EL PERIODISMO DE PAZ by x11D89e

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									EL PERIODISMO DE PAZ
Presencias y ausencias en la cobertura
      de las revueltas de París




                              Maribel Hernández Sánchez
                 maribelhs@terra.es / laperio@hotmail.com
ÍNDICE




0. INTRODUCCIÓN                                                           3



MARCO TEÓRICO. El periodismo de paz: la necesidad de un nuevo
paradigma

1. Otro periodismo es posible                                             5

2. Los medios de comunicación: recursos para la paz                       7

3. La alternativa: el periodismo de paz                                   9




ANÁLISIS. Las revueltas de París: estudio de la cobertura del conflicto
desde la perspectiva del periodismo de paz

1. Arde París: los “miserables” del siglo XXI                             17

2. Las llamas son noticia                                                 18

3. Las revueltas y el periodismo de paz: luces y sombras                  19

4. Sombra: el papel de la televisión                                      28

5. Luz: el caso de Yazid Kherfi y Marsella                                29

6. Conclusiones                                                           29

7. Bibliografía                                                           31
0. INTRODUCCIÓN


       El 6 de noviembre de 2005 la Asociación Católica Mundial para la
Comunicación (SIGNIS) firmaba en Lyon la declaración “Medios de comunicación para
una cultura de paz”. En el texto se considera que cualquier idea de paz implica hoy en
día a los medios de comunicación y hace una llamada a “cambiar la forma en que nos
comunicamos, a través de unos medios centrados en nuestra capacidad de vivir juntos
y de contribuir a un mundo de paz, respeto y solidaridad”. Además, se hace hincapié
en la capacidad de los medios de ayudarnos a aceptar “la diversidad de identidades,
brindando el reconocimiento social a diferentes grupos y comunidades”.
       Ese mismo día, las portadas de los diarios de medio mundo presentaban la
escena de coches calcinados en los barrios pobres de París, y las pantallas de las
televisiones se llenaban de escenas de violencia cuyos autores eran unos jóvenes que
no supieron encontrar una forma mejor de “ser noticia” y salir de la invisibilidad social.
       La cara y la cruz. Los medios de comunicación poseen un potencial enorme,
como mediadores y constructores del espacio público, para fomentar el entendimiento
y el acercamiento al “otro”. Al mismo tiempo, encierran en sí mismos la capacidad de
despertar odios y reforzar ciclos de violencia. Este trabajo se propone analizar el papel
que cada vez con más urgencia la sociedad exige a los medios como promotores de
paz, su responsabilidad en la difícil misión de facilitar la comprensión de un mundo que
es cada vez más complejo.
       Para ello, se ha dividido en dos partes. La primera de ellas, de carácter teórico,
pretende ser un análisis de esa capacidad preventiva de los medios de comunicación
en una sociedad en continuo movimiento. En ella se propone un cambio de paradigma:
la adopción de las pautas del Periodismo de Paz. Una nueva manera de entender la
profesión periodística. ¿Cómo deben los medios tratar los conflictos? Mucho se ha
hablado de la forma en que son contadas las guerras, sin embargo, es todavía un
terreno por explorar el rol de la prensa ante los conflictos sociales, que son una
consecuencia cada vez más clara de la globalización económica. ¿Puede un
determinado tipo de cobertura contribuir a dar alas a esa violencia? ¿Cabe la
posibilidad de una acción positiva y alternativa en este tipo de conflictos? Para tratar
de responder a éstas y otras cuestiones analizaremos críticamente, y basándonos en
las premisas del Periodismo de Paz, la cobertura que la prensa, y en particular el
diario El País, dio a las revueltas de las banlieues.
1ª Parte

MARCO TEÓRICO




 El periodismo de paz: la necesidad
       de un nuevo paradigma
1. OTRO PERIODISMO ES POSIBLE.

        Nos hallamos sumergidos en un proceso de profunda transición social. Una
nueva reconfiguración del sistema internacional cuyo horizonte es todavía incierto, y
que algunos expertos han comparado con el cambio resultante del nuevo orden
establecido por Westfalia1 basado en la expansión de los estados-nación.
Acontecimientos como la caída del Muro de Berlín y el consiguiente fin de la Guerra
Fría o más recientemente, los atentados del 11-S, han marcado un punto de inflexión
en el rumbo del nuevo siglo. Una época que avanza sobre el paradójico escenario de
una globalización económica consolidada que, al mismo tiempo, viene acompañada
por un proceso contrario de fragmentación y afirmación de las diferencias locales y
regionales. Las consecuencias de estas dinámicas, tal y como señala Vicenç Fisas,
contribuyen a un mundo “más multicéntrico a nivel de actores, y consecuentemente,
más imprevisible y más inestable a nivel de estructuras y dinámicas” 2.
        En    este    inquietante    panorama       los   medios      de   comunicación,       como
constructores y articuladores de la realidad social juegan un papel clave ante los
nuevos retos que se plantean. Pero, ¿están verdaderamente preparados para hacer
frente de manera responsable a este desafío?, ¿en qué medida la información que
proporcionan contribuye a la comprensión de estos cambios, a la formación de
ciudadanos libres y a la salud del sistema democrático?, ¿cuánto de “real” tienen las
porciones de realidad que se muestran a diario en las pantallas de la televisión o en
las páginas de los diarios?, ¿cómo ha afectado la revolución de las comunicaciones a
los medios? Y, en definitiva, haciéndonos eco de la pregunta de la periodista argentina
Alicia Cytrynblum3: si el mundo cambió, ¿cambió el periodismo?
        El periodismo cambió poco y son muchas las voces que afirman que lo hizo
inclinándose hacia el lado negativo de la balanza. Una de estas voces críticas es la del
director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, quien, en este contexto,
asegura que, paradójicamente, lejos de favorecer la comprensión de cuanto sucede y,
profundamente influenciados por la televisión, “los periódicos han simplificado su
discurso en el momento en que el mundo, transformado por el fin de la guerra fría y
por la mundialización económica, es considerablemente más complejo”4.


1
  Autores como Hans-Joachim Heintze o José Manuel Pureza así lo apuntan. Este último habla de una
“segunda oleada de cambio estructural” que está suponiendo una intensificación de las interacciones
fronterizas y dando lugar a una nuevo concepto y experimento en la comunidad social y política, al que
denomina “nuevas comunidades de destino” (new communities of fate). M. Aguirre, Francisco Ferrándiz,
José Muel Pureza, Before emergency: conflict prevention and the media, Ed. Universidad de Deusto,
Bilbao, 2003.
2
  Fisas, Vicenç, Cultura de paz y gestión de conflictos, Icaria, Barcelona, 1998.
3
  Cytrynblum, Alicia, Periodismo social, una nueva disciplina, La Crujía, Buenos Aires, 2004
4
  Ramonet, Ignacio, La tyrannie de la communication, Folio Actuel, ed. Gallimard, 2001.


                                                                                                    5
          La revolución de las tecnologías ha colocado a los medios de comunicación en
el centro de un sistema de relaciones e influencias en el que interactúan el poder
político, el poder económico y la opinión pública. Los medios, como eje nuclear de este
sistema, funcionarían constituyendo el espacio público en el que dichos actores se
intercambian mensajes. Además, en su labor cotidiana los medios de comunicación
trabajan condicionados por estos tres elementos y por los intereses que unos vierten
sobre los otros.

                  CUADRO 1: Influencias entre los medios y los actores de la sociedad global

                                            Opinión Pública




                                                MEDIOS DE
                                              COMUNICACIÓN


                    Poder                                                       Poder Económico
                    Político




                  FUENTE: Elaboración propia




          El triunfo del mercado en la sociedad posmoderna ha afectado también a la
información, convirtiéndola en un producto más que hay que vender al mayor número
posible de personas y con el menor coste. Esta mercantilización se materializa en
última instancia en una pérdida de calidad y cuestiona el cumplimiento efectivo de la
“función social” de los medios, alejándoles de esa misión fundamental, la de “alumbrar
y enriquecer el debate democrático”, en palabras de Ramonet5. Lejos de fomentar el
debate, en este nuevo orden los medios legitiman el discurso único y poseen una
estructura, según apunta Noam Chomsky, “diseñada para inducir a la conformidad con
la doctrina establecida”6. Se trata pues, de una forma sutil de propaganda disfrazada
de información objetiva.
          Por todo ello, y porque los medios de comunicación ejercen hoy en día un
poder capaz de modelar las mentes de las personas “y el destino de gentes y




5
    Íbidem, p. 10.
6
    Chosmky, Noam, Necessary Illusions, 1989, en http://www.zmag.org/Chomsky/ni/ni-c01-s01.html


                                                                                                  6
naciones”7 otro periodismo es posible, necesario y urgente. En una sociedad en la que
“parece”8 primar la violencia como única solución posible a los conflictos, o al menos,
como la más común, el desafío consiste precisamente en presentar otras opciones. Es
precisamente aquí donde se renueva completamente la razón de ser del periodista. Si
Ramonet considera que en esta época de transformaciones el periodismo no
desaparecerá jamás únicamente si logra contestar a la cuestión de “de qué problemas
actuales es él la solución”, estamos en condiciones de afirmar que esta profesión tiene
todavía mucho por hacer en el terreno de la prevención de los conflictos (en todos los
niveles) y en la construcción de una cultura de paz.




2. LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: RECURSOS PARA LA PAZ.

        La influencia que los medios de comunicación ejercen sobre la sociedad
encierra un potencial constructivo y otro de distinto signo. Según el director del Center
for War, Peace and the News Media en la Universidad de Nueva York, Robert Karl
Manoff, “los medios constituyen un importante recurso humano cuyo potencial para
ayudar a prevenir y moderar la violencia social necesita ser discutido, evaluado, y,
donde sea oportuno, movilizado”9. Este asunto fue, precisamente, debatido en Sri
Lanka con motivo del Congreso Mundial de Periodistas Medioambientales, celebrado
en octubre de 2002. En una conferencia titulada “El papel de los medios en los
procesos de paz”, Sanjana Hattotuwa, del Centre for Policy Alternatives (CPA) hablaba
de estos dos roles: “debemos reconocer que los medios juegan un papel central en la
promoción de la paz. Los medios pueden enfatizar los beneficios que puede traer la
paz, pueden legitimar a grupos o líderes que trabajen por la paz, y pueden ayudar a
transformar las imágenes del enemigo. Sin embargo, los medios pueden también
servir como agentes destructivos en un proceso de paz, y pueden optar por centrarse
de forma negativa en los riesgos y peligros asociados al compromiso, legitimar a los
que se oponen a las concesiones y reforzar estereotipos negativos del enemigo”10. A
esta misma posibilidad se refiere Fisas cuando habla del papel que juegan los medios

7
  Manoff, Robert Karl, The Media’s role in preventing and moderating Conflict, http://www.usip.org/virtual-
diplomacy/publications/papers/manoff.html
8
   El término aparece entrecomillado porque, como veremos, el discurso mediático general tiene
precisamente mucho que ver en que ésta sea la percepción más extendida.
9
  Op. cit
10
   Al hilo de estas ideas, un estudio interesante dentro del contexto español actual sería el análisis del
discurso mediático en torno al proceso de paz en el País Vasco. En él podríamos comprobar, tal y como
apunta Hattotuwa, la dificultad con la que topan los medios para contribuir a la paz cuando no existe un
consenso entre los líderes políticos. “No es plausible pensar que los medios de comunicación intentarán
escribir sobre el conflicto con ningún grado de precisión mientras el personal de medios e instituciones
cercanas a los centros de poder político raramente trasciendan las agendas de los partidos”. Hattotuwa,
Sanjana, The role of media in Peace Proceses, en http://www.peaceinsrilanka.org


                                                                                                         7
“en la configuración de determinadas actitudes sociales en relación a los conflictos y
su transformación, ya sea para alentar comportamientos agresivos, justificar acciones
bélicas, formar estereotipos, imágenes del enemigo y demonizaciones, despertar
compasión, misericordia y caridad, estimular exigencias de actuación, cambios de
políticas o romper distancias”11.
          Los medios de comunicación deben ahora enfrentarse al reto de desnaturalizar
la violencia, de deslegitimar y deconstruir la extendida percepción de que el uso de la
fuerza es “lo normal”, una idea que se ha instalado en nuestras conciencias y que ellos
mismos han contribuido a forjar a través de una saturación de mensajes
descontextualizados. La violencia per se es noticia, pero no lo son las causas que la
originan ni las posibles salidas a la misma. El periodismo, si quiere ser un buen
periodismo y responder a lo que una gran parte de la sociedad le está demandando a
gritos silenciosos, debe ser responsable.


         2.1. ¿RESPONSABILIDAD VERSUS VERDAD?
         El desarrollo de ese potencial preventivo de los medios requeriría que los
profesionales reconsideraran de nuevo el concepto de responsabilidad. ¿Basta con
informar?, ¿una vez que el profesional ha redactado la noticia debe desentenderse de
sus efectos? Como bien apunta el periodista colombiano Javier Darío Restrepo,
ninguna información puede ser neutra porque no hay información sin efectos. Sin
embargo, “es frecuente encontrar al periodista que responde por la exactitud de la
noticia pero no por sus efectos”12. Este sería el sentido de la responsabilidad
periodística, entendida por el código de la Asociación Interamericana de Prensa como
el “tener conciencia del poder del instrumento que se usa y recordar que el daño
causado jamás se repara totalmente”13.
         Sin embargo, el valor que se ha erigido hasta la categoría de prácticamente
sagrado en el ejercicio de la profesión es el de verdad. Existe un amplio debate entre
los que abogan por un periodismo responsable, que en definitiva no es distinto del
buen periodismo, y los defensores a ultranza de la libertad de prensa, para los que la
mera idea de un periodismo orientado a la prevención y la promoción de la paz
supondría una violación de los principios de objetividad e independencia.


11
   Op cit.
12
   Restrepo, Javier Darío, Ética periodística y cultura de paz, versión editada de los “Cuadernos del Taller
de      Periodismo”      de      la     Fundación        Nuevo      Periodismo        Iberoamericano,        en
http://www.mediosparalapaz.org/index.php?idcategoría=1371
13
   Restrepo establece cinco razones por las que el periodismo debe ejercerse con responsabilidad: la
información es un bien social; el patrón del periodista es la sociedad; la dignidad y la calidad del ejercicio
de su trabajo resultan de su relación con la comunidad; el periodista es un servidor público; y la
responsabilidad del periodista es hacia la sociedad. Íbidem


                                                                                                             8
        Para Robert K. Manoff14 la objetividad es un ideal inalcanzable, tan necesaria
como imposible. En definitiva, una “ilusión vital”, que en último término viene a ser una
técnica más en el intento de llegar a la verdad. “La objetividad es inalcanzable, pero es
el esfuerzo por llegar a ella lo que confiere a la práctica del periodismo su utilidad
social y su indudable nobleza”, apunta el director del Center for War, Peace and the
News Media.
        Una de las principales aportaciones de Manoff en el tema que nos ocupa es la
idea de la necesidad de trascender el paradigma de la objetividad al entender que la
historia del periodismo es una historia viva, “la historia de una interminable invención
social”. Manoff destaca la importancia de “no caer presos de un esencialismo
ahistórico que presume que la forma en la que el periodismo es hoy debería ser la del
periodismo de mañana”, es decir, que “la profesión no está congelada en su forma
presente”. En este sentido, considera que sería una estupidez el hecho de creer que
“la historia de los medios ha terminado aquí, y que no poseemos la imaginación social
para afrontar el desafío que se nos presenta ante la amenaza de una forma de
violencia social masiva que afecta a las sociedades humanas en todas partes”. Es en
este punto, precisamente, en el que se hace necesaria y urgente otra forma de
periodismo. “La urgencia de la tarea de prevenir la violencia genocida debería modelar
la evolución de los paradigmas periodísticos de manera que hagan posible que la
profesión contribuya a la prevención y resolución de los conflictos más eficazmente en
el futuro”. Ésa era la apuesta de Manoff en julio de 1998.




3. LA ALTERNATIVA: EL PERIODISMO DE PAZ

        Mucho antes, en 1961, el investigador Johan Galtung hablaba por primera vez
de un nuevo modo de entender el periodismo, el Peace Journalism (periodismo de
paz). Tras un estudio de diversos reportajes sobre Cuba, El Congo y Chipre
publicados en la prensa noruega, Galtung comprobó que cuando los medios trataban
el tema de la violencia, siempre obviaban un elemento: la paz. Ése es el valor añadido
de este novedoso paradigma y su gran potencial preventivo y transformador. Frente a
un modo de contar la realidad que la simplifica y polariza, reduciéndola a dos partes
“los buenos” y “los malos”, y que en su fascinación por la espectacularidad e
instantaneidad de los actos violentos tan sólo contribuye a reforzarlos sin presentar
otras posibles alternativas o salidas noviolentas al conflicto, el periodismo de paz se


14
  Manoff, Robert Karl, Telling the Truth to Peoples at Risk: some introductory thoughts on Media &
Conflict, 1998, en www.bu.edu/globalbeat/pubs/manoff0798.html


                                                                                                9
propone ir más allá. “El periodismo de paz quiere un tipo de noticia de optimismo y
menos pesimismo; no está en contra de informar a la gente sobre la violencia, sino
que se propone agregar un elemento, el de la paz”15, afirma Galtung, quien asegura
estar convencido de que si el periodismo opta por no poner el énfasis en la violencia
sino en el conflicto y sus posibles salidas, se pueden reducir los niveles de violencia.
        El periodismo para la paz y el conflicto (peace/conflict journalism) surge como
contraposición al extendido modelo de periodismo para la guerra o la violencia
(war/violence journalism). El primero estaría orientado hacia la paz, la verdad, las
personas y las soluciones mientras el segundo, por el contrario, se orientaría hacia la
guerra y la violencia, la propaganda, las elites y la victoria. Al mismo tiempo, el primero
implicaría un tipo de cobertura, según Galtung, en la que primarían los aspectos
psicológicos, mientras que el periodismo de guerra se basaría fundamentalmente en el
valor físico.




Cuadro 2: Peace Journalism vs War Journalism


     PEACE/CONFLICT JOURNALISM                          WAR/VIOLENCE JOURNALISM


Orientado hacia la paz y el conflicto              Orientado hacia la guerra y la violencia

Orientado hacia la verdad                          Orientado hacia la propaganda

Orientado a las personas/sociedad civil            Orientado a las elites

Orientado a las soluciones                         Orientado a la victoria
Fuente: Galtung, Johan, Media: Peace Journalism




        Dos autores que han desarrollado ampliamente el concepto de Periodismo de
Paz son los periodistas Jake Lynch y Annabel McGoldrick en cuya reciente obra,
“Peace Journalism”16, uno de los primeros libros que tratan explícitamente la materia,
han plasmado de manera eminentemente práctica la experiencia de más de treinta
años de profesión en la cobertura de conflictos. Unas ideas que ya habían venido
desarrollando previamente en artículos como “Peace Journalism: how to do it?”, “Using
conflict analysis in reporting” o “The Peace Journalism Option”17.



15
   Entrevista Johan Galtung en http://www.etcetera.com.mx/pag49cnet62.asp
16
   Lynch, Jake y McGoldrik Annabel, Peace Journalism, Hawthorn Press, 2005.
17
   Todos estos textos se pueden localizar en www.transcend.org


                                                                                           10
           Lynch y McGoldrick entienden que se el periodismo de paz se produce cuando
“editores y reporteros toman decisiones -sobre qué historias contar y cómo hacerlo-
que crean oportunidades para que la sociedad, en libertad, considere y valore
respuestas noviolentas al conflicto”. Para ello, el periodismo de paz:


       -   utiliza los métodos del análisis y transformación de conflictos para actualizar los
           conceptos de equilibrio, veracidad y precisión.
       -   proporciona una nueva hoja de ruta que traza conexiones entre periodistas, sus
           recursos, las historias que cubren y las consecuencias de su periodismo –la
           ética de la intervención periodística.
       -   construye una conciencia de noviolencia y creatividad en la rutina diaria del
           ejercicio periodístico18.


       Además, estos autores proponen una lista de 17 sugerencias prácticas para evitar
las simplificaciones y distorsiones de la realidad que supone el relatar los conflictos
desde una perspectiva periodística orientada hacia la guerra y hacerlo, en cambio,
siguiendo una estrategia informativa encaminada a la paz.


       1. Evitar retratar el conflicto como si se tratara de dos partes que buscan las
           mismas metas bajo una lógica de yo gano/tú pierdes. En su lugar, intentar
           descomponer las dos partes en muchos grupos más pequeños, con diversas
           necesidades e intereses, persiguiendo distintos objetivos.
       2. Evitar aceptar distinciones severas entre el “yo/propio”19 y el “otro” que pueden
           servir para construir la idea de que la otra parte es una “amenaza”. En su lugar,
           buscar al “otro” en el “propio” y viceversa.
       3. Evitar tratar un conflicto como si sólo sucediera en el mismo tiempo y lugar en
           el que acontece la violencia. En su lugar, intentar trazar las líneas y
           consecuencias para las personas en otros espacios ahora y en el futuro.
       4. Evitar valorar los méritos de la acción violenta o de una política violenta
           únicamente en términos de sus efectos visibles. En su lugar, intentar encontrar
           formas de contar cuáles son los efectos invisibles como las consecuencias a
           largo plazo de del daño psicológico y el trauma.
       5. Evitar que las partes se definan a sí mismas simplemente citando las
           demandas o posiciones repetidas por sus líderes. En su lugar, preguntarse
           cuáles son los objetivos, necesidades e intereses reales de las partes.

18
     Op cit.
19
     Se correspondería con el término inglés “self”.


                                                                                           11
6. Evitar concentrarse siempre en lo que divide a las partes, en las diferencias
   entre lo que dicen que quieren. En su lugar, intentar realizar preguntas que
   puedan revelar áreas de entendimiento común y sugerir que algunas metas,
   intereses o necesidades pueden ser compatibles y compartidos.
7. Evitar cubrir sólo los actos violentos y describir “el horror” y no sugerir así que
   la única explicación de la violencia es una violencia previa (venganza) y que el
   único remedio es más violencia (castigo, represión). En su lugar, intentar
   mostrar cómo se está viendo afectada la gente en su vida diaria por las
   condiciones que está generando esa violencia.
8. Evitar culpar a alguien por “empezarlo”. En su lugar, intentar ver cómo
   problemas compartidos llevan a consecuencias a las que las partes dicen que
   nunca pretendieron llegar.
9. Evitar centrarse exclusivamente en el sufrimiento, miedos y quejas de sólo una
   parte, dividiendo a las partes en “víctimas” y “verdugos”. En su lugar, dar el
   mismo valor al sufrimiento, miedo y quejas de todas las partes.
10. Evitar el leguaje victimista como “devastado”, “indefenso”, “lastimoso”,
   “tragedia”, etc. que sólo nos dicen lo que se ha hecho o podría haberle hecho
   un grupo de gente a otro. En su lugar, contar lo que ha hecho o podría ser
   hecho por la gente, aumentando las posibilidades de cambio o solución.
11. Evitar el uso de palabras imprecisas o emotivas. En su lugar, tratar de emplear
   siempre el lenguaje preciso sobre lo que sabemos.
12. Evitar los adjetivos demonizantes que siempre describen la visión de una parte
   sobre lo que la otra parte ha hecho. Su empleo coloca al periodista en una de
   las partes y ayuda a justificar una escalada de la violencia. En su lugar, intentar
   dar la máxima información posible sobre la fiabilidad de las descripciones o
   informaciones de otras personas sobre la violencia.
13. Evitar etiquetas demonizantes como “terrorista”, “extremista”, “fanático”,
   “fundamentalista”, etc, que siempre son colocadas por “nosotros” a “ellos”. En
   su lugar, tratar de llamar a las personas por los nombres que ellas mismas se
   dan.
14. Evitar centrarse sólo en los abusos cometidos por una de las partes. En su
   lugar, dar nombre a todos los malhechores, tratando a las víctimas de todas las
   partes respeto.
15. Evitar que una opinión parezca un hecho establecido. En su lugar, decirle
   siempre a la audiencia o a los lectores quién dice qué.
16. Evitar saludar la firma de documentos sobre la victoria militar o el alto el fuego
   como portadores de la paz. En su lugar, tratar de contar los temas que siguen


                                                                                   12
          permaneciendo y las necesidades e intereses de los afectados, contestando a
          la pregunta de qué tiene que ser hecho para evitar futuros actos de violencia.
     17. Evitar a que los líderes de “nuestro” lado sugieran u ofrezcan soluciones. En su
          lugar, explorar y recoger las iniciativas de paz de donde quiera que éstas
          procedan.


     Un seguimiento de las propuestas anteriores supondría un cambio radical en la
manera en que el periodismo trata los conflictos. Supondría una cobertura mucho más
amplia, profunda y constructiva, que no se centraría sólo en los episodios de violencia
directa –extendiendo así la percepción de que los conflictos se componen sólo de esa
parte visible y reforzando esos actos en una espiral de venganza y represión- sino que
ahondaría en las causas estructurales y culturales de los mismos, los otros tipos de
violencia que no siempre salen a la luz –porque no es tan fácil llegar a ellos y requiere
mucho más trabajo que el simple hecho poner la cámara y grabar cómo se quema un
coche o cómo se disparan unos a otros- y que si no se actúa sobre ellos constituyen el
caldo de cultivo de nuevos episodios violentos. Adoptar esta perspectiva nos llevaría a
ampliar también el horizonte de las posibles soluciones, que no quedarían reducidas a
un juego de “suma cero”, en el que la paz es una “paz por la fuerza”, y el resultado de
la victoria de una parte sobre la otra.
     El periodismo de paz es un periodismo comprometido. A la pregunta de por qué es
necesario, Johan Galtung propone dos tipos de respuestas. Una de índole moral,
“porque resolver los conflictos en lugar de vencerlos, dados los horrores de la guerra
moderna, puede reducir el sufrimiento humano”; y una respuesta no moral según la
cual considera que el periodismo de paz “aporta una imagen mucho más realista de lo
que sucede en el mundo”20. La información construida de acuerdo con las pautas del
periodismo de paz, evitaría caer en errores frecuentes en el tratamiento de la violencia
por parte de los medios de comunicación, algunos de los cuales ya se han
mencionado previamente y que Galtung clasifica como los “12 puntos de
preocupación”21:


     1.      Descontextualización de la violencia: centrarse en lo irracional en lugar de
             buscar las razones de los conflictos no resueltos y la polarización.
     2.      Dualismo: reducir el número de partes en un conflicto a dos cuando a
             menudo son más las partes implicadas. Las historias que sólo se centran en


20
   Galtung, Johan, Media: Peace Journalism, en www.transcend.org
21
      Schechter, Danny,      Covering Violence: how should         media   handle   conflict?,   en
http://www.peace.ca/coveringviolence.htm


                                                                                                 13
              el desarrollo interno de los acontecimientos ignoran habitualmente otras
              fuerzas externas como gobiernos extranjeros o compañías transnacionales.
       3.     Maniqueísmo: retratar una parte como la buena y demonizar a la otra como
              la mala.
       4.     Armageddon: presentar la violencia como algo inevitable omitiendo las
              alternativas.
       5.     Centrarse en los actos individuales de violencia mientras se obvian las
              causas estructurales como la pobreza, gobiernos negligentes o represión
              militar y policial.
       6.     Confusión: centrarse sólo en el escenario del conflicto, el lugar físico, y no
              en otras fuerzas y factores que influencian esa violencia.
       7.     Excluir y omitir a los afectados por la violencia y de esta manera nunca
              explicar por qué hay actos de venganza y espirales de violencia.
       8.     Fracaso en la exploración de las causas de escalada y del impacto de la
              propia cobertura del conflicto
       9.     Fracaso en la exploración de los objetivos de otras partes externas, como
              los grandes poderes.
       10.    Fracaso en la exploración de propuestas de paz y en la presentación de
              salidas pacíficas.
       11.    Confusión del alto el fuego y las negociaciones con la paz final
       12.    Omisión de la reconciliación: los conflictos tienen a resurgir si no se presta
              atención y esfuerzos a la reconstrucción de las sociedades divididas.


       Si bien es cierto que la mayor parte de la teoría y de los trabajos sobre periodismo
de paz están más centrados en el tratamiento de las guerras o conflictos armados, en
parte porque es precisamente en ellos donde el sufrimiento humano alcanza sus cotas
más elevadas, y donde es también más fácil caer en simplificaciones de la realidad y
terminar reduciéndola en dos bandos (que son más visibles en este tipo de
circunstancias), no lo es menos que sus premisas son extrapolables a cualquier tipo
de conflicto. He ahí también parte del desafío para todos los periodistas. Si
entendemos el conflicto como “la experiencia común de humanidad, así como su
oportunidad de progresar”22, podremos deducir que del modo en el que ese conflicto
sea transmitido a la sociedad dependerá en gran medida el rumbo de su evolución.
       En el siguiente análisis sobre la cobertura de las revueltas de las banlieues de
París del pasado mes de noviembre, vamos a intentar aplicar las características de


22
     Cunnington, Ray, How journalists can help peace, en www.peace.ca/howjournalistscanhelp.htm


                                                                                                  14
estas   dos   maneras    de   contar     los   conflictos.   Para   ello   nos   basaremos
fundamentalmente en el siguiente cuadro de Johan Galtung, que es recogido también
por los autores de “Peace Journalism”.




    PEACE/CONFLICT JOURNALISM                        WAR/VIOLENCE JOURNALISM

I. PEACE/CONFLICT ORIENTED                      I. WAR/VIOLENCE ORIENTED
 explorar la formación del conflicto,           atención en el escenario del
     actores, objetivos, cuestiones,                conflicto, dos partes, un objetivo
     perspectiva gano/ganas                         (ganar)
 espacio abierto, tiempo abierto; causas        espacio cerrado, tiempo cerrado;
     y desenlaces en cualquier parte,               causas y salidas en el escenario,
     también en la historia y cultura               quién lanzó la primera piedra
 hacer los conflictos transparentes             hacer las guerras opacas, secretas
 dar voz a todas las partes, empatía            “nosotros-ellos”, propaganda, voz al
 ver el conflicto/guerra como un                   nosotros
     problema, focus en la creatividad del       “ellos” como el problema, quién
     conflicto                                      predomina
 humanización de todos los lados, lo            deshumanización de los “otros”, lo
     peor las armas                                 peor las armas
 proactivo: prevenir la violencia/guerra        reactivo: esperar a la violencia
     antes de que ocurra                         atención sólo sobre los efectos
 Atención/focus en los efectos invisibles          visibles de la violencia (muertos,
     de la violencia: trauma, daños                 heridos, daño material)
     estructurales y culturales...
II. TRUTH ORIENTED                              II. PROPAGANDA ORIENTED
 exponer las mentiras de todas las              exposición de “sus” mentiras
     partes, descubrir todo lo que se            apoyo a “nuestras”
     pretende ocultar                                mentiras/ocultaciones cover-ups
III. PEOPLE ORIENTED                            III. ELITE ORIENTED
 foco de atención en el sufrimiento, dar        atención sobre “nuestro” sufrimiento,
     voz a los sin voz, mujeres, niños,              hombres de la elite sanos, ser sus
     ancianos                                        portavoces (mouth-piece)
 dar nombre a todos los evil-doers              dar nombre a sus evil-doers
 atención sobre los peace-makers                atención sobre los peace-makers de
                                                     la elite
IV. SOLUTION ORIENTED                           IV. VICTORY ORIENTED
 paz= noviolencia + creatividad                 paz= victoria + alto el fuego
 destacar las iniciativas de paz                ocultar las iniciativas de paz hasta
 atención en la estructura y cultura, la            tener la victoria al alcance
    sociedad pacífica                            atención sobre el tratado, institución
 consecuencias: resolución,                         de la sociedad controlada
    reconstrucción, reconciliación               abandono hasta otra guerra, vuelta si
                                                     hay un nuevo estallido




                                                                                        15
2ª Parte

ANÁLISIS




Las revueltas de París: estudio de la
  cobertura del conflicto desde la
 perspectiva del periodismo de paz
1. ARDE PARÍS: LOS ‘MISERABLES’ DEL SIGLO XXI


                                            “La misère, messieurs, j’aborde ici le vif de la question,
                                   voulez-vous savoir où elle en est, la misère? Voulez-vous savoir
                                 jusqu’où elle peut aller, jusqu’où elle va? Je ne dis pas en Irlande,
                                       je ne dis pas au Moyen Âge, je dis en France, je dis à Paris,
                                                et au temps où nous vivons. Voulez-vous des faits?
                                                                                   Il y a dans Paris..”.
                                                                                                      23
                                                                                     VICTOR HUGO



        Las palabras que Víctor Hugo dirigió a los diputados de la Asamblea Nacional
el 9 de julio de 1849 siguen vigentes más de un siglo y medio después.
Probablemente, si el escritor francés recorriera de nuevo las calles de París,
abandonando los grandes parques y boulevares del luminoso centro y acercándose
hasta los barrios de la periferia, donde se levantan ‘torres de hormigón’, paro y
frustraciones, descubriría el lugar en el que (mal)viven los nuevos miserables. Los
miserables del siglo XXI. Allí donde no molestan. Allí donde no se les ve.
        Las dinámicas económicas mundiales son excluyentes. Generan millones de
personas que, simplemente, no son útiles al sistema. En Asia, en África, América... e
incluso dentro de las grandes capitales europeas como París. “Ya no son necesarios”,
dice Ulrich Beck. Un drama que pesa especialmente sobre los más jóvenes. “Los
jóvenes ‘superfluos’ son ciudadanos sobre el papel, pero en realidad son no-
ciudadanos y por ello una acusación viviente a todos los demás”24. Ellos lo saben.
Saben que el “ascensor social” ha dejado de funcionar –si es que alguna vez lo hizo-,
que son franceses pero no son iguales que el resto de los franceses. Sienten que
están fuera, que sus vidas no cuentan para los de arriba. “El gran ejército de los
olvidados, de los don nadies de los barrios periféricos, no se siente involucrado”25. ¿Y
cuánto tiempo se puede vivir en la invisibilidad? O tal vez, la pregunta clave sea otra.
¿Cómo dejar de ser invisible? La respuesta la vimos todos el pasado mes de
noviembre en el “espectáculo televisivo de la quema de coches”. Se hicieron visibles a
través de la violencia. Las palabras de Lipovetsky, escritas hace veinte años, parecían
ser premonitorias. “Las violencias que estallan en los guetos se apartan de cualquier
modelo histórico, fieles al proceso narcisista. Revolución pura del desempleo, del paro,
del vacío social... La violencia de clase ha cedido paso a una violencia de jóvenes




23
   Hugo, Victor, Combats politiques et humanitaires, Pockets, 2002
24
   Beck, Ulrich, La revuelta de los superfluos, El País, 27 de noviembre de 2005.
25
   Naïr, Sami, Las llamas francesas, El País, 12 de noviembre de 2005.
desclasados, que destruyen sus propios barrios...”26. La de París, fue, como bien
apuntaba Sami Naïr, “la revuelta de los pobres”. Estos jóvenes, privados de cualquier
otro referente, optaron por expresarse de manera violenta consiguiendo convertirse,
durante al menos un mes, en los protagonistas absolutos de las imágenes que se
asomaron a las pantallas de los televisores de más de medio mundo. Porque, si hay
fuego, los medios están ahí para contarlo. Otra cosa es averiguar qué está
produciendo las llamas.




2. LAS LLAMAS SON NOTICIA


        Las revueltas de París reunían todos los ingredientes básicos para convertirse
en plato principal de telediarios y periódicos. Siguiendo los valores-noticia establecidos
por Xavier Giró27, comprobamos que se trataba de unos hechos novedosos, próximos
y con capacidad de sorprender. Además, contaban con un elemento añadido
fundamental: la espectacularidad de las imágenes. Esto último es especialmente
relevante en un sistema comunicativo dominado por la televisión. Esta dictadura de la
imagen tiene tal fuerza que es capaz de condenar al olvido y al silencio informativo a
aquellos hechos que no sean visualmente atractivos. Si no hay imagen, no hay noticia.
Y si no hay noticia no hay realidad. Lo que no se ve, simplemente, no existe. Es más,
la televisión ha creado la falsa ilusión de que ver algo equivale a comprenderlo28.
        La asunción de este paradigma ha traspasado los límites catódicos
instalándose asimismo en las redacciones de los diarios y perpetuando su efecto
“silenciador de realidades”. De este modo, la sociedad de la información podría ser
más bien denominada sociedad de la imagen, con las consecuencias informativas que
ello implica y que han sido claramente expuestas por autores como Mariano Aguirre o
Ignacio Ramonet. “La televisión impone a otros medios de comunicación sus propias
perversiones como, en primer lugar, su fascinación por la imagen. Ésta es la idea de
base: sólo lo visible merece información; lo que no es visible y no tiene imagen no es
televisable, por tanto, no existe mediáticamente”29. Esta influencia del formato
televisivo sobre los otros medios, afecta de manera especialmente negativa a los


26
   Lipoversky, Gilles, La era del vacío, Anagrama, 1986, citado por Fisas, Vicenç, Cultura de paz y gestión
de conflictos, Icaria, 1998.
27
      Giró,    Xavier,    Los    medios     y   la   cobertura    de    la    violencia,   disponible    en
http://www.violenciaelsalvador.org.sv/documentos/otros/xgiro.pdf
28
   Esta idea de “ver es comprender” ha sido ampliamente contra-argumentada por autores como Ignacio
Ramonet o el italiano Giovanni Sartori en su obra Homo videns. La sociedad teledirigida, Taurus, 1998.
29
   Ramonet, Ignacio, La tyrannie de la communication, Folio Actuel, ed. Gallimard, 2001.




                                                                                                       18
conflictos, sobre todo cuando estos desencadenan acciones violentas. La prioridad
que se da a la noticia espectáculo sobre la noticia explicada, considera Aguirre30, sólo
contribuye a simplificar e ignorar la complejidad de los conflictos, generando visiones
descontextualizadas y estereotipadas sobre ellos.
        Las revueltas de París, con cientos de coches ardiendo cada noche, incendios
y destrozos intencionados en edificios públicos como escuelas, centros comerciales,
mobiliario urbano, enfrentamientos abiertos entre jóvenes y policías antidisturbios,
fueron unos hechos irresistibles para las cámaras y, por ende, para el resto de medios.
Nuestro análisis se centrará en la cobertura dada por la prensa, basándonos
concretamente en el diario El País. Indudablemente, sería muy interesante estudiar el
discurso difundido por la televisión, que, por las características del medio, fue mucho
más simplificado. Sin embargo, y como acabamos de ver, al ser la televisión la que
establece la agenda, y ésta es una agenda dominada por el elemento imagen,
veremos que los periódicos dieron una cobertura muy “televisada” del conflicto
parisino.




3. LAS REVUELTAS Y EL PERIODISMO DE PAZ: LUCES Y SOMBRAS


        Antes de comenzar el análisis de las presencias y ausencias de una
perspectiva de paz en la cobertura de los hechos ocurridos en París el pasado mes de
noviembre, cabe explicar por qué a lo largo de este trabajo se ha optado por el término
“revuelta”, una palabra que fue ampliamente repetida por los medios de comunicación.
En una de sus múltiples acepciones, el diccionario de la RAE entiende revuelta como
el “punto en que algo empieza a torcer su dirección y a tomar otra”. Esta definición
encaja perfectamente la concepción que del conflicto se tiene desde los estudios para
la paz. Al sustraer toda la carga negativa de la idea de conflicto y entenderlo como una
oportunidad, la revuelta vendría a ser ese punto de inflexión en el que el proceso
cambia de dirección, adquiriendo un nuevo cariz.
        Los jóvenes de los barrios periféricos de París marcan ese hito, de manera
violenta, y hacen el conflicto visible en un intento de decir que las cosas no pueden
continuar por el mismo camino. El conflicto entra así en una nueva fase, con nuevos
actores implicados. El principal de todos ellos: los medios de comunicación.


30
   Estas ideas fueron expuestas por Mariano Aguirre en la sesión “Medios y conflictos: una relación
compleja”, dentro del curso para periodistas organizado por el Centro de Investigación para la Paz (CIP)
bajo el título “Los medios de comunicación como agentes del desarrollo y la paz”, celebrado en junio de
2005. Un resumen de las presentaciones se puede localizar en la web www.cip.fuhem.es


                                                                                                     19
3.1. CONFLICTO vs VIOLENCIA
        La cobertura de las revueltas de las banlieues ha constituido un claro ejemplo
de cómo los conflictos no saltan al espacio público hasta que no derivan en episodios
violentos. Si tomamos como referencia el triángulo de las violencias de Galtung, en él
se exponen tres tipos de violencia que siempre se hallan interrelacionados cuando de
un conflicto se trata: la violencia directa, la cultural y la estructural. De ellas, la única
visible es la directa, que en el caso que nos ocupa se materializa en los coches
quemados y los dañosa edificios y mobiliario público por un lado 31, y en la represión
por parte del Estado, por otro.
        En una primera conclusión podríamos decir que la actuación de los medios ha
sido reactiva y no proactiva. Esta última sería la típica de un periodismo orientado
hacia la paz y el conflicto, con una clara función preventiva. Los medios han esperado
a la violencia visible para entrar en escena cayendo en lo que Galtung denomina el
síndrome de lo material, propio de nuestra cultura, “un síndrome cultural general que
hace incluso más problemáticas las luchas para que se tomen en serio los efectos
visibles”32 y que facilita el hecho de que sólo se consideren los efectos de esta
violencia visible que son, por otra parte, más manejables. Es mucho más fácil actuar
sobre la persona que comete un delito que sobre las causas materiales y culturales
(violencia estructural y cultural) que inclinan a cierto tipo de actuaciones.
        Esta fascinación por la violencia visible se pone de manifiesto en el tipo de
fotografías publicadas. De una media aproximada de 50 fotografías (sin contabilizar las
de la primera página) aparecidas en el diario El País a lo largo de la duración
(mediática) del conflicto, treinta corresponden a escenas en las que los protagonistas
son los actos violentos y sus efectos (coches ardiendo o calcinados, enfrentamientos
con las fuerzas del orden, destrozos en edificios públicos, personas afligidas, etc.)
mientras que de las restantes, la gran mayoría de ellas son imágenes de la otra parte:
el primer ministro, Dominique de Villepin, el ministro de Interior (y personaje con un
papel clave dentro de esta crisis), Nicolas Sarkozy, o el presidente de la República
Jacques Chirac. Esta composición visual del conflicto confiere, inevitablemente,
significados a las partes: unos son mostrados únicamente actuando de forma violenta
(tan solo se publica una fotografía de un adolescente, en una entrevista que
constituiría un buen ejemplo de periodismo de paz, en la que explica por qué actúan
así), y los otros, en su intento de aplacar “el problema” (que lo invisible vuelva a ser
invisible). ¿Una manera sutil de posicionarse?


31
   El punto más alto de violencia directa fue la muerte de un hombre de 61 años, el 7 de noviembre, a
consecuencia de los golpes recibidos en una paliza
32
   Galtung, Johan, Tras la violencia, 3R: reconstrucción, reconciliación, resolución, Bakeaz, 1998


                                                                                                  20
         Este predominio de los efectos visibles de la violencia sobre los invisibles
(trauma, problemas psicológicos, daños estructurales y culturales a largo plazo...)
también se ponía de manifiesto en la propia estructura de las noticias, que parecen
corresponder a un balance diario de destrozos y detenidos, en una dinámica de “a ver
quién da más”:
     -   “Hasta 177 vehículos calcinados, 29 detenidos, una comisaría desvalijada, un
         concesionario de automóviles arrasado, dos escuelas pasto de las llamas, un
         centro comercial destrozado y un buen número de contenedores de basura
         quemados, por no hablar de los daños sufridos por el mobiliario urbano,
         paradas de autobús y cabinas telefónicas y una novedad: cuatro disparos de
         bala contra la policía”, 4 de noviembre.
     -   “Han ardido en Francia unos 3.500 coches, han sido detenidas casi 800
         personas, de las cuales más de 30 ya fueron condenadas a penas de prisión
         firme. La noche del sábado al domingo fue la más violenta, con 1.300 vehículos
         quemados y 350 detenidos. El fuego destruyó un número indeterminado de
         comisarías, escuelas, institutos, gimnasios, bibliotecas, agencias bancarias,
         supermercados, peluquerías o autobuses, movilizando más de 1.500 policías,
         un número indeterminado de bomberos”, 7 de noviembre.


        La violencia simbólica
         Cuando en un conflicto entran en escena los medios de comunicación, al
triángulo de las violencias anteriormente citado tenemos que añadirle un nuevo vértice.
Otro tipo de violencia, ejercida específicamente desde los medios: la violencia
simbólica. Según el sociólogo francés Pierre Bordieu “los periodistas producen a
través de las palabras efectos que tienen una violencia simbólica. Es, precisamente,
controlando su empleo de las palabras como pueden limitar esos efectos que pueden
ejercer nolens volens. La violencia simbólica es una violencia que se enmarca dentro
del desconocimiento, que se manifiesta mejor en tanto el que la ejerce no sabe que lo
hace, y el que la sigue no sabe que la sigue (...) Los periodistas, y ésa es su
responsabilidad, participan en la circulación de inconscientes”33.
         Para darnos cuenta de este nivel de violencia bastaría con hacer una lectura de
titulares. Las palabras empleadas en los titulares tienen un papel decisivo en la
formación de la imagen del conflicto, especialmente si tenemos en cuenta que un gran
porcentaje de los lectores no llega al texto de la noticia y de las ideas contenidas en
ellos dependerá la percepción de la realidad que más tarde se haga. De los 28 días de

33
  Bordieu, Pierre, “Questions de mots”, en Les mensonges de la guerre du Golfe, Paris, Arléa-Reporters
sans Frontiers, 1992, citado por Ramonet, Ignacio, op cit.


                                                                                                   21
cobertura continuada por parte de El País, que van desde la información aparecida el
31 de octubre, “26 detenidos y 16 heridos en choques entre jóvenes y policías en
París”, hasta la publicada el 27 de noviembre, “Vuelve la calma, pero no la paz social”,
la palabra más repetida es “violencia”, especialmente durante los primeros días:
   -   “El Gobierno francés trata de poner fin a la violencia desatada en las afueras
       de París”, 1 de noviembre.
   -   “Los habitantes de Clichy-sous-Bois culpan de la violencia a la policía
       francesa”, 2 de noviembre
   -   “La oleada de violencia urbana abre una crisis interna en el Gobierno francés”,
       3 de noviembre.
   -   “La periferia de París vive la peor jornada de violencia desde que estallo la
       crisis”, 4 de noviembre.
   -   “La ola de violencia de la periferia de París se extiende a otras ciudades
       francesas”, 5 de noviembre.
   -   “La violencia se dispara en toda Francia”, 7 de noviembre.
       Como vemos, la temperatura del discurso va subiendo con los días porque así
lo hace también la espiral de violencia, retroalimentada en gran medida por la acción
de los medios, especialmente, de la televisión.
       Las revueltas de París han sido un conflicto muy marcado por el lenguaje, que
ha jugado un rol decisivo en el aumento de su temperatura. Por un lado, por las
descripciones que se hacían desde los medios, en los que han predominado las
expresiones de significado negativo e incluso de tintes bélicos como: “estallido”, “ira”,
“como una ola imposible de parar”, “anunciaban la novena noche caliente”, “piquetes
incendiarios”, “airados”, “la rabia se ceba en los liceos”, “la rebelión paraliza Toulouse”
o “el balance no puede ser más preocupante”. Por otro lado, la violencia de los jóvenes
era también un modo de contestar a las declaraciones de Sarkozy, palabras
calificadas por el propio ministro de Igualdad de Oportunidades, Azouz Begag, de
“semántica guerrera”. El ministro de Interior francés hablaba de “canallas”,
“delincuentes”, prometía “tolerancia cero”, “firmeza y mano dura”, “limpiar los suburbios
a manguerazos” y llegó a calificar a los jóvenes de “escoria”, “gentuza” o “chusma”.
       Los medios se convirtieron en el escenario en que unos y otros se lanzaban
mensajes de distinto tipo, y las palabras del ministro tenían después su efecto, en una
especie de “profecía autocumplidora”, y fomentando la espiral de la violencia:
   -   “Puesto que somos escoria, vamos a dar trabajo a ese racista. Las palabras
       hacen más daño que los golpes. Sarko tiene que dimitir. Mientras no se
       disculpe, vamos a continuar”, decía Youssef, un joven de 25 años.
   -   “Sólo hay un culpable y se llama Sarkozy”


                                                                                        22
     -     “Ha venido todo un representante de la República y nos ha llamado escoria y lo
           que nosotros estamos haciendo ahora es exactamente eso: actuar como
           escoria. Hemos comprendido que es la forma de que nos presten atención”
     -     “Ha dicho que va a limpiar los suburbios con una pistola de agua a presión
           como las que hay en los lavaderos de coches, y en vez de pedir perdón por los
           dos jóvenes muertos, ha felicitado a la policía. Nos ha lanzado un reto y
           nosotros lo hemos aceptado”.
           Las revueltas han constituido un claro ejemplo de crisis gestionada de manera
muy poco inteligente por parte del Estado (con el Ejecutivo dividido y más preocupado
en extraer beneficios electorales de cara a los comicios de 2007 que en solucionar las
causas profundas), y en términos mediáticos, dominada por un discurso violento.


          Buceando en las cenizas: las causas del conflicto
           En un primer momento, los medios de comunicación apuntaron como causa lo
que en realidad fue el detonante que marcó el inicio de la violencia, la gota que colmó
el vaso: la muerte de dos jóvenes de 15 y 17 años, electrocutados tras saltar la valla
de una central eléctrica y entrar en ella para esconderse cuando, según un tercer
amigo que sobrevivió, intentaban escapar de un control de identidad por parte de la
policía.
           El periodismo de paz no puede quedarse en la superficie, en lo aparente de los
hechos. Es su deber, y el del periodismo en general, el buscar las causas reales,
habitualmente más profundas. Si bien, en el caso de las revueltas, estas causas, de
índole estructural y cultural, no han sido visibles en un primer momento, sí abundan
posteriormente los textos en los que, de manera directa o indirecta (en boca de
entrevistados) se apunta a ellas. En particular, es más fácil encontrar este tipo de
información en los artículos de opinión y reportajes en profundidad, como el publicado
el 13 de noviembre en el suplemento “Domingo” bajo el título “Cuatro excusas para
incendiar Francia”. Analizados los textos, una posible lista de estas razones, que
según algunos articulistas datan de más de treinta de años34, sería la siguiente:
     -     Crisis económica, paro, falta de oportunidades, de futuro: mientras la tasa
           media de paro en Francia es del 9%, en los barrios “sensibles” asciende al
           30%, y en el caso de jóvenes de origen magrebí o subsahariano puede llegar al
           50%. “Sin empleo no cabe conseguir una vivienda, fundar una familia, tener un



34
  Esa es la tesis de Sami Naïr, que en su artículo “Las llamas francesas” (12 de noviembre) expone que
se trataba de algo previsible “producto de 30 años de abandono social y de los tres últimos años de
provocaciones demagógicas contra la población de los barrios periféricos”.


                                                                                                   23
       coche; el único destino posible es el de la anormalidad, el de la inexistencia
       social”, decía José Vidal-Beneyto en una columna el 12 de noviembre.
   -   Discriminación
   -   Política de “tolerancia cero”: entre otras actuaciones, en 2003, Sarkozy
       sustituyó la policía de proximidad de estos barrios periféricos por agentes
       antidisturbios. “La policía no está para organizar torneos deportivos sino para
       detener a los delincuentes. Ustedes no son trabajadores sociales”, les dijo
       entonces.
   -   Segregación territorial: barrios degradados convertidos en guetos, viviendas en
       las que viven familias enteras hacinadas, ausencia de servicios públicos. Para
       muchos, una nueva forma de “apartheid”.
   -   Pérdida de referentes: fallan los modelos de autoridad como el padre o el
       Estado.
   -   Identidad confusa: “Tengo nacionalidad francesa, pero Francia me trata como a
       un extranjero y al otro lado de la frontera, en África, sólo soy un turista. Ay
       hermano, yo no sé de dónde soy”. Palabras de Doppy Gomis, un joven de 23
       años nacido en París de padre senegalés y madre guineana.
   -   Sensación de abandono por parte del Estado y falta de representatividad de
       miembros de estos colectivos sociales en el sector público.


   Salim, el propietario de un cibercafé donde se reúnen habitualmente jóvenes de
Saint Denis hacía una descripción muy ilustrativa del escenario sobre el que se ha ido
tejiendo el conflicto y en el que se entremezclan factores muy diversos:
   “En esas viviendas sólo viven magrebíes y subsaharianos. Son familias con seis o
siete hijos. El padre trabaja todo el día para ganar 1.200 euros. Apenas se
desenvuelve en francés, no les puede dar una paga a sus hijos y tampoco tiene ganas
de escucharlos protestar en casa. Así que los deja que salgan por ahí. Sabe que
trafican con hachís, que les roban los móviles a los turistas y que, desde que empezó
la revuelta, se organizan en pandillas para quemar coches. Pero, ¿qué va a hacer? El
Estado lo ha dejado solo con sus problemas. Allí no entra la policía, ni los asistentes
sociales, ni tampoco ningún político es capaz de hablarle de futuro y sostenerle la
mirada. Él no puede más que aguantar porque sabe que en su país de origen las
cosas están todavía peor, pero ellos, sus hijos, no se sienten ni de aquí ni de allí”.




                                                                                         24
           ¿Por qué? El fuego elocuente.
       En un conflicto, el periodista de paz siempre tiene que preguntarse el por qué. Ésa
es una de las cuestiones más importantes para entender lo que se esconde detrás de
las acciones violentas, para llegar hasta las raíces. En el caso que nos ocupa hay
mucha rabia, impotencia, frustración ante una situación socioeconómica concreta. La
quema de los coches funciona como vía de escape y de expresión. Tiene un gran
valor simbólico, es el tipo de violencia que Adela Cortina35 define como “comunicativa”
porque está tratando de transmitir un mensaje. “En tales casos, apunta Cortina, con la
violencia se busca ser reconocido como interlocutor válido, ser tenida en cuenta una
persona en la toma de decisiones que le afectan. Los “culpables” no son entonces
tanto los que desencadenan la violencia física como los que ya habían
desencadenado la violencia estructural”.
       Sin tener ningún conocimiento de estas teorías, los jóvenes franceses tratando de
hacerse visibles, decían esto mismo:
       -    “Cuando esgrimimos un cóctel molotov, estamos haciendo una llamada de
            socorro. No tenemos palabras para explicar lo que sentimos. Sólo sabemos
            hablar prendiendo fuego”.
       -    “La forma de la revuelta es discutible, pero el fondo es legítimo. A veces la
            violencia es necesaria, es la única manera de que los políticos se den cuenta
            de que existimos. Gracias a que estamos quemando coches, en Francia el
            Gobierno ya ha empezado a ofrecer dinero para los barrios”.


3.2. VERDAD vs PROPAGANDA
           Es función del periodista la difícil tarea de buscar “la verdad” en un conflicto en
el que hay tantas verdades como partes implicadas. Ese ideal debe llevarlo también a
intentar descubrir las mentiras de ambos lados, y a no caer en manipulaciones
intencionadas.
           Uno de los asuntos más difíciles de esclarecer, y sobre el cual, a lo largo de las
revueltas, se ha mantenido un relativo silencio, es la actuación policial, más
concretamente, su implicación en los hechos que provocaron la muerte de dos jóvenes
a finales de octubre y que hicieron saltar la chispa. Las versiones fueron siempre
discrepantes hasta que el 10 de noviembre El País se hace eco de una noticia
publicada por Le Monde que revelaba una conversación de radio entre agentes, según
la cual, la policía sí estuvo relacionada con lo ocurrido: “Creo que los sospechosos
están entrando en el recinto de EDF y habría que traer más gente aquí para rodear el


35
     Fisas, Vicenç (ed.), El sexo de la violencia, Icaria, 1998.


                                                                                           25
barrio porque van salir (...) La verdad es que si entran en las instalaciones de EDF, no
apostaría por su vida”. Murieron 45 minutos más tarde. Otra cosa muy distinta, es el
tratamiento que se le da a noticias de este tipo, en este caso, restándole importancia
(una sola columna).
        Al mismo tiempo, y en un ejercicio de equilibrio y de mostrar las mentiras y
verdades de ambas partes, algo que también se demostraría más tarde fue que en el
lanzamiento de una bomba lacrimógena al interior de una mezquita durante los
primeros días de revueltas, no estuvo implicada la policía, como se dijo también. Al
parecer, la bomba cayó en el exterior y fue llevada hasta el interior del recinto con la
intención de “desacreditar a las fuerzas del orden ante la población de origen
extranjero”36.
        Otro de los intentos de propaganda por parte del Estado fue el baile de
números entre los detenidos, a los que repetidamente, el ministro Sarkozy, calificaba
de “delincuentes habituales”. Haciéndose eco de nuevo de una investigación realizada
por Le Monde: “la proporción de quienes tenían antecedentes policiales, según este
trabajo, es exactamente la inversa de la que pretende el ministro del Interior”. En esta
misma línea, El País desmentía otra de las primeras acusaciones del Gobierno que
señalaba a la inmigración ilegal como una de las causas: “la inmensa mayoría de los
detenidos estos días, sin embargo, son ciudadanos franceses”.


3.3 SOCIEDAD CIVIL vs ELITE
        Pese a que el total de las voces recogidas procedentes del Gobierno37 superan
considerablemente a las voces de jóvenes de las banlieues, es de destacar la gran
diversidad de actores secundarios, afectados también por el conflicto, que han
expresado sus puntos de vista en las páginas del diario. Opiniones que, en muchos
casos, eran contrarias a la violencia.
        En este mapa de actores encontramos a vecinos de los barrios afectados,
como Mahmud: “no está bien lo que hace la policía, pero tampoco me parece correcto
lo que hacen los chavales”, o Amina: “Así no vamos a ningún lado”; miembros de
organizaciones       no   gubernamentales;         académicos,       profesores      de    instituto   o
asociaciones de derechos humanos que criticaron duramente la medida del Gobierno
de proclamar el estado de emergencia y prorrogar la ley (de 1955) durante tres meses.



36
  El País, 10 de noviembre de 2005
37
  Además de por la importancia que ya de por sí se le otorga a las declaraciones de los miembros del
poder político, porque éstos mismos tienen sus mecanismos establecidos de acceso a los medios de
comunicación y suelen ser ellos los que convocan, mientras que, en el caso de los jóvenes, han de ser los
periodistas los que traten de ponerse en contacto con ellos pues no hay ningún canal de contacto previo.


                                                                                                       26
3.4. SOLUCIÓN vs VICTORIA
        Una de las premisas del periodismo de paz es destacar las iniciativas de paz
que surjan dentro del conflicto puesto que “cuando la gente no sabe cuáles son las
alternativas, no lucha por ellas”38. ¿Se le ha dado algún protagonismo a este tipo de
alternativas por parte de la prensa? Más bien poco. Es más, en ocasiones se ha
destacado lo negativo, el fracaso de esos intentos.
        Uno de estos movimientos, surgidos de la sociedad civil fue una iniciativa de la
Asociación contra la Violencia, que sólo mereció una decena de líneas el 10 de
noviembre: “En algunos escaparates han aparecido esta tarde unos folios en los que la
Asociación contra la Violencia anima a acudir a una concentración silenciosa que
tendrá lugar el jueves en la puerta del Ayuntamiento de Saint Denis. Una vez más, y
en ausencia del Estado, los vecinos empiezan a organizarse por sí mismos”. No volvió
a aparecer ninguna información al respecto. No se le dio la voz a ningún miembro de
esta entidad y no se publicó ninguna foto de ninguna concentración silenciosa. Esa
página iba acompañada de una imagen de policías antidisturbios.
        Otra convocatoria similar, esta vez respaldada por un total de 165 asociaciones
sociales de los barrios periféricos, mereció un par de párrafos, dentro de una
información titulada “La policía prohíbe las concentraciones en París para evitar
incidentes el fin de semana”, y en un tono negativo y casi deslegitimador. “La
concentración por el fin de la violencia y el de la discriminación (...) fue un fracaso. No
más de 300 personas se congregaron frente al Muro de la Paz, en los jardines de los
Campos de Marte, bajo la Torre Eiffel, de los cuales una buena parte eran miembros
de los medios de comunicación, y pocos los que habían viajado desde las zonas que
han sufrido la violencia de estas últimas dos semanas. La posterior Marcha de la Paz
fue anulada”39. La voz de este colectivo, Banlieues Respect, “pedía a los jóvenes que
no usen la violencia para expresar su resentimiento, pero insistía en que la rebelión de
estos días es consecuencia ‘de males profundos que corroen estos barrios desde hace
años’ y que no se solucionan ‘sólo con una respuesta policial’ “. El tratamiento desde
una perspectiva de paz de una iniciativa como ésta hubiera sido otro.
        Otra cuestión a destacar en este punto es que para los medios de
comunicación, el conflicto acaba, es decir, deja de ser noticioso, una vez disminuyen a
“la normalidad” los casos de violencia. Si bien son conscientes de que el fin de las
revueltas no significa “la paz social”40, parece que lo que suceda a partir de ahora ya


38
   Caldeira Rodríguez, Pedro, “The media, new wars and new challenges for the twent-first century”, en
Before emergency: conflict prevention and the media, Ed. Universidad de Deusto, Bilbao, 2003
39
   El País, 12 de noviembre de 2005
40
   El titular de una de las últimas informaciones aparecidas en El País, el 27 de noviembre reza “Vuelve la
calma pero no la paz social”


                                                                                                       27
no forma parte de su interés. Desde la perspectiva del periodismo de paz, lo que
acontece después de violencia, del “acuerdo entre las partes”, es vital para evitar
nuevos brotes violentos. Por eso, si de contribuir a la paz se trata, los medios de
comunicación deberían realizar un seguimiento de las promesas realizadas por el
Gobierno en aras a mejorar la situación de exclusión y discriminación que dio origen a
los hechos.




4. SOMBRA: EL PAPEL DE LA TELEVISIÓN


   Las revueltas en las banlieues han puesto de manifiesto el papel central que la
televisión va a jugar en los conflictos sociales de este nuevo siglo, pudiendo contribuir
a reforzar las actuaciones violentas. En la actuación de los jóvenes franceses hubo un
componente de seducción ante la posibilidad de salir en la televisión, de sentirse
“alguien” por unos días, de existir a los ojos del mundo, ése es el poder de la pantalla,
la capacidad de dar vida ante el resto.
   -   “Se retaban: la televisión habla de mí y no de ti (...) No hay una organización
       detrás. Todo lo ha montado la televisión. Tenemos que darle las gracias por
       ello”.
   -   “Los chavales queman coches para salir en televisión, y salen en televisión
       porque queman coches. Ese círculo, más estúpido que vicioso, lo han roto las
       autoridades galas y los medios de comunicación el día ñeque han dejado de
       contribuir a la competición de la quema de vehículos: se acabó dar cifras,
       participar en la información sobre nuevos récords de auto abrasado, de
       población más destructora. Una lección a retener”, escribía el periodista Octavi
       Martí.
   -   “Hoy los aerosoles de colores ha sido sustituidos por cócteles molotov que
       incendian barrios enteros, y el soporte publicitario ya no es un muro, sino la
       propia televisión estatal”.
   -   “Y también de cómo se apagó después con la misma velocidad con que se
       había propagado: la emulación de lo que veían por televisión bastaba, sin que
       existiera ninguna organización ni consigna. El fin de las imágenes –pactado o
       no- fue también el fin de la revuelta”.
   -   “Es una manera de existir, de salir en el telediario, que es lo que da carta de
       naturaleza en la sociedad mediática. Con sus acciones lo que están intentando
       precisamente estos jóvenes es integrarse. Existir en el panorama francés”.




                                                                                      28
5. LUZ: EL CASO DE YAZID KHERFI Y MARSELLA


           Las revueltas, afortunadamente, también nos han dejado algún ejemplo de
reportajes escritos desde una óptica de paz, capaces de, en contextos de violencia,
despertar algo de optimismo y alimentar la esperanza de que existen otras salidas.
Éste es por ejemplo el caso de Yazid Kherfi. Bajo el título “Doctor en violencia” y el
subtítulo “Yazid Kherfi, delincuente arrepentido que trabaja para rebajar la tensión
social en los suburbios, lamenta que los poderes públicos sólo reaccionen cuando hay
disturbios”, se nos contaba la historia de este hombre que “supo convertir su vida en
una herramienta de supervivencia”. Testimonios como éste suponen un aporte extra
de oxígeno cuando el aire está tan enrarecido por la espiral de violencia y escuchar su
voz puede ser de gran utilidad. Es la voz de alguien que ha cruzado la frontera de la
violencia hacia la paz. “Cuando la gente está herida o se muere empezamos a
preocuparnos, porque cuando no hay violencia en los barrios se olvida a sus
habitantes. Los chavales aprendieron bien la lección: no hay interés en ser ciudadano
y es mejor romper”41.
           Otro ejemplo de texto construido desde una perspectiva de paz en medio de un
conflicto es el titulado “La excepción Marsellesa”, una ciudad que “tenía todos los
números para vivir su particular estallido social en las violentas jornadas”, pero, en
cambio, no fue así. En el reportaje se explica el porqué: “cuenta con cinco veces más
funcionarios procedentes de la inmigración que la media nacional”. Se trata también de
un texto importante porque de él se pueden extraer algunas lecciones sobre qué tipo
de circunstancias hacen que un lugar sea más proclive a la violencia que otro, en este
caso, la no discriminación en el acceso a los puestos públicos, y contar con una
Administración que refleje la composición real de la ciudad.




6. CONCLUSIONES
           Una vez analizadas las características del periodismo de paz y la cobertura
realizada sobre las revueltas de París, estamos en condiciones de extraer una serie de
conclusiones:
       -   El momento de transición en el que se encuentran nuestras sociedades debe ir
           acompañado por un cambio de paradigma en el modo de ejercer la profesión
           periodística de manera que ésta contribuya a reflejar de manera más completa
           la nueva realidad social.


41
     El País, 9 de noviembre de 2005.


                                                                                    29
-   Los medios de comunicación juegan un papel central en la nueva sociedad
    globalizada y poseen un potencial que, siguiendo algunas pautas, puede
    ayudar a prevenir y transformar los conflictos y a fomentar la expansión de una
    cultura de paz.
-   Ese cambio en el modo de tratar los conflictos necesario, y complicado debido
    a las fuerzas que influyen sobre el funcionamiento de los medios de
    comunicación, bien podría ser el establecimiento de las pautas del Periodismo
    de Paz.
-   Los medios de comunicación dieron una cobertura a las revueltas de las
    banlieues en Francia centrada en el aspecto violento del conflicto, una
    cobertura muy visual, influenciada por la espectacularidad de las imágenes
    televisadas, y en la que primaron los actos de violencia directa. Su actuación
    fue reactiva, la violencia tuvo que ser visible para que fuera noticia.
-   La violencia de los jóvenes tuvo fundamentalmente una función comunicativa:
    fue su forma de expresar toda una serie de rabia y frustraciones acumuladas
    ante una situación más compleja de violencias estructurales y culturales.
-   Con la elección de determinadas palabras, y reproduciendo expresiones del
    ministro del Interior francés, Nicolas Sarkozy, los medios fueron también
    actores de una violencia simbólica que contribuyó a retroalimentar la espiral
    violenta entre unos y otros.
-   La búsqueda de las causas más profundas del conflicto tuvo lugar
    fundamentalmente a través de los artículos de opinión y reportajes en
    profundidad. Los actos violentos son hechos instantáneos y el conflicto es un
    proceso, es mucho más difícil hablar de todo lo que abarca un conflicto como el
    de los barrios periféricos en un texto breve e informativo.
-   A través de los titulares se construyó una imagen del conflicto muy simplificada
    en la que la única protagonista era la violencia ejercida por ambas partes.
-   La prensa no cayó en muchas de las argucias diseñadas por el Estado para
    mantener impoluta la imagen de sus fuerzas de seguridad y “demonizar” a la
    otra parte tratándolos de delincuentes, “chusma”, “inmigrantes ilegales”, etc.
-   Se silenciaron muchas de las iniciativas noviolentas que surgieron de la
    sociedad civil, y cuando se hicieron públicas se destacaron los aspectos
    negativos.
-   Las revueltas han puesto de manifiesto la instrumentalización que “grupos
    invisibles” pueden hacer de la televisión, recurriendo a la violencia como única
    manera de hacer visibles sus problemas en una sociedad tan mediatizada
    como la nuestra, en la que la violencia es tan presente mediáticamente.


                                                                                     30
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