clases de novelas

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					            CLASES DE NOVELAS
    Ojalá sirva esta información para el trabajo. suerte
                         Prof. Boni

1.Novela bucólica o pastoril
Escrita con tono de sencillez e inspiración casta. En ella se
idealizan personajes y ambiente Se describen los amores de
pastores que viven en una naturaleza benigna y suave.
2.Novela bizantina
Caracterizada por la acumulación inverosímil de aventuras y
episodios, viajes y naufragios, hallazgos y desapariciones.
3.Novela picaresca
Refiere la vida pintoresca de los truhanes, hampones,
tahúres, vagabundos, en una palabra: pícaros. En ellas el
pícaro, al narrar su propia vida, se venga de los poderosos
que lo han maltratado y despreciado, contando sus defectos y
sus debilidades, por eso estas novelas son autobiográficas y
satíricas.
4.Novela de aventuras
Se caracterizan por extensas narraciones cuyo protagonista es
un personaje que profesa el ideal caballeresco, es decir, que
dedica su existencia a la defensa de la justicia y al
amparo de los débiles y desvalidos.
5.Novela gótica
Se caracteriza por el eclesiastismo romántico y lo
arquitectónico: ruinas, iglesias, monasterios, etc. Pertenece
a un tipo de relatos de misterio y de terror, cuya intriga se
desarrolla en un viejo castillo gótico, en el suceden
acontecimientos extraños e inquietantes. Elementos esenciales
de esta novela son la situación angustiosa del protagonista
(una joven en grave riesgo ), el amor y una atmósfera de
misterio, potenciada por la intervención de seres fantásticos
o espeluznantes que provocan la ansiedad y el terror.
6.Novela histórica
La novela histórica versa sobre argumentos o temas reales,
sucedidos en el pasado con respecto a la época en que se
escribe. Se dice que la mejor historia de Roma esta en la
novela Quo Vadis de Enrique Sienkiewiez.
7.Novela policíaca
Es un tipo de relato en el que se narra la historia de un
crimen, cuyo autor se desconoce y en el que, a través de un
procedimiento racional, basado en la observación e
indagación (llevada a cabo, normalmente por un detective), se
logra descubrir al culpable o culpables.
8.Novela de observación
Bajo este nombre se agrupa una serie de tipos de novela
caracterizados por el análisis u observación de distintos
aspectos de la vida humana.
9.Novela sentimental
En la novela romántica se exalta la naturaleza, el amor ,la
ingenuidad, la pasión y la melancolía.
10.Novela realista y novela naturalista
Los escritores realistas abandonan los temas fantásticos y
extraordinarios de los románticos y trataron asuntos basados
en la realidad, hechos cotidianos ambientados en lugares que
el escritor conocía bien.
11.Novela biográfica
Es una modalidad de la nueva literatura. Esta revoluciona la
técnica de la biografía histórica. Toma los grandes hombres
o héroes como seres corrientes y los lleva desde la cuna
hasta la cima de la gloria y luego hasta la tumba.
12.Novela de tesis
Es la que presenta conflictos o problemas de orden:
religiosos, políticos, sociales, etc. Es novela de tesis
porque predomina la idea sobre la acción y generalmente hay
un propósito docente y hasta polémico: el autor combate por
sus ideas y mueve de capricho sus personajes para llegar a
resultados preconcebidos.
13.Novela actual
Todas son novelas con problema. En muchas de ellas los
hombres son representados como monstruos asquerosos,
vulgares, esclavos atormentados y víctimas indefensas,
negociantes arribistas, mentirosos y libertinos. La búsqueda
del sentido de la vida, es un problema para el personaje. El
hombre víctima de la administración del mundo, de los
negocios amenazado por el átomo y las crisis económicas,
las guerras arrojado en la maquinaria de un mundo casi
totalmente trastocado y tecnificado, se vuelve cada vez en su
interior más sin patria, ese hombre común de hoy, ya no puede
ser un hombre armónico o un héroe ideal. Ni siquiera tiene
fuerzas para una gran pasión.


Novela bucólica o pastoril
De Wikipedia, la enciclopedia libre
http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_pastoril

La novela pastoril es un subgénero narrativo épico que se
configuró históricamente en el Renacimiento a partir de la
aparición de la Arcadia del italiano Jacopo Sannazaro.
Origen y evolución del género
Existía ya una amplia tradición anterior que viene de la
literatura pastoril, centrada en torno al subgénero lírico de
la égloga o poema; la mayoría de las veces consistía en un
diálogo en que diversos pastores idealizados se cuentan sus
amores, afortunados o no. La égloga o idilio pastoril nació
con el poeta griego Teócrito, quien fue seguido en este
género por el también griego Mosco y el poeta romano
Virgilio, quien innovó al hacer de sus pastores trasunto de
personajes reales de su entorno: Mecenas, el emperador
Augusto etc. Posteriormente, en la Edad Media, Giovanni
Boccaccio compuso algunas prosas narrativas de tema pastoril
y eglógico, como el Ninfale d'Ameto y el Ninfale Fiesolano.
Pero será Jacopo Sannazaro quien, en su Arcadia (1504,
traducida al castellano en 1549), configure definitivamente
el género como un argumento narrativo entreverado de
composiciones o canciones en verso de tema amoroso entonadas
por los pastores.

La novela pastoril refleja la visión idealista y poco
realista del Renacimiento, su espíritu estilizado y su
platonismo. La temática es siempre amorosa y ofrece una
visión estática de la naturaleza. La narración es morosa y
lenta y la acción, que es sin embargo embrollada, se
desenvuelve con premiosidad ya que lo que importa
fundamentalmente es el análisis de los sentimientos y
pasiones de los personajes y la descripción del paisaje
natural. Por otra parte, son frecuentes las interrupciones
con digresiones de todo género o incluso con otras historias
ajenas a la acción principal, aparte de los constantes versos
intercalados.

Ya hay elementos típicos del género bucólico en las églogas
de Garcilaso de la Vega, que había asistido a la Academia
Pontaniana de Nápoles y conocía por ello muy bien la obra de
su miembro Actius Sincerus, (Jacopo Sannazaro). Así se
muestra en los diálogos de Salicio y Nemoroso. También hay
elementos pastoriles en los capítulos finales del Amadís de
Grecia (1530) de Feliciano de Silva, donde se relata cómo el
príncipe Florisel de Niquea se hizo pastor y adoptó el nombre
de Laterel Silvestre por amor de la pastora Silvia. Pero el
género pasó a España ya configurado de la mano de los siete
libros de la italianizante Diana (1559) del portugués que
escribía en castellano Jorge de Montemayor. La obra alcanzó
un enorme éxito y se tradujo y fue imitada en toda Europa
(por ejemplo, la Astrea de Honoré d'Urfé en Francia y,
también en este mismo país, pero ya en el siglo XVIII, la
Estela de Jean Pierre Claris de Florián, etc.). El género se
nacionalizó después con la Diana de Alonso Pérez y la Diana
enamorada (1564) de Gaspar Gil Polo, que son continuaciones
de la obra de Montemayor, la segunda de ellas ambientada en
el paisaje valenciano. En la obra de Gil Polo, además, se
ensaya la introducción de nuevos metros. EE

El género tuvo gran cantidad de seguidores. Destacan
especialmente Los diez libros de Fortuna de Amor de Antonio
de Lofraso (1573), El pastor de Fílida (1582) de Luis Gálvez
de Montalvo, La Galatea (1585) de Miguel de Cervantes,
Desengaño de celos (1586) de Bartolomé López de Enciso,
Ninfas y pastores de Henares (1587) de Bernardo González de
Bobadilla, El Pastor de Iberia de Bernardo de la Vega (1591),
La Arcadia (1598) de Félix Lope de Vega, La constante
Amarilis (1607) de Cristóbal Suárez de Figueroa y el Siglo de
Oro en las selvas de Erifile (1608) de Bernardo de Balbuena,
que supone un retorno a la tradición italianizante del género
en castellano. Hubo incluso versiones "a lo divino", como Los
pastores de Belén, 1612, de Lope de Vega. Después entró en
crisis.



Con la apariencia de La Diana de Jorge de Montemayor en 1558
o 1559 (la primera edición datada es de Zaragoza, 1560), se
inicia en España la popularidad de otro género de novela que
reemplaza la moda anterior por los libros de caballerías. A
pesar de su difusión, las novelas pastoriles debieron
limitarse a círculos más cultos.
          El género bucólico o pastoril constituye una
genuina manifestación literaria del Renacimiento, que había
tenido hasta entonces su principal campo en la lírica.
Representaba asimismo la más notable de las resurrecciones
renacentistas de la Antigüedad clásica, que había creado el
género, con Teócrito [Eng. Theocritus] (siglo III [c. 316-
c.260] a.C.) [Idilios {Eng. Idylls}] y Virgilio [Eng. Virgil]
(70-19 a. C.) [Églogas <Eng. Eclogues>{4a}] como los modelos
supremos. La tradición bucólica continuó de diversas formas
en la Edad Media, culminando con el poeta provenzal Petrarca
[Eng. Petrarch] (1304-1374 d. C.) con su Carmen bucolicum.
En España, lo pastoril tiene famosas manifestaciones en el
Libro de buen amor del Arcipreste de Hita y en las
serranillas del Marqués de Santillana, así como en las piezas
teatrales de las representaciones del Nacimiento de Nuestro
Señor, donde los pastores son imprescindibles. Los pastores
aparecen en numerosas obras teatrales renacentistas y
barrocas. Pensemos aÚn en Fuenteovejuna de Lope de Vega.
          La vertiente lírica pastoril iniciada en tiempos
modernos por Petrarca, es orientada hacia la novela por
Giovanni Bocaccio (1313-1375) con su Ninfale d'Ameto, obra
escrita en prosa con versos intercalados. Éste es el modelo
de todas las novelas pastoriles, perfeccionadas después por
los autores españoles, aunque en efecto la novela pastoril
más famosa es la Arcadia de Jacopo Sannazaro, un napolitano
del siglo XVI. Este es el modelo inmediato de La Diana de
Montemayor. La primera traduccción castellana de la Arcadia
se publicó en Toledo en 1549. Basada en la obra de
Montemayor, el inglés Sir Philip Sidney publica su Arcadia
(1590).
          La novela bucólica constituida por Sannazaro es un
género paralelo, en la prosa, de la poesía pastoril
italianizante. Es, entonces, una novela poética,
refinadamente literaria. Los pastores, sus protagonistas, no
son personajes realistas sino cultos y delicados seres
idealizados, como en Virgilio o Garcilaso de la Vega,
entregados a sus cuitas de amor, generalmente frustrado o no
correspondido. La naturaleza, igualmente idealizada, es
componente capital, no sólo mero fondo de cuadro. Es
frecuente la intervención de personajes mitológicos. Es
premeditada la intención artística de imitar el arte culto de
los modelos clásicos. Los sentimientos son suaves, tristes y
melancólicos. Hay una nostalgia por los tiempos pasados.
Los amores son honestos y virtuosos, siguiendo los ideales
neoplatónicos de la época, difundidos en España sobre todo
por Leone Ebreo. Con frecuencia hay en estas novelas un
fondo de suceso real (personajes cortesanos, gentes
notables), a veces autobiográfico, que intensifica el lirismo
de la prosa.
          El género bucólico siente una nostalgia por el
pasado (piénsese en la «edad dorada» o de Saturno de Los
trabajos y los días [Eng. Works and Days] de Hesíodo [Eng.
Hesiod]), por una hipotética edad de oro donde reinaba la paz
y el amor anteriormente, un paraíso perdido en ésta, ahora,
edad de hierro (siempre el presente). Se valora la vida
sencilla fuera de la corte y de la ciudad, donde impera la
corrupción, la guerra, el dinero, la fama. Se desea volver a
un estado de inocencia, antes de la caída del género humano,
cuando el ser humano vivía en armonía con la naturaleza.
Primitivismo. Utopía. El género bucólico en sí ha muerto,
pero se revitaliza en temas primitivistas tradicionales
universales.
          Los libros de caballerías idealizaban la vida
guerrera; la novela sentimental enfatizaba la pasión amorosa;
la narrativa pastoril hacía hincapié en la idealizacion de la
naturaleza y la vida natural de los campos. La novela
pastoril sirve como contraste o reacción a la vida
furiosamente activa de la época renacentista. Por eso son
frecuentes los elogios a la vida retirada (pensar en Fray
Antonio de Guevara o Fray Luis de León). Hay una desviación
de los ideales activistas hacia la intimidad y el tiempo
lento. Son obras de artificiosidad retórica, de idealización
y de análisis del mundo interior de los personajes. El
género pastoril español es iniciado por un portugués, Jorge
de Montemayor.


Novela fantástica
De Wikipedia, la enciclopedia libre
http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_fant%C3%A1stica
http://es.wikipedia.org/wiki/Literatura_fant%C3%A1stica


La novela fantástica es un género dentro de la narrativa
basado sobre todo en los elementos de fantasía, dentro del
cual se pueden agrupar varios subgéneros, entre los cuales
está la literatura de terror, la Ciencia ficción o el gótico.

En sentido amplio puede hablarse de literatura fantástica o
de fantasía desde los comienzos del hombre, en que se
recitaban versos propiciatorios de carácter sagrado o épico,
para pedir la benevolencia de los dioses o celebrar las
gestas de los guerreros.

En la literatura moderna se considera que comenzó con los
cuentos de hadas y la fábula, géneros nacidos para estimular
la fantasía de los adultos más que la de los niños, aunque
ahora se asocien más a la infancia.

Italo Calvino ha propuesto una subdivisión del género
fantástico en fantástico visionario, con elementos
sobrenaturales como fantasmas y monstruos (que incluye como
subgéneros a la Ciencia ficción, el terror, o la narrativa
gotica) y el fantástico mental (o cotidiano), donde lo
sobrenatural se realiza todo en la dimensión interior (cabe
pensar, por ejemplo, en La vuelta de tuerca de Henry James, o
a Marcovaldo del propio Calvino).la novela fantastica tambien
se trata en ocaciones de lo sobrenatural.
El término literatura fantástica es enormemente confuso
debido a la divergencia de criterios respecto a su
aplicación. Popularmente, se conoce como literatura
fantástica cualquier relato en que participan fenómenos
sobrenaturales y extraordinarios, como la magia o la
intervención de criaturas inexistentes. Esta definición
resulta ineficaz, debido a que los elementos sobrenaturales
están presentes en todos los relatos mitológicos y religiosos
y su presencia tiene, en consecuencia, un carácter muy
distinto del que posee en la civilización actual.

En la ya clásica Introducción a la literatura fantástica,
Tzvetan Todorov definió lo fantástico como un momento de duda
de un personaje de ficción y del lector implícito de un
texto, compartido empáticamente. Los límites de la ficción
fantástica estarían marcados, entonces, por el amplio espacio
de lo maravilloso, en donde se descarta el funcionamiento
racional del mundo, y lo "extraño" o el "fantástico
explicado", en el que los elementos perturbadores son
reducidos a meros eventos infrecuentes pero explicables.
Contra la definición amplia de lo fantástico, esta definición
presenta la debilidad de ser demasiado restrictiva. Se han
propuesto diferentes reformulaciones teóricas que intentan
rescatar el núcleo de esta definición con diversas
salvedades.1

Otra definición posible con criterios históricos sostiene que
la literatura fantástica se define en el seno de una cultura
laica, que no atribuye un origen divino y por tanto
sobrenatural a los fenómenos conocidos, sino que persigue una
explicación racional y científica. En esta situación, el
relato fantástico introduce un elemento sobrenatural,
discordante con el orden natural, que produce inquietud en el
lector. El elemento sobrenatural no sólo sorprende y
atemoriza por ser desconocido, sino que abre una fisura en
todo el sistema epistemológico de su mundo, susceptible de
dar cabida a toda clase de sucesos insólitos y monstruosos.

Historia
La obra El diablo enamorado, escrita por Jacques Cazotte en
1772, está considerada como la primera novela fantástica.
Autores románticos, como E.T.A. Hoffmann y Edgar Allan Poe
cultivaron el género, otorgándoles a sus relatos fantásticos
un cariz de terror psicológico que habría de presagiar en
cierto grado el descubrimiento del inconsciente (Freud se
inspira en un relato de Hoffmann para su definición de lo
siniestro) y la concepción contemporánea de la mente como
creadora de realidad –dotándola de elementos fantásticos.
Otros hitos en la historia de la literatura fantástica son
Frankenstein o el moderno Prometeo (Mary Shelley, 1818),
Drácula (Bram Stoker, 1897) o El extraño caso del doctor
Jekyll y míster Hyde (R. L. Stevenson, 1886)

El agotamiento del género: lo
neofantástico y lo maravilloso
Durante la transición del siglo XIX al siglo XX, el paradigma
epistemológico de Occidente sufre diversas sacudidas. Su
inflexible orden racional se ve sacudido desde todos los
campos del saber: las ciencias humanas (Marx), la filosofía
(Nietzsche), la psicología (Freud) e incluso la física
(Einstein). La revolución que supone la relativización de
todo el conocimiento acumulado durante siglos es recogida
desde el arte dinamitando todos los presupuestos históricos,
incluido el propio concepto de realidad. De este modo, un
suceso sobrenatural ya no puede amenazar un orden
inconsistente. Los escritores reaccionan de dos maneras:
regresando a la literatura mitológica (H.P. Lovecraft, Lord
Dunsany) o introduciendo el fenómeno sobrenatural, ya no como
un inquietante misterio sino como un elemento integrado con
naturalidad en el mundo. Así, La Metamorfosis de Kafka
empieza presentándonos a su protagonista como un insecto, sin
que esto merezca ninguna explicación por parte del narrador
ni haga tambalear la visión del mundo de ninguno de los
personajes de la historia. Lo neofantástico se relaciona
también con el llamado “realismo mágico”, que fue denominador
común de muchos de los escritores del boom hispanoamericano.
Por su parte, la literatura maravillosa ha creado un público
y un sector editorial especializado, gracias al gran éxito de
(además del mencionado Lovecraft) Robert E. Howard, J.R.R.
Tolkien, C.S. Lewis, Ursula K. LeGuin, o Terry Pratchett
(quien aborda el género desde la posmoderna perspectiva de la
parodia y la metaficción). Esta literatura se conoce
igualmente bajo el nombre de literatura fantástica, si bien,
como hemos explicado, esta definición es imprecisa.


Novela bizantina
De Wikipedia, la enciclopedia libre
http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_bizantina
La novela bizantina, o libros de aventuras peregrinas, es uno
de los principales tipos de prosa narrativa escritos durante
el siglo XII por los griegos bizantinos del Imperio Romano de
Oriente. En cierta manera, se trata del género antecesor de
la moderna novela de aventuras. Según la RAE, es un género
novelesco, de aventuras, que se desarrolló en España
principalmente en los siglos XVI y XVII, a imitación de
autores helenísticos.



Características
La expresión designa un tipo de relato surgido en la
literatura griega y cuya estructura y argumento responden a
un esquema común: dos jóvenes amantes, que desean casarse,
encuentran graves obstáculos que se lo impiden: forzada
separación, viajes peligrosos, naufragios, cautiverio, etc.
hasta que, finalmente, consiguen la realización de sus
anhelos al encontrarse y comprobar, con satisfacción, que su
amor ha permanecido fiel y se ha fortalecido en medio de
tantas pruebas y contratiempos arriesgados.

Se trata, pues, de un género de estirpe clásica. Los valores
descubiertos en cuanto a la técnica narrativa: verosimilitud
de la acción y descripción de espacios, verdad psicológica de
los personajes, ingenio de la composición, comienzo in medias
res (como en la poesía heroica), etc. y, sobre todo, en el
contenido: visión moralizadora de la vida, exaltación del
amor casto y de los afectos puros promotores de felicidad,
castigo del amor ilícito, abundancia de máximas y sentencias,
etc., convierten a estas obras en el modelo ideal de lectura
humanista frente a la invasión de la literatura caballeresca.

Orígenes
Los orígenes de la novela bizantina se remontan a la Grecia
helenística de principios del siglo III d. C., en que el
escritor griego Heliodoro de Émesa compuso la obra clásica
del género, las Etiópicas o Teágenes y Cariclea. Este y otros
autores de su tiempo como Aquiles Tacio y su Leucipa y
Clitofonte fueron traducidos en Europa durante el
Renacimiento y sirvieron de modelo para que se recrease el
género en los siglos XVI y XVII, en que este género, a causa
de su origen griego, fue considerado una especie de épica en
prosa por los preceptistas.
Obras representativas
El primer español en crear una novela bizantina fue Alonso
Núñez de Reinoso con su Historia de los amores de Clareo y
Florisea, y los trabajos de la sin ventura Isea (1552),
bastante influida por la novela de Aquiles Tacio, que
pretende imitar.

Siguió luego la Selva de aventuras, de Jerónimo de Contreras
(1565) y El peregrino en su patria (1604), de Lope de Vega,
que se singulariza por nacionalizar el género haciendo que
casi todos los viajes y aventuras transcurran dentro de la
misma España e incluir poemas y autos sacramentales.

También Miguel de Cervantes sintió el encanto del género y lo
cultivó en dos de sus Novelas ejemplares, La española inglesa
y El amante liberal, e incluso la última novela que llegó a
componer, Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617),
pertenece a este género.

La anónima Los amantes peregrinos Angelia y Lucenrique,
compuesta entre 1623 y 1625; Historia de Hipólito y Aminta
(1627), que llegó a alcanzar cuatro ediciones, de Francisco
de Quintana, Historia de las fortunas de Semprilis y
Genorodano (1629), de Juan Enríquez de Zúñiga, Eustorgio y
Clorilene, historia moscóvica (1629), de Enrique Suárez de
Mendoza y Figueroa, marcan la madurez del género.

Después, la novela bizantina adquirió una gran carga
alegórica y moral que impulsó su crisis como género
narrativo. Esta etapa la testimonian obras como el León
prodigioso (1634) y Entendimiento y verdad (1673) de Cosme
Gómez Tejada de los Reyes, y El Criticón (1651, 1653 y 1657)
de Baltasar Gracián.

Características de la novela bizantina

Novela bizantina, género narrativo de novela de aventuras,
que se desarrolló ampliamente en España y otros países
europeos durante los siglos XVI y XVII, cuya característica
consiste en que recurren a lo fantástico e inverosímil, y que
el lector reconoce como irreales. También nos ofrece
encuentros y separaciones de una pareja de enamorados que
tras diversas vicisitudes se reúnen en un encuentro final y
feliz. Estos enamorados van recorriendo diversos países y
conocen remotas y exóticas culturas. Todo ello sucede de modo
que diversos episodios van acumulándose hasta el desenlace
final.

Orígenes de la novela bizantina

Alcanzaron gran difusión y popularidad gracias al desarrollo
de la imprenta, si bien, en cuanto género literario, todavía
no gozaban del prestigio de la poesía y el teatro. Con todo,
las relaciones que se establecieron entre esas formas
narrativas y la tradición helénica clásica, continuada siglos
después en Italia por Boccaccio y otros autores, hicieron que
fueran estimados como `poemas épicos en prosa'. Predominaban
en ellos el viaje y la búsqueda, con episodios muy complejos
entre los que no faltan naufragios, raptos, reconocimientos
sorprendentes entre los personajes , y otras enrevesadas
peripecias arguméntales.

La primera novela bizantina en español fue la Historia de los
amores de Clareo y Florisea, y los trabajos de la sin ventura
Isea, publicada en 1552, y de la que es autor Alonso Núñez de
Reinoso. Es un relato que cuenta con todos los elementos
definitorios del género: el enamoramiento, el voto de
fidelidad, el parentesco aparente, los desplazamientos por
mar, el cautiverio, los sueños premonitorios, las muertes
simuladas, el regreso a la patria y las bodas como premio a
la constancia. Según declara su propio autor, era una
adaptación libre de Leucipe y Clitofontes, del italiano
Aquiles Tacio, traducida en 1544.

Selva de aventuras, de Jerónimo de Contreras, publicada en
1565, es otra de las novelas bizantinas más características.

A comienzos del siglo XVII aparece una de las novelas del
género de mayor alcance, El peregrino en su patria (1604), de
Lope de Vega. Incluye bastantes poemas y cuatro autos
sacramentales.

La novela bizantina en Cervantes

Miguel de Cervantes se publicó póstumamente su obra Los
trabajos de Persiles y Segismunda (1617), que, como todas las
novelas bizantinas, desarrolla un asunto amoroso.
Anteriormente ya había publicado, dentro de sus Novelas
ejemplares (1613), algunos relatos que seguían pautas
helenísticas, como La española inglesa y El amante liberal.
Con todo, y a pesar de su ambición, la crítica considera que
Persiles y Segismunda es decepcionante.
Pararelismos con epopeya poema épico libro de caballerías y
novela pastoril

Los pararelismos que tiene la novela pastoril con la novela
bizantina son :

-Tratan de amores y de la naturaleza

Los paralelismos que establece con el libro de caballerías
son :

- En que nos presenta las aventuras pero esta vez entre
caballeros y no entre como pasa en la novela bizantina que
adecua más a personajes rurales

-Finalmente los paralelismos que tiene con la epopeya y el
poema épico:

Tiene paralelismos con la epopeya ya que sus personajes
tampoco son reales como anteriormente reconoce el lector. En
cambio con los poemas épicos en los que introduce diversos
paisajes


Novela picaresca
De Wikipedia, la enciclopedia libre

http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_picaresca




Lazarillo de Tormes visto por Francisco de Goya.

Novela picaresca es un género literario narrativo en prosa,
muy característico de la literatura española, si bien
trascendió a la europea. Surgió en los años de transición
entre el Renacimiento y el Barroco, durante el llamado Siglo
de Oro de las letras españolas.



Características
La novela picaresca nació como parodia de las idealizadoras
narraciones del Renacimiento: epopeyas, libros de
caballerías, novela sentimental, novela pastoril... El fuerte
contraste con la realidad social generó como respuesta
irónica las llamadas "antinovelas", de carácter antiheróico,
protagonizadas por anticaballeros que amaban a antidamas,
mostrando lo sórdido de la realidad social: los hidalgos
empobrecidos, los miserables desheredados y los conversos
marginados frente a caballeros y burgueses enriquecidos que
vivían en otra realidad observada por encima de sus cuellos
engolados. Por otra parte, y según Herrero García, es

    Un producto pseudoascético, hijo de las circunstancias
    peculiares del espíritu español, que hace de las
    confesiones autobiográficas de pecadores escarmentados
    un instrumento de corrección.

En España el género extraía la sustancia moral, social y
religiosa del contraste cotidiano entre dos estamentos, el de
los nobles y el de los siervos. Durante el siglo XVII
comienza a vulgarizarse y degradarse la hidalguía y
personajes como don Quijote o el hidalgo pobre que se hace
servir por el Lazarillo de Tormes son ilustraciones de este
fenómeno en la literatura española, encontrando también su
correlato reflejado por el género teatral del entremés. El
humilde guitón, bigardo o pícaro de cocina como tal es un
anticaballero errante en una «epopeya del hambre» a través de
un mundo miserable, donde sólo se sobrevive gracias a la
estafa y el engaño y donde toda expectativa de ascenso social
es una ilusión; los vagabundeos de un Pablos o de un Guzmán
constituyen el contrapunto irónico a los de los valientes
caballeros. El Lazarillo de Tormes (1554) es el comienzo de
una crítica de los valores dominantes de la honra y de la
hipocresía que hallará su culminación y configuración
canónica con la Primera parte de Guzmán de Alfarache (1599),
de Mateo Alemán.

Cubierta de una de las ediciones de 1554 del Lazarillo de
Tormes
Las características de este género son las siguientes:

1. El protagonista es un pícaro, de muy bajo rango social o
estamento y descendiente de padres sin honra o abiertamente
marginados o delincuentes. Perfilándose como un antihéroe,
resulta un contrapunto al ideal caballeresco. Su aspiración
es mejorar su condición social, pero para ello recurre a su
astucia y a procedimientos ilegítimos como el engaño y la
estafa. Vive al margen de los códigos de honra propios de las
clases altas de la sociedad de su época y su libertad es su
gran bien, pero también posee una frecuente mala conciencia
que, por ejemplo en Guzmán de Alfarache, se extiende a lo
largo de páginas y más páginas de consideraciones éticas,
morales y religiosas.

2. Estructura de falsa autobiografía. La novela de humor está
narrada en primera persona como si el protagonista, un
pecador arrepentido y antihéroe, fuera el autor y narrara sus
propias aventuras con la intención de moralizar, empezando
por su genealogía, antagónica a lo que se supone es la
estirpe de un caballero. El pícaro aparece en la novela desde
una doble perspectiva: como autor y como actor. Como autor se
sitúa en un tiempo presente que mira hacia su pasado y narra
una acción cuyo desenlace conoce de antemano.

3. Determinismo: aunque el pícaro intenta mejorar de
condición social, fracasa siempre y siempre será un pícaro.
Por eso la estructura de la novela picaresca es siempre
abierta. Las aventuras que se narran podrían continuarse
indefinidamente, porque no hay evolución posible que cambie
la historia.

4. Ideología moralizante y pesimista. Cada novela picaresca
está narrada desde una perspectiva final de desengaño;
vendría a ser un gran «ejemplo» de conducta aberrante que,
sistemáticamente, resulta castigada. La picaresca está muy
influida por la retórica sacra de la época, basada en muchos
casos, en la predicación de «ejemplos», en los que se narra
la conducta descarriada de un individuo que, finalmente, es
castigado o se arrepiente.

5. Intención satírica y estructura itinerante. La sociedad es
criticada en todas sus capas, a través de las cuales deambula
el protagonista en una estructura itinerante en la que se
pone al servicio cada vez de un elemento representativo de
cada una. De ese modo el pícaro asiste como espectador
privilegiado a la hipocresía que representa cada uno de sus
poderosos dueños, a los que critica desde su condición de
desheredado porque no dan ejemplo de lo que deben ser.

6. Realismo, incluso naturalismo al describir algunos de los
aspectos más desagradables de la realidad, que nunca se
presentará como idealizada sino como burla o desengaño.

Trayectoria del género
El elemento humoristico ha sido una constante en la
literatura universal. Aparece en el Satyricon de Petronio
Árbitro, en El asno de oro de Lucio Apuleyo y en otras obras
clásicas, pero también en la Edad Media a través de la
literatura goliardesca uno de cuyos representantes hispánicos
es Juan Ruiz, arcipreste de Hita, y su Libro de Buen Amor; en
las maqamat árabes configuradas como género a fines del siglo
X por el persa Al Hamadani; en los fabliaux franceses; en la
novela en verso Espill (Espejo, 1460), del valenciano Jaume
Roig; en las aventuras folclóricas del astuto campesino
medieval Till Eulenspiegel recopiladas por primera vez en
1515 en una antología alemana, probablemente basada en un
original más antiguo de la Baja Sajonia; en Giovanni
Boccaccio y en el Arcipreste de Talavera Alfonso Martínez de
Toledo, en La Celestina de Fernando de Rojas y sobre todo sus
continuaciones, entre las que destaca la de Feliciano de
Silva; en las autobiografías y biografías de criminales
estudiadas por Parker, en La lozana andaluza de Francisco
Delicado, en El Momo de León Battista Alberti, etcétera. Pero
la trayectoria canónica del género en España es la siguiente:

     Anónimo, Vida del Lazarillo de Tormes y de sus fortunas
      y adversidades (1554).
     Mateo Alemán, Guzmán de Alfarache (1599 y 1604).
     Juan Martí, Segunda parte del Guzmán de Alfarache
      (1603), apócrifo.
     Francisco de Quevedo, Vida del Buscón llamado don Pablos
      (¿1603?), impreso sin permiso del autor en 1626.
     Gregorio González, El guitón Honofre (1604).
     Francisco López de Úbeda, Libro de entretenimiento de la
      pícara Justina (1605).
     Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo, La hija de la
      Celestina (1612), La ingeniosa Elena (1614), refundición
      y ampliación de la anterior, y El sagaz Estacio.
     Juan Cortés de Tolosa, Lazarillo de Manzanares (1620).
     Vicente Espinel, Vida del escudero Marcos de Obregón
      (1618).
     Carlos García, La desordenada codicia de los bienes
      ajenos, (1619).
     Juan de Luna, Segunda parte del Lazarillo de Tormes
      (1620).
     Jerónimo de Alcalá, Alonso, mozo de muchos años o El
      donado hablador, (1624).
     Antonio Enríquez Gómez, Vida de don Gregorio Guadaña,
      (1644).
     Atribuido a Gabriel de la Vega, La vida y hechos de
      Estebanillo González, hombre de buen humor, compuesto
      por él mismo (1646).

Obras asimilables al género, pero que no comparten todas sus
características, son Rinconete y Cortadillo de Miguel de
Cervantes, El diablo Cojuelo de Luis Vélez de Guevara, La
varia fortuna del soldado Píndaro (1626) de Gonzalo de
Céspedes y Meneses, las novelas cortesanas con matices
picarescos Las harpías de Madrid y coche de las estafas
(1631), La niña de los embustes, Teresa de Manzanares,
Aventuras del bachiller Trapaza y su continuación La garduña
de Sevilla y anzuelo de las bolsas (1642) de Alonso de
Castillo Solórzano, Los antojos de mejor vista de Rodrigo
Fernández de Ribera, El castigo de la miseria de María de
Zayas y Sotomayor; muy próximos al costumbrismo están Antonio
Liñán y Verdugo con sus Avisos y guía de forasteros que
vienen a la corte (1620) y El día de fiesta por la tarde de
Juan de Zabaleta, que describen una serie de tipos
sospechosos de la sociedad madrileña de la época; de sesgo
más autobiográfico que picaresco es la Vida de Diego de
Torres y Villarroel. Una derivación hispanoamericana de la
picaresca española es El Periquillo Sarniento (1816), de José
Joaquín Fernández de Lizardi, y El lazarillo de ciegos
caminantes desde Buenos Aires hasta Lima (Gijón, 1773),
narración de elementos picarescos compuesta por
Concolorcorvo, pseudónimo de Alonso Carrió de la Vandera
(1715–1783).


Novela de aventuras
De Wikipedia, la enciclopedia libre
http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_de_aventuras

Las novelas de aventuras son un género literario que enfatiza
en su argumento los viajes, el misterio y el riesgo. Una
característica recurrente es la acción presente hasta dominar
los escenarios, básica para el desarrollo de la trama. En el
cine de aventuras hay unas características que se encuentran
en él y definen el género: la mentada acción, el liderazgo
del héroe o la heroína, el sabor autobiográfico del lector,
que se identifica con los hechos relatados y con los actores
y la sencillez del género, con los recursos de la fotografía
y del guión. Los hechos pueden ser o no ser basados en la
vida real.

Títulos y autores nos recuerdan la historia emocionante de
nuestra adolescencia: La Odisea, la Novela del oeste, el
Oeste estadounidense, El Coyote, Don Quijote, Amadís de
Gaula, Las aventuras de Tom Sawyer, Robinson Crusoe, Los
viajes de Gulliver, La isla del tesoro, Henry Morgan,
Corazón, El conde de Montecristo, Peter Pan, Jack London,
Fenelon, Marco Polo, Mansilla, la novela picaresca. Como
novela popular, el chico y la chica, la violencia: Howard,
Robeson, Tarzán, Mallorquí, también, el cine de Ciencia
ficción, etcétera, y el tema de la Antártida y de los Viajes
por el Espacio ... y los libros de caballerías,
Historiografía colonial, Autobiografías de soldados
españoles, Naúfragios por ejemplo; de los Virreinatos en
América, cine clásico estadounidense en escenarios de
África...

A partir de mediados del siglo XIX, cuando creció la
alfabetización masiva, la aventura se convirtió en un popular
subgénero de la ficción. Ejemplos de este periodo incluyen a
Alexandre Dumas (padre), Julio Verne, H. Rider Haggard,
Emilio Salgari, Louis Henri Boussenard, Thomas Mayne Reid,
Sax Rohmer, Edgar Wallace, John Ronald Reuel Tolkien y Robert
Louis Stevenson. Las novelas de aventuras a menudo se
superponen con otros géneros, en particular las novelas de
guerra, novelas policíacas, historias de mar, robinsonadas,
ciencia ficción, fantasía y de vaqueros. No todos los libros
dentro de estos géneros son aventuras. Las novelas de
aventuras toman el establecimiento y la premisa de estos
otros géneros, pero la trama de ritmo rápido de una aventura
se centra en las acciones del héroe.

Características
A través de la Pampa y de los Andes de Robert Crawford,
cuenta la vida diaria de la busca de agua, comida, encuentros
con los indios, fauna y flora mientras se está proyectando al
trazado de una línea de ferrocarril y la aventura es
precisamente las dificultades increíbles del viaje. Relata
Alberto Mogliazza la aventura de Mansilla en su viaje a una
nación india y aplaude la hidalguía del viajero; otras
características sacadas de los personajes citados o de los
aventureros son la entrega a la causa en contra de las
dificultades grandes, la ilusión enorme de los objetivos a
lograr en unos lugares ignotos, pero muy exóticos y
esotéricos y el relato pormenorizado del paisaje cambiante,
inclusión de detalles arqueológicos, botánicos y las
costumbres de los aborígenos, recuerdesé a Cabeza de Vaca y
los relatos y relaciones de los misioneros y los soldados
sobre los indios y los presuntos tesoros y los viajes
botánicos de Darwin. Se magnifican las acciones del héroe con
los escenarios y con el riesgo asumido pero puede que éste
sea desconocido. La acción esta en los cambios de escenarios;
como sucede en los viajes hacia lo desconocido. Se amplia
algo el punto de vista en la 'aventure novel' de la versión
inglesa y 'roman d'ave.



   Se considera que los orígenes del género de
aventuras se encuentran en La Odisea y en La Ilíada de
Homero (siglo VIII a. d C.) y, por ende, en la épica
clásica. En la primera, el héroe Ulises lucha por
volver a su hogar en Ítaca tras la Guerra de Troya. He
aquí el viaje iniciático del protagonista que será la
base para las futuras aventuras narrativas. También
los cuentos de Las mil y una noches, donde encontramos
a Aladino o Simbad, el marino.

   Con respecto a la Edad Media, los Libros de
Caballerías, como El Libro del Caballero Zifar o el
Amadís de Gaula, son una buena referencia. De 1699 es
Las aventuras de Telémaco, de François Fénelon, basado
en La Odisea y que continúa las aventuras en la figura
del hijo de Ulises, un libro que tuvo mucho éxito
entre los jóvenes de la época, siendo el más leído y
traducido del momento.

   Ya en 1719, encontramos la primera obra moderna del
género, Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, quien basó
su relato en la aventura verídica del marinero
Selkirk, abandonado como castigo en una isla desierta.
Todos conocemos su éxito, tanto que ha sido muchas
veces adaptada al cine e imitada por otros autores.
Ejemplo, Escuela de Robinsones, de Julio Verne (1874).
Tras Crusoe, llegaron Los viajes de Gulliver, de
Jonathan Swift (1726), que, aunque en origen fue una
novela satírica contra la vida política del momento,
encontró un rápido éxito entre niños y jóvenes,
encantados con las aventuras de Gulliver en Lilliput y
otros lugares exóticos. Como ejemplo definitivo del
siglo XVIII, El último de los mohicanos de James
Fenimore Cooper (1757), que narra la lucha de dos
amigos indios por sobrevivir durante la colonización
inglesa de Norteamérica.



    Fue en el siglo XIX cuando se produjo el auténtico
auge de las novelas de aventuras y donde encontramos —
aparte de las ya mencionadas— las obras maestras del
género. Para empezar, el Ivanhoe (1820) de Walter
Scott, que cuenta las aventuras del joven caballero
Wilfred de Ivanhoe, quien tras luchar en Tierra Santa
con el rey Ricardo Corazón de León, regresa a una
Inglaterra llena de intrigas durante la regencia del
príncipe Juan. De algunos años más tarde, 1838, son
Las aventuras de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan
Poe, un relato de aventuras marineras de tipo
episódico.

    El prolífico Alejandro Dumas nos dejó Los tres
mosqueteros (1844) con los inolvidables D’Artagnan,
Athos, Porthos y Aramis, y El conde de Montecristo
(1845), donde el joven Edmond Dantés sufre una cruel
traición y fragua su venganza.



    Charles Dickens publicó en 1850, David
Copperfield; Alphonse Daudet hizo lo propio en 1872
con su Tartarín de Tarascón. Un año después, el genial
Julio Verne presentó La vuelta al mundo en 80 días.
Luego vendría Mark Twain con Las aventuras de Tom
Sawyer en 1876, Las aventuras de Huckleberry Finn en
1884 y Un yanki en la corte del rey Arturo en 1889.
Tampoco podemos olvidar a Robert Louis Stevenson y su
mítica La isla del tesoro (1883), ni Las minas del rey
Salomón (1885) de H. Rider Haggard. Para cerrar el
aventurero siglo XIX, El corsario negro (1898) de
Emilio Salgari y el inquietante viaje a África de
Marlow en El corazón de las tinieblas (1899) de Joseph
Conrad.
    El género de aventuras continuó en el siglo XX con
Las cuatro plumas (1902) de Alfred E. W. Mason, novela
en la que el joven Harry Feversham luchará por reponer
su honor después de desertar del ejército al ser
reclamado para defender la colonia británica de Jartum
en África. Dos años después, James Matthew Barry
publicó Peter Pan, el niño que vivía en el País de
Nunca Jamás y se negaba a crecer.

    La Pimpinela Escarlata (1905) de Emma de Orczy,
relata la doble vida de sir Percy Blakeney, quien para
unos era un arrogante aristócrata francés de vida
frívola, pero que en realidad se dedicaba a salvar a
inocentes del Reinado del Terror tras la Revolución
Francesa. Otro clásico bien explotado por el cine es
el Tarzán de los monos (1914) de Edgar Rice Burroughs,
al igual que las peripecias del espadachín Scaramouche
(1921) de Rafael Sabatini.



    A partir de aquí la multiplicidad de derivaciones
y subgéneros que surgirán a lo largo del siglo XX, así
como sus fusiones entre ellas son prácticamente
incontables para las pretensiones de este trabajo. La
evolución del folletín en lo que se conoció como
“Pulp” en estados unidos, denominación popular
estadounidense que se daba a cierto tipo de revistas
populares especializadas en el relato y la historieta.
Dichas revistas (Weird Tales, Amazing Stories y Black
Mask fueron las más famosas) surgieron al finalizar el
primer tercio del siglo XX. Esto propició la aparición
y consolidación de nuevos subgéneros: la novela
fantástica de espada y brujería, que culminaría en el
Señor de los anillos; la ciencia ficción, que ya
llevaba un tiempo gestándose con las novelas de Wells
y Verne; la serie negra, desarrollo desencantado y
aventurero de las intelectuales novelas de crímenes
del XIX; así como las desventuras del héroe
tecnológico o Bondiano luchando contra toda una
organización criminal que intenta socavar al mundo
libre o el prototipo superheroico del comic book,
reflejo popular de las antiguas gestas griegas.

    Estos son solo algunos de los ejemplos de
aventuras que se han consolidado en la imaginería
popular del siglo XX. Solo una cosa queda clara de
este nuestro último siglo, la aventura debe crear
nuevos y lejanos espacios, o debe recrearlos en los
callejones mas profundos de una urbe que ha dejado de
ser tan conocida como era. Poco queda de los sencillos
viajes en barco a explorar tierras lejanas, el espacio
exótico prácticamente ha desaparecido y las novelas se
ven obligadas no solo a crear nuevas fronteras, si no
a reflejar cada vez mas las fronteras interiores, las
oníricas, las de la psique humana.



Novela gótica
De Wikipedia, la enciclopedia libre
http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_g%C3%B3tica

La novela gótica o de terror es un género literario
relacionado estrechamente con el de terror y subsumido en
éste, al punto de que es difícil diferenciar uno del otro. De
hecho, no puede decirse que existiera la novela de terror
hasta la aparición del terror gótico.

Es una clase de textos incluida dentro del subgénero novela,
inscrito a su vez en el archigénero épico o narrativo. Es
preciso distinguirla de la narración popular fantástica
(folklore) y de los cuentos tradicionales de aparecidos,
porque se desarrolla fundamentalmente desde fines del siglo
XVIII a la actualidad y posee características distintas,
asociadas en general con el movimiento estético conocido como
Romanticismo. En algunos manuales de literatura se hace
referencia a la novela gótica también como novela negra,1 si
bien este término puede dar lugar en la actualidad a
equívocos.

Estrictamente hablando, la primera novela gótica fue El
castillo de Otranto (1765) de Horace Walpole y la última
Melmoth el errabundo (1815) de Charles Maturin. Entre estos
dos autores escribieron Vathek de William Beckford (1786,
originalmente en francés), Los misterios de Udolfo de Ann
Radcliffe (1794), Las aventuras de Caleb Williams de William
Godwin (Londres, 1794), El Monje de Matthew Lewis (1796) y
Manuscrito encontrado en Zaragoza de Jan Potocki (1805).

Posteriormente existe una literatura de terror que más o
menos se inspira en estas obras canónicas del género y a
veces se mezcla con otros géneros. A ella pertenecen obras
como La abadía de Northanger de Jane Austen, que es en
realidad una parodia de Los misterios de Udolfo; Jane Eyre de
Charlotte Brontë o Cumbres borrascosas de su hermana Emily
Brontë; las invenciones góticas de Edgar Allan Poe;
Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley, que es en
realidad la primera novela de ciencia-ficción; Drácula de
Bram Stoker.

Las características de este género pasan por una ambientación
romántica: paisajes sombríos, bosques tenebrosos, ruinas
medievales y castillos con sus respectivos sótanos, criptas y
pasadizos bien poblados de fantasmas, ruidos nocturnos,
cadenas, esqueletos, demonios... Personajes fascinantes,
extraños y extranjeros, peligro y muchachas en apuros; los
elementos sobrenaturales pueden aparecer o sólamente ser
sugeridos. La ubicación elegida, en tiempo y espacio,
respondía a la demanda de temas exóticos característica del
medievalismo, el exotismo y el orientalismo.

En España cultivaron el género José de Urcullu, traductor de
Cuentos de duendes y aparecidos, Londres, 1825. Agustín Pérez
Zaragoza, traductor, refundidor y autor de los doce volúmenes
de Galería fúnebre de espectros, aparecidos y sombras
ensangrentadas, 1831. Antonio Ros de Olano, Gustavo Adolfo
Bécquer, con sus Leyendas en prosa y José Zorrilla, con sus
leyendas en verso, Miguel de los Santos Álvarez y Pedro
Antonio de Alarcón con algunos de sus Cuentos.

Pese a que no existió un movimiento definido como en otras
partes de Europa, diversos escritores rusos incursionaron
tambien en el género aportando relatos que guardan como tema
principal las brujas, los hombres lobos y personajes propios
del folclore eslavo. El primer autor, y más prolífico, en
dedicar su pluma a los relatos de terror es Gógol, con
algunos cuentos cortos como Viy (que cuenta con más de una
adaptación cinematográfica), La noche de San Juan, y La noche
de mayo o la ahogada. Otros autores rusos que introdujeron
historias de terror fueron, Baratynski (El anillo), Somov (El
hombre lobo), Karamzin (La isla de Bornholm) y Lermontov
(Stuss).

Introducción
El adjetivo gótico deriva de godo, aunque en el contexto de
este subgénero literario remite a que gran parte de estas
historias trascurren en castillos y monasterios medievales.
En sentido estricto, el terror gótico fue una moda literaria,
fundamentalmente anglosajona, que se extendió desde finales
del siglo XVIII hasta finales del siglo XIX, como reacción al
Racionalismo. En la literatura de terror moderna los viejos
arquetipos no desaparecieron totalmente.

El movimiento gótico surge en Inglaterra a finales del siglo
XVIII. El renacimiento del gótico fue la expresión emocional,
estética y filosófica que reaccionó contra el pensamiento
dominante de la Ilustración, según el cual la humanidad podía
obtener el conocimiento verdadero y obtener felicidad y
virtud perfectas; su insaciable apetito por este conocimiento
dejaba de lado la idea de que el miedo podía ser también
sublime.
Las ideas de orden de la Ilustración van siendo relegadas y
dan paso a la afición por el gótico en Inglaterra y así se va
abriendo el camino para la fundación de una escuela de la
literatura gótica, derivada de modelos alemanes.

Las narrativas góticas abundan entre 1765 y 1820, con la
iconografía que nos es conocida: cementerios, páramos y
castillos tenebrosos llenos de misterio, villanos infernales,
hombres lobo, vampiros, doppelgänger (transmutadores, o doble
personalidad) y demonios, etc..

Los ingredientes de este subgénero son castillos embrujados,
criptas, fantasmas o monstruos, así como las tormentas y
tempestades, la nocturnidad y el simple detalle truculento,
todo ello surgido muchas veces de leyendas populares. La obra
fundadora del gótico es El castillo de Otranto, de Horace
Walpole (1765). Otras obras claves de esta corriente son
Vathek (1786), de William Beckford, Los misterios de Udolfo
(1794), de Ann Radcliffe, El Monje, de Matthew Lewis,
publicada en 1796, Melmoth el errabundo (1820), de Charles
Robert Maturin y Manuscrito encontrado en Zaragoza de Jan
Potocki. El Romanticismo exploró esta literatura, casi
siempre inspiradora de sentimientos morbosos y angustiantes,
que alcanzó su máximo esplandor en el siglo XIX, a impulsos
del descubrimiento del juego mórbido con el inconsciente.

Aunque Julio Verne cultivó sobre todo los géneros de
aventuras y de la ciencia-ficción, existe una novela suya
poco conocida que posee las características de la novela
gótica: El castillo de los Cárpatos. Dicha novela es
considerada como una "rara avis" en la produción de Verne y
suele considerarse como su única incursión en el género de la
novela gótica con todos los elementos que la caracterizan: un
castillo tenebroso abandonado, una bella cantante de ópera
supuestamente secuestrada por un malvado noble (el Barón
Gortz), un héroe enamorado dispuesto a rescatarla hasta
enloquecer, supersticiones populares sobre fantasmas y
aparecidos, etc... Escrita cinco años antes que Drácula
comparte no pocos elementos comunes con la obra de Bram
Stoker.

Sin embargo, obras de pleno siglo XIX como Té verde, de
Sheridan Le Fanu, Frankenstein, de Mary Shelley, El corazón
delator, de Edgar Allan Poe, y, más adelante, Janet, Cuello
Torcido, de R. L. Stevenson, Drácula, de Bram Stoker, El
Horla, de Guy de Maupassant, Otra vuelta de tuerca, de Henry
James, etc., puede decirse que superan el terror gótico, pues
no reúnen las citadas características. Salvo en casos
excepcionales, tienden al formato corto del cuento en
menoscabo de la novela; no se recurre a las monjas
ensangrentadas, ni son elementos necesarios los aullidos
espectrales y los truenos, rayos y centellas de tormentas; no
tienen por qué transcurrir en escenarios ruinosos, castillos
y monasterios medievales; los fantasmas que presentan no
están "encadenados"; apenas tienen que ver con leyendas
populares... Por lo tanto pueden considerarse ya como obras
plenamente representativas del terror moderno que alcanzará a
nuestros días, si bien en este punto la opinión de los
críticos está dividida.

En los relatos góticos se advierte un erotismo larvado y un
amor por lo decadente y ruinoso. La depresión profunda, la
angustia, la soledad, el amor enfermizo, aparecen en estos
textos vinculados con lo oculto y lo sobrenatural. Algunos
autores sostienen que el gótico ha sido el padre del género
de terror, que con posterioridad explotó el fenómeno del
miedo con menor énfasis en los sentimientos de depresión,
decadencia y exaltación de lo ruinoso y macabro que fueron el
sello de la literatura romántica goticista.

El escritor romántico español Gustavo Adolfo Bécquer (1836-
1870) incluyó en sus Leyendas algunos relatos de miedo muy
meritorios como Maese Pérez, el Organista, El Miserere y El
Monte de las Ánimas.

A fines del siglo XIX, Oscar Wilde tomó este subgénero con
humor en su relato El fantasma de Canterville.

Los cantos de Maldoror de Isidore Ducasse -Conde de
Lautréamont- es una obra considerada como precursora del
surrealismo. No obstante, contiene elementos narrativos que
permiten rastrear rasgos e influencias de obras como Melmoth,
como lo señala Marcelyn Pleynet en su estudio sobre
Lautréamont. En el caso de maldoror, éste es presentado como
un ser que mediante la metamorfosis acecha a los hombres.
Maurice Blanchot y Gaston Bachelard analizan el bestiario de
las formas animales adoptadas por Maldoror; éste suele
denominarse a sí mismo con los apelativos de: El vampiro,
aquel que no sabe llorar, el montevideano, entre otros.

La escritora norteamericana Anne Rice, cuyas obras mezclan lo
cotidiano con historias de vampiros y de erotismo oscuro, ha
tratado de revitalizar, temáticamente, el terror gótico. H.
P. Lovecraft, por su parte, lograría sintetizar en las
primeras décadas del siglo XX la tradición que partía de lo
gótico con la ciencia ficción contemporánea. Actualmente lo
gótico aparece en algunos autores (al menos en determinadas
obras): Angela Carter, P. McGrath, A. S. Byatt, etc.

Características de la Novela Gótica
Según el ensayista César Fuentes Rodríguez, entre las
características específicas de la novela gótica se encuentran
las siguientes2 :

     La intriga se desarrolla en un viejo castillo o un
      monasterio (importancia del escenario arquitectónico,
      que sirve para enriquecer la trama)
     Atmósfera de misterio y suspense (el autor crea un marco
      o escenario sobrenatural capaz, muchas veces por sí
      mismo, de suscitar sentimientos de misterio o terror)
     Profecía ancestral (una maldición pesa sobre la
      propiedad o sobre sus habitantes, presentes o remotos)
     Eventos sobrenaturales o de difícil explicación
     Emociones desbocadas (los personajes están sujetos a
      pasiones desenfrenadas, accesos de pánico, agitaciones
      del ánimo tales como depresión profunda, angustia,
      paranoia, celos y amor enfermizo)
     Erotismo larvado (bajo la atmósfera de misterio laten
      conflictos amorosos mal resueltos y oscuros impulsos
      sentimentales. El paradigma de la doncella en apuros es
      muy frecuente; los personajes femeninos enfrentan
      situaciones que producen desmayos, gritos, llanto y
      ataques de nervios. Se apela al sentido de compasión del
      lector presentando una heroína oprimida por angustiosos
      terrores que, normalmente, se convierte en el foco de la
      trama. Otro paradigma insoslayable es el de la figura
      masculina tiránica; suele tratarse de un padre, rey,
      marido o guardián que requiere de la doncella una acción
      indigna o inadmisible, sea el casamiento forzado, el
      sacrificio de su castidad o alguna acción todavía más
      siniestra)
     Falacia patética (las emociones de los protagonistas
      intervienen en la apariencia de las cosas, o bien el
      clima que rodea una escena define el estado de ánimo de
      los personajes)

El terror moderno
El terror moderno es la etapa de la literatura de terror que
se desarrolla ya a partir de la primera mitad del siglo XIX
por obra de precursores, como el norteamericano Edgar Allan
Poe (1809-1849) y el irlandés Joseph Sheridan Le Fanu (1814-
1873), cuyas aportaciones, especialmente el llamado terror
psicológico, supusieron una profunda transformación de la
literatura de terror gótico anterior, de raíces estrictamente
románticas, y que, como se ha visto, utilizaba como principal
recurso el "susto" y otras técnicas que hoy podrían pasar por
anticuadas y rudimentarias.

Historia

Ya en las postrimerías del siglo XIX el cuento de horror o de
fantasmas experimentaría nuevamente un gran avance a resultas
de las aportaciones de los grandes cultivadores que encontró
esta modalidad en Inglaterra (alguno sería de otra
nacionalidad, como el francés Guy de Maupassant), en las
épocas victoriana y eduardiana. Autores como Robert Louis
Stevenson, M. R. James, Henry James, Saki (Hector Hugh Munro)
y Arthur Machen, entre otros, ejercerían una profunda
renovación de estilos, temas y contenidos que, ya en pleno
siglo XX, acabaría desembocando en el último autor mayor del
género: el norteamericano Howard Phillips Lovecraft (1890-
1937). Con él, el género macabro experimentaría nuevamente un
giro de 180 grados.

Este autor, cuyo principal referente, según él mismo
confesaba, era su compatriota Poe, fue el creador del llamado
"cuento materialista de terror" (por oposición al
"espiritualismo" a ultranza propio del relato de fantasmas
tradicional). Introdujo, además, en el género elementos y
contenidos propios de la naciente ciencia-ficción, lo que
tendría amplias repercusiones en toda la literatura y el cine
posteriores. Lovecraft, orientándose en principio a partir de
las subyugantes fantasías que le proporcionaba su propio
mundo onírico, supo conciliar éstas con las enseñanzas de
autores de su predilección como Poe, Lord Dunsany, Ambrose
Bierce, Algernon Blackwood y William Hope Hodgson, lo que dio
como resultado la asombrosa invención de una nueva mitología
pagana, los Mitos de Cthulhu, a través de la cual logró dar
cumplida expresión a los muchos terrores y obsesiones que
anidaban en su personalidad enfermiza. Sin embargo, en
ocasiones se ha achacado a Lovecraft un estilo encorsetado,
abundante en adjetivos y fórmulas repetitivas, que hace que
sus argumentos pueden predecirse con facilidad a medida que
el lector asimila la técnica del autor.
Es necesario mencionar en este punto al grupo de autores que
acompañó a Lovecraft en su alucinante periplo literario,
publicando relatos en la famosa revista norteamericana Weird
Tales, unos pertenecientes al Círculo de Lovecraft y otros
independientes: Robert Bloch, Clark Ashton Smith, Fritz
Leiber, Frank Belknap Long, Henry Kuttner, Seabury Quinn,
August Derleth, Robert E. Howard, Donald Wandrei, etc.,
algunos de ellos, a juzgar por la opinión de los críticos, de
valores literariamente discutibles.

Uno de los modelos de Lovecraft es el autor inglés, ya
citado, William Hope Hodgson al cual se considera un
precursor del género de terror materialista creado por aquel.
Nacido en 1875 y muerto en 1918, su obra "La casa del fin del
mundo" narra en primera persona las peripecias del habitante
de una pequeña aldea irlandesa que es raptado por unos seres
mitad hombres, mitad bestias, y transportado a otra
dimensión.

Pero el escritor que gran parte de la crítica sitúa al lado
de Poe, Lovecraft y Maupassant en el panteón de ilustres
cultivadores del miedo, es el norteamericano Ambrose Bierce
(1842-1914?), quien a través de contundentes filigranas como
Un terror sagrado, La ventada cegada y La cosa maldita se
evidenció como maestro absoluto en la recreación de tensas
atmósferas desasosegantes en medio de las cuales estalla de
pronto un horror absorbente y feroz.

El tópico del hombre lobo fue introducido en el género por
Guy Endore, con su novela "El hombre lobo en París", 1933.

La última hornada del género de terror cuenta con figuras
literariamente controvertidas, la mayoría procedentes del
mundo anglosajón, como Stephen King, Ramsey Campbell y Clive
Barker, autores de gran número de best-sellers, algunos de
los cuales han sido adaptados con éxito al cine. En los
últimos años, la producción de este género se ha trasladado,
en gran parte, desde el campo de la literatura al de la
cinematografía, la historieta, la televisión y los video-
juegos, dando origen a un nuevo subgénero de terror, el gore,
caracterizado por el fácil recurso a las escenas sangrientas
y la casquería barata.


Novela histórica
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La novela histórica es un subgénero narrativo propio de
romanticismo en el siglo XIX, pero con una gran vitalidad aún
durante el siglo XX. Según György Lukács, toma por propósito
principal ofrecer una visión verosímil de una época histórica
preferiblemente lejana, de forma que aparezca una cosmovisión
realista e incluso costumbrista de su sistema de valores y
creencias. En este tipo de novelas han de utilizarse hechos
verídicos aunque los personajes principales sean inventados.

Al contrario que la novela pseudohistórica del siglo XVIII,
de fin meramente moralizante, la novela histórica exige del
autor una gran preparación documental y erudita, ya que de lo
contrario ésta pasaría a ser otra cosa: una novela de
aventuras, subgénero en la que la historia se convierte
solamente en un pretexto para la acción, como sucede, por
ejemplo, en la mayor parte de las novelas de Alexandre Dumas
padre. Por el otro extremo se llega también a desnaturalizar
el género con lo que se llama historia novelada, en la que
los hechos históricos predominan claramente sobre los hechos
inventados, que es lo que ocurre por ejemplo con Hernán Pérez
del Pulgar, el de las Hazañas, de Francisco Martínez de la
Rosa. La historia novelada da pábulo a disquisiciones del
autor y la historia es sólo un pretexto para exponer sus
teorías, de forma que con frecuencia posee un carácter casi
ensayístico.

  



Evolución del género

La novela histórica sólo llega a configurarse definitivamente
como género en el siglo XIX a través de la veintena de
novelas del erudito escocés Walter Scott (1771-1832) sobre la
Edad Media inglesa, la primera de las cuales fue Waverley
(1814). Como señala Lukacs, este autor era un noble
empobrecido que mitificó sus orígenes sociales como una
especie de don Quijote de la Mancha. La novela histórica nace
pues como expresión artística del nacionalismo de los
románticos y de su nostalgia ante los cambios brutales en las
costumbres y los valores que impone la transformación
burguesa del mundo. El pasado se configura así como una
especie de refugio o evasión, pero, por otra parte, permite
leer en el pasado una crítica a la historia del presente, por
lo que es frecuente en las novelas históricas encontrar una
doble lectura o interpretación no sólo de una época pasada,
sino de la época actual. Durante el siglo XVIII, sin embargo,
se escribieron novelas pseudohistóricas cuya cosmovisión y
escala de valores eran rigurosamente contemporáneos y también
de muy discutible verosimilitud; por otra parte su propósito
abiertamente moral y educativo y su lenguaje poco respetuoso
con la época reflejada impedían considerarlqw estrictamente
novelas históricas, como por ejemplo Les incas de Jean-
François Marmontel, en Francia, o El Rodrigo de Pedro de
Montengón, en España.

El éxito de la fórmula literaria de Walter Scott fue inmenso
y su influjo se extendió con el Romanticismo como uno de los
símbolos principales de la nueva estética. Discípulos de
Walter Scott fueron, en Estados Unidos de América, James
Fenimore Cooper (1789-1851), quien escribió El último
mohicano en 1826 y continuó con otras novelas históricas.

En Francia, Alfred de Vigny (1797-1863), autor de la primera
novela histórica francesa, Cinq-mars (1826), y después Víctor
Hugo Nuestra Señora de París o Alexandre Dumas (padre), al
que importaba sobre todo la amenidad de la narración en obras
como Los tres mosqueteros.

En Italia surgió una auténtica obra maestra del género, I
promessi sposi (o Los novios editada primeramente en 1823 y
reformada después en dos entregas de 1840 y 1842), de
Alessandro Manzoni, donde se narra la vida en Milán bajo la
tiránica dominación española durante el siglo XVII, aunque
este argumento encubre una crítica de la dominación austriaca
sobre Italia en su época. En Alemania, Theodor Fontane
escribió su monumental Antes de la tormenta (1878).

En Rusia, el romántico Aleksandr Pushkin compuso notables
novelas históricas en verso y la más ortodoxa La hija del
capitán (1836). Allí se escribió también otra cima del
género, la monumental Guerra y paz de León o Lev Tolstói
(1828-1910), epopeya de dos emperadores, Napoleón y
Alejandro, donde aparecen estrechamente entrelazados los
grandes epifenómenos históricos y la intrahistoria cotidiana
de cientos de personajes.

En Polonia la novela histórica fue un género muy popular; lo
cultivó en el Romanticismo Józef Ignacy Kraszewski y después
Aleksander Glowacki (Faraón, en 1897) y, sobre todo el premio
Nóbel Henryk Sienkiewicz, que compuso una trilogía sobre el
siglo XVII formada por A sangre y fuego (1884) El diluvio
(1886) y El señor Wolodyjowski (1888). Continuó con Los
caballeros teutones (1900), ambientada en el siglo XV, y con
la algo anterior y considerada su obra maestra, Quo vadis?
(1896) en que se evocan los comienzos del cristianismo en la
Roma pagana.

Los escritores realistas no se dejaron influir por el origen
romántico del género y lo utilizaron, como Gustave Flaubert
(Salambô, 1862) o Benito Pérez Galdós con sus Epidodios
nacionales. En el siglo XX la novela histórica tampoco decayó
y sintieron predilección por el género escritores como el
finés Mika Waltari (Sinuhé, el egipcio o Marco, el romano);
Robert Graves, (Yo, Claudio, Claudio, el dios, y su esposa
Mesalina, Belisario, Rey Jesús...); Winston Graham, quien
compuso una docena de novelas sobre Cornualles a finales del
siglo XVIII; Marguerite Yourcenar (Memorias de Adriano); Noah
Gordon, (El último judío); Naguib Mahfouz (Ajenatón el
hereje), Umberto Eco (El nombre de la rosa, Baudolino),
Valerio Massimo Manfredi, los españoles Juan Eslava Galán y
Arturo Pérez-Reverte y muchos otros que han cultivado el
género de forma más ocasional.

Puede hablarse asimismo de una novela histórica
hispanoamericana que —con los precedentes de Enrique
Rodríguez Larreta (La gloria de don Ramiro, 1908) y el
argentino Manuel Gálvez— se halla representada por el cubano
Alejo Carpentier (El siglo de las luces o El reino de este
mundo, entre otras), el argentino Manuel Mújica Láinez con
Bomarzo, El unicornio y El escarabajo, el colombiano Gabriel
García Márquez El general en su laberinto, acerca de Simón
Bolívar, el peruano Mario Vargas Llosa La fiesta del chivo,
sobre el dictador de la República Dominicana Rafael Leónidas
Trujillo, El paraíso en la otra esquina, sobre la escritora
peruana del siglo XIX Flora Tristán la chilena Isabel Allende
La casa de los espíritus, los puertorriqueños Luis López
Nieves El corazón de Voltaire y Mayra Santos-Febres "Nuestra
Señora de la Noche", etc.

Una clase particular de obras dentro de la novela histórica
hispanoamericana la constituye la novela de dictadores,
representada por El señor presidente, del premio Nóbel
guatemalteco Miguel Ángel Asturias, El otoño del patriarca,
de Gabriel García Márquez, Yo, el supremo, de Augusto Roa
Bastos o La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa, entre
otras. NUEVA NOVELA HISTÓRICA
A esta importante lista de novelas sobre dictadores
latinoamericanos, debe agregarse , del escritor mexico-
guatemalteco Óscar René Cruz O.El presidente olvidado. Rafael
Carrera publicada en el 2009.

La novela histórica en España e Hispanoamérica

Fuera de la pretensión de Miguel de Cervantes de escribir una
novela histórica sobre Bernardo del Carpio, El Bernardo, que
la muerte frustró, y de las novelas pseudohistóricas de
intención didáctica y moral de Pedro de Montengón (1745-
1824): El Rodrigo (acerca de la pérdida de España por los
visigodos) y Eudoxia, puede decirse que la primera novela
histórica escrita en español fue escrita por Rafael Húmara,
Ramiro, conde de Lucena publicada en París en 1823 y con un
importante prólogo sobre el género; en América la primera
novela histórica publicada en castellano fue la anónima
publicada en Filadelfia Jicotencal, sobre la conquista de
Tlaxcala por Hernán Cortés en 1826, atribuida erróneamente a
los cubanos Félix Varela o a José María de Heredia y que
recientemente ha sido atribuida definitivamente a su
verdadero autor, el revolucionario liberal, periodista e
historiador español Félix Mejía. Existía, sin embargo, una
novela histórica un poco anterior escrita en inglés por
españoles emigrados: Vargas (1822), atribuida a José María
Blanco White; Don Esteban y Sandoval or the Freemason (ambas
de 1826), de Valentín Llanos; o Gomez Arias or the Moors of
the Alpujarras (1826) y 'The Castilian' (1829) de Telesforo
de Trueba y Cossío.

Mucho más recordadas son las aportaciones de Mariano José de
Larra (1809-1837, El doncel don Enrique el Doliente) y José
de Espronceda (1808-1842, Sancho Saldaña o el castellano de
Cuéllar). Con El señor de Bembibre (1844), de Enrique Gil y
Carrasco, donde se narran los amores de Álvaro y Beatriz
sobre el telón de fondo de la extinción de la Orden del
Temple y se recrea un mundo onírico y legendario. Amaya o Los
vascos en el siglo VIII, del escritor carlista Francisco
Navarro Villoslada obedece igualmente a un nacionalismo
típicamente romántico, mientras que las obras anteriores
obedecen más bien a la nostalgia burguesa por la desaparición
del pasado, vinculable al nacimiento de otros géneros del
Romanticismo como el artículo de costumbres.

Sin embargo, la novela histórica más popular fue la escrita
por entregas por el fecundo literato Manuel Fernández y
González (1821-1888), quien, a caballo entre el Romanticismo
y el Realismo, se hizo famoso por obras consagradas a un
público más amante del sensacionalismo como El cocinero de Su
Majestad, La muerte de Cisneros o Miguel de Mañara.

El novelista del Realismo Luis Coloma sintió una especial
inclinación al género, al cual ofreció las obras Pequeñeces
(1891), sobre la sociedad madrileña de la Restauración,
Retratos de antaño (1895), La reina mártir (1902), El marqués
de Mora (1903) y Jeromín (1909), esta última sobre don Juan
de Austria.

La cima indudable de la novela histórica española la
representa una larga serie de 46 novelas, los Episodios
nacionales del novelista del Realismo Benito Pérez Galdós,
que cubren gran parte del siglo XIX extendiéndose desde
Trafalgar y la Guerra de la Independencia española hasta la
Restauración y ofrecen una versión didáctica de la historia
de España de ese siglo.

Un periodo casi semejante, pero que hace mayor hincapié en
las luchas entre liberales y carlistas y contemplado desde un
punto de vista más sombrío y pesimista, es el cubierto por
las Memorias de un hombre de acción de Pío Baroja, centradas
en la trayectoria de un antepasado suyo, el conspirador
Eugenio de Aviraneta.

También Ramón María del Valle-Inclán se aproximó al género a
través de dos trilogías: La guerra carlista, compuesta por
Los cruzados de la causa (1908), El resplandor de la hoguera
(1909) y Gerifaltes de antaño (1909). Sobre el reinado de su
aborrecida reina Isabel II compuso una segunda trilogía, El
ruedo ibérico, compuesta por La corte de los milagros (1927),
Viva mi dueño (1928) y Baza de espadas, que apareció póstuma.

Durante la dictadura franquista la novela histórica española
se limitó de forma casi monomaniaca al tema de la Guerra
civil española. Quizá la mejor de estas obras en el bando de
los vencedores sea la de Agustín de Foxá, Madrid, de corte a
checa, aunque fue más popular José María Gironella con obras
como Los cipreses creen en Dios, Un millón de muertos y Ha
estallado la paz, entre otras. Este tema fue obsesivo incluso
entre los escritores exiliados, que ofrecieron mejores
muestras en este género: (Ramón J. Sender, con su enealogía
Crónica del alba, inspirada en sus propios recuerdos y otras
muchas no sólo sobre historia de la guerra civil española;
Arturo Barea, con su trilogía La forja de un rebelde,
formadas por tres novelas que se desarrollan durante la
infancia del autor en Madrid antes de la Guerra Civil, la
Guerra de Marruecos y la Guerra Civil; Max Aub con las seis
novelas del ciclo El laberinto mágico: Campo cerrado (1943),
Campo de sangre, (1945), Campo abierto, (1951), Campo del
moro (1963), Campo francés (1965) y Campo de los almendros
(1968), o Manuel Andújar, con su trilogía Vísperas y Lares y
penares). Ricardo Fernández de la Reguera y Susana March,
publicaron varios Episodios Nacionales Contemporáneos,
siguiendo la idea de Pérez Galdós y centrándose en el primer
tercio del siglo XX.

La restauración democrática supuso una revitalización del
género, que se enriqueció con una temática más diversa.
Iniciaron esta corriente autores como Jesús Fernández Santos
con Extramuros (1978), Cabrera, sobre los prisioneros
franceses de la Guerra de la Independencia o El griego, sobre
el famoso pintor cretense afincado en Toledo Doménikos
Theotokópulos "El Greco", o como José Esteban, que en El
himno de Riego (1984) refleja las meditaciones del autor de
la revolución española de 1820, horas antes de ser ejecutado
y en La España peregrina (1988) escribe el diario de Torrijos
y pasa revista a los otros emigrados liberales españoles en
Londres bajo el punto de vista de José María Blanco White.

José María Merino, por otra parte, escribió una trilogía de
novelas históricas destinadas al público juvenil entre los
años 1986 y 1989 formada por El oro de los sueños, La tierra
del tiempo perdido y Las lágrimas del sol, en que desarrolla
la historia del adolescente mestizo Miguel Villacel Yölotl,
hijo de un compañero de Cortés y una india mexicana.
Posteriormente, algunos autores se consagraron especialmente
al género, como Juan Eslava Galán, Terenci Moix, Arturo
Pérez-Reverte, Antonio Gala o Francisco Umbral. La aportación
de Fernando Savater fue una novela epistolar sobre una de sus
aficiones, Voltaire, titulada El jardín de las dudas. Incluso
autores más veteranos echaron su cuarto a espadas, como
Miguel Delibes, que se acercó a la inquisición y el
protestantismo español en el siglo XVI con la novela El
hereje, o Gonzalo Torrente Ballester, que con Crónica del rey
pasmado se aproximó humorísticamente a la España del joven
rey Felipe IV. Entre la nueva generación de autores de novela
histórica españoles podríamos destacar, también, las
incursiones en el género de aventuras de León Arsenal, o la
extensa biografía dedicada al héroe germano Arminio y a su
Batalla del bosque de Teutoburgo, de Artur Balder,
reconstrucción con no pocas influencias de Robert Graves y
los inevitables anecdotarios de los historiadores romanos
como Tácito.




Novela policíaca
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Sherlock Holmes por Sidney Paget.

La novela policíaca o novela detectivesca es una clase de
textos o género literario dentro de la novela, que es a su
vez un género de la épica o narrativa. Su principal móvil lo
constituye la resolución de un caso. Por tanto, se trata de
una estructura novelística cerrada. El protagonista, un
policía o detective, resuelve el caso usando la razón (siglos
XVIII - XIX), basándose en la indagación y observación, o
usando la intuición , los sentimientos y la deducción (siglos
XX - XXI).

Entre los antecedentes que dieron origen a este tipo de
escrito se encuentran otras manifestaciones literarias como
la novela gótica o de horror (siglo XVIII), que desarrolla
dos tipos: una novela con hechos de horror, como El Monje
(1796) de Matthew Lewis y otra con hechos de misterio como
Frankenstein (1818) de Mary Shelley. Estos tipos de novela
aportaron al género policíaco el carácter racional, ya que en
ellas los misterios siempre tenían una explicación lógica al
final del relato. Otra manifestación literaria que influyó en
el género fue la novela de aventuras, que era un relato
extenso donde el protagonista sufría numerosas peripecias,
para llegar al final de un difícil viaje. Su protagonista es
un héroe que representa al ser humano como debería ser, un
hombre lleno de virtudes.

Un antecedente histórico importante para el desarrollo de
este tipo de novela fue la creación de la institución
policial en Prusia (1822) y luego en Londres (1829), con la
Policía Metropolitana en Scotland Yard. En esos años también
se prohibió la tortura para la confesión de los criminales y
comenzó a buscarse indicios para que un sospechoso confesara
su culpabilidad.



Características
La novela policíaca que comenzó siendo un enigma que se
proponía al lector, un desafío a su imaginación y su
capacidad deductiva, con el paso de los años el género fue
evolucionando hacia formas mucho más complejas que atañen a
la descripción de la sociedad en general, sus partes más
oscuras, y los tipos de personas que prosperan en esos
ambientes.




Policías de comienzos del siglo XX

Durante el siglo XIX, el detective de estas novelas hizo
triunfar la razón por sobre todo, además de demostrar la
seguridad y tranquilidad de poseer el mundo. La figura del
detective privado nace como una crítica a la policía
institucional del estado, ya que se consideraba que había
fracasado con sus responsabilidades.
La novela policíaca se acerca a la naturaleza humana de una
manera mucho más cruda que otros géneros, mostrando la parte
amarga tanto de las personas como de las sociedades. El
detective, que empezó siendo un personaje burgués, elegante y
ocioso (novela policíaca inglesa), fue evolucionando hacia el
tipo duro que buceaba en la inmundicia de su tiempo (novela
policíaca estadounidense o novela negra). Mientras al
principio sólo se mostraban los hechos y las investigaciones
del detective, luego se fue poniendo mayor énfasis en la vida
y motivaciones del delincuente y las raíces socioculturales
de la delincuencia.

La novela negra evolucionó y se vulgarizó gracias a su éxito
en colecciones populares hacia el subgénero del thriller,
donde se mezcla de novela policíacas y la novela de
fantasias.

Antecedentes
Aunque el género tiene muy antiguos precedentes (por ejemplo,
los cuentos hebreos tradicionales sobre la sagacidad del
profeta Daniel incorporados a la Biblia en el Libro de
Daniel, o la tragedia de Sófocles Edipo Rey, o la novela
picaresca, o la biografía de criminales, o los libros de
causas célebres), el género es fundamentalmente tan moderno
como la misma literatura de ciencia-ficción y se desarrolló
fundamentalmente durante los siglos XIX y XX; en sus inicios
fue calificada como "literatura barata" o "subliteratura"
porque el crimen era de por sí un tema antiestético y no
había trasfondo moral ni artístico.




Frankenstein de Mary Shelley

Entre los antecedentes que dieron origen a este tipo de
escrito se encuentran otras manifestaciones literarias como
la novela gótica o de horror (siglo XVIII), que deasarrolla
dos tipos: una novela con hechos de horror, como El Monje
(1796) de Matthew Lewis y otra con hechos de misterio como
Frankenstein (1818) de Mary Shelley. Estos tipos de novela
aportaron al género policíaco el carácter racional, ya que en
ellas los misterios siempre tenían una explicación lógica al
final del relato. Otra manifestación literaria que influyó en
el género fue la novela de aventuras, que era un relato
extenso donde el protagonista sufría numerosas peripecias,
para llegar al final de un difícil viaje. Su protagonista es
un héroe que representa al ser humano como debería ser, un
hombre lleno de virtudes.

Un antecedente histórico importante para el desarrollo de
este tipo de novela fue la creación de la institución
policial en Prusia (1822) y luego en Londres (1829), con la
Policía Metropolitana en Scotland Yard. En esos años también
se prohibió la tortura para la confesión de los criminales y
comenzó a buscarse indicios para que un sospechoso confesara
su culpabilidad.

Orígenes y padres del género




Edgar Allan Poe

El origen de la novela criminal o de misterio tiene una fecha
concreta. En 1844, Søren Kierkegaard publica El concepto de
angustia, e inmediatamente después ve la luz El cuervo, de
Edgar Allan Poe. No hay una coincidencia fruto de la
casualidad. Hay un estrecho margen de tiempo, más bien, en el
que la causalidad hace su trabajo. ¿Por qué aparece la novela
policíaca? Es el miedo, la “filosofía de la angustia” o “de
la inseguridad” de la que habla Kierkegaard,1 quien reina en
el alma de la gente. En una época convulsa aparece la
neurosis de la sociedad industrial. Algunos autores
aprovecharán incluso este hecho para opinar sobre el origen
social de la novela policíaca desde un enfoque marxista.

Más allá de proyecciones de teorías políticas, lo que parece
seguro es que el hombre decimonónico estaba necesitado de
este género, como lo estamos ahora. En cierta manera todo
encaja con la definición de Thomas Narcejac:

    “La novela policíaca -dice- es un relato donde el
    razonamiento crea el temor que se encargará luego de
    aliviar”.

Si leemos novela de misterio es porque sabemos que la vida es
algo impredecible. Necesitamos ver cómo se restablecen el
orden social y nuestra fe en la justicia, todo ello mediante
el caminar exacto de la investigación racional. Estamos
carentes de esa confianza de la que hablábamos al principio,
lo que nos lleva a pedir a gritos ocultas intrigas que se
revelen gracias a la inteligencia. Es de nuevo Narcejac quien
opina sobre este hecho:

    «Claude Bernard anunciaba a Edgar Poe. La investigación
    polarizaba toda la atención. Pasó a ser la aventura por
    excelencia, el gesto del espíritu que lleva la antorcha
    al corazón de las tinieblas. Bastaría con que el
    investigador fuera un detective y el misterio adquiriera
    la forma de complot para que naciera la novela
    policíaca.»
    «La deducción aparecía como la ambiciosa voluntad de la
    inteligencia que pretendía prescindir de la experiencia»
    “Le roman policier”, 1958.


Puede decirse que el creador de la novela policíaca es el
estadounidense Edgar Allan Poe, en sus cuentos Los crímenes
de la calle Morgue (1841), El misterio de Marie Rogêt (1842-
1843), La carta robada (1844) y El escarabajo de oro (1843).
Los tres primeros fueron protagonizadas por Auguste Dupin, el
primer detective de ficción, que sirvió de modelo a uno de
los personajes arquetípicos del género, el detective Sherlock
Holmes de sir Arthur Conan Doyle, quien considera dos
aspectos al resolver un crímen: se fundamenta en deducciones
y se obliga a no adivinar nada. Finalmente llega a
conclusiones razonadas, como una máquina lógica perfecta.
Doyle, junto a Agatha Christie y otros autores, llevaron el
género a su madurez formando la llamada escuela inglesa de
novela policíaca, caracterizada por un desarrollo casi
matemático de la trama, centrada en la resolución del enigma
a través de pistas y piezas que deben encajarse, fórmula
intelectualizada y psicológica en sus mejores momentos que es
desenvuelta casi siempre en espacios interiores y en estratos
sociales de clase alta. Entre los ingleses merece también
citarse a Wilkie Collins quien, con La piedra lunar (The
Moonstone, 1868) es cosiderado como uno de los precursores
del género (T. S. Eliot).

La escuela estadounidense de novela policíaca, por el
contrario, formada principalmente por Dashiell Hammett,
Raymond Chandler y Jim Thompson, criticó el escaso realismo
de esas novelas y dejó en segundo lugar la importancia del
enigma y lo subordinó a la suspensión, siempre con el fin de
subrayar los aspectos sociales del crimen y la denuncia de
una sociedad corrupta, contribuyendo a crear la llamada
novela negra, de ambientación urbana y callejera y donde se
devuelve el crimen a la calle y a los ambientes miserables
donde más se suele cometer, de forma que se cuestionen los
valores éticos y materialistas de la sociedad capitalista de
consumo como responsable en última instancia del crimen.
Gracias al detective de la historia se resuelven Las enigmas
de la historia


Novela sentimental
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La novela sentimental es un subgénero literario histórico que
se desarrolla entre el Prerrenacimiento del siglo XV y el
Renacimiento de la primera mitad del siglo XVI. Se incluye
dentro del archigénero épico o narrativo y se compone en
prosa con versos intercalados, a veces en forma epistolar;
posee temática amorosa, frecuentemente dentro de las leyes
del llamado amor cortés.

Origen
El género surge a mediados del siglo XV; algunos de los
elementos externos proceden de los libros de caballerías,
como la caracterización de los protagonistas y algunos
episodios concretos como el de Beltenebros del Amadís de
Gaula. Otro elemento configurante es la retórica de la lírica
cancioneril con su visión del amor cortés. Debajo de las
finuras del estilizado amor cortés se esconden violentas
pulsiones sexuales, que cuando se ven frustradas provocan
conflictos tales que conducen a los héroes a vivir como
fieras en terrenos desérticos. Prácticamente terminada la
Reconquista en el siglo XV, acaece la crisis de los ideales
guerreros medievales y es preciso sustituirlos por otros de
naturaleza cortesana. El guerrero pasa a un segundo plano
reemplazado por el cortesano.

Características
Posee tema amoroso y es más breve que otra formas de
narracion; su acción es predominantemente psicológica,
interior, y por eso incluye cartas y poemas. Su desenlace es
trágico y triste. La dama es cruel y el enamorado muere
aunque consiga coronar su amor, si lo consigue. Se inspira en
la Elegia di madonna Fiammeta de Giovanni Boccaccio, quien a
su vez evoca las Heroidas del romano Ovidio, cartas de
amantes despechadas. El estilo es amanerado, propio de la
poesía lírica cancioneril (antítesis, derivaciones,
políptotos, paradojas, alegorías), y va dirigida a un público
cortesano; su protagonista, que emplea la primera persona, es
masculino.

Frente a Marcelino Menéndez Pelayo, que define al género por
su temática amorosa, su heterogeneidad estructural ha sido
señalada por Carmelo Samonà como muestra de que no constituye
un género separado de cualquier otra ficción amorosa. Pero el
género no se presenta heterogéneo ni falto de uniformidad,
sino que posee unos rasgos característicos y elementos
comunes: son narraciones cortas frente a las ficciones
caballerescas, mucho más extensas y en cierto modo opuestas
en cuanto a sus arquetipos, que plantean situaciones de un
curioso sadomasoquismo: el guerrero inflexible, fuerte y
cruel es sin embargo un rendido, pusilánime y blando amante
completamente entregado al amor de una dama. Se analizan
aspectos emocionales de la relación amorosa; no se fijan en
acciones externas; utilizan los códigos literarios del amor
cortés: divinización de la amada siendo el amante siempre
inferior; la novela se desarrolla en un marco social elevado
de nobles y de reyes; el final es siempre trágico y
desdichado; se da prioridad al sentimiento sobre la razón; la
heroicidad sentimental del amante viene dada por su suicidio
o su destierro; las novelas poseen un contenido feminista
plenamente renacentista; los hechos se suelen situar en
lugares alejados (Escocia, Hungría) y en sitios tenebrosos
como cárceles o castillos; existe una mínima narración, pero
falta la descripción: no aparece la realidad cotidiana ni la
descripción costumbrista y el mundo es noble e idealizado;
como consecuencia de todo lo anterior, predomina un absoluto
subjetivismo; el cronotopo no sufre modificaciones y es
estático y los personajes aparecen siempre iguales: la
atemporalidad narrativa más obvia preside estos relatos.

Evolución
La evolución diacrónica del género entre Padrón y Juan de
Flores es la siguiente. En el Siervo el mundo caballeresco es
aun muy importante, existe consumación carnal, lo que es
propio de los libros de caballerías. El caballero es el
centro de la pasión amorosa de dos damas, aunque esta
concepción inicial se ve modificada más tarde. Las ideas
caballerescas se van paulatinamente transformando en Diego de
San Pedro, que las considera anacrónicas, dando a sus novelas
un tinte más moderno que culmina con Juan de Flores que
transforma el duelo violento en duelo verbal, sublimando lo
cortés.

La visión de la mujer se transforma progresivamente hacia su
humanización, pasando a ser sujetos y no sólo objetos de
amor; existe una evolución y progresiva tendencia hacia la
autobiografía; la alegoría registra un proceso inverso al
anterior, pasando de una perfección a su derrumbamiento; la
forma epistolar también va declinando y las fórmulas
literarias evolucionan desde el tratadismo y aspectos
didácticos de los que la novela es la excusa, aminorándose
ese deseo instructor conforme avanza el género y se va
insertando en la acción. En las primeras obras la acción es
una sola, mientras que Juan de Flores unifica dos acciones en
sus novelas, siendo el debate una de ellas. El realismo
consiste no en describir la vida diaria, sino en hacer
verosímil la narración de las pasiones. El estilo es el usual
en el siglo XV, con su morfosintaxis latinizante y el empleo
de abundantes figuras retóricas. Las dos novelas de Flores,
las mejores de la novela sentimental, suponen la superación
de gran parte de los lastres retóricos y de las vacilaciones
narrativas de sus predecesores, desaparece el didactismo, las
alegorías y las disgregaciones. Se consolida la unidad y se
multiplican las acciones, reafirmándose la autobiografía y la
trabazón novelesca. La novela sentimental española está
formada por un conjunto de narraciones cortas, que proponen
modelos de actuación desde presupuestos de amor cortesano con
aspiraciones a presentar valores ejemplares universales. El
ambiente es siempre aristocrático, el lugar geográfico
extraño y exótico, las viviendas misteriosas o luctuosas. Las
alusiones clásicas o latinizantes se emplean para dar un tono
cultural elevado. El móvil es la pasión amorosa, a cuya
satisfacción se dirige la acción dentro de los
convencionalismos del amor cortés. Algunas de las novelas
sentimentales fueron auténticos «best-seller» como la Cárcel
de amor o las dos obras de Juan de Flores, e influyeron en
otras obras francesas, italianas e inglesas. En la literatura
española tiene una interesante influencia, pues de ellas
deriva la poesía pastoril, su influjo se nota en algunas
novelitas intercaladas en el Don Quijote.

Trayectoria del género y representantes
Empezaron el género Juan Rodríguez del Padrón o de la Cámara
(Siervo libre de amor, c. 1440) y la Sátira de felice e
infelice vida (hacia 1453) del Condestable don Pedro de
Portugal (1429–1466), dirigida a su hermana, la Reina Isabel,
traducida del original portugués. En esta ficción sentimental
el autor lamenta su desgracia amorosa. Tres virtudes
teologales y cuatro cardinales equiparan a la princesa con
damas virtuosas del pasado. Piedad reconforta al lloroso
amante. También puede considerarse inicial Triste deleitación
(h. 1465), del enigmático catalán F. A. D. C. (¿[Fra] Artal
de Claramunt?), que refleja la política aragonesa de su
época: un enamorado escribe a su señora por medio de una
madrina y un amigo (Eº, Sª, Mª y Aº, en el texto). Cuando Eº
marcha a la guerra, Sª admite su amor y los consejos de Mª.
El escándalo los separa: Eº recorre Barcelona y un infierno
de enamorados, entre jueces y alegorías que reconocen su
lealtad. De súbito, en su casa descubre que Sª ha entrado en
un convento.

El género llega a su madurez con las obras de Diego de San
Pedro y Juan de Flores. Del primero son Tratado de amores de
Arnalte y Lucenda (1491) y Cárcel de amor (1492), considerada
esta última la obra maestra del género. En la primera Belisa,
hermana del tebano Arnalte, logra que Lucenda acepte sus
cartas, pero ésta se casa con el falso Elierso, a quien
Arnalte matará en duelo. Cuando él proponga matrimonio a
Lucenda, la familia de ella la enclaustrará en un convento.
Veintiuna coplas reales exaltan a la reina Isabel y casi
cincuenta narran las Siete angustias de Nuestra Señora. En la
segunda, la famosísima en su época Cárcel de amor, el
macedonio Leriano, desde una cárcel alegórica, logra del
Autor que la princesa Laureola corresponda a su carta.
Denunciada por el celoso Persio, a quien vencerá el Autor, es
condenada a muerte y rescatada por Leriano, que, rechazado,
se deja morir, elogiando a las mujeres, tras beber las cartas
de su amada disueltas en agua.

El Breve tratado de Grimalte y Gradisa y la Historia de
Grisel y Mirabella, ambas de Juan de Flores y publicadas en
torno al año 1519, supusieron la culminación de la novela
sentimental. En la Historia de Grisel y Mirabella (h. 1475–
1485), cierta ley escocesa condenaba a muerte al amante más
culpable de la relación con el otro. Defendida la princesa
Mirabella por Brazaida, y Grisel por el poeta Torrellas,
resulta culpable aquélla. Grisel ofrece su vida, pero ella
muere de dolor. Brazaida la venga, seduciendo a Torrellas
para matarlo cruelmente. Grimalte y Gradissa (a. 1486),
basada en un episodio de Boccaccio, muestra el fracaso de
aquél al reconciliar a Fiometa —que muere de dolor— con
Pánfilo. Así, concluida su relación con Gradissa, marcha como
penitente a Asia, acompañando a un Pánfilo torturado por la
visión de Fiometa condenada.

A partir de 1495 la novela sentimental entra en declive,
escribiéndose la Repetición de amores (1486–1497), de Luis de
Lucena, recuerdo de una lección universitaria: despreciado
por su amada, Lucena ofrece un discurso o repetición cuajado
de exempla del mundo clásico o medieval sobre las calamidades
del amor, la imperfección de la mujer y la virtud y mérito
del hombre, centrado en el ejercicio militar. También
pertenece a esta etapa la continuación de la Cárcel de amor
de Nicolás Núñez, del año 1496, en forma de sueño en que los
amantes se justifican; las dos obras se imprimen juntas. La
Penitencia de amor (1499) es del aragonés [Pedro Manuel
Ximénez de Urrea]]. La Cuestión de amor (1513) es anónima y
en realidad es una novela de tipo histórico, pues se centra
en el valenciano Flamiano, que ama a Belisena y escribe a
Vasquirán para confesarle que no es correspondido. La guerra
con el rey de Francia hace que Flaminio sirva a Carlos I y
muera en Ravena. El Veneris tribunal de 1537. Puede
considerarse como la última obra del género el Proceso de
cartas de amores (1548), una novela epistolar de Juan de
Segura.


Novela realista
De Wikipedia, la enciclopedia libre
http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_realista
Se llama novela realista al género narrativo aparecido en
España en el siglo XIX como superación de la novela histórica
y romántica anterior. Sus antecedentes más remotos hay que
buscarlos en las grandes obras novelísticas del Siglo de Oro:
El Quijote, Lazarillo de Tormes, El Buscón, etc., obras
igualmente de corte realista.

Introducción
El siglo XIX en España es el siglo de la narrativa. En las
primeras décadas del siglo hubo cultivadores de novela
histórica, de escasa, si no nula, repercusión. Más tarde se
adoptará el folletín. Y a partir de mediados de siglo (más
exactamente de 1868) mostraron carta de naturaleza el
realismo y su máxima expresión, el naturalismo. Muchos
escritores, al mismo tiempo, se dedicaron al periodismo
escrito, bien para alcanzar la gloria literaria o para
defender posturas políticas o ideológicas. Los máximos
exponentes del realismo español serán Benito Pérez Galdós y
Leopoldo Alas (Clarín).

La novela realista española, como se ha dicho, se apoya en la
extensa tradición que atesoraba el género, así como en la
nueva visión del mundo que se había difundido por toda
Europa, especialmente a cargo de los novelistas ingleses,
franceses y rusos. La derivación del realismo que representa
el llamado Naturalismo, se inicia con la obra La desheredada
de Benito Pérez Galdós (1881), inspirada en L´Assomoir
(1877), del fundador de la corriente, el francés Émile Zola.

Emilia Pardo Bazán se añadirá pronto al Naturalismo (para
sorpresa de Zola) con su controvertido texto La cuestión
palpitante (1882), y con La tribuna, primera novela española
que cuenta con un protagonista de clase trabajadora. Se trata
de la llamada Generación del 68, realistas y naturalistas a
la española, con una literatura hasta cierto punto
comprometida y progresista que no se conocía anteriormente.

En España, la corriente realista tendrá importantes
repercusiones en novelistas posteriores pertenecientes a la
Generación del 98, como Pío Baroja, Azorín, Ramiro de Maeztu,
etc. Algunos estudiosos incluyen también en este grupo a
Vicente Blasco Ibáñez.

Representantes más destacados en España
     Fernán Caballero (Cecilia Böhl de Faber) (1796 - 1877)
     Juan Valera (1824 - 1905)
     José María de Pereda (1833 - 1906)
     Pedro Antonio de Alarcón (1833 – 1891)
     Benito Pérez Galdós (1843 - 1920)
     Leopoldo Alas (Clarín) (1851 - 1901)
     Emilia Pardo Bazán (1851 - 1921)
     Armando Palacio Valdés (1853 - 1938)

Caracteres específicos de la novela
realista en España
El costumbrismo

El costumbrismo tiene en Galdós y Clarín a sus máximos
representantes; parte del antiguo cuadro de costumbres
romántico (Mesonero Romanos, Serafín Estébanez Calderón...),
género literario que recoge aquellos aspectos de la vida
española más castizos y populares y que, por serlo, omiten
los libros de historia. Los costumbristas cultivan unas
formas entre el relato y el reportaje periodístico, con el
fin de describir la sociedad viva a través de tipos genéricos
('la campesina', ‘el torero’, 'el alguacil'...), con sus ires
y venires, sus alegrías y penas, perfectamente comprensibles
para el lector medio. Recrea también los espacios en que se
desarrollan psicológica y socialmente dichos tipos: el café,
el jardín público, el día de fiestas, la calle, las verbenas
y romerías. Todos estos elementos serán manejados con gran
soltura, y más o menos estilizadamente, por autores como
Pedro Antonio de Alarcón, Fernán Caballero, José María de
Pereda o Emilia Pardo Bazán. José María de Pereda elevó dicho
costumbrismo, de carácter meramente folclórico y pintoresco,
a la categoría de gran literatura (en el caso de este autor
se aprecian rastros incluso de la novela picaresca).

El sello del catolicismo y la defensa de los valores
tradicionales

La novela española de la época descrita presenta otros
caracteres peculiares frente a la novela europea de aquellos
años. Los franceses Charrupertotechan, en la primera mitad, y
posteriormente Balzac, Flaubert y Zola, contemporáneos de los
Pereda, Fernán Caballero, Valera etc., demostraron una gran
apertura mental y una ausencia de prejuicios sociales,
culturales y religiosos a la hora de narrar la peripecia
vital de sus héroes, actitud que no encontramos en la
novelística española anterior a Galdós y que influirá
negativamente en las proporciones artísticas y estructurales
de muchas de sus obras. En el fondo, sin embargo, para todos
los escritores inscritos en la corriente naturalista, ya sean
españoles o extranjeros, la palabra "naturalismo", pese a las
pretensiones de sus teóricos, tiene poco de científica,
puesto que tiende más bien a retratar de modo selectivo y
muchas veces despectivo los aspectos más sórdidos de la
existencia, aspectos a los que, como buen burgués, el
escritor se siente ajeno.

En la narrativa realista se reflejan, dependiendo del autor,
distintas ideologías. Así se reflejan las ideas liberales y
progresistas en las obras de Galdós y de Clarín con un
enfoque más realista mientras que predominan las ideas
católicas y tradicionalistas en las obras de Alarcón o Pereda
con un realismo más limitado.

Influencia de la novela rusa

Tuvieron gran peso en España los escritores Dostoievski,
Gogol, Iván Turgenev, y en especial Tolstoi, ya a finales de
siglo. En España tuvo gran influencia el idealismo ruso,
caracterizado por su peculiar tendencia pesimista de
connotaciones religiosas (se ha comparado muchas veces con el
‘pesimismo’ español de raíces más bien históricas).

Ideologías características

La novela del siglo XIX, de la política, extrae el
liberalismo. De la filosofía, el krausismo (filosofía
racionalista liberal y antitradicionalista de procedencia
alemana, introducida a partir de 1844, que junto con la
Institución Libre de Enseñanza sirvió para despabilar las
conciencias); también, el darwinismo, así como el positivismo
de Augusto Comte y Herbert Spencer, pensadores de gran
repercusión en el naturalismo. Galdós había aprendido del
krausismo que podía establecerse entre las partes en
conflicto una "armonía racional"; en este caso, la antítesis
vendría establecida entre idealismo y naturalismo.

Anticlericalismo

Enlazando con lo anterior, el anticlericalismo es elemento
tradicional en la literatura española desde la época
medieval; se encuentra muy presente en la obra de los
realistas más tardíos: Juan Valera, Clarín y Galdós.
La economía del escritor

La revolución liberal modificó sensiblemente las condiciones
de la producción literaria haciendo surgir un tipo nuevo de
escritor que, por primera vez, puede llegar a independizarse
del yugo económico de sus mecenas, nobles, grandes burgueses,
reyes y banqueros, adquiriendo con ello una independencia
creativa que sólo encontrará el límite de la ley y de la
iglesia. También el público lector aumentó considerablemente
desde los comienzos de siglo, en que había un 94% de
analfabetismo, bajando hasta el 66% hacia 1900; la novela era
el principal de los géneros populares.

Personajes y modas específicos de la época

Enrique Tierno Galván destacó la presencia del personaje
cursi, surgido hacia la segunda mitad del siglo XIX:

La burguesía media, la auténtica burguesía, propende a
diferenciarse del pueblo imitando los modos de vida de las clases
superiores a ella, plutocracia y aristocracia, espiando con avidez
sus formas de comportamiento, con un afán mimético consecuencia
del impulso de ascensión y poderío y de una intrínseca debilidad
social y desazón psicológica.
                   en Hª y crítica de la literatura española Tomo V

Esta circunstancia, en la antigua sociedad estamental, por
definición carente de permeabilidad entre clases, era
impensable.

El señorito, por otro lado, es el burgués de nuevo cuño, que
en Andalucía muestra ciertas particularidades. Lo negativo
del personaje es su connotación clasista y jactanciosa. El
"señorito" aparece prácticamente en todas las novelas del
siglo XIX, unas veces en el papel de vil seductor de
muchachas de clase baja, y otras dando pruebas de una
conducta intachable: el Andrés de Sotileza, el Baltasar de La
tribuna, el Marcelo de Peñas arriba, los pisaverdes
sevillanos de La Gaviota...

Ambientaciones típicas

El ámbito rural, el mundo aristocrático y la vida
provinciana, por cuanto, hasta Galdós, no existen en España
escritores urbanitas al 100%, del estilo de Balzac, Dickens o
Dostoievski.
Todo lo cual desembocará en la novela psicológica o novela
espiritualista de fin de siglo, muy influida, como se ha
dicho, por los rusos, pero también por el noruego Ibsen. La
obra de Armando Palacio Valdés y también Morsamor, de D. Juan
Valera, constituyen el ejemplo más llamativo de esta
corriente.




Naturalismo
De Wikipedia, la enciclopedia libre
http://es.wikipedia.org/wiki/Naturalismo




Émile Zola, padre y mayor representante del Naturalismo.

El naturalismo es un estilo artístico, sobre todo literario,
basado en reproducir la realidad con una objetividad
documental en todos sus aspectos, tanto en los más sublimes
como los más vulgares. Su máximo representante, teorizador e
impulsor fue el escritor Émile Zola que expuso esta teoría en
el prólogo a su novela Thérèse Raquin y sobre todo en Le
roman expérimental (1880).

Historia
Desde Francia, el Naturalismo se extendió a toda Europa en el
curso de los veinte años siguientes adaptándose a las
distintas literaturas nacionales. El naturalismo presenta al
ser humano sin albedrío, determinado por la herencia genética
y el medio en que vive. En él influyen el Positivismo de
Auguste Comte, que no valora que no puede ser objeto de
experiencia, el Utilitarismo de Bentham y Stuart Mill, que
juzga todo en función de su utilidad, y el Evolucionismo
físico de Darwin y social de Herbert Spencer, que niega la
espiritualidad del hombre al negar la intervención divina, y
el materialismo histórico de Marx y Engels. En la mayoría de
los escritos lo que se intenta es reflejar que la condición
humana está mediatizada por tres factores: la herencia
genética, las taras sociales (alcoholismo, prostitución,
pobreza, violencia) y el entorno social y material en que se
desarrolla e inserta el individuo. Esto es, lo que se conoce
en filosofía como Determinismo. De aquí deriva otra
importante característica del Naturalismo, una crítica
(implícita, ya que el valor documental y científico que se
pretende dar a la literatura de este tipo impide aportar
opiniones propias) a la forma como está constituida la
sociedad, a las ideologías y a las injusticias económicas, en
que se hallan las raíces de las tragedias humanas.

     La fisiología como motor de la conducta de los
      personajes;
     Sátira y denuncia social. La novela naturalista no vale
      como simple pasatiempo, es un estudio serio y detallado
      de los problemas sociales, cuyas causas procura
      encontrar y mostrar de forma documental
     Concepción de la literatura como arma de combate
      político, filosófico y social;
     Argumentos construidos a la sombra de la herencia
      folletinesca y orlados de un abrumador.
     Feísmo y tremendismo como revulsivos. Puesto que se
      presentan casos de enfermedad social, el novelista
      naturalista no puede vacilar al enfrentarse con lo más
      crudo y desagradable de la vida social.
     Adopción de los temas relativos a las conductas sexuales
      como elemento central de las novelas. No se trata de un
      erotismo deleitoso y agradable, sino que es una
      manifestación de enfermedad social, suciedad y vicio.
      Por ello, frecuentemente el novelista naturalista se
      centra en el mundo de la prostitución, vista como lacra
      social y como tragedia individual. El público confundía
      sin embargo a veces naturalismo con pornografía, lo que
      no era la intención de los naturalistas. Estos critican
      con frecuencia la literatura folletinesca que trastorna
      la percepción de la realidad.
Cabe destacar que, si bien Realismo y Naturalismo son muy
parecidos en el sentido de reflejar la realidad tal y como es
(contrariamente al idealismo romántico), la diferencia radica
en que el Realismo es más descriptivo y refleja los intereses
de una capa social muy definida, la burguesía, mientras que
el Naturalismo extiende su descripción a las clases más
desfavorecidas, intenta explicar de forma materialista y casi
mecanicista la raíz de los problemas sociales y alcanza a
hacer una crítica social profunda; además, si el
individualismo burgués es siempre libre y optimista en su fe
liberal de que es posible el progreso sin contrapeso y labrar
el propio destino, el Naturalismo es pesimista y ateo merced
al determinismo, que afirma que es imposible escapar de las
condiciones sociales que guían nuestro sendero en la vida sin
que podamos hacer nada por impedirlo. Por otra parte los
naturalistas españoles hacen uso de un narrador omnisciente y
se alejan del impersonalismo que busca el maestro francés
Zola; por otra parte, estas novelas no consiguen una
reproducción fiel de la realidad, objetivo que sí busca Zola,
sino que recargan excesivamente los aspectos que quieren
destacar, con lo que pierden el valor documental que busca
Zola.

Se considera que el Naturalismo es una evolución del
Realismo. De hecho, la mayoría de los autores realistas
evolucionó hacia esta corriente materialista, si bien otros
orientaron su descripción de la realidad hacia el interior
del personaje llegando a la novela psicológica.

El Naturalismo, al igual que el Realismo, refuta el
Romanticismo rechazando la evasión y volviendo la mirada a la
realidad más cercana, material y cotidiana, pero, lejos de
conformarse con la descripción de la mesocracia burguesa y su
mentalidad individualista y materialista, extiende su mirada
a las clases más desfavorecidas de la sociedad y pretende
explicar los males de la sociedad de forma determinista.

El Naturalismo tenía como objetivo explicar los
comportamientos del ser humano. El novelista del Naturalismo
pretende interpretar la vida mediante la descripción del
entorno social y descubrir las leyes que rigen la conducta
humana. El Naturalismo surge en París; Zola fue el iniciador
del movimiento Naturalista, al decidir romper con el
romanticismo, crea este movimiento literario; siendo
considerado el maestro de este movimiento junto con Gustave
Flaubert. En sus obras más importantes describirían de manera
cruda y realista el contexto social de París, el lugar de
inicio del movimiento.

El Naturalismo en Europa




Thomas Hardy.

En Alemania el Naturalismo destacó sobre todo en el teatro;
lo introdujeron Arno Holz y Johannes Schlaf, pero destacan
los hermanos Carl Hauptmann (1858-1921) y sobre todo Gerhart
Hauptmann (1862-1946), así como Hermann Sudermann y Max
Halbe. En Italia el Naturalismo se denominó Verismo y tiene
su principal autor en Giovanni Verga (1840-1922), y su obra
maestra en la novela de este autor titulada Los Malavoglia
(Los Malasangre); también siguieron esta estética Luigi
Capuana (1839-1915) y Matilde Serao (1856-1927), así como una
serie de autores menores de novelas regionalistas como
Girolamo Rovetta, Grazzia Deledda y Renato Fucini. En Gran
Bretaña el gran novelista y poeta del naturalismo fue Thomas
Hardy, y en el terreno dramático puede reconocerse alguna
influencia de los postulados naturalistas en George Bernard
Shaw a través de la asimilación que hace de dicha estética el
dramaturgo noruego Henrik Ibsen. En Francia, fuera del líder
del movimiento, Émile Zola, existe naturalismo en Gustave
Flaubert y en otros autores de menor fuste. En Rusia difundió
el movimiento el gran crítico literario Belinski y lo
siguieron en algunas de sus obras autores importantes, como
Gógol, Dostoievski, Goncharov, Chejov y otros.
El Naturalismo en España




Vicente Blasco Ibáñez.

En España participaron de este movimiento hombres
comprometidos con posturas cercanas al Krausismo o la
izquierda como Galdós (La desheredada), Clarín y Vicente
Blasco Ibáñez. Desde la óptica conservadora puede también
hablarse de un Naturalismo cristiano no rigurosamente
pesimista ni determinista en el que militaron autores como
Emilia Pardo Bazán, Luis Coloma, José María de Pereda (que se
acercó al naturalismo en su novela La Puchera), Juan Armada y
Losada, José de Siles, Francisco Tusquets, Ángel Salcedo y
Ruiz y Alfonso Pérez Gómez Nieva. Otro tercer grupo estaría
integrado por los hombres de la revista Gente Nueva, luego
ampliado en otra revista, Germinal, de ideología más
extremista y que estaría integrado por los escritores del
llamado Naturalismo radical: Eduardo López Bago, José
Zahonero, Remigio Vega Armentero, Enrique Sánchez Seña,
Joaquín de Arévalo, José María Matheu Aybar, Manuel Martínez
Barrionuevo, Eugenio Antonio Flores, Silverio Lanza, Emilio
Bobadilla, Alejandro Sawa, Joaquín Dicenta (quizá el poeta y
dramaturgo del naturalismo más importante en castellano),
José Ortega Munilla, Jacinto Octavio Picón, Ernesto Bark,
Ricardo Macías Picavea y algunos otros más. En lengua
catalana destaca Narcís Oller. Epígonos del naturalismo son
en cierta medida Felipe Trigo y Augusto Martínez Olmedilla.
Empero, y con la excepción de algunos ensayos serios, como La
desheredada, de Galdós, lo que se practica en España no es un
auténtico naturalismo zolesco, sino una fórmula conciliadora
que extrae algunos recursos formales de Zola sin seguir su
doctrina ideológica (ateísmo, positivismo, determinismo).
Este sincretismo es el que practican Pardo Bazán o el marqués
de Figueroa.

El Naturalismo en Hispanoamérica




Retrato de Augusto d'Halmar por Juan Francisco González.

En América, vinculado al llamado Indigenismo, representan el
Naturalismo los puertorriqueños Matías González García y
Manuel Zeno Gandía ( La charca, 1894), el chileno Augusto
d'Halmar y la peruana Clorinda Matto de Turner quien alcanzó
un gran éxito con su novela Aves sin nido. Otra figura
destacada del naturalismo peruano fue Mercedes Cabello de
Carbonera cuya novela Blanca Sol fue muy controvertida. El
argentino Eugenio Cambaceres tiene importancia por destacar
la decadencia de las clases privilegiadas con novelas como
Música Sentimental. En México, destacaron Federico Gamboa con
su célebre novela Santa; Ángel del Campo, que usó el
pseudónimo de "Micrós", y Vicente Riva Palacio. En Cuba
destaca sobre todo Carlos Loveira, acompañado de Miguel de
Carrión y Jesús Castellanos.

El Naturalismo en Estados Unidos de
América
A los Estados Unidos este movimiento llegó bastante tarde,
aunque es posible reconocer el Naturalismo en las obras de
Theodore Dreiser (Una tragedia americana) y una evolución
importante en el Nuevo periodismo americano de, por ejemplo,
Truman Capote.


Novela psicológica
De Wikipedia, la enciclopedia libre
http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_psicol%C3%B3gica

La novela psicológica o novela de análisis psicológico,
también conocida como realismo psicológico, es una obra de
ficción en prosa que enfatiza la caracterización interior de
sus personajes, sus motivos, circunstancias y acción interna
que nace y se desarrolla a partir de la acción externa. La
novela psicológica "pospone la narración a la descripción de
los estados de ánimo, pasiones y conflictos psicológicos"1 de
los personajes.


Técnicas

La novela psicológica no relata simplemente lo que ocurre,
sino que explica el por qué y la finalidad de esta acción. En
esta clase de literatura, el personaje y su caracterización
son más importantes de lo normal, y profundizan más en la
mente del personaje que las novelas de otro tipo. La novela
psicológica puede llamarse la novela del "hombre interior".

En muchos casos, se usan las técnicas del flujo de conciencia
o monólogo interior, para ilustrar mejor el trabajo interno
de la mente humana. También pueden incluirse flashbacks. Otro
recurso utilizado para indagar en el interior del personaje
es a través de textos directamente emanados del personaje,
como diarios íntimos o cartas.2

[editar] Ejemplos

La Novela de Genji, escrito en el Japón del siglo XI es
considerada la primera novela psicológica.

En la literatura occidental, los orígenes de la novela
psicológica pueden remontarse en La Fiammetta (1344) de
Giovanni Boccaccio, esto es, antes de que se acuñara el
término psicología. Otro ejemplo es Don Quijote de la Mancha
de Miguel de Cervantes.

El primer auge de la novela psicológica como un género
novelístico se establece con la novela sentimental de la que
Pamela o la virtud recompensada de Samuel Richardson es un
primer ejemplo. Su fuerza descansa precisamente en el
conocimiento del corazón humano, delineando el sentimiento,
sus cambios; el motivo dominante de la obra es ese análisis
minucioso de los sentimientos de su protagonista, captando
claramente las emociones.3

La princesa de Clèves (siglo XVII), de Madame de La Fayette
es considerada una primera precursora de la novela
psicológica. Posteriormente, la novela psicológica por
excelencia en francés es Rojo y negro de Stendhal.

Grandes novelas psicológicas son las de Dostoievski.En su
obra más conocida, Crimen y Castigo, la novela psicológica
alcanza su perfección más absoluta, debatiendo al individuo
entre la aceptación de un tormento o la justificación de su
acto.2

En España se cultivó esta corriente dentro del realismo
decimonónico, por autores como Benito Pérez Galdós, Emilia
Pardo Bazán y Armando Palacio Valdés.1

				
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