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LA DINáMICA SOCIAL

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LA DINáMICA SOCIAL Powered By Docstoc
					                          UNIDAD 9: LA DINÁMICA SOCIAL


1. EL CAMBIO SOCIAL
        Las comunidades humanas que han poblado la faz de la tierra a lo largo de
los tiempos, siempre han estado sometidas a cambios. Éstos, vienen siendo más
acentuados cuanto más nos acercamos al momento actual. En efecto, como
señala A. Giddens en su afamado manual de Sociología, las formas de vida y las
instituciones sociales que caracterizan el mundo moderno son radicalmente
diferentes a las del propio pasado reciente. Durante un período de no más de dos
o tres siglos, la vida social de los seres humanos se ha visto arrancada de los
tipos de orden social en los que la gente había vivido durante cientos de años.
      A lo largo de las próximas páginas nos detendremos a caracterizar este
fenómeno de los cambios sociales. Hablaremos de los agentes que los producen,
de las revoluciones (como ejemplo más claro de cambio social), de las
perspectivas de futuro y, para empezar, ofreceremos una definición de los
mismos.


2. DEFINICIÓN DE CAMBIO SOCIAL
      El cambio social puede definirse como la diferencia observada entre el
estado anterior y el posterior en una zona de la realidad social.
       Identificar cambios sociales significativos supone poner de manifiesto las
modificaciones producidas en las instituciones fundamentales de una sociedad
durante un determinado período de tiempo. En toda explicación de un cambio
también hay que señalar lo que permanece estable como punto de referencia con
el que calibrar las modificaciones.
     En lo que se refiere a la sociedad contemporánea, Wilson Moore, ha
expuesto las siguientes generalizaciones sobre el cambio social:
      - En cualquier sociedad o cultura el cambio social es frecuente o constante.
       - Los cambios no están aislados ni temporal ni espacialmente; es decir, los
cambios ocurren en cadenas de secuencias y no en crisis “temporales” seguidas
por períodos tranquilos de reconstrucción, y las consecuencias suelen reverberar
en regiones enteras o virtualmente en todo el mundo.
      - El cambio contemporáneo es probable “en todas partes” y sus
consecuencias suelen notarse en “cualquier lugar”.
        - La proporción de cambio en el mundo contemporáneo que es fruto de la
planificación o que procede de las consecuencias secundarias de innovaciones
deliberadas es mucho mayor que en épocas anteriores.
      - El cambio afecta a una gama mayor de la experiencia humana y a más
aspectos funcionales de las sociedades modernas, no porque estas estén más




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integradas, sino porque virtualmente ningún aspecto de la vida queda fuera de la
expectativa del cambio como evento normal.
      Por lo demás, cabe señalar que el concepto de cambio social es distinto al
de desarrollo y al de progreso. Éstos, son ciertamente fenómenos que pueden
darse en una sociedad, si bien actúan como matices del primero. Más
concretamente, cabe decir que el progreso tiene lugar cuando el cambio social ha
ido acompañado de un incremento en la riqueza cualitativa de la vida social. El
desarrollo, por otro lado, se logra cuando el cambio implica un incremento en la
dimensión y complejidad del sistema social.
      Finalmente, puede añadirse que cuando consideramos un cambio social
con suficiente perspectiva, de modo que podemos trazar en él largas líneas
dotadas de una cierta dirección, estamos frente a un proceso al que es posible dar
el nombre de evolución social.


3. LOS AGENTES DEL CAMBIO SOCIAL
       En los últimos dos siglos, ha habido teóricos que han intentado desarrollar
una teoría general que explicara la naturaleza del cambio social. Sin embargo,
ningún planteamiento monocausal puede explicar la diversidad del desarrollo
social humano, que va desde las sociedades de cazadores y recolectores hasta
los complejísimos sistemas actuales, pasando por las sociedades de pastores y
las civilizaciones tradicionales. Sin embargo, sí podemos identificar los factores
que han influido de forma persistente en el cambio social: el medio físico, la
organización política y los factores culturales.


3.1. El medio físico.
      El medio físico suele influir en el desarrollo de las organizaciones sociales
humanas. Donde mejor se aprecia este factor es en las circunstancias
medioambientales más extremas, donde las personas deben organizar su forma
de vida en función de las condiciones climatológicas. Los habitantes de las
regiones polares desarrollan, necesariamente, hábitos y prácticas diferentes a las
de aquellos que viven en áreas subtropicales.
      Con todo, la influencia directa del medio ambiente sobre el cambio social no
es muy grande. Las personas suelen poder desarrollar una considerable
capacidad productiva incluso en áreas relativamente inhóspitas. Por tanto, a la
hora de explicar el desarrollo social, la insistencia de los evolucionistas en la
adaptación al medio es menos útil que las ideas de Marx, quien hacía hincapié en
que los seres humanos pocas veces se conforman con adaptarse como los
animales a las condiciones que les rodean y que, en vez de aceptar su ámbito tal
como es, siempre pretenden dominarlo. Además, no hay duda de que las formas
de producción influyen mucho en el grado de cambio social y en su naturaleza,
aunque no tienen el impacto primordial que Marx les adjudicaba.




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3.2. La organización política
       Un segundo factor que influye considerablemente en el cambio social es el
tipo de organización política. Por ejemplo, en las sociedades de cazadores y
recolectores esta influencia es mínima, ya que no hay autoridades políticas que
puedan movilizar a la comunidad. Sin embargo, en el resto de sociedades, la
existencia de organismos políticos diferenciados -jefes, señores, reyes, gobiernos-
influye de modo considerable en la trayectoria de desarrollo.
      Los sistemas políticos no son, como creía Marx, expresión directa de la
organización económica subyacente, ya que pueden existir tipos de orden político
bastante diferentes que tengan un modo de producción similar.
      El poder militar tuvo un papel fundamental en el establecimiento de la
mayoría de los estados tradicionales, y determinó igualmente su pervivencia o
expansión. Sin embargo, la relación entre el nivel de producción y la fuerza militar
es también indirecta.


3.3. Los factores culturales
       Entre éstos se incluyen la religión, los sistemas de comunicación y el
liderazgo.
       La religión puede ser una fuerza conservadora o innovadora en la vida
social. Algunas creencias y prácticas religiosas han supuesto un freno para las
transformaciones haciendo hincapié, sobre todo, en la necesidad de respetar los
valores y rituales tradicionales. Sin embargo, como Max Weber subrayó, las
convicciones religiosas tienen a menudo un papel como movilizadoras de las
presiones que son favorables al cambio social.
        Otra influencia cultural especialmente importante que afecta a la naturaleza
y el ritmo del cambio es la de los sistemas de comunicación. La invención de la
escritura, por ejemplo, hizo posible que se mantuvieran archivos, que se
incrementara así el control de los recursos materiales y que se desarrollaran
organizaciones a gran escala. Además, la escritura alteró la percepción que tenían
las personas de la relación entre pasado, presente y futuro.
      Las sociedades que escriben mantienen un registro de los acontecimientos
del pasado y saben que tienen una historia. El comprender la historia puede
favorecer el sentimiento de que existe un movimiento general o una línea de
desarrollo en el comportamiento de una sociedad y, por tanto, las personas
pueden participar activamente en el progreso de ésta.
        En tercer lugar, los lideres individuales también han tenido una gran
influencia, dentro del ámbito cultural, en los cambios sociales. Sólo tenemos que
pensar en figuras religiosas (como Jesús de Nazaret), en dirigentes políticos o
militares (como Julio Cesar), o en innovadores científicos o filosóficos (como Isaac
Newton), para darnos cuenta de que ha sido así.
      Un líder capaz de impulsar políticas dinámicas, de hacerse con un apoyo
masivo o de cambiar radicalmente las formas de pensar preexistentes, puede


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derribar el poder preestablecido. Sin embargo, los individuos sólo pueden alcanzar
posiciones de liderazgo y ser eficaces en lo que hacen si existen condiciones
sociales favorables. Por ejemplo, Adolf Hitler logró tomar el poder en Alemania en
los años treinta, en parte por las tensiones y crisis que asolaban el país en aquel
momento. Lo mismo puede decirse que ocurrió en fecha posterior con Gandhi, el
famoso líder pacifista. Éste, logró asegurarse de que se produciría la
independencia de la India porque la guerra y otros acontecimientos habían
sacudido las instituciones sociales de su país.


4. LOS MOVIMIENTOS SOCIALES
       Lugar aparte en el plano de los agentes propiciadores del cambio social lo
constituyen, en nuestro tiempo, los movimientos sociales. En las sociedades
modernas ha existido una amplia variedad de movimientos sociales, unos
persistentes y otros transitorios.
        Un movimiento social puede definirse como un intento colectivo de luchar
por un interés común o de garantizar que se alcanza un objetivo compartido,
mediante una acción conjunta, que tiene lugar al margen de la esfera de las
instituciones establecidas.
       Algunos movimientos sociales son muy reducidos, quizás componiéndose
tan solo por unas docenas de miembros; otros pueden incluir a miles o incluso
millones de personas. Los hay que llevan a cabo sus actividades respetando las
leyes de la sociedad en la que existen, mientras que otros operan de forma ilegal o
clandestina.
      La línea de separación entre los movimientos sociales y las organizaciones
formales se difumina a veces, porque los movimientos bien establecidos adoptan
generalmente características burocráticas. Es menos habitual, sin embargo, que
una organización se convierta en un movimiento social, como es el caso, por
ejemplo, de un partido político al que se ilegaliza y se obliga, por ello, a pasar a la
clandestinidad y quizá a convertirse en un movimiento guerrillero.
       Algunos movimientos sociales han llegado a deparar el tipo de cambio
social más importante que se puede dar: el que llevan consigo las revoluciones.
De ellas nos ocuparemos en el siguiente apartado.


5. LAS REVOLUCIONES
       La revolución es una forma de guerra -específicamente, de guerra civil-
cuyos resultados difieren con mucho de los producidos por otros modos de
conflictos sociales impulsores de cambios en las sociedades.
       La revolución puede definirse como aquél proceso social de cambio intenso
y rápido, que entraña una insurrección armada inicial, y que produce mudanzas
sustanciales en la estructura y la cultura de la sociedad que la presencia.




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       De cuantos disturbios sociales existen, solamente aquellos que provocan
cambios drásticos en las relaciones de poder, jerarquía, ideología dominante y
otros rasgos de semejante alcance pueden recibir el nombre estricto de
revoluciones. Decimos que la conflagración francesa de 1789 fue una revolución
porque, tras ella, la burguesía y las clases medias vinieron a predominar en el
Estado, la Iglesia perdió mucho poder, surgió una nueva política educativa,
comenzó a extenderse la franquicia electoral, y sobre todo, apareció en la vida de
Francia la noción nueva de ciudadanía, que se extendería luego a otros países. En
contraste con eventos de este calibre, los golpes militares, los pronunciamientos,
las abdicaciones, los cambios de gobierno no alteran la naturaleza fundamental de
la sociedad y no son revoluciones.
       Las revoluciones son fenómenos “totales” que no dejan ninguna zona de la
sociedad fuera de su alcance. La mudanza social viene acompañada de
transformaciones en los valores, las leyes, la religión, el poder y la técnica, si bien
la nueva sociedad no difiere de un modo absoluto de aquella que la vio nacer.
Como Tocqueville mostró, la Francia y la Europa posrevolucionarias fueron
continuación, y en más de un sentido culminación, de las tendencias desarrolladas
por el mundo del Antiguo Régimen. El propio Marx (para quien la revolución era
una verdadera mutación más que una secuencia de cambios) entendió que las
épocas anteriores a las revoluciones llevaban siempre en su seno la semilla
revolucionaria y la lógica irremisible de su propia destrucción futura.
       Además de ser fenómenos totales, las revoluciones son, claro está,
características de su propia época histórica. Así, la revolución que tuvo lugar en
Egipto durante el reinado de Amenhotep IV (1380-1362 a.C.) y que destruyó el
poder de la vieja aristocracia de los templos e implantó un monoteísmo
universalista, un modo de pensar abstracto en la ley positiva y un arte popular, al
tiempo que daba prominencia social a los soldados y gentes humildes, fue
esencialmente diferente de la revolución democrática ateniense, plasmada en la
legislación de Solón (s. VII-VI a.C.), que abrió las puertas del poder a las clases
medias y creó unas condiciones sin precedentes para el progreso del pensamiento
secular y racional.
       Hemos referido hasta aquí algunas revoluciones concretas, pero, como
cada período revolucionario posee ciertas característica únicas e irrepetibles, las
generalizaciones que hagamos en adelante se referirán tan solo a las modernas,
es decir, a aquellas que han tenido lugar desde la revolución puritana de 1640 en
Inglaterra.
       Las revoluciones modernas tienen lugar cuando concurre un número
específico de circunstancias. Si solamente se produce una o varias de ellas
diremos que la situación es, a lo sumo, cuasi revolucionaria, lo cual puede llegar a
acarrear una grado notable de disturbios y alteraciones, pero no un cambio
revolucionario. Para que ocurra una revolución es menester que estén presentes
los siguientes factores:
      - Antagonismo intenso de clases.
      - Frustración de las expectativas económicas crecientes.


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      - Frustración de las expectativas crecientes de poder y status.
      - Incapacidad de las clases dominantes.
      - Una fracción de las clases dominantes se une al enemigo.
      - La hostilidad de la comunidad intelectual.
      - Existencia de mitos revolucionarios.
      - Dualidad de poder.
      - Existencia de elites y partidos que lleven a cabo movilizaciones sociales.
      - Una situación internacional favorable.


6. LOS CAMBIOS ACTUALES Y LAS PERSPECTIVAS DE FUTURO
        ¿Adónde nos conduce el cambio social hoy en día? ¿Cuáles son las
principales tendencias de desarrollo que tienen más posibilidades de influir en
nuestra vida en estos comienzos de siglo XXI? Los sociólogos no están de
acuerdo sobre las respuestas a estas preguntas que, evidentemente, suponen un
considerable grado de especulación. Nos ocuparemos de tres perspectivas
distintas: la idea de que estamos viviendo en una sociedad postindustrial; la de
que hemos llegado a un período postmoderno, y la teoría de que hemos
alcanzado “el fin de la historia”.


6.1. ¿Hacia una sociedad postindustrial?
       Algunos observadores han indicado que lo que está ocurriendo hoy en día
es la transición a una nueva sociedad que ya no se basará principalmente en la
industrialización. Se ha acuñado una gran variedad de términos para describir el
nuevo orden social, tales como sociedad de la información, sociedad de
servicios... Sin embargo, el término que ha dado en utilizarse con más frecuencia
es el de sociedad postindustrial.
      Según Daniel Bell, el nuevo orden se distinguiría por un crecimiento de las
ocupaciones en el sector de servicios a costa de los empleos que producen bienes
materiales.


6.2. La postmodernidad
      En los últimos tiempos un buen número de autores han llegado a afirmar
que las transformaciones que se están produciendo en la actualidad son mucho
más profundas de lo que supone señalar el fin de la era industrial. Lo que se está
produciendo es, ni más ni menos, que un movimiento que va más allá de la
modernidad, es decir, de las actitudes y formas de vida que se asocian con las
sociedades modernas, como la fe en el progreso, en las ventajas de la ciencia y
en nuestra capacidad para controlarlo todo.




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       Los defensores de la postmodernidad se inspiran en idea de que la historia
no tiene una forma concreta. Las grandes concepciones de la historia no tienen
sentido. El mundo es plural y muy diverso. Todo parece estar fluyendo
constantemente.


6.3. Fukuyama y el fin de la historia
       Francis Fukuyama sostiene que a raíz de las revoluciones de 1989 en la
Europa del Este, de la disolución de la Unión Soviética y del movimiento hacia la
democracia multipartidista que se ha producido en otras regiones, las batallas
ideológicas del pasado han concluido. El fin de la historia es el fin de las
alternativas. Fukuyama defiende que hemos alcanzado “el punto final de la
evolución ideológica de la humanidad”.
     Esta tesis, hoy, se hace compatible con el fenómeno en el que cada vez se
ven más integradas las sociedades del planeta: la globalización.




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