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adi_s__cordera_revisado_2

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  “Adiós, Cordera”, un encuentro entre la poética de Leopoldo Alas
            “Clarín” y la fotografía de Cecilio Paniagua


                                       Irene Farias

                    (Universidad Nacional de Lomas de Zamora)

                             irenefarias50@yahoo.com.ar



       Gérard Genette (1989) llama “hipertextualidad a toda relación que une
un texto B ([...] hipertexto) a un texto anterior A, ([...] hipotexto) en el que se
inserta de una manera que no es la del comentario”. Adhiero a esta definición y
considero que la versión fílmica de Adiós, Cordera1 es un hipertexto audiovisual
del cuento2 homónimo escrito por Leopoldo Alas, “Clarín”, que es, en
consecuencia, su hipotexto.

       Cuando se realiza la versión cinematográfica de un texto literario, el
director de fotografía es uno de los asistentes más próximos al director general
del filme. Su función es lograr, a través de los procedimientos de composición
fotográfica, la caracterización apropiada de elementos, escenas y personajes
para poder reflejar el espíritu que el autor otorgó a la obra.

       Obviamente, la intraducibilidad de todo lenguaje nos ubicará siempre en
esa zona de imprecisión que Julia Kristeva (1981) ha llamado genotexto en la
que tanto el emisor como el receptor de un texto-mensaje -ya fuere lingüístico o
audio-visual como en el caso que nos ocupa- interactúan con las significancias
que ambos proponen en el espacio de la escritura, el primero, y en el de la
lectura, el segundo. Es un espacio de interactividad, autoengendrador de
sentidos, porque tanto autor como lector ingresan a él llevando consigo sus
propios contextos socio-históricos, sus cosmovisiones y circunstancias de vida.
Es un espacio marcado por la atemporalidad puesto que no siempre ambos
comparten la misma época de escritura-lectura.




 1 Para más datos, enviamos a http://www.cervantesvirtual.com/portal/alece/pcuartonivel.jsp?

conten=ficha&ficha=pelicula&nomportal=alece&id=1605
2 Se propone al lector descargar la versión digital asequible en http://www.ciudadseva.com

/textos/cuentos/esp/alas/adios.htm
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       Tal es el caso del análisis que vamos a desarrollar en este artículo: el
estudio de imágenes de la película Adiós, Cordera estrenada en 1966, basada en
el cuento homónimo de Leopoldo Alas y cuya primera publicación data de 1893.

      La película, dirigida por Pedro Mario Herrero, ganó, por su valiosa
adaptación al texto literario, el Premio del Sindicato Nacional del Espectáculo.
En esta ocasión, analizaremos dos fotogramas en cuya creación participó el
director de fotografía Cecilio Paniagua.

      El tema que, por excelencia, aflora de la trama narrada, es la “instancia
de escisión” en diferentes niveles de la historia y funge como denuncia del
avasallamiento de la modernidad en los sectores rurales marginados de
Asturias, a fines del siglo XIX. Los protagonistas son dos hermanos gemelos -
cuya madre ha fallecido tempranamente-, el padre de ellos y una vaca llamada
Cordera a la que los chicos, en su soledad y ayudados por lo propicio del lugar,
han otorgado algunas funciones maternales. La perspectiva de la narración se
instala en Rosa, la niña que irá perdiendo sucesivamente todo lo que ama: su
madre, el lugar bucólico de sus juegos infantiles, la vaca, y por último, a su
hermano Pinín. En la versión cinematográfica la historia fue adaptada y sufrió
algunos cambios pero, de todos modos, no fueron alteradas las cuestiones
temáticas que Alas propuso en su obra.

      El rasgo de escisión está estrechamente ligado a todas esas pérdidas. Un
nuevo paradigma social deviene en la ruptura de todos los órdenes del cuento.
Se escinden el paisaje, el tiempo, la familia, la economía, las relaciones
personales y políticas, la inocencia. En primer lugar, podemos hablar de una
fragmentación y alteración espacial. Se produce en el Prao Somonte –“un
recorte triangular de terciopelo verde tendido”- cuando, en uno de sus extremos,
es plantado el poste del telégrafo. Este elemento, símbolo del progreso por el
ingreso del ferrocarril, invade, perturba, cambia el ambiente pastoril de los
juegos infantiles, y crea en él dos áreas: el espacio de lo viejo-conocido, ya
existente, y lo nuevo-ignorado que se agrega.

      Existe un quiebre temporal que se traza a través de las circunstancias de
felicidad-no felicidad. Los chicos viven en cierto estado de despreocupación aún
después de la muerte de su madre, porque, a pesar de ser un animal, Cordera, la
vaca, reemplaza para ellos el regazo materno. La aparición de nuevas e
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inflexibles pautas socioeconómicas repercute en la vida rural y demanda para
ellos el sacrificio de la Cordera, golpe doloroso en sus vidas porque el animal
significaba el sustento alimenticio, un elemento lúdico y protector, y una parte
del capital de la pequeña familia que formaban con su padre.

       Cuando llegan a la adolescencia, las situaciones desencadenadas por un
orden político quebrantado los llevará definitivamente a vivir físicamente la
separación que hasta ese momento se había infiltrado en sus vidas. La escisión
político-ideológica demandará hombres para la lucha: “Pinín se hizo mozo y se
lo llevó el rey. Ardía la guerra carlista”, una guerra que dividiría los corazones
españoles y se llevaría consigo muchas vidas y la paz de una nación. Rosa pierde
al ser amado con quien más ha compartido toda su vida.

       El talento de Cecilio Paniagua relata visualmente esa circunstancia de
ruptura y desmembramiento desde los primeros fotogramas que aparecen en la
película. Para hacerlo se vale de la trasgresión a una regla de composición
fotográfica: la Ley de los tercios3.

       “[...] En el recuadro fotográfico deben trazarse, imaginariamente, dos
líneas equidistantes verticales y dos horizontales, siendo en torno a alguno de
los cuatro puntos donde se cruzan las cuatro líneas, en donde debe colocarse el
motivo que deseamos resaltar dentro de la composición.
       Esto ocasiona un arreglo asimétrico de la imagen, con el polo de máximo
interés visual encontrándose relativamente cerca de alguna de las cuatro
esquinas del recuadro, y el área central de la gráfica ocupada por elementos
secundarios.”


              “Al colocar el punto más importante en el centro del cuadro se
forma casi siempre una composición simétrica. Este tipo de composición sólo
puede usarse para motivos solemnes. No tiene la gracia de la composición
asimétrica.” (Morilla, 2001: 31)




3    Puede     ampliarse   la   información   en   http://www.fotonostra.com/fotografiab
/reglatrestercios.htm
                                                                                      4




       En la imagen siguiente (Nº 1), observamos cómo un elemento puesto en
el centro del fotograma lo divide simétricamente y produce un efecto de
estatismo:




       Se aprecia una metonimia del poste del telégrafo: sólo su parte superior;
la posición del palo vertical en el centro produce una alteración en la armonía
visual. El tema del rompimiento se manifiesta en el fotograma mediante la
división del mismo en dos más pequeños. Los elementos de la composición
contienen un carácter indicial muy sólido que adelanta situaciones de la trama
del cuento, que está teñida por el sufrimiento de las pérdidas y el sacrificio. En
cinematografía, los elementos para tener en cuenta son la imagen en
movimiento, el sonido - ruidos, música y palabras- y la letra escrita. En este
caso, el conjunto del palo en forma de cruz, las cinco jícaras de loza blanca (los
cinco clavos) ubicados en el centro de la imagen remiten a la idea de la
crucifixión. Es interesante el anclaje de las palabras escritas: “adiós”, expresión
de despedida que contiene el vocablo “dios” y la relación de Cordera con el
cordero de Dios, Cristo. La imagen lograda en el fotograma adelanta las muertes
de la Cordera, la de Pinin y la de todos los jóvenes del lugar que van a la guerra.

       En el siguiente fotograma (Nº 2), la trasgresión a la Ley de los tercios se
repite y otra vez traspone el tema de la escisión desde el texto literario al texto
fotográfico.
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       El poste del telégrafo funciona como elemento simbólico del avance de la
modernidad y el progreso de la tecnología; ambas cosas traen consigo
separación y ruptura. La imagen nos permite hacer la siguiente lectura:

   •   Se altera la armonía bucólica del espacio, una especie de locus amoenus
       que Leopoldo Alas construye desde las primeras líneas del cuento; el palo
       en el centro suprime toda asimetría estética en la imagen.

   •   Los niños se abrazan al símbolo del progreso,

       “[...] Aquéllas vibraciones, a veces intensas como las del diapasón, que,
   aplicado al oído, parece que quema con su vertiginoso latir, eran para Rosa
   los papeles que pasaban, las cartas que se escribían por los hilos, el lenguaje
   incomprensible que lo ignorado hablaba con lo ignorado; ella no tenía
   curiosidad por entender lo que los de allá, tan lejos, decían a los del otro
   extremo del mundo. ¿Qué le importaba? Su interés estaba en el ruido por el
   ruido mismo, por su timbre y su misterio.”
       Se quebranta la inocencia en que viven inmersos; comienzan a descubrir
   que su universo va más allá de lo que conocen.

   •   Si bien los gemelos parecen unidos, en realidad están separados por el
       poste, uno a cada lado del centro del fotograma: indicio del alejamiento
       futuro de los pequeños que tanto se aman.

       Otra vez el elemento centrado en el fotograma produce inmovilidad, y
       además, se muestra como indicio de un destino irreversible: la
       separación. De la misma manera en que se corta la imagen en dos partes,
       así, también, se desgarrará el destino de esos hermanos que “[...] Se
       amaban [...] como dos mitades de un fruto verde, unidos por la misma
       vida, con escasa conciencia de lo que en ellos era distinto, de cuanto los
       separaba.”
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       La imagen lleva en sí el mensaje de la escisión espacial, temporal y física
de los personajes en el desarrollo de la historia.

       Podemos observar, a través de estos dos breves análisis cómo, a pesar de
la intraducibilidad de los diferentes “lenguajes”4, tema ya mencionado
anteriormente, cada uno de ellos posee cualidades y elementos que le permiten
funcionar como generador de significancias. La imagen, con sus propias reglas
compositivas, reescribe y “relata” el texto literario.




BIBLIOGRAFÍA:

Alas, Leopoldo (“Clarín”) “Adiós, Cordera” [En línea], URL del Documento:
<http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/alas/adios.htm> [Consulta:
Enero 2010]

Genette, Gérard (1989), Palimpsestos, literatura en segundo grado, Barcelona,
Taurus.

Kristeva, Julia (1981), Semiótica II, Madrid, Fundamentos.

Morilla, Luis René (2001), Composición artística para fotógrafos, Buenos
Aires, Flash Ediciones Fotográficas.

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Adaptaciones de la literatura española
en el cine español, Ficha de la película, [En línea], URL del Documento:
http://www.cervantesvirtual.com/portal/alece/pcuartonivel.jsp?conten=ficha&
ficha=pelicula&nomportal=alece&id=1605, [Consulta: Febrero 2010].

“La Ley de los Tercios, Tercera regla fotográfica”, en Fotonostra. Fotografía y
diseño    gráfico    digital,    [En     línea],    URL     del    Documento:
http://www.fotonostra.com/fotografia/reglatrestercios.htm, [Consulta: Febrero
2010].




4 La fotografía no puede ser considerada un lenguaje puesto que no posee un sistema de signos

como la lengua. De todas maneras, por su cualidad narrativa, suele denominársela “lenguaje”.

				
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