Del libro Breve historia de los colores by 1hMu46

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									Del libro Breve historia de los colores
Michel Pastoreau y Dominique Simonet
2006, Ed. Paidós Ibérica S.A.
Barcelona
ISBN-10: 84-493-1947-1



EL AZUL
        Dócil, disciplinado, moderado, se funde con el paisaje y no quiere llamar la
atención, tímido y garantía de conformismo.
        En el Egipto faraónico se aseguraba que procuraba la felicidad en el más allá y
se fabricaban objetos de color verde-azulado a partir de una receta a base de cobre que
luego se perdió.
        Pero en la Antigüedad, por lo general no se consideraba realmente un color.
Entre los griegos se encuentran confusiones en el vocabulario entre el azul, el gris y el
verde. En Roma era el color de los bárbaros, tener los ojos azules era en una mujer
señal de mala vida y en el hombre una marca de ridículo. Fueron las lenguas germánicas
con la palabra blau y árabes con azraq las que aportaron vocablos a la denominación de
los colores.
        En la Biblia salvo porque aparece el zafiro, la piedra preferida de los pueblos
que la escribieron, apenas se nombra éste color.
        En los siglos XII y XIII se rehabilita y promociona el azul. El Dios de los
cristianos se convierte en un Dios de luz, y la luz se vuelve azul. Los cielos que antes
eran negros, rojos, blancos o dorados, se pintan ahora de azul. A partir del siglo XII, la
Virgen, que vive en el cielo aparece cubierta con un manto o vestido azules y se
convierte en su principal promotora.
        En esa época se quiere establecer una jerarquía de individuos, atribuyéndoles
señas de identidad, apareciendo los apellidos, escudos de armas e insignias de cargo o
función. El azul se añade a los tradicionales de base para convertirse en una especie de
contrario del rojo. En la reconstrucción de la iglesia abacial de Saint-Denis, hacia 1130,
el abate Suger emplea un producto bastante caro, el cafre, más tarde llamado azul
cobalto para llenar sobre todo de color azul los vitrales, que disiparían las tinieblas. De
Saint-Denis se difunde a Mans, a Vendôme y a Chartres, donde se convierte en el
famoso azul de Chartres, llegando a ser una cuestión religiosa.
        Asociado a la luz, según pensaban los prelados cromófilos, puesto que la Virgen
viste de azul, el rey de Francia también lo hará, convirtiéndose en una moda
aristocrática.
        Los tintoreros rivalizan por encontrar mejores azules y así estimularon la
economía. La demanda de glasto o hierba pastel se disparó; se cultivó de modo
industrial y enriqueció a regiones como Turingia, Toscana, Picardía o a la región de
Toulouse, donde se consideró el oro azul. Mientras, Estrasburgo que comerciaba con la
granza, la planta que da el color rojo, furiosos, sobornan a un maestro vidriero para que
represente al diablo de color azul. Se declara una guerra entre el azul y el rojo que dura
hasta el siglo XVIII.
        A finales de la Edad Media, la oleada moralista protestante decide que el color
azul es digno, las paletas de pintores calvinistas como Rembrandt son contenidas y
azuladas. El color también se promueve en el vestuario masculino.
        En el siglo XVIII un farmacéutico de Berlín inventa el azul de Prusia y se
importa el índigo de las Antillas. El azul se pone de moda, acentuada por los
románticos.
        En 1850, los tejanos se convierten en el pantalón ideal, e introducen el azul en el
mundo del trabajo, por ser el color azul sobrio, digno y discreto y la tinción con índigo
es fácil y se puede hacer en frío.
        Si en Francia fue el color de los republicanos, pasa después de la Primera Guerra
Mundial a ser un color conservador, y lo sigue siendo. Por ser un color consensual,
organismos como la ONU, UNESCO, Unión Europea… han elegido sus emblemas
azules, por no impactar, no disgustar, suscitar unanimidad, el color azul es líquido,
suave, se puede utilizar sin moderación.
        El eco de la melancolía del azul queda en el vocabulario musical con el blues.
        Una persona a la que le gusta el azul suele ser sensata, conservadora, no quiere
revelar nada de sí misma, puesto que el éste color es discreto y el más razonable de
todos.



EL ROJO
        Orgulloso, ambicioso, sediento de poder, quiere dejarse ver, se impone, es
insolente. Su parte negativa remite a la violencia, la furia, el crimen, el pecado. En su
duplicidad es fascinante y candente, como las llamas de Satanás.
        Colorado en español significa a la vez rojo y coloreado. En ruso, Krasnoï quiere
decir “bello”, “hermoso”, además de rojo.
        En el sistema cromático de la antigüedad, junto con el blanco (lo incoloro) y el
negro (lo sucio), el rojo era “el color”, el único digno de ese nombre.
        Treinta y cinco mil años antes de Cristo, el arte paleolítico utilizaba el rojo,
obtenido a partir de la tierra ocre-rojo. En el neolítico se explotó la granza, una hierba
de raíz tintórea.
        En la Roma imperial, el emperador, el dios Marte, los centuriones (los jefes de la
guerra), algunos sacerdotes … vestían de rojo, porque remitía al fuego y a la sangre. Y
fabricaban éste color con una sustancia producida por un molusco, el múrice.
        Para los cristianos, el rojo fuego es la vida, el Espíritu Santo de Pentecostés, la
sangre de Cristo, la fuerza del Salvador; pero también la muerte, el pecado, las
impurezas y el infierno. Así, en el Antiguo Testamento está asociado tanto a la falta y a
lo prohibido, como al poder y al amor.
        En la Edad Media, se agotan los yacimientos de múrice y se obtiene un rojo
luminoso y sólido del quermés, los huevos de cochinillas que parasitan robles. En ese
momento, socialmente, el brillo de un objeto prima sobre su color, y los señores
disponen de un rojo de lujo -puesto que es costoso-, que los distingue de los campesinos
que usan la vulgar granza. Venecia, Milán o Nuremberg tienen autorización para teñir
solo con granza, pero no con el quermés. Nadie sale de su color, ¡pueden procesarte!
Los tintoreros del rojo y del azul viven en calles separadas, aislados en suburbios
porque sus talleres lo apestan todo, a menudo entran en violento conflicto y se acusan
mutuamente de contaminar los ríos. La industria textil era por entonces la única
considerada como tal en Europa, un negocio mayor.
        A partir de los siglos XIII y XIV, el Papa, consagrado al blanco, se viste de rojo.
Y los cardenales, y el diablo… y caperucita, cuya versión más antigua remonta al año
1000. Para Lucero, en cambio, Babilonia es Roma y considera que hay que expulsar el
rojo del templo.
        A partir del siglo XVI, se invierte la posición entre azul y rojo; el azul se
convierte en masculino y el rojo en femenino. La novia viste de rojo hasta el siglo XIX
porque una prenda bonita y rica es necesariamente roja. Pero en su ambivalencia, el
rojo es obligado en la vestimenta de las prostitutas, y en su puerta se colgaba una
lámpara roja. El rojo de la prohibición aparece en la ropa de los jueces y los guantes y
capucha del verdugo. A partir del siglo XVIII un trapo rojo significa peligro.
        En Francia, en octubre de 1789 se coloca una bandera roja en los cruces para
señalar la prohibición de formar grupos, que se convirtió en el emblema del pueblo
oprimido, la sangre de los mártires y la revolución en marcha. La Rusia soviética la
adopta en 1918 y la china comunista en 1949.
        En la simbología de occidente, el rojo sigue representando el poder y la
aristocracia al igual que la revolución y el proletariado. Símbolo de fiesta, lujo,
espectáculo, asociado a expresiones como rojo de rabia, colorado como un tomate o
estar al rojo vivo, también se asocia al erotismo y la pasión.
        Pero en la vida cotidiana ha ido retrocediendo, los objetos que usamos rara vez
son rojos, aunque perdura su simbolismo en las señales de prohibición, los semáforos, la
cruz roja, la alerta roja, la tarjeta roja…


EL AMARILLO
        Ni su historia ni su fama son buenas, pero no siempre fue así; las romanas
vestían de ese color para asistir a ceremonias o enlaces matrimoniales y en China estaba
reservado al emperador, asociado al poder, la riqueza y la sabiduría.
        Fue en la Edad Media, en competencia con el color dorado que absorbe todos los
símbolos positivos del amarillo: el sol, la luz, el calor, la vida, la energía, la alegría, la
potencia… como quedó desposeído de su parte positiva, convirtiéndose en un color
apagado, mate, triste, que recuerda al otoño, la decadencia, la enfermedad y se convirtió
en símbolo del engaño, la mentira y la traición, conservando únicamente su aspecto
negativo. Entonces se pensaba que una palabra que designara a un ser o una cosa tenía
que ver con la naturaleza del ser o la cosa en cuestión.
        En la imaginería medieval los personajes desvalorizados suelen llevar ropas
amarillas, se pinta de amarillo la casa de los falsificadores de moneda, en todo occidente
es el color de mentirosos, embusteros, tramposos y del ostracismo, impuesto a las
personas que se quiere condenar o excluir, como ocurrió con los judíos a partir del siglo
XIII y hasta la estrella amarilla que les impusieron los nazis. En el siglo XIX se
caricaturiza a los maridos engañados con trajes o corbatas amarillas.
        El amarillo se obtiene de vegetales como la gauda y el azafrán (que
supuestamente provoca una locura que desata una risa incontrolable), o minerales de
azufre como el oropimente; quizás la mala reputación del azufre, por provocar
desórdenes mentales y considerarse diabólico, sea la responsable de las asociaciones
negativas de éste color.
        Estaba presente en las pinturas murales griegas y romanas con el ocre, y pese a
la aparición del amarillo de Nápoles, en el siglo XVII retrocedió en la paleta de los
pintores, hasta que los impresionistas, Van Gogh, fauvistas y abstractos junto con las
nuevas teorías científicas que lo sitúa entre los tres colores primarios lo vuelven a
valorar.
        También los cambios en la vida privada y las costumbres de finales del siglo
XIX han llevado a nuevos gustos. Ahora se asocia al líder en el maillot amarillo del tour
de Francia, en el deporte y el tiempo libre se está revalorizando, si bien el color oro se
ha vuelto vulgar.

								
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