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LOS ANDES EN NUESTRA HISTORIA.Por:Juan G.Paz Velasquez

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Parte del proyectyo de RESKATE KULTURAL: Monumentos Hist�ricos en Instituciones de Piura

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									RESKATE KULTURAL: MONUMENTOS HISTÓRICOS E INSTITUCIONES
DE PIURA
                  LOS ANDES EN NUESTRA HISTORIA
             Por Juan G. Paz Velásquez

       Hay prueba evidente que antes de 1532, los conquistadores
desconocieron los andes incaicos, teatro de la historia de los Hijos del Sol.
Recién en 1527, la empresa de Pizarro, Almagro y Luque, se ocupó de “la
costa del Levante”, para referirse a las nuevas tierras del Mar del Sur.
       Entre otros documentos, como la Capitulación de Toledo, encontramos
las denominaciones: “la provincia de Tumbes”, o “la provincia del Perú”; y, en
1534, por breve tiempo, en instrumentos oficiales, a estas tierras se les llamó
“la Nueva Castilla”.

       LOS ANDES.-
En nuestra historia, geográficamente hablando, inicialmente se dio el nombre
de LOS ANDES a toda la cadena de montañas ubicadas al Este de la ciudad
del Cuzco, la capital arqueológica de América del Sur.
       Se sostiene la significación etimológica del vocablo ANDES, desde dos
puntos de vista. El primero señala que “la corrupción de la voz quechua ANTA
que significa metal y explica que uno de los ayllus más populosos entre los que
habitaban las regiones orientales del Cuzco, en tiempo de los Incas, se
llamaban Antas por la naturaleza del terreno metalífero en que vivía, y a todo
ese territorio se le denominaba Anta o Anti suyo, es decir, distrito metalífero, y
Antis o Antas a la elevada cadena que la recorría”.
       El segundo, sin discrepar en el fondo con el anterior, es muy coincidente,
variando en la forma, al puntualizar que “el nombre es derivado de la antigua
palabra Anti (Este)”, y según algunos de Anta suya que en el lenguaje de los
quechuas significa “distrito de metal”, que fue utilizada por nuestros ancestros
para designar todo el sistema de cordilleras occidentales de la América del Sur
y del Norte, pero actualmente sólo se emplea para los del Sur”.
       Con la llegada de los españoles, que al pronunciar las palabras de
nuestra lengua nativa, fonéticamente las degeneraban variando la letra T en D,
y en vez de decir antes decían andes. Conforme a la apreciación etimológica
invocada, sólo debía darse el nombre de Andes a la cadena de cerros que
recorre el Perú por su parte oriental; pero el nombre se ha extendido a la
continuación de la cadena hacia el Norte y Sur y también a la cordillera más
próxima a la costa que algunos llaman Andes Occidentales.

       PIURA EN LOS ANDES.-
       La historia de Piura con sentimiento regional y territorial está enlazada a
la historia andina por lazos de vecindad, geográficos, históricos y culturales.
Nuestra Piura, en su condición política de Departamento del Perú, a través de
su geografía llega a la cordillera peruana.
       Piura es parte material y espiritual del ande histórico piurano, que
analizamos en este trabajo. Una visita a los accidentados riscos nos entrega
generosamente su suelo cordillerano a veces nevado, cuyo habitante
enclaustrado por cumbres y abismos, dominado por los verdes campos de sus
valles profundos y los azules intensos de su cielo esplendoroso, nos muestra
un atractivo paisaje natural que refresca nuestro espíritu y los nutre en la
inspiración artística y literaria.
        Sus actuales provincias de Ayabaca, Huancabamba y Morropón,
vinculan al Departamento de Piura a la meseta andina, heredera de la cultura
que nos legaron nuestros antepasados y que se encuentra petrificada en los
restos arqueológicos de Aypate, Chulucanas, Cajas, entre otros.
        En los riscos de la Piura serrana, que con expresión genuina de la
peruanidad profunda que se pierde en la oscuridad del tiempo, ahora, iniciado
el siglo XXI, reclama su desarrollo sostenido a fin de ponerse a tono con las
exigencias propias del proceso histórico peruano que debe ahondar en su
proyecto de integración y practicar un eficiente intercambio material y espiritual.
        Hablar del ande piurano significar encontrarse con los valles poblados de
vegetación, pueblos que se organizan en la búsqueda del progreso que la
Patria les debe asignar por ser hombres ejemplares que se desenvuelven en
lugares muy difíciles para la vida, en medio de poéticos ríos, cerros que
guardan en sus entrañas diversidad de minerales como señaló, en 1802, el
sabio Alejandro Humboldt a su paso por Ayabaca, lagunas encantadas,
yacimientos arqueológicos con nombres que pertenecen al mapa de la
toponimia Quechua, Mochica, Aymará, Vicús, Tallán, que es necesario y
perentorio reivindicar para conocimiento de todos nosotros mediante una
clasificación rigurosa y su consiguiente publicación que puede beneficiar a la
actividad turística muy en boga por estos momentos.
        Sólo así estaremos dando vida al pensamiento de Luis E. Valcárcel,
quien escribió: “De los Andes irradiará otra vez la cultura. El andinismo es una
doctrina plena de mística unción y surgirá para encerrar en su órbita todo lo
que los Andes dominan desde su altitud majestuosa. El andinismo es el amor a
la tierra, al sol, al río, a la montaña. Es el puro sentimiento de la naturaleza. Es
la gloria del trabajo que todo vence” (1).
        Partiendo de este enunciado, que nos ha dado mucho aliento para
escribir este tema andino piurano, en esta oportunidad anotamos algunas
breves referencias sobre el particular.

        LA SIERRA PIURANA.-
        Un somero estudio sobre la sierra piurana tiene como punto de partida el
continente de América, dentro de ella está el Perú y dentro de él hallamos al
Departamento de Piura que comprende las provincias andinas de Ayabaca,
Huancabamba y Morropón con su capital Chulucanas, dentro de cuyos
territorios hay vínculos geográficos, políticos, económicos, culturales y
eclesiásticos.
        Es incuestionable, que desde tiempos inmemoriales estuvo habitado el
territorio piurano por una raza aborigen que es tan antigua como la de Egipto,
China, España, etc. Los arqueólogos sostienen que el hombre existió aquí al
mismo tiempo que en Europa, en la Edad de Piedra. Al respecto se ha
expresado que “ciertos hechos han inducido a los arqueólogos a considerar al
Perú como morada de varios grandes imperios, que se habían sucedido antes
del advenimiento de la dinastía de los Incas” (2).
        La sierra peruana como toda la del Perú, se levanta en un medio hostil,
de no fácil acceso, “en un territorio situado lejos del mar, sin río navegable, de
clima rudo, de suelo ingrato, entre cortado por montañas y torrentes, cercado
por desiertos y selvas vírgenes” (3).
        La cronología de la historia señala que la cultura Vicús, levantada en
suelo piurano, hace más de 5,000 años antes de Cristo, se divide en parte
costera y parte serrana. La primera abarcó los límites de Pabur en la provincia
de Morropón; y, la segunda en el distrito andino de Frías, provincia de
Ayabaca, la que indudablemente se proyectó a lugares cercanos como
Chalaco, Santo Domingo (Sancos), Pacaipampa, entre otros asentamientos
prehispánicos.
        Consecuentemente debemos admitir que en el período Pre inca el
territorio de la sierra piurana estuvo poblado por los antiguos piuranos, como se
debe confirmar mediante estudios posteriores que hagan profesionales de la
Arqueología y Antropología.
        En la época incaica se ha demostrado que en Piura existieron los
tallanes, que procedieron, conforme a calificados estudios, de la sierra. Según
la genealogía de los monarcas cuzqueños Túpac Yupanqui fue hijo de Inca
Yupanqui, y personalmente, procedente de Cajamarca, al mando de cuarenta
mil soldados dirigió la expedición que conquistó nuestras provincias andinas.

       FUENTES CONSULTADAS.-
       Sobre la serranía, hemos escudriñado en las fuentes bibliográficas. De
las consultas efectuadas hay información sobre su pretérito. Se tiene escrito
que conquistada la provincia de Huancapampa, hoy Huancabamba, el Rey
Yupanqui “los hizo recoger con gran diligencia, y mandó darles maestros que
les enseñasen a poblar pueblos, labrar las tierras y cubrir sus carnes,
haciéndoles vestir de lana y algodón; sacaron muchas y grandes acequias para
regar los campos; cultivaron la provincia de manera que fue una de las mejores
que hubo en el Perú” (4).
       Según las fuentes consultadas, se asevera que Túpac Yupanqui
después de avanzar hacia el norte sometió a “los huancapampas y cajas, pero
los habitantes de Ayabaca levantaron el grito de resistencia y constituyeron una
de las federaciones enunciadas, con los cajas, huarcas y cailluas o carhuas”
(5).
       Hay más al respecto, pues se tiene expresado que “la integración al
Tahuantinsuyo de Huancabamba y Cajamarca, que vivían agrupadas en Ayllus,
bajo el mando de un curaca, se produjo bajo el reinado de Túpac Yupanqui”
(6).
       Se ha puntualizado en original versión, basada en un planteamiento
propio del análisis histórico, que enjuicia metodológicamente una realidad del
pasado incaico en nuestra región, en cuanto a que “el Inca Túpac Yupanqui y la
incorporación de Huancabamba y Ayabaca al Imperio del Tahuantinsuyo es un
hecho histórico incuestionable”. Se destaca también en la versión que “entre
nosotros los piuranos no se ha estudiado el origen y desenvolvimiento de
nuestras culturas prehispánicas”.
       La verdad es que las ruinas existentes en Chulucanitas, Huarmaca,
Cerro El Buitre, vestigios de los templos o palacios en Jicate, de
Huancabamba; y, Aypate en Ayabaca, son testimonios tangibles de nuestro
pasado serrano que reclaman un amplio estudio por parte de arqueólogos y
antropólogos”. Y sigue el ensayista rindiendo homenaje a Túpac Yupanqui,
cuya memoria debemos y tenemos que venerar. Cierra su trabajo con la nota
siguiente:
       “Deslumbrado por la gloria de sus hazañas, no cesaré en mi empeño de
que en Piura, muy especialmente, en Huancabamba y Ayabaca, dos provincias
andinas de un común destino, se honre la memoria del sabio Inca, figura prócer
de la unificación de nuestros pueblos, en la medida que lo reclama su gloriosa
estirpe” (7).
       Cieza de León, procedente de Loja, ingresó a territorio piurano por
nuestra serranía, el año 1548. A su paso por los andes estuvo en las provincias
de Calvas y Ayabaca, “de las cuales quedan los bracamoros y montañas de los
andes al oriente, y al poniente la ciudad de San Miguel. En la provincia de
Cajas habían grandes aposentos y depósitos mandados hacer por los incas y
gobernador, con número de mitimaes, que tenían cuidado de cobrar los
tributos. Saliendo de Cajas, se va hasta llegar a la provincia de Huancabamba,
a donde estaban mayores edificaciones que en Calvas, por que los incas
tenían allí a sus fuerzas, entre las cuales estaba una agraciada fortaleza, la
cual yo vi” (8).
       Otra fuente comenta que “hecha la conquista de la gran provincia de
Huancapampa, no saben decir cuántos años después pasaron los Incas
adelante a conquistar otras tres provincias, que también contienen en sí
muchas diversas naciones. Llámanse esas tres provincias, que eran las
principales, Cassa, Ayahuaca y Callua” (9).
       Respecto a la provincia de Ayabaca se ha expuesto que tiene una
existencia Pre-Inca, añadiendo que la presencia de varias culturas “sin duda
tienen que haber repercutido sus elementos culturales a la región de los Pre-
Ayahuacas. El descubrimiento de los petroglifos de Samanga son una prueba
elocuente de vida Preincaica”. Anota, que en el período Inca la presencia de
Ayabaca está comprobada con “Aypate y sus ruinas, Yantuma y su laguna, el
puente de Tondopa y otros yacimientos, coincidiendo en los términos y aciertos
del complejo arqueológico” (10).
       Los historiadores, con voz unánime, expresan que en la época del
Incanato, los Incas en su carrera expansionista, durante el gobierno de Túpac
Yupanqui, que insurgió como mandatario después de 1439, las provincias de
Ayabaca y Huancabamba se incorporaron a los dominios del Imperio del Sol.

        REFLEXIONES.-
        Los comentarios expuestos a la luz de la fuente escrita nos motivan para
proponer por ahora, las siguientes reflexiones:
1.-     De lo contenido en la presente nota se infiere, con claridad meridiana y
espíritu diáfano, que culturas Pre-Incas e Incas poblaron la serranía piurana
durante cientos de años antes de la llegada de los españoles, teniendo
notoriedad en nuestro territorio andino Aypate, Ayabaca, Calvas, Cajas,
Chulucanas y Huancabamba.
2.-     La serranía piurana alcanzó el desarrollo integral que desde el Cuzco le
impregnaron los gobernantes del Tahuantinsuyo que determinó la construcción
abundante de edificios, fortalezas, templos, palacios, bases militares, acequias
o canales de regadío, caminos, cerámica, etc.
3.-     Durante casi tres siglos (1532-1821) el Perú y, dentro de él, nuestra
Piura, fue sometido a la dominación española hasta conseguir su libertad
política y formar la República. Es un proceso penoso que afectó la organización
social, económica, política, cultural del peruano antiguo.
4.-     La deprimente situación del nativo del ande piurano y del peruano en el
ciclo que lleva la República, de casi dos siglos (1821-2007), ha empeorado su
calidad de vida que lo ha puesto al margen de la civilización afectando
sensiblemente el desarrollo integral de la región y el país.
5.-    Ahora hay que reivindicar a los pueblos andinos, largos siglos olvidados
y postergados a su suerte por la negligencia de la Conquista que se prolongó y
agravó en la Colonia y sigue creciendo en la República, desde hace 478 años
(1532-2010).
6.-    Se debe elaborar un proyecto nacional que apueste por devolverle al
serrano del Perú la prestancia que tuvo en el incanato, para cuyo fin hay que
empezar escribiendo su historia y con conocimiento de causa amar a nuestros
pueblos andinos conociendo su glorioso pretérito y enseñarlo en las aulas a los
alumnos de todos los niveles educativos.
       NOTAS.-
(1)Luis E. Valcárcel; Tempestad en los Andes, Págs. 103/104.
(2)H. Bauchat, Manual de Arqueología, Pág. 88.
(3)Louis Baudin; El Imperio Socialista de los Incas, Pág. 65.
(4)Garcilaso de la Vega; Comentarios Reales de los Incas, tomo III, Pág. 83.
(5)Germán Leguía y Martínez; Diccionario Histórico, Geográfico, Estadístico de
Piura, Pág. 9.
(6)Miguel Justino Ramírez; Huancabamba: su Historia, su Geografía, su
Folklore.
(7)Alfonso Vásquez Arrieta; ensayo El Inca Tupac Yupanqui en Huancabamba
y Ayabaca, Volumen 7, Primer Festival del Libro Piurano.
(8)Pedro Cieza de León; La Crónica del Perú, Pág. 54.
(9)Garcilaso de la Vega; Obra Citada, Pág. 84.
(10)José Ignacio Paúcar Pozo; Ensayo Monográfico de Ayabaca.

								
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