SEPTIMO PERIODO DE PROTECCION AL A INFANCIA by o07vw7

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									              SEPTIMO PERIODO DE PROTECCION A LA INFANCIA
                                        (1958-1966)


        1. Consejo Nacional de Protección de Menores (ley 15.244)
   En abril de 1958 (gobierno de facto del Gral. P. E. Aramburu), por decreto-ley 5285 la
Dirección de Menores se convierte en un ente autárquico denominado Consejo Nacional
del Menor, dejando así de pertenecer a la Dirección Nacional de Asistencia Social.
   En 1960, (gobierno del Dr. Arturo Frondizi), se crea el Consejo Nacional de Protección
de Menores por ley 15.244 y su decreto reglamentario 1143/60.
   En 1963, el Consejo publicó un importante documento detallando los cinco primeros
años de labor realizada bajo la presidencia del Dr. Juan Carlos Landó.
   Señala en primer término y en 53 puntos el conjunto de creaciones y modificaciones de
importancia básica realizadas, destacándose las fundaciones y rehabilitaciones de
institutos y servicios, de las Casas de Recepción y Clasificación, las delegaciones
seccionales, los consultorios externos, el funcionamiento de los cuerpos de inspección,
vigilancia y seguridad; el reordenamiento y tipificación de los institutos, y el trabajo directo,
que ha pasado de la atención de 5300 menores internados en 1958, a suministrar apoyo y
otras formas de amparo a más de 30.000, operando su acción en 1963, sobre 100.000
menores aproximadamente.
   Cuenta con 40 institutos y acciona en todo el país por medio de la ayuda federal y de
las funciones de Coordinador Federal que le corresponden.
   Asimismo, el Consejo asevera que en la Capital Federal y sus alrededores, existen no
menos de 500.000 menores que necesitan de una acción proteccional urgente, pero que
careció de recursos suficientes desde su comienzo.

1.1. Obra del Consejo
  - Traslado de sus oficinas centrales.
  - Habilitación del Instituto de Recepción y Clasificación de Menores “Santa Rosa”.
  - Rehabilitación del Instituto “Domingo Faustino Sarmiento” (que se hallaba
      clausurado y en pésimo estado), con capacidad para 287 alumnos internos y 100
      externos.
  - Habilitación del Instituto “Dr. Juan José O'Connor”, en iguales condiciones que el
      anterior, con capacidad para 30 varones con graves problemas de conducta.
  - Toma por transferencia de la Policía Federal, del Instituto “Dr. Luis Agote” para 120
      menores varones, donde se habilitaron los Servicios de Recepción y Clasificación.
  - Rehabilitación del Instituto “Mariano Ortiz Basualdo” para 180 internos. Fue recibido
      en lamentable estado de conservación y con un solo hogar acondicionado para 35
      niños. Se recuperó el servicio de Recepción y Clasificación.
  - Rehabilitación del Instituto “Nuestra Señora del Pilar” para 60 varones.
  - Transformación del Instituto “General José de San Martín” en Establecimiento de
      Recepción y Clasificación para varones menores de 14 años, a fin de no mezclar
      esta población con los casos de mayores de edad que presentan graves trastornos
      de conducta, provenientes del Instituto “Dr. Luis Agote”.
 -   Habilitación de la Guardería y Delegación “Presidente Bernardino Rivadavia” para
     60 menores, y 60 alumnos en actividad post-escolar, con campo de deportes para
     los chicos del Barrio Obrero.
 -   Habilitación de las Delegaciones nº 1 (Villa Devoto) y nº 3 (Liniers), ambas con
     actividades post-escolares, deportivas y recreativas.
 -   Colaboración con personal y material para el funcionamiento de los torneos
     deportivos organizados por la Policía Federal.
 -   Construcción y habilitación de los Consultorios Externos con servicios médico-
     clínicos, psiquiátricos, de oftalmología, odontología, psicología, radiología general,
     atención bucodental y laboratorio, prestándose 1800 servicios mensuales.
 -   Creación del Cuerpo de Control y Vigilancia (Policía de la Minoridad).
 -   Creación del Registro Nacional de Guardas.
 -   Habilitación desde segundo a quinto año en los cursos oficiales de Bachillerato
     Agropecuario en el Instituto “Angel T. de Alvear”, y Comercial y Técnico en el
     “Carlos Pellegrini”.
 -   Habilitación del Régimen de Colocación Familiar.
 -   Habilitación de las colonias de vacaciones “Oscar Ferrari” y “Rómulo Otamendi”
     (Mar del Plata y Costa del Paraná, respectivamente).
 -   Remodelación, refacción y/o instalación o renovación de los sistemas de agua
     caliente, cocina y lavadero mecánico en trece institutos.
 -   Creación de la División Automotores.
 -   Habilitación de los Talleres Centrales que se encontraban clausurados: carpintería,
     mosaiquería, imprenta, entre otros.
 -   Habilitación del Depósito Central para elementos de consumo de materiales de
     conservación.
 -   Habilitación de Gabinetes de Psicología en diez institutos.
 -   Habilitación del Servicio Social en todos los institutos que lo han requerido.
 -   Asignación de Visitadoras Sociales a los hospitales y maternidades de la Capital e
     instituciones privadas que albergan menores dependientes del Consejo.
 -   Mediante convenio con la Asociación “Bernardino Rivadavia” se recibió la biblioteca
     con 45.000 volúmenes.
 -   Edición del Boletín Informativo, Revista (en impresión) y Leyes.

   1.2. Competencia del Consejo Nacional. Por imperio de la ley 15.244, el Consejo
asumió en cuanto a menores se refiere, toda la actividad de los organismos auxiliares de
justicia que cumplían la Policía Federal y las Defensorías de Menores, así como las
demás obligaciones que impone la mencionada ley:
  a) Alojamiento y tratamiento de todo menor procesado, víctima de delito o dispuesto
       por los tribunales del crimen y civiles.
  b) Informaciones sobre cumplimiento de la ley 10.903 para los tribunales ordinarios.
  c) Informaciones en los juicios de tutelas, tenencia, adopción, venias supletorias,
       disensos, divorcios cuando hay hijos menores, y otros.
  d) Comparendas, capturas y citaciones con uso de la fuerza pública.
  e) Información para el Registro Nacional de Incapaces.
f)   Participación en la Comisión Auxiliar Calificadora del Instituto Nacional de
     Cinematografía.

 1.3. Servicios de protección
 a) Institutos para menores internos y externos
      Santa Rosa
      Gral. José de San Martín
      Crescencia Boado de Garrigós
      Saturnino Enrique Unzué
      Almafuerte
      Gral. Martín Rodríguez
      José María Pizarro y Monje
      Emilia y Manuel Patiño
      Nuestra Señora del Valle
      Dr. José Sánchez Picado
      M. L. y M. C. Inchausti
      Cayetano Zibecchi
      Capitán Sarmiento
      Nuestra Señora del Pilar
      Angel T. de Alvear
      Dr. Luis Agote
      Mercedes de Lasala y Riglos
      Nuestra Señora de Fátima
      San Sebastián
      Manuel Rocca
      Domingo F. Sarmiento
      Estela Matilde Otamendi
      Dr. Carlos de Arenaza
      Ursula Llona de Inchausti
      Ricardo Gutiérrez
      Dr. Juan José O'Connor
      Mariano Ortiz Basualdo
      Ramayón López Valdivieso
      San Cayetano
      Carlos Pellegrini
      Jardín de Infantes M. Moreno
      Jardín de Infantes B. Mitre
      Jardín de Infantes S. E. Unzué
      Jardín de Infantes Pte. B. Rivadavia
      Delegación nº 1
      Delegación nº 2
      Delegación nº 3
      Becados en institutos privados
  b) Medidas alternativas a la internación
      - Menores entregados para adopción
      - Menores en tenencia familiar
      - Menores en colocación familiar
      - Menores con control periódico
      - Menores del Registro Nacional de Guardas

  1.4. Sugerencias sobre la obra futura. El Consejo asegura que:
      a) Debe continuarse e intensificarse el trabajo de coordinación de funciones con
         otros organismos del Estado, así como en los de orden privado, “colocando a la
         familia en primer plano de atención”.
      b) Se hace necesaria la creación de un Instituto de Alojamiento Transitorio para
         menores sin trastornos de conducta que pasaron por institutos del Consejo y
         que deben volver para ser reubicados en el medio social, familiar o debido a
         circunstancias eventuales.
      c) Debe crearse un Instituto de Adaptación para menores que trabajan, próximos
         a su egreso, y carentes de un medio familiar o social aptos que los reciban.
      d) Asimismo, debe crearse otro establecimiento con características de comunidad
         o Colegio Universitario.
      e) Hay que interesar al Consejo Nacional de Educación y a la Dirección de
         Sanidad Escolar, a fin de que habiliten más escuelas y grados para débiles
         mentales.
      f) El Ministerio de Salud Pública debería encarar la creación de establecimientos
         para alojamiento y tratamiento de menores enfermos y mogólicos no
         reeducables.
      g) El personal y el Cuerpo de Inspección y Vigilancia del Consejo es insuficiente.
      h) Hay que intensificar la acción del Registro Nacional de Guardas y Menores.
      i) Se debe promover la reforma de la ley 10.903 a fin de adaptarla a la ley 15.244.
      j) Es necesaria una mayor atención de la correcta formación y capacitación del
         personal de todas las categorías: “Al cumplir cada sector con su finalidad tutelar
         específica, se llenan las necesidades de la protección integral”.
      k) Ha de velarse por los contratos laborales de los menores.
      l) El espectáculo público, la literatura y los aspectos publicitarios deben estar en
         armonía con el trabajo proteccional.


                  2. Consejo Nacional de Asistencia Social
   Se creó en agosto de 1962, durante la presidencia del Dr. J. M. Guido, en reemplazo
de la Dirección Nacional de Asistencia Social habilitada en 1948: “El desarrollo de la
asistencia social se encuentra indisolublemente ligado a una política de mejoramiento
económico, como parte de un mismo proceso, toda vez que las contingencias desintegran
la capacidad económica y creadora del hombre, destruyen su fibra moral, dislocan las
instituciones sociales básicas y comprometen el bienestar general y la aptitud de
crecimiento y defensa de las individualidades”.
   La Dirección Nacional de Asistencia Social y el Instituto de Servicios Sociales
dependientes de la Escuela Nacional de Salud Pública, pasan a constituir con sus
servicios, personal, bienes muebles e inmuebles, este Consejo Nacional de Asistencia
Social.


     3. Declaraciones, Convenciones y Pactos Complementarios de
                         Derechos y Garantías
    3.1. Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de
Discriminación Racial. Adoptada por la Asamblea General de la ONU el 21/12/1965 y
aprobada por la República Argentina por ley 17.722 del 7/11/1985, esta Convención
“afirma solemnemente la necesidad de eliminar rápidamente en todas partes del mundo la
discriminación racial en todas sus formas y manifestaciones, y de asegurar la
comprensión y el respeto de la dignidad de la persona humana”.
    También ha tenido en cuenta el Convenio relativo a la “Discriminación en Materia de
Empleo y Ocupación” aprobado por la Organización Internacional del Trabajo en 1958; la
Convención relativa a la “Lucha Contra las Discriminaciones en la Esfera de la
Enseñanza”, aprobada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura en 1960, y las políticas gubernamentales basadas en el odio racial y
la supuesta superioridad, como las del Apartheid.
    En su Parte II, artículo 8º, se constituye un Comité para la Eliminación de la
Discriminación Racial, compuesto por expertos elegidos por los Estados-Parte entre sus
connacionales, quienes se comprometen a presentar al Secretario General de las
Naciones Unidas, para su examen por el Comité, un informe sobre las medidas
legislativas, judiciales, administrativas u otras que hayan adoptado y que sirvan para
hacer efectivas las disposiciones de la Convención.


                                     4. Reflexiones
    Nuevamente las entidades específicas de amparo de nuestros chicos en problemas
cambian una y otra vez de nombre, de titular, de personal, de ideología, de lugar físico...
    No saben si incluir a los menores dentro del sistema de asistencia social o de los
institutos. La iniciativa de habilitar y rehabilitar los mismos una y otra vez según las
modificaciones de estructura gubernamental, resurge en un período, y se abandona,
como a los niños, en otro; lo que nos lleva a preguntarnos acerca del conflicto que
subyace, respecto de estos edificios mayormente heredados de la Sociedad de
Beneficencia.
    Existe un encubierto prejuicio entre beneficencia vs. asistencia que paraliza a muchos
dirigentes. El hecho de actualizar estas construcciones o reintegrarlas definitivamente a
sus herederos, llevaría a una toma de posición respecto del destino no sólo de estas
moles de cemento en forma de cárcel, sino además de una decisión política acerca del
futuro de estos chicos de no poder contar con encerrarlos en éstas.
    Sabemos cuáles son los males sociales que nos azotan: desocupación, subocupación,
vivienda deficiente o inexistente, promiscuidad, ignorancia, vicios, necesidades básicas
insatisfechas para un espectro muy alto de nuestra población; corrupción en los niveles
superiores e intermedios de poder; delincuencia, bajos salarios, fatiga industrial, vagancia,
enfermedades mentales, superstición, maltrato, explotación y otros, que se convierten en
causas predisponentes o determinantes que llevan a enfermedades sociales, que a su
vez afectan al individuo, su descendencia y a la comunidad toda, y que sobre todas las
cosas, provienen de alguna forma encubierta o no de violencia, y derivan en la misma,
pero acrecentada.
   La asistencia, prevención y previsión se vinculan para preservarnos de las
enfermedades sociales, mediante recursos sociales. “La vida es un fenómeno social”,
según Francisco Martone.
   Existe para él una diferencia de grado entre la asistencia individual o privada, cuya
máxima expresión es la caridad, y la acción de asistencia pública que cubre las carencias
más imperiosas del necesitado, pero que no destruye el mal que las provoca.
   Estas obras tienen el objeto de atender las enfermedades y males sociales,
principalmente la miseria: “va al niño y crea jardines maternales; al adolescente y crea
centros especiales; provee a la madre de refugios y maternidades; va al enfermo con sus
hospitales; al hombre sano y al indigente ofreciéndoles bolsas de trabajo, comedores
populares y refugios nocturnos, y a los viejos, asilos”.
   Las instituciones de minoridad tanto privadas como estatales, según Martone,
pertenecen a esta forma organizada de caridad y filantropía pública de prevención
terciaria, y han ido restringiendo su accionar a los casos de riesgo social. Las familias,
recurren a éstas como último recurso, y si tienen posibilidad, son incluidos en algún
programa.
   En teoría, la prevención primaria (profilaxis) tiene por objeto a la persona humana,
sosteniendo que no hay enfermedades sino personas enfermas. El Estado organiza
censos nacionales, encuestas y otras técnicas de investigación, a fin de elaborar
diagnósticos sociales.
   Averigua las causas de las desgracias sociales y llega a conocerlas; y también cómo
curarlas y prevenirlas.
   El Estado sabe todo, porque estudia todo a través de sus instituciones, y las
instituciones saben todo lo que incumbe a su ámbito. De nada sirven las leyes previsoras
y la asistencia social, si no pueden ser ejecutadas. La respuesta al porqué, es
generalmente la “falta de recursos” y la “burocracia”.
   Tomando a Bleger, la gente recurre al Estado en busca de amparo, y se encuentra con
instituciones que alienaron sus fines y que dan respuestas alienantes.
   El rechazo franco como actitud hostil, produce dolor, pero el niño y los adultos pueden
reconocerlo y adaptarse o no a él.
   La ambivalencia o la indiferencia, desorientan su intuición y percepción.
   Estos mensajes esquizofrenizantes los reciben a diario tanto los menores como sus
familias. El Estado, a través de su aparato institucional (hospitales, escuelas,
organizaciones de todo tipo) dice: “acudan a nosotros, vengan... así los seguimos
maltratando, vapuleando; no tenemos soluciones ni medios; pero no desistan”. Luego sus
representantes se preguntan que pasó con esa familia tan desesperada que no volvió.
   Se sigue escindiendo la trama vivencial del menor inserto en una familia inmersa en
una sociedad, representada por personas inmersas en una familia dentro de la misma
sociedad y Estado.
   Una de las más exitosas y truncas iniciativas estatales para “desembarazarse” del
aparato burocrático estatal, la representó el caso de la Fundación Eva Perón
anteriormente descripta.
   Los estados de carencia y desamparo familiar derivados de las situaciones de riesgo
social en que se encuentran los progenitores míseros o con necesidades básicas
insatisfechas, dan lugar al abandono del menor en sus distintos aspectos.
    ¿Pueden los organismos proteccionales de minoridad subsidiar al 22% de la población
total del Estado argentino en el límite de miseria? ¿Pueden paliar la situación de los niños
incluidos en estos porcentajes o implementar programas de prevención primaria,
secundaria y terciaria; subvenir omnipotentemente y sin recursos suficientes? Aun cuando
lograran hacerlo, las familias pobres seguirán indigentes; viviendo en forma promiscua,
precaria y subalimentadas.
    Entonces sacamos al chico del seno de su hogar careciente; lo desmembramos
internándolo. Le damos vivienda, alimento, ropa y ciertas reglas. Además lo segregamos,
lo aislamos, le quitamos sus objetos de amor e identificación, lo exponemos a masificarse
y a contraer enfermedades con riesgo de muerte.
    ¿Es eso lo que buscan las instituciones de amparo? ¿Es eso lo que dictamina el
Estado para evitar que este estado de cosas se agrave cuando los carecientes un día
miren a sus hijos y tomen conciencia acerca del futuro que les espera?
    ¿Se excluye a los chicos para evitar males a la sociedad, o al funcionamiento del
Estado? ¿Para controlar y aliviar la bronca de los pobres que sufren por sí y por sus
hijos?
    Las situaciones de riesgo social-familiar, no son responsabilidad de las instituciones de
minoridad, sino del Estado y su organización. Las consecuencias de una mala
administración gubernamental, y de fallas en las áreas de prevención primaria por parte
de las instituciones específicas, son las que debe obligadamente atender minoridad. Pero
sus planes previsores o anticipatorios siempre serán acotados si no cambia la posición de
esa familia: su dignificación a través del trabajo, vivienda, leyes sociales, educación,
salud, cultura y futuro para sus hijos.
    Este círculo vicioso, libera nuevamente de culpa a los menores y la hace recaer en sus
familias, las instituciones, el Estado y la sociedad que lo crea.
    Los estudios, anuarios estadísticos y demás bibliografía respecto de menores que a
tanta gente ha desvelado, ocupan estanterías en la biblioteca “Dr. J. E. Coll”; justamente
él que tanto ha pregonado en su favor; que instó a la sociedad a tomar conciencia sobre
el dolor y la pena que sienten los menores abandonados, y a honrar la bandera nacional
que las instituciones detentan en sus frentes.
    ¿Por qué el Estado no atiende sus instituciones? ¿Quién es el Estado? ¿A quién
representa? ¿A la sociedad? ¿A qué parte? ¿Necesita tener necesitados y marginales?
¿Por qué los mantiene? ¿Qué satisface?
    Nuestra comunidad pide por la creación de más instituciones: de alojamiento
transitorio, de adaptación para el egreso, escuelas para débiles mentales, universitarias;
establecimientos para mogólicos, y otras, con el fin explícito de cobijar, sanear y
reemplazar dentro de lo posible a la familia que no cumple con sus obligaciones hacia el
hijo, ¿o serán para guardarlos en ellas, y así resguardarse del abandono, la locura, la
delincuencia, corrupción, el vicio, la anomia, la mentira, la soledad y el desamor, dentro de
altos muros donde nadie será “alguien” jamás?
    El Estado responde a la perfección a nuestras directivas sociales, erradicando lo que
no queremos ver. Como es una Entidad sin sentimientos, un robot mecanizado, no puede
percibir si el resultado de sus medidas es discriminatorio y si trae aparejado llanto y dolor.
    ¿A quién piden los padres de un niño cuando reclaman ayuda? Piden por su hijo y por
ellos mismos a las instituciones para que se hagan cargo de su carencia o dificultad.
    ¿A qué se debe esa impotencia para resolver por parte de la familia demandante y de
parte de los funcionarios? ¿Quién genera esa desazón? El Estado que no da recursos,
acapara para sí el poder, el bienestar, la salud, la educación y el palacio de hacienda
(palacio como lugar ideal, de ensoñación y de lujo, y la riqueza del país: su hacienda), el
deseo, lo inalcanzable. Y se arroga el ansia de dar y quitar, de someter y doblegar.
    El Estado mantiene este estado de cosas, y la persona que pasa a integrarlo en
función laboral, logra un lugar de pertenencia; se siente “Uno” en ese conglomerado
anónimo de miles o millones, como los niños abandonados del mundo. ¿Pertenecen a
quién? A quien los acoge como hijos, aún cuando termine asfixiándolos. Les da
seguridad; les representa una familia ideal dentro de la que siempre serán recibidos y
permanecerán impunes aun cuando hayan cometido atrocidades.
    ¿A qué precio se sostiene este estado de cosas? Al precio de mantener al Estado
como una estructura de grupo primario, y como depositario de las partes inmaduras de
sus integrantes. Los luchadores que han bregado por el cambio institucional, por la
prevención y evitación de los males sociales, en muchos casos han ido bajando sus
brazos de impotencia, o fueron expulsados por el poder de la enfermedad institucional.
Les han cortado los recursos, las iniciativas y los ideales. Surgen la incapacidad y la
queja.
    Cuando depositamos en nuestras instituciones neurosis, despersonalización,
esperanza (como ideal desmesurado), éstas nos devuelven lo mismo, más desesperanza.
    Alienamos las instituciones y ellas nos alienan, pero no a todos sino a los más débiles,
a los sin medios ni poder, al igual que sucede en el seno de una familia: alguien se hace
cargo del síntoma y reclama; en algunas oportunidades es escuchado. El resto desiste y
busca también soluciones alternativas. Una de ellas, tal vez la más importante, es la de
librar los niños a la calle, para que los vean, los representen, pidan por sí lo que ellos
como adultos progenitores no pueden.
    La sociedad no tiene cara, pero existe; no se la ve, pero ocupa todo; no tiene voz, pero
cuando habla temblamos; y si está enferma, hace hijos enfermos: el estado y sus
instituciones, “enfermo él, enfermantes ellas”. Elige a sus representantes a su medida:
desafectivos, ambivalentes, despersonalizados y con un gran resentimiento que vuelcan
en sus representados.
    Para E. Pichón Riviere, los marginales resultan ser “símbolos y depositarios del aquí y
ahora de su estructura social”.
    Si los menores se constituyen en abandonados, locos y delincuentes, muestran la
ineficacia de los organismos que hacen a la prevención, protección y control social de los
mismos.
    Están poniendo en evidencia síntomas de que nuestra comunidad está perturbada en
su accionar, y que es ella la que reprime y segrega los síntomas que como un bumerang
reactúan contra la misma.
    La carencia de especialistas en salud mental en los organismos de minoridad privados
y estatales, imposibilita a estos chicos tomar conciencia de que éstos nunca van a
representar ese gran útero al que desearían volver, pero que pueden significar un buen
sustituto provisorio para ayudarlos a recobrar o a crear su autoestima y confianza en una
sociedad que les ha quebrantado la moral y el espíritu; a prepararlos para vivir en ella con
dignidad y derechos.
    De conocer su verdadera situación, dejarían de hacerse cargo de nuestras
depositaciones masivas. La sociedad agudizaría su crisis moral: podría asumir su
enfermedad, o intentar fallidamente volver a reprimir estos síntomas que retornan de lo
reprimido, escatimando nuevamente presupuestos, calidad asistencial calificada,
pedagogía especial para su atención psicosociológica y demás recursos proteccionales.
   Así el Estado consolida la alienación. Nuestros chicos son tratados como cosas sin
identidad; sus contactos sociales se empobrecen, llegando incluso a la monotonía y
deprivación sensorial.
   Si las instituciones de minoridad no cubren las expectativas para las que fueron
creadas, corroboran en su accionar el abandono primario infantil. El niño frente a la falta
de contención materna y paterna sustitutivas, ya sea que tenga leves, graves o no
aparente problemas de conducta visibles, sentirá extrañamiento de la institución; se
fugará en busca de objetos gratificantes, o probablemente se despersonalice, “tumberice”
y masifique para subsistir hasta su egreso.
   No queramos saber qué pasó después.
   Los chicos también saben todo. Por ejemplo, que no tienen oportunidad; que triunfan
los más fuertes. Imitan a sus iguales mayores en su violencia, en la droga.
   Tal vez son éstas las únicas maneras que encuentran para ser escuchados, atendidos,
o a través de las que pueden poner límite a su desarraigo y desazón, lamentablemente en
un funesto discurso equivocado.
   Aníbal Maturi en su libro “Los chicos de la Calle”, expresa valiosos testimonios de los
verdaderos protagonistas, en los que los mismos hablan de “autogestión comunitaria”,
avanzando según Norberto Liwski, “de un modo riesgoso y hasta desgarrante en la
búsqueda de campos de independencia social”, e intentando llevar su estrategia de
supervivencia a un grado superior. “Esto demuestra la enorme distancia que hay entre
cómo ellos ven su realidad y cómo desde afuera se cree ver la realidad de ellos y sus
necesidades”.
   También Maturi se refiere a la solución de aislamiento de los chicos en institutos
alejados y cerrados, autoabasteciéndose; situación que Atilio Alvarez describe como una
idea enferma, porque no es la idea de la resocialización, sino del exilio, del extrañamiento.

   El Lic. Morlachetti del albergue “Pelota de Trapo” (ONG), también describe este
acontecer de aislamiento social del niño: “Lo que se ha hecho siempre es internarlo por el
sólo estado de su indefensión social. Se le quita lo principal: la libertad. En ello va
implicado el juego, que es prácticamente lo que permite crecer al chico”.
   El autor de “Los chicos de la calle”, describe cómo a los menores les cuesta también
adaptarse a los sistemas abiertos.
   “Con su conducta inestable parecen gritar que no hallaron todavía un ámbito que les es
propio” (Hermana Trejo del Hogar “Jorbalán”).
   Frente a la fugas por desconfianza de los recién venidos al hogar abierto, los mismos
chicos postulan que “a los pibes que llegan tendríamos que recibirlos nosotros para que
no desconfíen y se fuguen” (Andrés Paladino).

   El Padre Pablo, de la Parroquia “San Antonio de Padua” en Pompeya, describe que los
chicos “cuando van a la escuela necesitan comprobar que pueden salir de allí” y regresan
al hogar antes de hora con excusas. No obstante, ellos mismos piden cumplir con la
escolaridad. “La adopción sería una alternativa válida y los chicos la solicitan. Si uno
plantea la adopción desde la calle es imposible, pero sí es posible luego de este paso
intermedio que son los hogares. Los niños jóvenes son capaces de sentir amor y hacerse
querer. Es mentira que no pueden recuperarse para la sociedad. “Tienen necesidad de
una familia y del cariño paternal, porque aunque no quieren vivir con sus padres
verdaderos siempre necesitan verlos. Cuando van a la casa buscando contención y
ánimo, en algunos casos lo encuentran, pero la mayoría de las veces regresan
deprimidos”.

   La titular de “Prodeme”, institución no Gubernamental para chicos de la calle que se vio
involucrada en una batalla judicial, afirma que “a Prodeme lo quisieron matar, porque
demostrar que el Sistema Alternativo (a la internación) no funcionaba, era demostrar que
los chicos debían seguir concurriendo a los institutos”.

  En el Albergue “San Francisco” sostienen que “es absurdo nombrarle a Dios a un chico
que tiene hambre. Si todo el mundo los pateó, ¿de qué Dios les vas a hablar?”.
  Los pibes dicen: “en un instituto no le tienen paciencia a los chicos porque ninguno
pasó lo que pasamos nosotros”.

   “El tránsito por cárceles e institutos determina que los más grandes de la calle no
quieran saber de nuevos programas y experimentos, y pensaron soluciones que los 25
diputados de la Comisión de Mujer, Familia y Minoridad, ni siquiera imaginaron entre
cafés y estudios fantasmas: la idea del autogobierno y los pedidos que realizaron para
concretarlo”. Norberto Liwski, (en coincidencia con Foucault), afirma que el objetivo que
cotidianamente se desarrolla en los institutos, es producir un sometimiento de esos chicos
al modelo que se les propone”, y que “el problema mayor no es la fuga, sino que el chico
sea doblegado finalmente en su voluntad creadora y sometido a una violencia interna y
estructural”.
   Agrega que sobre el personal suele cargarse las tintas de las responsabilidades,
pesando en realidad fuertemente la falta de responsabilidad de las autoridades de los
institutos.

   Es el Dr. A. Rascovsky quien señala que “Los institutos son universalmente malos,
porque no llenan las necesidades elementales del niño: el trato exclusivo de persona a
persona. La disciplina se impone porque no se les puede dar el trato afectivo que
necesitan. Los niños son incomprendidos, maltratados, pervertidos, a menudo violados.
Los entrenan para el mal trato, la disciplina y la muerte. El aislamiento sólo puede servir
para hacerlos esquizofrénicos, y el que dice que un tiempo de contención puede favorecer
a un chico, parte de conceptos religiosos.
   En los institutos hay una similitud con los campos de concentración: se lleva a los
chicos con el pretexto de protegerlos y es al revés, para desampararlos. Son escuelas de
delincuencia como la cárcel. El instituto sólo sirve para hacer delincuentes, policías y
suboficiales del ejército”.

   Me pregunto: ¿No resulta esta descripción suficiente para dictaminar la definitiva
erradicación de la internación del sistema de Menores? y así por fin cerrar el ciclo del
maltrato institucional que ejercerán los que están hoy “allí dentro” sobre nuestros ahora
sufrientes niños marginados? ¿Qué hacemos con ellos?

   Liwski toma como correcto el planteo de restablecer los lazos familiares del niño, que
seguramente poseen un grado de deterioro importante con su matriz familiar. Para él no
todas las formas de restablecer los vínculos familiares pueden ser trabajados del mismo
modo. El primer problema a resolver es “el reconocimiento de las reales matrices
fundantes de la identidad de ese chico”.
    “Si el proceso de destrucción o deterioro del vínculo madre-hijo o padre-hijo está
compuesto de elementos que hacen al abandono, que hacen a un abandono acompañado
de maltrato, acompañado de desafectivización por parte de los progenitores, es atendible
que el chico, ante la propuesta de volver a una situación de enormes padecimientos, opte
por la estrategia que él decide de sobrevivencia”.
    La búsqueda de caminos alternativos no tradicionales en ese estado de sobrevivencia,
de reencuentro de vínculos tradicionales que hacen a la red familiar —con o sin lazos
sanguíneos— dentro del abandono sufrido, confirma que el niño ha recreado formas de
contención familiar seguramente condenados por la visión de las clases medias, por no
constituir la “familia tradicional”.
    “Mientras la sociedad le dicta que su papá o su mamá es familia o, de lo contrario, no
existe, la salida será un instituto, o será un hogar, o será una forma de retirarlo de la calle
con más o menos represión.
    En la medida que nosotros recuperemos determinadas tradiciones de los sectores
populares en materia de contención de chicos, se van a encontrar más respuestas
creativas que las que habitualmente produce el Estado o las organizaciones privadas: la
oferta de una familia tradicional que el chico no tiene, o la oferta de un ámbito institucional
que tiende a producir un aislamiento de su propio proyecto”.
    Si hay que volver a la familia, ésto no significa al hacinamiento y demás condiciones de
las que el chico reniega, sino “volver a las matrices culturales” asumiendo críticamente el
contexto social en que esa familia se ha visto expuesta.
    Las entidades no gubernamentales que reciben a estos niños que “no se adaptan” a
los sistemas tradicionales de encierro, piden ayuda a la sociedad para obtener casas,
comida, ropa y colaboración profesional para sus hogares abiertos (sistema que por su
lado claman a gritos los protagonistas). Por otra parte, los edificios existentes que
provocan ambivalencia respecto a su uso Vs. “pico y pala” (Enrique Medina) y a sus
sistemas atencionales cerrados, podrían tal vez complementarse: macro institutos
convertidos definitivamente, y “por ley nacional” en pequeños hogares abiertos sostenidos
por las entidades estatales y privadas, con co-gobierno de los chicos —sus dueños y
habitantes—, en relación con las redes solidarias de la comunidad, dentro de su ámbito y
sus reglas culturales, con la debida atención personalizada, en vías a reintegrarse a su
núcleo propio, extenso o sustituto, con adecuada estimulación para el acrecentamiento de
sus lazos afectivos con sus hermanos y familiares válidos, y con el fundamental apoyo
psicológico para la elaboración de sus vínculos pasados, presentes y de los que
anticiparían su futuro.
    Instrucción escolar: ciclos obligatorios con polimodal incluido, amparo laboral y
habitacional a su egreso del sistema, y fundamentalmente penalización severa a los
funcionarios públicos o privados que denigraren en hechos o palabras a cualesquiera de
nuestros chicos.
    En tanto, nos despedimos transitoriamente del triste volumen de Maturi con las
palabras de un niño que asegura: “todos vamos a terminar muertos, enfermos o locos, —
refiriéndose a sí mismo y a sus amigos, los chicos de la calle—.
    La gente cree que lo único que tenemos es hambre y lo que menos nos falta es
comida. Todos se asustan porque aspiramos con la bolsita ¿y los que se dan con drogas
caras? ¿esos están bien? ¿por qué? Tienen quintas y Mercedes y entonces están bien...
    Yo no tengo a nadie hermano, a nadie, ni un primo ni un pariente. Quise trabajar y
estuve como esclavo. El dueño del bar me empujaba con un palo como a las vacas ¿qué
carajo se creen todos? Con el Poxiram por lo menos por un rato me olvido de todo...”
   Con el convencimiento de que resulta más sencillo transcribir nuestra cronología
histórica que vivenciarla, he de mencionar que en el año 1985 —gobierno democrático del
Dr. Raúl Alfonsín— Argentina ratificó la “Convención sobre la Eliminación de Todas las
Formas de Discriminación Racial” adoptada por las Naciones Unidas el 21/12/65. Veinte
años nos llevó avenirnos a adherir a sus términos por la ley 17.722.
Las reflexiones a las que pude arribar respecto de este tema también fundamental
de la discriminación, por su extensión, intentaré exponerlas en los capítulos
restantes.

								
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