PRESENTACI�N by J81qx7

VIEWS: 0 PAGES: 25

									                               PRESENTACIÓN




                                      Medellín, Noviembre 12 de 2009



Apreciados hermanos,




El 18 de diciembre de 1859 ha quedado en la historia de nuestra Congregación como el
“momento fundante”. Durante todo el año lo hemos venido recordando y nos hemos
preparado desde la reflexión para hacer del 18 de Diciembre del 2009, 150 años
después, la renovación en torno a Don Bosco, de nuestra promesa de fidelidad.

Como los primeros “salesianos” que después de una semana de reflexión, acudieron a
la habitación de Don Bosco para responder explícitamente a la propuesta de trabajar en
“la obra de los oratorios con espíritu de caridad a favor de la juventud abandonada y
en peligro”, también HOY nosotros ratificamos nuestro compromiso de servir a Dios
en la vida de los jóvenes con el espíritu de San Juan Bosco.

El presente material ha de servir para reflexionar personalmente y con nuestras
comunidades locales y así disponernos de una manera más inmediata a la
RENOVACIÓN DE NUESTRA PROFESIÓN RELIGIOSA.

El 18 de Diciembre lo haremos en la Parroquia del Sufragio, en torno a los 11 hermanos
que hacen su Profesión Perpetua. Sin embargo, conscientes de que no todos podrán
participar en dicha celebración, envío el presente subsidio para que se organice en
todas las comunidades una celebración en el retiro mensual del mes de diciembre y
como comunidad local se celebre familiarmente este momento congregacional.

Espero sea de gran provecho espiritual.




De ustedes, fraternalmente




P. John Jairo Gómez R.
Delegado para la Formación
       RETIRO DE PREPARACIÓN A LA RENOVACIÓN DE
            LA PROFESIÓN RELIGIOSA 1859 – 2009
                  150 AÑOS DE FIDELIDAD


                              Indulgencia plenaria
     Concedida a los Salesianos por la renovación de la profesión religiosa
el 18 diciembre 2009, 150° aniversario de la fundación de la Sociedad Salesiana.

Prot. N. 131/09/I

                                 BEATISIMO PADRE,

    Pascual Chávez Villanueva, Rector Mayor de la Sociedad de San Francisco de Sales,
manifestando a Su Santidad los sentimientos de devoción suyos y de toda la Familia
Salesiana, con reverencia informa que el próximo 18 de diciembre se cumplirán ciento
cincuenta años desde que San Juan Bosco fundó la Pía Sociedad Salesiana para educar
a la juventud en la vida cristiana y en las artes y oficios, la cual, con la ayuda de la
Divina Providencia, se ha difundido extensamente en toda la tierra, y ha sido siempre
benemérita por la gran acción pastoral y misionera.

    Para conmemorar dignamente este acontecimiento, se darán gracias a Dios
Omnipotente mediante funciones sagradas, iniciativas de piedad y de formación
cristiana en las diversas casas y lugares sagrados del Instituto que celebra el jubileo. Y
para que a los Hermanos de la Sociedad Salesiana esté más abierta a la divina
generosidad y por tanto obtengan más abundantes frutos espirituales, el citado
Superior pide humildemente a Su Santidad el don de la Indulgencia plenaria, para
lucrar el mismo día aniversario.

   Por lo tanto, el día 22 de junio de 2009

    la PENITENCIARIA APOSTOLICA, por mandato del Sumo Pontífice, concede con
agrado la Indulgencia plenaria, que puedan lucrar los Hermanos de la Sociedad de San
Francisco de Sales que, con ánimo penitente, cumplidas las acostumbradas condiciones
(Confesión sacramental, Comunión eucarística y oración según la intención del Sumo
Pontífice), el día 18 de diciembre de 2009 renueven la promesa de cumplir fielmente
los compromisos de la propia vocación, solemnemente, o también privadamente para
los socios legítimamente impedidos.

   La presente concesión será válida sólo en esta ocasión. Sin que haya nada en
contra.

                                     S.R.E. Card. James Francis STAFFORD
                                             Penitenciario Mayor
                                     Mons. Gianfranco GIROTTI, O.F.M. Conv.
                                     Obispo Titular de Meta, Regente
                       ORACIÓN DE APERTURA


Canto

MOTIVACIÓN:

Lector 1: La tarde del 18 de diciembre de 1859 en el Oratorio de San Francisco, en la
habitación de don Bosco, se reunieron algunos jóvenes con el objetivo de "promover y
conservar el espíritu de verdadera caridad que se requería en la obra de los Oratorios
para la juventud abandonada y en peligro"; así escribe don Alasonatti en el acta de
aquel encuentro. A continuación se lee en la misma acta: "Gustó por lo tanto a los
Congregantes erigirse en Sociedad o Congregación que, teniendo por objetivo la
recíproca ayuda para la santificación propia, se propusiera promover la gloria de Dios
y la salud de las almas, especialmente de las más necesitadas de instrucción y de
educación”.

LECTOR 2: Hoy nos reunimos como Comunidad Local, para celebrar este aniversario,
que se convierte para nosotros en compromiso de vida con Dios y con los jóvenes, a
partir de nuestra consagración. Somos conscientes de la necesidad de fortalecer el
primado de la vida espiritual personal y comunitaria. Esto requiere de un espíritu, el
espíritu de vida religiosa salesiana, por eso, es necesario que en nuestra manera de ser
se manifieste la identidad salesiana, de tal forma que toda nuestra vida, al igual que la
de Don Bosco responda al proyecto unitario de servir a los jóvenes, como expresión de
nuestro seguimiento generoso y fiel al Señor Jesús.

LECTOR 1: Esta jornada de oración y reflexión es una valiosa oportunidad para
considerar lo que significa “poner a Dios en el centro de nuestras vidas”. Qué el Señor
nos ayude con la gracia de su Espíritu, a recordar que “la vida consagrada es en sí
misma una progresiva asimilación de los sentimientos de Cristo”.

PRESIDENTE:

Dios Trinidad, a quien debemos dar la primacía que le corresponde como valor
absoluto de nuestra vida personal y comunitaria, nos colme con la alegría de la
fidelidad en el seguimiento de su Hijo Jesucristo. El, esté siempre con todos ustedes.

TODOS: Y con tu espíritu.

PRESIDENTE:

Es necesario acoger la Palabra de Dios en nuestras vidas todos los días. “Este es el
camino para que la misión salesiana sea para nosotros motivo de alegría y la razón de
ser de nuestra vida consagrada, de lo contrario, quien deja de escuchar a Dios, quien
no tiene tiempo para El, antes o después dejará a los jóvenes, descuidará la vida común
y abandonará el seguimiento de Cristo”.
PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA: Lc. 22, 39 – 46

MOMENTO DE SILENCIO – Breve reflexión

LECTOR 1: Es evidente, no podemos distraernos. Tenemos que estar siempre
vigilantes. Si somos de Dios tenemos que manifestarlo constantemente y esta
conciencia sólo la mantendremos con la oración constante.

LECTOR 2: Este es un momento especial para recordarlo y vivirlo. Pidamos juntos la
ayuda al Espíritu Santo para que sea El quien nos ayude en este camino de fidelidad.

CORO 1:

Espíritu de Sabiduría e Inteligencia, ven a nosotros
Espíritu de Entendimiento y Consejo, ven a nosotros
Espíritu de Ciencia y de Piedad, vena nosotros
Espíritu de Temor de Dios, ven a nosotros.

CORO 2:

Espíritu de comprensión y confianza, ven a nosotros
Espíritu de dulzura y humildad, ven a nosotros
Espíritu de paz y paciencia, ven a nosotros
Espíritu de modestia y de pureza, ven a nosotros
Espíritu consolador, ven a nosotros

CORO 1:

Espíritu santificador, ven a nosotros
Espíritu del señor que llevas el universo, ven a nosotros
Espíritu infalible que dirige la Iglesia, ven a nosotros
Espíritu inspirador que diste origen a nuestra Congregación, ven a nosotros

TODOS:

Espíritu Santo, escúchanos
Ilumina nuestro espíritu con tu luz, inflama nuestros corazones de tu amor
Vuélvenos firmes y valientes en la fe, enséñanos a orar y ora Tú mismo en nosotros
Condúcenos por los caminos de tus mandamientos,
Ayúdanos a amarnos y a comprendernos los unos a los otros. AMEN

PRESIDENTE:

Señor Jesucristo, que nos has llamado a estar contigo y has interpelado nuestro amor
con tu amor infinito llamándonos a una donación total y generosa, haz que el pacto de
alianza, que por gracia tuya sellamos contigo sea constantemente expresión de vida
nueva al servicio de tu iglesia y en la dedicación permanente a los jóvenes. Tú que
vives y reinas por los siglos de los siglos.

TODOS: Amén.
BENDICIÓN

CANTO A LA VIRGEN


                                   EUCARISTÍA

NOTA: Se puede celebrar la misa propia de Don Bosco, o la misa de la renovación de la
profesión religiosa que se encuentra en el Misal Romano, pág. 886



Comentario Inicial:

Comentador 1:

Nos dice el Rector Mayor: “El 1859 es el año de nacimiento de nuestra Congregación.
Deseo por ésto proponer a todos los hermanos vivir el 2009 como un año de gracia,
recordando de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos”.

Comentador 2

Esta celebración de los 150 años de nuestra Congregación nos ha permitido tomar
conciencia de nuestra identidad de personas consagradas, que viven la primacía de
Dios, el seguimiento de Cristo obediente, pobre y casto, plenamente disponibles al
Espíritu, y justamente por esto dedicados totalmente a los jóvenes. Esta identidad la
debemos vivir con alegría y la debemos manifestar visiblemente, en el ardor
evangelizador, en el amor por la salvación de las almas, en el ímpetu pastoral, que se
inspiran en el programa de vida de don Bosco "da mihi animas, cetera tolle" .

Comentador 1:

La participación jubilosa y festiva en esta Eucaristía es para nosotros salesianos un
compromiso de fidelidad a las promesas del bautismo, es decir, a «caminar siempre en
la fe, en la esperanza y en el amor»; un compromiso a actuar en toda circunstancia por
«la salvación de los hermanos» sirviéndolos con alegría a fin de que la vida de todos
sea un himno a la gloria del Padre y puedan participar un día en la fiesta eterna del
cielo.

MOMENTO PENITENCIAL

Presidente:

Hermanos: despojémonos del hombre viejo y revistámonos del hombre nuevo,
suscitados por Dios para vivir la justicia, la verdad y el amor, pidamos perdón al Señor
por nuestros pecados, especialmente por aquellos cometidos en contra de nuestra vida
consagrada y apostólica.

Lector:
Nos invitas a compartir nuestra vida... por tantos momentos en los que vivimos desde
el egoísmo:

          Señor, ten piedad.

Lector:

Seguir tras tus huellas es entregarnos con generosidad a cuantos nos rodean... por
todos los momentos en los que nos olvidamos de las personas que nos necesitan y nos
desentendemos de las cosas cuando se requiere nuestra ayuda:

          Cristo, ten piedad.

Lector:

Tu propuesta es radical... por nuestra mediocridad, por no tomarnos en serio tu
seguimiento:

          Señor, ten piedad

RENOVACIÓN DE LA PROFESIÓN RELIGIOSA

(Después de la homilía)

Presidente: Hermanos, con sentimientos de profunda gratitud a Dios Padre que nos ha
llamado y continúa llamándonos, en su Hijo Jesucristo, para ser colaboradores de su
Plan de Salvación; renovemos los compromisos de nuestra profesión en esta fecha
memorable para nuestra Congregación.

Todos:

Dios Padre,
Tú me consagraste a ti el día de mi bautismo,
como respuesta al amor de Jesús, Tu Hijo,
que me llama a seguirlo más de cerca,
y conducido por el Espíritu Santo, que es luz y fuerza,
con plena libertad te ofrezco todo mi ser,
comprometiéndome a entregar todas mis energías
a quienes me envíes, especialmente a los jóvenes más pobres,
a vivir en la Sociedad Salesiana,
en comunión fraterna de espíritu y acción,
a participar, de ese modo,
en la vida y en la misión de tu Iglesia.

Por eso, yo,
en presencia de mis hermanos
renuevo voto
de vivir obediente, pobre y casto
según el camino evangélico
trazado en las Constituciones Salesianas.
Tu gracias Padre,
la intercesión de María Santísima Auxiliadora,
de San José, de San Francisco de Sales
y de San Juan Bosco, y mis hermanos salesianos
me asistan todos los días y me ayuden a ser fiel.


ORACIÓN DE LOS FIELES:

Presidente:

En esta celebración en honor del padre y maestro de la juventud, oremos, hermanos, a
Dios Padre, siempre dispuesto a acoger las preces de sus hijos.

R. Escucha, Padre, nuestra oración.

1. Por el Papa, los obispos, sacerdotes y diáconos: para que anuncien el Evangelio de la
verdad y la alegría dando un testimonio gozoso de su vocación, roguemos al Señor.

2. Por nuestra Congregación, para que los frutos recogidos a lo largo de estos 150 años
se prolonguen en beneficio de la juventud pobre y abandonada y siga creciendo en
fidelidad e identidad carismática. Roguemos al Señor.

3. Por los jóvenes abandonados, marginados y sin ideales: para que en cada miembro
de la Familia Salesiana hallen un amigo que los ayude a orientar su vida según el
Evangelio, roguemos al Señor.

4. Por cuantos trabajan en la educación cristiana de los jóvenes: para que vean en San
Juan Bosco un maestro y guía en que inspirar su misión, roguemos al Señor.

5. Por todos nosotros que hemos renovado nuestro compromiso de fidelidad dentro de
la Congregación salesiana: para que sepamos practicar a diario la enseñanza evangélica
de la mutua acogida, a fin de que un día podamos ser recibidos por Jesucristo,
roguemos al Señor.

Presidente:

Oh Dios, siempre fiel, que diste a san Juan Bosco un corazón grande y generoso,
escucha nuestra oración, para que, guiados por tu Espíritu, sepamos vivir a diario lo
que te pedimos con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.

OFERTORIO

PAN:

Comentador 1:

Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo…

Comentador 2:
Padre bueno, tu Hijo se entrega a nosotros para darnos la salvación; se hace comida
porque Él es la vida para que nosotros la tengamos abundantemente. Por eso
humildemente te ofrecemos este pan como símbolo de la perpetuación de la alianza
que has hecho con nosotros.

VINO:

Comentador 1:

Tomad y bebed todos de él porque este es el cáliz de mi Sangre…

Comentador 2:

Padre santo, en el momento en el que Jesús ofrece el vino como su Sangre, realiza con
nosotros un pacto de amor indisoluble. Permite Dios todopoderoso que este pacto
nunca se rompa a pesar de la debilidad humana.

ACCIÓN DE GRACIAS:

EL CREDO SALESIANO

TODOS:

Creemos que Dios ama a los jóvenes. Tal es la fe que está en el origen de nuestra
vocación y que motiva nuestra vida y todas nuestras actividades pastorales.

Creemos que Jesús quiere compartir su vida con los jóvenes, que son la esperanza de
un futuro nuevo y llevan dentro de sí, oculta en sus anhelos, la semilla del Reino.

Creemos que el Espíritu se hace presente en los jóvenes y que por su medio quiere
edificar una comunidad humana y cristiana más auténtica. Él trabaja ya en cada uno y
en los grupos; les ha confiado una tarea profética para que la realicen en el mundo, que
es también el mundo de todos nosotros.

Creemos que Dios nos está esperando en los jóvenes, para ofrecernos la gracia del
encuentro con él y disponernos a servirle con ellos, reconociendo su dignidad y
educándolos en la plenitud de la vida...
      MATERIAL PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL Y COMUNITARIA




                  LA PROFESION RELIGIOSA, EJE FUNDAMENTAL DEL
                         PROYECTO DE    VIDA SALESIANA




                                                    Pbro. Vidal Niebles O, sdb

En los 150 años de los salesianos de Don Bosco, se ha venido reflexionando a lo largo
de este año denominado por el Rector Mayor, “Año Santo Salesiano” sobre los diversos
tópicos que han hecho realidad el sueño de San Juan Bosco de dar continuidad a la
misión que el Señor le encomendó: “ser portador del amor de Dios a los jóvenes,
especialmente a lo más pobres y en riesgo “. Y uno de los aspectos claves es la
fundamentación del carisma a partir de la vida consagrada de los continuadores de
dicha labor apostólica. Por ello esta reflexión acerca de la profesión religiosa que
renovaremos precisamente todos los salesianos del mundo el 18 de diciembre de este
2009, recordando el memorable 1859.

Y hacemos dicha reflexión partiendo de las ideas y escritos que a lo largo de su
magisterio salesiano desarrolló Don Egidio Viganó, 7º. Sucesor de Don Bosco de grata
recordación para todos los que lo conocimos, valoramos y apreciamos como persona,
teólogo y hombre de Iglesia. Como solía repetirlo , nuestra realidad carismatica ,
misionera y de consagrados parte “ de la gracia de unidad como energía vital que nos
viene del Espíritu Santo. La actividad creadora del Espíritu ha comenzado en el
fundador, en el cual la gracia de unidad ha ido estructurando un peculiar proyecto
unitario de vida evangélica. Hemos comprobado a lo largo de la historia el inicio de
una “índole propia”, que va manifestando los contenidos peculiares del especial
carisma del fundador” .(Egidio Viganó, Interioridad Apostólica, pág 39-49, CCS,
Madrid 1990.

 Nos interesa analizar el acto personal con que nos incorporamos a ese carisma, para
seguir testimoniando y desarrollando sus riquezas en la Iglesia.

Ese acto es la emisión de la profesión religiosa.

1. PROFESION Y ESPECIFIDAD SALESIANA

La profesión religiosa es el acto libre consciente, en el cual, conociendo el proyecto
evangélico, estructurado por la gracia de unidad donada a Don Bosco, cada uno de
nosotros se compromete a vivirlo, confiado en la potencia del Espíritu Santo, que
infunde la fuerza para testimoniarlo con integridad.

Aquí no se trata de medir sobre la Profesión religiosa en forma genérica. Queremos
profundizar propiamente la Profesión “salesiana”, analizando sus contenidos
específicos. Así percibiremos cómo la energía de la gracia de la unidad va uniendo en
nuestra conciencia y en nuestra vida varios elementos, de suyo distintos, pero que en
nosotros se expresan en una armónica síntesis vital. Nuestra profesión no se identifica
simplemente con la emisión de los tres votos, sino que se comporta explícitamente la
asunción del proyecto unitario de vida evangélica, que está descrito auténticamente en
las constituciones.

Lo dice la misma fórmula de Profesión: “Hago voto de de vivir obediente, pobre y
casto, según el camino evangélico trazado en las Constituciones salesianas” (C 24).

La especificad salesiana o “índole propia” de nuestro carisma tiene una vinculación
muy íntima con nuestra Profesión religiosa. No por nada antes de emitir la Profesión
estudiamos con atención y practicamos con esmero “las Constituciones de la sociedad
de San Francisco de Sales”; y no por nada toda Profesión religiosa comporta una
especial pedagogía ascética descrita en una determinada Regla de vida. La
superficialidad espiritual puede afectar también al acto central de nuestra existencia
cristiana: la profesión religiosa. ¿Quién no ha oído frases reductivas, como las
siguientes: “yo he hecho voto de obediencia, no voto de petición de permiso”, etc. O
también, la expresión imprecisa, aunque común, cuando se dice “renovación de la
Profesión”?

En realidad, hace falta meditar mejor, y en relación con el proyecto de vida formulado
por el Fundador, el significado “carismático” del acto tan concreto de nuestra Profesión
religiosa.

El benedictino, el franciscano, el dominico, el jesuita, etc., prometen también con voto
practicar los consejos evangélicos; pero no hacen una misma profesión religiosa,
idéntica a la nuestra. En efecto, en sus Institutos no vive nuestra misma “índole
propia”, aunque se palpa la misma opción evangélica.

2. LA MEMORABLE FECHA DE LA PRIMERA PROFESION

Vale la pena antes de presentar los elementos fundamentales que constituyen la índole
propia de nuestro carisma, hacer memoria del contexto histórico de la primera
Profesión salesiana…, que todos los socios quieren reactualizar con solemnidad y
fervor espiritual en estos 150 años de la fundación de nuestra Congregación.

 El día de la primera Profesión salesiana fue el 14 de mayo de 1862: la emitieron 22
jóvenes junto al fundador (MB VII, 161). La hicieron en Turín, capital de un Estado que
se estaba volviendo laicista y combatiblemente anticlerical: perseguía y echaba de la
sociedad. Esos muchachos, que por otra parte sentían el influjo cultural de su época
(poca simpatía por “los fraile”; tanto que Juan Cagliero se decidió a profesar
exclamando: “¡Fraile o no fraile, yo me quedo con Don Bosco!”), tiene el coraje de
iniciar una nueva Congregación religiosa, y hacen su profesión con entusiasmo
extraordinario.
Una opción de vida que significaba estar con Don Bosco, superando las graves
dificultades del ambiente social y también diocesano: empezaban así una camino
evangélico nuevo, caracterizado por una especificidad propia, no con la modalidad
general de las profesiones religiosas entonces conocidas. Iniciaban la vida de un
carisma inédito. La teología de la vida religiosa, en efecto, nos enseñaba que, sobre un
fundamento de valores comunes, se desarrollan las índoles propias de los múltiples
carismas de vida consagrada. Podemos decir, de hecho, lo que existe concretamente no
es tanto “la” vida religiosa, cuanto los carismas de los diferentes Institutos (aunque hay
valores comunes, acerca de los cuales se puede hacer una teología común).

Pues, en esa coyuntura histórica no favorable, cuando parecía que todo lo eclesial se
estaba viniendo abajo junto con los Estados Pontificios; estos jóvenes, llenos de fe y de
esperanza, aceptan consiente y valientemente la propuesta de Don Bosco, presentada
como proyecto que venía de Dios. Esa profesión marca históricamente una originalidad
carismática de caridad pastoral a favor de la juventud. Ellos estaban convencidos de
poderlo hacer bien y de preservar hasta el final, no obstante las fuertes circunstancias
adversas.

3. UNA OPCION AUTENTICA DE LIBERTAD

Ese 14 de mayo nos hace comprender la grandeza cristiana de la Profesión religiosa.
No hay acto más elocuente para un proyecto de vida de discípulos del Señor. Las
Constituciones nos dicen que es un acto supremo de libertad: “Es una de las opciones
mas elevadas para la conciencia de un creyente, un acto que renueva y confirma el
misterio de la alianza bautismal, para darle una explicación más intima y plena” (C23).

Es la opción fundamental por Cristo, determinada por la índole propia del carisma del
Fundador, que da una orientación definitiva a las inactivas futuras de la propia
libertad. “Es como el lanzamiento de una orbita espacial: inmensa posibilidad de
navegación, pero en un proyecto eclesial inspirado por Dios”.

Con la Profesión se renueva y se determina el alcance existencial del sacramento de la
fe, como si se dijera: “mi bautizo yo lo quiero vivir según este proyecto evangélico; mi
manera de ser discípulo de Jesucristo está en vivir lo especifico propio de ese
carisma”. La profesión religiosa implica un acto consciente y programático de futuro
para la ubicación de la propia existencia en el devenir a la sociedad y de la iglesia: la de
haber encontrado el significado de la propia vida en la historia, según un especial
camino de seguimiento de Jesucristo.

La palabra “profesión” puede tener para nosotros un doble significado. Uno, derivado
del verbo “profiteor”, como proclamación pública del testimonio vivo de la propia
opción de fe. Otro, en consonancia con cierta mentalidad común (aunque no sea su
significado autentico), es el de pensar que con ese acto litúrgico los religiosos escogen
una especie de “profesión” social que los distingue de las otras numerosas profesiones
humanas. Esto les hace pensar que se habilitan a una profesionalidad que exige
competencia en las cosas de Jesucristo y en la misión del Fundador.
En cualquiera de los dos significados se trata de un especial testimonio de fe, donde la
gracia de unidad propia de la caridad infunde la capacidad de organizar en síntesis
vital los varios elementos de un carisma.

Aquí también la reflexión nos lleva a afirmar que la Profesión religiosa nos hace
“carismáticos” en fidelidad a una determinada índole propia. El documento “Mutuae
Relaciones” recuerda algunas notas características de un carisma en la Iglesia: fidelidad
al Señor, inteligente atención pastoral a la realidad y a los signos de los tiempos,
comunión con la Iglesia, audacia creadora, constancia en la donación, humildad en los
contratiempos y experiencia del ministerio de la cruz; afirma, además, que las dotes
personales (como ya hemos visto) sirven para enriquecer y rejuvenecer a la
Congregación en que uno se incorpora, viviéndolas en armonía con el proyecto del
Fundador (cfr. . MR , 12).

4. VALORES ORIGINALES DE NUESTRA CONSAGRACION APOSTOLICA

¿Cuáles son los elementos fundamentales de la índole propia del proyecto salesiano?
Después de tres largos Capítulos Generales (unos quince años de trabajo), tenemos una
respuesta clara, concentrada en el artículo 3 del nuevo texto de las Constituciones:
“nuestra consagración apostólica”.

Es historia salesiana las discusiones en el Capítulo General Especial entre los
defensores de la primacía de la “consagración” y los que privilegiaban la fuerza
incisiva existencial de la “misión”.Algunos tenían una idea de “consagración”
verdaderamente preconciliar e impropia: la identificaban con el acto subjetivo del que
emite los votos (=se consagra a Dios), o con la misma práctica de los consejos
evangélicos (=los votos son la consagración): excluían, en esta interpretación hoy
superada, tanto la misión como la vida comunitaria. Como se ve, era una visión
peligrosamente reductiva, que provocaba un sin número de discusiones y una
estructuración no unitaria en la reelaboración del texto constitucional.

Al final se logró entender las orientaciones de la Lumen Gentium y se pudo hablar de
“consagración apostólica”, que está constituida en forma orgánica (a causa de la
energía de la gracia de la unidad que la fermenta) por cuatro elementos fundamentales:
la Alianza de Dios (como vertiente de la gracia de la unidad), la Misión apostólica (como
fisonomía global), la Comunidad fraterna (como estilo de vida y acción) y la Práctica de
los consejos evangélicos (como estructura radical de donación de sí). Estos cuatro
elementos fundamentales se viven en un único movimiento de caridad.

El artículo 3 de nuestras Constituciones es más que explícito: “Nuestra vida de
discípulos del Señor es una gracia del Padre, que nos consagra con el don de su
Espíritu, y nos envía a ser apóstoles de los jóvenes (=Alianza).Por la Profesión religiosa
nos ofrecemos a Dios, para seguir a Cristo, trabajar con El en la construcción del reino.
La Misión apostólica, la Comunidad fraterna y la Práctica de los consejos evangélicos
son los elementos inseparables de nuestra consagración, vividos en un único
movimiento de caridad hacia Dios y los hermanos. La misión da a toda nuestra
existencia su tonalidad concreta, específica nuestra función en la Iglesia y determina el
lugar que ocupamos entre las familias religiosas”.

Esta presentación Constitucional del ser discípulo de Cristo y enviado a la vez a
anunciar el Reino de Dios, corresponde actualmente a la invitación del Documento de
Aparecida que insiste en evitar una peligrosa dicotomía: “ La misión es inseparable
del discipulado, por lo cual no debe entenderse como una etapa posterior a la
formación, aunque se realice de diversas maneras de acuerdo a la propia vocación y al
momento de la maduración humana y cristiana en que se encuentre la persona “ (
Aparecida, 278 -numeral e)

Muy iluminante resulta el comentario que ha hecho el cardenal Anastasio Bellestrero,
arzobispo de Turín y ex superior general de la Orden Carmelitana, predicando a los
inspectores de Italia. Es sabido que el cardenal Ballestrero participó personalmente en
los trabajos del Concilio Vaticano II; en modo particular, en los textos referentes a la
vida consagrada. Afirmaba el Cardenal:

“Estamos (en este vuestro artículo 3º.) en una perspectiva plenamente evangélica. Esta
vida, empero, no se presenta como una opción que hacemos nosotros, sino como un
don que es dado. Es una gracia del Padre: es el Padre quien consagra.

“Aquí entramos en la teología de la consagración. Inmediatamente después de la
publicación de los documentos conciliares, alrededor de la expresión del concilio ,”
consecratur” (LG 44), surgieron interpretaciones: el verbo, ¿era reflexivo o pasivo? Los
religiosos, ¿se consagran o son consagrados? No obstante una nota explícita de la
comisión doctrinal (del Concilio), que había declarado que el verbo era pasivo,
precisando a Deo; cierta teología ha seguido por sus caminos, debilitando las fuerzas
tan trascendentes del consecratur, porque, si me consagro yo, es una cosa; pero, si me
consagra Dios, es otra…

“Consagrados con el don del Espíritu y enviados. La consagración es comprensiva del
don del Espíritu y del envío a los jóvenes. Esto forma parte de vuestro carisma. Este
vínculo interior entre consagración por Dios y envío a los jóvenes es un elemento muy
significativo de vuestra identidad espiritual y de vuestra vocación. Esta doble
polarización a nivel de encarnación un una única gracia: la que me lleva a Dios en la
fidelidad de la consagración, y la que lleva a los jóvenes, no como diferente de esa
fidelidad, sino como coherencia con ella.

“No hay un movimiento alternativo: un poco para los jóvenes, un poco para Dios; sino
la gracia de darse cuenta de que la manera concreta de moverse a Dios, para vosotros,
es la de ir hacia los jóvenes. Ser fieles a la misión que cabalmente en el encuentro con
Dios os viene continuamente repetida, continuamente recordada y también
continuamente enriquecida de gracia, porque no vais en nombre vuestro sino porque
Alguien os envía. No se trata simplemente de un propósito generoso y valiente, sino
también de un don misterioso y gratuito que no se puede separar, evidentemente, del
propósito y del compromiso; pero que, de todos modos, precede, en la dinámica de la
gracia y de la santidad, el propósito.

“Para seguir a Cristo: una consagración, por lo tanto, que no os encierra en un nicho,
sino que os pone en un camino. Es algo que caracteriza la conciencia de la naturaleza
de la consagración, que no concluye algo, sino que da inicio: caminar, seguir, moverse;
sequela Christi, expresión clásica en la consagración religiosa.

“La misión apostólica –dicen vuestras Constituciones-, la comunidad fraterna y la práctica
de los consejos evangélicos son los elementos inseparables de vuestra consagración. Yo
quisiera hacer una observación, a propósito de este texto. En la mentalidad corriente,
también posconciliar, se habla de consagración a través de los consejos evangélicos, y
después vendría todo lo demás. Aquí, en cambio, estamos frente a un vuelco de
perspectivas: la consagración pone en primer lugar, como contenido, la misión
apostólica, la comunidad fraterna, y después, la practica de los consejos evangélicos.
Me parece particularmente iluminante y significativa esta colocación original de los
elementos que constituyen la consagración. Encuentro que esto es extraordinariamente
rico en consecuencia en la manera de caracterizar una vocación, un tipo de vida
religiosa, y también, fundamentalmente, una espiritualidad.” (A. Ballestrero, Don
Bosco, prete per i Giovanni, LDC, Torino, 1987, págs. 39-43)

Realmente, estas reflexiones del cardenal Ballestrero tocan explícitamente nuestro tema
de la gracia de unidad.

Resulta interesante hacer notar que lo que proponen las Constituciones en el artículo 3,
en forma de descripción afirmativa de los contenidos de nuestra consagración
apostólica, lo presentan también en el artículo 24, pero en forma de donación orante
para cada miembro de la Congregación: se trata de la fórmula misma de la profesión
religiosa:

“Dios Padre, Tú me consagraste a Ti el día de mi bautizo.

Como respuesta al amor de Jesús, tu Hijo, que me llama a seguirlo más de cerca, y
conducido por el Espíritu Santo, que es luz y fuerza (=Dios me consagra), yo con plena
libertad te ofrezco todo mi ser, comprometiéndome a entregar todas mis energías a
quienes me envíes, especialmente a los jóvenes más pobres (=misión); a vivir en la
Sociedad Salesiana en comunión fraterna de espíritu y de acción (=comunidad
fraterna)... Por esto, en presencia de mis hermanos, hago voto de vivir obediente, pobre
y casto, según el camino evangélico trazado en las Constituciones salesianas”
(=práctica de los consejos) (C 24).

Podemos leer también otro artículo que, al indicar cuáles son los vínculos de unidad en
la comunión fraterna, vuelve a insistir sobre los mismos elementos: “Dios nos llama a
vivir en comunidad, dándonos hermanos a quien amar. La caridad fraterna, la misión
apostólica y la práctica de los consejos evangélicos, son los vínculos que forjan nuestra
unidad y robustecen continuamente nuestra comunión. Formamos así un solo corazón
y una sola alma para amar y servir a Dios, y para ayudarnos unos a otros” (C50).
Es la energía de la gracia de la unidad, que a través de la índole propia sigue
ampliando el influjo de la potencia unificadora del Espíritu Santo.

5. LOS EJES QUE FUNDAMENTAN NUESTRA GRACIA DE UNIDAD.

En el capitulo General 26 del 2008, hay un numeral, el 20, muy significativo: “El
salesiano pida todos los días a Dios y comprométase a vivir la gracia de unidad entre
contemplación y acción apostólica, de modo que evite el riesgo de la dispersión y de la
superficialidad” .Esto no es otra cosa que retomar cotidianamente el esfuerzo de no
fragmentarnos y vivir esa gracia de unidad como propósito y tarea permanentes.

 Se trata de dar cumplimiento al ideal de las Constituciones acerca de nuestra
consagración apostólica (C 3) y de nuestra índole propia y detectar una dinámica en su
interior que gira alrededor de dos polos. La conciencia de esta dinámica ayuda a
profundizar la gracia de la unidad, y a hacer crecer sus frutos en la vida consagrada.

El primer polo está constituido por la Alianza especial con Dios.

Comportan dos acciones que convergen en síntesis vital: la acción de Dios Padre, que
consagra infundiendo la potencia transformadora del Espíritu Santo, y la acción del
profeso, que se ofrece totalmente a Dios, para seguir a Cristo y trabajar por el Reino. Es
un dinamismo de amistad que necesita conciencia permanente, dialogo cotidiano y
actitud personal de amor. Es desde este polo de íntima Alianza que procede el “único
movimiento” con que se vive esa caridad pastoral que está al centro de todo nuestro
espíritu.

 El segundo polo está constituido por la Misión apostólica, que “da a toda nuestra
función en la Iglesia, y determina el lugar que ocupamos entre las familias religiosas”
(C 3). Si el primer polo es vertiente de unidad, este segundo polo es definidor de
identidad. Son dos polos en mutua tensión, que se complementan en forma inseparable
y se vivifican el uno al otro en diferentes niveles.

En el polo de la Alianza se percibe la iniciativa de Dios en una visión teologal renovada
del concepto de consagración.

 En el polo de la misión se descubre el aporte de la realidad en devenir con los
continuos desafíos juveniles que interpelan la inventiva pastoral. El cuidado de uno
solo de los dos polos rompería la identidad de nuestra índole propia.

 La Alianza y la Misión no excluyen los otros dos elementos (Comunión y Consejos),
sino que los ilumina con luz especifica, y los dinamizan con la novedad creadora del
Espíritu y con la evolución novedosa de los signos de los tiempos.

Ciertamente, la profundización de esta dinámica resultará sumamente benéfica en la
formación inicial y permanente. No hay verdadera formación, si no se percibe el
secreto orgánico de nuestra gracia de unidad. El proceder materialmente por suma de
elementos, por más precioso que sea cada uno de ellos, no es inteligencia de fe, y no
asegura, en definitiva, la superación del peligro de nuestra superficialidad espiritual.
Por todo lo anterior resulta comprensible la insistencia de Don Pascual Chávez, en la
convocación celebrativa de los 150 años de la fundación de los salesianos de Don
Bosco, de conmemorar este acontecimiento renovando nuestra profesión religiosa y de
esta manera garantizar la continuidad de un carisma que tiene como núcleo
fundacional la vida consagrada de unos hombres que deben proclamar antes que nada
con sus vidas “el primado de Dios y la fidelidad al seguimiento de Cristo obediente,
pobre y casto , para ser capaces de llevar adelante la misión apostólica en medio de los
jóvenes”.

  María Santísima, madre y maestra de la Congregación Salesiana , es y será faro
luminoso en la continuidad del carisma salesiano si imitamos en ella esa gracia de
unidad ,     donde contemplación y misión el alma unitaria de su interioridad
apostólica, que pronuncia continuamente , el más consiente SI a las iniciativas del
Padre.

Algunas preguntas para nuestra reflexión:

   1. ¿Cuáles son las consecuencias peligrosas de una fragmentación de la gracia de
      unidad del salesiano?.


   2. ¿Frente a la significatividad de la Profesión como opción de vida, cuáles serían
      los factores visibles dominantes de los abandonos antes de llegar al SI
      definitivo perpetuo?.
             “LA PROFESIÓN RELIGIOSA SALESIANA”
                    -Una mirada desde la Biblia-


                                                Pbro. Hernán Cardona R. sdb

Introducción

Los salesianos celebramos el 18 de diciembre del año 2009, ciento cincuenta
años de la fundación de nuestra querida Congregación. Don Bosco, sensible a
las mociones del Espíritu Santo, dejó forjar en su vida un carisma, para el
beneficio integral de los jóvenes más pobres. Y el Señor Jesús atrajo y atrae a
muchos para hacer esta lectura salesiana del Evangelio como religiosos de Don
Bosco.

El comienzo de la fórmula de la Profesión Religiosa (C. 24) destaca en sus
primeras líneas por lo menos dos elementos con profundas raíces bíblicas:
“Dios Padre, tú me consagraste a ti el día del bautismo” y “como respuesta al
amor de Jesús tu Hijo”. Los párrafos siguientes pretenden detenerse en estos
dos criterios bíblicos: el Dios Padre de Jesús y la significativa riqueza del amor
oblativo.

   1. Una experiencia salesiana de Dios Padre.

De acuerdo con el artículo 11 de nuestras Constituciones, los salesianos somos
más sensibles a ciertas realidades del Evangelio: la gratitud al Padre, la
predilección por los pequeños y los pobres, el deseo de congregar en la unidad de la
comunión fraterna.

La parábola del Padre compasivo (Lc 15,11-32), recoge varios de estos criterios.
Aquí, en Lucas 15, Dios se apiada de los descarriados y de los fracasados (la
oveja perdida, la dracma perdida, el hijo extraviado). Y la figura central, en el
tercer relato de este capítulo, es el Padre, en sentido estricto, no es el hijo
perdido. El Padre queda como trasfondo esencial, cuando el hijo menor dice:
“Me levantaré e iré donde mi Padre” (Lc 15,18).

Y luego en el encuentro entre el padre y el hijo se descubre cómo la misericordia
y el amor del Padre son exclusivos de él. La conversión y el reconocimiento del
error en el hijo, nacen del amor primero del padre, quien de antemano genera
esperanza en el hijo, él cree en la actitud desbordante de su padre. A este padre
le interesa solo el amor hacia su hijo, nunca se termina su amor por él, incluso
ese amor acompañó al hijo en el extranjero.
Si el padre, desde lejos, ve venir a su hijo, esta actitud no es ninguna casualidad
en la narración. Este hecho importa tanto, como el detalle de la carrera
presurosa del Padre, cuando sale al encuentro de su hijo. Al Padre no le
importan los usos orientales, ni los comentarios desobligantes de los otros por
su actitud. Nunca un anciano oriental corre y menos aún en una situación así,
para abrazar a un hijo sinvergüenza. Pero este Padre no teme perder su
compostura habitual en orden a la alegría evangélica. Él se halla embargado por
una profunda misericordia y solo sabe una verdad: ¡Mi hijo está otra vez aquí!

En medio de esta alegría sobreabundante, el hijo tiene una certeza indudable y
una suerte inmensa: tiene papá y de ninguna manera su padre lo deja hablar,
cuando quiere ser jornalero y esclavo en su propia casa. El papá ya lo abrazó y
lo besó antes, y el hijo no alcanzó a proferir sílaba alguna. Sin la menor demora
el padre ordena traer el anillo y el primer vestido, y así le devuelve otra vez al
perdido, sin dilación, su derecho de hijo. Y comienza la fiesta.

Un poco más tarde, cuando el padre dialoga con su hijo mayor disgustado por
esta alcahuetería, el papá intenta justificar su actitud ante el hijo venido también
del campo: “Debemos hacer fiesta y estar alegres: Pues tu hermano estaba
muerto y vive otra vez; estaba perdido y ha sido encontrado de nuevo”. Quizás
estas palabras caracterizan al padre en lo más profundo de su corazón. Esta
frase nos revela rasgos del Dios de Jesús.

El padre con estas palabras intenta balbucir y hacer entendible su alegría
profunda al hijo mayor, quien aparece rebelde y amargado por completo.
“Debemos hacer fiesta y estar alegres.” Este dicho afectuoso descubre cómo el
padre es amoroso, y es capaz de conmoverse hasta lo más profundo de su
corazón. Él no piensa en las categorías de la ley y la justicia humana; para él la
realidad no se agota en una orden, ni en un castigo, porque no siempre estas
acciones logran la enmienda del pecador.

Estas maneras de proceder están muy lejos de él como padre. Su real
comportamiento lo determina la conmoción infinita de sus sensibles entrañas
(corazón) y el amor de Agápe capaz de pasar por alto, así sean ofensivas,
muchas realidades, y de hacer olvidar lo inolvidable.

       Lucas 15 habla del Padre Dios pero también de Jesús.

Ahora bien, en sentido estricto este relato, como muchas parábolas de Jesús, no
hablan sobre todo ni en primer lugar de Dios, sino de Jesús. El contexto en
Lucas 15,1-2 lo reconoce en forma clara, Jesús defiende su conducta de juntarse
y de comer con publicanos y pecadores, en las tres parábolas de Lucas 15. Jesús
acepta al pecador, comparte la mesa con los réprobos, y busca a quienes están
perdidos porque esta es su opción desde su Padre.

Jesús ilustra en la parábola su praxis. Pero al mismo tiempo, Él habla también
de Dios: Pues el hecho de encontrar de nuevo lo perdido, no refleja sólo su
personal alegría, sino la alegría de Dios. Así en estas parábolas aparece el
comportamiento de Jesús y el comportamiento del Padre, en una modalidad ni
más ni menos emotiva del uno dentro del otro. Y el hecho de estar uno dentro
del otro se muestra en los evangelios de muchas maneras.

Jesús rara vez fundamenta sus palabras en la “Escritura”, tampoco le da curso a
su palabra como un juicio de Dios, como lo hacían los profetas, ni tampoco
justifica sus acciones a través de visiones e imágenes escalofriantes como
aquellas de los escritores apocalípticos, más bien Él habla en la fuerza y el
dinamismo de sus acciones, las cuales, al final son las mismas obras de Dios.

Pero ante todo su fuerza, y el dinamismo de Dios, queda visible en la sanación
de los enfermos y de los posesos, pues ya está presente el reinado de Dios, ya
llegó: “Si yo con el dedo de Dios expulso los demonios, entonces el reino de
Dios ya llegó a vosotros.” (Lucas 11,20). He aquí una reivindicación sin
precedentes. En verdad, Jesús no se anuncia a sí mismo. Y sin embargo, en sus
acciones y en su palabra, está presente ya el Reino de Dios, y a la vez, Dios
habla y actúa en Él porque Dios está ahí.

Por lo tanto, Dios en Jesús es no sólo el Dios de los padres, el Dios de Abraham,
el Dios de Isaac y Jacob, el Dios de Moisés y de los profetas… ahora Dios
aparece en el sentido más eminente como el Dios de Jesús. Dios se ha
manifestado como el Dios de Jesús, y ya no podrá hablarse de Él de otra manera
distinta sino en conexión con Jesús.

En otras palabras el anuncio de Dios hecho por Jesús es nítido y convincente en
la praxis y en la Palabra del Maestro de Galilea; por lo anterior Jesús se ha
transformado en el exegeta definitivo del Padre, se ha mostrado como el
intérprete genuino y autorizado de Dios, como el hermeneuta excelente de la
acción creadora de Dios y después de Él, no hay ninguna interpretación nueva e
importante sobre Dios. Sólo en este punto se halla la radical novedad del
anuncio de Dios hecho por Jesús.

Estos sencillos datos se extraen apenas de una sola narración (Lc 15). Pero la
riqueza interminable de las parábolas, los hechos de las parábolas, y las
palabras del anuncio testimonial de Jesús, nos llevarían más cerca al Dios Padre
de Jesús. Muchos elementos nuevos brotan cuando uno deja hablar los
numerosos textos de los evangelios, pero ellos impactan y atraen sobremanera,
si uno los vive y los pone en práctica. La invitación para seguir ahondando en
estas fuentes sigue en pie.

   2. El amor (Agápe) del Padre y de Jesús.

Uno de los motivos por los cuales el padre compasivo (Lc 15,11-32) obra de esa
manera según el relato anterior, se encuentra en el amor desde su corazón. Este
padre ama a sus hijos de manera entrañable y con responsabilidad. En la lengua
castellana, usamos siempre el mismo verbo “amar”, para identificar muchas
situaciones, en verdad bien diferentes, el amor de la pareja, el amor de la
familia, el amor de la amistad, las novelas de “amor”, el amor sin interés… Sin
embargo, en el griego del Nuevo Testamento, idioma en el cual fueron escritos
los Evangelios, existen cuatro verbos distintos para decir “amar”, cada uno con
sentido diferente.

2.1. En primer lugar, el verbo “erao”. De esta palabra se deriva la categoría
“eros” y el adjetivo “erótico”. El verbo significa “amar” pero para señalar el
amor de la pareja, en función del matrimonio y el ejercicio de la genitalidad en
orden a propagar la especie; se refiere al afecto pasional, a la atracción mutua
del varón y la mujer en su aspecto espontáneo e intuitivo.

Llama la atención cómo en la cultura actual, en muchas ocasiones al mencionar
el amor como “eros” o erótico, se piense en la imagen pornográfica, mientras el
texto bíblico destaca el encuentro, ese estar enamorado o amar con pasión y
sencillez. Por ejemplo, en el libro de Ester se dice: “el rey Asuero amó (erao) a
Ester más que a las otras mujeres de su corte” (Est 2, 17). Y en la profecía Ezequiel
se lee: “Por haber hecho esto, voy a reunir a todos los que te amaron (erao) y con
los cuales gozaste, y descubriré tu desnudez delante de ellos” (Ez 16, 37). En
griego, este verbo se emplea para describir el amor romántico.

2.2. Un segundo verbo para amar, según el texto griego, es “stergo”. Identifica el
amor familiar, el cariño del padre por un hijo, o del hijo hacia su padre; se trata
de amar con ternura, consentir. Platón, por ejemplo, decía: “El niño ama (stergo)
a quienes lo han traído al mundo, y es amado por ellos”. Otro escritor griego,
Filemón, expresaba: “Un padre es dulce para su hijo, cuando es capaz de amarlo
(stergo)”.

También en la Biblia aparece este verbo. Pablo en su carta a los romanos pedía:
“Tengan una caridad sin fingimiento, detestando el mal y uniéndose al bien; y ámense
(stergo) cordialmente los unos a los otros” (Rom 12,10). Pablo usa a propósito este
verbo, pues los cristianos deben sentirse miembros de una misma familia.
“Stergo”, entonces, alude al amor doméstico, de familia, ese amor inmerecido
pues brota de forma natural, nace de los lazos del parentesco.
2.3. Un tercer verbo para hablar del amor, en griego, es “fileo”. Señala el amor
de amistad, el afecto cálido y tierno entre amigos, ese querer lleno de empatía y
aprecio. En castellano sería más apropiado traducirlo por “querer”. Así, cuando
se enfermó Lázaro, el amigo de Jesús, las hermanas de aquel le mandaron a
decir: “Señor, aquél a quien tú quieres (fileo) está enfermo” (Jn 11,2). Y cuando María
Magdalena no encuentra el cadáver de Jesús en la tumba, sale corriendo para
buscar a Pedro y “al otro discípulo a quien Jesús quería (fileo)” (Jn 20,2). Y el
autor de la carta a Tito se despide: “Saluda a quienes nos quieren (fileo) en la fe”
(Tit 3,15).

El verbo se conecta con los sentimientos y los valores de la amistad, de él se
desprendió la palabra filos (amigo: filosofía, filántropo, filología…), muy
empleada en el Nuevo Testamento. Así, en la parábola del hijo pródigo, el
hermano mayor le reclama a su padre: “Hace tantos años que te sirvo y nunca me
diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos (filos)” (Lc 15,19). Y Jesús en la
cena del adiós al despedirse de los suyos les dice: “Ustedes son mis amigos (filos)
si hacen lo que yo les mando” (Jn 15,14).

2.4. El cuarto verbo griego es “agapao”. Identifica el amor divino, la capacidad
de acoger con cariño, el amor de caridad, de benevolencia, de buena voluntad;
el amor capaz de dar sin esperar nada a cambio; el amor desinteresado, del todo
abnegado, el amor con sacrificio, el amor servicial. De este verbo se deriva la
palabra ágape (= amor de caridad).

El cuarto evangelio, al empezar el relato de la cena de despedida de Jesús,
escribe: “Sabiendo Jesús que había llegado su hora, los amó (agapao), hasta el
extremo” (Jn 13,1). Y luego: “Como el Padre me amó, yo también los he amado
(agapao). Permanezcan en mi amor” (Jn 15, 9). Más adelante: “Nadie tiene mayor
amor (agápe) sino quien da su vida por sus amigos” (Jn 15,13).

Según esta cuarta categoría de “amor”, no importa si una persona nos afrenta;
no interesa su forma de tratarnos, si nos injuria u ofende. Siempre estará en
nosotros la posibilidad de “amarla”, no tanto “sentir” afecto por ella, sino en
“hacer”, obrar a favor de ella, prestarle un servicio, brindarle una ayuda,
aunque desde el punto de vista afectivo no nos involucre. El amor de “Agápe”
no apunta al afecto sino a las obras efectivas sin buscar interés, por ello se trata
de un amor pleno, divino, total.

Jesús nos pide el amor de ágape. Y éste no consiste en un sentimiento, ni en un
ejercicio del corazón. Si dependiera de nuestro afecto, no solamente sería una
orden imposible de cumplir, sino además absurda, pues nadie puede obligarnos
a sentir afecto. Este amor de oblación es mucho más “efectivo” que “afectivo”.
El ágape consiste en una decisión, una actitud, una determinación de la
voluntad; Jesús nos invita a “amar” inclusive en contra de los sentimientos
nacidos de manera natural. Este amor de ágape no obliga a sentir aprecio o
estima por quien nos ofendió, ni devolver la amistad a quien nos agravió o
defraudó. Más bien nos pide la capacidad de ayudar y prestar un servicio
desinteresado, si algún día nos necesita quien una vez nos maltrató.

Valdría la pena volver a meditar en la primera Encíclica del Papa Benedicto XVI
“Deus Cáritas est” (Dios es amor), donde el Obispo de Roma, amplía bastante la
comprensión del amor como “eros” y sobre todo, el amor como “agápe”. El
Señor Jesús nos participa de este amor de ofrenda, y de él tomamos una mayor
conciencia, en el momento de nuestra profesión religiosa, como salesianos de
Don Bosco.

    3. Conclusión.

Cuando en nuestra profesión religiosa, descubrimos a Dios Padre con los rasgos
ofrecidos por nuestro hermano mayor Jesús de Nazaret, y nos dejamos fascinar
e impregnar del amor de agápe, sólidos fundamentos tenemos con nosotros,
para ser en medio de los jóvenes, otro Jesús con el estilo y el perfil de Don
Bosco.

En el año 2010 celebramos los cien años de la pascua de don Miguel Rúa. El
Papa Pablo VI, el día de la beatificación del primer sucesor de don Bosco, lo
definió como “el fiel discípulo de don Bosco”; no en vano la tradición salesiana lo
denomina el “alter ego” (otro yo) de nuestro fundador. Terminemos estas
sencillas reflexiones con unos párrafos de Don Francis Desramaut, en su
biografía sobre don Rua, “La Regla Viviente”.

Don Miguel Rua fue en verdad el fiel discípulo de su maestro don Bosco y
había soñado ser así ya desde su adolescencia1. En su físico, el contraste con don
Bosco era total: don Rua impactaba por su delgadez y su talla, alto para los
cánones del tiempo (porque la media de la época era apenas de un metro con
sesenta centímetros).

El ascetismo riguroso de su vida había marcado con profundidad su rostro
huesudo. Se piensa en la imagen del cura de Ars, san Juan-María Vianney (en
Colombia, el Padre Marianito de Jesús Eusse). Pero, cuando él hablaba, sonreía
muy agraciado, pleno de candor, irradiaba sus rasgos y se volvía afable. Sus
pobres ojos, en párpados enrojecidos por las continuas vigilias nocturnas, como

1
 Con este propósito, Francis Desramaut se apoya aquí libremente en las páginas de síntesis
de los dos procesos de beatificación, tanto del P. Auffray (L’homme et le saint) (El hombre y el
santo) y de don Ceria (Don Rua e Don Bosco) (Don Rua y Don Bosco), y, ante todo, en un
buen artículo del P. Joseph Aubry, en su libro Les saints de la famille (Los santos de la familia),
Rome, 1996, p. 124-129.
aquellos de un niño, con su mirada, penetraban los corazones. Nada en su
persona era postizo o artificial, ni en las actitudes ni en las palabras. Él tenía la
simplicidad de aquellos para quienes sólo cuenta ser y no parecer.

Don Miguel Rua quería vivir, como su maestro espiritual, en la caridad. El amor
verdadero es humilde y desprendido. Las dos virtudes evangélicas de la
humildad y la pobreza brillaron en don Rua con singular resplandor. La
humildad fue su gran preferida: en los tiempos de don Bosco, él era quien
trabajaba a la sombra sin jamás pasar al primer plano; cuando llegó a ser Rector
Mayor, cargo para el cual él se creía indigno e incapaz, su única preocupación
fue aquella de decir “yo” en nombre de don Bosco, pues ni quería ni actuaba
como él.

Cuando, en el transcurso de sus viajes, el veía las multitudes acudir a él y
testimoniarle de mil maneras su estima y su profunda veneración, él decía: «
¡Como don Bosco es amado!», o mejor: « ¡Pero yo no soy don Bosco!». Y cuando
él era reconocido porque hacía numerosos signos de curación: « ¡María
Auxiliadora y don Bosco son poderosos!», proclamaba él.

Su bondad paternal para cada uno de sus hijos y de sus hermanos, ha sido
alabada por todos, porque todos, del más elevado en un cargo al más humilde,
encontraron siempre en él un corazón comprensivo preocupado de tener en
cuenta las capacidades, la madurez y el porvenir de las personas, ejercitando a
la maravilla el arte de la corrección, traduciendo su estima y su afecto en gestos
delicados de paciencia y atención exquisita.

En resumen, a pesar de la diferencia de carácter, don Rua fue un discípulo fiel y
digno continuador de don Bosco. Cuando el Papa Pablo VI lo beatificó en la
Basílica de San Pedro, el 29 de octubre de 1972, lo celebró con este título.

       «Don Rua, dijo el Papa en su alocución, es beatificado y glorificado precisamente
       porque fue el sucesor de don Bosco, es decir su continuador: hijo, discípulo,
       imitador. Él hizo del ejemplo del santo un escuela; de su obra personal una
       institución extendida, se puede decir, sobre toda la tierra; de su vida una
       historia; de su regla un espíritu, de su santidad un estilo, un modelo; el hizo de
       la fuente un manantial, un río… La prodigiosa fecundidad de la Familia
       Salesiana, uno de los mayores y más significativos fenómenos de la perenne
       fecundidad de la Iglesia en el siglo pasado y en el nuestro, ha tenido en don Bosco
       el origen, en don Rua la continuidad. Ha sido su seguidor, aquel quien desde los
       comienzos humildes de Valdocco, ha servido a la obra salesiana en su virtualidad
       expansiva, ha comprendido la felicidad de la fórmula, la ha desarrollado con
       coherencia textual, pero siempre con una genial novedad. Don Rua ha sido el
       más fiel, y, por esta razón, a la vez el más humilde y el más valeroso de los hijos
       de don Bosco… Don Rua ha inaugurado una tradición… Él enseña a los
       Salesianos a permanecer salesianos, hijos siempre fieles de su fundador.2»

La profesión religiosa salesiana nos descubre a un Papá amoroso, conmovido y
volcado a favor nuestro, con un amor servicial, capaz de hacer de cada uno otro
“Jesús”, a la manera de Don Bosco. Este camino vale la pena y tiene como meta
la comunión de vida con Dios. Este testimonio florece en numerosos jóvenes,
salesianos, y miembros de la familia salesiana. Don Miguel Rua, en las puertas
de su centenario, así nos lo ratifica. Podemos ser fieles discípulos de Don Bosco,
como él lo fue de Jesús el Cristo.



                            ACTA DEL ACTO DE
                FUNDACIÓN DE LA CONGREGACIÓN SALESIANA
                        Turín, 18 de diciembre de 1859



                    En el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo Cristo
                                       Amén

        1859. El año del Señor de mil ochocientos cincuenta y nueve el dieciocho de
Diciembre en este Oratorio de S. Francisco de Sales en la habitación del Sacerdote
Giovanni Bosco a las 9 horas de la noche se reunían él mismo, el Sacerdote Vittorio
Alasonatti, los seminaristas Angelo Savio Diácono, Michele Rua Subdiácono, Giovanni
Cagliero, Gio Battista Francesia, Francesco Provera, Carlo Ghivarello, Giuseppe
Lazzero, Gioanni Bonetti, Gioanni Anfossi, Luigi Marcellino, Francesco Cerruti,
Celestino Durando, Secondo Pettiva, Antonio Rovetto, Cesare Giuseppe Bongiovanni,
el joven Luis Chiapale, todos ellos con el fin y deseo de promover y conservar el
espíritu de verdadera caridad que se requiere en la obra de los Oratorios para la
juventud abandonada y en peligro, que en estos calamitosos tiempos viene seducida de
mil maneras con daño para la sociedad y precipitada en la impiedad y la irreligión.

       Así pues, complació a los mismos Congregados erigirse en Sociedad o
Congregación que, teniendo como intención la ayuda mutua para la santificación de la
propia alma, se propusiese promover la gloria de Dios y la salvación de las almas,
especialmente de las más necesitadas de instrucción y de educación, y aprobado de
común acuerdo el proyecto propuesto, hecha una breve oración e invocada la luz del
Espíritu Santo, procedían a la elección de los Miembros que debían constituir la
dirección de la sociedad para ésta y para nuevas Congregaciones si a Dios le agradare
favorecer su incremento.

       Rogaron, por tanto, unánimes al iniciador y promotor a que aceptase el cargo
de Superior Mayor como era del todo conveniente, el cual, después de aceptado con la
reserva de poder de nombrar al prefecto, y dado que ninguno se opuso, manifestó que

2
 El texto completo de la Homilía del Papa Pablo VI aparece en el Bollettino salesiano (Boletín
Salesiano), del 01 de diciembre del año 1972.
le parecía que no debía remover del cargo de prefecto al que esto escribe que hasta
ahora tenía ese cargo en la casa.

      Se pensó, pues, inmediatamente en el modo de elección de los otros Socios que
cooperan en la Dirección, y se convino en adoptar la votación con sufragios secretos
como la forma más breve para constituir el Consejo, que debía estar formado por un
Director Espiritual, el Ecónomo y tres consejeros además de los dos cargos referidos.
Y hecho Secretario para este fin el que esto escribe, afirma que ha cumplido fielmente el
encargo recibido de común acuerdo, atribuyendo el voto a cada uno de los Socios
según venía nombrado en la votación; y, por tanto, que había resultado en la elección
de director Espiritual por unanimidad la designación del Seminarista Subdiácono
Michele Rua que no se negaba. Lo que repetido para el Ecónomo, salió y fue
reconocido el Diácono Angelo Savio, que prometió igualmente asumir su encargo
correspondiente.
       Quedaban todavía por elegir los tres consejeros; para el primero de los cuales,
hecha la votación como se suele, resultó el seminarista Giovanni Cagliero. De segundo
consejero salió el seminarista Gio Bonetti. Para el tercero y último, habiendo salido
iguales los votos a favor de los seminaristas Carlo Ghivarello Carlo y Francisco
Provera, hecha otra votación, la mayoría resultó para el seminarista Ghivarello, y así se
constituyó definitivamente el cuerpo de administración para nuestra Sociedad.

       Este hecho, como se ha expuesto aquí en su conjunto, se leyó en la Reunión de
todos los citados Socios y cargos nombrados por ahora, los cuales, constatada su
veracidad, indicaron concordes que se conservase el original, para cuya autenticidad
firmaron el Superior Mayor y como Secretario

                                                              Sac. Bosco Gio.

                                                   Alasonatti Vittorio Sac. Prefecto

								
To top