La Psicolog�a y la Espiritualidad

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					                    LA PSICOLOGÍA Y LA ESPIRITUALIDAD *


                                                               Luz Carmen Maffiol Arias**



                                        RESUMEN

Abordar el tema espiritual desde la psicología siempre será un reto epistemológico
que también incrementa el deseo de construir reflexiones alrededor de procesos
que involucran el desarrollo humano y a su interacción con la sabiduría, como
protagonista de modelos orientados hacia un envejecimiento exitoso y como
herramienta básica en la dinámica de evolución humana, sustentada en los
principios epistemológicos que nos brinda la Psicología Humanista.

Palabras clave: Espiritualidad, Psicología Humanista, Sabiduría, Desarrollo
Humano, Oratioterapia.


“Cualquiera (o el) que more en el lugar secreto del altísimo vivirá seguro bajo la
sombra del Omnipotente…” (Salmo 91)

En este versículo hay expresiones clave que me han causado gran impacto y creo
que al intentar compartir con ustedes cómo ha sido y es, esta conmoción
energética-eco-bio-psico-social y espiritual, podremos encontrar el sentido de esta
conferencia.

Las expresiones impactantes anteriormente mencionadas son: cualquiera, secreto
y Omnipotente.

Ahora bien, empezaré por revisar qué es eso, tan complejo de abordar, de definir y
de asir y sin embargo tan marcado en la vida de los seres humanos, como lo es el
concepto de la espiritualidad y la connotación que éste implica: la búsqueda íntima
de Dios. Y aunque de alguna manera, esta indagación interna y externa motivada
por el hecho de contactar a Dios, pueda ser descrita como un proceso secreto,
desde los anales de la psicología ya se observa como un patrón humano universal.
Es decir, independientemente del lugar y la cultura donde haya nacido o esté
ubicada cualquier persona, ésta tiene la tendencia estructurada en sí misma, para
desarrollar su potencialidad espiritual, o sea cualquier persona está capacitada
para buscar a Dios y como dice Ken Wilber, “eso significaría… que el ser humano
normal está estructurado por realidades espirituales”.

* Conferencia realizada en el III Foro de Epistemología en Gerontología. Universidad San
Buenaventura, sede Bogotá, Octubre 2008.
** Psicologa Magister en psicología clínica y de familia. Docente Fundación Universitaria Los
Libertadores
Bien, vamos a conectar entonces el concepto de espiritualidad con la psicología y
además con la dinámica de desarrollo humano que involucra el proceso de
envejecimiento.

Para ello, necesitamos traer a colación estudiosos de la talla de Erik Erikson, quien
intentó descifrar el desarrollo humano, observándolo como un proceso
caracterizado por las diversas crisis que él describe en su teoría psicosocial. Los
invito a detenernos un momento en la etapa 8, la última en el modelo de Erikson y
que se caracteriza por la Sabiduría que necesita desarrollar cualquier persona de
50 años en adelante, para superar la crisis psicosocial de Integridad del Yo /
Desesperación, que se presenta en este estadio.

De acuerdo a Erikson, cualquier persona que desarrolle la virtud de la Sabiduría
está en capacidad de asumir lo hecho y lo omitido en su vida, además podrá
aceptar los errores propios o ajenos y adicionalmente podrá admitir los aciertos
propios, los aciertos de los otros y también estará en capacidad de integrar el tema
de la muerte como elemento inherente y natural a su proceso de desarrollo. Es
decir, la Sabiduría se describe como la herramienta clave para vivir y abordar lo
que se supone son los momentos últimos de cualquier persona, en esta
experiencia humana.

Es importante, recalcar que la Sabiduría, como lo apreciaremos en el transcurso de
esta conferencia, emerge como figura fundamental, cuando buscamos desentrañar
la conexión entre espiritualidad, psicología y gerontología, ya que se puede
observar como conector, objetivo, efecto e indicador.

Por ejemplo, para Robert Peck, otro estudioso del desarrollo humano, la Sabiduría
es el eje conductor que permite a cualquier persona, distinguir, elegir y asimilar
ante los diversos hechos que se presentan en su vida. Y así, el aprecio por la
Sabiduría, promulgado por Peck, le facilita a cualquier persona, trascender las
diversas preocupaciones ante las que tiene que elegir, cómo afrontarlas.
La forma en que se estructura esta toma de decisiones permanente, va
conformando lo que conocemos como el estilo de vida y éste a su vez despliega
sus características, para descubrir el sentido y significado del propio proyecto de
vida.
Los seres humanos entonces, poseemos una serie de potencialidades cognitivas,
afectivas y espirituales de las cuales hacemos uso cuando, sencillamente, vivimos.
Y de manera compleja, precisamente estas potencialidades van desarrollándose en
la medida en que nos orientamos, como resalta Kramer, a vivir con Sabiduría, de
tal forma que así vamos fortaleciendo nuestro proceso de toma de decisiones,
ganando en Sabiduría y construyendo una vejez adecuada, satisfactoria, exitosa y
viceversa.
Entonces, ¿cómo podríamos definir la Sabiduría? Podríamos intentarlo observando
sus efectos y la forma como conecta varias de nuestras potencialidades, y tal vez
como la meta para alcanzar la felicidad y también como señal de
autotrascendencia, de expansión de nuestro self y además como herramienta que
nos permite realizar distinciones novedosas en nuestra realidad, facilitándonos
percibirla de manera diferente, actualizada y acorde con nuestra experiencia y
aprendizaje.
De tal manera, que la Sabiduría sería un constructo importante en la vida de
cualquier persona, ya que integra de manera compleja múltiples habilidades y
potencialidades cognitivas, afectivas y las relacionadas con los actos voluntarios,
que nos permite analizar e interpretar eventos que podemos percibir como
conflictivos, para construir alternativas de solución en las que se tienen en cuenta
tanto las necesidades propias como las de los otros.

Para continuar, es necesario aclarar que vamos a entrar en los linderos de la
psicología humanista y ello supone algunas características fundamentales para
observar al ser humano y para abordar sus posibles conflictos.
Considero que este paradigma nos ofrece la oportunidad de vislumbrar la relación
de espiritualidad, psicología y gerontología, en tanto que la acepta y la admite
como una posibilidad inherente a cualquier ser humano. Este paradigma ha sido
desarrollado por personajes ilustres que pertenecían y pertenecen a diversas
disciplinas.
Ahora bien, desde este perspectiva se han gestado dinámicas que intentan
involucrar aún con más fuerza la dimensión espiritual, ejemplo de ello son la
psicología transpersonal y la psicología integral, de las que hablaremos más
adelante.
¿Cómo observa entonces la psicología humanista al ser humano? La psicología
humanista diría que cualquier ser humano, tiene la tendencia inherente de
autorrealizarse y autotrascender, además de poseer la potencialidad de elegir y de
asumir los efectos de sus decisiones, además tiene la potencialidad de darse
cuenta, de tener conciencia de sus vivencias, en la medida en que sus experiencias
particulares son válidas, ya que cada ser humano es singular y peculiar, semejante
a los otros en cuanto a las potencialidades y distinto en cuanto al estilo de vida
que elige para desarrollarlas, teniendo en cuenta además, que es en la relación
con otros seres humanos como descubre el sentido y significado para desarrollar
su proyecto de vida. Por lo tanto, desde el punto de vista humanista para analizar
alguna situación vinculada con cualquier ser humano, tendríamos que incluir lo
anteriormente dicho, es decir tendríamos que disponernos a observarlo de manera
holista, comprendiendo que cualquier ser humano es un organismo complejo y que
es más que la suma de sus innumerables partes.

En un contexto clínico por ejemplo, desde la perspectiva humanista,
necesitaríamos enfocar nuestro sistema de intervención, dirigido a facilitar que
este ser humano redescubra sus potencialidades y redireccione sus elecciones para
que continúe con su tendencia natural hacia la autorrealización.

Y si nos ubicamos desde la perspectiva transpersonal, que comparte características
epistemológicas con la humanista, diríamos que cualquier ser humano es una
fuente ilimitada de potencialidades y que además como algo novedoso, posee
potencialidades que facilitan el desarrollo y evolución de la conciencia humana, en
la que se incluye una dimensión espiritual que se despliega con la construcción de
cuestionamientos que trascienden la inmediatez y que se evidencia durante la
dinámica particular de búsqueda genuina, de respuestas a estos interrogantes.

De tal manera, que en la perspectiva transpersonal la dimensión espiritual no sólo
se incluye como un elemento más, sino que a propósito se intenta encontrar un
lenguaje que describa su dinámica ya que en ésta se circunscribe, precisamente el
desarrollo transpersonal de cualquier ser humano, en cuya secuencia evolutiva
lograría cada vez un acercamiento más evidente y tal vez secreto, mas no por ello
poco visible, de su íntimo contacto con Dios, al avanzar por los diversos fulcros de
su desarrollo espiritual.

Permítanme detenerme un momento en este punto, para tener la oportunidad de
visualizar la intención de Ken Wilber al proponer lo que él denomina la Psicología
Integral. Es una propuesta osada, que involucra no sólo una dimensión conceptual
sino además terapéutica, sin embargo coherente, a mi juicio, ya que nos invita a
trascender las fronteras de los diversos continentes epistemológicos para
atrevernos a observar, analizar e intervenir los asuntos humanos desde una
perspectiva más que holista, tal vez hologramática –permitiéndonos ver el todo en
las partes y las partes en el todo-, como propone Morín, o incluso más allá y
sencillamente apuntando hacia una evolución humana y universal, en donde la
epistemología, también UNA, intentaría desde sus diversos lugares de origen y
ubicación, un viaje hacia un punto de encuentro consensuado, en el que los
antagonistas coexisten con sus perspectivas particulares, como plantea Morin
desde el principio dialógico del Pensamiento Complejo.

Ken Wilber, entre varias razones, fundamenta su insistencia en la Psicología
Integral analizando la dinámica de consenso, que sin proponérselo, han realizado
las diversas tradiciones de Sabiduría, alrededor del concepto de Espíritu,
visualizando mínimo 7 grandes puntos de encuentro que se orientan hacia la
posibilidad de una epistemología espiritual integral que se llevaría a cabo, al lado
de la composición también integral del concepto de Sabiduría y cuyos efectos
estarían caracterizados por un comportamiento compasivo hacia el otro, un
fortalecimiento de la propia valía y por supuesto, un avance significativo en la
búsqueda del contacto con Dios.
Es decir, dicha propuesta estaría describiendo la dinámica de nuestro desarrollo
espiritual, la cual en última instancia, nos invita a mirar hacia adentro para
entablar nuestro ansiado diálogo con Dios.

Y desde esta perspectiva, trasladémonos al campo terapéutico y conectémonos
con una propuesta terapéutica propia realizada hace algunos años con una
comunicadora social. Dicho planteamiento fundamenta su praxis desde la
dimensión espiritual, y persigue invitar a cualquier ser humano a que se permita
evidenciar e identificar sus propios recursos espirituales.

Es importante además, desde el punto de vista epistemológico, ubicar este sistema
terapéutico, denominado Oratioterapia o La Oración como Terapia, de acuerdo al
Centro Nacional para la Medicina Alternativa y Complementaria, organización
norteamericana que desde 1992 está instaurando diversas categorías para
formalizar y validar las diversas prácticas que han surgido al observar al ser
humano con una visión integral, en este punto vale la pena aclarar que aunque
muchas de ellas son milenarias hasta ahora están saliendo a la luz connotadas
epistemológicamente como sistemas alternativos, complementarios e integrales.

Entonces de acuerdo a la clasificación del Centro Nacional para la Medicina
Alternativa y Complementaria, la Oratioterapia es un enfoque que actúa sobre la
mente y el cuerpo, como lo hace la meditación, además es un sistema
complementario en la medida en que se puede combinar con otro tipo de sistemas
terapéuticos e incluso puede considerarse como un sistema terapéutico integral
porque puede actuar en combinación con la medicina complementaria y
alternativa.

De tal manera, que la Oratioterapia como sistema terapéutico busca que cualquier
ser humano, transite por la vía del bienestar integral, que resulta como efecto del
reconocimiento de su inherente tendencia a desarrollar sus potencialidades
espirituales de la mano de la Sabiduría, y entonces potencialidades espirituales y
Sabiduría lo conducirán a ese lugar secreto, ubicado dentro de sí mismo y desde
allí cualquier ser humano podrá entablar el esperado contacto con el Espíritu
Divino, y tal vez además, podrá asomarse desde alguna ventana de la semántica
Divina para admirar el significado de la Omnipotencia.

Y entonces, cualquiera de nosotros podremos descubrir y evidenciar que
efectivamente las cosas y el mundo no sólo son lo que parecen, sino que además
siempre pueden estar sucediendo más cosas de las que logramos seleccionar con
nuestros sentidos y que por fortuna las descripciones que nos proponen las
epistemologías se parecen a mapas diversos sobre el terreno siempre
inconmensurable de esta complejidad humana energética-eco-bio-psico-social y
espiritual, que nos invita permanentemente a descubrir sus tesoros.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Caramazona, P. y Castaños, M. (2002). Chamanismo, desarrollo personal y
psicología. Mexico. Revista Intercontinental de Psicología y Educación, Volumen IV
N° 2. Universidad Intercontinental.

Maffiol. L. C. y Forero, C. A. (2001). Oratioterapia, Vitamina diaria para el viaje
hacia su felicidad. Bogotá: Editorial Grijalbo Mondadori, 2ª. Edición.


Maffiol. L. C. y Forero, C. A. (2002.). Oratioterapia II, Te regalo la vida, Vitamina
diaria para la conquista de su libertad. Bogotá: Editorial Grijalbo Mondadori.


Morin, E. (1995). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Editorial
Gedisa.


Watzlawick, P. (Comp.). (2000). La realidad inventada. ¿Cómo sabemos lo que
creemos saber? Barcelona: Editorial Gedisa.


Wilber, K. (1995). Gracia y coraje. Gaia ediciones.


Wilber, K. (2000). Diario. Buenos Aires: Editorial Kairos.


Yuste, N., Rubio, R. y Rico, M. (2004). Introducción a la psicogerontología. Madrid:
Ediciones Piramide.

				
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