La Palabra� fuente de nuestra mision sanadora� by DlLc8588

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									    La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…




       Caminar desde la Palabra…
     en tiempo de Capitulo general




“Nuestras primeras hermanas hicieron la experiencia
                 de que la Palabra
          escuchada, orada y contemplada
era el fundamento y el dinamismo de donde brotaba
   su misión sanadora en favor de los enfermos”
                       (MH, 14)
              La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…




  “Nuestras primeras hermanas hicieron la experiencia de que la Palabra escuchada,
 orada y contemplada era el fundamento y el dinamismo de donde brotaba su misión
                        sanadora en favor de los enfermos”
                                          (M.H. 14)




                           MOTIVACION DE LA LECTIO DIVINA
       Caminar desde la Palabra… en tiempo de Capitulo general


El Capitulo general es un momento de Gracia para estar a la escucha de la Palabra que nos
interpela y desafia en este momento concreto de la vida de la Congregación y del mundo.
Como Comunidad capitular, queremos escuchar, orar y contemplar la Palabra, Luz para
nuestro camino.
En espiritu de comunion y participacion, abrimos un espacio para compartir juntos el tesoro
de la Palabra de Dios. Hemos invitado, hermanas y colaboradores, a realizar una lectio divina
del evangelio del dia, durante el tiempo del Capitulo, haciendo una lectura orante de la
Palabra de Dios con matiz hospitalario.
El hecho de poder usar la nueva pagina web de la Congregacion, nos permite compartir las
reflexiones orantes enviadas. Juntos, hermanas, colaboradores y amigos de la Congregación,
podemos beber de la fuente que es la Palabra de Dios y sentir a todos los miembros de la
Comunidad Hospitalaria “presentes” en el camino capitular.


           ¡Qué el saborear la Palabra nos ayude a hacer vida el lema capitular:
               IMPULSADAS POR EL ESPIRITU A RECREAR LA HOSPITALIDAD!.




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                                                                   Jueves de la 4ª semana de Pascua
                                                           Fiesta de San Felipe y Santiago, apóstoles

                  “Hace tanto tiempo que estoy con vosotros, ¿y no me conoces?”

TEXTO: Juan 14, 6-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a Tomás: -«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino
por mí. Si me conocéis a mi, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»
Felipe le dice: -«Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: -«Hace tanto que estoy con
vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mi ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú:
“Muéstranos al Padre” ?
¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El
Padre, que permanece en mí, hace sus obras, Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no,
creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún
mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea
glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. »

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

El texto nos habla de la identidad de Jesús, “rostro del Padre”, y en Él, nos revela nuestra misma
identidad, que se construye en la medida de nuestra adhesión a su persona que es Camino, Verdad y
Vida.
Jesús responde a los deseos de Felipe ayudándole a releer, desde lo hondo, la relación vivida y, al
mismo tiempo indicándole el medio para llegar al Padre: “yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.
Felipe aparece, una vez más, como seguidor entusiasta y audaz, que se interesa por conocer bien al
Maestro, llevando a otros a Jesús para que también le conozcan. A la petición de Felipe, “muéstranos
el Padre”, Jesús responde ‘reprochando’ su falta de conocimiento, ya que la larga convivencia con El
debería haberle hecho entender la intima unión con el Padre: “yo estoy en el Padre y el Padre está en
mi”. Las “obras aún más grandes” que sus seguidores y seguidoras realizarán, no son ‘grandes’
milagros sino el continuar en la historia de los hombres su acción salvífica.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Para Jesús, Dios es un Padre amoroso, que guía sus discernimientos, sus opciones de vida y la forma
de realizar su misión. ¿Cómo seria si viviéramos nuestra vida consagrada hospitalaria con la
consciencia de esta Presencia cercana, de este Padre que está en nosotras, que nos seduce, que nos
convoca y envía? Ciertamente, dejaríamos de sentir miedos e incertidumbres, abandonaríamos tantos
prejuicios que nos condicionan y cambiaríamos actitudes que no manifiestan nuestra identidad.
Hemos de preguntarnos si, de hecho, creemos que la relación de intimidad con Jesús y con el Padre
puede hacer la diferencia en nuestra vida y tocar la vida de otros; si las obras que realizamos en la
misión están marcadas por la identidad hospitalaria.
Esta Palabra nos interpela en la vivencia de nuestra consagración a Jesús como el Camino que nos
lleva a vivir la pobreza como expresión de confianza ilimitada en el Padre, haciéndonos más
disponibles para el servicio de los hermanos en la misión hospitalaria (cf. Const. 22). A acoger a Jesús,

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Verdad absoluta, y vivir la libertad en la obediencia para acoger y realizar la voluntad del Padre,
poniendo todo lo que somos y tenemos al servicio de la misión (cf. Const. 30). A vivir el amor en la
castidad, como don del Padre y fuente de Vida, que hace fecunda nuestra entrega y fortalece nuestra
capacidad de amar de forma gratuita, personal, universal y misericordiosa (cf. Const. 17).

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Señor Jesús, gracias por tu palabra que cada día alimenta y hace fecunda nuestra misión hospitalaria.
En este día te haces presentes de forma especial en toda la Congregación con el inicio del XX Capitulo
general. Te pedimos que nos concedas un conocimiento intimo y profundo del Padre, que permita a
la Comunidad capitular discernir a la luz de Tu Palabra y poder realizar obras iguales o superiores a las
tuyas. Que no nos limitemos con los ‘mínimos’, sino que como Maria Angustias expresemos nuestra
admiración, agradecimiento y alabanza por las obras que realizas en nosotros y a través de nosotros:
“¡Oh, Jesús mío, cuánto se dilata mi corazón al considerar lo grande que Tú eres, y ver lo que resplandece
tu poder en las obras tuyas, aun en las que a primera vista se presentan a nuestra mente como pequeñas
y de ninguna monta! Siento en mi corazón como un impulso, empezar por admirar las misericordias del
Señor en las obras maravillosas de su gracia (RMA, 62, 39).
Son estos, Señor, los deseos de toda la Comunidad hospitalaria que hoy te alaba y agradece por este
momento tan significativo para la Iglesia, para los enfermos y para todos cuantos formamos la familia
hospitalaria.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

Que los momentos de encuentro personal con Jesús nos lleven a una mayor comunión con el Padre y
con los hermanos, buscando siempre que esta relación de conocimiento intimo purifique aquellas
motivaciones y actitudes que no generan comunión. Que nuestras opciones y prioridades tengan el
centro en la revelación del amor del Padre y en su glorificación, en el ministerio de la sanación.


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                                                                         Casa de Salud de Idanha – Portugal




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                                                                   Viernes de la 4ª semana de Pascua

                              “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”

TEXTO: Juan 14, 1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed
también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a
prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo,
estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice: - «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: -
«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

La adhesión a Dios, es adhesión al Hijo. Los discípulos se ven tranquilizados por Jesús “ No se turbe
vuestro corazón”. Existe una inquietud entre los discípulos, a causa del anuncio que ha hecho de su
partida, pero Jesús los exhorta a la adhesión firme a Dios, en su persona, él y el Padre son uno solo.
Todo el anhelo de Dios encuentra su realización y su seguridad en Jesús.
En la casa de mi Padre. Jesús no habla de estructura, habla de lugar y comunidad de vida, habla de
intimidad como es propio de la familia. El nuevo pueblo no va a tener la nostalgia de ver a Dios en su
templo (cf. Sal 5,8; 23,6). El Padre va a vivir con el discípulo que cumple el mensaje de Jesús; Dios no
es alguien extraño, pertenece al ámbito familiar, el temor pasa a ser confianza y cercanía.
Donde éste yo, estarán también ustedes. Jesús afirma que la decisión de seguirlo y colaborar en su
misión, la que da al hombre el nuevo nacimiento y causa la acogida del Padre. Al hombre o mujer que
decidan seguirlo les corresponden el don del Espíritu y la pertenencia a la familia de Dios.
Jesús el camino hacia el Padre. Los discípulos, capacitados por el don del Espíritu, han de aprender a
amar hasta el final-dando la vida hasta las últimas consecuencias, ese será su camino. También ellos
han de ir manifestando hasta dónde llega el amor de Dios al hombre. El don de sí total los realizará
plenamente y hará brillar la presencia de Dios.
Yo soy el camino, la verdad y la vida. Jesús es la vida porque es el único que la posee en plenitud y
puede comunicarla. Es el único camino, porque sólo su vida y su muerte muestran al hombre el
itinerario que lo lleva a realizarse. Seguirlo por tanto, consiste en recorrer su camino, asimilarse a su
vida y muerte. Jesús es así el camino de los que poseen la vida y con ella la verdad, para llevarlas a su
pleno desarrollo.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Jesús hospitalario es el Camino. Jesús es un maestro itinerante. No forma discípulos sedentarios, sino
que les envía a todos los lugares a donde él habita (IT XX CG). No hay nada que temer, de él es la
tierra que pisamos y nuestro corazón siempre andará inquieto hasta que lo encuentre como nos los
recuerda San Agustín. En esta itinerancia hacia la reestructuración solo hay un sentido: seguir
adelante.



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Jesús hospitalario es la Verdad. Porque tenemos la certeza de que El es el que nos llama, de manera
personal, gratuita e irrevocable (Const. 10); porque tenemos la certeza de que El todo lo dispone para
que de todo nos sirvamos para unirnos más a El (Const. 11); porque tenemos la certeza de que su
Espíritu nos ha comunicado el don de la caridad hospitalaria. (Const. 10).
Jesús hospitalario es la Vida. La finalidad última de nuestra vocación es vivir centradas y enraizadas en
Cristo (IT. XX CG). El es la vida, la persona que le da sentido y significación a nuestra vida como
mujeres hospitalarias. Cuando Jesús se hace vida en nosotras irradiamos ternura, alegría, valentía,
lucidez y una hospitalidad capaz de curar las heridas más profundas.

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Perdón Señor si en estos años de vida congregacional nos hemos desviado del camino, tu camino,
buscando senderos más cómodos y seguros, caminando a nuestro ritmo diseñando proyectos que no
coinciden con tus sueños. Perdón Señor si desfiguramos tu verdad por evitarnos tus exigencias.
Perdón por este corazón desagradecido que no valora el don de nuestra vocación hospitalaria.
Perdón, por los momentos, espacios y personas que nos hablaron de ti y preferimos ser indiferentes.
Perdón Señor cuando llamadas a la vida ofrecimos signos de muerte. Perdón cuando dejamos de
alimentar nuestra vida comunitaria por defender nuestros espacios individualistas. Perdón si no
alimentamos la vida espiritual por dejarnos arrastrar por el activismo y la rutina. Jesús hospitalario de
ti viene el perdón, porque tenemos la certeza de que eres nuestro camino, nuestra verdad y nuestra
vida.


CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

Este texto habla de vida familiar, de hogar, de Padre, por lo tanto de hijos y de hermanos. El Señor nos
pide una mayor adhesión a El, valorando los espacios de oración personal y comunitaria. El llamado es
a vivir la vocación dentro de un espacio fraterno, valorando el perdón, la aceptación mutua, los
espacios de distensión y de encuentro. Acojamos el Capítulo y el proceso de reestructuración con
disponibilidad y mucha confianza.

                                                                                Blanca Flor GUERRERO, HSC
                                                         Hospital Mental Ntra. Senora del Perpetuo Socorro
                                                                                           Pasto - Colombia




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                                                                    Sábado de la 4ª semana de Pascua

                             “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”

TEXTO: Juan 14, 7-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Si me conocéis a mi, conoceréis también a mi Padre.
Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.» Felipe le dice: - «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús
le replica: - «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha
visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”?
¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El
Padre, que permanece en mi, hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mi. Si no,
creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mi, también él hará las obras que yo hago, y aún
mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea
glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

“Quien me ve, ve al Padre”. Es así que, abiertamente y sin rodeos, Jesús presenta al Padre. Pero, ¿cómo
comprender esta intimidad entre el Padre y el Hijo, de tal forma que ver al Hijo es ver al Padre? Las
palabras con las que Jesús anuncia el Padre y las obras que realiza tienen un objetivo: revelar al Padre,
suscitar la fe y hacer a los hombres participes de la vida de Dios.
Felipe aún no entiende esta revelación, aún le falta el Espíritu de la Verdad. Sin el Espíritu, fuente de
luz y sabiduría, todos somos ciegos, nadie ve al Padre en el Hijo. Solo el Amor trinitario nos abrirá la
mente, el corazón y las manos.
“Quien me ve, ve al Padre”, estas palabras revelan la armonía de amor entre el Padre y el Hijo, armonía
que es perfecta, plena, misterio y promesa. Es perfecta porque la voluntad del Hijo es siempre la del
Padre. No hay palabra que salga de la boca de Jesús ni gesto que salga de sus manos, que no sean
fruto de la voluntad del Padre. Todo lo que Jesús habló fue en nombre del Padre, todo lo que hizo fue
en obediencia al Padre, hasta la entrega total, por amor, en la cruz, donde entregó también al propio
Dios. Es el Padre, el Hijo y el Amor, uno y trino que se entregan por nosotros.
La armonía entre el Padre y el Hijo es plena, porque todo llena. En el Padre no puede faltar nada,
porque Él es la plenitud del Amor y en el Hijo nada puede faltar porque Él siempre estuvo en el Padre.
Esta armonía es también misterio, aceptar ver al Padre en el Hijo, que solo podemos entender a la luz
de la fe. Y si los ojos de la fe no te permiten ver a Dios en Jesús, por lo menos “cree a causa de mis
obras” (Jn 7, 11b). Esta armonía es promesa, si lo pedimos también nosotros podremos glorificar el
Padre a través de las obras que realizaremos en Su nombre.


MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Effatá, ábrete. Escucha de nuevo esta palabra y disponte a conocer al Hijo, pues si conoces al Hijo,
recibirás la promesa del Padre. Ábrete. Ve con un corazón nuevo y profundo, capaz de servir y amar a
los hermanos y glorificarás al Padre con las obras de la caridad hospitalaria.


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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

Sin el Espíritu de Dios, nadie conoce el camino, pero si le invocas conocerás Su voluntad para la
misión hospitalaria. ¡Pide! No tengas miedo de pedir, “lo que pidas en Su nombre, Él te lo concederá”
(Jn 7,14), para que puedas continuar a glorificar el Padre en la misión a la cual El mismo te ha llamado:
a ser misericordia junto del sufrimiento humano.
Únete totalmente a Jesús, a Su Corazón. Suplica el deseo de conocer al Hijo, mendiga su Amor,
escucha su Palabra y serás también tu imagen del Padre y testigo del amor con el cual Dios cuida a los
hombres, sobre todo, a los más frágiles. Hemos de beber de la fuente, de la fuente que sacia. De ella
otros podrán beber también si, con tu vida, les revelas el camino.

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Experimentemos la fuerza del amor y “tengamos nuestra mirada fija en Jesús, acordándonos que Él es
nuestro Buen Padre y que Él sabe dirigir todo para nuestro Bien, si le buscamos y muy de veras queremos
servirle pues así Él lo ha prometido y su palabra no puede faltar” (Benito Menni, C. 505).

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

¿Medito la Palabra con un corazón puro de forma que Dios purifique mis palabras, gestos y actitudes
y así pueda revelar, exaltar y glorificar el Padre junto a toda la Comunidad hospitalaria?


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                                                                   Oficinas Provinciales – Lisboa - Portugal




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                                                                                  V Domingo de Pascua

                    “El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante”

TEXTO: Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo
sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no
permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante;
porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se
seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen
en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto
abundante; así seréis discípulos míos.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?


El pasaje que se nos ofrece forma parte del discurso de despedida que el evangelista Juan ha insertado
entre el diálogo que sigue al lavatorio de los pies y el relato de la pasión. Las palabras anteriores a
nuestro texto son: “Levantaos. Vámonos” (Jn 14,31); como si hoy se nos dijera: a vosotros os toca
hacer un esfuerzo, levantaos, vamos.
La comunidad a la que se dirige Jesús es una comunidad con dificultades, sin la presencia física del
Maestro, pero con la promesa de que el Espíritu Consolador la acompañará (cf. Jn 14, 26). Desde estas
coordenadas podemos acercarnos a la Palabra: una comunidad hospitalaria en momentos no fáciles y
con el deseo sincero de “recrear la hospitalidad”, convencida de que sin la acción del Espíritu no va a
dar frutos, dispuesta y atenta hoy a la invitación de “levantarse y permanecer en Jesús”.
Escuchamos con el corazón la Palabra: Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo
sarmiento que en mí no da fruto lo corta, y todo el que da fruto lo limpia, para que dé más fruto…
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no
permanecéis en mí… Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da
fruto abundante, porque sin mí no podéis hacer nada… Si permanecéis en mí, pediréis lo que deseéis
y se realizará… Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante, así seréis discípulos
míos.


MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Jesús deja claro con esta bella alegoría que él es la vid, los sarmientos son los discípulos, el viñador es
el Padre y los frutos tienen que ser las obras del amor. El tema central (Jn 15,1-8) gira en torno a la
expresión “permanecer unidos a Jesús” y la consecuencia es “sin esa unión permanente no podéis dar
fruto”. Permanecer unidos a él es condición para que nuestras obras de caridad, la hospitalidad, sea
acción del propio Señor. Estamos injertados en él por el bautismo, sarmientos y cepa forman la vid.


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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

La expresión “permanecer en Jesús” se repite con insistencia. Ahí está el secreto del fruto hospitalario,
del servicio realizado con las actitudes de Jesús al que hoy el Espíritu nos envía “con otros” para ser
Buena Noticia. Solo así seremos “testigos de que el Cristo compasivo y misericordioso del evangelio
permanece vivo entre los hombres” (Const.5), única razón de existir como Congregación. Además,
Jesús no habla de un sarmiento sino de los sarmientos. Una cepa tiene varios y son diferentes; el fruto
va a ser de todos si, enraizados en la misma vid -Cristo-, están unidos con El y entre ellos.


ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Señor Jesús, gracias porque al enviarnos a la viña de la hospitalidad cuentas con que daremos fruto.
Haznos disponibles para dejar lo que nos impide permanecer íntimamente unidos a ti y entre
nosotros. Aceptamos con sencillez y gratitud que tu Padre, viñador amoroso, tenga que realizar una
dura poda de modo que la respuesta vocacional a la hospitalidad sea “obra tuya” y llene de esperanza
y de gozo a “los pobres”. La poda, Señor, produce dolor, pero saber que el viñador ama a su viña nos
abre a la confianza y con el P. Menni repetimos “de mí desconfío, en tu Corazón confío y me
abandono”.
Necesitamos tu luz y tu fortaleza, primero para decidir con el Evangelio de la Misericordia qué hemos
de “dejar”, “renovar”, “iniciar”, como personas y como institución, y, en segundo lugar, para llevar a
efecto con “decidida decisión” lo que el Espíritu vaya alumbrando con su luz. Lo necesitan, Jesús, las
Hermanas y cuantos de algún modo van a tener una mayor participación en el Capítulo y lo
necesitamos todos. Por eso, insistimos con el salmista “Ven a visitar la viña que tu diestra plantó y que
tú hiciste vigorosa” (Sal 80,16)

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

Recrear la hospitalidad hoy, requiere un serio discernimiento en la Congregación, no sólo durante el
Capítulo. Además, fomentar la comunión es indispensable, así como estar dispuestos a que el Padre
Dios pode, limpie en nosotros aquello que nos distancia del Reino de modo que demos los frutos que
el Resucitado espera.



                                                                              Maria Dolores ALDABA, HSC
                                                               Centro Socio-Sanitario Ntra. Sra. Del Carmen
                                                                                         Valencia – España




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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

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                                                                      Lunes de la 5ª semana de Pascua

                       “El Defensor que enviará el Padre os lo enseñará todo”

TEXTO: Juan 14, 21-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me
ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.» Le dijo judas, no el
Iscariote: - «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?» Respondió Jesús y
le dijo: - «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos
morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre
que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo,
que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os he dicho.

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

Este texto es un ejemplo de cómo se practicaba la catequesis en las comunidades de Asia Menor al
final del siglo primero. A través de las preguntas de los discipulos y de las respuestas de Jesús, los
cristianos se iban formando y encontraban la orientación para su diario vivir. Delante de la pregunta
de Judas y de la respuesta de Jesús hay dos actitudes sobre la Palabra: el que tiene y el que guarda,
ese es el que ama. Las dos actitudes sobre la Palabra son brújula para la vida de los cristianos, al
observar el mayor mandamiento del amor al prójimo y a Dios, la persona cumple toda la ley. Y quien
ama, será amado por el Padre que hará en el su morada.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

La pregunta de Judas, puede ser también la nuestra en estos tiempos: “¿qué ha sucedido para que te
reveles a nosotros y no al mundo?» ¿Qué pasará con nosotros si no damos lugar a lo nuevo que está
naciendo? ¿Qué pasará después de este XX Capitulo general? La respuesta de Jesús a Judas ilumina
nuestras palabras, gestos y posiciones, siempre, pero particularmente en estos tiempos de búsquedas
y reflexiones.
La Palabra de Dios es faro en la vida personal y comunitaria, y referencia obligatoria para el
discernimiento (MH 14). Es la llave que abre todas las puertas. El criterio máximo para Jesús es la
Palabra transformada en vida. "Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y
vendremos a él, y haremos morada en él. Quien no me ama, no guarda mis palabras”. Este fue
también el eje para San Benito Menni y para las primeras hermanas. Hicieran de la experiencia de la
Palabra, escuchada, orada y contemplada el fundamento y el dinamismo de donde brotaba el
compromiso con el seguimiento y con la misión sanadora en favor de los enfermos.
Nosotros estamos invitados a poner todo el dinamismo y creatividad en la encarnación de la Palabra y
así manifestar al mundo el amor del Padre. Para nosotros, ¿Cómo se manifiesta el amor del Padre?
Está en la riqueza del carisma hospitalario y la trayectoria histórica de vida y acción en el corazón de la
humanidad. En la santidad de nuestros Fundadores y de tantos hombres y mujeres de ayer y de hoy,
que en estos 131 años hicieron visible el amor y la ternura del corazón de Dios. Nuestra historia es un
gran mosaico de hechos que manifiestan la acción salvífica de Dios a favor de la Vida. La Palabra

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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

encarnada es fuente de renovación para la comunidad, ayuda, orienta, enseña, reprende, aconseja,
regala energía, fuerza, nos hace soñar y es transformadora. La vivencia del Carisma hospitalario
genera vida en abundancia para quien lo vive y para quien recibe su acción en las diferentes
realidades y culturas. La historia hospitalaria es una red de hechos tejida de la manifestación del Padre
y es al mismo tiempo lugar de realización de la promesa de Jesús: Yo y mi Padre vendremos a él y
haremos morada en él.
Ha llegado la hora de glorificar y hacer más conocido el nombre de Jesús a través de nosotras. Al
ampliar nuestros horizontes y reorganizar nuestras actividades apostólicas, surgen un nuevo Cielo y
una nueva tierra para todos.

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Gracias, Señor, porque cuentas con nosotras y por la oportunidad de hacer posible tu acción salvífica
en esta hora de la historia. Gracias por tu amor que nos motiva a practicar la hospitalidad, pero
también perdón por lo que no hacemos según tu querer. Queremos acertar y continuar con vigor y
entusiasmo el camino comenzado. Nuestra historia es gloriosa, porque es tuya, queremos continuarla
como discipulas escuchando, acogiendo y caminando con esperanza y creatividad a ejemplo de tu
Madre.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

Como discipulas y aprendices de la hospitalidad somos llamadas a implicarnos en la acción, a través
de palabras y hechos. Hagamoslo sin miedo, lo que Él nos pide guiadas por su Palabra y por las
diversas mediaciones que se nos presentan, porque en la hora cierta el Maestro nos enseñara todo y
nos recordará todo. Somos guardianes del tesoro de la hospitalidad. Con sabiduría, audacia y
creatividad el tiempo que vivimos es tiempo de bendiciones y de kairós.


                                                                                       Lurdes VIEIRA, HSC
                                                                      Lar Dona Conceiçao – Sergipe - Brasil




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                                                                    Martes de la 5ª semana de Pascua

                                            “Mi paz os doy”

TEXTO: Juan 14, 27-31a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da
el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a
vuestro lado.” Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo
he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo. Ya no hablaré mucho
con vosotros, pues se acerca el Príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mi, pero es necesario
que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda yo lo hago.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

Si el evangelio de ayer concluía con la promesa del Espíritu como maestro de todo lo que Cristo dijo a
sus discipulos, el de hoy empieza con otro don de Jesús a los suyos al despedirse de ellos: ”la paz os
dejo, mi paz os doy”.
La paz de Cristo es el conjunto de todas las bendiciones mesiánicas de la nueva alianza, contenida en
una palabra, la vida, y en una realidad clave, la salvación de Dios. De hecho, sigue Jesús, “no os la doy
como la da el mundo”. La paz de Cristo difiere absolutamente de la paz que da el mundo, o aquella
que las personas que tienen el poder del mundo en sus manos piensan dar. La paz de Dios es un don
espiritual y gratuito que brota del favor divino, es decir del amor del Padre y del Hijo a los suyos, que
así se saben amados y reconciliados con Dios. Es el objeto de nuestra esperanza escatológica. Por eso
es distinta de la paz interesada y temporal que da el mundo, basada únicamente en la ausencia de
guerra y violencia o bien en el equilibro de fuerzas.
“Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: me voy y vuelvo a vuestro
lado”. La paz de arriba alienta en el creyente la alegre seguridad de la permanente presencia de Cristo
por su Espíritu. El discurso de la despedida de Jesús no debe provocar en los discípulos miedo y
desazón, sino paz y alegría, porque, de hecho, Jesús va a la gloria del Padre, de quien vendrán a
nosotros todas las bendiciones con su paz: “si no me voy, no vendrá o vosotros el Paráclito” (Jn 16, 2)

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Como familia hospitalaria, llamada y enviada bajo el impulso del Espíritu, llevamos el anuncio de la
paz de Dios a todos los hombres en todos los sitios. Fundados en el amor, la solidaridad, la
compasión y la comprensión, debemos ser mensajeros de la paz para todos aquellos con quienes nos
relacionamos sobretodo con los enfermos, los más necesitados, los más angustiados. Como el don de
la paz que otorga Jesús es El mismo, con razón podemos llamar a Cristo “nuestra paz” como afirma
San Pablo (Ef. 2,14)

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

¿Cómo podemos ser mensajeros de la paz de Dios sin poseer esta paz en nosotros mismos? Como
hospitalarios, hermanas y colaboradores, realizamos la misión salvadora con Jesús, nuestra paz, en

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este mundo tanto angustiado. Pedimos al Señor que nos llene de una serenidad autentica durante la
celebración de la Eucaristía de este día, cuando las plegarias litúrgicas de la comunidad se centren en
el tema de la paz que recibimos de Dios. Y que esta paz nos transforme y nos dé una verdadera
libertad interior para llevar a Jesús, la verdadera paz del mundo a nuestros hermanos y hermanas y a
los más necesitados.
Seño, Díos nuestro, te glorificamos porque tu Hijo Jesús Cristo, selló con su sangre la nueva alíanza. Él
es nuestra “Paz” definitiva y hace posible los dones de tu amor: gracia y salvacion, favor divino y
reconciliacíon con Díos y hermanos

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

A veces, olvidamos que Jesús es nuestra verdadera paz, y nos ‘entregamos’ a aquella de este mundo,
sobre todo cuando nos sentimos invadidos por nuestras tareas y perdemos la vision o la razón de ser
mensajeros de la paz de Dios. Necesitamos la conversion del corazón, de tener siempre nuestra
mirada fijada sobre el fin divino de nuestra llamada. Somos también llamadas a cambiar la mentalidad
que nos lleva a pensar la paz como ‘acomodacion’, y convencernos de que la paz solo nace donde
exite libertad interior. En este tiempo de oracion, dejemos curar nuestras heridades interiores para ser
verdaderos mensajeros de la paz de Dios en mundo tanto herido.




                                                                                         Odile EDOH, HSC
                                                              Benito Menni Health Centre – Obuasi – Ghana




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                                                                   Miércoles de la 5ª semana de Pascua

                    “El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante”

TEXTO: Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo
sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Corno el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no
permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante;
porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, corno el sarmiento, y se
seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mi, y mis palabras permanecen
en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto
abundante; así seréis discípulos míos.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

Los versículos del texto de Juan forman una alegoría en la que los personajes representan otras cosas
y, de manera simbólica, expresan un significado más profundo. En esta ocasión: el Padre es el
labrador, Cristo es la vid, los discípulos son las ramas y los que no permanecen en Cristo son ramas
inútiles. Esta alegoría o parábola refleja que, como en cualquier vid, los sarmientos o ramas dan fruto
a través de la savia que les proporciona la vid. Pero solo en la vid verdadera, Cristo alimenta a sus
discípulos a través de su palabra, de la Biblia. Esto es el principal alimento necesario para que demos
fruto. En ocasiones, para que las vides den fruto más abundante se deben podar. Esto puede parecer
duro en ocasiones pero renueva la vitalidad de las viñas. Las ramas inútiles roban la fuerza de la
planta, reducen el valor de la viña.
El texto refleja la insistencia en que los discípulos deben permanecer en él al igual que sus palabras. La
clave para permanecer unidos a Él es el recurso de la oración. La oración que se realiza
permaneciendo unidos a Jesús es la que realmente hace que la savia, su Palabra, les llegue de forma
adecuada para alimentarlos y dar el mayor fruto posible. A través de esta oración se podrá pedir lo
que se quiera y se obtendrá, pues no se pedirá nada que no convenga.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

“El sufrimiento”: El labrador “cuida” la vid para aumentar su productividad. “Todo pámpano que en mí
no lleva fruto, le quitará” (v2a) y “todo aquel que lleva fruto, le limpiará para que lleve más fruto” (v2b).
Si la rama no produce la corta pero si la vid produce el labrador la poda para mejorar su fruto. El
cuidado cariñoso del Padre significa que nosotros como fieles cristianos podamos esperar que el
dolor también sea parte de nuestras vidas. La vida tiene dolor pero éste, como nos dice el texto de
Juan, no es necesariamente señal de que Dios está descontento. Al contrario, el dolor bien puede ser
señal de que Dios aún está amoldándonos, dando forma a nuestras vidas, ayudándonos a ser mejor, a
mejorar nuestro fruto.



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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

“Siempre la oración y en oración”. En nuestro día a día, tenemos que estar en su presencia. Mientras lo
estemos su fuerza se hace presente en todas las cosas que hacemos a través de la oración. Tan pronto
como le volvemos la espalda, nuestra fuerza empieza a desvanecerse. En ocasiones, estamos tentados
a pensar de otra manera. Nuestra vida de oración se echa a un lado a favor de ocupaciones y tareas.
Nuestros valores verdaderos se revelan a través de la manera en que establecemos nuestras
prioridades o dejamos que se establezcan por sí mismas: reuniones, presentaciones, proyectos,
ponencias,… Sabemos que debemos orar, pero la oración se pierde fácilmente entre las prisas. En
ocasiones, esperamos que una rápida oración sea suficiente, pero claramente Jesús nos dice que
“permanezcamos en Él”. La savia, su Palabra, no llegará, no alimentará y nos dará fuerzas si no
mantenemos una actitud continua de escucha. Nuestra vida no debe ser controlada por lo que nos
“gusta” si por lo que Él nos pide que solo lo sabemos a través de la oración.

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Padre, te pedimos perdón, por pensar en ocasiones que podemos dar frutos sin estar unidos a ti, sin
orar como Tú nos enseñaste: en actitud de escucha, recogimiento, en la intimidad de cada uno y en la
“intimidad” de la comunidad. Perdón por no entender los momentos de poda que tenemos en
nuestra vida que siempre son para hacer que nuestro fruto sea mayor.
Padre, te damos gracias por enviarnos tu Palabra, nuestro alimento, en cada momento aunque en
ocasiones no la sepamos o queramos entender o asumir. Tú insistes, nos cuidas y nos “podas” para
hacernos todavía mejor.
Padre, te ofrecemos nuestro compromiso contigo, y solo de éste ofrecernos y entregarnos desde ti y
desde tu Palabra, a nuestra Comunidad Hospitalaria, principalmente a los más necesitados y sus
familias pero de igual forma a colaboradores, hermanas, voluntarios.
Padre, te pedimos en estos días de reflexión capitular que nos orientes, nos ayudes, nos alimentes
para que nuestro trabajo de este mes de mayo, que se reflejará en los próximos años, sea de acuerdo
a tu voluntad y no a la voluntad individual de cada uno de nosotros. Solo de esta forma tendremos la
seguridad de que el fruto que demos será el que Tú quieres y esperas.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

“Cómo el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviera en la vid; así ni vosotros, si no
estuvierais en mí”. Desde su alimento, desde la Palabra, desde nuestra oración “…debemos salir de
nosotros mismos y servir… Colocar el amor como clave del Evangelio y del sentido de la vida… una
actuación y un sentido hospitalario desde lo cristiano y desde lo racional y solidario” (“Marco de
Identidad”, p. 18, 19).
A partir de la Palabra y a través de la oración individual y comunitaria que forma parte de nuestro día
a día, con conciencia de dependencia y permanencia en Cristo, vivir con fundamento cristiano
nuestros valores en el servicio a los demás: sensibilidad, servicio, acogida, salud integral, calidad,
humanidad, ética y conciencia histórica… que no es nada más y nada menos que vivir la
HOSPITALIDAD de una forma completa y sincera hacia, por y para los demás.


                                                                            Emilio Rodriguez, Colaborador
                                                                  Oficinas Provinciales - Madrid - España




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                                                                   Jueves de la 5ª semana de Pascua

              “Permaneced en mi amor, para que vuestra alegría llegue a plenitud”

TEXTO: Juan 15, 9-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo;
permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo
he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que
mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

La palabra clave está en el “permanecer” en Cristo, aquí está el núcleo de la obra del Padre en
nosotros. La dinámica del amor aparece, en su doble movimiento de ser amado y amar, y con el
resultado final de esta experiencia: el amor fundante o “amor primero” (v. 9ª). La respuesta al “amor
primero”: “permaneced en mi amor” (vv.9b-10). El resultado del amor: la plenitud de la alegría (v.11).
En este pasaje contemplamos la centralidad de Jesús: de qué manera Él nos “pertenece” y cómo se le
“pertenece” a Jesús. Si impulsados por Su Espíritu nos dejamos hacer por El... Su Vida en nosotros
comenzará a producir los frutos que el XX Capítulo General está gestando.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Permanecer es anclar nuestra vida hospitalaria en Dios, abrirnos a la confianza y dejarnos conducir por
Dios, Padre/Madre. El XX Capítulo General nos invita a tomar conciencia de determinadas actitudes
que son llamadas a revitalizar aquello que ya somos y que nuestra inconsciencia nos impide
reconocer.
El amor recibido es el que nos hace capaces de amar. Es así como Jesús nos cuenta el secreto de su
vida, de su alegría, de su fecundidad misionera. Él dice: “SOY AMADO”: “ Como el Padre me amó, yo
también os he amado a vosotros” (v.9). Igualmente el discípulo, cada uno de nosotros hemos sido
amados. Y nos presentamos al mundo diciendo: “ Yo soy uno que ha sido amado”.
Juan de Dios, manifestaba con su vida el Amor, la Humanidad de Jesús; pero necesitó de Juan de
Avila para dar nombre a aquello que le impedía reconocer Su Presencia, el lugar de Su Permanencia.

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

La respuesta al “amor primero”: “Permaneced en mi amor” (vv. 9b-10). El amor pide reciprocidad. Jesús
solicita al discípulo qué tipo relación quiere que tengamos con EL. Y nosotros respondemos con tres
decisiones: a) Dejarse amar; permanecer en su amor es insertarse en El. b) Actuar según el querer de
Dios; Permanecer en su amor es querer lo que El quiere. c) Ser como Jesús; permanecer en su amor es
darle solidez a todas nuestras relaciones.
Estas tres decisiones del discípulo frente al Amor recibido, no son momentos puntuales, sino acciones
constantes, es la manera como se cultiva la responsabilidad, la respuesta en fidelidad. Esto es lo que
hoy te pedimos, Señor, en nombre de toda la familia Hospitalaria.


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CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

El resultado del amor: la plenitud de la alegría (v. 11). “Os he dicho esto, para que mi gozo esté en
vosotros y vuestro gozo sea colmado”. El objetivo del Evangelio es llenarnos de alegría el corazón.
Estamos en tiempo de Pascua y la Alegría Pascual inunda nuestra vida, nos invita y anima a mirar la
vida desde otra perspectiva más alta, y no sólo en Tiempo de Pascua, atendiendo a los más
necesitados de la tierra. Que sepamos dar el giro, invertir nuestros intereses por Sus intereses, los del
Reino. Descubramos la Permanencia – Presencia de Dios en este momento Capitular.
                                                         “ Aleluya, aleluya, Jesús ha resucitado” (C. 452)




                                                                                  Maria José MARCOS, HSC
                                                                               Clinica psiquiatrica P. Menni
                                                                                        Pamplona – España




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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…


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                                                                  Viernes de la 5ª semana de Pascua

                            “Esto os mando: que os améis unos a otros”

TEXTO: Juan 15, 12-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Este es mí mandamiento: que os améis unos a otros como
yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis
amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su
señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No
sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y
deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os
mando: que os améis unos a otros.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

El Evangelio de Juan nos ofrece el texto en un contexto después de la última cena celebrada por
Jesús, donde se presenta como la “vid verdadera”, en un tono afectivo de despedida antes de su
muerte, dando énfasis de lo esencial para sus seguidores, para sus “amigos y elegidos”, desde la
certeza que nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Así el texto de hoy inicia
con el mandato: este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado
y finaliza con el mismo mandamiento diciendo: lo que os mando es que os améis los unos a los otros.
Mandamiento de amor que a lo largo de la historia cristiana ilumina y sostiene a la Iglesia presente
en el mundo.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

El texto nos lleva a pensar en el paralelismo de Jesús y de María Josefa, al final de sus vidas donde
ambos emiten el mismo mandamiento el de “amarse unos a otros “ dirigiéndose a “sus amigos” a sus
más cercanos; en un contexto de inicio de la Iglesia e inicio de la Congregación, la misma portadora
de un Carisma de amor y compasión, desde la experiencia de la misericordia de Dios hecha por los
fundadores y las primeras hermanas que acogieron, entendieron e hicieron vida de dicho mandato en
la realidad que les tocó vivir.
Recrear la hospitalidad hoy implica nuevamente acoger este mandato en la comunidad hospitalaria,
para hacer posible el “ámense”, verbo que implica: empatía, acoger, servir, trabajar juntos, dar todo
de sí e incluso la propia vida, tener una mirada diferente a lo que comunmente nos ofrece la
sociedad. Mandato que a su vez puede dar sentido el ser y hacer hospitalidad en el mundo de hoy.
Desde una convicción clara y definitiva de ser elegidos por el Señor a una misión: “no me habéis
elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis
fruto, y que vuestro fruto permanezca”.

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Te damos gracias, Señor, por el carisma de Misericordia, dado a nuestros Fundadores y a tantas
hermanas y colaboradores, que a lo largo de la historia hospitalaria han hecho posible su existencia.
Gracias también por llamarnos a esta misión y consideranos tus “amigos”. Danos la certeza de tu
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               La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

amor, de tu entrega y la capacidad de recrear la hospitalidad en nuestro tiempo, para el bien del
hombre que sufre y necesita de tu Amor sincero, gratuito y total.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

La Palabra de hoy nos invita a no tener miedo a “dar la vida” viviendo su mandato de amor,
renovando nuestras actitudes de “servir y amar sin límites” propio de Benito Menni y María Josefa,
desde una mirada contemplativa de la misericordia de Dios en nuestra vida, como la de María
Angustias.
Finalmente el Señor nos invita a comprometernos radicalmente a “renovar la hospitalidad hoy”
haciendo vida su mandato de amor, en gestos concretos de misericordia en la comunidad
hospitalaria, desde una clara convicción de ser “sus amigos y sus elegidos” para esta misión.



                                                                             Epifania SUSAÑO , HSC
                                                                  Comunidad Formativa del Noviciado
                                                                              Cochabamba – Bolivia




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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

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                                                                  Sábado de la 5ª semana de Pascua

              “No sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo”

TEXTO: Juan 15, 18-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:- «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes
que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del
mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os
dije: “No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si
han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.” Y todo eso lo harán con vosotros a causa de
mi nombre, porque no conocen al que me envió.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

“Si el mundo os odia, sabed que a mí me odió primero. Yo os escogí de entre los que son del
mundo…, porque ya no sois del mundo… Ningún siervo es más que su amo’ (vv. 18-20). El Evangelio
cautiva con sus palabras de verdad. En él se habla la relación entre el Maestro y el seguidor/siervo,
una relación de quien no busca ser más que el otro, sino seguir sus pasos, identificarse con el Maestro
disponiéndose a recorrer su mismo camino ya que “ningún siervo es más que su amo”.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Jesús nos presenta su persona como modelo para los que quieren seguirle y su vida como ejemplo
para los que Él ha escogido del mundo como sus seguidores. Quiere enseñarnos cuanto cuesta ser su
discípulo, no para desanimarnos sino para presentar lo que significa, verdaderamente, ser discípulo,
pues ‘ningún siervo es más que su amo’.
Nosotras somos llamadas para seguir a Jesús. Es un camino no fácil, es un camino marcado por la vida
y el ejemplo de Jesús. Lo que Él pasó lo pasaremos también a nosotros si somos seguidores
auténticos. Jesús sabe que nos llegará la persecución y el odio del mundo. Es el signo de una
autentica vida cristiana; cuanto más queramos seguir a Jesús más nos encontraremos con las
contradicciones o el sufrimiento. Jesús nos conoce y sabe que muchas veces nos desanimamos, por
eso El mismo nos anima, dándonos el ejemplo y mostrando con su misma vida que solo el sufrimiento
por amor tiene sentido. Él camina con nosotras, hoy, alentando el caminar, por muy difícil que sea.
La comunidad que vive en Jesús, de Jesús y por Jesús sabe vivir todos los momentos como tiempo de
gracia y alegría, experimenta el gozo de sentirse llamada a colaborar en la misión salvadora y
sanadora de Jesús. Recordemos las palabras del P. Menni: ”Es necesario, si la obra ha de ser de Dios,
que se encuentren tropiezas y dificultades” (C. 174, 1).
La experiencia del Capitulo General, vivida en esta perspectiva, es un momento de gracia para buscar
y discernir juntas la voluntad de Dios para nuestra vida y misión en el mundo de hoy, para que la
hospitalidad sea cada vez mas transparencia del amor misericordioso y compasivo de Dios.




ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…


Alabado sea Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo por todo. Gracias Señor por haber sido llamadas a Tu
seguimiento, por el don de la vocación Hospitalaria y por haberla seguido. Gracias Señor por este
momento de gracia para toda la Congregación. Haznos vivir el gozo de nuestra convocación en
espíritu de alegría y disponibilidad, aunque muchas veces experimentemos la contradicción y el
sufrimiento, para vivir mejor la Hospitalidad, dándole un nuevo rostro en el mundo de hoy, según Tu
Corazón.
Señor, muchas veces sufrimos también con nuestros hermanos enfermos. Haznos participar en Tu
pasión y también en el gozo de Tu resurrección. Enciende en nuestros corazones el fuego de Tu amor,
la pasión por Ti y por la humanidad y ayúdanos a ser mujeres sanadoras en el mundo del dolor,
mujeres que se transforman en “corazón de Dios”.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

Vivamos más con radicalidad nuestra llamada a la Hospitalidad, como decía el Padre Menni: “Nuestro
Benditísimo y Adorado Jesús no nos faltará a su palabra; pues aunque tengamos que pasar algunos
trabajitos, Él nos sacará de todo. Decidme hijas mías, si no hubiéramos de pasar algún apurillo para
hacer el bien, ¿qué mérito tendríamos? Sea pues, hijas mías, vuestra sed, vuestro deseo, vuestro anhelo el
imitar al glorioso Padre y Patriarca San Juan de Dios, que no miraba sino cómo sacrificarse para aliviar
a los pobres por amor de Jesucristo” (C. 346, 1,2).




                                                                              Juliana Sember PEDRO, HSC
                                                                       Comunidad Formativa del Noviciado
                                                                                         Cebú – Filipinas




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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

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                                                                                VI Domingo de Pascua

              “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”

TEXTO: Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo;
permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo
he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que
mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis
unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe
lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a
conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para
que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.
Esto os mando: que os améis unos a otros.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

La perícopa de Juan, 15, 9-17, sobre la que vamos a orar, se sitúa en el discurso de la despedida de
Jesús. Él va a morir, va a entregar su vida por todos nosotros y quiere que guardemos sus palabras
no como el testamento de un muerto, sino como las palabras del Resucitado, del Hijo de Dios.
Después de una lectura atenta de este texto, encontramos elementos que nos ayudan a
comprender su contenido y, sobre todo, el mensaje de Jesús.
Sus afirmaciones son categóricas. Todo el texto es una afirmación, una Palabra comprometida, una
propuesta de vida: Como el Padre me ha amado así os he amado yo. Permaneced en mi amor… Si
guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos
de mi Padre, y permanezco en su amor… Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros y
vuestro gozo sea colmado… Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como
yo os he amado.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Estamos ante un texto clave para la vida de un creyente, para la vida de una Hermana Hospitalaria. En
él encontramos elementos fundantes para nuestra vida espiritual, fraterna y apostólica: la invitación a
permanecer en el amor de Jesús, derramado en nuestros corazones, nos conduce al amor de amistad,
de intimidad con él. “Ya no os llamo siervos, os llamo amigos porque todo lo que he oído a mi Padre os
lo he dado a conocer. Os llamo amigos porque el amigo sabe lo que hace su señor”.
El mandato de Jesús, como no podía ser de otra manera, ha estado siempre presente en la vida de la
Congregación y desde este mandato se entiende nuestra vida fraterna. María Josefa con su
testamento: “Hermanas mías, ámense sinceramente las unas a las otras” y María Angustias con su
máxima, “unión de corazones”, pusieron en la primera comunidad de hospitalarias los cimientos de la
Institución, afirmando que la caridad es el fundamento y vida del Instituto (cf. Const. 51).
También en este texto de Juan, encontramos nuestra razón de ser en la Iglesia: el ejercicio de la
caridad hospitalaria, vivida en estado de consagración (Const. 2). Jesús nos ha elegido para estar con él

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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

y para ser enviadas a dar fruto, en nuestro caso el fruto de la caridad en favor de los enfermos, “vivas
imágenes de Jesús”.

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

“Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederé”. Que tu Palabra viva y eficaz, y
que hoy regalas a la familia hospitalaria, no vuelva a Ti vacía, sino que encuentre en todos y
de modo especial en las Hermanas capitulares, apertura de corazón y docilidad de espíritu
para dar fruto. Un fruto que podamos ofrecer y compartir en la mesa de la Hospitalidad con
hombres, mujeres y niños heridos por la enfermedad, pobreza, y marginación. Gracias por tu
amor revelado y regalado. Y gracias, porque de la mano de María, nos obtienes entrada y
permanencia en tu Corazón Hospitalario. Perdona la dureza de nuestro corazón para
penetrar y comprender la hondura de tu mensaje.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

En la escucha orante de la Palabra que hoy el Señor nos dirige, siento que nos llama a la conversión
de la mente y del corazón. Nos llama a permanecer en fidelidad al carisma recibido, a rencontrarlo,
revitalizarlo y recrearlo en el ejercicio de la caridad y a permanecer hasta el final al lado del enfermo.
A la luz de esta Palabra de Dios y de nuestras Constituciones: “cada comunidad realiza la misión que la
Congregación le confía y ésta, mediante la comunidad, acompaña y apoya a cada hermana en su
quehacer diario” (nº 63), somos invitadas a entrar en un proceso de discernimiento hospitalario, para
que cada comunidad, explicite su misión y la manera de realizarla desde su realidad concreta




                                                                                 Natividad CARBAJO, HSC
                                                                     Consejo Provincial – Palencia – España




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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

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                                                                    Lunes de la 6ª semana de Pascua
                                                                        Fiesta de S. Matías, Apóstol


             “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido”

TEXTO: Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo;
permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo
he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que
mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis
unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe
lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a
conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para
que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.
Esto os mando: que os améis unos a otros.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

Este texto nos presenta tres elementos fundamentales de nuestra vida cristiana y hospitalaria: El
elemento del amor, como fundamento de nuestra vida evangélica y hospitalaria; el elemento de la
elección gratuita, que nos obliga a ser humildes y agradecidos; el elemento de la fecundidad ya que el
amor sólo se puede verificar a través de nuestras actitudes y acciones.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Nos interpela profundamente la consecuencia lógica del Evangelio de hoy: si amamos hemos de
demostrarlo en todos los aspectos prácticos de nuestra vida. Un amor encerrado sólo en las palabras
no tiene ninguna fuerza. En cambio, un amor encarnado en acciones concretas es tremendamente
fructífero. ¿Nos amamos y no nos respetamos? Eso no es amor. ¿Amamos y no acogemos? Eso no es
amor. ¿Amamos pero no acompañamos? Eso no es amor.

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Experimento profundo agradecimiento pues el Señor se ha fijado en mí, me ha llamado por mi
nombre, me ha dicho: “…, miembro de la Familia Hospitalaria, da frutos auténticos de misericordia”.
Yo…, miembro de la Familia Hospitalaria, pido perdón porque esa misericordia que se me exige, y a la
que va asociada muchas otras actitudes, parece una planta mustia y seca. Me ordena: “Riégala,
abónala y cultívala”.




CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…


Hemos de convertir nuestro corazón, desarrollando actitudes de respeto, que es muy importante; de
humildad: ¿Quién soy yo para mirar por encima del hombro a mi hermano/a? De responsabilidad:
somos elegidos y enviados para dar frutos de Evangelio desde la Hospitalidad y la Misericordia, no
podemos tener las manos vacías.
Me exijo una única actitud continuada: Tener la mirada de San Benito Menni. Él sabía ver en el que
sufre al mismo Jesucristo. ¿Realmente son así nuestras miradas? ¿Sabemos ver en el enfermo que sufre
a Jesucristo que nos pide que le acojamos con entrañas, que le acompañemos, que respetemos su
dignidad y que, si es posible, le sanemos?




                                                                    Ramon Jacquet YESTE , Colaborador
                                                                       S. Benito Menni CASM de S. Boi
                                                                                   Barcelona – España




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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…


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                                                                     Martes de la 6ª semana de Pascua

                          “Si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor”

TEXTO: Juan 16, 5-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me
pregunta: “¿Adónde vas?” Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin
embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a
vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré. Y cuando venga, dejará convicto al mundo con
la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una
justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está
condenado.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

En este texto, Jesús anuncia con toda sencillez a sus discípulos du despedida, que a pesar de su
tristeza, es mejor para ellos, pues así podrá enviarles el Espíritu Santo. Él les hará conocer la verdad de
su proceso y el error del mundo. De hecho, el proceso terreno de Jesús mostrará que él es un
blasfemo pues se hizo pasar por Hijo de Dios, él, un hombre. Por este pecado será entregado a la
muerte. Aparentemente, satán parece haber ganado. Pero el Defensor que vendrá clarificará y
mostrará a sus discípulos: que el pecador es aquel que no cree en Jesús aunque haya visto las obras
que El realiza; el Justo es El, Jesús, el Hijo de Dios que vuelve al Padre; el condenado es satán.
Esta despedida no es un salir hacia la promesa como fue para Abrahán, Moisés o Jacob, es el final de
una misión cumplida, un volver a Aquel que le ha enviado, que El conoce y ama. Y es necesaria para
sus discípulos.
Jesús sabe la muerte que debe afrontar, pero no se preocupa por si mismo, sino de aquellos que
deberán continuar su misión. Les consuela delante de lo absurdo humano que les ha revelado y da un
sentido a ese ‘sin sentido’. Ellos están tristes porque saben que van a perder Aquel que conocen, en
quien habían puesto sus esperanzas de salvación, pero ellos no conocían el Espíritu, el defensor que
Jesús les promete.
Si Jesús es la presencia visible de Dios, el Espíritu Santo será la presencia ‘secreta’ de Dios, el tiempo
de la Iglesia. Ellos no comprenden aun que la salvación les llegará a través del fracaso aparente, pues
para Dios el fracaso no existe, todo tiene un sentido. Él consiguió sacar siempre cosas buenas del mal
aparente; Dios no mira según nuestra mirada humana.


MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

« Jesús parte, pero el Espíritu vendrá ». Jesús parte para el Padre: la muerte y las ‘muertes’ de cada día
son camino para el Padre. ¿Cómo vivo el misterio de la muerte? ¿Cómo hablo de él en la misión
hospitalaria? ¿Cómo acompaño a los que mueren y como ayudo a integrar las pequeñas muertes
diarias? ¿Cuál es mi esperanza y como la comparto?
 « Jesús parte y el Espíritu vendrá ». ¿Puedo yo vivir sin Jesús? ¿Qué lugar tiene él en mi vida? ¿Siento a
veces su ausencia? ¿Cómo dejo actuar al Espíritu Santo en mi vida?

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ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Perdón, Señor, por las veces en que no me acordé de darte el primer lugar en mi vida o cuando tuve
dificultad en creer que Tu puedes actuar cada día en mi corazón. Gracias, Señor, por todos los rostros,
por todas las personas que acompañamos en el camino hacia el Padre, camino compartido donde se
nos revela tu rostro. Alabado seas, Señor por tu espíritu que nos desvela Tu palabra. Ayúdanos a
escuchar.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

Vivimos cotidianamente junto a la enfermedad, al sufrimiento, a la incomprensión, al fracaso, a la
muerte, a la tristeza… entorno a nosotras y en nosotras… Jesús nos invita a acoger su Espíritu para
creer que por El todo es posible. Entonces nosotros seremos su oído para escuchar el grito de
nuestros hermanos; sus manos para servirles y aliviarles, su boca para hablarles y sonreírles, su
corazón para comprenderles en el más hondo de si mismos, sin juzgar. Entonces seremos el rostro
misericordioso y compasivo de Jesús. Es aquí donde Dios nos espera, nos acompaña, se nos revela y
nos hace crecer. ¿le veo?


                                                                                   Isabelle de Bourran, HSC
                                                         La Martinière – Saint Martin de Seignanx – Francia




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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

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                                                                  Miércoles de la 6ª semana de Pascua

                     “El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena”

TEXTO: Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis
cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena.
Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me
glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso
os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

“El Espíritu de la verdad (…) los introducirá en toda la verdad” (Jn 16, 13). El Evangelio cautiva con sus
palabras de verdad. En él habla Aquél que ha dicho: “Yo soy la Verdad”.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Jesús nos abre de par en par el misterio infinito de Dios y nos hace conocer su proyecto de amor
sobre la humanidad: nos da la Verdad. Pero la Verdad tiene la profundidad infinita del misterio.
¿Cómo comprenderla y vivirla en plenitud? Jesús mismo sabe que no podemos soportar su “peso”.
Por eso, antes de volver al Padre, en la última cena con los discípulos promete que enviará su mismo
Espíritu para que sea él quien nos explique sus palabras y nos ayude a vivirlas. La comunidad de los
creyentes conoce la verdad porque vive de Jesús. Al mismo tiempo está en camino hacia la “plenitud
de la verdad”, bajo la guía segura del Espíritu.
¿Cómo vivir esta Palabra de Vida hoy? “El cristiano debe caminar bajo el impulso del Espíritu, para
que el Espíritu pueda obrar en su corazón con su potencia creadora y llevarlo a la santificación, a la
divinización y a la resurrección”. Para comprender mejor esa “voz”, casi amplificada, es necesario vivir
en unidad entre nosotros, de modo que aprendamos a escuchar la voz del Espíritu no sólo dentro de
nosotros, “sino también presente entre nosotros unidos en el Resucitado”. El Espíritu, cuando está
Jesús entre nosotros, perfecciona la escucha de su voz en cada uno. En efecto, por su presencia entre
nosotros, la voz del Espíritu es como un altavoz de su voz en nosotros.


ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Esta Palabra, leída en acontecimiento del Capitulo nos invita a invocar al Espíritu Santo: “Oh, Espíritu
Santo, no te pedimos otra cosa que Dios por Dios. (…) Haz que vivamos la vida que nos queda (…)
solamente, siempre y en cada instante en función de ti, el único a quien queremos amar y servir. Dios!
Dios, espíritu puro, al que nuestra humanidad puede hacer de cáliz vacío para ser colmada… Dios, que
debe traslucir de nuestra alma, de nuestro corazón, de nuestro semblante, de nuestras palabras, de
nuestros actos, de nuestro silencio, de nuestro vivir, de nuestro morir, de nuestro aparecer, de nuestra
desaparición, de la tierra, donde podemos y debemos dejar sólo una estela luminosa de su presencia,
de Él presente entre nosotros, entre las materias y los escombros del mundo, que vive o que se
derrumba, en la alabanza o en la vanidad de todas las cosas, como escabel o como lugar despejado
de todo, para hacer lugar al Todo, al Único, al Amor” (cf. Fabio Ciardi y Gabriella Fallacara).
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               La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

La experiencia del Capitulo General pueda ser la manera más oportuna hoy, de ponernos delante del
Señor y al mismo tiempo todas unidas en el nombre Jesús, escuchar Su voz.




                                                                              Maria GIANNINI , HSC
                                                            Comunidad del Juniorado Maria Angustias
                                                                              New Manila – Filipinas




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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

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                                                                      Jueves de la 6ª semana de Pascua

                   “Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría”

TEXTO: Juan 16, 16-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me
volveréis a ver.» Comentaron entonces algunos discípulos: - «¿Qué significa eso de “dentro de poco ya
no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”, y eso de “me voy con el Padre”?» Y se
preguntaban: - «¿Qué significa ese “poco”;? No entendemos lo que dice.» Comprendió Jesús que querían
preguntarle y les dijo: - «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis,
pero poco más tarde me volveréis a ver”? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros,
mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

Jesús hace referencia a una dimensión fundamental de la misión del Espíritu Santo que es
transformar nuestra tristeza en alegría, la desolación en esperanza y el dolor en gozo. Continua a
hablarnos de su ausencia física, pero el Espíritu Santo estará siempre presente, orientando,
motivando, fortaleciendo nuestro día a día. Él nos habla de muerte y resurrección, pues para
nosotros, cristianos, la resurrección de Jesús es la certeza de que la vida es más fuerte que la muerte
y solamente la presencia del Señor, vivo, vencedor de la muerte, a través del Espíritu Santo nos da
fuerza y animo para creer en el proyecto de Dios.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Este texto nos lleva a reflexionar sobre la forma como vivimos los momentos de probación, de dolor,
tristeza y soledad en la vida personal y comunitaria. Como miembro de la Familia Hospitalaria, como
la primera comunidad de los creyentes hemos de preguntarnos: ¿cómo acogemos este momento de
Reestructuración, de cambios capitulares, que ciertamente tendrán su impacto en nuestro proyecto
común y personal? Nosotros vivenciamos sentimientos y dudas muy semejantes a de las
comunidades de los discípulos de Jesús: ¿y ahora, como será? ¿Por dónde hay que empezar? ¿Qué
quiere el Maestro de nosotros?
Hemos de creer verdaderamente, así como nuestros Fundadores, que la Congregación de Hermanas
Hospitalarias es un proyecto de Dios, un don del Espíritu Santo. Benito Menni, Maria Josefa y Maria
Angustias, con intuición y sensibilidad consiguieron comprender los signos sencillos como
confirmación de que la Congregación era obra del Espíritu y que estaban en el camino que Dios
quería para ellos, confiando que a pesar de las dificultades todo resultaría y que las privaciones serían
transformadas en alegría; en la fe y en la esperanza se dejaban conducir, creyendo en la acción de
Dios en sus vidas y en la misión que Él les confiaba.


ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?




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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que siempre has estado y continuas presente, actuando según las
necesidades de tu pueblo, te adoramos, te amamos, te agradecemos pues siempre has estado
guiando a la comunidad de los discípulos de Tu Hijo. Con cada miembro de la Familia Hospitalaria, os
pedimos con humildad perdón, por los momentos en que no hemos realizado nuestra vocación y
misión, por los momentos en que hemos dudado, en que buscamos falsas alegrías, olvidándonos que
hay que pasar por el proceso de transformación, como Jesús, que después de tres días resucitó, a una
nueva vida. Queremos asumir el propósito de mantenernos abiertas para acoger tu Espíritu, acoger
aun cuando no todo esté claro, pero dispuestas a colaborar buscando lo mejor para la misión
hospitalaria, siendo sal y levadura en el mundo, sobre todo del sufrimiento. Maria, Madre de la Familia
Hospitalaria, tu que has vivido en comunión con la Trinidad, enséñanos a vivir así para que también
nuestra vida dé frutos de vida y de sanación.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

Ante esta reflexión, comprendemos que Dios, en su infinita misericordia encontró una forma de que
Jesús continúe con nosotros a través de su Espíritu Santo. Creemos que el Señor, invita a cada
miembro de la Familia hospitalaria, cada uno desde su estilo de vida a: dar continuidad a la misión de
Jesús; a mantenerse motivados y con esperanza en los momentos de adversidad; a despojarnos de
nuestros deseos individuales, así como Maria, para hacer surgir vida nueva y gozar de la alegría del
Magnificat; a desarrollar la capacidad de re-significar cada momento, situación y circunstancia para
dar lugar a lo nuevo; a mantener viva la llama de la fe y de la esperanza en la certeza de que el Señor
Resucitado está en nuestra vida.




                                                                       Rose Mary SANTANA, Colaboradora
                                                             Proyectos de Rehabilitación – S. Pablo – Brasil




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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…


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                                                                    Viernes de la 6ª semana de Pascua

                                  “Nadie os quitará vuestra alegría”

TEXTO: Juan 16, 20-23a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros,
mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.
La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al
niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros
ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra
alegría. Ese día no me preguntaréis nada.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

“La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora: pero cuando ha dado a luz al
niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo”. En este texto
Jesús recuerda un acontecimiento tan normal, cuanto especial de la vida: el nacimiento de un hijo. Es
un «evento vivo», actual, que nos coloca delante del sentido del sufrimiento. La mirada de Jesús se
centra en el gozo de la vida y no en el sufrimiento. Cuantas veces le preguntamos a Dios: ¿por qué
existe sufrimiento?
Para Dios, el sufrimiento como realidad humana, es lugar de revelación, de vida nueva. Eso es lo que
el Señor ha dicho a sus discípulos y nos promete también a nosotras, a toda la Congregación: un
"niño" está teniendo lugar en la historia de la Congregación, una "nueva vida" nace.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

La preparación de estos años para llegar el Capitulo General, el proceso de restructuración de la
Congregación, han sido caminos que hermanas y colaboradores hemos recorrido, profundizado;
hemos colaborado, orado, buscando juntos la voluntad de Dios. Durante este tiempo, me pregunto:
¿espero algo de ‘nacimiento’ en este Capitulo ? En mi vida he sentido el dolor, el sufrimiento o el
gozo, la alegría, la esperanza? ¿Qué hago yo ante este sufrimiento ?

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Queremos aprender a mirar todo lo que acontece en la Congregación, especialmente en este tiempo,
con esperanza, bajo la mirada de Dios y con paz. Aunque el sufrimiento, la preocupación del futuro de
la Congregación esté dentro de nuestros corazones, eso no puede robarnos la esperanza. Jesús
prometió "nuestra tristeza se convertirá en alegría" (Jn 16, 20). En el mensaje de Papa Benedicto XVI
con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, les recuerda a los jóvenes la necesidad de « Estar
siempre alegres en el Señor ». Desde esta alegría queremos vivir felices nuestra vocación hospitalaria y
ser testigos de hospitalidad.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?



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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

En Cristo Resucitado la vida es más fuerte que la muerte, la alegría que la tristeza. Podemos estar
seguras de que el grano tiene que morir para dar vida: «si el grano de trigo no cae en tierra y muere,
queda él solo ; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). El Capitulo será una oportunidad especial,
una ocasión llena de la gracia que Dios da a la Congregación, abriendo nuestro corazón a una gran
esperanza y gozo. Señor, te decimos muchas gracias y mil gracias.
Deseamos que la presencia del Cristo Resucitado, de nuestra Madre y los Fundadores, acompañen a
cada miembro del Capitulo para que este pueda ser una « Nueva Pascua » para toda la
Congregación.


                                                                   Maria NGUYEN Thi Quynh Nhu, HSC
                                                                Comunidad de S. Benito Menni - Chu Hai
                                                                                   Vung Tau – Vietnam




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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…


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                                                                   Sábado de la 6ª semana de Pascua

                     “El Padre os quiere, porque vosotros me queréis y creéis”

TEXTO: Juan 16, 23b-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:- «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo
dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea
completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en
comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo
que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis
que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

Jesús habla con sus discípulos en la inminencia de su pasión y muerte, en la inminencia de su hacerse
Don total. Nos encontramos en el contexto de su discurso de despedida a los discípulos, es lo que
llamamos testamento espiritual. En estos versículos del evangelio de S. Juan, Jesús asegura a sus
discípulos que cuanto pidamos en su Nombre nos será concedido. Y enseguida hace desaparecer la
dificultad de elegir aquello que debemos pedir, diciendo que dará, a quien se lo pida, la alegría plena.
Como se diría en el lenguaje moderno, la “plena realización de si”.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Nos damos cuenta de que esto es el verdadero tesoro de la vida, a partir del cual derivaran todas las
cosas buenas: abundante salud, muchas relaciones armoniosas, aumento de vocaciones, innumerables
servicios para poder atender a los enfermos y un largo etc. Todo cosas bellas y buenas, pero que, si
no tienen “detrás y hacia dentro” la alegría plena, no podría ni existir ni subsistir.
El mismo Jesús nos da la brújula para encontrar este tesoro que está en la base de la vida buena, de la
vida que al crearla ha querido Dios: “Y vio que todo era bueno”, es decir fuente de alegría. La brújula
es “pedid en mi nombre”. Sabemos que el Nombre en la cultura medio-oriental antigua significaba la
propia persona. Por tanto, esta expresión significa: pedid viviendo la unión Conmigo. Es decir,
viviendo “como” El, unido al Padre.
Si es verdad que el evangelio es una buena noticia, es decir, la Noticia que da alegría, es igualmente
verdadero que esta va siempre unida a una condición: vivir en unión con Jesús, y, de modo más
concreto, en el “don de si”. Esto comporta ciertamente la fatiga de superar las tentaciones que están
al origen del pecado: estar centrado en si mismo, en el egoísmo, pero es la única condición de la
realización de si y por tanto de la vida con “plena alegría”.
La vida consagrada es vida de unión con Jesús, de seguimiento y , por tanto, de alegría plena. Es de
esta experiencia de unión con Jesús que el padre Menni asocia esta alegría. “ …haber sido llamado al
estado religioso es una gracia que nunca sabremos apreciar suficientemente, cada día que pasa veo y
comprendo mejor que gran beneficio fue haber tenido la Santa vocación de caridad y haberla seguido”
(C. 203).



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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

Estos versículos del evangelio forman parte del llamado “testamento de Jesús”, un testamento que
recoge toda la riqueza que la persona pose y que deja como don a quien ha querido, a quién ha dado
el sentido, la motivación y la finalidad a la propia vida.

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Agradezco al Señor por la historia de amor manifestada en la vocación religiosa hospitalaria; por
Benito Menni, por Mª Josefa, por Mª Angustias, por todas las hermanas que han dado la vida
construyendo para nosotras el “edificio” del amor y dedicación en el servicio a los enfermos en los
cuales han servido al mismo Jesús.
Doy gracias por el patrimonio espiritual de la Congregación que me ayuda, como “brújula”, a re-
encontrar siempre el tesoro de la alegría plena, centrándonos en lo esencial: “nuestro fin es reproducir
en nosotras los sentimientos del corazón de Cristo, bajo la acción del Espíritu, para continuar
haciendo presente a Jesús” (Const. 3), es decir continuar viviendo la Buena Noticia del amor de Dios y
por tanto, vivir nosotros y hacer vivir a otros en la alegría plena.
Pido perdón por todos las acciones y comportamientos egoístas, que han hecho que yo misma me
cerrase a la alegría plena y, de consecuencia, a las hermanas de la comunidad, a los enfermos, a los
colaboradores y todos con quienes me he relacionado…

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

Ofrezco a Jesús el deseo de vivir como El en el “total don de mi misma según el espíritu del carisma
hospitalario”.




                                                                                   Agata VILLADORO, HSC
                                                            Casa di Cura S. Giuseppe - Ascoli Piceno – Italia




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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

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                                                                   Domingo de la 7ª semana de Pascua
                                                                 Solemnidad de la Ascensión del Señor

                           “Subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios”

TEXTO: Marcos 16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: - «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio
a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que
crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en m¡ nombre, hablarán lenguas nuevas,
cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos
a los enfermos, y quedarán sanos.» Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la
derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba
confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

Este texto, añadido al final del evangelio de Marcos, haciendo la lectura en su unidad, presenta tres
frases clave que atraen nuestra atención:
“Estando los discípulos a la mesa se les apareció el Resucitado”: reunidos en torno a la mesa, Jesús
toma la iniciativa y se aparece; de este modo se expresa que la Resurrección necesita y exige el
encuentro con el Señor.
“Les envía a la misión: id.. a toda la creación… anunciad… liberad de demonios… sanad enfermos…
serpientes y veneno no os harán daño..”: esta frase enfatiza que al encuentro-con-el Resucitado le sigue
inevitablemente el envío a la misión; la describe y afirma que lo bueno que llevan entre manos es más
fuerte que las dificultades.
“El Señor Jesús fue elevado/exaltado y se sentó a la derecha del Padre”: estas palabras entrañan dos
significaciones - su ausencia se hace presencia, pero de modo distinto y nuevo; su victoria es definitiva
para la humanidad.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Al pasar estas palabras por el corazón entiendo que: el Espíritu me invita a valorar el XX CG como una
asamblea de discípulas del Señor a las que “el Ascendido” se allega, se hace presente; a desear que la
reunión capitular sea entendida y vivida como un encuentro comunitario con el Resucitado...y que
todos, hermanas y colaboradores nos sintamos en comunión, desde la mesa de la eucaristía en la
fiesta de la Ascensión, o unidos en solidaridad, pues todos, sin distinción, formamos la comunidad
hospitalaria.
El Buen Samaritano me vuelve, nos vuelve a enviar a sanar y cuidar, me dice que la Buena Noticia
necesita signos, que, a la hora de la verdad, lo que importa son los hechos de hacer el bien a los
heridos del camino.
El Resucitado, exaltado a la derecha del Padre como Señor de la Historia, me acompaña, no se queda
arriba, lejos, va con nosotros en el camino hospitalario.. nos ayuda a descubrir los avances hacia la
nueva Hospitalidad. Con Él superaremos dificultades y lograremos más universalidad en la misión.

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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…


ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Te alabo, Padre, por que Jesús, glorificado, constituido Señor del universo, nos acompaña en la subida
hacia un mundo más sano y nuevo.
Bendito seas Jesús, porque subiste a la victoria, pero sigues viniendo hoy también al camino
hospitalario para vencer el mal y hacer el bien.
Gracias, Señor, porque me envías a sanar a la mujer encorvada, liberar al joven epiléptico, curar al
enfermo mental, como en Gerasa.
Regálame el don de la superación para responder a las nuevas necesidades, vencer miedos a lo nuevo,
remontar oscuras dificultades.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

Me quedo contemplando al Señor, que ascendido, vuelve en esta hora a nosotras, a nosotros, y
escucho su voz: ve y tiende con revitalizada entrega tu mano a quien sufre y anda necesitado, inicia
cada jornada como un envío renovado en cada mañana, vive cada relación como un encuentro de
resurrección, discierne cada novedad como reto a la creatividad, aligera tu disponibilidad para andar
nuevos caminos de Hospitalidad, avanza hacia el futuro, ¡adelante! no tengas miedo, que ascendiendo
contigo voy.




                                                                           Donaciano Martinez , Sacerdote
                                                          Colaborador de la Provincia de Palencia – España




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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

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                                                                      Lunes de la 7ª semana de Pascua

                               “Tened valor: yo he vencido al mundo”

TEXTO: Juan 16, 29-33

En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús: - «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones.
Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios.»
Les contestó Jesús: - ¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os
disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre.
Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor:
yo he vencido al mundo.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

Este párrafo, pertenece al discurso con el que Jesús prepara su despedida de la predicación para dar
testimonio con su entrega hasta la muerte. En él aparecen tanto la admiración al Maestro, por su
doctrina profunda, como el anuncio de la debilidad humana; tanto la tensión de vida que han de
padecer los discípulos como la presencia de Él en los momentos difíciles.
La mayoría de nosotros creemos, simplemente, porque nos parecen razonables las cosas. Por eso,
cuando llega esa hora que anuncia Jesús, la hora de la pasión y de la muerte, la hora en la que no
tienen sentido las cosas que suceden, dejamos de creer.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Ellos - como nosotras en algunas circunstancias de la vida - aún no tenían fe; la fe está
inseparablemente unida a la hora, a la muerte y resurrección. La fe es inseparable del escándalo de la
cruz. Por eso cuando llegó la hora tuvo lugar la dispersión y el abandono. Seguir confiando en Jesús y
en su palabra es la única manera de encontrar la paz. Porque El no está solo. El Padre está con él y,
por tanto, tiene que ser en realidad el vencedor.
Jesús anuncia un camino nuevo lleno de esperanza, pero una esperanza que exige coraje y prontitud.
No anuncia el fin de las dificultades sino una manera nueva de afrontar la existencia, con El podremos
maravillarnos de una fe que se presenta a nosotras ante todo como una vida que debemos
comprender, un paso que debemos dar nosotras mismas. Nada mejor para proclamarla que estos
momentos, incluso los más ingratos, y confesar que nosotras estamos siempre en el umbral; en el
umbral de la fe, en el umbral del amor, en el umbral de la Hospitalidad, día tras día, toda la vida,
hasta el extremo…
Es una llamada a fortalecer nuestra fe en esta hora de nuestra Historia Congregacional, de recibir la
gracia de los acuerdos Capitulares como lo anuncia Jesús ( Jn 16,33)… ¡ánimo!: Yo he vencido al
mundo. Es el momento de mirar hacia delante con los ojos de Jesús resucitado y no detenernos. Esta
hora para nosotras, es la hora de la vida nueva renovada en el Espíritu. No hay que temer, Jesús va
delante, todo lo que nos rodea nos invitan a nacer de nuevo, volver a los orígenes con nueva
creatividad y entusiasmo. Los signos actuales nos hablan de crisis, de nuevas pobrezas, de nuevos
desafíos, de una Hospitalidad tejida de sueños y de abandono para hacer posible que la Pascua sea
real en lo cotidiano de nuestra existencia.

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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

San Benito Menni experimentó en si mismo esta confianza y sus palabras resuenan hoy en nosotras
más vivas que nunca: “Fruto de este amor sobrenatural, nacido en el Corazón y comunicado por el
Espíritu Santo a mi pobre corazón y al corazón de todas mis hijas…ha sido la fundación de vuestra
Congregación (y) este amor de caridad, es el que actualmente quiere que se extienda… Este amor no
conoce límites. No sabe decir basta. Este amor quisiera volar de una parte a otra y hacer que arda en
toda la redondez de la tierra este divino fuego y que todas las criaturas sintieran sus divinos efectos (C.
587, 2).

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Por eso Señor Jesús aumenta nuestra fe, que renueve en nosotras la fuerza de la profecía Hospitalaria
y el coraje del martirio para que en esta hora de la renovación y el desplazamiento nos coloquemos
cara a cara frente a Ti y te dejemos la iniciativa para hacer de cada una de nosotras un instrumento
del que Tu te sirvas para llevarnos allí donde más podamos servirte y amarte. Te agradecemos el
habernos llamado a vivir contigo más de cerca el Misterio Pascual en esta Congregación, tan amada
por Tu corazón. Gracias por que a pesar de nuestra vulnerabilidad y pequeñez sigues haciendo obras
grandes en el silencio y la cotidianeidad. Que no necesitemos tocar tus manos y tu costado
traspasado para creer que vives en nosotras.
Como María Magdalena queremos anunciar que te hemos visto y que has Resucitado y sigues
presente en cada gesto Hospitalario realizado en nuestros centros, en nuestras comunidades, en
nuestros hermanos y hermanas abandonadas, en nuestros colaboradores y laicos comprometidos en
la misma espiritualidad. Gracias por llamarnos a abrir nuevos caminos, a no dejarnos vencer por el
desanimo y la carencia, álzanos en tus manos para ver desde tu horizonte el mundo nuevo que Tu
quieres que construyamos juntas, el mundo de la Hospitalidad encarnada en los más pobres y
abandonados de esta tierra, lo enfermos mentales. Ayúdanos a dibujar un arcoíris hospitalario con los
colores de las nuevas culturas que se van incorporando a nuestra Congregación; que repitamos sin
cansarnos tu Palabras ¡

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

Animo!: Yo he vencido al mundo. Hoy se nos pide una esperanza invencible para ser Hospitalidad que
da vida allí donde la vida está amenazada, para ser la ternura de Dios, donde la dureza se hace
compañera del camino de los hombres y mujeres de nuestro mundo, ser HOSPITALIDAD con JESUS
VIVO.




                                                                     Maria de las Mercedes MENENDEZ, HSC
                                                                     Casa de Formacion – Trivandrum - India




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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

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                                                                       Martes de la 7ª semana de Pascua

                                       “Padre, glorifica a tu Hijo”

TEXTO: Juan 17, 1-11a

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: - «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo,
para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los
que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado,
Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora,
Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese.
He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los
diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti,
porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido
verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos; no ruego por
el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. SI, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he
sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

Dos versículos llaman nuestra atención: “Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu hijo, para que tu Hijo
te glorifique”. Jesús termina la ultima cena con esta grande y emocionante oración, dirigida al Padre,
en la que pide glorificar a su Hijo, para que a su vez su Hijo le pueda glorificar. Y Jesús dice aún: “Yo te
he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste”. Si, Jesús glorifica a su Padre
manifestando la luz radiante del ser y de la presencia actuante del Padre.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Esta palabra es una invitación a vivir más plenamente nuestra filiación divina como Jesús, glorificando
el Padre con toda nuestra existencia. Esto nos “envía” al corazón del carisma hospitalario, el fin de la
Congregación que es glorificar a Dios Padre, reproduciendo en nosotras los sentimientos del corazón
del Hijo (cf. Const. 3).
San Ireneo nos recuerda que “la gloria de Dios es el hombre vivo”. Glorificar a Dios es tomar en las
manos el crecimiento personal, a todos los niveles; es ponernos en pie compartiendo plenamente la
vida trinitaria; es también ayudar a los demás a ponerse en pie, compartiendo con ellos la esperanza;
es cuidar la vida, la mía y la de los demás, sobre todo la vida amenazada; es ser mujer, consagrada y
hospitalaria, es vivir el testamento espiritual de nuestra Madre Fundadora en la acogida paciente y
compasiva de todos los que representan a nuestro Señor Jesucristo hoy.
En realidad, Dios es glorificado cuando el hombre y la mujer son vivientes. Es también una invitación a
ponernos en manos del Padre con humildad y confianza, a ejemplo de Jesús, para realizar la misión
que nos fue confiada por la Iglesia en fidelidad, pero también con un espirito creativo, abierto a los
desafíos del mundo actual.

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?


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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

Nos unimos a la gran oración de Jesús, … la felicidad de sabernos hijos e hijas del Padre, llamados a
compartir plenamente la vida trinitaria, donándonos con amor, valor y audacia al servicio de los
hermanos enfermos y en necesidad. Que toda nuestra vida como mujeres consagradas hospitalarias
sea una alabanza a la gloria de este Padre que nos ama.
Te damos gracias, Señor, por el carisma hospitalario en la Iglesia, por el don de nuestras
Constituciones que nos muestran el camino de santidad. Gracias por el don de nuestros Fundadores y
primeras hermanas, modelos de fidelidad, radicalidad y perseverancia en este camino de hospitalidad.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

Este texto nos invita a vivir para Dios y en El, aceptando ser recibidos por El, y recibir todo de El. Vivir
en una actitud de humildad, de confianza, de abandono en las manos del Padre. Reconocer, ante
todo, Dios como el Señor de nuestra vida y glorificarle a través de nuestra misión hospitalaria.
Ofrecerle todo lo que somos y tenemos. Es la mejor forma de situarnos delante de Dios creador,
proclamando con nuestra vida que hemos sido enviadas por El. “no a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da gloria (Sl 113, 1).




                                                                                   Thérèse NGO MBOG, HSC
                                                                                   Centro Telema – Kinshasa
                                                                           Republica Democratica del Congo




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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

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                                                               Miércoles de la 7ª semana de Pascua

                                  “Que sean uno, como nosotros”

TEXTO: Juan 17, 11b-19

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: - «Padre santo, guárdalos en tu
nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo
guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la
perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos
mismos tengan mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son
del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo
soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los
envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la
verdad.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

Personajes: El Hijo de Dios en diálogo suplicante con el Padre. Jesús le habla de la unidad que existe
entre ellos y le suplica la de los hombres entre sí. El Hijo de Dios dice que, ha custodiado a los
(hombres) que el Padre le confió. Que ninguno se ha perdido, excepto el hijo de la perdición (Judas
Iscariote, el traidor). Que les comunicó la Palabra. Que los que el Padre le confió no son del mundo, y
que por eso el mundo los aborrece. Jesús pide al Padre que no los saque del mundo, sino que los
preserve del Maligno. Que los consagre en la Verdad y después los enviará, a su vez, en misión por el
mundo entero, para llevar a todos la Buena Nueva.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

El Padre nos ha enviado su Verbo, su Palabra. Por Ella, todo nos ha sido revelado, para que vivamos
de Él y con Él, en donación total al Padre y a los destinatarios de nuestra misión (Const. 4), haciendo
de la Palabra de Dios nuestro primer y principal alimento, guía y luz de nuestros pasos. Vivir de la
Palabra de Dios exige nos confrontemos, cada día con ella, de manera a entrar en el proceso de:
pensar, amar y desear del mismo modo que Él, identificándonos con los sentimientos del Corazón de
Jesús (Const. 7).

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Que somos felices de estar consagradas (por Dios) para el servicio de la misión, que hemos sido
designadas para llevar a los hombres la Buena nueva del Reino de Dios. Que lo hacemos estando en
el mundo sí, pero sin caer en las distracciones y frivolidades de nuestro mundo. Le decimos de
corazón que queremos ser almas de vida interior, viviendo un silencio profundo, donde se fragua la
unión de corazones. Que queremos renunciar, entre otras cosas, a saber la ”última” de las noticias,
dentro y fuera de casa, pues nuestro tiempo es para la misión. Que queremos apostar por la santidad
de vida en la Hospitalidad, renunciando voluntariamente a la vida consumista del mundo, viviendo


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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

realmente pobres, obedientes al querer de Dios y en donación total a lo que se nos confíe, asumiendo
que el mundo nos aborrezca.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

“Pidamos al Señor que esto continúe como hasta hoy, que por divina misericordia, hay una grande paz y
unión de corazones” (Maria Angustias). Que la comunión fraterna no es solo estar juntas, sino querernos y
perdonarnos de corazón, “setenta veces siete”.




                                                                                 Isidora HERNANDEZ, HSC
                                                                         Hospital Mare de Déu de la Mercè
                                                                                         Barcelona - España




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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…


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                                                                       Jueves de la 7ª semana de Pascua

                                    “Que sean completamente uno”

TEXTO: Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: - «Padre santo, no sólo por ellos ruego,
sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre,
en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos,
y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los
has amado como me has amado a mí.
Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria,
la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha
conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a
conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

Estamos en la parte conclusiva de la oración sacerdotal de Jesús en la cual El ora por si mismo, por sus
discípulos y por el mundo entero. Después de haber rezado por los discípulos “que el Padre le ha
dado”, su oración se abre a aquellos que enseguida vendrán, es decir, a la comunidad de los
discípulos de todos los tiempos.
La primera llamada es a la unidad: Jesús reza para que se mantengan unidos en el único Señor,
indicando la fuente de la unidad del Padre con el Hijo. Jesús recuerda que la unidad es necesaria para
la misión de la comunidad, de nuestra comunidad: para que el mundo sepa que Tu nos has mandado.
Los últimos versículos concluyen todo el discurso de la Cena y tienen un peso particular: Jesús expresa
su máxima voluntad: “Padre quiero”. Jesús pide que sus discípulos participen en su gloria.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

La unidad y la comunión es el don más apreciado que pasa de Capítulo en Capítulo, es necesario
custodiarlo y aumentarlo como el mayor bien. El mundo no conoce este bien: la rivalidad, el miedo de
tener menos, la envidia y los celos rompen la unidad. Donde está la unidad, bien inestimable para una
comunidad, allí se darán multitud de pequeñas alianzas, de pequeñas victorias sobre los demonios del
poseer y del poder. La concordia y la alianza espiritual es lo que pasa de generación en generación,
como agua buena que sana, regenera y purifica. Para una unidad así todos deben trabajar, pero sobre
todo orar, porque es un don que viene del alto. Es un don contestado por el mundo, por el cual Jesús
ha entregado la vida como moneda con la cual ha pagado a caro precio nuestra unidad.
“Con el fin que todos sean uno”: ser uno significa comunión de vida, de una vida que se hace don y
amor para los otros en el Espíritu del Fundador. De este modo glorificamos al Padre y liberamos de las
tinieblas a cuantos aceptan de creer que el Hijo es su enviado.




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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Oh Dios, que por San Benito Menni has querido poner en el centro de nuestra vida las personas
enfermas, te pedimos ser signo de unidad formando juntos la comunidad hospitalaria, de modo que
podamos compartir el mismo proyecto de salud y salvación, caridad y ciencia como carisma propio de
nuestra congregación. Te lo pedimos por intercesión de María nuestra Madre y por los méritos de su
amantísimo Hijo, Jesucristo.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

Si “debemos ser perfectos en la unidad” esta debe ser considerada como la perla de la perfección, no
solo a nivel personal sino también a nivel comunitario. El hecho de ser “una cosa sola con El” significa
dejar todo aquello que en nosotros es motivo de desunión y buscar, sea en nosotros que en los otros,
solo aquello que une.
¿Que conversión nos pide estos versículos del evangelio? La conversión del corazón; nuestros
sentimientos han de ser comunitarios dejando así que brille un solo corazón una sola alma. La
conversión de la mente no significa ausencia de ideas, sino ponerlas en común sin obligar o imponer,
para que la comunidad crezca unida con la ayuda de todos. Todo esto prevé un cambio de modo de
ser, un cambio que lleva a la “perfecta unidad”, así que en Cristo, nuestro mediador, se realice el fin de
alegrarnos en la perfecta felicidad celestial.




                                                                                 Edigio MANZONI, Diacono
                                                                   Colaborador en la Casa di Cura Villa Rosa
                                                                                             Viterbo – Italia




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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

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                                                                  Viernes de la 7ª semana de Pascua

                          “Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas”

TEXTO: Juan 21, 15-19

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: - «Simón,
hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: - «Sí, Señor, tú, sabes que te quiero.» Jesús le
dice: - «Apacienta mis corderos.» Por segunda vez le pregunta: - «Simón, hijo de Juan, ¿me arnas?» Él le
contesta: - «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Él le dice: - «Pastorea mis ovejas.» Por tercera vez le
pregunta: - «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera
vez si lo quería y le contestó: - «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: -
«Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero,
cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo
aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: - «Sígueme.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

El evangelio de Juan, es el Evangelio de la vida y el amor: toda la moral de Jesús converge en el
mandamiento del amor fraterno. Su primera intención no es narrar, sino enseñar. El interés principal
de esta obra es de carácter teológico; en ella los milagros son signos; los discursos, más que discursos
de Jesús, son discursos sobre Jesús. Tales discursos no versan sobre los problemas del tiempo de
Jesús (la ley, el sábado, los alimentos puros o impuros, etc...) sino sobre la misión de Jesús en el
mundo: ser el Mesías, el enviado del Padre, Luz del mundo, Agua viva, Pan celestial.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

¿Me amas más que éstos?..., es la pregunta que hoy nos hace Jesús, no nos está pidiendo que sólo nos
dediquemos trabajar y hacer muchas cosas, sino que todo nuestro actuar esté basado en los pilares
del amor, es decir, que “estamos llamados a ser testigos de que el Cristo compasivo y misericordioso del
evangelio permanece vivo entre los hombres” (Const. 5). Es con esta palabra, con la que nuestra
congregación manifiesta su identidad y su proyecto “glorificar a Dios Padre, reproduciendo los
sentimientos del Corazón del Hijo (Const. 3).
Amar es ante todo una experiencia profunda de relación entre personas, donde existe una mezcla de
sentimientos y valores como la alegría, tristeza, sufrimiento, crecimiento, renuncia, entrega,
realización, donación, compromiso, vida, muerte, etc. Palabra que tiene su origen en la caridad,
misericordia y fidelidad. La Congregación desde los orígenes ha tratado de vivir esta práctica del
amor en toda su radicalidad, expresada en una “bondad inagotable, dedicación total y abnegada,
compasión y misericordia sin límite”. Jesús la revela en los encuentros hospitalarios como el de
Abraham en Mambré, el gesto de servicio en el lavatorio de los pies, en la curación del enfermo de
Gerasa, en la sanación del paralítico, en el buen samaritano y en el relato del Juicio Final… donde El
encarnó su misión como una manifestación del amor.
No había otro mandamiento más grande que éste: “actuar como actuaba Jesús” (1Jn 2,6). Por eso,
podemos definir así el mandamiento del amor: “En esto conocemos el Amor: que Él dio su vida por
nosotros. Nosotros también debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos y hermanas” (1Jn 2, 16-


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17). Quien vive el amor lo manifiesta en sus palabras y actitudes y se vuelve también discípula amada,
discípulo amado.

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

Señor, eres siempre nuevo y eterno, cada día esperas de nosotros la sorpresa de un amor renovado,
como respuesta a tu amor siempre nuevo y permanente. Queremos responder a la pregunta que nos
haces igual que a Pedro: ¿Me amas? ¿Estás dispuesta a ser amor como yo? ¿Estás dispuesta a ser yo…, o
ser rostro humano del amor del Padre…, a ser caricia de Dios…, ternura de Dios, abrazo de Dios, beso de
Dios…, paciencia de Dios y compasión de Dios…para los demás?
De verdad, es lo que queremos que sea nuestra vida, desde la vivencia de nuestros compromisos
hospitalarios contigo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

“Sígueme”: este seguimiento al que nos invita Jesús en el “hoy” de nuestra vida congregacional es a
sentirnos “Impulsadas por el Espíritu a recrear la hospitalidad”: llamadas a recrear como comunidad
hospitalaria nuestro ser de iglesia signo de misericordiosa, de un amor renovado y creativo para
responder a los nuevos sufrimientos, atropellos y vulneraciones en los que viven insertos nuestros
enfermos destinatarios privilegiados de nuestra misión. Seguirle sin miedos, así como nos decía
nuestro P. Fundador: “Adelante, adelante, adelante; nada podemos por nosotros mismos” (C. 432),
arriesguémonos a mirar nuestro mundo con ojos nuevos, con una mirada penetrada de Resurrección:
servir y a amar a Jesús, nuestro único horizonte.




                                                                                  Viviana SEPULVEDA, HSC
                                                         Gobierno provincial – Vice-provincia de Argentina




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                La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

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                                                                   Sábado de la 7ª semana de Pascua

           “Éste es el discípulo que ha escrito todo esto, y su testimonio es verdadero”

TEXTO: Juan 21, 20-25

En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo
que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a
entregar?» Al verlo, Pedro dice a Jesús: - «Señor, y éste ¿qué?» Jesús le contesta: - «Si quiero que se
quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo
Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?» Éste es el discípulo
que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.
Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo
el mundo.

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

«Señor, y éste ¿qué?» Jesús le contesta: - «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú
sígueme.» […] se empezó a correr entre los hermanos el rumor […] no le dijo Jesús que no moriría”.
Después del encuentro profundo con los discípulos, en concreto con Pedro, a quien preguntara: ¿Tú
me amas, mas que estos?, el Evangelio nos transmite los deseos de Jesús Resucitado, lo que Él quiere
de cada discípulo, de Pedro, del discípulo que amaba, de mi, hermana hospitalaria, de ti que colaboras
con El en esta misión que es suya.
El Resucitado quiere que le escuchemos… cuando nos llama y que dejemos todo en sus manos, que
no nos dejemos arrastrar por otras voces, otros rumores… el centro de la vida, de la misión y de todo
es solo El. Hoy continua a pedir que nos fiemos de El, que le sigamos en la entrega a la misión, en la
acogida a los demás, y al Otro… particularmente nos llama a reconocerle y a encontrarle en el
enfermo, “pues la necesidad de acoger a clase de enfermas cada día apremia más a la sociedad” (RMA,
253). Pueden venir los rumores, pero hemos de “volver continuamente” a sus palabras: “Tú, sígueme”.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

“!Oh Señor, si me fuese dado poder penetrarme de la dicha y felicidad que encierra el poseerte a Ti,
como único centro de nuestro corazón” (RMA, 69).
Tú, sígueme. Tú escúchame y sígueme. En el centro de este texto están tres palabras que constituyen
el imperativo de Dios a nuestra vida personal y congregacional: Tú, sígueme. ¿Qué importa todo lo
demás? «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?» Contigo, Maria, Antonio, Catarina,
José, Ana, Gilberto… mi relación es esta, a ti te llamo por el nombre, tu, sígueme. Si me escuchas, si
estás atento a mi palabra, sí, me seguirás. Si no me escuchas, si te dejas descentrar por otras voces,
otras palabras, olvidarás que yo te hablo, que te llamo, tú sígueme.




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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

“Este Dios tan benigno no atiende tanto a la dadiva como al amor con que ésta se le da” (RMA, 95). Sí,
Señor, que te siga, , hoy, mañana y siempre, como Tu quieres, pides y desafías. Sí, Señor, que yo no
me deje condicionar por el miedo, la curiosidad o el temor, que confíe solamente en Tu amor, siempre
infinitamente más grande que todo, y mucho más grande de que soy o seré capaz de amar. Si, Señor,
Tú sabes que quiero seguirte como Tu quieres, enséname a escucharte en lo más hondo, para que
escuche realmente tu voz… y no otras voces que me arrastran para el parecer o aparecer mucho mas
que para el ser o el servir… que mi vida sea para Ti. Si, Señor, quiero seguirte

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

“Me es indispensable suspender un intervalo reflexionando sobre el inmenso poder de Dios y lo admirable
de sus insondables juicios, teniendo que confesar que somos unos ciegos e ignorantes para comprender un
ápice lo que la excelsa sabiduría se propone para realizar sus maravillosos designios […] . Parece que cuanto
mayor es la obra más quiere que falten los medios humanos para hacernos ver que su misericordia es
benigna para atender a las necesidades de los que con humildad y confianza recurren a pedírsela” (RMA,
68).
¿Qué me pides, Señor? ¿Qué quieres de mi? ¿Qué quieres de mi en este tiempo que me das y que es
tuyo y no mio? Enséname, cada día, Señor, a ser en Tu nombre, buscando cada vez menos protagonismo
y cada vez mas la calidad de una presencia capaz de hablar de Ti a los hermanos enfermos y a aquellos
con quienes nos encontramos, a quienes nos envías y a los que nos envías.
Enséname, en cada día, Señor, a ser en Tu nombre, buscando cada vez menos visibilidad y cada vez más
la invisible discreción de las semillas que solo lanzadas a la tierra pueden germinar, crecer y dar fruto,
frutos de cuidado, de cercanía, de gratuidad.
Enséname, Señor, en cada día, a ser en Tu nombre, buscando cada vez menos hacer lo que se impone
por la obra completa y cada vez más ser que se revela en lo incompleto, confiando que con los demás
caminamos hacia la plenitud y que solo Tu puedes colocar el sello final en la obra que en cada día, creas
y recreas, y que es Tuya y no nuestra.
Ensénanos a vivir con la conciencia de que nos llamas a colaborar contigo y ensénanos la humildad de
saber que, en todo, te buscamos a Ti.



                                                                    Silvia Maria de Carvalho MOREIRA, HSC
                                                    Comunidad de Hermanas Hospitalarias, Lubango – Angola




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                 La Palabra… fuente de nuestra mision sanadora…


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                                                                               Solemnidad de Pentecostés

        “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo”

TEXTO: Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las
puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: - «Paz a
vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al
ver al Señor. Jesús repitió: - «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y,
dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: - «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los
pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

LECTIO: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo?

Llegada la noche, los discípulos se cierran en la casa porque están con miedo a los judíos. Esto
acontece el mismo día de la resurrección, al anochecer del primer día. Jesús entra y se coloca en
medio de ellos y les dice: Paz a vosotros y les muestra las manos y el costado. Los discípulos cuando
ven estas señales, reconocen a Jesús, y se llenan de alegría, la presencia de Jesús cambia el miedo en
gozo. Nuevamente Jesús les dice Paz a vosotros y les da el envío diciéndoles: Recibid el Espíritu Santo.
Junto con el Espíritu, Jesús les ofrece la paz, pero una paz que está mediada por la presencia de unas
manos taladradas y un costado abierto, fruto de la entrega y del amor por cada uno de nosotros.
Jesús después de darles la paz les da el envío: de la misma manera que el Padre le ha enviado a él, así
envía a los discípulos a continuar su misma misión. Finalmente Jesús les invita al perdón de los
pecados, les concede este poder: perdonar o retener, este será un factor que producirá paz en el
corazón de sus seguidores.
Los discípulos tienen la experiencia de Jesús Resucitado, le ven con los ojos del corazón. La Palabra
que han recordado y comentado, haciendo memoria de Jesús, ha iluminado sus vidas y han sentido la
cercanía del Resucitado. Juan insiste en que el Resucitado es el mismo que sufrió la pasión y muerte.
Es el mismo: las manos taladradas, el costado atravesado por la lanza. Viene a decir: El crucificado, el
fracasado, está vivo.

MEDITATIO: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros?

Jesús nos da el Espíritu de El y del Padre. Es la forma de su presencia entre nosotros después de la
resurrección. Pascua y Pentecostés forman una unidad: Resurrección y Espíritu Santo. Estamos
llamados a ser testigos lúcidos, capaces de dar razón de nuestra esperanza, todos deberíamos ser
mucho más osados a la hora de declararnos creyentes. Los cristianos tenemos poder, en el Espíritu,
para perdonar los pecados. Podemos ser agentes de reconciliación, con nosotros mismos, con los
demás, con la naturaleza…
El ser humano es una fuerza de profundidad, siempre inquieta e inquietante, buscando siempre un
centro de gravedad, donde poder equilibrarse, ajustarse y descansar. Sólo Dios puede poblar la última
soledad del ser. Sólo un infinito puede saciar un pozo infinito. Relacionarse con Dios es vital, algo así
como el oxígeno para los pulmones.


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Sólo puede ser testigo del Señor el que tiene experiencia del Resucitado, el que le ha visto con los
ojos interiores. Entonces, se siente llamado a llevar esa misma felicidad a todos los que pueda.
Recordemos el texto de Jesús en Nazaret: “El Espíritu del Señor me ha ungido y me ha enviado a dar la
Buena Noticia a los pobres”. No estamos solos; el Espíritu está con nosotros, y con toda la la
Comunidad Hospitalaria. Él nos empuja a la misión de anunciar el evangelio y transformar con él la
sociedad. La misión hospitalaria continúa la misma acción de Jesús quien va sanando a los enfermos
de diferentes dolencias y a nosotros nos cabe ir amando a cada persona que se nos acerca para
mitigar su dolor, para expresarle que Dios le ama a través de un rostro humano. Con el poder que
hemos recibido de Dios somos capaces de quitar los miedos, de vendar los corazones rotos por la
enfermedad mental, de comunicar la paz, de dar pasos para la reconciliación y trasmitir el Espíritu
Santo que nos llena a todos de vida y de esperanza.

ORATIO: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra?

De las Constituciones de Hermanas Hospitalarias.
“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido, me ha enviado a dar la Buena Nueva a los
pobres, a vendar los corazones rotos, a pregonar a los cautivos la liberación y a dar la libertad a los
oprimidos” (Lucas 4, 18).
Dios, Padre nuestro, tu Espíritu Santo ha concedido a la Iglesia el don de nuestra Congregación, (1) te
pedimos que con su acción podamos glorificarte reproduciendo en nosotras los sentimientos del
Corazón del Hijo (3) y que nuestra manera de vivir el carisma haga posible que se revele como una
experiencia del Espíritu (9). Tu Espíritu, Señor, ha sido derramado en nuestros corazones para
garantizar nuestra fidelidad a la llamada y el vigor apostólico (12).
Por la acción del Espíritu, entregamos toda nuestra persona y consagramos nuestra capacidad de
amar (16). Concédenos, oh Padre, “actitud humilde y apertura a la acción del Espíritu” (18) para que
nos configuremos con Cristo en el misterio de su virginidad (16). “Concédenos que, movidas por el
Espíritu Santo, imitemos a Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre” (20). A imitación de Cristo y
movidas por el Espíritu Santo, te ofrecemos la oblación completa de la propia voluntad a tu querer
para que continuemos en la Iglesia la obra salvadora del Hijo, según el carisma de la Congregación
(27). El ofrecimiento de nosotras mismas al Padre, por Cristo, con El y en El en la unidad del Espíritu
Santo, revaloriza nuestra entrega (37).
“Nosotras hemos recibido el mismo espíritu de Jesús, que clama ¡Abbá, Padre! Siguiendo su ejemplo y
el mandato de orar insistentemente, cultivamos el espíritu de oración y la oración misma”(35).
“Conscientes de nuestra fragilidad, acudimos al sacramento de la reconciliación, en el que Cristo nos
sale al encuentro como Salvador, nos da su Espíritu y nos reconcilia con el Padre y los hermanos”(38).
Que por nuestra oración litúrgica santifiquemos nuestra jornada uniéndonos a la alabanza que Cristo
y la Iglesia, en la unidad del Espíritu Santo, elevan a ti, oh Padre (40) y que nuestra práctica del silencio
“nos prepare para estar más atentas a la voz de Espíritu” (53).
“El amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo es el que edifica nuestra comunión”
(48). Te pedimos, Padre, que “Abiertas a la acción del Espíritu nos comprometamos a formar
comunidades como las de los primeros creyentes, que tenían un solo corazón” (48) y aceptemos en la
vida comunitaria y en la misión la diversidad de dones con que el Espíritu enriquece a las distintas
personas (54).
Es el Espíritu quien nos congrega para formar la comunidad apostólica (60), “abiertas al Espíritu,
agente principal de evangelización, llevamos a Cristo a los enfermos y les transmitimos el amor de su
Corazón en una asistencia corporal y espiritual” (64).
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Nuestra formación se realiza bajo la guía del Espíritu Santo; Seño, que siempre estemos abiertas a su
acción para responder activamente a la llamada de Dios (74), que seamos conscientes de que la
formación permanente “nos ayuda a responder a la acción dinámica del Espíritu Santo y a los cambios
de la sociedad en que vivimos” (93).
Ora al Padre y dale gracias por todos los dones que del Espíritu Santo has recibido.

CONTEMPLATIO: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor?

La presencia del Espíritu Santo en nuestra vida nos impulsa a vivir la misma vida de Jesús, para eso él
ha venido y se ha encarnado en nuestra misma realidad. Como Hospitalarias estamos llamadas a
reproducir la vida de Jesús, a identificarnos con él, a proclamar con nuestros gestos y palabras que él
vive en cada una de nosotras y que continuamos su misma obra, somos otro Cristo. El Espíritu nos da
la capacidad de amar como Jesús amó, de hacer un camino de santidad, de buscar y obrar lo que al
Padre le agrada.
Nuestra presencia en este mundo tiene una función mediadora, no podemos quedarnos con el tesoro
encerrado dentro de nosotras, es deber nuestro el proclamarlo, compartir, con las personas que están
junto a nosotras, las maravillas que el Señor ha realizado en cada una; debemos expresar lo grande
que es él, cómo nos regala su amor, sus dones, cómo el carisma hospitalario ha cambiado nuestra
vida, cómo toda esta riqueza profunda nos da la felicidad plena.
En esta sociedad que tiene actitudes tan egoístas, debemos ser profetas de la reconciliación buscar el
perdón de Dios y de nuestros hermanos, y aprender a perdonar a todos los que nos han ofendido.
Este gesto de amor, tan especial en la vida del cristiano, deber ser lo que nos distinga en la vida
hospitalaria. Amar siempre y a todos.
Una manera de vivir la caridad hospitalaria es vivir plenamente la eucaristía, esto supone entrega,
donación, salir de sí, pensar en el otro, buscar el bien de mi hermano enfermo, entregar mi tiempo, mi
vida, ofrecer todo mi ser. Todo es cuestión de amor “ama y haz lo que quieras” dirá San Agustín. El
amor es la base de la vida de Jesús, por eso se entregó y vivió para sus hermanos necesitados;
podemos decir que la vida toda de Jesús fue una eucaristía que se celebró en la última cena y culminó
en el monte Calvario con su muerte y glorificación. Hospitalaria es sinónimo de mujer eucarística por
su donación al Padre en beneficio de sus hermanos.
Todo esto, es don del Espíritu Santo que actúa continuamente en cada una de nosotras haciendo una
obra trinitaria porque es ofrecida al Padre reproduciendo la vida de su Hijo, Jesucristo.

                                       “Eran odres nuevos a la espera del vino nuevo que llegó del cielo.
                                                      El gran racimo ya había sido pisado y glorificado”
                                                                                          (San Agustín)


                                                                             Ana Maria LIZARRONDO, HSC
                                                                        Clinica Ntra. Señora de Guadalupe
                                                                                           Quito – Ecuador




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