U los profetas menores by zkbUE6XQ

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									                         Los Profetas Menores.
                                                                              drernestocontreras@hotmail.com
   Los doce profetas “menores” no llevan este calificativo porque su mensaje sea de menor importancia, sino
porque sus escritos son menos extensos que los de los profetas “mayores.” El mensaje común de sus escritos,
contiene las mismas verdades del judaísmo, que los escritos de los llamados profetas mayores:
  1. Que Jehová es el único Dios verdadero, digno de adoración
  2. Que Dios siempre castiga el pecado.
  3. Que la religión verdadera consiste en misericordia y justicia más que ritualismo (sacrificios y ofrendas).
  4. Que la salvación se encuentra por la fe y la obediencia a la Palabra del Señor dada a través de sus
profetas.
   De los profetas, Jonás ministró en Nínive, y por lo tanto, fuera de Palestina al igual que Ezequiel y Daniel
en Babilonia. Amós y Oseas profetizaron en Israel, reino del norte, y Miqueas y el resto, en Judá, el reino del
sur. Ezequiel y Daniel, profetizaron durante el tiempo del cautiverio en Babilonia y Hageo, Zacarías y
Malaquías, después del exilio.
   El siglo octavo antes de Cristo señala la cúspide de la profecía hebrea. Entre los años 800 y 700 antes de
Cristo, profetizaron 6 de los 12 profetas menores: Abdías (870), Joel (800), Jonás (780), Amós (760), Oseas
(750) y Miqueas, contemporáneo de Isaías (740), los que posiblemente ministraron en ese orden.
   Durante el siglo séptimo aparecieron otros tres profetas menores, Nahum (660), Habacuc (650) y
Sofonías (630), contem-poráneos de Jeremías (600 a 586), y de Daniel (604 a 535) y Ezequiel (586 a 570)
éstos dos, ya durante el exilio en Babilonia.
   El siglo sexto a.C. escuchó las voces de Hageo (537) y Zacarías (520 a 500) desafiando a los cautivos
que habían regresado a Jerusalén a reconstruir el templo, y finalmente, el siglo quinto a.C. nos brindó al
último profeta del Antiguo Testa-mento: Malaquías (432), quien señaló con índice inconfundible hacia la
venida del Mesías (el Sol de Justicia) y de su predecesor, Juan el Bautista, cuatrocientos años antes de que
nacieran.
   Éstos son los llamados “400 años de silencio” porque no se escribió ningún libro canónico entre
Malaquías y el evangelio de Mateo, sólo varios apócrifos. Uno de ellos, El Eclesiástico hace a los Profetas
Menores este significativo elogio: "Reverdezcan también en el lugar donde reposan los huesos de los doce
Profetas; porque ellos consolaron a Jacob, y lo confortaron con una esperanza cierta" (Ecli. 49:12).
                                     QUIENES ERAN LOS PROFETAS.
  Los profetas del Antiguo Testamento, eran hombres que Dios levanto en tiempos de decadencia y apostasía
en Israel. Ante todo, ellos eran dirigentes de avivamientos religiosos y patriotas que hablaban en nombre de
Dios al corazón y la conciencia de la nación, ayudando al pueblo de Dios a entender mejor los juicios y la
voluntad de Dios para el presente y los planes que Dios tiene para el futuro cercano y lejano de Israel y del
mundo.
  Los profetas no fueron solamente portadores de la Palabra de Dios, también influyeron en la cultura de sus
días. La Biblia dice: “Porque no les hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo
siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.
  Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una
antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en sus
corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada.
Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron
siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2ª Pd 1:16 al 21).
  Estudiar los profetas del Antiguo Testamento, no solamente es beneficioso, sino interesante. Muchos fueron
verdaderos héroes y personas sumamente valientes. La mayoría de ellos sufrieron grandemente por
hablarles la verdad de Dios a los que no los querían escuchar, y casi todos, murieron como mártires.
  Al respecto, el protomártir cristiano Esteban, antes de ser ape-dreado, lanzó esta acusación: “¡Duros de
cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo. Como vuestros
padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres y mataron, los que
anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y
matadores?” (Hch 7:51 y 52).
  Entre estos grandes hombres y mujeres de la Biblia, están entre otros, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel,
Abraham, Moisés, Débora, Samuel, Natán, Elías, Eliseo y los llamados 12 profetas menores, varios de los
cuales fueron incluidos por nombre o referencia, en “el salón de la fama de los héroes de la fe” mencionada
en Hebreos 11, a pesar de que, con honrosas excepciones como las de Moisés y Daniel (que fueron príncipes
con una educación y cultura excepcional para su tiempo).

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  La mayoría de los profetas del Antiguo Testamento, fueron personas tan débiles, sencillas e imperfectas
como los demás. Así, aunque lo que por inspiración del Espíritu Santo, quedó por escrito de sus profecías y
ministerio, es Palabra de Dios infalible, ellos, no fueron infalibles ni siempre su conducta fue piadosa o
ejemplar. Es por esa razón que nos sentimos incómodos, cuando Dios no oculta los yerros de Jonás, el
profeta, que nunca se arrepintió de su falta de misericordia por la gran ciudad de Nínive (Jon 4:9), o de Natán
el profeta, que equivocadamente le dijo a David: “sigue adelante con la construcción del templo” (2ª Sa 7:1 al
17), o cuando a Abraham, en el mismo pasaje (Gn20) se le llama profeta, y también mentiroso. Es más,
debemos aceptar que excepcionalmente, Dios uso a impíos, como Balaam y Caifás (Nm 22:12; Jn 11:49 al
52), para dar profecías.
   Debería ser innecesario decir esto, pero desafortunadamente se asume a menudo que Dios sólo usa y le da
ministerios y dones espirituales a los perfectos, para ministrar y edificar a otros; pero la Biblia no oculta que
en ocasiones, hasta los más grandes siervos de Dios, como Abraham, Moisés, David, Sansón y el apóstol
Pedro, cometieron terribles errores en su vida, antes o después de haber aceptado servir a Dios. Debemos
aceptar que los profetas sólo hablaban la verdad y actuaban rectamente, cuando hablaban y actuaban bajo
el control del Espíritu Santo, y en obediencia fiel a su misión, vocación y llamado, pues sólo entonces era que
Dios mismo hablaba a través del profeta.
  LOS MENSAJES PROFETICOS
  Muchos mensajes proféticos tiene cumplimiento en dos tiempos: A corto plazo y para cambiar las
circunstancias históricas en las que vive el profeta, y a largo plazo, el los últimos tiempos del juicio
apocalíptico del mundo, la segunda venida del Mesías en gloria, y el establecimiento de la Nueva Jerusalén.
  Así, cuando los profetas del Antiguo Testamento proclaman la venida del Mesías, hablan sin entender todo
lo que nosotros ahora entendemos, del advenimiento del Mesías en dos formas que no podían ser
contemporáneas: De una primera venida, como siervo, para morir en sacrificio propiciatorio (Is 53); y de otra
posterior (la 2a venida) en gloria, poder, juicio y majestad (Is 11).
  Lo mismo sucedió con las profecías sobre la liberación y restauración de Israel después del exilio
babilónico, cuando, por ejemplo, se creyó que las profecías de Zacarías (caps. 9-14) se cumplirían en toda su
dimensión en ese tiempo y no (como ahora lo sabemos), en el tiempo del fin cuando (por gracia), todo Israel
será salvo (Ro 11:26), regresará a la Tierra prometida (Pacto Palestino: Dt 30:1 al 9), se reestablecerá el reino
sempiterno del Hijo de David (Pacto de David: 2ª Sa 7:8 al 17), e Israel gozará de las bendiciones de lo que
ahora sabemos que será el milenio.
                                                       OSEAS.
                                   (“Dios es Salvación” o “que Dios socorra”).
  Oseas, hijo de Beeri, profeta a las diez tribus del norte, ministró alrededor del 750 a.C., bajo el reinado de
Jeroboam II (hijo de Joás), rey de Israel (783-743) y de los reyes Uzías (789-738), Jotam (738-736), Acaz
(736-721) y Ezequías (721-693), reyes de Judá (1:1), y hasta la caída de Samaria (2ºR 15:29), reino del norte
(725 a.C.). Fue el primero que escribió sus profecías que se dirigen casi exclusivamente al reino de Israel
(también llamado en la Biblia Efraín y Samaria), entonces poderoso y depravado (predominaba el
baalismo).
   Son profecías duras, cargadas de terribles amenazas contra la idolatría, la infidelidad a Dios y la
corrupción de costumbres; pero alternadas con preciosas promesas (2:14ss.) y expresiones del más inefable
amor de Dios por el Israel “adúltero” (2:23; 11, 8, etc.). El estilo es sucinto y lacónico, pero muy elocuente y
patético y a la vez riquísimo en imágenes y simbolismos.
   En la primera parte del libro (caps 1 al 3), Oseas se casó, por orden de Dios, con Gomer, una mujer infiel
(fornicaria), como Israel que fornicaba apartándose de Dios (1:2). Le dio tres hijos a los que Dios nombró
simbólicamente: 1. Un hijo, Jezreel (nombre del valle donde Dios juzgó a varios 2º R 10:1-14), “porque de aquí
a poco yo castigaré a la casa de Jehú por causa de la sangre de Jezreel, y haré cesar el reino de la casa de
Israel, en el valle de Jezreel.” 2. Una hija a la que le dijo Dios: “Ponle por nombre Lo-ruhama (no
compadecida), porque no me compadeceré más de la casa de Israel.” Y 3. un hijo a quien dijo Dios: “Ponle por
nombre Lo-ammi (no pueblo mío), porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios” (1:3 al 8).
   Así, Israel, hasta ahora, es la esposa terrenal infiel (2:1 al 6) y repudiada de Dios, que al arrepentirse (2:7),
después de sufrir las consecuencias de su pecado (el exilio y el estado de dispersión actual de Israel), Dios
(2:14) la buscará, llamará, rescatará y restaurará (cuando en el tiempo del fin, todo Israel sea salvo: Ro
11:26). “En aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Ishi (mi esposo), y nunca más me llamarás Baalí (mi
Señor) y te desposaré conmigo en fidelidad, para siempre” (cambiará su nombre a ruhama: compadecida, y
Ammi: pueblo mío. 2:16-23).
   Oseas fue y redimió (rescató por medio de un precio: 15 ciclos de plata y un homer y medio de cebada) a
Gomer, como Dios redimirá a Israel, con el precio de su rescate pagado en la cruz.
   En la segunda parte (caps 4 al 14), hay 5 terribles profecías sobre el juicio de Dios sobre Israel por idólatra
(cautiverio en Asiria 10:6 y 13:16): “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento.
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   Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me
olvidaré de tus hijos (4:6). Porque misericordia quiero y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que
holocaustos” (6:6).
  Oseas termina con la profecía de la restauración final: “Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama
toda mi compasión. Tú, pues, vuélvete a tu Dios, guarda misericordia y juicio, y en tu Dios confía siempre. No
conocerás, pues, otro dios fuera de mí, ni otro Salvador sino a mí. De la mano del Seol los redimiré, los libraré
de la muerte y yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos, porque los
caminos de Jehová son rectos y los justos andarán por ellos; mas los rebeldes caerán en ellos” (11:8; 12:6;
13:4 y 14; 14:4 y 9). En Oseas está la profecía: “De Egipto llamé a mi Hijo” (11:1; Mt 2:15). El sepulcro de
Oseas se muestra en el monte Nebi Oscha, no lejos de es-Salt (Transjordania).
                                                      JOEL
                                                (“Jehová es Dios”)
   De Joel, profeta de Judá e hijo de Petuel, nada sabemos fuera de los tres capítulos de profecías que llevan
su nombre. Probablemente nació en Jerusalén por las muchas referencias que hace a ella, y el tiempo de su
profecía se calcula que fue después de dividirse el reino (975 a.C.), al separarse de la casa de David (reino
del sur) las diez tribus (reino del norte), pero antes del imperio y cautiverios en Asiria y Babilonia, pues no los
menciona. Es posible que en su juventud conociera a Elías y tal vez, fue contemporáneo de Eliseo (875). El
hecho de que solamente se mencionen los sacerdotes y no los reyes, hace conjeturar que Joel haya escrito en
tiempos de Joás (2º R 12:1; 2ºCr 22 a 24) rey de Judá (836-797), cuando el sumo sacerdote Joiada (2ºCr
22:11 y 23:2,3) en nombre del rey niño, manejaba las riendas del gobierno.
   En su primer discurso profético Joel describe una plaga terrible causada por las diferentes etapas del
desarrollo de la langosta (chapulines), como señal del justo juicio y castigo de Dios en el día de Jehová (juicio
final, apocalíptico), que vendrá como destrucción progresiva por el Todopoderoso (1:14). “Delante de Él
temblará la tierra, se estremecerán los cielos; el sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su
resplandor” (2:10). Se profetiza que al final, Israel se convertirá (2:12-27; Ro 11:26), pues “todo aquel que
invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como
ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual Él habrá llamado” (2:32; Ro10:13).”
   También se menciona la batalla de Armagedón (2:1 al 11 y 3:1 al 16) y el reino milenial con la nueva
Jerusalén: ”Jehová rugirá desde Sion y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra; pero
Jehová será la esperanza de su pueblo y la fortaleza de los hijos de Israel, y conoceréis que yo soy Jehová
vuestro Dios, que habito en Sion, mi santo monte, y Jerusalén será santa y extraños no pasarán más por
ella” (3:17-21). También esta el pasaje de la promesa del derramamiento del Espíritu Santo sobre todos los
salvos, que tuvo su cumplimiento en Pentecostés (2:28,29; Hch 2:28-31).
   “Es notable que Joel, quien cronológicamente pertenece al mero principio del periodo de la profecía, escrita
(836 a.C.), ofrece la más completa descripción de la consumación de toda la profecía escrita” (C. I. Scofield).
                                                       AMOS
                                                     (“Carga”).
  Vivió alrededor del 770 a.C. y desempeñó su ministerio en los días de Uzías (1:1), rey de Judá (789-738) y
Jeroboam II, rey de Israel (783-743).
  Antes de su llamado, Amós era pastor y labrador que apacentaba sus ovejas y cultivaba higos en su natal
Tecoa (1:1 y 7:14,15), situada en la montaña de Judá, como a 20 km al sur de Jerusalén. A pesar de
pertenecer al reino de Judá (del sur), Dios lo llamó al reino de Israel (1:1; 7:14 s.) para que profetizase,
primero contra las naciones vecinas, enemigas de Israel (1:1 a 2:3), y luego principalmente en Samaria y Bet-
el, contra la corrupción moral (88:4-6; 5:12) y religiosa (idolatría y explotación de los pobres por los ricos) de
Judá e Israel (2:6,7; 3:10; 4:1; 5:11). Dice: “Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Israel y de Judá, y por
el cuarto, no revocaré su castigo; porque menospreciaron la ley de Jehová y no guardaron sus ordenanzas, y
les hicieron errar sus mentiras, en pos de las cuales anduvieron sus padres; porque vendieron por dinero al
justo y al pobre por un par de zapatos. Pisotean en el polvo de la tierra las cabezas de los desvalidos y
tuercen el camino de los humildes; y el hijo y su padre se llegan a la misma joven, profanando mi santo
nombre” (2:4-7). “¡Prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel! ¡Buscadme y viviréis!” (4:12 y
5:4,14 y 15). “Pues he aquí, oh casa de Israel, dice Jehová Dios de los ejércitos, levantaré yo sobre vosotros a
una nación que os oprimirá desde la entrada de Hamat hasta el arroyo del Arabá” (Asiria) (6:14).
  En los caps. 7 al 9 hay cinco visiones proféticas, desde el juicio final (día de Jehová: 5:16-20), hasta la
bendición futura (el milenio):
  “He aquí vienen días, dice Jehová, en que traeré del cautiverio a mi pueblo Israel y edificarán ellos las
ciudades asoladas, y las habitarán; plantarán viñas y beberán el vino de ellas, y harán huertos y comerán el
fruto de ellos, pues los plantaré sobre su tierra y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di, ha
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dicho Jehová Dios tuyo” (9:13 al 15).
   En su lucha contra el culto al becerro adorado en Bet-el, fue perseguido y expulsado por el sumo sacerdote
Amasías de Samaria (1º R 12:31,32), sacerdote de aquel becerro y no un levita (7:10-13). Amós le anunció a
este hombre, terribles desgracias para su mujer e hijos, y muerte en tierra inmunda para él. Además, que
Israel sería llevado cautivo lejos de su tierra (7:17).
   Todo se cumplió a la letra, unos 50 años después, y el pueblo de Israel fue llevado cautivo a Asiria, y sus
ricos quedaron en la miseria por no haber tenido compasión de los pobres. Amós regresó a Judá (7:10 ss) y
murió mártir, según una tradición judía.
                                                        ABDIAS
                                                 (“Siervo de Jehová”).
   Son muy escasos los datos que poseemos sobre Abdías. Es el libro más pequeño del A.T., y si se acepta que
ministró en Judá, en el tiempo de la sanguinaria Atalía (2º R 8:16-26), sería contemporáneo de Elías y el
primero de los profetas escritores (885 a.C.), anterior a Joel, Amós y Jeremías, quienes lo citan al usar el
término “El día de Jehová” (Jl 1:4).
   Su único capítulo profetiza en contra de Edom (los idumeos, descendientes de Esaú Gn 25:19-26), y habla
del fin del mundo: “Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará
contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza. Mas en el monte de Sion habrá un remanente que se salve y
será santo, y la casa de Jacob recuperará sus posesiones (1:15 y 17).
                                                        JONAS
                                                      (“Paloma”).
   Hijo de Amitai (1:1), muchos aceptan que corresponde al profeta mencionado (2º R 14:25) en tiempos de
Jeroboam II (783-743a.C.).
   “Era un judío fanático que se resistía a predicar en una ciudad de gentiles, y que se enojó mucho, cuando
Dios la perdonó” (C.I. Scofield). Sus 4 capítulos son un relato, en tercera persona, de su viaje a Nínive y de
las dramáticas aventuras que le ocurrieron con motivo de aquella misión.
   Jesucristo al mencionarlo, establece la historicidad de Jonás y le atribuye carácter profético (Mt12:39-41),
pues dice que tipifica su estancia de tres días en la sepultura y su resurrección.
   Pero además porque es el enviado de Dios para llevar las buenas nuevas de salvación a los gentiles (Lc
2:32). El pasaje central dice: “Invoqué en mi angustia a Jehová y Él me oyó” (Sa 120:1). “Desde el seno del
Seol clamé y mi voz oíste y sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío. Cuando mi alma desfallecía
en mí, me acordé de Jehová y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo. Yo con voz de alabanza te ofreceré
sacrificios y pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová.” “Y mandó Jehová al pez y vomitó a Jonás en
tierra (cap 2), y se levantó Jonás y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová, y era Nínive ciudad grande
en extremo, de tres días de camino, y los hombres de Nínive creyeron a Dios y vio Dios lo que hicieron, que se
convirtieron de su mal camino.”
   “Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó y dijo: Sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso,
tardo en enojarte y de grande misericordia.” Y dijo Jehová: “Tuviste tú lástima de una calabacera, en la cual
no trabajaste, ni tú la hiciste crecer, ¿y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de
ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda?” (3:3, 5,10 y
4:1,2 y 11).
   Nótese que gracias a tal arrepentimiento, este pueblo pagano (Asiria), sobrevivió y posteriormente fue usado
por Dios para traer juicio y esclavitud al reino del norte.
   En Jonás, Dios no ofrece un ejemplo de vida santa, ni de celo en la predicación o sabiduría, como lo hace
con Jeremías, Ezequiel o Daniel, sino, a la inversa, y nos muestra lo inútil, imprudente y desastroso que es
pretender desobedecer y oponerse a la voluntad de Dios.
   La palabra profética en Jonás, estrictamente hablando, se limita a un versículo (3:4), donde Jonás anuncia
y repite escuetamente que Nínive será destruida, sin dar más detalles.
                                                       MIQUEAS
                                              (“¿Quién como Jehová?”).
   Miqueas de Moreset, en Gad (1:1,10 y 14), situada a unos 45 Km. al Suroeste de Jerusalén en Judá (Je
26:17-19), profetizó principalmente contra Israel (reino del norte), en días de Jotam (738-736), Acaz (736-721)
y Ezequías (721-693), reyes de Judá, y de Pekaia, Peka y Oseas, reyes de Israel (2ºR 15:23-30 y 17:1-6).
   Ministró antes y después (740 a 686 a.C.) de la toma de Samaria por los Asirios (721). Fue contemporáneo
de Amós, Oseas e Isaías.
   Miqueas se distingue por la belleza de su lenguaje y se considera que es el que inaugura el siglo de oro de
la literatura hebrea.
   Su libro tiene 3 oráculos (profecías) que se inician con la palabra “Oíd.”
   1. “Por la rebelión de Jacob, y por los pecados de la casa de Israel, haré de Samaria montones de ruinas, y
tierra” (1:5,6).
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  2. “Así ha dicho Jehová acerca de los profetas que hacen errar a mi pueblo, y claman paz: serán
avergonzados y se confundirán los adivinos.”
  “Oíd ahora esto, jefes de la casa de Jacob y capitanes de la casa de Israel, que abomináis el juicio y
pervertís todo el derecho: A causa de vosotros Sion será arada como campo y Jerusalén vendrá a ser
montones de ruinas” (3:1-12). Esto se cumplió en 70 d.C.
  3. “Oh hombre, Él te ha declarado lo que es bueno, y ¿qué pide Jehová de ti? Solamente hacer justicia y
amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” “A voz de Jehová, clama a la ciudad: Es sabio temer a tu
nombre, prestar atención al castigo y a quien lo establece. ¿Daré por inocente al que tiene balanza falsa y
bolsa de pesas engañosas? No creáis en amigo, ni confiéis en príncipe; de la que duerme a tu lado cuídate, no
abras tu boca. Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra,
y los enemigos del hombre son los de su casa” (6:8,11; 7:5,6).
  Además, menciona 1. Al remanente fiel: “De cierto te juntaré todo, oh Jacob; recogeré ciertamente el
remanente de Israel; lo reuniré y su rey Jehová, pasará a la cabeza delante de ellos” (2:12,13; 4:6-8; 5:7,8).
  2. El cautiverio y liberación de Babilonia: “Duélete y gime, hija de Sion, como mujer que está de parto;
porque ahora saldrás de la ciudad y morarás en el campo y llegarás hasta Babilonia; allí serás librada, allí te
redimirá Jehová de la mano de tus enemigos” (4:10).
  3. Al Mesías: “Con vara herirán en la mejilla al juez de Israel; pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar
entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel” (5:1,2).
  4. Y el reino milenial: “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será
establecido por cabecera de montes, y correrán a él los pueblos, porque de Sion saldrá la ley y de Jerusalén
la palabra de Jehová, y Él juzgará. Martillarán sus espadas para azadones y sus lanzas para hoces; no
alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra.” “Mas yo a Jehová miraré,
esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá. El volverá a tener misericordia de nosotros, sepultará
nuestras iniquidades y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados” (4:1-5; 5:4-15; 7:7-20).
                                                      NAHÚM
                                                   (“Consuelo”).
  Oriundo de Elcos (1:1), al sur de Judá, Nahum vivió en el siglo VII a. C., y ministró alrededor del 620, ciento
cincuenta años después de Jonás, y entre la caída de Tebas (663) y la de Nínive (612), cuando Nabopolasar
funda el imperio babilónico (625).
  En tiempo de Nahum, más de un siglo después de Jonás, Nínive había apostatado (como en Ro 1:21-23) y
ya se había llevado cautivas (721) a las diez tribus del norte (Israel), además, amenazaba orgullosamente, a
Jerusalén (bajo Senaquerib), pero fue frustrada milagrosamente por un ángel (Is 36:37; Nah 1:12 s).
  Así, el tema de su profecía es la destrucción de Nínive (1:1) y con ello, la desaparición definitiva del imperio
Asirio. Dice:
  “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en Él confían, mas con inundación
impetuosa consumirá a sus adversarios y tinieblas perseguirán a sus enemigos. El hará consumación; no
tomará venganza dos veces de sus enemigos para que no quede ni memoria de su nombre, de la casa de su
dios destruiré escultura y estatua de fundición; allí pondré tu sepulcro, porque fuiste vil.”
  “¡Ay de ti, ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de rapiña, sin apartarte del pillaje! A causa de la
multitud de las fornicaciones de la ramera de hermosa gracia, maestra en hechizos, que seduce a las
naciones con sus fornicaciones, y a los pueblos con sus hechizos, no hay medicina para tu quebradura; tu
herida es incurable; todos los que oigan tu fama batirán las manos sobre ti, porque ¿sobre quién no pasó
continuamente tu maldad?” (1:7-9 y 14; 3:1,4 y 19).
  Tal profecía se cumplió literalmente, incluyendo la inundación, unos 100 años después. Así, las profecías
de Nahum y Jonás son correlativas y cada una releva la gran importancia de la otra en el los planes
soberanos de Dios, y en su dominio sobre la historia.
  Aquí se encuentra el pasaje que dice: “He aquí sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del
que anuncia la paz. Celebra, oh Judá, tus fiestas, cumple tus votos; porque nunca más volverá a pasar por ti
el malvado; pereció del todo (en el milenio).”
  Fuera de este oráculo no poseemos nada de su actividad profética, la cual está colocada entre la de Isaías,
de quien Nahum cita varios pasajes (1:4 = Is 33:9; 1:15 = Is 52:7; 3:5 = Is 47:3 y 9); y la de Jeremías que, a
la inversa, él cita varias veces a Nahúm (1:13 = Je30:8; 3:5, 13, 17 y 19 = Je13:12 ss., y 50:37; 51, 30, etc.).
                                                   HABACUC
                                                  (“Abrazar”).
  El libro de Habacuc no da detalles sobre la vida de este profeta filósofo. Profetizó entre 605 a.C. (triunfo de
Nabucodonosor sobre Egipto en Carquemis, Siria) y la caída Jerusalén, en los últimos días de Josías (597
a.C.). Se puede analizar en 5 partes:
  1. Perplejidad de habacuc ante el retraso de Dios en hacer justicia contra Judá, quizás por el
arrepentimiento temporal del pueblo bajo Josías (2ºR 22:18-20): “¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré y no
                                                                                                                5
oirás, y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?” (1:1-4)

  2. La Respuesta de Dios: “Mirad entre las naciones, y ved y asombraos; porque haré una obra en vuestros
días, que aun cuando se os contare, no la creeréis. Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y
presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas.” (1:5-11).
  3. Las dudas de Habacuc sobre si es justo que Dios use un pueblo peor de impío que Israel, para castigarlo:
“¿No eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová, para juicio lo
pusiste, y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar. Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el
agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores y callas cuando destruye el impío al más justo que él?” (1:12-
17).
  4. La segunda respuesta de Dios (la visión): Incluye cinco “ayes” y el juicio que a su tiempo (70 años
después) caerá sobre Babilonia: “Sobre mi guarda estaré y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para
ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja, y Jehová me respondió y dijo: Escribe la
visión y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. Aunque la visión tardará aún por un tiempo,
mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare (70 años), espéralo, porque sin duda vendrá, no
tardará: Por cuanto tú has despojado a muchas naciones, todos los otros pueblos te despojarán, a causa de
la sangre de los hombres, y de los robos de la tierra, de las ciudades y de todos los que habitan en ellas”
(2:1-20).
  5. El cántico de fe de Habacuc: “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece, mas el justo por
su fe vivirá (Ro1:17; Ga3:11). ¡Ay del que dice al palo: Despiértate y a la piedra muda: Levántate! ¿Podrá él
enseñar? He aquí está cubierto de oro y plata, y no hay espíritu dentro de él, mas Jehová está en su santo
templo, calle delante de él toda la tierra” (2:4, 19,20). “Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová,
aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la
misericordia.”
  “Su gloria cubrió los cielos y la tierra se llenó de su alabanza, y el resplandor fue como la luz, rayos
brillantes salían de su mano y allí estaba escondido su poder. Aunque la higuera no florezca, ni en las vides
haya frutos, aunque falte el producto del olivo y los labrados no den mantenimiento y las ovejas sean
quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová y me gozaré en
el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas y en mis
alturas me hace andar.” (3:1-4 y17-19).
                                                     SOFONIAS
                                     (“Escondido o protegido por Jehová”).
   Sofonías (626-621), contemporáneo de Jeremías (Je 2:11-13), descendiente directo, según parece decirlo él
mismo, del rey Ezequias, rey de Judá (1:1; 2º R 18-20), profetizó cerca del breve tiempo de avivamiento (621
a.C.; 2ºR 22), sucedido durante el reinado de Josías (638-608), y como los otros profetas, denuncia el pecado
(idolatría que desde Manasés llevaba más de 50 años), pronuncia juicio sobre Israel y las naciones idólatras
vecinas, y anuncia la restauración futura de Israel.
   El énfasis de su profecía es “el día de Jehová” (el juicio final y apocalíptico sobre el mundo), incluyendo en
ello, como casi todos los profetas, la salvación mesiánica final y eterna de Israel, con palabras que denotan el
amor de Dios por su pueblo escogido.
   Para su análisis se divide en 4 divisiones principales:
   1. La invasión venidera con Nabucodonosor (preámbulo del día de Jehová): “Destruiré por completo todas
las cosas de sobre la faz de la tierra, dice Jehová. Extenderé mi mano sobre Judá y sobre todos los
habitantes de Jerusalén, y exterminaré de este lugar los restos de Baal y el nombre de los ministros idólatras
con sus sacerdotes; y a los que sobre los terrados se postran al ejército del cielo, y a los que se postran
jurando por Jehová y jurando por Milcom. Ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día de la ira de Jehová,
pues toda la tierra será consumida con el fuego de su celo; porque ciertamente destrucción apresurada hará
de todos los habitantes de la tierra. Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por
obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizás seréis guardados en el día del enojo de Jehová
(1:1-2:3).
   2. Juicios contra naciones vecinas e idólatras, las que desaparecieron todas, en sólo 25 años): “Por tanto,
esperadme, dice Jehová, hasta el día que me levante para juzgaros; porque mi determinación es reunir las
naciones, juntar los reinos, para derramar sobre ellos mi enojo, todo el ardor de mi ira; por el fuego de mi celo
será consumida toda la tierra (2:4-15 y 3:8).
   3. Juicio sobre Jerusalén: “¡Ay de la ciudad rebelde y contaminada y opresora! No escuchó la voz, ni recibió
la corrección; no confió en Jehová, no se acercó a su Dios. Dije: Ciertamente me temerá, recibirá corrección y
no será destruida su morada según todo aquello por lo cual la castigué, mas ellos se apresuraron a corromper
todos sus hechos” (3:1-7).
   4. La promesa de salvación venidera: “En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para
                                                                                                               6
que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento.
  El remanente de Israel no hará injusticia ni dirá mentira, ni en boca de ellos se hallará lengua engañosa;
porque ellos serán apacentados y dormirán, y no habrá quien los atemorice. Jehová está en medio de ti,
poderoso, Él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos. En
aquel tiempo yo os traeré, en aquel tiempo os reuniré yo; pues os pondré para renombre y para alabanza
entre todos los pueblos de la tierra, cuando levante vuestro cautiverio delante de vuestros ojos, dice Jehová”
(3:9-20).
                                                       HAGEO
                                      (“Festivo” o “Nacido en día de fiesta”).
  Poco se conoce de este profeta. Con Hageo y Zacarías (Hag 1:1 y Zac 1:1), mencionados por Esdras (Es 5:1
y 6:14), quien fue contemporáneo de ambos, empieza el periodo post-exílico de la profecía en Israel (536 a.C.),
que termina unos 100 años más tarde (445 a 400 a.C.) con Malaquías, el último de los profetas del Antiguo
Testamento.
  El remanente de Israel formado principalmente con representantes de las tribus de Judá y Benjamín, pero
que de acuerdo con los censos, contaba con representantes de las otras mal llamadas “10 tribus perdidas de
Israel”, tenía unos 16 años de haber regresado a Palestina (tras los profetizados 70 años de cautiverio en
Babilonia). En el orden político, Israel aún estaba sometido a la tiranía extranjera (Medo Persas); en el
religioso y moral, reinaba la horrible decadencia que Esdras (Ez 1:2) y Malaquías corrigen en sacerdotes y
pueblo, y que el mismo Hageo condena por su impureza (2:10 ss.). Hageo contribuyó a que se reanudara,
bajo el liderazgo de Zorobabel (1:4 ss), la reconstrucción del templo que tenía más de 15 años de suspendida
y estorbada por los adversarios (Es 4:4 y 24), y que traería las bendiciones profetizadas en Ezequiel 40.
  La introducción y sus cuatro profecías, pronunciadas en 4 meses (1:1; 2:11 y 21), se dieron durante el
segundo año de Darío I Histaspes (520 a.C.) y su mensaje se pude resumir en la enseñanza de Jesucristo
que dice: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt
6:33). Cada una empieza con la frase: “Y vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo.”
  1. Introducción. Ocasión y tiempo de la profecía (1:1,2): “Vino palabra de Jehová por medio del profeta
Hageo a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué (llamado Jesúa en Es 2:2 y Neh 7:7), hijo
de Josadac, sumo sacerdote, diciendo: Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: Este pueblo dice: No
ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada.”
  2. Consecuencias de suspender la reconstrucción del templo (1:3-14): “Vino palabra de Jehová por medio
del profeta Hageo, diciendo: ¿Es para vosotros tiempo de habitar en vuestras casas artesonadas, y que esta
casa esté desierta? Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Por eso
se detuvo de los cielos sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos. Y despertó Jehová el espíritu de
Zorobabel, de Josué y el espíritu de todo el pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los
ejércitos, su Dios.” Fue así que el templo se terminó en cuatro años más (516 a.C.).
  3. La esperanza de que la gloria del templo postrero, será mejor que la del primero, erigido por Salomón
(2:1-9): “Vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: ¿Quién ha quedado entre vosotros
que haya visto esta casa en su gloria primera, y cómo la veis ahora? Haré temblar a todas las naciones, y
vendrá el Deseado de todas las naciones (Jesucristo), y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los
ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, y daré paz en este lugar, dice Jehová de
los ejércitos.
  4. Llamado a los sacerdotes y el pueblo a purificarse (2:10-19): “Vino palabra de Jehová por medio del
profeta Hageo, diciendo: Este pueblo y esta gente delante de mí, dice Jehová, y asimismo toda obra de sus
manos y todo lo que aquí ofrecen es inmundo. Ahora, pues, meditad en vuestro corazón desde este día en
adelante, antes que pongan piedra sobre piedra en el templo de Jehová, pues desde este día os bendeciré.
  5. El juicio final y la victoria de Cristo (2:20-23): “Vino por segunda vez palabra de Jehová a Hageo,
diciendo: Yo haré temblar los cielos y la tierra, y trastornaré el trono de los reinos y destruiré la fuerza de los
reinos de las naciones. En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, Zorobabel siervo mío (tipo de
Cristo), y te pondré como anillo de sellar.” Una vez más, se da a entender que la restauración plena de Israel,
sería futura (milenio). (Sof. 3:20).
                                                     ZACARIAS
                                                (“Dios se acuerda”).
  El profeta Zacarías (nombre común a unos 28 personajes bíblicos), probablemente nació en Babilonia. Era
hijo de Berequías y nieto de Iddo, un sacerdote (Neh 12:1,4 y 7), por lo que al igual que Jeremías y Ezequiel,
era de la tribu sacerdotal de Leví (Es 5:1 y 6:14). Ministró 16 años después de terminado el exilio (536 a 520
a.C.), por más de dos años (1:1 a 7:1,2), y a partir del segundo año del reinado de Darío I Histaspes, rey de
Persia.
  Fue contemporáneo de Esdras, Hageo, el gobernador Zorobabel, y Josué, el sumo sacerdote (3:1, 4:6, 6:11;
Es 4:24). Se cree que pudo llegar a ser testigo de las primeras victorias claves de los griegos sobre los medo-
                                                                                                                 7
persas a partir del año 500 a.C. (En Maratón en 490, y Salamina en 480).
   Luchas que años después culminaron con el imperio griego de Alejandro el Grande (336), de acuerdo con
las profecías de Daniel.
   Su libro, con gran contenido apocalíptico (como Ezequiel y Daniel), está escrito como “poesía profética.“ Se
divide para su análisis, en 3 grandes secciones (C.I. Scofield):
   I. Visiones simbólicas con la esperanza mesiánica (caps. 1-6).
   A. Invitación: “Vino palabra de Jehová al Profeta Zacarías: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a
mí, y yo me volveré a vosotros” (1:1-6).
   B. 10 Visiones:
   1ª (1:7-17) “Había caballos alazanes, overos y blancos, y el varón que estaba entre los mirtos (aparición
teofánica de Jesucristo) respondió y dijo: Estos son los que Jehová ha enviado a recorrer la tierra (para ver el
dominio gentil), y dijo: Oh Jehová de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalén, y de las
ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años?
   Y Jehová respondió buenas palabras, palabras consoladoras, al ángel (Cristo) que hablaba conmigo: Yo me
he vuelto a Jerusalén con misericordia; en ella será edificada mi casa y aún rebosarán mis ciudades con la
abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sion y escogerá todavía a Jerusalén (en el milenio).”
   2ª (1:18-19) “Alcé mis ojos y miré, y he aquí cuatro cuernos, y dije al ángel que hablaba conmigo: ¿Qué son
éstos? Y me respondió: Estos son los cuernos que dispersaron a Judá, a Israel y a Jerusalén.” (Babilonia,
Medo-Persas, Grecia y Roma).
   3ª (1:20-21) “Me mostró luego Jehová cuatro carpinteros, y yo dije: ¿Qué vienen éstos a hacer? Y me
respondió: han venido para hacerlos temblar, para derribar los cuernos de las naciones que alzaron el cuerno
sobre la tierra de Judá para dispersarla.”
   4ª (2:1-13) “Alcé después mis ojos y miré, y he aquí un varónque tenía en su mano un cordel de medir, para
medir a (la nueva) Jerusalén: Y dijo: Canta y alégrate, hija de Sion; porque he aquí vengo, y moraré en medio
de ti, ha dicho Jehová. Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día (el milenio), y me serán por
pueblo, y moraré en medio de ti.”
   5ª (3:1-7) “Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y satanás
estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a satanás: Jehová que ha escogido a Jerusalén, te
reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado y te
he hecho vestir de ropas de gala. Si anduvieres por mis caminos y si guardares mi ordenanza, también tú
gobernarás mi casa.”
   6ª (3:8-10 y 4:10) “He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo (Jesucristo): Esta única piedra con siete ojos,
que son los ojos de Jehová, que recorren toda la tierra, dice: Quitaré el pecado de la tierra en un día y en
aquel día, cada uno de vosotros convidará a su compañero, debajo de su vid (Mi 4:4), y debajo de su higuera
(el milenio).
   7ª (4:1-7 y 4:14) “He aquí un candelabro todo de oro y junto a él dos olivos que son los dos ungidos que
están delante del Señor de toda la tierra (Ap 11:3-12). Entonces me habló diciendo: No con ejército, ni con
fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. Él sacará la primera piedra con aclamaciones
de: Gracia, gracia a ella.”
   8ª (5:1-4) “Veo un rollo que vuela (la ley de Dios que juzga). Entonces me dijo: Esta es la maldición que sale
sobre la faz de toda la tierra; porque todo aquel está (inscrito) de un lado, o del otro lado del rollo, será
destruido” (juicio final del gran trono blanco).
   9ª (5:5-11) “Alza ahora tus ojos, y un efa (una medida ya llena) que es la iniquidad de ellos en toda la
tierra, y una mujer (Israel idólatra) sentada en medio de aquel efa, que es la Maldad. Alcé luego mis ojos, y
miré, y he aquí dos mujeres (¿Asiria y Babilonia?) que tenían alas como de cigüeña, y alzaron el efa para que
le sea edificada casa en tierra de Sinar (Babilonia: el cautiverio).
   10ª (6:1-8) "De nuevo alcé mis ojos y miré, cuatro carros, cada uno con caballos alazanes, o negros, o
blancos, u overos. Estos son los cuatro vientos (4 ángeles) de los cielos, que salen después de presentarse
delante del Señor de toda la tierra” (Para juzgar a las naciones en el “día de Jehová.”).
  II. Mensaje al remanente fiel (7-8).
  1. (7:1-14) Aconteció que en el año cuarto del rey Darío (2 años después), cuando el pueblo de Bet-el había
enviado a hablar a los sacerdotes y a los profetas, diciendo: ¿Lloraremos en el mes quinto? ¿Haremos
abstinencia, como hemos hecho ya algunos años? Vino palabra de Jehová a Zacarías diciendo: Estos setenta
años, ¿Habéis ayunado para mí? Las palabras que proclamó Jehová por su Espíritu, por medio de los
profetas primeros (los de antes del exilio), cuando Jerusalén estaba habitada y tranquila, diciendo: Juzgad
conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano, no las quisieron escuchar.
Así, cuando ellos clamaron, yo no escuché, sino que los esparcí con torbellino por todas las naciones que ellos
no conocían (Babilonia), y la tierra fue desolada tras ellos.”
  2. (8:1-8). “Así dice Jehová: Yo he restaurado a Sion y moraré en medio de Jerusalén; y se llamará Ciudad
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de la Verdad; y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad.
  He aquí, yo salvo a mi pueblo de la tierra del oriente y de la tierra donde se pone el sol, y los traeré y
habitarán en medio de Jerusalén, y me serán por pueblo y yo seré a ellos por Dios en verdad y en justicia.”
  3. (8:9-19) “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Esfuércense vuestras manos, los que oís en estos días
estas palabras de la boca de los profetas (Hageo, Zacarías y Malaquías), desde el día que se echó el cimiento
a la casa de Jehová de los ejércitos, para edificar el templo, porque haré que el remanente de este pueblo
posea todo esto, y el ayuno se convertirá para la casa de Judá, en gozo y alegría, y en festivas
solemnidades. Amad, pues, la verdad y la paz. Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a
Jehová de los ejércitos en (la nueva) Jerusalén (en el milenio), y a implorar el favor de Jehová diciendo:
Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros.”
   III. El Mesías. Su rechazamiento y su reino (9-14). “He aquí que pondré fin a Tiro y a Sidón, y a la
soberbia de los filisteos (juicio a las naciones vecinas), y quedará también un remanente para nuestro Dios.
Alégrate mucho, hija de Sion, da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, Justo y
Salvador, humilde y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna (Domingo de Ramos). Y tú
también por la sangre de tu pacto serás salva y Jehová el Señor, tocará trompeta (su segunda venida), y los
salvará en aquel día Jehová su Dios como rebaño de su pueblo (el rapto). Jehová os dará lluvia abundante y
derramaré sobre la casa de David y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración
(Pentecostés Hch 2). Los terafines y adivinos (falsos profetas), han dado vanos oráculos, han visto mentira,
han hablado sueños vanos y vano es su consuelo; por lo cual Jehová visitará su rebaño, la casa de Judá, y
de Él saldrá la piedra angular (Jesucristo Ef 2:20), bien que los esparciré entre los pueblos, aun en lejanos
países se acordarán de mí y vivirán con sus hijos, y volverán, y la tribulación (y gran tribulación) pasará y yo
los fortaleceré en Jehová, y caminarán en su nombre (en la nueva Jerusalén), dice Jehová. Por tanto, no
tendré ya más piedad de los moradores de la tierra, y asolarán la tierra, y yo no los libraré de sus manos
(juicio apocalíptico).
   Sigue una parábola: “Apacenté a las ovejas y tomé para mí dos cayados: Gracia, y Ataduras. Luego quebré
mi cayado Gracia (la crucifixión), así conocieron los pobres del rebaño que miraban a mí, que era palabra de
Jehová (los judíos que le aceptaron y se hicieron cristianos). ¡Levántate, oh espada, contra el pastor y hiere al
pastor, y serán dispersadas las ovejas (se cumplió en Mt 26:31). Y les dije (por medio de Judas): Si os parece
bien, dadme mi salario, y pesaron por mi salario treinta piezas de plata. ¡Hermoso precio con que me han
apreciado! Y tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa de Jehová al tesoro (cuando Judas
regresó el dinero).Quebré luego el otro cayado, Ataduras, para romper la hermandad entre Judá e Israel (el
rechazamiento hasta ahora, del Mesías, por parte de Israel).
   En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén,
para la purificación del pecado y de la inmundicia, y le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y
él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos, e invocarán mi nombre y yo les oiré y diré: Pueblo
mío, y ellos dirán: Jehová es mi Dios (Israel será salvo: Ro 11:26).
   (Luego) He aquí yo levanto en la tierra a un pastor insensato e inútil que abandona el ganado (la Bestia o
anticristo). ¡Que hiera la espada (Ap 19:15) su brazo y su ojo derecho y del todo se secará su brazo y su ojo
derecho será enteramente oscurecido!
   Pondrá sitio contra Jerusalén y todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella (Armagedón Ap
17:11-14). En aquel día, (regresará Jesucristo), Jehová defenderá al morador de Jerusalén y (establecerá) la
casa de David como Dios, como el ángel de Jehová (Jesucristo) delante de ellos; y en aquel día yo procuraré
destruir a todas las naciones que vinieren contra Jerusalén y mirarán a quien traspasaron (Jesucristo
resucitado Ap 1:7), y habrá gran llanto en Jerusalén, en el valle de Meguido (Armagedón Ap 16:14-16), como
cuando se llora por hijo unigénito (al terminarse la oportunidad de salvación).”
   “Y quitaré de la tierra los nombres de las imágenes, y nunca más serán recordados; y también a los
profetas y al espíritu de inmundicia. Y esta será la plaga con que herirá Jehová a todos los pueblos que
pelearon contra Jerusalén: la carne de ellos se corromperá estando ellos sobre sus pies y se consumirán en
las cuencas sus ojos, y la lengua se les deshará en su boca.
   Luego, se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos (regreso de Cristo a la tierra), que
está frente a Jerusalén al oriente, y vendrá Jehová mi Dios y con Él todos los santos (Mt 25:31). En aquel día
estará grabado sobre las campanillas de los caballos: SANTIDAD A JEHOVÁ (Ap 19:11-16), y será un día, el
cual es conocido de Jehová, que no será ni día ni noche; pero sucederá que al caer la tarde habrá luz (Ap
21:23-27).
   Y saldrán de (la nueva) Jerusalén aguas vivas, y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová
será uno, y uno su nombre, y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén,
subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos, y morarán en ella y no habrá nunca más
maldición, sino que Jerusalén será habitada confiadamente (Ap 22:1-5).

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  Hay dos paréntesis:
  1. (4:9): “Las manos de Zorobabel echarán el cimiento de esta casa y sus manos la acabarán, y conocerás
que Jehová de los ejércitos me envió a vosotros.”
  2. (6:9-15) “Tomarás, pues, plata y oro, y harás coronas, y las pondrás en la cabeza del sumo sacerdote
Josué, y le hablarás, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo (Jesucristo), el cual brotará de
sus raíces y edificará el templo de Jehová, llevará gloria y dominará en su trono. Y los que están lejos
vendrán y ayudarán a edificar el templo de Jehová, y conoceréis que Jehová de los ejércitos me ha enviado a
vosotros. Y esto sucederá si oyereis obedientes la voz de Jehová vuestro Dios.”
  Esto, literalmente se cumplió cuando terminaron el templo en sólo 4 años más.
                                                      MALAQUIAS
                                ("Mi Mensajero" o "angel o Mensajero de Jehová").
  La voz de los profetas menores del remanente fiel, se cierra con Malaquías. Él vivió en tiempos de Esdras y
Nehemías, casi un siglo después de los profetas Hageo y Zacarías, cuando el Templo y los muros de
Jerusalén ya estaban reedificados y se había reanudado el culto y los sacrificios (1:7,10 y 3:1). Quizás
durante la ausencia de Nehemías quien regresó a la corte del rey persa Artajerjes (Neh 13:6), en el 435 a 432
a.C., pues Malaquías no lo menciona como gobernador. El libro está escrito como un diálogo entre el Soberano
Dios (Padre, Señor y Gran Rey :1:6 y 14), y el Pueblo:14 veces se usa la frase “habéis dicho” o similares, y 19
veces la pregunta “¿en qué?” o similares. El mensaje se puede resumir con el texto: “¡Volveos, volveos de
vuestros malos caminos! ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?” (3:7 y Ez 33:11).
  Para su análisis, tiene cuatro divisiones naturales (C.I.Scofield).
  I. El amor de Dios por Israel (1:1-5): “Yo os he amado, dice Jehová; amé a Jacob y vuestros ojos lo verán,
y diréis: Sea Jehová engrandecido más allá de los límites de Israel.”
  II. Reprensión por los pecados de los sacerdotes (1:6-2:9). ”Vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis
mi nombre y ofrecéis sobre mi altar pan inmundo y animal hurtado, ciego, cojo, o enfermo para el sacrificio,
orad por el favor de Dios, para que tenga piedad de nosotros, porque yo soy Gran Rey, dice Jehová de los
ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones.”
  III. (2:10-3:18 y 4:4). Reprensión por los pecados del pueblo. “¡Acordaos de la ley de Moisés mi siervo,
al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel! Pues en Israel y en Jerusalén se ha cometido
abominación, porque se casó con hija de dios extraño. Otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas,
de llanto y de clamor porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido
desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. ¡Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho
Jehová! Malditos sois porque la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya
alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de
los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde, y todas las naciones os dirán
bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos, y serán para mí especial tesoro,
en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. Entonces os
volveréis y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.”
  IV. (4:1-6).El día de Jehová. “He aquí, yo envío mi mensajero (Juan el bautista: Lc 7:28 y 16:16), el cual
preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor (manifestación de Jesucristo:
Lc 4:16-21), porque Él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores (purificación del templo: Mt
21:12,13). Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia y en sus alas traerá salvación.
He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible, y hará volver el
corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres. AMEN.




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