WEB NOVIEMBRE - DOC

Document Sample
WEB NOVIEMBRE - DOC Powered By Docstoc
					Aquellas purísimas de nuestra infancia

La celebración de la Purísima es, sin lugar a dudas, un acontecimiento muy importante
en nuestro país, tanto que muchas familias, a pesar de las duras condiciones
económicas por las que estamos atravesando, no escatiman recursos ni esfuerzos con
tal de conservar la tradición a toda costa.
La celebración de la Purísima tiene la característica de que es exclusiva de Nicaragua, y
fue importada desde Sevilla, España, traída por los sacerdotes franciscanos en
tiempos de la Colonia, pero no con ese nombre, sino que consistía en unos simples
rezos dedicados a la Virgen María. Los primeros rezos se dieron en el Convento de San
Francisco, en León, y con el pasar del tiempo, debido al exceso de fieles católicos que
asistían a estos eventos, se dio la disposición de la Iglesia de que cada familia invocara
en sus casas a la Virgen María, estableciéndose así la celebración familiar de la
Purísima y la Gritería.
Es un hecho que los adultos gozan de esta tradicional fiesta religiosa, a pesar de que
les toca trabajar duro en su preparación, pero quienes más disfrutan son los niños, ya
que por su mente infantil, todas las imágenes relacionadas con la Purísima adquieren
matices de grandeza y de un toque de magia muy especial. O por lo menos eso nos
sucedía a nosotros cuando niños.
En nuestros tiempos, hace cuarenta y cinco o cincuenta años más o menos, las
Purísimas eran esperadas con ansias durante todo el año, y esa ansiedad se
acrecentaba cuando terminaba el invierno en el mes de octubre y comenzaba el mes
de noviembre, con su intenso frío característico que nos anunciaba la cercanía de un
navideño diciembre feliz. En aquellos tiempos, los altares de las purísimas eran en su
mayoría sencillos pero bien originales y bellos. En muchas casas los hacían en sus
amplios patios de tierra, los cuales lucían muy limpios y regados, y era notoria la
profusión de plantas y flores que le daban frescura al ambiente y además provocaban
una sensación de que estábamos en plena montaña. Los regalos o “paquetes” que nos
daban en esas purísimas, por lo general eran modestos y contenían golosinas hechas
en casa, como gofios y cajetas variadas; además, nos daban bananos, naranjas o
limones dulces, la infaltable caña, el ayote en miel y la tradicional chicha. Esas
imágenes aún permanecen vívidas en nuestras mentes.
Los niños éramos “bien portados”, ya que los adultos nos conminaban diciéndonos: “al
que no esté sentado no le damos paquete” o “al que no cante no le damos chicha”, de
tal manera que nuestra energía infantil se tenía que “sosegar” un momento para poder
adquirir tan preciadas viandas. El olor a pólvora, junto con los ensordecedores sonidos
de los cohetes, bombas y triqui-traques, que eran lanzadas cuando los asistentes
cantábamos “Toda hermosa eres María”, y especialmente cuando todo mundo se ponía
de pie para entonar el “Alabado”, constituían el preciso y culminante momento del
éxtasis mágico que los niños habíamos esperado por tanto tiempo. Sin embargo, eso
significaba la despedida, dolorosa pero necesaria. Ahora, a esperar que nos invitaran a
otra Purísima, y cuando estas terminaran, a esperar el año siguiente.
Ojalá esta bonita tradición se conserve por muchísimos años más y no desaparezca,
como casi todo está desapareciendo en la actualidad para dar paso a costumbres y
fiestas de países ajenos a nuestra idiosincrasia y nuestras raíces. Los adultos de hoy,
que fuimos los niños de ayer, somos los responsables de que esto no suceda.
Humberto Rivera Altamirano - Noviembre de 2010.
                                                   Por lo general, en cualquier ciudad
                                                   de cualquier país se construyen
                                                   edificios, casas o locales que se
                                                   destinan       para      determinadas
                                                   actividades de la vida social de la
                                                   población, entre ellos algunas para
                                                   fines espirituales. Es por eso que las
                                                   construcciones o edificios, incluyendo
                                                   las de instituciones de los distintos
                                                   gobiernos, deben preservarse porque
                                                   son un reflejo de la época de cada
                                                   momento histórico. Por esta razón
revisten importancia dentro de cualquier sociedad, y es por eso que se les debe
salvaguardar en la medida de todo lo posible, puesto que sirven de referencias
históricas y hasta para ubicar determinados hechos. Sin embargo, en nuestro país es
notoria la actitud de destrucción de casi todo lo pasado por parte de algunos gobiernos
de turno, cosa que es muy lamentable porque de alguna manera se pierde la memoria
histórica de la ciudad o del país.
Esas son algunas razones que nos motivaron a escribir
sobre     algunos     locales,   edificios  o    templos
desaparecidos en Matagalpa, ya que pareciera que
viviéramos en un eterno presente en este lugar, donde
el pasado nada tiene que ver con el presente y el
presente no debe relacionarse con el futuro. Por esos
motivos, a continuación exponemos algunos nombres
de estos edificios de la ciudad que desaparecieron y
con ellos también se fue parte de la vida de los
matagalpinos. Entre ellos podemos mencionar:
El Cabildo Municipal: Fue construido en una fase
durante el Gobierno de los Conservadores, al culminar
la etapa de los Treinta Años. Era de madera en casi su
totalidad y allí se encontraban las oficinas municipales
de Matagalpa. Originalmente fue un edificio de dos
pisos; también estuvo la Jefatura Política en determinado momento y el Registro del
Estado Civil de las personas. Este edificio fue construido durante el Gobierno
Conservador, un poco antes del triunfo de la Revolución Liberal de José Santos Zelaya,
quien lo terminó de construir en 1902. Durante el Gobierno somocista desapareció
como Cabildo, convirtiéndose en la sede de la Décima Séptima Compañía del Batallón
de la Guardia Nacional, (Cuartel G.N.), ocupando un espacio de lo que era el antiguo
Cabildo. Al final, el edificio ocupado fue de una sola planta, propiamente frente al
costado este del Parque Morazán, donde se encuentra el actual Supermercado La
Matagalpa. Frente al Cuartel se encontraba la “Glorieta” que era un lugar visitado por
la juventud y donde se vendían refrescos y comida, y la mayoría llegaba a oír música
en una roconola que funcionaba casi todo el día, hasta el año de 1979.
Almacén de Don Hernán Delgado: Quedaba frente a la actual tienda de la Familia
Salty. Era uno de los Almacenes más grandes de la zona norte de Nicaragua, donde las
personas encontraban desde un clavo hasta la última pastilla que se acabara de
fabricar. La naturaleza de este negocio
era la venta de abarrotes en general.
Parte del edificio de la Policía fue
construido en el resto de lo que
quedaba de este importante local.
El Mercado Viejo: El 26 de Abril de
1901 fue celebrado y aprobado por el
Gobierno      el     Contrato    para    la
construcción del primer mercado que
tuvo la ciudad, el que se conoció como
“Mercado Viejo.” Estaba situado donde
en la actualidad se ubican la Cancha “El
Brigadista” y los módulos de habitación. En este lugar estuvo el Seminario y Colegio de
los Padres de la Compañía de Jesús, quienes vivieron en este lugar hasta el año de
1881, en que fueron expulsados por el Gobierno del Presidente Joaquín Zavala.
Después sería el Mercado, el cual pasaría posteriormente a ubicarse donde está el
edificio de la Policía, costado sur del Parque Morazán.
Mercado Municipal: Fue construido en 1907, durante el Gobierno del General José
Santos Zelaya; ocupaba el área donde está el edificio de la Policía Nacional. En este
lugar se vendían frutas y verduras, así como perecederos en general, y como en
cualquier mercado, mucha gente del campo y de la ciudad llegaba a comer y a
comerciar los distintos productos que ingresaban del campo.
El Mesón: Era un anexo del Mercado Municipal y quedaba donde está actualmente la
Delegación del Ministerio de la Familia. En este lugar se acostumbraba vender variedad
de sopas y comida corriente; la mayoría de la gente del campo, cuando viajaba a la
ciudad, venía a comer a este lugar, el cual se mantenía con mucho bullicio por la gran
cantidad de comensales que lo visitaban. Fue construido durante la administración del
General Somoza García.
La Sanidad: Estaba ubicado detrás de la Iglesia Catedral, en el costado sur-este,
                                                           frente al Cuartel de la
                                                           Guardia Nacional. Allí se
                                                           hacían distintos exámenes a
                                                           la    población    de   forma
                                                           gratuita,    incluyendo    los
                                                           chequeos periódicos a las
                                                           prostitutas de los lupanares
                                                           de la ciudad.
                                                           El Rastro Municipal: Se
                                                           ubicaba, de la esquina sur-
                                                           este del Teatro Matagalpa,
                                                           una cuadra al sur y una al
oeste. Este lugar estaba designado al destace de ganado vacuno y de otras especies y
era muy conocido por la población. Actualmente en este lugar se construyó una
escuela de educación especial.
La Jefatura Política: Estaba ubicado de la Joyería el Zafiro media cuadra al sur,
donde se encuentra “El Mercadito Campesino.” Fue construida en la administración del
General Somoza García en el año de 1942; en estas oficinas atendía el Jefe Político de
Matagalpa, que era el Delegado del Poder Ejecutivo para el Departamento. En este
Edificio estuvo también la Corte de Apelaciones de Matagalpa, así como la oficina del
Juzgado de Policía, que administraba las disposiciones contenidas en el Código de
Policía y que estaba relacionado con delitos menores y faltas de policía. En algún
momento estuvo el Registro del Estado Civil de las Personas y el Ministerio del Trabajo.
El maestro Humberto Aráuz Mairena tenía allí su oficina, la cual ocupaba para impartir
clases de música a la juventud de Matagalpa.
La Planta de La Matagalpa Power y Anexos: “La Power” era la empresa que
manejaba la distribución de la energía eléctrica de Matagalpa, y cuya planta se
encontraba frente a la actual Escuela María Cerna Vega. Las oficinas de la
Administración se encontraban, de la Iglesia Catedral una cuadra al norte.
La Alcaldía Municipal: Estaba situada propiamente donde actualmente se encuentra
el Banco de América Central (BAC). Este local pertenecía a la Familia del Señor
Francisco Carazo, y en el mismo antes había estado una de las tiendas más grandes
que existían en Matagalpa, con un majestuoso almacén de abarrotes en general, ropa,
y artículos propios del campo. Era muy similar al Almacén de Don Hernán Delgado y la
Tienda Hüpper. Para el año 1979, en este lugar se encontraban ubicadas las oficinas
de la Alcaldía Municipal, y contiguo a este edificio se encontraba el antiguo
Restaurante Royal Bar, propiedad de la Señora Laura Molina.
Iglesia Santa Ana: Se encontraba en la parte norte de la ciudad, en el Cerro de
Santa Ana, donde actualmente se encuentra una Universidad conocida como UPONIC,
en la calle del mismo nombre propiamente frente a la casa que era del Señor Chuga
Bello (q. e. p. d.), la cual pertenece actualmente a sus sucesores. Esta Iglesia se
terminó de construir en el año de 1822 y era de techo de teja y las paredes de
taquezal. Según la versión que nos dio el Presbítero Roger García Castillo, esta Iglesia
desapareció y se autodestruyó por
descuido, porque se pensó en
reforzarla con piedra y concreto, pero
parece que la presión de la nueva
construcción que cubría el perímetro
de la iglesia de lodo y taquezal,
provocó que las paredes se rajaran y
la Iglesia se cayera. Hasta la fecha ha
sido difícil determinar su ubicación
exacta, pero no cabe duda que el
lugar donde se encontraba es el
indicado anteriormente y parece que
la casa de taquezal que está
construida en la parte norte de este lugar, era donde habitaban algunos sacerdotes;
todavía se conservan algunas gradas que servían de acceso a la iglesia. El autor de
este escrito pudo constatar la existencia de esta Iglesia a través de una foto mostrada
por el apreciado sacerdote Roger García, donde aparece la iglesia y su ubicación.
Instituto Nacional Eliseo Picado Primeramente en este lugar fue un cementerio;
después funcionó el Hospital de Matagalpa y luego pasó a ser el Instituto Nacional del
Norte, cuando se edificó el hospital nuevo en 1942. Posteriormente se construyó el
nuevo local del Instituto y éste se trasladó a su nuevo edificio en 1963, quedando
desocupado este local el cual le fue entregado al Ministerio de Educación para ubicar la
Escuela el “Progreso.” Durante el Gobierno de Don Enrique Bolaños este local histórico
fue destruido para hacer un nuevo edificio de la escuela de Primaria el Progreso, la que
actualmente lo sigue ocupando.
Hospital San Vicente: fue construido durante la Administración del General
Anastasio Somoza García en el año de 1942, y destruido para posteriormente construir
el Edificio del Poder Judicial actual, conocido como Complejo Judicial “Carlos Arroyo
Buitrago.”
Edificio Hüpper: Fue construido por la Familia Hüpper, inmigrantes alemanes. En un
tiempo funcionó allí el Hospital de Matagalpa y era propiedad del Señor Billy Hüpper.
Originalmente fue un local destinado a la venta de abarrotes en general y productos
para el campo, parecido al negocio de Don Hernán Delgado que estaba ubicado en la
otra calle aledaña. Estaba hecho de un material consistente de piedras y paredes
anchas; todavía existen fotos que aparecen publicadas en algunos periódicos y
semanarios de la época, donde se observa la gran cantidad de caballos amarrados en
las aceras, donde existían argollas para sostenerlos. Y es que en ese tiempo la gente
de los distintos lugares del campo viajaba hasta la ciudad de Matagalpa a realizar sus
compras, como en el lejano oeste. En estas tiendas había “de todo y para todos”. Fue
demolido aproximadamente en el año de 1960. En este lugar se construyó el Banco de
América, que estuvo durante mucho tiempo y posteriormente quebró; luego el BANIC y
actualmente se encuentra el BANPRO.
La Hielera: Quedaba en la parte noreste de la ciudad de Matagalpa. Era una casa de
dos pisos donde se fabricaba hielo en grandes cantidades para el comercio local y se
                                                   hacían unas paletas conocidas como
                                                   “Pingüinos.” El lugar era propicio para
                                                   las tertulias los fines de semana y era
                                                   un sitio apropiado para realizar citas
                                                   de amor de los enamorados. La
                                                   Familia Orúe era la dueña de este
                                                   local, y al verlo daba la impresión de
                                                   ser un edificio extranjero, puesto que
                                                   existía una rueda de madera que era
                                                   movida por el agua que la gente le
                                                   decía “La Pelton,” en honor a su
                                                   inventor Léster Allen Pelton, ingeniero
                                                   norteamericano quien fue el creador
de este tipo de turbina eléctrica. Esta rueda movía todo el engranaje de la fábrica de
hielo y las paletas. Su imagen, tanto de la casa como de la turbina, era propia para ser
plasmada en la pintura de un artista. Esta misma familia fabricaba una bebida conocida
como “La Criollita,” cuya planta quedaba frente a la casa de la niña Josefina Arnesto, y
tenían otra fábrica de gaseosas conocida como la Chibolería Orúe, que quedaba de
donde fue el Teatro Perla media cuadra al este, propiamente donde está la Clínica del
Doctor Arturo Rivera Saballos. La Hielera desapareció después de 1990 y actualmente
existe en el lugar un local para la atención de niños desnutridos.
La Escuela de Párvulos: Estaba situada en la calle Santa Ana. Esta Escuela
desapareció junto con el local que era de madera y taquezal; después construyeron la
Escuela José Rosa Rizo y actualmente el local lo ocupa la Escuela Perfecta Pérez.
Templo de la Asunción en Sébaco: El día 28 del mes de Septiembre de 1996 se
elevó a Sébaco a la categoría de ciudad, mediante el decreto 1,537 emitido por la
Asamblea Nacional y se hizo una festividad con el reconocimiento de la Iglesia La
Asunción, como Monumento Nacional Histórico, el cual tiene mas de 450 años de
existencia, contando con la presencia de autoridades eclesiásticas, civiles, militares y
población     en     general,    debido
también al desarrollo económico
actual alcanzado por esta ciudad y
por     su    privilegiada    ubicación
geográfica dentro del territorio
nacional.      Pero      el     Templo
actualmente se encuentra en franco
deterioro y las autoridades no han
valorado su significado y el cuido
que se merece como una de las
reliquias    mas     importantes     en
términos históricos que existen en el departamento de Matagalpa. Ojalá que después
no tengamos que sumarla a esta lista de edificios y templos desaparecidos.
En algunos países civilizados se acostumbra, y las leyes urbanísticas así lo respaldan,
que determinado lugar que ha tenido relevancia en la historia se trate de conservar,
como debería haber sido el caso típico del local antiguo donde estuvo el Instituto
Nacional Eliseo Picado, que actualmente ocupa la Escuela el Progreso. En vez de
mandarlo a destruir completamente, sus paredes se hubiesen reforzado con columnas
de hierro; las paredes se hubieran picado, repellado y afinado; los pilares de madera
se hubiesen lijado, pulido y se hubieran barnizado y por haber sido un lugar donde se
bachilleró el que sería el líder indiscutible del cambio revolucionario, Carlos Fonseca
Amador. Se hubiese hecho una remodelación general para que las futuras
generaciones conozcan también dónde estuvo el primer Hospital de Matagalpa, dónde
también estuvo el Instituto Nacional del Norte y estudiaron personajes de la vida
histórica de Nicaragua. De esta manera se conservaría el edificio y la memoria
histórica, así como el perfil homogéneo de la arquitectura de la ciudad, el cual sería un
punto de referencia histórica para las futuras generaciones de Nicaragua. Además de
haberse podido conservar este edificio, lo mismo se pudo haber hecho con otros,
aunque no es nuestra intención culpar a nadie por su desaparición.
Posiblemente existan otros edificios desaparecidos que no los incluimos en este escrito
por distintas razones, pero no por eso dejan de ser importantes, como es el caso del
Hotel Bermúdez y algunos Beneficios de café. De existir todavía estas construcciones,
la imagen de Matagalpa sería más atractiva y tendría mayor realce la ciudad. A manera
de ilustración a este tema, en algunas lecciones que nos brinda “la Maestra de la vida,”
encontramos que hasta el Rey de los Hunos, el temible Atila, conocido por su espíritu
vandálico, por insinuaciones del Papa León I el Grande respetó a la antigua Roma y
no la invadió para no destruirla, y por el contrario, decidió preservarla para la historia.
Matagalpa, 01 de Noviembre del 2010.




                                                   A partir de 1979, Nicaragua se
                                                   convirtió en un país prolífico en la
                                                   emisión de leyes alterando el
                                                   sistema legal vigente desde
                                                   décadas atrás, aunque esta
                                                   tromba legislativa dejo intactos
                                                   cuerpos de leyes como el Código
                                                   Civil,    leyes    bancarias       y
                                                   mercantiles,     el Código       del
                                                   Trabajo vigente desde antes de
                                                   1979     y    el   Código     Penal
                                                   promulgado en 1974, entre otros.
                                                   Transcurrida la época de súper-
                                                   productividad legislativa, en los
                                                   gobiernos posteriores a 1990, las
reformas que tocaban todos los ámbitos de la sociedad continuaron pero ya en forma
paulatina.
Dentro de esta última etapa de las reformas lentas, es que se inscribe la Reforma o
Revocación del viejo Código Penal que sobrevivió a los cambios “revolucionarios” y
mantuvo su vigencia hasta mediados del 2009. De los artículos revocados, recalco tres
artículos defenestrados que llamaban mi atención y son:
1.- La disposición que consideraba que actuaba en legítima defensa cualquiera que
durante la noche rechazaba al que escalara o irrumpiera en una casa habitada, no
importando el daño que ocasionara al intruso, quien era tenido como un agresor. Esta
norma, redactada en forma lacónica y clara, no dejaba ninguna duda respecto a los
amplios derechos del habitante de una casa y la norma defendía no solamente el
derecho a la privacidad de los habitantes de una casa, la propiedad privada, la
seguridad física o derecho a la vida de los habitantes de una morada, sino que yendo
más allá de tener el asunto como una simple violación de domicilio, permitía al
morador repeler la incursión, incluso matando al intruso. Y después de esto, el
habitante de la casa quedaba exento de toda responsabilidad penal pues el concepto
de legítima defensa conlleva la exclusión total de responsabilidad.
Tal norma se mantuvo vigente en los 80 y de su aplicación recuerdo dos casos: Uno de
un joven cafetalero que mató a un hombre agazapado en el techo de su vivienda, que
no atendió las advertencias y el disparo preventivo que le hizo, por lo que terminó
fulminándolo de un balazo. La Policía Sandinista detuvo al productor pero no lo
responsabilizó de ningún crimen.
El otro caso se refiere a un
alienado         mental         que
acostumbraba irrumpir en una
casa, metiéndose en los cuartos
y sorprendiendo a madre y niñas
desnudas, hasta que un día el
dueño de casa explotó y lo mató.
Fue enjuiciado y absuelto por el
Tribunal de Jurados. El espíritu
de este artículo no desapareció
con el nuevo Código Penal
(2008), sólo que ahora carece de
la precisión, claridad y amplitud
de la norma de 1974, pues en el
capítulo de la exención de
responsabilidad penal, se limita a
decir que se tiene como agresión
ilegitima la entrada indebida a una morada, omitiéndose la parte que resta total
importancia al daño que se infiera al agresor.
2. El otro artículo es de clara estirpe hebraica, remontándose sus antecedentes a unos
2,500 años, y parece calcado de la Ley Mosaica. Esta disposición penal preceptuaba
que un (o una) cónyuge ofendido que sorprendiese en adulterio a su consorte, podía
matar a cualquiera de los ofensores o a ambos y sufría únicamente la irrisoria pena de
¡2 a 5 años de prisión!. Así, que quien padeció tan ominosa situación y no aplicó el
artículo, perdió una valiosa oportunidad de ajustar cuentas. Las normas bíblicas de
donde parece calcada esta disposición (el Levítico y el Deuteronomio de la Biblia), y
que estimo son sus antecedentes, rezan:” Cuando un hombre cometiere adulterio con
la mujer de su prójimo, indefectiblemente se hará morir al adúltero y a la adúltera”.
Era inevitable que esta norma desapareciera en estos tiempos tan modernos, pues
sobreponía la honra de los cónyuges ofendidos a la vida de dos personas que no
pudieron subyugar los poderosos instintos sexuales. Ahora, en nuestra época de
ascenso del feminismo, de laxitud sexual, de execración del machismo y donde el
vínculo del matrimonio es exaltado por la Ley Mosaica y heredado al cristianismo, tal
norma ha perdido vitalidad y fue extirpada totalmente del nuevo Código que ni siquiera
menciona el adulterio, más que para referirse a comidas y medicinas adulteradas.
3.- Finalmente, había un artículo de corte paternalista, rigurosamente moralista en una
época en que todavía no prevalecía el actual relativismo moral, y es el que calificaba
de mala conducta aquella de cualquier funcionario que entre otros comportamientos
(como el de alcahuete o coime) tuviese concubina (sic) en su casa, que habitase con
ella públicamente o que se embriagase repetidamente etc. Tal articulo, en mis
primeros años de ejercer la profesión, me pudo parecer muy adecuado para regular la
conducta de los funcionarios (que erróneamente pensé estaban sujetos a algún tipo de
moral, ley o regulación), pero después me parecería una excelente muestra de la
hipocresía gubernamental imperante y finalmente un buen chiste legislativo, más
apropiado para sonreír o carcajearse que para estudiarlo seriamente. La experiencia ha
enseñado que buena parte de los funcionarios públicos nicaragüenses no ha estado
sujeto a las restricciones que impone la ley, la moral y las llamadas buenas
costumbres, careciendo tales normas de vigencia social y la realidad de nuestra vida
social, pródiga en todo tipo de excesos, terminó excluyéndolo - por anacrónico- de la
legislación y una sanción para ese tipo de conducta u otra similar no aparece ni por
asomo. Tal vez por realismo, pues como dice un viejo adagio jurídico: las leyes no atan
al Príncipe.
Pedro Joaquín Solís




                                      Siguiendo la rutina de todos los años y en
                                      obediencia a las disposiciones del Consejo
                                      Nacional de Universidades, los Centros Estatales
                                      de Educación Superior aplicaron el examen de
                                      admisión a los aspirantes a seguir una carrera
                                      universitaria en dichos Centros. Los resultados
                                      son aflictivos.
                                      La media del rendimiento de los estudiantes de
                                      Matagalpa, en la UNAN Managua, en el área de
                                      Matemáticas, fue de 15.8%; es decir, de una
                                      expectativa de rendimiento máximo de 100, se
                                      obtuvo una media de 15.8. La inmensa mayoría
                                      fracasó en la prueba (en verdad, solamente un
                                      0.03% la aprobó).
                                      Esto no quiere decir que la UNAN no aceptaría la
                                      cuota establecida de estudiantes para el primer
                                      año, porque esa cuota se llena partiendo de la
                                      nota más alta, cualquiera que sea, y aceptando a
                                      los demás en línea descendente. Pero sí, es
motivo de alarma que induce a pensar seriamente en la necesidad de una investigación
formal para establecer las causas.
En nuestro programa radial "LA UNIVERSIDAD EN MARCHA" tuvimos la satisfacción de
abordar el tema con el Director de Docencia, Prof. Manuel Márquez Céas, la Delegada
Municipal del Ministerio de Educación en Matagalpa, Profa. Rosario Rodríguez y el Prof.
Bergman Ruiz, funcionario del MED y, a la vez, profesor de la UNAN.
El asunto se enfocó desde una perspectiva técnica que tiene que ver con la forma en
que se elaboran las pruebas (su lógica), el interés de los profesores del área en
aumentar su formación académica y un posible estado emocional adverso a la hora de
contestarlas.
Tratándose de un programa relativamente breve para la complejidad del tema, hemos
decidido abordarlo en este medio, contemplando algunas otras variables.
Tal como se dijo, las pruebas son elaboradas en coordinación con el MED y de acuerdo
a los programas oficiales de Matemáticas en los diferentes niveles. Habría que ver,
entonces, si los programas mismos no están siendo parcialmente responsables de la
deficiencia de los bachilleres.
Si bien es cierto que el Gobierno está revisando los programas y realizando seminarios
periódicos de actualización con los maestros, debemos aceptar que en el programa
debe ir una metodología apropiada a la par de los contenidos. Podría ser que la
metodología usada, en muchos casos, no sea la más apropiada. Recordemos que las
matemáticas exigen una continuidad precisa pues hay un escalonamiento o
interrelación estrecha entre cada tema y el siguiente. Una vez "perdido el paso" en uno
de los procedimientos se arrastra una deficiencia seria que afectará el rendimiento del
estudiante a lo largo de toda su carrera. Eso explicaría el por qué los estudiantes
examinados acusan deficiencias hasta en procedimientos matemáticos básicos.
¿Cómo hicieron, entonces, para promoverse? Seguramente aprobaron con notas bajas,
llevando cada año amplio margen de deficiencia en varios procesos. Aquí cabe pensar
que desarrollar un programa exigente en el tiempo, en estas circunstancias, es un
grave error. Lo lógico sería, a la inversa, dar al profesor un tiempo prudencial al inicio
del curso para que confirme el dominio de los procedimientos matemáticos que el
estudiante usará en el estudio de los nuevos temas.
Pero debemos pensar también en otros factores probables. Es bastante probable que
los estudiantes-por razones diversas- pasen demasiado tiempo frente al televisor, en
vez de emplearlo en la ejecución cuidadosa de ejercicios y tareas indispensables para
reafirmar conocimientos. Esta es una posibilidad muy realista. Lawrence Pezzullo (La
Cajita Mágica), y otros- inclusive el Director de este boletín, desde hace muchos años,
                                                  han insistido en el daño físico y mental
                                                  de la televisión.
                                                  Debemos pensar, también, que las
                                                  condiciones económicas y sociales,
                                                  anormalmente           conflictivas      en
                                                  Nicaragua, pueden influenciar el
                                                  interés y responsabilidad de los
                                                  estudiantes y sus padres, haciéndolos
                                                  asumir una actitud desaprensiva o
                                                  "empática"        ante      el      estudio,
                                                  especialmente ante las Matemáticas,
                                                  un poco más difíciles que las otras
                                                  disciplinas. "No nos pueden aplazar a
                                                  todos, estoy bien mientras esté entre
los primeros, o "qué me importa que me aplacen; la saco o repito el año, me vale...lo
que diga el viejo" (o la vieja), podrían ser argumentos frecuentes entre los alumnos de
hoy.
Otro factor puede ser la falta de participación de los padres en la ejecutoria escolar de
sus hijos. Hay padres que nunca se informan de lo que pasa con sus hijos en la
escuela hasta que reciben la noticia de los exámenes. Un argumento frecuente de tales
padres es "que los profesores les enseñen, para eso pago"(o paga el Gobierno) o "la
juventud de hoy es así, yo nada puedo hacer". Es decir, toda una actitud derrotista e
irresponsable ante la educación del hijo que debe ejecutarse primariamente en el
hogar. Y conviene insistir en que el ambiente escolar (maestros, aulas, equipos y
materiales, bibliotecas, métodos, etc.) no son los más adecuados en la mayoría de las
escuelas.
Por todas esas razones conviene "explorar" primeramente el nivel en que llega cada
estudiante al nuevo curso. Hay que aplaudir a la Universidad Nacional de Nicaragua en
León, y a las otras que ya lo han hecho, por instaurar oficialmente el año básico para
todas las carreras. Este año de consolidación y preparación instrumental, emocional y
conceptual es la clave del éxito en el estudio de cualquier carrera.




                                Sentido común, milagros y responsos

                                Yo aprendí muy pronto que no bastaba ser buen
                                trabajador para triunfar; que los que tenían callos en
                                las manos de tanto trabajar eran los más indefensos y
                                necesitados y que al trabajo hay que aplicarle
                                inteligencia y conocimientos para hacerlo productivo.

                                  Los recuerdos de mi infancia que ahora evoco con
                                  melancólica nostalgia, se grabaron en mi mente de
                                  forma indeleble. Formaron en su tiempo el inventario
                                  de mi ilustración y conocimientos, todos llenos de
                                  fantasías, de sueños absurdos y disparates, que eran
                                  mi bagaje intelectual. Era mi repertorio, mi capital de
                                  niño millonario de ilusiones, que tenía sus raíces
                                  profundas en Matagalpa. Por supuestos, esos
                                  absurdos conocimientos infantiles y esa ilustración, no
                                  podían ser mejores de lo que correspondía a las
                                  creencias populares de aquellas humildes gentes. Yo
                                  era uno de ellos y creía lo que ellos.
                                  Yo era hijo de Matagalpa, donde lo sobrenatural y los
                                  milagros eran cosas presentes en la vida diaria de
                                  todos. Invocaban a cada rato la ayuda de Dios y de los
                                  santos para resolver todos sus problemas de dinero:
“Esto saldrá bien, si Dios y la Virgen quieren”, y si les salía mal decían: “No hay mal
que por bien no venga”. Siempre estaban conformes y su criterio no cambiaba. Los
santos eran como el banco de los pobres, contra el cual se podía girar un cheque a
cualquier hora, preferiblemente de noche en una fórmula de oración; y mientras más
pobre fuera el librador, más crédito tenía y pagaban sin consultar. Era tan habitual
invocar a los santos para todo, que si fulana de tal perdía cualquier cosa, por ejemplo
un anillo, una cadena, una moneda, una aguja o lo que fuera, decía: “San Antonio
lindo de Apante, ayúdame a encontrarla”; y si la cosa perdida era más valiosa, le
ameritaba un viaje a la iglesia, le llevaba una candela, le rezaba y hasta le prometía un
“milagro” de oro o plata, con tal de encontrarla. La urna de San Antonio de Apante era
la que más milagros tenía. Se llamaba de “Apante” porque su imagen fue encontrada
en el cerro del mismo nombre que está al sur este de Matagalpa, cubierto de nubes y
neblina todo el tiempo. La alcancía de este santo era la más pesada, probablemente
                                                    porque era la que más limosnas
                                                    recibía. Si alguien se enfermaba de
                                                    los ojos, allí estaba Santa Lucía; si
                                                    alguna muchacha quería casarse,
                                                    estaba San Antonio. Y si alguien
                                                    tenía un accidente, ahí estaba San
                                                    Cristóbal. Había para todos y para
                                                    todas las necesidades, y cuando
                                                    estas eran muy grandes o imposibles
                                                    de satisfacer, se recurría entonces a
                                                    las Tres Divinas Personas o a la
                                                    Virgen, a quien se le pedía con
                                                    confianza, como a una madre con su
                                                    fuente inagotable de amor.
                                                    Naturalmente, todas estas creencias
                                                    eran explotadas como negocio por
los malos curas, que siempre los hubo, pero estos aducían que si trabajaban para la
Iglesia, tenían que vivir de sus feligreses, y que uno de los mandamientos, que ya casi
nadie cumplía, establecía “Diezmos y primicias a la Iglesia de Dios, amén”. Referente a
los abusos en el manejo de los fondos de la Iglesia, se decían muchos cuentos,
algunos como chistes y otros cargos contra la mala conducta de algún cura; aunque
con el temor de salarse, pues no se podía hablar mal de ningún padre, ya que para eso
tenían corona y eran sagrados.
Entre los chistes que recuerdo está el de un sacristán borrachín que llegó hasta la
alcancía de San Antonio de Apante y le dijo: “San Antoñito lindo, me ando muriendo de
la goma y te vengo a pedir prestado aunque sea un realito para irme a comprar un
huacalito de chicha”; y así diciendo, empezó a sacar con mucha habilidad unas
monedas de la alcancía, pero se le cayeron algunas al suelo, y al ruido del tilín de las
monedas vino corriendo el señor cura y le dijo;”ladrón, te vas a condenar, pues a los
santos no se les roba, como se les puede robar a los ricos, que no es ni pecado”. “Vea
padrecito, no se meta en este trato que tengo con San Antoñito, pues es dinero
prestado para quitarme la goma y él me lo dio con toda voluntad, o me da usted una
botella de vino de las que tiene escondidas y no sigamos hablando que nos van a oír, y
además yo lo tengo agarrado a usted en muchas cosas y si me denuncia yo también le
voy a contar al Señor Obispo lo que usted hizo el Día de Difuntos en el panteón cuando
estaba cantando responsos para sacar ánimas del purgatorio y cobraba 50 centavos
por cada responso y vino aquel yanki bruto a preguntarle que qué estaba haciendo y
usted le contestó que sacando ánimas
del purgatorio y que por cada
responso sacaba una para el cielo y el
yanki le dijo que le cantara cincuenta
responsos y usted dijo que sí, pero
que como eran ánimas gringas le
costaba un peso por responso y el
yanki le dijo que sí y usted se ha de
haber metido esos cincuenta pesos a
la bolsa de la sotana”. “Yo no me metí
nada a la bolsa, calumnioso sacristán.
Lo que pasó fue que cuando terminé,
bien ronco de cantar, ya no estaba el
yanki y me había dejado razón que él
no me pagaría nada, y que todas las almas que había sacado las volviera a meter a
donde estaban, si ellas querían, como si eso fuera juego fácil”. - ¡Ajá! Y lo de la
herencia de Macho Grande, ¿cree que no sé, cuando lo sabe todo el pueblo? Macho
Grande no se llamaba, sino Pablo Blandón, y era familiar mío de cerca, pues era primo
hermano de mi padre, que Dios tenga en su santa gloria; y si me dejó todo fue porque
su propio hijo era un gran borracho como vos y se iba a perjudicar más si le dejaba la
herencia para seguir bebiendo. Además, yo le prometí rezar por la salvación de su
alma todos los días cuando dijera misa, de manera que ahora de segurito está en el
cielo. En fin, no sé por qué te doy tantas explicaciones que sólo se las debo al Señor
Obispo. No quiero seguir hablando”. Y se fue.
Y fue común en aquellos remotos tiempos que algunos ricos al morir heredaran a los
curas que les ayudaban a bien morir, por el miedo a condenarse, pues les repetían que
era más fácil que un camello pasara por el ojo de una aguja, que un rico se salvara, y
el que moría sin confesión se iba derechito al infierno y hasta le negaban el derecho al
camposanto.




                                   El director, escritor y actor de teatro, recibió la
                                   distinción “Honor al Mérito” durante la Jornada Carlos
                                   Martínez Rivas, de la Universidad Nacional Autónoma
                                   de Nicaragua (UNAN), en un acto celebrado el 12 de
                                   octubre en el auditorio “Douglas Stuart Howay”, del
                                   recinto académico en Matagalpa, ciudad natal del
                                   homenajeado.
                                   Indudable. La universidad, como siempre, seleccionó
                                   acertadamente a los personajes condecorados, pues
                                   también distinguió a otro dramaturgo de Matagalpa,
                                   de igual manera destacado, sino el más grande
                                   director de teatro del país: Alan Bolt, quien no pudo
                                   asistir al evento.
                                   Un 22 de noviembre de 1964 Ernesto nació en la
                                   comarca Guapotal, y después sus progenitores
                                   Antonio Soto y Cándida Larios se trasladan a vivir al
barrio Guanuca. Sus primeras actuaciones fueron con el grupo Sofana, en el Instituto
Nacional Eliseo Picado; después se presentó bajo la dirección de Alan Stuart quien le
“ayudó a perder el miedo no sólo al público, sino el miedo a la vida misma, a las
dificultades, a la falta de presencia escénica, a la pereza, el miedo a escribir, el miedo
al poder, el miedo a hablar y hablar a través del teatro”.
Entre 1987 y 1990 se desempeñó bajo la dirección de Alan en la Compañía Teatral
Nixtayolero, prestigiada por sus obras de creación colectiva expresando vida
cotidiana nacional, presentándose
en campos abiertos urbanos y
rurales, y en escenarios de varios
países.
Ese teatro, al cual llaman popular,
me recuerda lo que he leído de los
inicios del siglo XVI, cuando en
Europa        proliferan      actores
ambulantes,        acarreando      su
escenario para compartir con la
muchedumbre congregada en calles, patios y plazas; y del habla castellana surgen
Lope de Vega, Tirso de Molina y Calderón de la Barca.
A mediados de 1990 se desintegra Nixtayolero, y en 1991, con otros actores, Ernesto
organiza Quetzalcoatl. En ese momento, Soto libera aún más su energía creadora
escribiendo obras, dirigiendo, actuando, estudiando. Es así que en 1998 se gradúa en
la Academia de Teatro de la Universidad de Artes de Utrecht, Holanda.
Y aunque a usted le parezca exagerado, cuando disfruto la dirección y actuación de
Ernesto, imagino a Aristófanes, el genial comediante griego que en sus obras abordó
                                          temas       políticos,  sociales,   religiosos,
                                          filosóficos. Me place por lo polifacético,
                                          actuando como campesina, mercadera,
                                          oficinista, o cualquier personaje que se le
                                          ocurra, desplazándose seguro, posesionado
                                          del personaje, tan suelto en la improvisación
                                          e interactuación con la concurrencia.
                                          Mordaz o jocoso, juicioso o dicharachero,
                                          elegante o desarrapado, Soto nos atrapa, nos
                                          conduce a la reflexión o a la carcajada, atrae
                                          multitudes que se congregan y culminan
                                          opinando sobre actuación, escenografía,
                                          contenido, tal cual versada.
                                          Es que el talento forjado por Ernesto se
                                          expresa comprensible, en tanto refleja la
                                          personalidad vivencial: lenguaje, mimo y
                                          entorno; producto de años dedicado al
                                          estudio de los fenómenos sociales y construir
                                          la historia para compartirla en escena. No es
casualidad que haya recibido otros reconocimientos individuales y colectivos, entre
ellos en una ocasión haber sido nombrado “Mejor Director de Teatro” del país.
Ernesto ha dedicado su vida al arte creativo, abarcando todos sus componentes, y, en
todos, los óptimos resultados confirman sus calidades, las consecuencias de su
empeño las saborea con el reconocimiento
del espectador, como todo artista, salvo que
para él es primordial la enseñanza popular,
la reflexión de quienes deben superar un
modelo que los oprime, los aliena y los
apretuja en la marginalidad.
Espero nada más estar presente en los
próximos homenajes que la sociedad y el
Estado tienen pendientes con Ernesto Soto.
¡Ojalá no se les olvide! aún cuando las
pasiones no alcancen a reconocer la
grandeza de la creación para contribuir a la
transformación cultural de un pueblo empobrecido educativa y económicamente.
Sergio Simpson Director Centro de Comunicación y Estudios Sociales
(Cesos).
Fragmento de su libro de próxima publicación: “Como de cuentos”!

                                         Es oscuro aún, no amanece; me levanto
                                         temprano con el alboroto que hacen las lapas
                                         y los papagayos en el cucurucho del cedro
                                         real. Lo primero que hago es caminar hacia el
                                         Río Lakus. Toco el agua con las puntas de mis
                                         dedos, para probar qué tan fría está; me
                                         persigno, pues la oración es una valiosa
                                         gestión de riesgo y me zambullo en las aguas
                                         un tanto turbias, de donde salen extrañas
                                         burbujas, desde el fondo.
Salgo a la superficie, me agarro de un viejo bote abandonado que está amarrado en
un pequeño muelle. A esta hora es peligroso alejarse de la orilla, ya sea hacia el centro
de la corriente, ya sea hacía la montaña, que según tengo entendido, por aquellos
lugares le dicen Walpa Lika.
El amanecer parece lento. Poco a poco va llegando la claridad entre las palmas del
coyol; por ahí penetran los rayos solares descubriendo el misterio de las sombras, que
lentamente van desapareciendo. Yo tengo siempre cerca de mí un remo, por si acaso
una culebra o un lagarto. Estoy en un momento que ya no es de noche, pero que
tampoco es de día. Está amaneciendo y el sereno se enreda aún entre las ramas de los
palos.
Sé que está amaneciendo porque hace rato me levanté, pero no tengo el reloj a mi
alcance, por lo que no pude medir a qué hora amanece allá en Waslaska. La humilde
familia de Hipólito Müller, donde estoy ubicado, duerme aún. Ahí me encuentro
ubicado desde el día que subí a esa aldea de 12 casitas de bambú y zacate, de rejones
y cáscara de majagua.
Estoy pensando en Ana Tingní, la mujer que sabe mucho de la montaña. Ella puede
darme la mayoría de las respuestas a mi cuestionario elaborado allá lejos. Mujer que
ando buscando desde hace muchos meses. Me subo al bote abandonado y seco mi
cuerpo con el aire que baja fresco de la montaña. No tengo toalla, pues la última la
dejé en Somotigne, la noche que dormí allá. La dejé olvidada y eso me trajo nostalgia
de la ciudad. Recordé las toallas que tienden frente a la Plaza Inter, cerca del edificio
del SINAPRED.
Mi nombre es Bayardo Saúl y tuve la
oportunidad de estudiar Ciencias Sociales en
la universidad, pero ando en estos vergueros
en busca de respuestas a una pregunta que
todo mundo se hace: ¿Cuántos monos habrán
todavía en BOSAWAS? De paso teníamos la
curiosidad de conocer un poco de la vida y
costumbres de los mayagnas, misquitos
zambos, sumus, garífonas y otros que habitan
en el corazón de la montaña, la gran
montaña, que es como la madre de todos ellos. Esa inmensa reserva de biósfera que
todos le dicen ahora el pulmón del mundo, pero que nadie conoce realmente de cerca,
de no ser el autóctono. La realidad de los que llegamos desde afuera, aquí es otra.
 ¿Cómo es posible que familias enteras resistan tragando solamente guabul, bebida sin
azúcar, sin sal, simple que se obtiene moliendo guineos verdes sin más nada?. ¿Por
qué vivir en medio de tanta riqueza natural y sufrir miles de calamidades?
Yo desde anoche ando como apenado, pues Hipólito Müller me ofreció guabul y no le
acepté. Es que me lo dio en el mismo guacal donde beben sus viejos padres, ya sin
dientes, y no lo lavó. En ese mismo guacal beben los negritos tierrosos y con granos
en la boca. Hasta un señor tocado por el mal de la locura producida por una mosca,
bebe en ese guacal y yo, tocado por los prejuicios de la ciudad, no le acepté. Pude
notar la contrariedad que provocó mi tonta actitud en los ojos del aquel moreno, que
gentilmente ofreció su choza para que yo durmiera.
Por esos lados casi nadie tiene azúcar y por eso, como queriendo lavar un poco mi
ofensa con Müller, le ofrecí una libra, de las tres que yo tenía en mi mochila, pero no
me aceptó. Como tampoco tenían jabón, ni papel higiénico, ni pasta, ni cepillo dental,
le ofrecí unos que andaba también en mi mochila pero humildemente, no aceptó.
El hombre era sumamente sutil y podía oler a miles de millas de distancia a un
mediocre como yo. Era nada más, ni nada menos, que el líder natural de toda la zona.
Incluso los pastores moravos, cuando llegaban sobre el Río Lakus a evangelizar, tenían
que pasar por donde él, para que les convocara a la gente. Era él la máxima autoridad
de los mayagnas, pero yo qué puta iba a saber de quién se trataba, si todos andan sin
camisa, todos negritos, murruquitos y andrajosos. Por la noche cuando todos dormían,
me comí como media libra de azúcar, pues no aguantaba el hambre.
En el río, los niños se meten al agua con una faja de guarumo en la pequeña cintura,
para no hundirse, mientras las mujeres se disponen a bañar sin brassier. Algunas que
ya salieron a trabajar al Pacifico o región centro norte del país, incluso Bilwi, Waspan o
Siuna, ya usan ese tipo de prendas femeninas, pero la mayoría, principalmente las
niñas y muchas jovencitas, no pueden darse ese lujo.
Como dije, ando pescando respuestas a un montón de interrogantes que nos hacemos
a veces en las aulas de los colegios y universidades del centro de nuestro querido país.
¿Las podré encontrar? Y si las encuentro… ¿Le
servirán a alguien? Para encontrar las posibles
respuestas, busco a una mujer, no muy vieja,
incluso algunos aseguran que es virgen, que
dicen que sabe mucho. Que cura mordeduras
de culebras tan venenosas como la barba
amarilla. Que conversa con el viento, con los
árboles, con todo tipo de flores y de pájaros.
Que escucha con atención a los lagartos, sapos
y renacuajos. Lo mismo hace con manadas de
monos que la buscan como a una madre, para
que les ayude a resolver problemas propios de
la familia. Es una soberana alcahueta con los pericos, lapas, oropéndolas y papagayos
Dicen que es lo máximo en comprensión, que es amorosa, que es como una psicóloga
que atiende el llanto de las ramas cuando sopla el viento que a veces es
desconsiderado con las flores y las deshoja. Ella es una doctora. Eso es, una doctora.
La cagada es que vive demasiado arriba, allá por donde nace el Río; por Sumo Pipe,
por Arandak, por Waislaska; más arriba aún. Dicen que para llegar hasta donde está
ella, tengo que pasar otro raudal más grande que Awala el Kitang. Hasta allá tengo
que ir a buscarla si quiero conseguir una respuesta correcta a todo lo que busco. Otro
problema con ella será nuestra comunicación. ¿Cómo poder hablarle, si ella no habla el
español? Para este problema, Hipólito Müller me consigue un proero que a la vez sea
mi guía sobre el río. Dicen que en otros tiempos, fue el chan de un grupo de
guerrilleros que bajaron desde el Río Patuca. El hombre que va conmigo se llama Payo
Henry. Un hombre negro, cara dura, silencioso, en cuyos brazos se puede notar la
fuerza descomunal que guarda discretamente en su humanidad.
Mi guía, por ser conocedor de la zona, me recomienda dormir lo que queda del día y
salir tempranito al día siguiente. Así se hizo, así fue. Cuando canta el único gallo que
hay por ahí, nosotros empezamos a deslizarnos sobre las aguas en el cayuco nuevo de
Payo Henry. La neblina es tan espesa, que parece que voy saliendo a cuatro mil
metros de altura sobre el valle de Pantasma en un débil bimotor.
Este río me da miedito, pues es angosto, donde tenés más de cerca las serpientes y los
cocodrilos. Por eso da recelo, porque es mas encajonado, selvático y misterioso.
Muchos lugareños han desaparecido entre sus turbulentas aguas, tragados por un
remolino o descuartizados por los cocodrilos. Por eso vamos con mucho cuidado. Ahí
no sabés si es un tronco o un lagarto, si es una lienza o una culebra, si es una piedra o
una tortuga. Porque todo es parte de todo. Todo es la misma cosa, con toda su
diversidad, es la misma MONTAÑA.
Mientras Payo Henry va lidiando con su cayuco, yo voy meditando. Tengo que
encontrar a Ana Tingní lo más pronto posible. Mujer del cerro que sabe mucho. Es la
médica que cura con hojas; no sólo cura mordeduras de culebras, sino que las mima a
ellas como si fueran sus propias hijas; como si fuera ella la misma cosa, como si árbol,
lienza y tierra, fueran lo mismo. Como si Payo Henry, Ana y árboles, fueran lo mismo.
Todos color de cepa de guineos, todos color de río. El uno significa la vida o la muerte
del otro, como si estuvieran encadenados por una misma mano. Por un ser majik.
Ana es la única capaz de hablar ese dialecto universal, de todas las especies que
existen entre Saslaya, Bocay y Waspan. Desde ahí, hasta toda la redondez de la tierra.
Su mejor amigo es el viento, que le trae los secretos desde más arriba, desde allá
donde vive la pantera y el quetzal. Desde lugares que ni con el pensamiento podés
                                        entrar. Porque no sólo hay fieras peligrosas,
                                        sino el espíritu malo del Sisimike.
                                        Mientras Payo Henry va remando, yo centro mi
                                        atención en la corriente, que me parece que
                                        está más violenta. Aún la neblina es densa, se
                                        enreda entre las hojas y las ramas de los
                                        árboles. Se puede escuchar una gran alharaca
                                        de pájaros, que aunque no los miramos,
                                        sabemos que son chocoyos. Salen por miles de
                                        huecos que están en los barrancos. Se tiran en
                                        picada hacía abajo, pero ninguno se estrella
                                        contra las piedras, como si fueran excelentes
                                        alumnos de Juan Salvador Gaviota.
                                        Empieza a amanecer, llevo mi estómago vacío y
                                        mis tripas hacen un feo ruido agudo y agónico.
                                        Tengo hambre. ¿Y en aquellos alejados paisajes,
                                        quién no la tiene? Voy renegando por no haber
                                        tomado el guabul que me ofreció Hipólito
                                        Muller. Sé que la cagué, pero me jodió la
formación de la ciudad.
Ahora en la madrugada me dio vergüenza pedirles el favor de calentarme agua para
hacerme una sopa Maruchán. No podía tirármela yo solo; estaba con todos los
chavalitos, sus padres y Payo Henry y yo sólo tenía una. ¡Me jodí! pues eso solo lo
podés hacer en la inmensa soledad de las ciudades, pero aquí en la selva tenés que
compartir con ellos. Aquí tenés que compartir, lo poco que andás, con ellos.
El sol empieza a salir, brilla la gran sierpe del Lakus. A medida que avanzamos se
escucha un gran ruido de aguas, como el encuentro de varios ríos a la vez. Las
espumas pasan más rápido dando violentos giros y se pierden río abajo. El estruendo
es cada vez más cercano. Se trata de un raudal bastante peligroso, pues ahí ya han
desaparecido familias enteras del lugar que se supone que son más expertas que yo.
Al raudal ellos le dicen El Awala el Kitang. Payo Henry, que venía callado, rompe el
silencio y me dice que tengo que bajarme, que lo espere más abajo. Yo comprendo
perfectamente la situación de peligro, obedezco y salto del bote. Una vez que Payo se
acercó a la orilla, caigo bien y busco un caminito que la gente que se bajaba ahí, ya
tenían listo. Me quedo observando las peripecias de Henry para pasar el raudal. Este
empuña el remo con todas sus fuerzas, lo lleva en ristra como lo llevaría “El caballero
de la triste figura”, don Quijote de la Mancha, su lanza en contra de los temerarios
molinos de vientos.
Las fuerzas del agua lanzan el cayuco como si fuese una cáscara de nueces en contra
de las rocas que están de frente a la caída, pero Payo Henry lo mete entre los
farallones del acantilado derecho y lo tira hacia la izquierda, desviando hacia la
corriente madre.
Ya mas abajo él me grita !Piensa dormir ahí!, como quien dice, ¡apúrese! Tuve que
correr entre la maleza para alcanzarlo, pero él estaba como un padre, esperándome en
un recodo del río.




Juventud y años de peregrinaje de Sandino
(Versión resumida)
Volker Wünderich.-De su libro “Sandino: una biografía política”

El 18 de mayo de 1895, poco
más o menos a las once y
media de la mañana, en
Niquinohomo, un        pequeño
poblado nicaragüense en el
departamento      de   Masaya,
Margarita Calderón trajo al
mundo a un bebé en buen
estado de salud. No apareció
ninguna estrella en el cielo,
ningún volcán hizo erupción,
no hubo ninguna señal especial
que consagrara de manera
particular aquel momento.
Pasó inadvertido como un
suceso cotidiano en la soñolienta rutina del lugar, y para la madre fue más bien
motivo de preocupación que de alegría. Era una empleada pobre en una de las fincas
del terrateniente Don Gregorio Sandino, y su patrón la había embarazado.
El niño fue bautizado con el nombre de Augusto Nicolás y recibió el apellido materno
Calderón. De esta manera, su origen ilegítimo era reconocible tanto para su familia
como para toda la gente del pueblo. Eso no significaba una deshonra particular en una
época en la que la mitad de los niños del departamento de Masaya nacían de
relaciones extramatrimoniales. No obstante, significaba cierto desprestigio social, que
traía normalmente consigo una vida en pobreza y en situación de servidumbre. En
efecto, aquel joven de humilde cuna no parecía destinado a alcanzar gran fama
nacional o internacional. Ni siquiera el eminente nombre de Augusto César Sandino,
con el cual posteriormente se hizo famoso, fue un regalo de sus padres. A los pocos
años pudo adoptar el apellido paterno Sandino, pero conservó la “C” del apellido
materno: Augusto C. Sandino. En el momento apropiado, convirtió esa inicial “C” en un
segundo nombre, “César”, y con ello escogió un nombre que era muy común en la
Nicaragua de aquellos tiempos.
El fundador de la familia Sandino, un tal Aparicio Sandino, llegó a Nicaragua
procedente de España a comienzos del siglo XIX, y se instaló en el poblado indígena de
Santa Ana de Niquinohomo. Niquinohomo significa en la lengua de los indígenas
chorotegas “Valle de los guerreros”. El perfil del pueblo se encuentra hasta la fecha
dominado por la impresionante iglesia barroca, consagrada en 1689 a Santa Ana. Fue
hasta finales de la dominación colonial española, libertad que en Nicaragua como en el
resto de Centroamérica, se obtuvo en 1821, que los europeos pudieron adquirir tierras
para uso privado en las aldeas indígenas, permitiéndoles así dedicarse a sus negocios.
Aparicio Sandino y sus hijos se casaron con mujeres de los alrededores, es decir, se
emparentaron con los habitantes indígenas de la región. Llegaron a tener algunas
propiedades y dejaron una numerosa descendencia. De este modo los Sandino se
convirtieron en una familia mestiza, pero en realidad en ellos predominaba la
descendencia indígena.
El padre de Augusto, Gregorio Sandino, (1868-1947) pertenecía a una de las familias
de mejor posición en Niquinohomo. Habitaba en una casa sólidamente construida a un
lado de la plaza, con tapias de adobe blanqueadas con cal y tejas de barro rojas.
Desempeñó durante el régimen liberal del Presidente Zelaya algunos cargos locales,
entre ellos los de juez y alcalde. Era propietarios de varias fincas, en las cuales
cultivaba granos y el nuevo producto de exportación: café. Claro que distaba mucho de
                                                         poseer la riqueza de los
                                                         grandes      cafetaleros      de
                                                         Managua y Matagalpa, por no
                                                         decir del prestigio de las
                                                         familias patricias de León y
                                                         Granada. A Don Gregorio se le
                                                         podría considerar como un
                                                         agricultor de clase media;
                                                         disponía    de     peones      y
                                                         servidumbre,       pero       se
                                                         preocupaba personalmente por
                                                         el trabajo en el campo y en la
                                                         casa. Llamarle “farmer” o
                                                         “empresario agrícola” sería
                                                         errado.     Sus      actividades
económicas correspondían a las formas tradicionales de la pequeña burguesía
nicaragüense.
En los primeros diez años de su vida, el pequeño Augusto disfrutó muy poco del
bienestar en que vivía su padre. Si bien Don Gregorio había reconocido su paternidad
sobre el muchacho en el Registro Civil, no se preocupaba ni de Augusto ni de su
madre. En 1897 contrajo nupcias, conforme a su posición social, con Doña América
Tiffer. De ese matrimonio nacieron su hijo Sócrates, el primogénito legítimo, y las
niñas Asunción y Zoila. Entretanto, Augusto siguió viviendo con su madre y varios
hermanastros en un rancho en los alrededores del lugar. En 1933 le narró al periodista
y escritor José Román, lo siguiente: “Abrí los ojos en la miseria y fui creciendo en la
miseria, aún sin los menesteres más esenciales para un niño, y mientras mi madre
cortaba café, yo quedaba abandonado. Desde que pude andar, lo hice bajo los
cafetales, ayudando a mi madre a llenar la cesta para ganar unos centavos. Mal
vestido y peor alimentado en aquellas frías cordilleras. Así es como fui creciendo o
quizá por eso es que no crecí. Cuando no era el café, era el trigo, el maíz u otros
cereales los que nos mandaban a recolectar, con los sueldos tan mínimos y tareas tan
rudas que la existencias nos era un dolor, ¡un verdadero dolor! Y aún así, para poder
trabajar teníamos que sacar unas matrículas, que mi madre y yo nunca terminábamos
de amortizar… Trabajábamos mi madre y yo en una finca del alcalde del pueblo,
siendo mi padre el juez. Ella había recibido un anticipo de unos pocos pesos, pero
como le ofrecieron pagar mejor en otro cafetal, resolvió aceptar para pagar más pronto
su deuda, pero el señor alcalde, temeroso de perder su anticipo, dio orden de captura
contra ella. Y así, una buena tarde se aparecieron unos soldados y nos metieron a la
cárcel. El disgusto y el maltrato brutal produjeron en mi madre un aborto que le
ocasionó una copiosa hemorragia, casi mortal. Y a mí, solo, me tocó asistirla ¡íngrimo!
en aquella fría prisión antihigiénica del pueblo…ya dormida mi madre, insomne, me
acosté a su lado en aquel suelo sanguinolento, y pensé mil atrocidades y venganzas
                                                feroces”.
                                                Poco después, Augusto actuaría por
                                                iniciativa propia, dándole un viraje a su
                                                vida hacia algo mejor. “Bueno, es el
                                                caso que un día, hambriento, haraposo
                                                y acarreando unos paquetes para
                                                ganarme unos centavos, me encontré
                                                por casualidad con mi señor padre en
                                                la calle. Puse los paquetes en el suelo,
                                                me arrimé a él y le interpelé llorando,
                                                pero enérgicamente: -Óigame señor
                                                ¿soy su hijo o no? Y mi padre me
                                                contestó: .Sí hijo, soy tu padre.
                                                Entonces yo le repliqué: -Señor, si yo
                                                soy su hijo por qué no me trata usted
                                                como trata a Sócrates? Al viejo se le
                                                salieron las lágrimas; me levantó hasta
                                                su pecho, me besó y me abrazó fuerte
                                                y largo… y me llevó a su casa…iba yo a
                                                cumplir once años.”
                                                Finalmente Augusto pudo asistir
                                                algunos años a la escuela, terminando
                                                el cuarto grado de primaria. En el
hogar de su padre, sin embargo, no terminaron de inmediato las humillaciones. En un
principio, su madrastra no permitió que se sentara en la mesa familiar, de modo que
tenía que comer con la servidumbre. No obstante, la necesidad de tener que ganarse y
mantener el reconocimiento de su padre, resultaron en un reto positivo para el
muchacho. Pronto asumió tareas en los negocios paternos, volviéndose indispensable
por su diligencia y esfuerzo. Frente al mimado Sócrates, Augusto tuvo siempre que
trabajar duro para alcanzar sus metas. Así fue como pronto dejó atrás a su
hermanastro, en lo que a voluntad, aspiraciones y disciplina concernía. Esta situación
hizo que la relación entre ambos no dejara de ser problemática. Pero esto no impidió
que durante una estancia en los EE. UU., en 1927-1928, Sócrates apoyara la campaña
de solidaridad con la lucha de liberación de su hermano. En 1929 se reunió con
Augusto en México y se convirtió en su ayudante personal y oficial adjunto y
posteriormente en Coronel del ejército guerrillero. Sin embargo, siempre permaneció
bajo la sombra de su hermano, siendo la suya la personalidad más débil, amenazada
además por el alcohol.
Después de la escuela, Sandino se dedicó en primera instancia al comercio. Para ello
tenía buena mano, ya que en pocos años levantó un negocio de compra venta de
frijoles, grano básico de mucho consumo en Nicaragua. Primero le ayudó a su padre,
duplicando el capital invertido, y luego se dedicó a comerciar por cuenta propia.
Enviaba regularmente cargamentos de 20 y hasta 30 quintales de maíz y frijoles por
ferrocarril a Masaya o Managua.
Todavía muy joven y contando con algunos medios, decidió hacer un viaje en dirección
a Costa Rica, pero se detuvo en una hacienda cerca de la frontera y trabajó allí como
aprendiz de mecánico. En San Juan del Sur, el pequeño puerto del Pacífico
nicaragüense que en una ocasión se había creído sería el punto final del gran canal
interoceánico, se enroló como maquinista auxilar y por un tiempo se hizo a la mar. Más
tarde, estas experiencias le serían muy útiles, y desde entonces declaró siempre que
su oficio era el de “mecánico”.
En 1919 Augusto regresa a Niquinohomo. Tenía intenciones de contraer matrimonio
con su prima, María Soledad Sandino, por quien sentía un gran afecto. Con el
proyectado matrimonio con “Mariíta” hubiera consolidado en forma definitiva su
posición dentro de la familia Sandino. Parecía decidido a establecerse de manera
permanente y a seguir las huellas de su padre, pero todo resultó de modo diferente. El
cortejo de Mariíta se fue prolongando y terminó en 1921 con un escándalo mayúsculo.
Sandino tuvo un pleito con un
tal Dagoberto Rivas, joven de
buena familia. Según el
testimonio de la mencionada
Mariíta,      Augusto      había
comprado a Rivas una carga
de frijoles en mal estado, cuya
devolución no fue admitida por
éste. El mismo Sandino narró
posteriormente que Rivas y sus
amigos lo habían acusado de
asediar a una hermana de
Rivas que había enviudado.
Como suele suceder en estos
casos, en el pueblo se dio un
ambiente de murmuraciones que pusieron en entredicho la reputación de Augusto,
quien debido a su origen humilde por todos conocido, debió encontrarse ya en
desventaja.
El domingo se encontraron los dos contendientes frente a la iglesia, y sin poder
contenerse, Augusto le proporcionó un golpe a Rivas. Cuando Augusto cayó al suelo,
sacó una pistola y le disparó en la pierna.
Con este acto, Sandino se colocó fuera de la ley y se vio obligado a huir. Entre las
sombras de la noche y la niebla, se dirigió hacia Bluefields, en la costa del caribe,
mientras se le echaba tierra al asunto. La región Atlántica era en tales casos un buen
refugio pues, por su difícil acceso desde el Pacífico, el brazo de la justicias penal no
llegaba hasta allí. La huída colocó a Sandino en un mundo nuevo, del cual nunca
regresaría a su lugar natal. Las impresiones que recibió allí parecen palidecer ante el
dramatismo de los años siguientes, pero constituyen antecedentes sin los cuales no se
puede comprender su evolución posterior.
En el 131 aniversario del nacimiento de mi inolvidable Maestro, Eliseo Picado, no
podría callar ese cumpleaños de una persona extraordinaria nicaragüense, que con su
ejemplar buen hacer y vivir, familiar, ciudadano y, sobre todo, de docente, es a todas
luces una de las sobresalientes glorias históricas, tanto en la vida, como después de su
                                        muerte, que vino al mundo un día de diciembre
                                        del año 1879, y que en parecido mes de 1957,
                                        diera su último suspiro bajo el cielo abierto
                                        aunque nebuloso de nostalgias, hermanando el
                                        sentir a dos ciudades, El Viejo, Chinandega,
                                        como a Matagalpa, donde vive para siempre
                                        palpitando en ellas su corazón.
                                        Quien esto escribe desde la otra orilla del mar
                                        que separa en su inmensidad a Nicaragua de
                                        España, donde sin presentir lo ha traído el
                                        destino, tuvo el gran honor de ser del Maestro
                                        uno de sus más preciados alumnos, aprecio
                                        que, modestamente, se ganara durante los seis
años de estudio en primaria, en su afamado Colegio de Varones Evaristo Carazo,
donde convivió con su honorable familia, todos ellos docentes, junto con otros
inolvidables condiscípulos en condición de internos: Róger Castellón Orúe, su hermano
Sergio, Adolfo López Montes, Manuel Díaz y Sotelo (boaqueño, honrado
revolucionario), Carlos Navarro, los hermanos Julio y Miguelito Acevedo, entre tantos
que hoy sólo son del recuerdo…Colegio que escogiera mi adorada madre, para que su
hijo, bajo la dirección de un excepcional profesor, algún día fuera alguien, sin
escatimar para ello ningún sacrificio o esfuerzo.
Qué relación más exacta de la vida del Maestro no
s hace una de las primeras voces actuales de la cultura matagalpense, Dr. y Prof.
Douglas Stuart Howay, que fuera también distinguido
alumno de “Papa Cheyo”.como lo llamaban familiarmente;
relación que vale la pena releer en la notable Revista Vox
Pópuli, del pasado mes de diciembre (año 6- Edición No. 70
-2009), que con sacrificados y plausibles esfuerzos edita y
dirige Humberto Rivera, hijo querido de Julio C. Rivera, del
Centenario de Matagalpa colosal Poeta, y que, como otras
anteriores, he recibido enviadas por el fraterno “Darling”,
con quien la cultura epistolar nos ha unido desde ha
tiempos…
En mi obra “Rubén Darío, Siempre”… Págs. 201-202, ya
brevemente nos hemos ocupado de ese “Padre Espiritual”,
quien con sus inolvidables enseñanzas y consejos, ha sido
mi guía por todos los caminos de Europa y de América, consecuentemente. Por eso
escribí en “El sombrero de mi Maestro” desde el terruño del gran novelista Palacio
Valdés, en Laviana, del Principado de Asturias: “Cualquier maestro que nos haya
enseñado algo del pan de la sabiduría, debe ser venerable…Entre mis maestras y
maestros, yo tuve uno especial, se llamaba Eliseo Picado…”
Así entramos en la feliz como sentimental anécdota. Mi madre, diligente como siempre,
tras de concluir los estudios ya para que su hijo no se hiciera un vago y aprovechara el
tiempo, se puso en contacto con el ebanista Carlos Moreno para que me enseñara el
oficio, además porque, si mal no fue informada, éste había sido alumno-trabajador en
la carpintería de mi padre, Salvador Cano, que años atrás ya había muerto, dejándome
huérfano de él con sólo siete u ocho años de existencia; donde estuve de “aprendiz”
una semana, debido a que uno de los trabajadores me ocupaba todos los días para
que le comprara cigarrillos o bebidas refrescantes, por lo que al rebelarme, sin saberlo
su jefe, amenazó pegarme con una regla, por lo que fui corriendo al mercado casi
llorando para informar a mi madre, quien de inmediato, cogiéndome de un brazo y
dejando un momento el tramo mercantil de su trabajo con el fiel de la balanza, nos
fuimos al taller, sito en la salida a Jinotega, frente a la casa de don Porfirio González, y
con voz alzada al que intentó pegarme, le dijo: “ A ver h. de p. si le pegás a mi hijo
delante de mí”, levantando el fiel al que le había quitado los platos…el carpintero
estaba mudo. No recuerdo ahora su nombre, pero muchos años después los dos nos
reíamos amigablemente del suceso.
Así, otra semana de “aprendiz” la pasé donde el Maestro “Chumbulún”, también
ebanista de los buenos, padre de mis condiscípulos, los Elizabeth, pero tampoco ahí
hacía nada; barría colochos y más colochos; de vez en cuando acariciaba un serrucho,
una garlopa, y “aburrido” fui a parar dond el Maestro Acisclo Medina, importante
constructor y padre de mi otro condiscípulo, Acisclo Medina Jr. Pero al final de la
semana, con las manos inflamadas de tanto coger ladrillos, depositándolos en un lugar
como en otro, le dije, otra vez, a mi mamá:”hasta aquí llego”; lo que antes ya le había
dicho, un viernes por la tarde, al “Jefe Acisclo”, quien sonriendo (no sé si estaría
hablado con mi madre), me dijo: “Está bien, y como has trabajado sudando mucho por
la mañana y por la tarde, aquí tienes tu pago: un peso”…!Un córdoba!, dije alegre
para mis adentros…el primer sueldo de obrero ganado en mi vida…!
Pasado un mes, paso a volverme “herrero” donde el Maestro Heliodoro Vargas, casi al
frente de la casa del Padre Payán, de humorístico recuerdo…A aprender el oficio se
apuntó también mi fraterno amigo de la infancia Rodolfo (Fito) Kuan, quien ahora,
según mi sobrino Mauricio Pérez González, vive solitario en San Francisco, U.S.A. Fito
fue el primero que me llevó a conocer en Apante a la “Cara de Leona”. Muchos
matagalpas, igual que los guardias G.N. la conocieron en “El 31”, como a otras donde
“Doña Adela”.
Una mañana, como a las nueve horas, pasamos frente al Colegio del Maestro Picado.
Iba también con nosotros Pastor Olivas (que había sido condiscípulo en el Instituto
Nacional del Norte, frente al Colegio San José, donde nos daba clase en Primer Grado
la inolvidable Maestra Lucidia Mantilla, quien después tuvo su propio Colegio frente al
del Maestro Eliseo) En el colegio público tuvimos de compañeros a Fofo Pérez, Rodolfo
Méndez, hijo del Dr. Méndez Tijerino; Carlos Fonseca Amador, después célebre
sandinista revolucionario, uno de apellido Talavera,
ídem.
Ese año no lo aprobé porque mi papá en la semana de
los exámenes, por primera vez me llevó a conocer y
visitar a mis abuelos Ladislao y Carmen, en “El Mojón”,
más allá del llano de Yucapuca en Jinotega. Por eso
comencé el primer grado donde el Maestro Eliseo.
Frisaba servidor 6 o 7 años…Caminábamos, pues, a
paso ligero y pudimos ver que el Maestro se
encontraba en la puerta. Le dije “adiós Maestro”, y
pude ver sus ojos llenos de sorpresa al contestar mi
saludo. No me reconocía, seguramente, pues llevaba
yo en mi cabeza una estufa incandescente de carbón
repleta. Mis manos cogían una y otra vez cualquiera de las cuatro patas, ya que me
quemaban. Nuestro destino se encaminaba a herrar unos semovientes, no recuerdo si
era en Casa Palacio, o donde don Joaquín Lanzas, padre de mi fraterno amigo
guanuqueño Frank, ex alcalde de Matagalpa. Creo que era Beneficio Palacio y no
Casa…
Cuando me disponía a cenar muy hambriento en El Mesón mis frijolitos y un arroz con
huevo, acariciando mi cabeza todavía sudorosa, susurró con cariño mi madre: “ya no
trabajarás más donde don Lolo. Vino a verme esta mañana tu Maestro Eliseo y me dijo
que te diera estudios, que no desaprovechara tu inteligencia y que, al menos, debías
seguir estudiando hasta llegar a bachillerarte”.
Al mes siguiente, año de 1951, viajaba por primera vez de Matagalpa hacia Managua,
para coger después el tren que me depositó en Granada. Un autobús de la empresa de
Adrián Montes, que hacía el viaje de salida a las 6 ó 7 de la mañana, fue cambiado
por un coche de caballos que me llevó al barrio de Jalteva, donde estaba el Colegio
Don Bosco, siendo las 8 de la noche…Así comenzó otra manera de vida, aunque
siempre “encerrado”, como cuando estaba donde el Maestro Eliseo, a quien,
recordándolo, como a mi humilde madre…se humedecen mis ojos.




He querido escribir un poco sobre este tema
“Puntualidad”, debido a que uno de estos días,
alguien que asistió al evento de premiación
nacional de pintura “Leoncio Sáenz 2010”
efectuado en el auditorio de la Biblioteca del
Banco Central de Nicaragua, le comentaba a otro
ciudadano matagalpino: ¿Viste qué puntualidad
con la que iniciaron el evento? Yo agregaría: no
sólo lo iniciaron, su contenido fue puntual y su
terminación, consecuentemente. Se dijo 6:00
pm. y a las 6 en punto, estaba lleno el salón.
La puntualidad viene del adjetivo “Puntual”, que
significa: “que llega a tiempo”;”que hace las
cosas a tiempo”. Pero también que es exacto y
preciso (esto cuando se refiere a la elaboración
de un informe puntual). Y también que solo atañe
a un aspecto específico. Si lo referimos al
término: “hora”, estamos significando entonces,
“tiempo oportuno”; “momento ò fracción de hora”. Pero además es sinónimo de:
Pronto, diligente, indubitable, cierto, conforme, conveniente, adecuado.
Internacionalmente se conoce la frase “hora Inglesa” para referirse a que se desea o
exige puntualidad para tal o cual cosa; esto porque se conoce que los ingleses son
muy puntuales. En los Estados Unidos es muy usual la puntualidad debido a que como
sus colonizadores fueron del Reino Unido, pues entonces se hizo ahí una norma
también.
No se dice entonces “la hora hispana ò la hora latina”, porque los hispano parlantes,
no recogieron esa norma de ser puntuales. Por ello es que es muy usual decir en
nuestro medio “hora nica” para dar a entender que llegaremos tarde a la cita, por lo
que todo lo que dijimos de puntualidad en el segundo párrafo lo echamos por la borda
y por ende seríamos lo contrario de ello, y eso equivaldría a decir: inoportunos,
negligentes, inciertos, inconformes, inconvenientes, inadecuados, etc.
Pero la puntualidad también se aplica además de la hora de cita oportuna, para los
trabajos, ¿Cómo así? Ej. Los trabajos pactados para cierto tiempo, te dicen que te lo
entregarán (constructores, sastres, imprentas, etc.), en tal o cual fecha y en un 99%
                                            hay impuntualidad. De ese modo
                                            también se es impuntual, incierto,
                                            negligente e inadecuado. Por ello
                                            debemos cultivar la puntualidad desde el
                                            niño en casa, dándole el ejemplo sus
                                            padres. En la escuela se trata de
                                            inculcarla cuando los periodos de clase
                                            exigen una hora determinada. En esta
                                            ocasión, refiriéndome al evento citado al
                                            comienzo premiación de pintura en la
                                            biblioteca del BCN, noviembre del 2010-
                                            podemos decir que al menos ese tipo de
                                            público, el que abraza la cultura y el
arte, hizo honor esta vez a la puntualidad. Gracias a todas y todos, Cultivemos la
Puntualidad.




La muerte bajó de Ticomo

Desde hace algunos años, el reverendo Pedro Kandigerio Siero descansa en paz. Si
goza o no de la visión celestial de Dios, es algo en que no nos corresponde meter
nuestras laicas narices. Como todo hijo del Señor, al abandonar su envoltura corpórea,
debe haber comparecido con su doble carga ante el Juez Supremo y tomado el camino
que el resultado del insobornable pesaje le deparó. Hecha la anterior salvedad, vamos
a ver al hombre de carne y hueso que fue el reverendo Siero. De tez oscura, era un
hombrón de unos seis pies de estatura, de robusta complexión y modales toscos, que
una voz de bajo profundo contribuía a resaltar.
Caminando por las calles enfundado en su sotana de un blanco perla desvaído o al
volante de su vieja camioneta Willys, su presencia se imponía por la irrefrenable
costumbre del clérigo de criticar soezmente y a voz en cuello la mala maniobra del
conductor que se interpusiera en su camino o de saludar con igual efusión a un viejo
amigo. Su amplia casa en la zona occidental de la vieja Managua, ubicada del
desaparecido cine América
dos cuadras al oeste, era
punto de reunión de jóvenes
y adolescentes de casi todos
los barrios de la ciudad.
Porque, es hora ya de
decirlo, el reverendo Siero
tenía      una      inocultable
preferencia por la compañía
masculina.     Esta     pública
inclinación, demostrada con
ostentoso     desenfado,     le
había merecido numerosos
llamados de atención de sus
superiores.       Pero       el
escandalizador parecía desafiar olímpicamente a sus jerarcas. Y por extraño que
parezca, la azarosa vida del sacerdote se incorporó rápidamente al folclor de la ciudad,
y sobre sus hazañas, inventadas algunas, muchas verdaderas, se acuñaron decenas de
historietas y chistes de encendido tono. La sola frase de “Padre Siero” llegó a
convertirse en sinónimo picaresco.
A finales de los años sesentas, hastiada de sus desmanes, la jerarquía católica,
representada por Monseñor Donaldo Chávez Núñez, tomó la decisión de suspender “a
divinis” en sus funciones al rebelde. Para entonces el sancionado clérigo vivía (¿podría
ser en otro lugar?) en una espaciosa quinta en las afueras de Managua, la que había
acondicionado para que sirviera de esparcimiento a parejas de enamorados, previo
pago de una módica suma de dinero. La quinta en cuestión estaba estratégicamente
ubicada en el valle de Ticomo. Visto desde las alturas de la carretera sur, Ticomo es
una profunda depresión en cuyo fondo se asentaban fincas agropecuarias y hermosas
quintas.
Pues bien. En el motel del padre Siero, como era popularmente conocido el
establecimiento, la tarde del domingo 13 de noviembre de1971, el anciano sacerdote
descubrió el cadáver de su empleado y amigo Mario Aguirre Mercado, de 20 años de
edad. Saber que estaba muerto le llevó tiempo, según sus propias palabras. Al
regresar a su quinta a las dos de la tarde, después de hacer unas diligencias en la
ciudad, el cura entró en su dormitorio y vio el cuerpo tirado boca abajo sobre el piso,
junto a la cama. “pensé que se había emborrachado y se durmió en mi cuarto”, dijo.
Como para aclarar la confianzuda presencia del empleado en su habitación, dijo que
todas las noches, al acostarse a las nueve, su fiel compañero le frotaba las piernas, los
pies y la espalda con un linimento que le relajaba los músculos. “Eso lo hacía con
mucha devoción, con mucho respeto. Me daba las buenas noches con las manos juntas
y luego se retiraba a su cuarto, a tres de distancia del mío”, le explicó posteriormente
al juez Danilo Matus Urroz. Esa tarde pues, tras refunfuñar contra su falta de respeto
al pasar nuevamente frente al cuerpo caído, le llamó la atención la total quietud de su
empleado. “Me acerqué para levantarlo y sentí la frialdad de su cuerpo. Entonces
puede ver que estaba maniatado con alambres eléctricos y tenía el rostro desfigurado
a golpes. El cráneo también estaba machacado. Fue algo horrible para mi, pues a un
fiel empleado se le quiere”, dijo aparentemente compungido. Cerca del cadáver estaba
una gruesa y larga varilla de hierro con manchas de sangre, que según los
investigadores fue el arma utilizada por el asesino.
De entrada, el jefe de Homicidios de la Policía, Teniente Noel Vanegas, le olió mal el
asunto. En la quinta no faltaba nada ni había señales de violencia en puertas ni
ventanas. Además, el lugar estaba vigilado por tres enormes perros que ese día no
dieron ninguna señal de alarma. ¿Cuál fue el móvil entonces en el asesinato del
humilde trabajador? El hallazgo en el cuarto de Aguirre de numerosas botellas vaciadas
de licor produjo enorme sorpresa a sus familiares, vecinos del colindante barrio de San
Judas, pues hasta donde sabían, el muchacho no tenía ningún vicio. Por eso también
rebatieron indignados una declaración del sacerdote según el cual un tío de la víctima,
Benito Aguirre, le había confiado que su sobrino consumía marihuana. “Jamás he dicho
eso al padre”, dijo disgustado el mismo Aguirre. Un mes después, a mediados de
diciembre, la Policía presentó a Ariel José Burgos, de 16 años, quien declaró haber
visto cuando su compañero de estudios, Martín Lacayo, daba muerte al empleado.
Burgos y Lacayo eran al parecer asiduos visitantes del padre Siero, como muchos otros
estudiantes de la ciudad. Ante el juez, Burgos dijo que ese día ambos llegaron a la
quinta del sacerdote, pero el empleado, a pesar de que los conocía bien, no les quiso
abrir. Agregó que Lacayo le dijo que golpeara a Mario, pero él se retiró del lugar. Al
regresar, Lacayo estaba golpeando a Mario con algo parecido a un garrote, aseguró.
Pero el acusado negaba enfáticamente la imputación. El religioso admitió que Burgos
llegaba a su casa frecuentemente en compañía de Alberto Chamorro y Juan José
Martínez, pero dijo desconocer a Lacayo.
De vez en cuando, a lo largo de las investigaciones, el sacerdote caía en hondas
reflexiones filosóficas. “Este mundo está carente de amor. El diablo me quiere
destruir”, dijo en cierta ocasión.
¿Por qué el religioso mentía tanto? Unos meses después del crimen, el padre Siero
abandonó la quinta y se trasladó a otro sitio. Inexplicablemente, la Policía, que había
colaborado con los periodistas, se negó a seguir suministrando información sobre el
caso, que fue cerrado sin que se iniciara proceso contra nadie.




El Doctor Daniel Mantilla nació el 9 de abril de 1920. Sus padres fueron don
Eudoro Mantilla y doña Adela Delgado. Hizo sus estudios de primaria en la
escuela del Maestro Eliseo Picado, su bachillerato en el Instituto Nacional de
Occidente y su Doctorado en Química Farmacéutica en la Universidad de
León. Comenzó a escribir desde su adolescencia, a sus 15 años. Sus mejores
poemas fueron inspirados en sus sentimientos románticos y así escribió sus
amores de estudiante. Ese sentimiento empezó a formar a uno de los poetas
destacados de su época. Se casó con una leonesa, hija del Poeta Juan de
Dios Vanegas; ella es Ofelia Vanegas. El Doctor Mantilla no sólo era poeta,
sino también músico, siendo la guitarra su instrumento preferido. A
continuación presentamos algunos de sus poemas y escritos.

Pobre indio

Indio, que ya no eres indio,
metido en las poblaciones,
hospedado en las pensiones
¿Ya olvidaste tu Mesón?

Indio bebe-cerveza,
pantalón de gabardina,
¿Qué se hizo tu cotona
y la manta de azulón?

Ya por caites, media-botas,
la “magaya” es un chicléts,
el aceite de burillo
en el pelo de tu india
fue cambiado por “Glostora”
y se baña con “Camay”

Indio que ya no eres indio
¿Resolvieron el problema
de tu rancho y tu maíz?
Tu vara adornada de alcalde,
sobrio y sencillo atributo
lo cambiaron por un Garand
y una orden de matar

Tu nombre, que no has de leer
está escrito en un papel
que has de guardar con cuidado,
pues te hicieron ciudadano,
listo para votar, listo para gritar
para que triunfe tu amo,
para que lleves tu gente
acarreados como ganado.

Y oirás en las poblaciones
en chillonas pitoretas
¡Indio, conciudadano,
ya está resuelto el problema
de tu rancho y tu maíz…!

Todo es mentira, indio tonto,
el Padre Las Casas, leyenda;
si no nace un Nicarao
y no reencarna un Diriangén,
pegale fuego a tu rancho
que así es preferible morir…

Si aún crees en milagros
del San Antoñito de aquí,
llevatelo a tu cañada,
celebrale su día,
bañalo en tu chicha,
que en fallándote el santito,
mira de nuevo el sol,
que te bautice la lluvia
y reza un eterno rosario
con las cuentas del maíz

Febrero de1962 – Año del Centenario
de Matagalpa

Juventud truncada (Ante los despojos del Ingeniero Armando Rivera
Altamirano)
De nuevo me aprieta una corbata negra de dolor…hoy prolongo la despedida que en
ayer, hace quince años, le dijese a la Amada inmóvil de nuestro Amado Nervo: Julio C.
Rivera Martínez.
No era este el retorno que esperábamos de un supuesto hijo pródigo: un retorno
horizontal de silencio y de espanto…. Nuestros brazos se abrían para estrechar a la
esperanza hecha juventud y laureles, en la presencia de Armando. No era para enjugar
lágrimas paternales y fraternales, ni consolar tristes coronas de novias enamoradas.
Y no vamos a discutir con la Muerte, el derecho que tiene de ejercer su libre profesión,
sino por qué usa subterfugios tan negros y criminales, como si tronchar tiernas espigas
es cosechar mieses maduras. Pero, ¡Oh amarga verdad!, el vaivén de la hoz es la
prolongación del péndulo de las horas grises…
Ahora, con el pensamiento estrangulado, no nos queda más que recordar al colegial
aplicado, al estudiante dedicado, al profesional triunfante, al hijo y hermano hecho
bondad por los cuatro costados, con un corazón tan grande que no cabía en su
cuerpo…
No tengo lágrimas para él…yo no lloro a mis muertos, me voy diluyendo con ellos…
Septiembre de 1970
El día 18 de diciembre de 1977 murió el poeta Julio C. Rivera. El Doctor Mantilla le
dedicó un poema y las palabras siguientes:
Perdónanos, si voluntaria o involuntariamente, no llegamos a cerrar tus pupilas –
cenizas de dolor—en que quedaron dibujadas las ingratitudes de la vida. Que no
escuchamos tu quebrada voz dándonos el último adiós; que no hicimos la cruz con tus
brazos, sobre tu pecho -.viejo acordeón marinero de dulces melodías-. En aquella
oportunidad, cuando el entierro de Armando, tu querido e inolvidable hijo, expresé en
mis palabras:”Yo no lloro a mis muertos, me voy diluyendo con ellos”. Pero ahora no
es verdad, todos lloramos por ti.

Al Poeta Julio C. Rivera, en su deceso

Julio: teníamos que decirnos algo
en unas pocas palabras;
había cosas de por medio,
una cita con estrellas,
que llamadas y bajadas
íbamos a ir de la mano
platicando de recuerdos…

¿Cuántas veces en la acera
o en el quicio de tu puerta,
pasó la dulce presencia
de tu gentil Segoviana?

Me legarás como herencia
a tu Apante solitario,
que aunque ahora está más triste,
yo te lo voy a cuidar

Poeta alegre y pensador
que me diste esta inquietud:
de delinear mis palabras
en mis noches de bohemia

Hoy te espera tu india buena
en la vera del camino,
con un ramo de jacintos
y claveles en la mano

Está también la Memena,
tu querida y buena madre,
de nuevo con sus regazos
para esperar tu llegada
en el umbral del silencio…
Te aguarda también Neruda
y Rubén, con sus cinco dedos
abiertos a los cuatro vientos
para despeinar tus cabellos

Hoy que me esperas callado
con visiones de otras cosas,
llevaré un algo de presente:
unos cuantos horizontes
con estas tardes decembrinas
con noches de luna llena,
con unos pájaros que canten
el rosicler de la aurora

Ya la trompeta ha sonado
de la Fama sus acordes,
está señalando el sitio
donde están los inmortales

Diciembre de 1977




El Segundo y Tercer Año en la UNAN

En el Segundo año, en que mirábamos Anatomía, el Profesor era el Dr. Jaime Granera,
el Ortopedista más famoso de Nicaragua; Microbiología, el Profesor era el Dr. Aragón
Pastora; Histología el Profesor era el Dr. Evenor Taboada; Fisiología, el Profesor era el
Dr. Tomás Campos y Matemática II, el Ingeniero Darce. Con la experiencia adquirida
del primer año, pasé sin problemas y fui el 5º lugar de 60 alumnos que éramos;
siempre jugué baloncesto con el Equipo de la UNAN y el Dr. Barrera, que era el
responsable de Deportes de la UNAN en León, me nombró Encargado del Baloncesto y
monté una Liga Femenina y Masculina Inter.-Facultades. Esto nos ayudó a que la
cancha universitaria se llenara de público; fuimos apoyados por la Rectoría del Dr.
                                               Mariano Fiallos Gil, quien nos llevó a
                                               Honduras en una gira contra el equipo
                                               de la Facultad de Ingeniería de la
                                               Universidad de ese país.
                                               En esta gira llevábamos al campeón de
                                               ajedrez y de ping-pong, al equipo de
                                               baseball y el equipo de baloncesto. Lo
                                               chistoso de este viaje fue que a Julio
                                               Aguilar, a quien le apodaban Julio
                                               Cuecho y a Francisco Herdocia, que eran
                                               los   campeones      de    ajedrez    que
                                               llevábamos, les ganó la dueña del hotel
                                               donde    nos     hospedaron;     nosotros
ganamos uno y perdimos uno. Fue interesante la gira, nos daban cinco dólares de
viáticos, el viaje lo hicimos en bus y pasamos casi una semana en Tegucigalpa.
En las vacaciones de fin de año, jugué básquet-ball en Matagalpa; fundé con Jaime
Castro y Leslie Amador, un equipo para la liga local, y jugábamos en la cancha del
Instituto; le pusimos “Los Tigres”, porque nos patrocinaba la Esso, una estación de
gasolina de don Jaime Corriols; entrenábamos todos los días a las 6 a.m. y también
llegaba a entrenar un equipo femenino, “El Twist”; allí conocí a Marcia Travers García,
una muchacha de mucho carácter, que con mucha paciencia la fui conquistando, hasta
hacerla mi novia.
Con un equipo de novatos reforzados con Ernesto mi hermano, un muchacho alto de
apellido Cepeda que trabajaba para la Colgate- Palmolive, y que yo conocí jugando en
la Escuela Nacional de Comercio, y Roger Martínez “El Managua”, ganamos el
campeonato relámpago y le disputamos el Primer lugar al INEP, quien nos ganó en la
final.
Fueron unas vacaciones maravillosas, que las disfruté mucho porque me enamoré
perdidamente de Marcia, de tal manera que caminaba todos los días, desde mi casa
que quedaba contiguo a la casa del Dr. Paladino, hasta el Parque Darío. Yo salía a las 4
PM de mi casa, y regresaba a las 9 PM. En un baile en el Club de Extranjeros, (El baile
                               del “vestido rojo”) todas las asistentes llegaron de vestido
                               rojo. Actualmente allí queda el Cuartel de Bomberos y allí
                               le declaré mi amor a Marcia, ya casi al final de las
                               vacaciones; ella al día siguiente salía para Granada,
                               porque estudiaba en el Colegio Francés, y yo salía para
                               León a continuar mi carrera de Medicina
                               En el Tercer año de Medicina, las clases eran: Patología
                               General o Anatomía Patológica. Los Profesores eran: el Dr.
                               Uriel Guevara, quien estaba recién venido de USA y el Dr.
                               Evenor Taboada; Farmacología, los Profesores eran dos: el
                               Dr. Tomás Campos y el Dr. Roberto Pérez Masis; les
                               apodaban “Los Mormones” porque sólo vestían de traje
                               negro y eran de tiempo completo; Propedéutica Médica, el
                               Profesor era el Dr. Luis Alberto Martínez; Propedéutica
                               Quirúrgica, el Profesor era el Dr. Benjamín Lanzas;
                               Anatomía Regional y Neuroanatomía, el Profesor era el Dr.
Wilfredo Álvarez, era de tiempo completo y estaba recién venido de El Salvador; ya las
clases eran más interesante, pero estábamos metidos en la onda y a esta altura el
estudiante de Medicina sabe que la carrera es dura, y si no estudia, no puede avanzar;
todas las clases eran en el Hospital Viejo de León “Hospital San Vicente”.
Primeramente compré una bicicleta vieja y en ella me iba al Hospital, pero luego, como
era del grupo de Alejandro, me iba con él en un carrito Austin que tenía el gordo
Salmerón; también me llevaba en un Mercedes Benz deportivo que le regaló su papá
por haber pasado el segundo año.
Con Marcia el noviazgo seguía por medio de cartas, a través de las cuales nos
jurábamos amor eterno. Yo era un excelente alumno; todas las clases las llevaba por
encima de 9 y las vacaciones de septiembre las disfruté mucho porque pasamos en
pereques, todas las vacaciones. El 24 de Septiembre, que es día de la Virgen de
Mercedes, fuimos a “Las Marías”. Allí había un salto y andaba con toda la familia de mi
novia y varios amigos: Harvey Zelaya, Armando Orúe y otros; mi noviazgo se consolidó
más en estas vacaciones y fuimos juntos al baile de huipiles, un baile tradicional que
organizaba el Club Social Juvenil de Matagalpa; llegaron algunos compañeros míos de
la Universidad: Camilo Bárcenas, Alejandro Sequeira, Luís Enrique Taboada y Ernesto
Salmerón; la pasamos muy bien y se fueron contentos, porque en Matagalpa se
atiende muy bien a la gente que llega de otros lados.
Regresamos a clase, y en León, todas las muchachas que anduvieron en la fiesta de
huipiles, Ivania Quinteros, Mercedes Quintanilla, Magali Balladares, Meylín Jarquín etc.
empezaron a tratarme con respeto y a compartir conmigo en fiestas. Había dos épocas
en el año, en que las alumnas de los colegios La Asunción y Pureza de María
compartían mucho conmigo: para Septiembre y para fin del año escolar, en que les
                                tocaba ir hacer el examen público a la Nacional de
                                Comercio, en donde mi padre era uno de los Réplicas. La
                                realidad, me decía Doña Mercedes de Quinteros, es que
                                ya desde ahora te empiezan a ver como “partido”. Pero
                                en mi mente solo existía Marcia y mis estudios. Desde el
                                Segundo año de Medicina, Ernesto y yo nos separamos;
                                él vivía en la casa del Dr. Terencio Delgado Mayorga. Yo
                                alquilaba, junto con Carlos Silva y el Conejo Rivera, una
                                casa contiguo al Irak, en donde estaba un comedor de
                                estudiantes que manejaba Doña Haydee, la esposa de
                                don Rubén Cuadra, un pintor famoso de León con quien
                                entablé muy buenas relaciones de amistad y en donde
                                comía; enfrente vivía la viuda de Enrique Sánchez, un
                                militar opuesto a Somoza a quien lo mató un esbirro en
la Estación del tren hacía varios años atrás. Terminé el año con excelentes
calificaciones, siempre punteando entre los mejores 10 alumnos; ese año alcancé a un
matagalpino que cuando yo llegué a primer año, él estaba en tercero y allí mismo se
quedó: Johnston Serrano Áreas.
¡Con qué ganas vine a esas vacaciones! Sabía que vería a mi novia todos los días y
jugaría básquet-ball, con mi equipo. En las mañanas me programé ir al Hospital para
ayudar a la población y aprender de los médicos de Matagalpa. La liga se inició con
mucho brío; el equipo de Marcia cambió de nombre y se llamó: “Las Novatas del 63” y
jugaban contra Las Tigresas de Davidson Blanco, las Estrellas de Rodríguez Somoza, el
Darío y el Matagalpa. Nosotros teníamos de contrarios al INEP, al ADEUM, al Boer y al
Darío.
El Hospital lo visitaba por las mañanas; primeramente me mandaron a curaciones, una
sala de consulta externa donde la gente llegaba con abscesos, heridas quirúrgicas
infectadas, úlceras varicosas, etc.; después me mandaron a hacer las historias clínicas
de los pacientes que eran ingresados en las diferentes salas que tenía el Hospital; sólo
dos estudiantes de Medicina llegábamos a hacer todo esto: Oscar Flores Mejía y yo; el
Dr. Ufión y el Dr. Trinidad Guevara
nos metían al quirófano y hacíamos
ayudantías; fue maravilloso porque
nos estimuló a seguir adelante en los
estudios de nuestra carrera.
El baloncesto lo jugábamos por las
noches, siempre en la cancha del
INEP, la cual a pesar de ser de asfalto,
logramos que fuera iluminada; la Liga
tenía un atractivo especial, llegaba
mucha gente en los días que
jugábamos en la semana y los
domingos, que jugábamos por las
tardes dos juegos masculinos y en
medio uno de mujeres; para evitar el favoritismo, traíamos árbitros de Managua y a los
que más recuerdo son: a Eugenio Leytón, uno que era reportero de deportes del diario
“La Prensa” a Juan Doña, que era del Goyena.
Lógicamente, terminando las vacaciones regresábamos a la Universidad a León a
continuar nuestros estudios, muy animados por lo que nos sirvió estar asistiendo al
Hospital. Después de vivir en el Hogar de los Inocentes sólo el primer año de medicina,
con mi hermano Ernesto nos pasamos a vivir a la casa del Dr. Terencio Delgado
Mayorga, quien era profesor en la Escuela de Odontología; allí convivíamos con Mario
Roeder Sediles, Francisco Zambrano que era compañero mío y René Ulloa que llegó a
Primer año de Odontología; yo lo conocía porque era egresado del Colegio Bautista de
Managua y había jugado baloncesto contra él; lógicamente lo metimos al equipo de la
Universidad, pero el pobre, viajando de Managua a León en un Taxi Inter.-local sufrió
un accidente, donde resultó con fracturas de ambos huesos fémur; llegó con vida al
Hospital Escuela en donde el Maestro Jaime Granera lo operó de inmediato; sobrevivió
al choque y dos días después, visitándolo la novia y platicando con ella cuando ya todo
el mundo creía que se había salvado, falleció como consecuencia de una embolia
grasa, una complicación de las fracturas de huesos largos; lo velamos en la
Universidad y fuimos al entierro portando las banderas de la Universidad y de
Nicaragua; fue una gran pérdida para el equipo de baloncesto de la Universidad y de la
Escuela de Odontología.
Durante este Tercer año de Medicina se nos juntaron: Mauricio Salazar, Julio Cesar
Pastora, Johnston Serrano, el Coronel Parodi, (panameño) y Fernando Pozos, un
hermano de la Chepita Pozo, que era Secretaria en la Administración de la UNAN. De
todos esos, Mauricio, Julio y el Coronel Parodi, terminaron junto con nosotros la
carrera; Serrano y Pozos se quedaron. Este último se
cambió de carrera, se pasó a Derecho y Johnston que era
de Matagalpa, una huelga lo salvó, porque el que repetía
una clase por tres años tenía que cambiar de carrera, pero
él logró pasar Anatomía en el cuarto intento y terminó la
carrera tres años después que nosotros.
Nosotros teníamos una compañera que me agradaba
mucho, y la empecé a piropear y estudiábamos juntos, de
tal manera que para el Baile de Huipiles de Matagalpa,
estaba decidida a venir conmigo., Viajamos juntos hasta
Matagalpa y la fui a dejar hasta donde se iba a hospedar,
en la casa de Estela Rizo, compañera de pieza de ella y
quedamos que nos íbamos a encontrar directamente en la
fiesta. Pero resulta que el día de la Fiesta, Marcia me llama
por teléfono, que viene para Matagalpa con una prima y
que se va a hospedar donde Julio, mi hermano.
Lógicamente mi novia era lo que más me interesaba, así
que cuando entramos a la fiesta, en la primera mesa de la
entrada estaba Mirna esperándome. Lo único que hice, fue presentarle a mi prometida,
y allí terminó todo.
Nicaragua y Centro América están totalmente desabastecidos de frijoles de todos los
tipos y colores, producto de las enormes pérdidas de la cosecha de primera,
ocasionadas por un invierno totalmente adverso. Aunque ya hace más de un mes que
el gobierno liberó de aranceles la importación de frijoles, todavía no ha entrado
ninguna cantidad; se esperaba que para a mediados del mes de Octubre llegaran los
primeros pedidos. Mientras tanto, el precio del frijol rojo se ha disparado hasta los 22 y
23 córdobas la libra (precios del sábado 2 de Octubre) y los consumidores más
entendidos compran frijoles negros a C$ 10 la libra, ya que el valor nutricional es igual
al rojo. Pero bueno, el consumo es algo que se puede resolver con frijoles importados
de fuera del área centroamericana, aunque no sean iguales al rojo nacional que se
consume en todo Centro América.
Lo que es más grave y yo diría dramático, es que ni los productores, ni los
comerciantes, ni los distribuidores de semilla cuentan con frijoles rojos de semilla para
las futuras siembras de apante, que ya dieron inicio en Noviembre. La semilla que
sembramos en Nicaragua, Honduras y el Salvador no puede ser reemplazada por
semillas de fuera del área, ya que no están aclimatadas. Para entender la gravedad del
problema y saberlo enfrentar, será necesario hacer una breve reseña de las tres
                                             épocas; primera, postrera y apante y del
                                             comercio de semillas, a fin de prepararse
                                             para las siembras de apante. En Nicaragua
                                             se siembran aproximadamente 400,000
                                             manzanas de frijoles cada año, repartidas
                                             en tres épocas en las dos regiones
                                             climáticas del país:
                                             Las siembras de primera se realizan en
                                             mayo-junio y se cosechan en septiembre
                                             en las zonas altas, arriba de los 300 msnm
                                             en toda la faja del Pacifico, Estelí, Nueva
                                             Segovia, Madriz, y las zonas secas de
                                             Matagalpa, Jinotega, Boaco y Chontales,
                                             conocido como el Trópico Seco. Las
                                             siembras de primera representaron este
                                             año el 25% del total del área sembrada,
                                             es decir unas cien mil manzanas. De las
                                             100,000 manzanas que se sembraron este
                                             año, unas 60,000 fueron de frijol rojo de
                                             las tres tipos, rojo claro, Estelí y H; el resto
                                             de las áreas se sembró de frijol negro para
la exportación, a Venezuela principalmente. En un informe de fines de agosto el
MAGFOR había reportado 27,000 manzanas perdidas y de las áreas cosechadas, la
semilla aprovechable fue de entre 50 al 60%. Es decir, las pérdidas totales pudieron
haber sido mayores al 50%. Con la cosecha de primera se abastece el consumo
nacional del trimestre septiembre-noviembre, la semilla de siembra de la postrera y la
exportación; pero debido a las fuertes pérdidas hasta este momento ya no hay frijoles
rojos en los mercados ni en los centros de producción. Del frijol negro cosechado
todavía existen inventarios de producto comercial y de semilla aunque no
cuantificados. (Las empresas exportadoras y ENABAS tienen información)
Las siembras de postrera se realizan en septiembre y se cosechan en noviembre
diciembre, en las zonas altas arriba de los 300 msnm en toda la faja del Pacifico, Estelí,
Nueva Segovia, Madriz, y las zonas secas de Matagalpa, Jinotega, Boaco y Chontales
conocido como el Trópico Seco, es decir en las mismas zonas donde se siembra la de
primera. Las siembras de postrera representan el 30%(120,000 Mz) del total
sembrado, pero este año las siembras se han reducido drásticamente debido a las
condiciones de mucha lluvia, como ocurrió con el sorgo, el maní, el maíz etc., debido a
que el exceso de humedad no permitió preparar los suelos. Es de hacer notar que para
estas siembras de postrera ha habido déficit de semilla, debido a la mala calidad de la
cosecha de primera y a la poca
disponibilidad de semilla certificada de la
cosecha anterior. Debido a que los
mercados tradicionales no disponen de
una buena calidad que sea apta para
semilla, los productores han recurrido a
los distribuidores de semilla de forma
alarmante, como nunca antes. Me refiero
a los productores de la meseta de los
pueblos, Granada, Masaya, Managua y
alrededores, que acostumbran sembrar a
fines de septiembre e inicios de octubre.
Cabe señalar que muchos productores que compraron semilla en los mercados
tradicionales, en muchos casos éstas no germinaron debido a varios factores entre
otros, por químicos usados prematuramente para acelerar el secado de los plantíos y
escapar a las lluvias. Con la cosecha de postrera se abastece el consumo del trimestre
diciembre-febrero, las exportaciones y un porcentaje muy poco de las siembras de
apante.
Las siembras de Apante se realizan en noviembre diciembre y se cosechan en febrero-
marzo en las zonas húmedas de Madriz, Nueva Segovia, Matagalpa, Jinotega, Boaco,
Chontales, Río San Juan, La RAAN y la RAAS, conocido como el Trópico Húmedo. Las
siembras de apante representan el 50% del área total (200,000 Mz) y un poco más del
50% en términos de producción, ya que la cosecha sale en los meses más secos y es
de mejor calidad.
Para hacer frente a las siembras de apante se requieren aproximadamente 160,000
quintales de semilla de los diferentes tipos y colores, pero por las razones expuestas
no existe esa disponibilidad. Por esta razón he tomado la decisión de alertar a las
autoridades competentes, a fin de estructurar un plan de emergencia para afrontar las
siembras de apante que se avecinan y tomar decisiones desde ahora. Parece ser que
ante la escasez actual de semilla, las siembras de apante deberán retrasarse en espera
de la cosecha que va a salir de la postrera.
El rol de ENABAS
Es muy importante y justificable la existencia de un organismo estatal que compre y
venda los productos básicos a precios justos; que sea capaz de garantizar la seguridad
de la alimentación e incidir en los precios para poner un balance. Sin embargo, se debe
anotar que hasta ahora ENABAS no ha sido capaz de incidir significativamente en los
precios del frijol. Esto se debe principalmente a varios factores: ( i) los volúmenes de
frijol ofertado no han sido los suficientes (ii) el frijol almacenado y sacado a los
                                              mercados es de tan mala calidad que el
                                              público prefiere pagar el doble por el frijol
                                              fresco que ofrece el mercado; entonces se
                                              forman dos productos con precios
                                              totalmente diferenciados (iii) La mala
                                              calidad del frijol de de ENABAS, se debe a
                                              la obsoleta tecnología de almacenamiento
                                              utilizada desde los tiempos del INCEI. (iv)
                                              los puestos de distribución deberían ser
                                              otorgados       sin    distingos   políticos,
considerando únicamente la honestidad y neutralidad de las personas a cargo; (v) las
acciones combinadas con otros entes del estado, como el pronóstico de cosechas y las
acciones para importar de otros países, han sido inefectiva y demasiado lentas, por lo
que hasta ahora no han dado resultados. Todo lo anterior indica que el rol de ENABAS
debe ser revisado, para adaptarse a las emergencias. Recordemos que toda América
Central esta siempre en emergencia por los fenómenos naturales; debe mejorar la
tecnología de almacenamiento del frijol, para evitar la pérdida de calidad en el tiempo
de cocción y de las cualidades organolépticas del grano. ENABAS y/o el gobierno deben
promover el consumo de frijoles negros en el país, ya que su valor nutricional es igual
al rojo y permitiría bajar la tensión en épocas críticas, con la ventaja que el negro es
más productivo y se consigue más barato que el rojo fuera del área centroamericana.
El mercado de semillas de frijol
Es muy importante conocer de qué manera los productores de frijol adquieren su
semilla para siembra: (i) algunos productores guardan semilla de la cosecha anterior
para la subsiguiente siembra. La gran mayoría de los productores guarda de lo que
cosecha en la primera y lo siembra en la postrera. Este año no ha sido el caso debido a
que la semilla cosechada fue de mala calidad; (ii) la gran mayoría adquiere su semilla
en los mercados locales. El 90% de la semilla usada en la siembras de apante se
traslada de los mercados del Pacifico y Norte del país a los mercados de Pantasma, La
Dalia, El Cuá, Siuna, Nueva Guinea, El
Rama etc.(iii) En menor escala, quizá un
10%,      usan      semillas    certificadas,
principalmente donadas o al crédito por
ONGs, cooperativas y proyectos de
gobierno que adquieren su semilla de las
empresas distribuidoras.
Recomendaciones
Ante las escasez de semilla para las
siembras de apante que se avecinan, se
recomienda      lo    siguiente:    (i)    El
departamento de semillas del MAGFOR
deberá otorgar la categoría apta para
siembra, tanto del rojo como del negro para atender las ONGs y proyectos de gobierno
que usan semilla certificada (ii) Si a las organizaciones citadas no les fuera posible
conseguir semilla certificada, deberán esperar que salgan las primeras cosechas de la
postrera que dieron inicio a mediados de noviembre.(iii) Los comerciantes de los
mercados locales del Trópico Húmedo, igualmente deberán anticiparse para adquirir
de las primeras cosechas de postrera ( iv) Debido a que no hay un traslape completo
entre la cosecha de postrera y las siembras de apante, éstas deberán retrasarse en
espera de la cosecha de postrera.(v) Las empresas exportadoras de frijol negro
podrían considerar importar semilla de frijoles negros para cubrir sus planes de
siembra, ya que de este tipo de frijol si se puede importar para siembra.

ESCRITORAS DEL PACÍFICO VISITAN BILWI
Durante varios días, un grupo de escritoras del Pacífico nicaragüense, todas miembros
de ANIDE, visitaron en gira cultural la ciudad de Bilwi en la Región Autónoma del
Atlántico Norte (RAAN), donde fueron recibidas con mucho entusiasmo, haciendo una
importante presentación.
Isolda Rodríguez y Vidaluz Meneses impartieron soberbios seminarios sobre
narración y poesía; las poetas y escritoras Ninozka Chacón y Yolanda Rossman y
la gran novelista leonesa Rosario Aguilar, así como Andira Watson y Martha Cecilia
Ruiz, todas escritoras galardonadas en diversos concursos literarios y todas con libros
                                                           publicados       con       éxito,
                                                           conformaron un Bloque de
                                                           Primera, para enriquecer con
                                                           sus     experiencias    a     los
                                                           estudiantes de la URACCAN.
                                                           Se leyeron libros y se
                                                           establecieron            nuevos
                                                           compromisos de ANIDE para
                                                           futuros seminarios de apoyo;
                                                           es decir, es la primera vez
                                                           que un grupo de escritoras
                                                           de Managua, del Pacífico,
                                                           visita a las escritoras de Bilwi
                                                           con tal misión, y fueron
                                                           recibidas con gran alegría y
                                                           expectativas,      las    cuales
                                                           fueron     llenadas    en      su
                                                           totalidad por las escritoras
del Pacífico.




Su nombre de pila era Frank, pero le decían Pancho y era ciego de nacimiento; por eso
tenía el apodo de “Pancho Ciego”. Era de Tomatoya, Jinotega, y a pesar de ser ciego
tenía su inteligencia nata y veloz; siempre estaba adelante de todos. Era moreno,
medio recio, algo elegantón y se creía “de alcurnia”, de sangre azul, o sea los los “jai”.
Comenzó a crecer en un ambiente de ciudad, en la Capital, Managua, en el barrio San
Antonio, donde unos parientes cercanos medio adinerados y que no tenían hijos a
quien heredar su fortuna. Por eso Pancho Ciego se las daba de arroz con pollo; en
todo lugar era conducido por su bróder del alma, Jacinto (Chinto). Estos muchachos no
fumaban ni bebían guaro, ni trasnochaban; más bien eran medio iglesieros y les
gustaba asistir a las procesiones de los santos del mes en los distintos Departamentos
del país: las fiestas de San Jerónimo en Masaya, San Sebastián en Diriamba, Nuestra
Señora de la Merced en León o Matagalpa, las de Santa Ana en Nindirí, Santiago en
Boaco, el Señor de Esquipulas en Tipitapa, en fin, ellos estaban en todas las
festividades religiosas habidas y por haber. Eran santeros y se jactaban de ello. Pancho
Ciego gozaba de lo lindo junto a Chinto en las fiestas, porque a pesar de no ver nadita
de nada, su compañero le describía con punto y coma todo lo que pasaba a su
alrededor; no se les escapaba ningún detalle para que su amigo gozara de lo lindo de
las famosas fiestas patronales.
El tiempo pasa sin darnos cuenta y un día de tantos, pescando en Bocas de Sábalo en
San Carlos, Río San Juan, Pancho Ciego le dijo a su bróder del alma: mirá manó, me
quiero casar, me siento muy solo en la vida y quiero tener mi mujercita a como todos
los hombres, ¿qué me decís, aaaah? Bueno, dijo Chinto, te voy a conseguir un mujerón
de película que ni quiera la araña peluda, ahí vas a ver, ji, ji, ji, ji, ji. Y comenzó a
buscarle novia para casamiento a su amigo. Anduvo para arriba y para abajo y en un
pereque de barrio, encontró a una morenaza de campeonato. Se la llevó a presentar a
Pancho Ciego, quien paraba todas las antenas para desarrollar su sexto sentido y
                              determinar si era buena o mala, si le convenía o no.
                              Después de una pequeña conversación, se despidieron y
                              Pancho Ciego preguntó: mirá manito, ¿cómo es la jaña,
                              aaaah? Mirá mano, es un bombón, una morenaza de ojos
                              almendrados, un forrrón de grandes ligas, una preciosidad
                              que te puede hacer feliz. Pancho Ciego se rascó la cabeza y
                              las patillas pensando en la joven descrita y dijo: ¡Chiva con
                              ese bombón!, no me gusta del todito; mejor buscame otra
                              distinta. Chinto dijo para sus adentros: qué jodido más
                              caballo este Pancho; si la pudiera ver no lo pensaría dos
                              veces en casarse, pero ni modo, a buscar otra. Así fue. Otro
                              día se apareció con una joven de unos 19 años, rubia y de
                              ojos celestes. Había participado en concursos de belleza,
                              llegando a semi finalista; la presentó a Pancho Ciego; igual
                              platicaron de muchas cosas y al final la despidió, como a la
                              morenaza. Chinto preguntó: ¿ahora qué tenés que decir?
                              esa jañita es de escándalo; cuando camina parece que va
                              diciendo: “comeme, comeme”. ¿No te gustó aaaah? ¡Ni
                              juco, bróder del alma, no me sirve para nada; que se case
                              con otro, nunca con yo, ¿me estás oyendo inútil?
                              Chinto pensó: y ahora qué puedo hacer, a quién le busco
                              de novia a Pancho. Y siguió pasando el tiempo. En las
fiestas de Chinandega se encontró una joven agraciada, bonita en todo el sentido de la
palabra, estudiante universitaria en la carrera de Medicina en León, de familia
acomodada y de buenos sentimientos. La llevó donde Pancho Ciego, se la describió, y
ni juco, no le gustó la chavala para casarse con él. Chinto siguió en la búsqueda y
conoció a una joven delgadita, medio blanquita, ejecutiva de ventas de UNIMAR,
ofreciendo Café 1820 en la zona de Matagalpa; bonitilla la muchacha, de sonrisa
agradable, muy amable y discreta. Se la presentó a Pancho, quien como siempre,
paraba las antenas para adivinar cómo era la joven. Al fin se despidió de ella y le dijo a
Chinto: mirá mano, la chavala está muy buena pero mejor buscame otra, esa no,
¿tamos claros? Si bróder, dijo Chinto. Y se repetía la historia una y otra vez en la
búsqueda de la novia para casar a Pancho Ciego. El pobre Chinto no hallaba qué hacer
y se dijo a sí mismo: ahora sí voy a fregar a Pancho, van a ver qué pasiada le voy a
hacer a este rejodidísimo. Y se dirigió al Mercado Oriental de Managua. No buscó
mucho, ahí nomasito halló lo que él quería. Se dirigió directo donde Pancho Ciego y le
presentó a la joven. Comenzaron a platicar y Pancho Ciego paró las antenas, arqueó
las cejas y medio frunció la frente. La muchacha era ñaja. ¡Chocho!, dijo para sus
adentros Chinto, vamos a ver que pasa con el resto que falta. Caminemos un poquito
le dijo a la joven. -Gueno, contestó
ella, y salió medio renqueando, ¡era
renca la jodida! Ji, ji, ji, ji, ji, se rió
Chinto. Luego Pancho Ciego le pasó el
brazo por el hombro y gran sorpresa
se llevó al sentir una joroba en la
espalda. Ahí se le pararon los pelos al
pobre Chinto; sin embargo Pancho
Ciego siguió adelante en el examen.
Le pidió que bailaran, y tremendo
susto se llevó el casamentero: la jaña
era bien gorda, pesaba como 230
libras y casi no podía caminar de
gordita que estaba; le sobó la cabeza y resulta que era medio pelona la jodida. Ahí
nomás pegó el grito al cielo Pancho Ciego y dijo: esta jaña es la perfecta, la mujer
ideal; con esta me voy a casar jodido, claro que sí. Mirá Chinto, arreglá todo para el
casorio, con conjunto y todo; matamos dos chanchones y una vaca. ¡Tremendo
pereque vamos a hacer en mi casamiento! Y se casaron en dos por tres.
Un día de tantos, Chinto le preguntó a Pancho Ciego: ¡Idiay jodido, te traje las mejores
mujeres, de todo calibre, las más lindas, y te fuiste a escoger a la más fea. ¡Qué
bárbaro que sos! Pensé darte una broma y te saliste casando. -Mirá Chinto, dijo
Pancho, mejor con esa que no te gusta y no con las otras que te gustaban. A esta
mujer nadie me la va a enamorar, ni ella me la va a pegar porque nadie la enamora ni
le hacen ningún tiro. En cambio, con las otras me hubieran salido los cachos en dos
monazos, ¿Tamos claros, aaaah? Así era Pancho Ciego, y fueron felices. Catorce hijos
le tuvo la mujercita ¿Qué tal?.




Las casas de la ciudad, como hormigas, desde el cerro se veían a las seis de la mañana
de ese trece de enero. Montado en una mula parda, estrenando montura, con los ojos
puestos en cada detalle y en el cinto, con las manos en ella, una pistola era acariciada
con cierto nerviosismo. No por temor a un ataque, sino porque era primera vez que
                                                     llegaba al lugar donde los demás,
                                                     los que decían conocer el lugar,
                                                     aseguraban que allí, la vida no vale
                                                     nada.
                                                     El camino estrecho estaba húmedo
                                                     pero sin lodo; era el producto de la
                                                     mañana. Hacía dos días que no
                                                     llovía. La tierra del norte es así por
                                                     lo común. Bajó, examinando cada
                                                     palmo que podía. La mula serena
                                                     no se ocupaba de nada que no
                                                     fuera caminar. La mula que piensa
                                                     se queda averiguando cada rastro y
                                                     se cuestiona por todo. La mula que
                                                     no piensa tan solo va. Tanto el
                                                     jinete como la mula, entonces, iban
llegando paso a paso a Las Posadas, cerca de Matagalpa de 1902.
No se recomienda viajar solo hacia ningún destino. La mula no es compañía
confiable. Las mulas no hablan cuando viajan con jinetes. Con arrieros, tienen voz y
son amables. Hasta cantan sones maravillosos. La mula cuando decide, se queda, no
sigue; la mula reflexiona de vez en cuando y por cuanto. Ellas, al encontrar un rastro
conocido, piensan cosas de locos, la otra realidad fuera de nuestro alcance. Los
trastornados miran nuestra misma realidad desde otro ángulo. Las mulas tienen otro
ángulo de percibir la realidad.
El jinete, un hombre cincuentón, con camisa casi azul de manta fuerte, pantalones
almidonados de dril dinámico y pañuelo al cuello, tenía pensamientos fijos sobre la ruta
tomada y creía posible un ataque de animales o humanos en cualquier momento. Mas
ahora estaba por llegar a un poblado y esto le daba seguridad, aunque no total. Oyó
ladrar, cacareos de gallinas y gritos de niños, una señora llamando a un posible perro y
decenas de vacas pastando en silencio. Por segundos pensó en lo maravilloso del sitio.
Por segundos olvidó sus temores cobardes. Uno al marcar una ruta debe saber que
muchas vicisitudes pueden surgir y que el temor es un factor natural que no rompe
con la maravilla de una aventura y si se viste de cobarde pensamiento, termina sin
absorber la maravilla de los caminos.
La mula no se inmutó. Ni siquiera intentó ver el árbol al cual la amarró el jinete o de
observar si habían otras congéneres cerca. La mula tenía otros motivos (Que mueve o
tiene eficacia o virtud para mover.) la mula aunque quería descansar, comer, beber
                                    agua, pensaba en la tierra diferente que debía
                                    recorrer. La mula mansa filosofaba desde su fuente
                                    animal.
                                    El jinete preguntaba, mientras tanto, por albergue.
                                    El poblado tenía unas cuantas casas y era posible
                                    que tal búsqueda fuera infructuosa, aunque se
                                    llamara Las Posadas. La verdad era que cada casa
                                    servía de posada porque quedaba en la ruta de paso
                                    a otras comunidades como Los Esteros. El sitio era
                                    de gente cariñosa, amable, preguntona (metiche,
                                    entremetidas, quizá). La gente deseaba saber de los
                                    otros pueblos, cómo vivían, qué hacían, quiénes
                                    eran los poderosos, y cuanto más… Encantaba
                                    tratar con ellas. El jinete podía quedarse en
                                    cualquier vivienda, aunque la desconfianza y el
                                    temor no lo dejaban en paz. Era posible que le
                                    robaran, que lo golpearan por sospecha de traer
mucho dinero. Las señoras las miraba de buena cara pero a los hombres, chiquitos o
grandes, los observaba mal encarados, casi con cara delincuencial. El jinete buscó la
casa de Atanasia Hernández, la llamada Chicha Bruja, porque ella vivía sola. Para el
jinete eso era suficiente y seguro.
La Chicha Bruja era una anciana con ideas metidas en la brujería barata. Como
curandera era efectiva, pero como mentirosa era un fracaso; sus fementidas
aseveraciones horoscopales lindaban en el cielo falso y el averno trasnochado. La
gente la comprendía en el sentir del que si no, les podía meter un sapo en el
estómago. El jinete ignoraba esos detalles que la gente ya sabía o entendía. Él se
sentía confiado sólo por el hecho de que era sola. La anciana lo aceptó porque estaría
un tiempo acompañada. Ambos no hacían
una pareja; hacían una desgracia bien
desgraciada. Una anciana y un cobardoso.
Y como él le tenía pavor a la gente del
poblado,     no    se    atrevía    a    tener
comunicación con nadie por temor a un
ataque sabe Dios de qué naturaleza. Su
plan era encontrar una mina, hacerse rico y
regresar a su santo pueblo de origen. Sabía
que en la ruta de San Ramón algunos
habían encontrado oro. ¿Pero dónde
quedaba San Ramón? Temía preguntar.
Una mañana recibió la visita de una señora
que buscaba a la Chicha Bruja, (cuando la
gente la buscaba frente a frente, le decían
doña Castalia), y mientras las dos
platicaban, se enteró dónde quedaba San
Ramón y por dónde se iba y se regresaba. Desde esa vez se preparó para el viaje. La
Chicha Bruja, pensando que se quedaría sola, trazó un plan de retención que bien
pudo llamarse “Aquí Te Quedás, Papacito”. El plan consistía en fiebre no muy fuerte
pero preocupante, sin vómitos; dolores de cabeza y en los huesos; sudor abundante.
Para lograrlo, la Castalia preparó manzanilla con orines de gato y dientes de ajo bien
molidos, y en gotas medidas cuidadosamente, se las dio en el desayuno, en el
almuerzo y en la cena, y además, en el chocolate antes de acostarse. Al día que siguió
el jinete asomó los síntomas deseados y la Castalia con cara de genuina preocupación,
lo atendió diciendo continuamente el cómo pudo suceder tal cosa. El jinete no sabía
qué hacer ni qué decir. En serio le agarró el mal sin excrecencias.
Empezaron los remedios para curar el mal pero el dolor de cabeza y de los huesos no
se iba. Estaban anclados y la Castalia, experta en esos dominios, seguía dándole
remedios y más remedios. El jinete sentía que mejoraba pero que los dolores
continuaban. Por eso pasaron ocho días y los dolores cedieron, aunque no la fiebre.
La Castalia, que había averiguado los temores del jinete cuando éste deliraba por la
fiebre, inventó en la mente del jinete la noticia de que en San Ramón las bestias se
                                                   comían a los jinetes y que era muy
                                                   peligroso vivir en esos lados. El
                                                   jinete creyó la invención de la Chicha
                                                   Bruja hasta tal grado que vendió la
                                                   mula por medio de la mujer. Sin la
                                                   ilusión de la mina y hacer dinero, el
                                                   jinete hurgaba en su mente qué
                                                   hacer para lograr tener dinero y
                                                   regresar a su vecindad con éxito. La
                                                   Castalia, astutamente lo fue curando
                                                   de las continuas fiebres o altas
                                                   temperaturas que le habían quedado
                                                   hasta ganar su confianza y que éste
                                                   le contara qué deseaba en sus
adentros. Las atenciones de la anciana fueron las herramientas para que el jinete
hablara, como dicen, hasta por los codos. La anciana supo que el jinete quería tener
platilla y además regresar a su poblado como gran pudiente. Ella, podía hacer que se
hiciera de reales, pero que la abandonara jamás lo permitiría. El quedarse sola era
muerte con una raja de leche en el cuello. Tenía que pensar en otro rápido plan
efectivo, para montarle otro plan espurio, engañoso.
La Juana Dominga tenía una hijita veinteañera, la Justina, comúnmente llamada Tinita.
La chavala era graciosa como todas a esa edad, alta, cintura proporcional a su busto y
caderas. Realmente era una buena oferta para el cincuentón. Para ese entonces,
quienes decidían el estado de soltería eran los padres y no la joven. La Castalia habló
con la Juana Dominga y acordaron metérsela al jinete. Pero había que saber decirle
para que mordiera el anzuelo, que después de todo no estaba mal para el jinete. La
Castalia comenzó a platicarle del negocio de reses. Que daba bastante, y con varios
vaqueros, él no pasaría penas, ni mucho trabajo, él solo mandaría y viviría de las
ganancias. Al jinete esa idea no le pareció; el tratar con otra gente le tenía pavor. Le
tenía pánico a la gente. La Castalia no tuvo más remedio que usar sus recursos. Ella
sabía que Esperón Vargas, al morir, le dejó una botija que no había cobrado porque
sus necesidades económicas las tenía resueltas y que para obtenerla tenía que usar
fuerza y ella ya estaba vieja. Y bueno, no la había querido sacar.
Una noche la Castalia le dijo al jinete que los espíritus le habían contado que él se
casaría con una muchacha del poblado. La describió con precisión a tal efecto que el
jinete se interesó notablemente de la muchacha y la quiso conocer. La mañana
siguiente la Tina llegó, platicó con el jinete y como no tenía otra opción, le pareció bien
el hombre. Hasta lo vio atractivo. El jinete se prendó, desde luego, de la púber.
Siguiendo el plan, la Castalia fingió que estaba dormida y comenzó a hablar, de tal
forma que el jinete oyera. La Chicha Bruja dijo el cómo se debía sacar la botija que
estaba en el patio vacío de enfrente y que quien la sacara se haría inmensamente rico,
pero si se iba del pueblo perdería todo; igual pasaría si abandonara la casa donde
habitara al sacar la botija. El jinete oyó con sumo cuidado lo dicho por la mujer y ésta
lo repitió, para asegurarse de que oyera las condiciones.
En la mañana el jinete le preguntó a la mujer lo de la botija y ello dijo no saber nada.
Allí, dijo, señalando el patio vacío, había una casa de un hombre muy rico pero que al
morir no dejó nada. Además no tenía familia. El jinete repasó lo oído y decidió sacar la
botija esa misma noche; la Chicha Bruja decía que las botijas se sacaban de noche. La
Castalia y la Juana Dominga, confabuladas en el interés correspondiente, notaron que
el jinete se preparaba para sacarla esa noche. Y la chavala, aleccionada por la madre,
contaba los detalle del cómo sacar
la botija sin retraso y sin cuidado.
Uno espera las doce de la noche y
con una candela encendida se dan
tres vueltas lentas alrededor del
posible hoyo de donde se sacará la
botija. Luego, con la boca llena de
ruda, se pide permiso al espíritu
que la enterró y se expulsa con
fuerza la ruda hacia atrás. Te
hincás y así caminás tres pasos
mirando al horizonte; tomás la
pala y cavás hasta la botija. No
hay que mirar hacia atrás ni hacia
arriba, sólo hacia la tierra. Cuando
tocás la botija, la dejás unos minutos y le tirás agua bendita. La sacás y cubrís el hoyo
con la tierra que sacaste y cuando está tapado, le tirás agua bendita. Al irte no mirés
atrás y ya, donde lo vas a abrir, ponés una sábana blanca y encima la botija. Todo lo
que hay adentro ahora es tuyo y todo se multiplicará cada año.
El jinete, impaciente, esperó la noche y la hora final del día. Las tres mujeres vigilaban
desde largo lo accionado por el jinete. El jinete todo lo tenía listo y lo repasaba una y
otra vez. Las mujeres, en un puesto de vista excelente, inusitadamente calladas,
miraban cada movimiento del hombre. La hora llegó. El jinete caminó sin prisa al lugar
indicado. Siguió paso a paso, bajo el examen de Castalia, las indicaciones servidas y al
ritmo del tiempo y de la capacidad corporal del jinete. Al término de una hora o más,
salió del hoyo con un saco ennegrecido. Tapó la oquedad, hizo todo lo indicado, y tal
como debía ser, llegó a la casa, seguido de largo y a escondidas, de las tres mujeres.
Al abrir el saco encontró monedas de oro, alhajas, y pepitas de oro y para qué contar
más, era un legítimo tesoro. El jinete oficialmente era rico y prácticamente tenía mujer.
Al llegar la mañana, ya tarde, las tres mujeres buscaron al jinete. No encontraron
nada. El hombre sabía de las falsedades de la anciana y de las tretas fementidas de la
Juana Dominga, en fin, el jinete sin mula o caballo desapareció.
En un pueblo de León se conoció a don Leopoldo Luzardo Víquez, un hombre
adinerado que volvió del norte con mucho dinero y que vivía de las artes mágicas. Se
sabe que una mula negra se mantiene amarrada en su patio y por las noches sale a
pasear con su jinete.




Siempre se dice que los tiempos pasados fueron los mejores, pero cada quien en su
tiempo y espacio lo define diferente. No sé cómo fue el tiempo de mis padres, de sus
padres y así sucesivamente. Pero el mío, todavía lo pienso como el mejor. Con el
correr de los años y la observancia de las generaciones desfilando ante mis ojos,
pienso, tal vez equivocadamente y con cierto matiz de tristeza, que la generación
actual en todos los ámbitos, económicos y sociales, carece de lo que a la niñez,
adolescencia y jóvenes adultos de mi época lo hacían mágico: la fantasía, la ilusión, la
esperanza y ¿por qué no decirlo?, la inocencia. Posiblemente mi percepción sea
rebatida por la juventud actual, pero sé de muchos que
compartirán mi opinión.
No voy a introducirme en este tema que corresponde a
sicólogos o a padres de familia y que lógicamente
siempre encaminan y educan a sus hijos de la manera
que consideren correcta. La introducción a este tema,
es con relación al mes que estamos por comenzar,
Diciembre, con todo lo que significa, cargado de
añoranzas, recuerdos que quisiera recapturar y
grabarla en las mentes y corazones de la juventud de
hoy. Ver brillar en sus ojos de nuevo su niñez, su
ilusión, su inocencia. Sé que esto no es posible, pero
quizás las remembranzas tengan algún eco.              El
recuerdo del Diciembre de antaño, con sus lloviznas,
cielos brumosos y delicioso clima frío, el olor del pino
traído por el viento que en ese tiempo nuestros cerros
circundantes se cubrían de ellos. Este mes se inicia con
Las Purísimas, cuyo novenario era llevado a cabo en muchísimos hogares
matagalpinos. Unos, con altares bien elaborados, otros muy humildes pero todos con
ese sentimiento inmenso e innegable de fe mariana, listos para honrar y venerar a la
Madre del Dios Vivo, nuestra patrona y madre de Nicaragua, La Inmaculada
Concepción, y de cómo esperábamos el rezo del novenario en nuestro hogar para ir
                                        después a otro cercano, los cánticos
                                        transmitidos de generación en generación y
                                        que por la gracia divina se siguen
                                        transmitiendo, pero desafortunadamente la
                                        tradición piadosa del novenario ha ido
                                        decayendo y muy pocos hogares la practican
                                        en la actualidad. El grito que sale de las
                                        gargantas con verdadera alegría y a todo
                                        pulmón contestando al “¿Quién causa tanta
                                        alegría? ¡La Concepción de María! Ese 7
                                        de Diciembre, día de La Gritería, que en
                                        aquellos tiempos nos despertaba con el
estruendo de cohetes, bombas de mecate, repicar de campanas y dianas recorriendo
nuestras calles, hacía que nuestros corazones quisieran saltar del pecho ante la
expectativa de la llegada de la noche para participar en esa celebración cargada de fe,
                                          amor y alegría, para cantar ante los muchos
                                          altares cargando nuestros tradicionales bolsos
                                          para recoger los limones dulces, cañas, ayote
                                          en miel, chicha y los paquetes que como cofre
                                          de tesoro contenían gofios, cajetas de leche,
                                          huevos chimbos, piñonates, cajetas de coco
                                          etc., y que al llegar a nuestros hogares
                                          exhibíamos como trofeos. Hoy,         sólo nos
                                          recuerda la llegada de La Gritería cuando a las
                                          seis de la tarde el Obispo o el Párroco da
                                          inicio a la misma con el tradicional grito y
                                          puedo decir con honestidad que ya no
                                          concurrimos los mayores por temor a ser
                                          golpeados o asaltados y los jóvenes prefieren
celebrar la gritería en alguna discoteca o con grupos de amigos. Por eso repito con
tristeza, que esos días hermosos ya no encuentran eco en nuestra juventud actual y
creo que debemos poner todo nuestro esfuerzo para que ellos puedan también
disfrutar de algo tan hermoso como es La Purísima.
Muchos piensan que las diversas advocaciones son un error, pues María la Virgen es
sólo una y eso es una verdad irrefutable, pero la Iglesia Católica al presentar varias
advocaciones está reconociendo que el amor y la misericordia del Creador es tan
grande, que envía a la Madre de su Unigénito a los diferentes lugares para dar
consuelo y llevar el mensaje de salvación, sin que una tenga más preeminencia sobre
la otra. Para realzar la magia de Diciembre, se continúa con la celebración de Nuestra
Señora de Guadalupe, quien por la gracia concedida al pueblo mejicano fue enviada
para llevar su mensaje de esperanza y amor, y que nosotros celebramos como algo
especial con fe y alabanza al Señor y amor por nuestra Madre María.
La magia de este mes tiene como punto especial y de
suma grandeza, ese recuerdo grandioso, tierno y
sublime que debe llenar nuestros corazones de
genuino amor y deseo de compartir, como es la
Navidad, o sea el milagro del advenimiento del Dios
Niño; la confirmación del pacto del Creador con su
pueblo…nuestra Salvación. Este día memorable me
remonta a la infancia de mi generación. La inocencia
de creer que realmente el Niño Dios vendría esa
noche y nos premiaría nuestro buen comportamiento
o nos castigaría, si ese era el caso, siempre quedaba
la esperanza de rectificar y esperar la llegada de los
Reyes Magos.          Se podrá pensar que es un
pensamiento egoísta, pues algunos niños no tendrían
ningún regalo, pero casi puedo asegurar que en esos
tiempos, los niños siempre obtenían algo, ya fuesen caballos de palo, carretas de
madera, muñecas de trapo, etc.Los padres, por muy pobres que fuesen, siempre se las
ingeniaban para que sus hijos mantuvieran la ilusión del Niño Dios.
Y para cerrar este mes de tradiciones y celebraciones en nuestra Nicaragua, el 31 de
Diciembre, Fin de Año, el adiós al año que bien pudo ser de bonanza y felicidad,
pero que también nos pudo haber traído sinsabores, a los que volveremos la espalda y
fijaremos nuestra vista en la esperanza del Nuevo Año.
Por eso hago hincapié que esta es una época de magia, de ilusión, de amor y
esperanza. Sé que no podemos retroceder en el tiempo y lo que hace muchos años se
aceptaba con sencillez, hoy no es posible. Estamos imbuidos en nuestros propios
problemas, perdiendo poco a poco nuestra fe y no tenemos tiempo de inculcar en
nuestros hijos eso que forma la “gran brecha generacional” y se adopta la comodidad
de la ley de la relatividad. Que a la juventud hay que enfrentarla desde la infancia a
los vaivenes que trae la vida y marchar acorde a los cambios veloces de los tiempos.
Al menos eso es lo que los sicólogos recomiendan, pero pienso que les estamos
quitando a nuestros niños la magia y la inocencia, que creo se merecen.
¿QUIEN CAUSA TANTA ALEGRIA?
Noviembre 2010




Hace unos días estaba en la puerta de mi
casa, cuidando de mi negocio en
compañía de un amigo, y se acercaron
varios chavalos de diferentes edades, que
oscilaban entre los 5 y 12 años; todos
ellos en el mismo plan de pedir “un peso”,
y hasta le ponen una cancioncita al
pedimento.
Le pregunté a cada uno de ellos dónde
vivían y con quién. Uno era de La Chispa,
otro dijo que era del cerro El Tambor y los
otros de Guanuca. Las características de
sus respuestas tenían casi el mismo
patrón: no tienen padres, o el padre se
fue con otra mujer, o su madre se fue con otro, y por último terminan diciendo que
viven con su abuela o algún otro familiar.
Este panorama es triste, desolador y preocupante; es un problema social que tiene
profundas raíces en la formación de la familia, que es la primera escuela que uno
recibe. Nuestras instituciones encargadas de velar por el bienestar de la familia tienen
mucha responsabilidad en el futuro de nuestra sociedad, pues los pilares de ella
descansan en la formación que reciben nuestros niños y en los valores morales que se
les enseñan en esos primeros años de vida, que son vitales y que son los que
determinan al futuro hombre de nuestra sociedad.
                                           No se si existe una ley, o si no existe debería
                                           de existir, que permita dar con los padres o
                                           tutores de estos niños y obligarlos a
                                           responsabilizarse de sus hijos. La salida más
                                           fácil de estos irresponsables es decir que no
                                           hay trabajo, pero cuando se es honrado y
                                           responsable no hay excusa para negarles el
                                           pan y la educación a nuestros hijos. Estos
                                           padres      irresponsables     deberían     ser
                                           reclutados como en tiempos del Servicio
                                           Militar Obligatorio para que vayan a recoger
                                           las cosecha de café, ya que muchas veces el
grano rojo se cae por falta de brazos, mientras ellos andan ingeriendo licor en la
ciudad, dando mal aspecto y mal ejemplo, o bien se pueden buscar otras alternativas
con tal de obligarlos a responsabilizarse de sus hijos. Lo más grave de esta situación es
que estas personas desnaturalizadas utilizan a estos niños para mandarlos a pedir
limosna a las calles, exponiéndolos a todo tipo de peligros y muchas veces los mandan
hasta a robar, mientras ellos se quedan en sus casas esperando que les lleven lo
                                       recaudado, que almas caritativas les regalan. La
                                       mayor parte del tiempo, este dinero lo utilizan
                                       para comprar guaro para emborracharse o
                                       quitarse la goma; esto ya se ha convertido en
                                       una forma de vida muy fácil para estas personas
                                       desamoradas.
                                       Otra forma muy común de obtener dinero, es
                                       utilizar a un niño enfermo o con algún
                                       impedimento físico, utilizándolo como mascota,
                                       en algunos casos hasta con un megáfono y
                                       perifoneo, es decir el negocio resulta rentable.
                                       Esto debe ser frenado por las autoridades
                                       correspondientes, porque en la mayoría de los
                                       casos el dinero recaudado por estos individuos
                                       inescrupulosos es utilizado para otros fines,
                                       menos para el niño enfermo.
                                       Pero lo que más nos debe preocupar de esta
situación es la cultura que se está creando en nuestra juventud, de formar una
mentalidad de ociosos, haraganes y sinvergüenzas; en otras palabras, de futuros
delincuentes. En la actualidad tenemos una serie de instituciones orientadas a dar
respuesta a este sensible problema. No se trata de dar uno o dos pesos a un niño para
solucionar este problema social; ese niño jamás sabrá lo que vale ganarse la vida y
que el pan de cada día hay que ganárselo trabajando. Producto de esto tendremos en
un futuro, delincuentes, porque nunca se les enseñó que los bienes materiales se
obtienen con el trabajo honrado.
Por otro lado, nos damos cuenta que existen leyes que protegen al niño y esto se
convierte en una espada de doble fila, porque por un lado se le da protección legal a
nuestra niñez y por otro se les da licencia para que puedan actuar con impunidad, de
manera que ellos puedan hacer y deshacer a su libre albedrío, es decir que un menor
de edad puede cometer cualquier acto delictivo y aquí no hay dónde quejarse porque
están protegidos por el Código de la
Niñez y la Adolescencias, que a mi
parecer deber ser reformado en muchos
de sus artículos, porque en vez de
ayudar a nuestros niños, les hace un
daño.
Recordemos que el futuro de nuestra
nación descansa en todos esos niños
que pululan por las calles, no sólo en
Matagalpa, sino por todo el territorio
nacional, y que quizás alguno de ellos,
algún día, ¿Por qué no?, podría ser el
futuro Presidente de Nicaragua.
Matagalpa 14 de septiembre de 2010.
Quiero compartir con mis amigos de Vox Pópuli este
interesante artículo, que es parte de la Historia de
nuestra América, contado y escrito por el Doctor José
Salvador Herrera Aráuz, estiliano de pura cepa, en su
Autobiografía.
Resulta ser que Don Pedro de Alvarado, español,
segundo Jefe de la Capitanía General de Guatemala,
era un bizarro Conquistador español que participó en
la conquista de Cuba, en la exploración por Juan de
Grijalva de las costas de Yucatán y del Golfo de
México, y en la conquista de México dirigida por
Hernán Cortés. Puede considerársele como
conquistador de gran parte de América Central (El
Salvador, Honduras y Guatemala) y pudo haberlo sido también del Perú, pero renunció
a ello tras enfrentarse primero, y negociar después, con Diego de Almagro.
En 1520 emprendió una audaz campaña en Nueva Galicia (Jalisco Méjico), y los indios
                                              aztecas trabaron sangrienta batalla,
                                              conocida como “La Noche Triste y el Salto
                                              de Alvarado”. Dice la historia que Alvarado
                                              y sus guerreros estaban parapetados en el
                                              bosque,        listos     para        atacar
                                              sorpresivamente. De pronto, una anciana
                                              se levantó para ir al water-closet, vio a los
                                              intrusos y gritó a todo pulmón, saliendo la
                                              población a luchar contra los invasores.
                                              Esa alerta es conocida con el nombre de
“El grito de la Vieja”. Los españoles tuvieron muchísimas bajas y huían a través de un
río crecido que arrastraba los cadáveres y Alvarado, como Jefe, quedó de último y
corría sobre los cadáveres, impulsándose en el último y alcanzando tierra firme,
mediante gigantesco salto, digno del mejor atleta olímpico contemporáneo; más los
indios siguieron a los intrusos y en la huida, su caballo rodó en un abismo, cayéndole
encima y por el hecho de usar pesada coraza metálica, murió reventado. Este episodio
pasó a la Historia con el nombre de “La Noche Triste y el Salto de Alvarado”.
Origen del luto
Al llegar la noticia a la Capitanía General,
Doña Emperatriz, esposa del paladín
combatiente,           se         entristeció
profundamente, encerrándose y vistiendo
riguroso negro, al igual que sus doncellas,
y para acrecentar la tragedia vivida por la
inconsolable viuda, el “Volcán de Agua”
hizo explosión inundando la ciudad de
Guatemala, incluyendo el Palacio de la
Capitanía, de donde se negó a ser
evacuada, pereciendo ahogada al lado de
sus damas de honor. Relata la historia
que Don Pedro de Alvarado, era de alta estatura, delgado, cuerpo atlético, buen
                          parecer y cabello rubio y los indios deslumbrados por tal
                          fisonomía, le llamaban “Tonatiuh” que en lengua nahuatl,
                          quiere decir “Hijo del Sol”.
                          Esta es la trágica y triste historia difundida en toda América
                          y Europa, estableciéndose el Luto hasta hoy, consistiendo
                          en que las mujeres al perder a un ser querido, visten de
                          negro, por largo período y cuando se trata del marido, de
                          esa manera expresan su dolor y pesadumbre (un año)…
                          mientras aparece otro gallo… que les cante al oído una
                          dulce canción.-
                          Septiembre, 2010




Ahí estaba. Sentado en una de las bancas del Darío. Reflexionaba sobre el devenir de
las cosas en esta ciudad. No tiene ni la mitad de la vida que le tocará vivir, sin
embargo su mente lo amenazaba con quitarle los sueños más perseguidos por
cualquier ser humano normal.
Le asombró ver pasar al perro aquél.
Arrastraba su alma con tanta furia y
deseo, como cuando arrastra un pedazo
de carne para devorarla con el hambre de
unos días de ayuno. Tras el perro vio
pasar tres demonios. Éstos perseguían al
perro, pero sin querer alcanzarlo. Tras los
demonios se fue él. Éste no perseguía a
los demonios, ni al perro, ni al alma. Sólo
quería vivir para siempre.
Sopló el viento helado de esa hora de la
mañana. Una campana de Catedral se oyó
levemente anunciando el cambio de
tiempo. El día comenzó su curso hacia el
ocaso.
Lo encontraron en un rincón del Río
Grande. Lo encontraron sin sangre. Ya no había nada. Ya no estaba. Ahora vive para
siempre.




Antes que te vayas

Vas a dejar atrás una casa y todos los muebles que has logrado juntar en este tiempo.
Tu música y tus libros, tus objetos favoritos, porque ya no te caben y ya no quieres
perder más tiempo para irte antes de que te vean partir.
Tienes prisa por irte, por dejar atrás los problemas con tu compañera. Con ella has
peleado mucho, yo lo sé porque los escucho discutir hasta la intransigencia. Tan
obstinado tú como ella y ambos merecen lo que tienen: un matrimonio en ruinas,
porque no han sabido conservarlo.
Yo entiendo que buscas paz y que estás cansado de pelear. Pero... contéstame una
cosa: ¿de verdad crees que lo mejor es salir sin despedirte? ¿No crees que sería mejor
                                     esperar a que ella regrese y hablarle de tus
                                     planes? ¿No crees que sería mejor tomarte el
                                     tiempo necesario para sentar sobre tus piernas a
                                     tu pequeña hija y decirle a dónde vas, cuándo
                                     volverás a verla y, sobre todo, que no has dejado
                                     de quererla a ella? Cierra esa puerta y antes de
                                     que te vayas siéntate un poco y escúchame.
                                     Déjame que te diga que si tú te vas sin hablar con
                                     tu familia, vas a abrir una herida muy grande en el
                                     corazón de tu esposa, pero más grande aún en el
                                     pequeño y frágil corazón de tu hija. Si tú te vas
                                     como planeas hacerlo, esa niña que busca con
                                     tanto afán tu afecto, se va a sentir desolada al no
encontrarte. Por las noches se va a acostar asustada preguntándose qué hizo mal para
que tú dejaras de quererla. Y por las madrugadas va a despertar con un frío intenso en
su cuerpecito y en su alma sin entender qué hacer con una soledad que le da tanto
miedo.
No te vayas así. Quédate. Habla con tu compañera. Habla con tu hija. Si estás decidido
a irte, hazlo a la luz del día, después de hablar con ellos. Que aunque te duela y les
duela, es mejor así porque tu hijita puede llegar a entender una separación, pero
jamás entendería un abandono. Anda. Regresa y espéralas a que entren por esa
puerta por la que quieres huir. Tal vez si logras hablar con el corazón en la mano
todavía sea posible luchar por conservar un papá y una mamá unidos para esa niña
que todavía los necesita a ambos.
Tu padre que te ama, Dios.

Papá, ¿Cuánto ganas?

La noche había caído ya. Sin embargo, un pequeño hacía grandes esfuerzos por no
quedarse dormido; el motivo bien valía la pena:
estaba esperando a su papá.
Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente,
cuando se abrió la puerta; el niño se incorporó
como impulsado por un resorte, y soltó la
pregunta que lo tenía tan inquieto:
-Papi, ¿cuánto ganas por hora? dijo con ojos
muy abiertos. El padre, molesto y cansado, fue
tajante en su respuesta: -Mira hijo, eso ni
siquiera tu madre lo sabe; no me molestes y
vuelve a dormir, que ya es muy tarde.
-Si papi, sólo dime, ¿cuánto te pagan por una
hora de trabajo? reiteró suplicante el niño.
Contrariado, el padre apenas abrió la boca para
decir: -Ochocientos pesos.
-Papi, ¿me podrías prestar cuatrocientos pesos? preguntó el pequeño.
El padre se enfureció, tomó al pequeño del brazo y en tono brusco le dijo: -Así es que
para eso querías saber cuánto gano, ¿no? Vete a dormir y no sigas fastidiando,
muchacho....
El niño se alejó tímidamente y el padre, al meditar lo sucedido, comenzó a sentirse
culpable: "Tal vez necesita algo", pensó, y queriendo descargar su conciencia se
                                         asomó al cuarto de su hijo y con voz suave
                                         le preguntó:
                                         -¿Duermes hijo? -Dime papi, respondió él
                                         entre sueños. -Aquí tienes el dinero que me
                                         pediste. -Gracias papi susurró el niño
                                         mientras metía su manita debajo de la
                                         almohada, de donde sacó unos billetes
                                         arrugados-. ¡Ya completé! gritó jubiloso-.
                                         Tengo, ochocientos pesos..., ahora papá:
                                         ¿ME PODRÍAS VENDER UNA HORA DE TU
                                         TIEMPO?

La última pregunta

Durante mi último curso en la escuela, nuestro
profesor nos puso un examen. Leí rápidamente
todas las preguntas, hasta que llegué a la última,
que decía así: ¿Cuál es el nombre de la mujer que
limpia la escuela? Seguramente era una broma. Yo
había visto muchas veces a la mujer que limpiaba
la escuela. Era alta, cabello oscuro, como de
cincuenta anos, pero... ¿cómo iba yo a saber su
nombre? Entregué mi examen, dejando la última
pregunta en blanco.
Antes de que terminara la clase, alguien le
preguntó al profesor si la última pregunta contaría
para la nota del examen. Por supuesto, dijo el profesor. En sus vidas ustedes
conocerán muchas personas. Todas son importantes. Todas merecen su atención y
cuidado, aunque solo les sonrían y digan: !Hola! Yo nunca olvidé esa lección.
También aprendí que su nombre era Dolores.




El jueves 2 de junio del año 1938 salió a luz pública la Edición No. 1 del
Semanario “en serio y en broma” RUMORES”, cuyos primeros Directores
fueron los Señores Jorge Ballesteros Prado y Orlando Guillén, siendo éste
último el más conocido y el que más tiempo permaneció como Director,
hasta que el periodiquito desapareció en 1979. El costo del Semanario era de
12 centavos mensuales (3 centavos por ejemplar). A partir de esta edición,
publicaremos regularmente algunos de sus artículos, los cuales se
caracterizaban principalmente por su buen humor.

Diputaditis aguda
En éstos últimos días el termómetro ha subido, la fiebre también y el café otro tanto,
es decir, estamos en un período calorífero diputaditis cafetalero.
Pero nada de preámbulos ni puntitos de moscas, que el tiempo es oro y la mujer
estopa; lo mismo son sangrías que ventosas, ni rey ni roque, más vale onza que libra,
pan es pan, vino es vino, y al grano, que sardina que lleva el gato, tarde o nunca
vuelve al plato.
Nosotros, el sábado pasado amanecimos contagiados de esa tal enfermedad; todos sin
excepción, es decir los colaboradores de “Rumores”. Yo, Eleuterio, Nicanor, Veranillo,
La Fiere, Tirador y los veinticuatro colaboradores con que cuenta nuestro semanario,
nos reunimos en la Redacción a discutir el asunto. Todos queríamos ser diputados.
Pero después de tanto alegar, elegimos a un compañero nuestro, de nuestro seno y
por unanimidad, por supuesto que el más capacitado para Diputado para nuestra
querida Perla del Septentrión. Un hombre probo, marido modelo, buen padre, buen
hijo, amigo, correligionario y todos los demás adornos que pueda llevar un candidato.
Y él es: T. Pika. T. Pika, señores, es nuestro candidato y trabajaremos con él hasta
caer morados si es posible.
El domingo muy de mañana ya andaba de boca en boca la “pelota” (porque aquí todo
se sabe en dos monazos). Sólo se oía decir: T. Pika por aquí, T. Pika por allá. Ese día
(domingo) a las 6 pm, en la casa de nuestro candidato tuvimos la primera reunión para
firmar el Acta de Organización. Llegaron hasta las cucarachas. El pueblo en masa
proclamó a T. Pika. Tomaron muchos la palabra y tiramos bombas, pero unos pocos no
se dieron cuenta debido a que estaba lloviendo. El acta fue firmada por “un montón”,
que si los ponemos a todos no caben aquí; de los últimos sí me acuerdo: Pancho
Pérez, Román Buitrago, Julio Rivera (aunque este ni llegó, pero allí aparece su
nombre), y siguen más firmas.
Así es que este periódico ya se va a dedicar de lleno, o mejor dicho será el órgano de
propaganda Pro T. Pika. En Las Escaleras, nuestro jefe de propaganda es Pancho
Castillo; ya anda recogiendo firmas y traerá a los narsos en fila un día de éstos. En
Jucuapa tenemos al no menos popular Mateo García, quien está trabajando
bárbaramente por nuestro candidato. Les advierto que yo soy el Presidente del Comité
de Propaganda, el Secretario es K. Tala y el tesorero La Fiere, para lo que se les
ofrezca. Ya fuimos donde las masayas y encargamos ocho mil quinientos puros para
repartirlos a los simpatizantes.
Recibimos el siguiente TELEGRAMA 22 22:
Depositado en Las Escaleras. Recibido en Matagalpa. A: P. P. Nando
Estimado Pepe. Reuniéronse hoy amigos y simpatizantes de la candidatura de T. Pika
para diputado por Matagalpa. Desplegaremos actividades para recoger más firmas.
Mandame puros. Afmo. Pancho Castillo.
También recibimos el siguiente RADIO:
Depositado en Jucuapa. Recibido en Matagalpa. A T. Pika:
Con gran entusiasmo hemos acogido su candidatura por Matagalpa. Anoche se
reunieron más de doscientos simpatizantes y amigos. Seguiremos recogiendo firmas y
trabajando. Manden papel para firmar porque ya se terminó. Afmo. Fanor Hernández.
Ya ven pues, señores, que estamos asegurados por nuestro candidato. Mañana
partimos para Managua a hablar con un “gallo” que tenemos allá, sobre este asunto,
advirtiendo que vamos en avión, porque nosotros queremos distinguirnos.
P. P. Nando -(Edición No. 14 - 1 de Septiembre de 1938)
Puyazos
Con motivo de un pensamiento que le brotó del cacúmen a Toño Leytón, hizo Carlos
Moreno un completo análisis de lo que significa la palabra Nostalgia. El pensamiento de
Leytón es el siguiente: “la nostalgia de tus preces se me ha incrustado en mi corazón”.
Al oír Carlos Moreno lo que había dicho su amigo, le replicó; ¡Qué bruto! ¿Y esa
barbaridad le dijiste a tu novia? -¿Pero qué tiene? dice Leytón. A lo que contesta
Carlos: te diré lo que significa eso. Nostalgia es una enfermedad que les da a las
vacas. Aquí tenemos, por ejemplo, que a Román Argüello se le están muriendo muchos
animales de nostalgia.
Ahora decimos nosotros: si el señor Argüello fuera un poco más desprendido del
bolsillo, no dejaría que sus animales se murieran de tristeza y se preocuparía por
darles unos cuantos paseítos…con adornos musicales. Aunque usted no lo crea, esto es
tan cierto como que el sol alumbra.
La Fiere - (Edición No. 5 - 30 de Junio de 1938)
Albertito Aráuz se ha dedicado últimamente a recibir lecciones de baile y todos sus
entusiasmos, energías y empeños los dedica a mover los pies, hasta obtener la
elasticidad, el buen ritmo y la armonía que poseen los “ases” del dancing. “En cuanto
me sienta un poco como Fred Astaire, ingresaré al Club de Obreros y verán si no seré
yo el mimado y el ídolo de las” pollas”, dice. Nosotros aplaudimos la idea de Albertito y
de antemano le felicitamos por los triunfos amorosos que obtendrá, pero hemos sabido
últimamente que es en casa de Santos Ponce donde recibe sus lecciones y que su
profesor no es la “pollita” que él dice, sino un hermoso “chiricano” desplumado y con
pocas alas, que baila como trompo tatarate. Y ya esto cambia de aspecto.
Cuidado pues, Albertito,
no aprendas más a bailar,
o cambia al profesorcito,
con lo cual vas a ganar.
Pues te vas a acostumbrar
a que en el baile “te lleven”,
postura que hombres no deben
adoptar ni soportar.
Y cuando quieras bailar
con la mujer que prefieres,
cuidado con que tú esperes
que ella te vaya a sacar.
Eleuterio
(Edición No. 6- Julio de 1938)

				
DOCUMENT INFO
Shared By:
Categories:
Tags:
Stats:
views:22
posted:5/28/2012
language:Spanish
pages:52