El Renacimiento - DOC by cuiliqing

VIEWS: 30 PAGES: 10

									                                  El Renacimiento
      Reyes: Carlos I (1517-1556) y Felipe II (1556-1598)
      Fin de guerras: Reconquista (1492), caída del imperio oriental (1453)
      Auge de las ciencias (medicina, física, química)
      Descubrimiento de América (1492)
      Invención de la imprenta de tipo móvil
      Migración del ámbito rural al ámbito urbano
      Aumento de las distancias entre clases sociales
      Aumento de la delincuencia
      Reforma protestante y reforma católica
      Surgimiento de la Ascética y de la Mística
      Surgimiento de la novela picaresca
      Influencia del Humanismo italiano
      Influencia de Dante, Boccaccio y Petrarca
      Nuevo concepto de lírica: sentimientos personales
      Lírica tradicional y lírica renovadora
      El teatro como inicio frente al teatro lopista

Crisis ideológica del Renacimiento
La reforma rompe la unidad cristiana de la Edad Media y da lugar al Concilio de
Trento (1545–1563).

Ideas protestantes

      El hombre no puede influir con sus actos en las decisiones del Creador.
      El hombre está predestinado a condenarse o a salvarse.
      No se cree en la divinidad de Jesucristo.
      No se acepta ni la infalibilidad ni la autoridad del Papa.

Respuestas del Concilio
      Nueva espiritualidad: Compañía de Jesús y Reforma carmelitana.
      Resurge con fuerza la Inquisición.
      Aparición del Credo.

El Humanismo
Es un movimiento intelectual, de origen italiano, que se difunde por toda Europa y
cuyo máximo impulsor había sido Francesco Petrarca. Los humanistas reinstauran el
saber griego y, sobre todo, romano, mal conocido durante la Edad Media. A tal fin,
recatan del olvido textos clásicos que yacían manuscritos en bibliotecas conventuales
o palaciegas, y los publican con gran pulcritud. Paralelamente restauran la visión del
hombre y del mundo que poseía la antigüedad grecorromana, e imitan en sus
escritos (poéticos, pero también históricos, filosóficos, morales, geográficos, científicos
y oratorios) el estilo perfecto de aquellos modelos. Impulsan el estudio del latín, y
también del griego, y pugnan por que las lenguas vulgares de sus países, que ellos
suelen cultivar también, alcancen la majestad y perfección de la latina.
Frente al pasado cultural teocéntrico sitúan al hombre en el centro de sus
preocupaciones, en un intento de que alcance en la tierra la máxima dignidad.
El movimiento humanístico se vio enormemente favorecido por la invención de la
imprenta. Y se extendió en los siglos XVI y XVII.
El más importante humanista español de este siglo fue Elio Antonio de Nebrija
(1441–1522), gran latinista, el cual, en 1492, publicó su Gramática castellana, que es
la primera gramática de un idioma vulgar impresa en Europa.


El Renacimiento
El llamado Siglo de Oro de la literatura en lengua castellana es, en realidad, un
período de ciento sesenta y cuatro años, que abarca desde la proclamación de Carlos
I como rey de España, en 1517, hasta la muerte de Calderón de la Barca, en 1681.
Dentro de este período pueden distinguirse dos movimientos culturales, artísticos y
literarios, de los cuales cada uno se desarrolló en una centuria distinta:

      El Renacimiento (siglo XVI).
      El Barroco (siglo XVII).

El Renacimiento es uno de los movimientos artísticos de mayor prestigio en todas las
épocas. Ya de por sí su nombre es eufónico y contiene, además, un significado noble.
La palabra renacimiento procede de «renacer», «volver a nacer», por lo cual sugiere
un período de sombra o de muerte entre dos nacimientos: el primer nacimiento se
asocia a Grecia y Roma en la Edad Antigua; el segundo nacimiento (el Renacimiento)
es la resurrección de la cultura grecolatina, olvidada o desatendida durante la Edad
Media.
Sin embargo, el Renacimiento no surgió en todos los países al mismo tiempo ni tuvo
los mismos caracteres ni igual implantación. En el caso de España, el espíritu
renacentista no se impuso hasta el reinado de Carlos I (1517–1556), a pesar de que
durante el siglo XV se había producido una serie de cambios en la mentalidad y en la
cultura que tuvieron reflejo en la literatura.
El Renacimiento español tuvo dos fases bien diferenciadas:

      Una fase de apertura, en la que la cultura española sintoniza con la cultura
       europea. Se corresponde con el reinado de Carlos I.
      Una fase de hermetismo, en la que España se vuelve sobre sí misma y se
       cierra a toda influencia exterior. Se corresponde con el reinado de Felipe II.

Acaso sea la palabra apertura el término que defina el espíritu renacentista con
mayor exactitud:

      Apertura hacia nuevas tierras, que da lugar a los descubrimientos
       geográficos. Apertura hacia el pasado, que se manifiesta en la valoración del
       pensamiento grecolatino y en la consiguiente vuelta a la naturaleza.
      Apertura hacia nuevas formas de espiritualidad procedentes de Europa, que
       se manifiesta en la aceptación de las ideas del humanista holandés Erasmo
       de Rotterdam, tanto en religión como en literatura.
      Apertura hacia las formas literarias que proceden de Italia.
Tal apertura se torna en hermetismo oficial a raíz del Concilio de Trento, cuando
España se erige en defensora de los dogmas católicos. A partir de ese momento se
desarrollan en literatura las tendencias nacionales, cuyos máximos exponentes son el
resurgir de la épica, la aparición de la novela picaresca y el desarrollo de una
literatura religiosa que culminó en la mística.

La expansión política
El Renacimiento fue la época de formación de los grandes estados nacionales. La
aplicación de la pólvora permitió a los reyes crear modernos ejércitos y afianzar su
poder frente a la nobleza. La monarquía absoluta se fue imponiendo como forma de
gobierno.

      El reinado de Carlos I estuvo dominado por la idea del monarca de crear un
       imperio universal bajo su mando. Este objetivo llevó a los ejércitos españoles
       a sostener diversas guerras en Europa, al tiempo que se emprendió la
       conquista de México y del Perú. Y aunque el poderío hispano impuso su
       hegemonía en el mundo, las continuas campañas provocaron un desgaste
       financiero y humano que impidió el normal desarrollo económico de la
       Península y sentó las bases de la decadencia española.
      Con Felipe II la crisis financiera se agudizó, y el rey tuvo que declarar por tres
       veces la bancarrota. El personalismo de Felipe II y la creación de un gran
       aparato burocrático hicieron más lenta la solución de los problemas urgentes
       que afectaban a España.

La organización social
La sociedad renacentista mantuvo la división medieval en tres estamentos: nobleza,
clero y estado llano. La separación entre los estamentos no fue, sin embargo, tan
rígida y se introdujeron además distinciones de carácter económico. Así, dentro del
estamento de la nobleza se distinguía entre grandes, títulos, caballeros e hidalgos,
según la cuantía de sus rentas. La literatura nos ofrece numerosos casos de hidalgos
empobrecidos que, aun así, conservaban los privilegios propios de su estamento: don
Quijote es uno de ellos.
La expulsión de los judíos en el año 1492 y las guerras de religión crearon una
segunda diferenciación social. Frente a los conversos o cristianos nuevos (judíos
convertidos al cristianismo) se afirmó el sentimiento del cristiano viejo, entendiendo
por cristiano viejo a todo cristiano que carecía de antecedentes judíos o musulmanes.
Este sentimiento tuvo tal importancia que muchos gremios exigían a sus afiliados
demostrar su limpieza de sangre, es decir, su condición de cristiano viejo. Autores
como Fernando de Rojas, Fray Luis de León o Mateo Alemán tuvieron antecedentes
judíos, lo cual pudo haber influido tanto en su concepción del mundo como en su
producción literaria.

La cultura
La cultura renacentista siguió marcada por la huella que imprimieron los humanistas,
de modo que continuaron los estudios clásicos, en especial durante la primera mitad
del siglo XVI. La generalización de la imprenta, inventada por Gutemberg a mediados
del siglo XV, procuró a estos estudios una difusión que era inconcebible en épocas
anteriores. Para comprender el sentido universalista de la cultura del Renacimiento
basta un ejemplo: el Lazarillo de Tormes se publicó a la vez en Burgos, Alcalá de
Henares y Amberes (Bélgica).

Fuentes de la literatura renacentista
La literatura castellana del siglo XVI registra diversas influencias externas, que son un
reflejo más del universalismo renacentista. Entre ellas cabe destacar las siguientes:

      La influencia italiana, patente sobre todo en la adopción de los esquemas
       métricos italianos (endecasílabos, sonetos…) y en la introducción de algunos
       subgéneros novelescos como la novela pastoril.
      La influencia clásica, que se manifiesta tanto en los temas como en la
       búsqueda de un estilo armónico y equlibrado.
      La influencia de Erasmo de Rotterdam, especialmente en la literatura
       didáctica y en las colecciones de refranes, dichos y sentencias.

Junto a estas influencias externas hay un desarrollo de la literatura de tradición
castellana, como es el caso de los libros de caballerías, que siguen el modelo del
Amadís, y surgen a la vez algunos productos genuinamente hispanos, como la
novela picaresca.

Temas de literatura renacentista
La producción literaria del siglo XVI es vastísima, y, por tanto, son multitud los temas
que se tratan. Entre ellos, los más frecuentes son:

      El amor. El Renacimiento descubre la belleza del cuerpo humano y exalta las
       sensaciones placenteras, en especial las que se producen a través de la vista y
       el oído. Junto a la exaltación pagana del amor corporal se exaltan también el
       amor idealizado y el amor divino.
      La naturaleza. La acción poética o novelesca suele situarse en un paisaje muy
       idealizado, formado por ríos de aguas siempre cristalinas, grandes arboledas,
       extensas praderas siempre verdes. Es la soledad y el silencio de ese paisaje
       idílico y lleno de armonías un marco apropiado para el lamento amoroso o el
       desarrollo de acciones inspiradas en la mitología.
      La mitología. El Renacimiento pone de nuevo en circulación los mitos
       griegos, en especial los que están al servicio de la pasión amorosa. Los
       bosques, los ríos, las fuentes se pueblan de ninfas y de sátiros, a la vez que
       diversos personajes míticos reviven en la pluma de los autores renacentistas.
      El sentimiento religioso. La paganización propia del primer Renacimiento se
       torna religiosidad en época de Felipe II. Los temas siguen siendo los mismos –
       el amor, la naturaleza–, pero ahí los escritores ascéticos y místicos los divinizan
       y los aplican a una situación del sentimiento religioso.
      La historia. Los acontecimientos del momento se convierten en fuente de
       inspiración para muchos autores. La justificación de la política imperial de
       Carlos V o el relato de los sucesos más marcados del descubrimiento y de la
       conquista de América dan lugar a varias obras literarias.
      El mundo caballeresco. La Edad Media pervive también mediante un proceso
       de idealización en numerosos relatos, especialmente en las novelas de
       caballerías y en la novela morisca.
La lengua literaria del Renacimiento
Naturalidad y selección resumen el ideal estético del Renacimiento. La naturalidad y el
afán de hacerse entender fomentan el gusto por la expresión llana y sencilla,
presente, por ejemplo, en el Lazarillo de Tormes o en las obras de Teresa de Jesús.
La armonía que el Renacimiento busca en la naturaleza, en el hombre y en el arte se
refleja también en Literatura:

      Se busca una expresión remansada, con frecuencia enumeraciones y
       desdoblamientos de términos sinónimos y abundantes paralelismos.
      El epíteto adquiere un valor estilístico de primer orden.
      El hipérbaton se sigue empleando, pero pierde la violencia que tenía en los
       autores del siglo XV y se convierte en algo natural.

La lengua literaria alcanza su mayor esplendor en la literatura mística, cuyo objeto es
describir la unión espiritual entre el alma y Dios. Esta unión origina sentimientos que
los propios místicos consideran inefables, es decir, que no se pueden explicar con
palabras. Por eso, los místicos recurren a símbolos y sus obras se pueblan de
paradojas, metáforas, comparaciones y otros recursos literarios.
A finales del siglo XVI, el poeta sevillano Fernando de Herrera critica la naturalidad
expresiva de los autores renacentistas e introduce una poesía artificiosa, culta y
afectada que anuncia el Barroco.

La poesía lírica
En el Renacimiento se produce una profunda renovación de la lírica que afecta tanto
a los temas como a la forma de los poemas.
Durante el primer cuarto de siglo se sigue cultivando la poesía cancioneril y alegórica.
Pero en 1526, el poeta Juan Boscán se entrevista en Granada con el embajador
veneciano Andrea Navagiero, quien le insta a que emplee en castellano los metros
italianos. Boscán sigue su consejo y comienza a escribir sonetos, canciones, tercetos
encadenados y octavas reales, empleando para ello el verso endecasílabo.
No fue Boscán el primero que empleó en castellano el verso endecasílabo. Ya en el
siglo XV, Micer Francisco Imperial y el Marqués de Santillana habían intentado sin
éxito adaptar al castellano las formas métricas italianas. Ahora, en cambio, el ejemplo
de Boscán es seguido por Garcilaso de la Vega, quien instaura una corriente de
poesía de corte italianizante que se impuso sobre la poesía tradicional castellana,
compuesta a base de versos de arte menor y de versos dodecasílabos (de doce
sílabas).
Garcilaso de la Vega logró transmitir al endecasílabo castellano la musicalidad que
caracterizaba a los endecasílabos italianos compuestos por Petrarca. Combinó
además con acierto los versos endecasílabos con los versos heptasílabos e inventó
algunas estrofas, como la lira, que tuvieron especial fortuna durante el siglo XVI. En
liras están escritos algunos de los poemas más bellos de la poesía castellana.
De Garcilaso surgen dos corrientes en la segunda mitad del siglo XVI:

      Una corriente, representada por fray Luis de León, que muestra preferencia
       por los temas religiosos, filosóficos y morales. Mantiene el ideal de naturalidad
       en la expresión propia del Renacimiento, y se inclina por las estrofas cortas,
       en especial por la lira.
      Otra corriente, representada por Fernando de Herrera, que prefiere los temas
       amorosos y patrióticos. Busca una expresión brillante y culta, con numerosos
       epítetos, hipérboles y cultismos, rompiendo el equilibrio renacentista entre
       expresión y contenido en favor de la expresión. De este modo, se intentó
       crear un lenguaje específicamente poético, distinto del habla habitual. Esta
       corriente, denominada Manierismo, sirvió de preludio al Barroco.

La poesía épica
Una consecuencia inmediata del sentido nacional y patriótico que impera en la
España de Felipe II es el resurgir de una épica culta, formada por obras en las que se
recogen asuntos heroicos de la época.
Los poemas épicos más destacados son La Austriada, de Juan Ruiz, y La Araucana, de
Alonso de Ercilla. El primero tiene por objeto ensalzar la figura de don Juan de
Austria, hermanastro de Felipe II, héroe de Lepanto; el segundo narra
acontecimientos de la conquista de Chile, muchos de ellos escritos en el propio
campo de batalla.

La literatura religiosa del Renacimiento
En el siglo XVI se desarrollan dos corrientes espirituales cuyas manifestaciones
poéticas entroncan con la poesía de Garcilaso, con la poesía cancioneril y con los
métodos de análisis de los sentimientos que tienen su origen en la poesía de Petrarca.
Estas dos corrientes son la ascética y la mística.

      La ascética es un camino de perfeccionamiento espiritual que prepara el
       alma para recibir los dones que proceden de Dios.
      La mística es un estado de perfección espiritual en el que el alma percibe la
       presencia de Dios, recibe sus dones y acaba uniéndose con Él.

Ambas corrientes son resultado de la inquietud espiritual de la España del siglo XVI y
se manifiestan con especial intensidad en el segundo Renacimiento, es decir, durante
el reinado de Felipe II. Es en esta época cuando las dos figuras cumbre de la mística
española, Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, intentan transmitir sus experiencias
místicas mediante la literatura.
Las obras acéticas y místicas no forman, en realidad, un género literario. Los autores
ascéticos y místicos escriben tanto en verso como en prosa. Incluso, a veces, escriben
comentarios en prosa sobre lo que quieren decir en sus versos. No obstante, la
unidad temática de estas obras y sus peculiaridades aconsejan diferenciarlas de otras
obras escritas en verso y en prosa. Por eso, suele hablarse del género de la literatura
religiosa.

El teatro renacentista
También el teatro evoluciona de forma notable durante el siglo XVI. La distinción
entre teatro religioso y teatro profano sigue vigente durante toda la centuria.

      El teatro religioso continúa ligado a las festividades de Navidad y de Pascua,
       pero a la vez que se potencian las representaciones del Corpus Christi. A lo
       largo del siglo irán desapareciendo los contenidos profanos de las fiestas
       religiosas, afirmándose el carácter doctrinal de estas representaciones.
      El teatro profano tuvo dos vertientes:
            o Una vertiente culta, representada por las tragedias que imitaban el
               teatro clásico y por obras de asunto histórico o legendario.
            o Una vertiente popular, que desarrolla las tendencias festivas y
               costumbristas ya presentes en el teatro de Juan del Encina. El
               representante más destacado del teatro popular fue Lope de Rueda,
               creador del género de los pasos.

El paso es una pieza muy breve que se incluía en la representación de obras más
largas y dramáticas con el fin de avivar el interés de los espectadores. En él se
presenta una situación cómica que suele estar protagonizada por un personaje
simple: el bobo. Del paso surgirá, en el siglo XVII, el género del entremés.

Evolución de la prosa en el Renacimiento
En el siglo XVI se produce un florecimiento de tres modalidades de prosa: la prosa
didáctica, la prosa histórica y la prosa de ficción.
La prosa didáctica. Los escritores erasmistas defendieron una literatura útil y
verdadera, que sirviera para educar, y criticaron las obras de ficción, a las que
consideraban mentirosas e inmorales. Por ello cultivaron diálogos sobre temas
diversos y colecciones de refranes, dichos y sentencias. Entre los diálogos cabe
destacar el Diálogo de la lengua, de Juan Valdés, y La perfecta casada, de fray Luis de
León.
La prosa histórica. La magnitud de las empresas españolas en el siglo XVI fomentó la
creación de obras de carácter histórico. Entre ellas destacan las que refieren asuntos
de la conquista de América. Quienes participaron en tales acontecimientos se
convirtieron a veces en historiadores espontáneos y crearon relatos llenos de viveza y
de frescura. Entre los historiadores de Indias destacó Bernal Díaz del Castillo, autor de
la Verdadera historia de los sucesos de la conquista de Nueva España .
La prosa de ficción. El panorama de la prosa novelesca o de ficción en el siglo XVI es
muy variado. Junto a géneros que perviven de épocas anteriores, como la novela
sentimental o la novela de caballerías, surgen otros nuevos, como la novela pastoril, la
novela bizantina, la novela morisca o la novela picaresca.

      La novela pastoril narra asuntos amorosos entre pastores, enmarcados en un
       paisaje idílico. Estos pastores son en realidad cortesanos y como tales hablan
       y se comportan. Las principales novelas pastoriles españolas fueron Los siete
       libros de Diana, de Jorge de Montemayor, y Diana enamorada, de Gil Polo.
      La novela bizantina refleja el afán de aventuras de la sociedad renacentista. El
       protagonista emprende un largo viaje lleno de peripecias: naufragios, raptos,
       falsas muertes. La acción se diversifica para seguir los avatares de los
       enamorados, separados por el azar. Finalmente, la historia termina con el
       reencuentro feliz de los enamorados.
      La novela morisca es fruto de la idealización del mundo árabe, una vez
       acabada la Reconquista. Los protagonistas de estas obras son musulmanes
       adornados de todas las virtudes. La principal novela morisca del siglo XVI es
       La historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa , obra que apareció inserta
       entre las páginas de la Diana, de Jorge de Montemayor. También están
       ambientadas en el mundo árabe las novelas de cautivos, que narran el
       cautiverio de cristianos en el norte de África. Cervantes nos ofrece en el
       Quijote algún ejemplo de este género.
      La novela picaresca nace a mediados del siglo XVI con la publicación del
       Lazarillo de Tormes, aunque no se desarrollará hasta el siglo XVII. En ella se
       narra de forma autobiográfica los afanes de un protagonista por sobrevivir y
       mejorar su situación social. El personaje central es en realidad un antihéroe
       que nos muestra el estado de la sociedad de su época.

La crisis ideológica del Renacimiento
El Renacimiento
La palabra Renacimiento implica un concepto de resurrección, de algo que sale de
nuevo a la vida. Esa nueva vida es el mundo pagano: Grecia y Roma.
El Renacimiento fue un fenómeno general y homogéneo que afectó a todos los
órdenes del ser humano.
Como expresión literaria española se dio en el siglo XVI. Dentro de los límites más
indispensables que de una manera más reducida configuran su fisonomía, interesa
encuadrarlo en una doble vertiente:

      espiritual o ideológica
      estética o formal

En su aspecto espiritual o ideológico, se le conoce también con el nombre de
humanismo. Viene a ser, en esencia, este movimiento el reverso de la mentalidad
anterior a los siglos V al XV.
En efecto, al terminar la Edad Media, el entibiamiento del fervor religioso y la
novedad de los acontecimientos históricos (descubrimientos geográficos y científicos,
hallazgo de enormes tesoros culturales) engendraron un sentimiento de orgullo e
independencia que acabó por desmoronar las concepciones tradicionales
medievales.
Tres nuevos puntos de vista, sobre otros tantos temas capitales, como el hombre, la
vida y la naturaleza, sufrieron una honda transformación.

      Si el hombre medieval aceptaba humildemente el orden establecido en el
       cosmos, por creerlo obra de Dios, y a Dios centro del universo (teocentrismo),
       el renacentista invertirá los términos y se considerará a sí mismo como eje del
       mundo y dueño de su propio destino (antropocentrismo).

Por ese camino, el hombre llega a valorar excesivamente todo aquello que provenga
de su noble condición humana: se tendrá plena confianza en la razón (atreviéndose,
en ocasiones, a prescindir de las verdades reveladas –Lutero–), se analizan con
manifiesta complacencia sus reacciones personales sentimentales (como se advierte
en la producción lírica del amor platónico) y se justificarán los instintos, haciendo caso
omiso de la moral (el derecho maquiavélico).

      Por su parte, la vida adquirió en el siglo XVI un sentido pagano y materialista.
       Frente al concepto ascético tradicional de considerar el momento que nos
       toca vivir como algo efímero y pasajero que no tiene valor en sí mismo, sino
       en virtud de lo que puede proporcionar el más allá (trascendencia), se
       pretende ahora implantar la idea de una vida terrena, pero eternizada, pues
       su valor vital radica en sí misma (inmanencia).

Como consecuencia lógica, se prefiere cantar la vida y más aún la jocunda
satisfacción de gozarla. Se hace norma el credo horaciano del carpe diem
(aprovecha el día). En efecto, el renacentista centra el gozo en el disfrute del
momento presente, ya que el otro, el escatológico, el posible, tan afirmativamente
asegurado en la Edad Media, o decididamente no existe o, al menos, se desconfía de
su existencia. En todo caso, como otros epicúreos, concluyen: Dum vivimus, vivamus
(Mientras vivimos, vivamos).

      Respecto a la naturaleza, si en la Edad Media se la juzgó como un presente
       concedido por Dios, de cuyo usufructo exigiría estricta cuenta, en el
       Renacimiento no ocurre así. El hombre se considera dueño de los inmensos
       dominios que pisa, y sentirá creciente y morbosa curiosidad por conocer sus
       más ocultos secretos. Se llegará a divinizarla, a ver en ella el modelo ideal de
       cualquier actividad humana. Se adopta como principio la máxima senequista
       sequere naturam (sigue a la naturaleza).

Esta nueva valoración de la naturaleza hallará su expresión artística en la glosa de los
temas horacianos del Beatus ille y de la Aetas aurea, así como en las abundantísimas
alusiones al paisaje (locus amoenus) que adquiere la categoría de protagonista.


Aportación del humanismo y de las formas poéticas italianas (Dante
y Petrarca)
Si en su contenido espiritual el Renacimiento, o mejor dicho el Humanismo, acuñó
estas características específicas, en su aspecto estético o formal, en el literario, encarna
unas notas típicas que configuran su fisonomía.
Así, en la Edad Media, la cultura quedó recluida casi exclusivamente en los
monasterios, mantenida por clérigos; ahora en el Renacimiento, cultivada por los
humanistas (de humanus = culto, educado), alcanza mayor proyección en cortes,
palacios, centros de estudio.
Al latín medieval, llamado despectivamente latín culinario, sucede el latín de los
escritores –el latín culto–, que toman por modelos a los de la antigüedad clásica:
Cicerón, Virgilio, Horacio…
Pero precisamente por imitar a los clásicos que usaron su lengua vernácula en sus
escritos, en el Renacimiento se concedió la máxima importancia al idioma vulgar, por
otra parte fruto espontáneo de la naturaleza.
La entusiasta aceptación de los modelos clásicos despertó un enorme deseo de
lograr también en la creación literaria una armoniosa belleza formal. La «fermosa
cobertura», desdeñada por los escritores medievales, pasará en este momento a
preocupación estética de primer plano.
La única e inexhausta fuente de inspiración será la naturaleza, bien directamente –
culto al paisaje–, bien a través de las versiones idílicas de la literatura clásica. En este
sentido, el Renacimiento rehabilitó los principales temas de la época pasada: los
relatos mitológicos y el bucolismo pastoril.
De todos los géneros literarios, la poesía fue el primero que asimiló íntegramente la
estética del Renacimiento mediante la imitación directa de os poetas italianos (sobre
todo Dante y Petrarca) por Juan Boscán.
Desde Dante y Petrarca, los grandes escritores italianos habían encontrado el camino
para expresar la nueva sensibilidad: el endecasílabo, «nuevo, divino instrumento,
criatura perfecta y siempre virginal, flauta y arpa, dulce violín de musical madera
conmovida», en expresión de Dámaso Alonso.
Y es que la nueva poesía italiana entrañaba, al mismo tiempo, renovación de:

      métrica
      estilo
      contenido

Las viejas estructuras métricas y temáticas cedieron ante el empuje y vitalidad de las
nuevas concepciones en las que cabía todo un mundo de ideas y de temas nuevos,
que se polarizan en torno:

   1. Al amor, entendido a la manera petrarquista, concepción platónica que lleva
      a la idealización de la realidad y que pone fin al gran drama trágico medieval
      –oposición espíritu/carne– mediante la espiritualización del sentimiento
      amoroso.
   2. A la naturaleza, marco al que se adscribe toda acción amorosa. Se trata de
      un mundo figurado, soñado, convencional, cuyos modelos hay que
      buscarlos en la poesía pastoril de Teócrito, Virgilio y Horacio o, más
      modernamente, en la Arcadia de Sannazaro.

       El poeta, antes envuelto en las puras abstracciones de la tradición
       trovadoresca, descubre el mundo de su «yo», de su intimidad, y adquiere
       conciencia, al mismo tiempo, de la belleza del mundo exterior, reflejo de la
       Suma Belleza.

   3. A los mitos grecolatinos. La mitología pagana invade a Europa a través, sobre
      todo, de las Metamorfosis de Ovidio.

Este triple mundo temático encuentra adecuada expresión formal en las nuevas
estrofas: soneto, octava real, terceto, lira y silva.
La influencia de Dante en España es evidente en Micer Francisco Imperial. Pero el
dantismo se vincula a los nombres de Juan de Mena y del marqués de Santillana.
En Santillana hay tanta influencia petrarquista como dantesca. Rastro de Dante
encontramos en la Elegía a don Enrique de Villena, en El infierno de los enamorados
y La Comedieta de Ponza, mientras se muestra petrarquista en gran parte de sus 42
sonetos «fechos al itálico modo», en los que triunfa el sentimiento amoroso.
Juan de Mena es el autor español más influido por Dante, especialmente en su
Labyrintho.
Sin embargo, la influencia de Dante en España es inferior a la que ejercieron Petrarca
o Boccaccio.

								
To top