CAMILA • María Luisa Bemberg, directora
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Un poco de historia: La política del terror bajo el gobierno de Juan Manuel de Rosas Cuando el 9 de julio de 1816 las Provincias Unidas del Sur declararon formalmente la independencia de la corona española, Argentina estaba lejos de constituir un país cohesionado política y socialmente. Por eso, en sus orígenes, las élites criollas quedaron divididas en dos grupos políticos. Por un lado estaban los Unitarios que apoyaban la idea de un país organizado en torno al predominio y la centralidad de Buenos Aires y por otro los Federales que proponían un modelo más descentralizado que diera más participación a las provincias. Esta división de ideas políticas dio lugar a una sucesión de luchas internas por el poder del Estado y a la redacción de múltiples constituciones. Como resultado de estas luchas internas, en 1829 Juan Manuel de Rosas fue elegido gobernador de Buenos Aires. En principio, Rosas se consideraba Federal y se oponía a la constitución promulgada por los Unitarios. Sin embargo, en muchos sentidos su gobierno reforzó el centralismo de Buenos Aires porque, en el fondo, el verdadero objetivo de Rosas era la restauración del orden colonial. Este orden implicaba la defensa de los intereses adquiridos por los estancieros durante el período colonial. De hecho, él mismo se consideraba el "restaurador de las leyes" y, además, provenía de una poderosa familia colonial que había hecho su fortuna en el negocio de los saladeros y, por lo tanto, le interesaba el control del puerto de Buenos Aires para garantizar los beneficios de los hacendados. En 1835, Rosas fue elegido por segunda vez gobernador de la provincia de Buenos Aires con más poder incluso que la vez anterior. Rosas utilizó este poder para establecer un régimen de terror que se prolongó hasta 1852, año en el que fue derrotado en la Batalla de Caseros. Bajo la dictadura de Rosas, cualquier disidente político era clasificado de "salvaje unitario," encarcelado, torturado y asesinado. El aparato represivo de Rosas se basaba en dos instituciones: La Sociedad Popular Restauradora (una asociación de estancieros ricos) y La Mazorca (un tipo de policía constituida por gente de la clase más humilde). Bajo el gobierno de Rosas, todos los ciudadanos eran obligados a llevar una divisa roja; si no lo hacían o se sospechaba que eran Unitarios, la Sociedad Popular Restauradora les asignaba un castigo y la Mazorca los ajusticiaba cortándoles la cabeza. A pesar de sus diferencias, tanto Federales como Unitarios utilizaron la historia real de Camila O'Gorman para defender sus intereses políticos. Camila O'Gorman pertenecía a una familia de hacendados y se enamoró de Ladislao Gutiérrez, el sacerdote de su pueblo. Este hecho convulsionó a la sociedad de la época y, por eso, el 18 de agosto de 1848 los dos amantes fueron ejecutados en la prisión de Santos Lugares. Rosas ratificó la condena, a pesar de saber que probablemente Camila estaba embarazada. Por su parte, la oposición utilizó el escándalo para atacar la inmoralidad del régimen Rosista. El delito de Camila fue haberse enamorado y tratar de ser una mujer independiente en una época en la que la política y el amor parecían ser sólo cosa de hombres. La historia de Camila ejemplifica muchas de las tensiones entre Unitarios y Federales, además de ser un documento histórico de mucho valor sobre la situación de la mujer durante la dictadura de Rosas.