EDGARDO ETTLIN - UN PANORAMA SOBRE LOS VALORES EN EL URUGUAY by edgardoettlin

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									Un Panorama sobre los Valores en el
            Uruguay




                           Dr. Edgardo Ettlin

                            Fecha: 19.5.2010
                                         ÍNDICE


                                                                          Página

Índice                                                                        2

I.    Introducción. Generalidades                                             4

II. Planteo del problema (“quaestio”)                                         8

III. Panorama sobre el Problema de la Crisis o del Extravío

     de los Valores a la luz de algunos aspectos

     de la realidad nacional                                                 14

      A. Los Valores del Patriotismo y de la Identidad Nacional              14

      B. Los Valores Religiosos                                              17

      C. Los Valores de la Familia                                           23

      D. Los Valores Morales                                                 27

      E. Los Valores Ético Profesionales                                     31

      F. Los Valores Democrático Republicanos                                34

      G. Los Valores Educativos y de la Cultura                              36

      H. La marginalidad, la violencia y la desintegración social en la

         Pérdida de los Valores en el Uruguay                                41

IV. Un estudio sobre los Valores Morales en el Uruguay:

     el “Estudio Mundial en Valores en Uruguay: 1996-2006”                   51

V. Del relativismo en el debate sobre la crisis de los

       Valores (en el Uruguay y en la Aldea Global)                          57
VI. Conclusiones   65

Bibliografía       68
                                            Capítulo I

                          INTRODUCCIÓN. GENERALIDADES (*)



     En la República Oriental del Uruguay suele decirse y escucharse que “estamos
asistiendo a una pérdida o crisis de los valores”, que “hemos perdido los valores”,
que “el Mundo carece hoy de Valores” o que “Uruguay está viviendo una crisis de
Valores”. Los políticos, los líderes religiosos, analistas y referentes de opinión
conocidos, los filósofos y hasta las personas comunes lo postulan y predican, al
punto que parece constatarse que en nuestra sociedad oriental se ha instalado la
convicción o la sensación de que es cierto.

     La lectura y la auscultación de la Prensa, los relatos que oímos, lo que se vive
diariamente, nos dan cuenta de crímenes, corrupciones, malestares políticos,
económicos y sociales que aparentemente nunca habíamos tenido o que creemos
nunca habían sido tan graves hasta ahora. Basta repasar algunos ejemplos de
nuestra vida cotidiana con los cuales solemos ejemplificar que los Valores se han
subvertido o decaído. Decimos que antes teníamos las puertas y ventanas de
nuestras casas y automóviles abiertas pero nadie entraba, y que hoy con cerraduras
de seguridad, rejas y alarmas no podemos evitar que nos introduzcan para robarnos
o atentar contra nuestras vidas. Nos aterramos ante nuevas modalidades de
delincuencia “a las que no estábamos acostumbrados”. Apreciamos que los menores
(niños y adolescentes) perpetran latrocinios con total impunidad. Afirmamos que las
Autoridades no hacen nada contra la delincuencia y vemos también que las cárceles
no dan abasto. Los ladrones no respetan “códigos”. Hay “zonas rojas” de Montevideo
donde no penetra ni la propia Policía y donde la Asistencia se ha negado a entrar
para evitar que los rapiñen o roben. Todos hablan de que la droga, el alcoholismo y

*
 El presente trabajo no compromete las opiniones del autor en el marco de su actividad profesional.
Las citas bibliográficas son a mero título ejemplificativo. A los efectos de este trabajo, la palabra
“Valores” se escribe preferentemente con mayúscula.
el ocio se enquistaron en las familias y en la Enseñanza. El deterioro en la Educación
ofrece como producto individuos con serias falencias de estructuración y formación.
Los niños y sus padres agreden a los Maestros y Profesores, y hasta hay que
apostar vigilancias policiales en los Centros Educativos para evitar la Violencia. El
homosexualismo y el Aborto ya no escandalizan a nadie. El personal de Salud (al
servicio de la Vida) debe cuidar que los pacientes y sus parientes no los maltraten.
Cada vez hay menos Matrimonios y más parejas circunstanciales. Los hijos ya no
veneran ni respetan a sus padres. La “Suiza de América” cada vez se parece más a
Latinoamérica en pobreza, marginalidad y desintegración social. Los Políticos y
gobernantes se preocupan más de sus propios intereses y cargos que de la
población. Los Jueces son obsecuentes al Poder e indolentes con los derechos de
los ciudadanos. La Policía y las Fuerzas Armadas son percibidas más como una
amenaza que como protectores de la Nación. No hay consideración por las
Autoridades ni por las jerarquías y a su vez éstas tampoco ellas dan ejemplo de ética
ni de conducta. La inmoralidad, la ordinariez, la frivolidad y el mal gusto son una
característica de estos tiempos. El materialismo, la competencia y el consumismo
han perimido la Solidaridad y toda espiritualidad. Nadie sabe qué hacer para
conjurarlo; todos hablan de la necesidad de cambiar pero nadie se preocupa de
ejecutar cambios quedando todo en discusiones, debates y comisiones. Los
uruguayos sentimos la sensación de que estamos asistiendo al final de un mundo
que era mejor y que otrora supuestamente teníamos, y que hoy corremos el riesgo
de perder o que ya directamente hemos perdido. La explicación que comúnmente se
da para ello es que “los Valores se han deteriorado” o que “se han subvertido”, que
“la gente ha cambiado su escala de Valores”, que “los Valores de ahora no son los de
antes”. Así suele augurarse que en este panorama “cuasiapocalíptico” no vamos por
un buen camino.

     El Sacerdote FRANÇA-TARRAGÓ, planteando que el Uruguay vive una crisis
de valores “grave, profunda, y de larga data” y que están siendo ignorados los
valores “que siempre fueron característicos de nuestro pueblo y que dieron solidez al
tejido social del Uruguay”, afirma tomando diversas fuentes estadísticas como
supuestos índices de esta crisis y “datos de la decadencia”, entre otros (1):

    1) El número de Homicidios aumentó de 188 en 2005 a 203 en 2006;

    2) Montevideo tiene una tasa de Suicidios en jóvenes (14 por 100.000) mucho
       mayor que Buenos Aires (6 por 100.000 habitantes), Santiago de Chile (4 por
       100.000) y Río de Janeiro (2 por 100.000);

    3) En el año 2002 el número de Divorcios igualó al de los Matrimonios
       verificados ese año. A su vez el número de Matrimonios descendió de 22.684
       en 1989 a 14.300 en 2002. Ha aumentado el número de jóvenes que opina
       que “el Matrimonio es una institución pasada de moda”;

    4) El número de hijos por Mujer ha descendido y el 26 % de los niños nacidos en
       el Hospital Pereyra Rossell son de Adolescentes;

    5) Cada vez más jóvenes son partidarios de la completa libertad sexual,
       justifican al divorcio y entienden que no es necesario que el niño tenga a sus
       dos padres;

    6) El número de procesamientos penales aumentó de 2,9 por mil a 3,04 por
       1.000 de 2005 a 2006;

    7) La población uruguaya es cada vez más condescendiente con la
       Homosexualidad, el Aborto, la Eutanasia, la Prostitución, el Suicidio, pagar
       sobornos, comprar artículos robados y engañar en el boleto;

    8) El consumo de Cocaína más que se triplicó de 1998 a 2006.



1
  FRANÇA-TARRAGÓ Omar, “Ante una sociedad en decadencia el vigor y la urgencia de la alternativa
cristiana”;      Fiesta      de        Cristo       Rey        2008,        Montevideo,       en
“parroquiafundacion.weebly.com/uploads/.../noviembre_2008.doc” (Consultado el 20.4.2010).
     El Sociólogo PATERNAIN expresa que en el Uruguay contemporáneo “la crisis
es sistémica y subjetiva”, y que ambas adjetivaciones se retroalimentan, siendo
imprescindibles para cualquier aproximación interpretativa. Según dicho estudioso,
en este país “pequeño, envejecido y vacío” la crisis es política, económica y social.
Política, porque sin perder centralidad el sistema político, el Estado en su conjunto se
desprende como puede de sus compromisos de regulación de la Economía y fracasa
en sus rendimientos sociales y en sus mecanismos de protección colectiva.
Económica, porque las fuerzas productivas tienen un desarrollo condicionado por la
dependencia, ostentan una inserción estratégica en contextos económicos regionales
también en crisis y carecen de instituciones que articulen las relaciones de
producción en el marco de un modelo de desarrollo autónomo capaz de generar
consenso distributivo y satisfacer las necesidades materiales de la población. Social,
porque las desigualdades se han incrementado, la exclusión se ha vuelto estructural
y los sistemas de status se reproducen bajo formas “destradicionalizadas” de vida
(individualismo, inmediatez) (2).




2
   PATERNAIN Rafael, “La crisis en Uruguay”, Serie Convivencias No.                    210,   en
“www.chasque.apc.org/frontpage/relacion//0210/crisis.htm” (Consultado el 17.4.2010).
                                      Capítulo II

                    PLANTEO DEL PROBLEMA (“QUAESTIO”)



     El Centro de Altos Estudios Nacionales nos ha propuesto un Trabajo de
Investigación Individual sobre el tema “Análisis de la pérdida de Valores en el
Uruguay actual”. Abordarlo nos obligaría a asumir una petición de principios: los
Valores (por lo menos, los “tradicionales” o “positivos”) hoy día han decaído o se han
extraviado, o los Valores existen aunque no se cultivan ni se practican
(desobservancia que podría para algunos justificar su menosprecio o su desuso).

     Pero en otra perspectiva debemos cuestionarnos si estamos asistiendo no a un
problema sobre los Valores en sí mismos, sino a qué sucede con su observancia y
actualidad. Asimismo nos inquirimos si estamos o no ante el advenimiento de nuevos
Valores o a un cambio de los antiguos, que en ocasiones se plantea bajo nuevas
denominaciones (que implican nuevas ópticas y contenidos de temáticas que
interesan usualmente a los Valores). Y podríamos avanzar en nuestras disquisiciones
aún más y especular si no estamos ante “Nuevos Órdenes” que estén imponiendo
nuevos orientadores y pautas sobre qué es lo ideal.

     Cuando se afirma que “hemos perdido”, que “se han subvertido” o que “la
sociedad (uruguaya) carece hoy día de Valores”, los distintos         discursos suelen
presentarse como premisas que justificarían la existencia de ese problema y la
consecuente necesidad de adoptar ciertas acciones de cambio en la conducta social,
aunque hay discrepancias sobre hacia dónde deberían apuntar tales cambios.
Debemos “leer entre líneas” e interpretar cuál es el sesgo que va detrás de tales
postulaciones. En una tendencia, la “pérdida o ausencia de Valores” legitimaría para
algunos la necesidad de reafirmar o de “retornar” a los “viejas referencias”. En otra
percepción, la “falta o extravío de los Valores” indicaría que en realidad los “antiguos”
se han modificado o han evolucionado hacia otros no necesariamente buenos ni
malos, pero sí diferentes. En una tercera postura, aseverar que “se han perdido o se
encuentran en crisis los Valores” se propone como justificación para implantar un
nuevo modelo o proyecto de sociedad (un “novus ordo seclorum” o “nuevo orden”)
con otras pautas o “nuevos modelos” de Valores; no se habla en este caso de una
“transformación”, sino de una ruptura con los anteriores Valores y de su sustitución
total por otros.

     John y Mavis BIESANZ definen como “Valores” a aquellos “objetos del deseo o
la apreciación humanos; cualesquier objetos, condiciones o principios en torno a los
cuales se han desarrollado significados en el curso de la experiencia. Pueden ser
positivos o negativos, ya se les vea como convenientes o inconvenientes, y se
relacionan usualmente en una escala o sistema que los coloca en orden de
importancia y conveniencia” (3). Siguiendo a COU en una apreciación provisional
pero útil para el propósito y limitación de nuestro trabajo, diremos que “Valores” son
un conjunto de creencias que nos dictan la forma de conducta más aceptada
socialmente. Los Valores también determinan las normas morales, es decir que
aquéllos establecen un modelo de conducta aceptable en una Sociedad y para
garantizar que este modelo sea observado por los miembros se emiten las normas
que regulan la actuación del individuo dentro de esa Sociedad ( 4). Son los Valores
para PILOSOF, aquellos “factores invisibles” sobre los que se sustenta gran parte de
la vida de las personas y de las sociedades, que hacen vibrar nuestras emociones y
sentimientos para captar el significado y sentido de la Existencia y del Universo, que
dan carácter humano a la vida del Hombre (5). En definitiva, “Valores” son aquellas
“Ideas que los individuos o grupos humanos mantienen sobre lo que es deseable,
apropiado, bueno o malo. Los diferentes valores representan aspectos clave de las

3
  BIESANZ John-BIESANZ Mavis, “La Sociedad Moderna. Introducción a la Sociología”; 1958, México
D.F., Editorial Letras S.A., ps. 44-45.
4
     COU      Cristi,  “Valores     Humanos”,  en   “http://www.monografias.com/trabajos15/valores-
humanos/valores-humanos.html” (Consultado el 20.4.2010).
5
   PILOSOF Nelson, “La transformación de los Valores y del comportamiento social”, en
“http://spanish.safe-democracy.org/2009/06/03/2813” (Consultado el 11.5.2010).
variaciones en la cultura humana. La cultura especifica en la que los individuos
ponen sus valores influye con fuerza en lo que ellos valoran” (6).

     Los lineamientos esbozados nos imponen analizar en estos Apuntes si en la
República Oriental del Uruguay nos encontramos ante una crisis o pérdida de
Valores, o      si éstas son más virtuales que reales. Por otra parte, debemos
cuestionarnos si en vez de una discusión sobre la débacle de los Valores, no nos
encontramos en realidad ante un proceso de entredicho, de replanteo o de mero
derrumbamiento de Mitos o representaciones sobre lo que nosotros creíamos eran
los Valores o fundamentos que formaban nuestra idiosincrasia e Identidad Nacional,
como resultado de la confrontación de esos íconos ideales contra la realidad.

     Toda Nación, Identidad o Cultura Nacional descansa sobre un basamento, entre
otros aspectos mentales y conductuales, de Valores o de Pensamientos espirituales
compartidos (7). De ahí que la disgregación o la controversia sobre esos Valores o
sobre cómo se colocan en la Escala interesan a los mismos fundamentos o al destino
de toda Nacionalidad. Suele plantearse que para conjurar una época de crisis de
Valores es necesario devolver la fortaleza al concepto de Nación como concepto
vertebrador y regenerador de la Sociedad (8). Es legítimo entonces cuestionarse
cómo los Valores pueden influir en el desenlace o evolución de la coyuntura histórica
de un pueblo, de nuestro pueblo, sobre todo en momentos de inestabilidades o
conflictos internos.     Porque la posibilidad de que los Valores se encuentren en
menosprecio o en el olvido sería un evento de preocupación, en cuanto podría
afectar negativamente a nuestros Fines, Objetivos y Políticas Nacionales.


6
  GIDDENS Anthony, “Sociología”, 2ª Edición; 1994, Madrid, Alianza Universidad Textos, p. 785.
7
  HAURIOU Maurice, "Droit Constitutionnel", deuxième Édition; 1929, Paris, Librairie du Recueil Sirey,
ps. 80-83. SCARAFFUNI José, “Teoría Sociológica. Una aproximación a la realidad social uruguaya”;
2005, Montevideo, Ediciones Ideas, ps. 104-105. MONTSERRAT GUIBERNAU, “Los Nacionalismos”;
1996, Barcelona, Ariel Ciencia Política, ps. 88-89. CHINOY Ely, “Introducción a la Sociología”; 1960,
Buenos Aires, Editorial Paidós, p. 39.
8
   MAYOR OREJA Jaime, “Crisis de valores, diagnóstico del relativismo”; 19.2.2010, en
“http://es.catholic.net/abogadoscatolicos/435/2862/articulo.php?id=45235” (Consultado el 16.4.2010).
        Afirmar que los Valores han entrado en crisis, que se han perdido, que ya nadie
los respeta o que las Escalas de Valores han cambiado, nos impone preguntarnos si
se parte de esa afirmación como una petición de principios, si es una “sensación
térmica” o si ello tiene una base de realidad. En otra perspectiva, aun los
apocalípticos de los Valores no se han puesto de acuerdo si estamos ante una
decadencia o si estamos ante un extravío total de los Valores. Las urgencias de este
trabajo no nos permiten profundizar en esta cuestión.

        ¿Se trata de una crisis o pérdida del Hombre o de una crisis o pérdida de los
Valores? ¿Estamos ante valores “nuevos” o “diferentes” no tan positivos como los de
“antes”? ¿En qué posición se encuentra el Uruguay para enfrentar esto? ¿Es que
algunos Valores han cambiado en su lugar de la Escala o que algunos se han
quitado de ella? ¿Los uruguayos nos hemos vuelto más consumistas o materialistas,
más frívolos, más individualistas y menos solidarios, más relativistas o permisivos en
cuanto a moral? Es de manejo público que estas preguntas sobre la vigencia o la
crisis de los Valores se encuentran en las preocupaciones no solamente en el
Uruguay sino en todos los países y foros internacionales del Mundo, tanto a nivel de
los especialistas y entendidos como de los simples ciudadanos. ¿Estamos asistiendo
a una pérdida o carencia de Valores global de lo cual nuestro país es sólo un capítulo
del abordaje mundial de este fenómeno? No se trata entonces de un problema
original de los uruguayos, pero aparenta tomarnos de sorpresa cuando hacemos
comparaciones entre nuestra (supuesta) realidad                 de antaño y nuestra realidad
actual. La actitud u orientación que van tomando las gentes frente a los Valores son
una importante circunstancia de cambio (9) y hasta cierto punto, nos hacen sentir
conscientes de que nuestra sociedad ha tenido transformaciones. Eso impone
preguntarse si las transformaciones a las que asistimos de los tiempos
contemporáneos en nuestra patria están orientadas por nuevos Valores, si esos
Valores nuevos son “negativos” (“Disvalores”) o “disolventes” para la sociedad, o si

9
    SCARAFFUNI, “Teoría Sociológica. Una aproximación…”, cit., p. 256.
esos cambios son de carácter anómico (o sea, no están orientados por valores ni
normas de ninguna clase). Cuando se habla de la “decadencia de los Valores”, ¿a
qué Valores nos referimos? ¿A todos o a algunos de ellos? ¿A qué sistemas o
escalas aludimos, a los de nuestra Sociedad y aquellos que compartimos con otros
países (fundamentalmente de la cultura “occidental de base judeocristiana”), o a los
del Mundo en general que no siempre coinciden con los nuestros (tómese en cuenta,
por ejemplo, las distancias culturales que tenemos con el mundo musulmán)?

     En el abordaje de la temática nos encontramos con la vieja discusión sobre si
los Valores son universales e inmanentes o si son modificables, si los Valores deben
trascender para iluminar a la Realidad (en este supuesto hablamos de una crisis del
Hombre frente a los Valores), si los Valores mutan, evolucionan, se sobrepujan o se
sustituyen por otros en función de los cambios sociales, o si los Valores habrían
entrado en crisis porque ya no responderían a los problemas del Hombre. Las
controversias sobre la Moral y religiosidad (tan ligadas e insertas en el tratamiento de
los Valores), los debates entre idealistas y realistas, las discusiones epistemológicas
y axiológicas forman parte del análisis del problema. No podemos profundizar en
todos estos aspectos. Tan sólo intentaremos bucear en algunas particularidades que
asumen, en cuanto corresponda, estos elementos en la situación de los Valores en
nuestro país.

     El dilema sobre los Valores puede generarse a raíz de la experiencia de
diversas situaciones de conflicto. Recordando a CASAS LÓPEZ con modificaciones y
aditamentos nuestros, podríamos advertir como momentos en que los Valores entran
en debate y cuestionamiento:

     1) Falta de conciencia explícita de los Valores;

     2) Confusión entre Valores morales y no morales;

     3) Diferencias entre las diversas manifestaciones de un Valor;
     4) Contexto familiar o social intolerante; (10)

     5) Irrupción y difusión de nuevos orientadores de comportamiento y modelos
conductuales sociales.

     Nos proponemos examinar si lo que llamamos “pérdida” o “decadencia de los
Valores en el Uruguay” es sólo una sensación o si se encuentra justificada y
demostrada en la Realidad. Para ello consideraremos la situación de los Valores en
nuestro país a través de algunos aspectos de la realidad nacional, observaremos los
resultados de estudios sobre Valores realizados en el Uruguay, e intentaremos
apreciar (en relación con nuestro medio) qué se encuentra detrás de las discusiones
sobre el tema de los Valores.




10
   CASAS LÓPEZ Mario Jesús, “¿Pueden los Valores formar parte del paisaje?”, en “htpp://letras-
uruguay.espaciolatino.com/aaa/casas_lopez_mario_jesus_pueden_los_valores_humanos.htm”
(Consultado el 3.5.2010).
                                     Capítulo III

PANORAMA SOBRE EL PROBLEMA DE LA CRISIS O DEL EXTRAVÍO DE LOS
 VALORES A LA LUZ DE ALGUNOS ASPECTOS DE LA REALIDAD NACIONAL



     La cuestión sobre la vigencia, la subversión o la decadencia de los Valores ha
sido abordada a través del debate en diversos escenarios con ribetes propios. A
efectos de nuestro Trabajo consideramos algunos campos por donde se discute en el
Uruguay el tema de la vigencia o la disolución de los Valores. La lista que
abordaremos no es exhaustiva, y es propuesta a título ejemplificativo:

  A) Los Valores del Patriotismo y de la Identidad Nacional;

  B) Los Valores Religiosos;

  C) Los Valores de la Familia;

  D) Los Valores Morales;

  E) Los Valores Ético Profesionales;

  F) Los Valores Democrático Republicanos;

  G) Los Valores Educativos y de la Cultura;

  H) La marginalidad y la desintegración social en la cuestión sobre los Valores en el
Uruguay.



     A. Los Valores del Patriotismo y de la Identidad Nacional

     “Identidad” o “Ser Nacional” se puede definir como la condición individual de
adquisición e internalización de patrones de categorías referentes a la Nación
durante el proceso de identificación. El Patriotismo sería un aspecto de la
multidimensionalidad del Ser Nacional (11).

     GLOODTDOFSKY enseña que en el Uruguay el Ser Nacional                              está
caracterizado por las ideas de Libertad en su más amplio sentido, desarrollada en un
ámbito de Solidaridad y de la identificación del individuo con el Ámbito colectivo
Familiar (12). Por tanto, un proceso de crisis o de decadencia de Valores lesionaría
estos bienes de Libertad, Solidaridad y Familia.

     Conviene historiar que hasta fines de los años sesenta se planteó un modelo de
Identidad Nacional homogéneo y nativista, basado sobre íconos como la figura del
Gaucho, José Artigas, la historia de la Revolución Patria y el Folklore rescatado del
siglo XIX. A fines de los años sesenta se propone una renovación del relato histórico
de una identidad oriental nativista o criollista homogénea por una historia de carácter
más social y con contenido más ideológico, de la mano de toda una crisis coyuntural.
Ante lo que se creyó apreciar como un viraje “internacionalista” y “apátrida”, se
intentó por el gobierno cívico-militar de los años 1973-1985 y como repuesta a este
resquebrajamiento la reafirmación de un modelo de identidad uruguaya con una
entonación nativista y nacionalista: la “Orientalidad”. Con la restauración del gobierno
democrático comienza a perfilarse un nuevo modelo de Identidad Nacional
admitiendo diversidades; sectores devaluados socialmente hasta el momento
comienzan a tomar su posición en este modelo policultural, como los movimientos y
religiones “afro” y las posiciones proindigenistas, a lo que no son ajenos ciertas
posiciones de sesgo ideológico coadyuvantes. La segmentación social y cultural, la
desigualdad distributiva, la diáspora estructural poblacional y las controversias
ideológicas no permiten un modelo de identidad “uruguaya” homogéneo. Todo esto

11
   BALBI Federico-BRETON Marcelo-OTT Federico-ROSSI Máximo, “Identidad Nacional: Uruguay y el
resto del mundo”; Mayo 2008, Documento No. 10/08, Departamento de Economía. Facultad de
Ciencias Sociales. Universidad de la República. Documentos de Trabajo, p. 2.
12
   GLOODTDOFSKY Raúl, “La Identidad Nacional y el proceso de integración del MERCOSUR”; 1998,
Montevideo, s/e, p. 73.
muestra que el concepto de “Patria” o de “Identidad Nacional” ya no será más lo que
era ante las nuevas realidades que se impone aceptar. Renunciar a un modelo de
identidad homogéneo en pro de la admisión de diversidades culturales supone
también renunciar a las diferentes identidades homogéneas, proceso que comporta
elementos de violencia, dominación y discriminación (13).

      Definir los caracteres y los Valores de nuestra Identidad Nacional en realidad
nunca fue empresa fácil. Señala VIDART el fracaso de los intentos por caracterizar la
cultura nacional. Nuestra gente según él “al barrer” es considerada, por algunos
intelectuales principistas y situados en un plano moral y mental más alto, por un lado
como conservadora, pacata, antiheroica, enemiga de la grandeza propia y propensa
a minimizar la ajena, guaranga, umbilicalista y sobradora; pero otros caracterizan al
pueblo uruguayo como valiente, desinteresado, sufrido, ecuestre, señorial,
hospitalario, solidario, vivaz, de virtudes sencillas y familiares, amante de la Libertad,
acertado en sus dictámenes cívicos. Concluye este autor que la superación dialéctica
de esas contradicciones quizá nos impida conocer las precisas escalas de los
Valores que distinguen a nuestro carácter nacional, si es que éste verdaderamente
existe, y postula la necesidad de inaugurar una vía descriptiva y objetiva histórica y
no coyuntural, para captar los Valores arquetípicos reclamados por nuestro Pueblo y
con   ellos   los   Valores     explícitamente     asumidos      por   los   segmentos       más
comprometidos, lúcidos y politizados del mismo (14).

      En esta puja suele deslizarse la idea de que en nuestro país “los Valores o las
Escalas de Valores de nuestra Identidad Nacional (o del Patriotismo) están en crisis”,
que “se están subvirtiendo”, o que directamente “nunca tuvimos Valores Nacionales
porque nunca tuvimos Identidad Nacional”. Como ejemplo de ello se pone el poco
13
   ISLAS Ariadna-FREGA Ana, “Identidades uruguayas: del mito de la sociedad homogénea al
reconocimiento de la pluralidad”, en FREGA Ana-RODRÍGUEZ AYÇAGUER Ana María-RUIZ Esther
& als., “Historia del Uruguay en el siglo XX (1890-2005)”; 2008, Montevideo, Ediciones de la Banda
Oriental, ps. 365-391.
14
   VIDART Daniel, “La Trama de la Identidad Nacional”, T. III; 2000, Montevideo, Ediciones de la
Banda Oriental, ps. 160-162 y 168.
interés de los uruguayos por los actos patrióticos, usándose los Feriados patrios para
vacacionar y no para recordar los episodios que forjaron de nuestra Nacionalidad.
Suele decirse que los cambios de Valores alentados por la modernidad, la
informática y la globalización sumergen a las Naciones en la Apatridia y en la
disolución, y les hacen olvidar su origen y su destino, con la consecuente pérdida de
las tradiciones y de esas idiosincrasias que forjan la característica y la especialidad
de un pueblo.

     No obstante, algunos datos permiten cuestionar tales posiciones. En el Uruguay
BALBI & als. revelan que el 89,3% de los orientales dicen sentirse “muy cercanos a
su país”, y que el 71,7% se sienten “muy orgullosos de pertenecer al Uruguay”. Un
40,7% cree que el mundo estaría mejor si todos fueran como nosotros ( 15). Estos
datos parecen no armonizar con una idea que se tiene de que “los uruguayos son
poco nacionalistas” o que “son poco patriotas”; por lo contrario demuestran que la
“sentido de querencia” y el orgullo nacional son Valores todavía muy apreciados en
nuestro país. Podemos pensar entonces que el Patriotismo como Valor de nuestra
Identidad no se encuentra en peligro, aunque quizás los uruguayos ya no lo conciban
relacionado a los símbolos, fechas y Próceres nacionales.

     Frente a la globalización, el Nacionalismo puede seguir siendo para nosotros
una alternativa válida en la medida que la Identidad no incluya un sesgo de
conservadurismo sino un carácter progresista, proponiendo un futuro común a través
de una comunidad de cultura en el que la Nación deberá ser renovada y regenerada
(16). En este camino debe transitar la vindicación de los Valores de la Nacionalidad y
del Patriotismo para nuestro país.




15
 BALBI & als., “Identidad Nacional…”, cit., p. 8-10. V. Capítulo IV.
16
  MONTSERRAT GUIBERNAU, “Los Nacionalismos”, cit., ps. 149-152. HUTCHINSON John, “Cultural
Nationalism and Moral Regeneration”, en “Nationalism. Edited by John Hutchinson & Anthony D.
Smith”; 1994, Oxford-New York, Oxford University Press, ps. 129-131.
        Nadie puede soslayar que el Fútbol constituye en el Uruguay un auténtico factor
de identidad nacional, que homogeniza a los uruguayos en un mismo sentimiento con
independencia de posiciones o condiciones sociales y que despierta valores de
sincero patriotismo y de pertenencia, trascendiendo el fenómeno deportivo en sí. Es
probable que el pueblo oriental actualmente se sienta más unificado con los
sentimientos de la pasión deportiva (“rectius”, futbolística) que con la evocación de
los episodios históricos que forjaron nuestra nacionalidad.          Existe abundante
literatura que describe este fenómeno sociológico, pero en nuestro entender no se lo
ha explicado como corresponde.



        B. Los Valores Religiosos

        Las Religiones como formadoras y educadoras en Valores han cumplido y
todavía cumplen un papel muy importante en la atemperación de los impulsos
humanos y en la creación de la civilización. Éstas engloban los conceptos definitivos
que sustentan la vida de todo Pueblo sobre los cuales éste constituye todos los
demás conceptos y relaciones. En toda encrucijada social se involucraron ideales
enraizados en las más profundas creencias y Valores que en su base son de origen
religioso, y que a la postre se tradujeron e introdujeron en la Política, en la Economía
y en la Moral (17).

        En el Uruguay la religión mayoritaria es el Catolicismo, con un 47,1% de
adeptos, aunque gran parte de este porcentaje no son practicantes (solemos ver en
diversas estimaciones que el porcentaje de católicos “prácticos” no oscilaría entre el
5% y el 8% de éstos, aunque quizá sea menor). Hay un 11,1% de protestantes y un
0,3% de judíos. El componente de religiones sincréticas entre el catolicismo y
religiones africanas posee creciente importancia. Aproximadamente el 40,4% de la
población no profesa ninguna religión y el 81% declara de creer en Dios contra un

17
     BIESANZ-BIESANZ, “La Sociedad… ” cit., ps. 307-308.
14% que son ateos. Nuestro país es considerado quizá el país más “secular” e
“irreligioso” de América y quizá uno de los más “seculares” e “irreligiosos” del Mundo
(18). No obstante, el “Estudio Mundial en Valores en Uruguay 1996-2006” o “Informe
sobre Valores en Uruguay 1996-2006” ha mostrado que el sentimiento religioso en
nuestro país se encuentra arraigado, aunque no atado a alguna línea institucional o
positiva (19).

        En sucesivos documentos y manifestaciones la Iglesia Católica uruguaya ha
aprovechado para plantear el tema de las crisis o de las subversiones de los Valores.
En un documento muy representativo del pensamiento católico oriental                  que
destacamos por su actualidad, la Iglesia Católica del Uruguay afirmó en 1971 que: “El
pueblo uruguayo se caracterizó en su historia por el cultivo de una serie de valores
morales, en sí mismos positivos, cuya pérdida constituiría un notable retraso en su
peculiar cultura. Enumeramos algunos, sin pretender ser exhaustivos: el uruguayo es
amante de la paz, del orden; respeta la autoridad; su convivencia se caracteriza por
el respeto del otro; es patriota y tradicionalista; es buen trabajador y ama el trabajo;
es reflexivo; gusta la vida al aire libre y el deporte. Junto a estos encontramos, como
es natural en todo grupo humano, una serie de valores negativos o antivalores, que
condicionan el pleno desarrollo de los anteriores: es individualista, de ideología liberal
(más adelante en ese documento se criticará al pasar al totalitarismo marxista; nota
de este autor). Demuestra poco respeto a la vida: índice de ello es el excesivo control
de la natalidad y el elevado número de abortos. No sabe apreciar la familia como
núcleo básico de la sociedad: hemos asistido a una progresiva descomposición del
instituto familiar. Su sexualidad se ve exacerbada por un ambiente excesivamente
erotizado. Nos preguntamos si estos valores siguen en vigencia o si, en cambio, el
hombre uruguayo vibra ante nuevos valores. Pero al hacernos esta pregunta
constatamos que la realidad sociológica uruguaya está cambiando y que para

18
     Fuente: Wikipedia (Consultada el 26.4.2010).
19
     V. Capítulo IV.
responder a la pregunta formulada es necesario presupuesto un serio análisis
sociológico.” Y se atribuye las causas de estos “Valores negativos” o “Antivalores” al
sistema de tenencia y de producción de la tierra (el latifundismo), el liberalismo
económico, las desigualdades entre clases, el macrocefalismo del país, la
acumulación de la población en el sector terciario y el lamentable envejecimiento de
la misma población, la poca preocupación por la vida y la promoción de la persona, la
anteposición de los intereses particulares a los comunitarios, la progresiva
descomposición del núcleo familiar, la “pérdida del sentido de la responsabilidad ante
la construcción de una patria más justa y fraterna” (20).

     En la base de todos estos planteamientos está el concepto de que los
uruguayos están con estas conductas siguiendo pautas reñidas con los principios y
comportamientos que defiende la Iglesia Católica, y que el apartamiento de Dios y de
la Iglesia está sumiendo al Uruguay en la disolución y la pérdida de los “auténticos
Valores” del Cristianismo. La idea directriz de la Iglesia Católica (pero también de las
otras Iglesias cristianas) es mostrar que ante este nocivo “alejarse de Dios” y contra
estos “Antivalores” ella tiene la solución, disponiendo una gama de Valores y
Principios que desde tiempo inveterado conserva como la depositaria y custodia en
función de su misión divina. La idea de Dios como “la plasmación máxima de los
Valores” (21), ha servido de base a ciertos católicos y cristianos fundamentalistas
para sostener en el Uruguay que la Separación entre la Iglesia y Estado, el Laicismo
(arts. 5º de la Constitución Nacional, arts. 15 y 17 de la Ley No. 18.437) y la
“irreligiosidad” han contribuido a la provocación de “nuestra Crisis de Valores”; es
sólo una versión “a la uruguaya” de lo que ya Papas como León XIII (“Humanum
Genus”, “Quod Multum”, “Octobri Mense”) atribuían al Laicismo, llamado por


20
   “Fe y valores morales en un Uruguay en situación de cambio. Documento de trabajo”; Conferencia
Episcopal      del    Uruguay,      Montevideo,      24     de  setiembre    de      1971,    en
“http://www.uruguay.conferenciaepiscopal.info/DOCUMENTOS CEU/... -1k” (Consultado el 19.4.2010).
21
   GONZÁLEZ LÓPEZ Jesús, “Crisis de Valores. Reflexión Interdisciplinar desde América Latina”;
1982, Quito. Ediciones de la Universidad Católica, ps. 149-151.
BALAGUER la “ignorancia irreligiosa obligatoria” (22),                   como causa de la
desintegración social, de la impiedad, de la proliferación del libertinaje, de ideas
disolventes y del aumento de los crímenes. En reacción contra la opinión de la Iglesia
mayoritaria en el Uruguay, prestigiosas personalidades han postulado al Laicismo
como positivo y gestador de la formación moral del Uruguay, como educador y
fórmula de la paz social, de la tolerancia, del respeto ideológico y de la dignidad
humana (23).

     MAYOR OREJA (24) afirma que la crisis de Valores que vivimos se debe al la
expansión del “Relativismo” o “Relativismo moral”, al que postula como doctrina que
“… se asienta además en una serie de características que la hacen particularmente
atractiva. En primer lugar, la defensa del relativismo se viste con un atractivo disfraz
de exaltación de la libertad. Las obligaciones no existen. La eliminación de las
obligaciones y las responsabilidades se presentan en un bonito envoltorio, como si se
tratara de la ampliación o la creación de nuevos derechos. En segundo lugar, esa
creación de falsos derechos se adorna más aún gracias a una manipuladora
utilización del lenguaje. El relativismo crea un nuevo lenguaje, una nueva jerga, que
lo hace atractivo e imbatible ante la opinión pública. Así, ya no hablamos de aborto
sino de salud reproductiva y derecho de las madres a decidir. Ya no hablamos de
eutanasia, sino del derecho a morir dignamente. Ya no hablamos de adoctrinamiento,
sino de educación para la ciudadanía. Suprimimos obligaciones y responsabilidades.
Creamos supuestos nuevos derechos. Y ponemos las bellas palabras al servicio de
esa estrategia.”. No es necesariamente una doctrina de izquierda porque “supera y
traspasa las ideologías” y porque ha encontrado caldo de cultivo en una sociedad
acomodada y aletargada por su bienestar y calidad de vida, alejada de principios y de


22
   BALAGUER Miguel, “Laicismo y Cristianismo”; 1983, Montevideo, Colección Sentir en la Iglesia No.
5, Centro de Espiritualidad San Ignacio de Loyola, ps. 10-11.
23
   GROS ESPIELL Héctor, “El Laicismo hoy. Crisis y Actualidad”, Serie Convivencias No. 263, en
“www.chasque.net/frontpage/relacion/0604/laicismo.htm” (Consultado el 19.4.2010).
24
   MAYOR OREJA, “Crisis de valores…”, cit..
convicciones. Lo que llama MAYOR OREJA “Relativismo” es en realidad el
Postmodernismo, planteado como carente de valores y de compromisos, sin
horizonte histórico y donde se preconiza vivir el presente, donde la razón pierde su
función instrumental, los principios se ven como algo exageradamente absolutos y se
sustituyen por un universo “politeísta” de principios relativos que se viven con
indiferencia, en que la idea de verdad objetiva se rechaza,               la individualidad se
                                                     25
exagera y se vive en un hedonismo narcisista ( ).

     En nuestro criterio no es serio atribuir la crisis de Valores al Laicismo, al
Relativismo o al Postmodernismo. No existen elementos que permitan inferir
seriamente que la “irreligiosidad laicista o postmodernista” haya trasuntado en un
decaimiento de los Valores. Los modernos sistemas democrático republicanos
aconfesionales postulan Valores Trascendentes como la Libertad, la Igualdad, la
Fraternidad, la Justicia y la Paz que comparten con las Religiones. Nadie niega el
papel de las instituciones religiosas en la formación de la espiritualidad y en la
conformación de los Valores. Pero las Cruzadas y las “Guerras Santas”, las
intolerancias y los fundamentalismos, los contubernios de la autoridades espirituales
con las temporales, en América Latina la abstención de la Iglesia ante los atentados
a los derechos humanos en las décadas de los '70-'80, los últimos escándalos
relacionados con pederastia y otros abusos sexuales cometidos por clérigos
especialmente en la Iglesia Católica, no hacen mucha propaganda a las Religiones
en general como para que ellas pretendan postularse como baluartes de la Moral y
de los Valores. ¿Cómo puede una Iglesia iluminar a la Humanidad cuando ella mismo
tiene en su seno profundas crisis de Valores? No basta atribuirlo a Satán o al
“enemigo oculto”.


25
    DE LA ROSA RUIZ ESPARZA Marco Antonio, “Qué es el Postmodernismo”, en
“www.filosofiayliteratura.org/.../QUE%20%20ES%20%20EL%20%20POSTMODERNISMO.doc”
(Consultado el 1.9.2010). También en la Wikipedia v. “http://en.wikipedia.org/wiki/Postmodernism”
(Consultado el 19.4.2010). Asimismo v. VALDOMIR Zoe, “Crisis de los valores morales y éticos en la
sociedad actual. Postmodernismo”; abril 2009, Comisión del Reencuentro y la Amistad.
      A pesar de ello, algunos creen que el Cristianismo tiene en la crisis de valores
uruguaya la oportunidad de ser la alternativa urgente para una sociedad libre y
saludable (26). En esta visión la crisis de Valores puede, por otra parte, ser vista en el
contexto bíblico de “signos de los tiempos”, provocadores no simplemente de una
acción misionera sino también de una revisión interna, espiritual y organizacional de
la propia Iglesia (27).

      En los Estados Unidos de Norteamérica la derecha cristiana protestante, so
pretexto de reafirmación en los Valores, se ha constituido un quebradero de cabeza
para el sistema norteamericano que corre el riesgo de hacerlo caer en un inmovilismo
ideológico y excluyente de la diversidad cultural, que conspirará contra las propias
bases del sistema (28). En otro aspecto, el fundamentalismo islámico negando el
relativismo y la distinción entre lo religioso y lo político, ofrece una alternativa radical
que da seguridad, una identidad y una interpretación de la realidad , que tiene como
centro de su dialéctica a un enemigo “infiel” quien amenaza su Mundo y sus valores:
la cultura de la modernidad relativista propagada por Occidente; opuesta a la
homogeneización de la globalización, articula un discurso basado en el valor de los
valores tradicionales de la cultura islámica con derecho a decidir su destino (29). Pero
el fundamentalismo islámico dispuesto a defender los valores de la cultura
musulmana no vacilando en emplear como medio la “Guerra Santa” (“Jihad”) a través
de la fuerza armada y eventualmente hasta con el terrorismo, sólo ofrece una
alternativa de Violencia y sufrimiento que genera más odio e inestabilidad.

      El fundamentalismo religioso de cualquier corte pretende una conservación de
los   Valores     simplemente       reafirmándose       en    su    intransigencia     y    en    su
26
   FRANÇA -TARRAGÓ, “Ante una sociedad...” cit..
27
       FABRI     DOS      ANJOS         Marcio,   “Juventud     y    Crisis   de     Valores”,     en
“http://www.servicioskoinonia.org/relat/293/htm”.
28
   CARTER Jimmy, “Our Endangered Values. America's Moral Crisis”; 2005, New York, Simon &
Schuster, 212 páginas. En cuanto al integrismo musulmán, v. el muy interesante escrito de TORENA
Daniel, “Contemporaneidad del Islam”, en Revista “Estrategia”, Año 1 No. 1; Montevideo, 2006, ps. 97-
121.
29
   MONTSERRRAT GUIBERNAU, “Los Nacionalismos”, cit., ps. 152-156.
conservadurismo, que le llama “reforma”. Pero negándose al cambio sin adaptarse,
corre el riesgo de perder el tren de la Historia y de recibir el oprobio de las gentes
que pasarán a ver a la huida de la Religión más como un proceso de emancipación y
de Libertad que como un proceso de cambio hacia Valores más auténticos. Se caerá
en un círculo vicioso donde todos los protagonistas, los conservadores y los
progresistas, serán por igual culpables.              El fundamentalismo puede caer en un
proceso tan vicioso y antiproducente para la causa de los Valores como la supuesta
crisis de Valores que pretende denunciar y enfrentar. La intolerancia y la
intransigencia,      el   dogmatismo,        el   odio    y    la   exclusión,      propios     de    los
fundamentalismos religiosos (y de todo tipo), son formadores en “Antivalores” o en
“Valores negativos”.

      A pesar de lo dicho, el balance de la Religión y su propósito de conservar los
Valores más trascendentes y que hicieron a la evolución de la Humanidad, es
positivo. Bien lo comprendió Federico Guillermo II de Prusia cuando intentó restaurar
la Religión por su papel moralizador y como protector contra la decadencia de las
costumbres, preconizando una política de favorecimiento religioso y de amplia
vigencia de los Valores.



      C. Los Valores de la Familia

      El art. 40 de la Constitución nos dice que “La Familia es la base de la
sociedad…”, aunque no nos señala a qué modelo de Familia se refiere. El imaginario
tradicional pensaría que el Constituyente (esto es, el propio Pueblo que sanciona la
Carta Magna al plebiscitarla) consideró como “Familia” a un Matrimonio monogámico
más su o sus hijos, que era lo normal por 1934 cuando la norma citada se incorporó
al texto constitucional (30). El Uruguay mantiene la necesidad de que la Familia siga


30
  Originalmente se incorporó en el art. 39 de la Constitución de 1934 como “El Estado velará por el
fomento social de la familia”. El texto completo de la redacción actual del art. 40 de la Constitución tal
asumiendo la formación moral y religiosa, la educación en cuanto socialización
básica, el desarrollo de la afectividad y el control de los instintos ( 31). CANZANI nos
revela que el 91% de los uruguayos consideran a la Familia una parte muy
importante en su vida (32), pero como dicho autor señala, ello no parece condecir con
los comportamientos sociales de los últimos tiempos (33).

      Informes del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos muestran que el 57,1%
de los hijos nacen fuera del Matrimonio. En el año 2002 se registraron unos 14.073
Matrimonios y 6.761 divorcios (48% del total de Matrimonios). La Tasa de
Fecundidad desciende cada vez más, estimándose que al 2010 es de 1,9856 y al
2025 será de 1,8832 (34). En la Encuesta Nacional de Hogares Ampliada 2006, La
composición actual de los hogares en nuestro país muestra lo siguiente:

   - 1 de cada 5 hogares son unipersonales;

   - 1 de cada 3 hogares son del tipo biparental clásico, es decir donde los hijos son
de ambos miembros de la pareja;

   - 5% de los hogares son recompuestos o reconstituidos;

   - 1 de cada 10 hogares es monoparental femenino mientras que tan sólo

   - 1 de cada 100 son monoparentales masculinos;

   - 1 de cada 10 son hogares extensos (35).


como lo conocemos (“La familia es la base de nuestra sociedad. El Estado velará por su estabilidad
moral y material, para la mejor formación de los hijos dentro de la sociedad”) es de la reforma de 1967.
31
         PÉREZ       JUSTE        Ramón,       “Sociedad,       Valores       y      Educación”,      en
“http://www.educacion.es/cesces/ramon.html” (Consultado el 1.5.2010).
32
   V. Capítulo IV en cuanto al año 2006.
33
   CANZANI Agustín, “Datos e hipótesis sobre las relaciones entre violencia y agresividad en la niñez y
adolescencia: una visión desde la opinión pública”; s/f, Instituto Interamericano del Niño, s/e, ps. 59-
60.
34
    Datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos en “http://www.ine.gub.uy/socio-
demograficos/demograficos2008.asp” (Consultado el 25.4.2010).
35
   BATTHYÁNY Karina-CABRERA Mariana-SCURO Lucía, “Informe Temático. Encuesta Nacional de
Hogares       Ampliada      2006.     Perspectiva      de     Género”,     p.     8.      También     en
“http://www.ine.gub.uy/enha2006/Informe%20Genero%20final.pdf” (Consultado el 26.4.2010). En
     Estos datos nos estarían mostrando, en nuestra interpretación, que si bien en el
imaginario colectivo Uruguay la Familia sigue siendo considerada un Valor en sí, un
referente y un agente socializador formador en Valores morales, educativos y
afectivos, en la práctica las organizaciones familiares no siempre se presentan
constituidas acorde a         la   formulación clásica,       sino    que vemos diferentes
conformaciones y no un solo tipo de familia. La causa de esta divergencia y de por
qué no siempre las personas pueden formar una Familia “normal” podría verse en los
problemas económicos, en las vicisitudes y en las dificultades personales de cada
uno. En otros casos formar una Familia no se toma como una opción de vida, lo que
no significa que quienes asumen tal decisión cuestionen a la institución de la Familia.

     Con todo, esto no es en sí un síntoma de desestructuración en Principios y
Valores sociales, sino que solamente muestra que el ideal de Familia no siempre ha
podido ser alcanzado por los individuos de acuerdo a su realidad, experiencias y
circunstancias. No hay estudios que indiquen ni demuestren que tienen más o menos
Valores ni que son más o menos estables las personas salidas de un tipo de Familia
que sobre otra. Nosotros personalmente creemos que es muy importante y todavía
válida la familia “clásica” en la formación de los Valores. Aunque el papel que cumpla
la Familia (se conforme como se conforme, sea “tradicional” o no) en la formación de
los hijos y de las personas, dependerá siempre de la calidad o “metal” personal de
los integrantes de la Pareja o de quienes en su caso comandan los núcleos
hogareños, como también de qué proactividad tomen para asumir ese rol de
“educadores en Valores” de su progenie o de los menores a su cargo.

1999, los hogares en Uruguay se componían estadísticamente de 36% de hogares nucleares con
hijos, 17% de hogares unipersonales, 16% de hogares nucleares sin hijos, 11% de hogares
monoparentales y casi 8% de hogares extendidos completos con hijos. En el año 2002, se vio que en
un 32,7 % la Jefatura del Hogar está ocupada por mujeres, constituyendo el 84,9 % de los Hogares
monoparentales.      Fuente:       Instituto Nacional     de    Estadística    y     Censos     en
“http://www.ine.gub.uy/biblioteca/genero/CAP%202%20-%20FAMILIA%20Y%20HOGAR02.pdf”
(Consultado el 25.4.2010). En el año 2003, para el Uruguay urbano se encontró el siguiente espectro
de Familia: Unipersonal 18,1 %; Pareja sola 16,3 %; Pareja e hijos 33,6 %; Monoparental 11,0 %;
Extendido 19,2 %; Compuesto 1,9% (Fuente: CABELLA Wanda, “El cambio familiar en Uruguay: una
breve reseña de las tendencias recientes”; 2007, Montevideo, UNPFA, Ediciones Trilce, p. 8).
     No siempre la Familia es un refugio y ámbito de paz, amor, desarrollo individual
y solidez en Valores. La Familia puede en algunos casos ser un educador en
Violencia y en abusos de todo tipo. Basta ver los estudios y guarismos estadísticos
sobre Violencia Familiar y contra la Mujer en el Hogar que muestran que es un
fenómeno muy antiguo y todavía muy generalizado a pesar de toda la legislación
tuitiva que se ha diseñado (en nuestro país, por ejemplo la Ley No. 17.514) ( 36). Los
Establecimientos Educativos suelen ser testigos de situaciones de maltrato o abuso
infantil que s originan en los propios hogares de los niños, al punto que ha tenido que
elaborarse Protocolos de Atención para este tipo de víctimas ( 37). En otros casos, los
padres o guardadores no siempre tienen la solidez espiritual ni tienen conciencia de
su papel como orientadores y formadores de sus hijos o menores a su custodia,
descuidando ese precepto de que “El cuidado y educación de los hijos para que
éstos alcancen su plena capacidad corporal, intelectual y social, es un deber y un
derecho de los padres” (art. 41 inc. 1º de la Constitución nacional). En estos casos
vemos que hay Familias que forman “Antivalores”, con el riesgo de que los hijos los
reproduzcan a su vez en los Hogares que un día formen. Los padres, por razones de
falta de tiempo o por comodidad, pretenden cada vez más que la Educación y el
Estado se encarguen de la formación en Valores de los hijos. Entendemos que la
Educación y el Estado pueden coadyuvar, pero no pueden suplir la formación
espiritual y en Valores que no vienen de la Casa, donde ellos se adquieren
fundamentalmente.

     Las organizaciones familiares de los sectores marginales de la población
poseen en ocasiones un panorama polimorfo y caótico que no contribuye a la
formación de los hijos, constituyéndose más bien en referentes de “Antivalores” o de



36
   A título de ejemplo, v. ETTLIN Edgardo, “Violencia Doméstica”; 2009, Montevideo, La Ley Uruguay,
ps. 10-16 y 201-202.
37
   ANEP-Consejo de Educación Primaria, “Situaciones de maltrato y abuso sexual en niños, niñas y
adolescentes”; 2007, Montevideo, 64 páginas.
Valores considerados “negativos” por el estándar social promedio. Volveremos sobre
esto en el Apartado “H” de este Capítulo.



     D. Los Valores Morales

     Una definición tentativa y provisional de “Valores Morales” puede caracterizarlos
como “aquellos referentes o principios que orientan el comportamiento humano, de
cada individuo y de cada grupo social, que son internalizados como máximas de
conciencia y que armonizan la intención del actuar interior con lo considerado
correcto por las pautas sociales”. A diferencia del Derecho, que regula sólo las
conductas externas con prescindencia de sus motivaciones espirituales, los Valores
Morales no se conforman con la mera observancia de una pauta o norma de
comportamiento sino que reclaman que el individuo comprenda que es bueno y útil
seguir esos Principios no recibiendo más satisfacción ni recompensa que el orgullo
de su conciencia. En estos casos estamos aludiendo a los Principios que rigen las
acciones de los individuos desde el punto de vista de su autenticidad interna.

     Existe una imprecisión o hasta una confusión terminológica entre “Moral”,
“Valores” y “Valores Morales” de la cual dejamos constancia. Usamos el concepto
“Valores Morales” porque lo consideramos una categoría independiente y que nos
permite exponer nuestras ideas a los efectos de este trabajo.

     La Religión y las Filosofías de Vida estiman un sinnúmero de referentes de
Moral o de “Valores Morales”, por ejemplo: la Sinceridad, la Solidaridad, la Lealtad, la
Fidelidad, Hacer el Bien, evitar el Mal, el Respeto, la Tolerancia, la Cortesía, la
Amabilidad, el Sentido del Trabajo, la Honradez, la Libertad, la Justicia. En el elenco
de Valores también se encuentran los modelos de Virtudes, que la sociedad
occidental ha categorizado en “teologales” (Fe, Esperanza, Caridad) y “cardinales”
(Sabiduría, Templanza, Justicia, Fortaleza). Para lo religioso Dios es un Valor en sí
mismo que da sentido a los Valores del comportamiento moral, en tanto que para las
creencias o sociedades secularizadas, los Valores Morales radican en lo más
profundo de la dignidad del Ser Humano como centro de realización y paradigma-fin
en sí mismo.

     Como en el tema de los Valores en general, se constata que en el imaginario
colectivo del Uruguay se ha instalado una fuerte idea de que “ya no hay Valores
Morales”.   Las   preguntas   de   todas    las   civilizaciones   y   épocas   apuntan
preocupaciones sobre si en los actuales tiempos el Hombre se rige todavía por estos
Valores Morales (algunos de los cuales hemos enumerado “supra” en este apartado),
si se los menosprecia de acuerdo a coyunturas y circunstancias, y en su particular
cuáles son las consecuencias de su posible desobservancia o cómo repercute ésta
en la evolución social. En la polémica inciden los cuestionamientos sobre si los
Valores Morales (y si la determinación de qué es o no lo correcto) evolucionan o
cambian con la experiencia humana, si son permanentes y trascendentes, si hay una
o tantos Valores Morales como culturas y seres, si las sociedades moldean los
Valores Morales o si los Valores Morales moldean las Sociedades (¿Qué es en este
sentido primero, el huevo o la gallina?). Si el motor de la Historia es la Codicia o la
búsqueda del Reconocimiento ajeno, si el prójimo es algo que nos es indiferente, un
enemigo o alguien que compite contra nosotros en el camino, debemos
cuestionarnos si hay lugar para la injerencia de los Valores Morales colectivos en el
proceso de la Historia de la Humanidad, o si es que en verdad los Valores Morales
que rigen los destinos de la Historia son los del individualismo. En un mundo tan
complejo como el actual, lo que está “bien” o lo que está “mal”, lo que es “moral”,
“inmoral” o “amoral”, no siempre aparece muy claro en los hechos. Una
representación de un Uruguay sin Valores Morales es un tema candente, pero que
hasta se da por supuesta sin que tengamos una noción muy clara sobre su alcance.

     En algunos casos vemos que los criterios sobre “lo moral” o sobre el
comportamiento correcto e incorrecto dependen de los cambios de criterio o bajo qué
Valores se iluminan a ciertos temas. Por ejemplo, el “Aborto” ahora es referido como
“Salud Reproductiva” y la “Homosexualidad” se aborda actualmente como “Identidad
Sexual”, lo que indica sesgos y marcos de abordaje diferentes.                 En el caso del
Divorcio, del Aborto y de la “Identidad de Género” (más claro, la polémica sobre la
sexualidad), la discusión sobre ellos dependerá de qué Valores se ponderen. El
planteo de estos temas bajo los Valores de Respeto, Tolerancia y Libertad (que no
dejan de ser Valores “tradicionales” de la sociedad uruguaya) trasuntará en
soluciones más permisivas o contemplativas; en tanto que si se examinan bajo los
Principios de Familia (como Valor en sí mismo) o la Vida (otros Valores también
“tradicionales”), la postura será más intransigente en cuanto a admitir casuísticas o
excepciones. Vemos así que para un mismo tema podemos llegar a soluciones más
conservadoras o más radicales, dependiendo de los Valores “tradicionales” bajo los
cuales se examine.

     En nuestro país, el Aborto ha sufrido flexibilizaciones en materia legislativa. El
Código Penal en su artículo 325 continúa prohibiendo el Aborto en principio (admite
algunas excepciones según circunstancias excepcionales, aunque la Jurisprudencia
ha sido muy benévola en la aplicación de este delito en los últimos tiempos
basándose en el “principio de oportunidad”), pero la Ley de Salud Reproductiva No.
18.426 estableció cierta laxitud en la práctica a pesar de que la prohibición del Aborto
se mantiene al haber el Sr. Presidente de la República en ese entonces Dr. Tabaré
Vázquez vetado la norma que permitía el Aborto con consentimiento de la Mujer “por
razones de conciencia personales”. Pero el tema se replanteará probablemente en la
Legislatura 2010-2015 y quizá ya no se frene a nivel político al Aborto con
consentimiento de la Mujer (38).




38
  En el año 2004 una Encuesta de Equipos Mori mostró que el 63 % de los uruguayos encuestados
manifestaba estar a favor de la aprobación de una Ley que contenga educación sexual, acceso a
métodos anticonceptivos y que permita a la mujer realizar un aborto en los primeros tres meses de
embarazo (Fuente “http://www.chasque.apc.org/frontpage/aborto/01noti043.htm”. Consultado el
9.5.2010).
     Recientes Leyes han ampliado el elenco de derechos a los homosexuales,
permitiéndoles la posibilidad de cambiar sus nombres de acuerdo a la identidad de
género que sientan tener, de adoptar y de formar uniones reconocidas (Leyes Nos.
18.620, 18.590 y 18.246, por ejemplo). El sistema social uruguayo no le ha ofrecido
mayores resistencias.

     En cuanto a la Eutanasia, el art. 17 lit. “D” de la Ley No. 18.335 dispone para el
Paciente el derecho de “Morir con dignidad, entendiendo dentro de este concepto el
derecho a morir en forma natural, en paz, sin dolor, evitando en todos los casos
anticipar la muerte por cualquier medio utilizado con ese fin (eutanasia) o prolongar
artificialmente la vida del paciente cuando no existan razonables expectativas de
mejoría (futilidad terapéutica), con excepción de lo dispuesto en la Ley Nº 14.005, de
17 de agosto de 1971, y sus modificativas.”.

     Creemos que esto no puede verse como ejemplos de que el Legislador está
legitimando una débacle de los Valores Morales sociales en vez de frenar un cambio
y mantener lo que la Sociedad entendía como “correcto” en estos temas. El Aborto,
la Eutanasia y la Homosexualidad seguirán siendo “morales” o “inmorales” de
acuerdo a cada conciencia, Libertad que ha decidido respetar la Ley dando a cada
individuo la posibilidad de ampliar el espectro de decisiones en estos temas.

     El Uruguay la Iniciación sexual suele ocurrir promedialmente entre los 15 años
para los varones y los 16,5 años para las mujeres (39). Consideramos preocupante
que uno de cada 4 o 5 (de acuerdo a las diferentes referencias) niños nacidos vivos
en los hospitales públicos de Uruguay sea hijo de Madre Adolescente. Una
estadística realizada en el Hospital Pereira Rossell (especializado en Pediatría)
muestra que de los niños nacidos en 2003, 24% tenía padres de entre 10 y 19 años,
y de ellos el 23% fue prematuro. El 70% de los embarazos no fue planificado, y una


39
   FERRE Zuleika-GONZÁLEZ Cecilia-ROSSI Máximo-TRIUNFO Patricia, “Los jóvenes en el
Uruguay”, en “Ecos”, Montevideo, Diciembre de 2008, p. 5.
de cada diez de estas madres tendrá otro embarazo antes de un año ( 40). ABEL y
BELTRÁN        sostienen     que    “La    media     del    25   por    ciento    de    nacimientos
correspondientes a madres adolescentes, se da en toda la sociedad uruguaya y no
sólo en el Hospital Pereira Rossell” (41). De acuerdo al Instituto Nacional de
Estadísticas y Censos, al año 2002 el porcentaje de nacimientos por madres
adolescentes era del 16,4 % del total de nacimientos (42), representando el 24,2 % de
los hijos nacidos fuera de Matrimonio (43). Estos números revelan que si bien en los
jóvenes existe amplia información sobre sexualidad y se preconiza el derecho a la
libertad sexual, ello no les va acompañado de una correlativa formación en el Valor
“Responsabilidad”.



      E. Los Valores Ético Profesionales

      Siguiendo a FRANÇA y GALDONA, puede entenderse como “Ética” a un saber
específico dentro de las disciplinas humanas que tiene como objeto la
fundamentación racional de lo que debe ser la responsabilidad del ser humano para
alcanzar “lo bueno” o “lo recto”, y en tanto adjetivo juzga la cualidad de determinadas
acciones de los individuos en cuanto tienen que ver con la manera que éstos ejercen
su responsabilidad frente a los valores, principios y normas morales. Un obrar ético
implica priorizar a los Principios sobre las normas. Estos autores entienden que los


40
   Fuentes: “http://www.gloobal.net/iepala/gloobal/fichas/ficha.php?entidad=Textos&id=68” (Consultado
el         9.5.2010),        y        “Madres          Adolescentes        en       Uruguay”,      en
“http://mundobebe.com.uy/data/nota.php?id=notas_1158&pagADU=2” (Consultado el 9.5.2010).
También LAMMERS Cristina, “Adolescencia y embarazo en el Uruguay”; 2000, Montevideo, s/s, s/f, p.
2.
41
   ABEL Ana María-BELTRÁN Florencia, “La doctrina de la protección integral y las normas jurídicas
vigentes en relación a la familia”, en “http://www.iin.oea.org/anales_xix_cpn/docs/Presentaciones_ga...
- 35k” (Consultado el 9.5.2010).
42
   “http://www.ine.gub.uy/biblioteca/genero/CAP%202%20-%20FAMILIA%20Y%20HOGAR02.pdf”, p. 6
(Consultado el 89.5.2010).
43
         “http://www.ine.gub.uy/biblioteca/genero/CAP%202%20-%20FAMILIA%20Y%20HOGAR02.pdf”
(Consultado                              el                         9.5.2010)                        y
“www.ine.gub.uy/banco%20de%20datos/.../Maternidad%20Adolescente.xls” (Consultado el 9.5.2010).
Principios Éticos básicos formales que interactúan ente sí son los de Beneficencia
(hacer el bien, no causar el mal, solucionar necesidades humanas y ayudar a toda
persona), Autonomía        (capacidad para autogobernarse sin coerción y obrar con
independencia -libertad-) y Justicia (dar a cada uno lo que corresponde según su rol
social, proteger a los débiles, cumplir la Ley, otorgar igualdad de oportunidades). En
cuanto a la práctica profesional, deben observarse las reglas fundamentales de
Confidencialidad (guardar secreto de las confidencias del consultante durante la
relación profesional), Veracidad (informar adecuadamente, no mentir ni inducir en
error, para posibilitar una decisión válida) y Fidelidad (guardar honor a las promesas
y acuerdos hechos, compromiso con los intereses del cliente) ( 44). La Ética incide en
las decisiones correctas, señalando cuándo se está ante lo bueno y no malo ( 45). Por
ende, el obrar ético está relacionado con el Mundo de los Valores.

     El tema de los Valores en la Ética o en el actuar profesional se pone en el
tapete, porque el ejercicio Ético es un proceder que enfrenta la Responsabilidad
medida conforme a Valores que definen el Marco de actuación. Sin Valores no hay
Ética posible.

     La competencia entre profesionales de la misma rama o especialización en un
mercado donde cada vez ingresan más, la deslealtad para con los colegas, el
mercantilismo en que han incurrido algunas profesiones, las características
personales de algunos individuos que se manejan más por conveniencias que por
sólidos principios morales, muestran que cada vez es más difícil ejercer el Arte de
una profesión o de cualquier actividad con arreglo a Valores.

     Mantenerse en un camino recto puede exponer en algunas actividades al
fracaso profesional, a malas decisiones y a ocasionar perjuicios a los intereses de su


44
   FRANÇA Omar-GALDONA Javier, “Introducción a la Ética (Profesional)”, 1ª Edición; 1992,
Universidad Católica del Uruguay, Departamento de Publicaciones, ps. 20-21, 141-178.
45
   CAJIGA Mariela, “Ética Pública”, en “Ética y Función Pública”; 2009, Montevideo, Junta de
Transparencia y Ética Pública. Dirección Nacional de Impresiones y Publicaciones Oficiales, p. 7.
cliente. VAZ FERREIRA recuerda que hay profesiones, como la de los Abogados o la
de los Periodistas, que de hecho y en la práctica no pueden ejercerse conforme o en
forma compatible con una moralidad absoluta o teórica, donde a veces hay solución
buena sino que debe optarse por la menos mala de todas; o como la Política donde a
veces deben sacrificarse ciertos principios morales en aras del interés público ( 46).
No sólo en el caso de los intelectuales, sino en ciertas ramas como el Comercio, la
Industria, la Seguridad y la Guerra, los manejos de Valores son otros, especiales y
diferentes a los estándares axiológicos de otras formas de la actividad humana. No
podemos abordar cada uno de estos aspectos.

     Proceder con Ética no es solo una cuestión moral sino parte de una Disciplina;
por eso en muchas profesiones no se ha querido librar ese proceder al sentido y
concepto ético-moral de cada uno. Fruto de toda una evolución y para evitar
conductas desleales o maliciosas entre colegas, muchos Colegios o Asociaciones,
profesiones y actividades han intentado esfuerzos para regular claros procederes de
conducta profesional mínimos normatizando patrones éticos a través de Valores
fijados en Reglamentos o Códigos de Ética. En el Uruguay destacamos los Médicos
(47), los Abogados (48) y los Jueces (49).              Ello plantea la perplejidad de que
codificando o reglamentando el comportamiento profesional se está sin querer
preconizando una Ética mínima de conductas exteriores que no centra lo Ético en la
convicción interior.

46
   VAZ FERREIRA Carlos, “Moral para intelectuales”; 1963, Montevideo, “Obras de Carlos Vaz
Ferreira”, Homenaje de la Cámara de Representantes de la República Oriental del Uruguay, ps. 57-83,
88-103, 133-134.
47
   En el Uruguay, Decreto del Poder Ejecutivo No. 258/992. El Sindicato Médico del Uruguay y la
Federación Médica del Interior tienen sus propios Códigos éticos, muy semejantes en texto. La Ley
No. 18.591 que colegia obligatoriamente la Medicina a través del Colegio Médico del Uruguay prevé la
formación de un Código de Ética Medica a aprobarse plebiscitariamente por los miembros del Colegio
y que se someterá al Poder Ejecutiva para que lo remita como proyecto de Ley al Parlamento, como
también un Tribunal de Ética Médica (arts. 4º num. 2º, 11 a 20, 22 a 36 Ley No. 18.591).
48
   V. “Normas Deontológicas Fundamentales del Colegio de Abogados del Uruguay” (1986), “Código
de Ética para la Abogacía Uruguaya” (2003) y “Código de Ética para la Abogacía del MERCOSUR”
(1995).
49
   V. “Código Modelo Iberoamericano de Ética Judicial”.
     En el Deporte (ámbito por excelencia competitivo, cada vez más exigente y
profesionalizado) las Asociaciones, Federaciones, Clubes y Entidades relacionadas
con el Deporte intentan defender y premiar una Ética relacionada principalmente con
el Valor “Juego Limpio”, traducible en la observancia de los reglamentos, el respeto a
los adversarios, el acatamiento de las decisiones de los Árbitros y de los Tribunales
de Penas, la No-Violencia, y el deber de obtener los resultados basados en el
esfuerzo natural y no estimulado por sustancias (50). El profesionalismo (fenómeno ya
generalizado) y la sobrevaloración que se da al elemento “Ganar” y a los resultados
en el Deporte, no siempre permiten concretar un Deporte imbuido de sólidos Valores.

     Existe una fuerte percepción de que en la Función Pública ya no existe el valor
Servicio, evidenciado en el destrato, la despersonalización y la desatención que
siente el administrado cuando debe enfrentarse a una Administración estatal. Un
concepto ético del ejercicio de esta rama debe recordar al Funcionario Público que su
misión es servir a los ciudadanos, que está para la función y que la función no está
para él (art. 59 de la Constitución). Diremos también que la Ética es un Valor
importante en la Función Pública. Más allá del acatamiento (externo) a las normas,
es necesario que los Funcionarios interioricen en cada uno las virtudes morales y los
principios éticos (51).



     F. Los Valores Democrático Republicanos

     Señala RISSO FERRAND que la Constitución es la norma suprema que sin
perder los caracteres de código político se presenta principalmente como un Código
de Valores, como los Valores superiores de la comunidad nacional y del
ordenamiento jurídico destinados a realizarse en la realidad cotidiana, en el día a día.
50
    No podemos en este trabajo enumerar una lista de ejemplos. Como botón de muestra,
recordaremos a Panathlon International (organización mundial con Sede en Rapallo, Italia -posee siete
Clubes en el Uruguay-) que predica en todos los Deportes los Valores del Olimpismo, del Juego
Limpio (“Fair Play”) y del Amateurismo. Al respecto v. “www.Panathlon.net” (Consulta del 10.5.2010).
51
   CAJIGA, “Ética…”, cit., p. 9.
Según este autor, ello implica una revisión del rol de la Constitución como freno de
los actos de los poderes constituidos y para la protección de los derechos humanos.
La Constitución se transforma así en un instrumento vivo cuyos postulados y Valores
tienen desarrollos efectivos (52). A pesar de ello se ve a la Constitución como un
simple conjunto de normas sin reparar en la existencia de los valores constitucionales
que se instrumentan a través de los Principios. Esta situación lleva a algo
incomprensible, como es prescindir de los Valores y de los Principios. El olvido de
éstos genera inconsistencias, al punto que RISSO FERRAND se pregunta cómo
pueden pasar en un Estado de Derecho como Uruguay “las cosas que pasan”. La
razón, según él, es que se está prescindiendo de los Valores y de los Principios, lo
que es inadmisible (53). Pone el ejemplo de las cárceles uruguayas (que deberían
remodelar a los reclusos para su reinserción en la sociedad, art. 26 de la
Constitución), y se cuestiona cómo es posible que los gobiernos no solucionen y que
los Jueces ordenen la reclusión en establecimientos de tales condiciones que
suponen una franca violación de los derechos humanos de los presos, como si ya no
tuvieran más derechos, o que se niegue la posibilidad de obtener medicación a los
enfermos terminales desconociendo el derecho a la Vida (54).

     A nuestro criterio, la Constitución resume los primordiales Valores con los
cuales está comprometido nuestro ordenamiento democrático en su art. 7º, al
establecer el derecho de los habitantes del territorio uruguayo a ser protegidos en su
“vida, honor, libertad, seguridad, trabajo y propiedad”. Derechos como los de
Igualdad, Debido Proceso, Salud y otros, son aspectos especiales o están al servicio
de esos bienes y Valores principales.

     Si bien los guarismos no son altos para nuestro criterio, Uruguay es el país
latinoamericano cuyos habitantes poseen el más alto índice de confianza en sus

52
   RISSO FERRAND Martín, “¿Qué es la Constitución?”; 2010, Montevideo, Universidad Católica, ps.
32-34.
53
   RISSO FERRAND, “¿Qué es…?” cit., ps. 100-101.
54
        RISSO, “¿Qué es…?” cit., ps. 7-11
Autoridades, teniendo el Índice de Confianza Institucional más alto y el segundo
lugar en el Índice de (menor) Percepción de Corrupción luego de Chile, como
también el segundo Índice de Efectividad Legal-Judicial también luego de Chile (55).
En el Índice de Percepción de Transparencia del año 2009, el Uruguay se encuentra
entre los “más transparentes, con el número 25 a nivel mundial y ocupando junto a
Chile el primer puesto en Latinoamérica” (56). Nada mal para un país que en 1996
según una encuesta de Factum, el 54% de los entrevistados tenía la percepción de
que el nivel de corrupción en la sociedad en general y en la administración estatal en
particular era alto o muy alto. Aparentemente la imagen internacional que se tiene del
Uruguay sobre su transparencia es más positiva que la tenemos los uruguayos sobre
nuestro propio país (57).

     Veremos en el Capítulo IV que los uruguayos suelen tener una percepción muy
favorable de su Democracia y del respeto a los derechos humanos. Creemos que en
líneas generales los orientales se encuentran muy compenetrados con los Valores
democrático republicanos, y que en este sentido no se encontrarían en riesgo. La
normalidad con la cual se han realizado los Actos Comiciales de estos últimos años,
de manejo notorio, son también un indicador. Empero, se ha evidenciado en nuestro
país el actuar de grupos manifestación violentista (obviamente, no consustanciados
con los Valores democráticos) como los “Fogoneros” (“CCB-Uruguay Fogoneros”,
rama uruguaya de esta organización con proclamación de continentalidad) que en
ocasiones han provocado destrozos y latrocinios contra comercios en la vía pública,
caso de los perpetrados en la Avenida 18 de Julio el día 9.3.2007 con motivo de la
Visita del Ex-Presidente de los Estados Unidos George W. Bush. Recientemente,


55
   AGUIAR César A, “Cambios Sociales y Culturales. Hacia el 2020”; 2009, Cámara de Industrias
(presentación en Power Point), en “www.ciu.com.uy/downloads/Presentacion_Soc_Cesar-Aguiar.ppt”
(Consultado el 22.4.2010).
56
    “http://www.uruguaytransparente.org.uy/pdf/informe_percepcion_corrupcion_2009.pdf” (Consultado
el 27.4.2010).
57
            MANCEBO          Juan        F.,         “Corrupción       en        Uruguay”,         en
“http://www.revistainterforum.com/espanol/articulos/051202artsoc2.html” (Consultado el 28.4.2010).
alguna Prensa ha destacado algunas manifestaciones de violencia de carácter
sindical y corporativista (ocupaciones de establecimientos patronales), “actos de
escrache” y actos de sabotaje a opositores del gobierno oficial, como conductas
intolerantes y reñidas con el espíritu democrático que caracteriza a nuestra República
(58).



         G. Los Valores Educativos y de la Cultura

         El panorama que se advierte en el Sistema Educativo del Uruguay,
especialmente en el Público al punto que se ha calificado la situación como de
“Emergencia”, muestra y demuestra que hay un gran resentimiento de los Valores
que hacen a la Educación como motor de progreso social y como formador de la
personalidad. En este sentido sostenemos que la Educación se encuentra en una
coyuntura tan negativa que ya no puede justificarse como secuelas de experiencias
pasadas traumáticas de la sociedad oriental como “la dictadura de 1973-1985”, sino
en carencias ya inveteradas del Sistema Educativo.

         Informes de la Encuesta Nacional de Hogares Ampliada y del Ministerio de
Educación y Cultura muestran que el Uruguay en los niveles altos de Educación ha
quedado en décimo lugar en América Latina, y que el 35,8% de los adolescentes
urbanos se rezagan en la Educación Media (porcentaje que aumenta conforme a
pobreza y género). Sólo el 32% (porcentaje global de la juventud) logra completar 12
años de educación formal, y este porcentaje disminuye a un 7,8% en los quintiles de
menores ingresos. El 55,1% del total de desertores de la Enseñanza Media se
encuentra inactivo. La brecha relativa a la cobertura educativa se declara a los 13
años, se expande hasta los 16 y se torna máxima entre los 18 y 20 años. Casi tres de
cada diez jóvenes de 15 a 17 años y casi seis de diez personas de 18 a 24 años no
asisten a ningún centro educativo. El 9,3% de los jóvenes de 15 a 20 años no

58
     Diario “El País”, 11.5.2010, Editorial, p. A5.
concurre a ningún establecimiento educativo, ni trabaja ni busca trabajo, y no culminó
el Ciclo Básico de la Enseñanza Media (59). Estos datos son importantes, porque es
un caldo de cultivo de la futura delincuencia.

     Un estudio recientemente difundido mostró que en los Centros de formación de
Profesores y de Magisterio públicos, el 50% de sus estudiantes (de nivel terciario) ha
fracasado ya en carreras universitarias. La mayoría posee graves problemas de
errores ortográficos o de uso del lenguaje, vienen con bajos promedios secundarios y
en buen porcentaje provienen de sectores bajos de la sociedad. Existe un 60% de
deserciones y del 40% restante, la mitad pierden los exámenes. El 30% de
estudiantes de Magisterio tienen sus necesidades básicas insatisfechas. El
Profesorado y el Magisterio se presentan como carreras cortas de rápida inserción
laboral pero mal pagas, dando “poco techo” para los jóvenes ambiciosos ( 60). Nos
preguntamos en este panorama de qué tipo y metal serán esos futuros docentes
como para confiarles la Educación en Valores de nuestros hijos.

     El fenómeno de la Violencia en los Establecimientos Educativos Públicos desde
hace unos 20 años se ha hecho endémico en el Uruguay. El 57% de los Directores lo
han venido planteando como uno de los principales problemas y el 19,3% de los
jóvenes lo perciben como un problema en los Liceos (61). La Prensa suele difundir
informaciones sobre robos y desvalijamientos de escuelas.


59
    KATZMAN Ruben-RODRÍGUEZ Federico, “Situación de la Educación en Uruguay. Encuesta
Nacional de Hogares Ampliada”; 2007, Montevideo, UNFPA, UNDP, INE, ps. 13, 25-26, 31, 32, 34-35.
República Oriental del Uruguay, Ministerio de Educación y Cultura, Dirección de Educación, “Anuario
Estadístico 2008”; 2009, Montevideo, ps. 54, 60 y 62.
60
   Diario “El País”; Montevideo, 11.4.2010, versión digital en “www.elpais.com/100411/pnacio-
481882/nacional/mucho-malos-alumnos-eligen-la-docencia”.
61
   PATERNAIN Rafael (Coordinador), “Panorama de la violencia, la criminalidad y la inseguridad en el
Uruguay”; 2008, Montevideo, Ministerio del Interior, Observatorio Nacional sobre Violencia y
Criminalidad, P.N.U.D., ps. 54-56. En cuanto a las Violencia en las Escuelas, v. AYARZA Rodrigo-
BARBERO Marcia-BENTANCOR Gabriela-BRIOZZO Adriana-FERNÁNDEZ Silvia, “Convivencia. El
centro educativo como espacio de aprendizajes”; 2009, Montevideo, Programa conjunto ANEP-OPP
UnaONU. Proyecto Prevención de la violencia y emergentes de riesgo en los Centros Educativos, s/e,
ps. 3-24.
     En estas condiciones el llamado “Sistema Educativo” no sólo no promueve la
capacitación individual ni sirve como factor de cambio societario, no funciona como
Valor en sí mismo ni como Mundo de Valores, sino que funge como un factor de
desestructuración que mantiene y reproduce desigualdad. En un país como el
nuestro en que cada día los Padres confían más a los Centros Educativos la
formación en Valores de sus hijos, este Sistema de Enseñanza deficitario puede
causar en los jóvenes daños de base irreversibles.

     El deterioro que a todo nivel se advierte en la Educación (crisis de orientación,
crisis de formación y de vocación, violencia, falta de incentivos, falta de conciencia de
la Educación a la que se puede acceder gratuitamente) revive en los últimos tiempos
el debate sobre la necesidad de educar en Valores. Apoyándose en diversos autores,
BARRERA destaca que entre los diversos modelos axiológicos de Educación en
Valores, su objetivo último es contribuir a la optimización del desarrollo de la
dimensión “valorativo moral de la persona, sobre los pilares de la libertad y la
responsabilidad” (62).

     PÉREZ JUSTE se plantea que “deberíamos preguntarnos si al ocuparnos en
forma tan exhaustiva de esta función cognoscitiva de la Educación no hemos
descuidado seriamente otras facetas más importantes y a veces más simples de la
personalidad y la vida, como, por ejemplo, los placeres estéticos            o los valores
intrínsecos en la Poesía y el Arte..." (63). Expresa dicho autor, y compartimos con él,
que desde la dimensión axiológica de la Educación surge una preocupación por la
Educación de calidad, de forma que pueda apreciarse el papel que en ella juega la
educación en Valores, así como en el concepto de Integralidad, nota de una
Educación de calidad merced a la cual los Valores son elemento constitutivo de la
acción educativa de cada docente y del centro como unidad. Las nuevas demandas

62
   BARRERA PRELIASCO Jorge, “Una pedagogía alternativa”, en “Estrategias Didácticas para el
mejoramiento de la Enseñanza”; 2005, San José, Uruguay, Administración Nacional de Educación
Pública, Consejo de Educación Secundaria, Liceo Nº 3 de San José, ps. 5-8.
63
   Citado por PEREZ JUSTE Ramón, “Sociedad…”, cit..
de Educación en Calidad, la rapidez y profundidad del Saber, los avances en la
comunicación y las tensiones en la Humanidad, la necesidad de formar la mente a
base de contenidos, todas ellas reclaman una Educación en Valores que sea menos
neutra y menos tibia ideológicamente. La Educación en Valores es una dimensión de
una Educación completa; por tanto no debe obviarse, dejarse de lado, ni incorporarse
en forma reductiva, como un mero apéndice o como un elemento colateral. Una
Educación en Valores supone aunar, de modo armónico, la formación de las
dimensiones intelectiva, estimativa o valorativa y volitiva a través de los diferentes
actos educativos. La formación intelectual concede al hombre obrar de modo
inteligente, reflexivo, plenamente personal, orientándole en sus múltiples decisiones.
La formación estimativa hace posible sentirse a gusto en el proyecto personal de
vida, valorado como bueno, deseable, digno de ser llevado a la práctica. La
formación volitiva permite hacer realidad ese proyecto considerado digno y deseable,
merced a la fortaleza, a la fuerza de voluntad para superar las dificultades que se
presenten en su realización (64).

        Se encara así un proyecto de formación moral que contribuirá a formar dentro
del razonamiento y la comprensión crítica personas autónomas dentro de valores
inherentes al ordenamiento democrático, como la tolerancia, el respeto a los
derechos humanos, la participación social.

        El tema de que el Estado deba educar en Valores pone en el tapete una
pregunta. ¿Qué Valores? Se cree que el modelo laicista no puede en principio
predicar valores. La libertad de Enseñanza (art. 68 de la Constitución) permite a la
educación privada formar en Valores, pero el Estado no puede ser libre para
determinar qué Valores enseñar por la neutralidad metodológica de la Enseñanza
laica (art. 5º de la Constitución; arts. 15 y 17 de la Ley No. 18.437).




64
     PÉREZ JUSTE Ramón, “Sociedad…” cit..
     Ante este panorama se propone por algunos la necesidad de educar en los
Valores Democráticos, ya que el carácter impuesto de la Educación entra en tensión
con la historicidad de la Democracia, que supone la constitución de un sujeto
histórico y su emancipación de todo argumento dogmático, religioso o científico. La
Ecuación en Valores democráticos se instala en la medida que las propuestas
educativas se alejan del adoctrinamiento y la inculcación de valores, intervención que
se daría a través de un acompañamiento reflexivo, estableciendo una conversación
auténtica (65).

     No estamos de acuerdo con quienes sostienen que una Educación laica no
puede enseñar Valores. Por el contrario, en el Uruguay la Ley de Educación apoya
un sistema de Enseñanza basado en los Valores de calidad y continuidad, el
desarrollo integral    la búsqueda de una vida armónica e integrada a través del
trabajo, la cultura, el entretenimiento, el cuidado de la salud, el respeto al medio
ambiente y el ejercicio responsable de la ciudadanía, como factores esenciales del
desarrollo sostenible. El sistema educativo nuestro defiende la tolerancia, la plena
vigencia de los derechos humanos, la paz y la comprensión entre los pueblos y las
naciones dentro de los principios de igualdad, obligatoriedad, gratuidad, laicidad,
universalidad dentro de la diversidad, obligatoriedad, participación, libertad e
igualdad; también está comprometido en promover la justicia, la solidaridad, la
democracia, la inclusión social, el respecto a los derechos humanos, la integración
regional e internacional y la convivencia pacífica. Los arts. 1º a 17 de la Ley No.
18.437 así explicitan el proyecto de Valores de nuestra Educación nacional.



     H. La marginalidad, la violencia y la desintegración social en la Pérdida de
los Valores en el Uruguay

65
  ONETTO Fernando Luis, “Educación en Valores Democráticos: la historicidad de la Democracia
como Apertura de las Narraciones”, en “Revista Interamericana de Educación para la Democracia”;
Septiembre 2007, Vol. 1 No. 1, p. 90.
     La Constitución nacional expresa que “El Estado combatirá por medio de la ley y
de las Convenciones Internacionales, los vicios sociales” (art. 46 inc. 2º), lo que es
natural por ser disgregantes de los Valores sociales.

     Desde la década de 1950 hasta al presente se percibe en nuestro país un
proceso que hoy puede considerarse endémico, de marginación urbana y social o de
“favelización”. Según un informe de la Asociación de Promotores Privados del
Uruguay, el 12% de la población montevideana vive en Asentamientos irregulares y
el 62% de los trabajadores de la construcción vive en barrios marginales. Entre 1990
y 2007 el número de asentamientos creció en un 51,3%. 63 mil personas viven en
estos asentamientos. El 20,5 % de la población uruguaya vive en extrema pobreza, y
existe una proyección para el año 2015 de que unas 320 mil personas seguirán en el
en nuestro país viviendo en estas condiciones (66). En esos reductos de las periferias
de nuestras ciudades que forman ya Barrios o Villas, antes llamados “Cantegriles” y
hoy “Asentamientos”, se presenta una estructura cultural anómica y de escasa
integración con el resto de la sociedad (67), donde no hay Códigos ni Éticas de
comportamiento entre ellos, que han sido aprovechadas como reductos de bandas
organizadas para la delincuencia y el narcotráfico. A su vez y dado los heterogéneos
orígenes de los habitantes de estas villas, cantegriles o asentamientos (algunos
vienen del medio rural, otros fueron desalojados de sus viviendas o tuvieron por sus
escasos medios que buscar lugares más baratos donde vivir), no tienen una cultura o
sistema de unidades o de Valores compartidos. Muchos de ellos son honestos

66
   “http://www.desarrolloregional.org.uy/portal/index.php?option... - 18k”. Sobre el proceso de estos
asentamientos v. VEIGA Danilo, “Desigualdades sociales y fragmentación urbana”, en
“http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/campus/pogg... - -1k”.
67
   MERTON explica que en estos círculos se aprecia un conflicto entre las normas y la realidad social,
en que los Valores del Capitalismo de ganar dinero y de mirar al futuro están contradichos con el
fracaso. Ante ello pueden adoptarse determinadas conductas: a) de conformismo (se acepta una
convivencia acorde a los Valores estándares); b) innovadoras (se admiten los Valores pero se recurre
a medios ilegítimos para lograr el progreso); c) ritualistas (los Valores se pierden de vista pero se
actúa externamente acorde a los estándares); d) retracción (se rechazan los Valores dominantes y se
pierde el enfoque competitivo); e) rebelión (rechazo de los Valores existentes como medios). Cit. por
GIDDENS Anthony, “Sociología” cit., ps. 161-163.
trabajadores, pero en los demás predomina una cultura de la negligencia, de la
pasividad, de la reivindicación y de asistencialismo cuyo fin de vida es sobrevivir el
presente. Los habitantes de dichos asentamientos suelen sabotear los servicios que
se ponen en su beneficio, destruyendo los teléfonos y las casas que se les dan para
reasentarlos, robando y atacando al personal de Salud y a sus equipos, como a los
centros educativos. En estos núcleos existen mínimas premisas educativas o de
capacidad, pobre alcance económico, escasa ocupación e ingreso, precaria
satisfacción de necesidades básicas. Ese carenciado nivel de cobertura vital trae
consigo una estructura interna familia debilitada y resentida en sus relaciones de
pareja, parental-filiales, fraternales, determinando un trasfondo polimorfo e inestable
para los niños, futuros ciudadanos condenados al desempleo y a la marginación,
donde para sobrevivir deben adecuarse a Valores muy especiales de ese contexto
tan problemático (68). Esta población se reproduce con mayor tasa de natalidad que
las clases “media” o “alta”, lo que muestra que a la larga el número y proporción de
pobres se hará más alto en relación con una clase media y alta que concentrará a su
vez los bienes, lo que se traducirá en un aumento de las diferencias de reparto
social. Estos lugares son caldo de cultivo para los vicios y lugar de reclutamiento
para la delincuencia, la droga y la prostitución. Los Valores de las subculturas
periféricas poseen disimilitudes respecto a los de las sociedades de los cascos
urbanos (con otros parámetros comportamentales), provocando desarmonías entre
sí. La “sociedad del Centro” que percibe a la gente de los asentamientos o “Villas”
como una molestia no los integra y a su vez, esto acentúa más la marginación.
Cuando los Valores en una misma sociedad no se comparten o no coinciden
comienzan las incomprensiones y las exclusiones, lo que fomenta la sensación de
hostilidad e inseguridad, y la necesidad de sentirse separado respecto al otro.



68
  Ese cuadro generador de una Minoridad vulnerable y en situación de riesgo de los contextos
marginalizados de nuestro país, se encuentra muy bien descripto por SAETTONE PERMUY Julio
César, “Minoridad en Peligro”; 1989, Montevideo, Fundación de Cultura Universitaria, ps. 113-120.
     De estos sectores (con principios y Valores anómicos o no siempre fieles a los
estándares medios tradicionales) se recluta usualmente la casi totalidad de la
población carcelaria del Uruguay.

     Nuestra ciudadanía está insegura porque “se siente” insegura; nuestro Valor
agregado “Seguridad” que todavía nos distingue a nivel internacional es actualmente
entendido por los uruguayos como comprometido. La inseguridad no es medible
estadísticamente porque se trata de una sensación personal, pero cuando se instala
esta sensación en la población la situación pasa a ser de preocupación.

     La Violencia de unos contra otros es asunto angustiante para nuestra conciencia
colectiva. De tenerla omnipresente nos hemos acostumbrado a tolerarla. En los
Apartados anteriores (v. “C” y “E”) nos hemos referido a la violencia doméstica y en
los centros educativos. También se encuentra en la calle y en el trabajo. Actualmente
es parte casi natural de los espectáculos deportivos (alcohol y droga mediante), al
punto que el Código Penal y la Ley No. 17.951 no han podido contra ella. Nos
asombra la frecuencia con que percibimos cada vez más a la Violencia, quebrando la
idea del “paisito pacífico”. Hemos dejado llegar las cosas a tal punto que al tomar la
Violencia como parte del escenario urbano y suburbano, ya no la captamos como
Disvalor que es.

     PATERNAIN refiere que en estos tiempos de Democracia consolidada, en
donde la modernización se anuda a la desigualdad social, se desata una “apropiación
postmoderna de la violencia”. Fieles al talante de la época, las líneas del mapa
dibujan una caótica distribución de acciones y contra-acciones. Toda desviación es
simplemente una práctica, desligada de cualquier proyecto que anide plausibilidad y
reflexión. El hurto, la rapiña, el homicidio, la drogadicción, la agresión y hasta la más
aberrante de las transgresiones sexuales son, sin más, un momento. Todo supone
una anécdota, razón por la cual el instante deviene en narración, en una disposición
de personajes. Todo parece ceñirse a un problema de realismo literario. Tal es según
PATERNAIN el fastidioso lugar común, donde las ofertas “en estos tiempos son
infinitas y democráticas: los menos exigentes colmarán sus apetitos a través de un
flash informativo o de un titular de prensa, mientras que los sibaritas, hastiados con
los contornos de la realidad, se zambullirán en las tramas de películas y novelas
policiales de mayor factura. En cualquier caso, la pasión por lo momentáneo no
desaparece, es la acción -cruda y desnuda- como espectáculo a contemplar, o bien -
y aquí está lo desagradable- a padecer. A raíz de esta disposición anímica, hay
quienes dicen que el consumo de violencia se traduce en violencia real; otros
argumentan que los mismísimos hechos de la vida social determinan una
predisposición difusa o concreta hacia esas temáticas. Sea lo que fuere, lo singular
está en ese regodeo por la acción -que no cabe calificar de meramente realista-
divorciado por completo de cualquier clarificación de roles” (69).

     Entre los años 1989 a 2007 ha habido en nuestro país un crecimiento del
número de reportes sobre presuntos delitos, con una pequeña baja o estabilidad
entre 2005 a 2007 en ciertos crímenes, pero se tiene la idea de que existe una “cifra
negra” que no se denuncia y que evidencia que los datos conseguidos sobre
estadísticas criminales no son los reales. El Estado y los particulares no tienen
mucha confianza en que la situación pueda combatirse o revertirse. En 1995 un
sondeo reveló que los ciudadanos creían que el país era “más violento” que tiempo
atrás, y en 1996 este porcentaje llegó el 90%. Un 66% a 68% de la ciudadanía
desconfía que la Justicia podrá hacer algo. En cuanto a los delitos que más han
aumentado, el mayor porcentaje de crecimiento lo tiene la Rapiña (417%), y el
menor, el Homicidio (44,2%) entre 1989 y 2007. El número de Reclusos ha
aumentado de 2.244 en 1989 a 7.214 en el 2007 (o sea, un 321,44%) y estaríamos
según el Inspector Mayor DE LOS SANTOS en el entorno de 9.000 para el año 2010,
ubicando al Uruguay como el país de mayor tasa de prisionalización de la región, lo

69
        PATERNAIN     Rafael,      “Violencia    y     Crisis”,                    en
“http://www.chasque.net/frontpage/relacion/9906/violencia_uruguay.htm”.
que puede revelarse por un aumento de las denuncias de delitos o una mayor
efectividad de las Autoridades. Sin embargo, el número de criminalidad no
descendió. Según DE LOS SANTOS, un 90% de los reclusos se encuentran en
prisión por Delitos contra la Propiedad (hurtos, rapiñas), y el porcentaje de
reincidencia de esta población carcelaria es del 60 % para el Uruguay ( 70).

     En el Informe del Observatorio Nacional sobre Delincuencia y Criminalidad del
año 2008, se nos dice que en el contexto de una América Latina siempre
convulsionada el Uruguay no aporta mayor relevancia desde el punto de vista de sus
niveles de violencia y criminalidad. Más aún: se trata de uno de los países más
seguros del continente. Cualquier ejercicio comparado mostraría que esta creencia
tiene una alta correspondencia con la realidad. Sin embargo, los uruguayos sienten
que “Uruguay ya no es lo que era”, y que tampoco tendrá la posibilidad de volver a
serlo. No hay retorno, entre otras razones porque el curso de la Civilización impone
un esquema abigarrado de relaciones temporales; los tiempos coyunturales de la
política coexisten con los tiempos retardados (propios de las instituciones de control
formal) y con los tiempos acelerados e inmediatistas que marcan las industrias
culturales. Más allá de volúmenes, el Uruguay ha ido acumulando a lo largo del
tiempo distintos factores de riesgo: altos niveles de pobreza infantil y desempleo
juvenil; profundos procesos de exclusión, segregación residencial y desintegración
social; creciente consumo de drogas y expansión de redes de comercialización que
generan impactos negativos en las percepciones sociales; graves situaciones de
maltrato y abuso sexual de niñas y niños; gran incidencia de las armas de fuego en
manos de la ciudadanía como mecanismo de autoprotección; inapropiados manejos
por parte de los distintos actores institucionales de los miedos y las inseguridades
colectivas. El deterioro de las instancias tradicionales de la protección y el bienestar
sociales, se ha materializado en una extendida “inseguridad estructural”. La violencia

70
  DE LOS SANTOS Roberto, “Situación Carcelaria y Criminalidad”; Montevideo, Centro de Altos
Estudios Nacionales (C.AL.E.N), 28.4.2010 (presentación en Power Point).
y la criminalidad condensan un conjunto de miedos difusos y generalizados, los
cuales se vinculan con el perfil demográfico de la sociedad, con la trayectoria
socioeconómica de las últimas décadas, con las bases territoriales del desarrollo y
con los rasgos que hacen al talante cultural de nuestra sociedad. Así, las encuestas
de opinión han dejado al descubierto que, en el Uruguay de los últimos veinte años,
la inseguridad es una preocupación recurrente. La delincuencia y la seguridad
pública constituyen, a juicio de los ciudadanos, uno de los principales problemas del
país. En los últimos diez años, la opinión ha oscilado ubicar a la inseguridad entre el
segundo y el cuarto lugar, con un promedio del 32% de las respuestas. La
comparación regional demuestra que el Uruguay posee un marcado clima de
inseguridad, una Victimización en sintonía con otras realidades (es decir, que la
cantidad de personas que sufren un delito es levemente inferior que la de muchos
países del cono sur) y un bajo porcentaje de “no denuncia” (lo que demuestra unos
aceptables niveles de confianza institucional). En definitiva, la inseguridad en
Uruguay tiene profundas raíces sociales que van más allá de las políticas de
coyuntura y de las distintas variables institucionales. El desempleo abierto, el
porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan, la desigualdad del ingreso y la
pobreza de los hogares urbanos, son algunas de las variables que colocaron al país
en una situación preocupante. Es a partir de esta dinámica social que se puede
afirmar que la crisis “societal” genera procesos estructurales de “macrovictimización”.
En una lectura circunscripta al contexto regional, pues, el Uruguay no se revela como
un país particularmente violento, sino más bien lo contrario. Sin embargo, la
consideración de un espectro más diverso de sociedades sugiere que todavía existe
un amplio margen para mejorar la situación local en materia de niveles de violencia
interpersonal letal. Entre la década de los ’90 al 2005, la tasa de homicidios ha tenido
picos entre los 5,7 a 7,4 habitantes cada 100.000. Hoy en día, los delitos más
violentos (homicidios, lesiones graves, rapiñas, violencia doméstica, etc.) representan
una de cada cinco denuncias. Las tasas de homicidios se ubican a nivel internacional
en valores intermedios, aunque el Uruguay tiene un amplio margen para avanzar en
ese terreno, más aún cuando el 51% de dichos episodios son con armas de fuego.
Por su parte, no se puede dejar de mencionar que las denuncias de violencia
doméstica han superado en el último año a los robos con violencia. Las rapiñas han
pasado a reportar de un 3% a un 7% de los delitos denunciados entre 1989 y 2007.
Uruguay reporta una tasa de Suicidios del 14 a 16,7 habitantes por cada 100.000
entre esos años. Todo esto plantea un desafío para la Democracia, ya que el tema
“seguridad” debe incluirse en su agenda. “Las grandes mayorías se sienten
crecientemente inseguras en sus respectivos contextos societales, y es su
inseguridad -desde la precariedad laboral y de ingresos de los más pobres y amplios
segmentos de los sectores medios, hasta los miedos compartidos por amplios
sectores medios- que el deterioro de la textura social en la urbe, en sus diversas
manifestaciones (criminalidad, asaltos, asesinatos en la calle, desplome o
insuficiencia crítica de servicios públicos, tramitación individual de asuntos ante el
aparato estatal, etc.) genera un tema que no es conveniente descartar como
potencialmente galvanizador” (71).

     Sin embargo, no habrá de verse el aumento de la delincuencia (en su inmensa
mayoría relacionada con los delitos contra la propiedad) como una consecuencia de
la marginación o la falta de promoción social, o como la proyección de conflictos de
esos sectores; parece una explicación demasiado simplista considerar a los
delincuentes e infractores como “víctimas de la sociedad”. En los mismos lugares de
“contexto crítico” la inmensa mayoría de las personas que allí habita no delinque, y
prefiere dentro de sus posibilidades         resolver su vida dentro de las alternativas
honradas que pueden. La diferencia entre quien delinque y quien no radica en que el
primero rompió o carece del freno de los Valores, no sigue morales ni leyes. Obra

71
  PATERNAIN Rafael (Coordinador), “Panorama de la Violencia…” cit., ps. 15-16, 22-24, 35-38, 40,
53, 57-60, 156, 163-165. MORÁS Luis Eduardo, “Violencia social e inseguridad ciudadana: situación
actual       y       perspectivas”,     en        “http://www.unesco.org.uy/most/seminario/ongs-
gobernancia/documentos/Moras.pdf”. DE LOS SANTOS Roberto, “Situación Carcelaria…” cit..”.
(según la jerga de los contractualistas) conforme al Estado de Naturaleza y no
conforme a la Ley del Contrato Social. Habrá de verse el aumento de la delincuencia
y de los vicios sociales entonces en la carencia de Valores de algunos que prefieren
recurrir a la infraccionalidad como medio “facilista” e “inmediatista” para resolver sus
problemas.

     No podemos dejar este Apartado sin referirnos a la relación de los Valores entre
las crisis de las generaciones que construirán el futuro: los Jóvenes y Adolescentes.

     Siguiendo a PERDOMO podemos aseverar que dentro de las dificultades para
definir qué es la “Juventud”, suele afirmarse que a los jóvenes les es denegado un
lugar, obturando sus posibilidades de incidir en la sociedad y proyectarse en el futuro.
Esto genera frustración y una violencia que trasunta efectos de fragilización en
procesos y proyectos identificatorios en este devenir de lo juvenil, lo cual es percibido
claramente por los propios jóvenes adolescentes, generándoles incertidumbres y
angustias que se superponen a la incertidumbre específica del propio proceso
adolescente. Éstos dan cuenta de la incidencia de la exclusión, el desamparo y la
inestabilidad. Su preocupación por la falta de oportunidades de trabajo y por el futuro,
por no tener noción de qué puede ofrecerles el Uruguay, los coloca en una posición
pesimista, de sensación de inseguridad. La violencia a que se ven sometidos los
jóvenes por el “no-lugar” que se les asigna se refuerza con la existencia de una
violencia reprimida, transmitida por los padres quienes a su vez la habían padecido
pasivamente en su propia juventud, transitada durante los procesos dictatoriales que
azotaron a la región. El conjunto de las manifestaciones de los adolescentes da
cuenta del individualismo, de la crisis de Valores en la sociedad, del narcisismo, del
vacío. Los jóvenes heredan sin querer las secuelas de la crisis de los adultos,
básicamente una crisis de Valores que surge del conflicto entre el antiguo ideal
juvenil de progreso, querer cambiar el mundo para mejorarlo, y las despiadadas
reglas neoliberales del “vale todo” actual. La pérdida de los valores solidarios ha
dejado un vacío imposible de llenar, sensación que se adueña de los sujetos frente a
la retirada de los códigos, valores, e ideales que por generaciones reglaron los
intercambios sociales. Probablemente uno de los más graves problemas de la
sociedad contemporánea que dificulta el tránsito de los adolescentes por esta etapa
tan importante de la vida, sea precisamente esta crisis de los adultos, en la medida
en que no se está dando una confrontación generacional. (72).

     Se afirma actualmente de una “crisis de Valores de los jóvenes”, relacionada
especialmente con sus “adicciones”. Para casi uno de cada siete montevideanos
(14%)    el aumento de la drogadicción en los jóvenes es la principal causa del
incremento del actual nivel de delincuencia. Uno de cada veinte entrevistados en el
área metropolitana (5%) dice que "los jóvenes" son uno de los grupos más peligrosos
de la población o que le causan más inseguridad, y 1% menciona como de riesgo a
los "niños de la calle", grupos que también son asociados por proporciones similares
de entrevistados a otros delitos. Esto configura una situación en la que la opinión
pública se manifiesta crecientemente preocupada por el nivel de delito y expresa una
importante sensación de inseguridad, entorno dentro del cual algunos grupos de la
población perciben a los jóvenes (y en algunos casos a los “menores” –niños y
adolescentes -art. 1º de la Ley No. 17.823-) como grupos con potencial amenazante
para su seguridad (73).

     No existen datos estadísticos confiables en el Uruguay sobre la “Delincuencia o
Infraccionalidad Juvenil”, por lo que no puede saberse su realidad magnitud o qué
incidencia tiene en la Criminalidad global. Los datos judiciales, policiales y del
Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay son incompletos porque trabajan
solamente con los casos que llegan a su conocimiento. Ciertos números sobre
menores en conflicto con la Ley muestran que “El 95% de los menores privados de
libertad son hombres. Un 33% del total tiene 17 años, mientras que los de 13 años -

72
       PERDOMO          Rita,     “Trauma     Social,     Violencia    y     Adolescencia”,   en
“www.itinerario.psico.edu.uy/SigloXXITraumasocialviolenciayadolescencia.htm”    (Consultado    el
20.4.2010).
73
   CANZANI, “Datos e hipótesis…” cit., p. 60.
edad mínima de ingreso al sistema penal- representan apenas el 5%. Esas son sólo
algunas de las estadísticas que extrajo el Observatorio del Sistema Judicial de la
organización Movimiento Nacional Gustavo Volpe y Unicef. El último informe, de abril
de 2008, encuestó a 143 adolescentes con el objetivo de darles voz. Otras cifras
llamativas: el 72% de los menores infractores residía en Montevideo, y dentro de la
capital, la mayoría proviene de Pajas Blancas (8,7%), Casabó (6,7%), y de Cerro,
Casavalle y La Teja (5,8%). Respecto a la composición familiar, un 49% vivía en un
hogar monoparental. Un 38% de los menores encuestados no completó la Primaria y
un 53% aseguró haber trabajado alguna vez. Por último, un 64% toma alguna
medicación, y de ese grupo de menores, 96% consume psicofármacos.” (74).

     Sociólogos como BAYCE han puesto en tela de juicio los números que suelen
manejarse sobre el aumento de la drogadicción y de la delincuencia juvenil en el
Uruguay, y sobre el papel de la Prensa en la distorsión de esos datos (75).




74
    Diario “El País”, Suplemento “Qué Pasa”; Montevideo, 21.3.2009. Versión digital en
“http://www.elpais.com.uy/Suple/QuePasa/09/03/21/quepasa_405681.asp”.
75
   BAYCE Rafael “Drogas, Prensa escrita y opinión pública”; 1990, Montevideo, Fundación de Cultura
Universitaria, ps. 50-71 y 71-121.
                                           Capítulo IV

      UN ESTUDIO SOBRE LOS VALORES MORALES EN EL URUGUAY: EL
        “ESTUDIO MUNDIAL EN VALORES EN URUGUAY: 1996-2006” (76)



     El “Estudio Mundial en Valores en Uruguay: 1996-2006” o “Informe sobre
Valores en Uruguay 1996-2006” es un documento que permite obtener y medir qué
ha pasado en ese período sobre la consideración de los Valores en el Uruguay, y a
su vez permite comparar qué sucede en nuestro país con otros Estados en razón de
lo que se conoce como “Estudio Mundial en Valores” (“World Values Survey”) (77).

     Como lo explica el mismo trabajo, éste parte de la base de que los cambios en
las creencias traen consecuencias económicas, políticas y sociales importantes,
manejándose la hipótesis de Ronald INGLEHART (de la Universidad de Michigan) de
que las sociedades pasarían de estructuras y valores tradicionales de la era
preindustrial a valores nuevos y postmodernos, aunque esto no sería lineal para
todas las sociedades. El pasaje de valores modernos a postmodernos implica la
pérdida de relevancia de valores materialistas y de supervivencia. En la modernidad,
el crecimiento económico es el principal objetivo social y la búsqueda del logro
económico individual. Pero dado un punto de desarrollo determinado, mayores
niveles económicos dejan de reportar satisfacción a los individuos, que se vuelcan
hacia valores de otra índole y que INGLEHART denomina “posmaterialistas” (ej:
mayor valoración del medio ambiente, del bienestar individual, de la calidad de vida y
la autorrealización). Específicamente, este proceso de cambio de valores se refleja
en dos dimensiones básicas: un desprendimiento de valores tradicionales y pasaje a
valores seculares-racionales, y un movimiento desde valores materialistas a valores


76
   El autor agradece al Sociólogo Ignacio Zuasnabar, Director General del Servicios de Equipos Mori,
por el aporte del “Estudio Mundial en Valores en Uruguay: 1996-2006. Informe Final”.
77
   V. “http://www.worldvaluessurvey.org/” (Consultado el 1.5.2010).
de autoexpresión; a partir del posicionamiento de los países en estas dos
dimensiones básicas según INGLEHART se construye el “Mapa Cultural”.

    El “Informe sobre Valores en Uruguay: 1996-2006” compara dos mediciones,
noviembre de 1996 y noviembre de 2006, tomando un muestreo de 1.000 personas
mayores de 18 años de todo el país, esperando un margen de error de +-3,09 %
dentro de un intervalo de confianza del 95 % para los resultados sobre el total de la
población.

    Señalamos a continuación algunos de los hallazgos de este Informe que
creemos más interesantes:

   - En cuanto al indicador de autorientación (cuán libres son los individuos respecto
al control de sus vidas), se advierte una evolución en el sentido que se pondera por
los uruguayos una mayor libertad individual (59% a 75%, globalmente) y sobre que
pueden decidir su propio destino (42% a 61%).

   - La mayoría de los entrevistados se sienten “no muy felices” (entre 46% a 63%
según las generaciones) con su vida.

   - Ha disminuido el número de encuestados que se preocupan sobre el propósito
de su vida (globalmente, de un 80% a 70%).

   - Si bien no hay mayores cambios de 1996 a 2006, el 73% de los entrevistados
se consideró “muy orgulloso” de ser uruguayo; un 19% se siente “algo orgulloso”.
Pero sólo el 36% pelearía por Uruguay en caso de guerra y un 48% reconoce
expresamente que no lo haría.

   - En cuanto a la Religiosidad, crece el porcentaje de investigados a 2006 que le
da mayor importancia a Dios (74%) en relación a 1996 (64%), aunque aumenta el
percentil de personas que niegan importancia a la Religión (de 19% a 26%) y baja el
porcentaje de confiabilidad de la Iglesia (de 28% en 1996 a 23% en 2006). En 2006
un 56% se define “religiosa”, un 36% como “no religiosa” y el 8% “ateo”. A 2006 el
83% dice creer en Dios, el 57% en el Alma, el 39% en una vida después de la
muerte, el 25% en el Diablo y el 23% en el Infierno, lo que significa una leve
disminución de los guarismos registrados en 1996 (85 %, 41%, 58%, 26% y 24 %
respectivamente). El 51% de los entrevistados reconoce rezar o meditar. Creció el
porcentaje de los que creen en el Cielo (de 48% a 51%). Se mantiene igual el
número de los que creen en el Pecado (50%). Aumentó el número de gente que no
recibió educación religiosa en el hogar (de 34% a 42%). Sólo un 23% cree que la
Religión “es muy importante” (mismo guarismo en 1996 y en 2006).

   - El porcentaje de los que consideran a la Familia “muy importante” en su vida
baja de un 91% en 1996 a un 89% en 2006. El 78 % entiende importante que un niño
tenga padre y madre para ser feliz. No obstante, El 71% cree que el Matrimonio es
una institución anticuada, y el 65 % aprueba a las madres solteras, aunque aumenta
de 1996 a 2006 el índice de desaprobación de las mismas (de 15% a 18%) y
disminuye de un 55% a 37% las mujeres que quieren tener hijos para realizarse. En
cuanto a la justificación del Divorcio, disminuye fuertemente la intolerancia al mismo;
baja de un 22% a un 10% el número de quienes no lo justifican.

   - Aumentó desde 1996 a 2006 la tolerancia a la Prostitución, a la
Homosexualidad, al Aborto, al Divorcio, la Eutanasia, el Suicidio, a comprar objetos
robados, aunque quienes “siempre lo justificarían” es un porcentaje minoritario. El
86% de los uruguayos no justifica se pegue a una mujer, porcentaje inferior a
Argentina y Chile (95% cada uno).

   - En cuanto a la enseñanza de obediencia a los niños, aumenta el porcentaje que
considera que esto es “importante”. En cuanto a los Valores que se estima
importantes inculcar a los niños, se estima la Tolerancia y el respeto (82%), el
sentido de Responsabilidad (80%), no ser egoísta (61%), la independencia (49%), la
determinación y perseverancia (39%), la obediencia (39%), la Imaginación (32%), el
Ahorro (23%), el Trabajo duro (22%), la Fe (18%).
   - El Trabajo es considerado “muy importante” para los inquiridos (70% a 69% en
2006). Disminuyó de un 67% a un 49% quienes esperan en él un cambio. Aumentan
los que consideran importante el tiempo libre en su vida.

   - Existe una tendencia de los entrevistados a mayor tolerancia a la vecindad con
individuos drogadictos, de otras razas, de distinta religión, alcohólicos, emigrantes,
que vivan en concubinato, homosexuales. Parecería que más uruguayos desean no
tener próximos a judíos que en países cercanos al Cono Sur (10% contra 5% en
Argentina y 6% en Chile).

   - Son bajos los porcentajes de “mucha confiabilidad” respecto a la Iglesia (23%),
el Gobierno (20%), el Poder Judicial (16%), la Policía (15%), el Ejército (10%), la
Prensa (8%), el Parlamento (7%), la TV (7%), los Sindicatos (5%), los partidos (5%),
y la Burocracia (2%).

   - Son significativos los porcentajes globales de quienes entienden que no se
justifica reclamar derechos que no les corresponde, mentir en los impuestos, recibir
sobornos.

   - El porcentaje de personas que ante los cambios creen que reaccionarían con
proactividad habría bajado de un 6% a un 4%.

   - Políticamente los uruguayos son tendencialmente “centristas”, siendo
minoritarias las tendencias expresamente asumidas de derecha o izquierda radicales.
El 52% cree que la Democracia es “muy buena” y el 33 % que es “buena”, pero
solamente    un   25%    se   autodefinen   como    “completamente     democráticos”.
Globalmente, el 85% entiende la importancia de vivir en Democracia. La mayoría es
tendencialmente “prudente” y considera que las ideas que han permanecido son
mejores que las nuevas. Aumentó de 1996 a 2006 el porcentaje global de los que
consideran que la Política no es importante en su vida.
   - La Medición en 2006 muestra que hubo un aumento (de 25% a 32%) de la
gente que ha entendido la Seguridad como la Prioridad para el país. Aumenta el
número de personas que entiende que es “bueno” el mayor respeto a la Autoridad
(54% a 62%). Los encuestados opinan que las Responsabilidades más importante
del Gobierno son mantener el orden (44%) y la libertad individual (44%).

   - En cuanto a la percepción de Corrupción, el 49% cree que en el Uruguay
algunos funcionarios están involucrados, el 22% opinan que son la mayoria, y el 11%
dicen que casi la mayoría.

   - El 83% de los encuestados considera que en nuestro país hay respeto por los
Derechos Humanos.

   - Disminuyó de un 77% (1996) a 47% (2006) el número de gente que cree que los
pobres son injustamente tratados.

   - Solamente el 30% de los encuestados reconoce usar productos contra el Medio
ambiente, bajando el porcentaje respecto a 1996 (57%). El 50% dice “reciclar
artículos que pueden ser reciclados” y haber disminuido el consumo de agua. Sólo el
9% reconoce haber desarrollado alguna actividad por el medio ambiente, y el 7%
reconoce nada más haber contribuido alguna vez.

     El “Informe sobre Valores en el Uruguay: 1996-2006” entiende que nuestro país
presenta un movimiento hacia una mayor tradicionalización, aunque leve y selectiva.
Es leve porque como se puede observar en el mapa cultural, el movimiento no es
muy pronunciado. Es selectiva porque no se tradicionalizan todos los valores, sino
sólo aquellos relacionados con la autoridad y la obediencia, y algunos de los de
religiosidad. Valores como la tolerancia al divorcio y la importancia de la religión
sufren movimientos contrarios, es decir, hacia el extremo racional-secular. La
justificación de la homosexualidad (que aumentó a casi tres veces) como indicador
de tolerancia y de respeto a la diversidad, es en Uruguay uno de los indicadores que
muestra un cambio más fuerte en los diez años transcurridos entre las mediciones.
En cuanto a la confianza interpersonal, se observa un aumento de la proporción de
personas que dicen que “se puede confiar en la mayoría de las personas”. El índice
de “materialismo-posmaterialismo” no presenta variaciones importantes entre una y
otra medición. Básicamente, la mayoría de los uruguayos responde de acuerdo tanto
a valores materialistas como posmaterialistas sin inclinarse fuertemente por ninguno
de los dos extremos del índice.

     El estudio reseñado concluye que existe en el Uruguay un sistema de Valores
estable, transitando hacia valores de autoexpresión y muy moderadamente hacia una
tradicionalización. El recambio intergeneracional impulsa la profundización del
movimiento hacia la autoexpresión en el futuro, aunque la coyuntura también importa.
Considera que “la crisis económica puede haber afectado la seguridad existencial,
colaborando con el incremento de los niveles de religiosidad”, y que “el incremento
de la inseguridad ciudadana puede estar asociado al aumento de los valores
vinculados a la obediencia y la autoridad”.

     Los hallazgos de estos análisis a nuestro entender no permiten aseverar que
existiere una crisis o pérdida de los Valores que llamamos “tradicionales” o
“fundamentales” en el Uruguay, por lo menos significativa o estructural y en el
imaginario colectivo patrio. Es cierto que en algunos aspectos ha aumentado la
tolerancia a ciertos hechos sociales como la prostitución, el homosexualismo, la
eutanasia y el aborto, pero estamos hablando de una “mayor tolerancia” a estos
fenómenos y no de que se estén disolviendo o perdiendo los Valores. En otro
aspecto, vemos que se mantienen los sentimientos religiosos (aunque no ligados
necesariamente a una institución positiva) y en algunos casos hasta se advierte que
hubo una reafirmación de los mismos. El sistema democrático y el orgullo nacional se
encuentran en niveles altos, los uruguayos se consideran “prudentes” o moderados
en materia de tendencias políticas, y ha existido una reafirmación en los valores de la
Obediencia y de la Autoridad (como explica el Informe, quizá ligado a un sentimiento
de inseguridad ciudadana). Al menos en la concepción de la gente aunque quizá no
se traduzca en la “sensación térmica” de los ciudadanos, los Valores fundamentales
siguen en pie. A pesar de todo, entre los ideales y la práctica de los Valores puede la
realidad mostrar diferencias.
                                          CAPÍTULO V

 DEL RELATIVISMO EN EL DEBATE SOBRE LA CRISIS DE LOS VALORES (EN
                        EL URUGUAY Y EN LA ALDEA GLOBAL)



     El tema de “la crisis o la decadencia de los Valores” no es original de los
tiempos actuales ni es un fenómeno propio del mundo contemporáneo en el que
vivimos. Para botón de nuestra, mucho antes de los escritos bíblicos un antiguo texto
egipcio de la XII Dinastía (siglos XX a XVIII antes de Cristo) lamentaba: “¿A quien
hablaré hoy? Los hermanos son malvados. Los amigos de hoy no se quieren… Los
corazones son ambiciosos. Todos roban los bienes de sus vecinos… La bondad ha
perecido. La violencia todo lo gobierna. No hay nadie en quien confiar. … Nadie
ayuda a quien lo ayudó… El justo se ha ido. La tierra ha quedado librada a los
malhechores. El error gobierna la Tierra y no hay fin para ello” (78). O sea, desde
hace cuatro mil años hasta ahora y a pesar de tanta globalización e innovación
tecnológica, no hay nada nuevo bajo el Sol; parece que así fue siempre “en el
quinientos diez, y en el dos mil también” como ilustrara para el Río de la Plata
Enrique Santos Discépolo en su Tango “Cambalache”. A lo largo de la Historia nos
encontramos un permanente conflicto entre un universo de Valores ideales con un
Mundo real que no siempre se rige por aquéllos, o que lo hace a su conveniencia y
selección. Postular entonces a “la decadencia o la subversión de los Valores” como
una realidad característica peculiar de nuestra “modernidad” admitiría más de una
reserva.

     Se dice que las cosas no son lo que son, sino lo que uno cree que son.
Trasladado esto al tema de los Valores, podríamos dudar si los Valores están ante


78
  ANÓNIMO, “Discourse of a man with his Ba -probably Middle Kingdom, XII Dinasty, ca. 1938-1759
BCE-”, en “Ancient Egyptian Wisdom Readings”, T. II; 2005, s./l., SOPHIA vzw Society for Philosophy,
ps. 10-11.
una situación de compromiso o si nosotros creemos que se encuentran en una
situación de compromiso.

     VOLTAIRE nos precave en este sentido que todo podría tratarse de una
sensación y no de una evidencia de certidumbre. Así afirmó (traducimos libremente)
que “Hay infinitamente menos mal sobre la Tierra que lo que se cree. Hay bastante,
sin duda: se ven calamidades y crímenes horribles; pero el placer de quejarse y de
exagerar es tan grande que al menor raspón creeréis que la Tierra regurgita sangre.
Habéis sido engañados, todos los hombres son perjuros. Un espíritu melancólico que
ha sufrido una injusticia ve al universo cubierto de dañados…” (79). ¿Es que
actualmente sucede algo diferente, inclusive en nuestro propio país?

     No falta quien cuestione la honestidad de los discursos sobre las “crisis de
Valores. VIDAL NOGUERA expresa que al cuestionar la racionalidad del Occidente
moderno podemos también poner en entredicho la validez del sistema axiológico que
le instruye. La crítica de la racionalidad, potente instrumento, nos permitiría también
criticar al sistema axiológico toda vez que nos permite asumir una actitud de
sospecha ante los actos de que habla e intuir en ellos actos de poder. Según este
autor, es permitido sospechar que tras los píos actos de quienes promueven los
“Valores universales” existen actos de poder, de intereses (manifiestos o no), y por lo
tanto un discurso en apariencia ético puede evidenciarse como un discurso eminente
político que articula dos disciplinas fermentales: la comunicación y la política. Si el
discurso axiológico o sobre Valores se torna político, su objeto deja de tener validez
universal y se reduce al campo específico de un segmento de la sociedad que desea
el control sobre los actos y voluntades de otros. Desnudados de su pretendida
objetividad, los Valores universalmente aceptados pasan a ser discutibles en el plano
de la Razón y se tornan relativos. Y VIDAL NOGUERA afirma así que “Hemos
llegado a un punto importante: el reconocimiento de su relatividad. Son relativos al

79
  VOLTAIRE, “Dictionnaire philosophique“, en “Oeuvres Complètes de Voltaire”, T. 20 ; 1879, Paris,
Garnier Frères, Libraires-Éditeurs, p. 56.
tiempo y al espacio: a la historia y a la cultura. Ya es posible impugnarlos
históricamente y preguntarse si aún responden a las necesidades históricas actuales,
o si ya es necesario pararnos en otro paradigma axiológico y mirar a nuestro entorno
con otra perspectiva racional diferente” (80). En el ámbito de los discursos religiosos
se ha denunciado el papel que algunas instituciones religiosas (especialmente la
Iglesia Católica) tienen en la arena política a través de un complejo proceso de
elaboración de una “suprapoliticidad”, que GUIGOU llamó “suprapoliticidad
trascendente” que le otorga a aquéllas el pretexto de intervenir y poner en el tapete el
tema de los Valores en los actuales debates sobre políticas económicas, orientación
sexual, legalización del aborto, y otros ( 81). SANDOVAL refiere, en cuanto a la
interpretación de los adultos latinoamericanos de las transformaciones sociales,
ciertas posturas nostálgicas de Valores como la Justicia, el Respeto, el sacrificio, el
esfuerzo, Valores que forjaron a una generación y les orientaron a edificar su vida.
Esta postura traduce cierto inmovilismo y cierto anhelo de estabilidad frente a la
inseguridad que se siente ante el dinamismo de los cambios contemporáneos (82).

      Parafraseando a TERRICABRAS y aplicando “mutatis mutandi” sus ideas al
tema de los Valores, deberíamos preguntarnos si cuando hablamos del cambio de
los Valores, no deberíamos preguntarnos sobre el cambio de nuestros Valores (83).
O podríamos preguntarnos si se están afectando nuestros Valores “positivos”, es

80
   VIDAL NOGUERA Manuel, “Crisis de Valores, horizontes utópicos y contradicciones”; enero 18
1993,                       Samacá,                      p.                    2,                    en
“http://www.emagister.com/uploads_user_home/Comunidad_Emagister_4463_Crisis_de_valores.pdf”
(Consultado el 19.4.2010). También en “Antropologia y derechos humanos. Memorias del Simposio
Derechos humanos en la construcción de las Américas", coordinado por Carlos Vladimir Zambrano y
Juan Pablo Galeano Rey; 1994, Bogotá, Universidad de Los Andes, Departamento de Antropología,
pags. 81-82.
81
   GUIGOU Nicolás, “Laicidad en el Uruguay. Mitos y transformaciones de la religión civil uruguaya.
Red             iberoamericana          por          las          libertades        laicas”,         en
“http://www.liccom.edu.uy/bedelia/cursos/antropologia/laicidad.pdf” (Consultado el 19.4.2010).
82
   SANDOVAL Mario, “América Latina: Quiénes son, qué piensan y qué hacen los pobladores de fin de
siglo”, cit. en SCARAFFUNI José, “Teoría Sociológica…” cit., p. 192.
83
   TERRICABRAS Joseph Maria, “El mite de les Humanitats en crisi”, en “Digit-HVM. Revista Digital
d’Humanitats”. Universitat Oberta de Catalunya, Maig de 2004, Núm. 6, p. 2, en
“http://www.uoc.edu/humfil/articles/cat/terricabras0304/terricabras0304.pdf” (Consultado el 16.4.2010).
decir aquellos que hemos convenido como constructivos y motor de evolución de
nuestra personalidad y de nuestra sociedad. Es probable que más que a una crisis,
estemos asistiendo en Occidente y en nuestra Patria a un proceso de cambio o de
revisión hacia una nueva selección en que se plantea que algunos de nuestros
actuales Valores (en el Uruguay más precisamente, los Valores de nuestra “cultura
occidental” de raigambre judeocristiana) pasen a ser sustituidos por otros que se van
adaptando más a las nuevas necesidades y concepciones sociales. Tenemos la
impresión que lo que llamamos “Crisis de Valores” es en realidad la inquietud que
sentimos    sobre    la   incertidumbre   de    su    destino.   ¿Nuestro    modelo
“grecorromanojudeocristiano” está siendo sustituido, y en ese caso por cuáles pautas
o por cuál otro modelo? ¿Por un modelo con nuevos paradigmas -a definir
eventualmente- o por algo anárquico y proteico que se hace camino y se va
definiendo al andar? Todo eso nos desajusta porque cuando no comprendemos
hacia dónde vamos sentimos desorientación y “como que” nuestros referentes ya no
nos protegen. Los “antiguos” Valores ven a los “nuevos” con alarma apocalíptica y
recelo porque proponen un mundo alternativo y con otras orientaciones, pero los
“nuevos” valores no son ni más “malos” ni más “buenos”. En otros casos los Valores
no se transforman sino que son puestos bajo otras ópticas pero su esencia no
cambia; la evolución de las culturas sacralizadas en culturas racional-seculares no
afecta y mantiene vigente la consideración de los Valores fundamentales de la
Solidaridad, la Justicia y la Equidad, la Paz y la Libertad. A su vez, los Valores no
suelen cambiar ni ser cuestionados por las culturas o las sociedades en bloque; las
coyunturas muestran un proceso de reajuste y de reselección de algunos o hasta el
retorno o conservación de otros, según las circunstancias. Conforme la sociedad
evoluciona también cambian sus necesidades y la necesidad de formular nuevas
orientaciones o pautas, entre lo que cambian los Valores. Éstos pueden evolucionar
o transformarse, o aun pueden reafirmarse o reflotarse; y en más todo dependerá del
grado en que la Sociedad crea en ellos.
     Debemos preguntarnos si en vez de una decadencia o pérdida de Valores en
realidad se está planteando el problema de su desobservancia; éstos no habrían
caído ni perdido prestigio en lo teórico o en el ánimo de la gente, mas otra cosa es lo
que se advierte en la práctica. Podemos tener la impresión de que existiría un doble
discurso en lo que se preconiza y cómo se viven los Valores. Quizá éstos son sólo
referentes culturales como “desiderata” de comportamientos que no siempre son
seguidos ni observados por los individuos según sus circunstancias y sus
conveniencias. Como que la acción y la realidad de los individuos en la práctica está
propuesta pero no se encuentra necesariamente orientada por los Valores. Cada
individuo observaría de los Valores los que más le conviene o desea adherir
conforme a su microcosmos de ideales, necesidades y apetencias, y llegado el
momento, no vacilaría en desecharlos o adherir a otros que le sirvan. ¿Los valores
evolucionan o cambian en función de los intereses sociales? ¿Las sociedades se
rigen a su vez por intereses y no por valores? Ciertos autores “realistas” nos enseñan
que la Realidad no siempre estaría gobernada por Valores y por Morales, sino por
conveniencias.

     Los tradicionalistas creen que para recuperar nuestra sociedad y nuestra
identidad lo saludable sería retornar a beber en las fuentes de nuestros “viejos”
Valores. Para los vanguardistas, es necesario desligarse de los Valores que ya no se
adaptan a las preferencias ni a los cambios de las culturas modernas. Ambas
posturas se tornan intolerantes e inconciliables, por lo que de la polémica entre ellas
no puede resolverse satisfactoriamente qué respuesta debe darse al problema de los
Valores.

     Toda sociedad o Nación debería debatir y definir (o redefinir) sus Valores,
aunque esa propuesta tiene la crítica de que reviste inmovilismo y que carece de
sentido práctico, porque no vislumbrará respuestas ni soluciones concretas mientras
la marcha de estos tiempos se impone. El intercambio de ideas sobre los Valores
queda estéril en estas condiciones, cuando la acción y la realidad avasallan toda
filosofía y discusión.

        El pluralismo ideológico, la diversidad de identidades y de culturas nacionales o
subculturas dentro de una misma Nación, ponen en duda la posibilidad de que un
Estado-Nación pueda adoptar un modelo de Valores homogéneo y común. ¿Esa
diversidad de identidades cuestiona nuestro mundo de Valores? ¿Cómo afecta esa
diversidad a la integración de personas con otros sistemas de Valores, como los
musulmanes, los indígenas, los homosexuales, distintos a los nuestros?

        En estas épocas de reiterados cambios económicos y tecnológicos, PILOSOF
señala que los Valores también están siendo impactados y hasta descuidados por
estos cambios. En tal apreciación de situación pregona que “Mientras no se acepte
que el respeto a los valores y su predominancia en las relaciones humanas son los
que habilitan la esperanza y la fe, la humanidad de la era tecnológica transitará en
las tinieblas” (84).

        Creemos con FABRI DOS ANJOS que a pesar de todo, la crisis y el cambio de
Valores no significan necesariamente una amenaza o un peligro; se pueden ver
como algo saludable (85). Debe tomarse como natural y no como negativo que los
Hombres experimenten crisis y revisiones de sus principios y Valores. Es parte de la
esencia misma y del proceso de evolución de la Humanidad porque los Valores no
están fuera de nosotros sino adentro nuestro. Adherimos a las ideas de VAZ
FERREIRA que entendía que las crisis morales (aplicable para las crisis de Valores)
no pueden afectar a los hombres de pensamiento libre, porque aunque pudieran
comprometer los fundamentos racionales de la moral debe verse que las crisis son
racionales y afectivas, pero no morales. No comprometen la moralidad efectiva ni de
acto. Quienes tienen pensamiento fijo y no experimentan dudas en realidad acusan


84
     PILOSOF Nelson, “La transformación…” cit.
85
     FABRI DOS ANJOS, “Juventud y crisis….” op. cit.
deficiencias de sensibilidad y ausencias de sentimientos de superación (86). Dar
reglas tales que lleven a una conducta que no tenga inconveniente alguno ni dejen
nada dudoso, incierto, no resuelto, fundar una moral perfecta, es el desenlace
previsible de la actitud que la Humanidad ha observado permanentemente con
respecto a la Moral (agregamos: y a los Valores), buscando en los problemas
normativos soluciones en el sentido en que se buscan en los problemas explicativos.
El problema se origina en buscar “la solución” cuando la única solución que admite
es estudiar las ventajas o inconvenientes de la cuestión y decidir sin pensar que se
ha de lograr una solución perfecta sin inconvenientes (87). En la cuestión sobre los
Valores no puede llegarse a una idea seria y laudada de que están en crisis o que se
han perdido y que “la solución” aparecerá por la conservación o por la transformación
de los mismos. Cada Sociedad tendrá que asumir frente al problema cómo ha de
posicionarse a sabiendas de que el tema de los Valores necesita constantemente
replantearse.

     Se ha achacado repetidamente a la Televisión como una de las causantes de la
“subversión de las Escalas de Valores”. Nosotros no hemos podido encontrar
estudios serios que apoyen esta versión.

     El Mundo de la Realidad y el Mundo de los Valores no coinciden siempre, por
eso la medición de la Realidad a la luz de los Valores ofrece una sensación de
disonancia y de desorientación. Los Valores como ideales y como sistema
simplificado de la Realidad plantean un proyecto de Realidad ideal, pero la Realidad
que tiene en juego variables muy complejas no puede ser sujeta sin resistencias a
tales simplificaciones. No negamos que la observancia de los Valores modelan la
Realidad, pero debemos admitir que la Realidad y las evoluciones de cada Cultura


86
   VAZ FERREIRA, Carlos, “Fermentario”; 1963, Montevideo, “Obras de Carlos Vaz Ferreira”, T. X,
Homenaje de la Cámara de Representantes de la República Oriental del Uruguay, ps. 40-41.
87
   VAZ FERREIRA Carlos, “Lógica Viva”; 1963, Montevideo, “Obras de Carlos Vaz Ferreira”, T. IV,
Homenaje de la Cámara de Representantes de la República Oriental del Uruguay, ps. 91-99.
modelan a los Valores. En otros casos, todo depende de qué Valores son por las
sociedades seleccionados para examinar los temas nacionales.

     Las discusiones sobre los Valores seguirán, “e pur l’Umanità si muove”. Pero
ese debate es necesario porque los Valores son la reserva que asegurarán la
continuación del Género Humano como Uno, por lo que su consideración no puede
descuidarse. Entre los discursos que dan por sentado que estamos ante un
Apocalipsis y entre los vanguardistas que predican un “Nuevo Orden” sobre la base
de nuevos principios que erradicarán a los antiguos, no deberíamos preferir ni una
cosa ni la otra. La Historia muestra en cuanto a las Ideas y a los Valores procesos de
conservación, iconoclastia, transformación o de reacción según coyunturas. Pero el
balance es positivo: la Humanidad pese a las crisis evoluciona positivamente: la
proscripción de la esclavitud, la igualdad de género, la vigencia de la Democracia, los
esfuerzos de las Naciones para lograr juntos la Paz Mundial y un Planeta que se
desarrolle en forma sustentable y donde haya lugar para todos son un ejemplo de
ello, y los Valores están detrás de esa evolución. Vemos sí que algunos temas como
el Aborto, la Eutanasia, la Homosexualidad, el Matrimonio, el Patriotismo, están
sufriendo cuestionamientos o que en algunos casos existe mayor tolerancia de la
sociedad occidental hacia ellos (como en el caso de los tres primeros), pero se trata
de temas puntuales, coyunturales, y creemos que no están planteando una crisis
estructural o de todos los Valores tradicionales, o que estén siendo evaluados por
otros Valores de la Escala. Inclusive, nada impide que un buen día la gente vuelva a
ellos. En definitiva, los Valores están ligados a las diferentes culturas y en su marcha
éstas seleccionan conforme a qué es su criterio de lo útil, de lo bueno y de lo bello,
bajo qué principios se regirán o a cuáles se le prestará más atención. En esta
selección la Realidad y la práctica nos demuestran que hay Valores que van, que
aparecen, pero que también retornan o se conservan, todo conforme a cuánto crean
las Sociedades que son necesarios y útiles.
        Lo que sí nos parece indiscutible es que sin Sistemas o Escalas de Valores
(sean “buenos” o malos”, sean “positivos” o “negativos”, sean “antiguos” o
“modernos”; todo depende del cristal con que se los examine o cómo cada cultura los
seleccione), ninguna Sociedad puede sustentarse.

        La Sociología ha puesto en evidencia que los Valores varían enormemente de
una cultura a otra y cambian con el devenir. Pero cuando         los Valores de una
sociedad se ven socavados sin ser reemplazados por otros, cuando no hay
estándares dados que guíen el comportamiento, se cae en la desorientación y en la
ansiedad, y en la disgregación que lleva a la Anomia (88), lo que resulta catastrófico
para el destino de cualquier Nación.




88
     GIDDENS Anthony, “Sociología” cit., ps. 71 y 161.
                                      Capítulo VI

                                   CONCLUSIONES



     Este trabajo es un ejercicio académico que esboza unos Apuntes provisionales
para un abordaje sobre el tema de la actualidad o crisis de los Valores en la
República Oriental del Uruguay. Sólo pretende “disparar” ideas y crear un Espacio
Abierto que se rellenará con aportes, críticas y revisiones.

     Partiendo de un título que sienta una premisa (“la pérdida de los Valores en el
Uruguay actual”), terminamos en este final proponiendo una idea diferente: no hay
elementos serios que permitan identificar que nos encontramos ante una situación de
compromiso generalizado, estructural o irreversible de los Valores tradicionales de la
sociedad uruguaya.

     Creemos que en el Uruguay los Valores fundamentales en sí mismos no se
encuentran en juego. Como ayer, como hoy, lo que sí se halla en entredicho es si
éstos están o no orientando las acciones y las conductas de los habitantes de
nuestro país, qué atención les prestamos en rigor de verdad, y cuáles son las nuevas
interpretaciones y lectura que hoy realizan los uruguayos de aquéllos.

     Hemos observado en los diferentes Secciones y Capítulos de esta presentación
que sentimientos como el orgullo de ser oriental (contrario a la idea que se tiene de
que somos “poco nacionalistas”) y el compromiso democrático republicano (más allá
de la forma pasiva o activa en que se verifique) son elevados en los ciudadanos de
nuestro país. En otros casos, como los Valores de respeto a las Autoridades y los
Valores religiosos, vimos en el Capítulo IV que hasta se ha percibido un
reforzamiento de los mismos. Aunque la mayoría de los uruguayos no se ciernen a
una religión institucional, hay en ellos sentimientos verdaderamente religiosos en su
más alto sentido (la noción de hacer el Bien, de Dios, de intentar con él un diálogo a
través del rezo o la meditación). En otros aspectos nuestro juicio sobre nosotros
mismos es más desfavorable que el que los demás tienen sobre nosotros, caso de la
Transparencia institucional y de la Seguridad ciudadana.

     Constatamos que en ciertos temas puntuales el Uruguay está acusando nuevos
criterios y tolerancias, pero para la inmensa mayoría ello no implica una crisis de los
Valores. Por ejemplo, que en vez de Aborto se hable de “Salud Reproductiva” y que
en vez de “Eutanasia” se aluda a la “Muerte Digna” no implica desconsideraciones
sobre el respeto al derecho a la Vida (más allá de que para algunas orientaciones la
discusión sobre estos temas particulares compromete rupturas en la consideración
de la Vida como valor supremo), sino que están poniendo en tela de juicio si estos
temas deben en realidad mirarse bajo la perspectiva del derecho a la Vida o si más
bien debe ponderarse el examen bajo otros Valores también importantes (como la
Libertad de decidir, la Salud, la Dignidad). En el tema de la Familia, que se venga
aceptando cada vez más a las familias monoparentales, ensambladas o no unidas
legítimas no cuestiona a la Familia como Valor en sí; solamente se están aceptando
otras posibilidades o modelos de Familia.

     En otros casos advertimos con preocupación que los Valores no siempre están
actuando como frenos o contenedores de algunos impulsos antisociales, lo que se
revela en el crecimiento de la Delincuencia y el aumento de casos de conflictos de
los Niños y Adolescentes con la Ley. Mas observamos que siempre se trata de una
minoría ínfima y controlable, que no puede tomarse como representativa ni como
ejemplo de una supuesta existencia de un cambio en las conductas globales o en los
Valores de la sociedad oriental.

     En el caso de la Educación y la Cultura estamos presenciando en el Uruguay
un fenómeno que debería llamar a la alerta, que se traduce en bajos rendimientos,
altos niveles de deserción y de falta de aprovechamiento de las oportunidades y
ofertas educativas y culturales, sobre todo a nivel de los quintiles más “sumergidos”
de nuestra estratificación social. Parece que en buena parte de nuestra población la
Educación y la Cultura actualmente no se toman como Valores que adornan la
personalidad y como motores de Progreso y Autorrealización, sino como mero bagaje
de informaciones y conocimientos cuyo propósito no todos entienden qué fin práctico
tienen. La Violencia que percibimos como cada vez más generalizada y tolerada es
un Disvalor que debemos proponernos controlar y erradicar en una Agenda que
pondere los Valores positivos.

   Tenemos entonces, un panorama variopinto que no se presenta parejo para
todos los Valores en el Uruguay actual. No obstante, preconizamos que debemos
cuidar aquellos que todavía consideramos “positivos” y favorecedores de la cohesión
y de la evolución social combatiendo los vicios, porque su socavamiento sin
alternativas lesiona abiertamente nuestros Fines, Objetivos y Políticas Nacionales,
destruye nuestra identidad y nos sume en la anomia y en la desarticulación social.
Por eso creemos que en el Uruguay los Valores fundamentales, nuestros Valores
fundamentales, como las Estrellas, son inalcanzables pero de alguna forma
continúan todavía sirviendo para orientar nuestro Camino.
                                          BIBLIOGRAFÍA



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