LA SUBASTA by 9eCkQp

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									                                   LA SUBASTA

Personajes: Thomas Parker
            Elías Parker
            Soldado
            Mayordomo
            Subastador
            3 compradores

Escenografía: Una sala-comedor ambientada con cuadros de arte, sillones,
mesitas, floreros…

(Se escucha música clásica de fondo).
Narrador: Hace más de un siglo, en un país lejano de Europa Occidental, vivía un
hombre rico llamado Thomas Parker, y su hijo, Elías Parker. Ambos tenían gran
pasión por el arte. Tal es así, que en el comedor de su casa colgaban colecciones
de cuadros de importantes y reconocidos pintores, como Rafael, Picasso, Van
Gogh, Da Vinci, entre otros. Muy a menudo, se sentaban juntos a observar y
admirar las grandes obras de arte. Pasaban horas y horas frente a los maravillosos
cuadros. Un día, mientras observaban las pinturas, una carta apareció debajo de la
puerta.

Mayordomo: (a Elías) Disculpe señor, esta carta ha llegado para usted.
Elías P.: Gracias Jaime, muy amable.
Thomas P.: ¡Ábrela hijo! Seguramente es una invitación a una exposición de arte
(Elías lee la carta y se preocupa). Hijo, no me asustes… ¿Qué dice la carta?
Elías P.: (le entrega la carta al padre) El país está en guerra, me necesitan.
Thomas P.: Pero esta guerra es absurda. No voy a permitir que arriesgues tu vida.
Elías P.: Lo lamento padre, he tomado una decisión. Voy a ir a esa guerra y haré
todo lo posible para que mi país obtenga la victoria.
Thomas P.: ¿No vas a cambiar de parecer?
Elías P.: No padre, lo siento.
Thomas P.: Está bien hijo, no puedo ir en contra de tu voluntad. Solo te pido que te
cuides mucho. ¡Escríbeme, por favor!
Elías P.: Así lo haré (se abraza con su padre y se retira).

Narrador: Elías Parker fue muy valiente. Peleó y trabajó arduamente salvando
soldados heridos en el campo de batalla. Pero un día, mientras rescataba a un
soldado, una bala le alcanzó el pecho y murió en el acto. La noticia llegó a los oídos
del padre, quien sufrió muchísimo la pérdida de su querido y único hijo (Thomas P.
habla por teléfono y se entristece, el mayordomo lo consuela). El soldado que logró
sobrevivir gracias a la valentía de Elías quiso homenajearlo de alguna manera.
Como era pintor, pudo retratar el rostro de Elías fielmente y de una manera muy
especial.
Pasaron algunos años. Unos días antes de la Pascua, alguien tocó a la puerta de
Thomas Parker (sonido de timbre).

Thomas P.: ¿Quién podrá ser a esta hora? Deje Jaime, voy yo (abre la puerta).
Soldado: Buenas noches señor. Soy el soldado Montalvo. Yo logré sobrevivir a la
guerra gracias a su hijo, quien dio su vida por mí.
Thomas P.: ¡Soldado Montalvo! Pase por favor, ¿desea tomar algo?
Soldado: No señor, muchas gracias. Su hijo me hablaba muy a menudo de usted y
de su amor por el arte. Así que vine hasta aquí para entregarle esto (le entrega el
retrato de Elías Parker).
Thomas P.: (se sorprende) ¡Es grandioso! Has captado con total naturalidad la
personalidad de mi hijo. Este cuadro significa mucho para mí, quiero comprártelo,
¿cuánto sale?
Soldado: Oh no Señor, esto es un regalo. Yo nunca podría pagarle lo que su hijo
hizo por mí. ¡El me salvó! Dio su vida a cambio de la mía, y eso no tiene precio (se
emociona).
Thomas P.: ¡Gracias soldado! Este cuadro vale mucho más que estos otros (señala
los demás cuadros), y cada vez que lo vea podré recordar lo valiente y amoroso que
fue mi hijo (coloca el cuadro en un lugar central).
Soldado: Bueno señor, me tengo que ir. Fue un privilegio haberlo conocido.
Thomas P.: Para mi también. Y espero su visita más seguida.
Soldado: Con mucho gusto (se abrazan y se retiran de escena).

(Luces apagadas y música suave de fondo).
Narrador: Pasó el tiempo y el Sr. Parker contrajo una terrible enfermedad,
muriendo a los pocos días desde que los médicos se la detectaron. Muchos
lamentaron su muerte, como fue el caso del mayordomo Jaime, fiel y viejo amigo de
la familia. Otros estaban a la expectativa de que todos los bienes del Sr. Parker
bienes iban a ser rematados, inclusive sus apreciadas pinturas, ya que así lo había
dispuesto en su testamento. El día de la subasta llegó y los periódicos anunciaban
la noticia en primera plana. Estaba todo listo para escuchar las ofertas.
(Se encienden las luces).

(Entra el subastador. Se ubica detrás de un púlpito y le habla al público presente).
Subastador: Muy buenas noches damas y caballeros. Vamos a dar comienzo a esta
subasta. El Sr. Thomas Parker ha constatado en su testamento que todos sus bienes
sean rematados, incluyendo sus pinturas que él tanto apreciaba. Esa fue su voluntad
y es por eso que estamos aquí. Para empezar, ¿qué les parece si empezamos con
este retrato titulado “El Hijo”. ¿Cuánto ofrecen por él?
Comprador 1: Queremos ver las pinturas famosas, olvídese de esa.
Subastador: (insiste) ¿Cuánto ofrecen por esta pintura? Empezamos con ¿$100000?
¿$200000? ¿Alguien da más?
Comprador 2: No venimos por esa pintura, venimos por las de Van Gogh, Da Vinci,
Picasso, artistas famosos. ¡Vamos a las ofertas de verdad!
Subastador: Primero remataremos “El Hijo”. ¿Quién se lleva “El Hijo”? Es un
excelente retrato.
Comprador 3: (alterado) ¿Pero usted es sordo o no entiende lo que le decimos?
¡Empiece por las otras pinturas que son las de más valor!
Subastador: Un poco más de respeto por favor. Esta pintura se va a rematar
primero. Alguien se la tiene que llevar.
Mayordomo: (desde el fondo se escucha su voz) Durante años he trabajado para los
Parker. Siempre me sentí a gusto sirviéndoles porque eran muy buenas personas.
No tengo mucho dinero para comprar esa pintura que tanto quería mi señor. Sólo
tengo $50 y me gustaría llevármela para recordar a toda esa amada familia que
tanto me ha ayudado.
Subastador: ¿Quién da un poquito más? ¿$100? ¿$200?
Comprador 1: (con enojo) Ya le dijimos que no queremos la pintura “El Hijo”.
Queremos que comience a rematar las otras que valen más.
Comprador 2: Si ese sirviente quiere la pintura “El Hijo” véndasela, así
empezamos de una vez por todas con esta subasta.
Subastador: Muy bien, así será entonces. $50 a la una (golpea el mazo), $50 a las
dos (golpea el mazo), y $50 a las tres (golpea el mazo). Vendida la pintura “El Hijo”
al mayordomo de la familia por $50.
Comprador 3: ¡Por fin! Ahora sí se viene lo bueno.
Subastador: Lo siento mucho damas y caballeros, la subasta ha llegado a su fin.
Comprador 1: Pero cómo ¿y las pinturas?, ¿esto es una broma?
Subastador: Para nada. Cuando me llamaron para llevar a cabo esta subasta, se me
dijo de un secreto estipulado en el testamento del Sr. Parker. Yo no tenía permitido
revelar dicho secreto hasta este preciso momento.
Comprador 2: ¿Y cuál es ese secreto?
Subastador: Solamente la pintura “El Hijo” sería subastada y aquel que la
comprara heredaría absolutamente todas las posesiones de Thomas Parker,
incluyendo las famosas pinturas. La persona que acepte quedarse con “EL HIJO” se
queda con TODO. (al mayordomo) Felicitaciones señor, usted es dueño de todo
esto.
Mayordomo: (sorprendido) No lo puedo creer.
Comprador 3: (con furia) Esto es inadmisible. Nunca más asisto a una subasta
presidida por usted (señalando al subastador).
Comprador 2: (gritando) ¡Si! No hay más nada que hacer en este lugar.
Comprador 1: ¡Fue una pérdida de tiempo haber venido hasta aquí!
(Se retiran todos).

(Luces apagadas y música suave de fondo).
Narrador: Hace más de 2000 años, Dios nos ha entregado a su único Hijo,
Jesucristo, a morir en una cruz para salvarnos de nuestros pecados. En estas
Pascuas, fecha de reflexión y conmemoración hacia nuestro Señor Jesús por todo lo
que Él hizo por amor a nosotros, pensemos en aquellas palabras del subastador:
“EL HIJO. ¿QUIÉN SE LLEVA EL HIJO?”
Se aceptamos y amamos al HIJO lo tenemos TODO. Él está esperando tu respuesta.

								
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