La Amistad: Una goleta cubana by vmn9Cw86

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             La Amistad: Una goleta cubana.

La amistad, el sentimiento más puro y generoso del ser
humano, el que no pide nada a cambio, ha hecho posible este
encuentro con la tripulación de una goleta cubana que lleva
toda la carga del holocausto más largo de la historia.
Calificada por la UNESCO como crimen de la humanidad la
trata esclavista trajo al continente americano más de veinte
millones de mujeres y hombres secuestrados de sus tierras
de origen. Un grupo de personas altruistas, con vocación
social   e   histórica   y   sentimientos   del   más   profundo
humanismo construyeron la réplica de una goleta que lleva el
nombre de La Amistad y que probablemente haya sido
construida en el puerto de Matanzas o en el de La Habana
para el cabotaje y el trasiego clandestino de esclavos de un
puerto a otro de la Isla.


En junio de 1839 en la cubierta de esta goleta se protagonizó
uno de los hechos históricos más escandalosos de la trata
esclavista. Un grupo de mujeres y hombres de la etnia Mendé
encabezado por el esclavo Sengbe Phie conocido por Joseph
Cinqué, hijo de un jefe de aldea en lo que es hoy Sierra Leona
y propietario de tierras dedicadas al cultivo del arroz, se
alzaron en pos de la libertad. Con un clavo hallado en la
cubierta Cinqué, pudo liberarse y liberar a sus hermanos
atados con largas cadenas y grilletes.
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Sedientos, con raciones de comida muy limitadas, enfermos
muchos, y decididos a morir si fuera necesario, echaron mano
de machetes y liquidaron a casi toda la tripulación del
Amistad.


Cinqué asumió el mando de la revuelta y castigó al capitán
sometiéndolo al mismo régimen que habían sufrido los
esclavos de la embarcación. Aterrorizado pero astuto como
todo tripulante de un barco negrero, el capitán aparentó
seguir las órdenes del cabecilla africano y desvió la nave que
zigzagueando pudo llegar a las costas de Long Island, donde
luego de un tortuoso proceso legal obtuvieron la libertad.


La goleta Amistad, con una carga de cincuenta y tres esclavos
nunca tocó su destino que era el puerto de la Guanaja en
Puerto     Príncipe,   hoy   Camagüey.   La   noticia   de   esta
sublevación causó pánico en la población blanca esclavista de
Cuba porque el hecho tuvo lugar en la costa norte de la hoy
provincia de Las Villas entre Caibarién y Sagua la Grande. El
negocio de la trata hacia más de treinta años había sido
declarado ilegal por los ingleses. A los ciento setenta años de
aquel suceso, recibimos en el día de hoy, en la bahía de La
Habana, importante puerto de desembarque de esclavos, del
siglo diez y nueve; a la réplica de La Amistad.
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No tengo que explicar la significación histórica que este
acontecimiento encierra para las relaciones de Cuba con los
Estados Unidos, entre otras razones, porque ha sido una
iniciativa del señor Gregory Belanger, presidente de la
fundación Amistad América, traer este barco a su lugar de
origen en un día como hoy 25 de marzo en que la réplica de la
Amistad conmemora su décimo aniversario de construida y
de surcar los mares del mundo. Con la bandera de Estados
Unidos y de Cuba en sus mástiles, el emblemático velero, al
tocar el puerto de Matanzas primero y luego el de La Habana,
une en un abrazo de hermandad a dos pueblos cuyas
historias son indisolubles y cuyo destino debía de estar
marcado siempre por la más alta aspiración de entendimiento
y solidaridad.


Nuestros pueblos poseen una historia común que trasciende
los tópicos contemporáneos y el diferendo de dos gobiernos.


Embajadora marítima de la Conmemoración permanente de
las Naciones Unidas en honor a las víctimas de la esclavitud y
del tráfico trasatlántico de esclavos, y emblema del Programa
Ruta del Esclavo de la UNESCO, con representación en Cuba,
la goleta Amistad y su tripulación, compuesta mayormente
por jóvenes cadetes, con esta visita, fortalece a Cuba con un
lazo de confraternidad entre la patria de Abraham Lincoln y la
de José Martí.
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Estamos convencidos que con la buena voluntad y el diálogo
en términos de igualdad los nudos de estos lazos como los de
las sogas de la Amistad se irán rompiendo en la medida en
que gestos como este se sucedan entre nosotros.


Damos la bienvenida a los capitanes William Pinkney y Seam
Bercaw, al historiador y constructor Quentin Snadiker, a la
tripulación y a todo el que haya puesto un granito de arena
en este hermoso proyecto. Una vez más aquellos que vinieron
esclavizados en los barcos negreros nos traen un soplo de
esperanza.
¡Viva la amistad entre los pueblos de Abraham Lincoln y José
Martí!




                                             Miguel Barnet
                                          Marzo 25 de 2010

								
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