en que ambas cosas ofrecen protección y
seguridad en cierto sentido. Con dinero uno puede asegurarse contra pérdidas físicas y
financieras, mientras que la sabiduría provee protección contra el daño moral y espiritual.
Esto es porque la sabiduría es superior; preserva no sólo las fortunas materiales de sus
poseedores, sino también su vida.
     Cuando recordamos que Cristo es la sabiduría de Dios y que todo el que le encuentra
halla la vida, es obvia la infinita superioridad de la sabiduría. En Él están escondidos todos
los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Col. 2:3).
     7:13 Una de las cosas que hará el sabio es considerar el control soberano de Dios de los
asuntos. Si Él ha hecho algo torcido, ¿quién lo podrá enderezar? Dicho en otras palabras,
¿quién puede revocar con éxito Su voluntad? Sus decretos son inmutables, y no están
sujetos a la manipulación humana.
     7:14 Al ordenar nuestras vidas, Dios ha visto propicio permitir épocas de prosperidad y
épocas de adversidad. Cuando llega el bien debemos alegrarnos y gozar de ello. En el día
de la adversidad debemos darnos cuenta de que es Dios quien envía el bien y la
adversidad, la felicidad y la dificultad, para que el hombre no sepa lo que va a acontecer a
continuación. Esto puede ser tanto un favor como una frustración.
     También se puede pensar aquí que Dios mezcla el bien y la adversidad para que los
hombres no puedan hallar fallo en Él.
     En cualquier caso, las conclusiones son distintamente debajo del sol; no se alzan más
allá de carne y sangre.
     7:15 Solemos decir: «Ahora lo he visto todo», cuando atestiguamos una sorpresa
inesperada, paradójica y final. Parece que tal es el sentido de estas palabras de Salomón. En
el transcurso de su vida vacía había visto todo tipo de contradicción. Vio cómo el justo
moría joven y el impío llegaba a la vejez.
     7:16 Debido a que el Predicador no podía detectar una relación concreta entre la justicia
y la bendición por un lado, y el pecado y el castigo por otro, decidió que sería mejor evitar
los extremos. Esta conclusión superficial y antibíblica se conoce como «la ley de oro del
término medio».
     Evitando justicia extrema y exceso de sabiduría, tal vez uno pueda escapar de la
destrucción prematura. Esto, por supuesto, no es cierto. La norma de Dios para los Suyos es
que no pequen (1 Jn. 2:1). Y la garantía que les da es que son inmortales hasta que terminen
su obra.
     7:17 El otro peligro, en el cálculo de Salomón, es la maldad extremada. La persona
temeraria también puede ser cortada antes de su tiempo. Por tanto, la política moderada es
el ideal hacia el que debemos esforzarnos, dice el Predicador.
     Está claro que éstos son razonamientos humanos, no revelaciones de Dios. Dios no
puede pasar por alto el pecado. Su estándar es siempre la perfección.
    7:18 Según el Predicador, lo mejor es tomar esta realidad, la suerte prematura del que
es demasiado justo, y no dejarse llevar por la opuesta, la autodestrucción del libertino. El
que a Dios teme (andando en el medio) escapará de ambos peligros.
    Este consejo pone erróneamente a Dios a favor de la moderación en el pecado e
injusticia. Pero ello surgió de las observaciones de Salomón debajo del sol. A menos que
recordemos esto, quedaremos confundidos ante filosofía tan mundana.
    7:19 Salomón cree que la sabiduría da más fuerza y protección al hombre que la que
pueden dar diez poderosos a una ciudad, que sencillamente significa que la sabiduría es
mejor que las fuerzas armadas. Dios no está necesariamente de parte de los batallones más
grandes.
    7:20 ¿Cuál es la relación entre este versículo y el anterior? Es que todos necesitamos
los beneficios de la sabiduría que el predicador ha estado describiendo, porque todos somos
imperfectos. No hay ninguno que sea absolutamente justo en sí mismo, que
invariablemente haga el bien y nunca peque.
    Generalmente el versículo 20 se usa para enseñar la universalidad del pecado, y es una
aplicación legítima. Pero en su contexto, escribe Leupold, el versículo nos dice por qué
necesitamos tanto la estrecha alianza con la sabiduría que nos acaba de describir.
    7:21 La percepción sana de nuestra propia imperfección nos ayudará a tomar las críticas
con calma. Si oímos que un siervo dice mal de nosotros, aunque es inferior en la escala
social, siempre podemos dar gracias de que no nos conoce mejor, ¡pues entonces tendría
más mal que decir!
    Cuando Simei maldijo a David, Abisai quería cortarle la cabeza, pero la respuesta de
David fue que tal vez la maldición de Simei no era del todo sin causa (2 S. 16:5–14).
    7:22 Y nunca debemos olvidar que nosotros somos culpables de haber hecho lo mismo.
Hemos dicho mal de otros muchas veces en nuestro corazón. No tiene sentido que
esperemos perfección en los demás cuando nosotros mismos estamos tan lejos de ella.
    Ésta es una de las frustraciones del perfeccionista. Quiere que todos y todo sea perfecto,
pero vive en un mundo de imperfección, y ni él mismo puede alcanzar lo que les impone a
los demás.
    7:23 El Predicador usó su extraordinaria sabiduría para sondear todas estas áreas de la
vida. Quería ser lo suficientemente sabio para resolver todos los misterios y deshacer todos
los enredos. Pero debido a que en ninguna de sus investigaciones estaba contando con Dios,
se encontró con que las respuestas definitivas le eludían. Sin revelación especial, la vida
sigue siendo un acertijo sin solución.
    7:24 Las explicaciones que sí existen de las cosas son remotas, inaccesibles y muy
profundas. El mundo está lleno de enigmas. El reino de lo desconocido aún queda por
explorar. Estamos rodeados de misterios e interrogantes sin respuesta.
    7:25 A pesar de su fracaso en encontrar respuestas, Salomón perseveró tenazmente en
su búsqueda de mayor sabiduría y de una solución para la ecuación humana. Quería
comprender la maldad de la insensatez y el desvarío del error, esto es, por qué las
personas se abandonan a la corrupción y vergüenza.
    7:26 A este respecto, le vino a la mente de modo especial la mujer ramera o prostituta,
mujer cuya influencia es más amarga que la muerte. Su mente está llena de ideas sutiles
para atrapar a los hombres, y los que caen en sus garras se encuentran atados como por
cadenas. Todo aquel cuyo deseo es agradar a Dios escapará de sus trampas, pero el que
coquetea con el pecado puede estar seguro de encontrársela y picar en su anzuelo.
    Es posible relacionar a esta mujer como un tipo del mundo o de la sabiduría del mundo
(Col. 2:8; Stg. 3:15).
    7:27–28 Los versículos 27–29 parecen expresar la desilusión general de Salomón en
cuanto a sus prójimos. Al principio de conocer a alguien, tenía grandes expectaciones, pero
tras ir conociéndole mejor, sus esperanzas se venían abajo. No había nadie que reuniese los
requisitos de su ideal. Tal vez se encontraba con alguien más bien atractivo y pensaba:
Debo conocerle mejor. Sería estupendo desarrollar una amistad íntima y personal. Pero
cuanto más conocía a su nuevo amigo, más se desilusionaba. Se dio cuenta de que no existe
tal persona como el extraño perfecto, y que es verdad que la familiaridad crea desprecio o,
como solemos decir, «donde hay confianza da asco».
    Salomón decidió hacer la cuenta del número de amistades en las cuales hallaba cierta
medida de verdadera satisfacción y esperanzas cumplidas. De entre todas las personas que
había conocido, ¿a cuántos consideraba como verdaderos «compañeros del alma»?
    Había buscado repetidamente la persona perfecta, pero no había podido encontrar ni
siquiera una sola. Todos los que conocía tenían algún defecto o debilidad de carácter.
    Todo lo que descubrió fue que los hombres buenos son poco comunes, pero las mujeres
buenas menos aún. Encontró un hombre entre mil que se aproximase a su ideal, es decir,
leal, digno de confianza y dependencia y desinteresado.
    Pero no pudo encontrar una mujer entre mil que le causase tal impresión de
aproximación a la excelencia. No halló ni una mujer entre todas ellas. Tal sorprendente
expresión de aparente «chauvinismo machista» nos resulta incomprensible y ofensivo en la
actualidad, pero eso se debe a que nuestros juicios tienen como base principios y valores
cristianos. Esto no le resultaría sorprendente en absoluto al judío ortodoxo, que cada día da
gracias a Dios que no nació mujer, tampoco causaría sorpresa alguna a los hombres de
algunas culturas en las que se considera a las mujeres como esclavas o mera propiedad.
    Los comentaristas hacen gimnasia interpretativa para suavizar el impacto de las
palabras duras que Salomón pronuncia aquí, pero sus esfuerzos, aunque bien intencionados,
están equivocados. La realidad es que probablemente el Predicador quiso decir exactamente
lo que dijo. Y su conclusión aún la comparten por todo el mundo hombres cuya perspectiva
es terrena y carnal.
    La consideración de Salomón para con las mujeres era un prejuicio terrible. G.
Campbell Morgan ofrece una consideración más equilibrada:

    «La influencia femenina es poderosísima para bien o para mal. Una vez oí decir a uno
de los observadores más concienzudos, que ninguno de los grandes movimientos para el
avance de la humanidad se ha generado sin que la influencia de la mujer tuviese mucho que
ver con ello. No sé si una afirmación tan superlativa es cierta o no, pero sí creo que ésta
contiene una gran verdad. Y es igualmente cierta y terrible la parte que han tenido las
mujeres en la corrupción de nuestra raza. Cuando las mujeres de una nación son nobles, la
vida nacional se mantiene fuerte. Cuando son corruptas, la nación se destruye. La mujer es
el último baluarte del bien o del mal. En ella la compasión y la crueldad son superlativas».

   Salomón más tarde «enmendó» esto, escribiendo uno de los tributos literarios más
nobles a la mujer, Proverbios 31. En Eclesiastés escribe desde el llano terrenal del prejuicio
humano, pero en Proverbios 31 escribe desde la noble cúspide de la revelación divina.
   Con la llegada de la fe cristiana la mujer ha alcanzado la cima en su ascenso hacia la
dignidad y el respeto. El Señor Jesús es su mejor Amigo y verdadero Emancipador.
    7:29 Al meditar en su interminable desengaño con las personas que había conocido, el
Predicador llegó a la conclusión correcta de que el hombre ha caído de su condición
original. ¡Cuán cierto es! Dios hizo al hombre a Su imagen y semejanza, pero el hombre
buscó muchas perversiones que estropearon y distorsionaron la imagen divina que había
en él.
    Incluso en su condición caída, el hombre tiene un ansia intuitiva de encontrar
perfección. Anda por la vida buscando el compañero perfecto, el trabajo perfecto, etc.; todo
lo quiere perfecto. Pero no puede encontrar perfección ni en los demás ni en sí mismo. El
problema está en que su búsqueda está confinada a la esfera debajo del sol. Tan sólo ha
habido una vida perfecta sobre esta tierra, y ésta es la vida del Señor Jesucristo. Pero ahora
Él está más allá del sol, exaltado a la diestra de Dios. Y el ansia que el hombre tiene por la
perfección Dios la satisface con Cristo; ninguna otra persona o cosa puede hacerlo.

B.   Sabiduría Debajo del Sol (Cap. 8)
    8:1 Pese al fracaso de la sabiduría humana para resolver todos sus problemas, Salomón
seguía admirando al sabio más que a los demás. No hay nadie más cualificado que él para
investigar los significados ocultos de las cosas. En las observaciones del Rey-Predicador, la
sabiduría se refleja incluso en la apariencia física de uno. Hace que el rostro esté radiante,
y suaviza el aspecto del que si no sería severo y tosco.
    8:2 La sabiduría le enseña a uno a cómo conducirse en la presencia del rey, ya sea que
nos refiramos a Dios o al monarca terrenal. Lo primero que inculca es la obediencia. El
texto hebreo de la última parte del versículo es ambiguo, como puede verse por las
siguientes traducciones:

       «Por causa del juramento de Dios» (BAS; VM).
       «Y la palabra del juramento de Dios» (Reina Valera).

    Aquí el juramento puede referirse a la promesa de lealtad al gobierno o a al juramento
por el que Él autorizaba a los reyes que gobernasen (p.ej., ver Sal. 89:35).
    8:3 La falta de claridad continúa en el versículo 3. Podemos entenderlo como un
consejo a salir de la presencia del rey sin tardanza cuando notamos tirantez. O puede ser
una advertencia a no salir apresuradamente ya sea en ira, desobediencia, insolencia o
dejando el trabajo (BAS, NKJV).
    De todos modos, el pasaje nos dice que no es sabio enojar o contrariar al rey, ya que él
tiene la autoridad para hacer todo lo que quiere.
    8:4 Siempre que habla un rey, su palabra va respaldada de potestad. Es suprema y no
está sujeta al desafío de sus súbditos.
    8:5 Los que obedecen el mandamiento del rey no tienen necesidad de temer el
desagrado real. La sabiduría le enseña a uno lo que es apropiado, tanto en tiempo como en
el proceder en la obediencia de los edictos reales.
    8:6 Hay formas correctas e incorrectas de hacer las cosas, y también momentos
correctos e incorrectos. El gran problema del hombre es que no siempre puede discernir
estos momentos de destino.
    8:7 Hay muchas cosas que el hombre no sabe ni hace. No puede saber el futuro, qué
pasará y cuándo ocurrirá.
    8:8 No puede retener su espíritu cuando éste se va, ni puede determinar el tiempo
exacto de su muerte. No puede darse de alta de esta guerra, la guerra que la muerte pelea
en contra suyo sin piedad. Ni tampoco puede ganar un indulto por medio de ninguna clase
de impiedad a la que se entregue.
    8:9 Estas son algunas de las cosas que observó el Predicador al estudiar la vida debajo
del sol, en un mundo donde se pisan unos a otros, en el que el hombre ejerce autoridad
sobre otros para mal suyo.
    8:10 Mucho de la vida es superficial. El inicuo muere y es sepultado. Mientras vivía iba
al lugar de culto. Ahora que se ha ido, la gente le honra por su piedad en la misma ciudad
donde acostumbraba urdir con perversidad. La religión puede ser una fachada para
esconder la deshonestidad. Es totalmente vacía y carente de sentido.
    8:11 Posponer interminablemente los juicios y castigos de los criminales sólo sirve para
alimentar la anarquía y fomentar el desprecio por el sistema judicial. Aunque es importante
asegurarse de que los acusados tengan juicios justos, es posible proteger demasiado al
criminal, a expensas de su víctima. La justicia imparcial y equitativa aplicada con prontitud
sirve de disuasivo al crimen. Por otro lado, los retrasos interminables hacen que los
ofensores se aferren más a su determinación de quebrantar la ley. Su pensamiento es que
pueden escapar sin castigo o con una sentencia muy ligera.
    8:12 Aunque Salomón había visto algunos casos que aparentemente eran excepciones,
creía que a la larga les irá mejor a los que a Dios temen. Aun si el criminal habitual llega a
vivir muchos años, esa excepción no invalida el hecho de que la justicia es premiada al
final y que el camino de los transgresores es duro.
    8:13 El Predicador estaba seguro de que el impío al final sería el perdedor. Por no
temer delante de la presencia de Dios, se destina a sí mismo a una vida corta. Su vida es
tan fugaz como una sombra.
    8:14 Salomón parece alternar entre reglas generales y excepciones evidentes. A veces
los justos son castigados como si fuesen impíos; y a veces los impíos reciben recompensas
como si fuesen personas decentes y justas. Estas discrepancias en la vida hacían que el Rey-
Predicador se disgustase con la vanidad de ella.
    8:15 La única política lógica, a su modo de pensar, es disfrutar de la vida mientras se
pueda. No tiene el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba y se lo pase bien.
Esto le acompañará mientras trabaja a lo largo de esta vida que Dios le concede en este
mundo. Salomón no quería nada de filosofías de castillos en el aire para Salomón. Él quería
sus bienes aquí y ahora.
    8:16 Así que el Predicador se dedicó a encontrar todas las respuestas. Educó su mente
en el estudio de la filosofía, determinado a llegar al fondo de las actividades de la vida,
tarea en la que ni de noche ni de día ve uno sueño en sus ojos.
    8:17 Entonces se dio cuenta de que Dios ha establecido las cosas de tal manera que el
hombre no puede juntar todas las piezas del rompecabezas. Por más que lo intente,
siempre fracasará. Y por muy inteligente que sea, no podrá encontrar respuestas para todos
los interrogantes.

C.    Disfrutando la Vida Debajo del Sol (Cap. 9)
   9:1 En el capítulo 9 el predicador consideró todas estas cosas adoptando la perspectiva
más amplia y exhaustiva posible. Vio que los buenos y los sabios y todo lo que hacen están
en la mano de Dios. Pero si lo que les ocurrirá es señal del amor u odio de Dios, nadie lo
sabe. El futuro entero es desconocido e imposible de conocer, y puede pasar cualquier cosa.
     9:2 Lo que hace que todo sea tan enigmático es que el justo y el impío, el bueno y el
malo, el limpio y el no limpio, el que adora y el que no adora, todos terminan en el mismo
lugar: la tumba. En cuanto a escaparse de la muerte, el bueno no tiene ventaja sobre el que
peca. Los que se ponen bajo juramento están en el mismo aprieto que los que temen el
juramento.
     9:3 Esta es la gran calamidad de la vida, que al final la muerte reclama a toda clase de
hombres. La gente puede vivir vergonzosa e insensatamente y después de eso: la muerte.
¿Qué es esto, sino gran injusticia, si la muerte es el fin de la existencia?
     9:4 Mientras hay vida hay esperanza, esto es, el hombre tiene algo que esperar. En este
sentido, mejor es perro vivo que león muerto. Aquí se nos habla del perro no en el
sentido del mejor amigo del hombre, sino como una de los animales más bajos y viles. El
león es el rey de los animales, poderoso y magnífico.
     9:5 Al menos los que viven saben que han de morir, pero los muertos nada saben
acerca de lo que ocurre en el mundo.
     Este versículo lo emplean y abusan los falsos maestros para demostrar que el alma
duerme cuando muere, y la conciencia cesa con el último suspiro. Pero no es sensato
establecer una doctrina sobre después de la muerte con este versículo, ni con este libro.
Como se ha enfatizado repetidamente, Eclesiastés representa las mejores conclusiones
humanas en la búsqueda de respuestas «debajo del sol». Saca deducciones basadas en
observaciones y en la lógica, pero no en la revelación divina. Se trata de lo que pensaría un
sabio si no tuviera una Biblia.
     ¿Qué pensarías si vieses morir a alguien y observases descender su cuerpo a la tumba,
sabiendo que volverá al polvo? Se acabó todo. Ahora mi amigo ya no sabe nada; no puede
disfrutar de las actividades actuales; ha olvidado y pronto será puesto en el olvido.
     9:6 Y así es, pensaba Salomón. Una vez muerto ya no queda amor, odio, envidia ni
cualquier otra emoción humana. Nunca más tendrá parte en las actividades y experiencias
de este mundo.
     9:7 Por eso, una vez más el Predicador llega a su conclusión básica: vivir la vida,
pasarlo bien, disfrutar la comida, alegrar con vino el corazón. Dios ya ha aprobado lo que
haces y le parece bien.
     9:8 Vístete de ropa colorida, y no te pongas atuendos de luto, y cambia las cenizas de tu
cabeza por perfume. Algunos piensan que el mundo fue hecho para divertirse y jugar, y
Salomón es uno de ellos.
     9:9 También se deben explotar al máximo las relaciones matrimoniales, ¡ya que es
lícito! En todo caso la vida es vana y vacía, por lo cual lo mejor es aprovecharla a tope,
disfrutando cada día, porque es lo único que vas a recibir de todo tu trabajo y fatiga.
     Los versículos 7–9 son sorprendentemente similares al pasaje del Gilgamesh Epic, un
antiguo informe babilónico de la inmortalidad y del gran diluvio:

       «Desde que los dioses crearon al hombre
       Para él ordenaron la muerte,
       Y la vida la tienen en sus manos,
       Tú, oh Gilgamesh, llena el estómago.
       Alégrate de día y de noche,
       Y cada día llénate de gozo,
       Día y noche sé feliz y ríete,
       Vístete de ropa deslumbrante,
       Tu cabeza purifica y lava con agua.
       Desea los hijos que posee tu mano
       Y disfruta de una esposa en tu seno».

    La importancia de este hecho no reside en que el uno haya sido copiado del otro, sino
en que la sabiduría del hombre debajo del sol conduce a las mismas conclusiones. Quedé
impresionado por esto cuando leí el resumen de Denis Alexander acerca de lo que nos
ofrece el humanismo en la actualidad:

    «En realidad el modelo humanista parece una píldora demasiado grande para tragar.
Como representante de una de las últimas generaciones del siglo XX y con menos de treinta
años se me pide que crea que soy el resultado de un proceso evolucionista puramente
casual. Los únicos requisitos para este proceso son la presencia de materia, tiempo y azar.
Por algún capricho extraño del destino, yo y otros hombres somos las únicas estructuras
físicas a las que resulta habérseles dado conciencia de su propia existencia. Y se supone que
tengo que considerarme, a mí y a los demás, como superiores a otras estructuras físicas
tales como conejos, árboles y piedras, aun cuando dentro de cien años los átomos de mi
cuerpo descompuesto no podrán distinguirse de los suyos. Además se supone que la masa
de átomos vibrantes de mi cabeza tiene más sentido que la de la cabeza de un conejo.
    Al mismo tiempo, se me dice que la muerte es el fin definitivo. En la escala del tiempo
de la evolución mi vida no es más que un vapor que pronto se desvanece. Todos los
sentimientos de justicia o injusticia que haya tenido en esta vida, mis dificultades, todas mis
grandes decisiones, todo ello será finalmente tragado en la continua marcha del tiempo.
Dentro de unos pocos millones de años, que son como una gota comparados con la historia
total de la tierra, la memoria de la mejor literatura y arte, y las mejores vidas, quedará
sepultada en la descomposición inexorable de la Segunda Ley de la Termodinámica. Hitler
y Martin Luther King, James Sewell y San Francisco de Asís, Chairman Mao y Robert
Kennedy, todos serán borrados en el vacío inconsciente.
    Así que, se me dice que debo sacar lo mejor de un mal trabajo. Aunque tengo
sentimientos fuertes de trascendencia, una profunda sensación de que soy algo más que un
capricho ciego de la evolución, no obstante tengo que olvidar cuestiones tan conflictivas y
preocuparme de los verdaderos problemas, intentando vivir de manera responsable en la
sociedad. Aunque mi trabajo conlleva estudiar el cerebro humano como una máquina, como
cualquier otra de las máquinas de la naturaleza, aun así tengo que creer que el hombre tiene
algún valor intrínseco especial que es mayor que el valor de un animal, y mientras que mis
emociones me dicen que tal vez sea cierto, no se me da ninguna otra razón objetiva por la
que creerlo».

    9:10 La máxima del versículo 10, una de las mejores conocidas del libro, solemos
usarla los creyentes para estimular el celo y la diligencia en el servicio cristiano, y el
consejo es bueno. Pero en este contexto, a lo que invita es a aprovechar todo placer y
disfrute mientras sea posible, porque no podrás trabajar, inventar, pensar ni saber nada en el
Seol, adonde te diriges inevitablemente.
    El consejo dado en este versículo es excelente, ¡pero la razón es completamente mala! E
incluso el consejo debe restringirse a actividades legítimas, útiles y edificantes.
    9:11 Otra de las cosas que observó el predicador es que la suerte y el azar juegan una
parte importante en la vida. No siempre gana la carrera el corredor más rápido. Ni ganan
siempre la guerra los soldados más bravos. Los más sabios no siempre disfrutan de las
mejores comidas. Los más listos no son siempre los más ricos, y los más dotados no
siempre llegan a la presidencia. La mala suerte acecha las pisadas de todos. Tiempo y
ocasión son factores que juegan un papel importante en el éxito y el fracaso. Cuando le
pidieron al millonario J. Paul Getty que explicase su éxito, él respondió: «Algunos
encuentran petróleo, y otros no».
    9:12 Nadie sabe cuándo le aparecerá la mala suerte. Como los peces que son presos en
la mala red y como las aves que se enredan en lazo, así al hombre le sobrecoge la mala
fortuna o aun la muerte. Nunca sabe qué bala lleva su nombre.
    9:13–15 Otra pena de la vida es que la sabiduría no siempre se aprecia. He aquí la
ilustración: Había una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella, y por tanto carente de
defensa. Un rey muy poderoso la rodeó con artillería y se preparó para atravesar los muros.
    Cuando la situación ya parecía desesperada, un hombre pobre pero muy sabio
apareció con un plan que salvó a la ciudad. En ese momento fue el héroe de todos, pero fue
rápidamente olvidado.
    9:16 Al Predicador le apenaba que, aunque mejor es la sabiduría que la fuerza, más
tarde el consejo del pobre había sido menospreciado. Tan pronto como pasó la dificultad,
no había nadie interesado en sus palabras.
    Esta parábola tiene una aplicación evangelística concreta. La ciudad es como el alma
del hombre: pequeña e indefensa. El gran rey es Satanás, listo para invadir y destruir (2 Co.
4:4; Ef. 2:2). El libertador es el Salvador, pobre (2 Co. 8:9) y sabio (1 Co. 1:24; Col. 2:3).
Aunque Él proveyó liberación, ¡cuán poco se le honra y aprecia! La mayoría de los
habitantes del mundo viven como si Él nunca hubiese muerto. E incluso a veces los
cristianos descuidamos el deber de recordarle como Él ha mandado, en la Cena del Señor.
    9:17 Pero, a pesar de la ingratitud y la indiferencia del hombre, es cierto que las
palabras del sabio escuchadas en quietud valen más que los gritos y exclamaciones del
poderoso señor entre los necios.
    9:18 La sabiduría supera con creces a las armas y municiones. En 2 Samuel 20:14–22
leemos de cómo una mujer sabia libró a la ciudad de Abel-bet-maaca cuando Joab la
asedió.
    Pero una locura pecaminosa puede deshacer mucho bien logrado por el sabio, igual que
las pequeñas zorras estropean las viñas.

D.    El Sabio y el Necio Debajo del Sol (Cap. 10)
    10:1 Cuando las moscas caen en el perfume del perfumista y mueren, hacen que el
perfume hieda y dé mal olor. Y en esto hay una analogía con el comportamiento humano.
Uno puede hacerse una reputación de sabiduría y honra, pero puede echarlo todo a perder
por un pequeño paso en falso. Las personas recordarán una pequeña indiscreción y
olvidarán años de logros dignos. Es fácil arruinar la reputación personal con sólo tres
palabras incorrectas en público.
    10:2 Tradicionalmente, la mano derecha se considera más hábil, y la izquierda más
torpe. El sabio sabe cómo hacer bien las cosas; el necio es un chapucero torpe.
     10:3 El necio, aun cuando se trata de hacer las cosas más sencillas, como es andar por
el camino, deja ver falta de sentido común. Va diciendo a todos que es necio, que puede
significar que va llamando a los demás «necios» o que muestra su propia ignorancia en
todo lo que hace. Probablemente la última opción es más acertada.
     10:4 Si un gobernante o jefe estalla en ira contigo, mejor no tirar la toalla en un
arrebato. Más vale ser manso y sumiso, pues esto le apaciguará con más facilidad y expiará
serias ofensas.
     10:5–6 Otra inconsistencia que le molestaba a Salomón en este mundo de enredos se
trataba de las decisiones sin sabiduría e injusticias provenientes del príncipe. A menudo a
los hombres se les coloca en posiciones sin que reúnan las cualidades necesarias, mientras
otros realmente hábiles desperdician sus talentos en tareas menores.
     10:7 Así, muchas veces los siervos van a caballo mientras que los príncipes tienen que
ir a pie. Tales injusticias existen en la política, en la industria, en los servicios militares y en
la vida religiosa.
     10:8 El que hiciere hoyo para perjudicar a otros será víctima de su propia malicia. La
malicia de uno tiende a alcanzarle tarde o temprano.
     El que aportillare vallado, bien para entrar ilegítimamente o para aumentar su
propiedad, puede esperar que le muerda una serpiente o tener que pagar por ello de alguna
otra manera desagradable.
     10:9–10 Incluso las actividades legítimas conllevan riesgos. El cantero está en peligro
de herirse con las piedras, y el leñador peligra de darse con el hacha.
     Es una buena idea trabajar con las herramientas afiladas, puesto que, de otro modo,
hace falta más esfuerzo para terminar el trabajo. El tiempo empleado en afilar el hacha
queda más que compensado por el tiempo y esfuerzo ahorrado. La sabiduría enseña atajos
y trucos para hacernos más fácil el trabajo. Como lo traduce Leupold: «La sabiduría
prepara el camino del éxito».
     10:11 ¿De qué sirve el encantador si la serpiente muerde antes de que se le encante?
O, ¿para qué poner cerrojos cuando ya han entrado a robar? «Más vale prevenir que curar».
Las cosas deben hacerse a tiempo para que sean válidas y eficaces.
     10:12–13 Las palabras de la boca del sabio hacen que halle favor porque son llenas
de gracia. Las palabras del necio demuestran ser su ruina. Quizás empiece con tonterías
inofensivas, pero cuando termina, se encuentra enredado en nocivo desvarío.
     10:14 El necio no sabe cuándo parar. Palabras, palabras, palabras. Habla por los
codos, como si lo supiese todo, pero en realidad no sabe nada. Le gusta el sonido de su
propia voz y el ver a otros escuchándole. Su charla interminable incluye casi
inevitablemente jactancia de lo que hará en el futuro. Es como el rico insensato que dijo:
«Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos
y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años;
repósate, come, bebe, regocíjate» (Lc. 12:18–19). Pero no sabe lo que va a acontecer a
continuación. Mejor le sería decir: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello»
(Stg. 4:15).
     10:15 Se fatiga con su propio trabajo ineficaz e improductivo. No puede ver lo evidente
ni encontrar el camino a algo tan notorio como lo es una ciudad. Tal vez podríamos añadir
que no sabe ni cómo refugiarse de la lluvia. Su ignorancia en asuntos tan sencillos hace que
sus planes para el futuro sean de lo más absurdo.
     10:16–17 Pobre de la tierra cuyo gobernante es inmaduro e impresionable como un
muchacho y cuyos legisladores banquetean de mañana en lugar de atender sus tareas.
    La tierra afortunada es aquella cuyo rey es un hombre de carácter y nobleza, y donde
los otros dirigentes manifiestan decoro y dominio propio comiendo para reponer sus
fuerzas y no para beber.
    10:18 La pereza y dejadez continuas hacen que la casa se caiga, ya sea representando al
gobierno o a la vida personal. Toda techumbre acaba cayéndose si el propietario no se
preocupa de mantenerla con regularidad.
    10:19 La hora de comer en un tiempo de alegría, y el vino añade cierta chispa a la vida.
El dinero sirve para todo.
    ¿Creía realmente Salomón que el dinero es la clave de todo placer? Tal vez sólo se
refería a que el dinero puede comprar todo lo que el hombre necesita en el ámbito de
comida y bebida. O quizá sólo estaba citando a los príncipes borrachos del versículo 16, en
el que se les advirtió de dónde conducían sus excesos (v. 18). La verdad, como dijo alguien,
es que el dinero lo compra todo excepto la felicidad, y es el pasaporte universal a todos los
lugares excepto al cielo. La vida del hombre no consiste en las cosas que posee.
    10:20 Cuídate de no decir mal contra el rey ni contra sus subordinados ricos. Aunque
pienses que nadie te escucha, hasta las paredes oyen, y algún ave inesperada llevará el
mensaje al palacio real. «Las indiscreciones tienen la habilidad de sacar alas.»

E.   Esparciendo lo Bueno Debajo del Sol (11:1–12:8)
    11:1 Aquí el pan es símbolo del grano del cual está hecho. Echar el pan sobre las
aguas puede hacer referencia a la práctica de sembrar en áreas inundadas, o puede referirse
al transporte del trigo por barco. En todo caso, el pensamiento principal es que la
distribución amplia y a gran escala de aquello que es bueno resultará en una devolución
generosa en el tiempo de la siega.
    Este versículo también es cierto en lo que se refiere al evangelio. Tal vez no veamos
resultados inmediatos cuando compartimos el pan de vida, pero la cosecha final es segura.
    11:2 Repartir a siete e incluso ocho sugiere dos cosas: generosidad ilimitada o
diversificación de negocios. Si se refiere a lo primero, la idea es que debemos mostrar
bondad desinteresada siempre que se pueda, porque es posible que lleguen momentos de
calamidad y desgracia cuando ya no será posible hacerlo. Muchas personas ahorran para el
futuro; este versículo nos aconseja adoptar un espíritu de liberalidad ilimitada a causa de lo
incierta que es la vida.
    O la idea puede ser: No pongas todos los huevos en la misma canasta. Invierte en
distintos intereses para que, si uno falla, puedas seguir adelante con los otros. A esto se le
conoce como diversificación.
    11:3 El versículo 3 sigue con la idea del anterior, especialmente respecto al mal
desconocido que puede acontecerle a la tierra. Sugiere que hay cierta inevitabilidad y
finalidad en las calamidades de la vida. De la misma manera segura que las nubes cargadas
de agua la derraman sobre la tierra, así también les vienen a los hijos de los hombres las
pruebas y dificultades. Y una vez que cae el árbol, allí queda; su destino está sellado.
    Este verso ofrece una aplicación más amplia del versículo:

       «Como el árbol cae, así se ha de quedar,
       Como vive el hombre, así debe morir,
       Como muere el hombre, así debe quedar,
       Por todos las edades de la eternidad».
                             John Ray

    11:4 Es posible ser demasiado cauteloso. Si uno espera hasta que las condiciones sean
perfectas, no logrará nada. Normalmente siempre sopla un poco de viento y se ven algunas
nubes. Si uno espera a la condición de viento cero, nunca llevará la semilla al campo. Si se
espera a que no haya riesgo de lluvia, las cosechas se echarán a perder antes de recogerlas.
Aquel que espera a la seguridad esperará para siempre.
    11:5 Como no lo sabemos todo, tenemos que arreglárnoslas con el conocimiento que
tenemos. No comprendemos los movimientos del viento ni cómo crecen los huesos en el
vientre de una madre expectante. Tampoco entendemos todo lo que Dios hace ni por qué lo
hace.
    11:6 Debido a que no conocemos estas cosas, lo mejor es llenar el día con toda clase de
trabajos productivos. No tenemos manera de saber qué actividades serán las que
prosperarán. Tal vez todas.
    Al esparcir la Palabra de Dios, hay resultados garantizados. Pero también es cierto que
algunos métodos son más fructíferos que otros, por lo que hemos de ser incansables,
adapatables, ingeniosos y fieles en el servicio cristiano. Entonces, también debemos
sembrar por la mañana de la vida y no aflojar a la tarde. Somos llamados a un servicio
incansable y continuo.
    11:7–8 La luz puede referirse al brillo y resplandor de los días de la juventud. Es
maravilloso ser joven, sano, fuerte, vivaz. Pero a pesar de los muchos años de vigor y
prosperidad que uno pueda disfrutar, hay que tener conciencia de que los días de las
tinieblas vienen con paso cierto. Los dolores y molestias de la vejez son inevitables. Para
muchos es una época pesada y vacía de la vida.
    11:9 Es difícil discernir si el versículo 9 es un consejo sincero o el cinismo de un viejo
desilusionado. Haz todo lo que tu corazón desee y sacia tus ojos todo lo que puedas. Pero
simplemente recuerda que al final Dios te juzgará. Aquí la referencia es al juicio de la
vejez, el cual le parecía a Salomón la retribución divina por los pecados cometidos
anteriormente en la vida.
    11:10 Mientras posees la juventud, maximiza el disfrute y minimiza la congoja (BAS,
VM) y las dificultades. (Aquí mal probablemente significa más bien dificultades y
problemas que pecado). La adolescencia y la juventud son vanidad a causa de su
brevedad.
    No existe extracto literario que contenga una descripción más clásica de la vejez que la
primera mitad del capítulo 12. El significado no se encuentra en la superficie porque se nos
presenta como una alegoría, pero no tarda en aparecer en la escena un anciano arrugado, un
museo geriátrico andante, arrastrando lo pies en su caminar irresistible hacia la tumba.
    12:1 El triste cuadro de la vejez y senilidad es una advertencia para los jóvenes a
acordarse de su Creador en los días de su juventud. Es importante observar que Salomón
no dice Señor, Salvador o Redentor, sino Creador. Esta es la única forma en la que
Salomón podía conocer a Dios desde su punto de vista debajo del sol. Pero aun así, su
consejo es bueno. Los jóvenes deben acordarse de su Creador… antes del atardecer de la
vida, cuando los días son malos y difíciles y los años carecen totalmente de placer y
contentamiento. La aspiración de todo joven debería ser la que expresan estas líneas:

       «Señor, en la plenitud de mi fuerza,
       Fuerte para Ti seré,
       Y en cada dulce delicia
       A Ti mi canto entonaré.
       Al mundo mi corazón no daré
       Si quiero profesar Tu amor,
       Ni a que la fuerza me abandone esperaré
       Si quiero esforzarme en Tu labor.
       Los mandados de esta tierra
       No haré con celo presto,
       Subiendo luego la celeste cima
       Con paso cansado y lento.
       Oh, no será para Ti mi débil deseo,
       Ni mi parte pobre y baja.
       No te daré el vacilante fuego
       Ni el ascua que se apaga.
       Toma mis años brillantes,
       Y los gozos entrañables.
       Para Ti la flor de mi vida,
       La plenitud de mi corazón».
                       Thomas H. Gill

    12:2 La vejez es la época en que se opacan las luces, tanto física como
emocionalmente. Los días son pesados y las noches largas. La depresión y la tristeza
aparecen.
    Aun en años anteriores había cierta cantidad de lluvia, o sea, problemas y desánimo.
Pero el sol volvía a salir y el espíritu revivía pronto. Ahora parece que los días soleados han
quedado atrás para siempre, y tras cada descarga de lluvia, las nubes aparecen prometiendo
más.
    La juventud es la época en la que hay que acordarse del Creador, porque es entonces
cuando el sol… la luna y las estrellas no se han oscurecido aún, y las nubes no vuelven
tras la lluvia.
    12:3 Ahora el cuerpo del hombre envejecido se nos presenta bajo la figura de una casa.
Los guardas de la casa son los brazos y las manos, antes fuertes y activos, ahora
arrugados, torcidos y temblorosos, sufriendo de la enfermedad de Parkinson.
    Los hombres fuertes son las piernas y muslos, que ya no están rectos y atléticos, sino
arqueados como si fuesen paréntesis, doblándose bajo el peso del cuerpo.
    Cesarán las muelas porque han disminuido, esto es, los dientes ya no pueden
masticar porque hay demasiado pocos superiores y no pueden encontrarse con los inferiores
restantes. El dentista diría que hay oclusión inadecuada.
    Se oscurecerán los que miran por las ventanas. Los ojos han ido de mal en peor.
Primero necesitaban bifocales, después trifocales, y después operarse de cataratas. Ahora
sólo pueden leer la letra extra grande y con la ayuda de una lupa.
    12:4 Las puertas de la calle se cerrarán. Esto se refiere, por supuesto, a los oídos.
Todo ha de repetírsele dos o tres veces. Los sonidos agudos, como el ruido de la muela,
son bajos e indistintos.
    El anciano sufre de insomnio. Se levanta temprano y bien despierto, cuando el primer
pájaro empieza a piar y el gallo a cantar.
    Todas las hijas del canto serán abatidas; Las cuerdas vocales están seriamente
dañadas. La voz queda ronca e insegura, y no queda lugar para canciones.
    12:5 Algunos ancianos sufren de acrofobia, que equivale a temerán de lo que es alto,
ya sean escaleras, panorámicas desde edificios altos o viajes en avión.
    Y hay terrores en el camino. Han perdido toda confianza en sí mismos, y tienen miedo
de salir solos o de salir de noche.
    Generalmente el almendro en flor se entiende como figura del cabello blanco, primero
en rica profusión, y después cayéndose.
    La langosta puede interpretarse de dos maneras. Primero, la langosta será una carga,
o sea, que los objetos más ligeros son demasiado pesados para el anciano. O, la langosta
arrastrándose (BAS) puede caricaturar al anciano, encorvado y deformado, avanzando en
movimientos torpes y a trompicones.
    Se perderá el apetito, en el sentido de que los deseos naturales van disminuyendo
hasta desvanecerse. La comida ya no tiene sabor ni atractivo, y los demás instintos básicos
menguan. Ha desaparecido el vigor sexual.
Este proceso degenerativo tiene lugar porque el hombre va a su morada eterna de muerte
y tumba, y pronto su comitiva fúnebre se verá aparecer por las calles.
    12:6 Por eso, el consejo del hombre sabio es acordarse del Creador (BAS) antes que la
cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto
a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo. Es difícil asignar significados precisos a
todas estas figuras.
    El quebrar de la cadena de plata probablemente se refiere al romperse de del delicado
hilo de la vida cuando el espíritu abandona el cuerpo. Aparentemente, la poetisa ciega lo
entendió así al escribir:

       «La cadena de plata se quebrará
       Y ya no cantaré más así,
       Pero ¡oh! el gozo de despertar
       En el palacio de mi Rey».
                      Fanny J. Crosby

    Por el cuenco de oro se suele entender la cavidad craneal, y el que se rompa es una
figura poética del cese de la mente en el momento de la muerte.
    El cántaro y la rueda rotos juntos podrían ser una referencia al sistema circulatorio
con el colapso de la presión sanguínea sistólica y diastólica.
    12:7 El rigor de la muerte se establece. Entonces el cuerpo comienza su retorno al
polvo, mientras que el espíritu vuelve a Dios que lo dio. O al menos así creía Salomón. En
el caso del creyente, su conclusión es cierta. Pero en el caso del incrédulo, el espíritu va al
Hades, donde aguarda el Juicio del Gran Trono Blanco. Entonces el espíritu se reunirá con
el cuerpo y la persona entera será echada al lago de fuego (Ap. 20:12–14).
    12:8 Y de esta manera el Predicador vuelve en redondo donde había comenzado, con el
principio básico de que la vida bajo el sol es vanidad, carente de sentido, fútil y vacía. Su
dicho patético nos recuerda a la niña que fue a la feria y se quedó demasiado rato.

       «Quería que la música no dejase de sonar,
       ¿He estado demasiado tiempo en la feria?
       Quería que el payaso no dejase de hacerme reír,
       ¿He estado demasiado tiempo en la feria?
       Me compré lazos azules para adornar el cabello,
       Pero no había nadie que se interesase por ello.
       La noria ya empieza a parar,
       ¿He estado demasiado tiempo en la feria?
       Quería vivir en la ciudad carnaval,
       Con risas y amor por doquier.
       Quería amigos chistosos y agudos,
       Alguien que en mí tuviese interés.
       Mis lazos, que eran vistosos y sin estrenar,
       Ya no son azules ni dan de qué hablar.
       La noria comienza a burlarse de mí,
       ¿He estado demasiado tiempo en la feria?
       Ya no hay qué ganar ni nadie que me quiera,
       ¿He estado demasiado tiempo en la feria?»
                                     Billy Barnes

    Al llegar a la última referencia que Salomón hace a la vaciedad de la vida debajo del
sol, me viene a la mente una historia que solía contar E. Stanley Jones. A bordo de un barco
observó a una pareja corpulenta de caras rollizas, que vivían de comida en comida. Estaban
jubilados, y tenían mucho, y nada.

    «Se habían enfadado con los camareros porque no les daban un servicio extra. ¡Daba la
sensación de que temían morirse de hambre entre comidas! Sus apetitos físicos parecían ser
lo único que les preocupaba. Nunca les vi leyendo un periódico o un libro. Entre comidas se
sentaban y miraban fijamente, aparentemente esperando la siguiente comida. Una noche les
vi así sentados, con la mirada perdida en el vacío cuando, de repente, una idea brillante
pasó por la mente embotada del hombre. Se acercó a la repisa y levantó las jarras; miró el
interior, y entonces volvió a donde estaba su mujer con la noticia: ―Están vacías‖. Poco me
faltó para reírme. El hombre tenía razón; estaban vacías, ¡pero no sólo las jarras! El alma y
la mente de ambos también estaban vacías. Tenían mucho en la cartera, pero nada en la
persona; y éste era su castigo. Tenían seguridad con aburrimiento, nada de aventura. Su
figura se ensanchaba y sus horizontes se estrechaban».

IV. EPÍLOGO: LO MEJOR DEBAJO DEL SOL (12:9–14)
    12:9 Aparte de ser sabio él mismo, el Predicador compartió su sabiduría con otros.
Buscó el transmitir su saber en forma de proverbios, tras haberlos pesado y probado con
precisión.
    12:10 Escogió sus palabras cuidadosamente, intentando entremezclar cosas
consoladoras, agradables y verdad. Era como si se tratase de una comida alimenticia,
adornada con una ramita de perejil.
    12:11 Las enseñanzas de los sabios son como instrumentos afilados y puntiagudos,
claros, directos y convincentes. Y la recolección de dichos de un Pastor son como clavos
hincados o alfileres que dan estabilidad a una tienda. Dan fuerza y son también perchas
donde podemos colgar nuestros pensamientos.
    Casi todas las versiones de la Biblia ponen con mayúscula la palabra Pastor, indicando
que los traductores entendieron que se refería a Dios. No obstante también es necesario
considerar que en la forma de pensar oriental, al rey se le tiene como un pastor. Homero
dijo: «Todos los reyes son pastores del pueblo». Por esto, podría ser que el Rey Salomón se
estuviese refiriendo a sí mismo como un pastor. Esta interpretación encaja mucho más
fácilmente en el contexto.
    12:12 No hay indicio de que Salomón haya agotado el tema. Podría haber escrito
mucho más, pero les advierte a sus lectores que la conclusión sería la misma. No hay fin de
escribir y publicar muchos libros, y sería tremendamente agotador leerlos todos. Pues, ¿por
qué molestarse en ello? Todo lo que podrían revelar sería la vanidad de la vida.
    12:13 Su conclusión final puede dar la impresión de que al fin se ha elevado por encima
del sol. Dice: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es toda la
obligación del hombre, el todo del hombre. Pero debemos recordar que aquí el temor de
Dios no equivale a fe que salva. Éste es el error servil de la criatura delante de su Creador.
Y los mandamientos no se refieren necesariamente a la ley de Dios tal como se nos revela
en el Antiguo Testamento. Más bien pueden referirse a todo mandamiento que Dios ha
escrito instintivamente en los corazones humanos.
    En otras palabras, no es necesario que demos a las palabras de Salomón una
importancia espiritual más alta de la que realmente merecen. Puede que no sean más que la
conclusión de un sabio por su intuición natural y experiencia práctica.
    Esto es el todo del hombre: no sólo toda su obligación sino también los elementos
básicos para una vida plena y feliz.
    12:14 Aquí el motivo de temer y obedecer a Dios es la certidumbre del juicio venidero.
Nosotros, como creyentes, podemos estar eternamente agradecidos de que el Salvador nos
haya librado de ese temor.
    «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el
temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor» (1
Jn. 4:18).
    No confiamos y obedecemos por temor sino por amor. Por medio de Su obra
consumada en el Calvario, tenemos la certeza de que nunca vendremos a juicio, sino que
hemos pasado de muerte a vida (Jn. 5:24). Ahora podemos decir:

       «No hay ya condenación,
       Ni hay infierno para mí,
       El fuego y el tormento
       Mis ojos jamás verán.
       Para mí ya no hay sentencia,
       La muerte no tiene aguijón,
       Porque el Señor me ama
       Y me protege bajo Sus alas».
                      Paul Gerhardt

Bibliografía
Delitzsch, Franz. «Ecclesiastes». En Biblical Commetary on the Old Testament. Vol. 18.
Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1971.
Eaton, Michael A. Ecclesiastes. The Tyndale Old Testament Commentaries. Downers
Grove, IL: InterVarsity Press, 1983.
Erdman, W. J. Ecclesiastes. Chicago: B.I.C.A., 1969.
Hengstenburg, Ernest W. A Commentary on Ecclesiastes. Reimpresión. Minneapolis:
James and Klock Christian Publishing Co., 1977.
Lange, John Peter, ed. «Ecclesiastes». En Commentary on the Holy Scriptures. Vol. 7.
Reimpresión (25 vols. en 12). Grand Rapids: Zondervan Publishing House, 1960.
Laurin, Robert. «Ecclesiastes». En The Wycliffe Bible Commentary. Chicago: Moody Press,
1962.
Leupold, H. C. Exposition of Ecclesiastes. Grand Rapids: Baker Book House, 1952.
MacDonald, William. Chasing the Wind. Chicago: Moody Press, 1975.
Grau, José. Un comentario para el hombre de hoy. Ediciones Evangélicas Europeas,
Barcelona.
Henry, M. Comentario Matthew Henry. Vol. 5 —Poéticos 2. CLIE, Terrassa.
Silva, Kittim. Eclesiastés: Un mensaje para hoy. CLIE, Terrassa.

								
To top