EL USO TEORICO YE L USO PRACTICO DE LA RAZON by dK3Lya1

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									          EL USO TEORICO Y EL USO PRACTICO DE LA RAZON


                              EMMANUEL KANT
        Introducción:
        Kant representa un intento original de superar las dos corrientes filosóficas fun-
damentales de la modernidad, el racionalismo y el empirismo. La obra de Kant no se
limita a una síntesis superadora sino que en ella confluyen todos los siglos más impor-
tantes de la trama de la época moderna. Puede por ello ser considerado como la cul-
minación filosófica del s. XVIII.
        En efecto, Kant, no puede ser comprendido adecuadamente a no ser desde una
perspectiva compleja de los intereses e ideales de la ilustración.
        Al ocuparnos de la filosofía de Kant atenderemos a los más importantes núcleos
temáticos:
         La concepción Kantiana de la filosofía y el sentido que para él adquiere la ta-
            rea de realizar una órbita de la razón en conexión con los intereses filosóficos
            de la ilustración.
         La crítica que hace Kant a la razón teórica en su relación esencial con el co-
            nocimiento de la naturaleza.
         La razón práctica en su relación fundamental con el conocimiento moral y la
            tarea moral.
         Biografía:
         Nació en 1724-1804 en Königsberg. Hombre de profunda religiosidad que se
deja traslucir a través de su obra formalmente árida. Sobrio de costumbres y de vida
metódica.
         Kant encarna las virtudes de una vida dedicada por entero la estudio y la en-
señanza, profundamente integrado de los ideales de la ilustración, Kant profesó una
simpatía profunda por los ideales de la Independencia Americana y de la Revolución
Francesa. Fue pacifista convencido, antimilitarista y ajeno a todo tipo de patriotismo.
         Las obras de Kant suelen distribuirse en tres periodos que usualmente se
denominan: precrítico, crítico y postcrítico.
         El primer periodo corresponde a su filosofía dogmática, a su aceptación de la
metafísica racionalista siguiendo a Leibniz y a Wolff.
         Sus obras más conocidas e influyentes fueron escritas en el segundo perio-
do:
         “La Crítica de la Razón Pura”.
         “La crítica del juicio”.
         Además de estas obras Kant produjo una notable cantidad de escritos que
con su vigor y la influencia de su pensamiento nos obligan a considerarlo como uno de
los filósofos más notables de la cultura occidental.
         Obras:
         Periodo precrítico: (en este periodo es racionalista)
         Se manifiesta su doble interés científico y filosófico.
         “Historia general de la naturaleza y teoría del cielo”. En ella expone su teoría
            sobre el universo.
         “El único argumento posible para la demostración de la existencia de Dios”.
            En ella critica el argumento ontológico.
         “Disertación acerca de la fama y los principios del mundo sensible e inteligi-
            ble”. Es la obra más importante de esta etapa. En ella aparecen las contrapo-
            siciones entre conocimiento sensible y conocimiento intelectual, así como en-
         tre mundo sensible e inteligible, es decir, el problema de los límites del cono-
         cimiento.
      “Los sueños de un misionario”.
     Periodo crítico:
     Lo va a emplear en intentar solucionar el problema de la metafísica. Llega a la
madurez de su propio pensamiento con “La Crítica de la Razón Pura”.

        Cuatro preguntas van a traspasar toda su filosofía: ¿qué puedo saber? ¿qué
puedo hacer? ¿qué puedo esperar? ¿qué es el hombre?.
        La diversidad de interpretaciones de la razón es vivida agudamente por Kant. La
expresión “qué significa orientarse en el pensamiento” encierra la exigencia de someter
a juicio la razón. ¿Para qué? Para resolver, si es posible, el antagonismo entre las dis-
tintas interpretaciones que se han dado hasta ahora: racionalismo, empirismo, irracio-
nalismo (entendido como supervaloración del sentimiento de la fe mística o del entu-
siasmo subjetivo y por tanto como negación de la fe misma). Tres interpretaciones an-
tagónicas e irreconciliables de la razón que imponen según Kant la necesidad de llevar
a cabo una crítica de la misma.
        El juicio de la razón (a que está sometida: objetivo) significa para Kant un ejerci-
cio crítico de la razón (es decir, realizado por ella misma: subjetivo). Juicio que es ne-
cesario no solo por la diversidad en las interpretaciones de la razón sino también por el
modo en que los hombres de su época viven su vida: de modo no ilustrado, de minoría
de edad.
        La tarea de la crítica de la razón en su sentido más pleno tendrá como objetivo
principal la realización de la libertad.
        El remedio a tal situación sólo puede ser la crítica de la razón, que ésta se atreva
a buscar en sí misma la piedra de toque de la verdad. “La máxima de pensar por sí
mismo, eso es la Ilustración”. La crítica de la razón será pues la exigencia de clarifica-
ción que el ser humano se impone sobre lo que es, y sobre sus íntimos fines e inter-
eses.
        La filosofía Kantiana incluye pues un doble elemento:
        a) Crítica de las desnaturalizaciones de la razón.
        b) Proyecto de un estado nuevo de la humanidad en libertad. Según este pro-
        yecto “razón pura” significa en un sentido muy preciso la esencia de la razón en
        tanto que es una facultad que estable de sí misma:
            1) Los principios que rigen el conocimiento de la naturaleza.
            2) Las leyes que regula el comportamiento en cuanto a opción moral o libre.
            3)     Los fines últimos de esta razón así como las condiciones en que
            podrán ser almacenadas.

        A partir de esto, toda su filosofía girará en torno a las cuatro preguntas:
         ¿qué puedo saber o conocer? La metafísica, contesta Kant con “La Crítica de
            la Razón Pura” y con “Prolegómenos a cualquier metafísica que quiera pre-
            sentarse como ciencia”.
         ¿qué debo hacer? Que da respuesta a la moral. Contesta con la “critica a la
            razón práctica” y con “Fundamento de la metafísica y de las costumbres”.
         ¿qué puedo esperar? A la que responde la religión. Contesta con “La religión
            en los límites de la razón pura” y “La critica del juicio”.
         ¿qué es el hombre? A la que responde la antropología. Contesta con “La an-
            tropología”.
        El hecho de que Kant se haga estas preguntas implica que se está preguntando
por los límites y por las posibilidades del hombre. Empleará un método transcendental
o crítico.
        Periodo postcrítico:
        Es la última etapa de su vida en la que intenta realizar una síntesis de las tres
críticas, “Crítica de la Razón Pura”, “crítica de la razón práctica” y “crítica del juicio”.
También posee unas notas recogidas en el “opus postumun”.

1. El uso teórico de la razón

    1.1. El problema del conocimiento
        Lo primero que ha de hacer una crítica es responder a la pregunta ¿qué puedo
saber? Tema que tratará Kant en la “Crítica de la Razón Pura”.
        La doctrina Kantiana del conocimiento se basa en la distinción fundamental entre
dos facultades o fuentes del conocer: sensibilidad y entendimiento que poseen carac-
terísticas distintas y opuestas entre sí. La sensibilidad es pasiva, se limita a recibir ex-
presiones provenientes del exterior. El entendimiento es activo. Tal actividad, consiste
primordialmente en que el entendimiento produce de forma espontánea ciertos concep-
tos e ideas sin derivarlos de la experiencia, por ejemplo, causa, existencia, sustancia,
necesidad, etc.
        Esta distinción entre sensibilidad y entendimiento puede utilizarse para funda-
mentar filosofías muy distintas: en primer lugar, puede dar como resultado el raciona-
lismo (puesto que el entendimiento produce ciertos conceptos sin derivarlos de la expe-
riencia. Este podrá conocer la realidad sin recurrir a los datos de la experiencia). En
segundo lugar y bajo la influencia de Hume, Kant llegó a la conclusión de que nuestro
conocimiento no puede pretender ir más allá de la existencia.
        ¿Qué ocurre entonces con los conceptos que no proceden de los sentidos o que
el entendimiento produce espontáneamente?. La contestación de Kant será la siguien-
te:
               “es cierto que existen en el entendimiento conceptos que no proce-
        den de la experiencia en el ámbito de los datos sensoriales, por ejemplo,
        el concepto de sustancia”.

       Aunque por medio de los sentido solo percibimos figuras, todo el mundo habla
de “huele, admira, quiere,...”
       Para Kant, sustancia es un concepto que el entendimiento posee y utiliza para
unificar los datos sensibles.
       Bajo la influencia de Hume, llegó Kant por tanto a las siguientes conclusiones
acerca de los objetos no derivados de la experiencia:
        que el entendimiento los utiliza para conocer los objetos dados por los senti-
           dos para ordenarlos y unificarlos.
        Que no pueden ser legítimamente utilizados para referirse a algo de lo que
           no tengamos experiencia sensible.

    1.2. Posibilidad de la metafísica como ciencia
        En la introducción a la Crítica de la Razón Pura, Kant se muestra interesado por
el problema de la posibilidad de la metafísica, es decir, si es posible un conocimiento
científico acerca de Dios, la libertad, la inmortalidad del alma, etc.
        Es perfectamente comprensible la pretensión de Kant, teniendo en cuenta la
evolución de su pensamiento. Kant fue, en principio racionalista y estuvo convencido de
que el entendimiento puede rebasar las fronteras de la experiencia, y alcanzar su co-
nocimiento auténtico sobre realidades que está más allá de ella, tales como Dios, el
alma, etc. La influencia de Hume, sin embargo, hizo que esta fe Kantiana en la posibili-
dad de la metafísica se tambaleara.
        Kant no acepta ni el dogmatismo (racionalismo) ni el escepticismo (empirismo), y
busca una vía inmediata: el método crítico, y define esa crítica como “un tribunal que
garantice las pretensiones legítimas” de la razón pura, de tal manera que se pueda,
mediante la crítica de la razón hecha por la razón misma “decidir acerca de la posibili-
dad o imposibilidad de la metafísica... sus fuentes, su extensión y sus límites”.
        Dos son a juicio de Kant las deficiencias que han caracterizado tradicionalmente
a la metafísica, colocándola en clara desventaja respecto de la ciencia: en primer lugar,
la ciencia progresa, mientras que la metafísica continúa debatiendo las mismas cues-
tiones que debatían Platón y Aristóteles; en segundo lugar, los científicos se ponen de
acuerdo en sus teorías y conclusiones, mientras que el más escandaloso desacuerdo
reina entre los metafísicos.
        Urge pues plantearse el problema de si la metafísica puede constituirse como se
construyen las ciencias matemáticas y físicas.
        El problema fundamental consiste, pues, en delimitar si es posible la metafísica
como ciencia. La solución a este problema exige que nos planteemos una cuestión
previa: ¿cómo es posible la ciencia? El planteamiento es sencillo y podemos formularlo
así: “la ciencia es posible bajo ciertas condiciones”.
        ¿De qué condiciones se trata y cómo investigarlas?

        Condiciones que posibilitan la ciencia:
        Para comprender el planteamiento de Kant, hemos de distinguir dos tipos de
condiciones:
         Empíricas: aumentan nuestros conocimientos.
         Condiciones a priori: poseen validez universal y necesarias.
        Si esto es así, ni con el racionalismo, ni con el empirismo es posible la ciencia.
No con el primero, porque para él la única fuente válida es la razón, capaz de engen-
drar un conocimiento universal y necesario. La experiencia, para el racionalismo, no
puede engendrar un conocimiento válido: con ello, el racionalismo salvaría la universa-
lidad y la necesidad del conocimiento científico, pero no su carácter empírico.
        Tampoco con el empirismo, ya que nuestras ideas surgen siempre en relación
con los hechos de experiencia. Con ello, el empirismo salvaría el carácter empírico,
pero no la universalidad ni la necesidad.
        La pregunta por las condiciones que hacen posible el conocimiento científico (la
primera vista, general), puede completarse si tenemos en cuenta que una ciencia es un
conjunto de juicios o proposiciones. Este hecho hizo pensar a Kant que la pregunta por
las condiciones que hacen posible la ciencia podría concretarse de la siguiente manera:
¿cuáles son las condiciones que hacen posibles los juicios de la ciencia? Y responde:
los juicios sintéticos a priori.
        Bastará, piensa Kant, con observar cuidadosamente qué tipo de juicios utiliza el
saber científico o investigar las condiciones que los hacen posible.

   1.3. Tipos de Juicios: ¿qué tipos de juicios son característicos de la ciencia?

       1.3.1. Juicios analíticos
       Un juicio es analítico cuando el predicado está comprendido en el sujeto, y por
tanto, basta con analizar el sujeto para comprender que el predicado le conviene nece-
sariamente. Ej. “el todo es mayor que las partes”. Este juicio no amplía nuestro conoci-
miento.

       1.3.2. Juicios sintéticos
       Un juicio es sintético cuando el predicado no esta comprendido en la noción del
sujeto. Ej. “todos los nativos del pueblo X miden más de 1’90”. Estos juicios sí amplían
nuestro conocimiento.
       1.3.3. Juicios a priori y a posteriori
       Juicios a priori son aquellos cuya verdad puede ser conocida independientemen-
te de la experiencia ya que su fundamento no se halla en esta.
       Juicios a posteriori cuya verdad es conocida a través de los datos aportados por
la experiencia.

        1.3.4. Juicios sintéticos a priori
        Hasta el momento, Kant no es excesivamente original (en la exposición de los ti-
pos de juicios, expuestos ya por Hume). Su originalidad empieza a partir del momento
en que compara sus conclusiones con las de Hume.
        Hume hubiera aceptado esta doble clasificación de los juicios, considerándola
coincidente con la suya entre relaciones de ideas y juicios de hecho. Ambas clasifica-
ciones coinciden y se superponen: por una parte, hay juicios analíticos que son a priori
(estrictamente universales); y por otra, están los juicios sintéticos que son a posteriori
(contingentes y no estrictamente universales). Todo juicio analítico es a priori y vicever-
sa; todo juicio sintético es a posteriori y viceversa.
        Kant, sin embargo, tiene otra visión. Tomemos la siguiente proposición: “la recta
es la distancia más corta entre dos puntos”. En este juicio el predicado no está conteni-
do en la noción del sujeto: en el concepto de línea recta no entra para nada el concepto
de distancia. Es por tanto un juicio sintético, luego no es analítico. Tampoco es un juicio
a posteriori, ya que:
         Nos consta su verdad sin tener que medir distancias entre dos puntos, sin
           necesidad de recurrir a ninguna experiencia comprobatoria.
         Es estrictamente universal y necesario, carece de posibles excepciones.

        Es por tanto, a priori. Como consecuencia, Kant admite juicios sintético a priori
contrariamente a Hume. Ej. “todo lo que existe tiene una causa”.
        Todos los principios fundamentales de la matemática y la física se basan en los
juicios sintéticos a priori.
        También en la metafísica se dan tales juicios: de este tipo son los que utilizaron
Sto. Tomás y Descartes para demostrar la existencia de Dios o la inmortalidad del al-
ma. De ello no tuvieron experiencia alguna y además, sintético (no llegaron a descubrir
a Dios ni al alma como inmortal mediante el análisis del sujeto).

      1.3.5. Resumen de los tipos de juicios según Kant
      1-) Además de los juicios analíticos que son a priori, y los juicios sintéticos que
      son a posteriori; existen juicios sintéticos a priori.
      2-) Estos juicios sintéticos a priori son extensivos y son estrictamente universales
      por ser a priori.
      3-) Puesto que son a priori su validez se establece y es conocida independien-
      temente de la experiencia.
      4-) Las matemáticas y la física poseen juicios sintéticos a priori; es más, los prin-
      cipios fundamentales de la ciencia son sintéticos a priori.
      5-) Por tanto, las preguntas por las condiciones que hacen posible la ciencia
      equivalen a esta pregunta: “¿cuáles son las condiciones trascendentales que
      hacen posibles los juicios sintéticos a priori?”.

    1.4. Teoría del conocimiento en la Crítica de la Razón Pura
       La Crítica de la Razón Pura consta de tres partes denominadas: estética trans-
cendental, analítica transcendental y dialéctica transcendental. Estas tres partes co-
rresponden a las tres facultades que Kant encuentra en el ser humano: sensibilidad
entendimiento y razón.
             [Nota: Posiblemente hablando, solo existen dos facultades cognoscitivas:
      sensibilidad y entendimiento, pero dentro de este, Kant distingue dos tipos de fa-
      cultad intelectual: la formulación de juicios, realizada por el entendimiento pro-
      piamente dicho, y la facultad de razonar, enlazar juicios formando razonamientos
      a la que denominamos razón.]

       Estas tres partes se corresponden también con los tres tipos de conocimiento
cuyo estudio interesa fundamentalmente a Kant: el matemático, el físico y el metafísico
(sensibilidad = matemático, entendimiento = físico, razón = metafísico).
        En la estética transcendental, Kant estudia la sensibilidad, y muestra las con-
           diciones que hacen posible que en las matemáticas existan juicios sintéticos
           a priori.
        En la analítica transcendental se estudia el entendimiento y las condiciones
           que hacen posible que haya juicios sintéticos a priori en la física.
        En la dialéctica transcendental, Kant estudia la razón, y se ocupa del proble-
           ma de la posibilidad o imposibilidad de la metafísica, es decir, de si la metafí-
           sica satisface las condiciones que hacen posible la formulación de juicios
           sintéticos a priori.

        Si hay posibilidad de construir juicios sintéticos a priori es porque no todo proce-
de de la experiencia. Hay elementos no empíricos, que hay que descubrir y hay que
justificar su uso. Este es el trabajo de la Crítica de la Razón Pura.

      Kant, en su intento de síntesis entre racionalismo y empirismo, procede del si-
guiente modo:
       Algo es dado desde el exterior nosotros lo recibimos como impresiones o
         sensaciones, gracias las cuales tenemos una relación inmediata con el objeto
         a través de los sentidos (intuición empírica).
       Algo es puesto por el sujeto cognoscente que unifica, ordena y elabora la
         materia de las sensaciones; este algo ya no es empírico, por tanto es un
         elemento a priori.

        Esta relación entre lo dado y lo puesto es una relación que Kant llama de mate-
ria y forma. Se ve en Kant algo del empirismo (materia del conocimiento que es dada) y
algo del racionalismo (la forma expuesta por el sujeto, por tanto es a priori).

       Por eso el objeto que conocemos procede de la elaboración del material empíri-
co que proporcionan los sentidos mediante las formas o estructuras cognoscitivas del
sujeto.
       Conclusión: que nosotros conocemos es el producto de una adición de materia y
forma, de datos empíricos y formados a priori, de lo dado y lo puesto.

      Se alejó Kant así del empirismo que considera el conocimiento como un recibir
simples copias de los objetos sin contar para nada con la reelaboración del sujeto.

        1.4.1. Estética transcendental. Crítica de la sensibilidad
        Con este término de estética viene a designar no a una teoría del arte o de la be-
lleza, sino más bien a su teoría de la sensibilidad (facultad de tener percepciones sen-
sibles).
               “Llamo transcendental a todo conocimiento que se ocupe en gene-
        ral no tanto de objetos como de nuestro modo de conocerlos, en cuanto
        éste ha de ser posible a priori”.
       Ley del espíritu concretada en nuestra facultad de conocer. Estética transcen-
dental no significa otra cosa que conocimiento sensible.

       Condiciones sensibles del conocimiento:
       A partir del ejemplo de la visión, está depende de condiciones particulares y
empíricas, pero también depende de dos condiciones absolutamente universales, ge-
nerales, necesarias: el espacio y el tiempo. No se puede ver algo sin verlo en un lugar
del espacio y en un momento del tiempo.

        Para comprender la teoría Kantiana de la sensibilidad, basta con generalizar y
decir que el espacio y el tiempo son condiciones generales y necesarias (transcenden-
tales), no sólo de la visión, sino de toda la sensibilidad. Kant las denomina “formas a
priori de la sensibilidad” y también “intuiciones puras”.

       Espacio y tiempo. Formas a priori de la sensibilidad:
       Que el espacio y el tiempo son formas significa que no son impresiones sensi-
bles (olores, colores,...), sino la forma o el modo como percibimos todas las impresio-
nes particulares: los sentidos son percibidos en el espacio y el tiempo.
       A priori significa para Kant, que no procede de los sentidos. El espacio y el tiem-
po no proceden de la experiencia, sino que la preceden como condiciones para que
ésta (la experiencia) sea posible, es decir, son formas y son a priori del conocimiento.
       Kant distingue entre sensibilidad externa y sensibilidad interna. La primera está
sometida a ambas formas del espacio y tiempo. La segunda está sometida solo a la
forma del tiempo.

       Espacio y tiempo. Intuiciones puras:
       Como intuiciones, Kant quiere subrayar que no son conceptos del entendimien-
to. Kant piensa que los conceptos se caracterizan porque pueden ser aplicadas a una
multitud de individuos. Sin embargo, el espacio y el tiempo son únicos: no hay más que
un espacio y un tiempo.
       Y además una segunda razón para negar que el espacio y el tiempo sean con-
ceptos: el concepto hombre es el resultado de la abstracción de ciertos rasgos a partir
de la observación empírica de diversos individuos humanos, es decir, se forma con
posterioridad a la experiencia.
       Esto no puede ser el caso del espacio y del tiempo, que son condiciones de toda
experiencia, y por tanto, son anteriores a ella (son a priori transcendentales).
       El término “puro” significa en Kant vacío en contenido empírico: el espacio y el
tiempo son como dos coordenadas vacías en las cuales se ordenan las impresiones
sensibles (olores, colores,...).

       Los juicios sintéticos a priori en matemáticas:
       Además de exponer las condiciones sensibles del conocimiento, Kant se ocupa
en la estética transcendental del conocimiento matemático.
       A primera vista, puede parecer extraño, pues las matemáticas no se hacen con
los sentidos, sino con el entendimiento. Si lo trata ahora, es porque piensa que la posi-
bilidad de los juicios sintéticos a priori en matemáticas, dependen precisamente de que
el espacio y el tiempo sean intuiciones puras.
       El razonamiento de Kant puede resumirse del siguiente modo:
       La geometría y la aritmética se ocupan respectivamente del espacio y del tiem-
po: que se ocupe la geometría de las propiedades del espacio no nos resulta difícil de
comprender. Que la aritmética tenga que ver con el tiempo, resulta una afirmación ex-
traña que Kant explica del siguiente modo:
         La aritmética se ocupa de la serie numérica, y ésta a su vez se basa en la
          sucesión temporal. El tiempo es, pues, según Kant, fundamento último de la
          aritmética, ya que el número surge por la adición sucesiva de la unidad en el
          tiempo.
         Las matemáticas pueden formular juicios sintéticos a priori, porque el espacio
          y el tiempo son intuiciones puras a priori.
         Las matemáticas formulan juicios acerca del espacio y del tiempo: ahora
          bien, el espacio y el tiempo son condiciones previas independientes de los
          datos sensibles particulares; luego los juicios de las matemáticas son inde-
          pendientes de toda experiencia particular, a priori.
         Las matemáticas formulan juicios acera del espacio y del tiempo, pero todos
          los objetos de nuestra experiencia se dan en el espacio y en el tiempo; en to-
          dos los objetos de nuestra experiencia se cumplirán los juicios de las ma-
          temáticas, es decir, son estrictamente universales y necesarios sin excep-
          ción.

        1.4.2. Analítica transcendental
        La sensibilidad nos sitúa frente a una multiplicidad de impresiones en el espacio
y el tiempo. Ahora bien, percibir esos fenómenos no es sin más comprenderlos, si el
percibir es la función propia de la sensibilidad, entonces comprender es la función pro-
pia del entendimiento.

      La función de comprender se realiza mediante conceptos:
      El conocimiento incluye conceptos además de percepciones sensibles. Además,
comprender los fenómenos es poder referirlos a un concepto.
      Cuando no podemos hacer esto, nuestra comprensión queda bloqueada y resul-
ta imposible comprender. Observamos que esta actividad de referir los fenómenos a los
conceptos se realiza a través del juicio.
      El entendimiento puede ser considerado, pues, como la facultad de los concep-
tos como la facultad de los juicios.

        Distinción entre conceptos: empíricos y puros o categorías:
        Conceptos empíricos son los que proceden de los datos de los sentidos, son a
posteriori, son extraídos de la experiencia. Además de estos conceptos, el entendi-
miento posee, según Kant, conceptos a priori, es decir, que no proceden de la expe-
riencia. El entendimiento se caracteriza porque produce espontáneamente ciertos con-
ceptos sin derivarlos de los datos sensibles.
        Al mismo tiempo señalábamos que el entendimiento los aplica a las impresiones
sensibles, a los fenómenos para unificarlos y coordinarlos. Según Kant los conceptos
puros o categorías son trece. Se había dicho anteriormente que eran cuatro. Kant esta-
ba seguro de su hallazgo, porque había descubierto los conceptos puros o categorías
por un procedimiento riguroso e infalible. La función fundamental del entendimiento es
formular juicios. Unificar y coordinar los datos de la experiencia por medios de juicios.
Kant pensaba que habría tantas maneras de unificar los datos de la experiencia, como
formas posibles de juicio.
        Con esta idea en la mente, Kant recurrió a la lógica aristotélica, y encontró que
los juicios pueden ser:
        a) Atendiendo a la cantidad. Universales, particulares y singulares.
        b) Según la cualidad. Afirmativas, negativos e indefinidos.
        c) Atendiendo a la relación. Categóricos, hipotéticos y disyuntivos.
        d) Según la modalidad. Problemáticos, asertóricos y apodicticos.
       Los conceptos puros son condiciones transcendentales necesarias de nuestro
conocimiento de los fenómenos:
       Esto significa que el entendimiento no puede pensar los fenómenos si no les
aplica las categorías y viceversa, los fenómenos no pueden ser pensados sino de
acuerdo con las categorías.
       El conocimiento sensible nos ofrece una pluralidad de colores, formas, etc. El
entendimiento, al formular este juicio, coordina estas impresiones sensibles, aplicando
ciertas categorías: puesto que es un juicio general, el entendimiento aplica la categoría
de unidad; como es un juicio afirmativo según su cualidad, el entendimiento aplica la
categoría de realidad.
              Nota Asertórico: se dice del juicio que no excluye la posibilidad lógica de
       una contradicción. Apodíctico: también pude ser demostrativo, convincente, que
       no admite contradicción.
       En un juicio asertórico (según su modalidad) el entendimiento, aplica la categor-
ía de existencia.
       La justificación de la función que desempeñan las categorías en el conocimiento
es denominada por Kant “deducción transcendental de las categorías”. Si eliminamos la
función unificadora del entendimiento a través de las categorías no nos quedamos sino
con un conjunto de impresiones sensibles desarticuladas e inconexas.

       Los conceptos puros son vacíos:
       Así como el espacio y el tiempo han de llenarse con las impresiones sensibles,
las categorías han de llenarse con los datos procedentes del conocimiento sensible.
       Esto implica que las categorías sólo son fuente de conocimiento aplicadas a los
fenómenos, es decir, a las impresiones sensibles que se dan en el espacio y el tiempo.
Las categorías no tienen aplicación válida más allá de los fenómenos, no tienen validez
con realidades que están más allá de la experiencia.

       Los juicios sintéticos a priori en la física:
       Kant en su analítica transcendental se ocupa de dos cuestiones: el estudio del
entendimiento y de la posibilidad de los juicios a priori en la física.
       La primera puede resumirse en las dos proposiciones siguientes:
        el entendimiento conoce aplicando los conceptos puros de los fenómenos a
          los datos de los sentidos.
        Las categorías o conceptos puros solo tienen validez cuando son aplicados
          a los fenómenos, a lo dado en la experiencia.
       La segunda cuestión es que los principios fundamentales en los que se basa la
física son según Kant juicios sintéticos a priori. Tenemos el ejemplo de principio de
causalidad y veremos como siendo sintético puede ser a priori:
       El principio de causalidad esta basado en la categoría de causa, ahora bien, la
causa, como todas las categorías es un concepto puro que no procede de los sentidos,
sino que es previo a la experiencia a la cual se aplica; luego la validez del principio de
causalidad no depende de la experiencia sino que la precede. Es por tanto a priori.
       La distinción entre fenómenos y “cosas en sí”, permite comprender por qué Kant
denomina a su doctrina idealismo transcendental: porque el espacio y el tiempo y la
categoría son condiciones de posibilidad de la experiencia, de los fenómenos, y no
propiedades o rasgos de las cosas en si mismas.

      1.4.3. Dialéctica transcendental
             “todo nuestro conocimiento comienza por los sentidos, pasa de es-
      tos al entendimiento y termina en la razón. No hay en nosotros nada supe-
       rior a ésta para elaborar la materia de la intuición y someterla a la supre-
       ma unidad del pensar”.
       En la dialéctica transcendental se ocupa Kant de la naturaleza y funcionamiento
de la razón, así como de la posibilidad de la metafísica.

        La razón:
        El conocimiento intelectual no se limita a formular juicios, sino también conecta
unos juicios con otros formando razonamientos. Ej. “todos los hombres son mortales,
todos los hombres son investigadores, luego, todos los investigadores son mortales”.
        Este silogismo nos muestra cómo la conclusión tiene su fundamento en un juicio
más general que las premisas.
        Nuestro razonamiento puede ir sin embargo más lejos.
        La razón busca juicios cada vez más generales que abarquen y sirvan a una
multiplicidad de juicios particulares. La razón no se refiere nunca a la experiencia, sino
al entendimiento.
        La razón es pues de tal naturaleza que tiende a encontrar juicios, leyes e hipóte-
sis cada vez más generales que abarquen y expliquen un mayor número de fenóme-
nos.
        Este es el funcionamiento de la razón como consecuencia de su tendencia gene-
ral a buscar más condiciones más generales y en último término lo incondicionado, es
decir: la razón unifica los conocimientos del entendimiento refiriéndolos a algo absolu-
tamente primero e incondicionado, en lo que hay que detenerse. A estos incondiciona-
dos les llama Kant “ideas”, que son conceptos puros a priori de la razón: ideas trans-
cendentales.

       La razón y la metafísica:
       La razón nos impulsa pues a buscar leyes cada vez más generales y capaces de
explicar cada vez un número mayor de fenómenos. Mientras esta búsqueda se mantie-
ne dentro de los límites de la experiencia, tal tendencia es eficaz y amplía nuestro co-
nocimiento. Pero esta tendencia de la razón lleva inevitablemente a traspasar la barrera
de los datos sensibles en busca de lo incondicionado: los fenómenos físicos se preten-
den unificar y explicar por medio de teorías metafísicas acerca del mundo, lo que da
lugar a antinomias; los fenómenos psíquicos se pretenden unificar y explicar por medio
de teorías metafísicas acerca del alma, lo que da lugar a paralogismos; unos y otros se
intentan explicar por medio de teorías metafísicas acerca de una causa suprema de
ambos. Lo que constituye el ideal de la razón.
       Dios, alma y mundo, son según Kant tres ideas de la razón que juegan un papel
muy peculiar dentro de nuestro sistema cognoscitivo. Pues si bien no nos proporcionan
conocimiento alguno, expresan sin embargo, el ideal de la razón de encontrar leyes y
principios más generales: como el horizonte que nunca se alcanza, pero que nos indica
continuamente que hay que seguir avanzando.

       Imposibilidad de la metafísica como ciencia:
       La pregunta de la posibilidad de la metafísica es contestada por Kant negativa-
mente en la dialéctica transcendental. La metafísica entendida como un conjunto de
proposiciones acerca de realidades que están más allá de la experiencia, es imposible
ya que las categorías solo pueden aplicarse legítimamente a los fenómenos, a los da-
tos de los sentidos.
       La aplicación de las categorías fuera de la experiencia es lógicamente ilegítima y
da lugar a errores e ilusiones. La misión de la dialéctica consiste en mostrar que tales
errores provienen de pasar por alto la distinción entre fenómeno y causa. La dialéctica
transcendental es pues una crítica del entendimiento y de la razón en su pretensión de
alcanzar el conocimiento de las cosas sensibles de los que está más allá de la expe-
riencia.
       Pero si esta aplicación e las categorías es lógicamente ilegítima, es también una
tendencia inevitable de acuerdo con la naturaleza de la razón. La razón tiende inevita-
blemente a la búsqueda de lo incondicionado, a extender su conocimiento más allá de
la experiencia, a hacerse preguntas y formular respuesta acerca de Dios, del alma, y
del mundo como totalidad.

2. El uso práctico de la razón
       La razón práctica y el conocimiento moral:
       En la Crítica de la Razón Pura Kant hizo un notable esfuerzo para explicar cómo
es posible el conocimiento de los hechos (gracias a la conjunción de varios elementos):
las impresiones sensibles procedentes del exterior y ciertas estructuras a priori que el
sujeto impone a tales expresiones, a saber, el espacio, las formas del espacio y tiempo
y las categorías, y hasta dónde es posible el conocimiento de los objetos (sólo en la
aplicación de las categorías a los fenómenos), y la metafísica (al aplicar los conceptos
puros más allá de los fenómenos).
       Ahora bien, la actividad racional no se limita al conocimiento de los objetos. El
ser humano necesita saber cómo ha de obrar, cómo ha de ser su conducta: la razón
posee también una función moral, en correspondencia con la segunda pregunta que
hacíamos al principio, que era “¿qué debo hacer?”.
       Esta doble vertiente puede expresarse por medio de la distinción entre razón
teórica y práctica. No se trata de dos razones, sino de dos funciones de la razón, per-
fectamente diferenciadas. La razón teórica se ocupa de conocer cómo son las cosas.
La razón práctica de cómo debe de ser la conducta humana.
       A la razón práctica no le corresponde conocer cómo es de hecho la conducta
humana, sino cómo debe ser: no le interesan los motivos que determinan empíricamen-
te y psicológicamente a los hombres, sino los principios que han de moverle a obrar
para que su conducta sea racional y por tanto moral. Esta separación entre ambas es-
feras suele expresarse diciendo que la ciencia (razón teórica) se ocupa del ser, mien-
tras que la moral (razón práctica) se ocupa del deber ser.
       La diferencia entre estas actividades racionales se manifiesta según Kant en el
modo totalmente distinto en que una y otra expresan sus principios y leyes: la razón
teórica formula juicios, mientras que la razón práctica formula imperativos.

   2.1. El formalismo moral
        La teoría moral de Kant o ética Kantiana, representa un giro dentro de la historia
de la filosofía: si antes de él todas las éticas habían sido materiales, la de él es formal.

        2.1.1. Las éticas materiales
       Para comprender esto es necesario comprender la ética material. En primer lu-
gar no hay que confundir ética material con ética materialista; lo contrario de una ética
materialista es una ética empirista, y lo contrario de una ética material es una ética for-
mal.
       De modo general podemos decir, que son materiales las éticas que fijan un bien
supremo para el ser humano como criterio de bondad o cualidad de su conducta, por lo
tanto, los actos serán buenos cuando se acerquen a la consecución del bien, y malos
cuando se alejen de él.
       De acuerdo con esta definición, en toda ética material encontramos estos dos
elementos:

         La noción de que hay bienes: cosas buenas para el hombre.
         Una vez establecido el bien supremo, la ética estable unas normas encami-
          nadas a alcanzarlo.
        La ética material, pues, es una ética que tiene contenido y lo tiene en el doble
sentido que acabamos de señalar, en cuanto que tiene el bien supremo, y en cuanto
que dice qué hay que hacer para conseguirlo.

       Crítica de Kant a las éticas materiales:
        Kant criticó a las éticas materiales porque a su juicio presentan las siguientes
deficiencias. En primer lugar, las éticas materiales son empíricas, son a posteriori, está
extraído de la experiencia. Se trata pues de generalización a partir de la experiencia. A
Kant le preocupa que su ética sea empírica:
        Porque pretende formular una ética cuyos imperativos sean universales y que
           en su opinión de la experiencia no se puedan extraer principios universales.
        En segundo lugar los preceptos de las ideas materiales son hipotéticos o
           condicionales: no valen absolutamente si no es de un modo condicional para
           conseguir un fin.
        En tercer lugar, las éticas materiales son heterónomas.

      Si autonomía consiste en determinarse a sí mismo a obrar, heteronomía consiste
en recibir la ley desde fuera de la propia razón. Para Kant tiene que ser heterónima,
porque la voluntad es determinada a obrar por el deseo.

    2.2. La ética formal de Kant
        Sentido de una ética formal:
        Las éticas materiales se encuentran inevitablemente aquejadas por estas tres
deficiencias. A partir de esta crítica, el razonamiento Kantiano es sencillo: todas las éti-
cas materiales son empíricas, y por tanto incapaces de ofrecer principios estrictamente
universales, son hipotéticas en sus imperativos y heterónomas.
        Una ética estrictamente universal y racional, no debe de ser empírica, sino a
priori; ni heterónoma, sino autónoma: el sujeto ha de determinarse a si mismo a obrar;
ni hipotética en sus imperativos, sino absolutos y categóricos; por tanto una ética estric-
tamente universal y racional no puede ser material sino formal.
        ¿Qué es entonces un ética formal? Es una ética vacía de contenido, que no tie-
ne contenido en ninguno de los dos sentidos como la ética material, es decir, no esta-
blece ningún bien o fin que haya de ser perseguido por el ser humano y no nos dice lo
que hemos de hacer.
        Kant aspira a una ética racional y universal, es decir, que valga para todos los
hombres y sea necesaria. La ley tiene que ser de tal forma que no quede la menor du-
da sobre ella, que se imponga por sí misma a todos los hombres, y que tenga vigencia
necesaria; para que una moral sea universal tiene que apoyarse en imperativos que
provienen no solo de la razón, sino de la voluntad que tienen todos los hombres.
        Lo que proviene de la razón, es decir, no lo que es, sino lo que “debe ser”, no
puede venir de la experiencia porque ésta es concreta y particular, además, antes de la
experiencia no tenemos una noción de lo bueno y lo malo: haz el bien y evita el mal.
        Las leyes naturales no mandan ni prohiben, sólo se limitan a describir lo ocurre.
La ley moral, por el contrario, se expresa siempre con un mandato que viene de la vo-
luntad, es decir, los imperativos. La voluntad es buena por sí misma y no por lo que
honra, o porque consigue el fin que se propone; la buena voluntad es autónoma y por
tanto, cuando se mueve para conseguir bienes deja de ser autónoma y se convierte en
heterónoma. La ley que la voluntad se dicta a sí misma la denomina “imperativo ca-
tegórico”, no condicionado para nada, es decir, es absoluto: el deber por el deber.
       El deber:
       La ética formal no establece pues lo que hemos de hacer, se limita a señalar
cómo hemos de obrar. Una hombre actúa moralmente cuando actúa por deber. El de-
ber es “la necesidad de una acción por respeto a la ley”, es decir, el sometimiento a
una ley, no por la utilidad o satisfacción que su cumplimiento pueda producirnos, sino
por respeto a la misma ley.
       Kant distingue tres tipos de acciones: contrarias al deber, conformes al deber, y
hechas por deber. Sólo estas últimas poseen valor moral.
       El valor moral de una acción no radica en el fin o propósito a conseguir, sino en
la máxima, en el móvil que determina su realización. Cuando este móvil es el deber:
“una acción hecha por deber tiene su valor moral no en el propósito que por medio de
ella se quiera alcanzar, sino en la máxima por la cual ha sido resuelta”; no depende
pues de la realidad del objeto de la acción, sino meramente del principio del querer.

       El imperativo categórico:
       La exigencia de obrar moralmente se expresa en un imperativo que no es ni
puede ser hipotético, sino categórico. Kant ha ofrecido diversas formulaciones del im-
perativo categórico: “obra soólo según una máxima que puedas querer, al mismo tiem-
po que se torne en ley universal”.
       Esta fórmula muestra claramente su carácter formal, no establece ninguna nor-
ma completa, sino la forma que han de poseer las normas que determinan la conducta
de cada uno (máximas).
       Kant ofrece otra fórmula del imperativo categórico: “obra de tal forma que uses la
humanidad tanto en tu persona como en cualquier otro siempre como un fin, y nunca
meramente como un medio”.
       Esta segunda formulación muestra también su carácter formal y su exigencia de
universalidad. A diferencia de la anterior, en ésta se incluye la idea de fin; sólo el hom-
bre, en tanto que ser racional, es fin en sí mismo. No ha de ser utilizado nunca como
simple medio.

        La libertad. Inmortalidad del alma y existencia de Dios:
        La Crítica de la Razón Pura había puesto de manifiesto la imposibilidad de la
metafísica como ciencia, es decir, como conocimiento objetivo del alma, del mundo y
de Dios.
        Ahora bien, el alma, su inmortalidad y la existencia de Dios, constituyen interro-
gantes de interés fundamental para el destino del hombre.
        Kant nunca negó la inmortalidad del alma o la existencia de Dios. En la Crítica
de la Razón Pura, se limitó a establecer que el alma y Dios no son fenómenos que se
den en la experiencia, por lo que no son asequibles al conocimiento científico, que sólo
tiene lugar en la aplicación de las categorías a los fenómenos.
        Dios y la inmortalidad del alma no son pues cognoscibles por la razón teórica, se
nos imponen en el análisis de la razón práctica.
        La inmortalidad, la inmortalidad del alma, la existencia de Dios son según Kant
postulados de la razón práctica. El término postulado ha de entenderse aquí en sentido
estricto, como algo que no es demostrable pero que es supuesto necesariamente como
condición de la moral misma. En efecto, la experiencia de obrar por respeto al deber,
supone la libertad, la posibilidad de obrar por respeto al mismo deber venciendo las
inclinaciones contrarias.
        También la inmortalidad del alma y la existencia de Dios son postulados de la
moral, según Kant, aunque en estos casos su razonamiento es más complicado.
        La inmortalidad se argumenta así: la razón nos ordena aspirar a la virtud, es de-
cir, a la concordancia perfecta y total de nuestra voluntad con la ley moral.
         Esta percepción es inalcanzable en una existencia limitada. Solo se realiza en
un proceso identificado, que por tanto, exige una duración ilimitada, es decir, la inmor-
talidad.
         Por lo que se refiere a la existencia de Dios, Kant afirma que la disconformidad
que encontramos en el mundo entre el ser y el deber ser, exige la existencia de Dios
como realidad en que el ser y el deber ser se identifican y en quien se da una unión
perfecta de virtud y felicidad.
         La moral, que en absoluto se sustenta en el recurso a la felicidad, se enlaza
también de la felicidad, pues ella resulta de la realización del bien moral; por eso, la
moral no es la doctrina de cómo nos hacemos felices, sino de cómo debemos llegar a
ser dignos de la felicidad.

								
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