Madrid 1987 dossier prensa con entrevistas

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					                  madrid, 1987

              una película de David Trueba




World Dramatic Competition
                             madrid, 1987

                                  Sinopsis


En un caluroso día de julio de 1987, con la ciudad vacía, Miguel, un veterano
articulista, temido y respetado, se cita en un café con Ángela, una joven
estudiante de Periodismo. Entre ellos, desde el primer instante, se desarrolla
un duelo desigual entre el deseo, la inspiración, el talento y las perspectivas
profesionales. Obligados a convivir en una jornada muy particular, ambos
tratarán de sobrevivir al roce emocional.



                              Verano de 1987


“Después de seis años en el gobierno, las patillas de Felipe González
comenzaron a blanquear y la pana fue definitivamente arrumbada. Asentado
en el poder con la segunda mayoría absoluta, en vista que el socialismo no
le iba a tocar el trigémino a ningún banquero, a ningún obispo, a ningún
empresario, salvo al loco carioco de Rumasa, los que habían refugiado el
dinero bajo las montañas nevadas de Suiza, perdieron el miedo a los rojos,
comenzaron a relajarse, regresaron a casa con las sacas y a partir de ese
momento comenzó la cultura del pelotazo.

España estaba todavía estremecida por el atentado de ETA en Hipercor, que
causó 21 muertos y decenas de heridos, pero en los bailes de verbena y
chiringuito sonaba “Los pajaritos” de María Jesús y su acordeón. Entre el
desencanto y el pelotazo, España cambió de piel aquel verano de 1987.”

(Extracto de Manuel Vicent, El País, 14 de agosto de 2011)
                            madrid, 1987

                                  Ficha artística

Miguel                                              José Sacristán

Ángela                                              María Valverde

Luis                                                Ramon Fontserè

Voz Patio                                           Alberto Ferreiro

Camarero Café                                       Eduardo Antuña

Mujer Autógrafo                                     Bárbara de Lemus


                                  Ficha técnica

Director y Guionista                                David Trueba

Productora                                          Jessica Huppert Berman

Directora de Fotografía                             Leonor Rodríguez

Directora Artística/Figurinista                     Laura Renau

Peluquería y Maquillaje                             José Carlos González
                                                    Shai Bercovich

Ayudante de Dirección                               Ignacio Gabasa

Ingeniero Sonido                                    Álvaro Silva

Montadora                                           Marta Velasco

Montador Sonido                                     Eduardo G. Castro

Mezclas                                             Nacho Royo-Villanova

Música                                              Irene Tremblay


                                      Datos

Productora / Año prod.                              Buenavida Producciones / 2011

Duración                                            104 minutos

Formato de proyección                             1:1,85 / Color
                             madrid, 1987

                          Biografía David Trueba

David Trueba nació en Madrid en septiembre de 1969. El menor de ocho
hermanos, estudió Periodismo y comenzó a trabajar en prensa, radio y
televisión. Su primer crédito como guionista fue en la película de Emilio
Martínez-Lázaro “Amo tu cama rica” (1992). Posteriormente estudió cine en
el American Film Institute de Los Ángeles y de vuelta a España consolidó su
carrera como guionista con “Los peores años de nuestra vida”, de nuevo bajo
la dirección de Emilio Martínez-Lázaro, uno de lo grandes éxitos de 1994, y
en la televisión donde codirigió el show “El peor programa de la semana”
junto a El Gran Wyoming (1993-94).

Su participación como guionista se prolonga en películas como “Two Much”
(1995, Fernando Trueba), “Perdita Durango” (1997, Álex de la Iglesia), “La
niña de tus ojos” (1998, Fernando Trueba), “Vengo” (2000, Tony Gatlif) y en
el documental de Carles Bosch “Balseros” (2002), del que fue también
coproductor, y que hasta la fecha es el único documental español nominado
al Oscar.

En 1996 comenzó su carrera como director de cine con la película “La buena
vida”, presentada en la Quincena de los Realizadores de Cannes. En 2000
dirigió su segunda película, “Obra Maestra” y en 2003 “Soldados de
Salamina”, adaptación de la novela de Javier Cercas, presentada en la
sección Una cierta mirada del Festival de Cannes. En 2006 dirigió
“Bienvenido a casa”, premio al Mejor Director en el Festival de Málaga, y la
película-conversación sobre Fernando Fernán-Gómez, “La silla de
Fernando”, codirigida junto al polifacético Luis Alegre. En 2010 dirigió la serie
de televisión para Canal + “¿Qué fue de Jorge Sanz?”. Su última película
escrita y dirigida es “Madrid,1987” (2011).

Paralela a su carrera en el cine ha mantenido una carrera literaria Ha
publicado tres novelas, todas ellas en la editorial Anagrama y traducidas a
más de diez lenguas: “Abierto toda la noche” (1995), “Cuatro Amigos” (1999)
y “Saber Perder” (2008), que le valió el Premio Nacional de la Crítica a la
Mejor Novela y ser finalista del prestigio Premio Médicis en su traducción
francesa.
                            madrid, 1987

                        Biografía José Sacristán

José Sacristán es uno de los actores más relevantes del cine y el teatro
español. Desde su debut en el cine con “La familia y uno más” (1965,
Fernando Palacios), ha protagonizado películas tan destacadas como
“Roma” (2004, Adolfo Aristarain), “Un lugar en el mundo” (1992, Adolfo
Aristarain), “Epílogo” (1984, Gonzalo Suarez), “La vaquilla” (1985, Luis
García Berlanga), “La colmena” (1992, Mario Camus), “Solos en la
madrugada” (1978, José Luis Garci), “Operación Ogro” (1979, Gillo
Pontecorvo), “El viaje a ninguna parte” (1986, Fernando Fernán Gómez) y
“Un hombre llamado Flor de otoño” (1978, Pedro Olea), por la que recibió el
premio al Mejor Actor en el Festival de Cine de San Sebastián. Ha dirigido
también tres películas, “Soldados de plomo” (1983), “Cara de acelga” (1987)
y “Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?” (1992), y protagonizado éxitos
teatrales como “Las guerras de nuestros antepasados”, “La muerte de un
viajante”, “Una jornada particular”, “El hombre de La Mancha” y “Cristales
rotos”.




                        Biografía María Valverde

La carrera de la actriz María Valverde comenzó de manera brillante en 2002
cuando Manuel Martín Cuenca la seleccionó como la adolescente
protagonista de “La flaqueza del bolchevique”, entre más de 3.000 chicas.
Estrenada en 2003 en la sección Zabaltegi del Festival de Cine de San
Sebastián, le reportó a María, entre otros premios, el Goya a la actriz
revelación del año 2004.

Desde entonces, personajes como “Melissa P.” (2005, Luca Guadagnino), la
Lucrecia Borgia de “Los Borgia” (2006, Antonio Hernández) o la prostituta de
la obra de teatro “Llueve en Barcelona” (2009) fueron cimentando su
reputación. Títulos como “La mujer del anarquista”, (2008, Peter Sher y Marie
Noëlle), “Ladrones” (2007, Jaime Marqués), “Cracks” (2008, Jordan Scott),
“El rey de la montaña” (2007, Gonzalo López Gallego), “Fuera del cuerpo”
(2004, Vicente Peñarrocha), “Vorvik”, (2004, José Antonio Vitoria) o la
popular “Tres metros sobre el cielo” (2010, Fernando González Molina),
destacan en su filmografía.
                            madrid, 1987

                      Entrevista con David Trueba

¿Cómo surgió el proyecto de Madrid 1987?

Por lo general las ideas no llegan un día puntual como si fueran el cartero
que te trae un paquete. Hay algo en mi formación, en mi vida, que propone
esta película. Al fin y al cabo, como el personaje de María Valverde en la
película, yo también era estudiante de Primero de Periodismo en el año 87 y
sentía una tremenda deuda y admiración con la generación de grandes
escritores de periódicos que entonces capitalizaban las publicaciones. En
esos días la admiración tenía una forma más sofisticada que ahora. No se
estilaba tanto el autógrafo, el grito en la calle, sino que era un respeto casi
reverencial. Al mismo tiempo, existía una cierta frustración al ver cómo se
instalaba el cinismo, la mentira y una cierta comodidad en la sociedad, tras
asentarse la democracia. La transición, con su animada pelea, su fiebre
aperturista, dejó un país a los pies de banqueros y empresarios, del pelotazo
y la cultura del éxito más superficial. Audiencia, recaudación, ventas, por
ejemplo, es en esos años cuando se imponen sobre otros baremos. De ese
malestar nació la idea de esta película, que es como siempre, más la idea de
dos personajes que de una trama. Por azar, cuando preparaba el proyecto,
acepté el encargo de El País de llevar una columna diaria porque quería
conocer ese aspecto del personaje de Sacristán, acercarme a su rutina,
comprenderlo mejor. Esa frase de Renoir tan recordada, esa de que todos
los personajes tienen que tener sus razones, me sigue gustando aún más
hoy que la primera vez que la leí. Creo que es la única motivación que debe
guiar la escritura de personajes. Mucho más que el juicio o la dirección hacia
una tesis establecida desde el inicio. Y no solo en el cine, nos debería dar
una pista para relacionarnos con los demás y con lo que pasa por el mundo.
Fabricaríamos menos integristas, menos prejuicios.

¿Cuáles fueron las principales dificultades para poner en pie un proyecto tan
singular, tan desnudo literalmente, tan hermético?

Con un guión así, era un atrevimiento pensar en levantarlo financieramente.
Así que en lugar de enfrentarme con frustración al rechazo, lo consideré una
motivación mayor para ponerlo en pie. Tenía que hacer esta película, aunque
ahora fuera inoportuno hacer una película de época sin decorados, una
película de largos diálogos sin género ni acciones adrenalínicas, una película
de personajes que sostienen intereses intelectuales y culturales. Yo no podía
quejarme de que este proyecto no interesara a las cadenas de tele, más bien
al contrario. Si les hubiera interesado habría pensado que algo había hecho
mal, que había exagerado el morbo de la desnudez, o que iba a utilizar eso u
otras cosas como un añadido artificial. Así que la película ganó en pureza, en
precisión, en mayor elaboración y rigor. Como el propio rodaje, que fue un
esfuerzo concentrado.

¿Cómo fue el trabajo con dos actores tan distintos, de generaciones tan
distanciadas, de técnicas seguramente tan opuestas?

Eso es la maravilla del trabajo. El guión marca la pauta, da los personajes.
Elegir a José Sacristán no fue complicado. Es un actor que regalaba al
personaje también una relevancia icónica. Él fue una de las caras más
brillantes de ese periodo de la transición. Me servía para transportar aquellos
personajes algo retóricos, intelectuales, pero vivos y reales. María Valverde
pertenece a una generación que ya no admira como nosotros, desde la
parálisis. Carecen de complejos y se colocan en su trabajo de actor sin
referencias ni interioridades. Ella además va con una sonrisa entre infantil y
sabia a buscar el oro de cada día. Sacristán me sorprendió por su sencillez,
su entrega, su facilidad para sumarse a un proyecto tan particular, su falta de
imposiciones y su disposición a jugar, a probar, incluso a obedecer a un
director cuya experiencia no supera el uno por ciento de la suya en esta
profesión. Y nos hizo reír cada día con su actitud bromista, con sus
anécdotas que son una enciclopedia viva del cine. María jamás trajo al
rodaje la chica bella de las portadas de revistas femeninas, sino a la actriz
entregada y con hambre de riesgo. Ambos son la película, tenía que ser así.
Había que borrar todo lo demás, del director al decorado, del guión a la
trama, para dejarlos a ellos a solas frente al espectador. Ojalá se haya
logrado.

¿Qué respuesta espera del público a una película tan datada desde el título,
tan personal?

No existe otra posición en la relación con el público que entregar lo que tú
tienes y que ellos decidan. Al público no hay que perseguirlo ni temerlo, hay
que aceptar sus designios, pero a tiro pasado, cuando tu trabajo ya ha sido
terminado a tu gusto. Me apetecía proponer una película de época que ya
desde el título te dice que no va a destacar un suceso memorable, una fecha
para el recuerdo, un 23 F o un 11-S, como se señala ahora el calendario
para los futuros historiadores. No, quería una película de época, pero no
como esas recreaciones donde se persigue el peinado, el decorado, los
objetos y la ropa de un tiempo pasado, pero no se retrata la personalidad de
entonces. Es cansado ver películas de época donde, por poner un ejemplo,
todas las mujeres son feministas y avanzadas, los valores de los
protagonistas son los que hoy defendería cualquiera sin rubor. ¿Dónde
queda el retrato de que las mentalidades no eran como las nuestras? ¿Que
la gente podía ser brillante, irrepetible, pero tener una forma de ser de su
tiempo? Quería hacer época pero sin cosmética. De ahí el cuarto de baño,
de ahí el desnudo. Quería que fuera la forma de ser, sus ambiciones y sus
derrotas, sus miedos y sus méritos, lo que contara a los personajes, no todo
lo de alrededor. Me gusta además cuando te refieres a un periodo histórico
del pasado, pero lo haces para analizar su influencia sobre el hoy. Así me
enfrenté a “Soldados de Salamina” y eso me guió en “Madrid, 1987”. En
realidad la película habla de lo que somos hoy, termina proponiendo un
mañana para el personaje de María, el mañana de entonces, que es el hoy
de ahora, con todos los problemas, la confusión, las carencias que
arrastramos, 25 años después. Bueno, esto suena un poco grandilocuente.
Yo solo quería hacer una película, claro. Sobre el deseo y la edad. Nada más
ni nada menos.




                     Entrevista con José Sacristán

¿Cómo llegó a tus manos este proyecto y cuales fueron tus primeras
reacciones o sensaciones?

David Trueba me hizo llegar un guión cinematográfico; era este proyecto tan
especial. Debo confesar que me encantan las llamadas películas “literarias”
siempre y cuando estén escritas por escritores como el escritor Trueba: la
construcción de personajes, su relación, los diálogos, los silencios, la
administración de tiempos y ritmos…La mirada del escritor Trueba era
precisa, magnifica.

¿Qué condicionantes tuvo trabajar encerrados durante tanto metraje, en
esas condiciones?

Trabajamos con un equipo tan justo en el número como incontable en
entusiasmo y buen hacer. Ni la película ni yo echamos de menos nada ni a
nadie en ningún momento. Es más, razones de presupuesto aparte, fue una
pena que rodáramos la película en tan poco tiempo.

¿Cómo fue la relación con María Valverde, alguien tan distante
generacionalmente. ¿Se reprodujo en alguna medida el enfrentamiento que
retrata la película?

Si no enfrentamiento, si hubo una evidencia curiosa de la distancia
generacional: hacia el final de rodaje, María me regaló tres películas
estúpidas cuyo titulo ni recuerdo y que a ella le encantaban y yo le
correspondí con “El crepúsculo de los Dioses” “Un lugar en el sol” y creo que
“Picnic”. Ahora bien, no dudaría en rasparme las tres otra vez con tal de
volver a coincidir con tan buena actriz y tan buena gente.

¿Qué destacarías de la película terminada, de su propuesta al espectador?

Si antes me refería a lo preciso de la mirada del escritor, la cámara del
director Trueba, siempre pegada a su ojo, lograba con igual precisión
encontrar el lugar desde donde proponer al espectador cómo mirarnos, cómo
seguirnos, cómo interesarle en lo que estos personajes, “como dos trenes
que se cruzan un instante”, tenían que decirse. Cuando vi la película, mi
primera sensación fue descubrir la habilidad con la que había pasado de las
palabras a los planos, magníficamente. La crónica de un tiempo contada en
el transcurso de unas pocas horas, sin los elementos al uso. Nunca una
película con tan poco reparto, tan poco equipo, tan pocos decorados, tan
poco vestuario, ha contado tanto sobre aquella España de 1987.




                     Entrevista con María Valverde

¿Cómo te implicaste en un proyecto así? ¿Qué fue lo que te atrajo de la
película y de tu personaje en particular?

El guión me llegó a través del propio David. Era un guión muy condensado,
lleno de diálogos, de época y muy, muy especial. Llena de curiosidad, no
dudé en leérmelo. Desde el primer momento me atrapó. Mientras viajaba a
través de la conversación de estos personajes, iba deseando verla en
pantalla. Sentí tantas emociones leyéndolo que quería hacer esa película, lo
tenía claro. Lo sentía en la tripa. Y mi tripa siempre lleva razón.

David me enamoró de "Madrid, 1987". Y se convirtió en un gran reto al que
me quería enfrentar. Me daba miedo, mucho miedo y eso me gustaba y me
asustaba a la vez. De hecho, unos días antes de empezar el rodaje estuve a
punto de bajarme del barco. Me daba miedo exponerme tanto, pero mi gente
me apoyó recordándome la ilusión que sentí al leer el guión.

¿Cómo encaraste un rodaje tan particular, donde la desnudez era absoluta
tanto interior como exteriormente?

Era un reto en todos los sentidos. Y David era la pieza más importante. Él lo
tenía todo en su cabeza, pero lo importante era ponerse manos a la obra.
Todo tiene sentido en la película. Los desnudos están justificados por la
historia. Y estoy a favor de ellos cuando hay un porqué si es importante y
razonable. Me daba vértigo, si. Eso no lo dudo.
¿Significaba eso problemas añadidos?

No era fácil tener que estar desnuda mientras tenías que hablar y estar
escuchando. Muchas veces no sabía donde meterme. Pero el equipo fue
íntimo, cuidadoso, muy implicado y gracias al ambiente relajado y lleno de
bromas en el set me sentí cómoda y me olvidaba de que estaba desnuda.

¿Tú naciste en Madrid en 1987, en qué medida la película retrata algo que
desconocías? ¿Te ha enseñado cosas?

Un montón de cosas. Tengo la oportunidad en cada película o trabajo que
hago de conocer cosas que desconocía.


¿Cuál crees que será la reacción de un público de tu generación?

No sé cual será la reacción del público. Y menos el público de mi generación.
Sólo deseo que la disfruten.

¿Cómo fue para ti trabajar junto a José Sacristán, un actor que roza las
doscientas películas, que solo su experiencia en la profesión dobla en años
tu edad?

Fue maravilloso trabajar con él. La primera vez que su voz sonó en el
decorado, me quedé paralizada, era impresionante. Pese a su experiencia,
es un gran ejemplo de la sencillez y eso me apasiona. Todo era fácil, todo
era a favor. Me sentía muy cómoda y tuve la suerte de aprender todos los
días a su lado. Un lujo.

				
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