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									                         GRIEGO               Tema de cultura_5                   8 páginas

                                         La poesía lírica griega



 1. De la épica a la lírica
En la Grecia antigua los poetas fueron muy apreciados como difusores de la tradición
mítica y educadores de todo el pueblo. Inspirados por las Musas, hijas de Zeus y de la
divina Memoria (Mnemosyne), los poetas conservaban en sus palabras resonantes los
relatos fundamentales sobre el mundo heroico y divino y ellos fueron también los que
supieron más tarde expresar los sentimientos del individuo al servicio de la comunidad
y las experiencias de su propia vida.

Los más antiguos poetas fueron los aedos épicos (como Homero y Hesíodo, ambos del
siglo VIII a C.). Luego vinieron los rapsodas o recitadores, que recitaban de memoria
los poemas de otros en las fiestas y ceremonias públicas, y que no eran creadores en el
sentido propio del término. Los aedos usaban una lira (φόρμιγχ) para acompañar sus
cantos; los segundos acompañaban su recitado solemne con un bastón (ῥάβδος).

Después de los poetas épicos (aedos y rapsodas), que ensalzaban las glorias del pasado
heroico, aparecieron los líricos, auténticos poetas (ποιηταί significa “creadores”) que
en sus composiciones -más breves que los cantos épicos - nos hablan de su vida y sus
circunstancias personales con acentos propios. No rememoran las guerras míticas de
antaño, sino que exhortan a los combates de su tiempo y nos cuentan sus amores, sus
dichas y desdichas, sus afanes inmediatos en la sociedad de su polis respectiva.


2. Definición y clasificación de la poesía lírica

La «lírica» sería, según la etimología, la poesía que se recita a los sones de la lira, pero
preferimos definir la lírica como la poesía personal de tono intimo o festivo, orientada
hacia los sentimientos del presente. No sólo, pues, la acompañada de lira, sino también
la cantada al son del αὐλός (flauta) o en cantos corales.

Dentro de la lírica caben distintas formas y varios tipos de poemas como la elegía, el
yambo, la oda, el treno, el epigrama, etc. Pero la definición fundamental está en la
separación entre lírica personal o monódica y lírica coral. La primera es cantada por
un solo poeta, y expresa sentimientos personales, más o menos íntimos, mientras que la
segunda está cantada por un coro y expresa ideas y sentires colectivos. Como ejemplo
de lírica monódica podemos poner los poemas amorosos de Safo o de Arquíloco;
como ejemplo de lírica coral las odas triunfales o epinicios de Píndaro, que celebran
victorias atléticas en los grandes juegos panhelénicos, o los cantos de los coros en las
tragedias.

Formalmente existen en Grecia varios tipos de poesía lírica, que se expresan en versos y
estrofas de distinto formato. También se distinguen a veces esos tipos por su contenido;
por ejemplo, la elegía suele ser de tono serio y quejoso, mientras que en los yambos
domina la burla y la sátira. Y a esas diferencias se añade que unas composiciones se
expresan en un determinado dialecto, y otras en otro, siguiendo la tradición originaria.

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Así, la poesía coral de Píndaro está en dialecto dorio, la poesía mélica de Safo en eolio,
y la elegía en jonio, fundamentalmente.




3. Los textos conservados y sus autores

Pero todos estos aspectos pueden dejarse ahora a un lado. Sí conviene tener en cuenta
desde un comienzo que sólo hemos conservado una pequeña parte de la amplia y
variada lírica griega, porque la gran mayoría de los poemas antiguos se nos han perdido
desde muy antiguo.

Poseemos sólo unos pocos poemas y una serie importante de breves fragmentos que nos
permiten darnos una idea de la frescura y la intensa belleza de ese mundo lírico. Sólo en
el caso de Teognis y de Píndaro contamos con largos textos, pero de los demás líricos
conservamos unos cuantos poemas y unos pocos versos más en fragmentos. Cualquier
antología de la lírica antigua muestra muy bien los pocos, pero preciosos, textos
conservados.


a) La elegía.

La elegía aparece a principios del s. VII a.C. Lo distinguimos como un género aparte
porque presenta una característica formal muy definida, aunque su contenido, como
veremos, ofrece una gran variedad temática. Formalmente estas composiciones
consisten en una serie indefinida de dísticos (llamados “dísticos elegiacos”), formados
por un hexámetro y un verso más corto, el pentámetro, según la siguiente secuencia:

                                _vv _vv _vv _vv _vv _vv _ _
                                  _vv _vv _ _vv _vv _


En un principio, la elegía era un canto de dolor al son de la flauta, pero abrió su
repertorio a otros campos, como:

1.- Temas patrióticos y guerreros para exhortar a la lucha, tratados por Calino de Éfeso
(s. VII a.C.) y Tirteo (s. VII a.C.), poeta que vivió en Esparta.
2.- Temas antiheroicos, al valorar más la vida que el código heroico del honor y la fama,
cuyo máximo representante es Arquíloco de Paros (s. VII a. C.).
3.- Temas filosóficos para dar más valor a la sabiduría que a la euforia momentánea de
una victoria deportiva, que tanto preocuparon a Jenófanes de Colofón (s. VII a. C.).
4.- Temas políticos para exhortar a los conciudadanos, tratados por Solón de Atenas (s.
VII – VI a. C.).
5.- Temas amorosos para reflexionar sobre el sentido de la existencia humana, que
merecieron la atención de Mimnermo de Colofón (s. VII a. C.).
6.- Temas morales para poner de relieve los peligros que amenazan dentro de la ciudad
a la vieja aristocracia, largamente tratados por Teognis de Mégara (s. VI a. C.).




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b) La poesía yámbica

Se decía que la palabra yambo hacía referencia al nombre de la sirvienta Yambe, que
provocó la sonrisa de Deméter en Eleusis cuando estaba entristecida por el rapto de su
hija Perséfone. De hecho, el yambo (v _) era un ritmo vivaz, apto para la invectiva y el
ataque personal o colectivo. De ahí que, inicialmente, este género estuviera al servicio
de la sátira.

Entre los autores que cultivaron el yambo cabe citar a Arquíloco de Paros (s. VII a. C.),
que, además de elegías, compuso invectivas contra Neobule y su padre Licambes por
haberle negado la mano de su hija, y Semónides de Amorgos (s. VII a. C.), que en su
Catálogo de las mujeres, satiriza la condición femenina comparando cada carácter de
mujer con un animal, según el cual una divinidad habría modelado su naturaleza.

c) Lírica mélica monódica

Los griegos distinguían tres tipos de canciones: las amorosas o e0rwtika/, las de
mesa o συμποτικά y las políticas o de guerra stasiwtika/. Estos tipos de
canciones son muy antiguos, pero en la historia de la literatura aparecen a finales del
siglo VII a. C. en la isla de Lesbos. Dentro de este apartado de la lírica cantada o mélica
nos fijaremos en la monódica o cantada individualmente. Los poetas que cultivaron este
género intimista y personal son:

Safo de Mitilene (s. VII – VI a. C.), de la que sabemos poco, excepto que pasó la mayor
parte de su vida en Lesbos, salvo un período de exilio en Sicilia. Parece ser que era la
encargada de la educación de un grupo de muchachas nobles que se dedicaban a la
poesía, a la música y a la danza. En los fragmentos conservados de su obra trata los
temas del amor, de la gracia y la belleza femeninas, del análisis sutil de las oscilaciones
del estado de ánimo, etc. Creó la estrofa denominada sáfica. Sus odas, epitalamios e
himnos le dieron una gran popularidad. Por ella, la homosexualidad femenina es
conocida con el nombre de lesbianismo. Hay que tener en cuenta, también, el valor que
tiene como la única mujer de la que conservamos una significativa producción literaria
en la antigüedad. Igual que su compatriota Alceo, su poesía está escrita en dialecto
eólico.

Alceo de Mitilene (s. VII – VI a. C.) fue un aristócrata que combatió a los tiranos
impuestos por los movimientos populares, por lo que tuvo que exiliarse de su país. Creó
el ritmo alcaico y ejerció una gran influencia sobre el poeta helenístico Teócrito y el
gran poeta latino Horacio. En su obra conservada encontramos cantos políticos contra
los tiranos y cantos al vino y a las fiestas entre camaradas.

Anacreonte de Teos (s. VI a. C.), fugitivo de su ciudad natal por las invasiones persas,
fue acogido en la corte del tirano Polícrates de Samos y en la de Hiparco de Atenas. Su
poesía, escrita en dialecto jonio, trata sobre todo los temas del amor y del vino. Su fama
se debe a las Anacreónticas, un conjunto de poemas de diversas épocas que imitaron su
estilo y que desde su publicación en el Renacimiento han sido modelo de la poesía
llamada anacreóntica.




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d) Lírica mélica coral

En contraposición a la lírica mélica monódica, apareció la mélica coral, interpretada por
un grupo de personas. Los principales poetas que cultivaron este género fueron:

Alcmán de Sardes (s. VII a. C.), que vivió en Esparta, donde escribió partenios para que
gueran cantados por coros de muchachas.

Estesícoro de Himera (640? – 550), que es considerado el creador del esquema ternario
de la lírica coral formado por estrofa, antístrofa y epodo. A pesar de que casi toda su
obra ha desaparecido, se sabe que quedó ciego por haber calumniado a Helena en un
primer poema y que recuperó la visión cuando escribió la famosa Palinodia, en la que
se echaba la culpa a Homero de su primera versión.

Simónides de Ceos (556? – 468?), que vivió en la corte de diversos tiranos, es
considerado maestro en la composición de epinicios, trenos y epitafios. Aunque la
mayor parte de su obra se ha perdido, es célebre su epigrama escrito en el monumento
funerario de los trescientos espartanos muertos en las Termópilas.

Baquílides de Ceos (415? – 450 a. C.), sobrino de Simónides, fue acogido en la corte de
Hierón de Siracusa, donde compitió con Píndaro. Además de las citas conservadas por
otros autores, podemos leer buena parte de su obra en los restos de dos rollos de papiros
adquiridos por el Museo Británico a finales del s. XIX.

Píndaro de Tebas (522 – 450), es considerado uno de los grandes líricos universales y
el más afortunado de los poetas griegos arcaicos en lo que se refiere a la conservación
de su obra. Muy estimado en la antigüedad, escribió himnos, peanes, ditirambos,
prosodios, encomios, partenios, hiporquemas y epinicios. Actualmente conservamos
enteros los epinicios u odas triunfales dedicadas a los vencedores de las cuatro grandes
competiciones panhelénicas: Olímpicas, Píticas, Ítsmicas y Nemeas.

e) La poesía en época helenística

La poesía en época helenística se caracteriza por la erudición, ya que la mayor parte de
los poetas conocen a fondo diversas disciplinas del saber humano, al ser encargados de
la Biblioteca de Alejandría. Como tenían un amplio conocimiento de la tradición
literaria, buscaban la originalidad en la exhibición de la sabiduría, el ingenio, la
elegancia y la técnica refinada. El mito es utilizado como un elemento decorativo para
poner a prueba la capacidad erudita del poeta. Las alusiones, las reminiscencias del
pasado, las metáforas ingeniosas confieren a la poesía de esta época una complicación
que sólo puede ser comprendida por el público reducido de los círculos selectos y
cultivados capaces de valorar el refinamiento y el enigma.

Entre los poetas más representativos señalaremos a Calímaco de Cirene (300? – 240 a.
C.), bibliotecario de Alejandría, que es autor de himnos, epigramas y elegías;
composiciones todas ellas de una refinadísima perfección formal. Apolonio de Rodas
(295?-215 a. C.), del que se ha conservado íntegro el poema épico titulado
Argonáuticas; y Teócrito de Siracusa, que mostró una gran sensibilidad y erudición en
sus poemas bucólicos llamados Idilios, creando e mito de la “Arcadia feliz”.



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4. Pervivencia de la lírica griega

La lírica griega del período arcaico, que va desde el siglo VII al siglo V, nos sorprende
por su originalidad y su audacia expresiva, en los comienzos de la literatura europea.
Otros poetas líricos volverán en siglos posteriores a recordar y celebrar esos mismos
temas y las eternas sensaciones y pasiones humanas. Y sus motivos perviven a lo largo
de toda la literatura griega posterior.
Los poetas romanos se inspirarán, tanto temática como formalmente, en sus antecesores
griegos. Poetas como Catulo u Horacio adoptan formas poéticas de
Safo o Arquíloco, Virgilio de Teócrito, y así un largo etcétera. Y, fundamentalmente a
través de los poetas latinos, la influencia de la poesía griega antigua alcanza a partir del
Renacimiento hasta nuestra época actual. Poetas como Garcilaso, Fray Luis de León o
Herrera, son poetas que, en última instancia, derivan de esta tradición.




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