La estructura del discurso period�stico no es aleatoria by o5ofEedF

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									                                                  Narrativas, nro. 20 - abril / junio de 2010

Estructura y contenidos

Arquitectura del discurso periodístico
             Macroestructura y superestructura. Retórica y periodismo.
            El hexámetro técnico. Aportes del Principio de Cooperación.
                      Falsacionismo. Marcos de referencia.



                                                                Adrián Eduardo Duplatt
                                                                       Lic. en Com. Social
                                                                     Mgter. en Periodismo
                                                                 Univ.Nac. de la Patagonia
                                                                    aduplatt@speedy.com.ar




La estructura del discurso periodístico no es aleatoria. Al redactar una noticia se
organiza la información bajo un título, siguiendo una planificación previa de acuerdo
al género de que se trate. Esa planificación tampoco es arbitraria. Busca hacer
comprensible el texto a un sinnúmero de lectores desconocidos y variopintos. Apela,
entonces, a códigos estándares y estilos que han probado su eficacia a la hora de
comunicar al otro un determinado mensaje. Con estas ideas se construye la noticia.

       Su arquitectura es tributaria de la retórica griega, de la oratoria romana, del
principio de cooperación y de la propia evolución del discurso periodístico y de las
teorías de la comunicación. La comunicación periodística tiene la función referencial
como principal meta (v. modelo de Roman Jakobson), más allá de que otros géneros
menos informativos utilicen. v.gr., la emotiva, poética o la conativa. Toda noticia
sigue determinados cánones que son respetados por los medios. Sólo varían de
acuerdo al propio contrato de lectura de cada uno, que le dará un matiz propio al
discurso de cada empresa gráfica, radial o audiovisual.

        En todo caso, la comprensión, estructura y producción de la información se
amoldan a lo que Teun van Dijk (1996) llamó macroestructura y superestructura de
la noticia (conceptos trabajados también por Ma. Rosa Bueno Lajusticia -2000-).

Temas y esquemas de la información periodística

     El tema de una noticia está dado por lo que Van Dijk (1996) llama
macroestructura semántica: la descripción global del texto.

       La pieza noticiosa tiene profusos temas que son desiguales en cuanto a su
jerarquía informativa. Las proposiciones de cada tema se subordinan a una principal
que se indica en el título. Este, entonces, refiere cuál es el tema sustancial, lo más
importante que debe saber el lector. De ahí que tenga una posición destacada en el
armado gráfico del texto.

      El tema/título de una noticia es -se reitera- la macroestructura semántica

          … que puede expresarse mediante un resumen y que define lo que
          subjetivamente es la información más importante, la sustancia, el
          objetivo final del texto… Los temas son cruciales para el
          entendimiento total de un texto… y funcionan como un control
          semántico global sobre el entendimiento local en el micronivel (Van
          Dijk, 1996:59).

      La macroestructura es la brújula de todo el texto. Al brindar cohesión y
coherencia a las distintas proposiciones, facilitan al lector la comprensión de lo que
se está informando. Acotan la cantidad de interpretaciones que se pueden realizar
de ese discurso.

       Gracias a la macroestructura se puede percibir al texto como a un todo al
brindarle unidad semántica. Para descubrirla basta con leer el título que, a su vez, es
el resumen de la información. El título es lo visualmente más destacado del texto
periodístico y deja ver cuál es el tema de la noticia. Además, condiciona la lectura
del resto de la información al saber que cualquier otro dato que se ofrece está en
relación con aquel principal.

        El título es el modelo mental -en los términos planteados por Van Dijk- que
limita la comprensión de la información. Define el tema y cómo se va tratar.

       En este sentido, George Lakoff, partiendo de la ciencia cognitiva, define a los
marcos de referencia como las estructuras mentales que conforman la visión de
mundo, metas y planes de los individuos. Son inconscientes y se conocen por el
lenguaje y las consecuencias, v.gr., en cuanto a razonamientos y formación del
sentido común. Lakoff explica que pensamos en términos de marcos mentales y
metáforas y que las palabras se definen a partir de aquel (v.gr.,las metáforas
entendidas no en términos de lenguaje meramente ornamental y literario, sino como
instrumentos para comprender conceptos abstractos). En este entendimiento, el
título noticioso es el que evidencia el marco mental a partir del cual hay que
entender los enunciados del artículo.

        Ahora bien, los diversos temas -microproposiciones- del texto no conforman
una azarosa lista descolgada del titular. Siguen una estructura jerárquica. Los datos
se adecuan a categorías fijas -y no tan fijas, de acuerdo al género informativo- y se
desarrollan siguiendo lineamientos de causas, antecedentes o consecuencias y las
reglas de especificación. Estas, al decir de Van Dijk (1996) ofrecen los detalles de la
noticia de acuerdo a especificaciones que van de lo más abstracto a lo más preciso,
y de las de detalles del más alto nivel, a las de más bajo: lugares, tiempos,
cantidades, identidades… lo que Lucrecia Escudero (1996) llama estrategias
discursivas de la narración de la prensa a fin de ganar credibilidad. Se busca, en
definitiva, un efecto de realidad.

          Esta característica estructural de la noticia es también el resultado de
          una estrategia de la producción que considera las limitaciones de la
          relevancia y las estrategias de lecturas posibles, de modo que los
          lectores obtengan primero la información más importante (Van Dijk,
          1996:71).

        Dentro de esas estrategias discursivas la más importante es la cita de
fuentes. Escudero explica que con ellas el lector tendría la posibilidad de verificar la
información que recibe. Sin datos de lugares, tiempos y testimonios sería imposible
comprobar la noticia y mermaría la credibilidad de la noticia. Al decir de Karl Popper
y su falsacionismo (“La lógica de la investigación científica”, 1935), si una teoría
puede ser refutada es científica y si no puede ser refutada es no científica -v.gr.,
psicoanálisis, marxismo-. La posibilidad de refutación está dada por su contraste con
la realidad. Los enunciados tienen que brindar la posibilidad de cotejarlos con el
mundo. Si son refutados se busca otra teoría y así avanza la ciencia buscando la
verdad. Al no tener enunciados, datos, relaciones, que puedan verificarse, no es una
teoría científica y se alejaría de la verdad (Gómez López, 2007). Con el periodismo
ocurre algo similar. Cuanto más detalles entregue una noticia, mayores serán las
posibilidades de verificación o refutación. Al no brindarlos, la credibilidad será más
un acto de fe que una consecuencia razonada.

       Volviendo al orden del discurso: el significado total -macroestructura- necesita
de una sintaxis que normalice el modo en que los subtemas y especificaciones se
insertan en la totalidad del texto. La superestructura del discurso es la encargada de
ordenar la información con un esquema determinado y respondiendo la seis W
clásicas del periodismo. Se trata del organigrama formal del texto.

       El esquema está conformado por una retahíla de categorías ordenadas
valorativamente. La disposición es variable. Cada tipo de discurso tiene su
superestructura propia, sea el discurso periodístico, científico, literario, de la vida
cotidiana… El informativo de los medios sigue, en lineamientos generales, el
señalado por Van Dijk (1996).

       Básicamente, la noticia comienza con la macroestructura, jerarquizada
visualmente para su rápida lectura. Forma un conjunto que se denomina titular e
indica con claridad de qué se trata la noticia. Luego sigue un encabezamiento o
copete y, por último, el cuerpo del texto.

     El “Manual de Estilo” del diario Clarín muestra en forma concisa cómo está
compuesto el titular: un título, una volanta y una bajada.

       El título es un texto breve, informativo qué indica qué es lo más importante de
toda la información, cuál es LA noticia. Puede ser el qué pasó, el quién hizo algo o
cualquier otro dato relevante. El resto de las W se irán respondiendo en el cuerpo
informativo.

       Ese título puede estar precedido por una frase contextualizadora -muy
escueta- que anticipa lo que sigue, y seguido de un texto de dos o tres líneas que
indiza el resto de las particularidades del tema.

      Visualmente se presenta de este modo:
       Volanta


       Título
      Bajada Bajada                          Titular
      Bajada Bajada




       Después del titular viene el encabezado o copete (o lead). Se trata de un
párrafo -o más, depende de la extensión total del trabajo- que funciona, también,
como una macroestructura al profundizar la información del título. Esto suele
hacerse ampliando alguno de los aspectos del título.

       Por último, la noticia despliega su cuerpo. El resto de la información se
desarrolla acatando de manera no rígida el esquema de Van Dijk, reservándose para
el final alguna revelación que resulte de interés para el lector. La organización
planteada varía de acuerdo al género. Debe tenerse presente que Van Dijk “no
distingue entre relatos objetivos… y relatos interpretativos… mucho más ricos y
complejos que los simples relatos objetivos” (Martínez Albertos, 1989:24).



      Titular
      Encabezado
      copete lead
      Encabezado
                                       Noticia
      Cuerpo Cuerpo
      Cuerpo Cuerpo
      Cuerpo Cuerpo
      Cuerpo Cuerpo
      Cuerpo Cuerpo




       El lector de un periódico, entonces, cuando está ante una noticia, percibe
visualmente su importancia a través de la jerarquización del titular. Además de saber
cuál es el tema, se entera de su importancia. Podría decirse que el título es la
primera puerta de entrada a la información, pero no la única. Puede tener accesos
alternativos como el copete o los elementos paratextuales.

       Estos pueden ser icónicos o textuales. Los últimos son la tipografía, colores
del texto, etc., que conforman el titular. Los primeros son las fotografías, dibujos,
infografías y demás imágenes que brindan información. Por lo tanto, dichos
elementos no son meros aditamentos estéticos de la noticia, sino que son elementos
informativos que pueden funcionar independientemente del texto informativo en sí.
Una fotografía con su epígrafe deben hacer saber al lector qué es lo que ocurrió,
cuál es la noticia de que se trata.
       La superestructura es el continente de la noticia, su contenido está dado por
las respuestas a las tradicionales 6W.

Las seis W

      Para Mauro Wolf (1991), en la primera mitad del siglo XX se estaba en la
búsqueda de un paradigma para el análisis sociopolítico y comunicacional y fue
Harold Lasswell, quien, superando la teoría de la aguja hipodérmica, enunció que

          Una forma apropiada para describir un acto de comunicación es
          responder a las siguientes preguntas: ¿quién dice qué a través de
          qué canal a quién con qué efectos. El estudio científico del proceso
          comunicativo tiende a concentrarse en algunos de estos puntos
          interrogativos (Wolf, 1991:30).


      El modelo de Lasswell sistematizó la incipiente investigación de la
comunicación alrededor de sus temas centrales y más longevos: el análisis de los
efectos y el análisis de los contenidos.

       Una premisa importante de la que parte Lasswell es que la comunicación es
intencional y tiende a un fin, a obtener un cierto efecto. Estos dependen tanto del
emisor como del receptor y del contenido del mensaje.

       El mensaje periodístico no es la excepción. Más allá de cuál sea la intención
del emisor -periodista o dueño de los medios-, el mensaje debe estar estructurado
de una manera que sea efectiva y con un contenido eficiente a la hora de persuadir
al receptor.

       La información del discurso periodístico tiene que ser persuasiva. En primer
lugar tiene que persuadir de que es verdad y, después, podrá concretar su
intencionalidad. El modo de concretar este fin es la organización y disposición de las
palabras. El estilo de la comunicación periodística tiene su origen en la Retórica
clásica y podría afirmarse que el modelo de Lasswell, también.

       Aristóteles fue uno de los primeros en estudiar y sistematizar el análisis del
discurso. Para él, el discurso tenía tres partes: el que habla, sobre lo que habla y a
quién le habla, centrándose en el quid, aquello sobre lo que se habla.

       Dijo que para estructurar un buen discurso es necesario tener en cuenta la
personalidad de quien habla o escribe; las técnicas que impulsan a quien escucha o
lee a tomar una determinada posición y lo que muestra el propio discurso. Se
persuade por la fuerza del argumento y su evidencia, pero también por la fuerza y
autoridad del orador y el estado emocional del auditorio (Femenías, 2001). Cuando
analiza la expresión del discurso enumera varias reglas para conseguir los objetivos
que se pretenden, v.gr. claridad, corrección, expresión adecuada, entre otras, reglas
que “están recogidas en la teoría moderna de la redacción periodística” (Vargas,
1999:90).
       El qué, entonces, es el contenido y la disposición de la información en el texto
oral o escrito. De ello se ocupó la retórica, influyendo en el periodismo hasta el
presente.

Retórica y periodismo

      Se suele vincular a la Retórica exclusivamente con los géneros periodísticos
de opinión. Sin embargo, es aplicable a todo el periodismo.

          La periodística, como la retórica, es la organización de un discurso
          que aspira a producir unos efectos persuasivos entre los diversos
          tipos de público, función que no está reservada en exclusiva al
          periodismo de opinión,… en el informativo… se utilizan estrategias
          de persuasión implícita (Vargas, 1999:76).

      Así, existen distintas dimensiones o niveles en la retórica. Si se tienen en
cuenta sus efectos, estos pueden ser directos o indirectos, perteneciendo los
primeros al periodismo de opinión y los segundos al informativo (Vargas: 1999:77).

       El discurso de la prensa no pretende el control de las acciones de sus
lectores, sino sobre sus conocimientos del mundo. Van Dijk explica:

          ... el poder de los medios de comunicación es generalmente
          simbólico y persuasivo, en el sentido de tener la posibilidad de
          controlar, en mayor o en menor medida, la mente de los lectores; sin
          embargo, el control no se ejerce directamente sobre sus acciones: el
          control de las acciones, meta última del poder, se hace de manera
          indirecta cuando se planea el control de intenciones, de proyectos,
          de conocimientos a alcanzar, de creencias u opiniones (Van Dijk,
          1994).

       Por lo tanto, los géneros de opinión tratan de persuadir sin disimularlo y los
informativos lo hacen de un modo indirecto. En todo caso, ambos, en primera
instancia, tratan de convencer a los lectores de que hablan con la verdad, y lo
intentan retóricamente.

       Como ya se adelantara, la retórica clásica indicó que una comunicación eficaz
debía prestar atención a quien emite el mensaje, al mensaje y a quien lo recibe.
Centrándose en el mensaje, Aristóteles en su “Retórica” (300aC) ideó un conjunto de
cinco fases u operaciones retóricas presentes en todo discurso: inventio, dispositio,
elocutio, memoria y actio.

       Las dos últimas están reservadas al discurso oral. La memoria es la
memorización del texto y el actio los gestos, movimientos, entonaciones que se le
imprimirán para ser más convincente. Los tres primeros son aplicables al discurso
escrito y perfectamente asimilables al periodismo.

      La inventio consiste en la búsqueda y selección de los contenidos sobre los
que versa el discurso, todas las aristas posibles del tema en debate. Se trata del
contenido, ideas generales, argumentos, recursos persuasivos, enriquecidos por los
propios conocimientos y habilidades del enunciador. Establece los contenidos y los
temas del discurso. El sustantivo inventio (o invenio) no significa “invención,
creación”, sino “hallazgo”. Hallazgo de asuntos verdaderos o, cuanto menos,
verosímiles que hagan probable la razón de la argumentación.

      La dispositio es la distribución y ordenación de los elementos con que se
cuenta. Se trata de una estructura ordenada de ideas y argumentos, v.gr., los más
importantes se dejan para el inicio y el final del discurso. El orden responde a un fin:
persuadir al lector. Desde el principio se debe buscar su atención para poder
convencerlo. Sin la dispositio, la inventio sería una retahíla inconexa de ideas,
argumentos y conceptos que no podrían consumar la razón de ser del texto.

       Finalmente, la elocutio es la encargada de expresar lingüísticamente lo
hallado por la inventio y ordenado por la dispositio. Se trata del ropaje que viste las
ideas. La manera de decirlo mediante palabras, frases, párrafos, recursos de la
poética, etc., para potenciar el discurso. Atañe, básicamente, a la gramática y
constituye el estilo del enunciador.

        En el 100 dC, Marco Fabio Quintiliano compiló las diversas tesis de la retórica
griega en doce tomos: “Institutio oratoria”. Lo hizo de un modo claro y didáctico,
influido por Cicerón (100 aC). En el tomo IX se puede leer, v.gr., que la lectura es
fundamental para el orador. También elaboró un hexámetro técnico sobre las
circunstancias que no deben faltar cuando se habla de un tema (reelaborado en el
siglo XII por Mathieu de Vendome en su “Ars versificatoria”). En el hexámetro están
presentes las preguntas quis, quid, ubi, quibus auxiliis, quo modo y quando (quién,
qué, dónde, con qué ayuda, cómo y cuándo).

       La conexión entre retórica y periodismo resultan claras. En un análisis
teleológico ambos buscar persuadir de que hablan con la verdad y de algo más que
dependerá del enunciador y sus intenciones. Para hacerlo se valen del lenguaje, en
este caso, del discurso.

       Así, estructuran sus textos para que potencien su efecto persuasivo. Es aquí
donde el periodismo abreva de la retórica clásica y sus estudios sobre la eficacia del
discurso para convencer a los lectores de su credibilidad y sus razones.

       Si la retórica habla de la importancia del primer párrafo y del último, pues, el
periodismo habla de la importancia del título y el primer párrafo para captar la
atención del lector y de no menospreciar al último; la retórica habla de la lectura para
poder ser un buen orador, el periodismo de la lectura para poder escribir bien; ¿qué
es la dispositio de Aristóteles, sino la superestructura de Van Dijk?; la confección de
la inventio es, entonces, la búsqueda de la investigación periodística, en la que el
hexámetro de Quintiliano son las conocidas seis W del periodismo; y la elocutio bien
podría ser el origen del estilo periodístico (o estilos de la comunicación periodística,
según Albert Chillón (1999), en el que la claridad y precisión son dos características
esenciales.

       Aristóteles definía a la retórica como la facultad de considerar en cada caso lo
que cabe para persuadir, es decir, convencer al otro de los propios dichos. Se ocupa
de lo verosímil, afirmaba Aristóteles. No importa si es cierto, mientras que sea
creíble. “La vida cotidiana es el reino de lo verosímil” (Mitchell, 2002:37) y por ello
aporta tópicos comunes, saberes compartidos entre emisor y receptor. “La
persuasión, tanto en la antigüedad como en nuestro tiempo, se ejerce sobre la vida
cotidiana y a partir de ella. Gran parte de nuestras acciones y decisiones diarias
nacen en dichos lugares comunes” (Mitchell, 2002:37).

     En este sentido resulta útil recurrir, entonces, a disciplinas que estudian la
comunicación en la vida cotidiana.

       La noticia es creíble si convence al lector de que es verdad y, entonces, se
vale de la retórica por su finalidad persuasiva y estética. Pero no es el único recurso.
A ella se pueden sumar estudios lingüísticos sobre las conversaciones de la vida
cotidiana para redactar una pieza periodística más cercana a sus objetivos.

Principio de Cooperación y periodismo

       Con Paul Grice (“Lógica y conversación”) el centro de atención de la
investigación lingüística pasó de los contenidos de los enunciados a las condiciones
en que se produce la comunicación en la vida cotidiana. Estos estudios dieron
origen, posteriormente, a la Teoría de la Relevancia.

       Grice explica que se entiende una frase por sus implicancias semánticas
(contenidos explícitos semánticos) y por las circunstancias en que fue dicha
(contenidos implícitos comunicacionales). Las primeras hacen a la semántica del
enunciado y las segundas, a la semántica y pragmática de la misma. En este último
caso, para que la conversación sea entendible, es necesario apelar a las
implicaturas conversacionales.

        Un enunciado contiene implicaturas lógicas que se infieren del propio texto. Si
alguien dice que tiene tres hijos, pensamos que tiene tres si no hay otro tipo de
información que la desmienta. Pensamos que dice la verdad. Pero si resulta que
tiene cuatro es dable pensar que mintió. Sin embargo, desde el punto de vista lógico
del lenguaje, no faltó a la verdad. Quien tiene cuatro hijos debe tener tres, dos y uno.
No se puede tener cuatro hijos sin tener antes tres. Lo que ocurre es que se empleó
otro tipo de implicatura que no se deriva de la lógica del enunciado en sí, sino de las
condiciones de producción de él. La implicatura conversacional hizo pensar que el
“tengo tres hijos” significaba “tengo sólo tres hijos”, ni uno más, ni uno menos.

       Estas conclusiones trascienden el mensaje literal y derivan de las condiciones
pragmáticas de la conversación; se trata de un proceso que se desprende del
Principio de Cooperación y sus máximas conversacionales.

        Para Grice la conversación no es irracional, sino que es necesario un cierto
grado de esfuerzos cooperativos, de normas socialmente aceptadas por los
participantes de cada acto comunicativo. El Principio de Cooperación estipula que
se debe realizar una contribución a la conversación como se ha pedido, en el
momento adecuado y de acuerdo a su propósito.

      El principio consta de categorías y máximas:

      - Cantidad: completa; no más de lo necesario
      - Cualidad: verdadera; nada falso; nada sin verificar
      - Relación: cosas relevantes al tema
      - Modalidad: claridad; sin ambigüedad; breve; ordenada

       Es decir, para que la comunicación sea eficiente se debe decir lo necesario,
no debe faltar información, pero tampoco sobrar; la información de más se convierte
en ruido que entorpece el intercambio entre los presentes.

       Además, debe decirse la verdad, no mentir en ningún momento y, no menos
importante, no afirmar nada que no haya sido previamente verificado; por lo tanto,
los rumores también afectan la eficiencia de la comunicación.

       Obviamente los aportes a la comunicación deben seguir los lineamientos
establecidos por el tema; cualquier contribución que se aleje de él, corre el riesgo de
desviar el fin del intercambio de mensajes.

      Finalmente, los mensajes deben ser claros y breves, enunciados en forma
ordenada y sin ambigüedades; de esta manera, serán más comprensibles.

(En las categorías de Grice pueden vislumbrarse las entidades del modelo kantiano
del conocimiento: un mundo exterior, fuera del sujeto, concretamente sensorial; un
aparato subjetivo -un sujeto que organiza con intuición- y un fenómeno espacio
temporal que da sentido a la experiencia. Esta última entidad organiza el
pensamiento en categorías: cantidad, cualidad, negación y modalidad).


      En estos términos, las categorías y máximas del Principio de Cooperación de
Grice bien pueden ser un perfecto manual de redacción periodística, de allí la
importancia de tenerlo presente a la hora de escribir una noticia. A grandes rasgos,
los imperativos periodísticos igualmente indican dar toda la información y no
redundar, decir la verdad y confirmar todo lo que se dice, no desviarse del tema y
comunicar con claridad, brevedad y precisión.

Final de crónica

        La organización del mensaje periodístico no es aleatoria. Responde a la
necesidad de ser efectivo en lo que quiere comunicar o lo que quiere persuadir. La
distribución de la información en una noticia se desarrolla con ese Norte. Tanto la
macro como la superestructura del discurso de la prensa no son propias de él. Sus
orígenes pueden rastrearse en la retórica clásica y en sus principios estéticos y
modelos de discursos persuasivos. En los contenidos de los mensajes actuales, no
puede desdeñarse el Principio de Cooperación, como un aporte a tener en cuenta
para elaborar una noticia cierta, precisa, completa y clara.

       Con estos conceptos es dable construir el capital principal de la prensa: su
credibilidad.
BIBLIOGRAFÍA:

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