18 el respeto

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					                   EL RESPETO

      ¿Qué es respetar? Respetar a alguien es tratarlo de acuerdo
a su dignidad. Esta dignidad propia requiere de los demás un
comportamiento adecuado, de modo que las faltas de respeto
voluntarias son una injusticia, por incumplimiento de ese deber.
En cambio, donde hay respeto reina un ambiente cordial y
amable, propio de la caridad.

Ejemplos de falta de respeto en las relaciones sociales:

  o   La difamación y las burlas rebajan la dignidad de las
      personas, y este trato injusto es una falta de respeto.
  o   Los obreros y subordinados son seres humanos. Tratarlos
      como esclavos es una falta de respeto a su dignidad de
      personas.
  o   En cualquier sociedad (familia, aula, empresa, ciudad...)
      debe haber autoridades que la dirijan (padres, profesores,
      jefes, concejales...). Esto exige a hijos, alumnos y
      subordinados un trato disciplinado y obediente. Las
      rebeldías son falta de respeto hacia la sociedad.
  o   Las faltas de educación voluntarias (desplantes, portazos,
      etc.) suelen ser ejemplos de falta de respeto pues el trato
      adecuado a esas personas debía ser otro.

Otros ejemplos de falta de respeto:

  o   La mujer es una persona humana y es injusto tratarla como
      un objeto sexual. Esta injusticia es entre otras cosas una
      falta de respeto.
  o   El amor humano posee una gran dignidad que exige un trato
      delicado. La pornografía es una falta de respeto hacia la
      humanidad.
  o   Los animales y plantas están al servicio del hombre pero
      poseen de por sí alguna dignidad en cuanto a criaturas. El
      hombre puede usarlos, comerlos y divertirse con ellos, pero
      dentro de cierto respeto.


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  o   Qué faltas de respeto son más graves? La gravedad de una
      falta de respeto depende de lo que se realice y de la
      dignidad que se intenta dañar. Lo peor son los insultos y
      burlas dirigidos a Dios o a las comunidades en si

     ¿Se debe respetar a todos igual? Cualquier persona posee
una dignidad por el hecho de ser persona. Y así todo hombre
merece algún respeto, un trato adecuado a su dignidad humana.
Este deber básico incluye respetar sus bienes, su vida, su fama, su
intimidad,... Sin embargo: Algunas personas merecen un respeto
mayor debido a una dignidad superior. Por ejemplo, los padres,
los ancianos, las autoridades, etc. El trato entre compañeros es
diferente del trato hacia padres y profesores. Con éstos el modo
de hablar y escuchar debe ser más respetuoso.

  o   También hay personas que por su conducta infrahumana
      pierden parte de su dignidad y merecen menor respeto. Por
      ejemplo, los delincuentes pueden ser encarcelados. El
      respeto no se opone a la justicia.

      ¿Corregir es una falta de respeto? El respeto no significa
dejar a los demás que hagan lo que les venga en gana. Hay cosas
que se deben prohibir, y asuntos que se deben corregir. Tanto el
respeto como la corrección se apoyan en la caridad que a veces
exige corregir. Corregir en exceso o en defecto no es falta de
respeto sino de caridad. Se añade la falta de respeto si se corrige
con malos modos.

  o   El respeto mutuo proteje la dignidad de las personas y por
      tanto origina seguridad y confianza. El respeto es distinto
      del temor.
  o   La espontaneidad surge de las costumbres, que originan un
      modo natural o propio de comportarse. Si uno tiene el
      hábito de respetar, el respeto le saldrá espontáneo.

     Por orgullo alguien puede pensar que posee una dignidad
superior a la que realmente le corresponde. En consecuencia, esta
persona algo susceptible exigirá un trato y un respeto excesivos.

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En cambio, si la dignidad es verdadera, el respeto adecuado es
propio de la justicia.

     El respeto es reconocer en sí y en los demás sus derechos y
virtudes con dignidad, dándoles a cada quién su valor. Esta
igualdad exige un trato atento y respetuoso hacia todos. El
respeto se convierte en una condición de equidad y justicia,
donde la convivencia pacífica se logra sólo si consideramos que
este valor es una condición para vivir en paz con las personas que
nos rodean.

     Se debe cultivar el respeto para construir, nunca para
destruir; buscar hacer el bien es la antesala del amor sincero.
Debemos querernos cuidando nuestro cuerpo, no realizar
acciones que puedan representar un daño para si mismos; es aquí
donde nuestra integridad tiene que ser lo más valioso y con esto
estaremos demostrándonos el respeto hacia nosotros, para así
poder gozar de nuestro bienestar físico y mental.

     Otro aspecto que involucra el respeto es el de proteger la
vida de nuestro planeta, y una forma de demostrarlo es cuidando
la limpieza del agua, aire y suelo, plantar árboles para que la
tierra se quede entre las raíces y no se las lleven ni el agua ni el
viento, usar solo el agua que necesitemos, defender la vida de las
selvas y los bosques; recordemos que el hombre, las plantas y los
animales compartimos el mismo planeta.

    Este sentido de honor y de valor puede extenderse a la
naturaleza. La falta de respeto y trabajar en contra de la
naturaleza ocasiona un desequilibrio ecológico y desastres
naturales; entonces extendamos el respeto hacia los recursos
naturales, para que la humanidad pueda vivir con seguridad y
abundancia.

     Así, la vida del hombre está basada en las relaciones que
establece con la naturaleza y cómo hace uso de ella para mejorar
su calidad de vida.


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      El respeto comienza en la propia persona. El estado
original del respeto está basado en el reconocimiento del
propio ser como una entidad única, una fuerza vital
interior, un ser espiritual, un alma. La conciencia elevada
de saber “quién soy” surge desde un espacio auténtico de
valor puro. Con esta perspectiva, hay fe en el propio ser así
como entereza e integridad en el interior. Con la
comprensión del propio ser se experimenta el verdadero
autorrespeto.

Autorespeto
     Se basa en conocer quién soy, conocer mi ser eterno, mi ser
espiritual. Cuando encontramos esa sensación o sentimiento de
identidad espiritual, sentimos que tenemos un derecho a estar aquí,
a existir. Sin la dimensión espiritual, es muy difícil respetarnos
realmente a nosotros mismos de una manera profunda.

      Generalmente, basamos nuestro respeto en identificarnos con
los aspectos superficiales de nuestra existencia: nuestro aspecto
físico, el género, el éxito profesional, nuestra inteligencia, nuestro
status social, nuestra nacionalidad, raza, etc. Con tal identificación
superficial, nunca conseguiremos un sentimiento estable de
autorespeto, porque las opiniones de las personas cambian. Hoy
puede que nos amen, mañana nos rechazarán. ¿Cuál es la
consecuencia de depender de sus opiniones? Acabaremos
fluctuando todo el tiempo, sintiéndonos positivos cuando nos dicen
cosas buenas, y sintiéndonos abatidos cuando nos dicen cosas
negativas. Para permanecer estables en nuestro autorespeto,
necesitamos nutrir un entendimiento más profundo de nuestra
identidad espiritual y acceder a esas riquezas que están en nuestro
interior eternamente, esperando a florecer, como la flor que crece
de la semilla.

     A medida que nos estabilizamos en tal conciencia espiritual,
esas riquezas y recursos empiezan a manifestarse. Cuanto más

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estables estamos en nuestro autorespeto y espiritualidad, más
emanamos lo que realmente somos. Sentimos una profunda
sensación de satisfacción y estamos felices de ser lo que somos, tal
y como seamos.

      Nos aceptamos como somos. Cuando estamos desconectados
de nuestras raíces espirituales, nos volvemos dependientes de los
demás y, desafortunadamente, a
veces malinterpretamos esta dependencia como amor cuando
normalmente es sólo una necesidad, o un apego. Cuando esto
sucede, la relación no puede ser duradera, porque nos hemos
apegado a alguien, sin darle ni espacio ni respeto. Empezarán a
sentirse sofocados porque hemos interferido en su libertad y,
finalmente, el resultado de la relación es un sentimiento de atadura.
Sólo cuando el alma está en un estado de autorespeto completo
puede haber libertad en las relaciones.

     Cuando no nos valoramos a nosotros mismos, ¿cómo
podemos esperar que los demás nos valoren? Si continuamente nos
rebajamos, pensando "no soy bueno" o "no soy capaz", quienes
escuchen esto empezarán a creerlo. Así que, ¿qué deberíamos
hacer? La palabra clave es "conciencia". A medida que nos
volvemos más conscientes, más alertas a nivel espiritual,
empezamos a estar en posición de valorar nuestra vida. El efecto de
esto es que empezamos a valorar a los demás, comprendiendo que
todos tienen su propia posición: ni más alta ni más baja,
simplemente diferente. La singularidad de cada uno tiene su valor y
cuando reconocemos el valor del ser, desarrollamos confianza en
nosotros mismos.

Fuente de conflicto

      El conflicto se inicia cuando falta el reconocimiento de la
propia naturaleza original y la del otro. Como resultado, las
influencias negativas externas dominan completamente el respeto.
Estabilizarse en el estado elevado del propio ser asegura auténtico
respeto por y de los demás debido a que se actúa con la conciencia

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de que todo ser humano tiene un valor innato, que es puro y
virtuoso. Esta forma de pensar garantiza la victoria final, porque la
interacción sobre esta base asegura que surja la bondad inherente
del       propio       ser      y        de        los        demás.

    La causa de todas las debilidades se origina en la ausencia de
autorrespeto. La persona se llena de diferentes deseos o
expectativas, exigiendo consideración o respeto de los demás.

     La persona, al hacerse dependiente de fuerzas externas en lugar
de sus poderes internos, mide el respeto mediante los factores
físicos y materiales, tales como la casta, el color, la raza, la religión,
el sexo, la nacionalidad, el estatus y la popularidad. Cuanto más se
mide el respeto sobre la base de algo externo, mayor es el deseo de
que los demás tengan un reconocimiento hacia nosotros. Cuanto
mayor es ese deseo, más se es víctima del mismo y se pierde el
respeto hacia uno mismo y hacia los demás. Si las personas
renunciaramos al deseo de recibir consideración de los demás y nos
estabilizaramos        en el estado elevado de autorrespeto, la
consideración y el respeto nos seguiría como una sombra.

    El desafío es desarrollar el valor del respeto en el propio ser y
darle una expresión práctica en la vida diaria. Aparecerán
obstáculos para probar la solidez de nuestro respeto y, con
frecuencia, nos sentiremos en los momentos de más vulnerabilidad.
Es necesaria la confianza en uno mismo para tratar con las
circunstancias con seguridad, de manera optimista, esperanzadora.
En las situaciones en las que parece que todos los apoyos se han
desvanecido, lo que permanece fiel es el nivel en que se ha podido
confiar internamente en el propio ser.


    Por tanto, pretender ganar respeto sin permanecer consciente
del propio valor original se convierte en el método mismo para
perderlo. Conocer el valor propio y honrar el de los demás es la
auténtica manera de ganar respeto. En la visión y la actitud de
igualdad existe una espiritualidad compartida.         Compartir

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crea un sentimiento de pertenecer, un sentimiento de familia.

    Ese sentido de honor y de valor puede extenderse a la
naturaleza. La falta de respeto y trabajar en contra de las leyes de la
naturaleza ocasionan un desequilibrio ecológico y desastres
naturales. Cuando el respeto y la reverencia se extiendan a la
energía eterna de la materia, los elementos servirán a la humanidad
con               precisión                y              abundancia.

     Respeto es el reconocimiento del valor inherente y de los
derechos innatos de los individuos y de la sociedad. Estos deben ser
reconocidos como el foco central para lograr que las personas nos
comprometamos con un propósito más elevado en la vida. El
respeto y el reconocimiento internacionales por los derechos
intelectuales y las ideas originales deben observarse sin
discriminación. La grandeza de la vida está presente en cada uno,
por lo que todo ser humano tenemos el derecho a la alegría de vivir
con respeto y dignidad.




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