REFLEXIONES BIBLICAS SOBRE EL EXILIO by hPU3zn

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									                  REFLEXIONES BIBLICAS SOBRE EL EXILIO

                                   Jorge Pixley

En los diccionarios se define el exilio o destierro como una expulsión del territorio
nacional por orden judicial, usualmente a un lugar específico del cual es difícil
escapar – guinea, Australia, u otros -. En América Latina la experiencia del exilio
no es en la mayoría de los casos judicial sino política o económica. Se huye del
país cuando se sabe que la policía política lo persigue o cuando la situación
económica del lugar de procedencia no ofrece oportunidades de trabajo.

La experiencia del exilio es bien conocida por los nicaragüenses, tanto por
persecución política como, más frecuentemente, por incapacidad de encontrar en
el terruño empleo digno. En el exilio se añoran el gallo pinto, el vigorón y los
nacatamales. Se lamenta la ausencia de fechas tan importantes como la purisima
y las fiestas de Santo Domingo.

En lugares donde viven concentraciones de exiliados nicas como San José, Costa
Rica, existen plazas donde se reúnen los domingos para cantar las canciones de
la tierra nica y donde vendedoras expenden vigorón y tiste. Aún allí no deja de
sentirse nostalgia por la tierra propia y de buscar cómo volver con la mayor
frecuencia posible.

En fin, el exilio es una vida lejos del lugar que define el centro del ser de la
persona quien se siente menos persona por estar lejos de su lugar. En un número
de nuestra revista nicaragüense de teología sobre el tema “otro mundo es posible”
el exilio es una buena metáfora de la exclusión que sufren muchísimas personas
en un mundo definido por el mercado global. Quien no es un consumidor solvente
de los muchos bienes que produce este mercado no es una persona. El o la joven
que no puede calzar zapatos Nike o circular en un automóvil de reciente
fabricación o visitar los lugares donde se canta música del momento se siente
excluido/a de la realidad que define a las personas. A otro nivel la incapacidad de
conseguir alimentos y/o medicinas amenaza la misma sobrevivencia. Es como
vivir en tierra propia el exilio desde el cual se conoce la vida pero se está
excluido/a de participar en ella por la distancia económica.

   1. Los exilio de la Biblia

En la Biblia hay varios exilios relevantes y varias teologías elaboradas para
resolver los problemas características de esa vida. Estos exilios se produjeron por
la emigración forzada por los distintos conquistadores para remover sectores de
élite de la tierra de Israel para poder controlarla mejor. El primer exilio es el que
llevaron a cabo los asirios en las últimas décadas del siglo XVIII antes de la era
común (a.e.c). Los habitantes de Samaria, Betel, y otras ciudades fueron
deportadas a otros países donde aparentemente fueron asimilados a otros países
donde aparentemente fueron asimilados a la población local de manera que no
ejercieron influencia sobre la composición de los libros bíblicos. De ellos surge la
leyenda de las diez tribus perdidas de Israel. Es una forma de responder al exilio:
dejarse asimilar por la sociedad dominadora. Es lo que de hecho sucede con la
mayoría de los excluidos por el sistema global de mercado. No viendo alternativas
se acomodan a como mejor pueden al sistema dominante, viviendo en las grietas
dentro del sistema una lucha por la mera sobrevivencia.

Pero el exilio por excelencia en la Biblia es el exilio que llevaron a cabo los
babilonios en tiempos de Nabucodonosor, emperador que se convierte en símbolo
del poder imperial. Los deportados no alcanzaron el diez por ciento de la población
pero su impacto fue inmenso sobre la nación porque ellos son en la realidad los
compositores de la Biblia. En Babilonia se escribió u organizó la gran historia
desde la creación hasta la caída de Jerusalén (Génesis hasta Reyes), y se
compusieron los libros proféticos con materiales tradicionales y otros agregados.
Solamente los Escritos o Quetuvim, la tercera y última parte de la Biblia, son
posteriores. De modo que este pequeño grupo – según Jr 50:23 compuesto por
4.600 personas – tuvo una enorme influencia en nuestras Biblias. Fue una
comunidad muy dinámica y produjo varios diseños para su futuro; Segundo Isaías
(Is 40-55), el agregado a Ezequiel (capítulos 40-48), y el documento sacerdotal del
Pentateuco (P) fueron los más importantes.

Pero hubo además un exilio egipcio que dejó poco impacto en la Biblia pero
bastante en otra literatura: Jr 44, papiros de Elefantina, Filón, III y IV Macabeos, la
Epístola de Eriteas y las Epístolas de Hebreos y Bernabé.

Y hubo un exilio persa que dejó su marca en los Quetuvim: Esdras y Nehemías,
Ester y Tobías, y Daniel 1 a 6. Por último hay lo que se conoce como la Dispersión
o Diáspora, la multitud de judíos regados por las ciudades de los imperios griego,
luego romano y parto. En Tarso se crió Saulo, luego Pablo, y de esta dispersión
tenemos textos bíblicos en la Epístola de Santiago y la Primera Epístola de Pedro.

Es evidente que no podremos en este ensayo ser exhaustivos en catalogar el
impacto de estos exilios y su pensamiento sobre la Biblia. Escogeremos algunas
de las evidencias más relevantes de las cuales podremos quizás sacar algunas
conclusiones que sirvan para este número de XILOTL.

   2. El exilio babilónico

La destrucción de Jerusalén por obra de Nacubodonosor y su ejército babilónico
en el siglo VI a.e.c. fue traumático para el pueblo de Israel. El joven rey Joaquín
fue desterrado a Babilonia con 3.032 miembros de su corte y seguidores, según Jr
52:28, o 7.000 según 2R 24:16. Se estima hoy que la población de la ciudad de
Jerusalén eran a la fecha unos 25.000. Esto sucedió en el año 598/597 a.e.c. La
clase política quedó dividida entre los que fueron llevados con Joaquín a Babilonia
y los que quedaron bajo la dirección de su tío Sedequías en Jerusalén. El golpe
más duro vino once años más tarde cuando el ejército imperial llegó de nuevo a
Jerusalén para destruir sus templos y sus muros. La ciudad capital fue físicamente
borrada y Judá reducida a un pueblo de campesinos sin dirección política. De la
élite algunos huyeron a Moab, Amón u otros estados vecinos, y algunos
escaparon a Egipto, pero el exilio que pesa es el primero que fue llevado a
Babilonia once años antes.

Es al exilio babilónico que debemos la Biblia en sus dos partes más importantes,
la Torá y los Profetas. Existieron antes tradiciones legales, narrativas y proféticas,
pero como libros debemos la Torá y los Profetas al exilio babilónico. Teniendo los
exiliados ante sus ojos la experiencia del reino de Israel después de la destrucción
de Samaria y la deportación de sus élites se propusieron que con Judá no
sucedería igual. Entre ellos había familias de escribas que se dedicaron a hacer lo
que sabían hacer, escribir libros. A la postre este trabajo resultó ser importantísimo
en la preservación de Judá y de las tradiciones religiosas que hasta el día de hoy
alimentan nuestra fe.

A juzgar por las evidencias que se preservaron hubo entre los exiliados tres
corrientes principales que alimentaron en serio una esperanza de volver y ser en
una nueva Judá la clase dominante que antes fueron. Curiosamente, la más obvia,
la que rodeó al rey davídico Joaquín, fue la que menos impacto dejó para el futuro.
Un hijo de Joaquín, Senassar o Sesbassar, y un nieto, Zorobabel, jugaron
brevemente un papel entre los que volvieron a Judá cuando el permiso del rey
persa Ciro en el año 539/538. el profeta Ageo apoyó las pretensiones del segundo
(Ageo 2:20-23) pero las realidades políticas, con su control desde Persia, eran
tales que la pretensión de restaurar el trono de David no fue más que sueño. Los
libros que se han preservado en la Biblia hebrea, aparte de Ageo y un oráculo en
Zacarías (Zc 4:6-10), no dan importancia al esfuerzo de restaurar la monarquía.
Los grupos dominantes en el exilio sabían que el futuro no podía ir en esa
dirección.

En esta corriente fallida podemos discernir elementos importantes para nuestro
tiempo. Estos son aquellos que buscan un futuro diferente al mercado globales
volver a la tierra., a la vida sencilla de los campesinos arraigados en el suelo. Las
comunidades de los pueblos indígenas son vistas como modelos. En los países
desarrollados hay elementos importantes de “verdes” que aspiran a restaurar
parques para preservar reductos vírgenes que se puedan visitar para levantar los
ánimos de gente agobiada por la vida urbana. Y de manera más limitada hay
quienes buscan crear mercados donde los productores puedan vender productos
directamente al consumidor. Muchos son los que buscan adaptar un estilo de vida
más sencillo, comiendo alimentos “naturales”, sin pesticidas ni abonos químicos, y
habitando en casas más pequeñas que lo común. Todo esto tiene su valor para
preservar la memoria de la vida fuera del sistema pero como solución al problema
del mercado no tiene posibilidad de funcionar. No es posible regresar a un pasado
perdido. La prueba está que en toda América Latina los jóvenes campesinos
prefieren buscar fortuna en los tugurios de las ciudades que seguir a sus padres
en el cultivo de la tierra. La emigración del campo parece ser un flujo incontenible,
una evidencia de la ilusión de pensar volver a los días antes del dominio del
mercado.
Los añadidos al libro de Isaías conocido como el Segundo Isaías – capítulos 40 a
55 – formulan un proyecto que tuvo mayores consecuencias. Es un proyecto que
refleja gran realismo político al pedir lealtad al rey Ciro el persa, y comenzar la
elaboración de una teología real en la que el Dios de la casa de David, Yavé,
escoge y acompaña a Ciro como su héroe (Is 45:1-7). Fue escrito antes del
colapso de Babilonia (año 539) cuando ya se veía venir el fin de Babilonia que se
celebra en Is 47:1-5. Esta colección de cantos proféticos de salvación se inicia con
una visión de Yavé quien guía a su pueblo en una peregrinación para regresar a
su tierra (Is 40:1-11). Es difícil para nosotros nuevamente apreciar el sentido de
este lindo dicho. Yavé era el Dios recordado en la historia de la liberación de
Egipto y celebrado en algunas de las tradiciones proféticas de figuras como Amós,
Oseas, Jeremías e Isaías, tradiciones que no eran aún libros. Pero Yavé era
también el Dios principal del templo de los reyes de Jerusalén.

En este templo los reyes oficiaban y sus ceremonias eran celebradas para
afianzar su poder. En la procesión por el desierto Yavé es presentado como un
pastor que cuida tiernamente de sus ovejas, lo que podría ser una imagen del rey
si no fuera por el resto de las profecías. En Is 53:3 las fieles promesas a David se
aplican al pueblo pues el profeta no piensa que habrá una restauración davídica ni
la desea, según parece. Espera, eso sí, la reconstrucción de Jerusalén, anunciada
en Is 44:24-28. En esta nueva Jerusalén ¡será Ciro que levante el templo! Es
decir, el culto en el nuevo templo será la celebración del rey Ciro y Yavé será
quien le sostenga en el reinado. Como antes el templo de Jerusalén fue la capilla
de los reyes de la familia de David en el futuro lo será de la familia de Ciro (¡!!). No
hemos terminado con la visión del pastor de Yavé que conduce a su pueblo a
Judá. Para la comunidad exiliada no era nada evidente que un retorno sería bueno
o deseable. Y quizá menos bajo un rey desconocido que asumiera las funciones
antes jugadas por una familia de Judá. Mucho del esfuerzo homilético de esta
colección de profecías se consagra al esfuerzo de convencer a los exiliados que
deben regresar.

El Segundo Isaías es pues una larga exhortación a animarse a volver, a dejar las
comodidades babilónicas y emprender la peregrinación por el desierto, guiados
por Yavé quien será el Dios de una nueva nación bajo los persas. Este futuro no
es un simple retorno al pasado. Reconoce la realidad política de un nuevo imperio
que se yergue sobre el horizonte y lo abraza sin pena. Invita a las islas y gentes a
unirse al proyecto, es decir, los dispersos en otros lugares (Is 49:1-8) – lo que
muchos exegetas han leído equivocadamente como una superación evangelista
del nacionalismo. Lo importante es que no será el exilio babilónico que conduzca
el proyecto sino el rey de Persia, quien además levantará a Jerusalén y su templo
y los sostendrá en nombre de Yavé quien se vuelve su Dios de Ciro. Este proyecto
atrevido pero realista amerita mucho estudio, mucho más de lo que es posible en
este ensayo.

Ofrece lecciones para algo que podría ser hoy un socialismo transformado que ya
no es ni el socialismo estatista del marxismo-leninismo ni el socialismo
democrático europeo que dejó intacto el sistema de mercado. Tiene un grave
defecto que debemos también estudiar: aunque invita a los exiliados de todas las
islas y costas a ser parte, no menciona el noventa por ciento de judaítas que
quedaron en Judá cultivando la tierra y que estaban aún allí. Un proyecto de
desterrados que volvieron a Judá tendría que despojar de sus tierras a los
habitantes residentes que nunca fueron al exilio. El nuevo proyecto resulta
entonces ser excluyente. El movimiento zapatista ha popularizado un lema que
debemos asimilar quienes aspiramos a un mundo diferente: por un mundo donde
quepan todas y todos. El proyecto que de hecho se impuso en Judá es el que
idearon las familias sacerdotales y sus escribas en Babilonia. Existe en forma
documental en dos lugares en nuestras Biblias, Ezequiel 40-48 y “P” en el
Pentateuco, especialmente las leyes de Levítico. Los dos documentos tienen
diferencias importantes que no pueden ser reconciliadas, pero son variantes de un
mismo proyecto. Veamos Ez 40-48. Esto es un diseño grandioso para el futuro de
la nación añadido a la colección de oráculos del gran profeta Ezequiel quien vivió
a principios del siglo VI a.e.c. En analogía con el libro de Isaías es correcto hablar
aquí de un Deutero o Trito – Ezequiel, en todo caso una colección con afinidades
pero posterior y añadido a Ezequiel. Es imposible saber si su composición fue
hecha durante el exilio en Babilonia o en Judá entre aquellos que volvieron del
exilio babilónico. En todo caso es un documento marcado por la Golá o comunidad
formada en ese exilio.

Este documento comienza con la descripción del templo (caps 40-42) y termina
con la división del territorio (cap 48). En medio está el retorno del Señor Dios al
templo de su morada (cap 43), los servidores del templo (cap 44), disposiciones
territoriales y de ofrendas para el sustento del personal del templo (caps 45-46), y
la fuente que saldrá del templo para fertilizar la tierra donde viven los laicos (cap
47). Ya con este breve esquema se puede apreciar que la concentración de este
plan para la vida nacional está en el templo del cual se supone que los laicos
dependen para su vida.

La distribución de la tierra por franjas desde el mar hasta el río parece muy
extraño. Todo parece tan artificial en este plan para la nación, especialmente
considerado que las únicas tribus que tienen sentido para fines de la monarquía y
para el exilio eran las de Judá, Benjamín y Leví. Pues justamente estas tribus
están en el medio, Leví en el centro con el recinto del templo en el centro. Este
recinto tenía dimensiones de 3.000 codos por 3.000 codos (Ez 42:20, texto hebreo
que dice quinientas varas de seis codos), un gran espacio para encerrar un templo
que medía 60 codos por 20 codos (Ez 41:2-4) con edificaciones alrededor que
medían apenas 100 codos por 100 codos (Ez 41:13-15). Este gran espacio entre
templo y área exterior tiene un solo propósito, separar lo santo de lo profano
(haqqódesh lejôl, Ez 42:20). He aquí el quid de todo el plan: el supuesto es que el
fracaso de Judá monárquico estribó en la contaminación de lo santo por lo
profano, que obligó al Señor a abandonar su morada como lo vio Ezequiel en la
visión de la partida de la gloria de Dios (Ez 11:22-25).

Para evitar que se repitiera esta catástrofe en el regreso de los hijos de Israel (el
nombre que Ezequiel da a los desterrados) a su tierra , el templo estará aislado. El
territorio del templo estará protegido por enclavarse en una franja de diez mil
codos de norte a sur por veinticinco mil de este a oeste que será el terreno de los
sacerdotes. Otra franja igual será para los levitas, y quedará una franja de cinco
mil para la ciudad de Jerusalén (Ez 48:9-15). Al príncipe (nazi) le cabrán los
veinticinco mil codos de esta área total a ambos lados, a un lado hacia el mar, y el
otro hacia el Jordán. Los laicos, Judá al norte y Benjamín al sur, estarán así
separados de lo santo por varias capas cuya santidad va de mayor (el templo)
hasta menor (el príncipe).

Todo este impresionante esquema de la Golá supone volver a una tierra
despoblada y esta idea ya se presenta en el Segundo Ezequiel (caps 33-39).

La tierra devino posesión de “el resto de las naciones” (Ez 36:3). Es decir, la gente
que estaba en la tierra cuando los deportados volvieron era este resto de las
naciones, entre ellas principalmente Edom al cual se dedica todo un capítulo, el
35. Con ello vemos que los dos grandes proyectos de la Golá, el Deutero-Isaías y
el Trito-Ezequiel, dejan fuera totalmente a los judaítas que no salieron al exilio que
son tratados como extraños. Un proyecto es laico bajo un rey persa que se
responsabiliza de sostener el templo; el otro es sacerdotal sin que se asome
ningún rey sino solamente un misterioso nasi que puede ser el sumo sacerdote
pues habito los dos extremos de la franja levítica.

En términos nuestros hoy este proyecto no es un regreso a la vida anterior, como
el proyecto davídico de Ageo y de Sesbassar. Sus defectos notorios son dos: por
una parte es excluyente al no tener cabida para los no-exiliados. Y por otra,
entrega todo el poder político y económico a una élite sacerdotal, careciendo así
de la relativa democracia del proyecto del Deutero-Isaías. La alternativa que
buscamos no puede ser excluyente ni puede ser elitista.

    3. Los seguidores del camino de Jesús en la dispersión

En el Nuevo Testamento hay dos epístolas que se presentan como escritos
generales de dos apóstoles a los seguidores del camino en la dispersión. Son las
epístolas de Santiago hermano del Señor y de Pedro, la llamada primera de dos.

La dirección de la de Santiago dice: “Santiago, siervo de Dios y de Cristo Jesús, a
las doce tribus en la dispersión, saludos” (St 1:1). Este Santiago o Jacobo es el
mismo que Lucas presenta en Hechos como el pastor/obispo de la congregación
de judíos en Jerusalén que seguían el camino de Jesús. Esta congregación
pereció de una forma desconocida antes de la destrucción de la ciudad en la año
70 e.c. Durante su existencia fue el defensor a capa y espada de un “cristianismo”
patriótico judío muy celoso de cumplir la ley y de ser leal al templo1. Esta carta va
dirigida en su nombre a las nacientes iglesias fuera de la tierra que son llamadas
la dispersión de las doce tribus. Doce tribus es por supuesto una ficción pero

1
 Para una discusión sobre este tema véase Jorge Pixley, “Santiago y la Iglesia de Jerusalén”,
RIBLA 22 (1996), 121-138
coherente con el deseo de conectar la vida en el camino de Jesús con la historia
de los hijos de Israel. Nuestro interés aquí es ver cómo “Santiago” entiende la vida
en el exilio.

La recomendación fundamental es esperar de Dios “todo don bueno” (St 1:17). La
prueba de la fe es la vida pura y sin mancha, que consiste en cuidar de los
huérfanos y las viudas (St 1:27). Esto adquiere más adelante un tono polémico
frente a aquellos, seguramente paulinos, que pretender vivir de la pura fe sin
ocuparse de las obras de fe (St 2:14-26). Es fundamental pues para la vida en el
exilio cuidar a los que caen en necesidad. Los problemas de esta vida entre
extranjeros se agrava cuando no se cuida de la lengua. La maledicencia es
nefasta y debe ser evitada a todo costo (St 3:1-12). Sorprendentemente, quizás,
hay advertencias contra los ricos y el mal que causan (St 2:1-9; 3:13-15; 5:1-6).
Santiago advierte contra la tentación muy natural de darles a los ricos lugares de
privilegio en las reuniones de los que “tenéis la fe de nuestro glorioso Señor
Jesucristo” (St 2:1). Esto puede ser muy bien una referencia al Jesús que anduvo
por las veredas de Galilea y vivió entre los pescadores sobre y a orillas del lago de
Genesaret.

Pero, ¿cuál es el proyecto que presenta Santiago para el exilio de las doce tribus?
Propiamente, no aparece ninguno. Pero ningún grupo de exiliados puede
sobrevivir si no tiene alguna esperanza. La respuesta está en la expectación de la
inminente venida de Cristo: “Tened también vosotros paciencia, afirmad vuestros
corazones porque la parusía del Señor está cerca” (St 5:8). Literalmente, parusía
significa presencia. Pero recibió en el mundo romano un significado especial como
la procesión triunfal de un general que vuelve glorioso de triunfos. Y se usa en
general en el Nuevo Testamento como referencia a la gloriosa venida de Jesús
cuando haya sujetado los poderes malignos a su reinado (ver 1Cor 15:23-25). Si
en este mundo los ricos abusan de los pobres y no les pagan sus jornadas a sus
obreros (St 5:4), todo esto será corregido en la Venida de Cristo. Esta solución a
las carencias del exilio presenta un problema para cristianos que por veinte siglos
hemos esperado esta Venida sin que se haga jamás realidad. Si va a tener un
valor para nosotros hoy tiene que interpretarse de alguna forma simbólica. Esto
rebasa las posibilidades de un ensayo como éste.

La llamada primera carta del apóstol Pedro va dirigida a “los elegidos que viven
como extranjeros en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asi y Bitinia” (1P 1:1). De estas
cinco provincias de lo que hoy llamamos Asia Menor tenemos conocimiento de la
evangelización solamente de Asia donde Pablo residió dos años en Efeso. Galacia
era la región montañosa del centro donde no había ciudad alguna pero que de una
forma desconocida fue también fruto del trabajo misionero de Pablo.

El Ponto era un importante reino helenístico sobre el Mar Negro con capital en
Sínope donde en la primera mitad del siglo segundo el padre de Marción fue
obispo. Bitinia frente a la ciudad que luego se llamó Constantinopla sobre el
estrecho del Bósforo fue el lugar desde donde Plinio le escribió al César Trajano
alrededor de 110 e.c. para consultar acerca de los cristianos2. Es decir, toda una
región casi desconocida donde el camino de Jesús se difundió ya para fines del
primer siglo y comienzos del segundo.

Esta carta, de forma bastante diferente a la de Santiago, traza fuertes líneas entre
los de adentro (de la comunidad de creyentes) y los de afuera que pueden
perseguir a los creyentes (1P3:13-17). También aquí se anuncia el inminente “fin
de todas las cosas” (1P 4:7) – no la parusía . Aquí el fin sirve como motivación
para consolidar la comunidad, manteniendo un amor intenso y sirviéndose los
unos a los otros (1 P 4:8-11). Lo que sirve de fundamento APRA estos exiliados es
cerrar filas en una comunidad que se sabe escogida por Dios y que vive una vida
intensa de compañerismo (1 P 2:9-11). Hay que cuidarse de problemas con el
mundo exterior que podrían amenazar a la comunidad de fieles. Así en lo posible
hay que someterse a las autoridades de los lugares donde se vive (1 P 2:13-17) y
hay que vivir vidas familiares ejemplares para no dar lugar a acusaciones (1 P
2:18-3:12).

En el imperio, familia y propiedad eran los dos valores más preciados y había que
cuidarse. Familia incluía los esclavos domésticos. Aquí pues la recomendación es
atrincherarse en las comunidades, afirmar sus virtudes y resistir conjuntamente a
los de afuera, vistos como potenciales atacantes. Esto es sin duda algo que
podemos hacer ante el mercado global hoy. Podemos crear nuestras cooperativas
de producción o de consumo donde vivimos en pequeño otro estilo de vida que la
sociedad capitalista global Esto es una solución digna a la catástrofe del mercado
global que permite soluciones locales que navegan contracorriente. Muchas veces
puede ser la mejor solución disponible.

4. El exilio persa

Los textos relevantes para nuestro tema que provienen del exilio persa son
Tobías, Ester y los relatos de Daniel 1-6. Con todo y sus matices, el cuadro es en
el fondo el mismo. La tentación es adaptarse a la vida de los centros culturales y
políticos y abandonar las prácticas que identifican al pueblo judío: el sábado, las
comidas kashrut, la circuncisión y las obras de piedad para los difuntos.

Todos estos textos de tipo novelesco son historias de la lucha de distintos
individuos por mantener su fidelidad a las costumbres de su pueblo y a la
solidaridad con los suyos. Sin embargo, es posible resistir a las tentaciones y
prosperar en este ambiente que en el fondo es hostil al pueblo escogido. Daniel
llega a ser un alto funcionario en la corte de “Darío el Medo” (Dn 6:1-3) y Ester a
ser la reina de Asuero, rey de los persas en Susa (Ester 2). Aunque Tobit no tiene
función pública acumula un capital nada despreciable de diez talentos de plata
(unos 440 kilos) que deposita con Gabael en su casa en “Ragués de Media”
(Tobías 1:14).

2
 Ver Nésto O. Míguez, “Cristianismos originarios: Galacia, el Ponto y Bitinia. Comunidades
humildes, solidarias y esperanzadas”, RIBLA 29 (1998), 84-105
A pesar del éxito de algunos judíos en la corte o los negocios dentro de las
estructuras del imperio, el peligro que acecha es real. En el caso de Ester ella
como reina tiene que luchar con su tío Mardoqueo contra un decreto de exterminio
en contra de todo el pueblo judío en el imperio (Ester 3:9), lo cual supone que el
éxito de Ester en la corte se debe en parte a que ha ocultado su verdadero linaje.
En el caso de Daniel los peligros son más contra él y sus compañeros por
rehusarse a rendir culto al rey y a sus imágenes, sin embargo con ello se deja en
claro el peligro de ser fiel a los mandamientos del Dios de Israel en una cultura
que exige total obediencia al rey – llámese Nabucodonosor o Darío.

Sin entrar en más detalles, la pertinencia de este modelo para nuestra realidad
globalizada parece evidente. No es posible retirarnos del mercado global ni
podemos simplemente hacer las paces con un sistema tan destructivo de las
mayorías pobres del mundo hoy. Ni podemos planificar, como el Trito-Ezequiel, la
creación de un espacio propio sin la presencia del imperio. Resulta pues necesario
aprender a vivir dentro del mercado global sin perder espacios de autonomía,
como Daniel o Tobit que preservaron su identidad judía mientras vivían dentro de
las estructuras del imperio persa de su tiempo.

Conclusión

Queda poco que decidir. Las diversas teologías del exilio que aparecen en la
Biblia tienen pertinencia para la búsqueda de nuestras opciones frente a un
mercado global hostil a la sustentación de la vida pero omnipresente.

								
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