La brecha digital es en realidad una brecha social

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La brecha digital es en realidad una brecha social Powered By Docstoc
					              Cultura Y Nuevas Mediaciones Tecnológicas
                                Jesús Martin-Barbero*
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                       “Los cambios culturales provocados por el uso de los medios virtuales son
               muy profundos y resulta difícil estimar su impacto en nuestras sociedades. La
               presencia de culturas virtuales modifica la percepción del tiempo y el espacio, las
               relaciones de pertenencia y los vínculos de solidaridad, las ideas de proximidad y
               permanencia, la prevalencia de la escritura frente a la imagen y la oralidad en el
               desarrollo cultural, entre otros (…) Al mismo tiempo se va perfilando una nueva
               forma de exclusión, denominada “brecha digital”, capaz de ampliar el abismo que
               separa a las regiones y países, y a los grupos ciudadanos de una sociedad. La
               brecha digital no debe medirse únicamente en la posibilidad de utilizar la tecnología
               de punta sino también en términos de la capacidad de pensar la información y de la
               habilidad para crear redes de beneficio mutuo”.

                                        CEPAL,Los caminos hacia una sociedad de la información
                                          en América Latina y el Caribe, Bávaro, Punta Cana, 2003



I. DIAGNÓSTICO
        El momento en que elaboramos esta propuesta no puede ser más crucial para el
tema de que trata: en vísperas de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información
(CMSI) en Ginebra, cuando ya han tomado posición documentada a ese respecto tanto los
organismos gubernamentales de las diversas regiones del mundo, como las organizaciones
que coordinan al sector empresarial y a las asociaciones de la sociedad civil, y cuando las
diversas reunión preparatorias de la Cumbre revelan las enormes disparidades y conflictos
de todo tipo –políticos, jurídicos, culturales- que la realización de la “sociedad de la
información” entraña y moviliza. Estamos ante la cumbre mundial más estratégica desde
la cumbre de Río, del Cairo o de Beijing, ya que en ella lo que está en juego no es algún
aspecto vital como el medio ambiente, el nuevo estatuto social de la mujer o de la familia
sino el modelo de sociedad que la globalización económica actual se propone implementar
para el mundo todo. Ello nos exige comenzar este diagnóstico por el trazado de un mapa
mínimo que visualice los ejes de qué es lo que la sociedad de la información pone en
juego en el plano mundial.

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* Este documento –una propuesta de investigación para el CAB- se apoya en varios trabajos
colectivos de investigación y sistematización de información en los que ha participado el autor
recientemente, y particularmente en la reciente investigación sobre Cultura y sostenibilidad en
Iberoamérica (ICSI) propiciada por la OEI y coordinada por INTERARTS, en la que participé
teniendo a mi cargo lo referente a los medios de comunicación y las redes de información; en la
investigación propiciada por el ITESO, en Guadalajara, México sobre Usos jóvenes de Internet, de
la que soy Investigador Titular junto con un equipo de asistentes e investigadores asociados; y en
la investigación personal en proceso, avalada por el SNI de México, sobre Oralidades culturales,




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visualidades electrónicas y escrituras intermediales. Publicado en América Latina: otras visiones de
la cultura, CAB, Bogotá, 2005

1. Contexto mundial: los cuatros desafíos estratégicos de la
sociedad de la información
1.1. Revolución tecnológica y exclusión social
         La posibilidad de comprender la envergadura de las actuales transformaciones
tecnológicas pasa paradójicamente por la no reducción de los cambios socioculturales a su
dimensión tecnológica dejando por fuera la especificidad de lo que socialmente se
produce, como si esto fuera mero efecto de lo técnico. Pues lo que la presencia de las TIC
(Tecnologías de Información y Comunicación) está produciendo a lo largo y ancho del
mundo no es comprensible, ni proyectable políticamente, más que a partir de una visión
integral capaz de ubicar en el entorno de los procesos de desarrollo económico-social, y
de las prácticas de participación democrática, los impactos y las potencialidades de esas
tecnologías. Movidas y orientadas exclusivamente –durante los años ’90- por el sector
comercial las TIC han tomado un rumbo radicalmente diferente en los países más ricos
que en la inmensa mayoría de países que conforman el mundo empobrecido y
subdesarrollado de África, Latinoamérica y Asia. Actualmente casi el 70% de los usuarios
de redes digitales residen en los Estados Unidos y Europa; al mismo tiempo que en los
países más grandes y económicamente fuertes del mundo pobre las oportunidades de
conectarse a las redes ofrecen el índice de desigualdad más brutal: según proyecciones de
la CEPAL “en el año 2004 el grupo de ingresos más altos en Brasil alcanzaría una tasa de
conectividad del 82% mientras que la tasa nacional sería de sólo 12%”1. La “brecha
digital” es en realidad una brecha social, esto es, no remite a un mero efecto de la
tecnología digital sino a una organización de la sociedad que impide a la mayoría acceder
y apropiarse tanto física, como económica y mentalmente, de las TIC.
         Lo anterior no puede impedirnos asumir el hecho de que la información se ha
convertido en un nuevo paradigma de organización de la sociedad. Lo que implica que la
información constituye hoy el valor agregado por antonomasia, ya sea:
         a] incorporada a los productos en su composición material, en su “forma” o en su
transformación genética;
         b] incorporada a los procesos de producción en la “fábrica flexible” que organizan
los flujos informacionales de invención, programación y evaluación, en la circulación de las
mercancías y la función del marketing;
         c] convertida ella misma en producto que se halla en la base de la llamada
“economía informacional”: el mercado de bienes digitales que enlaza cada día más
velozmente la producción con la circulación de conocimiento y de cultura.
         Pero esa hipervaloración de la información no puede ser apreciada en su justo
valor mas que conectándola con la devaluación que hoy sufren los saberes tradicionales
no informatizables, las formas de trabajo “informales” (o sea que no son o no están in-
formadas), las estrategias campesinas de supervivencia, las experiencias de vida en los
inmigrantes, la memoria cultural de los ancianos, etc. De modo que en últimas “sociedad
de la información” significa en términos mundiales la puesta en marcha de un proceso de
interconexión a nivel mundial, que conecta todo lo que informacionalmente vale –
empresas e instituciones, pueblos e individuos- al mismo tiempo que desconecta todo lo



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que no vale para esa razón: estamos ante la más profunda reorganización de los centros
de poder que dotan de valor a lo que hoy entendemos por mundo.

1. Toda la documentación utilizada se halla recogida al final, y organizada en sus diversos apartes
1.2. La batalla de los derechos en la sociedad del conocimiento
         La Declaración de los Estados de la ONU formulada para la Cumbre MSI afirma “La
supremacía del derecho acompañada de una reglamentación flexible, estable y aplicable,
que tenga en cuenta las realidades nacionales, es indispensable para proporcionar la
confianza y confiabilidad en la sociedad de la información”. Y sin embargo esa
declaración no hace explícita la relación constitutiva entre los nuevos derechos, que la
propia informatización de la sociedad entraña, y los ya reconocidos Derechos del Hombre.
Se trata del derecho a la comunicación en su más ancha complejidad, esto es: el derecho
a la participación del, y en, el conocimiento; el derecho de los ciudadanos y los grupos
sociales al acceso a la información no sólo como receptores sino también como
productores; el derecho a un flujo equilibrado de información entre regiones del mundo y
entre países de una misma región, como Latinoamérica. El reconocimiento de esos nuevos
derechos tiene a la base el valor que el conocimiento ha adquirido en la “sociedad-red”,
como bien público primordial : “Se trata de una sociedad en la que las condiciones de
generación de conocimiento y procesamiento de información han sido sustancialmente
alteradas por una revolución tecnológica centrada sobre el procesamiento de información,
la generación del conocimiento y las tecnologías de la información. Esto no quiere decir
que la tecnología sea lo que determine sino que se constituye un paradigma de un nuevo
tipo en el que todos los procesos de la sociedad, de la política, la guerra, la economía,
pasan a verse afectados por la capacidad de procesar y distribuir información de forma
ubicua en el conjunto de la actividad humana”(Castells) . A su vez, ese nuevo paradigma
alienta un proceso de conversión del conocimiento en tecnociencia que impulsa una
creciente hiperespecialización de los saberes y la conversión de la investigación científica
en ingrediente altamente estratégico del complejo tecnoindustrial : desde el estudio del
genoma humano hasta la producción de transgénicos la investigación moviliza hoy
gigantescos capitales de empresas globales que alientan la complicidad entre investigación
científica y operación comercial. El derecho de los ciudadanos a la comunicación pública
del conocimiento se torna aun más decisivo en las nuevas condiciones de hegemonía
tecnológica del saber y de las presiones mercantiles sobre el proceso mismo de su
producción y circulación. Lo que se busca salvaguardar es, al mismo tiempo, el derecho a
que la sociedad pueda seguir contando con ese otro conocimiento que proviene de los
saberes de experiencia social, y el derecho a que todo lo que concierne a las opciones y
decisiones sobre desarrollo e inversión en investigación científica y tecnológica pueda ser
objeto de información y debate públicos.


1.3. Propiedad intelectual y libre acceso de las mayorías a la información
       Por primera vez en la historia de la humanidad el acceso de las mayorías a lo mejor
y lo mayor de la creación cultural, artística y científica, ha sido hecho posible por la
revolución digital. Pero ese profundo y revolucionario avance en la democratización de la
cultura y el conocimiento se ve hoy entrabado por un malentendido perverso: el que so
pretexto de defender la “propiedad intelectual” la hace entrar en colisión total con las



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potencialidades abiertas por las tecnologías informáticas. Es todo el sentido político y
social de las transformaciones tecnológicas el que se halla aquí en juego exigiendo a
juristas e ingenieros de sistemas, a creadores y gestores, a políticos y teóricos de la
informática, un esfuerzo de análisis e imaginación capaz de elaborar nuevas formas de
regulación democrática que, salvaguarden los múltiples modos de derechos de autor, sin
confundirlos con los intereses de los grandes conglomerados de las industrias culturales,
ya que, enmascarados tras la trampa de una idea de “propiedad intelectual” en la que lo
que cuenta es la “propiedad” mientras lo “intelectual” queda devaluado y a merced del
marketing y del raiting, esos intereses bloquean ya hoy en buena parte las posibilidades
de democratización cultural abiertas por las redes digitales. En el fondo, de lo que se
trata es del modo en que las nuevas culturas digitales trastornan la noción misma de
propiedad, y lo hacen al insertar la negación de la cultura a ser reducida a economía en el
centro mismo de la llamada nueva economía o economía informacional. Ahí esta la batalla
de los gobiernos nacionales, como el de Canadá o Brasil, por escapar al monopolio de
Microsoft y lograr la “libertad de software” para sus países. Porque si la sociedad de la
información quiere ser mínimamente igualitaria solo podrá lograrlo            liberando las
potencialidades socioculturales de la nuevas TIC de las trabas provenientes de “los
monopolios que asocian a los productores y los medios masivos con los bancos y las
industrias publicitarias, constituyendo un nuevo tipo de conglomerado informacional o
global media, cuya sesgada visión de la “propiedad intelectual” no considera valioso sino la
expansión de la propiedad”.


1.4. Diversidad cultural y marcos de regulación mundial
         El mundo atraviesa hoy una bien peculiar situación cultural : una creciente
conciencia del valor de la diferencia , del pluralismo y la diversidad, en el plano de las
civilizaciones y las culturas étnicas, de las culturas locales y de género, se enfrenta a un
poderoso movimiento de uniformación de los imaginarios cotidianos en las modas del
vestir y los gustos musicales, en los modelos de cuerpo y las expectativas de éxito social,
en las narrativas con mayor público en el cine y la televisión y el videojuego, etc. Esa
tensión produce creatividad social en la medida en que las lógicas del mercado no
aplasten en los ciudadanos la capacidad de diferenciar entre lo valioso culturalmente y lo
exitoso comercialmente. No se trata de oponer sino de diferenciar, ya que en lo comercial
pueden encontrarse productos culturalmente valiosos, y viceversa: algunas de las mejores
creaciones cinematográficas o musicales han resultado a la vez producciones
comercialmente exitosas. El eje de este debate crucial pasa por la profunda relación entre
la defensa de la diversidad cultural de las comunidades, ya sean civilizaciones, etnias o
culturas locales, y la conciencia ciudadana del derecho a la diferencia en la vida cotidiana.
Pero la viabilidad social de ambas se halla en unos marcos regulatorios de alcance a la vez
mundial y local, que son los dos espacios estratégicos en que se mueve hoy tanto la
economía como la cultura. Marcos regulatorios que sólo podrán salir de una negociación
entre los actores públicos, privados e independientes, tanto del ámbito nacional como
internacional y local. Pues como lo demuestran los Foros mundiales de Davos y Porto
Alegre, y especialmente las reuniones preparatorias de la Cumbre MSI, esos actores
cuentan hoy con organismos, organizaciones y asociaciones capaces de representar los
diferentes intereses en juego.



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2. Situación latinoamericana:
   entre las estadísticas y los usos sociales
       Lo que presentamos en este apartado se halla limitado por una doble ausencia: la
de una información verdaderamente confiable, dadas las diferencias, y aun las
contradicciones, que se presentan entre las diversas y dispersas estadísticas que entregan
las agencias latinoamericanas que trabajan sobre este campo; y en segundo lugar, por la
ausencia de un cuadro básico de lo que debe ser investigado, tanto en forma cuantitativa
como cualitativa, para comprender el sentido sociocultural que los usos de las nuevas TIC
( tecnologías de comunicación e información) tienen en las sociedades latinoamericanas.


2.1. Una aproximación a las cifras y los modos de uso de internet
        Aunque resulte abrupto comenzar de una vez por los datos sobre el porcentaje de
usuarios de Internet, ello nos pone frente una de las mejores radiografías de la situación
de la región en su versión “sociedad de la información”. Esa estadística mostraba, a fines
del 2002, un primer tramo encabezado por los EE.UU. con el 61 %, la Gran Bretaña con
el 55% y Suecia con el 51%; un segundo tramo en el que se sitúan Canadá con el 45%,
Holanda con el 43%, Alemania con el 31% y Australia con el 26%; y en un tercer tramo
en se que se hallan Italia con el 19% y Francia, España y Japón con el 18%. América
Latina se ubica por entero debajo de ese último tramo con un 6.8 % según las últimas
estadísticas5Trejos. Pero con enormes diferencias entre países: mientras Brasil y Argentina
superan el 10 % y Chile casi lo alcanza, Colombia y Venezuela no alcanzan el 6 % ,
México está en el 4.4% y Perú en el 3.4 %. Latinoamérica ha sido sin embargo la zona
del mundo con mayor crecimiento en usuarios, ya que del año 98 al 2001 su cifra pasó de
5 al 16.5 millones, pero ese crecimiento se ha visto frenado en los últimos dos años,
como lo demuestra México que, de un crecimiento del 49 % hasta el 2002 ha caído
últimamente en el 23 %. El otro dato más positivo para América Latina es el uso creciente
del español en internet: mientras en 1999 lo empleaba el 4,5% de los ínter nautas, frente
al 57% que recurrían al inglés, en el año 2002 el español ha subido hasta el 7,4% y el
inglés ha bajado al 36,5%, según cifras presentadas por Raúl Trejo del Centro de
Investigaciones de la UNAM. Y lo que es más significativo aun sobre el empoderamiento
creciente de la diversidad cultural a través de sus lenguas es que mientras en 1997 EE.UU.
ponía el 75% de los internautas del mundo en el año 2002 ese país sólo pone el 35%.

        Quizá la mejor forma de visualizar los modos de inserción de América Latina en el
mundo digital sea comparar esos usos en dos países de la región, yendo más allá de la
cifras que ya dimos para captar la muy diferente resonancia sociocultural de esa inserción.
Haremos esa comparación entre Argentina y México. Con casi un tercio de la población de
México en el año 2001 - 36 millones- los conectados en Argentina a internet sumaban ya
3.600 000, o sea el 10% de la población, mientras que, con 100 millones, México contaba
con 4 millones de usuarios. Se calcula además que en Argentina 1.265 000 familias tienen
algún tipo de conexión a la red. Y ello se evidencia en el neto predominio de los hogares o
residencias como lugar de acceso –el 86 %- frente al 45 en el lugar de trabajo y un 7%,


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en los cibercafés, mientras en México solamente el 43% lo hace desde su hogares, un 39
% accede a la red desde su lugar de trabajo y un 10 % desde la escuela. Pero la
diferencia de fondo reside en la alta densidad de la interacción ciudadana que media
internet, sobre todo en las grandes ciudades argentinas, tal y como ha sido evidenciada a
través de la multiplicidad de páginas web: con 375. 659 frente a las 70.000 de México,
Argentina disfruta, aun en medio de la crisis social que atraviesa, de una gran cantidad de
sitios dedicados especialmente a la experimentación artística en las muy variadas formas
que hoy presenta la creatividad individual o colectiva, y a la participación ciudadana o
empoderamiento de la sociedad civil, cuya mejor muestra es la gran cantidad de pag-web
barriales (las famosas cacerolazo.com) convertidas en verdadero medio de movilización
social ya sea para juntarse a protestar en las calles o para formar grupos solidarios de
ayuda mutua: en comedores vecinales, asociaciones clase medieras de recogedores de
basura, o estrategias comunitarias de trueque.

        La inserción latinoamericana en la sociedad de la información debe ser también
sopesada a la luz de otros dos parámetros. Uno es el peso de la industria informática en la
economía de la región, y otros es el grado de presencia y desarrollo de la industria de los
medios audiovisuales y las otras tecnologías digitales de información. En el primero, el
específicamente económico, son especialmente caracterizadores de la región dos rasgos.
Uno, la desproporción entre el mercado que América Latina y el Caribe representa, con
sus 500 millones de habitantes y un PIB de 2000 millones, y el casi nulo peso de las
industrias informáticas –fabricación y exportación de productos y programas- en la
economía de la región, con la única significativa excepción de Costa Rica cuya producción
y exportación informática tienen un fuerte peso en el que su crecimiento promedio anual
resulte en los últimos años el mayor de la región, y la de de Brasil en el renglón de
producción software pero con un peso muchísimo menor. El otro rasgo es la presencia de
grandes diferencias entre los países, tan notorias como difíciles de explicar, como el hecho
de que Brasil, Chile y Colombia gasten casi tres veces más en las nuevas TIC que México y
Venezuela. En lo que respecta al desarrollo electrónico Latinoamérica cuenta con una
implantación de la televisión cercana al 85% de hogares, una red de telefonía móvil que,
a mediados del 2002, contaba con 93 millones de usuarios, y un 100% de digitalización
de la telefonía fija. Sólo en la implantación de banda ancha la región muestra un atraso
flagrante: su cubrimiento en toda la región es el equivalente al que ya posee un país como
Corea del Sur.


2.2. Cambios en las industrias audiovisuales
        En lo que concierne al desarrollo industrial de los medios audiovisuales, la
televisión es el medio en el que el componente de desarrollo y renovación tecnológica es
mayor, y también en el que es más notoria la presión que ejercen las transformaciones
tecnológicas hacia la cuasi total des-regulación de su funcionamiento comercial. La
convergencia tecnológica entre el sector de las telecomunicaciones y el de los medios de
comunicación -el entrelazamiento satelital de la televisión con su acceso directo o por
cable, y digitalmente con internet- está trastornando las figuras tradicionales de la
propiedad, del funcionamiento y gestión de los medios audiovisuales. A la combinación de
empresas de prensa con las de televisión, o viceversa, además de radio y discografía, O
Globo y Televisa le han añadido últimamente las de televisión satelital. Ambas participan



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en la empresa conformada por News Corporation Limited, propiedad de Robert Murdoch, y
Telecommunication Incorp, que es el consorcio de televisión por cable más grande del
mundo. Televisa y O Globo ya no están solos, otros dos grupos, el uno argentino y el otro
brasileño, se han sumado a las grandes corporaciones multimedia. El grupo Clarín que,
partiendo de un diario, edita hoy revistas y libros, es dueño de la red Mitre de radio, del
Canal 13 de TV, de la más grande red de TVCable que cubre la ciudad capital y el interior,
Multicanal, y de la mayor agencia nacional de noticias, además de su participación en
empresas productoras de cine y de papel. Y en Brasil el grupo Abril que, a partir de la
industria de revistas y libros, se ha expandido a las empresas de TVcable y de video, y
que hace parte del macrogrupo DIRECTV, en el que participan Hughes Communications,
uno de los más grandes consorcios constructor de satélites, y el grupo venezolano
Cisneros, el otro grande de la televisión en Latinoamérica

        La industria del cine presenta en los últimos años un aumento de coproducciones y
algunos avances en su desarrollo como industria (Ley del año 1990 en Venezuela y de
1994 en Argentina, Ley de Cine del año 2003 en Colombia, las actuales formulaciones de
una nueva legislación en Brasil) pero esos avances se ven neutralizados en gran medida
por la ausencia de unas políticas “que aprovechen las sinergias de una política integral
audiovisual” (E. Bustamante), esto es que involucren cine, televisión y nuevas tecnologías,
y que no se restrinjan a la producción sino que incidan sobre la distribución y la
exhibición. De lo contrario el aumento en el número de salas, al que asistimos, irá
irremediablemente ligado a una neta reducción de la diversidad de la oferta que ellas
hacen y sobre todo a la disminución de los espectadores del cine nacional o regional.


        La radio atraviesa, del lado tecnológico una serie de transformaciones que la hacen
más flexible -la expansión de la FM aligera el aparataje y los costos posibilitando una gran
diversificación de las emisoras de una misma cadena, ahora dedicadas por entero a
segmentos precisos de audiencia tanto por géneros -noticias, música- como por edades; y
de otra parte, su digitalización trastorna enormemente los oficios facilitando prescindir de
una gran parte de los trabajadores de planta. Lo que se ve acompañado por otra
transformación en el plano de la propiedad y la gestión, compra de emisoras y cadenas
enteras de radio por consorcios transnacionales: la Ibero American Media Partners,
formada de capitales norteamericanos y venezolanos (Cisneros) que ingresa en el país
comprando el canal 11 de televisión y de ahí salta a comprar emisoras de radio hasta
tener 9 de alcance nacional con el nombre de Ibero American Radio Chile; caso PRISA
comprando la cadena Caracol colombiana y convirtiéndola en la base de una operación,
que conlleva la compra de emisoras en México, EE.UU.,Venezuela, Chile, en un gran
proyecto continental de radio. Y de otro lado, la radio vive actualmente el surgimiento de
una segunda generación de emisoras locales y comunitarias a través de las cuales
movimientos sociales y locales, ONG, universidades e iglesias, encuentran en la radio la
posibilidad de construir un nuevo tipo de espacio público.


2.3. La ausencia del sector público en la conducción de los cambos
tecnológicos




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       La reconfiguración del Estado, que la globalización impone en estos países, les ha
hecho pasar de unas políticas legalistas y voluntaristas en comunicación y cultura -
durante los años setenta y ochenta- a la más pura y dura desregulación que deja libre al
mercado para marcar las lógicas y las dinámicas de la transformación de los medios
audiovisuales. Con un agravante, que mientras eso sucede en el plano de los grandes
medios, el Estado regula hasta el extremo a los pequeños medios, como las emisoras de
radio y las televisiones locales y comunitarias, multiplicando las trabas legales a su
funcionamiento y expansión.

       Esa desregulación ha sido en realidad ausencia casi completa de políticas públicas
–tanto en el ámbito nacional como latinoamericano- en la implantación y orientación de
las nuevas TIC durante los años ’90, y solamente en los últimos dos años comienzan a
aparecer iniciativas públicas que superen las mera repartición política y económica de las
frecuencias para telefonía móvil o las de banda ancha.

        El desarrollo de las redes digitales se halla además marcado todavía en
Latinoamérica por una concepción altamente instrumental -esto es no cultural ni
ciudadana- que está impidiendo insertarlas en los planes nacionales de desarrollo
nacional y de democratización local,        lo que se traduciría en privilegiar no las
tecnologías de punta sino aquellos servicios que mejor respondan a las necesidades de las
colectividades locales potenciando la creatividad cultural que es la que refuerza los lazos
comunitarios.

       La poca o nula interacción de la escuela pública con los actuales desarrollos de las
tecnologías digitales, que están reconfigurando profundamente tanto los modos de
producción y circulación del conocimiento como los mapas laborales y profesionales. Pues
los cambios más de fondo que acarrea la sociedad de la información tienen justamente
que ver con transformaciones en las condiciones de existencia del trabajador y en el
nuevo sentido del trabajo, ambos ligados estrechamente al campo de la educación: a
nuevas destrezas mentales requeridas por los nuevos oficios, nuevas modalidades
aprendizaje formales y no formales, nuevas formas de relación entre trabajo y juego,
entre el espacio doméstico y el lugar de trabajo.




II. PLANTEAMIENTO CONCEPTUAL
                             “Los intercambios virtuales configuran nuevos rasgos culturales a
                     medida que tales intercambios se densifican y expanden hacia una gama
                     creciente de ámbitos de vida de la gente. Al respecto se habla cada vez
                     más de “culturas virtuales” para aludir a los cambios en las prácticas
                     comunicativas por efecto de medios interactivos a distancia, que modifican
                     la sensibilidad de los sujetos, sus formas de comprensión del mundo, la
                     relación con los otros y las categorías para aprehender el entorno. Las
                     culturas virtuales son mediaciones entre cultura y tecnología, constituyen
                     sistemas de intercambio simbólico mediante los cuales se configuran
                     sentidos colectivos y formas de representarse lo real”.
                                                                            Martin Hopenhayn



                                                                                             8
        Dos procesos están transformando radicalmente el lugar de la cultura en nuestras
sociedades en el cambio de siglo: la revitalización de las identidades y la revolución de las
tecnicidades. Los procesos de globalización están reavivando la cuestión de las identidades
culturales –étnicas, raciales, locales, regionales- hasta el punto de convertirlas en
dimensión protagónica de muchos de los más violentos y complejos conflictos
internacionales de los últimos años, al mismo tiempo que las identidades, incluidas las de
género y de edad, están reconfigurando la fuerza y el sentido de los lazos sociales, y las
posibilidades de convivencia en lo nacional y en lo local. De otra parte, atravesamos una
revolución tecnológica cuya peculiaridad no reside tanto en introducir en nuestras
sociedades una cantidad inusitada de nuevas máquinas sino en configurar un nuevo modo
de relación entre los procesos simbólicos –que constituyen lo cultural- y las formas de
producción y distribución de los bienes y servicios: un nuevo modo de producir, asociado a
un nuevo modo de comunicar, convierte a la información y al conocimiento en fuerza
productiva directa (Castells)

        El lugar de la cultura en la sociedad cambia cuando la mediación tecnológica de la
comunicación deja de ser meramente instrumental para espesarse, densificarse y
convertirse en estructural. De ahí que la tecnología remita hoy tanto o más que a unos
aparatos a nuevos modos de percepción y de lenguaje, a nuevas sensibilidades y
escrituras. La pregunta por la técnica se nos vuelve entonces cada día más crucial en la
medida en que la diversidad cultural de la técnica, persistentemente testimoniada por los
antropólogos, es aceleradamente sustituida por la existencia de una tecnicidad-mundo que
desvincula a la tecnología de las herencias culturales permitiéndole instalarse en
cualquier región o país como dispositivo de producción a escala planetaria: como conector
universal en lo global. Al mismo tiempo, al profundizar la división internacional del trabajo
la tecnicidad-mundo trastorna las condiciones de producción rearticulando las relaciones
entre países mediante una des-centralización que concentra el poder económico y una
des-localización que empuja la hibridación de las culturas.


1. Racionalidad técnica y ecosistema comunicativo
        Estamos ante un nuevo tipo de técnica cuya peculiaridad reside en constituirse en
ingrediente estructural de la formación de un verdadero ecosistema comunicativo.
Ecosistema que emerge asociado a una nueva economía cognitiva regida por el
desplazamiento del número que, de signo del dominio sobre la naturaleza, está pasando
a convertirse en mediador universal del saber y del operar técnico/estético, lo que viene a
significar la primacía de lo sensorio/simbólico sobre lo sensorio motriz. La numerización
digital hace posible una nueva forma de interacción entre la abstracción y lo sensible,
replanteando por completo las fronteras entre arte y ciencia. Si desde antiguo la ciencia
ha teorizado modos de percepción prefigurados por el arte, hoy no podemos ya
extrañarnos de que el artista trabaje programando música o poesía. Pues por escandaloso
que eso suene al oído romántico es solo un indicador de la hondura del cambio que
convierte a la simulación informática a la vez en ámbito de experimentación científica y de
creación estética. El significado mayor de ese cambio remite al sentido emancipador que
cobra el hacer técnico en su estrecha vinculación con la experiencia estética. Esto es, un
arte cada día más sometido, o vuelto cómplice, de las presiones del mercado, que asimila


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la temporalidad de las obras a la obsolescencia de cualquier producto comercial,
encuentra en la nueva tecnicidad posibilidades de revertir el creciente déficit simbólico
que padece. Y a su vez, en la experimentación tecnológica la creación artística hace
emerger un nuevo parámetro de evaluación de la técnica, distinto al de su rentabilidad o
su funcionalidad de control, el de su capacidad de significar, esto es de auscultar y
descifrar las más secretas energías que irrigan y dinamizan el opaco y contradictorio
curso del vivir social.

        La mirada crítica nos advierte certeramente de los riesgos que entraña el actual
desarrollo tecnológico en sus complicidades con las lógicas del mercado y los procesos de
agravamiento de la exclusión social. A donde apunta la pregunta por ¿ cómo asumir el
espesor social y perceptivo que hoy revisten las tecnologías comunicacionales, sus modos
transversales de presencia en la cotidianidad desde el trabajo al juego, sus espesas
formas de mediación tanto del conocimiento como de la política?, ¿cómo resistir al
realismo de lo inevitable que produce la fascinación tecnológica, ni dejarse atrapar en la
complicidad discursiva de la modernización neoliberal con el saber tecno-lógico según el
cual la historia habría encontrado su fin en los avatares de la información y la
comunicación?. Es por ello que nuestra inserción en la nueva mundanidad técnica no
puede ser pensada como un automatismo de adaptación socialmente inevitable sino más
bien como un proceso densamente cargado de ambigüedades, de avances y retrocesos,
un complejo conjunto de filtros y membranas (Mancini) que regulan selectivamente la
multiplicidad de interacciones entre los viejos y los nuevos modos de habitar el mundo.

       De otra parte, no es cierto que la penetración y expansión de la innovación
tecnológica en el entorno cotidiano implique la sumisión automática a las exigencias de la
racionalidad tecnológica, de sus ritmos y sus lenguajes. De hecho lo que está sucediendo
es que la propia presión tecnológica está suscitando la necesidad de encontrar y
desarrollar otras racionalidades, otros ritmos de vida y de relaciones tanto con los objetos
como con las otras personas, relaciones en las que la densidad física y el espesor
sensorial son el valor primordial. De eso hablan la obsesión por la gimnasia y los
deportes, o la búsqueda de las medicinas alternativas o de “terapias de relaciones”, en su
esfuerzo por reencontrarse con el propio cuerpo recobrando el contacto y la inmediatez
en la comunicación. Cierto, la mediación tecnológica se espesa cada día más trastornando
nuestra relación con el mundo, pero ese cambio no remite sólo a la técnica, él hace parte
del proceso mucho más ancho y hondo de racionalización del mundo que, según M.
Weber, constituye el núcleo más duro y secreto del movimiento de la modernidad.


2. Otras figuras de producción del conocimiento
        Un segundo plano de cambios, menos visibles socialmente, es aquel en que se
sitúan las transformaciones de los propios modos de producción del conocimiento. Se
trata, en últimas, de la aparición de nuevas figuras de razón (G.Chartron) que replantean
algunos de los rasgos más paradigmáticos del proceso de elaboración de la ciencia, como
las que afectan a la idea de certeza (I.Prgonine) y de experiencia (B. de Sousa Santos).
No hay una sola racionalidad desde la que sean pensables todas dimensiones de la actual
mutación civilizatoria. Y uno de lo más claros avances apunta hoy a la creciente conciencia
de la complejidad incluyendo la disonancia cognitiva que implica hablar, como lo hace el


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mismo E. Morin de la pluralidad de inteligencias que entran en juego cuando hoy
hablamos de conocimiento.

        De otra parte los nuevos saberes remiten a nuevas figuras de razón que nos
interpelan desde la tecnología. Con el computador estamos no ante una máquina más con
la que se producen objetos sino ante un nuevo tipo de tecnicidad que posibilita el
procesamiento de informaciones y cuya materia prima son abstracciones y símbolos. Lo
que inaugura una nueva aleación de cerebro e información que sustituye a la tradicional
relación del cuerpo con la máquina. De otro lado, las redes informáticas al transformar
nuestra relación con el espacio movilizan figuras de un saber que escapa a la razón
dualista con la que estamos habituados a pensar la técnica (F. Boncano), pues se trata de
movimientos que son a la vez de integración y de exclusión, de desterritorialización y
relocalización, nicho en el que interactúan y se entremezclan lógicas y temporalidades tan
diversas como las que entrelazan en el hipertexto a las sonoridades del relato oral con las
intertextualidades de la escritura y las intermedialidades del audiovisual. Una de las más
claras señales de la hondura del cambio en las relaciones entre cultura, tecnología y
comunicación, se halla en la reintegración cultural de la dimensión separada y
minusvalorada por la racionalidad dominante en Occidente desde la invención de la
escritura y el discurso lógico, esto es la del mundo de los sonidos y las imágenes relegado
al ámbito de las emociones y las expresiones. Al trabajar interactivamente con sonidos,
imágenes y textos escritos, el hipertexto hibrida la densidad simbólica con la abstracción
numérica haciendo reencontrarse las dos, hasta ahora “opuestas”, partes del cerebro
(Thompson y E. Rosch). De ahí que de mediador universal del saber, el número esté
pasando a ser mediación técnica del hacer estético, lo que a su vez revela el paso de la
primacía sensorio-motriz a la sensorio simbólica.

3. Descentramiento y destemporalización del saber
        Hay un campo en el que las transformaciones tecnológicas afectan especialmente
las formas y los modelos de socialización: el de las relaciones entre educación y
comunicación, y en particular las mutaciones de largo alcance que producen los cambios
en los modos de circulación y producción del saber. Desde los monasterios medievales
hasta las escuelas de hoy, el saber había conservado el carácter de ser a la vez
centralizado territorialmente, controlado a través de dispositivos técnico-políticos, y
asociado a figuras sociales de rango especial. De ahí que las transformaciones en los
modos cómo circula el saber constituya una de las más profundas transformaciones que
una sociedad puede sufrir. Es disperso y fragmentado como el saber está pudiendo
escapar al control y la reproducción imperantes en sus legitimados lugares de circulación.
Cada día más estudiantes testimonian frecuentemente una desconcertante experiencia: el
reconocimiento a lo bien que el maestro se sabe su lección, y la incertidumbre al
constatar el frecuente desfase entre las lógicas que estabilizan los conocimientos
transmitidos y las que movilizan los saberes y lenguajes que -sobre biología o física,
literatura o geografía- circulan por fuera de la escuela (J. J. Brunner). De ahí que frente a
unos alumnos, cuyo medio-ambiente comunicativo los empapa cotidianamente de esos
saberes-mosaico que, en la forma de información, circulan por la sociedad, la reacción
más frecuente de la escuela sea de atrincheramiento en su propio discurso, pues
cualquier otro modo de saber es resentido por el sistema escolar como un atentado
directo a su autoridad.


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        Entendemos por descentramiento (J. Martín-Barbero/G. Rey) el conjunto de
procesos y experiencias que testimonian la expandida circulación por fuera del libro de
saberes socialmente valiosos. El saber se descentra, en primer lugar, por relación al que
ha sido su eje durante los últimos cinco siglos: el libro. Un proceso/modelo que, con muy
relativos cambios, había moldeado la práctica escolar desde la invención de la imprenta,
sufre hoy una mutación cuyo más largo alcance lo evidencia la aparición del texto
electrónico (R. Chartier) o mejor de la hipertextualidad (E. Berk/ J. Devlin) como nuevo
modelo de organización y aprendizaje de conocimientos. Son cambios que no vienen a
reemplazar al libro sino a relevarlo de su centralidad ordenadora de las etapas y los
modos de saber que la estructura-libro había impuesto no sólo a la escritura y la lectura
sino al modelo entero del aprendizaje: lineariedad secuencial de izquierda a derecha, tanto
física como mental, y verticalidad del arriba hacia abajo, tanto espacial como simbólica.
Sólo puestos en perspectiva histórica esos cambios dejan de alimentar el sesgo
apocalíptico con que la escuela, los maestros, y muchos adultos, miran la empatía de los
adolescentes con esos otros modos de circulación y articulación de los saberes que son los
medios audiovisuales, los videojuegos y el computador. Estamos ante un des-
centramiento culturalmente desconcertante, y que la mayoría del mundo escolar en
lugar de buscar entender se contenta con estigmatizar. Resulta bien significativo que
quienes más lúcida y valientemente nos han puesto frente a la envergadura de los
cambios que, en este orden de cosas vivimos, hayan sido no tecnólogos o tecnócratas
sino uno de los mayores historiadores de la lectura y la escritura en Occidente (Roger
Chartier) y un lingüista (Raffaele Simone) quienes han planteado que la revolución que
introduce el texto electrónico no es en verdad comparable con la de la imprenta -ya que
lo que ésta hizo fue poner a circular textos ya existentes- sino con aquella otra más larga
mutación introducida por la invención del alfabeto.
         Un segundo movimiento, de des-temporalización            moviliza al aprendizaje
permitiéndole escapar a las demarcaciones sociales que estatuían su tiempo en la vida de
la mayoría. El aprendizaje escapa ahora también a las demarcaciones de la edad y demás
acotamientos temporales que facilitaban su inscripción en un solo tipo de lugar agilizando
su control. La educación continuada o el aprendizaje a lo largo de la vida, que exigen los
nuevos modos de relación entre conocimiento y producción social, las nuevas modalidades
de trabajo y la reconfiguración de los oficios y profesiones, no significan la desaparición
del espacio-tiempo escolar pero las condiciones de existencia de ese tiempo, y de su
particular situación en la vida, se están viendo transformadas radicalmente. Y ello no sólo
porque ahora la escuela tiene que convivir con saberes-sin-lugar-propio sino porque
incluso los saberes que se enseñan en ella se encuentran atravesados por saberes del
entorno tecno-comunicativo regidos por otras modalidades y ritmos de aprendizaje que
los distancian del modelo de comunicación escolar.
         Cada día más millones de ciudadanos habitan el espacio comunicacional que
conecta entre sí sus diversos territorios y los conecta con el mundo, en una alianza entre
velocidades informacionales y modalidades del habitar cuya expresión cotidiana se halla
en “el aire de familia” que vincula la variedad de pantallas que reúnen nuestras
experiencias laborales, hogareñas y lúdicas” (Ferrer). Articulación de pantallas que
atraviesan y reconfiguran las experiencias de la calle y las relaciones con nuestro propio
cuerpo, un cuerpo sostenido cada vez menos en su anatomía y más en sus extensiones o
prótesis tecnomediáticas: la ciudad informatizada no necesita cuerpos reunidos sino sólo
interconectados. En la hegemonía de los flujos y la transversalidad de las redes y la


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heterogeneidad de sus tribus, la ciudad virtual despliega a la vez el            territorio sin
fronteras de la contradictoria utopía de la comunicación.

III. PLAN DE ACCIÓN
        El CAB, por su vinculación constitutiva con el desarrollo en Ciencia/Tecnología,
Cultura y Educación, está llamado a desempeñar un papel estratégico en la inserción de
América Latina a las culturas virtuales que movilizan las nuevas TIC. Ahora bien, esta
propuesta - encuadrada en el Área de CULTURA- prioriza acciones que involucran
prioritariamente lo cultural, sin que ello impida trazar, para ciertas acciones, articulaciones
explícitas con otras áreas del CAB, como Educación o Ciencia y Tecnología.


1. Escenarios de futuro

1.1. Algunas tendencias a potenciar
       - En lo concerniente a las nuevas TIC –correo electrónico, internet, redes digitales
especializadas- el escenario se ve movilizado por una cierta expansión del acceso a las
redes de parte de las mayorías, aunque nada garantiza el desarrollo de las redes y de
sus usuarios -dada la precariedad de las economías de la región y el fuerte sesgo urbano-
metropolitano de ese crecimiento- a no ser por una decidida intervención del sector
público que afiance la sostenibilidad de ese desarrollo y la inclusión en él del mundo rural.

        - Lo más revelante a este respecto es el potencial estratégico que las redes
digitales han empezado a representar en la integración sociocultural del espacio
latinoamericano movilizando investigaciones científicas, experimentaciones artísticas y
medios de comunitarios de prensa, radio y televisión. Tanto en los pequeños municipios
rurales como en grandes barrios urbanos de los sectores populares, entre jóvenes urbanos
como incluso en algunas comunidades indígenas, hay una intensiva apropiación
comunitaria de la radio y la televisión para rehacer el tejido colectivo haciendo memoria y
contrainformación, movilizando la imaginación para participar en la construcción de lo
público.

        - También es notable el crecimiento de sitios Web no comerciales y explícitamente
culturales y educativos no formales, aunque es justamente en este campo donde las
diferencias cuantitativas y cualitativas entre países de la región se hacen más notorias y
desequilibradoras.

       - Otro elemento altamente característico del       uso latinoamericano de las
redes es el altísimo porcentaje de los jóvenes: según lo muestra un reciente estudio de la
CEPAL, casi la mitad de la población conectada tiene menos de 25 años (49% en Brasil,
55% en México). Una buena muestra de esto es Brasil donde mientras sólo el 3% entre
los mayores de 45 años ha usado internet, lo ha usado ya el 16 % de los jóvenes entre 14
y 19 años, y el 11 % entre 20 y 35 años.




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        - No obstante las precarias condiciones en que las redes y la creatividad digitales
se desarrollan en      Latinoamérica ellas representan cada día más el incontenible
surgimiento y conformación de un nuevo espacio público y nuevos modos de creación
cultural. Desde las redes barriales argentinas a las de emigrantes ecuatorianos en España
que hablan quechua, o de los mexicanos en USA que pasean a la Virgen de Guadalupe
vestida de chicana y en moto , desde el netart plástico y musical que los jóvenes hacen de
una punta a la otra de la región hasta las webs de participación en las decisiones de
política municipal en Uruguay o las de reconversión de los saberes profesionales en Chile
y en Colombia, el ciberespacio hace ya parte constitutiva del espacio cultural
iberoamericano en construcción.

1.2. Condiciones básicas para la creación
     del Servicio Público de Información y Comunicación (SPIC)
       A la base de cualquier estrategia pública en el campo de las TIC se necesitan dos
tipos de acciones: las referidas a las infraestructuras materiales y a los nuevos marcos
regulatorios. Dado que ambos tipos de acciones rebasan en mucho el ámbito de lo cultural
pero que sin esas acciones no hay posibilidad de incidir sobre la inserción de las culturas
en la sociedad de la información, recogeremos aquí únicamente los elementos básicos de
que deben disponer los agentes culturales a este respecto. Y nos basamos para ello en el
consenso que, sobre esto, resulta de una multiplicidad de documentos preparatorios de la
CMSI, y en especial de la documentación latinoamericana.


Infraestructuras materiales
       El objetivo primordial de dotar a la mayoría de la población de acceso a las
       tecnologías de la información y comunicación pasa hoy por promover la mejor
       conectividad posible a un costo razonable especialmente en las regiones menos
       atendidas. Es indispensable seguir muy de cerca los procesos de convergencia de
       tecnologías con el objetivo de integrar las TIC tradicionales con las nuevas,
       creando alternativas de acceso mediante el rediseño y provisión de equipos de
       acceso de bajo costo y puesta en servicio de puntos de acceso comunitarios
       multifuncionales, condición indispensable de la agenda para reducir la brecha
       digital.

       Este primordial ámbito de acción pública no puede hacer parte de las políticas
       coyunturales de un gobierno sino de las políticas de Estado a largo plazo. Para lo
       cual se hace necesario que los Estados asuman que la Información y la
       Comunicación configuran hoy un sector de los Servicios Públicos tan estratégico
       socialmente como los servicios de salud y educación. Para lo cual debería empezar
       aparecer en los documentos de política nacional con el nombre de Servicio Público
       de Información y Comunicación (SPIC).

       La implementación del SPIC debe ser conducida por los gobiernos en estrecha
       coordinación con la empresa privada y la sociedad civil, incorporando a todos los
       actores involucrados en el proceso de desarrollo de la sociedad de la información
       en cada país y en la región. Para que haya una estrecha colaboración entre los


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       organismos y los programas públicos, el sector privado, la sociedad civil y las
       instituciones académicas, es indispensable que a la cabeza se halle un órgano
       coordinador con capacidades decisorias de rango ministerial.

Marcos regulatorios

       Si las TIC son aquellas que fomentan el flujo e intercambio de información,
       alentando la transferencia recíproca de conocimientos y estimulando la innovación
       y formación de capital humano, el acceso de las poblaciones a esos beneficios
       requiere de un marco regulatorio en cuya elaboración participen todos los actores
       concernidos –en el ámbito nacional, internacional y local- de conformidad con el
       marco jurídico vigente en cada país.

       Independientemente del organismo público que tenga a su cargo la coordinación
       del proyecto, los procesos de negociación conducentes a la elaboración del nuevo
       marco regulatorio de las TIC y de los SPIC deben involucrar a las organizaciones
       que asocian a las empresas de telecomunicaciones, a los proveedores de alta
       tecnología en sus diferentes modalidades y servicios, así como a las asociaciones
       de usuarios de las redes, grupos organizados de la sociedad civil pertenecientes a
       los ámbitos de creación e investigación y a las instituciones académicas.

       Puesto que en el plano mundial existen ya marcos regulatorios, cuya iniciativa ha
       partido de los sectores privados de la producción y el comercio, es indispensable la
       creación de un Organismo Regional Latinoamericano que se constituya en
       mediador autorizado entre los intereses ya protegidos por los marcos mundiales y
       los que buscan salvaguardar los intereses nacionales de los países de la región.


2. Mapa de acciones estratégicas del CAB


                                  ALFABETIZACION
                                  ALFABETIZACION
                                       VIRTUAL
                                     VIRTUAL
        DIGITALIZACIÓN                                        CREATIVIDAD
       DIGITALIZACIÓN
        del PATRIMONIO                                          V E LA WEB
                                                            D I EN R S I D A D
       del PATRIMONIO                                       CREATIVA DE WEB
                                INVESTIGACIÓN de
                                  INVESTIGACIÓN
                                CULTURAS VITUALES
                                CULTURAS VITUALES



ALFABETIZACIÓN VIRTUAL
       Así como a la base material de la inserción en la sociedad de la información se
hallan unas infraestructuras técnicas, para apropiarse de los beneficios procurados por las


                                                                                        15
TIC nuestros paises van a requerir dotarse de una nueva base cultural que posibilite el
acceso real de las mayorías a los diversos usos de las TIC y a su producción creativa.
Proporcionar a nuestras sociedades latinoamericanas en su conjunto esa base cultural va
requerir de un proyecto tan exigente, y de tanto o mayor empeño, que la dotación de
infraestructuras materiales. Denominamos a ese proyecto alfabetización virtual, y la
entendemos conformada por el conjunto de destrezas mentales, hábitos operacionales y
talante interactivo sin los cuales la presencia de las tecnologías entre la mayoría de la
población será desaprovechada, o pervertida por el usufructo que de ella hace una minoría
en su particular beneficio. Asi como en otro momento de su historia toda Latinoamérica se
dió como proyecto social básico la alfabetización de adultos, asi ahora nuestras sociedades
se hallan necesitadas de un nuevo proyecto de alfabetización virtual no de un grupo
social particular sino del conjunto de la población, desde los niños a los ancianos, desde
las comunidades urbanas a las rurales y aun las indígenas, los trabajadores y los
desempleados, los desplazados y los discapacitados.

        Se trata de una alfabetización cuya principal peculiaridad reside en ser interactiva,
esto es en la que el aprendizaje se realiza mediante el proceso mismo de uso de la
tecnología. Un uso que puede y, en ciertos casos, deberá ser orientado, pero que en
ningun caso puede ser suplido por meros conocimientos convencionales. Hay sin duda una
convergencia a establecer entre alfabetización letrada y alfabetización virtual , de manera
que aquella sea integrada a ésta como factor dinamizador de los procesos pero a
sabiendas de que la cultura vitual reordena las mediaciones simbólicas sobre las que
pivota la cultura letrada al replantear no pocas de las demarcaciones espacio-temporales
que ésta supone. Navegar es tambien leer pero no de izquierda a derecha ni de arriba
abajo, ni siguiendo la secuencia de las páginas, sino atravesando textos, imágenes,
sonidos, conectados entre sí por muy diversos modos de articulación, simulación,
modelado, juego. Modos esos de articulación virtual cuya habilidades hacen parte
indispensable de los saberes que requiere cada dia con mayor frecuencia el mundo laboral
y cultural de hoy.

La infraestructura de las bibliotecas públicas deberá convertirse en espacio estratégico
del SPIC como punto de acceso básico por parte de las mayorías a las redes y como lugar
de alfabetización virtual. La complementariedad entre los servicios tradicionales y los
nuevos, que introducen las redes virtuales, debe ser asumida como desafío a la vez
pedagógico y ciudadano ya que en ella se juega la estratégica relación entre información,
interacción creativa y participación social.


INVESTIGACIÓN DE LAS CULTURAS VIRTUALES
       Junto con la nueva alfabetización, la inserción de nuestros paises en los desafios y
potencialidades de las TIC pasa por un proyecto compartido de investigación a cerca de
los modos como las culturas locales -municipios, etnias, regiones- se estan apropiando de
las culturas virtuales, esto es, de las modalidades de interacción con las redes de
información que las comunidades seleccionan y desarrollan, de las transformaciones que
sus usos introducen en la vida colectiva, y de los nuevos recursos –técnicos y hamanos-
requeridos para volver socialmente creativas y productivas esas interacciones. Justamente
porque lo que producen las nuevas TIC es el desancleje de las culturales territoriales y su



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inserción en los ritmos y virtualidades del ciberespacio, nuestro sistema educativo y
cultural necesita hacer un seguimiento cercano y permanente a las formas en que las
diversas culturas territoriales estan procesando los cambios. Y para ello diferenciando
edades, género, ciudades grandes y pequeñas, ambitos rurales industrializados y
subdesarrollados, etc.

DIGITALIZACION DEL PATRIMONIO
       La puesta en red digital del patrimonio se ofrece hoy como posibilidad estratégica
tanto de su conservación como de la democratización de sus usos. La primera no
necesita mayor argumentación dada la fragilidad de muchos de los documentos y otros
bienes culturales y la fragmentariedad y precariedad de no pocos utensilios. La
conservación digital no sólo posibilita la protección de los bienes sino que facilita su
estudio y su permanente activación, esto es su puesta en conexión con otros ya en
términos conológicos o temáticos, generales o especializados.

        La digitalización hace asi mismo posible la visibilización local y mundial de nuestro
patrimonio, incluyendo aquí de modo especial la puesta en comun de los diversos
patrimonios nacionales y locales latinoamericanos. De un lado, se trata de democratizar,
esto es de acercar el acervo patrimonial de estos paises a sus propios ciudadanos para su
conocimiento y disfrute, para el cuidado de la memoria histórica “real” -no oficial ni
homogénea sino plural- y su apropiación por parte de las diversas generaciones y
poblaciones hasta la más alejada de las metrópolis. Y de otra parte, se trata de una nueva
manera como nuestras culturas pueden estar en el mundo, mostrando la riqueza de la
historia y la creatividad del presente, desmontando clichés y esterotipos exóticos,
atrayendo turismo. Y ello en las múltiples formas en las que hoy posibilita el hipertexto:
en imágenes fijas y moviles, en sonoridades y músicas, en codices y textos. Mediante
bancos de datos, imágenes, narraciones orales, músicas, canciones, fondos temáticos o
exposiciones virtuales.


CREATIVIDAD EN LA WEB
        Las redes digitales no son unicamente un lugar de conservación y difusión de los
bienes culturales y artisticos, sino un espacio de experimentación y creación estética. La
experimentación hipertextual        posibilita nuevas formas de hacer arte mediante
arquitecturas de lenguajes que hasta ahora no habian sido actualizables. De otro lado la
conectividad interactiva replantea la excepcionalidad de las “obras” y emborrona la
singularidad del artista desplazando los ejes de lo estético hacia las interacciones y los
acontecimientos, esto es hacia un tipo de “obra” permanentemente abierta a la
colaboración de los navegantes creativos. Metafora de las nuevas modalidades de lo
social, la creación en web posibilita performatividades estéticas que la virtualidad abre no
sólo para el campo del arte en particular sino tambien para la recreación de la
participación social y política que pasa por la activación de las diversas sensibilidades y
socialidades hasta ahora tenidas como incapaces de actuar y de crear, y de interactuar
con la contemporáneidad técnica.




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Abriendo camino
         El Convenio Andre Bello tiene en las relaciones entre cultura y nuevas tecnologías un
campo decisivo para su acción. A lo largo de este propuesta, y no sólo en el apartado Plan de
acción, el CAB puede encontrar una multiplicidad de acciones a llevar a cabo, unas veces como
institución capaz de alertar a los gobiernos asociados a cerca de la urgencia y lo estratégico de
alguna de las dimensiones del campo, como el nuevo sentido de la “propiedad intelectual” en
su relación con el derecho universal a la información, otras como inspiradora y sugeridora de
algunas directrices en particular, como la de la alfabetización virtual que le permitiría articular
las áreas de cultura y educación, otras como coordinadora de proyectos como aquellos
ubicados en el plano de la investigación o la digitalización del patrimonio comun, articulando el
área de cultura con el de Ciencia y Tecnología.
                                                                   Documentación utilizada
1. Documentos preparatorios de la CMSI
Página oficial de la Cumbre Mundial http://www.itu.int/wsis/index-es.html
Comunidad Web de movimientos sociales: la mas completa selección de documentación:
http://www.movimientos.org/foro_comunicacion/index2.php3?Seccion=Documentos
CEPAL http://www.cepal.cl/publicaciones/DesarrolloProductivo/1/LCG2195Rev1P/lcg2195e2.pdf
La propriété intellectuelle s'invite au Sommet Mondial de la Société de l'Information :
http://www.i3c-asso.org/11octobre.html
El sector privado latinoamericano ante la CMSI:
http://www.ahciet.net/agenda/Evento.asp?idEvnt=88&a=2003
Cidade do conhecimento: http://www.cidade.usp.br/
A Sociedade Digital®, Portal Iberoamericano da Sociedade da Informacao
< http://www.asociedadedigital.org/>
Unión Internacional de Telecomunicaciones:
http://www.itu.int/newsarchive/press_releases/aboutitu-es.html

GNU- Free Software Fundation :
http://www.gnu.org/philosophy/philosophy.html#AbouttheGNUproject
Plataforma de redes ciudadanas: http://www.globalcn.org/es/accueil.ntd?sort=1.10
Yachay: red científica peruana: http://www.yachay.com.pe/cumbre/index1.htm
La sociedad civil en la CMSI: http://www.geneva2003.org/wsis/indexa03.htm
Las mujeres en la CMSI: http://www.nodo50.org/mujeresred/wsis-genero.html

Información y documentación sobre INTERNET América Latina

FUNREDES <http://www.funredes.org/> Redes y Desarrollo
LANIC <http://lanic.utexas.edu/la/region/networking/indexpor.html> Redes e
               Servicios de Informacoes
O2M <http://www.o2m.org/fr/index.html> L’Observatoire mundial du multimedia


                                                                                                18
CINDOC <http://pci204.cindoc.csic.es/> Base de datos sobre América Latina
INFOCYT <http://www.infocyt.cl/> Red de Información C&T para América Latina y
             el Caribe.
LATINOBAROMETRO <http://www.latinobarometro.org/>
ZNET-LABOLATINOAMERICANO <http://www.zmag.org/LAM/index.html>
LATIN AMERICAN DATA BASE http://ladb.unm.edu/spanish/
2. Planteamiento conceptual
Echeverría, J. (1994) Telépolis, Destino, Barcelona
                (1999) Los señores de aire y el Tercer Entorno, Destino,Barcelona
Castells, M. (1998) La era de la información, Vol.1 Alianza, Madrid
        (2002)”La dimensión cultural de internet”, in Cultura y sociedad del conocimiento:
        presente y perpectivas de futuro, UOC,Barcelona
Delany,P./Landow,G. (Ed.) (1991) Hypermedia and Literary Studies Cambridge: MIT
Chartron,G.(1994) Pour une nouvelle economie du savoir, Presses Universitaires de Rennes
De Sousa Santos,B.(2000) Crítica da razao indolente. Contra o despedício da experiencia,
Cortez, Sao Paulo
Berk,E. /Devlin,J. Ed.(1991) Hypertext/Hypermedia Handbook. Intertext Publications, New
York
Chartier, R. (2001) Lecteurs et lectures a l’age de la textualité electronique, Centre Pompidou,
Paris
La Ferla,J. (Comp.) (2000) De la pantalla al arte transgénico. Cine,Tv, Video, multimedia,
instalaciones, UBA-Libros del Rojas, Buenos Aires
Levin, M. (ed.) (1993), Modernity and hegemony of vision, Univ. of California, Berkeley
Lévy, P. (1994), L’intelligence colective.Pour une antropologie du cyberespace, La Decouverte,
Paris
         (1996) O que é o Virtual? Ed. 34, São Paulo
Manzini, E (1991) Artefacts. Vers une nouvelle écologie de l'environement artificiel, CGP, París
Martín-Barbero, J./G.Rey(1999) Los ejercicios del ver, Gedisa,Barcelona
Simone, R. (2000) La tercera fase.Formas de saber que estamos perdiendo, Taurus, Madrid
Vilches,L. (2001) La migración digital,Gedisa,Barcelona
Machado,A. (1996) Máquina e imaginario, Edusp, Sao Paulo

3. Plan de acción
Tedesco, J.C. (2000) Educar en la sociedad del conocimiento, F.C.E, Buenos Aires
B.Kliksberg,L,Tomassini (Comp.) Capital social y cultura: claves estratégicas para el desarrollo,
BID/F.C.E., Buenos Aires,2000
G.Mastrini y C.Bolaño (ed.), Globalización y monopolios en la comunicación de América Latina,
Biblos ,Buenos Aires, 2000
E. Bustamante (Coord.), Comunicación y cultura en la era digital. Industrias, mercados y
diversidad en España, Gedisa, Barcelona, 2002
N.García Canclini (Coord.), Iberoamérica 2002.Diagnóstico y propuestas para el Desarrollo
cultural, OEI/Santillana, México,2002
S.Finquelevich (Coord,), Ciudadanos a la red, Ciccus/La Crujia,Buenos Aires,2000
A.Pistcitelli, Ciberculturas en la era de las máquinas inteligentes, Paidos, Buenos Aires,2002
R. Trejo Delabre, “Orden global y dimensiones locales en el universo digital”, Revista
Iberoamericana de Ciencia,Tecnología,Sociedad e Innovación, N°1, Madrid, 2001


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         (2002) “Internet, la gran conversación”, Iberoamericana, del Ibero-Amerikanisches
Institut de Berlín
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