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					 RESPUESTA
    LA VERDAD SOBRE GIRON


       Por el Comandante
     JOSE PEREZ SAN ROMAN
    Jefe Militar de la Brigada de Asalto 2506
     y Jefe de la Operación del desembarco
             del 17 de abril de 1961




¿Una explicación? ¡No! ¿Una justificación? ¡No!
     ¡UNA REVELACION EXTRAORDINARIA!




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                                  DEDICATORIA

       Este libro está dedicado a mi queridísima Berta Barreto de los Heros, a
quien tanto debemos todos los soldados de la Brigada 2506, por su esfuerzo físico
e intelectual, y su devoción espiritual en el empeño de nuestra liberación de las
cárceles de Cuba.

      A quien tanto debemos todos los cubanos por su dignidad y valentía.

     Con este pequeño gran libro te doy las gracias por acogerme en tu corazón
generoso y te doy las gracias por permitirme Ser.

      TU AMIGO

      José Pérez San Román

      Febrero 2, 1980




                                                                        2|Page
              Solicitada la inscripción y registro en la Biblioteca del Congreso
                       Washington, D.C. Estados Unidos de América




                                       IMPRESO EN U.S.A




       Imprenta
       Carlos Miami Press, 223 S.W. 17 Avenue, Miami, Florida…. 1979




NOTA EXPLICATORIA: Este folleto fue publicado originalmente por la Asociación de Veteranos
de Bahía de Cochinos (Brigada de Asalto 2506) en noviembre de 1979, durante la
administración de la Asociación de su Presidente, Alberto Martínez Echenique, siendo el
Secretario de Prensa y Propaganda el Sr. Pedro Rojas.

Por no existir ejemplares adicionales de este gran revelador folleto y a solicitud del Museo
Biblioteca de Bahía de Cochinos, he copiado fielmente el libro/folleto escrito por el
Comandante José Pérez San Román, para que el mismo se le haga llegar a aquellas personas
interesadas en conocer esta parte de nuestra heroica historia.

                                                               Pablo Pérez-Cisneros Barreto




                                                                                   3|Page
                      Índice

PRESENTACION………………………………………. 5

CARTA A MR. JOHN MC MULLAN……………. 7

RESPUESTA……………………………………………..10

APENDICE………………………………………………. 31




                                     4|Page
       Presentación

        Cumple la Asociación de Combatientes de Bahía de Cochinos, Brigada de Asalto 2506, al
publicar el presente trabajo, con su deber fundamental: El dar a conocer la verdad histórica
sobre el resultado de la acción desplegada por la Brigada 2506 al desembarcar y establecer una
cabeza de playa en Girón el 17 de abril de 1961. Responde así, de manera concluyente, al
conjunto de intereses creados que, desde abril mismo de 1961, han trabajado para ocultar los
hechos, distorsionándolos o encubriéndolos, sustrayendo así del conocimiento general, la gran
verdad de que: después de auspiciarla, fomentarla, organizarla y apoyarla, los Estados Unidos
de Norteamérica, por razones políticas de estado, abandonaron el proyecto desde antes del 17
de abril de 1961, abandonando a la Brigada 2506, que fue utilizada y desembarcada en esa
fecha, frente a la alternativa de tener que desintegrarla retornando a sus miembros a los
Estados Unidos, con todas sus implicaciones. Y que este abandono se consumó a espaldas y sin
dar conocimiento del mismo a los factores cubanos que participaban en el proyecto, tanto
político como militar.

        Al pasar el tiempo y perder su condición de confidenciales, o por razones políticas que
se juzgan convenientemente, los mismo interesados en “la cosa cubana”, resucitan los hechos y
vuelven a sacarlos a relucir en forma distorsionada que mejor estiman sus propósitos . Así
recientemente, en abril 15 de 1979, fue publicado por el periódico “The Miami Herald” un
reportaje calzado con la firma de Helga Silva y William R. Long. Esto motivo la respuesta que es
el trabajo que ahora publicamos y al cual le fue negada la publicación por el propio periódico
citado.

        Su autor lo es el oficial Comandante de Brigada, José Pérez San Román, Jefe Militar de la
Brigada de Asalto 2506 y Jefe de la operación de desembarco del 17 de abril de 1961.; No es
pues su testimonio el de un testigo. Es el testimonio de un actor. Y de un actor principal. Por
eso, y por la forma en que lo produce, con referencias comprobatorias de indudable valor, este
testimonio resulta una prueba irrefutable y constituye una revelación extraordinaria, que dejan
claramente establecidas la verdad histórica y la realidad del abandono de que fue víctima el
pueblo de Cuba y los patriotas de la Brigada 2506.

         Y todo esto expuesto en un lenguaje claro, terminante, preciso. El lenguaje de un Oficial
Militar Profesional de acabada formación. Un lenguaje, no obstante, no exento de expresión
literaria, que si en ocasiones acude a la referencia narrativa o anecdótica, lo hace solo para
ilustrar una afirmación o corroborar un argumento.

        Concebido este trabajo como una respuesta a un artículo periodístico, tiene la forma de
una comunicación. Al publicarlo ahora, hemos querido conservar esa forma para que
conservara también su empaque original. Por el mismo motivo, es que se le hace preceder por
la carta que originalmente fue remitido al periódico “The Miami Herald”.

       Pero además de la expuesta, hay otra razón importante que justifica la presente
publicación y que no es otra que la enseñanza que la revelación conlleva.
                                                                                       5|Page
        La Brigada 2506, que no ha dejado de pensar en Cuba y que no abandona el
pensamiento y la aspiración que motivaron a los hombres que se incorporaron a ella para
integrarla y darle vida, que no son otros que el pensamiento y la aspiración de que imperan en
Cuba la razón ordenada al bien común; el respeto a la dignidad plena del hombre con el
reconocimiento del ser como fuente de obligaciones y derechos; y, la convivencia ordenada,
pacífica y creadora, de todos los cubanos, destaca ahora con esta publicación, la enseñanza
derivada de la revelación de este trabajo.

        Esta enseñanza es: Que en la lucha por los derechos políticos del Pueblo de Cuba, la
dirección y decisión de todas las acciones, políticas, militares y de cualquiera otra clase que
sean: debe estar, de modo irrenunciable, en manos cubanas; en las manos del Pueblo de Cuba,
en las manos de los hombres que asumiendo los permanentes intereses de la nación cubana, se
dan a la honrosa tarea de luchar para reintegrarle a ese noble pueblo cubano sus derechos
inalienables.


       Miami, Septiembre de 1979



                                      BRIGADA DE ASALTO 2506

       Alberto Martínez Echenique
             Presidente

                                                                      Pedro Rojas
                                                            Secretario de Prensa y Propaganda




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 Mr. John Mc Mullan
 Executive Managing Editor of The Miami Herald
 One Herald Plaza
 Miami, Florida, 33101

          Estimado Sr. Mc Mullan:

         Mi nombre es José Pérez San Román, Comandante de Brigada, Brigada de Asalto 2506,
 Jefe Militar de la invasión de Bahía de Cochinos.

           He leído el artículo del Herald de fecha Abril 15 de 1979, sobre una investigación
 (clasificada SECRETA) conducida hace 18 años sobre esta invasión, cuando los hechos acaban de
 ocurrir y estaban frescos en la mente de todos. El resultado de esta investigación es reportado
 ahora (DESCLASIFICADO) cuando los hechos están total o parcialmente olvidados por la gran
 mayoría, y son completamente desconocidos por las generaciones jóvenes, a no ser por
 referencias escolares. Una persona que hoy cuenta con 30 años de edad, tenía entonces, solo
 12. Un joven de 21 años hoy, tenía 3 años cuando la invasión.

        Estoy en desacuerdo con mucho de lo reportado en el artículo en cuestión, y considero
 mi deber responder.

         Siendo soldado, no político, mi nombre se ha mantenido fuera de la prensa en los
 últimos años. La publicidad y el sensacionalismo necesarios a toda carrera política nunca me
 interesaron y como tal, nunca usé mi nombre para escalar posiciones políticas en el exilio; lo
 cual me hubiese sido muy fácil obtener. Debido a esto, quizás mi identidad requiera buscar el
 pasado para comprobar que quien le escribe estas líneas tiene suficiente experiencia y
 antecedentes en el tema. Espero que el resumen conciso que sigue a este párrafo, me califique
 como poseedor de esa experiencia.


1949 Marzo       Alistado soldado. Ejército de Cuba.

1949 Junio       Aprobado por la Universidad de La Habana como estudiante de
                 Arquitectura. Asistí dos meses y lo abandoné por razones de finanzas.

1950 Mayo        Aprobado como Cadete de la Academia Militar del Ejército de Cuba.

1953             Graduado de Honor, Escuela de Cadetes. Ascendido a 2do. Teniente
                 de Infantería.

1953 Sept/Nov. Invitado como Oficial Aliado al Centro de Ingeniería de Combate del
               Ejercito de los EE.UU. en Fort Belvior, Va. Graduado del Curso de
               Ingeniería de Combate para Oficiales de Compañía.

1954/58           Instructor del Curso de Ingeniería de Combate. Cuerpo de Ingenieros,
                  Ejercito de Cuba.

1953/55           Jefe de Pelotón, Compañía de Infantería.

                                                                                     7|Page
1955             Curso de Artillería, Ejercito de Cuba.

1956             Ascendido a 1er. Teniente de Infantería. 2do. en mando de Compañía.

1956             Curso de Estado Mayor General, Ejército de Cuba.

1956             Invitado como Oficial Aliado al Centro de Infantería del Ejercito de
                 los EE.UU., Fort Benning, Georgia. Graduado del Curso de Infantería para
                 Oficiales de Compañía.

1957             Comienzo de la Guerra Civil en las montañas de Oriente. Ier. Teniente,
                 Jefe de Compañía en la zona de operaciones.

1958             Nombrado Profesor de la Escuela de Cadetes, Ejercito de Cuba.

1958            Ascendido a Capitán y asignado cargo equivalente a Tte. Coronel, como
                G-3 de la División De Infantería.

1958 Dic.       Intento (no pro-Castro) contra Batista. Prisionero político.

1959 Ene/Mar Oficial sin mando al comienzo del gobierno de Fidel Castro.

1958 Mar/Oct Prisionero político por esconder y sacar del país clandestinamente a
             miembros del ejército regular de Cuba.

1959 Nov.       Exiliado, Miami, EE.UU.

1960 Mayo       Reclutado por el C.I.A. para la lucha contra Castro.

1960 Junio      Useppa Island. Exámenes y Pruebas. Elegido CADRE.

1960 Julio      Fort Gulick, Canal de Panamá. Entrenamiento y Selección.

1960 Agosto     Guatemala, Base Trax, Jefe de Entrenamiento y Operaciones mientras
                los planes eran de guerra de guerrillas.

1960 Nov.       Nombrado Jefe de Brigada al cambiarse el concepto de guerrillas a
                guerra frontal convencional.

1961 Abril 12/19 Jefe Militar Invasión de Bahía de Cochinos.

1961 Abril 26    Capturado. Prisionero de guerra (político) Aprox. 20 meses.
                 Cinco largas conversaciones con F. Castro.

1962 Dic. 24     Liberados a través de negociaciones entre Castro y el Comité Cubano
                 de Familiares de los Prisioneros de Guerra de Bahía de Cochinos.



                                                                                     8|Page
 1962 Dic/Mar 63 Entrevistas con Oficiales del Gobierno de los EE.UU./Washington,
                 sobre el futuro de la Brigada.

 1963 Mar/Jun      Huésped en su casa de Mc Lean, Va., del Sr. Robert F. Kennedy, Fiscal
                   General de los EE.UU. y hermano del Presidente John F. Kennedy.

 1963 Junio       Entrada en el Ejército de los EE.UU. como 2do. Teniente de Infantería.

 1963 Jun/Oct.    Escuela de Infantería, Fort Benning, Ga. Curso de Infantería Avanzado.

 1963 Nov/Dec. Escuela de paracaidistas. Curso de salto en paracaídas.

 1964 Ene/Feb. Escuela de paracaidistas. Curso de PATHFINDERS (Buscador de caminos).

 1964 Marzo       Curso de Instructor de Idiomas. Instituto de Idiomas de las Fuerzas
                  Armadas de los EE.UU. , Presidio, Monterrey, California.

 1964 Mar/Dic.     Instructor de Español de la Escuela citada arriba.

 1964 Junio        Ascendido a 1er. Teniente de Infantería.

 1964 Dic/Jul 65 101 División de Paracaidistas del Ejercito de los EE.UU., Fort Compbell,
                 Kentucky. 2do., en mando de Compañía de paracaidistas.

 1965 Feb.        Escuela de Paracaidistas. Curso de entrenador de paracaidistas.

 1965 Junio       Ordenado a Vietnam. Renuncia.

 1965 Julio       Licenciado Honorable del Ejército de los EE.UU.

        Le adjunto mi respuesta al artículo referido, con la esperanza de que reciba la misma
 oportunidad de alcanzar al público que recibió el vuestro de Abril 15, 1979.

         Respetuosamente

          José Pérez San Román
 Comandante de Brigada de Asalto 2506,
Jefe Militar Invasión de Bahía de Cochinos




                                                                                        9|Page
       RESPUESTA DEL COMANDANTE DE BRIGADA JOSE PEREZ SAN ROMAN AL ARTÍCULO DEL
DIARIO “THE MIAMI HERALD” POR LOS ESCRITORES HELGA SILVA Y WILLIAM R. LONG. DE FECHA
ABRIL 15 DE 1979.

       Es penoso contemplar como dos periodistas mal informados, armados de lápiz y papel,
más la ventaja de 19 años de memorias medio olvidadas en las mentes de sus lectores, se
embarcan en viaje impreso en contra de la Historia.

       Ellos citan frases, fraccionan, crean imágenes y selectivamente presentan partes de un
documento de 358 páginas de las investigaciones gubernamentales completadas en menos de
un mes después de la invasión de Bahía de Cochinos, en un intento que luce dirigido a salvar la
cara de los grandes a costa de los pequeños. (documento recientemente desclasificado)

       Es penoso también ver tan respetados nombres como los del General Maxwell Taylor y
el Almirante Arleigh Burke, ligados a la creación de tan extraordinaria cantidad de
desinformación. Y creo sufrir con Allen Dulles y Richard Bissell por los tristes momentos a que
fueron sometidos durante el esfuerzo del Comité Investigador, dirigido por Robert F. Kennedy
en su afán de esconder hechos y confundir historias.

       Si hubiesen dejado solos a Allan W. Dulles, Richard Bissell, Sr. y Arleigh Burke en la
conducción de las Operaciones de Bahía de Cochinos, el prestigio de esta gran nación, Estados
Unidos de Norteamérica, no hubiese sido dañado, de la manera que sucedió debido a las
acciones de otro más alto en la cadena de mando.

       No es sorprendente notar como uno de los primeros y más importantes testigos de este
Comité Investigador lo fuera el Sr. Dean Rusk, Secretario de Estado. Las acciones de este
Departamento trajeron como resultado que nuestra supuesta e indispensable superioridad
aérea, se convirtiese en apoyo aéreo suicida por parte de los pilotos de la Brigada, que
murieron en las acciones imposibles que llevaron a cabo estos héroes.

       Como consecuencia de esto, nuestros barcos de apoyo de fuego, el Blagar y el
Barracuda, y el resto de la flota de suministros que era el corazón de nuestra unidad, tuvieron
que retirarse. Nunca más volví a verlos.

         Es despilfarro egoísta, gastar tanto dinero del pueblo como esta investigación debe
haber costado, solo para obscurecer los hechos bajo toneladas de papeleo, cuando la única
razón para el fracaso de la “Operación Zapata” (nuevo nombre después de 18 años), fue que los
“Boy Scouts” de la 2506 fueron traicionados por el gobierno de los EE.UU. por razones políticas.
Si la traición fue la obra del Ejecutivo mismo o de un escalón inferior como el Departamento de
Estado, no hay diferencia alguna: Aún la responsabilidad suprema cae sobre los hombros del
Comandante en Jefe Supremo, el Presidente de los EE.UU.: De la misma forma que la
responsabilidad sobre lo que la Brigada hizo o dejó de hacer en la zona de operaciones, era mi
responsabilidad y en mis hombros descansó y descansa como Comandante en Jefe de esa
Brigada (Gloriosa Brigada).

                                                                                    10 | P a g e
        El Presidente de los EE.UU. fue suficiente hombre para reconocerlo y así lo explicó al
mundo entero inmediatamente después del fracasado intento en Girón. Él lo reconoció más
tarde y personalmente a mí, al Dr. M. Artime, Representante Civil del Consejo Revolucionario
Cubano en Combate, al Tte. Coronel E. Oliva, 2do. en mando de la Brigada, al Tte. Enrique
(Harry) Ruíz Williams, 2do. en mando de mi hermano, el Capitán Roberto Pérez San Román, Jefe
del Batallón de Armas Pesadas y Álvaro Sánchez, Jr., Presidente del Comité de Familiares
Cubanos para el Rescate de los Prisioneros de Guerra de Bahía de Cochinos, Inc. y el Secretario
de la Presidencia, Pierre Salinger. Esto sucedió casi dos años después, (27 de diciembre de 1962)
en presencia de la Primera Dama de este país, Jacqueline Kennedy, en el hogar de ellos en la
ciudad de Palm Beach. En aquella histórica reunión, John F. Kennedy, Presidente de la nación
más poderosa del mundo, nos explicó que después del primer ataque aéreo de abril 15 (día D
menos 2), el gobierno ruso amenazó que atacaría a Berlín Occidental si los EE.UU. continuaban
apoyando la fuerza cubana invasora dirigida por mí. Detalle por detalle el Presidente nos
explicó cómo, a través de una noche en que no pudo dormir, argumentó consigo mismo si
debía continuar apoyando a la Brigada, para proteger la vida de sus soldados, asegurar su
triunfo y encarar con ello el riesgo de ser responsable por la matanza de millones de alemanes y
americanos en Berlín y la posibilidad de una III Guerra Mundial, o si su decisión debía ser
abandonar a la Brigada en evitación de esto último. “Cualquiera de las dos decisiones era
mala”, nos dijo el Presidente, “pero era menos malo sacrificar a los 1,400 hombres de la
Brigada que a Berlín Occidental y la III Guerra Mundial”.

       Yo respeté al máximo mandatario de este país por su honestidad al revelarnos estos
secretos y como ser humano comprendí los momentos que debe haber pasado durante
aquellas negras horas de duda. Pero en aquella oportunidad critiqué y todavía critico que un
hombre de tan alta posición y responsabilidad, así como aquellos que le rodeaban no
sobrepasen y se adelanten a las reacciones naturales del enemigo, antes de lanzarse a la acción.

       Pero aún más, con su experiencia política y su coraje indudable, el debió haber sabido,
adivinado, o jugándose la carta de que en fecha tan temprana como abril de 1961, la amenaza
rusa de atacar a Berlín para proteger a su “Hermano-en-Peligro-Fidel Castro”, al otro lado del
Universo, era solo un alarde sin substancia, de la misma forma que hicieron recientemente, 18
años más tarde y más poderosos cuando durante el conflicto China-Vietnam amenazaron a
China, para al final no hacer nada, aun cuando este segundo conflicto era en el patio de su casa.

      Y así el gobierno de los Estados Unidos de América permitió que Rusia lo chantajease en
1961 olvidando las palabras de un sabio líder: “Yo no creo que debí haberme atrevido a
empezar”; pero ahora que empecé, si estoy seguro de que no puedo atreverme a parar” (Sir
Winston Churchill).

        A esto se refieren los reporteros Silva y Long en su artículo como conveniente programa
de entretenimiento y calistenia cuando citan las siguientes palabras del Comité Investigador:
“Somos de opinión que la preparación y ejecución de operaciones para-militares, tales como
Zapata son una forma de Guerra Fría en la que el país debe estar preparado”; y también citan
las palabras del Presidente: “Estúdienla para reforzar nuestro trabajo en el tema”. El único

                                                                                     11 | P a g e
refuerzo necesitado entonces era en los peldaños topes de la escalera, pero resulta insultante
oír a figuras tan prestigiosas, referirse a la vida y futuro de un pequeño país pro-Americano, en
términos que indican tal indiferencia y desprecio,. Y … tengo que confesarlo, yo fui,
inconscientemente, una herramienta de esta maquinaria.

       Y hoy me pregunto y le pregunto a aquellos que puedan leer mis palabras: ¿No hubiese
sido mejor dejar enterrado el pasado con sus vergüenzas y glorias, en lugar de salir ahora, 18
años después, con versiones distorsionadas de culpas y responsabilidad?

       No eran mis intenciones de hablar de esto ahora. Como tampoco querían seguramente
millones y millones de americanos y cubanos honestos, excepto aquellos que, al hacerlo,
persiguen una ventaja política. Pero, si hay que revivir el pasado, hagámoslo con la verdadera
verdad. Si se mintió a cubanos y americanos antes, durante y después de la Invasión a Playa
Girón. Si se nos mintió en el “Orange Bowl”, si se mintió a los veteranos de la Invasión cuando
fueron reclutados dentro del Ejercito de los EE.UU. en 1963. Si a pesar de todas estas mentiras
y otras muchas mantuvimos nuestras bocas cerradas en respeto a nuestros hermanos
americanos y en esperanzada espera por la liberación de nuestra patria: ¿Por qué tener que
aceptar esto ahora, 18 años más tarde, y seguir callados permitiendo que información
prejudicial, seleccionada con esmero, haga su misión anti-informativa de confundir a la opinión
pública?

       Y así, hoy, en contra de mis deseos y ética profesional, me veo obligado a discutir a un
Presidente ya fallecido de este país que tan profundamente yo amo y respeto. Un país que
acogió en su seno a mi familia, mis amigos, a mí, permitiéndonos crear nuestro hogar. Pero
tengo que hacerlo porque el tiempo tiene tendencia a diluir conciencia de hechos pasados. Y
tanto cubanos como americanos recuerdan cada día menos, lo que la Invasión del 17 de abril
de 1961 tenía como objetivo y donde se desarrolló la culpabilidad por su fracaso. Alguien está
tratando de tomar ventaja de esta erosión natural de memorias producidas por el paso de los
a os.

       “Cuando al mando, pondera. Cuando en problemas, delega. Cuando en duda,
gorgotea” (Directiva de Boren para la Burocracia)… o así parece cuando información
preseleccionada cita “LA CULPA fue repartida entre los PLANEADORES del CIA, LOS CUBANOS
EXILADOS que la llevaron a efecto; líderes del Pentágono que le dieron su bendición, Oficiales
del Departamento de Estado que supervisaron los planes y el Presidente que ASUMIO
responsabilidad final”. Estas palabras del Comité Investigador traen a colación muchas
preguntas:

       ¿Qué éxito podía tener el CIA con planes que iban siendo revocados, modificados,
cancelados inesperadamente más y más negativamente a medida que las situaciones de
combate se deterioraban?




                                                                                     12 | P a g e
       ¿De qué se puede acusar al Consejo Revolucionario Cubano, a no ser de creer
fervientemente y permitir ser conducidos por aquellos que ellos consideraban sabían más y
podían confiar?

        ¿Sabía el Consejo Revolucionario Cubano cual era el plan o, el cuándo, cómo y dónde?,
¿No permanecían ellos en “secuestro voluntario” desde antes y durante la invasión? ¿Se les
pidió su opinión sobre los mismos? Estos orgullosos líderes de prestigio nacional: Dr. Miró
Cardona, Tony Varona, Antonio Maceo, etc., mordieron su orgullo porque ellos tenían fe. La
patria demandaba que tragaran su orgullo a cambio de la libertad de Cuba y ellos cumplieron
haciendo este doloroso sacrificio.

        ¿De qué se puede acusar a otro líder cubano, el Coronel Martin Helena, jefe “nominal”
de las Fuerzas Armadas Invasoras? Aquí están sus palabras citadas por Howard Hunt, Oficial del
CIA a cargo de Acción Política en el plan de Invasión: “No veo como puedo aparentar que
mando, cuando en realidad no tengo mando alguno”, y más tarde: “Cuando se me va a permitir
ver los planes de invasión?” y después de la respuesta a esta pregunta: “Entonces debo
renunciar”, pero a pesar de esto como patriota cubano, “todavía quiero hacer lo que pueda,
dígale a Rod* que cuente conmigo”.
(*Rod…”Coronel Rodrick” Oficial Superior del CIA en Miami, a cargo de Operaciones Paramilitares)

       Y demostrando más aún el acceso de los cubanos “que llevaron a cabo la misión” a
planes e información, he aquí otro hecho: ¿Es o no cierto que el Capitán Oscar Alfonso Carol,
primer cubano Jefe de la base Trax en Guatemala, fue removido de participar por demandar
que los lideres cubanos tuviesen algo que decir sobre la conducción de las operaciones y el
futuro de la lucha en nuestro país? La respuesta es SI, yo lo sé, yo estaba allí.

        ¿Acaso la unidad bajo mi mando, Brigada de Asalto 2506, no cumplimentó su misión de
tomar y sostener una cabeza de playa de unas 600 millas cuadradas, y la mantuvo a través de
tres días de combate continuo, con solamente suministros para un día de municiones y
alimentos, con todas las posibilidades en contra nuestra? ¿Saben los reporteros Silva y Long (ya
que Robert F. Kennedy y el General Maxwell Taylor si lo sabían) que la misión de los cubanos era
asegurar esta cabeza de playa; lo cual mi unidad realizó?, saben estos periodistas que la razón
para esta cabeza de playa era establecer una porción de territorio cubano libre, al cual debía
haber sido llevado inmediatamente el ampliamente representativo Gobierno Cubano en el
Exilio, para convertirse una vez allí, en Gobierno Cubano en Armas; al cual reconocimiento
internacional seria concedido? ¿Saben ellos que este reconocimiento internacional con sus
consecuentes apoyos político-económico-militar había sido previamente preparado, listo para
cumplimentarse, por el gobierno de los EE.UU. con varios países de Latino-América?

       ¿No estaba el Dr. Manuel Artime justamente donde era su deber, en la zona de
combate, erguido, valiente e inspirando a las tropas? ¿No se mantuvo el Dr. Artime
continuamente sobre sus pies en tareas auto-asignadas, ayudándome en la Jefatura de la
Brigada, o corriendo a ayudar a nuestro ilustre e inteligente G-5 de la Brigada, Comandante
Pepito Andreu, en la protección de la población civil, copada dentro de la zona de combate? ¿o

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ayudando a nuestro religioso e idealista G-2 de la Brigada, Yayo de Varona, en su tarea de
interrogar y procesar 300 milicianos prisioneros de combate, retenidos por nuestra Policía
militar y tratados de acuerdo a la Convención de Ginebra, en cuanto al tratamiento a los
prisioneros de guerra se refiere?, y aún el Dr. Artime encontraba tiempo para constantemente
visitar nuestra estación de primeros auxilios, para confortar a los heridos con unas palabras o
ayudar a los médicos con un torniquete. Un hombre cuya única misión de momento era
esperar tranquilo y fuera de peligro, hasta que llegara el Gobierno de Cuba en Armas.

       ¿Acaso no es cierto que el Batallón 2 de la Brigada se convirtió en leyenda de coraje en
Playa Larga? El Capitán Hugo Sueiro, Jefe del Batallón, que llegó a tener un máximo de 370
hombres, al agregársele refuerzos del Batallón 4 del Capitán Bacallao, destruyó ataque tras
contra ataque del enemigo. Estas fuerzas apoyadas por un tanque primero y tres más tarde,
más morteros de 69 y 81 mm., aniquilaron el Batallón 339 de Castro en la “Batalla del Batallón
Perdido”. En ayuda de Sueiro y sus valientes hombres, también combatieron dos B-26 de la
Brigada, los cuales después de ocasionar innumerables bajas, fueron derribados en combate.

        Esa misma noche Sueiro y sus hombres forzaron la retirada de 3,100 soldados de las
Fuerza Castrista, al repeler este ataque enemigo que incluía apoyo de Howitzers de 122 mm. Y
20 tanques Stalin y Sherman. Un puñado de hombres escribía historia derrotando fuerzas siete
(7) veces superiores en número, en batalla nocturna, saturada de brillante don de mando.

        ¿Dónde estaba el 2do. al mando de la Brigada, Tte. Coronel E. Oliva, sino influyendo con
su recia personalidad y jerarquía en los combates de Playa Larga y más tarde, en Playa Girón?

         ¿Dónde estaba el Mayor Ramón J. Ferrer, Jefe del Estado Mayor de la Brigada, sino a mi
lado, bajo constantes ataques aéreos y de artillería? ¿O de qué se puede culpar al Mayor Ferrer
Mena mientras hacía viajes continuos en la carretera a San Blas, bajo fuego enemigo de la
artillería, aviones y franco tiradores? Viajes que hacía como sustituto a radio comunicaciones
pobres, con el objeto de impartir mis órdenes, estudiar la situación de este corajudo frente
norte y traerme información.

       ¿Qué hizo mi entusiasta G-4 de Brigada, Capitán Roberto Pertierra, para que un día de
suministro de granadas y municiones para que tan diversas armas, le alcanzase para tres días de
combate, suministrándolas bajo estricto control a donde más eran necesarias? Milagros, como
milagros hicieron con ellas los encargados de usarlas en las líneas del frente de batalla.

        Las respuestas honestas a todas estas preguntas demuestran que el fracaso no se debió
a culpas del CIA, o de los cubanos que implementaron los planes de aquellos. La única culpa
que los cubanos dirigentes tenemos, es la de haber permitido que Washington decidiera el
destino de la guerra cubana. Esa es la única culpa que yo acepto con vergüenza. Porque eso es
lo que, criticablemente, pero sin darme cuenta de sus repercusiones hice desde el momento
que fui reclutado en mayo de 1960, hasta la hora de mi captura, en abril 26 de 1961.



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        La última cita de las palabras del Comité Investigador sobre el orden de las culpas, debía
leerse como sigue: La culpa está repartida entre el DEPARTAMENTO DE ESTADO, que
obstaculizó y ridiculizó los planes del CIA y del Pentágono, y el PRESIDENTE que TENIA (no que
asumió) la máxima responsabilidad e hizo la última decisión de abandonar, que significó y
significa… “TRAICIONAR”.

         Los periodistas Silva y Long, en su afán de cubrir el océano con una toalla, dicen más
tarde en su artículo: “Noticias del plan estaban siendo filtradas profusamente antes del día “D’’.
Eso fue lo primero que salió mal”. E inmediatamente ellos citan a un oficial del CIA
”desconocido”, que dijo: “los cubanos no pueden permanecer callados, y antes que lo
supiéramos, teníamos entre las manos un Circo-Romano-filtraciones a la prensa en Miami,
Nueva York, etc.” Esto está dirigido a confundir y mal interpretar. Si, es cierto que había
filtraciones, pero estas no fueron obstáculo para que mis tropas sorprendieran a Fidel Castro,
desprevenido, mirando en otra dirección y cumpliéramos nuestra misión… !Si!, los cubanos de
la Brigada no permanecíamos callados en la zona de Zapata, pero la ausencia de silencio no se
debía a la actuación de un circo-romano, sino la bulla o ruido era aquella de un bien
disciplinado ejercito, golpeando al enemigo como un rayo.

        La misión aparentemente olvidada del Comité Investigador, era buscar las razones para
el fracaso, respuesta que ya ellos sabían antes de reunirse por primera vez. El CIA, el Consejo
Revolucionario Cubano, el Ejército y la Fuerza Aérea de los exilados cubanos, cumplieron su
misión, filtraciones o no filtraciones. Pero si aún quieren argumentar este punto, discutámoslo
más profundamente.

        ¿Quién creó la innecesaria burocracia en Miami, la cual contaba con más miembros que
los soldados en los campamentos, para no tener decisión alguna sobre el futuro de la batalla?
El gobierno de los Estados Unidos, y aquí cito: “Oficiales de la Administración insisten que Bahía
de Cochinos debe lucir al mundo exterior, como si fuese preparada por cubanos exiliados”. Si los
Oficiales de la Administración de los EE.UU. hacían todos los planes y tomaban todas las
decisiones, ¿para qué necesitaran tantos cubanos sentados detrás de escritorios en Miami, en
contra de todo principio de contra-inteligencia? Todo lo que estos cubanos probablemente
querían era un fusil y un catre en Guatemala, a cambio de sus “bureaus” en Miami.

        Pero que daño podía hacer el hablar de los cubanos en Miami y Nueva York, si es que
existía en comparación a lo que hablaban los miles de trabajadores del café, que rodeaban
nuestro campamento en las montanas de Guatemala, mientras llevaban a sus casas unos
míseros cuarenta centavos de dólar al día, por su labor. Esta Base fue seleccionada por
Oficiales del Gobierno Americano a solo una cordillera al oeste de la carretera Panamericana.
¿Dónde estaba la base aérea cubana? El lugar, al igual que todo lo demás no elegido por los
cubanos, justamente en el centro del pueblo de Retalhuleu, de unos 4,000 habitantes de
dudosas inclinaciones políticas: ‘’Una base secreta, para una operación secreta”…




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       ¿Van el Comité Investigador y los reporteros Silva y Long a decirme que el Presidente no
sabía donde estas bases se encontraban, constituyendo un grave riesgo de seguridad
informativa?

       Y … ¿van a decirme que aún, cuando el Presidente no sabía, Fidel Castro si supo porque
los cubanos exiliados “hablan mucho”?

        Y, además. ¿Cuándo en la historia fue posible esconder del enemigo la preparación
masiva de un ataque convencional frontal? ¿Es que pudo el General Eisenhower esconder de
Hitler los preparativos para la Invasión de Europa por Normandía, durante la Segunda Guerra
Mundial?

        No Srta. Silva y Sr. Long, todo lo que los cubanos y el CIA podían ocultar, al igual que
hizo Eisenhower con Normandía y Calais, era el ¿dónde? ¿cuándo? y ¿cómo? … Los cubanos
exiliados, al igual que Fidel Castro, no teníamos las respuestas a esas preguntas; hasta el
momento de la Invasión.

        Pero a pesar de todos estos razonamientos, para mí, oficial profesional de la carrera
militar, al igual que eran parte de mi Estado mayor y la mayoría de mis Jefes de Batallones y
Compañías, estas deficiencias de seguridad eran preocupación continua que trataba de disipar
con la técnica: “El Tío Sam sabe lo que hace” y entrenando a mi tropa a cerrar la boca y
custodiar nuestro perímetro. Mi tranquilizadora hipótesis “Tío Sam sabe lo que hace” resultó
incorrecta al final, al derrumbarse los teoremas y corolarios, no debidos a filtraciones de
información al enemigo, sino debido a que el factor fundamental de la hipótesis: la
inquebrantable determinación del Comandante Supremo, desgraciadamente el Presidente no
era inquebrantable, ni tenía la fuerza necesaria. Esta falta de fuerte determinación por parte
de la Casa Blanca fue la única razón que determinó el resultado final, no las filtraciones. Esta
falta de determinación dio como resultado que el gobierno de los EE.UU. no cumpliera su
misión, la cual era parte fundamental del plan; de garantizar superioridad aérea y constante
fluidez de armas, parque y suministros. Una misión esquivada, aun cuando las fotografías
aéreas del avión U-2, tomadas después del primer y único ataque aéreo de reblandecimiento,
mostraron indudablemente que, infortunadamente, Fidel Castro quedaba con suficiente poder
aéreo, que dado a la calidad de sus aviones y la cercanía de sus bases, le aseguraban
superioridad aérea sobre el enemigo.

      Como resultado de las maniobras de cuerda floja que apoyaron al Gobierno y al
Departamento de Estado para no cumplimentar su misión, sucedió lo siguiente:

        Numero UNO: El oficial norteamericano, Capitán del buque insignia Blagar, fue forzado
a retirarse ante el ataque aéreo enemigo, después que dos de los barcos de la pequeña flota
fueran hundidos. Este oficial realizó esta retirada en contra de mis órdenes de mantener su
posición y pelear (Es un principio militar que el Comandante de las fuerzas de apoyo recibe
órdenes del Comandante de las fuerzas apoyadas). “Autoridad superior; me han ordenado lo
contrario”; fue su respuesta a mis órdenes, y los buques llenos de pertrechos de guerra

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tomaron rumbo sur, para nunca regresar. Debido a esta retirada de nuestra flota, la Brigada
perdió el apoyo de fuego de los cañones de 75 mm. sin retroceso y las muy necesitadas
ametralladoras calibre 50, montadas en todos los barcos. Pero aún más, con la flota se iban,
para no regresar, miles de toneladas de suministros, armas, municiones, equipos de
comunicación principal, hospital, drogas, y ayudas médicas indispensables, etc. Pero si esto
fuera poco, en aquellos barcos se iban combustibles para nuestros aviones, bombas aéreas de
todo tipo y municiones para los cañones de nuestros B-26’s, que nos hubiesen dado la
capacidad prevista en el plan original de operar nuestros aviones desde la cabeza de playa en
Girón, en lugar de tener que hacerlo desde Nicaragua, lo cual requeriría más de 6 horas de
vuelo.

       Numero DOS: La superioridad aérea de Castro, debido a la indecisión de la Casa Blanca,
destruyó nuestros aviones en el aire y por medio de apoyo aéreo inmediato, permitió a las
fuerzas de Castro cerrar contra nosotros.

       Estas verdades históricas de irresponsabilidad infinitas, son olvidadas y escondidas bajo
toneladas de papel, con la aparente intención de concentrar la pre-fabricada culpa sobre los
‘más chiquitos’ en la escala de mando. Aquí voy a poner un ejemplo: ‘El primer evento
operacional fue programado para ocurrir al este de Guantánamo, por un grupo de 168
hombres, planeado para la noche del 14/15 de abril. El desembarco no se llevó a cabo debido a
posible debilidad de don de mando del oficial cubano responsable del desembarco’. Los puntos
fuertes o débiles del carácter del Sr. Nino Díaz, yo no intento discutir porque simplemente no
los conozco. Lo único que voy a discutir es lo siguiente: Yo supe de las fuerzas divisionarias de
Nino Díaz como parte del plan, muy tarde; cuando yo y mi Jefe de Estado mayor, Comandante
Ramón Ferrer, nos disponíamos a abordar el buque insignia “Blagar” en Puerto Cabezas,
Nicaragua., en nuestro “Von vóyage” hacia Bahía de Cochinos. Era demasiado tarde para
argumentar, la hora y fecha de mi desembarco estaban ya señaladas; los minutos eran
preciosos, así que….adelante con mi misión al objetivo principal y olvidar preocupaciones…

        Quizás las únicas cosas que yo critico al CIA durante los preparativos de esta operación,
son las siguientes:

        Primero: Aguantar hasta muy tarde información sobre esta fuerza divisionaria y su
Comandante, Nino Díaz. Ya desde julio de 1960, durante nuestro entrenamiento en la Zona del
Canal de Panamá, este oficial no se había cohibido en expresar a todos, que los Capitanes Carol,
Ferrer, Blanco, Roberto Pérez San Román, Sueiro, del Valle, Chiqui García y yo, al igual que el
resto de los militares profesionales que componíamos el grupo, eran tan enemigos suyos, como
el mismo Fidel Castro, debido a que habíamos sido “batistianos”. El expresó lo que había en su
mente a cubanos y americanos, y rehusó jamás recibir órdenes o pelear hombro con hombro
con ninguno de nosotros, antes de ser removido de la Base de Panamá. Si tanto Nino Díaz,
como el gobierno de los EE.UU. hubieran cumplimentado su misión, yo me hubiera encontrado
con un serio problema, al tener un Jefe en la provincia de Oriente, que no aceptaba mi mando.
Pero como en lugar de victoria nos esperaba derrota, el hecho de que el Comandante Nino Díaz
y sus 168 patriotas desembarcaran o no, todavía atrajo gran cantidad de atención de Fidel

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Castro y sus fuerzas, mientras las fuerzas de Nino eran escoltadas por dos destructores de la
Marina de Guerra de los EE.UU., ya que prácticamente estaban desfilando en parada a lo largo
de toda la costa noreste de Cuba y alrededor de la Punta de Maisí, como la carnada de tiburón
que él y sus hombres constituían (o tal se desprende de los planes). Fidel Castro y yo
discutimos largamente nuestras acciones y contra-acciones de combate durante mi tiempo en
prisión. Yo entendí como resultado de estas conversaciones que en la forma masiva en que las
fuerzas de Castro esperaban a Nino Díaz, al tanto de cada uno de sus movimientos, la masacre
de sus tropas hubiera tomado dos horas en el programa de eventos de Fidel Castro, no debido a
que a Nino le faltaran condiciones y valor, o a sus tropas el entrenamiento necesario, sino
porque su desembarco estaba destinado a caer en una trampa bien preparada, en comparación
a nuestro desembarco inesperado en un área protegida por unos 500 milicianos, para los cuales
nuestro ataque fue una sorpresa. Quizás el hecho de no desembarcar sus tropas, nos dio más
tiempo a consolidarnos en Girón, pues quizás ancló las fuerzas de Castro ante la duda de cuál
sería el próximo movimiento de esta finta.

         Segundo: Otra crítica al CIA es lo incorrecta de la información sobre el área objetivo, que
nos fue entregada a mí y a oficiales subalternos de la Brigada, procedente de sus archivos de
inteligencia. Tan incorrecta, que este incluía fotos de los vuelos de los U-2, que mostraban la
pista aérea de Playa Girón, no terminada, aún bajo construcción. Esto nos obligó a llevar
docenas de sierras de gasolina para cortar los árboles a lo largo de la carretera adyacente al
aeropuerto, de manera de poder usar este para que pudieran aterrizar nuestros B-26’s y
C-46’s. Otra consecuencia de esta información errónea fue que tuve que dejar detrás, urgido
por mis asesores y amigos, Coronel Frank J. Eagan del Ejército de los EE.UU. y Seabee (nombre
ficticio), uno de los barcos con más de 200 hombres a bordo (los muchachos de la Operación
Cuarenta), a fin de cargar en este barco las buldóceres, moto-niveladoras, y demás equipo
pesado, necesarios para hacer terminar y convertir en operacional el campo aéreo de Girón,
con mi pequeño pero hábil grupo de Ingenieros de Combate. Cuando finalmente llegamos allí,
encontramos que el aeropuerto estaba completamente terminado, hasta su último detalle, con
una torre de control. La carretera aledaña ya no tenía árboles que pudiese impedir el aterrizaje
de aviones pequeños y medianos. ¡Qué frustración! Las fotografías aéreas en que habíamos
basado el desembarco tenían varios meses de hechas. La playa de desembarco no era más que
afilado coral y rocas. Sin embargo, lo incorrecto de esta mala información no fue causa del
resultado final: La no existente playa, no fue obstáculo suficiente para la inquebrantable
decisión de la Brigada desembarcar, para liberar a nuestro país y la cabeza de playa fue
ocupada a tiempo. El hecho de que la pista aérea estuviese terminada o no, no cambió en
absoluto la situación, porque ¿qué uso había para esta pista en ausencia de la supuesta
superioridad aérea o capacidades de re-abastecimiento de combustible y re-amucionamiento
negados a la Brigada con la retirada de los buques llenos de pertrechos? La superioridad aérea
“en cantidades tales que opacaría el cielo de Cuba, impidiendo el movimiento de tropas de
Castro”, nunca fue cumplimentada… “El cielo será de ustedes”… nunca sucedió.

        Pero veamos otras citas del artículo: ”Yo no creo que el fracaso se debió a la falta de una
puntilla”. Concuerdo con el Asesor Americano (nombre censurado), se debió a la falta de
lealtad. Nos dieron suficientes puntillas, el martillo fue prometido, pero olvidado.

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        Después de la Invasión, el CIA monto una “guerra silente” contra Castro. Ataques
dirigidos por el CIA e infiltraciones supuestamente concebidas y financiadas por grupos de
exilados, continuaron sin triunfos notables hasta 1969, explican Silva y Long, demostrando
aparentemente, poco conocimiento en la materia. Después de la “Crisis de los Cohetes” en
Cuba, con la supuesta remoción de cohetes a cambio del compromiso de John F. Kennedy, de
que nunca jamás apoyaría a los cubanos exilados, en su guerra contra Castro. La “guerra
silente” montada por el CIA cumpliendo órdenes de la Casa Blanca, no era más que un engaño
para mantener al demandante exilio, ocupado y esperanzado. Obviamente no había interés
serio alguno en derrocar a Castro, debido a los compromisos previos de octubre del 62 con
Rusia.

       Más tarde, en el mismo artículo, en lo que parece ser un intento de presentar a la
Brigada como un grupo de individuos desorganizados y con poca preparación, los reporteros
del Herald citan a otro Oficial Entrenador Americano, que dijo: “Físicamente estaban en buenas
condiciones, yo diría, sin embargo, que en una guerra, sería como poner a BOY SCOUTS contra
nuestros Marines”.

        La respuesta a esta subestimación de valores y verdades puede ser obtenida de Fidel
Castro mismo. Lo más probable es que él lo cuente tal como fueron los hechos. Durante las
horas de 12 p.m. de abril 16, a las 5 p.m.de abril 19, Fidel Castro creía que sus tropas estaban
combatiendo contra un cuerpo de ejército muy hábil, bien preparado y equipado de no menos
de 10,000 hombres, debido a lo que le estaba sucediendo a sus unidades de combate. Fidel
Castro, durante las entrevistas que sostuvo conmigo en mi celda, la cuales no fueron menos de
cinco; no podían negar la admiración que sentía por la unidad bajo mi mando, Brigada de Asalto
2506, en general y el Batallón de Paracaidistas de Alejandro del Valle, en particular, por su
coraje y espíritu militar disciplinado.

       Robert K. Davis, Jefe del proyecto por la CIA en Guatemala, ha substanciado mas allá el
concepto de la Brigada como unidad militar y no pandilla, al decir: “De acuerdo con Idígoras
(Presidente de Guatemala), estos cubanos componen la mejor Unidad de Combate en toda
América Latina, sin contar números. Sin embargo, algunos de sus Asesores (Idígoras) están
preocupados porque la Brigada podría tomar todo su país”. Testigos de esta conversación
fueron el Sr. Roberto Pérez Alejo, dueño de la finca Helvetia, en las montañas de Guatemala,
donde la Brigada hacia su entrenamiento. (“Esto no lo cito; no como alarde ni con el ánimo de faltar el
respeto al ej rcito de Guatemala o de Latino América en general, sino para puntualizar opiniones no cubanas; sino
las del Presidente del país que nos dio albergue y del Jefe Norteamericano del CIA en Guatemala, los cuales
estaban en contacto directo con nuestras fuerzas de liberación cubanas y conocían a fondo sus capacidades y
limitaciones).

       El Sr. Alejos era hermano del Embajador de Guatemala ante el Gobierno de los EE.UU.
Otro testigo lo era el Sr. Howard Hunt, Jefe de Acción Política del CIA. Discutían entre ellos el
alzamiento en Guatemala contra el Presidente Idígoras en 1961, y la incógnita era, si se debía o
no pedir ayuda a la Brigada 2506 para “calmar las cosas”. El resultado fue que unidades de la
Brigada fueron enviadas (no desobedeciendo órdenes mías y los Asesores Norteamericanos,
                                                                                                   19 | P a g e
como dicen algunos historiadores), en ayuda de Idígoras; las cuales realizaron una
demonstración de fuerza bélica en un punto fuerte rebelde, que contribuyó a detener el
levantamiento.

       Para aquellos que no crean en la admiración de Fidel Castro o la estimación del poderío
de la Brigada, del Presidente Idígoras, a través de contacto directo y observación personal de
nuestras maniobras de combate en su tierra, en las cuales estuvo presente en infinidad de
ocasiones, he aquí algunos datos históricos imborrables:

1.- La Brigada ejecutó una excelente operación anfibia y de paracaidismo, de noche, bajo fuego
enemigo, sobre una playa de coral que hubiese detenido corazones menos decididos, o
unidades menos disciplinadas, o cuyos jefes fueran menos preparados para desembarcar al
frente de sus tropas. La Brigada, a base de coraje, decisión y conocimiento del arte militar,
quitó físicamente del enemigo una cabeza de playa de 20 millas de profundidad por 30 millas
de ancho. Después de tomar cautivos (aproximadamente) 300 prisioneros de guerra, que
fueron tratados cortésmente y alimentados antes que a nuestras tropas; la Brigada procedió a
detener ataques y forzar la retirada de fuerzas enemigas mejor equipadas, suministradas y
apoyadas durante tres días, con sus noches, de combate continuo. Este ejército enemigo de
60,000 hombres (las tropas de Castro nos superaban en número a razón de 50 a 1 durante D+ 2 y D+ 3)
físicamente presente en las batallas que se sucedieron; fue retenido y repelido y muchas de las
unidades de Castro fueron completamente destruidas por una unidad mucho menor y que no
era una tropa de “Boy Scouts”* (*Estas palabras no están dirigidas a faltar el respeto a los Boy Scouts de
América o del mundo; a los que admiro) y cuya única ventaja era el terreno a su favor. Esta unidad
era, en realidad un corajudo e inspirado pequeño ejército, compuesto en parte por sazonados
soldados y clases profesionales, del Ejército Regular de Cuba, anterior a la época de Castro y en
otra parte, por patriotas nuevos en el arte de las armas pero altamente motivados y deseosos
de aprender rápido, para libertar a su Patria. No dejaban de estar representados también
quienes habían luchado en contra nuestra en 1958, al lado de Castro; pero que en 1959 y 60,
comprendiendo el rumbo en que Fidel Castro llevaba al país, se unieron a nuestro empeño con
dignidad y valentía. Este Ejercito Pequeño, que representaba a toda Cuba y su historia, estaba
dirigido por oficiales cubanos profesionales, con muchos años de experiencia en
entrenamiento, organización y combate. Un ejército que combatió durante tres días, equipado
con municiones y alimentos para solo un día, contra obstáculos increíbles, hostigados por un
enemigo muy superior en hombres y armamento, y abandonados por sus superiorísimos
amigos.

2.- La Fuerza Aérea de la Brigada, más que profesional, escribió página tras página de gloria
sobre un cielo azul con matices de rojo, cuando sus experimentados y bravos pilotos daban sus
vidas en misiones suicidas, al tratar de ayudar a sus hermanos en tierra, en desigual lucha
contra mejores y más veloces aviones enemigos. Chirrino Piedra y todos sus compañeros
pilotos muertos o vivos, ninguno de los cuales dio un paso atrás, van grabados muy hondos en
nuestros corazones, como también van grabados los cuatro pilotos norteamericanos que
cayeron en suelo y aguas cubanas, al intentar ayudar en tan imposible tarea. Fidel Castro
contaba con cuatro aviones entrenadores T-33 de propulsión a chorro y armados con cañones

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de 20 mm. Contaba con el Sea Fury, uno de los más veloces aviones de pro pela del mundo y
con caza-bombarderos B-26; inclusive estos B-26 enemigos estaban mejor equipados que
nuestros aviones del mismo tipo, pues contaban con su ametralladora de cola. Los B-26 de la
Brigada no poseían esta arma defensiva de cola; pues tuvieron que sacrificarla para proveer
más espacio para el combustible necesario en sus viajes de ida y regreso a la distante base en
Nicaragua, para lo cual necesitaban combustible para seis horas de vuelo. Aun después de este
debilitamiento de su poder de fuego, el combustible solo alcanzaba para que estos bravos
pilotos dieran a la Brigada 30 minutos de apoyo de fuego y bombardeo. Sin embargo, tanto los
pilotos que caían, como los que se iban para regresar constantemente, supieron utilizar estos
30 minutos, como solo los profesionales y valientes saben usar su tiempo, grabando hondo el
ejemplo de que estaban allí para vencer o morir. Los aviones de Castro, menores en números,
pero superiores en calidad, velocidad y armamentos, tenían sus bases a solo pocos minutos de
la zona de operaciones y contaban con innumerables pilotos frescos de reemplazo, que podían
mantener estos aviones enemigos 24 horas al día, sobre nuestras unidades de aire, mar y tierra.

3. Nuestra compañía de tanques, compuesta de cinco tanques M-41, reliquias de la 2da.
Guerra Mundial, obsoletos para el Ejército Norteamericano, desmantelaron los superiores
tanque rusos Stalin, en cantidad tal que sorprendería a Rommel, Patton y Montgomery; si estos
maestros de la guerra blindada hubiesen conocido de los hechos realizados del 17 al 19 de abril
de 1961 por estos ases de acero de la Brigada, que hoy alguien quiere llamar ‘Boy Scouts’.
Nombres como Elio Alemán, Torres Mena, Torres Jiménez, Gonzalo Carmenate, Jorge (Huevito)
Álvarez y otros que tristemente escapan a mi memoria, escribieron lo imposible en la historia
del combate blindado.

4. El Batallón de Armas Pesadas del Capitán Roberto Pérez San Román, hermano de quien
escribe, hizo muchísimo más daño a las tropas enemigas con sus morteros 4.2, sus cañones sin
retroceso de 75 mm. y sus ametralladoras de calibre 50, impidiendo las concentraciones y
movimientos de tropas enemigas, que el daño que ésta pudo hacer a las nuestras; la sofisticada
artillería rusa del Comandante (Gallego) Ramón J. Fernández, con toda su superioridad en
número de piezas y personal, mayor alcance, mayor poder de fuego, superior calibre en sus
cañones y mejor apoyo logístico. Esto no debido a inexperiencia del Jefe de Artillería enemiga,
(Gallego) Fernández, cuya habilidad y conocimientos en materia de artillería eran ampliamente
conocidos y respetados por los profesionales en la materia.

5. Roberto Pérez San Román había anteriormente, desembarcado su batallón en plena luz del
día. Yo había ordenado este cambio del plan original que asignaba a esta unidad y la Compañía
de Tanques un desembarco nocturno con el resto de la Brigada. Este cambio en el plan original
lo ordené debido a los traicioneros arrecifes de la playa, versus las armas y equipos orgánicos
de estas dos unidades. Roberto desembarcó su unidad a la hora señalada, bajo el fuego de dos
Sea Furies y unos B-26 enemigos, uno de los cuales fue derribado por el contrafuego de sus
lanchones de desembarco. Todo esto fue realizado bajo completo control y disciplina, símbolos
de un Comandante profesional, con una unidad profesional, símbolo de valor.



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6. Más aún, este Jefe de Batallón, sin desatender sus funciones como Oficial de Artillería de la
Brigada, condujo personalmente innumerables misiones de rescate de infantería, viajando con
un puñado de sus hombres sobre un tanque o un camión, hasta las mismas narices del enemigo
y llevando bajo su brazo una lanza cohetes de 3.5.

       Roberto y su valiente y entusiasta 2do. al mando, Enrique (Harry) Ruiz Williams, fueron
con su decisión inquebrantable, la llama ignición que puso en movimiento, junto al Comité de
Familiares, el proceso que logró la liberación de los Brigadistas prisioneros de guerra, menos
nueve queridos compañeros. Tanto Roberto como Harry llevan aún en sus cuerpos pedazos de
metralla enemiga, de las innumerables heridas recibidas en gallardo combate.

7. La Historia nunca se cansa de escribir verdades. Así aparece en sus records como el
admirable batallón de Paracaidistas del Capitán Alejandro del Valle, el cual cumplió su misión
suicida de tomar y sostener las vías de aproche enemigo, al lado norte de la ciénaga de zapata.
Los paracaidistas de la Brigada saltaron al amanecer, desde aviones C-46, sin escolta, bajo fuego
enemigo de aire a aire y de tierra a aire. Reforzados por tierra por destacamentos de calibre 50
y cañones de 75 mm. Del Batallón de Armas Pesadas, las avanzadas paracaidistas y armas
pesadas sostuvieron sus posiciones también contra ataque de hormigas marabunta, que
obscurecían su frente. Excepto la compañía del Teniente Tomás Cruz, cuya zona de lanzamiento
fue equivocada por un error de la navegación de la tripulación del avión C-46 y su equipo
perdido. Muchos de los hombres del Teniente Cruz cayeron detrás de la líneas enemigas, lo
cual muestra la magnitud de este error de navegación, pues la misión no era un envolvimiento
vertical. A pesar de lo mal que este error de un navegante pueda lucir, errores suceden en
todas las guerras. Esto obligó a las fuerzas de Oliva y Sueiro, en Playa Larga, a trabajar y pelear
más duro para poder mantener sus posiciones, pero tampoco fue la causa del resultado final.

        En Covadonga y Yaguaramas se libraron los más duros combates, donde docenas de
hombres de los Batallones de Paracaidistas y Armas Pesadas sostuvieron sus posiciones contra
miles de hombres. Este valiente frente norte de San Blas-Covadonga-Yaguaramas, fue el último
en retirarse de las posiciones iniciales que se tomaron el día 17.

        El nombre de Del Valle encabeza la lista de los héroes caídos, todos los cuales dieron sus
vidas a cambio de gloria en persecución de un ideal.

8. Mientras tanto el Capitán Bacallao, calmado y concienzudo, apoyaba los tres frentes de
combate con su valiente “Bon Blin” Batallón Blindado. El 6to. Batallón en reserva, bajo el
Capitán Montiel, saltó gustoso con alto espíritu de cuerpo a la tarea de reforzar a Del Valle en
San Blas, el D+2. Esto lo hacían cuando la derrota era inminente y conocida por todos. Lo
mismo sucedió con el 3er. Batallón del Capitán Montero Díaz. (El Liviano), en la innumerables
tareas que su Unidad tuvo que realizar.

9. La toma de la cabeza de Playa Girón, en abril 17 de 1961, un “fait acompli” por “Boy Scouts”,
cuando la primera operación anfibia nocturna en la historia de la guerra, planeada por


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norteamericanos y llevada a cabo por cubanos, fue un ÉXITO. Este ÉXITO fue convertido en
DERROTA por la POLITICA y la TRAICION.

10. Regresando a nuestra entrevista con el Presidente y la Primera Dama en Palm Beach (27 de
diciembre, 1962), claramente recuerdo al Presidente Kennedy alabar a la Brigada, con palabras
que parecían sinceras, por su habilidad combatiente contra obstáculos tan grandes e
inesperados. Unos días después, la Primera Dama, señora Jacqueline Kennedy, dirigiéndose en
español a mas de 40,000 cubanos asistentes al Orange Bowl, dijo que pedía en sus rezos que su
hijo John, entonces un niño, pudiera crecer para ser tan valiente como los hombres de la 2506,
“un grupo de los hombres más valientes del mundo”, terminó su oración.

11. Más tarde, el Fiscal General, Robert F. Kennedy y el que suscribe, hablamos
frecuentemente del pasado y el futuro, mientras, a caballo, recorríamos los hermosos pasajes
de McLean, Virginia; cuando entonces mi familia y yo vivíamos por tres meses (marzo a junio,
de 1963) como invitados suyos, en una casa a unas cuadras de distancia del hogar de los
Kennedy’s. Cada semana Bob Kennedy llegaba a mi casa, montado a caballo, llevando de la
brida uno para mí. En una de nuestras tan largas conversaciones, en la que siempre mostraba
gran admiración, me dijo que: “las fuerzas de Castro sufrieron más muertos que el número
total de brigadistas desembarcados. Que de acuerdo con fuentes de inteligencia del gobierno
de los EE.UU., las tropas comunistas sufrieron 1,800 muertos y entre 3,000 a 4,000 heridos”.

        Mis pensamientos desde entonces son una mezcla de infinito orgullo y penoso
sentimiento de culpabilidad. Infinito orgullo como militar profesional al haber dirigido la
operación anfibia más grande del hemisferio occidental, la primera realizada de noche en la
historia de la guerra del mundo. Pero muchísimo más orgullo aún por haber tenido el honor de
haber sido jefe de tan insigne grupo de oficiales y soldados, una unidad más que excepcional,
una unidad como no he conocido ninguna antes o después, durante mi larga carrera militar, en
el Ejercito de Cuba y en el de los EE.UU..

Los números de bajas enemigas por cápita no tienen antecedentes históricos. La actuación de
los soldados de la Brigada fue ejemplar, desde Nicaragua, hasta el Orange Bowl. Ejemplar
durante el desembarco, durante el recio combate, durante la traición aliada, nuestra estancia
en prisión. Ejemplar por la dignidad y hombría de todos sus miembros durante la farsa del
juicio masivo (marzo 29, 30 y abril 1 de 1962) del Castillo del Príncipe, donde el”show”
propagandístico que Castro tenía preparado, se volvió en contra suya y tuvo que correr a sacar
del recinto (patio-La Estrella) las cámaras de televisión; ejemplar por la moral, dedicación y
sentido de compañerismo de los brigadistas que escaparon de Cuba después de terminado el
combate. Ni un solo miembro de la Brigada se escapó durante los tres días de combate. Solo
escaparon algunos después que di la orden de retirada. Solo escaparon aquellos que por
problemas de comunicación no recibieron mis órdenes de retirada organizada. Aquellos
soldados que llegaron a mi puesto de mando, después de que sus unidades habían sido
destrozadas, encontraron que allí ya no había Jefe de Brigada que les diera instrucciones, pues
mi Estado Mayor y yo, confiados en que mis órdenes habían sido recibidas, nos habíamos
retirado con el Dr. Artime y la Compañía de Jefatura, o a lo que quedaba de ella, hacia los

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pantanos de Zapata, a esperar la llegada de la tan prometida ayuda aliada. Pero este grupo que
escapó ante el caos reinante, no escapó en desesperado egoísmo, sino que los brigadistas sanos
ayudaban a los heridos, los que sabían nadar sostenían hasta el bote a aquellos que no sabían
hacerlo, los que atrapaban a un pez, lo compartían, los que tenían sed esperaban a que sus
compañeros tomaran primero. Los dos oficiales Jefes de Batallón que escaparon, dando
instrucciones en el bote de fuga (Celia), mantenían la disciplina. Los soldados deshidratados y
desnutridos, al borde de la muerte, las cumplían porque los oficiales que las impartían eran
ejemplo de personalidad, preparación militar, dedicación y valentía. De 22 escapados en el
bote, solo 10 llegaron vivos. Desde sus flacas costillas, todavía se podían oír las notas del himno
Nacional de Cuba, y en cuanto recibieron dos sueros intravenosos, ya estaban de pie, montados
en barcos de infiltraciones a Cuba o conversando con la prensa o miembros del gobierno
norteamericano, para ayudar al Comité de Familiares Cubano Para la Liberación de los
Prisioneros de Guerra de Bahía de Cochinos, Inc., para poder sacar de las cárceles d Cuba a sus
compañeros presos y al mismo tiempo, continuar la lucha contra Castro.

        Este es mi gran orgullo. El haber sido Jefe de estos hombres y todavía, 18 años después,
recibir sus respetos y cortesía. Este orgullo con sus tristezas está ya escrito en la historia de
Cuba y algún día será escrito en la Historia de los Estados Unidos, tal como sucedió; cuando
este país tenga el gobierno honesto, que la alta calidad de los ciudadanos de este gran pueblo
merece. Esta historia será escrita cuando se considere que la verdad, aun cuando afecte a
intereses creados o preferencias políticas, es la única noticia digna de impresión. Cuando se
niegue la impresión o se pongan notas editoriales aclaratorias a artículos como el del Herald de
abril 15, que hoy respondo, o al de Guy Guggliotta: “The Extraordinary Alumni” de fecha 17 de
abril del corriente año, publicado en el mismo periódico, el cual ni siquiera merece
contestación.

        Pero, volviendo a lo que antes decía, mezclado con mis sentimientos de orgullo,
cabalgan otros de pena y culpa. De pena hacia mis hombres por haber llevado 1,400 patriotas a
Playa Girón, sin exigir antes garantías del cumplimiento aliado. De pena, hacia los nueve
brigadistas quedados en prisión, por no haber yo amotinado a la Brigada en prisión y exigido de
Castro la libertad de todos o ninguno. De culpa hacia mi patria, porque la sangrienta matanza
de 1,800 soldados enemigos y la epopeya de Bahía de Cochinos en Playa Girón que pudo haber
salvado a Cuba con el triunfo, y que se convirtió en la derrota y en epopeya de tristeza; al
hundir más profundamente al país en el abismo comunista, como resultado de cuatro efectos
distintos.

a) Para Fidel Castro: El triunfo le hizo ganar confianza en sí mismo, tornándolo más agresivo e
irrespetuoso de la amenaza exterior.

b) Para los cubanos en Cuba: Ayudando a Fidel Castro por ideales o porque no les quedaba más
remedio; ya que los EE.UU. habían sido derrotados y no eran tan omnipotentes. Así que,
quizás, fuese mejor para ellos permanecer con Castro, el cual había demostrado más
determinación. Playa Girón se convirtió para Castro en un símbolo y bautismo de fuego.


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c) Para los cubanos dentro de la Isla opuestos a Castro, para los miembros de la Brigada y para
los cubanos del exilio, su fe en el gobierno e los EE.UU. y su política de puerta cerrada, fue
perdida.

d) Para Latinoamérica y el resto del mundo: La figura de Castro creció gigantescamente como
líder fuerte y decidido, mientras la de los EE.UU. perdía prestigio.

        Cambiemos el tema y estudiemos por un momento el “calendario de eventos
pretéritos” confeccionado por el Comité Investigador, el cual presenta errores que no lucen
ingenuos:

   1. “Julio 1960 un grupo selecto de exiliados (yo estaba entre ellos) comenzó
      entrenamiento en Guatemala”. ERRORES:

   a) Fue en junio de 1960, no en julio.

   b) No comenzó en Guatemala, sino en Useppa Island, frente a las costas de Fort Myers. De
      Useppa, fuimos a Fort Guilick, Zona del Canal de Panamá. De allí fuimos a Guatemala,
      donde volvimos a reunirnos con los oficiales de comunicación de la Brigada que habían
      quedado en Useppa.

   2) “Junio de 1960 el CIA altera el concepto original de guerrilla a asalto frontal convencional
       de guerra completa. La Fuerza Aérea Cubana es formada y equipada con aviones B-26.
       ERRORES:

   a) El concepto de guerrilla a convencional no fue cambiado hasta finales de noviembre de
      1960, después de las elecciones que seleccionaron a Kennedy como Presidente. En
      cuanto a que el CIA pudiera, de su propia autoridad, cambiar planes de tan drásticas
      repercusiones políticas e internacionales, es algo difícil de asimilar. También es difícil de
      creer que el CIA, sin órdenes de autoridad competente, pudieran impartir las suyas al
      Ejército, Marina y Fuerzas Especiales de los EE.UU., para que estos cuerpos mandasen
      los asesores profesionales de clase primerísima; los cuales llegaron a la Base TRAX en los
      últimos días de noviembre de 1960. Alguien muy por encima del CIA estaba dando estas
      órdenes. Contrario a lo que dice el “calendario” del Comité Investigador, nosotros
      estuvimos haciendo entrenamiento de guerrillas desde junio hasta noviembre de 1960.
      Lo de guerra convencional comenzó con la elección de Kennedy.

   b) La fuerza aérea de B-26’s no comenzó a formarse hasta agosto y era para apoyo de
      guerrillas.

   3. ”Noviembre 18 de 1960. El Presidente electo, Kennedy se entera de los planes cubanos
      en llamada telefónica a su casa de Palm Beach del Director del CIA, Allen Dulles”… ¿?
      Extraño, pues según el artículo del Miami Herald, ya Castro se había enterado desde
      mucho antes.

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   4. “Abril 15 de 1961: Ataques aéreos contra bases aéreas cubanas son llevados a cabo, de
       acuerdo a los planes. Extenso daño es reportado”. ERRORES: Incierto lo primero y poca
       estrategia militar en lo segundo.

   a) Solo se realizó el primer ataque aéreo de los tres que exigía el plan. El Departamento de
      Estado y la débil determinación del Presidente de los EE.UU. se encargaron de que no se
      cumplimentaran los dos ataque restantes.

   b) Es verdad que extenso daño fue reportado por los pilotos cubanos de la Brigada. Sin
      embargo, hay una ciencia que se llama ”Inteligencia Militar”, que estudia, interpreta y
      procesa información, antes de aceptarla como definitiva y después basar decisiones en
      ella. Esto es conocido por todo militar profesional y entre los miembros del Comité
      Investigador había varios de estos profesionales; de mucha escuela y alta jerarquía. Este
      Comité sabia, mientras escribía escondiendo culpas, que las fotos de U-2, inmediatas al
      único ataque aéreo autorizado, revelaban que aunque el daño había sido considerable,
      las unidades aéreas no dañadas eran suficiente para dar a Castro superioridad aérea.

       Sin embargo, el Comité Investigador no buscaba verdades, sino excusas y prefirió
       ignorar esta evidencia solida e innegable, a favor de información no procesada. El
       intento de hacer lucir a la Brigada y el CIA como desorganizados y poco profesionales
       continua, con más citaciones de testigos. Un Oficial cubano nombrado Betancourt y un
       “hombre rana” Royorosa, son citados, diciendo uno u otro lo siguiente: 1) “Solo
       teníamos una barcaza de desembarco que funcionaba” un bote de motor fuera de
       borda). 2) “Los operadores de los botes no sabían cómo hacerlo, o no podían operarlos
       en lo absoluto”. 3) “Había mucha confusión”. 4) “No había Oficial de desembarco”. 5)
       “Era terrible”.

        Es innegable que tuvimos problemas con algunos botes. Es normal que alguna confusión
exista en la primera operación anfibia nocturna de la historia, entre hombres que sin haber
practicado antes, tuvieron que descender cargados de equipos, colgados de sogas, desde un
barco meciéndose en el mar, a un lanchón, también meciéndose en el mar, en absoluta
obscuridad y bajo el fuego enemigo. Sin embargo, si lo citado por los testigos hubiera sido el
retrato verdadero de lo que estaba sucediendo en nuestra “línea de partida” (los buques de la
Brigada). ¿Cómo puede el Comité Investigador, sus testigos y el Miami Herald, que se atreve a
publicarlo, dar cuenta por el desembarco de aproximadamente 1,242 hombres, tanques,
morteros pesados, cañones, ametralladoras, camiones, jeeps, equipo bélico, etc.?

      Otra cita desmoralizante para sustanciar las razones del fracaso encontradas por el
Comité Investigador: “El 5to. Batallón, una unidad con poco entrenamiento estaba teniendo
problemas para desembarcar. Al Comandante de la unidad se le acusa de que no tenia apuro
ninguno”. Este oficial de carrera, tan ampliamente criticado por los grupos que, según
conveniencia, blanquea con lechada u obscurecen con lodo; jamás ha tenido oportunidad de
defenderse de estos ataques. El es uno de los nueve miembros de la Brigada que no fueron

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liberados durante el canje. Desde hace 18 años se encuentra en las cárceles de Cuba. Allí está
todavía. Entre las muchas versiones hay una, jamás publicada, que encaja más a su carácter y
personalidad. Esta versión dice que él, personalmente, peleaba contra los aviones de Castro
desde detrás de una ametralladora calibre 50, en su semi-hundido buque “Houston”. Yo creo
que un hombre tiene derecho a estar presente en el acto de su juicio y que los que lo acusan
hoy lo hacen con muy poca caballerosidad. En cuanto a que esto fuera una de las razones del
fracaso, la ausencia de un batallón de 150 hombres de las líneas de defensa, no impidió que la
Brigada cumpliera su misión, como ya he repetido varias veces.

        “Las fuerzas militares de Castro derrotaron a los invasores. No se formó ningún grupo de
guerrillas”. Esto es cierto. El General Lemnitzer dijo haberle dicho a Kennedy en abril 19, “este
es el momento para esta unidad convertirse en guerrilla…” y refirió haber recibido una sorpresa
cuando Richard Bissel les dijo que “ellos no estaban preparados como guerrilla”.

        Este tan anunciado plan contingente de guerrilla, tan enarbolado por los defensores del
Presidente Kennedy y aquellos que le echan la culpa al CIA, es un argumento vacio. Este tema
vacio se intenta usar como disculpa política en el libro ”Bahía de Cochinos” de Haynes Johnson,
publicado en 1964. Este libro, en el cual yo aparezco junto con Artime y Oliva como co-autor
(resultado de otra maniobra política de la Administración Kennedy), enfatiza hasta la hasta el
cansancio la gravedad del supuesto error del CIA, al no informarme a mi del supuesto plan
contingente de guerrillas. Ningún Jefe Militar profesional necesita líneas guías tan extremas.
Según se desarrolla la situación, éste toma sus decisiones. La Brigada de Asalto 2506 estaba
bajo el mando de un militar profesional. Además, yo conocía el terreno, no solo a través de
mapas, sino de vivirlo, pues se trataba de mi propio país, no muy grande por cierto, y en el cual
yo había sido soldado durante muchos años. Mi decisión de mantener nuestras posiciones de
guerra convencional, a pesar de la difícil situación, no se debía a si yo tenía o no otras
instrucciones. La Brigada no necesitaba dichas instrucciones, ni le faltaba decisión o
entrenamiento para inventarlas. La Brigada lo que necesitaba, que no recibió; fue lealtad de su
aliado. Yo mantuve a la Brigada en pelea convencional por dos sencillas razones:

       La razón numero uno fue mi fe en el Gobierno de los Estados Unidos y sus Fuerzas
Armadas. En ningún momento cruzó por mi mente que habíamos sido abandonados con mi
pequeña unidad (pequeña en número solamente) y críticos suministros, por el Tío Sam. Mi
pensamiento era que algo había salido mal y se había encasquillado la maquinaria del gobierno.
De que esta maquinaria no estaba haciendo su parte del plan, era evidente, pero
eventualmente (pensaba yo) el problema sería resuelto, el apoyo restablecido y el Gobierno
Cubano movido de inmediato a la cabeza de playa. Durante la mayor parte de los tres días de
combate (24 horas abril 17, 24 horas abril 18 y 17 horas abril 19), yo estaba en comunicación
con el Grupo Consejero de los EE.UU., (United States Advisory Group), en el Cuarto de Guerra
(War Room), a través de Grayston Lynch, quien retrasmitía desde el Portaviones “Boxer” de la
Armada Norteamericana. Estos mensajes de radio jamás me dijeron que desde abril 15; mucho
antes de nuestro desembarco, las preocupaciones sobre cómo negar la participación
americana. Obviamente, sin yo haber sido informado, estas preocupaciones habían pasado a
ser más importantes que los planes mismos, como resultado de la amenaza rusa y los violentos

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argumentos entre Raúl Roa y Adlai Stevenson en la ONU. Jamás llegó comunicación de
abandono, que era lo que en realidad estaba sucediendo y sucedió; sino que por el contrario,
constantemente se me aseguro que la ayuda de los Estados Unidos venía en camino. Alguien
no le estaba diciendo verdades a Gray y este estaba en el medio con la Casa Blanca a un lado y
la Brigada al otro. El cambiar la dirección de nuestro ataque en un ángulo de 90 grados y correr
hacia las montanas de Trinidad, a 90 kilómetros de distancia, no era necesario. El Tío Sam venia
en camino. Todo lo que teníamos que hacer era mantenernos conteniendo al enemigo, al
mismo tiempo que ahorrábamos municiones, en espera que la maquinaria del Tío Sam se
desencasquillara. Mi fe era tal, que aún después de tres días de oír mentiras (debería decir
cinco), ordene a mis Jefes de Batallones a desentablar combate y retirarse a la ciénaga, por
unidades de tamaño de compañía, evitando contacto con el enemigo, “hasta que llegue el Tío
Sam”.

        Mi segunda consideración para no huir hacia las montanas y formar allí una unidad de
guerrillas, fue táctica. Durante tres días Fidel Castro había estado presionando todos un ataque
a la izquierda y frente de la cabeza de playa (Oeste: Playa Larga, Norte: Covadonga, Noroeste:
Yaguaramas). Defendiendo mi flanco derecho (Este), tuve un Batallón al principio, pero más
tarde, a medida que la situación en los frentes Oeste y Norte requerían más tropas, dejé este
sector bajo la protección de una pequeña avanzada de seguridad. Este aproche oriental,
camino de Playa Girón a Cienfuegos, jamás estuvo bajo ataque enemigo. Para el mal informado
estratega en Washington, el camino de Cienfuegos lucia como limpio aproche a las montanas
de Trinidad. Para mí, el soldado en la zona de combate, responsable por la vida de sus tropas,
este camino lucia tan limpio, que olía a trampa. El porqué Fidel, que tan rápidamente había
amasado a 60,000 hombres, en las peores rutas de aproche al objetivo, no se había molestado
en organizar el frente oriental para destruir la Brigada; era una ecuación infantil. La sola razón
militar, obvia, deletreaba que las intensiones de Fidel Castro era dejarnos al parecer, libre esta
ruta de escape que nos atrajera como carnada a una emboscada, que mirando a los números
hubiera cogido de flanco a la Brigada contra el mar, envolviéndola en gigantesca pinza donde el
terreno nos fuera desfavorable.

        Erneido Oliva, mi segundo en mando, estaba menos al tanto de las acciones enemigas
en los otros frentes, debido a lo anormal de la situación, la cual reque4ria su constante
presencia en el frente occidental. Lo mismo ocurría con Roberto Pérez San Román y Alejandro
del Valle, a cargo del frente norte. Esta misma situación anormal exigía mi constante presencia
en el puesto de control de comunicaciones. Esto dejaba muy poco tiempo para que yo pudiese
cambiar impresiones y oír sugerencias de los tres jefes que llevaban, con su presencia en
primera línea, el peso del combate. Cuando por fin encontramos un espacio de tiempo para
reunirnos en contra del “tic tac” del reloj, Oliva propuso las montanas. Cuando yo le explique
las razones 1 y 2 a que acabo de referirme, para mantener nuestras posiciones, el comprendió
que mis razones eran de peso y mi decisión la única apropiada.

       Dos semanas más tarde, sentados en el suelo de mi celda, Fidel Castro y yo discutimos
este punto táctico. Sonriendo esta me dijo que mi decisión había sido la correcta y usó la
cubanísima expresión: “Te estaba esperando con todos los hierros”.

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        Su plan de emboscada en el camino a la montaña, no era sin embargo, la única
consideración de Castro para dejar tranquilo mi flanco hacia el oriente. De la misma forma que
yo temía dirigir a la Brigada en esa dirección para solo caer en una trampa. Fidel Castro temía
embotellar sus ejércitos en la cabeza de playa, donde la maniobrabilidad de grandes tropas se
vería muy limitada por el terreno, y donde él creía que la Brigada era solo un cebo para lo que
venía detrás: El ataque norteamericano desbastador que Castro erróneamente estimaba como
parte principal del plan En cierta manera Castro acreditaba al gobierno de los EE.UU., la misma
lealtad y sentido del honor que existía en la fe de los propios soldados de la Brigada. A él
tampoco se le ocurrió imaginar que dicho gobierno ya había abandonado a los soldados que
habían sido alistados, entrenados, equipados, alimentado y dirigido hasta este punto de la
historia por la mayor potencia mundial.

       Paso ahora a la penúltima cita del reporte del Comité Investigador, publicado por los
dos reporteros del Miami Herald. “La Brigada cubana, si no es usada rápidamente se convertirá
en gran responsabilidad política, anunciaron los Asesores en 1961”. Y he aquí la última cita que
quiero hacer, tomadas de las palabras de Robert McNamara, Secretario de Defensa: “Si no
procedíamos adelante, no hubiera habido más remedio que regresar la Brigada a los Estados
Unidos”.

         En resumen, es mi opinión de esta operación, basada en muchos hechos y algunas
deducciones, que el gobierno de los EE.UU. presionado por Rusia y los izquierdistas infiltrados
en Washington, no sabiendo que hacer con nosotros, procedió con el desembarco en Girón,
para salirse de la Brigada y su responsabilidad política. Que desde el día 15 de abril, dos días
antes del desembarco, no hubo la intención de ayudarnos. Que este ha sido el acto más barato
de política internacional perpetrado por gobierno alguno de esta nación. Que Castro
asumiendo erróneamente fuerte determinación de la Casa Blanca, nos mantuvo en nuestros
pies durante tres días. Si hubiese sabido Castro lo que estaba sucediendo en Washington, con
la asistencia voluntaria de Dean Rusk y Chester Bowles, sus fuerzas nos hubieran barrido en 48
horas a lo sumo. Porque, seamos francos: Nosotros éramos buenos, pero no superhombres, y
las ventajas enemigas en números, apoyo de retaguardia, transporte logística, cobertura aérea,
artillería, armamentos, tanques facilidades médicas, etc., etc., eran tan incalculables, que lo
normal era que no hubiésemos durado tanto tiempo, como en realidad duramos. Sucedió así,
porque en mi mente en la mente de mis hombres y en la mente de Castro solo existía un
pensamiento, “El Tío Sam viene a terminar lo que él empezó”.

        Sería yo injusto para con el calibre e ideales de mis hombres y el mío propio, si diera la
impresión con lo que digo en la última frase del párrafo anterior, de que nosotros esperábamos
que los norteamericanos cumplieran por nosotros el deber de liberar a nuestra patria.
Nosotros no queríamos que fuerzas extranjeras (ni aún siquiera los respetados hermanos de los
Estados Unidos) desembarcaran en tierras cubanas. Lo que si esperábamos es que ellos
corrigieran sus errores de origen político, los cuales habían resultado en superioridad aérea a
favor del enemigo. Esperábamos que como deber al honor corrigieran sus errores haciendo lo
siguiente:

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       a) Soltando suficiente poder aéreo en las unidades de Castro que nos tenían cercados.

       b) Destruyendo la superioridad aérea de Castro con poder aéreo de los EE.UU.

       c) Restableciendo nuestras interrumpidas líneas de apoyo logístico, con una
          demonstración de fuerza de la Armada norteamericana.

       Debido a la vuelta de los eventos producidos hasta este punto por los errores de la Casa
Blanca, esta era la única solución. ¡Creíamos que la cumplimentarían!

       Dijo William Henry Chamberlein: “En la práctica de política internacional existen dos
errores peores que crímenes: Uno es amenazar con usar fuerza sin estar preparado a
implementarlo. El otro es comenzar a usar fuerza y romper contacto antes de alcanzar el
objetivo, como resultado de presiones exteriores”.

        No puedo terminar sin hacer referencia al capítulo 4 del libro “THE BAY OF PIGS”, escrito
por Haynes Johnson. Johnson cita en este los terribles “If’’s” (“si esto o aquello hubiese
sucedido”) de las derrotas huérfanas: “(If) Si Nino Díaz hubiera desembarcado y peleado”; “(If)
Si la zona de desembarco hubiera sido explorada antes”; “(If) Si la Brigada hubiera tenido mejor
equipo de desembarco”; “(If) Si la Brigada hubiera sido entrenada para tomar acciones
alternativas de guerrillas”; if… if… if… if’s … interminables y vacios. Haynes Johnson se hubiera
ahorrado mucho tiempo y papel, con solo poner el único “If” de importancia capital, el cual
olvidó: “IF THE PRESIDENT WOULD HAVE DONE HIS JOB”… (“SI EL PRESIDENTE HUBIERA
CUMPLIDO CON SU DEBER”).



                                        JOSE PEREZ SAN ROMAN
                              Comandante de la Brigada de Asalto 2506
                        Jefe Militar Cubano de la Invasión de Bahía de Cochinos




                                                                                     30 | P a g e
                                            APENDICE

Artículo publicado por el Miami Heraldo en su edición de abril 15 de 1979.
REVELAN SECRETOS DE BAHIA DE COCHINOS.
Kennedy vio en Girón una experiencia instructiva.
Buscándose un golpe para desatar un levantamiento.

Por: Helga Silva y William R. Long,
Redactores de El Miami Herald

       Convencido de que su causa era justa y resuelto a lograr la victoria, el joven Presidente
escuchaba atentamente los partes de guerra desde su oficina de la Casa Blanca, en aquella mañana
primaveral.

         El Presidente creía que los Estados Unidos estaba asestando en secreto un golpe vital en pro de
la libertad, allá en una ciénaga del Caribe. El nombre dado a aquella campaña librada hace 18 años, fue
Operación Zapata.

         Pero los fragmentados informes no revelaron a John F. Kennedy, sino ya demasiado tarde, que
la invasión de Bahía de Cochinos estaba muriendo en la playa.

      Lo que no podía saber –eso quedó para los historiadores- era que la invasión había estado
condenada al fracaso, incluso antes de iniciarla la Brigada 2506 de exiliados cubanos.

        La conclusión sacada de este fracaso por el gobierno estadounidense fue la resolución de
organizar en forma más efectiva sus campañas secretas. Por eso buscó aprovechar las lecciones de
Cuba en Vietnam.

        “Creo que tenemos que preparar algún tipo de plan, de manera que podamos tomar medidas
antes de que las situaciones lleguen al punto en que es casi seguro que nos liquiden”, fue la conclusión
del Secretario de Justicia, Robert F. Kennedy.

        Durante casi 18 años, esta frase de Kennedy y todas las demás discusiones sostenidas por un
grupo de expertos, reunido por John F. Kennedy para analizar el caso de Bahía de Cochinos, fueron un
secreto de estado. El informe de 358 páginas acerca de las 21 reuniones del Comité Investigador se
mantuvo en los archivos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) con la clasificación de “Ultra
secreto”.

        Una vez retirado su carácter confidencial, copias de las declaraciones y de las conclusiones del
grupo fueron obtenidas por El Herald, al amparo de la Ley de la ley de Libertad de Información. Los
documentos constituyen una crónica de cómo opinaban los funcionarios del gobierno en una época en
que los gobernantes estadounidenses consideraban que este país era la principal defensa del mundo
contra los avances del comunismo.


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       Son una ventana desde la cual se contempla la forma en que deliberaba durante la guerra fría el
gobierno de Kennedy, deliberaciones precursoras de la mentalidad que conduciría a la participación
norteamericana en la guerra de Indochina.

        Aunque John F. Kennedy no asistió a las sesiones, su sombra cubrió la mesa de conferencias.

      Apenas tres meses después de asumir su cargo, Kennedy estaba siendo seriamente criticado por
emprender una misión “encubierta”, que había sido concebida por el gobierno de Eisenhower.

       Molesto por el fracaso, Kennedy solicitó al grupo que había creado que descubriese como evitar
chascos similares en el futuro.

        El Presidente ordenó la investigación de Bahía de Cochinos el 22 de abril de 1961, o sea, cinco
días después de iniciada la invasión y dos días después que Fidel Castro le asestase el golpe de gracia.

        El grupo estuvo encabezado por el General Maxwell Taylor, Asesor Militar personal de Kennedy,
y la encuesta terminó en menos de un mes Los documentos evidencian que tanto Kennedy como
Taylor consideraban Bahía de Cochinos como una experiencia instructiva.

        Según indica Taylor en carta que acompaña el informe, el Presidente solicitó al grupo “que
estudie las prácticas gubernamentales y los programas en los sectores de actividades militares y
paramilitares, guerrillas y antiguerrilleras, sin llegar a la guerra declarada, con vistas a mejorar la labor
en este aspecto”.

         “Opinamos que los preparativos y la ejecución de operaciones paramilitares como Zapata, son
una variante de la guerra fría, que el país debe estar listo para emprender”, dice una de las conclusiones
finales del estudio.

       En el Comité, junto a Maxwell Taylor y Robert F. Kennedy, habían hombres cuyos nombres
estaban grabados indeleblemente en la historia de esa época: Allen Dulles y Richard Bissell de la CIA y el
Almirante Arleigh A. Burke, Jefe de Operaciones Navales.

        Colaboró con el Comité un grupo de altos funcionarios del Pentágono y la CIA, fueron
entrevistadas, además docenas de personas, desde el Secretario de Estado, Dean Rusk hasta el de
Defensa, Robert McNamara, así como agentes de la CIA y cubanos exiliados, combatientes que habían
regresado de la batalla.

        La investigación fue más bien la autopsia de un fracaso, un examen de los sucesivos y enlazados
errores y fallos, cálculos y juicios equivocados. La culpa fue repartida entre los planificadores de la
invasión en la CIA, los exiliados cubanos que la protagonizaron, los Jefes del Pentágono que le dieron el
visto bueno, los funcionarios del Departamento de Estado que supervisaron el plan, y el Presidente que
asumió la responsabilidad máxima.

        Ni en las minutas ni en las conclusiones de las reuniones se plantean razonamientos de tipo
moral contra la participación estadounidense en acciones como la invasión de Bahía de Cochinos, sino se
da énfasis a cómo hacer estas cosas mejor en el futuro.



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       Las guerras políticas del sudeste asiático pesaban ya sobre las mentes de los participantes en el
réquiem a Bahía de Cochinos. Las minutas de las reuniones de 1961 y las recomendaciones finales
estaban salpicadas de referencias a la agudización del conflicto en Indochina.

         El General del Ejercito, Lyman L. Lemnitzer, ex Presidente del Estado Mayor Conjunto, fue objeto
de la siguiente pregunta en una sesión: “¿Cómo puede engranarse una operación militar dentro de la
maquinaria gubernamental?”. “Creo que debemos preparar un plan nacional para cualquiera de estas
situaciones, como lo tenemos para Laos”, respondió Lemnitzer, y continuó: “Tenemos ahora un señor
que se llama Vietnam. Se encarga de coordinar las actividades dentro del Departamento (de Defensa) y
lo hace con mayor efectividad que nunca antes”.

         Un Coronel dio al Comité un informe acerca de las fuerzas especiales del ejército
norteamericano y las “técnicas militares” no corrientes”. “¿Supongamos que queremos poner ahora en
pie de guerra unidades militares no corrientes?” Se preguntó al Coronel.

         “No sería difícil” responde éste, “hace seis años que estamos entrenando gente en el sudeste
asiático, incluso en Vietnam”.

        Los más inclinados a una línea dura fueron los militares, mucho de los cuales defendían una
participación más activa de Estados Unidos en Vietnam y otros países amenazados por el comunismo.

        “El pueblo norteamericano no estima que esté en guerra en este momento y por lo tanto, no está
dispuesto a hacer los sacrificios necesarios para librar una guerra”, declaró el General Walter Bedell
Smith, y continuó. “Cuando se está en guerra, guerra fría si se quiere, hay que contar con una agencia
amoral, que pueda operar en secreto y que no esté obligada a citar conferencias de prensa”.

        Los planificadores de la Invasión de Bahía de Cochinos en la CIA no citaron a conferencias de
prensa, pero las noticias del complot se filtraban profusamente desde antes del desembarco. Esa fue
una de las primeras cosas que salió mal.

        En las minutas de la sesión sostenida por el grupo el 24 de abril de 1961, un funcionario del CIA,
cuyo nombre fue borrado de los documentos “limpiados” por los censores, se quejo de la publicidad
anticipada dada al plan. “Los cubanos no se pueden callar la boca y de pronto nos vimos con un circo
romano entre las manos: Filtraciones a la prensa, etc., etc., tanto en Miami como en Nueva York”,
declaró.

        Se consideraba que la publicidad amenazaba, no solo al éxito militar, sino a la posibilidad de
“negar en forma plausible” la participación directa norteamericana en la empresa.

        De todos modos, el problema de la negación plausible enfrentado en la experiencia de Bahía de
Cochinos no evitó que el Comité recomendase un nuevo marco especial dentro del gobierno, que
supervisase futuras operaciones “encubiertas”.

        La “primera recomendación” del Comité de Estudios fue la de crear un grupo de Recursos
Estratégicos con carácter permanente, integrados por miembros de los Departamentos de Estado y
Defensa, “a nivel de Sub-Secretario y de la CIA”.



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         El grupo rendiría informes directos al Presidente, “guiaría y coordinaría la estrategia de la guerra
fría, y mantendría un Centro de Indicadores de la Guerra Fría, donde se reunirían datos útiles y donde se
revisaría constantemente la situación de la Guerra Fría. También emprendería la revisión de las
operaciones encubiertas importantes, tanto en proceso, o futuras…”

        “Opinamos que estamos perdiendo actualmente en muchos frentes y que esta tendencia solo
puede variarse mediante una conjunción decidida de todos los esfuerzos, en todos los departamentos
ejecutivos y todas las agencias del gobierno bajo su conducción”, escribió Taylor.

       Las recomendaciones del Comité de Taylor fueron teóricas y a la vez premonitorias. Las
minuciosas notas de las reuniones demuestran en detalle lo difícil que es llevar las teorías a la práctica
en forma efectiva.

       “La primera fase de la operación iba a ser al éste de Guantánamo, y en ella iba a participar un
grupo aproximado de unos 160 hombres. Estaba planeada para la noche del 14 al 15 de abril. El
desembarco no se produjo, debido probablemente a debilidad en la jefatura por parte del oficial cubano
responsable del desembarco”- Memorándum número 1 del Comité del General Maxwell Taylor.

        Cubanos y norteamericanos, departamentos y oficina, se culpaban mutuamente del fracaso. A
la postre, fue el Ejecutivo quien aceptó la total responsabilidad. Una década más tarde, la misma
angustia se repetiría con el escándalo nacional en torno a Vietnam.

       En 1961, el Secretario de Defensa, Robert McNamara declaró: “No fue una debacle de la CIA, fue
una debacle del gobierno”.

        El Asesor Especial del Presidente, McGeorge Bundy, subrayó sin embargo en carta al Comité:
“No estoy de acuerdo con ningún criterio que esta operación fue dirigida desde la Casa Blanca”. Bundy
sostuvo que los “planificadores militares, a quien el gobierno anterior había dado instrucciones, se
volvieron defensores, en vez de analistas imparciales del problema”.

        Las declaraciones militares dieron énfasis a que la falta de fuerte apoyo aéreo había sido el
principal motivo del fracaso de la invasión.

        El Departamento de Estado “objetó en particular al lanzamiento de operación aérea táctica
alguna, a no ser que estos aparatos tuviesen sus bases, real o aparentemente en suelo cubano”, de
acuerdo con las conclusiones del Comité.

        Un asesor norteamericano, cuyo nombre fue censurado en los documentos, atribuyó mucha
culpabilidad a los agentes de la CIA que dirigieron la operación. “Creo que los hombres que trabajaron en
esto se metieron en un mundo aparte. No creo que el fracaso haya sido por culpa de un detalle”.

         Pero por humillante que haya sido la derrota en Bahía de Cochinos, no se consideraba definitiva.
“Existe la opinión generalizada de que no podemos vivir a largo plazo con Castro como vecino”, dice la
recomendación No. 6 del Comité de Taylor, y continua: “Hay solo dos formas de mirar esta amenaza: O
a la esperanza de que el tiempo y el descontento interno le pongan eventualmente fin, o tomar activas
medidas para forzar su eliminación”…



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       “Se recomienda una evaluación de la situación cubana, a la luz de todos los factores ahora
conocidos, y que se orienten en forma nueva las medidas políticas, militares, económicas y de
propaganda contra Castro”.

        Tras la invasión, la CIA organizó una “guerra silenciosa” contra Castro. Los ataque costeros
patrocinados por la CIA y las infiltraciones supuestamente concebidas y financiadas por grupos de
exiliados, continuaron hasta 1969 sin éxito notable.

        De la misma forma que Estados Unidos se incorporaría después a los combates de infantería en
el sudeste asiático con “asesores militares”, los funcionarios del gobierno insistieron en que Bahía de
Cochinos tendría que ser vista por el mundo como una operación organizada por exiliados cubanos.

       Pero esta estipulación tenía doble filo, pues al limitar “las reglas de la participación
estadounidense”, también limitaba las posibilidades de éxito de las fuerzas expedicionarias cubanas.

         “Físicamente estaban en buena forma. Pero yo diría que en combate, sería como enfrentar a
nuestros infantes de marina contra boy scouts. Yo opinaba que las posibilidades generales de éxito eran
alrededor del 15 por ciento, y consideraba probable que desde el punto de vista logístico, la operación se
desmoronase. Eso afirmé durante la evaluación inicial del Estado Mayor Conjunto. El transporte era
totalmente inadecuado, pues habían asignado camiones a comandantes individuales, en vez de tenerlos
bajo un mando central. No tenían el combustible necesario para apoyar operaciones aéreas. Los
barriles de combustible de 50 galones pesaban 400 libras y tenían que ser movidos a mano, no tenían
con que hacer puentes. No tenían sistema de faros y por consecuencia, no tenían como manejarse en las
playas de noche. Sus planes de distribución de abastecimiento desde sectores de almacenaje eran
prácticamente inexistentes. Aparte de algunos instrumentos de mano, no tenían equipos de
mantenimiento”. – Dijo un Oficial de entrenamiento norteamericano, no identificado.

       Los mismos intereses encontrados dentro del gobierno estadounidense que caracterizarían el
paso por Vietnam, fueron el marco de Bahía de Cochinos.

       Las preocupaciones del Departamento de Estado por poder negar la participación
norteamericana condujeron a la cancelación de algunos ataques aéreos el día del desembarco,
considerados esenciales por los militares.

         Esas preocupaciones también provocaron la cancelación de la “Operación Trinidad”, propuesto
desembarco “estilo II Guerra Mundial”, cerca de las montañas del Escambray, respaldado por los
planificadores militares.

       “PREGUNTA – “¿Trató usted de asesorar al Presidente acerca de la importancia de los ataques
aéreos?”

        SECRETARIO DE ESTADO, DEAN RUSK: “Había hablado con él y le afirmé que si no existían
consideraciones absolutamente de prioridad, los segundos ataques aéreos no deberían de efectuarse.
Como el señor Bissell y el General Cabell no querían discutir este tema con el Presidente, pensé que no
había consideraciones de prioridad que mencionarle. No pensé que los ataques aéreos del amanecer
fuesen importantes.”- Minutas de las declaraciones hechas el 4 de mayo por Dean Rusk.



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      Los militares señalaron que cuando quedó concluido el nuevo plan: “Operación Zapata”; solo
quedaba tiempo antes de llevarlo a la práctica para una breve revisión.

        Los militares querían más tiempo. La CIA dijo que el factor tiempo era esencial. Cito informes
de la inteligencia, de acuerdo con los cuales aviones cazas a chorro, Mig de fabricación rusa y pilotos
cubanos de combate, entrenados en Checoslovaquia iban rumbo a Cuba.

          SR. SAN ROMAN: “¿Por qué no tuvimos apoyo aéreo? Se suponía que lo tuviéramos”.

          RESPUESTA: “¿Se le dijo a usted que tendría apoyo aéreo de la marina?”

        SR. SAN ROMAN: “No, pero se suponía que nuestros propios aviones bombardeasen ciertos
blancos todos los días y no lo hicieron… No sé porque no suspendieron la invasión, si habían cancelado
los ataques aéreos. Sin apoyo aéreo, era seguro de que íbamos a una muerte segura.” – De las minutas
de las declaraciones hechas por el Capitán Roberto Pérez San Román, Comandante del Batallón de
Armas Pesadas.

       El ejército de 1,400 exiliados era también motivo de preocupación. Los funcionarios del
gobierno del Presidente Kennedy se preocuparon por él, igual que los funcionarios de los gobiernos de
Johnson y Nixon se preocuparían después por el ejército sud-vietnamita.

        Si no se la utilizaba pronto, la Brigada cubana iba a transformarse en una carga política,
advirtieron asesores estadounidenses del gobierno americano en 1961.

     “Si no proseguíamos, habría que traer la fuerza invasora de vuelta a los Estados Unidos”, declaró
McNamara”.

        “Parecía entonces que la conclusión general a que esto daría lugar, sería que los EE.UU. no
estaba dispuesto a ayudar a otros a combatir el comunismo”.

       Y se opinaba que “nunca volveríamos a tener la oportunidad de derrocar a Castro, sin utilizar a
norteamericanos”, añadió McNamara.

       Así que la invasión continúo de acuerdo con lo programado, a pesar de los muy evidentes
defectos en los planes y los preparativos, que luego fueron obvios.

         “Teníamos nueve lanchas de desembarco, con motores fuera de borda. Solo dos motores
funcionaron y al final, solo funcionó una, así que la cosa fue terrible”. – Declaración de un oficial cubano,
identificado como el señor Betancourt.

          Tal como ocurrieron pocos años después en el Sudeste Asiático, nada salió de acuerdo con los
planes.

        Mientras el desembarco ocurría, los aviones de Castro comenzaron a ametrallar los barcos y la
cabeza de playa. Las radios que iban a ser usadas para coordinar las operaciones desde la cabeza de
playa, se mojaron con agua salada. Quedaron inutilizados.



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        El 5to. Batallón, unidad con entrenamiento relativamente escaso, no acababa de abandonar el
barco, “su comandante no tenía prisa alguna”, dijo al Comité Taylor un asesor norteamericano, cuyo
nombre sigue censurado. Un hombre rana exiliado dio otra versión (Royorosa).

          PREGUNTA: “¿Opinaba usted que los hombres a cargo de las lanchas no sabían manejarlas?”

       SR. ROYOROSA: “Si, los hombres tuvieron solo dos días de entrenamiento y no sabían
manejarlas”.

          PREGUNTA: “¿Quién se suponía que descargase los barcos?”

       SR. ROYOROSA: “Bueno, vea, señor, los mensajes llegaban y el Capitán no sabía español, así que
comencé a traducirle las órdenes. Cada vez que él veía algo que no entendía, yo tenía que explicárselo.
Había mucha confusión porque no había oficial de desembarco”. Minutas del testimonio del hombre
rana cubano.

          Como en Vietnam, se carecía de coordinación adecuada, cuando esta era más necesaria.

        Atacados desde el aire, dos cargueros invasores encargados de los abastecimientos, el Atlántico
y el Caribe, se dirigieron hacia alta mar. Las declaraciones hechas por militares y por la CIA ante el
Comité del General Taylor, evidencia que la falta de abastecimientos, pertrechos de guerra y de equipos,
contribuyó notablemente al desastre.

         “Los buques mercantes huyeron y nos abandonaron. Tenían municiones. Todos los barcos
tenían municiones. El principal equipo de comunicaciones está a bordo del Atlántico, y éste se fue”. –
Oficial norteamericano no identificado, que ayudó a coordinar la invasión.

        Como más tarde en Vietnam, los informes de la inteligencia decían con frecuencia a los oficiales
lo que éstos querían escuchar.

         El Secretario de Estado, Rusk dijo que “el propósito de la invasión no había sido defender
indefinidamente una cabeza de playa, sino asestar a las fuerzas de Castro, el tipo de golpe contundente
que echaría a andar un levantamiento popular”.

        “Se creía que el levantamiento popular era totalmente esencial al triunfo, en cuanto derrocar a
Castro se refería”, dijo Rusk.

          PREGUNTA: “¿Enviaría usted allí a 1,200 infantes de marina americanos para que hicieran esa
labor?”

       GENERAL SHOUP: “No, no lo haría, a no ser que los 1,200 infantes de marina fuesen a recibir
ayuda de 30,000 cubanos”.

          PREGUNTA: “¿Le dijo alguien que habría 30,000 cubanos?”

        GENERAL SHOUP: “No, nadie me lo dijo, pero estábamos preparando los materiales para esa
fuerza”. Minutas de las declaraciones hechas el 8 de mayo por el General David M. Shoup, Comandante
del Cuerpo de Infantería de Marina.

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         El Secretario de Defensa McNamara dijo al Comité Investigador que en las etapas de
planificación, las posibilidades de un alzamiento eran consideradas “posiblemente del orden del 40 a un
50 por ciento”. Esto condujo a la creencia que la operación completa era marginal. No se suponía que
en un estado policial pudiesen ocurrir alzamientos con la rapidez suficiente como para apoyar los
desembarcos.

        Pero aunque reconocían que las posibilidades de éxito eran marginales, los Jefes del Estado
Mayor Conjunto “querían de todos modos hacer el intento”. Declaró McNamara, añadiendo que: “de no
producirse el alzamiento, la fuerza invasora se convertiría en una fuerza guerrillera y pasaría a las
montañas del Escambray”.

        Castro sabía desde hacía semanas que se preparaba una invasión. El 15 de abril, después de los
primeros bombardeos de los exiliados, el gobierno de Castro hizo una redada y arrestó a decenas de
miles de sospechosos de actividades “contrarrevolucionarias”, para impedir un alzamiento popular. Este
alzamiento nunca se produjo.

       El 19 de abril, las fuerzas militares de Castro derrotaron a los invasores e hicieron
aproximadamente 1,196 prisioneros. No se organizó ninguna fuerza guerrillera.

        El General Lyman L. Lemnitzer declaró el haberle dicho al Presidente Kennedy el 19 de abril que:
“este era el momento de que este grupo se transformara en una fuerza guerrillera…recibí una sorpresa
cuando el Sr. Bissell me dijo: que estos hombres no habían sido entrenados para la guerrilla.”

       PREGUNTA: “¿Se mencionó alguna vez, cuando se vio que las cosas se ponían criticas, el
organizar una fuerza guerrillera?”

           SR. BETANCOURT: “No que yo sepa”.

           PREGUNTA: Durante su entrenamiento, “¿se habló de esto alguna vez?”

           SR. BETANCOURT: “No”. (Minutas de las declaraciones de un oficial cubano)

           Tampoco se había planificado del todo cual sería la reacción estadounidense en caso de un
fracaso.

        El día 19 de abril la Casa Blanca ordenó a los destructores de la Marina Americana que
“evacuasen personal de la playa y del agua, hasta el límite de su capacidad”, dicen las conclusiones del
Comité Investigador. “Si se dispara contra los destructores, estos están autorizados para devolver el
fuego a fin de protegerse mientras estén realizando esta labor humanitaria”. Las conclusiones señalan,
sin embargo, que la Marina Americana no contaba en esa zona con embarcaciones anfibias capaces de
encargarse de una evacuación.

         No creo que hubiese informes completos – todos los mensajes que indicaban que la situación
era critica no fueron mostrados al Presidente. Pero se sabía por lo general que había escasez de
municiones. Se nos había dicho que el día del desembarco, que los barcos que habían huido de la playa
se habían alejado a unas 15 millas de la costa, y que pensaban regresar esa noche.


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       “El Presidente Kennedy había dicho ese día que prefería que lo llamasen agresor a bruto, de
manera que estaba dispuesto a llegar todo lo lejos que fuera necesario para estar seguro del éxito, pero
siempre tuvimos unas 5, 6, ó 7 horas de atraso en nuestros informes.”

         “A la mañana siguiente del desembarco sabíamos que los barcos no habían vuelto, por alguna
razón que no comprendíamos y había una grave escasez de municiones. Al llegar ese momento, no se
tenía siquiera la seguridad de que pudiéramos defender la cabeza de playa, incluso aunque se ordenase
la intervención de la Marina Americana. Así que a la una de la tarde, el Almirante Burke recibió
instrucciones de enviar pilotos de la Marina en misión de reconocimiento y de enviarnos un mensaje,
diciendo si podrían defender la cabeza de playa. El mensaje recibido como respuesta afirmaba que no
había lucha, así que no se veía sentido a intervenir”.

        A la mañana siguiente hubo un mensaje, diciendo que la cabeza de playa había caído y que
querían retirar a los hombres, pero al llegar ese momento era ya imposible la evacuación, porque la
cabeza de playa no era lo bastante grande, “así que entonces era demasiado tarde como para hacer
nada”. Dijo Robert F. Kennedy en la reunión del 18 de mayo.


CRONOLOGIA DE BAHIA DE COCHINOS
Playa Girón fue arma de la guerra fría…

        La invasión por la Bahía de Cochinos, respaldada por los Estados Unidos, fue concebida como un
arma de la diplomacia de la “guerra fría” bajo el gobierno del Presidente Dwight Eisenhower, y fue
realizada el 17 de abril de 1961, durante la presidencia de John F. Kennedy.


A continuación un compendio de los eventos que condujeron a la invasión, según fueron esbozados
en un informe al Presidente Kennedy, por el General Maxwell Taylor.

        1958 – La Agencia Central de Inteligencia (CIA) realiza dos intentos fallidos para evitar que
Castro tome el poder porque estaba segura, “más allá de toda duda razonable”, de que Castro era un
individuo del “que no podría esperarse que fuera aceptable para los intereses del gobierno de los
Estados Unidos”.

        Enero de 1959 – Castro asume el poder el 1ro. de enero de 1959. En diciembre de ese año, la
CIA decide reclutar y entrenar secretamente a exiliados para infiltrarlos en Cuba como guerrilleros.

       Enero de 1960 – La CIA establece una fuerza operante para desarrollar la operación cubana.

        Marzo 14, 1960 – La CIA presenta al Presidente Eisenhower un plan formal de actividades
subversivas en Cuba.

       Marzo 17, 1960 – Eisenhower aprueba la operación para derrocar a Castro.

       Mayo de 1960 – Radio Swan, estación de radio de la CIA, comienza a trasmitir a Cuba
propaganda contra Castro.



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       Junio de 1960 – Se establece el Frente Democrático Revolucionario (FRD) organización de
cubanos exiliados, utilizada como pantalla para reclutar y entrenar a la fuerza militar. La CIA altera su
concepto original de una actividad guerrillera por el concepto de una fuerza de asalto a la costa cubana.
Se organiza una pequeña fuerza aérea táctica de exiliados, equipados con aviones B-26.

      Julio 1960 – Un grupo selecto de exiliados comienza a entrenarse en bases secretas en
Guatemala y posteriormente en Nicaragua.

        Agosto 18, 1960 – El Presidente Eisenhower y el Gabinete aprueban un presupuesto de
$13, 000,000 para la operación, así como el uso de equipos y personal del Departamento de Defensa.

       Noviembre 18, 1960 – El Director de la CIA, Allen Dulles, informa al Presidente electo (Kennedy),
mediante una llamada por teléfono a su casa en Palm Beach, Florida, sobre el plan para Cuba.

         Enero 11, 1961 – Se organiza un Comité de Trabajo compuesto por la CIA, el Estado Mayor
Conjunto (JCS), el Departamento de Defensa y el Departamento de Estado, para coordinar las acciones
futuras.

        Enero 22, 1961 – Se informa a los miembros del nuevo gobierno del Presidente Kennedy sobre
el proyecto referente a Cuba, ente ellos al Secretario de Estado, Dean Rusk, al Secretario de Defensa,
Robert McNamara y al Secretario de Justicia, Robert F. Kennedy.

        Enero 28, 1961 – Kennedy recibe la primera información como Presidente. Autoriza el
incremento de sabotaje y los vuelos sobre Cuba. También pide al Departamento de Defensa que revise
las propuestas de la CIA y al Departamento de Estado que prepare un plan de acción con otros países
latinoamericanos, para aislar al régimen de Castro diplomática y económicamente.

        Marzo 10, 1961 – El Estado mayor Conjunto aprueba un plan que requiere un desembarco cerca
de Trinidad, Cuba y lo califica de plan “con buena probabilidad de éxito”. El Presidente Kennedy pide
una alternativa “menos espectacular” para poder negar, en caso necesario, la participación de Estados
Unidos.

        Marzo 16, 1961 – La CIA presenta el plan modificado. El Presidente Kennedy autoriza a que se
proceda con el plan, pero retiene su aprobación final. El Presidente se reserva el derecho de cancelar el
plan hasta 24 horas antes del momento señalado para el desembarco.

        Marzo 29, 1961 – El “DIA D” inicial de la “Operación Zapata”, fijado para el 5 de abril, es
aplazado por el Presidente Kennedy para el 10 de abril, luego para el 15 y finalmente para el 17 de abril,
fecha en que se efectuó el desembarco.

        Abril 12, 1961 – La CIA presenta al Presidente nuevos cambios en la “Operación Zapata”, fijada
originalmente para el 5 de abril. El Presidente no da su aprobación final al plan, pero es informado de
que la decisión no puede deferirse por mucho más tiempo.

        Abril 14, de 1961 – Fracasa un desembarco de distracción planificado para la más oriental de las
provincias.



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        Abril 15, de 1961 – Se llevan a efecto ataques aéreos al amanecer, conforme a los planes, contra
tres aeropuertos.

        Abril 16, 1961 – El Presidente Kennedy aprueba formalmente el desembarco.

        Abril 17, 1961 – Fuerzas de exiliados cubanos desembarcan en (Playa Girón) Bahía de Cochinos.

       Abril 18, 1961 – Las fuerzas regulares de Cuba comienza a abatir a los invasores, cortos de
municiones.

        Abril 19, 1961 – Se pierde la cabeza de playa y finaliza la resistencia organizada de los invasores.

        Abril 22, 1961 – El Presidente Kennedy ordena al General Maxwell Taylor (su Asesor Militar), a
estudiar el fracaso de Bahía de Cochinos, para mejorar las posibilidades de futuras operaciones
encubiertas en el extranjero.




                                       Este libro se termino de imprimir
                                              en Miami, Fla. U.S.A.
                                             en noviembre de 1979




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