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Hola Luz_

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					NUESTRA ADOPCIÓN

1. Decisión y obtención del CI

Empezando por el principio, que dicen que es lo bueno, nuestra aventura de la
adopción empezó en las Navidades de 2003. Llevábamos unos 2 años intentando
tener hijos y, como no llegaban, nos planteamos la adopción. Durante esas
Navidades buscamos información, hablamos con gente y, especialmente con una
pareja que había adoptado en un país que se llamaba Kazajstán y del que no
teníamos ni idea ni de dónde estaba. Ellos habían adoptado a través de una ECAI
que se llamaba IPI y en un tiempo corto habían adoptado a una niña preciosa.

En enero fuimos a una reunión al ICAA (Instituto Catalán para la Adopción y el
Acogimiento) y a otra que organizaba el propio IPI, a ver si nos enterábamos de
dónde estaba Kazajstán y cómo eran los trámites, periodos, papeleo…

En febrero presentamos los primeros papeles al ICAA sin tener claro todavía qué
país íbamos a escoger. Nos gustaba Kaz pero también miramos algo de Brasil, China
y Panamá.

Desde el ICAA enviaron el expediente a AD’IS que nos hizo el informe psicosocial.
Para hacer esto hicimos lo que ellos llaman el recorrido que consiste en una especie
de cursillo con otras familias adoptantes (viernes y sábado) y 4 reuniones con la
psicóloga (Maria) o la asistente social (Toni). Esto fue entre abril-mayo y a
mediados de julio tuvimos el CI. En AD’IS se portaron muy bien. En todo momento
nos sentimos muy bien tratados y sus preguntas fueron las necesarias y suficientes
para hacer lo que, para nosotros, fue un informe bastante realista. Para obtener el
CI sí que ya tuvimos que decidirnos por un país y fue Kaz por dos razones
principales: nos dijeron que los niños estaban muy bien cuidados en los orfanatos
(cosa que luego comprobamos) y el periodo de 15 días en que conocías a tu hijo y él
te conocía a ti. Creímos que para el niño es mucho menos traumático irse con unos
“padres” a los que ya ha conocido durante unos días. La edad la enmarcamos entre
1-3 años y el sexo nos daba igual. Bueno, no es que nos diera igual, yo prefería niña
y Narcis niño, así que lo dejamos al azar sabiendo que teníamos más probabilidades
de niño. No es que se abandonen más niños, sino que las niñas se adoptan antes. En
Kaz reservan los primeros 6 meses para la adopción nacional, así que los niños
adoptables internacionalmente son, como muy pequeños, de 6 meses.

A finales de julio firmamos con IPI y presentamos todos los papeles. Tuvimos que
ir muy rápido para conseguirlos y presentarlos antes de agosto, que IPI cerraba.
Estuvimos dos días de bólido yendo a médicos para los certificados, al
ayuntamiento, al registro civil, a hacer fotos de la casa y la familia y finalmente al
notario para legalizarlo todo. Por suerte a Narcis le dieron trato especial y lo
tuvimos todo de un día para otro. Corriendo lo preparamos todo y fuimos a IPI a
firmar el contrato. Hablando con Vladimir (el director de IPI) le dijimos que
dentro de la franja de edad preferíamos que estuviera más cerca de 1 año que de
3.
Podíamos escoger entre dos zonas: Almaty y Karaganda. En Almaty se hacía un sólo
viaje de 5-6 semanas y en Karaganda 2 viajes pero más cortos, así que elegimos
Karaganda por cuestiones laborales

En septiembre, ojeando por internet, di con el foro de adoptantes en Kaz (esta
lista). Había dos parejas que iban en un grupo de 5 y salían a finales de octubre.
Enseguida llamé a IPI y me confirmaron que nosotros éramos una de esas 5
parejas. Me puse tan contenta que empecé a bailar sola por casa y a llamar a todo
el mundo. Me parecía imposible que fuera tan rápido porque yo a todo el mundo le
iba diciendo que por primavera de 2005 y también me había autoconvencido.
Luego hubo una semana un poco más pesimista porque parecía que todo se había
parado un poco y finalmente, a finales de octubre, nos dijeron que nos íbamos el 6
de noviembre.

Poco antes habíamos hecho una reunión en BCN para conocer a las otras parejas
con las que viajaríamos y para que nos dieran los papeles que teníamos que llevar
(pasaporte con visado, billetes de avión…) Éramos 4 de Cataluña y 1 de Madrid (que
no vino a esta reunión). Estuvimos hablando de los niñ@s que nos estaban
esperando, de la ropa, de los nervios…, vamos, de todo un poco. Parecían muy
simpáticas y estuvimos seguros de que el viaje sería fantástico.



Primer viaje
El 6 de noviembre a las 2 de la mañana (2 a. m.) estábamos en el aeropuerto de
BCN. Volamos con Lufthansa via Frankfurt i el avión salía a las 4. No podéis ni
imaginar la de mariposas que corren por los estómagos. Sólo piensas que ya ha
llegado, que estás ahí para empezar todo, que han pasado no sé cuántos meses (y
eso que con nosotros fue rapidísimo), que pronto vas a conocer a tu hijo… Yo no sé
cómo se siente una mujer a punto de dar a luz, supongo que los nervios son iguales
aunque la situación sea muy diferente.

Pues eso, nos cogimos un avión y hacia Frankfurt. Allí estuvimos unas cuantas horas
(no me acuerdo cuantas) para comer algo, dar vueltas por el aeropuerto, hacer las
primeras fotos. Bueno, las segundas, las primeras ya las hicimos en BCN. Allí
también nos encontramos con la pareja que venía de Madrid. Habíamos estado
mirando de manera insistente a varias parejas que podían ser españolas y en la
misma situación pero nada, no los reconocimos hasta que nos encontramos en la
puerta de embarque.
El viaje a Almaty fue largo, incómodo, la comida ya os la podéis imaginar pero nos
fijamos poco, teníamos otras cosas de qué hablar. Poco antes de llegar, en el avión
nos dieron unos papeles de entrada al país donde tienes que especificar, entre
otras cosas, el dinero que llevas si es más de una cierta cantidad (ahora no
recuerdo cual pero bastante. Sé que en el segundo viaje no tuvimos que rellenarlo).
Nosotros nos lo habíamos repartido entre los dos y llevábamos más o menos la
mitad cada uno. Al bajar, tienes que ir al a policía y dar el papel. Te hacen enseñar
el dinero y ya está. No nos pidieron nada.
Llegamos a Almaty por la noche (al viaje hay que sumarle las 6 horas de diferencia
horaria) sobre las 11 creo. Allí nos esperaba la corresponsal de IPI que nos llevó a
un hotel, el Kazhkol (o algo así) que se ve que es muy utilizado por parejas que
adoptan (lo leí varias veces en la listas americanas). No es nada del otro mundo
pero estaban haciendo obras y quizás ahora esté mejor. Al día siguiente paseamos
un poco por los alrededores y comimos en un puesto de la calle. Almaty es
totalmente “civilizada” con grandes avenidas, parques, centros comerciales
supermodernos. Vamos, que casi podría ser BCN.

Por la tarde nos vinieron a buscar para ir al aeropuerto. El avión no os lo podéis ni
imaginar, pequeño, superpequeño, de hélices, ruidoso, el sitio para dejar las maletas
encima de los asientos estaba sin tapar (tipo autocar), el termo con café que te
pasan goteaba y dejó todo el suelo pringado… Parecía de la primera guerra mundial.
Pero lo peor fue al llegar, cuando vimos que la pista estaba totalmente congelada.
Verlo y cerrar los ojos fue todo una. Lo único que te tranquiliza (un poco al menos)
es que el piloto debe estar acostumbrado a aterrizar en esas condiciones. Teniendo
en cuenta todo esto sólo puedo decir que el viaje fue muy bien, son unas 2 horitas
que pasan bastante rápido.

Llegamos por la noche y allí nos esperaba otra corresponsal de IPI (Larissa) que
también hablaba inglés (como la de Almaty). Estuvimos un ratito en el aeropuerto
para coger las maletas y luego nos llevó a los apartamentos (uno por familia). El
aeropuerto está a las afueras y tardamos unos 20 minutos en llegar. Estábamos a
17 bajo cero y la carretera brillaba del hielo. Los conductores son un poco suicidas,
como pudimos confirmar en los siguientes días.
Los apartamentos, de entrada, son un poco siniestros. Son grandes bloques, los
vestíbulos son inexistentes (abres la puerta y te encuentras las escaleras), sin
ascensor, oscuros y mal pintados. Cuando entras en el piso la cosa cambia (al menos
los que nos dieron a nosotros). Tenía un salón, un dormitorio, un baño, y cocina
grande y equipada (lavaplatos y microondas incluidos). Todo con parquet. Justo
delante teníamos a otra de las parejas con un apartamento más o menos igual. Los
dos comunicaban a través de otra sala que servía para tender la ropa. Ah, también
había lavadora (en ruso). Total, que el día 7 por la noche nos encontramos en el
apartamento con la compañía de una garrafa de agua que nos había dejado Larissa
(el agua de Karaganda no es demasiado recomendable, según nos explicaron porque
las tuberías por las que llega son antiguas y sucias).
Ésta fue la tercera noche que dormimos poquito. ¡Estábamos a punto de conocer a
nuestros hijos! ¿Cómo sería? ¿niño o niña? ¿de qué edad? En IPI no nos habían
dicho nada, sólo que no nos preocupáramos que todo iba a ir bien.

A las 10 de la mañana (todos pensamos que se lo tomaban con calma) del 8 de
noviembre nos vino a buscar Larissa con un par de coches para las 5 parejas. El
trayecto al orfanato de Malutka es de unos 10 minutos, está en un barrio de las
afueras. Llegamos a un edificio blanco rodeado por un jardín (que vimos unos días
más tarde porque entonces estaba todo cubierto de nieve). La puerta de entrada
es pequeñita y entras directamente a un pasillo (otra vez sin vestíbulo). Fuimos al
despacho de la directora que nos dio la bienvenida y después a la sala donde íbamos
a pasarnos la mayor parte del tiempo. Estábamos todos allí, esperando,
supernerviosos y nos dijeron que traerían a los niños uno a uno por orden de cómo
habíamos firmado el contrato y ¡nosotros éramos los últimos!. Ahora mismo no me
acuerdo cómo fueron los 3 primeros, creo que: niña de 8 meses, niño de 7 y niño de
6 y medio. Luego vino otra niña de 7 meses y por último, Maksat, nuestro hijo, un
precioso niño de 10 meses y medio, gordito y de rasgos marcadamente kazajos.

                                                  Los primeros momentos son
                                                  alucinantes, todos los nervios se
                                                  desbordan y sin querer te pones
                                                  a llorar y a achuchar al niño. Me
                                                  lo dieron a mí y me costó trabajo
                                                  hasta dejárselo a Narcís. Por
                                                  suerte dura sólo 5 minutos.
                                                  Después ya te pones a reír, a
                                                  jugar, a decirle que es lo más
                                                  bonito del mundo, a hacerle las
                                                  primeras fotos… y cuando ya ha
                                                  pasado un ratito entonces te vas
                                                  a conocer a los demás.

Las dos horas pasaron rapidísimo y hacia las 12 nos dijeron que volviéramos por la
tarde. Estábamos como en una nube. Aprovechamos para enviar los primeros
mensajes, las primeras llamadas para despertar a la familia con la noticia (aquí son
las 7 de la mañana cuando allí es la 1 del mediodía) y decir que nos habían dado el
niño más precioso de todo el orfanato… y vuelta al apartamento para comer algo.
Bueno, ahora no me acuerdo pero supongo que pasamos por el supermercado para
comprar porque en la casa no había nada. Por la tarde otra vez nos pasaron a
buscar con el taxi y para el orfanato. Ésa fue la rutina diaria, más o menos. Nos
iban a buscar a las 9, estábamos en el orfanato hasta las 12, el taxi nos llevaba de
vuelta al apartamento o al centro de la ciudad para comprar, nos recogían a las
3,45, al orfanato otra vez hasta las 6 y otra vez para casa o el centro.

El segundo día nos enseñaron y explicaron los informes médicos de los niños. Como
ya nos habían dicho y había leído en internet, los informes médicos eran
exagerados. No sé hasta qué punto es para facilitar la adopción o porque no
entienden lo mismo que nosotros por el mismo término. Por ejemplo, a nosotros (y a
otras parejas) nos ponía hipotiroidismo y encefalopatía perinatal. Ese diagnóstico
en España supondría que el niño está gravísimo. Allí sólo significa que ha nacido con
peso bajo, o antes de tiempo, o por cesárea (como Maksat) o que han visto algo que
no era correcto al 100%.
Por suerte ya íbamos avisados y además con nosotros viajaba una doctora (que
también adoptaba) que nos confirmó que el niño estaba sano. También creo que el
hecho de darte el informe el segundo día, cuando ya has podido jugar con él, ver
como se mueve, como te mira, como responde a estímulos… hace que te tomes el
diagnóstico con más calma y distanciamiento. Nosotros pudimos ver que nuestro
hijo se comportaba de la manera que le tocaba para su edad. Sólo vimos que
gateaba poco pero luego ya descubrimos porqué.
En el informe también estaba el resultado del test Apgar, el perímetro de cabeza y
tronco, peso y talla, y estos mismos parámetros (menos el apgar) unos meses más
tarde. También constaban las enfermedades que había pasado en los primeros
meses, en nuestro caso otitis. Está todo en ruso (como es natural) y manuscrito. No
parece que los ordenadores hayan llegado a Malutka.

Unos días más tarde fuimos a hablar con las cuidadoras (con intérprete por
supuesto) para que nos explicaran un poco la rutina de nuestro hijo, sus horarios,
las comidas… Él estaba en el grupo 10 y era el más pequeño del grupo que tenía unos
10 niños y 1 niña. Hacías pocos días que lo habían cambiado de grupo. En el que
estaba ahora ya le daban de comer casi de todo, carne picada, purés, huevo… y ya
le estaban colocando en el orinal para que aprendiera. Ya le habían quitado los
pañales (bueno, las telas que utilizan) y el primer día (cuando le conocimos) iba con
dos pares de pantalones pero sin pañal ni calzoncillo. ¡Tenía 10 meses y medio! Ese
mismo día por la tarde ya le habíamos comprado nosotros los pañales para que se
los pusieran. Aquí en España no se suelen quitar hasta los 2 años, más o menos.
Las cuidadoras fueron muy amables durante todo el tiempo que estuvimos allí. El
problema fue siempre el idioma. Sólo hablan ruso o ruso y kazajo. Nosotros
aprendimos lo justo: hola, adiós, hasta mañana, pequeño, niño, los números… pero no
podíamos comunicarnos con ellas y siempre necesitábamos a Nastia.

Si, dependiendo de la edad, le toca alguna comida te dejan dársela. En nuestro caso
a Maksat le tocaba la merienda a las 4.30 más o menos y se la dábamos nosotros:
un vaso de kéfir, una fruta o potito de fruta y alguna galleta. Los niños no pasan
hambre pero tampoco pueden elegir. Comen lo que hay o no comen. Además se lo
dan a un ritmo bastante rápido. También puedes cambiarles los pañales aunque les
sorprende que quieras hacerlo. El primer día que Narcís le cambió se le quedaron
mirando como diciendo Qué hace un hombre cambiando un pañal y al final hasta le
aplaudieron.

Todos los días estuvimos acompañados por Nastia, una chica rusa que nos hacía de
intérprete aunque el problema es que no hablaba español, sólo inglés. Nosotros no
tuvimos problemas porque nos manejamos bien en inglés pero otras parejas lo
pasaron peor. Nastia nos acompañaba a las tiendas, a los restaurantes, al
supermercado… Un par de veces a la semana vino también Tania, una chica que
trabaja para una empresa que tiene contactos con España y que habla español. Lo
malo es que no tenía tanto tiempo libre como nos hubiera gustado y sólo podía venir
de vez en cuando.

El kazajo es un idioma muy diferente del ruso. Viene del turco. En Karaganda todos
hablan ruso pero sólo un pequeño porcentaje habla el kazajo, que es más hablado
por la población nómada. Hablando con la población rusa te da la impresión de que
piensan que el kazajo es inferior, no lo necesitan para nada y no se esfuerzan lo
más mínimo por aprenderlo, y eso que es idioma oficial. Nos hubiera gustado
conocer más a la gente pero el problema del idioma es enorme porque nadie habla
inglés.

Hablando de ordenadores, nosotros nos llevamos el portátil. Allí se pueden comprar
tarjetas prepago. Larissa nos preguntó si necesitábamos ayuda y nos envió a casa
un chico que nos hizo los pasos para contactar con el proveedor y dejárnoslo todo a
punto. Si sabes un poco de ordenadores supongo que lo puedes hacer tú mismo pero
no es nuestro caso. Así que creo que pagamos unos 8-10 euros a este chico y nos lo
preparó todo. Así pudimos empezar a enviar fotos y mails a toda la familia, amigos,
compañeros de trabajo… que nos habían dicho que esperaban noticias.
Estas tarjetas sirven también para el teléfono. Los móviles funcionan pero las
tarifas son carísimas, así que utilizamos la tarjeta para el teléfono fijo del
apartamento para las llamadas a casa. Las llamadas locales (a las otras parejas) son
gratuitas. De todas maneras, nos comunicamos mucho más por mail.

El equipaje. Nos habían aconsejado no llevar demasiadas cosas y tenían razón.
Creo que metimos 3-4 pantalones que abrigaban (no vaqueros), 1 falda, 2-3 jerséis,
2 zapatos, 1 botas, 1 zapatillas de estar por casa (para el orfanato), 3-4 camisetas
de manga corta (dentro del orfanato hace mucho calor), gorro (todo el mundo lleva,
no como aquí), guantes, bufanda. A mí me sobraron 1 zapatos (con 1 par y las botas
hubiera tenido suficiente) y la falda (me la habían aconsejado para el juicio pero el
resto fue con pantalones y no influyó nada). En el piso había lavadora y la ropa se
seca muy rápido porque la calefacción dentro de los apartamentos funciona muy
bien. Creo que es mejor llevar pocas cosas aunque te canses de verlas. En el vuelo a
Almaty no hubo problemas pero a Karaganda sí hubo quien tuvo que pagar
sobrepeso (creo que no se paga mucho pero se comprueba).
De botiquín sólo llevamos lo que nosotros podíamos necesitar: aspirinas,
paracetamol, ibuprofeno… Nada para el niño porque como sabíamos que iba a estar
todo el tiempo en el orfanato (no con nosotros en el piso) no teníamos necesidad.
Una vez Maksat se puso enfermo con 39 y pico de fiebre. Nos fuimos del orfanato
como siempre a las 6 de la tarde dejando el niño malo pero quedamos que
llamaríamos más tarde (a través de Nastia). Sobre las 8 nos llamó Nastia que había
hablado con la doctora y que le habían puesto una inyección (no supo decirnos de
qué) y ya estaba mucho mejor. Al día siguiente seguía teniendo décimas pero
estaba mejor. Es cierto que a veces te dan poca información (por ej. nosotros no
nos acabamos de enterar qué había tenido, dijeron que era que le estaban saliendo
los dientes…) pero creo que hay que darles un margen de confianza. Si han atendido
bien a nuestros hijos (y a otros cientos de niños) antes de que llegáramos nosotros,
seguro que saben hacerlo. También es verdad que los niños pueden tener puntas de
fiebre que después se les pasa sin saber qué ha sido. Y también depende de las
personas, las hay más “sufridoras” y menos.

Así fueron pasando los días. Parece que no, pero se dan cambios rápidos en los
niños. Maksat al principio casi no gateaba porque allí enseguida les ponen en los
taca-taca para que no se hagan daño (con las bandejas que rodean el taca-taca no
llegan a tocas las cosas). Al final se recorría toda la sala y también empezó a
ponerse de pie y caminar de lado si encontraba a qué agarrarse, una silla, la mesa,
la pierna de papá… Están mucho más “despiertos” al final de las 2 semanas.

El orfanato está muy bien. Nos dijeron que había unos 300 (¿?) niñoos pero no
todos son adoptables, algunos están allí de manera provisional porque los padres
pasan un mal momento. Es un edificio bastante grande que cuenta con sala de
juegos (donde nos reunimos cada día con nuestros hijos), cocina, habitaciones de
los niños, despachos, otra sala con piano, parque con columpios fuera (que no
pudimos aprovechar por el frío). Nuestra impresión es que no le faltaba de nada.
Los niños están muy bien atendidos y se nota que las cuidadoras les tratan con
cariño. Tiene bastante personal: cocineras, cuidadoras, enfermeras, médicas y
hasta una fisioterapeuta que da masaje a los niños que presentan un tono muscular
más bajo. Es encantadora y hasta le dio un masaje a uno de los padres que iban en
mi grupo. Todo el personal es femenino y los niños tienen mucha curiosidad cuando
ven a un hombre, sobre todo si lleva barba.

Tienen también una sala con un piano donde van los niños una vez o dos a la semana
para hacer lo que, en mis tiempos de colegio, se llamaba ritmo. Una de las
cuidadoras toca el piano y los niños saltan, corren de puntillas, hacen como que
recogen algo del suelo… Supongo que es su manera de hacer actividad física cuando
no pueden salir al parque.

Lo único que no tienen son pañales, así que utilizan trozos de tela como supongo que
hacían nuestras abuelas. Al principio nos chocó ver cómo los pasillos del orfanato
estaban llenos de sisís con las telas puestas a secar.
Los pañales son caros (el mismo precio que aquí) así que, desde el primer día, te
piden que los lleves tú.

Los niños están repartidos en grupos de 10-15 y tienen sus espacios y sus
cuidadoras. Cada grupo tiene la misma distribución. Al entrar hay un pequeño
vestíbulo para guardar los abrigos de los niños, después está la habitación donde
juegan y comen, y más allá el dormitorio. Cada niño tiene su camita con su peluche
encima. También tienen un baño.
Cada grupo tiene sus cuidadoras, 9 ó 10 por cada grupo, que hacen turnos.
Nosotros al principio nos hicimos bastante lío pero al final conseguimos
aprendernos el nombre de 3 ó 4.
Los niños están separados por edades y etnias. Por un lado están los más
claramente rusos y por otro los kazajos y los que tienen mezcla. En estos grupos
las cuidadoras también son rusas y kazajas y les hablan en los dos idiomas.

En Malutka tienen niños de 0 a 4 años (más o menos) pero los más pequeños de 6
meses no son adoptables internacionalmente. Tienen mucha mezcla de etnias,
desde los rusos-rusos (rubios con ojos azules) hasta los kazajos-kazajos (morenos,
de pelo negro, ojos rasgados y nariz chiquitita como Maksat) y todas las mezclas
intermedias. También hay mezcla con coreano porque se ve que hace un par de
generaciones hubo mucha inmigración de coreanos a Kaz.

En Kaz, como sabéis, la ley dice que tienes que escoger al niño. Luego entra ahí si tu
agencia o tramitador lo escoge por ti si así lo quieres. En nuestro caso sí. A
nosotros nos parecía muy duro que te enseñaran no-sé-cuántos niños y tuvieras que
escoger uno. ¿En qué te basas? ¿Porqué éste sí y el otro no?
Un día nos encontramos con una pareja de americanos que estaban con un par de
niños de unos 10 meses y pensamos “Vaya, se llevan a dos” pero no, sólo estaban
viendo cuál preferían y fue muy duro ver que les estaban midiendo las cabezas y
haciendo pruebas para comprobar cual “era mejor”. Nos sentó bastante mal porque
parecía que los estaban comprando.

El hecho de ir en grupo a nosotros nos dio mucha tranquilidad. Saber que no
íbamos a estar solos y que el resto pasarían por la misma experiencia es algo que
ayuda mucho, antes de ir y cuando ya estás allí. Ya he dicho antes que a través de
esta lista contacté con otra pareja, bueno, pues los días antes de irnos creo que
nos escribíamos mails 3 ó 4 veces cada día hablando de los nervios que pasábamos,
de las buenas noticias (parece que nos vamos a finales de octubre), las malas
(ahora está todo parado)… En Karaganda el grupo estuvo bastante unido. Por
supuesto nos veíamos cada día en el orfanato, pero además muchas veces comíamos
o cenábamos juntos. En nuestro caso además se puede decir que casi compartíamos
piso con esta otra pareja conocida por mail y creamos una relación muy bonita con
ellos (y también con el resto).
Creo que si hubiéramos estado solos en Karaganda esas 3 semanas no hubiéramos
disfrutado ni la cuarta parte.
En el orfanato coincidimos con algunas parejas de americanos. Con una de Nueva
York en concreto (no la de antes) nos hicimos más amigos porque llegamos el mismo
día. Fuimos varias veces a cenar juntos y todavía estamos en contacto a través de
mails.

Se puede comer barato y relativamente bien en las cafeterías de los centros
comerciales. También probamos el Café Ankara (tipo comida rápida McDonalds), el
restaurante Jonhy Walker (muy buena comida pero más caro, unos 2.000-3.000
tengue)… En los supermercados se encuentra de todo y se puede cocinar en casa.
La carne está bien pero hay poco pescado. Encuentras paradas en la calle de gente
que tiene su huerto y vende lo que le sobra o que han ido a pescar y te ofrecen los
10-15 pescaditos que han conseguido. Nosotros no nos atrevimos a comprar
pescado pero sí lo comimos en algún restaurante.

En cuanto a compras, allí se encuentra de todo. Hay un gran supermercado en el
centro. No sé cómo se llama pero le llamábamos el de la bola, porque delante tiene
una gran bola dorada. Abajo está el supermercado y arriba tiendas de ropa,
juguetes, farmacia, mercería… Justo enfrente cruzando la calle hay otro gran
hipermercado con tiendas de todo. Hay también de fotografía donde puedes ir con
la tarjeta de la cámara digital y te las imprimen en el momento (al precio de aquí).
A las cuidadoras les gusta mucho que les hagan fotos y se las den. También
aprovechamos al final para hacer fotos donde se nos viera a los 3 (papá, mamá y
Maksat) para llevárselas al juez el día del juicio.

Cerca de casa teníamos también una tiendecita tipo colmado para comprar agua,
leche, galletas… Y un poco más allá otro mercado también con colmado, panadería,
carne, embutidos, frutería… Los precios son más o menos los de aquí. El pan y la
bollería más barato pero la fruta más cara. En cuanto a la moneda el tengue está
(estaba a diciembre 2004) a 1€=160 tengue, casi como la peseta, así que es muy
fácil hacer las cuentas (vamos, que hasta es más fácil en tengues que en euros!). Es
fácil cambiar dinero, hay varios centros de cambio aunque ofrecen cambios
diferentes (158, 160, 161…). Nosotros lo solíamos hacer en el super de la bola. Es
difícil manejarse con tarjetas porque hay pocos sitios que las acepten o, a veces,
no les va bien el terminal. Nosotros fuimos siempre con efectivo. Por seguridad no
hay problema, hay que hacer como aquí, llevarlo disimulado y no sacar fajos de
billetes.

En nuestro caso no llevábamos nada para el niño, entre otras cosas porque no
sabíamos la edad ni el sexo. Allí se puede comprar de todo. En el orfanato no les
falta ropa ni calzado pero no se puede decir que sea muy bonito. La ropa no es de
cada niño sino del grupo y lo que hoy lleva uno, mañana lo lleva otro. A veces les va
un poco pequeña (o grande) pero van bien arreglados y limpios. Una vez allí ya le
compramos algunas cosas y las cuidadoras se lo ponían. Para el segundo viaje, que
hicimos a Almaty, necesitan que dejemos un equipo completo para los niños. Ellos
hacen el viaje en tren (un montón de horas de Karaganda a Almaty) y necesitaban
que les dejáramos leotardos (2), camisetas o bodis (2), unos pantalones, un jersey,
guantes, zapatos, gorro y abrigo (buzo). Todo dentro de una bolsa con biberón y/o
taza, pañales, toallitas, chupete (si lo utiliza)

Para comprar cosas para los niños (juguetes, ropa, accesorios..) hay varias
tiendas. Una que está muy bien es la Mickey House, cerca del supermercado de la
bola. Los juguetes son marca Chicco y parecidas (precios caros) pero la ropa es
bastante más barata que aquí. Por ejemplo, le compramos al niño un “buzo” que nos
salió por 3.000 tengues. También hay tiendas en el super de la bola y en el de
delante.
Y también aprovechamos para comprarnos unos abrigos para nosotros. Eso sí que
vale la pena porque nos salieron a 1/3 del precio de aquí, más o menos.

El tiempo. Cuando llegamos (7 de noviembre) estábamos a -17 pero fue el día que
más frío hizo. Luego fue mejorando y los últimos días la nieve se había fundido del
todo. Nos dijeron que no era normal ni estar a -17 ni que no nos hubiera vuleto a
nevar desde el primer día. Ellos acostumbran a ir con medias debajo de los
pantalones. El problema viene en el orfanato porque están a unos 25 grados y te
sobra todo. En el repecho de la ventana de la cocina teníamos un termómetro así
que, más o menos, sabíamos cuántos jerséis teníamos que ponernos encima.
Es complicado caminar por las calles porque, o está todo helado y resbalas sobre el
hielo duro, o se está deshelando y resbalas sobre el barro (más blandito pero
sucio)

El tiempo se nos hizo mucho más corto de lo que pensamos. Yo había llevado 6
libros y sólo pude leer dos. Pasé bastante tiempo con el ordenador contestando
mails y enviando fotos. También paseamos un poquito por Karaganda pero no mucho
porque el tiempo no invitaba.
Un día fuimos a un concierto de música clásica. Lo hacían en un auditorio de detrás
del piso, a unos 3 minutos andando. Estuvo muy bien y a una hora razonable, creo
que de 7 a 8.30 de la tarde. Lo malo es que no había programa escrito y teníamos
que estar muy al tanto de cuando anunciaban las obras ver si podíamos entender al
menos el autor. Un par de piezas fueron de Mozart, el resto ¿quién sabe?
Mientras estuvimos allí también hubo circo y algún otro espectáculo. En nuestro
caso Nastia nos lo decía, nos compraba las entradas si queríamos y nos acompañaba
a la entrada si lo necesitábamos.
También visitamos un gran mercado al aire libre. Nastia nos dijo que era peligroso
pero ni por asomo. Sólo tienes que tener las precauciones de aquí, vigilar el
monedero, no ir con cámaras de video o foto caras…

La gente no está acostumbrada a ver extranjeros y se te quedan mirando, sobre
todo los niños. El primer día en el supermercado al final le pregunté a Nastia si
estábamos haciendo algo raro, y me dijo que no pero que nos miraban porque
“éramos” raros. En algún caso en que encuentras a alguien que habla inglés (muy
pocos) te pueden preguntar qué estás haciendo allí. Puedes contestar la verdad o
decir que turismo, depende de la cara que le veas. Lo malo de no poder hablar es
que no te enteras de muchas cosas, no sabíamos si la gente está a favor o en
contra de la adopción. En el orfanato está muy claro que a favor, pero parece que
también hay una corriente entre la población que creen que los niños se tienen que
quedar en su país.
La población está muy mezclada y parece que se llevan bien. Por la calle se ven
muchas parejas mixtas (kazajo con rusa, coreano con kazaja…) o grupos de amigos
donde hay de todo.
Tuvimos el juicio el día 24 de noviembre (habíamos llegado a Karaganda el 8). Fue
muy simple. Hay bastante gente en un despacho chiquitito. Por su parte: el juez, la
secretaria y la fiscal, por nuestra parte: nosotros, la corresponsal de IPI, la
traductora (Tania), la directora del orfanato, la doctora, el abogado.
El juez se presentó y nos hizo algunas preguntas: en qué trabajábamos, porqué
adoptábamos, quien iba a cuidar el niño, si teníamos facilidades en el trabajo, cómo
le íbamos a llamar (se extrañaron de que le dejáramos Maksat sin cambiárselo o
añadirle nada) y creo que nada más. El juez prefiere que sea uno solo el que
conteste las preguntas pero le da igual si es el padre o la madre. Nosotros le
enseñamos unas fotos que habíamos hecho de Maksat jugando con nosotros y le
gustaron. Creo que en total estaríamos dentro unos 15 minutos. Como lo haces con
la traductora si ella ve que dices alguna cosa muy inconveniente lo cambia y ya está.
Luego te hacen salir unos minutos y volver a entrar y te dan el veredicto. De las 5
parejas que fuimos ninguna tuvo ningún problema y ese mismo día ya pudimos
considerar que los niños eran nuestros hijos.

Por la tarde fuimos al orfanato y tuvimos una pequeña fiesta con la directora y las
doctoras. Entre todos le habíamos comprado unos pendientes a la directora (idea
de Larissa que seguro que le había preguntado a ella qué quería porque tenía el
anillo a juego). También llevábamos regalos para las doctoras, cada pareja para la
suya. Nosotros teníamos una colonia de marca comprada en el duty free del
aeropuerto y otras parejas habían comprado algunos pendientes o colgantes allí
mismo.

Los días siguientes tuvimos otras fiestas, una en cada uno de los grupos de los
niños que adoptábamos. Es algo sencillo, vas al super y compras algo de embutido,
pan, galletas, dulces… En nuestro caso hubo quien hizo hasta pan con tomate,
tortilla de patatas y croquetas (y no fui yo, os lo aseguro). También les gusta
bastante beber, así que el vodka que no falte (el champagne no lo recomiendo
porque es asquerosito).
Para nuestra fiesta llevamos también un pastel para los niños pero no se lo dejaron
comer porque, según las cuidadoras, las doctoras no les dejaban. Sí vimos que
comían caramelos y chocolates. Durante nuestra estancia, en 2 ó 3 ocasiones
llevamos caramelos para los niños y bombones para las cuidadoras.
También llevamos regalos para las cuidadoras. Habíamos preguntado a Larissa qué
podían querer y nos recomendó unos neceseres con champú, gel, colonia… que nos
salieron por unos 1.000 tengues cada uno. Eso sí, a todas lo mismo aunque haya
alguna con la que hayas congeniado más, porque se ve que si no, luego puede haber
mal ambiente entre ellas. Hicimos unos cuantos brindis, nos preguntaron cosas de
nuestras ciudades y de nosotros, nos dijeron que aunque estaban tristes porque los
niños se iban también estaban muy contentas y alegres porque sabían que iban a
tener un futuro mejor que si se quedaban allí.
                                 El último día fue bastante triste. Los niños por
                                 supuesto no lo sabían pero nosotros sí. Lo que
                                 reconforta es que sabes que les van a cuidar bien
                                 y que 20 días no son tantos. Pronto vas a poder
                                 tenerlos para siempre. En la última foto que le
                                 hicimos a Maksat se le ve sonriendo de pie en el
                                 taca-taca como diciéndonos hasta mañana, como
                                 los otros días. Ahí sí que me eché a llorar.




El viaje de vuelta fue lo mismo que el de ida pero al revés. Creo que salimos de
Karaganda a última hora de la mañana y llegamos a Almaty por la tarde. Nos
llevaron a unos apartamentos para pasar el rato hasta que nos recogieron sobre la 1
de la mañana (1 a.m.). Estos pisos sí que daban pena y tuvimos luego algún problema
con la corresponsal porque nos quejamos y no se lo tomó demasiado bien. La verdad
es que parecían pisos de los que se alquilan por horas, alguno sin agua caliente, a
otro le faltaba un cristal… Además llegamos que diluviaba así que envié a Narcis a
comprar 4 galletas y pasamos el rato como pudimos.
A la 1 nos vinieron a buscar y fuimos al aeropuerto. El avión creo que sale también
sobre las 4 a.m.. Llegamos a Frankfurt, esperamos unas horitas y por fin
regresamos a BCN.



Segundo viaje (en preparación)




El primer viaje fue del 6 al 22 de noviembre y el segundo del 18 al 24 de
diciembre, esta vez a Almaty a hacer todo el papeleo en el consulado español.
Entre medias tuvimos que arreglar la habitación, montar los muebles, comprar algo
de ropa ahora que ya sabíamos la talla, avisar al trabajo que me cogía la baja…

				
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