La Virgen Maria en el Reino de la Divina Voluntad

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                              TABLA DE CONTENIDO




LA VIRGEN MARÍA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD ______ 8
INTRODUCCIÓN _______________________________________ 10
 La Santísima Virgen. Asunta en el Cielo. El Ave María junto con Jesús. __________________ 18
 La Santísima Virgen, Portento de la gracia. ________________________________________ 23
 Jesús se deleita en Luisa. Auxiliada por la Santísima Virgen. __________________________ 25
 Nacimiento de Jesús. __________________________________________________________ 28
 La Mamá Celestial le enseña el secreto de la felicidad. _______________________________ 32
 La Santísima Trinidad y la Mamá Reina. ___________________________________________ 34
 La Santísima Virgen: Estrella de luz. _____________________________________________ 36
 Las palabras más agradables. A la dulce Mamá. ____________________________________ 37
 La Santísima Virgen le enseña a tener la mirada interior fija en Jesús. __________________ 38
 La adoración de la Santísima. Virgen cuando encontró a Jesús. Llevando la cruz. __________ 41
 Efectos de los dolores de la Santísima Virgen. ______________________________________ 43
 Cómo se puede participar en los dolores de la Celestial Mamá. ________________________ 46
 Todo lo que la Reina Mamá contiene tiene su raíz y su principio en el Fiat. ______________ 50
 Qué pasaba entre el Niño Jesús y su dulcísima Mamá cuando. Ella lo alimentaba. _________ 53
 Jesús y su Madre Santísima. Fueron inseparables. Cómo realizaba su oficio de Madre. _____ 56
 Bendición universal de Jesús al bendecir a su Mamá antes de la pasión._________________ 59
 Correspondencia de amor y de agradecimiento por tanto que. Dios obró en la Mamá
 Celestial. ____________________________________________________________________ 63
 El Fiat Mihi de la Virgen Santísima en. El Divino Querer y el Fiat de Luisa. _______________ 65
 Potencia creadora del Fiat en la creación, del Fiat Mihi de la Santísima Virgen en la redención
 y cumplimiento del Fiat Voluntas Tua como en el Cielo en la Tierra. ____________________ 69


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El tercer Fiat completará la Gloria, el honor del Fiat de la Creación y será confirmación y
desarrollo de los frutos del Fiat de la Redención. Estos tres Fiat semejarán a la Sacrosanta
Trinidad sobre la tierra. ________________________________________________________ 75
La Virgen con su amor llamó al Verbo a encarnarse en su seno. Luisa con su amor y el fundirse
en el Querer Divino, llama a la Divina Voluntad a hacer vida en ella en la tierra. __________ 80
Los dos apoyos. Para conocer las verdades es necesario que esté la voluntad y el deseo de
conocerlas. Las verdades deben ser simples. _______________________________________ 83
Vivir en la Divina Voluntad no tiene nada de grande exteriormente, todo se desenvuelve entre
el alma y Dios. _______________________________________________________________ 89
Los actos de Jesús y los de la Santísima Virgen en la Divina Voluntad. ___________________ 94
Necesidad de que la Virgen estuviera al día de las penas internas de Jesús ______________ 97
Sobre la Inmaculada Concepción. _______________________________________________ 101
Dolores de la Celestial Mamá y cómo el Fiat Divino obró en ellos._____________________ 111
Dios al hacer obras que deben servir al bien general, concentra en una criatura todo el bien
que quiere dar. _____________________________________________________________ 115
Por cuanto más grande es la obra que Dios quiere hacer, tanto más es necesario que sea única
y singular la criatura que elige. La Paterna Bondad quiere abrir otra era de Gracia. _______ 123
La santidad del vivir en el Divino Querer, a ejemplo de la Santísima Virgen, no tiene nada de
prodigioso exteriormente. ____________________________________________________ 130
Los bienes que contiene la Divina Voluntad están suspendidos. Fiesta del Divino Querer.
Trabajo de la Reina del Cielo y trabajo de la pequeña hija del Divino Querer. Cómo era
necesario primero la Redención. _______________________________________________ 136
La historia doliente de la Divina Voluntad. Así como la Virgen para la obra de la Redención
hizo suyos todos los actos de la Divina Voluntad y preparó el alimento a sus hijos, también
Luisa debe hacerlo para la obra del Fiat Voluntas Tua. ______________________________ 146
La tarea de la Santísima Virgen, la tarea de Jesús y la tarea de Luisa para hacer que venga el
reino de la Divina Voluntad a la tierra. ___________________________________________ 155
Sobre la Inmaculada Concepción de María. _______________________________________ 161
Necesidad de escribirlo todo. La Virgen hizo el más grande milagro. Sólo esta doctrina podrá
detener a las generaciones humanas que corren en vertiginosa carrera en el mal. _______ 167
Acerca de la Inmaculada Concepción. Prueba a la cual fue sometida la Virgen. __________ 180
La misión de Luisa es única: El hacer conocer los méritos, el valor y el bien que la Divina
Voluntad contiene, y hacerla reinar sobre la tierra. ________________________________ 185



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La Misión de la Divina Voluntad reflejará a la Santísima Trinidad en la tierra, y hará que el
hombre regrese a su origen. ___________________________________________________ 192
Corresponder a Dios en amor por todas las cosas creadas, es el primer deber de la criatura. La
Divina Voluntad fue dada como Vida primaria de la criatura. ________________________ 199
Todas las cosas creadas caminan hacia el hombre. La fiesta de la Asunción se debería llamar la
fiesta de la Divina Voluntad. ___________________________________________________ 206
Intercambio de Voluntad entre Dios y la Santísima Virgen y Luisa. La Santísima Virgen repite al
alma lo que hizo a su Hijo. ____________________________________________________ 213
Quien es llamado como cabeza de una misión, debe encerrar todos los bienes pertenecientes
a aquella misión para comunicarlos a los demás. Es costumbre de la Sabiduría eterna
establecer los actos de la criatura para dar cumplimiento al bien que quiere hacer en ella. 221
Así como de la Mamá Celestial se supo la cosa más importante, que el Hijo de Dios era Hijo
suyo, así será de la hija de la Divina Voluntad, sólo se sabrá lo más importante para hacerla
conocer a Ella. El bien no conocido no tiene camino para comunicarse. ________________ 232
Con vivir en el Querer Divino todos los bienes quedan concentrados en el alma. La finalidad
primaria de la Redención fue el Fiat Divino. ______________________________________ 236
Quien vive en la Voluntad de Dios debe poseer lo que Ella posee, y debe hacer la Voluntad de
Dios como la hace Dios. _______________________________________________________ 245
Para vivir en el Divino Querer se necesita el pleno abandono en los brazos del Padre Celestial.
La nada debe ceder la vida al Todo. _____________________________________________ 252
La Creación y la Mamá Celestial son los ejemplares más perfectos del vivir en el Divino
Querer. La Virgen superó a todos en el sufrir. _____________________________________ 259
Los que viven en el Querer Divino son los primeros delante a Dios, y forman su corona.___ 269
Así cómo la Virgen para obtener al suspirado Redentor y concebirlo en ella debió abrazar
todo, y hacer los actos de todos, así quien debe obtener el Fiat Supremo, debe abrazar a todos
y responder por todos. _______________________________________________________ 273
Así cómo el conocimiento dio vida a los frutos de la Redención, así dará vida a los frutos de la
Divina Voluntad. ____________________________________________________________ 283
Quien posee el reino de la Divina Voluntad obra en modo universal y poseerá la Gloria
universal. __________________________________________________________________ 294
Así como se supo que para formar el reino de la Redención los que más sufrieron fueron Jesús
y su Mamá, así será necesario conocer quién ha sufrido por el reino del Fiat Supremo. ___ 299
Los actos hechos en el Querer Supremo toman la imagen de las cualidades divinas. Qué
significa ser cabeza de una misión. ______________________________________________ 306



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 Nuestro Señor hizo el depósito de su Vida Sacramental en el corazón de la Santísima Virgen. El
 gran bien que puede hacer una vida animada por la Divina Voluntad. La Virgen Santísima, en
 sus dolores, encontraba el secreto de la fuerza en la Voluntad Divina. _________________ 316
 La Reina, portadora de Jesús, el gran don que le fue entregado. Trabajo que tuvo del Ente
 Supremo. __________________________________________________________________ 324
 El reino del Querer Divino será el reino de la Reina del Cielo. Sus deseos ardientes y plegarias
 incesantes son asaltos de amor que da a la Divinidad para obtenerlo. Cómo pondrá su Vida a
 disposición de las criaturas para darles la gracia de hacerlas vivir de Voluntad Divina. ____ 331

Llamada Materna de la Reina del Cielo. ___________________ 338
Oración a la Reina del Cielo para cada día del mes de mayo. __ 342
 PRIMER DÍA
 La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. El primer paso de la Divina Voluntad en la
 concepción inmaculada de la Mamá Celestial. ____________________________________ 344
 SEGUNDO DÍA
 La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. El segundo paso de la Divina Voluntad
 en la Reina del Cielo. La primera sonrisa de la Trinidad Sacrosanta ante su concepción
 inmaculada. ________________________________________________________________ 351
 TERCER DÍA
 La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. El tercer paso de la Divina Voluntad en la
 Reina del Cielo. La sonrisa de toda la creación por la concepción de la Celestial Niña. _____ 358
 CUARTO DÍA
 La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. El cuarto paso de la Divina Voluntad. En
 la Reina del Cielo. La prueba. __________________________________________________ 364
 QUINTO DÍA
 La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. El quinto paso de la Divina Voluntad en la
 Reina del Cielo. El triunfo sobre la prueba. _______________________________________ 371
 SEXTO DÍA
 La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. El sexto paso de la Divina Voluntad en la
 Reina del Cielo. Después del triunfo sobre la prueba: La posesión. ____________________ 377
 SÉPTIMO DÍA
 La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Toma el cetro de mando y la Trinidad
 Sacrosanta la constituye su Secretaria. __________________________________________ 383


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OCTAVO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Recibe de su Creador el mandato de
poner a salvo la suerte del género humano. ______________________________________ 391
NOVENO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Es constituida por Dios Pacificadora
Celestial y vínculo de paz entre el Creador y la criatura. _____________________________ 398
DÉCIMO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Alba que surge para poner en fuga a la
noche del querer humano. Su nacimiento glorioso. ________________________________ 404
DECIMOPRIMER DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Forma durante los primeros años de su
vida una aurora esplendidísima para hacer surgir en los corazones el día suspirado de luz y de
gracia. _____________________________________________________________________ 410
DECIMOSEGUNDO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Sale de la cuna, da los primeros pasos y
con sus actos infantiles llama a Dios a descender a la tierra y llama a las criaturas a vivir en la
Divina Voluntad. ____________________________________________________________ 417
DECIMOTERCER DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Se va al templo y da ejemplo de total
triunfo en el sacrificio. ________________________________________________________ 424
DECIMOCUARTO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Llega al templo. Su estancia. Se hace
modelo de las almas consagradas al Señor. _______________________________________ 429
DÉCIMOQUINTO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Continúa el mismo tema: Su vida en el
templo. ____________________________________________________________________ 435
DÉCIMOSEXTO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Continúa su vida en el templo y forma el
nuevo día para hacer surgir el resplandeciente Sol del Verbo Divino en la tierra. _________ 441
DECIMOSÉPTIMO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Sale del templo. Se desposa con San
José. Es espejo Divino en el que llama a reflejarse a todos aquéllos que son llamados por Dios
al estado conyugal. __________________________________________________________ 447


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DECIMOCTAVO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. En la casa de Nazaret. Cielo y tierra están
a punto de darse el beso de paz. La hora divina está cercana. ________________________ 454
DECIMONOVENO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Las puertas del Cielo se abren. El Verbo
Eterno se pone a observar y envía a su Ángel para anunciar a la Santísima Virgen que la hora
de Dios ha llegado. __________________________________________________________ 461
VIGÉSIMO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. La Virgen: Cielo tachonado de estrellas y
en este Cielo el Sol Divino con sus refulgentes rayos llena ya el Cielo y la tierra. Jesús en el
seno de su Mamá. Visita a Isabel y santificación de Juan. ____________________________ 469
VIGESIMOPRIMER DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Sol que surge. Pleno mediodía. El Verbo
Eterno en medio de nosotros. __________________________________________________ 480
VIGESIMOSEGUNDO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. El pequeño Rey Jesús ha nacido, los
Ángeles llaman a los pastores a adorarlo; Cielos y tierra exultan. El Sol del Verbo Eterno disipa
la noche del pecado y da principio al pleno día de la gracia. Permanencia en Belén. ______ 487
VIGÉSIMOTERCER DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Suena la primera hora del dolor. Una
estrella con voz muda llama a los Magos a adorar a Jesús. Un profeta se hace revelador de _los
dolores de la Soberana Reina.__________________________________________________ 494
VIGESIMOCUARTO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Un impío tirano. El pequeño Rey Jesús es
llevado por su Mamá y por San José a tierra extranjera y son como pobres exiliados. Regreso
a Nazaret. __________________________________________________________________ 504
VIGESIMOQUINTO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Nazaret: Símbolo y realidad del Reino del
Fiat Divino. Vida oculta. María depositaria, manantial y canal perenne. _______________ 510
VIGESIMOSEXTO DÍA
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. La hora del dolor se aproxima. Separación
dolorosa. Jesús en su vida pública y apostólica. ___________________________________ 518



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 VIGESIMOSÉPTIMO DÍA
 La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Reina de los dolores. Suena la hora del
 dolor. La pasión. Un deicidio. Llanto de toda la naturaleza. __________________________ 525
 VIGÉSIMOCTAVO DÍA
 La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. El Limbo. La espera. La victoria sobre la
 muerte. La Resurrección. _____________________________________________________ 534
 VIGÉSIMONOVENO DÍA
 La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. La hora del triunfo. Aparición de Jesús.
 Los que habían huido se unen en derredor de la Virgen como Arca de salvación y de perdón.
 Jesús parte para el Cielo. ______________________________________________________ 542
 TRIGÉSIMO DÍA
 La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. La Maestra de los Apóstoles. Sede y
 Centro de la Iglesia Naciente. Barca de refugio. Descendimiento del Espíritu Santo. ______ 548
 TRIGÉSIMOPRIMER DÍA
 La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Su Asunción al Cielo. Entrada feliz. Cielo
 y tierra festejan a la recién llegada. _____________________________________________ 554

CONSAGRACIÓN DE LA VOLUNTAD HUMANA A LA REINA DEL
CIELO _______________________________________________ 564
 Novena a la Inmaculada ______________________________________________________ 567




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 LA VIRGEN MARÍA EN EL REINO DE LA
         DIVINA VOLUNTAD


              LUISA PICCARRETA


    Considero    muy      digna    de   elogio  y
reconocimiento la feliz iniciativa del buen amigo
José Luis Acuña de editar en español, en este
volumen, una bien lograda selección de hermosos
textos de Luisa Piccarreta sobre la Santísima
Virgen María en el reino de la Divina Voluntad.

    El amable lector encontrará en estas páginas
una espléndida riqueza de ilustraciones y
meditaciones y una amplia gama de reflexiones y
perspectivas acerca de la misión maternal de la
Santísima Virgen María para con nosotros sus
hijos, en relación con la Divina Voluntad.

    Que estos textos puedan enriquecer y
aquilatar la relación filial de muchas almas hacia
la Madre de Jesús y Madre nuestra; y que Ella
misma se digne obtener para sus devotos hijos

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una mayor participación de su herencia espiritual
en bendiciones y bienes del Cielo.


    Corpus Christi Tlalnepantla, a 26 de febrero
de 1999.


                              Ricardo Guizar Díaz
                         Arzobispo de Tlalnepantla
                                           México




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              INTRODUCCIÓN


    El 28 de diciembre de 1936 Jesús le dice a
Luisa:

    “Hija mía, debes saber que Adán al pecar
hizo heredar todos los males a las
generaciones humanas, porque habiendo
salido de la heredad de la Divina Voluntad, en
la que vivía en la opulencia, suntuosidad y
plenitud de los bienes divinos de su Creador,
perdió el derecho de nuestros bienes y con él,
todos sus descendientes.

    Mi Mamá dio principio a su vida y la
cumplió toda en esta heredad de la Divina
Voluntad, con tal abundancia que se sentía
ahogada en los bienes divinos de su Creador, y
tanto que puede hacer felices y ricas a todas
las demás criaturas. Y en esta heredad del
Fiat Divino heredó todos los bienes divinos
que hay en mi Voluntad, heredó la fecundidad
y la maternidad divina, heredó del Padre
Celestial  al   Verbo,   heredó    todas   las

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generaciones humanas y, a su vez, todas las
generaciones humanas, al ser sus hijas y
herederas, adquirieron el derecho de heredar
todos los bienes de esta Madre Celestial. Por
lo tanto, Ella como Madre tiene el derecho de
generar en su materno Corazón a todos sus
hijos y herederos.

    Pero esto no basta ni a nuestro amor ni al
suyo; como es heredera y poseedora del Verbo
Divino y de todos los bienes de mi Voluntad,
tiene el poder de generar al Verbo Divino en
cada criatura y todos los bienes que hay en mi
Voluntad.

    ¡Cómo! Si se pudieron heredar los males,
las pasiones y las debilidades, como sucedió
con el primer padre Adán, ¿por qué no se
pueden heredar los bienes de mi Mamá?

    Por eso mi Celestial Mamá quiere hacer
conocer la herencia que quiere dar a sus hijos.
Y es tanto su amor hacia Mí y hacia las
criaturas que se siente ahogada en su amor y
no pudiéndolo contener más, me ha pedido
que te manifestara lo que te he dicho, su gran
heredad, que espera a sus herederos y lo que
puede hacer por ellos, diciéndome:


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   “Hijo mío, no esperes más, hazlo pronto,
manifiesta mi gran herencia y lo que puedo
hacer por mis hijos, pues me siento más
honrada y más glorificada si Tú dices lo que
puede hacer tu Mamá que si lo dijera Yo
misma.”

    Pero todo esto tendrá su pleno efecto, la
vida palpitante de esta Soberana Señora en
las criaturas cuando mi Voluntad sea
conocida por ellas y ellas tomen posesión de
la heredad de su Mamá.”

     Este libro está integrado precisamente por
capítulos en los que Jesús y la Santísima Virgen
manifiestan cómo la vida de Ella la vivió en la
Divina Voluntad y cómo la Divina Voluntad
concurrió en cada uno de sus actos con su acto
completo, pleno de bienes divinos, formando en
Ella durante toda su vida esa heredad, entre
penas y gozos incomprensibles a la mente
humana, y la formó no sólo para Ella sino para
heredarla a sus hijos y dotarlos con todos sus
bienes, sin que, con dárnoslos, los pierda o le
disminuyan, y ahora, con conocer nosotros ésta
su gran herencia, podamos tomar posesión de
ella.



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     Pues es un gran dolor de nuestra Madre
Celestial poseer inmensas riquezas de amor a
Dios, de gracia, de santidad, de sabiduría, de
belleza, de potencia, etc., y conocen nada de esta
dote y otros apenas toman algunas migajas y
llevan una vida pobre de amor a Dios, pobre de
santidad, pobre de sabiduría, etc.

    ¡Cómo le duele ver a sus hijos pobres! Para
Ella, poseer esas riquezas pero sin la finalidad
para la cual con tantas penas y hasta con el
sacrificio heroico de la vida de su propio Hijo-Dios
las adquirió, es un dolor continuo y por eso
quiere hacer conocer a todos este inmenso bien,
porque lo que no se conoce, no se puede amar ni
poseer.

     Así que, quien quiera hacerse santo,
encontrará la dote de santidad de su Mamá
Celestial para llegar a la santidad más grande, a
la santidad divina; el débil encontrará la dote de
la fortaleza de su Mamá para ser fuerte; el
afligido, el que sufre, encontrará la dote de la
paciencia y de la santidad de las penas de su
Mamá Celestial; el que reza encontrará la dote de
las oraciones potentísimas de su Mamá Celestial;
el que quiere agradar a Dios encontrará la dote de
la belleza de su Mamá que enamora a su mismo
Creador; el que quiere conocer más a Dios

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encontrará la dote de la ciencia divina de su
Mamá que conoció los secretos más íntimos de
Dios; el que comulga encontrará la dote del
Corazón materno de su Mamá para recibir a
Jesús con el mismo amor de Ella… En suma,
todos sus hijos y herederos encontraremos la
grandiosa dote de nuestra amante Mamá para
enriquecer inmensamente todos nuestros actos y
para suplirnos amorosamente en lo que nos falte.

   Y como le dice Jesús en otro capítulo a Luisa:

    “¡Oh, qué hermoso! ¡Es la escena más
conmovedora, raptora y encantadora para
Nosotros: ver a esta Madre Celestial en cada
criatura, que la hace de Mamá! La sentimos que
nos ama, nos reza y nos adora en sus hijos y
junto con ellos, y éste es el prodigio más grande
entre el Cielo y la tierra… ¡Bien más grande no
habríamos podido dar a las criaturas!”.


                    Jesús, Jesús, Jesús




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    Este libro tiene dos partes diferentes.

    La primera está constituida por una selección
de capítulos de los volúmenes que tratan acerca
de la Santísima Virgen ordenados por fechas, por
lo que contienen un conocimiento gradual cada
vez más amplio y profundo de su vida interior,
desarrollada en la unidad de la Divina Voluntad.

    Todos estos capítulos de esta primera parte,
como son tomados de los volúmenes, tienen el
Nihil obstat de San Annibale M.de Francia y el
imprimatur del Sr. Arzobispo de Trani de aquellos
tiempos Mons. Giuseppe M. Leo.

    Para esta parte hicimos notas al pie de página
con el fin de coordinar y ampliar la teología
mariana con la luz de los escritos de Luisa en los
puntos o misterios más importantes de la vida de
la Santísima Virgen María, como son:

    - La inmaculada Concepción.
    - La maternidad divina.
    - La Madre Corredentora.



                                                          15
                                          Divina Voluntad




    - La Mediadora universal y Dispensadora de
      todas las gracias.
    - María asunta al Cielo.
    - María en el Cielo.
    - María en el misterio de Cristo, de la Iglesia
      y de la entera humanidad.

     Estos temas se han desarrollado no en el
orden dicho sino a medida que van apareciendo
en los escritos de Luisa, que si bien a veces los
diversos capítulos parecen desconectados entre
sí, porque se trata de una selección, pero siempre
corre en ellos como vena principal la enseñanza
progresiva del vivir en la Divina Voluntad.

     La segunda parte está formada por 31
meditaciones que Luisa terminó de escribir en
1930 por orden de su confesor de entonces, Don
Benedetto Calvi, para ser meditadas durante el
mes de mayo (pero es claro que se pueden hacer
cualquier día) en la “Casa de la Divina Voluntad”
que San Annibale Ma. Di Francia había fundado y
a la que Luisa fue llevada en 1928.

    Estas meditaciones contemplan los diversos
episodios o misterios de la vida de la Santísima
Virgen y si bien en la superficie puede aparecer
como un simple “librito de piedad” pero es un
verdadero “libro de oro” que contiene abismos de

                                                      16
                                          Divina Voluntad




luz para las almas sencillas, pues se trata del
lenguaje de la Mamá Celestial a sus hijos, y lo
comprenden y lo aman en realidad sólo los
“pequeños”.

    De estas meditaciones, que llevan el título de
“La Virgen María en el Reino de la Divina
Voluntad” se hicieron en tiempos de Luisa tres
ediciones, las tres con Nihil obstat e Imprimatur.

    Últimamente, la “postulación de la causa de
beatificación” de Luisa, para conmemorar el 50
aniversario de su muerte ha publicado en italiano
este libro con Nihil obstat de Mons. Giuseppe
Asciano, canciller arzobispal de la arquidiócesis
de Trani del 24 de septiembre de 1997 con la
aprobación del Sr. Arzobispo, Mons. Carmelo
Cassati.

                       José Luis y Alejandra Acuña
                                            México




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                                          Divina Voluntad




                            15 de agosto de 1899
                                                  Vol. 2




La Santísima Virgen
Asunta en el Cielo.
El Ave María junto con Jesús.


    Me sentí salir fuera de mí misma en las
alturas de los cielos, junto con mi amante Jesús.
Parecía que todo estaba de fiesta, Cielo, tierra y
purgatorio; todos estaban inundados por un gozo,
un júbilo nuevo.        Muchas almas salían del
purgatorio y como rayos llegaban al Cielo para
asistir a la fiesta de nuestra Reina Mamá.

    Yo también me empujaba en medio de aquella
inmensa multitud de gente, es decir, ángeles,
santos y almas del purgatorio que ocupaban ese
nuevo Cielo, que era tan inmenso, que el nuestro
que vemos en comparación de ese me parecía un
pequeño agujero, y mucho más, pues tenía la
obediencia y permiso del confesor. Pero mientras
trataba de mirar no veía más que un sol
luminosísimo que despedía rayos que toda me
penetraban de lado a lado y me transformaban


                                                      18
                                          Divina Voluntad




como en un cristal, tanto que descubría muy bien
mis pequeños defectos y la infinita distancia que
hay entre Creador y criatura; es más, cada rayo
tenía su marca:

    Uno mostraba la santidad de Dios, otro la
pureza, otro el poder, otro la sabiduría y demás
virtudes y atributos de Dios. Así que mi alma,
viendo su nada, sus miserias y su pobreza se
sentía aniquilada y en vez de mirar, se postraba
de bruces ante ese sol eterno, ante el cual no hay
nadie que pueda estar frente a él…

    Además, para ver la fiesta de nuestra Mamá
Reina se tenía que ver desde dentro de ese sol,
pues estando la Santísima Virgen tan sumergida
en Dios, mirando desde otros puntos no se veía
nada.

    Ahora, mientras me encontraba en estas
condiciones de aniquilamiento ante el sol divino,
estando el niñito Jesús en brazos de la Mamá
Reina, me dijo:

    “Nuestra Mamá está en el Cielo y a ti te
doy el oficio de hacerme de mamá en la tierra.
Y como mi vida está sujeta continuamente a
los desprecios, a la pobreza, a las penas, a los
abandonos de los hombres, y mi Madre

                                                      19
                                           Divina Voluntad




estando en la tierra fue mi fiel compañera en
todas estas penas y además trataba de
consolarme en todo, hasta donde sus fuerzas
podían, así tú también, haciéndome de mamá,
me harás fiel compañía en todas mis penas,
sufriendo tú en lugar de Mí hasta donde
puedas, y donde no puedas, tratarás de darme
al menos un consuelo. Pero debes saber que te
quiero toda ocupada en Mí y cuando vea que
no estás toda atenta para contentarme, no te
daré paz ni reposo.”

    Entonces empecé a realizar el oficio de su
Mamá, pero ¡oh, cuánta atención se necesitaba
para contentarlo! Con tal de verlo contento yo no
podía ni dirigir una mirada a otra parte… Ahora
Él quería dormir, ahora quería beber, ahora
quería que lo acariciara, y yo tenía que estar lista
para todo lo que Él quería; ahora decía:

     “Mamá, me duele la cabeza ¡alíviame!” y yo
en seguida le revisaba la cabeza y encontrando
espinas se las quitaba, luego, poniéndole mi
brazo bajo su cabeza, hacía que reposara, y
mientras descansaba, de repente se levantó y
dijo:

    “Siento un peso y un sufrimiento en el
corazón, tanto de sentirme morir; ve qué hay.”

                                                       20
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    Y observando en el interior de su corazón
encontré todos los instrumentos de la pasión y de
uno por uno se los quité y los puse en mi
corazón… Viéndolo aliviado, empecé a acariciarlo
y a besarlo y le dije:

     “Mi solo y único Tesoro, no me has dejado ver
la fiesta de nuestra Madre Reina ni escuchar los
primeros cánticos que le cantaron los ángeles y
los santos cuando hizo su entrada al paraíso.”

        Y Jesús:

    “El primer canto que le cantaron a mi
Mamá fue el Ave María, porque en el Ave María
están contenidas las alabanzas más hermosas,
los honores más grandes, y se le renueva el
gozo que sintió al ser hecha Madre de Dios;
por eso vamos a rezarla juntos para honrarla, y
cuando tú vengas al paraíso te haré encontrar
esta Ave María como si la hubieras dicho junto
con los ángeles aquella primera vez en el
Cielo.”1
1
  Por esto el “Ave María” es tan agradable a la Santísima Virgen, porque cada vez que la rezamos se le
renueva “el gozo que sintió al ser hecha Madre de Dios” y ésta debe ser nuestra intención al rezarla en
unión con Jesús, para participar nosotros también en ese inefable gozo. Meditemos e imaginemos a Jesús
recitando, alabando y glorificando innumerables veces a su Madre Santísima, diciéndole en su intimidad
divina, especialmente en la intimidad de su vida oculta: “Ave María, llena de gracia, el Señor (Yo) es
contigo, bendita Tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre (Yo) Jesús” (¡Qué Ave María!) Y
como el alma que vive en la Divina Voluntad encuentra en acto de hacerse todo lo que Dios ha hecho, se
puede unir a las mismas oraciones íntimas de Jesús y repetir en este modo el “Ave María”.


                                                                                                    21
                                         Divina Voluntad




   Entonces rezamos la primera parte del Ave
María juntos.

    ¡Oh, cómo era tierno y conmovedor saludar a
nuestra Mamá Santísima junto con su querido
Hijo! Cada palabra que Él decía daba una luz
inmensa en la que se comprendían muchas cosas
sobre la Virgen Santísima, pero ¿quién puede
decirlas todas, y menos yo por mi incapacidad?

   Por eso hago silencio.


                   María, María, María




                                                     22
                                         Divina Voluntad




                       26 de septiembre de 1899
                                                 Vol. 2




La Santísima Virgen,
Portento de la gracia.


     …Después miré el bellísimo rostro de Jesús y
en mi interior sentí un contento indescriptible y
dirigiéndome a Él le dije:

    “Dulcísimo amor mío, si yo siento tanto
deleite al verte, ¿qué habrá sentido nuestra Mamá
Reina cuando te encerraste en su seno purísimo?

    ¿Cuántos   contentos,   cuántas   gracias       le
diste?”

   Y Él:

    “Hija mía, fueron tales y tantas las delicias
y las gracias que derramé en Ella que basta
con decirte que lo que Yo soy por naturaleza,
nuestra Madre lo alcanzó por gracia; y mucho
más, pues no teniendo culpa, mi gracia pudo
dominar en Ella libremente, así que no hay


                                                     23
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cosa de mi Ser que no le haya conferido a
Ella.”2

    En ese momento me pareció ver a nuestra
Mamá Reina como si fuera otro Dios, con esta
única diferencia:

   Que en Dios es naturaleza propia y en María
Santísima es gracia recibida.

    ¿Quién puede decir cómo quedé asombrada?
¿Cómo se perdía mi mente al ver este portento de
gracia tan prodigioso?


                                     Luisa, Luisa, Luisa




2
 Con estas palabras se puede descubrir más profundamente el contenido de las palabras
“Llena de Gracia, el Señor es contigo”. Después, Jesús irá enseñando a Luisa la actividad
interior de la Santísima Virgen con todas esas gracias con las que fue dotada, su
santidad, su belleza, su potencia, así como los efectos que producía esta actividad divina
de María hacia Jesús y hacia cada criatura humana.


                                                                                       24
                                       Divina Voluntad




                       21 de noviembre de 1899
                                               Vol. 3




Jesús se deleita en Luisa
Auxiliada por la Santísima Virgen.


    Esta mañana mi amadísimo Jesús en cuanto
vino me dijo:

    “Hija mía, todo tu gusto debe ser
espejearte en Mí, y si esto lo haces siempre,
tomarás en ti todas mis cualidades, mi
fisonomía, mis mismos rasgos, y Yo, en
correspondencia, todo mi gusto y sumo
contento será deleitarme en espejearme en ti.”


    Dicho esto desapareció. Yo estaba meditando
en mi mente esas palabras y repentinamente
volvió, puso su santa mano en mi cabeza y
volviendo mi cara hacia Él agregó:

   “Hoy quiero deleitarme        un   poco        al
espejearme en ti.”



                                                   25
                                                                       Divina Voluntad




    Un estremecimiento me recorrió todo mi
cuerpo y un susto de sentirme morir, porque veía
que me miraba fijamente, como queriéndose
deleitar en mis pensamientos, miradas, palabras
y en todo lo demás al espejearse en mí. “¡Oh
Dios! ¿Soy causa de deleitarte o de amargarte?”
iba repitiendo en mi interior.


    En ese momento vino nuestra querida Mamá
Reina en mi ayuda, trayendo una vestidura
blanquísima entre las manos, y todo amabilidad
me dijo:

    “Hija, no temas, quiero suplir Yo misma
por ti vistiéndote con mi inocencia, así mi
Hijo al espejearse en ti puede encontrar el
mayor deleite que se pueda encontrar en
una criatura humana.” 3


    Entonces me vistió con esa vestidura y me
presentó ante mi querido bien Jesús diciéndole:



3
 Desde estos primeros volúmenes empieza la enseñanza de que la Santísima Virgen María
quiere dotarnos con todo lo suyo. Ésta es su herencia hacia nosotros, para hacernos
agradables a Dios, pues Él encontrará en nosotros como nuestras todas las gracias con
que fue dotada Ella. Más adelante continúa Jesús instruyendo a Luisa sobre este punto
tan importante.


                                                                                   26
                                         Divina Voluntad




   “Acéptala por consideración           a       Mí,
querido Hijo, y deléitate en ella.”

   Así se me quitó todo temor y Jesús se deleitó
en mí y yo en Él.


                   Jesús, Jesús, Jesús




                                                     27
                                          Divina Voluntad




                         25 de diciembre de 1900
                                                  Vol. 4




Nacimiento de Jesús.


    Encontrándome en mi habitual estado me
sentí fuera de mí misma y después de haber
girado me encontré dentro de una cueva y vi a la
Reina Mamá que estaba en el momento de dar a
luz al niñito Jesús. ¡Qué estupendo prodigio!

    Me parecían tanto la Madre como el Hijo
transmutados en luz purísima, pero en esa luz se
distinguía muy bien la naturaleza humana de
Jesús que contenía en sí a la Divinidad, y le
servía como de velo para cubrir a la Divinidad, de
modo que rasgando el velo de la naturaleza
humana era Dios, y cubierto con ese velo era
hombre, y he aquí el prodigio de los prodigios,
Dios y hombre, hombre y Dios, que sin dejar al
Padre y al Espíritu Santo viene a habitar con
nosotros y toma carne humana, porque el
verdadero amor no se separa jamás.

   Entonces me pareció que la Madre y el Hijo,
en ese felicísimo instante, quedaron como

                                                      28
                                                                       Divina Voluntad




espiritualizados y sin el mínimo obstáculo Jesús
salió del seno materno, desbordándose ambos en
un exceso de amor.

    Es     decir,   esos     santísimos   cuerpos
transformados en luz, sin el mínimo impedimento
Jesús luz salió de dentro la luz de la Madre,
quedando sanos e intactos tanto el uno como la
otra, volviendo luego al estado natural.4


    Pero ¿quién puede decir la belleza del Niñito
ya que en ese momento de su nacimiento
translucía externamente los rayos de su
Divinidad?

    ¿Quién puede decir la belleza de la Madre que
quedaba toda absorbida en aquellos rayos
divinos?

      ¿Y San José?

    Me parecía que no estaba presente en el
momento del parto sino que permanecía en otro
rincón de la cueva, todo abstraído en ese

4
  Con claridad Luisa ve el nacimiento de Jesús en sus dos aspectos, como un    niño que
milagrosamente nace, como casi siempre lo hemos visto y lo representamos: un   niño que
nace y reposa en un pesebre, pero además se le descubre la divinidad en el     niño que
nace, y describe cómo el nacimiento se realizó de manera prodigiosa, no como   nacemos
todos, manteniendo la virginidad de María en el parto.


                                                                                     29
                                           Divina Voluntad




profundo misterio, y si no vio con los ojos del
cuerpo, vio muy bien con los ojos del alma porque
estaba arrebatado en éxtasis sublime.

    Ahora, en el momento en que el Niñito salió a
la luz yo quería volar para tomarlo entre mis
brazos, pero los ángeles me lo impidieron,
diciéndome que le tocaba a la Madre el honor de
tomarlo primero. Entonces la Virgen Santísima,
como sacudida, volvió en sí y de las manos de un
ángel recibió al Hijo en sus brazos, lo estrechó
tan fuerte en el ímpetu de amor en que se
encontraba que parecía que lo quisiera encerrar
de nuevo en Ella, después queriendo dar un
desahogo a su ardiente amor lo puso a tomar
leche de su pecho.


    Mientras     tanto   yo     permanecía      toda
aniquilada, esperando ser llamada para no recibir
otro regaño de los ángeles, y la Reina me dijo:

   “Ven, ven a tomar a tu Amado y gózalo
también tú, y desahoga con Él tu amor.”

    En cuanto dijo esto me acerqué y la Mamá
me lo puso en los brazos.



                                                       30
                                        Divina Voluntad




    ¿Quién puede decir mi contento, los besos,
los abrazos, las ternuras?...


                  Jesús, Jesús, Jesús




                                                    31
                                                                            Divina Voluntad




                                                    21 de agosto de 1901
                                                                                    Vol. 4




La Mamá Celestial le enseña
el secreto de la felicidad.


    Encontrándome en mi habitual estado, me
encontré fuera de mí misma y después de haber
girado y girado en busca de Jesús, encontré en
cambio a la Reina Mamá, y oprimida y cansada
como estaba le dije:

    “Dulcísima Mamá mía, he perdido el camino
para encontrar a Jesús, no sé más a dónde ir ni
qué hacer para encontrarlo de nuevo.”

       Mientras esto decía, lloraba, y Ella me dijo:

   “Hija mía, ven junto a Mí y encontrarás
el camino y a Jesús; 5 es más, quiero
enseñarte el secreto para poder estar
siempre con Jesús y para vivir siempre
contenta y feliz aún en esta tierra, y es:
5
 “Ad Jesum per Mariam” Con razón pues, María puede reproducir las palabras que en
sus labios pone la Iglesia: “cuantos me hallaren, hallarán la Vida”, es decir encontrarán a
Jesús: “Yo soy la Vida.” Además, la enseñanza y el secreto son sencillos para ponerlos
en práctica con gran provecho para nuestras almas.


                                                                                        32
                                         Divina Voluntad




    Tener fijo en tu interior que sólo Jesús y
tú están en el mundo y nadie más, y sólo a
Él debes gustar, complacer y amar y sólo de
Él debes esperar ser amada y contentada en
todo.

    De esta manera, estando sólo tú y Jesús,
no te impresionará más si estás rodeada de
desprecios o alabanzas, de parientes o
extraños, de amigos o enemigos…         Sólo
Jesús será todo tu contento y sólo Jesús te
bastará por todos. Hija mía, hasta en tanto
que todo lo que existe acá abajo no
desaparece del todo del alma, no se puede
encontrar verdadero y perpetuo contento.”

     Y mientras esto dijo, de dentro de un rayo
salió Jesús en medio de nosotros, yo lo tomé, lo
llevé conmigo y me encontré en mí misma.


                   María, María, María




                                                     33
                                                                     Divina Voluntad




                                                 26 de enero de 1902
                                                                             Vol. 4




La Santísima Trinidad
y la Mamá Reina.


    Esta mañana mientras me encontraba en mi
habitual estado, veía ante mí una luz
interminable y comprendía que en esa luz moraba
la Santísima Trinidad, a la vez veía enfrente de
esa luz a la Reina Mamá que quedaba toda
absorbida por la Santísima Trinidad y Ella
absorbía en sí a las tres Divinas Personas, de tal
modo que quedaba enriquecida con las tres
prerrogativas de la Trinidad Sacrosanta, es decir:

    Potencia, sabiduría y caridad, y como Dios
ama al género humano como parte de sí y como
partícula salida de sí y desea ardientemente que
esta parte de sí mismo vuelva en Él mismo, así la
Mamá Reina, participando en esto, ama          al
género humano con amor entrañable.6


6
 Más que entrañable… Las cualidades del amor con que María ama a Dios y a nosotros
son las mismas cualidades del amor de Dios. Su amor contiene la potencia divina del
Padre, la sabiduría misma del Hijo y la caridad del Espíritu Santo.


                                                                                 34
                      Divina Voluntad




Luisa, Luisa, Luisa




                                  35
                                                Divina Voluntad




                                   24 de febrero de 1902
                                                        Vol. 4




La Santísima Virgen: Estrella de luz.


   Estando en mi habitual estado, vino la Reina
Madre y me dijo:

    “Hija mía, mis dolores, como dicen los
profetas, fueron un mar de dolores y en el
Cielo se cambiaron en un mar de Gloria, y
cada dolor mío hizo fructificar otros tantos
tesoros de gracia. Y así como en la tierra
me llaman “Estrella del mar” porque con
seguridad guío al puerto, así en el Cielo me
llaman “Estrella de luz” para todos los
bienAventurados, porque quedan recreados
por esta luz que me produjeron mis
dolores.”


                   Jesús, Jesús, Jesús




                                                            36
                                                        Divina Voluntad




                                             10 de enero de 1903
                                                                Vol. 4




Las palabras más agradables
A la dulce Mamá.


    Esta mañana, después de haber esperado
mucho, vino la Reina Mamá con el Niño en brazos
y me lo dio, diciéndome que lo tuviera cortejado
con actos continuos de amor.

    Yo lo hice por cuanto pude y mientras esto
hacía, Él me dijo:

    “Amada mía, las palabras más agradables y
que más consuelan a mi Madre son “Dominus
tecum”, “el Señor es contigo”, porque en
cuanto fueron pronunciadas por el arcángel,
sintió comunicarse en Ella todo el ser divino,
y entonces se sintió investida de la potencia
divina, se perdió en ésta y mi Madre quedó
con la potencia divina en sus manos.”7
                       María, María, María




7   Ver notas 1 y 2.


                                                                    37
                                        Divina Voluntad




                             30 de junio de 1903
                                                Vol. 5




La Santísima Virgen le enseña
a tener la mirada interior
fija en Jesús.


    Encontrándome fuera de mí misma vi a la
Reina Madre y postrándome a sus pies le dije:

    “Dulcísima Madre mía, en qué terribles
aprietos me encuentro privada de mi único Bien,
de mi misma vida, siento que toco los extremos.”

   Y mientras esto decía, lloraba.

    La Virgen Santísima, abriéndose la parte del
corazón como si abriera una custodia, tomó el
Niño de ahí adentro y me lo dio, diciéndome:

    “Hija mía, no llores. Aquí tienes a tu
Bien, a tu Vida, a tu Todo. Tómalo y tenlo
siempre contigo.     Y mientras lo tienes
contigo, ten tu mirada fija en tu interior en
Él, no te preocupes si no te dice nada o si


                                                    38
                                        Divina Voluntad




no sabes decirle nada, míralo solamente en
tu interior, porque al mirarlo comprenderás
todo, harás todo y darás satisfacción por
todos. Esta es la belleza del alma interior,
que sin voz, sin instrucción, como no hay
ninguna cosa externa que la atraiga o la
inquiete sino que toda su atracción, todos
sus bienes están encerrados en el interior,
fácilmente con el simple mirar a Jesús todo
comprende y todo obra.        De este modo
caminarás hasta la cima del Calvario y
habiendo llegado ahí, no lo verás ya niño
sino crucificado, y tú quedarás junto con Él
crucificada.”

    Entonces pareció que con el Niño en brazos y
con la Virgen Santísima hacía el camino del
Calvario. Conforme caminábamos, algunas veces
encontraba a alguien que quería quitarme a
Jesús y llamaba en ayuda a la Reina Madre
diciéndole:

    “Mamá mía, ayúdame porque me quieren
arrebatar a Jesús.”

   Y Ella me respondía:

   “No temas, tu empeño sea tener la
mirada interior fija en Él y esto tiene tanta

                                                    39
                                       Divina Voluntad




fuerza que todas las demás fuerzas humanas
y    diabólicas   quedan    debilitadas  y
derrotadas.”


                 Luisa, Luisa, Luisa




                                                   40
                                          Divina Voluntad




                         17 de diciembre de 1903
                                                  Vol. 6




La adoración de la Santísima
Virgen cuando encontró a Jesús
Llevando la cruz.


    Continuando mi habitual estado, por pocos
instantes vi al bendito Jesús con la cruz sobre el
hombro en el momento de encontrarse con su
Santísima Madre, y yo le dije:

    “Señor, ¿qué hizo tu Mamá en este encuentro
dolorosísimo?”

    Y Él:

    “Hija mía, no hizo más que un acto de
adoración profundísimo y simplísimo, y como
el acto, cuanto más simple es, tanto más fácil
es para unirse con Dios, espíritu simplísimo,
por eso en ese acto se fundió en Mí y continuó
lo que obraba Yo mismo en mi interior. Y esto
me fue sumamente agradable, más que si me
hubiera hecho cualquier otra cosa más grande.


                                                      41
                                                                          Divina Voluntad




   Porque el verdadero espíritu de adoración
consiste en esto:

    Que la criatura se pierda a sí misma y se
encuentre en el ambiente divino, y adore todo
lo que obra Dios y con Él se una.

    ¿Crees que sea verdadera adoración la que
con la boca adora y con la mente piensa en
otra cosa?

    ¿O que la mente adora y la voluntad está
lejos de Mí?

    ¿O que una potencia me adora y las demás
están todas desordenadas?

   No, Yo quiero todo para Mí y todo lo que le
he dado, en Mí, y éste es el acto más grande
de culto de adoración que la criatura puede
darme.”8


                                    Jesús, Jesús, Jesús




8
  Jesús usa ese momento de la pasión para enseñarle a Luisa el acto de perfecta
adoración de María, y luego le enseña que toda su vida fue eso: Adoración perfecta y
continua, sobre la cual se realizaban todos los misterios y actividad de Ella; maternidad
divina, corredención, etc.


                                                                                      42
                                                                                             Divina Voluntad




                                                        21 de diciembre de 1903
                                                                                                       Vol. 6




Efectos de los dolores
de la Santísima Virgen.


    Esta mañana me encontré fuera de mí misma
y al mirar la bóveda del cielo, vi siete soles
resplandecientísimos, pero su forma era diferente
del Sol que vemos, empezaban en forma de cruz y
terminaban en punta y esta punta estaba dentro
de un corazón. Al principio no se veía bien
porque era tanta la luz de estos soles que no
dejaba ver quién estaba adentro, pero conforme
más me acercaba, más se distinguía que adentro
estaba la Reina Mamá, y en mi interior dije:

    “¡Cuánto quisiera decirle si quiere que me
esfuerce en salir de este estado por mí misma sin
que asista el sacerdote!”9

9
  Como sabemos, Luisa diario caía en un estado de éxtasis, quedando su cuerpo como petrificado, y su alma
(o tal vez mejor: su espíritu) “fuera de sí misma” Para volver en sí necesitaba de la orden del sacerdote, lo
cual implicaba que diario tenía que ir a la casa de Luisa para darle la orden de volver en sí. Este depender de
los sacerdotes en este punto fue una pena muy dolorosa para Luisa durante toda su vida. En varias
ocasiones Luisa quería no depender en este punto de ellos por la molestia que les significaba y poder salir de
ese estado por sí misma. En todas las ocasiones que le pidió a Jesús que la librar de esta pena por el fastidio
que daba a los demás, Jesús, por varias razones que en su momento le explica, le responde “No”, como en
este capítulo.


                                                                                                            43
                                        Divina Voluntad




   Y se lo dije.

    Ella me respondió con un “no” rotundo. Yo
quede mortificada por esta respuesta y la
Santísima Virgen se volteó hacia una multitud de
personas que le hacían corona y les dijo:

   “Oigan lo que quiere hacer.”

   Y todos dijeron:

   “¡No, no, que no lo haga!”

     Después, acercándose a mí, toda bondad me
dijo:

   “Hija mía, ánimo en el camino del dolor.

   ¿Ves estos siete soles que salen de mi
Corazón?

    Son mis siete dolores, los cuales me
fructificaron inmensa Gloria y esplendor.
Estos soles, fruto de mis dolores, saetean
continuamente el trono de la Santísima
Trinidad, la cual al sentirse herida me envía
siete canales de gracia continuamente
haciéndome dueña de ellos, y yo los

                                                    44
                                                                          Divina Voluntad




dispongo para Gloria de todo el Cielo, para
alivio de las almas purgantes y para
beneficio de todos los viadores.”10

   Mientras esto decía, desapareció y yo me
encontré en mí misma.


                                    María, María, María




10
  Desde estos primeros volúmenes María le habla de sus dolores, que asociados a los de
Jesús y teniendo dimensiones, valor y efectos divinos la hicieron corredentora. Más
adelante se profundiza más en este aspecto de María. También se ve que sus dolores van
más allá de la corredención, (“para bien de los viadores y de las almas del purgatorio”),
pues cambiados en mares de felicidad, hacen felices a los bienaventurados en el Cielo. ¡Y
lo veremos en el Cielo, será parte de nuestra felicidad eterna!.

En el siguiente capítulo Jesús le enseña a Luisa un modo práctico para participar
también nosotros en los dolores de María y en los efectos que produjeron.


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                                           Divina Voluntad




                          17 de septiembre de 1905
                                                   Vol. 6




Cómo se puede participar en los
dolores de la Celestial Mamá.


    Habiendo estado muy sufriente por la
privación de mi dulcísimo Jesús, esta mañana,
día de los dolores de María Santísima, después de
haberlo esperado mucho, vino y me dijo:

   “Hija mía, ¿qué quieres que tanto me
deseas?”

       Y yo:

       “Señor, ¿qué tienes para ti? Eso quiero para
mí.”

       Y Él:

   “Hija mía, para Mí tengo espinas, clavos y
cruz.”

       Y yo:


                                                       46
                                        Divina Voluntad




   “Pues bien, eso quiero para mí.”

    Y me dio su corona de espinas y me participó
los dolores de la cruz. Después agregó:

    “Todos pueden participar en los méritos y
en los bienes que fructificaron los dolores en
mi Madre.

    Quien anticipadamente se pone en las
manos de la Providencia, ofreciéndose a sufrir
cualquier   especie     de   penas,   miserias,
enfermedades, calumnias y todo lo que el
Señor disponga para ella, viene a participar en
el primer dolor de la profecía de Simeón.

    Quien actualmente se encuentra en los
sufrimientos y está resignado, se está más
estrechado a Mí y no me ofende, es como si
me salvara de las manos de Herodes y sano y
salvo me custodia en el Egipto de su corazón y
así participa en el segundo dolor.

    Quien se encuentra abatido de ánimo,
árido y privado de mi presencia y está firme y
es fiel en sus habituales ejercicios, es más,
toma de eso ocasión para amarme y buscarme


                                                    47
                                      Divina Voluntad




más sin cansarse, participa en los méritos y
bienes que adquirió mi Madre en mi pérdida.

    Quien se encuentra en cualquier ocasión,
especialmente al verme grAvemente ofendido,
despreciado, pisoteado y trata de repararme,
de compadecerme y de rezar por aquellos
mismos que me ofenden, es como si Yo
encontrara en esa alma a mi misma Madre que
si hubiera podido me habría liberado de mis
enemigos, y participa así en el cuarto dolor.

    Quien crucifica sus sentidos por amor a mi
crucifixión y trata de copiar en sí mismo las
virtudes de mi crucifixión, participa en el
quinto dolor.

    Quien está en continua actitud de adorar y
de besar mis llagas, de reparación, de
agradecimiento y demás a nombre de todo el
género humano, es como si me tuviera en sus
brazos como me tuvo mi Madre cuando fui
bajado de la cruz y participa así en el sexto
dolor.

    Quien se mantiene en mi gracia,
corresponde a ella y no da morada a nadie en
su corazón más que a Mí sólo, es como si me


                                                  48
                                        Divina Voluntad




sepultara en el centro del corazón y participa
en el séptimo dolor.”
                  Luisa, Luisa, Luisa




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                                                                             Divina Voluntad




                                                          5 de Abril de 1908
                                                                                     Vol. 8




Todo lo que la Reina Mamá contiene
tiene su raíz y su principio en el Fiat.11


    Continuando mi habitual estado, me encontré
fuera de mi misma en un jardín en el que veía a

11
  Ésta es una de las primeras ocasiones en que Jesús le habla del “Fiat Divino”. Después
le irá ampliando y profundizando el conocimiento de este Fiat Divino. Ningún otro santo
ni ningún otro escritor ha hablado nada del Fiat Divino. Es asombroso que no exista
bibliografía alguna sobre este tema: Qué es el Fiat Divino, cómo actúa, qué cualidades
contiene, cómo puede estar en nuestra vida, etc. etc.

La mayoría de los traductores de la Biblia la han traducido al español con la palabra
“hágase”, pero como veremos, esta palabra se queda muy corta ante lo que es: Fiat, o,
mejor: El Fiat.

A todo lo largo de la Sagrada Escritura se puede encontrar pronunciada la palabra Fiat
sólo por Tres veces: La primera vez es en la creación, (Gén. 1,3) “…y dijo Dios: “Fiat lux.”
(Hágase la luz), la segunda vez se encuentra en la encarnación del Verbo, esta vez
pronunciada por la Santísima Virgen María: “Fiat Mihi Secundum verbum Tuum” (Lc. 1,
38) (Hágase en mí según tu palabra), y la tercera vez y pronunciada por Jesús: “Fiat
Voluntas tua Sicut in Coelo et in terra” (Mt. 6, 10) (Hágase tu Voluntad como en el Cielo
así en la tierra).

Así que, podemos ver que esta palabra ha sido pronunciada en cada una de las tres obras
que Dios ha hecho ad extra (hacia afuera): La creación, la redención y la santificación:
“…porque la Voluntad de Dios es vuestra santificación” (1 Tes. 4,3). De modo que se
puede decir que el “Fiat Divino es Uno y Trino, así como es la Santísima Trinidad.”

En este capítulo Luisa ve claramente cómo en la Santísima Virgen María ese Fiat Divino
que Ella poseía como vida era la causa de todas sus gracias, perfecciones y prerrogativas.
Después verá toda su maternidad divina desarrollada en este Fiat Divino y vivificada por
Él.

A medida que se acrecienten las enseñanzas sobre este Fiat Divino tendremos
oportunidad de hacer otros comentarios.



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                                          Divina Voluntad




la Reina Mamá sentada sobre un altísimo trono,
yo ardía por el deseo de subir hasta arriba para
besarle las manos, y mientras me esforzaba por
subir, Ella vino hacia mí y me dio un beso en el
rostro. Yo, al verla, vi en su interior como un
globo de luz y dentro de esa luz estaba la palabra
Fiat y de esta palabra descendían muchísimos,
diferentes e interminables mares de virtudes, de
gracias, de grandezas, de Gloria, de gozos, de
bellezas y de todo lo que contiene nuestra Reina
Mamá. Así que todo estaba radicado en aquel
Fiat y en ese Fiat tenían principio todos sus
bienes.

    ¡Oh Fiat omnipotente, fecundo, santo! ¿Quién
te puede comprender…?

    Yo me siento muda… Es tan grande que no sé
decir nada; por eso mejor pongo punto.

     Entonces yo la miraba maravillada y Ella me
dijo:

    “Hija mía, toda mi santidad salió de
dentro de la palabra Fiat. Yo no me movía,
ni para un respiro, ni para un paso, ni para
ninguna otra acción sino dentro de la
Voluntad de Dios; mi vida era la Voluntad de
Dios, Ella era mi alimento y mi todo. Esto

                                                      51
                                        Divina Voluntad




me producía una santidad, riquezas, Gloria,
honores, no humanos sino divinos.

   Así el alma:

    Por cuanto más está unida y fundida con
la Voluntad de Dios, tanto más se puede
decir santa, tanto más es amada por Dios y
por cuanto más amada, tanto más favorecida
por Él, porque la vida de esa alma no es otra
cosa que el producto de la Voluntad de Dios
y… ¿podrá no amarla si es una sola cosa con
Él?

    Así que, no se debe mirar lo mucho o lo
poco que se hace sino más bien en si es
querido por Dios, porque Dios mira más el
pequeño hacer, si es según su Voluntad, que
el gran hacer pero sin Ella”.


                  Jesús, Jesús, Jesús




                                                    52
                                                                           Divina Voluntad




                                             27 de Diciembre de 1908
                                                                                   Vol. 8




Qué pasaba entre el Niño Jesús
y su dulcísima Mamá cuando
Ella lo alimentaba.


    Estaba meditando en el momento cuando la
Reina Mamá alimentaba al Niño Jesús y decía
para mí:

   “¿Qué pasaría entre la Mamá Santísima y el
pequeño Jesús en este acto?”

    En este momento me lo sentí mover en mi
interior y me dijo:

    “Hija mía, cuando tomaba leche del pecho
de mi dulcísima Mamá, juntamente con la
leche tomaba el amor de su Corazón, era más
el amor lo que recibía que la leche12, y
conforme la recibía oía decirme: “te amo, te
12
  Aquí se empieza a descubrir que el oficio de la maternidad divina de la Santísima Virgen
María hacia Jesús rebasa por mucho a una maternidad simplemente humana, la cual se
reduce casi sólo a los cuidados externos, en cambio en la Mamá Santísima éstos estaban
revestidos por un flujo continuo de amor divino que recibía y daba en unidad con la
Santísima Trinidad.


                                                                                       53
                                          Divina Voluntad




amo oh Hijo”, y Yo le replicaba a Ella:           “te
amo, te amo oh Madre”.

    Pero Yo no estaba solo en esto, sino que a
mi “te amo”, el Padre y el Espíritu Santo, y la
creación toda, los ángeles, los santos, las
estrellas, el Sol, las gotas de agua, las plantas,
las flores, los granitos de arena, todos los
elementos corrían junto con mi “te amo” y
repetían: “te amamos, Madre de nuestro Dios,
en el amor de nuestro Creador.”

   Mi Madre veía todo esto y quedaba
inundada, y no encontraba ni siquiera un
pequeño espacio en el que no oyera decirse
que Yo la amaba.

    Su amor, quedaba atrás y casi solo, y
repetía: “te amo, te amo”, pero no podía
igualarme, porque el amor de la criatura tiene
sus límites y su tiempo, en cambio mi amor es
increado, interminable y eterno.

    Esto sucede al alma cuando me dice: “te
amo”, también Yo le respondo: “te amo” y
junto conmigo está toda la creación para
amarla en mi amor.



                                                      54
                                         Divina Voluntad




    ¡Oh, si las criaturas comprendieran todo el
bien y el honor que se procuran con sólo
decirme: “te amo”! ¡Bastaría sólo esto de que
un Dios a su “te amo”, honrándolas, les
replique: “te amo”!”


                   María, María, María




                                                     55
                                                                          Divina Voluntad




                                                      9 de Mayo de 1913
                                                                                Vol. 11




Jesús y su Madre Santísima
Fueron inseparables.13
Cómo realizaba su oficio de Madre.


    Mientras rezaba estaba pensando en el
momento cuando Jesús se despidió de la Madre
Santísima para ir a sufrir su pasión, y decía entre
mí:

    “¿Cómo es posible que Jesús se haya podido
separar de la querida Mamá y Ella de Jesús?”

       Y el bendito Jesús me dijo:
13 Es de vital importancia conocer esta “inseparabilidad” espiritual entre Jesús y María
para comprender más profundamente cómo ejerció su oficio de Madre de Jesús y Madre
nuestra. Esta inseparabilidad de María con Dios le viene de su inmaculada concepción.
Como no heredó el pecado original, que es separación de Dios, siempre vivió en la
inseparabilidad. Esta inseparabilidad le permitió al concebir al Verbo de no separarse
jamás de lo que sucedía en el interior de Jesús, participando activamente en todo, penas
y gozos…

Si entre nosotros, cuando vemos a algún ser querido que sufre alguna pena, sentimos que
esa pena se refleja en nosotros y sufrimos junto con él, o si tiene algún gozo especial,
gozamos junto con él, ¿qué habrá sido entre Jesús y María en esa inseparabilidad y en
sus oficios universales? ¿Cuántos dolores y penas en el corazón inmaculado de María? ¡Y
todos causados por los pecados de todos y cada uno de nosotros! Por eso tal vez le
convenga a Ella no sólo el nombre de “Corredentora” sino más bien el de “Madre de la
redención”, porque en esa inseparabilidad concurrió como Madre en todo lo que hizo
Jesús en su interior.


                                                                                      56
                                         Divina Voluntad




    “Hija mía, ciertamente que no podía haber
separación entre Mí y mi dulce Mamá; la
separación fue sólo aparentemente. Yo y Ella
estábamos fundidos juntos y era tal y tanta la
fusión que Yo quedé con Ella y Ella vino
conmigo, así que se puede decir que hubo una
especie de bilocación. Esto sucede también en
las     almas      cuando     están     unidas
verdaderamente conmigo, y si rezando hacen
entrar en sus almas como vida la oración
sucede una especie de fusión o de bilocación:

    En todos lados donde Yo me encuentro las
llevo conmigo, y Yo quedo con ellas.

    Hija mía, tú no puedes comprender bien lo
que fue mi querida Mamá para Mí.              Yo,
viniendo a la tierra no podía estar sin Cielo, y
mi Cielo fue mi Mamá. Entre Yo y Ella pasaba
tal   electricidad     que    ni   siquiera    un
pensamiento hubo en Ella que no lo tomara de
mi mente y este tomar de Mí todo, la palabra,
la voluntad, el deseo, la acción, el paso… en
suma, todo, formaba en este Cielo el sol, las
estrellas, la luna y todos los gozos posibles que
puede darme la criatura y que puede ella
misma gozar.


                                                     57
                                         Divina Voluntad




   ¡Oh cómo me deleitaba en este Cielo! ¡Oh,
cómo me sentía consolado y rehecho de todo!

    También los besos que me daba mi Mamá
encerraban el beso de toda la humanidad y me
restituían el beso de todas las criaturas.

   En todo me sentía a mi dulce Mamá:

    Me la sentía en el respiro y si era afanoso
me lo aliviaba, me la sentía en el Corazón y si
estaba amargado me lo endulzaba, en el paso y
si estaba cansado me daba reposo, y ¿quién
puede decirte cómo me la sentía en la pasión?

    En cada flagelo, en cada espina, en cada
llaga, en cada gota de mi sangre, en todo me la
sentía y me hacía el oficio de mi verdadera
Madre.

   ¡Ah, si las almas me correspondieran, si
todos tomaran de Mí, cuántos Cielos y cuántas
madres tendría sobre la tierra…!”


                   Luisa, Luisa, Luisa




                                                     58
                                        Divina Voluntad




                       28 de Noviembre de 1920
                                              Vol. 12




Bendición universal de Jesús
al bendecir a su Mamá
antes de la pasión.


    Estaba pensando en el momento en el que mi
Jesús, para dar principio a su dolorosa pasión
quiso ir con su Mamá a pedirle su bendición y el
bendito Jesús me dijo:

    “Hija mía, ¡cuántas cosas dice este
misterio! Yo quise ir a pedir la bendición a mi
querida Mamá para darle ocasión de que
también Ella me la pidiera a Mí.           Eran
demasiados los dolores que mi Mamá debía
soportar y era justo que mi bendición la
reforzara. Es mi costumbre que cuando quiero
dar,    pido.      Mi     Mamá      comprendió
inmediatamente, tanto que no me bendijo sino
hasta que me pidió la bendición y después de
ser bendecida por Mí, me bendijo Ella.




                                                    59
                                                                            Divina Voluntad




    Pero esto no es todo… Para crear el
universo pronuncié un Fiat y con ese solo Fiat
reordené y embellecí Cielo y tierra; al crear al
hombre, mi aliento omnipotente le infundió la
vida; y al dar principio a mi pasión, con mi
palabra creadora y omnipotente quise bendecir
a mi Mamá, pero no era a Ella solamente a
quien bendecía, en mi Mamá veía a todas las
criaturas,   siendo   Ella   quien   tenía    la
supremacía sobre todas ellas y en Ella las
bendecía a todas y a cada una14; es más,
bendecía cada pensamiento, cada acto, cada
palabra, etc.; bendecía cada cosa que debía
servir a la criatura. Y así como cuando mi
Fiat omnipotente creó el Sol y éste sin
disminuir ni en su luz ni en su calor continúa
su curso para todos y para cada uno de los
mortales, así mi palabra creadora.

    Bendiciendo, quedaba en acto de bendecir
siempre, siempre, sin cesar nunca de bendecir,
así como nunca cesa el Sol de dar luz y calor a
todas las criaturas. Pero esto no es todo aún.

14 …y en Ella las bendecía a todas y a cada una”. María. “Medianera de todas las
gracias”: no hay gracia que del Cielo baje que no sea por medio de Ella. En virtud de la
inseparabilidad entre Jesús y María, (nota 13) todo lo que Jesús hacía para nosotros,
quedaba depositado en María, para que de Ella, como verdadera madre, pasara a toda la
familia humana, por eso Jesús nos “veía” a todos en Ella. Dicen los Santos Padres que
“desde que concibió en sus purísimas entrañas al Hijo de Dios, nos llevó a todos en su
seno como amorosísima Madre.” Conceptos que merecen ser meditados para agradecer a
Dios lo que hizo en Ella en nuestro favor: actitud que toma Luisa en el siguiente capítulo.


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                                      Divina Voluntad




    Con mi bendición quise renovar los dones
de la creación; quise llamar a mi Padre
Celestial a bendecir junto conmigo para
comunicar a las criaturas la potencia, quise
bendecirlas a nombre mío y del Espíritu santo
para comunicarles la sabiduría y el amor y así
renovar la voluntad, la inteligencia y la
memoria de la criatura, restableciéndola de
este modo como soberana de todo.

    Pero has de saber que al dar, quiero la
correspondencia, y comprendiendo mi querida
Mamá esto, inmediatamente me bendijo, no
sólo por Ella sino a nombre de todos.

   ¡Oh, si todos pudieran ver esta bendición
mía, la oirían en todo!:

    En el agua que beben, en el fuego que los
calienta, en el alimento que los nutre, en el
dolor que los aflige, en los gemidos de su
oración, en los remordimientos de conciencia,
en el abandono de las criaturas… en todo
escucharían mi palabra creadora que les dice –
pero desgraciadamente no la escuchas –:

    “Te bendigo en nombre del Padre, de Mí, y
del Espíritu Santo; te bendigo para ayudarte,
te bendigo para defenderte, para perdonarte,

                                                  61
                                                Divina Voluntad




para consolarte;   te       bendigo      para   hacerte
santo”.

   Y la criatura haría eco a mis bendiciones,
bendiciéndome también ella en todo.

    Estos son algunos de los efectos de                  mi
bendición, de la que mi Iglesia, enseñada               por
Mí, me hace eco, y en casi todas                        las
circunstancias, en la administración de                 los
Sacramentos y en otras ocasiones da                      su
bendición”.


                   Jesús, Jesús, Jesús




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                                         Divina Voluntad




                        18 de Diciembre de 1920
                                               Vol. 12




Correspondencia de amor y de
agradecimiento por tanto que
Dios obró en la Mamá Celestial.


    Me sentí fuera de mí misma y me encontré
junto con mi dulce Jesús, pero tan estrechados Él
conmigo y yo con Él que casi no podía ver su
divina persona y no sé cómo le dije:

     “Mi duce Jesús, mientras estoy estrechada a
ti    quiero   testimoniarte   mi    amor,    mi
agradecimiento y todo lo que la criatura está en
deber de hacer por haber Tú creado a nuestra
Reina Mamá Inmaculada, la más bella, la más
santa,     el  mayor     portento   de    gracia,
enriqueciéndola con todos los dones y haciéndola
nuestra Madre. Y esto lo hago a nombre de las
criaturas pasadas, presentes y futuras. Quiero
tomar todos y cada uno de los actos de las
criaturas, las palabras, los pensamientos, los
latidos, los pasos… y en cada uno de ellos
decirte: ‘te amo, te agradezco, te bendigo, te


                                                     63
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adoro por todo lo que has hecho a mi Celestial
Mamá y tuya’.”

     A Jesús le agradó mi acto, pero tanto que me
dijo:

    “Hija mía, con ansia esperaba este acto
tuyo a nombre de todas las generaciones; mi
justicia y mi amor sentían la necesidad de esta
correspondencia, porque grandes son las
gracias que descienden sobre todos por haber
enriquecido tanto a mi Mamá, ¡y sin embargo,
no tienen nunca una palabra, un gracias” que
decirme…!”


                    María, María, María




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                              10 de enero de 1921
                                                 Vol. 12




El Fiat Mihi de la Virgen Santísima en
El Divino Querer y el Fiat de Luisa.


    Estaba pensando acerca de lo que está escrito
en otro capítulo y decía entre mí:

   “Yo no sé qué quiere Jesús de mí, pero Él
sabe qué mala soy y cómo no soy buena para
nada…”

    Y Jesús moviéndose en mi interior me dijo:

     “Hija mía, recuerda que años atrás te
pregunté si querías hacer vida en mi Querer y
como te quería en mi Querer quise que en mi
mismo Querer pronunciaras tu “Sí” y este “Sí”
quedó atado a un punto eterno y a una Voluntad
que no tendrá fin, este “Sí” está en el centro de mi
Querer y está rodeado por una inmensidad
infinita y queriéndose salir no encuentra el
camino; por eso me río y me divierto con tus
pequeñas oposiciones y algunos descontentos,


                                                       65
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porque te veo como una persona atada en el
fondo del mar por su propia voluntad que al
querer salir no encuentra más que agua por todas
partes y como está atada en el fondo del mar,
sintiendo la molestia de quererse salir, para
estarse tranquila y feliz, mejor se arroja más
profundamente en el fondo del mar. Así Yo,
viéndote inquieta, como si quisieras salir y no
pudiendo, atada por tu mismo “Sí”, te arrojas
más en el fondo de mi Querer y Yo me río y me
divierto.

     Además, ¿crees tú que sea cosa de nada y
fácil salirse de dentro de mi Querer?

   ¡Te saldrías de un punto eterno, y si supieras
qué significa salirse de un punto eterno
temblarías de pavor!...”

    Luego agregó:

     “El primer “Sí” en mi Fiat lo pedí a mi querida
Mamá, y ¡oh potencia de su Fiat en mi Querer! En
cuanto el Fiat Divino se encontró con el Fiat de mi
Mamá se hizo uno solo y mi Fiat la elevó, la
divinizó, la cubrió y sin obra humana me concibió
a Mí, Hijo de Dios; únicamente en mi Fiat podía
concebirme. Mi Fiat le comunicó la inmensidad,
la infinitud y la fecundidad en modo divino y por

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eso pude quedar concebido en Ella, Yo, el
Inmenso, el Eterno, el Infinito15. En cuanto dijo
Fiat Mihi no sólo se posesionó de Mí, sino
también de todas las criaturas y de todas las
cosas creadas. Sentía todas las vidas de las
criaturas en Sí y comenzó a hacerla de Madre y
de Reina de todos y de todo. ¡Oh, cuántos
portentos contiene este “Sí” de mi Mamá; si te los
quisiera narrar todos, no terminarías nunca de
escucharlos!

    Ahora, un segundo “Sí” en mi Querer te lo
pedí a ti, y tú, si bien temblando, lo pronunciaste;
ahora este “Sí” en mi Querer tendrá también sus
inmensos portentos, tendrá un cumplimiento

15
  Como se dijo en la nota 11, el Fiat es más que “hágase” o “sea hecho”, es más que una
simple orden. Fiat es una voz, una palabra producida por un acto divino, del que no
queda separada. Y como un acto divino es hecho por la Voluntad Divina, tiene todas las
cualidades de ésta, es infinito, eterno, pleno de sabiduría y potencia divinas. Por eso el
Fiat está lleno de vida, es más, es la misma Vida divina, así que quien lo posee como Vida,
posee la Vida divina con todas sus cualidades. En otra ocasión Jesús le dice a Luisa
hablando de este Fiat: “Hija mía, debes saber la causa, el por qué la Sabiduría y la
Omnipotencia Divina quisieron pronunciar Fiat en la creación. Dios podía haber creado
todas las cosas sin decir palabra alguna (algo así como un acto silencioso), pero como
quiso que su Voluntad aleteara en todas las cosas creadas y éstas recibieran la virtud y
los bienes que Ella contiene, pronunció el Fiat, y mientras lo pronunciaba comunicaba los
prodigios de su Voluntad, para que todas las cosas tuvieran por vida, por régimen, por
ejemplo y por maestra a mi Voluntad. Gran cosa, hija mía, la primera palabra de tu Dios
que resonó en la bóveda de los cielos: El Fiat; y no dijo otra cosa, esto significa que el
todo está en el Fiat. Con el Fiat creaba todo, constituía todo, ordenaba todo, encerraba
todo, abarcaba todos sus bienes a favor de todos… Mira entonces cómo la Sabiduría
increada, como si no supiera decir otra cosa que Fiat, quiso pronunciarlo, pues muy
necesaria era para todos esta lección tan sublime”.

Ahora, poseyendo María este Fiat Divino como vida, en todo lo que Ella hacía, concurría
este Fiat divino con su acto completo. Este Fiat Divino como Vida le daba la capacidad de
ejercer su oficio de maternidad divina.
¡Sublime revelación!


                                                                                        67
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divino16. Tú sígueme y profundízate más en el
mar inmenso de mi Voluntad y Yo me ocuparé de
todo. Mi Mamá no pensó cómo habría hecho
para concebirme, sino sólo dijo: Fiat Mihi y Yo
me ocupé del modo cómo concebirme. Así lo
harás tú”.


                                    Luisa, Luisa, Luisa




16 …un segundo “sí” en mi Querer” es decir, un segundo “sí” en el Fiat Divino. Nótese
bien esto, pues si bien a todos los hombres Dios nos pide un “sí” que más o menos
pronunciamos, sin embargo Dios no nos ha llamado a pronunciarlo en el Querer Divino,
en el Fiat Divino. Luisa es la primera, después de María, a la que llama a pronunciar ese
“sí” en su Voluntad, por eso ese “sí” de Luisa tendrá cumplimiento divino.


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                              17 de enero de 1921
                                                Vol. 12




Potencia creadora del Fiat en la creación,
del Fiat Mihi de la Santísima Virgen
en la redención y cumplimiento
del Fiat Voluntas Tua como
en el Cielo en la Tierra.


    Mi pobre mente me la sentía sumergida en el
mar inmenso del Querer Divino. Por doquier veía
el sello, la marca del Fiat; lo veía en el Sol y me
parecía que el eco del Fiat en el Sol me traía el
amor Divino que me hiere y me saetea; y yo, en
alas del mismo Fiat en el Sol subía hasta el
Eterno y llevaba a nombre de toda la familia
humana el amor que saeteaba a la Majestad
Suprema y que la hería, y decía:

    “En tu Fiat me has dado todo este amor y sólo
en el Fiat puedo regresártelo”.

    Miraba las estrellas y en ellas veía el Fiat y
este Fiat me traía en sus dulces y mansos
centelleos el amor pacífico, el amor dulce, al amor
oculto, el amor de compasión en la noche de la

                                                      69
                                           Divina Voluntad




culpa, y yo en el Fiat en las estrellas llevaba ante
el trono del Eterno a nombre de todos el amor
pacífico, para poner paz entre el Cielo y la tierra;
el amor dulce de las almas amantes, el amor
oculto de tantas otras, el amor de las criaturas
después de la culpa cuando vuelven a Dios.

    Pero ¿quién puede decir todo lo que
comprendía y hacía en tantos Fiat que veía
esparcidos en toda la creación?

    Si lo quisiera decir me alargaría demasiado.
Entonces mi dulce Jesús tomó mis manos entre
las suyas y estrechándolas fuerte me dijo:

    “Hija mía, el Fiat está todo lleno de Vida;
es más, es la misma Vida, y por eso, de dentro
del Fiat salen todas las vidas y todas las cosas.
De mi Fiat salió la creación, por eso en cada
cosa creada se ve el sello y la marca del Fiat.

    Del Fiat Mihi de mi querida Mamá dicho
en mi Querer, que tuvo la misma potencia que
mi Fiat Creador, salió la redención; así que no
hay cosa de la redención que no contenga el
sello del Fiat Mihi de mi Mamá. Toda mi
misma Humanidad, mis pasos, mis obras, mis
palabras, etc., fueron sellados por el Fiat Mihi
de Ella.

                                                       70
                                        Divina Voluntad




    Mis penas, mis llagas, las espinas, la curz,
la sangre, todo tenía el sello de su Fiat Mihi,
porque las cosas llevan el sello y la marca del
origen de donde han salido. Mi origen en el
tiempo fue el Fiat Mihi de mi Inmaculada
Mamá, por eso todo mi obrar lleva la señal de
su Fiat Mihi.      Así que en cada hostia
sacramental está su Fiat Mihi; si el hombre
surge de la culpa, si el recién nacido es
bautizado, si el cielo se abre para recibir a
alguno, es el Fiat Mihi de mi Mamá que sella,
que marca, que sigue y procede todo. ¡Oh
potencia del Fiat! Él surge a cada instante, se
multiplica y se hace vida de todos los bienes.

    Ahora quiero decirte por qué te pedí tu
Fiat, tu “Sí” en mi Querer: la oración que
enseñé: el Fiat Voluntas tua Sicut in Coelo et
in terra, oración de tantos siglos y de tantas
generaciones, quiero que tenga ya su
cumplimiento. He aquí para qué quiero otro
“Sí” en mi Querer, otro Fiat que contenga la
potencia creadora, quiero el Fiat que surge a
cada instante, que se multiplica a todos,
quiero en un alma mi mismo Fiat que suba
hasta mi trono y con su potencia creadora
lleve a la tierra la Vida del Fiat como en el
Cielo así en la tierra”.

                                                    71
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     Yo sorprendida y aniquilada al oír esto, le
dije:

     “Jesús, ¿qué dices? Tú sabes lo mala que soy
y lo incapaz para todo”.

       Y Él:

    “Hija mía, es mi costumbre elegir a las
almas más pequeñas, incapaces y pobres, para
mis obras más grandes. Mi misma Mamá nada
de extraordinario tenía en su vida exterior,
ningún milagro, ninguna señal tenía que la
hiciera distinguirse de las demás mujeres; su
único distintivo era su perfecta virtud, en la
que casi ninguno ponía atención17; y si a los
demás santos les he dado el distintivo de los
milagros y a otros los he adornado con mis
17
  Ésta es la razón por la cual en los evangelios no se dice nada, o mejor, casi nada de la
Santísima Virgen María: porque la habrían descrito por lo que hacía exteriormente, como
a Jesús, y como exteriormente no hizo cosas extraordinarias, parece que no había nada
que decir de Ella. Toda su grandeza estaba en su interior, por eso el evangelio sólo dice
que “todo lo guardaba en su Corazón”; y diciendo sólo esto, nos enseña que para
conocerla debemos ir “dentro de su Corazón”, que es ahí donde se encuentra “el portento
de los portentos, el milagro de los milagros”, su inmaculada concepción, su maternidad
divina, etc.

Si no se descubre a la Santísima Virgen en su “Corazón” donde “todo lo guardaba” sucede
que Ella es una mujer más, santa, sí, pero hasta ahí. En estos escritos de Luisa como en
ningunos otros, Dios nos hace conocer el interior de la Santísima Virgen y cómo obraba el
Fiat Divino en Ella y Ella en el Fiat Divino para que modelemos nuestra vida interior,
nuestro “corazón” a semejanza del de Ella.            No se necesitan entonces tantas
exterioridades. Cuando su “Corazón”, esto es, el Fiat Divino, reine en nosotros, entonces
se podrá decir que “el triunfo del Corazón Inmaculado de María” en nosotros es una
realidad.


                                                                                       72
                                        Divina Voluntad




llagas, a mi Mamá nada, nada, sin embargo era
el portento de los portentos, el milagro de los
milagros, la verdadera y perfecta crucificada,
ninguna otra, ninguna semejante a Ella.

    Yo acostumbro hacer como un amo que
tiene dos servidores:

    Uno que parece un gigante musculoso,
capaz para todo, y otro, pequeño, débil,
incapaz, parece que no sepa hacer nada,
ningún servicio importante, y si lo tiene es
más por caridad que por otra cosa.

    Entonces debiendo enviar una altísima
suma de dinero a otro lugar ¿qué hace? Llama
al pequeño, al incapaz y le confía la gran suma
y dice para sí:

    “Si la confío al gigante, todos le pondrán
atención, los ladrones lo asaltarán y lo podrán
robar y si con su fuerza hercúlea se
defendiera, podría quedar herido. Sé que él es
bravo, pero quiero protegerlo, no quiero
exponerlo a un evidente peligro; en cambio,
este    pequeño,     considerándolo     incapaz,
ninguno le pondrá atención, ninguno podrá
pensar que pueda Yo confiarle una suma tan
importante y volverá sano y salvo”.

                                                    73
                                         Divina Voluntad




    El pequeño incapaz se asombra de que su
amo confíe en él mientras podía servirse del
gigante, y todo tembloroso y humilde va a
entregar la gran suma sin que ninguno se
digne mirarlo, y sano y salvo regresa ante su
amo, más tembloroso y humilde que antes.
Así hago Yo.

    Cuanto más grande es la obra que quiero
hacer, tanto más escojo almas pequeñas,
pobres, ignorantes, sin ninguna exterioridad
que las señale, su estado de pequeñas sirve
como segura custodia de mi obra, los ladrones
de la propia estima, del amor propio, no le
pondrán atención conociendo su incapacidad,
y ella, humilde y temblando desempeñará el
oficio confiado por Mí, conociendo que no ella,
sino Yo he hecho todo en ella”.


                   Jesús, Jesús, Jesús




                                                     74
                                         Divina Voluntad




                             24 de enero de 1921
                                               Vol. 12




El tercer Fiat completará la Gloria, el
honor del Fiat de la Creación y será
confirmación y desarrollo de los frutos del
Fiat de la Redención. Estos tres Fiat
semejarán a la Sacrosanta Trinidad sobre
la tierra.


    Yo me sentía aniquilada al pensar en este
bendito Fiat, pero mi amable Jesús ha querido
aumentar mi confusión, me parece que quiere
jugar      conmigo      proponiéndome       cosas
sorprendentes y casi increíbles, tomándose placer
al verme confundida y más anulada, pero lo que
es peor, es que me veo obligada por la obediencia
a ponerlas por escrito para mi mayor tormento.

    Entonces, mientras rezaba, mi dulce Jesús
apoyaba su cabeza en la mía y con su mano se
sostenía la frente, y una luz que venía de su
frente me ha dicho:

   “Hija mía, el primer Fiat fue dicho en la
Creación, sin intervención de ninguna

                                                     75
                                         Divina Voluntad




criatura. El segundo Fiat fue dicho en la
Redención y quise la intervención de la
criatura, y escogí a mi Mamá como
cumplimiento del segundo Fiat.

    Ahora, a cumplimiento quiero decir el
tercer Fiat, y lo quiero decir por medio tuyo,
te he escogido a ti para cumplimiento del
tercer Fiat. Este tercer Fiat completará la
Gloria, el honor del Fiat de la Creación, y será
confirmación, desarrollo de los frutos del Fiat
de la Redención.

    Estos tres Fiat reflejarán la Sacrosanta
Trinidad sobre la tierra, y tendré el Fiat
Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra.
Estos tres Fiat serán inseparables, el uno será
vida del otro, serán uno y trino, pero distintos
entre ellos. Mi Amor lo quiere, mi Gloria lo
exige, porque habiendo sacado del seno de mi
Potencia creadora los primeros dos Fiat,
quiere hacer salir el tercer Fiat, no pudiéndolo
contener más mi Amor y esto para completar
la obra que salió de Mí, de otra manera
quedaría incompleta la obra de la Creación y
de la Redención.”

    Yo al oír esto he quedado no sólo confundida,
sino como aturdida y decía entre mí:

                                                     76
                                          Divina Voluntad




    “¿Será posible todo esto?

    Hay tantos, y si esto es verdad, que me ha
escogido a mí, me parece que sea una de las
acostumbradas locuras de Jesús.

    Además, ¿qué cosa podría hacer, decir,
dentro de una cama, medio lisiada e inepta cual
soy?

     ¿Podría yo hacer frente a la multiplicidad e
infinitud del Fiat de la Creación y de la
Redención?

     Siendo mi Fiat semejante a los otros dos Fiat
debo correr junto con ellos, multiplicarme con
ellos, hacer el bien que hacen ellos, entrelazarme
con ellos. ¡Jesús, piensa lo que haces! Yo no sirvo
para tanto.”

    ¿Pero quién puede decir todos los desatinos
que decía?

    Entonces mi dulce Jesús ha regresado y me
ha dicho:

    “Hija mía, cálmate, Yo escojo a quien me
place; has de saber que todas mis obras las

                                                      77
                                       Divina Voluntad




inicio entre Yo y una sola criatura, después
son difundidas.

    En efecto, ¿quién fue el primer espectador
del Fiat de la Creación?

   Adán, y luego Eva; no fueron ciertamente
una multitud de gentes, pero después de años
y años han sido espectadores turbas y
multitudes de pueblos.

    En el segundo Fiat fue espectadora
solamente mi Mamá, ni siquiera San José supo
algo; mi Mamá se encontraba en mayores
condiciones que las tuyas, era tanta la
grandeza de la fuerza creadora de mi obra que
sentía en Sí, que confundida no sentía la
fuerza de decir una sola palabra a ninguno, y
si después San José lo supo, fui Yo quien se lo
manifesté.

   Y así en su seno virginal, como semilla
germinó este Fiat, se formó la espiga para
multiplicarlo, y luego salí a la luz del día,
¿pero quiénes fueron los espectadores?

   ¡Poquísimos!



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                                          Divina Voluntad




   Y en la estancia de Nazaret los únicos
espectadores eran mi amada Mamá y San José;
cuando mi Humanidad creció, salí y me hice
conocer, pero no a todos, luego se difundió
más y se difundirá aún.

    Así será del tercer Fiat, germinará en ti, se
formará la espiga; sólo el sacerdote tendrá
conocimiento, luego pocas almas, y después se
difundirá, se difundirá y hará el mismo camino
que la Creación y la Redención. Por cuanto
más te sientes aniquilada, tanto más crece en
ti y se fecunda la espiga del tercer Fiat, por
eso sé atenta y fiel.”


                    María, María, María




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                                         Divina Voluntad




                             8 de Marzo de 1921
                                               Vol. 12




La Virgen con su amor llamó al Verbo a
encarnarse en su seno. Luisa con su amor
y el fundirse en el Querer Divino, llama a
la Divina Voluntad a hacer vida en ella en
la tierra.


    Mientras rezaba estaba fundiéndome toda en
la Divina Voluntad, y mi dulce Jesús ha salido de
dentro de mi interior, y poniendo un brazo en el
cuello me ha dicho:

    “Hija mía, mi Mamá con su amor, con sus
oraciones y con su aniquilamiento, me llamó
del Cielo a la tierra a encarnarme en su seno.
Tú, con tu amor y con el perderte siempre en
mi Querer, llamarás a mi Voluntad a hacer
vida en ti en la tierra, y después me darás vida
en las demás criaturas.

   Ahora, has de saber que mi Mamá con
haberme llamado del Cielo a la tierra en su
seno, siendo esto que hizo, acto único, que no

                                                     80
                                        Divina Voluntad




se repetirá, Yo la enriquecí de todas las
gracias, la doté de tanto amor, de hacerla
sobrepasar el amor de todas las criaturas
unidas juntas, la hice ser primera en los
privilegios, en la Gloria, en todo, podría decir
que todo el Eterno se redujo a un solo punto y
se vertió en Ella a torrentes, a mares
inmensos, tanto, que todos quedan muy por
debajo de Ella.

    Tú, con llamar a mi Voluntad en ti, es
también acto único, por tanto, por decoro de
mi Voluntad que debe habitar en ti, debo
derramar tanta gracia y tanto amor de hacerte
superar a todas las demás criaturas, y como
mi Voluntad tiene la supremacía sobre todo, es
eterna, inmensa, infinita, donde debe tener
principio y cumplimiento la Vida de mi
Voluntad, debo comunicarle, enriquecerla y
dotarla con las mismas cualidades de mi
Voluntad, dándole la supremacía sobre todo.
Mi Querer eterno tomará el pasado, el
presente y el futuro, los reducirá en un solo
punto y lo derramará en ti.

    Mi   Voluntad es eterna, y quiere tomar vida
donde     encuentre lo eterno, es inmensa y
quiere   vida en la inmensidad, es infinita y
quiere   encontrar la infinitud, ¿y cómo puede

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                                          Divina Voluntad




encontrar todo esto si primero no lo pongo en
ti?”

    Yo, al escuchar todo esto he quedado
espantada y aturdida y si lo he escrito es porque
la obediencia se ha impuesto, y he dicho:

    “Jesús, ¿qué dices? Quieres confundirme y
humillarme hasta el polvo, siento que ni siquiera
puedo aguantar lo que dices, siento un terror que
toda me espanta.”

   Y Jesús ha agregado:

    “Lo que te digo me servirá a Mí mismo, es
necesario a la santidad y a la dignidad de mi
Voluntad; Yo no me abajo a habitar donde no
encuentro las cosas que me pertenecen, tú no
serás otra cosa que la depositaria de un bien
tan grande, y debes ser celosa en custodiarlo;
por eso ten ánimo y no temas.”


                    Luisa, Luisa, Luisa




                                                      82
                                        Divina Voluntad




                            Noviembre 19, 1921
                                              Vol. 13




Los dos apoyos. Para conocer las verdades
es necesario que esté la voluntad y el
deseo de conocerlas. Las verdades deben
ser simples.


    Estaba haciendo compañía a mi Jesús
agonizante en el Huerto de Getsemaní, y por
cuanto me era posible lo compadecía, lo
estrechaba fuerte a mi corazón tratando de
secarle el sudor mortal, y mi doliente Jesús con
voz apagada y agonizante me ha dicho:

    “Hija mía, dura y penosa fue mi agonía en
el Huerto, quizá más penosa que la de la cruz,
porque si ésta fue el cumplimiento y el triunfo
sobre todos, aquí en el Huerto fue el principio,
y los males se sienten más al principio que
cuando están por terminar; en esta agonía la
pena más desgarradora fue cuando se me
hicieron presentes uno por uno todos los
pecados, mi Humanidad comprendió toda la
enormidad de ellos y cada delito llevaba el

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sello de ‘muerte a un Dios’, y estaba armado
con espada para matarme.

    Delante a la Divinidad la culpa me aparecía
tan horrenda y más horrible que la misma
muerte18; sólo al comprender qué significa
pecado, Yo me sentía morir y moría en
realidad; grité al Padre y fue inexorable, no
hubo uno solo que al menos me diera una
ayuda para no hacerme morir, grité a todas las
criaturas que tuvieran piedad de Mí, pero en
vano, así que mi Humanidad languidecía, y
estaba por recibir el último golpe de la muerte,
pero ¿sabes tú quién impidió la ejecución y
sostuvo mi Humanidad para no morir?

   Primero fue mi inseparable Mamá, Ella al
oírme pedir ayuda voló a mi lado y me
sostuvo, y Yo apoyé mi brazo derecho en Ella,
la miré casi agonizante y encontré en Ella la

18
  Si bien durante toda su vida Jesús “cargó con los pecados de todos” (Is. 53,6), en aquellos momentos del
Huerto, de una manera especial y ante la Divinidad se le hicieron presentes todos los pecados de toda la
humanidad; esto le produjo tal sufrimiento y tales penas (misterios casi incomprensibles para nosotros) que
fue lo que lo hizo sudar sangre, y no como algunos dicen que fue porque le daba miedo la visión de la pasión
que habría de sufrir desde esa misma noche y hasta el día siguiente (!!!).

En este capítulo y en tantos otros, Jesús enseña a Luisa “lo que hizo su Divinidad en su Humanidad” y que
hasta ahora no es conocido. El 6 de septiembre de 1921 le dice: “Hija mía, hasta ahora he hecho conocer lo
que hizo mi Humanidad por fuera, sus virtudes y sus penas, ahora quiero pasar más allá y quiero hacer
conocer lo que hizo mi Voluntad Divina en mi Humanidad…”

Como se verá más adelante en este mismo capítulo, la Santísima Virgen concurrió y no sólo sufrió también
Ella estas penas sino que les hizo su oficio materno, y esto debido a su inseparabilidad con Jesús. Ver nota
13 .


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inmensidad de mi Voluntad íntegra, sin haber
habido nunca rotura alguna entre mi Voluntad
y la suya.

    Mi Voluntad es vida, y como la Voluntad
del Padre era inamovible, y la muerte me venía
de las criaturas, otra criatura que encerraba la
Vida de mi Voluntad me daba la vida. Y he
aquí que mi Mamá, que en el portento de mi
Voluntad me concibió y me hizo nacer en el
tiempo, y ahora me da por segunda vez la vida
para hacerme cumplir la obra de la Redención.

    Después miré a la izquierda y encontré a la
pequeña hija de mi Querer, te encontré a ti
como primera con el séquito de las otras hijas
de mi Voluntad, y así como a mi Mamá la
quise conmigo como primer eslabón de la
Misericordia, con el cual debíamos abrir las
puertas a todas las criaturas, por eso quise
apoyar en Ella la derecha, a ti te quise como
primer eslabón de la Justicia, para impedir
que se descargase sobre todas las criaturas
como se merecen, por eso quise apoyar la
izquierda, a fin de que la sostuvieras junto
conmigo.

   Entonces, con estos dos apoyos Yo me
sentí dar nuevamente la vida, y como si nada

                                                    85
                                        Divina Voluntad




hubiera sufrido, con paso firme fui al
encuentro de mis enemigos; y en todas las
penas que sufrí en mi Pasión, muchas de ellas
capaces de darme la muerte, estos dos apoyos
no me dejaban jamás, y cuando me veían a
punto de morir, con mi Voluntad que
contenían me sostenían y me daban como
tantos sorbos de vida.

   ¡Oh! los prodigios de mi Querer, ¿quién
puede jamás numerarlos y calcular su valor?

    Por eso amo tanto a quien vive de mi
Querer, reconozco en ella mi retrato, mis
nobles rasgos, siento en ella mi mismo aliento,
mi voz, y si no la amase me defraudaría a Mí
mismo, sería como un padre sin generación,
sin el noble cortejo de su corte y sin la corona
de sus hijos; y si no tuviera la generación, la
corte, la corona, ¿cómo podría llamarme Rey?

   Así que mi reino es formado por aquellos
que viven en mi Voluntad, y de este reino
escojo la Madre, la Reina, los hijos, los
ministros, el ejército, el pueblo, Yo soy todo
para ellos y ellos son todos para Mí.”

    Después estaba pensando en lo que Jesús me
decía, y decía entre mí:

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                                         Divina Voluntad




   “¿Cómo se hace para poner en práctica esto?”

   Y Jesús regresando ha agregado:

    “Hija mía, las verdades para conocerlas, es
necesario que haya voluntad y el deseo de
conocerlas. Supón una estancia con las
persianas cerradas, por cuanto sol haya afuera
la estancia está siempre en oscuridad; ahora,
abrir las persianas significa querer la luz, pero
esto no basta si no se aprovecha la luz para
reordenar la estancia, sacudirla, ponerse a
trabajar, porque si no, es como matar esa luz y
hacerse ingrato por la luz recibida.

    Así, no basta tener voluntad de conocer las
verdades, si a la luz de la verdad que lo
ilumina no busca sacudirse de sus debilidades
y reordenarse según la luz de la verdad que
conoce, y junto con la luz de la verdad ponerse
a trabajar haciendo de ella sustancia propia en
modo de trasparentar por su boca, por sus
manos, por su comportamiento, la luz de la
verdad que ha absorbido, entonces sería como
si asesinara la verdad, y con no ponerla en
práctica sería estarse en pleno desorden
delante de esa luz.


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   Pobre estancia llena de luz pero toda
desordenada, trastornada y en pleno desorden,
y una persona dentro que no se preocupa de
reordenarla, ¿qué compasión no daría?.

   Tal es quien conoce las verdades y no las
pone en práctica.

    Has de saber que en todas las verdades,
como primer alimento entra la simplicidad, si
las verdades no fueran simples, no serían luz y
no podrían penetrar en las mentes humanas
para iluminarlas, y donde no hay luz no se
pueden discernir los objetos; la simplicidad no
sólo es luz, sino es como el aire que se respira,
que sin verse da respiración a todo, y si no
fuese por el aire, la tierra y todos quedarían
sin movimiento, así que si las virtudes, las
verdades, no llevan la marca de la simplicidad,
serán sin luz y sin aire.”


                    Jesús, Jesús, Jesús




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                                             Divina Voluntad




                             16 de Marzo de 1922
                                                   Vol. 14




Vivir en la Divina Voluntad no tiene nada
de grande exteriormente, todo se
desenvuelve entre el alma y Dios.


   Continuando mi       habitual   estado,     estaba
pensando entre mí:

    “Me siento la más mala de todos, sin embargo
mi dulce Jesús me dice que sus designios sobre
mí son grandes, que la obra que realiza en mí es
tan importante que no quiere ni siquiera confiarla
a los ángeles, sino que Él mismo quiere ser el
custodio, el actor y el espectador. Pero, ¿qué cosa
hago de grande?

   Nada, mi vida externa es tan ordinaria que
hago menos que los demás.”

   Pero mientras esto pensaba, mi siempre
amable Jesús, interrumpiendo mi pensamiento
me ha dicho:



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                                        Divina Voluntad




    “Hija mía, se ve que sin tu Jesús no sabes
pensar ni decir otra cosa que disparates.
Tampoco mi querida Mamá hacía nada de
extraordinario en su vida exterior19, es más,
aparentemente hizo menos que cualquier otro,
Ella se abajaba a las acciones más ordinarias
de la vida, hilaba cosía, barría, encendía el
fuego, ¿quién habría pensado que Ella era la
Madre de Dios?

    Sus acciones externas nada hacían
entreverlo, y cuando me llevó en su seno,
conteniendo en Ella al Verbo Eterno, cada
movimiento suyo, cada acción humana de Ella
obtenía adoración de todo lo creado; de Ella
salía la vida y la conservación de todas las
criaturas; el sol dependía de Ella y de Ella
esperaba la conservación de su luz y de su
calor; la tierra el desarrollo de la vida de las
plantas, todo giraba en torno a Ella, Cielos y
tierra estaban pendientes de sus indicaciones,
sin embargo ¿quién veía algo?

           Nadie.

   Toda su grandeza, potencia y santidad, los
mares inmensos de bienes que de Ella salían
19
     Confirma y amplía la nota 17.


                                                    90
                                        Divina Voluntad




era de su interior; cada latido suyo, respiro,
pensamiento, palabra, eran un desahogo en su
Creador.

    Entre Ella y Dios había continuas
corrientes que recibía y daba, nada salía de
Ella que no hiriese a su Creador y en lo que no
quedase herida por Él. Estas corrientes la
engrandecían, la elevaban, la hacían superar
todo, pero nadie veía nada, sólo Yo, su Dios e
Hijo estaba al corriente de todo, entre Yo y mi
Mamá corría tal corriente, que su latido corría
en el mío y el mío corría en el suyo, así que
Ella vivía de mi latido eterno y Yo de su latido
materno,     por   eso,   nuestras   vidas    se
confundían juntas, y era precisamente esto lo
que ante Mí la hacía distinguirse como mi
Madre. Las acciones externas no me satisfacen
ni me agradan, si no parten de un interior del
que Yo formo la vida.

    Entonces, ¿por qué te maravillas de que tu
vida externa sea del todo ordinaria?

    Es mi costumbre cubrir con las cosas más
ordinarias mis obras más grandes, a fin de que
nadie me las señale y Yo quedo más libre para
obrar, y cuando he realizado todo entonces


                                                    91
                                        Divina Voluntad




doy la sorpresa y las manifiesto a todos,
haciendo maravillarse a todos.

    Es cierto que la obra que hago en ti es
grande, ¿te parece poco que haga correr todos
tus actos en la corriente de mi Querer, y la
corriente de mi Querer corra en los tuyos, y
mientras estas corrientes corren forman un
solo acto con todos los actos de las criaturas,
haciendo correr sobre todos un Querer Divino,
haciéndose actor de cada acto de cada uno,
sustituyendo por todos un acto divino, un
amor, una reparación, una Gloria divina y
eterna?

    ¿Y te parece poco que la corriente de una
voluntad humana esté en continua relación
con una Voluntad Divina, y que una
desemboque en la otra?

    Hija mía, lo que te recomiendo es que seas
atenta y me sigas fielmente.”

   Y yo:

    “Amor mío, en estos días han sido tantas las
circunstancias, que me sentía distraída.”

   Y Él:

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                                         Divina Voluntad




    “Por eso sé atenta, porque cuando lo que
haces no corre en mi Querer, sucede como si
el sol detuviese su curso, y cuando estás
distraída formas las nubes delante del sol y tú
quedas     oscurecida.   Pero    cuando     las
distracciones son involuntarias, basta un acto
fuerte y decidido de tu voluntad de correr en
mi Querer, para hacer poner en camino al sol,
y como un rápido vientecillo poner en fuga las
nubes, para hacer resplandecer más bello el
Sol de mi Querer.”


                   María, María, María




                                                     93
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                                                                     Agosto 15, 1922
                                                                                              Vol. 14




Los actos de Jesús y los de la Santísima
Virgen en la Divina Voluntad.


    Encontrándome en mi habitual estado,
estaba abandonándome en los brazos de la
Santísima Voluntad de Dios, y mi dulce Jesús me
ha dicho:

    “Hija mía, en mi Querer no sólo
encontrarás todos los actos que hizo mi
Humanidad, en los cuales entretejía a todas
las criaturas juntas, sino que encontrarás
también todo lo que hizo mi amada Mamá, que
entretejiéndose junto conmigo, sus actos
formaban uno solo con los míos.

   En cuanto fui concebido en su seno Ella
empezó el entretejido con mis actos20, y como

20
   La Santísima Virgen, sede de la Sabiduría, tenía pleno conocimiento divino y plena conciencia de la
Encarnación del Verbo y de todo lo que esta obra de Dios contiene, y también de su misión de maternidad
divina y de corredentora, y desde el momento mismo de la encarnación, cuando pronunció su Fiat empezó a
ejercer estos oficios.



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mi Humanidad no tenía otra vida, otro
alimento, otra finalidad que la sola Voluntad
de mi Padre, que corriendo en todo me
constituía acto de cada criatura para restituir
al Padre los derechos de Creador por parte de
las criaturas y para darme como vida a todas
ellas, por eso, en cuanto comenzó su
entrelazamiento conmigo, así también Ella
restituía a nombre de todos, los derechos de
Creador y se daba a todas las criaturas, así que
todas las criaturas recibían como vida, junto a
mis actos los de mi Mamá.

    Ahora en el Cielo abraza toda la Gloria de
cada criatura, y por parte de cada una mi
Querer le da tal Gloria, que no hay Gloria que
Ella no contenga, ni Gloria que de Ella no
descienda. Y como entretejió conmigo sus
obras, su amor, sus penas, etc., ahora en el
Cielo está circundada de tal Gloria por
cuantos entretejidos hizo en mi Voluntad, por
eso supera todo, abraza todo y concurre a
todo; he aquí qué significa vivir en mi Querer.

    Jamás mi amada Mamá habría podido
recibir tanta Gloria, si todos sus actos no

El Catecismo (973) dice: “Al pronunciar el Fiat de la Anunciación y al dar su consentimiento al misterio de la
Encarnación, María colabora ya en toda la obra que debe llevar a cabo su Hijo. Ella es Madre allí donde Él es
Salvador y Cabeza del Cuerpo Místico”.


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                                         Divina Voluntad




hubieran corrido en mi Querer, los cuales la
constituyen Reina y corona de todos.

    Ahora te quiero a ti en mi Querer, a fin de
que el entretejido no sea entre dos sino entre
tres, mi Voluntad quiere ensancharse, a fin de
que encuentre en una criatura a todas las
criaturas juntas. Mira el gran bien que te
vendrá, cuánta Gloria me darás, y cuánto bien
harás a todos.”


                   Luisa, Luisa, Luisa




                                                     96
                                       Divina Voluntad




                               Octubre 3, 1922
                                             Vol. 14




Necesidad de que la Virgen estuviera al
día de las penas internas de Jesús


    Continuando mi habitual estado, me sentía
oprimida porque el bendito Jesús frecuentemente
permite que yo sufra mientras está presente el
confesor y me lamentaba con Él diciéndole:

    “Amor mío, te pido, te suplico que no
permitas más que sufra en presencia de alguien,
haz que todo pase entre Tú y yo y que
únicamente Tú conozcas mis penas. ¡Ah!
conténtame, dame tu palabra de que no lo harás
más; es más, hazme sufrir el doble, estaré
contenta con tal de que todo quede oculto entre
Tú y yo.”

   Y Jesús, interrumpiéndome me ha dicho:

   “Hija mía, no te abatas, cuando mi
Voluntad lo quiere, también tú debes ceder, y
además esto no es otra cosa que un paso de mi
Vida. Mi misma Vida oculta, mis penas

                                                   97
                                          Divina Voluntad




internas y todo lo que hice, tuvieron siempre
al menos uno o dos espectadores, y esto con
razón, por necesidad y para obtener la
finalidad de mis mismas penas.

    El primer espectador fue mi Padre
celestial, a quien nada podía escaparle siendo
Él mismo el que me infligía las penas, era
actor y espectador; si mi Padre no hubiera
visto ni hubiera sabido nada, ¿cómo podía
darle satisfacción, darle la Gloria e inclinarlo,
ante la vista de mis penas, a misericordia para
el género humano?

    Entonces   la   finalidad   no   se   hubiera
logrado.

    En    segundo     lugar   mi    Mamá      fue
espectadora de todas las penas de mi Vida
oculta, y esto era necesario, pues si Yo había
venido del Cielo a la tierra para sufrir, no para
Mí sino para bien de los demás, debía tener
por lo menos a una criatura en la cual debía
apoyar aquel bien que contenían mis penas, y
así mover a mi amada Mamá a agradecerme, a
alabarme, a amarme, a bendecirme, y a hacerla
admirar el exceso de mi Bondad, tanto que
Ella, conmovida y raptada ante la vista de mis
penas me rogaba que en vista del gran bien

                                                      98
                                       Divina Voluntad




que le llevaban mis penas, no la eximiera de
fundirse con mis mismas penas para sufrirlas,
para darme la correspondencia y ser mi
perfecta imitadora.

    Si mi Mamá no hubiera visto nada, no
habría tenido mi primera imitadora, no habría
tenido ningún gracias, ninguna alabanza, mis
penas, el bien que contenían, habrían quedado
sin efecto, porque no conociéndolas ninguno,
no podía hacer el primer apoyo, así que la
finalidad del gran bien que debía recibir la
criatura se habría perdido.

    Mira cuán necesario era que al menos una
sola criatura estuviera al tanto de mis penas.
Si esto fue para Mí, quiero que sea también de
ti; es más, te digo que quiero al confesor
obrante    junto    conmigo,    espectador   y
depositario de las penas que te hago sufrir, a
fin de que también él participe en el bien y
teniéndolo junto pueda excitarlo de más en la
fe e infundirle luz y amor para hacerle
comprender     las   verdades   que   te   voy
manifestando.”

    Yo he quedado más que nunca oprimida al oír
esto y mientras esperaba misericordia he


                                                   99
                                          Divina Voluntad




encontrado justicia e irremovilidad por parte de
Jesús. ¡Oh, Dios, qué pena!

   Y viéndome más afligida ha agregado:

    “Hija mía, ¿esto es lo mucho que me
quieres?

    Los tiempos son tan tristes y los males que
vendrán son demasiado espeluznantes, y
cuando no puedas tú sola impedir todo el
curso a mi Justicia, lo podréis entre los dos, y
deberías decir tú misma que te hiciera sufrir.
Por eso resígnate también en esto y ten
paciencia, lo quiere tu Jesús y basta.”


                   Luisa, Luisa, Luisa




                                                     100
                                        Divina Voluntad




                              Diciembre 8, 1922
                                              Vol. 15




Sobre la Inmaculada Concepción.


    Escribo por obedecer y ofrezco todo a mi
dulce Jesús uniéndome al sacrificio de su
obediencia para obtener la gracia y la fuerza de
hacerla como Él quiere.

    Y ahora, ¡oh mi Jesús! dame tu santa mano
y la Luz de tu inteligencia y escribe junto
conmigo.

   Estaba pensando en el gran portento de la
Inmaculada Concepción de mi Reina y Celestial
Mamá y en mi interior he oído decirme:

   “Hija mía, la Inmaculada Concepción de mi
amada Mamá fue prodigiosa y del todo
maravillosa, tanto que Cielos y tierra quedaron
estupefactos e hicieron fiesta.

   Las Tres      Divinas   Personas    hicieron
competencia:


                                                   101
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    El Padre hizo salir un mar inmenso de
Potencia; Yo, Hijo, saqué un mar infinito de
Sabiduría y el Espíritu Santo un mar inmenso
de eterno Amor, que fundiéndose formaron un
solo mar y en medio de este mar fue formada
la Concepción de esta Virgen, elegida entre las
elegidas; así que la Divinidad suministró la
sustancia de esta Concepción, y no sólo era
centro de vida de esta admirable y singular
criatura, sino que este mar le estaba
alrededor, no sólo para tenerla defendida de
todo lo que pudiera ensombrecerla, sino para
darle a cada instante nuevas bellezas, nuevas
gracias, Potencia, Sabiduría, Amor, privilegios,
etc.

    Así que su pequeña naturaleza fue
concebida en el centro de este mar y se formó
y creció bajo el influjo de estas olas divinas,
tanto, que no apenas fue formada esta noble y
singular criatura, la Divinidad no quiso esperar
como es su costumbre con las demás
criaturas,     quería     sus     abrazos,    la
correspondencia de su amor, sus besos,
gozarse sus inocentes sonrisas, y por eso no
apenas fue formada su Concepción le di el uso
de razón21, la doté de todas las ciencias, le
21
  Es magisterio ordinario de la Iglesia y sentencia común y completamente cierta entre los teólogos
marianos que “la plenitud inicial de la gracia que María recibió en el instante mismo de su concepción fue
mayor que la gracia consumada de todos los ángeles y bienaventurados juntos; esta plenitud de la gracia en


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hice conocer nuestras alegrías y nuestros
dolores en relación a la Creación; y desde el
seno materno Ella venía al Cielo, a los pies de
nuestro trono para darnos los abrazos, la
correspondencia de su amor, sus tiernos
besos, y arrojándose en nuestros brazos nos
sonreía con tal complacencia de gratitud y de
agradecimiento,   que    arrancaba    nuestras
sonrisas.

    ¡Oh!, cómo era bello ver a esta inocente y
privilegiada criatura enriquecida con todas las
cualidades     divinas, venir en medio de
Nosotros toda amor, toda confianza, sin
temor, porque solamente el pecado es lo que
pone distancia entre Creador y criatura,
rompe el amor, hace perder la confianza e
infunde temor; así que Ella venía en medio de
Nosotros como Reina, que con su amor, dado
por Nosotros, nos dominaba, nos raptaba, nos
ponía en fiesta y se hacía raptora de otro
amor, y Nosotros la hacíamos hacer,

María lleva consigo, naturalmente, la plenitud de las verdades infusas y dones del Espíritu Santo”, como la
ciencia infusa. Y si fue dotada con todo esto, no es de extrañarse que también fuera dotada desde el primer
instante de su concepción con el uso de la razón humana, plenamente iluminada con la sabiduría divina,
para poder aceptar consciente y voluntariamente esta obra de Dios de su inmaculada concepción, pues era
libre como todos nosotros y su predestinación, no sólo a su concepción inmaculada sino a todo lo que debía
hacer en su vida, no fue una predestinación forzada, sino libremente aceptada siempre y continuamente; si
no fuera así, habría sido una obra sólo por parte de Dios, sin cooperación y, por tanto, sin mérito alguno por
parte de Ella; además de una “deshonra” para Dios forzar la libertad en su criatura más amada y más
perfecta. En capítulos posteriores se verá que este uso de razón fue también necesario para poder
someterse a la prueba a la que desde Adán todos los hombres estamos sometidos en el transcurso de
nuestra vida.


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                                         Divina Voluntad




gozábamos del amor que nos arrebataba y la
constituimos Reina del Cielo y de la tierra.

    Cielo y tierra exultaron e hicieron fiesta
junto con Nosotros por tener después de
tantos siglos a su Reina, el sol sonrió en su luz
y se creyó afortunado por tener que servir a su
Reina con darle luz; el cielo, las estrellas y
todo el universo sonrieron de alegría e
hicieron fiesta, porque debían alegrar a su
Reina haciéndole ver la armonía y belleza del
firmamento; sonrieron las plantas, pues
debían nutrir a su Reina, y también la tierra
sonrió y se sintió ennoblecida al deber dar
habitación y por tener que hacerse pisar por
los pasos de su Emperatriz. Sólo el infierno
lloró y sintió perder las fuerzas por el dominio
de esta Soberana Señora.

    ¿Pero sabes tú cuál fue el primer acto que
hizo esta Celestial criatura cuando se
encontró la primera vez ante nuestro trono?

   Ella conoció que todo el mal del hombre
había sido la ruptura entre su voluntad y la de
su Creador, y Ella se estremeció y sin dejar
pasar el tiempo ató su voluntad a los pies de
mi trono, sin ni siquiera quererla conocer, y
mi Voluntad se ató a Ella y se constituyó

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centro de vida, tanto que entre Ella y Nosotros
se abrieron todas las corrientes, todas las
relaciones, todas las comunicaciones, y no
hubo secreto que no le confiáramos. Fue
propiamente esto el acto más bello, más
grande, más heroico que hizo, el deponer a
nuestros pies su voluntad, y que a Nosotros,
como raptados, nos hizo constituirla Reina de
todos.

    ¿Ves entonces qué significa atarse con mi
Voluntad y no conocer la propia?

   El segundo acto que hizo fue ofrecerse a
cualquier sacrificio por amor nuestro.

    El tercero fue restituirnos el honor y la
Gloria de toda la Creación, que el hombre nos
había quitado con hacer su voluntad; y aun
desde el seno materno lloró por amor nuestro,
porque nos vio ofendidos y lloró de dolor por
el hombre culpable.

    ¡Oh! cómo nos enternecían estas lágrimas
inocentes   y  apresuraban    la   suspirada
Redención.

    Esta Reina nos dominaba, nos ataba, nos
arrancaba gracias infinitas, nos inclinaba

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tanto hacia el género humano que no
podíamos ni sabíamos resistir a sus repetidas
instancias; ¿pero de dónde le venía tal poder y
tanta ascendencia sobre la misma Divinidad?

   ¡Ah! tú lo has entendido, era la Potencia de
nuestro Querer que obraba en Ella, que
mientras la dominaba la hacía dominadora de
Dios mismo.

    Además ¿cómo podíamos resistir a tan
inocente criatura poseída por la Potencia y
Santidad de Nuestro Querer?

    Sería resistir a Nosotros mismos, Nosotros
descubríamos en Ella nuestras cualidades
divinas, como olas afluían sobre Ella los
reflejos de nuestra Santidad, los reflejos de los
modos divinos, de nuestro Amor, de nuestra
Potencia, etc., y nuestro Querer, que era su
centro, atraía todos los reflejos de nuestras
cualidades divinas y se hacía corona y defensa
de la Divinidad habitante en Ella.

    Si esta Virgen Inmaculada no hubiera
tenido el Querer Divino como centro de vida,
todas las demás prerrogativas y privilegios con
los cuales tanto la enriquecimos habrían sido
una nada frente a eso. Fue esto lo que le

                                                    106
                                        Divina Voluntad




confirmó y le conservó los tantos privilegios, y
no sólo, sino que a cada instante le
multiplicaba nuevos.

    He aquí la causa por la qué la constituimos
Reina de todos, porque cuando Nosotros
obramos lo hacemos con razón, sabiduría y
justicia:

    Porque jamás dio vida a su querer humano,
sino que nuestro Querer fue siempre íntegro
en Ella.

    ¿Cómo podíamos decir a otra criatura, tú
eres Reina del cielo, del sol, de las estrellas,
etc., si en lugar de tener nuestro Querer por
dominio fuera dominada por su querer
humano?

    Todos los elementos, cielo, sol, tierra, se
habrían sustraído del régimen y dominio de
esta criatura, todos habrían gritado en su
mudo lenguaje:

    ‘No   la   queremos,   nosotros   somos
superiores a ella, porque jamás nos hemos
sustraído de tu eterno Querer; tal como nos
creaste así somos.’


                                                   107
                                        Divina Voluntad




    Habría gritado el sol con su luz, las
estrellas con su centelleo, el mar con sus olas,
y así todo lo demás.

    En cambio, como todos sintieron el
dominio de esta Virgen excelsa, que casi como
hermana suya no quiso conocer su voluntad
sino sólo la de Dios, no sólo hicieron fiesta,
sino que se sintieron honrados por tener su
Reina y corrieron en torno a Ella para hacerle
cortejo y tributarle sus homenajes, con
ponerse la luna como escabel de sus pies, las
estrellas como corona, el sol como diadema,
los ángeles como siervos, los hombres como
esperando; todos, todos le rindieron honores y
le hicieron sus homenajes.

    No hay honor y Gloria que no se pueda dar
a nuestro Querer, sea que obre en Nosotros, en
su propia sede, sea que habite en la criatura.

    ¿Pero sabes tú cuál fue el primer acto que
hizo esta noble Reina cuando saliendo del
seno materno abrió los ojos a la luz de este
bajo mundo?

   Cuando Ella nació, los ángeles le cantaron
canciones de cuna a la Celestial Bebita y Ella
quedó extasiada, y su bella alma salió de su

                                                   108
                                        Divina Voluntad




cuerpecito, acompañada por legiones angélicas
y giró por tierra y cielo y fue recogiendo todo
el Amor que Dios había esparcido en todo lo
creado, y penetrando en el empíreo vino a los
pies de nuestro trono y nos ofreció la
correspondencia del amor de todo lo creado y
pronunció su primer gracias a nombre de
todos.

    ¡Oh! cómo nos sentimos felices al oír el
gracias de esta bebita Reina, y le confirmamos
todas las gracias, todos los dones, para hacerla
superar a todas las demás criaturas unidas
juntas.

    Después, arrojándose en nuestros brazos
se deleitó con Nosotros, nadando en el océano
de todos los contentos, quedando embellecida
de nueva belleza, de nueva luz y de nuevo
amor, suplicó de nuevo por el género humano,
pidiéndonos con lágrimas que descendiera el
Verbo Eterno para salvar a sus hermanos, pero
mientras esto hacía, nuestro Querer le hizo
saber que bajara a la tierra, y Ella de
inmediato dejó nuestros contentos y las
alegrías y partió, ¿para hacer qué cosa?




                                                   109
                                         Divina Voluntad




    ¡Nuestro Querer! ¡Qué potente imán era
nuestro Querer habitante en la tierra en esta
recién nacida Reina!

     No nos parecía ya extraña la tierra, no nos
sentíamos ya para castigarla haciendo uso de
nuestra Justicia, teníamos la Potencia de
nuestra Voluntad que en esta inocente niña
nos despedazaba los brazos, nos sonreía desde
la tierra y cambiaba la Justicia en gracias y en
dulce sonrisa, tanto, que no pudiendo resistir
al dulce encanto, el Verbo Eterno apresuró su
carrera.

    ¡Oh prodigio de mi Querer Divino, a Ti
todo se debe, por Ti se cumple todo y no hay
prodigio más grande que mi Querer habitante
en la criatura!”


                   Jesús, Jesús, Jesús




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                                                                            Marzo 23, 1923
                                                                                                     Vol. 15




Dolores de la Celestial Mamá y cómo el
Fiat Divino obró en ellos.


    Estaba pensando en los dolores de mi Mamá
Celestial, y mi amable Jesús moviéndose en mi
interior me ha dicho:

   “Hija mía, el primer Rey de los dolores fui
Yo, y siendo Yo Hombre y Dios, debía
concentrar todo en Mí para tener el primado
sobre todo, aun sobre los mismos dolores.

   Los dolores de mi Mamá no eran otra cosa
que los reflejos de los míos, que reflejándose
en Ella le participaban todos mis dolores22,
22
   Ésta es la razón fundamenteal del oficio de corredentora cumplido por María, que se extendió durante
toda su vida y no sólo en el calvario al pie de la cruz, pues si bien Ella no recibió la acción corporal de los
sufrimientos y dolores que recibió Jesús el día de su pasión (flagelación, clavos, espinas…), sí sufrió los
dolores que esas acciones corporales causaron en Jesús, dándole el mismo mérito y produciendo los mismos
efectos como si realmente hubiera sufrido en Ella esas acciones corporales, de modo que junto e
inseparablemente con Jesús Ella es la verdadera y perfecta crucificada. De aquí también su sacerdocio, que
la hizo Madre de los sacerdotes y de su sacerdocio, pues María forma parte intrínseca del sacrificio
redentor por su corredencióon, mientras que el sacerdote se limita a reproducirlo de una manera extrínseca
y puramente instrumental al celebrar la Santa Misa. Así que María está presente intrínsecamente en todas
las Misas de todos los tiempos, mientras que el sacerdote está presente extrínsecamente en las que él
celebra. ¡La diferencia entre una cosa y otra es infinita!... (Ver también nota 39).



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que traspasándola, la llenaron de tal amargura
y pena de sentirse morir a cada reflejo de mis
dolores, pero el amor la sostenía y le daba de
nuevo la vida. Por eso, no sólo por honor, sino
con derecho de justicia fue la primera Reina
del inmenso mar de sus dolores.”

    Mientras esto decía, me parecía ver a mi
Mamá frente a Jesús, y todo lo que contenía
Jesús, los dolores y los traspasos de ese corazón
santísimo se reflejaban en el corazón de la
adolorada Reina; y por cada uno de los reflejos se
formaban tantas espadas en el corazón de la
traspasada Mamá, y estas espadas eran selladas
por un Fiat de Luz, en la cual Ella quedaba
rodeada en medio a tantos Fiat de Luz
fulgidísima, que le daban tanta Gloria que faltan
las palabras para narrarla.

        Entonces Jesús ha continuado diciéndome:

    “No   fueron   los    dolores   los   que
constituyeron Reina a mi Mamá y la hicieron
refulgir de tanta Gloria, sino mi Fiat
Omnipotente, el cual entrelazaba cada acto y
dolor suyo y se constituía vida de cada dolor,
así que mi Fiat era el acto primero que

Por lo tanto no fueron sólo siete sus dolores ni sólo siete las espadas que traspasaron su Corazón sino
innumerables dolores e innumerables espadas. Ver también notas 10 y 13.


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                                      Divina Voluntad




formaba la espada, dándole la intensidad del
dolor que quería; mi Fiat podía poner en aquel
corazón traspasado cuantos dolores quería,
agregar heridas a heridas, penas sobre penas,
sin la sombra de la mínima resistencia; es
más, se sentía honrada de que mi Fiat se
constituía vida aun de un solo latido, y mi
Fiat le dio la Gloria completa y la constituyó
verdadera y legítima Reina.

    Ahora, ¿quiénes serán las almas en las
cuales pueda reflejar los reflejos de mis
dolores y de mi misma Vida?

    Aquéllas que tendrán por vida mi Fiat,
este Fiat absorberá en ellas mis reflejos y Yo
seré magnánimo en participar lo que mi
Querer obra en Mí; por eso en mi Voluntad
espero a las almas, para darles el verdadero
dominio y la Gloria completa de cada acto y
pena que puedan sufrir.

   Fuera de mi Voluntad, el obrar y el sufrir
Yo no lo reconozco, podría decir:

    ‘No tengo qué darte, ¿cuál es la voluntad
que te ha animado en el hacer y en sufrir
esto? De ella hazte recompensar.’


                                                 113
                                         Divina Voluntad




    Muchas veces el hacer el bien, el sufrir, sin
que mi Voluntad entre en medio, pueden ser
míseras esclavitudes que degeneran en
pasiones; mientras que sólo mi Querer da el
verdadero dominio, las verdaderas virtudes, la
verdadera Gloria de trasmutar lo humano en
divino.”


                   María, María, María




                                                    114
                                      Divina Voluntad




                                Abril 14, 1923
                                            Vol. 15




Dios al hacer obras que deben servir al
bien general, concentra en una criatura
todo el bien que quiere dar.


     Estaba pensando en todo lo que mi siempre
amable Jesús me va manifestando acerca de su
Santísima Voluntad, y muchas dudas y
dificultades aparecían en mi mente que no creo
que sea necesario decirlas aquí.

    Después, moviéndose en mi interior y
estrechándome fuerte a su corazón me ha dicho:

   “Hija amada de mi Voluntad, tú debes
saber que cuando quiero hacer obras grandes,
obras en que toda la familia humana debe
tomar parte, siempre y cuando lo quiera, es mi
costumbre el concentrar en una sola criatura
todos los bienes, todas las gracias que esta
obra contiene, a fin de que todos los demás,
como de una fuente puedan tomar aquel bien
por cuanto quieran.


                                                 115
                                        Divina Voluntad




    Cuando hago obras individuales doy cosas
limitadas, en cambio cuando hago obras que
deben servir al bien general, doy cosas sin
límite.

    Esto hice en la obra de la Redención; para
poder elevar a una criatura a concebir a un
hombre y Dios, debí concentrar en Ella todos
los bienes posibles e imaginables, debí elevarla
tanto, de poner en Ella el germen de la misma
Fecundidad Paterna, y así como mi Padre
Celestial me generó virgen en su seno con el
germen virginal de su Fecundidad eterna, sin
obra de mujer, y en este mismo germen
procedió el Espíritu Santo, así mi Celestial
Mamá, con este germen eterno, todo virginal
de la Fecundidad Paterna me concibió en su
seno virgen, sin obra de hombre.

    La Trinidad Sacrosanta debió dar de lo
suyo a esta Virgen divina para poder
concebirme a Mí, Hijo de Dios. Jamás hubiera
podido concebirme mi Santa Mamá sin tener
ningún germen; ahora, como Ella era de la
raza humana, este germen de la fecundidad
eterna dio virtud de concebirme hombre, y
como el germen era divino, al mismo tiempo
me concibió Dios; y así como al generarme el

                                                   116
                                        Divina Voluntad




Padre al mismo tiempo procedió el Espíritu
Santo, así al mismo tiempo que me generé en
el seno de mi Mamá, procedió la generación de
las almas, así que todo lo que ‘ab eterno’
sucedió a la Santísima Trinidad en el Cielo, se
repite en el seno de mi amada Mamá.

    La obra era grandísima e incalculable a
mente creada, debía concentrar todos los
bienes y aun a Mí mismo para hacer que todos
pudieran encontrar lo que querían, por eso
debiendo ser la obra de la Redención tan
grande de arrollar a todas las generaciones,
quise por tantos siglos las oraciones, los
suspiros, las lágrimas, las penitencias de
tantos Patriarcas, profetas y de todo el pueblo
del antiguo testamento, y esto lo hice para
disponerlos a recibir un bien tan grande y para
disponerme a concentrar en esta Celestial
Criatura todos los bienes que todos debían
disfrutar.

    Ahora, ¿qué movía a pedir, a suspirar, etc.,
a este pueblo?

   La promesa del futuro Mesías; esta
promesa era como el germen de tantas
súplicas y lágrimas, si no hubiera estado esta
promesa ninguno habría tenido ni siquiera un

                                                   117
                                        Divina Voluntad




pensamiento,   ninguno    habría   esperado        la
salvación.

   Ahora hija mía, pasemos a mi Voluntad,
¿tú crees que sea una santidad como las otras
santidades?

   ¿Un bien, una gracia casi al parejo de las
que he hecho durante tantos siglos a los
demás santos y a toda la Iglesia?

    No, no, aquí se trata de una época nueva,
de un bien que debe servir a todas las
generaciones, pero es necesario que todo este
bien lo concentre primero en una sola
criatura, como hice en la Redención
concentrando todo en mi Mamá; mira un poco
cómo las cosas van casi iguales:

    Para hacer venir la Redención y disponer a
las almas a esto, hice la promesa del futuro
Mesías, a fin de que con el esperarlo no sólo se
dispusieran, sino que pudieran encontrar
también ellos en el futuro Redentor su
salvación.

   Ahora, para disponer a las almas a vivir en
mi Querer y darles parte de los bienes que Él
contiene y hacer regresar al hombre sobre el

                                                   118
                                        Divina Voluntad




camino de su origen, como fue creado por Mí,
quise ser el primero en rogar, haciendo
resonar mi voz de un punto al otro de la tierra
y hasta en lo alto del Cielo diciendo:

    ‘Padre nuestro que estás en los Cielos.’

   No dije Padre mío, sino que lo llamé Padre
de   toda    la   familia    humana,     para
comprometerlo en lo que debía agregar:

    ‘Que todos santifiquen tu nombre, a fin de
que venga tu reino sobre la tierra y tu
Voluntad se haga como en el Cielo así en la
tierra.’

     Era esta la finalidad de la Creación y Yo
pedía al Padre que se cumpliera. En cuanto Yo
recé, el Padre cedió a mis súplicas y formé el
germen de tanto bien, y para hacer que este
germen fuera conocido, enseñé a los apóstoles
mi oración y estos la transmitieron a toda la
Iglesia, a fin de que así como el pueblo del
futuro Redentor encontraba la salvación en Él
y se disponían a recibir al Mesías prometido,
así con este germen formado por Mí, la Iglesia
ruega y repite tantas veces mi misma oración
y se dispone a recibir, el que reconozcan y
amen a mi Celestial Padre como Padre de

                                                   119
                                       Divina Voluntad




ellos, de manera de merecer ser amados como
hijos y reciban el gran bien de que mi
Voluntad se haga como en el Cielo así en la
tierra.

     Los mismos santos han formado su
santidad en este germen y en esta esperanza
de que mi Voluntad se haga como en el Cielo
así en la tierra, los mártires han esparcido su
sangre, no hay bien que no derive de este
germen, así que toda la Iglesia ruega, y así
como las lagrimas, las penitencias, las
oraciones para tener al Mesías eran dirigidas
hacia aquella Virgen excelsa, a la cual debía
disponer para concentrar tanto bien para
poder recibir a su Salvador, si bien no
conocían quien fuese, así ahora, la Iglesia
cuando recita el Padre Nuestro es propiamente
por ti que ruega, para hacer que concentre en
ti todo el bien que contiene mi Querer, el
modo, el cómo la Voluntad Divina tenga Vida
en la tierra como en el Cielo.

   Y si bien no eres conocida, la Iglesia
haciendo eco a mi oración:

    ‘Sea hecha tu Voluntad como en el Cielo
así en la tierra’, me ruega, me apresura a que
concentre todo este bien en una segunda

                                                  120
                                        Divina Voluntad




virgen, a fin de que como otra salvadora salve
a la humanidad en peligro, y haciendo uso de
mi inseparable Amor y Misericordia oiga
favorablemente mi misma plegaria unida a
aquella de toda la Iglesia y hago regresar al
hombre a su origen, a la finalidad con la que lo
he creado, esto es, que mi Voluntad se haga en
la tierra como en el Cielo; es esto propiamente
el vivir en mi Querer, todo lo que te voy
manifestando a esto te empuja, en esto te
confirmo, este es el gran fundamento que voy
formando en tu alma, y para hacer esto voy
concentrando todas las gracias pasadas,
presentes y futuras que he hecho a todas las
generaciones, es más, las duplico, las
multiplico, porque siendo mi Querer la cosa
más grande, más santa, más noble, que no
tiene principio ni fin, para ponerlo en una
criatura es justo y decoroso que concentre en
ella todos los bienes posibles, gracias
innumerables, pureza y nobleza divinas, a fin
de que tenga el mismo cortejo que tiene en el
Cielo esta mi Voluntad.

    Es la misma que obró en la Redención, que
quiso servirse de una Virgen, ¿cuáles
portentos y prodigios de gracias no obró en
Ella?


                                                   121
                                         Divina Voluntad




    Ella es grande, contiene todos los bienes y
al obrar obra como magnánima, y si se trata de
hacer obras, de hacer bien a toda la
humanidad, pone en juego todos sus bienes.

    Ahora quiere servirse de otra virgen para
concentrar su Voluntad y dar principio en
hacer conocer que su Voluntad se haga en la
tierra como en el Cielo, y si en la Redención
quiso venir a salvar al hombre perdido, a
satisfacer por sus culpas, lo cual era
impotente de hacerlo él mismo, a darle un
refugio y tantos otros bienes que la Redención
contiene, ahora mi Voluntad queriendo
desahogar más en amor que en la misma
Redención, con el hacer que se haga en la
tierra como en el Cielo, viene a dar al hombre
su estado de origen, su nobleza, la finalidad
con la cual fue creado, viene a abrir la
corriente entre su Voluntad y la humana, de
manera que absorbida por esta Voluntad
Divina, dominada le dará Vida en ella y Ella
reinará en la tierra como en el Cielo.”


                   Luisa, Luisa, Luisa




                                                    122
                                            Divina Voluntad




                                     Julio 11, 1923
                                                  Vol. 15




Por cuanto más grande es la obra que Dios
quiere hacer, tanto más es necesario que
sea única y singular la criatura que elige.
La Paterna Bondad quiere abrir otra era
de Gracia.


    Estaba rezando y abandonándome toda en
los brazos de mi dulcísimo Jesús, pero con un
pensamiento en la mente que decía:

    “Sólo para ti este martirio de dar fastidio a los
demás, de ser un peso a tus ministros, no
pudiendo hacer menos que fastidiarlos con mis
hechos que se desarrollan entre mí y Jesús; en
cambio los demás son libres, ellos entran en el
estado de sufrimiento y por sí mismos se liberan,
cuántas veces le he pedido que me liberara, pero
en vano.”

    Ahora, mientras esto y otras cosas pensaba,
el bendito Jesús ha venido, todo bondad y amor,
y poniéndose junto a mí me ha dicho:

                                                       123
                                        Divina Voluntad




   “Hija mía, por cuanto más grande es la
obra que quiero hacer, tanto más es necesario
que sea única y singular la criatura que elijo.

    La obra de la Redención era la más grande
y para ella elegí a una sola criatura, dotándola
de todos los dones, jamás concedidos a
ninguno, para hacer que esta criatura
contuviera tanta Gracia de poderme hacer de
Madre y pudiese deponer en Ella todos los
bienes de la Redención; y para custodiar mis
mismos dones, desde que fue concebida hasta
que me concibió la tuve oculta en la Luz de la
Santísima Trinidad, la cual se hacía custodia y
tenía el oficio de dirigirla en todo; después,
cuando quedé concebido en su seno virginal,
siendo Yo el verdadero, la cabeza y el primero
de todos los sacerdotes, tomé Yo la tarea de
custodiarla y de dirigirla en todo, hasta el
movimiento de su latido; y cuando Yo morí la
confié a otro sacerdote, el cual fue San Juan.

    Un alma tan privilegiada, que contenía
todas las gracias, única en la mente divina,
única en la historia, no quise dejarla, hasta el
último de sus respiros, sin la asistencia de un
representante mío.


                                                   124
                                         Divina Voluntad




   ¿Acaso he hecho esto a otras almas?

    No, porque no conteniendo tanto bien,
tantos dones y gracias, no es necesaria tanta
custodia y asistencia.

    Ahora hija mía, también tú eres única en
mi mente y serás también única en la historia,
y no habrá ni antes ni después de ti otra
criatura a la que le haré tener, como obligado
por necesidad, la asistencia de mis ministros.

    Habiéndote elegido para deponer en ti la
Santidad, los bienes, los efectos, la actitud de
mi Suprema Voluntad, era conveniente, justo,
decoroso, para la misma Santidad que
contiene mi Querer, que un ministro mío te
asistiera y fuera el primer depositario de los
bienes que mi Voluntad contiene, y de su
regazo hacerlos pasar a todo el cuerpo de la
Iglesia.

    ¿Qué atención no se requiere de ti y de
ellos, tú en recibir de Mí, como una segunda
madre mía el gran don de mi Querer y conocer
de Él todas sus cualidades, y ellos en recibirlas
de ti para hacer que se cumpla en mi Iglesia el
Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la
tierra?

                                                    125
                                       Divina Voluntad




    ¡Ah!, tú no sabes cuánto he debido darte
para volverte capaz de deponer en ti mi
Querer, te he quitado todo germen de
corrupción, he purificado en tal modo tu alma,
tu misma naturaleza, que ni tú sientes nada
por ellos, ni ellos por ti, porque faltando el
germen es como si faltase el fuego a la leña, y
si no te exenté de la culpa original como hice
a mi amada Mamá, con quitarte el germen de
la corrupción obré otro prodigio de Gracia
jamás concedido a ningún otro, porque no era
decoroso para mi Voluntad tres veces santa,
descender en un alma, tomar posesión de ella
y    que     estuviera,   aun    mínimamente
ensombrecida por el más mínimo hálito
corrupto; mi Voluntad no se habría adaptado a
tomar posesión de ella y comunicarle su
actitud si hubiera visto algún germen de
corrupción, como no me habría adaptado Yo,
Verbo del Padre, a ser concebido en el seno de
la Celestial Mamá si no la hubiera exentado de
la culpa de origen.

   Y además, ¿cuántas gracias no te he
hecho?

   Tú crees que sea nada y por eso ni siquiera
lo piensas, y en lugar de agradecerme te

                                                  126
                                        Divina Voluntad




ocupas en pensar en lo que he dispuesto de ti
y de los que he puesto en torno a ti, mientras
que Yo quiero que sigas sólo mi Querer.

   Tú debes saber que este cumplimiento de
mi Voluntad es tan grande, que entra en las
obras más grandes que la Divinidad ha obrado
y quiero que sea conocido, a fin de que al
conocer la grandeza y los bienes inmensos que
contiene, lo amen, lo estimen y lo deseen.

    Tres veces la Divinidad suprema decidió
obrar ad extra, la primera fue en la Creación, y
ésta fue sin intervención de la criatura, porque
ninguna había salido a la luz del día; la
segunda fue en la Redención, y en Ella
intervino una mujer, la más santa, la más
bella, cual fue mi Celestial Mamá, fue Ella el
canal y el instrumento del que me serví para
cumplir la obra de la Redención; la tercera es
el cumplimiento, que mi Voluntad se haga
como en el Cielo así en la tierra, esto es, que
la criatura viva, obre con la Santidad y
Potencia     de    nuestra    Voluntad;     obra
inseparable de la Creación y de la Redención,
como es inseparable la Trinidad Sacrosanta;
no podemos decir que la obra de la Creación
esté por Nosotros terminada si nuestra
Voluntad, como fue decretado por Nosotros,

                                                   127
                                       Divina Voluntad




no obra en la criatura y vive con la libertad,
Santidad y Potencia con la que obra y vive en
Nosotros; es más, éste es el punto más bello,
más culminante, más fúlgido y el sello del
cumplimiento de la obra de la Creación y de la
Redención.

    Estos son decretos divinos y deben tener
su pleno cumplimiento, y para cumplir este
decreto queremos servirnos de otra mujer, la
cual eres tú; fue la mujer la que incitó, la
causa por la que el hombre se precipitó en sus
desventuras, y Nosotros queremos servirnos
de la mujer para poner las cosas en orden y
hacer salir al hombre de sus desventuras y
restituirle el decoro, el honor, la verdadera
semejanza nuestra, como fue por Nosotros
creado, por eso sé atenta, no tomes las cosas a
la ligera, aquí no se trata de una cosa
cualquiera, sino se trata de decretos divinos y
de darnos campo para hacernos cumplir la
obra de la Creación y Redención, por eso, así
como a nuestra Mamá la confiamos a San
Juan, para deponer en él y de él a la Iglesia,
los tesoros, las gracias, todas mis enseñanzas
que en el curso de mi Vida cuando Ella estaba
confiada a Mí, y haciéndole de sacerdote Yo
depuse en Ella como en un santuario todas las
leyes, los preceptos, las doctrinas que la

                                                  128
                                         Divina Voluntad




Iglesia debía poseer, y Ella, fiel como era y
celosa aun de una sola palabra mía, para que
no se perdieran las depuso en mi fiel discípulo
Juan, así que mi Mamá tiene el primado sobre
toda la Iglesia.

    Así he hecho de ti, debiendo servir el Fiat
Voluntas Tua a toda la Iglesia, te he confiado a
un ministro mío, a fin de que depongas en él
todo lo que te manifiesto sobre mi Voluntad,
los bienes que hay, como la criatura debe
entrar en Ella, cómo la Paterna Bondad quiere
abrir otra era de Gracia, poniendo en común
con la criatura sus bienes que posee en el
Cielo y restituyéndole la felicidad perdida. Por
eso sé atenta y seme fiel.”


                   Jesús, Jesús, Jesús




                                                    129
                                         Divina Voluntad




                                 Agosto 20, 1923
                                               Vol. 16




La santidad del vivir en el Divino Querer,
a ejemplo de la Santísima Virgen, no tiene
nada de prodigioso exteriormente.


   Estaba pensando entre mí:

    “El buen Jesús dice tantas cosas admirables
de su Voluntad, cómo no hay cosa más grande,
más alta, más santa que el alma que llama a vivir
en su Querer. Si así fuera, quién sabe cuántas
cosas admirables debería hacer, cuántas cosas
estrepitosas, aun externamente; en cambio, nada
que fascine, que impresione, más bien me siento
la más abyecta e insignificante, que nada hago de
bien, mientras que los santos, ¿cuántos bienes no
han hecho, cosas estrepitosas, milagros?

    Sin embargo dice que el vivir en su Querer
deja atrás a todos los santos.”




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                                        Divina Voluntad




    Ahora, mientras estos y otros pensamientos
pasaban por mi mente, mi Jesús se ha movido en
mi interior y con su acostumbrada Luz me decía:

    “Hija mía, la santidad, cuando es
individual, para un tiempo y para un lugar,
tiene más de prodigioso en lo exterior para
atraer a aquellos individuos, lugares y tiempos
a recibir aquella gracia y bien que esa santidad
contiene; en cambio la santidad del vivir en mi
Querer no es santidad individual, asignada a
hacer bien a ciertos lugares, a ciertos
individuos y en ciertos tiempos, sino que es
santidad que debe hacer bien a todos, en todos
los tiempos y en todos los lugares, es una
santidad que queda eclipsada en el eterno Sol
de mi Querer, que invadiendo a todos es Luz
sin palabra, es fuego sin leña, sin ruido, sin
humo, pero no por esto deja de ser la más
majestuosa, la más bella, la más fecunda, su
Luz más pura, su calor más intenso, verdadera
imagen del sol que ilumina nuestro horizonte,
ilumina a todos, pero sin estrépito; es luz,
pero no tiene palabra, no dice nada a nadie, el
bien que hace es germen que fecunda la vida
que da a todas las plantas, y con su calor
purifica el aire contaminado y destruye lo que
puede dañar a toda la humanidad, pero es tan
callado que a pesar que lo tienen con ellos no

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                                        Divina Voluntad




le prestan atención, pero no por esto deja de
ser majestuoso y bello, ni deja de seguir con el
bien que hace a todos; y si llegara a faltar
todos lo llorarían, viniendo a faltar el más
grande    milagro    de    la   fecundidad     y
conservación de toda la naturaleza.

    Más que sol es la santidad del vivir en mi
Querer; un alma recta y toda ordenada en mi
Voluntad es más que un ejército en batalla, su
inteligencia está ordenada y vinculada con la
Inteligencia eterna; sus latidos, pensamientos,
afectos, deseos, están ordenados con vínculos
eternos, así que sus pensamientos, su
voluntad y todo su interior son ejércitos de
mensajeros que de ella parten, que llenan
Cielo y tierra, son voces hablantes, son armas
que defienden a todos, y por primero a su
Dios; llevan el bien a todos, son la verdadera
milicia celestial y divina que la Suprema
Majestad tiene toda reordenada en Sí, siempre
pronta a sus órdenes.

   Además está el ejemplo de mi Mamá,
verdadera santidad del vivir en mi Querer,
todo eclipsado su interior en el eterno Sol de
la Voluntad Suprema, y que debiendo ser la
Reina de la santidad de los santos, Madre y
portadora de mi Vida a todos, y por lo tanto de

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                                        Divina Voluntad




todos los bienes, quedaba como escondida en
todos, llevando el bien sin hacerse conocer.

    Más que silencioso sol portaba la luz sin
palabra, el fuego sin ruido, el bien sin hacerse
notar, no había bien que no partiera de Ella,
no había milagro que de Ella no saliera;
viviendo en mi Querer vivía escondida en
todos y era, y es origen de los bienes de todos.

    Estaba tan raptada en Dios, tan fijada y
ordenada en la Divina Voluntad, que todo su
interior nadaba en el mar del eterno Querer,
estaba al día de todo el interior de todas las
criaturas y ponía el suyo para reordenarlas
delante de Dios.

   Era propiamente el interior del hombre lo
que tenía más necesidad de ser rehecho,
reordenado, más que el exterior, y debiendo
hacer lo más, parecía que dejaba de hacer lo
menos, mientras que era origen del bien
externo    y   del   interno,  sin  embargo
aparentemente parecía que no hacía obras
grandes y estrepitosas.

   Ella, más que sol, pasaba inobservada y
oculta en la nube de Luz de la Divina
Voluntad, tanto que los mismos santos han

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                                          Divina Voluntad




dado de ellos aparentemente más, haciendo
cosas más estrepitosas que mi misma Mamá,
no obstante, ¿qué cosa son los más grandes
santos ante mi Celestial Mamá?

    Son    apenas     las   pequeñas     estrellas
comparadas con el gran sol, y si quedan
iluminadas, la causa es el sol. Pero a pesar de
que no hacía cosas estrepitosas, no cesaba,
aun visiblemente, de ser majestuosa y bella,
rozando apenas la tierra, toda ocupada en
aquél Querer eterno que con tanto amor y
violencia atraía, raptaba, para transportarlo
del Cielo a la tierra y que la humana familia
había tan brutalmente exiliado hasta el
empíreo; y Ella con su interior todo ordenado
en el Divino Querer no daba tiempo al tiempo,
si pensaba, si latía, si respiraba, y todo lo que
hacía, eran vínculos fascinantes para atraer el
Verbo Eterno a la tierra, y en efecto, venció e
hizo el más grande milagro, que ningún otro
puede hacer.

    Esta es tu tarea hija mía, fascinarme,
vincularme tanto con tu interior todo
reordenado en el Supremo Querer, para
transportarlo del Cielo a la tierra, a fin de que
sea conocido y tenga vida como en el Cielo así
en la tierra.

                                                     134
                                        Divina Voluntad




    De todo lo demás no te des ni un
pensamiento, quien debe hacer lo más no es
necesario que haga lo menos; es más, así se da
el campo a que los demás hagan lo menos para
dar a todos el trabajo.

    Yo sé cuándo es necesario, el tiempo, el
lugar, las personas, cuándo debo hacer
conocer, aun con prodigios externos mis obras
más grandes.

    Tú sigue siempre el vuelo en mi Querer,
llenando Cielo y tierra, para fascinarme tanto
que no pueda resistir a hacer el más grande
milagro:

     Que mi Querer reine en medio de las
criaturas.”


                  María, María, María




                                                   135
                                         Divina Voluntad




                             Noviembre 15, 1923
                                               Vol. 16




Los bienes que contiene la Divina
Voluntad están suspendidos. Fiesta del
Divino Querer. Trabajo de la Reina del
Cielo y trabajo de la pequeña hija del
Divino Querer. Cómo era necesario
primero la Redención.


   Me sentía como abismada en el Santo Querer
de Dios, y me parecía que en mi interior mi dulce
Jesús se deleitaba mucho en mandarme luz, y yo
me sentía como eclipsada en aquella luz.

   Mi mente la sentía llenar tanto, que no podía
contenerla, tanto que he dicho:

    “Jesús, corazón mío, ¿no sabes que soy
pequeña?

    No puedo contener lo que Tú quieres poner en
mi inteligencia.”

   Y Jesús:

                                                    136
                                        Divina Voluntad




   “Pequeña hija mía, no temas, tu Jesús te
hará beber esta luz de sorbo en sorbo, a fin de
que puedas recibirla y comprenderla.

   ¿Sabes tú qué significa esta luz?

    Es la Luz de mi Voluntad; es esa Voluntad
Divina rechazada por las otras criaturas, que
queriendo venir a reinar sobre la tierra quiere
encontrar quién la reciba, quién la comprenda,
quién la ame. Para venir a reinar quiere
encontrar un alma pequeña que se ofrezca a
recibir todos los actos que la Suprema
Voluntad había destinado para cada una de las
criaturas, para hacerlas felices y santas y para
darles los bienes que Ella contiene.

    Ahora, esta felicidad, santidad y bienes que
la   eterna    Voluntad     puso    fuera   para
comunicarlos a la criatura, así como puso
fuera toda la Creación, también están fuera y
suspendidos, y si no encuentra quien los
reciba para darle todos los homenajes, honores
y el cortejo que las otras criaturas no le han
dado, no puede venir a reinar sobre la tierra.

   Entonces, tu tarea es abrazar todas las
generaciones para recibir todos los actos de la

                                                   137
                                         Divina Voluntad




Suprema Voluntad que las criaturas han
rechazado, junto con todos los bienes que Ella
contiene; si no haces esto, mi eterno Querer
no se puede poner en fiesta para venir a
reinar, tendrá las lágrimas del dolor pasado,
pues ingratamente fue rechazado, y quien llora
no reina, por eso quiere que los actos de su
Querer destinados para cada criatura tengan
una reparación, no sólo eso, sino que con
amor se quiera recibir su felicidad y lo que Ella
contiene.”

   Y yo:

   “Jesús, amor mío, ¿cómo puedo hacer esto?

    Soy demasiado pequeña y también mala, y Tú
lo sabes; es más, temo que no pueda hacerlo ni
siquiera por mí misma, ¿cómo podré hacerlo por
los demás?”

   Y Él de nuevo:

   “Precisamente por esto te he escogido y te
conservo pequeña, para hacer que nada hagas
por ti sola, sino siempre junto conmigo.

    Lo sé también Yo, que como pequeña no
eres buena para nada, a lo más para hacerme

                                                    138
                                       Divina Voluntad




sonreír con tus naderías, por eso tu Jesús
pensará en todo.

     Esto es necesario, así como fue necesario
que para venir a cumplir la Redención, una
pequeña hija nuestra, cual fue mi Mamá,
tomase por su tarea recibir en Ella todos los
actos de nuestra Voluntad rechazados por las
criaturas, los hizo suyos, los acogió con
decoro, los amó, los reparó, los correspondió
tanto, de llenar todos sus confines, por cuanto
a criatura es posible.

   Entonces la Divinidad, cuando vio en esta
pequeña su Voluntad reintegrada por la
Creación, no sólo por Ella sino por todas las
demás, se sintió tan atraída, que a sus tantos
actos de Voluntad por la Creación, emitió el
acto   más   grande,    más    sublime,   más
prodigioso:

    ‘Que esta pequeña fuese aquélla que debía
ser elevada a la sola y única dignidad de Madre
de su mismo Creador.’

   Jamás habría podido Yo, Verbo Eterno,
descender del Cielo si no hubiera encontrado
en Ella mi Voluntad reintegrada, tal como


                                                  139
                                       Divina Voluntad




había sido querido por Nosotros que existiera
en la criatura.

   ¿Cuál fue entonces la causa que me hizo
venir sobre la tierra?

    Mi Voluntad existente en una pequeña
criatura.

    ¿Qué me importaba a Mí que fuese
pequeña?, lo que me interesaba es que mi
Voluntad estuviera a salvo en Ella, sin ninguna
rotura por parte de su voluntad humana;
salvada la nuestra, todos nuestros derechos
eran restituidos, la criatura se ponía en orden
a su Creador y el Creador quedaba en orden a
la criatura. La finalidad de la Creación ya
estaba realizada, entonces fuimos a los
hechos, que el Verbo se hiciera carne, primero
para redimir al hombre, y después que nuestra
Voluntad se hiciera como en el Cielo así en la
tierra.

    ¡Ah! sí, fue mi Mamá que tomando en Sí
toda nuestra Voluntad puesta fuera para bien
de la Creación, flechó a la Divinidad con
flechas divinas, de modo que herida por
nuestras mismas flechas, como imán potente
atrajo al Verbo en su seno.

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                                          Divina Voluntad




    Nada sabemos negar a quien posee nuestra
Voluntad; mira entonces la necesidad que para
dar cumplimiento a aquel Fiat que vine a traer
a la tierra, que sólo por mi Mamá fue
comprendido y acogido, y por eso no hubo
división entre Mí y Ella, quiero otra criatura
que se ofrezca a recibir en ella todos los actos
de mi Voluntad que puse fuera en la Creación;
la Divinidad quiere ser herida de nuevo con
sus mismos dardos para dar a las generaciones
este gran bien, que mi Voluntad reine en ellas;
siendo la cosa más grande que quiere dar, esto
es, el verdadero origen del hombre, no basta
una voluntad humana para impetrarla, mucho
menos para herirla, sino que se necesita una
Voluntad Divina, con la cual el alma,
llenándose de Ella, hiera a su Creador con sus
mismas flechas, para que, herido, abra los
Cielos y haga descender su Querer sobre la
tierra; y mucho más, pues así encontrará su
noble cortejo, todos los actos de su Voluntad
formados en la criatura que le ha arrancado el
acto solemne, que su Voluntad venga a reinar
sobre la tierra con su completo triunfo.”

   Entonces yo al oír esto le he dicho:



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                                          Divina Voluntad




    “Mi amado bien, tu hablar me confunde, es
más, me aniquila tanto que me siento una
pequeña recién nacida que no habiendo formado
bien los miembros es necesario fajarla, y mientras
me son necesarias las fajas para formarme, Tú
quieres desfajarme, ¿y para hacer qué?

    Para hacerme extender mis infantiles manitas
y hacerme abrazar tu eterna Voluntad.

     Mi Jesús, ¿no ves? No llego, no puedo
abarcarla, soy demasiado pequeña, y además, si
tanto te agrada que tu Querer reine sobre la
tierra, ¿por qué has esperado tanto tiempo, y por
qué Tú mismo cuando viniste a la tierra no
hiciste una cosa y otra, esto es, la Redención y el
Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la
tierra?

   Tú tenías los brazos fuertes y largos para
abrazar tu interminable Voluntad; mira, mira ¡oh!
Jesús, los míos son débiles, cortos, ¿cómo puedo
hacerlo?”

   Y Él de nuevo:

   “Pobre bebita, tienes razón, mi hablar te
confunde, la Luz de mi Voluntad te eclipsa y
te hace la verdadera recién nacida de la

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                                       Divina Voluntad




Suprema Voluntad; ven entre mis brazos, te
fajaré con las fajas de mi misma Voluntad a fin
de que refuerces tus miembros con su fuerza,
así te será fácil estrechar en tus pequeños
brazos aquel eterno Querer que con tanto
amor quiere venir a reinar en ti.”

   Entonces yo me he arrojado en sus brazos
para hacerme hacer lo que Jesús quería; y
después de nuevo ha agregado:

    “Podía Yo muy bien hacer una y otra cosa
cuando vine a la tierra, pero la criatura no es
capaz de recibir todo junto el obrar de su
Creador, y Yo mismo me complazco en dar
siempre nuevas sorpresas de amor; y además
la criatura había profanado su gusto con su
voluntad, había apestado el aliento de su alma
con tantas suciedades, de darme asco, había
llegado a tanto que tomaba gusto de las cosas
más repugnantes, hasta hacer correr sobre las
tres potencias del alma un líquido purulento,
de no reconocer más su nobleza.

    Entonces, debía primero con mi Redención
pensar en todo esto, darle todos los remedios,
a estos males darles el baño de mi Sangre para
lavarlos. Si Yo hubiese querido hacer una cosa
y la otra, estando el hombre muy sucio, ciego

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                                        Divina Voluntad




y sordo, tal como lo había hecho el querer
humano, no habría tenido los ojos de la
inteligencia para comprender, oídos para
escuchar, corazón para recibirla, y mi
Voluntad no comprendida, ni encontrando
lugar donde morar, habría tomado de nuevo el
camino para el Cielo, por eso era necesario
que primero el hombre comprendiera los
bienes de la Redención, para disponerse a
comprender el bien del Fiat Voluntas Tua
como en el Cielo así en la tierra.

    Y esto habría sucedido también para ti, si
al principio cuando comencé a hablarte te
hubiera hablado de mi Voluntad, tú no me
habrías entendido, habría hecho como un
maestro que en lugar de enseñar al discípulo
las primeras letras del alfabeto, quisiera
enseñarle las ciencias, las lenguas extranjeras,
pobre muchacho, se confundiría y no
aprendería jamás nada; en cambio quise
hablarte del sufrir, de las virtudes, cosas más
adaptadas, más palpables a la naturaleza
humana y que se pueden llamar el alfabeto de
la vida cristiana, el lenguaje del exilio y de
aquellos que aspiran a la Patria celestial, en
cambio mi Voluntad es el lenguaje del Cielo, y
principia donde las demás ciencias y virtudes
terminan; Ella es Reina que domina todo y

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                                         Divina Voluntad




corona a todos, de modo que ante la Santidad
de mi Voluntad todas las demás virtudes
empequeñecen y tiemblan; es por esto por lo
que primero quise hacerte de maestro del
alfabeto, para disponer tu inteligencia y luego
pasar a hacerte de maestro celestial y Divino,
que sólo se ocupa del lenguaje de la Patria y
de la ciencia más alta que contiene mi
Voluntad; debía primero quitarte el gusto de
todo, porque la voluntad humana tiene este
veneno, de hacer perder el gusto de la
Voluntad Divina.

    En todas las cosas creadas, habiendo salido
de Mí, Yo puse en ellas un gusto divino, y el
alma con hacer su voluntad, aun en las cosas
santas no encuentra este gusto, y Yo para
hacerte gustar sólo mi Voluntad, estoy atento
a no hacerte gustar nada, a fin de que pueda
disponerte para darte lecciones más sublimes
sobre mi Voluntad. Si esto era necesario para
ti, mucho más para toda la Iglesia, a la cual
debía hacer conocer primero las cosas
inferiores y luego la más superior de todas,
cual es mi Voluntad.”


                   Luisa, Luisa, Luisa




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                                         Divina Voluntad




                             Noviembre 24, 1923
                                               Vol. 16




La historia doliente de la Divina
Voluntad. Así como la Virgen para la obra
de la Redención hizo suyos todos los
actos de la Divina Voluntad y preparó el
alimento a sus hijos, también Luisa debe
hacerlo para la obra del Fiat Voluntas
Tua.


    Estaba haciendo la hora de la Pasión en la
que mi Mamá Dolorosa recibió en sus brazos a su
Hijo muerto y lo depositó en el sepulcro, y en mi
interior decía:

     “Mamá mía, junto con Jesús pongo en tus
brazos todas las almas, a fin de que a todas las
reconozcas como hijas tuyas y una por una las
escribas en tu corazón y las pongas en las llagas
de Jesús; son hijas de tu dolor inmenso y esto
basta para que las reconozcas y las ames; y
quiero poner todas las generaciones en la
Voluntad Suprema, a fin de que ninguna falte, y a


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                                         Divina Voluntad




nombre   de    todas      te    doy    consuelos,
compadecimientos y alivios divinos.”

   Ahora, mientras esto decía, mi dulce Jesús se
ha movido en mi interior y me ha dicho:

    “Hija mía, si supieras cuál fue el alimento
con el que alimentó a todos estos hijos mi
doliente Mamá.”

   Y yo:

   “¿Cuál fue, oh mi Jesús?”

   Y Él de nuevo:

    “Como tú eres mi pequeñita, elegida por
Mí para la misión de mi Querer y vives en
aquel Fiat en el cual fuiste creada, quiero
hacerte saber la historia de mi eterno Querer,
sus alegrías y sus dolores, sus efectos, su valor
inmenso, lo que hizo, lo que recibió, y quién
tomó a corazón su defensa.

   Los    pequeños    son   más   atentos   a
escucharme porque no tienen la mente llena
de otras cosas, están como en ayunas de todo,
y si se les quiere dar otro alimento sienten
asco,    porque    siendo   pequeños    están

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                                       Divina Voluntad




habituados a tomar sólo la leche de mi
Voluntad, que más que madre amorosa los
tiene pegados a su divino pecho para
alimentarlos abundantemente, y ellos están
con sus boquitas abiertas para esperar la leche
de mis enseñanzas, y Yo me divierto mucho;
¡oh, cómo es bello verlos ahora sonreír, ahora
alegrarse y ahora llorar al oírme narrar la
historia de mi Voluntad!

    El origen de mi Voluntad es eterno, jamás
entró el dolor en Ella; entre las Divinas
Personas esta Voluntad estaba en suma
concordia, es más, era una sola; en cada acto
que emitía fuera, tanto ad intra cuanto ad
extra, nos daba infinitas alegrías, nuevos
contentos, felicidad inmensa, y cuando
quisimos poner fuera la máquina de la
Creación, ¿cuánta Gloria, cuántas armonías y
honor no nos dio?

    En cuanto brotó el Fiat, este Fiat difundió
nuestra    Belleza,   nuestra   Luz,    nuestra
Potencia, el orden, la armonía, el Amor, la
Santidad,    todo,   y   Nosotros    quedamos
glorificados por las mismas virtudes nuestras,
viendo por medio de nuestro Fiat el
florecimiento de nuestra Divinidad reflejada
en todo el universo.

                                                  148
                                       Divina Voluntad




   Nuestro Querer no se detuvo, henchido de
amor como estaba quiso crear al hombre, y tú
sabes la historia de él, por eso sigo adelante.

    ¡Ah! fue precisamente él quien llevó el
primer dolor a mi Querer, trató de amargar a
Aquél que tanto lo amaba, que lo había hecho
feliz. Mi Querer lloró más que una tierna
madre, lloró a su hijo lisiado y ciego sólo
porque se ha sustraído de la Voluntad de la
madre. Mi Querer quería ser el primero en
obrar en el hombre, no para otra cosa sino
para darle nuevas sorpresas de amor, de
alegrías, de felicidad, de luz, de riquezas;
quería siempre dar, he aquí el por qué quería
obrar, pero el hombre quiso hacer su voluntad
y rompió con la Divina; ¡jamás lo hubiese
hecho! Mi Querer se retiró y él se precipitó en
el abismo de todos los males.

    Ahora, para volver a anudar a estas dos
voluntades, se necesitaba Uno que contuviera
en Sí una Voluntad Divina, y por eso Yo, Verbo
Eterno, amando con un amor eterno a este
hombre,    decretamos    entre   las   Divinas
Personas que tomara carne humana para venir
a salvarlo y volver a unir las dos voluntades
separadas.

                                                  149
                                       Divina Voluntad




   ¿Pero dónde descender? ¿Quién debía ser
Aquélla que debía prestar su carne a su
Creador?

    He aquí por qué elegimos una criatura, y
en virtud de los méritos previstos del futuro
Redentor fue exentada de la culpa de origen,
su querer y el Nuestro fueron uno solo, fue
esta celestial criatura la que comprendió la
historia de nuestra Voluntad.

   Nosotros,   como   a   pequeñita,   todo       le
narramos:

   El dolor de nuestro Querer y cómo el
hombre ingrato, con el romper su voluntad
con la nuestra había encerrado nuestro Querer
en el cerco Divino, como obstruyéndolo en sus
designios,     impidiendo     que     pudiera
comunicarle sus bienes y la finalidad para la
que había sido creado.

   Para Nosotros el dar es hacernos felices y
hacer feliz a quien de Nosotros recibe; es
enriquecer sin Nosotros empobrecer; es dar lo
que Nosotros somos por naturaleza, y formarlo
en la criatura por gracia; es salir de Nosotros
para dar lo que poseemos; con el dar, nuestro

                                                  150
                                        Divina Voluntad




Amor se desahoga, nuestro Querer hace fiesta;
¿si no debíamos dar, para qué formar la
Creación?

    Así que el sólo no poder dar a nuestros
hijos, a nuestras amadas imágenes, era como
un luto para nuestra Suprema Voluntad; sólo
con ver al hombre obrar, hablar, caminar, sin
la conexión con nuestro Querer, porque él la
había destrozado, y que debían correr hacia él
si estaba con Nosotros corrientes de gracias,
de luz, de santidad, de ciencia, etc., y no
pudiéndolo hacer, nuestro Querer se ponía en
actitud de dolor, en cada acto de criatura era
un dolor, porque veíamos aquel acto vacío de
valor divino, privado de belleza y de santidad,
todo desemejante de nuestros actos.

    ¡Oh!   cómo    comprendió     la   Celestial
Pequeña este nuestro sumo dolor y el gran mal
del hombre al sustraerse de Nuestro Querer,
¡oh! cuántas veces Ella lloró ardientes
lágrimas por nuestro dolor y por la gran
desventura del hombre, y por eso Ella,
temiendo, no quiso conceder ni siquiera un
acto de vida a su voluntad, por eso se mantuvo
pequeña, porque su querer no tuvo vida en
Ella, ¿cómo podía hacerse grande?


                                                   151
                                         Divina Voluntad




    Pero lo que no hizo Ella lo hizo nuestro
Querer, la hizo crecer toda bella, santa, divina,
la enriqueció tanto que la hizo la más grande
de todos; era un prodigio de nuestro Querer,
prodigio de gracia, de belleza, de santidad,
pero Ella se mantuvo siempre pequeña, tanto
que no descendía jamás de nuestro brazos; y
tomando      a     pecho    nuestra      defensa
correspondió a todos los actos dolientes del
Supremo Querer, y no sólo estaba Ella toda en
orden a nuestra Voluntad, sino que hizo suyos
todos los actos de las criaturas, y absorbiendo
en Sí toda nuestra Voluntad rechazada por
ellas la reparó, la amó, y teniéndola como en
depósito en su corazón virginal, preparó el
alimento de nuestra Voluntad a todas las
criaturas.

    ¿Ves entonces con qué alimento nutre a
sus hijos esta Madre amantísima?

    Le costó toda su vida, penas inauditas, la
misma Vida de su Hijo, para hacer en Ella el
depósito abundante de este alimento de mi
Voluntad,    para   tenerlo   dispuesto    para
alimentar a todos sus hijos cual Madre tierna y
amorosa; Ella no podía amar más a sus hijos,
con darles este alimento su amor había llegado
al último grado, así que entre tantos títulos

                                                    152
                                         Divina Voluntad




que Ella tiene, el más bello título que a Ella se
le podría dar es el de Madre y Reina de la
Voluntad Divina.

    Ahora hija mía, si esto hizo mi Mamá por
la obra de la Redención, también tú para la
obra del Fiat Voluntas Tua; tu voluntad no
debe tener vida en ti, y haciendo tuyos todos
los actos de mi Voluntad en cada criatura, los
depositarás en ti, y mientras a nombre de
todos darás la correspondencia a mi Voluntad,
formarás en ti todo el alimento necesario para
alimentar a todas las generaciones con el
alimento de mi Voluntad.

    Cada     dicho,     cada     efecto,  cada
conocimiento de más de Ella, será un gusto de
más que encontrarán en este alimento, de
manera que con avidez lo comerán; todo lo
que te digo sobre mi Querer servirá para
excitar el apetito y para hacer que ningún otro
alimento tomen, aún a costa de cualquier
sacrificio.

    Si se dijera que un alimento es bueno, que
restituye las fuerzas, que sana a los enfermos,
que contiene todos los gustos, es más, que da
la vida, la embellece, la hace feliz, ¿quién no


                                                    153
                                                   Divina Voluntad




haría cualquier   sacrificio             para   tomar      ese
alimento?

   Así será de mi Voluntad; para hacerla
amar, desear, es necesario el conocimiento,
por eso sé atenta, recibe en ti este depósito de
mi Querer, a fin de que cual segunda madre
prepares el alimento a nuestros hijos, así
imitarás a mi Mamá. Te costará también a ti,
pero ante mi Voluntad cualquier sacrificio te
parecerá nada. Hazla de pequeña, no
desciendas jamás de mis brazos y Yo
continuaré narrándote la historia de mi
Voluntad.”


                   Jesús, Jesús, Jesús




                                                              154
                                         Divina Voluntad




                               Diciembre 6, 1923
                                               Vol. 16




La tarea de la Santísima Virgen, la tarea
de Jesús y la tarea de Luisa para hacer
que venga el reino de la Divina Voluntad a
la tierra.


    Estaba rezando, y mi dulce Jesús se hacía ver
en mi interior que me miraba fijamente; y yo,
atraída por su mirada lo miraba a Él hasta dentro
de su interior, que me parecía como si fuera un
cristal en el cual se podía ver todo lo que mi
amado Jesús hacía: y yo, uniéndome a Él trataba
de hacer lo que Él hacía.

   Otras veces me parecía que Jesús tomaba mi
alma entre sus manos y la lanzaba al vuelo en la
inmensidad de su Voluntad diciéndome:

   “La recién nacida de mi Voluntad; en mi
Voluntad has nacido, en Ella quiero que vivas.

    Vuela, vuela en el eterno Querer, cumple
tu oficio; mira que hay mucho qué hacer entre

                                                    155
                                            Divina Voluntad




la Divinidad y las criaturas, gira por todas las
generaciones, pero siempre en mi Querer, de
otra manera no las encontrarás a todas, y
amando, obrando, reparando, adorando por
todos, te pondrás ante la Majestad Suprema
para darle todo el amor, los homenajes de
todos y de cada uno como verdadera hija
primogénita de nuestro Querer.”

   Yo tomaba el vuelo y Jesús seguía con su
mirada mi vuelo; ¿pero quién puede decir lo que
hacía?

    En su Querer encontraba todo el amor que su
Voluntad debía dar a las criaturas, y no
tomándolo ellas, estaba suspendido esperando
que fuese tomado y yo lo hacía mío, e invistiendo
a todas las inteligencias creadas, formaba por
cada uno de los pensamiento un acto de amor, de
adoración y de todo lo que cada inteligencia debía
dar a Dios, y abrazando todo en mí, como si a
todos los pusiera en mi regazo, tomaba el camino
al Cielo para llevarlos al seno del Padre Celestial y
le decía:

    “Padre Santo, vengo ante tu trono para traerte
en mi regazo a todos tus hijos, tus queridas
imágenes creadas por Ti, para ponerlos otra vez
en tu seno divino, a fin de que aquella Voluntad,

                                                       156
                                           Divina Voluntad




por ellos rota entre Tú y ellos, Tú la vincules y la
anudes de nuevo. Es la pequeña hija de tu
Querer quien esto te pide, soy pequeña, es cierto,
pero tomo la tarea de satisfacerte por todos. No
me iré de tu trono si no me vinculas la voluntad
humana con la Divina, y llevándola a la tierra,
venga el reino de tu Querer a la tierra. A los
pequeños nada se les niega, porque lo que piden
no es otra cosa que el eco de tu mismo Querer y
de lo que quieres Tú.”

    Después regresaba con Jesús que me
esperaba en mi habitación, y Él me recibía en sus
brazos, me colmaba de besos y de caricias y me
decía:

    “Pequeña mía, para hacer que el Querer del
Cielo descienda sobre la tierra, es necesario
que todos los actos humanos sean sellados y
esmaltados de actos de Voluntad Divina, a fin
de que el Supremo Querer, viendo que todos
los actos de voluntad de las criaturas están
marcados por la Suya, atraído por el imán
potente de su mismo Querer descienda a la
tierra y reine en ella. A ti como hija
primogénita de nuestro Querer te ha sido dada
esta tarea.



                                                      157
                                        Divina Voluntad




    Debes saber que para atraer al Verbo y
hacerlo descender del Cielo, mi Mamá tomó la
tarea de girar por todas las generaciones y
haciendo suyos todos los actos de voluntad
humana, Ella ponía en ellos el Querer Divino,
porque tenía tanto de este capital de Querer
Supremo, de sobrepasar todo lo que debían
tener todas las criaturas juntas, y en cada giro
que hacía multiplicaba este capital.

    Entonces Yo, Verbo Eterno, viendo que la
más fiel de nuestras criaturas con tanta gracia
y amor había llenado todos los actos humanos
con el Querer Divino, habiendo Ella tomado a
pecho lo que se necesitaba para hacer esto,
viendo que en el mundo estaba nuestro
Querer, atraído descendí del Cielo.

    La segunda tarea me tocó a Mí para formar
la Redención. Cuánto debí girar por todos los
actos humanos, tomarlos todos como en un
puño y cubrirlos, sellarlos, esmaltarlos de mi
Querer Divino, para atraer a mi Padre Celestial
y hacerlo mirar todos los actos humanos
cubiertos de aquel Querer Divino que el
hombre había rechazado a las regiones
celestiales, a fin de que mi Padre Divino
pudiese abrir las puertas del Cielo, cerradas


                                                   158
                                             Divina Voluntad




por la voluntad humana. No hay bien que no
descienda sino sólo por medio de mi Voluntad.

    La tercera es tuya. Al primer y al segundo
sello de nuestro Querer en todos los actos
humanos, te toca a ti, como hija primogénita
de nuestro Querer, poner el tercero para
obtener que venga el reino de mi Querer a la
tierra. Por eso gira hija mía en todos los actos
humanos de las criaturas, penetra hasta
dentro de los corazones, lleva a cada latido el
latido de mi Querer, a cada uno de los
pensamientos el beso, el conocimiento de mi
Voluntad; en cada palabra imprime el Fiat
Omnipotente, invade todo, envuelve a todos
en Él, y así venga mi reino a la tierra. Tu
Jesús no te dejará sola en estos giros, te
asistiré y te guiaré en todo.”

    Y mientras esto decía, yo tomaba mi vuelo y
giraba por todo y por todos; ¿pero quién puede
decir lo que hacía? Lo puede decir sólo Jesús que
me lo hacía hacer.

    Así he pasado toda la noche      junto con Jesús
y mientras giraba, ahora le          traía todos los
pensamientos, ahora todas las        palabras, ahora
las obras, los pasos, los latidos,   todos investidos


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                                         Divina Voluntad




por su Voluntad, y Jesús todo con amor recibía y
hacía fiesta, y después me ha dicho:

    “Mira la gran diferencia que hay entre la
santidad en mi Querer y la santidad de las
otras virtudes, la primera es recibir a cada
instante corrientes de Gracia, de Luz, de
Amor, y estar la criatura en cada acto suyo en
orden con su Creador, por eso es la santidad
que más se acerca a su Creador. La segunda, la
de las otras virtudes, es a tiempo y a
circunstancia, cuando se presenta la ocasión
de ejercitar ahora la paciencia, ahora la
obediencia, ahora la caridad y otras, y si no se
presentan ocasiones, las virtudes quedan
interrumpidas y sin crecimiento, y no pueden
recibir el bien que contiene la virtud en acto.

    En cambio en la santidad de mi Querer no
hay pausas ni interrupciones, mi Querer está
siempre fijo en dardear a la criatura, ella lo
puede recibir a cada instante, si respira, si
piensa, si habla, si late, si se alimenta, si
duerme, todo entra en mi Querer, y a cada
instante puede llenarse de mi Voluntad con
todos los bienes que Ella contiene.”


                   Jesús, Jesús, Jesús




                                                    160
                                          Divina Voluntad




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                                                Vol. 16




Sobre la Inmaculada Concepción de
María.


    Estaba     pensando     en    la   Inmaculada
Concepción de mi Mamá Reina, y mi siempre
amable Jesús, después de haber recibido la santa
comunión, se hacía ver en mi interior como
dentro de una estancia toda luz, y en esta luz
hacía ver todo lo que había hecho en todo el
curso de su Vida; se veían como alineados en
orden todos sus méritos, sus obras, sus penas,
sus llagas, su sangre, todo lo que contenía la Vida
de un Hombre y Dios, como en acto de proteger a
un alma, a Él tan querida, de cualquier mínimo
mal que pudiese ensombrecerla.

   Yo me asombraba al ver tanta atención de
Jesús, y Él me ha dicho:

    “A mi pequeña recién nacida quiero
hacerle conocer la Inmaculada Concepción de
la Virgen, concebida sin pecado. Pero primero
tú debes saber que mi Divinidad es un acto

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solo; todos los actos suyos se concentran en
uno solo, esto significa ser Dios, el portento
más grande de nuestra Esencia Divina, no
estar sujeta a sucesión de actos, y si a la
criatura le parece que ahora hacemos una cosa
y ahora otra, es más bien que hacemos
conocer lo que hay en aquel acto solo, porque
la criatura, incapaz de conocerlo todo de un
solo golpe, se lo hacemos conocer poco a poco.

    Ahora, todo lo que Yo, Verbo Eterno debía
hacer en mi asumida Humanidad, formaba un
solo acto con aquel acto único que contiene
mi Divinidad. Así que antes de que esta noble
Criatura fuese concebida, ya existía todo lo
que debía hacer en la tierra el Verbo Eterno,
por lo tanto, en el acto en que esta Virgen fue
concebida, se alinearon en torno a su
Concepción todos mis méritos, mis penas, mi
sangre, todo lo que contenía la Vida de un
Hombre Dios, y quedó concebida en los
interminables abismos de mis méritos, de mi
sangre divina, en el mar inmenso de mis
penas.

   En virtud de ellos quedó inmaculada, bella
y pura23; al enemigo le quedó cerrado el paso
23
  Es dogma de fe, expresamente definido por la Iglesia que “por gracia y privilegio singularísimo de Dios
omnipotente, en atención a los méritos previstos de Jesucristo Redentor, la Santísima Virgen María fue
preservada inmune de toda mancha de culpa original en el primer instante de su concepción”. Pero aquí se


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por los incalculables méritos míos, y no pudo
hacerle ningún daño. Era justo que quien
debía concebir el Hijo de un Dios, debía
primero ser Ella concebida en las obras de este
Dios, para poder tener virtud de concebir al
Verbo que debía venir a redimir al género
humano; así que Ella primero quedó concebida
en Mí, y Yo quedé concebido en Ella.

    No quedaba más que, a tiempo oportuno,
hacerlo conocer a las criaturas, pero en la
Divinidad estaba como ya hecho. Por eso, la
que más recibió los frutos de la Redención,
más bien, tuvo el fruto completo, fue esta
excelsa Criatura, que siendo concebido en Ella
amó, estimó y conservó como cosa suya todo
lo que el Hijo de Dios obró sobre la tierra.

    ¡Oh! la belleza de esta tierna pequeñita,
era un prodigio de la Gracia, un portento de
nuestra Divinidad; creció como Hija nuestra,
fue nuestro decoro, nuestra alegría, el honor y
la Gloria nuestra.”

    Entonces, mientras mi dulce Jesús decía todo
esto, yo pensaba en mi mente:

va más allá, pues no sólo “por los méritos previstos” sino que “quedó concebida en los interminables
abismos de mis méritos, de mi sangre divina y en todo lo que contenía la vida de un Hombre-Dios” y esto fue
posible porque, como lo dice al principio del capítulo, ante Dios todo estaba ya presente, pues es un acto
único.


                                                                                                      163
                                         Divina Voluntad




    “Es cierto que mi Reina Mamá fue concebida
en los interminables méritos de mi Jesús, pero la
sangre, el cuerpo, fueron concebidos en el seno
de Santa Ana, la cual no estaba exenta de la
mancha de origen; entonces, ¿cómo puede ser
que nada heredó de los tantos males que todos
hemos heredado por el pecado de nuestro primer
padre Adán?”

   Y Jesús:

    “Hija mía, tú no has entendido aún que
todo el mal está en la voluntad. La voluntad
arrolló al hombre, es decir, a su naturaleza, no
la naturaleza arrolló a la voluntad del hombre,
así que la naturaleza quedó en su lugar, tal
como fue creada por Mí, nada cambió, fue su
voluntad la que se cambió y se puso, nada
menos, que contra una Voluntad Divina, y esta
voluntad rebelde arrastró su naturaleza, la
debilitó, la contaminó y la volvió esclava de
vilísimas pasiones.

    Sucedió como a un recipiente lleno de
perfumes o de cosas preciosas, si se vaciara de
eso y se llenase de podredumbre o de cosas
viles, ¿acaso cambia el recipiente?


                                                    164
                                        Divina Voluntad




    Cambia lo que se pone dentro, pero él es
siempre lo que es, a lo más se vuelve más o
menos apreciable según lo que contiene, así
fue del hombre.

    Ahora mi Mamá, el ser concebida en una
criatura de la raza humana no le causó ningún
daño, porque su alma era inmune de toda
culpa, entre su voluntad y la de su Dios no
había división, las corrientes divinas no
encontraban obstáculo ni oposición para
derramarse sobre Ella, a cada instante estaba
bajo la tupida lluvia de nuevas gracias.

    Entonces, con esta voluntad y esta alma
toda santa, toda pura, toda bella, el recipiente
de su cuerpo que tomó de su madre quedó
perfumado, rehabilitado, ordenado, divinizado,
en modo de quedar exenta aun de todos los
males naturales de los que está invadida la
naturaleza humana.

    ¡Ah! fue propiamente Ella la que recibió el
germen del Fiat Voluntas Tua como en el Cielo
así en la tierra, que la ennobleció y la
restituyó a su principio, tal como el hombre
fue creado por Nosotros antes de que pecara;
es más, lo sobrepasó, la embelleció aún más a
los continuos flujos de aquel Fiat que tiene

                                                   165
                                       Divina Voluntad




sólo virtud de reproducir imágenes todas
semejantes a Aquél que las ha creado, y en
virtud de esta Voluntad Divina que obraba en
Ella, se puede decir que lo que Dios es por
naturaleza, Ella lo es por gracia.

    Nuestra Voluntad todo puede hacer y a
todo puede llegar cuando el alma nos da
libertad de obrar y no interrumpe con su
voluntad humana nuestro obrar.”


                 María, María, María




                                                  166
                                          Divina Voluntad




                                  Marzo 22, 1924
                                                Vol. 16




Necesidad de escribirlo todo. La Virgen
hizo el más grande milagro. Sólo esta
doctrina podrá detener a las generaciones
humanas que corren en vertiginosa
carrera en el mal.


    Habiendo dicho al confesor lo que está escrito
arriba, decía que él no estaba convencido de esto,
que si fuera verdad, esta mañana se debería ver
el mundo cambiado, o al menos en parte.

    Entonces yo he quedado con dudas y casi con
la voluntad de no querer escribir más y de no
decir nada más. Entonces, al venir mi amable
Jesús me he abandonado en sus brazos y he
desahogado con Él mi corazón; le he dicho cómo
pensaba el confesor, y que para creer quisieran
ver cosas prodigiosas, milagros, etc.

    Y mi amado Jesús estrechándome a Él como
si con su contacto quisiera despejarme las dudas
que me afligían, me ha dicho:

                                                     167
                                        Divina Voluntad




    “Hija mía, ánimo, no te abatas, si no fuera
necesario que tú escribas no te habría obligado
al sacrificio, debes saber que cada efecto, cada
bien, cada valor que te hago conocer sobre mi
Voluntad y lo que la criatura puede hacer
viviendo en Ella, son otros tantos gustos,
carnadas,     imanes,    alimentos,    armonías,
perfumes, luces; así que cada efecto que te
digo contiene su propiedad distinta, y por lo
tanto, no manifestando todos los bienes que
hay en mi Querer y hasta dónde el alma puede
llegar viviendo en Él, harías faltar una carnada
para pescarlas o un gusto para halagarlas, o
bien un imán para atraerlas, un alimento para
saciarlas, así que faltaría la perfecta armonía,
el placer de los perfumes, la luz para
encaminarlas, y por eso no encontrando todos
los bienes posibles, esto es, no conociéndolos,
no tendrán ese gran deseo de elevarse sobre
todas las otras cosas para hacer vida en mi
Voluntad.

    Además no te preocupes de lo que te ha
sido dicho, también mi Mamá tenía por Vida
mi Querer, no obstante el mundo hacía su
curso en el mal, nada se vio cambiado, ningún
milagro externo se vio en Ella, sin embargo lo
que no hizo en el bajo mundo lo hizo en el

                                                   168
                                         Divina Voluntad




Cielo, con su Creador; con su vivir continuo en
el Querer Divino formó lugar en Ella para
atraer al Verbo a la tierra, cambió la suerte del
género humano e hizo el más grande de los
milagros, que ningún otro ha hecho y que
jamás podrá hacer, fue milagro único:

   ‘Transportar el Cielo a la tierra.’

    Quien debe hacer lo más no es necesario
que haga lo menos; sin embargo, ¿quién sabía
algo de lo que hacía mi Mamá?

    ¿Quién sabía lo que hacía con el Eterno
para    obtener   el  gran   portento   del
descendimiento del Verbo en medio de las
criaturas?

    Se supo sólo por algunos, en mi
Concepción, que fue Ella la causa, y por
muchos cuando me vieron expirar sobre la
Cruz. Hija mía, por cuanto más grande es el
bien que quiero hacer al alma, y que este bien
debe descender para bien de las generaciones
humanas y que debe darme una Gloria
completa, tanto más la atraigo a Mí y hago
madurar este bien entre Yo y el alma, la
separo de todos, la hago ignorada, y cuando mi
Querer quiere que se acerque a alguna

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criatura, se necesita todo mi poder para
hacerla someterse al sacrificio, por eso deja
hacer a tu Jesús y tranquilízate.”

   Y yo:

    “Jesús mío, ellos tienen razón, dicen que no
ven ningún hecho, ningún bien positivo, todas
son palabras; y yo, no que quiera algo, lo que
quiero es que haga tu Santísima Voluntad, y que
lo que pasa entre Tú y yo quede en el secreto de
nuestros corazones.”

   Y Jesús:

   “¡Ah! hija mía, ¿te habría gustado que mi
Redención la hubiera obrado en el secreto de
mi Padre Celestial y de mi querida Mamá que
debía concebirme?

    Y después, ¿que ningún otro hubiera
sabido que Yo había descendido a la tierra?

    Un bien, por cuán grande sea, si no es
conocido no produce vida, no se multiplica, no
es amado ni imitado.

    Así que mi Redención habría quedado sin
efecto por parte de las criaturas; hija mía,

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déjalos decir y hazme hacer, no te preocupes y
haz todo lo que Yo hice estando en la tierra,
tanto interior como exterior, y que no se
conoce aún ni ha recibido su pleno y deseado
fruto, especialmente mi Vida oculta24; las
criaturas casi nada conocieron de todo el bien
que hice y sin embargo sirvió admirable y
prodigiosamente ante mi Padre Divino, para
preparar y hacer madurar el fruto de la
Redención, pero aparentemente Yo vivía junto
a las criaturas ignorado, pobre, abyecto y
despreciado, pero esto decía nada, ante mi
Padre Yo era lo que era, y mi obrar interno
abría entre el Cielo y la tierra mares de luz, de
gracias, de paz y de perdón.

     Mi interés era el de abrir el Cielo para bien
de la tierra, cerrado desde hacía tantos siglos,
y que mi Padre mirara con amor a las
criaturas; el resto, hecho esto, vendría por sí
mismo.

24
   Por esta razón los evangelistas nada narran de la vida oculta de Jesús: porque su vida exterior no tuvo
nada de milagroso o prodigioso que pudiera decirse, fue un niño y luego un joven que aparentemente hacía
lo mismo que los demás niños y jóvenes de su edad, pero… su continua actividad interior con su Divinidad
en su Humanidad fue lo grandioso, lo que preparó, formó e hizo madurar la obra toda de la redención. Sus
mismos contemporáneos de Nazaret, ya en su vida pública decían: “¿De dónde le viene a éste tales cosas y
qué sabiduría es ésta que le ha sido dada, y cómo se hacen por su mano tales milagros? ¿No es acaso el
carpintero, hijo de María y el primo de Santiago, de José, de Judas y de Simón?”, pues eso fue lo que vieron
durante sus treinta años de vida oculta, a un carpintero… En los evangelios sólo se narra la adoración de los
Magos, la huida a Egipto y el regreso a Nazaret, la visita al templo de Jerusalén, y después de ésta, dicen:
“Bajó con ellos y vino a Nazaret, y les estaba sujeto, y su Madre conservaba todo en su corazón. Jesús crecía
en sabiduría y edad y gracia ante Dios y ante los hombres”. Y en ese “ante Dios” está implícita toda su
actividad interior como la describe en éste y otros muchos capítulos. Ver también nota 17.


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    Así que esto no fue solamente un gran
bien, sino fue el todo, fue la levadura, el
preparativo, el fundamento de la Redención.

    Así es de ti, es necesario que ponga la
levadura de mi Querer, que forme los
preparativos, que ponga los fundamentos, que
entre tú y Yo haya sumo acuerdo, entre mis
actos internos y los tuyos, para abrir el Cielo a
nuevas gracias, a nuevas corrientes y disponer
a la Majestad Suprema a conceder la gracia
más grande:

   ‘Que su Voluntad sea conocida en la tierra
y que viva en medio de las criaturas con su
pleno dominio, como vive en el Cielo.’

   Y mientras tú te ocupas en esto, ¿crees
que la tierra no reciba ningún bien?

    ¡Ah, te equivocas! Las generaciones corren
vertiginosamente por una pendiente en el mal;
¿quién las sostiene?

    ¿Quién impide que queden sumergidas en
su carrera vertiginosa hasta desaparecer de la
faz de la tierra?


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                                        Divina Voluntad




    Recuerda que no hace mucho el mar
rompió sus límites bajo la tierra amenazando
de tragar países enteros y tu mismo país
estaba en gran peligro.

   ¿Quién detuvo ese flagelo?

    ¿Quién hizo detener y encerrar las aguas
en sus límites?

    Es precisamente éste el gran flagelo que se
prepara a la horrible carrera vertiginosa de las
criaturas; la misma naturaleza está cansada de
tantos males y quisiera reivindicar los
derechos de su Creador; por eso todas las
cosas naturales quisieran ponerse contra el
hombre; el mar, el fuego, el viento, la tierra,
están por salir de sus confines para dañar y
golpear a las generaciones para diezmarlas.

    ¿Y te parece poco que mientras la raza
humana       está     sumergida      en    males
irremediables, Yo te llame a ti y elevándote
entre el Cielo y la tierra y fundiéndote con mis
mismos actos te haga correr en mi Voluntad
para preparar el acto opuesto a los tantos
males que anegan la tierra, preparando el bien,
buscando vencer al hombre con mi Amor para
detenerlo en su vertiginosa carrera, dándoles

                                                   173
                                         Divina Voluntad




la cosa más grande, cual es la Luz de mi
Voluntad, a fin de que conociéndola la tome
como alimento para restaurar sus fuerzas
perdidas, y así, reforzado, se detenga en su
loca carrera y readquiera el paso firme para no
precipitarse más en los males?”

    Entonces mi Jesús ha desaparecido y yo he
quedado más amargada al pensar en la horrible
carrera de las criaturas y en el trastorno que la
naturaleza hará contra ellas.

    Entonces, habiendo yo regresado a la oración,
mi Jesús ha regresado en forma que daba
compasión, me parecía inquieto, gemía, se dolía,
se extendía en mí, se volteaba ora a la derecha,
ora a la izquierda, y yo le preguntaba:

    “Jesús, amor mío, ¿qué tienes? ¡Ah! Tú sufres
mucho, dividamos juntos las penas, no quieras
estar solo, ¿no ves cuánto sufres y cómo no
puedes más?”

    Ahora, mientras esto decía, me he encontrado
fuera de mí misma en brazos de un sacerdote,
pero mientras que la persona parecía sacerdote,
la voz me parecía de Jesús, el cual me ha dicho:



                                                    174
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    “Haremos un camino larguísimo, sé atenta
a lo que ves.”

     Y caminábamos sin tocar la tierra; primero yo
lo llevaba a Él en brazos, pero como me seguía un
perro como si me quisiera morder, yo tenía temor
y para quitarme el temor hemos cambiado
posición y Él me llevaba a mí.

   Y le he dicho:

   “¿Por qué no lo has hecho antes?

    Me has hecho sentir temor, y yo no te decía
nada porque creía que era necesario que te
llevara yo; ahora estoy contenta, porque estando
yo en brazos no me podrá hacer nada.”

   Y yo decía:

   “Me lleva en brazos Jesús.”

   y Él repetía:

   “Llevo entre mis brazos a Jesús.”

   Pero el perro seguía todo nuestro camino, y
me ha tomado un pie con el hocico, pero sin
mordérmelo.

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                                          Divina Voluntad




   El camino ha sido muy largo y yo preguntaba
con frecuencia:

   “¿Cuánto camino nos falta?”

   Y El: “Otras 100 millas.”

   Después, preguntando de nuevo ha dicho:

     “Otras 30”, y así hasta que hemos llegado a
la ciudad.

    ¿Y ahora quién puede decir lo que a lo largo
del camino se veía?

    Dónde, pueblos reducidos a montones de
piedras; dónde, lugares inundados y pueblos
sepultados en las aguas; dónde, se desbordaban
los mares, dónde los ríos, dónde se abrían
vorágines de fuego; me parecía que todos los
elementos se ponían de acuerdo entre ellos para
dañar a las generaciones humanas y formaban
sepulturas para sepultarlas.

    Pero lo que más se veía a lo largo del camino
y que más daba pavor, era el ver los males de las
criaturas, todo era tinieblas que salían de ellas,
pero tinieblas densas, acompañadas de un tufo
corrompido y venenoso; eran tantas las tinieblas

                                                     176
                                          Divina Voluntad




que muchas veces no se podía discernir que
punto era; todo parecía fingimiento, doblez, y si
algún bien había, era todo superficial y aparente,
pues dentro anidaban los vicios más feos y
urdían las más insidiosas conjuras, que
disgustaban mayormente al Señor que si
abiertamente hicieran el mal, y esto en toda clase
de personas.

    ¡Qué clase de polilla que corroe toda la raíz
del bien! En otros puntos se veían revoluciones,
asesinar a las personas a traición, ¿pero quién
puede decir todo lo que se veía?

    Entonces yo cansada de ver tantos males,
repetía a menudo, ¿y cuándo terminaremos este
largo camino?

   Y quien me llevaba, todo pensativo respondía:

   “Otro poco, no has visto todo aún.”

    Finalmente, después de muchas fatigas me he
encontrado en mí misma, en mi lecho, y mi dulce
Jesús que continuaba lamentándose porque
sufría mucho, extendiéndome los brazos me ha
dicho:



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                                          Divina Voluntad




   “Hija mía, dame un poco de reposo, porque
no puedo más.”

   Y apoyando su cabeza sobre mi pecho parecía
que quería dormir, pero su sueño no era un
sueño tranquilo y yo, no sabiendo qué hacer, me
he recordado de la Santísima Voluntad, donde
hay pleno reposo y le he dicho:

    “Amor mío, extiendo mi inteligencia en tu
Voluntad para poder encontrar tu inteligencia
increada, de manera que extendiendo la mía en la
tuya hago sombra a todas las inteligencias
creadas, de modo que sentirás tu sombra
entrepuesta a todas las mentes creadas, y así
podrás encontrar reposo a la santidad de tu
inteligencia; extiendo mis palabras en tu Fiat
para poder entreponer entre las voces humanas
la sombra de aquel Fiat Omnipotente, y así podrá
reposar tu respiro, tu boca; extiendo mis obras en
las tuyas para entreponer entre las obras de las
criaturas la sombra y la santidad de las tuyas,
para dar reposo a tus manos; extiendo en tu
Voluntad mi pequeño amor para hacerte la
sombra de tu inmenso Amor, que entrepongo
entre todos los corazones para dar reposo a tu
corazón atormentado.”



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                                         Divina Voluntad




   Entonces, conforme esto iba diciendo, mi
Jesús se tranquilizaba y tomaba un dulce sueño.

    Después de algún tiempo se ha despertado,
pero calmado y estrechándome me ha dicho:

    “Hija mía, he podido reposar porque me
has circundado con la sombra de mis obras, de
mi Fiat y de mi Amor; este es el reposo que Yo
dije después de haber creado todas las cosas, y
como el hombre fue el último que fue creado
quería reposarme en él, esto es, en virtud de
mi Voluntad obrante en él, que formando en él
mi sombra, debía hacerme encontrar mi
reposo y el cumplimiento de mis obras.

    Pero esto me fue negado, pues no quiso
hacer mi Voluntad, y hasta en tanto que no
encuentre quién quiera vivir de mi Voluntad,
que forma en el alma la sombra de mi imagen,
no encontrando mi sombra no puedo reposar,
porque no puedo cumplir mis obras y dar la
última pincelada divina a toda la Creación. Por
eso la tierra tiene necesidad de ser purgada y
renovada, pero con purgas fuertes, tanto que
muchos dejarán la vida. Tú ten paciencia y
sigue siempre mi Voluntad.”
                   Luisa, Luisa, Luisa




                                                    179
                                         Divina Voluntad




                              Diciembre 8, 1924
                                               Vol. 17




Acerca de la Inmaculada Concepción.
Prueba a la cual fue sometida la Virgen.


   Estaba pensando acerca de la Inmaculada
Concepción de mi Soberana Reina Mamá, a mi
mente afluían los méritos, las bellezas y los
prodigios de su Inmaculada Concepción, prodigio
que supera todos los demás prodigios hechos por
Dios en toda la Creación.

   Ahora, mientras esto pensaba decía entre mí:

    “Grande es el prodigio de la Inmaculada
Concepción, pero mi Mamá Celestial no tuvo
ninguna prueba en su Concepción, todo le fue
propicio, tanto de parte de Dios como de parte de
su naturaleza, creada por Dios tan feliz, tan
santa, tan privilegiada; entonces, ¿cuál fue su
heroísmo y su prueba?




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    Si de la prueba no fue excluido el ángel en el
Cielo, ni Adán en el Edén, ¿acaso sólo la Reina de
todos debía ser excluida de la aureola más bella,
que la prueba debía poner sobre su cabeza
augusta de Reina y de Madre del Hijo de Dios?”

   Mientras esto pensaba, mi amable Jesús
moviéndose en mi interior me ha dicho:

    “Hija mía, nadie puede ser acepto a Mí sin
la prueba. Si no hubiera estado la prueba
habría tenido una Madre esclava, no libre, y la
esclavitud no entra en nuestras relaciones ni
en nuestras obras, ni puede tomar parte en
nuestro libre amor.

    Mi Mamá tuvo su primera prueba desde el
primer instante de su Concepción, en cuanto
tuvo su primer acto de razón, conoció su
voluntad humana por una parte y la Voluntad
Divina por la otra, y fue dejada libre para
elegir a cuál de las dos voluntades debía
adherirse, y Ella, sin perder un instante y
conociendo toda la magnitud del sacrificio que
hacía, nos donó su voluntad sin quererla
conocer más25, y Nosotros le hicimos don de la
nuestra, y en este intercambio de donación de
25
  Ésta es la sustancia de la Virginidad Perpetua de María. Adán perdió la virginidad en la que fue creado
cuando tomó del “árbol” del conocimiento del bien y del mal, es decir, cuando conoció su voluntad humana
separada de la Voluntad de Dios.


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voluntades por ambas partes, afluyeron todos
los méritos, las bellezas, los prodigios, los
mares inmensos de gracia en la Inmaculada
Concepción de la más privilegiada de todas las
criaturas26.


    Es siempre la voluntad la que tengo
costumbre de probar; todos los sacrificios, aun
la muerte, sin la voluntad me darían asco y no
atraerían ni siquiera una de mis miradas.

    ¿Pero quieres saber tú cuál fue el más
grande prodigio obrado por Nosotros en esta
criatura tan santa, y el más grande heroísmo
que ninguno, ninguno podrá jamás igualar de
tan bella criatura?

    Su vida la comenzó con nuestra Voluntad,
la siguió y la cumplió, así que se puede decir
que cumplió desde que comenzó, y comenzó
desde que cumplió; y nuestro más grande
prodigio fue que en cada pensamiento suyo,
26
   Este intercambio de donación de voluntades o “cambio de corazones” que tantas veces vemos realizado
en la vida de los santos constituye la unión perfecta, la perfección cristiana, y es aquélla en la que el hombre
muerto a sí mismo, habiendo negado todo lo que es suyo, hasta su propio yo (su propia voluntad), principio
de todo pecado y de toda imperfección, libre y racionalmente se entrega totalmente a Dios en un acto de
amor perfecto y desde ese momento adquiere una actividad intensísima y perfecta porque Dios es ya el que
obra en él y junto con él; es poner toda su capacidad, toda su actividad en el pensar y, sobre todo, en el
querer a disposición de Dios y como adhiriéndose y sumándose plenamente al pensar y al querer de Dios. Y
si esto sucede en los santos… ¿qué habrá sido en la Santísima Virgen María, que desde el primer instante de
su concepción los abarca a todos y los supera a todos juntos? Ver nota 21.


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palabra, respiro, latido, movimiento y paso,
nuestro Querer desahogaba sobre de Ella y Ella
nos ofrecía el heroísmo de un pensamiento, de
una palabra, de un respiro, de un latido divino
y eterno obrante en Ella.

    Esto la elevaba tanto, que lo que Nosotros
éramos por naturaleza, Ella lo era por Gracia;
todas sus demás prerrogativas, sus privilegios,
su misma Inmaculada Concepción, habrían
sido una nada en comparación de este gran
prodigio; es más, fue esto lo que la confirmó y
la volvió estable y fuerte durante toda su
vida27.

    Mi Voluntad continua, desbordante sobre
de Ella, le participaba la naturaleza divina, y
su continuo recibirla la hizo fuerte en el amor,
fuerte en el dolor, distinta entre todos. Fue
esta nuestra Voluntad obrante en Ella, lo que
atrajo al Verbo a la tierra, lo que formó la
semilla de la Fecundidad divina para poder
concebir un Hombre y Dios sin obra humana, y
27
  Como se aprecia, aquí no sólo se trata del aspecto negativo de la concepción inmaculada de María, que
consiste en qué no tuvo: el pecado original, sino se trata del aspecto positivo, es decir, en que sí tuvo: todos
esos privilegios únicos, especialmente ese don de vivir en la Divina Voluntad, del que como de una fuente
brotaban todos los demás. (Ver nota 26).

Es completamente cierto en teología que “La Santísima Virgen María no sólo no pecó jamás, sino que fue
confirmada en gracia desde el primer instante de su inmaculada concepción y era, por consiguiente,
impecable.” Esta confirmación en gracia exige que desde ese momento haya sido probada y que libremente
aceptara vivir siempre así, por eso fue necesario absolutamente darle el uso de razón desde el primer
momento. (Ver nota 21).


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                                         Divina Voluntad




la hizo digna de ser Madre de su mismo
Creador.

    Por eso Yo insisto siempre sobre mi
Voluntad, porque conserva al alma bella como
salió de nuestras manos, la hace crecer como
copia original de su Creador, y por cuantas
obras grandes y sacrificios uno pueda hacer, si
mi Voluntad no entra dentro, Yo los rechazo,
no los reconozco, no es alimento para Mí; y las
obras más bellas sin mi Voluntad llegan a ser
alimento de la voluntad humana, de la propia
estima y de la voracidad de la criatura.”


                   Jesús, Jesús, Jesús




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                                         Divina Voluntad




                                   Mayo 1, 1925
                                               Vol. 17




La misión de Luisa es única: El hacer
conocer los méritos, el valor y el bien que
la Divina Voluntad contiene, y hacerla
reinar sobre la tierra.


   Estaba pensando en las tantas cosas que mi
amado Jesús me ha dicho sobre su Santísima
Voluntad, y una duda me ha venido en el alma,
que no es necesario decirla; diré sólo lo que mi
sumo Bien me ha dicho:

    “Hija mía, en ciertas misiones u oficios
van encerrados juntos tales dones, gracias,
riquezas y prerrogativas, los cuales, si no fuera
por la misión o por ocupación de oficio, no
sería necesario que se poseyeran, pero que
debido a la necesidad de desempeñar el oficio
le han sido dados.

    Mi Humanidad tuvo por misión de mi
Divinidad la salvación de todas las almas y el
oficio de Redentor, de redimirlas; por este
oficio me fueron confiadas sus almas, sus

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penas, sus satisfacciones, así que Yo encerré
todo, y si mi Humanidad no hubiera encerrado
en Ella un alma, una pena, una satisfacción, el
oficio de Redentor no habría estado completo,
por lo tanto no habría encerrado en Mí todas
las gracias, los bienes, la luz que era necesario
dar a cada alma.

    Y si bien no todas las almas se salvan, esto
dice nada, Yo debía encerrar los bienes de
todas, para hacer que por todas tuviera, por
parte      mía,     gracias    necesarias      y
sobreabundantes para poder salvar a todas;
esto me convenía por decoro y por justo honor
a mi oficio de Redentor.

    Esto le sucede al sol que está sobre vuestro
horizonte, que contiene tanta luz que puede
dar luz a todos, y a pesar que no todos
quisieran gozar de su luz, él, por el oficio
único de sol que tiene, posee aquella misma
luz que las criaturas pudiesen rechazar.

    Si esto sucede con el sol porque fue creado
por Dios como único astro que debía calentar
la tierra y abrazarla con su luz, – cuando una
cosa o un oficio es único, para poder
desempeñar su oficio es necesario que
contenga tanto de aquel bien que pueda darlo

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                                                                                         Divina Voluntad




a todos, sin que por darlo a los demás
disminuya ni un átomo – , mucho más esto me
convenía a Mí, que debía ser el nuevo Sol de
las almas, que debía con mi Luz dar Luz a
todos y abrazar todo para poderlos llevar a la
Majestad Suprema y poderle ofrecer un acto
que contuviera todos los actos, y hacer
descender sobre todos la Luz para ponerlos a
salvo.

   Además de Mí está mi Celestial Mamá, que
tuvo la misión única de Madre del Hijo de Dios
y el oficio de Corredentora del género
humano.

    Como misión de Maternidad Divina fue
enriquecida de tanta Gracia, que unido todo
junto lo de todas las demás criaturas, celestes
y terrestres, jamás podrán igualarla; pero esto
no bastó para atraer al Verbo a su seno
materno; abrazó a todas las criaturas, amó,
reparó, adoró a la Majestad Suprema por
todas, de manera de poder hacer Ella sola todo
lo que las generaciones humanas debían hacer
hacia Dios28; entonces en su corazón virginal
28
  Es tesis común y completamente cierta en teología que “la predestinación de María a la maternidad divina
fue total y absolutamente gratuita e independiente de cualquier mérito previsto de María, sin embargo en el
orden de la ejecución la Virgen se dispuso convenientemente para ser digna Madre del Verbo encarnado”.
Y en éste y en otros capítulos Jesús enseña a Luisa en qué consistió su actividad para disponerse a ser su
digna Madre: en “hacer Ella sola todo lo que todas las generaciones deberían haber hecho ante Dios”:
amor, reparaciones, agradecimientos, dolores, etc., correspondencia de amor por todas las cosas creadas


                                                                                                      187
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tenía una vena inagotable hacia Dios y hacia
todas las criaturas.

     Cuando la Divinidad encontró en esta
Virgen la compensación del amor de todos, se
sintió raptar y en Ella hizo su Concepción, y al
concebirme      Ella   tomó     el  oficio   de
Corredentora y tomó parte y abrazó junto
conmigo todas las penas, las satisfacciones,
las reparaciones, el amor materno hacia todos;
así que en el corazón de mi Mamá había una
fibra de amor materno hacia cada criatura.

    Por eso, con verdad y con justicia la
declaré, cuando Yo estaba sobre la cruz, Madre
de todos.

     Ella corría junto conmigo en el amor, en
las penas, en todo, no me dejaba jamás solo; y
si el Eterno no le hubiera dado tanta gracia de
poder recibir de Ella sola el amor de todos,
jamás se habría movido del Cielo para venir a
la tierra a redimir al género humano. He aquí
la necesidad, la conveniencia de que debido a

(como se verá en el capítulo siguiente) y cuando hubo cumplido esto, llenando todos los tiempos con esa su
actividad y a nombre de todos, habiendo llegado esa “plenitud de los tiempos” – como dice la Escritura – ahí
se encarnó el Verbo. Así que la “plenitud de los tiempos” no es una fecha o un día o un tiempo sino María
Santísima misma: “cuando la Divinidad encontró en esta Virgen la compensación del amor de todas las
criaturas…”
¡Ah, cómo estos escritos de Luisa, cuando se conozcan, se aprecien y se estudien, enriquecerán
enormemente, entre otros muchos temas, la teología mariana!


                                                                                                       188
                                        Divina Voluntad




la misión de Madre del Verbo tenía que abrazar
todo y sobrepasar todo.

    Cuando un oficio es único, viene como de
consecuencia que nada se le debe escapar,
debe tener bajo su mirada todo, para poder dar
ese bien que posee, debe ser como un
verdadero sol que puede dar luz a todos. Esto
fue de Mí y de mi Mamá Celestial.

    Ahora, tu misión de hacer conocer la
Voluntad eterna se entrelaza con la mía y con
la de mi querida Mamá, y debiendo servir para
bien de todos, era necesario concentrar en una
criatura este Sol eterno de mi Querer, para
que así, como misión única, pudiera este Sol,
desde una criatura, expandir sus rayos para
que todos puedan tomar el bien de su Luz.

    Entonces, por decoro y honor de mi
Voluntad debía derramar en ti tales gracias,
luz, amor y conocimiento de Ella, como
precursor y preparativo que convenían a la
habitación del Sol de mi Querer.

   Es más, tú debes saber que así como mi
Humanidad por el oficio de Redentor concibió
en Ella a todas las almas, así tú, por el oficio
de hacer conocer y reinar mi Voluntad,

                                                   189
                                       Divina Voluntad




mientras vas haciendo tus actos por todos en
mi Voluntad, todas las criaturas quedan
concebidas en tu voluntad, y conforme vas
repitiendo tus actos en la mía, así formas
otros tantos sorbos de Vida de Voluntad Divina
para poder alimentar a todas las criaturas que
en virtud de mi Voluntad quedan como
concebidas en la tuya.


     ¿No sientes cómo en mi Voluntad tú
abrazas a todas, desde la primera hasta la
última criatura que deberá existir sobre la
tierra, y por todas quisieras satisfacer, amar,
complacer a esta Suprema Voluntad, atarla a
todas, quitar todos los impedimentos que
impiden su dominio en las criaturas, hacerla
conocer por todas, y te ofreces tú, aun con
penas a satisfacer por todas a esta Voluntad
Suprema que tanto quiere hacerse conocer y
reinar en las criaturas?

     A ti es dado, hija primogénita de mi
Divino Querer, el hacer conocer los méritos, el
valor, el bien que mi Voluntad contiene y su
eterno dolor por vivir desconocida, oculta en
medio de las generaciones humanas, es más,
despreciada y ofendida, y puesta a la par de
las virtudes por los buenos, como si fuese una

                                                  190
                                         Divina Voluntad




pequeña linterna, como son las virtudes, y no
un Sol como es mi Voluntad.

    La misión de mi Voluntad es la más
grande que puede existir, no hay bien que de
Ella no descienda, no hay Gloria que de Ella
no me venga; Cielo y tierra, todo concentra,
por eso sé atenta y no quieras perder el
tiempo; todo lo que te he dicho para esta
misión de mi Voluntad era necesario, no por ti
sino por el honor, la Gloria, el conocimiento y
la Santidad de mi Voluntad, y así como mi
Querer es uno, a quien debía confiarlo debía
ser una, por medio de la cual debía hacer
resplandecer sus rayos para hacer bien a
todos.”


                   María, María, María




                                                    191
                                        Divina Voluntad




                                  Mayo 4, 1925
                                              Vol. 17




La Misión de la Divina Voluntad reflejará
a la Santísima Trinidad en la tierra, y
hará que el hombre regrese a su origen.


    Después de haber escrito lo que está arriba,
me he puesto a hacer la adoración a mi
crucificado Jesús, fundiéndome toda en su
Santísima Voluntad, y mi amado Jesús ha salido
de dentro de mi interior y poniendo su Santísimo
rostro junto al mío, todo ternura me ha dicho:

   “Hija mía, ¿has escrito todo sobre la
misión de mi Voluntad?”

   Y yo:

   “Sí, sí, he escrito todo.”

   Y Él de nuevo:




                                                   192
                                       Divina Voluntad




   “Y si te dijera que no has escrito todo, es
más, la cosa más esencial la has dejado; por
eso vuelve a escribir y agrega:

    La misión de mi Voluntad reflejará a la
Santísima Trinidad en la tierra; y como en el
Cielo están el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo, inseparables entre Ellos, pero distintos
entre Ellos, los cuales forman toda la
bienAventuranza del Cielo, así en la tierra
habrán tres personas que por su misión serán
distintas e inseparables entre ellas:

   La Virgen con su Maternidad, que refleja la
Paternidad del Padre Celestial y encierra su
Potencia para cumplir su misión de Madre del
Verbo Eterno y Corredentora del género
humano; mi Humanidad para la misión de
Redentor encerró la Divinidad, y el Verbo sin
separarse jamás del Padre y del Espíritu Santo
para manifestar mi Sabiduría celestial,
agregando el vínculo de hacerme inseparable
con mi Mamá; tú, para la misión de mi
Voluntad, el Espíritu Santo hará desahogo de
su Amor manifestándote los secretos, los
prodigios de mi Querer, los bienes que
contiene para hacer felices a aquellos que
querrán conocer cuánto bien contiene esta
Voluntad Suprema, para amarla y hacerla

                                                  193
                                          Divina Voluntad




reinar entre ellos, ofreciendo sus almas para
hacerla habitar en sus propios corazones para
poder formar su Vida en ellos, agregando el
vínculo de la inseparabilidad entre tú, la
Madre y el Verbo Eterno.

     Estas tres misiones son distintas e
inseparables, y las primeras dos han preparado
las gracias, la luz, el trabajo, y penas inauditas
para la tercera misión de mi Voluntad, para
fundirse ambas en ella, sin dejar su oficio para
encontrar reposo, porque sólo mi Voluntad es
reposo celestial.

     Estas misiones no se repiten, porque es
tal y tanta la exuberancia de la Gracia, de la
Luz, del conocimiento, que todas las
generaciones humanas podrán quedar llenas,
es más, no podrán contener todo el bien que
contienen.

     Estas misiones están simbolizadas en el
sol, que al crearlo lo llené de tanta luz y calor,
de modo que todas las generaciones humanas
tienen luz sobreabundante, y no tuve en
cuenta que al principio de la Creación, siendo
sólo Adán y Eva que debían gozárselo, hubiera
podido poner en el sol una luz que bastase
solamente para ellos dos y después hacerla

                                                     194
                                      Divina Voluntad




crecer en proporción al crecimiento de las
generaciones humanas, no, no, lo hice lleno de
luz como es todavía ahora y será.

   Mis obras, por decoro y honor de nuestra
Potencia, Sabiduría y Amor, son siempre
hechas con la plenitud de todo el bien que
contienen y no están sujetas a crecer o
decrecer; así hice con el sol, concentré en él
toda la luz que debía servir hasta al último
hombre.


    ¿Y cuántos bienes no hace el sol a la
tierra?

   ¿Cuánta Gloria en su muda luz no da a su
Creador?

    Puedo decir que me glorifica y me hace
conocer más el sol en su mudo lenguaje, por
los inmensos bienes que hace a la tierra, que
todas las demás cosas juntas, y esto porque es
pleno en su luz y estable en su curso.

    Cuando miré el sol que con tanta luz sólo
Adán y Eva gozaban, miré también a todos los
vivientes, y viendo que esa luz debía servir a


                                                 195
                                         Divina Voluntad




todos, mi Paterna Bondad exultó de alegría y
quedé glorificado en mis obras.

    Así hice con mi Mamá, la llené de tanta
Gracia que puede dar gracias a todos sin
agotar una sola; así hice con mi Humanidad,
no hay bien que no posea, encierra todo, aún a
la misma Divinidad, para darla a quien la
quiera; así he hecho contigo, he encerrado en
ti mi Voluntad, y con Ella me he encerrado a
Mí    mismo;     he    encerrado   en    ti  sus
conocimientos, sus secretos, su Luz; he
llenado tu alma hasta el borde, tanto, que lo
que escribes no es otra cosa que el desahogo
de lo que contienes de mi Voluntad; y a pesar
de que ahora te sirve sólo a ti, y algún rayo de
luz a alguna otra alma, Yo me contento,
porque siendo Luz, por sí misma, más que
segundo sol se hará camino para iluminar las
generaciones      humanas      y     llevar   el
cumplimiento de nuestras obras, que nuestra
Voluntad sea conocida y amada y reine como
vida en las criaturas.


    Esta fue la finalidad de la Creación, éste su
principio, éste será el medio y el fin. Por eso
sé atenta, porque se trata de poner a salvo esa
Voluntad eterna que con tanto Amor quiere

                                                    196
                                       Divina Voluntad




habitar en las criaturas, pero quiere ser
conocida, no quiere estar como extraña sino
quiere dar sus bienes y hacerse vida de cada
uno; pero quiere sus derechos, su lugar de
honor; quiere que la voluntad humana se
ponga a un lado, única enemiga suya y del
hombre.

    La misión de mi Voluntad fue la finalidad
de la creación del hombre.

    Mi Divinidad no partió del Cielo, de su
trono, pero mi Voluntad no sólo partió, sino
que descendió en todas las cosas creadas y ahí
formó su Vida.


    Pero mientras todas las cosas me
reconocieron, y Yo con majestad y decoro en
ellas habito, sólo el hombre me arrojó; pero Yo
quiero conquistarlo y vencerlo, así que mi
misión no ha terminado, por eso te he llamado
a ti, confiándote mi misma misión, a fin de
que pongas en el regazo de mi Voluntad al que
me arrojó, y todo me regrese en mi Querer.

    Por eso no te asombres por cuantas cosas
grandes y maravillosas pueda decirte para esta
misión, por cuantas gracias pueda hacerte,

                                                  197
                                         Divina Voluntad




porque no se trata de hacer un santo, de salvar
a las generaciones, sino se trata de poner a
salvo una Voluntad Divina, que todos regresen
al principio, al origen del cual todos salieron,
y que la finalidad de mi Voluntad tenga su
cumplimiento.”


                   Luisa, Luisa, Luisa




                                                    198
                                         Divina Voluntad




                                  Agosto 9, 1925
                                               Vol. 18




Corresponder a Dios en amor por todas
las cosas creadas, es el primer deber de la
criatura. La Divina Voluntad fue dada
como Vida primaria de la criatura.


    Jesús mío, dame la fuerza, Tú que ves la gran
repugnancia que siento al escribir, que si no
fuera por la bendita obediencia y el temor de
desagradarte jamás habría escrito una sola
palabra. Tus largas privaciones me aturden y me
vuelven incapaz de todo, por eso tengo necesidad
de mayor ayuda, para poner en el papel lo que tu
Santo Querer me sugiere. Así que dame la mano y
estate siempre junto conmigo.

    Ahora, mientras me estaba fundiendo en el
Santo Querer Divino para corresponder en amor a
Dios por todo lo que hizo en la Creación por amor
de las criaturas, el pensamiento me decía que no
era necesario hacerlo, ni era agradable a mi
Jesús este modo de orar, me decía que todo era
invención de mi cabeza.

                                                    199
                                        Divina Voluntad




    Y mi siempre amable Jesús, moviéndose en
mi interior me ha dicho:

    “Hija mía, tú debes saber que este modo de
orar, esto es, corresponder a Dios en amor por
todas las cosas creadas por Él, es un derecho
divino y entra en el primer deber de la
criatura.

    La Creación fue hecha por amor del
hombre, es más, fue tanto nuestro Amor, que
si hubiera sido necesario hubiéramos creado
tantos cielos, tantos soles, estrellas, mares,
tierras, plantas, y todo lo demás, por cuantas
criaturas debían venir a la luz de este mundo,
a fin de que cada una tuviera una Creación
para sí, un universo todo suyo, como en efecto
cuando todo fue creado, sólo Adán fue el
espectador de todo lo creado, él podía gozar
todo el bien que quería. Y si no lo hicimos fue
porque el hombre podía gozar igualmente todo
como si fuera suyo, a pesar de que los demás
también lo gozan.

    En efecto, ¿quién no puede decir el sol es
mío y gozar de la luz del sol por cuanta quiera,
quién no puede decir el agua es mía y quitarse
la sed y servirse de ella donde la necesita,

                                                   200
                                       Divina Voluntad




quién no puede decir que el mar, la tierra, el
fuego, el aire son cosas mías?

    Y tantas otras cosas creadas por Mí, y si
alguna cosa parece que al hombre le falta,
Entonces, siendo así que en todas las cosas
creadas Dios vinculaba su Amor hacia cada
criatura, en ella entraba el deber de
corresponder a Dios con su pequeño amor, con
su gratitud, con su gracias hacia quien tanto
había hecho por ella.

     Este no corresponder en amor a Dios por
todo lo que ha hecho en la Creación para el
hombre, es el primer fraude que hace la
criatura a Dios, es un usurpar sus dones sin ni
siquiera reconocer de donde vienen, ni a quien
tanto la ha amado; por eso es el primer deber
de la criatura, y es tan indispensable e
importante este deber, que aquélla que tomó a
pecho toda nuestra Gloria, nuestra defensa,
nuestro interés, no hacía otra cosa que girar
por doquier, desde la más pequeña hasta la
más grande de las cosas creadas por Dios para
imprimir su correspondencia de amor, de
Gloria, de agradecimiento por todos y a
nombre de todas las generaciones humanas.



                                                  201
                                                 Divina Voluntad




    ¡Ah sí, fue propiamente mi Mamá Celestial
que llenó Cielos y tierra de la correspondencia
por todo lo que Dios había hecho en la
Creación!29

    Después de Ella fue mi Humanidad la que
cumplió este deber tan sacrosanto, al cual la
criatura había faltado tanto, tanto, así que
fueron mis oraciones y las de mi inseparable
Mamá lo que hizo propicio a mi Padre Celestial
hacia el hombre culpable.

   ¿No quieres tú                entonces   repetir     mis
mismas oraciones?

    Es más, por esto te he llamado en mi
Querer, a fin de que te asocies con Nosotros y
sigas y repitas nuestros actos.”

     Entonces yo buscaba por cuanto podía, girar
por todas las cosas creadas para dar a mi Dios la
correspondencia del amor, de la Gloria, del
agradecimiento por todo lo que había hecho en la
Creación. Me parecía ver en todas las cosas la
correspondencia de amor de mi Emperatriz Mamá
y de mi amado Jesús, esta correspondencia
formaba la más bella armonía entre el Cielo y la
tierra y vinculaba al Creador con la criatura.
29
     Ver nota anterior, n° 28.


                                                            202
                                       Divina Voluntad




    Cada correspondencia de amor era una tecla,
una sonatina de música celestial que raptaba, y
mi dulce Jesús ha agregado:

    “Hija mía, todas las cosas creadas no
fueron otra cosa que un acto de nuestra
Voluntad que las hizo salir fuera, ellas no
pueden apartarse de su lugar, ni cambiar
efectos, ni posición, ni el oficio que cada una
recibió de su Creador; ellas no son otra cosa
que espejos donde el hombre debía mirar los
reflejos de las cualidades de su Creador, dónde
la Potencia, dónde la Belleza, en otras cosas
creadas la Bondad, la Inmensidad, la Luz, etc.,
en suma, cada cosa creada predica al hombre
las cualidades de su Creador, y con voces
mudas le dicen cuánto lo amo.

    En cambio al crear al hombre no fue sólo
mi Voluntad, sino una emanación que salió de
nuestro seno, una parte de Nosotros mismos
que infundimos en él, y por eso lo creamos
libre de voluntad, a fin de que creciera
siempre en belleza, en sabiduría, en virtud; a
semejanza nuestra él podía multiplicar sus
bienes, sus gracias.



                                                  203
                                       Divina Voluntad




    ¡Oh, si el sol fuera libre de voluntad y
pudiera hacer de uno dos soles, de dos, cuatro
soles etc., qué Gloria, qué honor no daría a su
Creador, y cuánta Gloria también para él
mismo!

     Sin embargo, lo que no pueden hacer las
cosas creadas porque están privadas de libre
albedrío y porque fueron creadas para servir al
hombre, lo puede hacer el hombre, porque él
debía servir a Dios; así que todo nuestro Amor
estaba concentrado en el hombre y por eso
pusimos todo lo creado a su disposición, todo
ordenado en torno a él, para que el hombre se
sirviera de nuestras obras como de tantos
escalones y caminos para venir a Nosotros
para conocernos y para amarnos.

    ¿Pero cuál no es nuestro dolor al ver al
hombre por debajo de nuestras cosas creadas,
es más, transformada por el pecado en fealdad
su bella alma dada por Nosotros, y no solo no
crecido en el bien, sino horrible al verse?

    No obstante, como si todo lo que fue
creado para él no bastara a nuestro amor, para
custodiar este libre albedrío le hicimos el don
más grande que superó todos los demás dones,
esto es, le dimos nuestra Voluntad como

                                                  204
                                        Divina Voluntad




preservativo, como antídoto, como preventivo
y ayuda a su libre voluntad; así que nuestra
Voluntad se puso a su disposición para darle
todas aquellas ayudas de las cuales el hombre
tuviera necesidad; así que nuestra Voluntad le
fue dada como vida primaria y acto primero de
todas sus obras.

    Debiendo él crecer en gracia y belleza,
tenía necesidad de una Voluntad Suprema que
no sólo hiciera compañía a su voluntad
humana, sino que se sustituyera al obrar de la
criatura; pero también este gran don despreció
y no lo quiso conocer.

    Ves entonces como nuestra Voluntad entra
en la vida primaria de la criatura, y mientras
tiene su acto primero, su vida, la criatura
crece siempre en gracia, en luz, en belleza,
conserva el vínculo del acto primero de su
creación, y Nosotros recibimos la Gloria de
todas las cosas creadas, porque sirven a
nuestra Voluntad obrante en la criatura, única
finalidad de toda la Creación. Por eso te
recomiendo que nuestra Voluntad sea para ti
más que vida y el acto primero de todas tus
acciones.”
                  Jesús, Jesús, Jesús




                                                   205
                                        Divina Voluntad




                                Agosto 15, 1925
                                              Vol. 18




Todas las cosas creadas caminan hacia el
hombre. La fiesta de la Asunción se
debería llamar la fiesta de la Divina
Voluntad.


    Continuaba fundiéndome en el Santo Querer
Divino para corresponder a mi Jesús con mi
pequeño amor por todo lo que ha hecho por el
género humano en la Creación, y mi amado Jesús
moviéndose en mi interior, para dar más valor a
mi pequeño amor hacía junto conmigo lo que yo
hacía, y mientras estaba en esto me ha dicho:

    “Hija mía, todas las cosas creadas fueron
hechas para el hombre y todas corren hacia él,
no tienen pies, pero todas caminan, todas
tienen un movimiento, o para encontrarlo o
para hacerse encontrar:

     La luz del sol parte desde la altura de los
cielos para encontrar a la criatura, iluminarla

                                                   206
                                         Divina Voluntad




y calentarla; el agua camina para llegar hasta
las vísceras humanas para quitarle la sed y
refrescarla; las plantas, las semillas, caminan
y desgarran la tierra, forman su fruto para
darse al hombre, no hay cosa creada que no
tenga un paso, un movimiento, hacia quien el
Eterno Artífice las había dirigido en su
creación; mi Voluntad mantiene el orden, la
armonía y las mantiene a todas en camino
hacia las criaturas, así que es mi Voluntad que
camina siempre en las cosas creadas hacia la
criatura, no se detiene jamás, es toda
movimiento hacia quien tanto ama, ¿sin
embargo quién dice un gracias a mi Voluntad
que le lleva la luz del sol, el agua para beber
para quitarle la sed, el pan para quitarle el
hambre, el fruto, la flor para recrearlo y tantas
otras cosas que le lleva para hacerlo feliz?

   ¿No es justo que mi Voluntad, haciendo
todo para el hombre, el hombre hiciera todo
para cumplir mi Voluntad?

    ¡Oh! si tú supieras la fiesta que hace mi
Voluntad en las cosas creadas cuando camina
y sirve a quien cumple mi Voluntad.

     Mi Voluntad obrante y cumplida en la
criatura y mi Voluntad obrante en las cosas

                                                    207
                                         Divina Voluntad




creadas, mientras se encuentran juntas se
besan, armonizan, se aman y forman el himno,
la adoración a su Creador, y el portento más
grande de toda la Creación.

    Las cosas creadas se sienten honradas
cuando sirven a la criatura que es animada por
esa misma Voluntad que forma su misma Vida
de ellas; en cambio mi Voluntad se pone en
actitud de dolor en las mismas cosas creadas
cuando debe servir a quien no cumple mi
Voluntad; he aquí por qué sucede que muchas
veces las cosas creadas se ponen contra el
hombre, lo golpean, lo castigan, porque ellas
se vuelven superiores al hombre conservando
íntegra en ellas aquella Voluntad Divina por la
cual fueron animadas desde el principio de su
creación, y el hombre ha descendido a lo bajo,
no conservando en él la Voluntad de su
Creador.”

     Después de esto me he puesto a pensar en la
fiesta de mi Celestial Mamá Asunta al Cielo, y mi
dulce Jesús con un acento tierno y conmovedor
ha agregado:

    “Hija mía, el verdadero nombre de esta
fiesta debería ser:


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                                         Divina Voluntad




   ‘La fiesta de la Divina Voluntad.’

    Fue la voluntad humana la que cerró el
Cielo, que destrozó los vínculos con su
Creador, la que hizo salir todas las miserias, el
dolor y que puso término a las fiestas que la
criatura debía gozar en el Cielo.

     Ahora, esta criatura, Reina de todos, con
hacer siempre y en todo la Voluntad del
Eterno, es más, se puede decir que su vida fue
sólo la Voluntad Divina, abrió el Cielo, se
vinculó con el Eterno e hizo volver las fiestas
en el Cielo con la criatura; cada acto que hacía
en la Voluntad Suprema era una fiesta que
iniciaba en el Cielo, eran soles que formaba
como ornamentos de estas fiestas, eran
músicas que enviaba para alegrar la Jerusalén
celestial, así que la verdadera causa de esta
fiesta es la Voluntad eterna obrante y
cumplida en mi Mamá Celestial, que obró tales
prodigios en Ella, que dejó estupefactos a
Cielos y tierra, encadenó al Eterno con los
vínculos indisolubles de amor, raptó al Verbo
Eterno hasta su seno; los mismos ángeles,
raptados, repetían entre ellos:




                                                    209
                                        Divina Voluntad




    ‘¿De dónde tanta Gloria, tanto honor,
tanta grandeza y tantos prodigios jamás
vistos, en esta excelsa criatura?

   No obstante es del exilio que viene.’

    Y atónitos reconocían la Voluntad de su
Creador como vida y obrante en Ella y
estremeciéndose decían:

    ‘¡Santa, santa, santa, honor y Gloria a la
Voluntad de nuestro soberano Señor y Gloria y
tres veces santa Aquélla que ha hecho obrar a
esta Suprema Voluntad!’

    Así que es mi Voluntad la que más que
todo fue y es festejada en el día de la Asunción
al Cielo; fue mi Voluntad únicamente la que
hizo ascender tan alto a mi Madre Santísima y
la que la distinguió entre todas las criaturas,
todo lo demás habría sido nada si no hubiera
poseído el prodigio de mi Querer.

    Fue mi Voluntad que le dio la Fecundidad
divina y la hizo Madre del Verbo, fue mi
Voluntad la que le hizo ver y abrazar a todas
las criaturas juntas, haciéndose madre de
todas y amando a todas con un amor de


                                                   210
                                       Divina Voluntad




maternidad divina, y haciéndola Reina de
todos la hacía imperar y dominar.

    En aquel día mi Voluntad recibió los
primeros honores, la Gloria y el fruto
abundante de su labor en la Creación y
comenzó su fiesta que jamás interrumpe por la
glorificación de su obrar en mi amada Madre; y
si bien el Cielo fue abierto por Mí y muchos
santos estaban ya en posesión de la Patria
Celestial cuando la Reina celestial fue asunta
al Cielo, sin embargo la causa primaria era
precisamente Ella, que había cumplido en todo
la Suprema Voluntad, y por eso se esperó a
Aquélla que tanto la había honrado y contenía
el verdadero prodigio de la Santísima Voluntad
para hacer la primera fiesta al Supremo
Querer.

    ¡Oh, cómo todo el Cielo glorificaba,
bendecía, alababa a la eterna Voluntad cuando
veía a esta sublime Reina entrar en el
empíreo, en medio de la corte celestial, toda
fundida en el Sol eterno del Querer Supremo!
La veían toda adornada por la Potencia del
Fiat Supremo, no había habido en Ella ni
siquiera un latido que no tuviera impreso en él
este Fiat, y atónitos la miraban y le decían:


                                                  211
                                       Divina Voluntad




    ‘Asciende, asciende más arriba, es justo
que Aquélla que tanto ha honrado al Fiat
Supremo y que por medio suyo nos
encontramos en la Patria celestial, tenga el
trono más alto y que sea nuestra Reina.’

   Y el más grande honor que recibió mi
Mamá fue el ver glorificada la Divina
Voluntad.”


                 María, María, María




                                                  212
                                        Divina Voluntad




                               Octubre 10, 1925
                                              Vol. 18




Intercambio de Voluntad entre Dios y la
Santísima Virgen y Luisa. La Santísima
Virgen repite al alma lo que hizo a su
Hijo.


     Encontrándome en mi acostumbrado estado,
mi pobre mente se encontraba en una atmósfera
altísima, me parecía ver a la Divinidad y sobre
una rodilla del Padre Celestial a mi Reina Mamá
muerta, como si no tuviera vida; yo maravillada
pensaba entre mí:

   “Mi Mamá está muerta, pero qué muerte feliz
morir sobre las rodilla de nuestro Creador.”

    Pero mirando mejor, veía como si su voluntad
estuviese separada del cuerpo, estaba en las
manos del Padre Divino.




                                                   213
                                         Divina Voluntad




    Yo asombrada miraba pero no me sabía
explicar lo que veía, pero una voz que salía del
trono decía:

    “Esta es la elegida entre todas las elegidas,
es la toda bella, es la única criatura que nos
hizo don de su voluntad y muerta nos la dejó
sobre las rodillas, en nuestras manos, y
Nosotros en correspondencia le hicimos don
de nuestra Voluntad30.

    Don más grande no podíamos hacerle,
porque con la adquisición de esta Suprema
Voluntad tuvo poder de hacer descender al
Verbo sobre la tierra y de hacer formar la
Redención del género humano.

    Una voluntad humana no tendría poder
sobre Nosotros ni ningún atractivo, en cambio
una Voluntad Divina dada por Nosotros
mismos a esta incomparable criatura nos
venció, nos conquistó, nos raptó, y no
pudiendo resistir cedimos a sus instancias de
hacer descender al Verbo sobre la tierra.

    Ahora esperamos que vengas tú a morir
sobre la otra rodilla, donándonos tu voluntad,
y Nosotros, viéndola muerta en nuestras
30
     Ver nota 26.


                                                    214
                                         Divina Voluntad




manos, como si no existiera más para ti, te
haremos don de la nuestra y por medio tuyo,
es decir, por medio de esta nuestra Voluntad
donada a ti, regresará a vivir nuestro Fiat
sobre la tierra.

     Estas dos voluntades muertas sobre
nuestras rodillas serán el rescate de tantas
voluntades rebeldes, y las tendremos como
prendas preciosas que nos reharán de los
tantos males de todas las demás criaturas,
porque    con    nuestra  Voluntad    podrán
satisfacernos.”

    La voz no se oía más, y yo me he encontrado
sobre la otra rodilla Paterna en acto de dar el
último respiro quedando muerta, pero en ese
mismo instante me he encontrado en mí misma,
pero no sé decir lo que sentía en mí, sólo rogaba
de corazón que no más mi voluntad entrara en
mí, sino que sólo la Divina tuviese vida en mí.

    ¡Ah, sólo Ella es la portadora de todos los
bienes y la repetidora de Jesús en las almas, que
haciendo eco al Fiat de la Creación abraza todo y
a todos como de un solo golpe y corresponde a
Dios por la obra de la Creación, Redención y
Santificación!


                                                    215
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   La Voluntad Divina obrante en nosotros todo
puede hacer, es la verdadera Reina que reina e
impera sobre todo.

    Después veía a mi Mamá Celestial con el niño
Jesús entre sus brazos, que lo besaba y lo ponía
a su pecho para darle su purísima leche, y yo le
he dicho:

     “Mamá mía, ¿y a mí nada me das? ¡Ah!
permíteme al menos que ponga mi te amo entre
tu boca y la de Jesús mientras os besáis, a fin de
que en todo lo que hagáis corra junto mi pequeño
te amo.”

        Y Ella me dijo:


   “Hija mía, pon también tu pequeño te
amo no sólo en la boca, sino en todos los
actos que corren entre Mí y mi Hijo.

   Tú debes saber que en todo lo que hacía
hacia mi Hijo, tenía la intención de hacerlo
hacia las almas 31 que debían vivir en la
31
  Es maravilloso saber que así como la Santísima Virgen ejerció su maternidad espiritual y divina hacia Jesús,
así quiere ejercerla hacia cada uno de nosotros.

Su Santidad Juan Pablo II en su encíclica Redemptoris Mater en el n° 47 nos dice: “Durante el Concilio Pablo
VI proclamó solemnemente que ‘María es Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios,
tanto de los fieles como de los pastores’. Más tarde, el año 1968 en la Profesión de Fe, conocida bajo el


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nombre de ‘Credo del pueblo de Dios’, ratificó esta afirmación aun más comprometida con las palabras
´Creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el Cielo su misión
maternal para con los miembros de Cristo, cooperando al nacimiento y desarrollo de la vida divina en las
almas de los redimidos’.”

Un excelente mariólogo contemporáneo, como lo es el P. Neubert, exponiendo en su libro “María en el
dogma” este emocionante aspecto de la maternidad espiritual y divina de María hacia cada uno de nosotros
dice, comparando entre la vida natural recibida de nuestros padres y la vida que recibimos de María, que
“hay una distancia en cierto modo infinita, y esto porque lo que recibimos de Ella es la misma vida de Dios.
Ser partícipes de la naturaleza divina, vivir de la misma vida que vive la adorable Trinidad, poder decir que
por esta vida hacemos una sola cosa con Cristo, que el principio que lo anima a Él es el mismo que nos anima
a nosotros… ¡qué misterios para extasiarnos durante toda la eternidad! Pues bien, María es quien nos
engendra a esta vida divina. Al hacernos partícipes de la vida divina nos hace partícipes también, según la
medida de nuestra capacidad, de los atributos de esta vida.”

Un poco más adelante dice: “María nos ama con el amor mismo con que ama a Jesús, pues nosotros
formamos una sola cosa con Él…”

Todos los teólogos reconocen la presencia de María y su intervención maternal, pero no han llegado a
precisar todavía la naturaleza de esa acción. Pues claro, para precisarla y conocerla se necesita que sea Dios
mismo quien nos la revele.

Pero volviendo al texto de Luisa, dice que María quiere hacer con nosotros y en nosotros lo que hizo con
Jesús, (esto es, amarnos con el mismo amor con el que lo amó a Él). En otro lugar, Jesús le dice a Luisa
acerca de esto: “Ella (María) vivía de mi palpitar eterno y Yo vivía de su palpitar materno…” ¿Qué era éste su
palpitar materno? En otro lugar se lo dice así:

“Ahora, hija mía, escúchame y ponme atención. Quiero decirte una gran sorpresa de nuestro amor y quiero
que no dejes escapar nada: quiero hacerte conocer hasta dónde llegó la maternidad de mi Madre Celestial
qué cosa hizo y cuánto le costó y le cuesta aún. Debes saber que la gran Reina no sólo me hizo de Madre
con concebirme en su seno, con darme a la luz, con nutrirme con su leche, con prestarme todos los cuidados
posibles que se necesitaron a mi infancia, no, esto no era suficiente ni a su amor materno ni a mi amor de
Hijo. Por eso, su amor materno corría en mi mente y si algún pensamiento doloroso me afligía, Ella extendía
su maternidad en cada pensamiento doloroso me afligía, Ella extendía su maternidad en cada pensamiento
mío, lo ocultaba en su amor y lo besaba, así que mi mente me la sentía Yo oculta bajo sus alas maternas que
no me dejaban nunca solo; cada pensamiento mío tenía a mi Mamá que me amaba y me prestaba todos sus
cuidados maternos. Su maternidad se extendía en cada respiro mío, en cada latido de mi corazón, y si mi
respiro y mi latido estaban ahogados por el amor y por el dolor, Ella corría con su maternidad para no
dejarme ahogar por el amor y poner el bálsamo a mi corazón traspasado. Si Yo miraba, si caminaba, si
obraba, Ella corría para recibir en su amor materno mis miradas, mis palabras, mis obras, mis pasos, lo
investía con su amor materno, los ocultaba y los conservaba en su Corazón y me hacía de Mamá. En el
alimento que me preparaba hacía correr su materno amor, así que Yo, al comerlo, sentía su maternidad que
me amaba… Además, ¿qué decirte, cuánta ostentación de maternidad hizo en mis penas? No hubo pena ni
gota de mi sangre que Yo derramara en la cual no sintiera a mi querida e inseparable Mamá y después de
que me hacía de Mamá, tomaba mis penas, mi sangre y se las ocultaba en su Corazón materno para amarlas
y continuar su maternidad.

¿Quién puede decirte cuánto me amó y cuánto la amé? Mi amor fue tanto que Yo no sabía estar en todo lo
que hacía sin sentir su maternidad junto conmigo. Puedo decir que Ella corría para no dejarme nunca, aun


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en mis respiros, y Yo la llamaba. Su maternidad fue para Mí una necesidad, un consuelo, un apoyo para toda
mi vida de acá abajo.

Ahora, hija mía, escucha otra sorpresa de amor de tu Jesús y de nuestra Mamá Celestial, porque en todo lo
que se hacía entre Mí y mi Mamá el amor no encontraba obstáculo ni estorbo alguno, el amor del uno corría
en el amor del otro para formar una sola vida de amor, y ahora, queriendo hacer lo mismo con todas las
almas… ¡cuántos obstáculos, cuántos estorbos, rechazos e ingratitudes! Pero mi amor no se detiene jamás.
Has de saber que al extender mi inseparable Mamá su maternidad dentro y fuera de Mí, Yo la constituía y la
confirmaba como Madre de cada pensamiento de criatura, de cada respiro, da cada latido, de cada palabra…
y hacía extender su maternidad en todas las obras de todas las criaturas, en sus pasos, en todas sus penas.
Su maternidad corre por doquier; en los peligros de caer en pecado, corre, cubre con su maternidad a las
almas para que no caigan, y si caen, deja su maternidad como ayuda y defensa para hacerlas levantarse. Su
maternidad corre y se extiende en las almas que quieren ser buenas y santas y como si encontrara a su Jesús
en ellas, hace de madre a su inteligencia, guía sus palabras, las cubre y las guarda en su amor materno para
hacer crecer otros tantos Jesús; su maternidad hace ostentación el lecho de los moribundos y sirviéndose de
los derechos de autoridad de Madre que le fueron dados por Mí, me dice con acento tan tierno que yo no se
lo puedo negar: ‘Hijo mío, soy Madre y ellos son Hijos míos, debo ponerlos a salvo; si no me concedes esto,
mi Maternidad queda estéril.’ Y mientras esto me dice, los cubre con su amor y los esconde en su
maternidad para ponerlos a salvo.

Mi amor fue tanto que le dije: ‘Madre mía, quiero que Tú seas la Madre de todos y lo que me has hecho a Mí
lo hagas a todas las criaturas. Tu maternidad se extienda en cada acto de ellas de manera que a todas las
vea Yo cubiertas y ocultas en tu amor materno’. Y mi Mamá aceptó y quedó confirmada en que no sólo
debía ser Madre de todas sino que debía investir cada acto de ellas con su amor materno. Y ésta fue una de
las gracias más grandes que hice a todas las generaciones humanas…, pero ¿cuántos dolores no recibe mi
Mamá? Llegan a no querer recibir su maternidad, a desconócerla. Por eso todo el Cielo pide y espera con
ansia que la Divina Voluntad sea conocida y reine, porque sólo entonces la gran Reina hará a sus hijos lo que
hizo a su Jesús y su maternidad tendrá vida en sus hijos. Yo cederé mi lugar en su Corazón materno a
quienes quieran vivir en mi Querer. Ella me los hará crecer y guiará sus pasos, los ocultará en su
maternidad y santidad; en todos sus actos se verá impreso su amor materno y su santidad, serán
verdaderos hijos suyos que me asemejarán en todo. Ah, cómo quisiera que todos supieran que quien quiera
vivir en mi Querer tiene una Reina y Madre poderosa que suplirá lo que a ellos falte, los hará crecer en su
regazo materno y en todo lo que hagan Ella estará junto con ellos para modelar los actos de ellos a los
suyos, tanto que se conocerá que son hijos crecidos, custodiados y educados por el amor de la maternidad
de mi Mamá. Y éstos serán los que la harán contenta, serán su gloria y su más grande honor.”

¿Qué se puede decir de este trozo de los escritos de Luisa?

A nosotros se nos ocurren dos cosas:

Primera: Que nadie nunca ha hablado así de la Maternidad espiritual y divina de María hacia Jesús y hacia
nosotros… Para comentar y profundizar en este texto no nos bastaría un libro entero y mucho menos el
breve espacio de una nota. Pero quien lo lea podrá meditarlo quién sabe cuántas veces y aprovecharlo.

Segunda: Por parte de la Santísima Virgen no hay falla en su actividad materna, la falla está en nosotros en
nuestra actitud de hijos, pues no sabemos vivir con Jesús: con la necesidad de “sentir” su maternidad divina
en todo lo que hacemos, no tenemos corazón de verdaderos hijos para llamarla en todo. Nuestra relación
con Ella se reduce a una tibia devoción, y esto en el mejor de los casos…



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Voluntad Divina, porque estando en Ella
estaban dispuestas a recibir todos aquellos
actos que Yo hacía hacia Jesús, y
encontraba    espacio     suficiente  donde
depositarlos. Así que si Yo besaba a mi Hijo,
las besaba a ellas, porque las encontraba
junto con Él en su Suprema Voluntad.

    Eran ellas las primeras como alineadas
en Él, y mi amor materno me empujaba a
hacerlas participar de lo que hacía a mi Hijo.

    Gracias grandes se necesitaban para
quien debía vivir en esta Santa Voluntad, y
Yo ponía a su disposición todos mis bienes,
mis gracias, mis dolores, para su ayuda,
defensa, fortaleza, apoyo, luz; y Yo me
sentía feliz y honrada, con los honores más
grandes, por tener por hijos míos los hijos
de la Voluntad del Padre Celestial, la cual
también Yo poseía, y por eso los veía
también como partos míos.

    Es más, de ellos se puede decir lo que se
dice de mi Hijo, que las primeras


Queremos terminar esta nota repitiendo lo que dijimos en la nota n° 28: ¡Ah, cómo estos escritos de Luisa,
cuando se conozcan, se aprecien y se estudien, enriquecerán enormemente, entre otros muchos temas, la
teología Mariana!



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generaciones encontraban la salvación en
los méritos del futuro Redentor.

    Así estas almas en virtud de la Voluntad
Divina obrante en ellas, estas futuras hijas
son aquellas que imploran incesantemente
la salvación, las gracias a las futuras
generaciones; están con Jesús y Jesús en
ellas, y repiten junto con Jesús lo que
contiene Jesús.

    Por eso, si quieres que te repita lo que
hice a mi Hijo, haz que te encuentre
siempre en su Voluntad, y Yo te daré
magnánimamente mis favores.”


                  Luisa, Luisa, Luisa




                                                   220
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                                             Vol. 18




Quien es llamado como cabeza de una
misión, debe encerrar todos los bienes
pertenecientes a aquella misión para
comunicarlos a los demás. Es costumbre
de la Sabiduría eterna establecer los actos
de la criatura para dar cumplimiento al
bien que quiere hacer en ella.


    Estaba fundiéndome según mi costumbre en
el Santo Querer Divino, y mi dulce Jesús
moviéndose en mi interior me ha estrechado toda
a Sí, y se ha puesto en actitud de darme una
lección y de corregirme, y me ha dicho:

    “Hija mía, sé atenta en hacer tus actos en
mi Voluntad, tú debes saber que quien es
llamado como cabeza de una misión, cuanto
más encierra del bien perteneciente a esa
misión tanto más bien podrá comunicar a los
demás; esos bienes serán como tantas semillas

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que prestará a los demás, a fin de que quien
tenga la fortuna de querer adquirir esos
gérmenes se volverá poseedor de la cosecha de
esas semillas.

    Esto sucedió en Adán, que siendo el primer
hombre fue constituido cabeza de todas las
generaciones, y siendo él la cabeza se volvía
necesario que debía poseer los gérmenes para
poder dar a los demás lo que es necesario para
el desarrollo de la vida humana; si luego estos
gérmenes han sido agrandados, explicados,
más conocidos según la buena voluntad de las
generaciones siguientes, por la capacidad y
aplicación que han hecho sobre aquellos
mismos gérmenes, pero Adán los tenía todos
en sí, y se puede decir que todo viene de él;
así que se pude decir que al ser creado por
Dios fue dotado de todas las ciencias; lo que
los demás aprenden con tantas fatigas, él lo
poseía como don en modo sorprendente; así
que poseía el conocimiento de todas las cosas
de esta tierra, tenía la ciencia de todas las
plantas, de todas las hierbas, y la virtud que
cada una de ellas contenía, tenía la ciencia de
todas las especies animales y de cómo debía
usar de ellos32, tenía la ciencia de la música,
32
   El Génesis (2, 19) dice: “Formados, pues, de la tierra todos los animales del campo y todas las aves del
cielo, las hizo Yahvé Dios desfilar ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que el nombre de todos
los seres vivientes fuese aquél que les pusiera el hombre. Así, pues, el hombre puso nombres a todos los


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animales domésticos, y a las aves del cielo y a todas las bestias del campo…” Sabemos que “poner nombre”
a una cosa es designarla por sus características y cualidades especiales y ¿cómo habría podido Adán hacerlo
si no hubiera tenido “la ciencia de todas las especies animales y de cómo debía usar de ellos?” Es doctrina
común entre los teólogos que “el primer hombre, Adán, recibió, como maestro y cabeza de toda la
humanidad, una ciencia y sabiduría excelentísima, infundida por Dios en el instante mismo de su creación”.

Esta es una de las primeras veces que Luisa escribe acerca de Adán y del modo como fue creado; a partir de
aquí (volumen 18), se encuentran numerosos capítulos acerca de este punto tan importante como lo es no
sólo la creación de nuestro primer padre Adán sino también su primer periodo de vida antes del pecado:
qué hacía, cómo lo hacía, qué santidad poseía, cómo toda la vida humana pende de él, etc. Nunca en los
escritos ni un rasgo de evolución panteísta ni materialista, ni siquiera de un cierto evolucionismo perfectivo,
sino en todo conforme con el magisterio de la Iglesia y con la teología sobre este punto. Y si bien el tema
principal de este libro es la Santísima Virgen María, vamos a incluir aquí unos pocos pasajes de los escritos
que tratan sobre Adán:

“Hija mía, hija primogénita de mi Voluntad, como a hija de Ella quiero develarte la santidad de aquél que
poseyó el Reino de mi Fiat Divino: En el principio de la creación este Reino tuvo su vida, su perfecto dominio
y su completo triunfo, así que este Reino no es del todo extraño a la familia humana, y como no es extraño
está toda la esperanza de que retorne de nuevo en medio de ella para reinar y dominar. Ahora, has de saber
que Adán poseyó tal santidad cuando fue creado por Dios y sus actos, aun mínimos, tenían tal valor, que
ningún santo, ni antes ni después de mi venida a la tierra, puede compararse con su santidad, y todos los
actos de éstos no llegan al valor de un solo acto de Adán, porque él poseyó en mi Voluntad Divina la plenitud
de la santidad, la totalidad de todos los bienes divinos, y ¿sabes tú que significa plenitud? Significa estar
lleno hasta el borde, hasta derramar afuera luz, santidad, amor; estar lleno de todas las cualidades divinas
de modo de poder llenar cielo y tierra, de la cual tenía el dominio y extendía en ella su reino. Por eso cada
acto suyo hecho en esta plenitud de los bienes divinos tenía tal valor que ningún otro, por cuanto se
sacrificara, sufriera e hiciera el bien, pero que no poseyera el Reino de mi Voluntad y su total dominio,
puede compararse a uno de estos actos en el Reino de Ella. Así que la gloria y el amor que me dio Adán
hasta en tanto que vivió en el Reino de mi Querer, ninguno, ninguno me los ha dado, porque él en sus actos
me daba plenitud y totalidad de todos los bienes, y sólo en mi Voluntad se encuentran estos actos, fuera de
Ella, no existen. Por esto Adán tenía sus riquezas y sus actos de valor infinito que le participaba mi Querer
ante la Divinidad: porque Dios al crearlo ningún vacío dejó en él sino que todo fue plenitud divina, por
cuanto a la criatura le es posible contener…”

“Hija mía, ahora has de saber que verdaderamente Adán posee en el Cielo una gloria que ningún otro por
cuan santo haya sido le es dada, excepto mi Mamá Celestial; y esto porque ningún otro santo posee un acto
solo en la unidad de mi Voluntad Divina. Era justo y decoroso para nuestra Majestad Divina que la primera
criatura salida de nuestras manos creadoras poseyera más gloria que todos los demás, y mucho más porque
el primer periodo de su vida fue hecho como Nosotros quisimos, se puede decir que era vida nuestra,
voluntad y obras nuestra que corrían en él, ¿cómo poder destruir este primer periodo de la vida de Adán si
fue más nuestra que suya? Es inútil pensarlo porque lo que se hace en nuestra Divina Voluntad es intangible,
ninguno puede tocarlo porque entra en el orden divino e infinito. Y si bien él cayó, pero sus actos hechos
hasta entonces quedaron íntegros y bellos tal como los había hecho. Este primer periodo de vida de Adán es
inolvidable, hija mía, para Nosotros, para él y para todo el Cielo. Así que en virtud de este primer periodo de
su vida inocente y hecha toda en la unidad de nuestro Fiat, Adán posee tal gloria y belleza que con ninguno
se puede comparar y al solo verlo todos los bienaventurados reconocen cuán bella, majestuosa y
enriquecida de tanta gracia fue la creación del primer hombre. Al verlo se ve en él el bien incalculable de la
Divina Voluntad en la criatura, la alegría y la felicidad que se puede poseer y sólo en él, como dentro de un
espejo, ven los bienaventurados cómo fue creado el hombre, el amor exuberante que le dimos, las riquezas


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del canto, de la escritura, de la medicina, en
suma, de todo; y si las generaciones poseen
cada una su ciencia especial, Adán las poseía
todas.

   Ve entonces que quien debe ser cabeza es
necesario que encierre en sí todo el bien que
debe participar a los demás.

    Así es de ti hija mía, como te he llamado
como cabeza de una misión especial, más que
a nuevo Adán, y no se trata de las ciencias
humanas sino de la ciencia de las ciencias, la
cual es mi Voluntad, ciencia toda de Cielo,
quiero que encierres en ti todos los gérmenes
que mi Voluntad contiene, y por cuantos más
actos hagas en Ella, y por cuantos más
conocimientos adquieras, tantos más rayos de
con que lo dotamos… todo le dimos por cuanto la criatura puede contener hasta derramar fuera y poder
inundar toda la tierra. Y si esto no fuera así que en Adán no se viera toda la magnificencia de la obra de
nuestras manos creadoras, ni siquiera en el Cielo se podría conocer lo más grande que hicimos en la
creación y lo que hace y puede hacer la criatura en nuestra Voluntad Divina.”

Qué importante es todo este conocimiento acerca de nuestro primer padre Adán, que no queda sólo como
un conocimiento histórico de lo que fue su creación y su gran periodo de vida antes del pecado sino como
un conocimiento práctico al descubrirlo como el más santo y el más perfecto en el Cielo y que, lógicamente,
su intercesión para quien quiere vivir en la Divina Voluntad es poderosísima. Algunas personas que
conocieron a Luisa cuentan que cuando alguien se acercaba a ella para pedirle oraciones y explicaciones
para vivir en la Divina Voluntad, ella les decía: “Rézale a tu padre Adán, él te ayudará”.

Todo este conocimiento acerca de Adán, Jesús le dice a Luisa que no lo había revelado antes porque la
criatura no conociendo el vivir en la Divina Voluntad, el vivir en la unidad del Fiat Divino, no habría
comprendido nada. Y esto es ciertísimo, pues nadie sabe nada de este período de la vida de Adán.

No nos extendemos más, sólo decimos que en los escritos de Luisa hay abundantísimo material sobre este
tema de Adán antes del pecado.


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                                          Divina Voluntad




Luz pondrás al Sol de mi Voluntad; y así,
habiendo mayor plenitud de Luz, más se podrá
difundir para bien de las generaciones, de
modo que tocadas por la plenitud de la Luz,
podrán conocer con más claridad el bien que
contiene mi Voluntad, qué significa vivir en
Ella, y el gran bien con el cual quedan
enriquecidas.

     Sucederá como sucede con el sol, que
como posee tanta plenitud de luz, puede con
facilidad tomar como en un puño a toda la
tierra, calentarla, iluminarla y fecundarla, de
modo que todos pueden conocer, quién más,
quién menos, el bien que hace con llevar su
luz a todos; pero si el sol en lo alto de su
esfera fuera pobre de luz, no podría la luz que
desciende a lo bajo iluminar plenamente toda
la tierra, a lo más a una pequeña parte de la
tierra que girara más cercana al sol.

    Y si al sol que debía iluminar naturalmente
a la tierra le di tal plenitud de luz para el bien
de todas las generaciones, mucho más quiero
llenar de plenitud de Luz el Sol de mi
Voluntad, que debe iluminar las almas,
calentarlas y poner en ellas la fecundidad del
germen de la Santidad Divina.


                                                     225
                                        Divina Voluntad




     Ahora, así como elegí a Adán como
cabeza, así como elegí un punto del cielo
donde fijar el centro del sol que debía iluminar
a la tierra, así te he elegido a ti como centro
del Sol de mi Voluntad, y debe ser tanta la
plenitud de la Luz, que todos podrán gozar y
ser investidos por esta Luz, y hacerla cada uno
como cosa propia, por eso se necesitan tus
actos completos en mi Voluntad y los
conocimientos que Yo te voy manifestando,
para formar la plenitud de esta Luz.

    Es costumbre de la Sabiduría Eterna
establecer los actos de la criatura que son
necesarios para dar cumplimiento al bien que
le quiere hacer; esto sucedió para que viniera
a la tierra la Redención del Verbo Eterno, se
necesitó el curso de cuatro mil años, y para
este intervalo de tiempo estaban establecidos
todos los actos que debían hacer las criaturas
para disponerse a merecer el gran bien de la
Redención y todas las gracias y conocimientos
que debía dar la Suprema Majestad para hacer
conocer el mismo bien que debía llevar el
descendimiento del Verbo en medio de ellas.

     He aquí el por qué de los Patriarcas, de
los santos padres, de los profetas y todos los
buenos del antiguo testamento, los cuales, con

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                                        Divina Voluntad




sus actos debían hacer el camino, la escalera
para llegar al cumplimiento de la Redención
ansiada; pero esto no basta, por cuan buenos y
santos eran sus actos, estaba el muro altísimo
del pecado original que mantenía la división
entre ellos y Dios, he aquí el por qué se
necesitó una Virgen concebida sin mancha
original, inocente, santa y enriquecida por
Dios con todas las gracias, la cual hizo como
suyos todos los actos buenos del curso de los
cuatro mil años, los cubrió con su inocencia,
santidad y pureza, de modo que la Divinidad
veía aquellos actos a través de los actos de
esta inocente y santa criatura, la cual no sólo
abrazó todos los actos de los antiguos, sino
que Ella con los suyos los superó a todos, y
por eso obtuvo el descendimiento del Verbo a
la tierra.

     A todos los actos buenos de los antiguos,
les sucedió como a quien tiene mucho oro y
plata, pero en aquellos metales preciosos no
esta acuñada la imagen del rey que es lo que
da el valor de moneda al metal, y si bien por sí
mismo contiene valor, pero no puede llamarse
valor de moneda que pueda correr con derecho
en el reino; pero supón que aquel oro o plata
fueran adquiridos por el rey, y dándoles forma
de moneda acuñara sobre ella su imagen,

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                                        Divina Voluntad




entonces aquel oro adquirirá el derecho de
moneda. Así hizo la Virgen, sobre aquellos
actos acuñó su Inocencia, su Santidad, el
Querer Divino que Ella poseía íntegro, y los
presentó todos juntos a la Divinidad y obtuvo
el Redentor ansiado.

    Así que la Virgen completó todos los actos
que se necesitaban para hacer descender el
Verbo a la tierra; pero no terminó aquí, para
hacer que el Redentor tuviera su campo de
acción en la tierra y para hacer que cualquiera
que lo quisiera pudiera servirse de aquellos
actos como monedas para comprarse el Cielo,
se necesitaba el sello de la Inocencia, Santidad
y Querer Divino, se necesitaba el sello del
obrar del mismo Verbo para hacer subir al
hombre al Cielo.

    Si el sello de la Virgen bastó para hacerme
descender en medio de las criaturas, para
hacer subir al hombre se necesitaba mi obrar
divino; y he aquí por esto que Yo abracé e hice
míos todos aquellos actos, suplí a todos,
cumplí todo y por todos puse el sello divino a
todos los actos buenos, desde el primero hasta
el último hombre que vendrá a la tierra, y este
sello fue hecho por Mí con penas inauditas y
con el desembolso de mi sangre, y así di como

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                                       Divina Voluntad




rey magnánimo la      moneda    a   todos    para
comprarse el Cielo.

    Todo esto estaba establecido por la
Sabiduría Increada, y ni siquiera un acto podía
faltar de todo esto para venir a cumplimiento
la Redención.

    Ahora hija mía, así como fue de la
Redención así es de mi Voluntad. Para hacerla
conocer y hacerla reinar como acto primero de
vida en la criatura se necesita el cumplimiento
de los actos; también tú, a ejemplo de mi
Celestial Mamá y del mío, debes en mi misma
Voluntad abrazar todos los actos hechos en el
antiguo testamento, los de la Reina del Cielo,
aquellos hechos por Mí, aquellos que se hacen
y que se harán por todos los buenos y santos
hasta el último de los días, y a todos les
pondrás tu sello de correspondencia de amor,
de bendición, de adoración, con la Santidad y
Potencia de mi Voluntad, nada te debe
escapar.

    Mi Voluntad abraza todo, también tú
debes abrazar todo y a todos, y poner en ellos
en el primer puesto de honor, sobre todos los
actos de las criaturas a mi Voluntad. Ella será
tu sello, con el cual sellarás la imagen de mi

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                                        Divina Voluntad




Voluntad sobre    todos   los   actos   de       las
criaturas.

    Por eso tu campo es vasto; te quiero ver
correr en mi Voluntad sobre todas las gracias y
prodigios que hice en el antiguo testamento
para darme tu correspondencia de amor y de
agradecimiento, en los actos de los Patriarcas
y profetas para suplir su amor, no hay acto en
el que no te quiera encontrar, no me sentiría
satisfecho ni contento si no te encontrase en
todos los actos de las criaturas que se han
hecho y se harán, ni tú podrías decir que has
completado todo en mi Voluntad, te faltaría
alguna cosa del verdadero vivir en mi Querer.

    Por eso sé atenta si quieres que la
plenitud de la Luz sea suficiente para poder
iluminar con el Sol de mi Voluntad a todas las
gentes. Quien quiera dar luz a todos debe
abrazar a todos como en un solo abrazo, con el
hacerse vida y suplemento de todo y de todos.

    ¿No es tal vez mi Voluntad vida de todo?

    Y como esta vida viene correspondida con
tantas amarguras, ¿no se necesita entonces
quién corra en todos para endulzar estas
amarguras con el sustituirse como acto de

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                                       Divina Voluntad




vida con mi misma Voluntad por cada acto de
la ingrata criatura?”


                 Jesús, Jesús, Jesús




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                                          Divina Voluntad




                                    Marzo 6, 1926
                                                Vol. 19




Así como de la Mamá Celestial se supo la
cosa más importante, que el Hijo de Dios
era Hijo suyo, así será de la hija de la
Divina Voluntad, sólo se sabrá lo más
importante para hacerla conocer a Ella. El
bien no conocido no tiene camino para
comunicarse.


    Encontrándome en mi habitual estado, mi
siempre amable Jesús ha venido y tomándome la
mano en la suya me atraía a Él en lo alto, entre el
cielo y la tierra, y yo casi temiendo me estrechaba
a Jesús, agarrándome fuerte a su santísima
mano, y queriendo desahogar con Él mi pena que
tanto me oprime le he dicho:

   “Amor mío y vida mía, Jesús, tiempo atrás Tú
me decías que querías hacer de mí un copia de mi
Mamá Celestial, sin embargo de Ella casi nada se
supo de los tantos mares de Gracia con los que

                                                     232
                                          Divina Voluntad




Tú a cada instante la inundabas, no dijo nada a
ninguno, todo se lo reservó para Sí, ni en el
evangelio se dice algo de esto, sólo se sabe que
fue tu Mamá y que dio al mundo al Verbo Eterno,
a Ti, pero todo lo que pasó entre Tú y Ella de
favores, de gracia, se los reservó todos para Sí
misma.

    Pero para mí quieres al contrario, quieres que
manifieste lo que me dices, no quieres el secreto
de lo que pasa entre Tú y yo. Por eso estoy
doliente, ¿dónde está entonces la copia que
quieres hacer en mí de mi Mamá Celestial?”

    Y mi dulce Jesús estrechándome fuerte a su
corazón, todo ternura me ha dicho:

    “Hija mía, ánimo, no temas, así como fue
de mi Mamá, que no se supo otra cosa que lo
que fue necesario, que Yo era su Hijo y que por
medio de Ella vine a redimir las generaciones
humanas, y que fue Ella la primera en la cual
Yo tuve mi primer campo de acciones divinas
en su alma; todo el resto, de los favores, de los
mares de gracias que recibió, quedó en el
sagrario de los secretos divinos, pero sin
embargo se supo la cosa más importante, más
grande, más santa, que el Hijo de Dios era Hijo


                                                     233
                                        Divina Voluntad




suyo, esto para Ella era el honor más grande y
que la ponía por encima de todas las criaturas.

     Así que sabiéndose lo más de mi Mamá, lo
menos no era necesario; así será de mi hija,
sólo se sabrá que mi Voluntad ha tenido su
primer campo de acción divina en tu alma, y
todo lo que es necesario para hacer conocer lo
que respecta a mi Voluntad y cómo quiere
salir en campo para hacer que la criatura
regrese a su origen, cómo con ansia la espera
en sus brazos a fin de que no más haya
división entre Yo y ella; si esto no se supiera,
¿cómo pueden suspirar este gran bien?

   ¿Cómo     disponerse   a   una   gracia      tan
grande?

   Si mi Mamá no hubiese querido hacer
conocer que Yo era el Verbo Eterno e Hijo
suyo,  ¿qué  bien   habría  producido  la
Redención?

    El bien no conocido, por cuan grande sea,
no tiene caminos para comunicar el bien que
posee. Y así como mi Mamá no se opuso, así la
hija mía no se debe oponer a comunicar lo que
respecta a mi Voluntad, todo el resto de los
secretos, los vuelos que haces en mi Querer,

                                                   234
                                       Divina Voluntad




los bienes que tomas, las cosas más íntimas
entre Yo y tú permanecerán en el sagrario de
los secretos divinos, no temas, tu Jesús te
contentará en todo.”


                 María, María, María




                                                  235
                                          Divina Voluntad




                                  Marzo 28, 1926
                                                Vol. 19




Con vivir en el Querer Divino todos los
bienes quedan concentrados en el alma.
La finalidad primaria de la Redención fue
el Fiat Divino.


    Habiendo recibido la santa Comunión, estaba
llamando a todos, a mi Reina Mamá, a los santos,
al primer hombre Adán, con el séquito de todas
las generaciones hasta el último hombre que
vendrá sobre la tierra y además a todas las cosas
creadas, a fin de que todos junto conmigo,
postrados en torno a Jesús lo adoráramos, lo
bendijéramos y lo amáramos, a fin de que a Jesús
nada le faltara en torno a Él de todas las obras
salidas de sus manos, ni un solo corazón que
palpita, ni un sol que refulge, ni la vastedad del
cielo azul adornado de estrellas, ni el mar que
murmura, ni siquiera la pequeña florecita que
eleva su perfume, todo y a todos quisiera
concentrar en torno a Jesús Hostia, a fin de que

                                                     236
                                          Divina Voluntad




le rindieran los honores debidos; su Querer me
hacía todo presente como si todo fuera mío, y yo
quería dar todo a Jesús.

    Ahora, mientras esto hacía, me parecía que
Jesús era feliz al mirar a todas las generaciones y
las cosas suyas en torno a Él, y estrechándome a
Sí me ha dicho:

    “Hija mía, cómo estoy contento al ver en
torno a Mí a todas mis obras, me siento
restituir la alegría, la felicidad que les di al
crearlas, y Yo les correspondo con nueva
felicidad; este es el gran bien que contiene y
lleva mi Voluntad, y en quien vive en Ella
concentra los bienes de todos en ella, porque
mi Voluntad no hay bien que no lleve y vincula
el alma a todos y a todo lo que a Ella
pertenece, así que si la criatura no se hubiese
sustraído de mi Querer, Yo debía encontrar a
todos en una, y a cada una en todos; los
bienes, la luz, la fuerza, la ciencia, el amor, la
belleza, debían ser comunes a todos, no debía
haber ni tuyo ni mío, ni en el orden natural ni
en el orden espiritual, cada una de las
criaturas podría tomar cuanto quisiera.

   Símbolo del sol debía ser la vida humana
en mi Voluntad, que todos pueden tomar la luz

                                                     237
                                         Divina Voluntad




de este sol por cuanto quieran, sin que a
ninguno le falte, pero como se sustrajo de mi
Voluntad, los bienes, la luz, la fuerza, el amor,
la belleza, quedaron divididos y como
divididos entre las criaturas, por eso no hubo
más orden, ni armonía, ni verdadero amor, ni
hacia Dios ni entre ellos.

     ¡Oh! si el sol se pudiera dividir en tantos
rayos, separándose del centro de la luz, estos
rayos     solares    terminarían      volviéndose
tinieblas, y ¿qué sería de la tierra?

   ¡Ah, ciertamente ninguno habría podido
tener más una luz toda suya y toda para sí!

    Así fue de mi Voluntad, el hombre al
sustraerse de Ella perdió la plenitud de los
bienes, la plenitud de la luz, de la fuerza de la
belleza, etc., y por eso fue obligado a vivir con
penas y dificultades.

    Por eso sé atenta, tu vivir en mi Querer
sea continuo, a fin de que tú contengas todo y
Yo encuentre a todos en ti.”

   Después estaba pensando entre mí:



                                                    238
                                           Divina Voluntad




    “Si tanto bien contiene el verdadero vivir en la
Suprema Voluntad, ¿por qué mi Mamá Celestial,
que era toda Voluntad de Dios, no consiguió
junto al suspirado Redentor el Fiat Voluntas Tua
como en el Cielo así en la tierra, y así hacer
regresar al hombre en aquel Fiat Supremo de
donde salió, para darle nuevamente todos lo
bienes y el fin por el cual había sido creado?

   Mucho más que Ella, siendo toda Voluntad de
Dios, no tenía ningún alimento extraño a Dios,
por lo tanto poseía la misma Potencia divina y
con esta todo podía conseguir.”

    Y mi dulce Jesús moviéndose de nuevo en mi
interior, suspirando ha agregado:

    “Hija mía, todo lo que hizo mi Mamá y
todo lo que hice Yo en la Redención, su
finalidad primaria era que mi Fiat reinase
sobre la tierra; no sería ni decoroso, ni
verdadero amor, ni gran magnanimidad, ni
mucho menos obrar como aquel Dios que era,
si viniendo al mundo debiera y quisiera dar a
las criaturas la cosa más pequeña, como eran
los medios para salvarse, y no la cosa más
grande, como era mi Voluntad, que contiene
no sólo los remedios sino todos los bienes
posibles que hay en el Cielo y en la tierra, y no

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                                         Divina Voluntad




sólo la salvación y la santidad, sino aquella
santidad que la eleva a la misma Santidad de
su Creador.

     ¡Oh, si tú pudieras penetrar en cada
oración, acto, palabra y pena de mi indivisible
Mamá, tú encontrarías dentro el Fiat que
suspiraba e impetraba; si pudieras penetrar
dentro de cada gota de mi sangre, en cada
latido mío, respiro, paso, obra, dolor y lágrima,
encontrarías dentro el Fiat que tenía la
supremacía, que suspiraba y pedía para las
criaturas; pero mientras el fin primario era el
Fiat, mi Bondad debió descender al fin
secundario y casi hacer como un maestro que
mientras posee las ciencias más altas y podría
dar lecciones nobles y sublimes, dignas de sí,
como los escolares son todos analfabetas se
debe abajar a dar lecciones de “a, b, c”, para
poder poco a poco llegar a su fin primario de
impartir las lecciones de la ciencia que posee,
para hacer otros tantos maestros dignos de tal
maestro.

    Si este maestro no se quisiera abajar a dar
lecciones de estudios inferiores y quisiera dar
lecciones de su alta ciencia, los escolares,
siendo analfabetas, no lo habrían entendido y
confundidos por tanta ciencia ignorada por

                                                    240
                                       Divina Voluntad




ellos lo habrían dejado, y el pobre maestro por
no haberse querido abajar, no ha dado ni el
pequeño bien de su ciencia ni el grande.

     Ahora hija mía, cuando Yo vine a la tierra
las criaturas eran todas analfabetas en las
cosas del Cielo, y si Yo hubiese querido hablar
del Fiat y del verdadero vivir en Él, habrían
sido incapaces de comprenderlo si no
conocían el camino para venir a Mí, en su
mayor parte eran cojos, ciegos, enfermos; debí
abajarme en los vestidos de mi Humanidad que
cubrían     aquel    Fiat  que    quería   dar,
hermanarme con ellos, mezclarme con todos
para poder enseñar los primeros rudimentos,
el a, b, c, del Fiat Supremo; y todo lo que Yo
enseñé, hice y sufrí, no fue otra cosa que
preparar el camino, el reino y el dominio a mi
Voluntad.

    Esta es la costumbre en nuestras obras,
hacer   las   cosas  menores   como   acto
preparatorio a las cosas mayores, ¿no hice
contigo otro tanto?

    Al principio no te hablé del Fiat Supremo,
ni de la altura, ni de la santidad a la que Yo
quería que tú llegases en mi Querer, ni te hice
ninguna mención de la gran misión a la cual te

                                                  241
                                       Divina Voluntad




llamaba, sino que te tuve como a una pequeña
niña, con la cual Yo me deleitaba con
enseñarte la obediencia, el amor al sufrir, el
desapego de todo y de todos, la muerte a tu
propio yo; y conforme tú te prestabas Yo me
alegraba, porque veía en ti preparado el puesto
donde deponer mi Fiat y las lecciones
sublimes que pertenecían a mi Voluntad.

    Así fue en la Redención, todo fue hecho
con la finalidad de que el Fiat pudiese de
nuevo reinar en la criatura, como cuando la
sacamos de nuestras manos creadoras;
Nosotros no tenemos prisa en nuestras obras,
porque tenemos no solamente los siglos sino
toda la eternidad a nuestra disposición, por
eso vamos a paso lento, pero con nuestro
triunfo; primero preparamos y después
hacemos.

     No por haberme regresado al Cielo mi
Potencia ha disminuido de como era cuando
estaba en la tierra, mi Potencia es siempre
igual, tanto estando en el Cielo como en la
tierra.

    ¿No llamé y elegí a mi Mamá estando en
mi Patria celestial?


                                                  242
                                        Divina Voluntad




    Sí te he llamado y elegido a ti con aquella
misma Potencia que ninguno me puede resistir
para el suspirado Fiat, es más, te digo que
para obtener esto, tú tienes a tu disposición
cosas más grandes y más importantes, que no
las tuvo mi amada Mamá, por eso tú eres más
feliz, porque Ella no tuvo una Mamá, ni sus
obras por ayuda para conseguir al suspirado
Redentor, sino sólo tuvo el cortejo de los actos
de los profetas, de los Patriarcas y de los
buenos del antiguo testamento y de los
grandes bienes previstos del futuro Redentor.

    En cambio tú tienes una Mamá y todas sus
obras por ayuda, tienes las ayudas, la penas,
oraciones y la misma Vida, no prevista sino
efectuada, de tu Redentor; no hay bien ni
plegarias que hayan sido hechas o se hacen en
la Iglesia que no estén contigo para darte
ayuda para obtener el suspirado Fiat; y como
todo lo que fue hecho por Mí, por la Reina del
Cielo y por todos los buenos, el fin primario
era el cumplimiento de mi Voluntad, por eso
todo está contigo para implorar la realización
de su finalidad.



                                                   243
                                         Divina Voluntad




    Por eso sé atenta, Yo estaré junto contigo,
también mi Mamá, no estarás sola a suspirar el
triunfo de nuestra Voluntad.”


                   Luisa, Luisa, Luisa




                                                    244
                                          Divina Voluntad




                                  Marzo 31, 1926
                                                Vol. 19




Quien vive en la Voluntad de Dios debe
poseer lo que Ella posee, y debe hacer la
Voluntad de Dios como la hace Dios.


    Mi pobre mente se perdía en el Divino Querer,
y una Luz interminable invadía el pequeño cerco
de mi inteligencia, y mientras esta Luz me parecía
como concentrada en mi mente, se expandía
fuera, llenaba toda la atmósfera y penetrando
hasta en los Cielos, me parecía como concentrada
en la Divinidad; ¿pero quién puede decir lo que se
sentía y comprendía estando en aquella Luz?

   Se sentía la plenitud de la felicidad, ninguna
cosa podía penetrar en aquella Luz que pudiese
ensombrecer la alegría, la belleza, la fuerza y la
penetración de los secretos divinos, y el
conocimiento de los arcanos supremos.

    Entonces mi siempre amable Jesús, mientras
yo nadaba en aquella Luz me ha dicho:



                                                     245
                                         Divina Voluntad




    “Hija mía, esta Luz, este lugar tan
encantador que no conoce ni ocaso ni noche
es mi Voluntad, todo está completo en Ella,
felicidad, fuerza, belleza, conocimiento del Ser
Supremo, etc.

     Esta Luz interminable que es nuestra
Voluntad salió del seno de la Divinidad como
herencia del hombre, la más bella herencia que
podíamos darle; Ella salió de lo íntimo de
nuestro seno, llevando consigo parte de todos
nuestros bienes para hacerlos heredar por la
criatura, y formarla toda bella y santa y a
semejanza de Aquél que la había creado.

     Mira entonces hija mía qué significa hacer
y vivir en mi Voluntad, no hay bien que exista
en el Cielo y en la tierra que Ella no posea;
quiero que tú los conozcas, ¿de otra manera
cómo puedes amarlos, poseerlos y servirte de
ellos en las diversas circunstancias si tú no los
conoces?

    Si no sabes que tienes una Fuerza divina a
tu disposición, por una nadería te abatirías; si
no sabes que posees una Belleza divina, no
tendrías el valor de estar conmigo a lo
familiar, te sentirías disímil de Mí y no
tendrías la osadía de arrebatarme que el Fiat

                                                    246
                                       Divina Voluntad




venga a reinar sobre la tierra; si no conoces
que todo lo que he creado es tuyo, no me
aMarias en todas las cosas y no tendrías la
plenitud del verdadero Amor, y así de todas las
otras cosas.

    Si tú no conoces todos los bienes que
posee mi Voluntad, si no conoces que no hay
cosa que no pertenezca a Ella y que tú debes
poseer, te sucedería como a un pobre que le
fuese dado un millón, pero sin hacerle conocer
que en su pequeña covacha le ha sido puesta
aquella suma de dinero; pobrecito, como no
conoce el bien que posee continúa su vida
pobre, mal comido, vestido andrajosamente y
bebiendo a sorbos las amarguras de su
pobreza; pero si en cambio lo conoce cambia
su fortuna, cambia su covacha en un palacio,
se alimenta abundantemente, viste con
decencia y bebe los dulces sorbos de su
riqueza.

    Así que por cuantos bienes pueda uno
poseer, si no los conoce es como si no los
tuviese. He aquí la causa de por qué
frecuentemente ensancho tu capacidad y te
doy otros conocimientos sobre mi Voluntad, y
te hago conocer todo lo que a Ella pertenece, a


                                                  247
                                       Divina Voluntad




fin de que no sólo poseas mi Voluntad, sino
todo lo que a Ella pertenece.

     Por otra parte, mi Supremo Querer para
venir a reinar en el alma quiere encontrar sus
bienes, sus dominios, y el alma debe hacerlos
suyos, para hacer que viniendo a reinar en
ella, encuentre sus mismos dominios donde
poder extender su régimen, su mando, y si no
encuentra Cielo y tierra en el alma, ¿sobre de
qué debe reinar?.

    He aquí la necesidad por la cual mi Querer
quiere concentrar en ti todos los bienes y tú
debes conocerlos, amarlos y poseerlos, a fin de
que estando en ti pueda encontrar su reino,
dominarlo y regirlo.”

    Después estaba pensando en lo que Jesús me
había dicho, y más que nunca veía mi pequeñez y
decía entre mí:

   “¿Cómo puedo yo concentrar todo lo que el
Querer Divino contiene?

    Me parece que por cuanto más dice, más
pequeña me vuelvo y más incapaz me siento,
entonces, ¿cómo puede ser esto?”.


                                                  248
                                       Divina Voluntad




   Y Jesús regresando ha agregado:

   “Hija mía, tú debes saber que mi Mamá
Celestial pudo concebirme a Mí, Verbo eterno,
en su seno purismo, porque hizo la Voluntad
de Dios como la hacía Dios.

   Todas las demás prerrogativas que poseía,
como son:

     Virginidad,   Concepción    sin   mancha
original, Santidad, mares de Gracia que poseía,
no eran medios suficientes para poder
concebir a un Dios, porque todas estas
prerrogativas no le daban ni la Inmensidad, ni
la Omnividencia para poder concebir a un Dios
inmenso que todo ve, mucho menos la
Fecundidad para poderlo concebir; en suma,
habría faltado el germen para la Fecundidad
divina.

    En cambio con poseer al Supremo Querer
como vida propia y con el hacer la Voluntad de
Dios como la hacía Dios, recibió el germen de
la fecundidad divina, y con ello la Inmensidad,
la Omnividencia, y por eso en modo
connatural me pude concebir en Ella, no me


                                                  249
                                         Divina Voluntad




faltaba ni la Inmensidad, ni todo lo que a mi
Ser pertenece.

   Ahora hija mía, también para ti será como
connatural la concentración de todo lo que a
mi Voluntad pertenece si llegas a hacer la
Divina Voluntad como la hace el mismo Dios.

    La Voluntad de Dios en ti y aquélla que
reina en Dios mismo será una sola, ¿qué
maravilla entonces si todo lo que es de Dios y
que esta Voluntad rige, conserva y domina, sea
también tuyo?

   Más bien lo que se necesita es que
conozcas lo que a Ella pertenece, a fin de que
puedas amar los bienes que posees, y
amándolos adquieras el derecho de posesión.

    Este hacer la Voluntad de Dios como la
hace Dios, fue el punto más alto, más
substancioso, más necesario para mi Mamá
para obtener al suspirado Redentor, todas las
demás     prerrogativas     fueron    la   parte
superficial, la decencia, el decoro que a Ella le
convenía.




                                                    250
                                        Divina Voluntad




   Así es para ti, si quieres obtener el
suspirado Fiat debes llegar a esto de hacer la
Voluntad de Dios como la hace Dios.”
                  Jesús, Jesús, Jesús




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                                        Divina Voluntad




                                  Abril 16, 1926
                                              Vol. 19




Para vivir en el Divino Querer se necesita
el pleno abandono en los brazos del Padre
Celestial. La nada debe ceder la vida al
Todo.


    Me sentía tan pequeña e incapaz de hacer
nada, que he llamado en mi ayuda a mi Reina
Mamá, a fin de que juntas pudiésemos amar,
adorar, glorificar a mi sumo y único Bien por
todos y a nombre de todos.

    Mientras estaba en esto me he encontrado en
una inmensidad de Luz y toda abandonada en los
brazos de mi Padre Celestial, más bien, tan
fundida como si formase una sola cosa con Él, de
modo que no sentía más mi vida sino la de Dios.

   Pero, ¿quién puede decir lo que sentía y
hacía?



                                                   252
                                        Divina Voluntad




   Después de esto mi dulce Jesús ha salido de
dentro de mi interior y me ha dicho:

    “Hija mía, todo lo que has sentido, tu
pleno abandono en los brazos de nuestro Padre
Celestial, el no sentir más tu misma vida, es la
imagen del vivir en mi Querer, porque para
vivir en Él se debe vivir más de Dios que de sí
misma, es más, la nada debe ceder la vida al
Todo para poder hacer todo y tener su acto en
la cima de todos los actos de cada una de las
criaturas.

    Así fue la Vida de mi Mamá Divina, Ella fue
la verdadera imagen del vivir en mi Querer, su
vivir fue tan perfecto en Él, que no hacía otra
cosa que recibir continuamente de Dios lo que
le convenía hacer para vivir en el Supremo
Querer, así que recibía el acto de la adoración
suprema, para poderse poner en la cima de
cada adoración que todas las criaturas estaban
obligadas a hacer hacia su Creador, porque la
verdadera adoración tiene vida en la Tres
Divinas Personas:

    “Nuestra concordia perfecta, nuestro Amor
mutuo, nuestra única Voluntad, forman la
adoración más profunda y perfecta en la
Trinidad Sacrosanta.”

                                                   253
                                       Divina Voluntad




    Por lo tanto, si la criatura me adora y su
voluntad no está en acuerdo conmigo, es
palabra vana pero no adoración.

    Por eso mi Mamá todo tomaba de
Nosotros, para poderse difundir en todo y
ponerse en la cima de cada acto de criatura:

    En la cima de cada amor, de cada paso, de
cada palabra, de cada pensamiento; en la cima
de cada cosa creada. Ella ponía su acto
primero sobre todas las cosas y esto le dio el
derecho de Reina de todos y de todo, y superó
en santidad, en amor, en gracia, a todos los
santos que han sido y serán y a todos los
ángeles unidos juntos.

     El Creador se vertió sobre de Ella para
darle tanto amor, para que tuviera amor
suficiente para poderlo amar por todos, le
comunicó la suma concordia y la Voluntad
única de las Tres Divinas Personas, de modo
que pudo adorar en modo divino por todos y
suplir a todos los deberes de las criaturas; si
esto no hubiese sido así, no sería una verdad
que la Mamá Celestial superó a todos en la
santidad y en el amor, sino un modo de decir,
pero Nosotros cuando hablamos, son hechos y

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                                        Divina Voluntad




no palabras. Por eso todo encontramos en Ella,
y así habiendo encontrado todo y a todos, todo
le dimos, constituyéndola Reina y Madre del
mismo Creador.

    Ahora hija de mi Suprema Voluntad, quien
quiere todo debe encerrar todo y ponerse en la
cima como acto primero de los actos de todos,
así que el alma debe estar en la cima de cada
amor, de cada adoración, de cada Gloria de
cada una de las criaturas.

    Mi Voluntad es todo, he aquí por qué la
misión de la Soberana Reina y la tuya se puede
decir que es una sola, y tú debes seguir paso a
paso el modo como Ella estaba con Dios para
poder recibir la aptitud divina, para poder
tener en ti un amor que dice amor por todos,
una adoración que adora por todos, una Gloria
que se difunde por todas las cosas creadas.

    Tú debes ser nuestro eco, el eco de mi
Mamá Celestial; y porque solamente Ella vivió
perfecta y plenamente en el Supremo Querer,
por eso te puede ser guía y hacerte de
maestra.

    ¡Ah, si tú supieras con cuánto amor te
estoy alrededor, con cuánto celo te vigilo a fin

                                                   255
                                        Divina Voluntad




de que no sea interrumpido tu vivir en mi
eterno Querer!

    Tú debes saber que estoy haciendo más
contigo que con mi misma Mamá Celestial,
porque Ella no tenía tus necesidades, ni
tendencias,    ni   pasiones    que   pudiesen
mínimamente impedir el curso de mi Voluntad
en Ella, con suma facilidad el Creador se vertía
en Ella y Ella en Él, así que mi Voluntad
estaba siempre triunfante en Ella, por eso no
tenía necesidad ni de empujarla, ni de
amonestaciones; en cambio contigo debo tener
más atención, y cuando veo que alguna
pasioncilla, alguna pequeña tendencia quiere
surgir en ti y también cuando tu voluntad
humana quisiera tener algún acto de vida
propia en ti, debo amonestarte, la Potencia de
mi Querer debe estar en acto de demoler lo
que surge en ti y que no le pertenece a Él, y
mi gracia y mi Amor deben correr en aquella
parte podrida que la voluntad humana va
formando, o bien impedir con gracias
anticipadas que esta podredumbre se pueda
formar en tu alma, porque Yo amo tanto, me
cuesta tanto el alma en la cual reina mi
Querer y en la cual tiene su campo de acción
divina el Fiat Supremo, fin único de toda la
Creación y de la misma Redención, que la amo

                                                   256
                                         Divina Voluntad




y me cuesta más que toda la Creación y que la
misma Redención, porque la Creación fue el
principio de nuestra obra hacia las criaturas,
la Redención fue el medio, el Fiat será el final,
y las obras cuando están cumplidas se aman
más y adquieren el valor completo.

     Mientras que una obra no está cumplida
hay siempre qué hacer, qué trabajar, qué
sufrir, no se puede calcular su justo valor, en
cambio cuando está cumplida solamente
queda el poseer y el gozar la obra hecha, y su
valor completo viene a completar la Gloria de
Aquél que la ha formado, por eso la Creación y
la Redención deben encerrarse en el Fiat
Supremo.

    ¿Ves entonces cuánto        me   cuestas         y
cuánto siento amarte?

    El Fiat obrante y triunfante en la criatura
es para Nosotros la cosa más grande, porque la
Gloria que Nosotros habíamos establecido
recibir por medio de la Creación nos viene
dada,   nuestro    fin,   nuestros   derechos,
adquieren su pleno poder.

     He aquí por qué mis premuras todas para
ti, mis manifestaciones a ti, mi Amor por toda

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                                       Divina Voluntad




la Creación y Redención, todo concentrado en
ti, porque en ti quiero ver el triunfo de mi
Voluntad.”


                 María, María, María




                                                  258
                                         Divina Voluntad




                                  Abril 28, 1926
                                               Vol. 19




La Creación y la Mamá Celestial son los
ejemplares más perfectos del vivir en el
Divino Querer. La Virgen superó a todos
en el sufrir.


   Estaba pensando entre mí:

    “Mi dulce Jesús cuando habla de su Querer,
une junto, casi siempre a la Soberana Reina del
Cielo o bien a la Creación, parece que se deleita
tanto de hablar de Una o de la otra, que va
buscando ocasiones, pretextos, reencuentros
para manifestar lo que hace su Santísima
Voluntad tanto en la Mamá Celestial como en la
Creación.”

    Ahora, mientras esto pensaba, mi amable
Jesús se ha movido en mi interior y todo ternura
me ha estrechado a Sí y me ha dicho:



                                                    259
                                       Divina Voluntad




   “Hija mía, si esto hago tengo fuertes
razones para hacerlo. Tú debes saber que mi
Voluntad solamente en la Creación y en mi
Mamá Celestial ha sido siempre íntegra y ha
tenido libre su campo de acción.

    Ahora, debiendo llamarte a ti a vivir en mi
Querer como una de ellas, debía proponértelas
como ejemplo, como una imagen a la cual tú
debes imitar.

     Así que para poder hacer cosas grandes,
de manera que todos puedan recibir de aquel
bien, a menos de que no lo quieran, la primera
cosa es que mi Voluntad debe obrar
integralmente en el alma; mira la Creación,
como mi Voluntad está íntegra en ella, y
porque Ella está íntegra, la Creación está en
su puesto y contiene la plenitud de aquel bien
con el cual fue creada, y por eso se mantiene
siempre nueva, noble, pura, fresca, y puede
participar a todos el bien que posee, pero lo
bello es que mientras se da a todos, ella nada
pierde y está siempre tal como fue creada por
Dios; ¿qué cosa ha perdido el sol con dar tanta
luz y calor a la tierra?




                                                  260
                                        Divina Voluntad




    Nada; ¿qué ha perdido el cielo azul con
estar distendido en la atmósfera, la tierra con
producir tantas y tan variadas plantas?

      Nada; y así de todas las cosas creadas por
Mí.

   ¡Oh, cómo la Creación exalta en modo
admirable aquel dicho que dicen de Mí:

      Es siempre antiguo y siempre nuevo!

    Así que mi Voluntad en la Creación es
centro de vida, es plenitud de bien, es orden,
armonía; todas las cosas las tiene en el puesto
querido por Ella.

    ¿Dónde podrás encontrar tú un ejemplo
más bello, una imagen más perfecta del vivir
en mi Querer, si no es en la Creación?

    Por eso Yo te llamo a vivir en medio de las
cosas creadas como una hermana de ellas, a
fin de que aprendas a vivir en el Supremo
Querer para poder estar también tú en el lugar
querido por Mí, para poder encerrar en ti la
plenitud del bien que mi Querer quiere
encerrar en ti, a fin de que quien quiera pueda
tomar de aquel bien, y como tú estás dotada

                                                   261
                                          Divina Voluntad




de razón, debes sobrepasarlas a todas y
corresponder a su Creador en amor y Gloria
por cada una de las cosas creadas, como si
todas estuviesen dotadas de razón, así que
serás la suplidora de toda la Creación y ella te
servirá de espejo donde mirarte para poder
copiar el vivir en mi Querer, a fin de que no te
separes de tu puesto; te servirá de guía y te
hará de maestra dándote las lecciones más
altas y perfectas sobre el vivir en mi Querer.

    Pero la que sobrepasa a todos es mi Mamá
Celestial, Ella es el nuevo cielo, es el sol más
fulgurante, es la luna más brillante, es la tierra
más florida, todo, todo encierra en Sí, y si
cada una de las cosas creadas encierra la
plenitud de su bien recibido por Dios, mi
Mamá encierra todos los bienes juntos, porque
dotada de razón y viviendo mi Voluntad
íntegra en Ella, la plenitud de la Gracia, de la
Luz, de la Santidad, crecía a cada instante,
cada acto que hacía eran soles, estrellas que
mi Querer formaba en Ella, así que sobrepasó a
toda la Creación, y mi Voluntad íntegra y
permanente en Ella hizo la cosa más grande y
consiguió el suspirado Redentor.

   Por eso mi Mamá es Reina en medio a la
Creación, porque sobrepasó todo y mi

                                                     262
                                       Divina Voluntad




Voluntad encontró en Ella el alimento de su
razón, que íntegra y permanentemente la
hacía vivir en Ella, había sumo acuerdo, se
daban la mano mutuamente; no había fibra de
su corazón, palabra, pensamiento sobre del
cual mi Voluntad no poseyera su Vida.

   ¿Y qué cosa no puede hacer un Querer
Divino?

   Todo.

    No hay potencia que le falte ni cosa que no
pueda hacer, por eso se puede decir que todo
hizo y todo lo que los demás no pudieron
hacer, ni podrán hacer todos juntos, lo hizo
Ella sola.

    Por eso no te maravilles si te señalo la
Creación y a la Soberana Reina, porque debo
señalarte los ejemplares más perfectos donde
mi Voluntad tiene Vida perenne y donde jamás
ha encontrado obstáculo a su campo de acción
divina para poder obrar cosas dignas de Sí.

    Por eso hija mía, si quieres que mi Fiat
Supremo reine como en el Cielo, que es la cosa
más grande que nos queda por hacer para las
humanas generaciones, haz que mi Querer

                                                  263
                                          Divina Voluntad




tenga el puesto de soberano y que viva íntegro
y permanente en ti, de todo lo demás no
tengas ningún pensamiento, ni de tu
incapacidad, ni de las circunstancias, ni de las
cosas nuevas que pueden surgir en torno a ti,
porque reinando en ti mi Querer, servirán
como materia y alimento para que mi Fiat
tenga su cumplimiento.”

   Después estaba pensando entre mí:

     “Es verdad que mi Reina Mamá hizo el más
grande de los sacrificios, que ningún otro ha
hecho, esto es, el no querer conocer de ningún
modo su voluntad sino sólo la de Dios, y en esto
abrazó todos los dolores, todas las penas, hasta el
heroísmo del sacrificio de sacrificar a su propio
Hijo para cumplir el Querer Supremo; pero una
vez que hizo este sacrificio, todo lo que sufrió
después fue el efecto de su primer acto, no tuvo
que luchar como nosotros en las diversas
circunstancias, en los encuentros imprevistos, en
las pérdidas inesperadas, es siempre lucha, hasta
sangrar el propio corazón por temor de ceder a
nuestra combatiente voluntad humana; con
cuánta atención se necesita estar para que el
Querer Supremo tenga siempre su puesto de
honor y la supremacía sobre todo, y muchas
veces es más dura la lucha que la misma pena.”

                                                     264
                                       Divina Voluntad




    Pero mientras esto pensaba, mi amable Jesús
se ha movido en mi interior diciéndome:

    “Hija mía, tú te equivocas, no fue uno el
máximo sacrificio de mi Mamá, sino fueron
tales y tantos, por cuantos dolores, penas,
circunstancias y encuentros fue expuesta su
existencia y la mía; las penas en Ella siempre
eran duplicadas, porque mis penas eran más
que penas suyas, y además mi Sabiduría no
cambió nunca dirección con mi Mamá, en cada
pena que debía tocarle Yo le preguntaba
siempre si quería aceptarlas, para oírme
repetir por Ella aquel Fiat en cada pena, en
cada circunstancia y aun en cada latido; aquel
Fiat me sonaba tan dulce, tan suAve y
armonioso, que lo quería oír repetir a cada
instante de su vida, y por eso le preguntaba
siempre:

   ¿Mamá, quieres hacer esto?

   ¿Quieres sufrir esta pena?

    Y a Ella mi Fiat le llevaba los mares de
bienes que contiene y le hacía entender la
inmensidad de la pena que aceptaba, y este
entender con Luz divina lo que paso a paso

                                                  265
                                        Divina Voluntad




debía sufrir, le daba tal martirio que supera
infinitamente a la lucha que sufren las
criaturas, porque faltando en Ella el germen de
la culpa, faltaba el germen de la lucha, y mi
Voluntad debía encontrar otro medio para
hacer que no fuese menor que las otras
criaturas en el sufrir, porque debiendo adquirir
con justicia el derecho de Reina de los dolores,
debía superar a todas las criaturas juntas en
las penas33.

    ¿Cuántas veces no lo has sentido tú
misma, que mientras no sentías ninguna
lucha, mi Querer, haciéndote entender las
penas a las cuales te sometía, tú quedabas
petrificada por la fuerza del dolor, y mientras
quedabas destrozada en la pena, tú eras la
pequeña corderita en mis brazos, pronta a
aceptar otras penas a las cuales mi Querer te
quería sometida?

            ¡Ah!

    ¿No sufrías tú más que con la misma
lucha?

   La lucha es señal de pasiones vehementes,
mientras que mi Voluntad, si lleva el dolor, al
33
     Ver nota 22.


                                                   266
                                         Divina Voluntad




mismo tiempo da la intrepidez, y con el
conocimiento de la intensidad de la pena le da
tal mérito, que sólo una Voluntad Divina
puede dar.

     Por eso, como hago contigo, que en cada
cosa que quiero de ti primero te pregunto si
quieres, si aceptas, así hacía con mi Mamá, a
fin de que el sacrificio sea siempre nuevo y me
dé la ocasión de conversar con la criatura, de
entretenerme con ella, y que mi Querer tenga
su campo de acción divino en la voluntad
humana.”

    Ahora, mientras estaba escribiendo lo que
está escrito arriba, no he podido seguir más
adelante, porque mi mente ha quedado enajenada
por un canto bello y armonioso, acompañado por
un sonido jamás oído, este canto ponía a todos en
atención y armonizaba con toda la Creación y con
la Patria celestial. Todo esto lo escribo por
obedecer.

   Mientras oía el canto mi Jesús me ha dicho:

   “Hija mía, escucha cómo es bello este
sonido y canto, es un cántico nuevo formado
por los ángeles como homenaje, Gloria y
honor a la unión de la Voluntad Divina con tu

                                                    267
                                        Divina Voluntad




voluntad humana, es tanta la alegría de todo
el Cielo y de la Creación toda, que no
pudiéndola contener suena y canta.”


   Dicho esto me he encontrado en mí misma.


                  Luisa, Luisa, Luisa




                                                   268
                                         Divina Voluntad




                                   Mayo 6, 1926
                                               Vol. 19




Los que viven en el Querer Divino son los
primeros delante a Dios, y forman su
corona.


    Estaba según mi costumbre fundiéndome en
el Santo Querer Divino y pedía a la Mamá
Celestial que viniera junto conmigo, que me diese
su mano, a fin de que guiada por Ella pudiera
corresponder a mi Dios por todo aquel amor,
aquella adoración y Gloria que todos le deben.

    Ahora, mientras esto decía, mi amado Jesús
se ha movido en mi interior y me ha dicho:

    “Hija mía, tú debes saber que los primeros
delante a la Majestad Suprema son aquellos
que han vivido en mi Querer y que jamás han
salido de mi Voluntad. Mi Mamá vino al
mundo después de cuatro mil años, sin
embargo delante a Dios fue primero que Adán;


                                                    269
                                       Divina Voluntad




sus actos, su amor, están en el primer orden
de las criaturas, así que sus actos están
primero que todos los actos de las criaturas,
porque fue Ella la más cercana a Dios,
vinculada con los vínculos más estrechos de
santidad, de unión y de semejanza, y con el
vivir en nuestro Querer sus actos se volvían
inseparables de los nuestros, y como son
inseparables se vuelven los actos más
cercanos, como cosas connaturales a su
Creador.

    El primero y el después en nuestra
Voluntad no existen, sino todo es como acto
primero, por eso quien vive en mi Voluntad, a
pesar de que venga al último es siempre antes
que todos.

     Así que no se mirará la época en la cual
las almas saldrán a la luz del tiempo, sino que
se verá si la Vida de mi Voluntad ha estado en
ellas como centro de vida, reinante y
dominante en todos sus actos, tal como reina
y domina en el seno de la Divinidad, éstas
serán las primeras, sus actos hechos en
nuestro Querer se elevarán sobre todos los
actos de las otras criaturas, y todos quedarán
detrás, por eso estas almas serán nuestra
corona.

                                                  270
                                        Divina Voluntad




     Mira, conforme tú llamabas a mi Mamá en
mi Querer para corresponderme en amor,
adoración y Gloria, mi Querer os ha unido
juntas, y el amor, la Gloria, la adoración que
hacía la Soberana Reina se han vuelto actos
tuyos, y los tuyos se han vuelto actos de mi
Mamá, mi Voluntad todo ha puesto en común,
y los unos se han vuelto inseparables de los
otros, y Yo oía en ti la voz de mi Mamá, sentía
su amor, su adoración, su Gloria, y en mi
Mamá oía tu voz que me amaba, me adoraba,
me glorificaba; cómo me sentía feliz,
encontrar y sentir a la Mamá en la hija y a la
hija en la Mamá.

    Mi Voluntad une a todos y a todo, no sería
verdadero vivir en mi Querer, ni obrar de mi
Voluntad si todo lo que a Ella pertenece y todo
su eterno obrar no lo concentra en el alma que
en Ella vive y donde tiene su reino y dominio.

     Si esto no fuera, el reino de mi Voluntad
sería un reino dividido, lo que no puede ser,
porque mi Voluntad une todo junto su obrar y
de él hace un solo acto; y si se dice que crea,
redime, santifica y otras cosas, son los efectos
de aquel solo acto que jamás cambia acción.


                                                   271
                                        Divina Voluntad




    Por eso, quien vive en mi Querer su origen
es eterno, inseparable de su Creador y de
todos aquellos en los cuales mi Voluntad ha
tenido su reino y su dominio.”


                  Jesús, Jesús, Jesús




                                                   272
                                         Divina Voluntad




                                  Mayo 18, 1926
                                               Vol. 19




Así cómo la Virgen para obtener al
suspirado Redentor y concebirlo en ella
debió abrazar todo, y hacer los actos de
todos, así quien debe obtener el Fiat
Supremo, debe abrazar a todos y
responder por todos.


    Estaba fundiéndome en el Santo Querer
Divino, y mientras había girado por todas las
cosas creadas para sellar en ellas mi “te amo”, a
fin de que dondequiera y sobre todos resonase mi
“te amo” para corresponder a mi Jesús por su
tanto amor, he llegado a aquel punto de
corresponder a mi Dios por todo aquel amor que
tuvo en el acto de quedar concebido en el seno de
la Mamá Celestial.

    Mientras estaba en esto mi amado Jesús ha
salido de dentro de mi interior y me ha dicho:


                                                    273
                                         Divina Voluntad




    “Hija mía, mi inseparable Mamá para
concebirme     a   Mí,  Verbo    Eterno,   fue
enriquecida de mares de Gracia, de Luz y de
Santidad por la Majestad Suprema, y Ella hizo
tales y tantos actos de virtud, de amor, de
oración, de deseos y de ardientes suspiros, de
sobrepasar a todo el amor, virtud y actos de
todas las generaciones que se necesitaban para
obtener al suspirado Redentor.

   Entonces, cuando vi en la Soberana Reina
el amor completo de todas las criaturas y
todos los actos que se necesitaban para
merecer que el Verbo fuese concebido,
encontré en Ella la correspondencia del amor
de todos, nuestra Gloria reintegrada y todos
los actos de los redimidos, hasta los de
aquellos a los que mi Redención debía servir
de condena por su ingratitud, y entonces mi
Amor hizo el último desahogo y quedé
concebido; por eso el derecho de nombre de
Madre para Ella es connatural, es sagrado,
porque con abrazar todos los actos de las
generaciones,   sustituyéndose   por   todos,
sucedió como si a todos los hubiese parido a
nueva vida desde sus entrañas maternas.

   Ahora tú debes saber que cuando hacemos
nuestras obras, la criatura que es elegida y a la

                                                    274
                                        Divina Voluntad




cual le es confiada la obra, debemos darle
tanto amor, luz, gracia, que pueda darnos toda
la correspondencia y la Gloria de la obra a ella
confiada.

    Nuestra Potencia y Sabiduría no se
pondrían desde el principio de una obra
nuestra en el banco de la criatura como en
acto de fallar, así que en la criatura que es
llamada como acto primero, nuestra obra debe
quedar al seguro en ella, y Nosotros debemos
rescatar todo el interés y Gloria equivalente a
nuestra obra confiada a ella; y aunque después
nuestra obra fuese comunicada a las demás
criaturas, y por su ingratitud estuviese en
peligro de fallar, para nosotros es más
tolerable, porque a quien fue confiada al
principio nos hizo rescatar todo el interés de
los fallos de las otras criaturas.

    He aquí por qué todo dimos y todo
recibimos de Ella, a fin de que todo el capital
de la Redención pudiese quedar íntegro y por
su medio nuestra Gloria completada y nuestro
Amor correspondido.

    ¿Qué hombre sabio pone desde un
principio su capital en un banco que está por
quebrar?

                                                   275
                                        Divina Voluntad




    Primero se asegura y después confía su
capital; pero puede ser que con el tiempo
quiebre, esto no puede hacerle gran daño,
porque por los tantos intereses recibidos se ha
rehecho su capital.

     Si esto hace el hombre, mucho más Dios,
que su Sabiduría es incomprensible, y no se
trataba de una obra cualquiera, de un pequeño
capital, sino que se trataba de la gran obra de
la Redención y todo el costo y el valor infinito
e incalculable del Verbo Eterno; era una obra
única, no se podía repetir un nuevo
descendimiento del Verbo Eterno sobre la
tierra, y por eso debíamos ponerla al seguro en
la Soberana Celestial.

    Y así como todo a Ella le confiamos, hasta
la misma Vida de un Dios, así Ella, como
poseedora    de   nuestra     confianza  debía
respondernos por todos, hacerse fiadora y
responsable de esta Vida Divina confiada a
Ella, como en efecto lo hizo.

    Ahora hija mía, lo que hice y quise de mi
Celestial Mamá en la gran obra de la
Redención, quiero hacer contigo en la gran
obra del Fiat Supremo.

                                                   276
                                        Divina Voluntad




    La obra del Fiat Divino es una obra que
debe abrazar todo:

    Creación, Redención y Santificación, esta
obra es la base de todo, es la vida que corre en
todo y todo encierra ella, porque no tiene
principio, es principio de todas las cosas y fin
y cumplimiento de nuestras obras.

     Ves entonces cómo el capital que
queremos confiarte es exuberante, tú no lo has
calculado, ¿pero sabes tú qué te confiamos en
el Fiat Supremo?

    Te confiamos toda la Creación, todo el
capital de la Redención y aquél de la
Santificación; mi Voluntad es universal y en
todas las cosas ha estado Ella obrante, así que
lo que a Ella pertenece, es justo que sea
confiado a ti, ¿acaso quisieras tú mi Voluntad
sin sus obras?

    Nosotros no sabemos dar nuestra Vida sin
las obras y bienes nuestros, cuando damos,
damos todo, y así como a la Reina Celestial
con darle al Verbo concentró en Sí sus obras y
sus bienes; así a ti, con darte nuestra Suprema
Voluntad reinante y dominante en ti, te damos

                                                   277
                                        Divina Voluntad




todas las obras que a Ella pertenecen; por eso
te     estamos     dando     tantas     gracias,
conocimientos, capacidad, a fin de que el Fiat
Supremo, desde el principio, no pueda recibir
ningún fallo y tú, poniéndolo al seguro debes
darle la correspondencia del amor y de la
Gloria de toda la Creación, de la Redención y
de la Santificación; así que tu trabajo es
grande, es universal y debe abrazar a todos y a
todo, de modo que si nuestra Voluntad
comunicada a las otras criaturas sufriera
cualquier tropiezo, en ti debemos encontrar el
resarcimiento del vacío de los otros, y
poniéndola al seguro en ti, con el darnos el
amor, la Gloria y todos los actos que las otras
criaturas deberían darnos, nuestra Gloria será
siempre completa y nuestro Amor rescatará su
justo interés.

    Así que también en ti depositaremos
nuestra confianza, serás la responsable de la
Voluntad Divina confiada a ti y su fiadora.”

    Ahora, mientras Jesús esto decía, me ha
venido tal espanto y comprendía todo el peso de
mi responsabilidad, y temiendo fuertemente que
pudiese poner en peligro nada menos que todo el
peso y obras de una Voluntad Divina he dicho:


                                                   278
                                          Divina Voluntad




     “Amor mío, gracias por tanta bondad tuya
hacia mí, pero siento que es demasiado lo que
quieres darme, siento un peso infinito que me
aplasta, y mi pequeñez e incapacidad no tienen ni
fuerza ni habilidad, y temiendo poderos
desagradar y no poder abrazar todo, vete a otra
criatura más capaz, a fin de que todo este capital
de tu Suprema Voluntad pueda estar más seguro
y Tú puedas recibir todo el interés equivalente a
un capital tan grande. Yo no había pensado
jamás en una responsabilidad tan grande, pero
ahora que me la haces entender siento que me
faltan las fuerzas y temo por mi debilidad.”

    Y Jesús estrechándome a Él para aliviarme
del temor que me aplastaba ha agregado:

   “Hija mía, ánimo, no temas, es tu Jesús
que quiere darte demasiado.

    ¿No soy tal vez libre de darte lo que
quiero?

   ¿Quieres tú poner un límite a mi obra
completa que quiero confiarte?

   ¿Qué dirías tú si mi Mamá Celestial
quisiese aceptarme a Mí, Verbo Eterno, sin sus


                                                     279
                                        Divina Voluntad




bienes y los actos que se necesitaban para
poderme concebir?

   ¿Sería esto verdadero amor, verdadera
aceptación?

    Ciertamente que no.

     Así que tú quisieras mi Voluntad sin sus
obras y sin los actos que a Ella convienen. Tú
debes saber, a fin de que quites este espanto,
que todo lo que te he dicho, esto es, este
capital tan grande, ya está en ti y después de
que te he hecho tomar la práctica de darme la
correspondencia de la Gloria y del amor de
toda la Creación, Redención y Santificación,
haciéndote abrazar todo y a todos, y habiendo
visto que el interés debido me venía con
facilidad, ahora te he querido hacer conocer
con más claridad el gran capital de mi
Voluntad que te he confiado, a fin de que
conozcas el gran bien que posees, y
conociéndolo, puedo firmar la escritura del
capital a ti confiado y al mismo tiempo dar
por recibido el interés que me das.

    Si tú no lo conocieras no se podría hacer ni
la escritura del capital, ni dar por asentado el
interés, entonces, he aquí la necesidad de

                                                   280
                                         Divina Voluntad




hacértelo conocer, y además, ¿por qué temes
hasta quererme mandar a otra criatura?

    ¿No tienes tú en ti un amor que dice te
amo por todos y por todo, un movimiento que
me corresponde por el movimiento de todos y
que todo lo que tú haces abraza a todos para
darme como dentro de un solo abrazo los
actos, las plegarias, la Gloria, las reparaciones
de todos?

   Si ya lo haces, ¿por qué temes?.”

    Mientras estaba en esto veía en torno a mí a
otras almas, y Jesús ha ido a ellas y parecía que
las tocaba para ver si a su toque salía el
movimiento de su Vida Divina, pero no salía
nada.

    Entonces ha regresado a mí y tomándome la
mano me la ha estrechado fuertemente, a su
toque ha salido de mí una luz, y Jesús todo
contento me ha dicho:

   “Esta luz es el movimiento de la Vida
Divina en ti, he ido a las otras criaturas, como
tú has visto, y no he encontrado mi
movimiento,       ¿entonces,     cómo      puedo
confiarles el gran capital de mi Voluntad?

                                                    281
                                         Divina Voluntad




    Por eso te he elegido, y basta, sé atenta y
no temas.”


                   María, María, María




                                                    282
                                        Divina Voluntad




                                 Junio 15, 1926
                                              Vol. 19




Así cómo el conocimiento dio vida a los
frutos de la Redención, así dará vida a los
frutos de la Divina Voluntad.


    Me    sentía   toda    llena  de   defectos,
especialmente por la gran repugnancia que siento
cuando se trata de escribir las cosas íntimas
entre Nuestro Señor y yo, es tanto el peso que
siento que no sé qué haría para no hacerlo, pero
como la obediencia impuesta por quien está sobre
mí se impone, yo quisiera oponerme, quisiera
decir mis razones para no hacerlo, pero termino
siempre cediendo.

    Ahora, habiendo pasado una oposición
similar me sentía llena de defectos y toda mala,
por eso al venir el bendito Jesús le he dicho:




                                                   283
                                        Divina Voluntad




   “Jesús, vida mía, ten piedad de mí, mírame
cómo estoy llena de defectos y cuánta maldad hay
en mí.”

   Y Él todo bondad y ternura me ha dicho:

    “Hija mía, no temas, Yo te vigilo y estoy a
la custodia de tu alma a fin de que el pecado,
aún mínimo, no entre en tu alma, y donde tú u
otros ven defectos y maldad en ti, Yo no la
encuentro, más bien veo que tu nada siente el
peso del Todo, porque por cuanto más te elevo
íntimamente a Mí y te hago conocer lo que
quiere hacer el Todo de tu nada, tanto más
sientes tu nulidad, y casi espantada, aplastada
bajo el Todo quisieras no manifestar nada y
mucho menos poner sobre el papel lo que el
Todo quiere hacer de esta nada; mucho más
que por cuanta renuencia tú sientes, Yo venzo
siempre y te hago hacer lo que quiero.

    Esto le sucedió también a mi Mamá
Celestial cuando le fue dicho:

    ‘Te saludo María, llena de gracia, Tú
concebirás al Hijo de Dios.’




                                                   284
                                                                                          Divina Voluntad




         Ella al oír esto se espantó34, tembló y dijo:

         ‘¿Cómo puede suceder esto?’

         Pero terminó diciendo:

         ‘Fiat Mihi Secundum Verbum Tuum.’

     Ella sintió todo el peso del Todo sobre su
nada y naturalmente se espantó. Así que
cuando te manifiesto lo que quiero hacer de ti,
tu nada se espanta; veo repetir el espanto de
la Soberana Reina y Yo, compadeciéndote,
levanto tu nada, la refuerzo a fin de que pueda
resistir para sostener al Todo. Por eso no
pienses en esto, sino piensa más bien en hacer
obrar al Todo en ti.”

    Después estaba haciendo mis acostumbrados
actos en el Querer Supremo, abrazando todo y a
todos para poder llevar a mi Creador los actos de
todos como un acto solo; ahora, mientras esto
hacía, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi
interior y abrazando todo junto conmigo, se unía


34
   Como se dijo en la nota 20, la Santísima Virgen María conoció perfectísimamente desde el momento
mismo de la anunciación que iba a concebir en sus entrañas virginales al Mesías, Hijo de Dios y Redentor de
la humanidad, y con este perfecto conocimiento pronunció su Fiat en nombre propio y de toda la
humanidad. De manera que como dice la Escritura, en ese momento se turbó, se espantó o se asustó, y
esto precisamente porque sabía y no como algunos ignorantes piensan que fue porque no sabía (!).


                                                                                                       285
                                         Divina Voluntad




conmigo haciendo lo que hacía yo, y después todo
amor me ha dicho:

   “Hija mía, amo tanto los actos hechos en
mi Querer, que Yo mismo tomo el empeño de
custodiarlos en la Unidad de mi Luz suprema,
de modo de volverlos inseparables de Mí y de
mis mismos actos.

     Si tú supieras cómo soy celoso de estos
actos, cómo me glorifican en modo todo
divino, se puede decir que cada uno de estos
actos es una nueva fiesta que se inicia en toda
la Creación y en toda la Patria celestial;
dondequiera que se encuentra mi Voluntad,
estos actos corriendo en Ella como rayos de
luz, llevan nuevas alegrías, fiestas y felicidad,
estos actos son las alegrías, la fiesta y la
felicidad que forma la criatura en la Voluntad
de su Creador, ¿y te parece poco que la
criatura pueda formar y llevar la fiesta, la
alegría, la felicidad a su Creador, y por todas
partes donde reina nuestra Voluntad?

    Esto sucedió a mi Mamá Reina, Ella,
porque obró siempre en la Unidad de la Luz del
Querer Supremo, todos sus actos, el oficio de
Madre, los derechos de Reina, quedaron
inseparables de su Creador, tan es verdad, que

                                                    286
                                                                                             Divina Voluntad




la Divinidad cuando hace salir fuera los actos
de la bienAventuranza para hacer feliz a toda
la Patria celestial, hace salir junto todos los
actos de la Mamá Celestial, así que todos los
santos se sienten investidos no sólo de
nuestras alegrías y bienAventuranzas, sino que
quedan también investidos por el amor
materno de la Madre de ellos, de la Gloria de
su Reina y de todos sus actos convertidos en
alegrías para toda la Celestial Jerusalén, así
que todas las fibras de su corazón materno
aman con amor de madre a todos los hijos de
la Patria celestial y los hace partícipes en
todas las alegrías de Madre y la Gloria de
Reina; así que Ella fue Madre de amor y de
dolor en la tierra para sus hijos, que le
costaron tanto cuanto le costó la Vida de su
Hijo Dios, y en virtud de la Unidad de la Luz
del Querer Supremo que poseía, sus actos
permanecieron inseparables de los nuestros;
es Madre de amor en el Cielo, de alegrías y de
Gloria para todos sus hijos celestiales35, así
que todos los santos tienen un amor mayor,
Gloria y alegrías de más por virtud de su
Madre y Soberana Reina.
35
   La maternidad divina de María no termina para nosotros en esta vida. Y si bien su “maternidad
consumativa”, como dicen los mariólogos, se consuma cuando nos hace entrar al Cielo, pero como se explica
en éstos y en tantos otros capítulos de Luisa, la maternidad de María es para toda la eternidad, es
“inamisible”, esto es: sin posibilidad de dejar de serlo jamás, y no hay punto en el Cielo que no esté lleno de
su amor, de sus alegrías y de su gloria para todos sus hijos celestiales, es decir, para todos los
bienaventurados. Y la razón es que todos sus actos fueron hechos en la unidad de la Divina Voluntad.


                                                                                                          287
                                      Divina Voluntad




    Por eso, amo tanto a quien vive en mi
Voluntad que Yo me abajo hasta ella para
hacer junto con ella lo que ella hace, para
elevarla hasta el seno del Eterno, para hacer
uno su acto con su Creador.”

    Después de esto me he quedado pensando en
la bendita Voluntad de Dios, y muchas cosas
giraban en mi mente, que no es necesario
decirlas, y mi dulce Jesús regresando ha
agregado:

    “Hija mía, el triunfo de mi Voluntad está
unido con la Creación y con la Redención, se
puede llamar triunfo único. Y así como una
mujer fue la causa de la ruina del hombre,
después de cuatro mil años una Virgen mujer
fue la causa de que, haciendo nacer de Ella mi
Humanidad unida al Verbo Eterno, dio el
remedio a la ruina del hombre caído.

    Ahora el remedio del hombre está
formado, ¿y sólo mi Voluntad debe quedar sin
su pleno cumplimiento, mientras que Ella
tiene su acto primero tanto en la Creación
como en la Redención?



                                                 288
                                                                                              Divina Voluntad




    He aquí el por qué después de otros dos
mil años hemos escogido otra virgen como
triunfo y cumplimiento de nuestra Voluntad36.

     Así que nuestra Voluntad formando su
reino en tu alma y haciéndose conocer, con
este conocimiento te ha dado la mano para
elevarte a vivir en la Unidad de su Luz, de
modo de formar tu vida en Ella y que Ella
forme su Vida en ti, y habiendo formado en ti
su dominio, forma la conexión para comunicar
su dominio a las otras criaturas; y así como al
descender el Verbo en el seno de la
Inmaculada Virgen no permaneció sólo para
Ella, sino que formé la conexión de
comunicación para las criaturas y me di a
todas y por remedio de todas; así sucederá de
ti, porque con el haber formado en ti su reino,
mi Supremo Querer forma las comunicaciones
para hacerse conocer a las criaturas; todo lo
que te he dicho sobre de Él, los conocimientos
que te he dado, el modo y el cómo del vivir en
mi Querer, el hacerte conocer cómo quiere y
suspira que el hombre regrese en sus brazos,

36
   Varias veces en los escritos de Luisa hay expresiones como éstas: “una segunda virgen”, “como una
segunda madre mía”, etc. La Santísima Virgen María es Madre y Reina del Reino de la Divina Voluntad y
Luisa es Hija de Ella, igual que nosotros, pero Luisa tiene esa misión ya explicada en tantos pasajes de estar a
la cabeza de la misión del Fiat Voluntas Tua, y para cumplir esta misión lo recibe todo de María. Este Reino
se formó por primera en María, pero para transmitirlo a los demás era necesario transmitirlo a una primera;
esto es, a Luisa y por medio de Luisa a todos los demás. Esto queda bien claro con todo el contenido de éste
y de tantos otros capítulos.


                                                                                                           289
                                          Divina Voluntad




que vuelva a entrar en su principio del Querer
eterno de donde salió, todo son vías de
comunicación, vínculos de unión, transmisión
de luz, vientecillo para hacerles respirar el aire
de mi Voluntad y por lo tanto desinfectar el
aire de la voluntad humana, y viento
impetuoso para apoderarse y desarraigar las
voluntades más rebeldes.

    Cada conocimiento que te he dado sobre
mi Voluntad contiene una Potencia creadora, y
el   todo   está  en    poner   fuera   estos
conocimientos, que la potencia que contienen
sabrá hacer brecha en los corazones para
someterlos a su dominio.

   ¿No sucedió tal vez lo mismo en la
Redención?

    Hasta en tanto que estuve con mi Mamá
en mi Vida escondida de Nazaret, todo callaba
en torno a Mí, si bien este escondimiento mío
junto   con    la    Celestial  Reina   sirvió
admirablemente para formar la sustancia de la
Redención, y poderme anunciar que ya estaba
en medio a ellos; pero los frutos de Ella,
¿cuándo se comunicaron en medio de los
pueblos?


                                                     290
                                       Divina Voluntad




    Cuando salí en público, me hice conocer,
les hablé con la Potencia de mi palabra
creadora, y conforme todo lo que Yo hice y
dije se divulgó y se divulga todavía ahora en
medio de los pueblos, así los frutos de la
Redención tuvieron y tienen sus efectos.

     Ciertamente hija mía, si ninguno hubiese
conocido que Yo vine a la tierra, la Redención
habría sido una cosa muerta para las criaturas
y sin efectos; así que el conocimiento ha dado
la vida a los frutos de Ella.

    Así será de mi Voluntad, el conocimiento
dará la vida a los frutos de mi Voluntad y por
eso he querido renovar lo que hice en la
Redención, escoger otra virgen, estarme con
ella escondido por cuarenta años y más,
apartándola de todos como dentro de una
nueva Nazaret para estar libre con ella y
decirle toda la historia, los prodigios, los
bienes que hay en mi Voluntad y así poder
formar en ti la Vida de mi Voluntad.

   Y así como junto conmigo y mi Mamá
escogí a San José junto con Nosotros, como
nuestro cooperador, tutor y vigilante centinela
de Mí y de la Soberana Reina, así he puesto
cerca de ti la vigilante asistencia de mis

                                                  291
                                            Divina Voluntad




ministros como cooperadores, tutores y
depositarios de los conocimientos, bienes y
prodigios que hay en mi Voluntad, y como Ella
quiere establecer su reino en medio de los
pueblos, quiero por medio tuyo deponer en
mis ministros esta doctrina celestial, como a
nuevos apóstoles, a fin de que primero forme
con ellos el anillo de conjunción con mi
Voluntad, y después la transmitan en medio a
los pueblos.

     Si esto no fuera, o no debiera ser, no
habría insistido tanto en hacerte escribir, ni
habría permitido la venida diaria del
sacerdote, sino que habría dejado todo mi
obrar entre tú y Yo. Por eso sé atenta y déjame
libre en ti de hacer lo que quiero.”

   Ahora, ¿quién puede decir cómo he quedado
confundida con este hablar de Jesús?

    He quedado muda y desde el fondo de mi
corazón repetía:

    “Fiat, Fiat, Fiat.”


                      Luisa, Luisa, Luisa




                                                       292
Divina Voluntad




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                                  Junio 26, 1926
                                               Vol. 19




Quien posee el reino de la Divina
Voluntad obra en modo universal y
poseerá la Gloria universal.


    Estaba según mi costumbre haciendo mis
acostumbrados actos en el Querer Supremo, esto
es, abrazando todo, Creación, Redención y a
todos, para poder dar a mi Creador la
correspondencia del amor y de la Gloria que todos
le deben, y mi dulce Jesús moviéndose en mi
interior me ha dicho:

    “Hija mía, la pequeña hija de mi Voluntad
no sólo debe pensar y ocuparse en cómo
defender los derechos universales de su
Creador, corresponderlo del amor y de la
Gloria que todos le deben como si fuesen uno
solo, de modo que todo debe encontrar en ella,
porque nuestra Voluntad envuelve todo y a
todos, y quien en Ella vive posee los modos
universales, por eso todo puede darnos y de
todo podemos rehacernos; sino que también


                                                    294
                                       Divina Voluntad




como hija nuestra debes defender los derechos
de la Soberana Reina, Ella obró en modo
universal y por eso tuvo un amor, una Gloria,
una oración, una reparación, un dolor por su
Creador, y por todos y por cada una de las
criaturas; Ella no dejó escapar ningún acto que
las criaturas debían a su Creador, y
encerrando a todos en su materno corazón
amaba en modo universal a todos y a cada
uno, así que en Ella encontramos toda nuestra
Gloria, no nos negó nada, no sólo lo que le
correspondía a Ella directamente el darnos,
sino que nos dio lo que las otras criaturas nos
negaron, y para hacerla de Madre magnánima,
amantísima, que se abre las entrañas por sus
propios hijos, generó a todos en su doliente
corazón; cada fibra de él era un dolor
traspasante en el cual daba la vida a cada uno
de sus hijos, hasta llegar al golpe fatal de la
muerte de su Hijo Dios; el dolor de esta
muerte puso el sello de la regeneración de la
vida a los nuevos hijos de esta Madre doliente.

   Ahora, una Virgen Reina que tanto nos ha
amado, defendido todos nuestros derechos,
una Madre tan tierna que tuvo amor y dolores
por todos, merece que nuestra pequeña recién
nacida de nuestro Supremo Querer la ame por
todos, la recambie de todo y abrazando todos

                                                  295
                                       Divina Voluntad




sus actos en nuestro Querer, pongas tu acto
unido al suyo.

    Porque Ella es inseparable de Nosotros, su
Gloria es nuestra, la nuestra es la suya, pues
nuestro Querer pone todo en común.”

    Entonces yo he quedado un poco confundida
al oír esto y como si no supiese hacer lo que
Jesús me decía, le rogaba que me diera la
capacidad de hacerlo, y Jesús volviendo a
hablarme me ha dicho:

    “Hija mía, mi Querer contiene todo, y así
como celoso conserva todos sus actos como si
fueran uno solo, así conserva todos los actos
de la Soberana Reina como si todos fuesen
suyos, porque todo lo hizo en Él, por eso mi
mismo Querer te los hará presentes.

    Ahora, tú debes saber que quien ha hecho
bien a todos, ha amado a todos y ha obrado en
modo universal para Dios y por todos, tiene
con justicia los derechos sobre todo y sobre de
todos.

    El obrar en modo universal es el modo
divino, y mi Mamá Celestial pudo obrar con los
modos de su Creador porque poseía el reino de

                                                  296
                                         Divina Voluntad




nuestra Voluntad; ahora Ella, habiendo obrado
en nuestro Querer Supremo, tiene los
derechos de posesión que formó en nuestro
reino, ¿y quién otro la podrá corresponder
sino quien vive en el mismo reino?

   Porque sólo en este reino está el obrar
universal, el amor que ama a todos, que todo
abraza y nada le huye.

    Tú debes saber que quien posee el reino de
mi Voluntad en la tierra tiene derecho a la
Gloria universal en el Cielo, y esto en modo
connatural y simple, mi Voluntad abraza todo
y envuelve a todos, así que quien la posee, de
ella salen todos los bienes unidos a la Gloria
que estos bienes contienen, y mientras sale de
ella la Gloria universal, la recibe; ¿y te parece
poco poseer la Gloria universal en la Patria
celestial?

   Por eso sé atenta, el reino del Supremo
Querer es riquísimo, en Él están las monedas
que surgen, por eso todos esperan de ti,
también     mi   misma     Mamá    quiere la
correspondencia del amor universal que tuvo
por todas las generaciones.



                                                    297
                                         Divina Voluntad




    Y a ti por correspondencia, en la Patria
celestial te tocará la Gloria universal, herencia
que será solamente de quien haya poseído el
reino de mi Voluntad sobre la tierra.”


                   Jesús, Jesús, Jesús




                                                    298
                                           Divina Voluntad




                                    Julio 11, 1926
                                                 Vol. 19




Así como se supo que para formar el reino
de la Redención los que más sufrieron
fueron Jesús y su Mamá, así será
necesario conocer quién ha sufrido por el
reino del Fiat Supremo.


    Desde hace algunos días mi dulce Jesús no
me había dicho nada acerca de su Santísima
Voluntad, más bien se hacía ver triste, en acto de
golpear a las criaturas.

    Hoy, como si quisiera salir de su tristeza,
porque cuando habla de su Voluntad parece que
se pone en fiesta, al salir de dentro de mi interior
me ha dicho:

   “Hija mía, quiero consolarme, hazme
hablar del reino de mi Supremo Querer.”

   Y yo:

                                                      299
                                          Divina Voluntad




      “Amor mío y vida mía Jesús, si Tú no me
dices todos los secretos que hay en Él, yo, no
conociendo todo, no gozaré la plenitud de los
bienes que este reino posee, ni podré darte la
correspondencia del amor, de los bienes que Tú
escondes y me sentiría infeliz en medio a tanta
felicidad, porque en todo lo que en Él Tú posees
no corre mi ‘te amo’, será pequeño, pero es el ‘te
amo’ de tu pequeña hija que Tú amas tanto.”

    Y Jesús, tomando mi misma palabra me ha
dicho:

   “Pequeña hija mía, lo dices tú misma,
cuánto es necesario el conocimiento; si es
necesario para ti, mucho más para los demás.

     Ahora, tú debes saber que para formar el
reino de la Redención, aquellos que se
distinguieron más en el sufrir, fue mi Mamá, y
si bien Ella aparentemente no sufrió ninguna
pena que conocieran las otras criaturas, con
excepción de mi muerte que fue conocida por
todos y que fue para su materno corazón el
golpe fatal y más desgarrador que cualquier
muerte dolorosísima, pero como Ella poseía la
Unidad de la Luz de mi Querer, esta Luz
llevaba a su corazón traspasado no sólo las

                                                     300
                                         Divina Voluntad




siete espadas que dice la Iglesia, sino todas las
espadas, las lanzas, los pinchazos de todas las
culpas y penas de las criaturas, que
martirizaban en modo desgarrador su materno
corazón; pero esto es nada, esta Luz le llevaba
todas mis penas, mis humillaciones, mis
aflicciones, mis espinas, mis clavos, las penas
más íntimas de mi corazón; el corazón de mi
Mamá era el verdadero sol, que mientras se ve
sólo luz, esta luz contiene todos los bienes y
efectos que recibe y posee la tierra, así que se
puede decir que la tierra está encerrada en el
sol.

     Así la Soberana Reina, se veía solamente
su persona, pero la Luz de mi Supremo Querer
encerraba en Ella todas las penas posibles e
imaginables, y por cuanto más íntimas y
desconocidas     estas   penas,    tanto    más
estimables y más potentes sobre el corazón
divino para impetrar el suspirado Redentor, y
más que luz solar descendían en los corazones
de las criaturas para conquistarlas y atarlas en
el reino de la Redención.

    Así que la Iglesia, de las penas de la
Celestial Soberana conoce tan poco, que se



                                                    301
                                                                                             Divina Voluntad




puede decir que son sólo las penas aparentes37,
y por eso da el número de siete espadas; pero
si conociera que su materno corazón era el
refugio, el depósito de todas las penas, que la
Luz de mi Voluntad todo le llevaba y nada le
ahorraba, no habría dicho siete espadas, sino
millones de espadas, mucho más que siendo
penas íntimas, sólo Dios conoce la intensidad
del dolor de ellas y por eso con derecho fue
constituida Reina de los mártires y de todos
los dolores; las criaturas saben dar el peso, el
valor a las penas externas, pero de las internas
no atinan a darles el justo valor.

    Ahora, para formar en mi Mamá primero el
reino de mi Voluntad y después el de la
Redención, no eran necesarias tantas penas,
porque no teniendo culpas, la herencia de las
penas no era para Ella; su herencia era el reino
de mi Voluntad, pero para dar el reino de la
Redención a las criaturas, debió sujetarse a
tantas penas, así que los frutos de la
Redención fueron madurados en el reino de mi
Voluntad poseído por Mí y por mi Mamá. No

37
   Afirmación ésta que parece exagerada, pero después de leer los escritos de Luisa resulta evidente que es
cierta. En otro capítulo (vol. 34) Jesús le repite: “Sólo Yo puedo decir la verdadera historia de la inmaculada
concepción de mi Madre y de toda su vida, porque soy el Autor de todo, y si la santa Iglesia habla de la
Celestial Reina, dice sólo las primeras letras del alfabeto de su santidad, de su grandeza y de los dones con
los que fue enriquecida por Mí.”

Ver también notas 28 y 31.


                                                                                                          302
                                       Divina Voluntad




hay cosa bella, buena y útil que no salga de mi
Voluntad.

    Ahora, unida a la Soberana Reina vino mi
Humanidad, Ella quedó escondida en Mí, en
mis dolores, en mis penas, por eso poco se
conoció de Ella, pero de mi Humanidad fue
necesario que se conociera lo que Yo hice,
cuánto sufrí y cuánto amé, si nada se
conociera no habría podido formar el reino de
la Redención.

    El conocimiento de mis penas y de mi
Amor es imán y estímulo, incitación, luz para
atraer a las almas a tomar los remedios, los
bienes que en Ella hay; el saber cuánto me
cuestan sus culpas, su salvación, es cadena
que los ata a Mí e impide nuevas culpas.

    Si en cambio nada hubieran sabido de mis
penas y de mi muerte, no conociendo cuánto
me ha costado su salvación, ninguno habría
tenido el pensamiento de amarme y de salvar
su alma.

   ¿Ves entonces cuánto es necesario el
hacer conocer cuánto ha hecho y sufrido aquél
o aquélla que ha formado en sí un bien
universal para darlo a los demás?

                                                  303
                                       Divina Voluntad




    Ahora hija mía, así como fue necesario
hacer conocer quien fue Aquél y Aquélla y
cuánto les costó formar el reino de la
Redención, así es necesario hacer conocer a
aquélla a la cual mi Paterna Bondad ha
escogido primero para formar en ella el reino
del Fiat Supremo, y después dar el principio
de la transmisión a los demás.

     Así como fue para la Redención, que
primero fue formada entre Mí y mi Mamá
Celestial y después fue conocida por las
criaturas, así será del Fiat Supremo, por lo
tanto es necesario hacer conocer cuánto me
cuesta este reino de mi Voluntad y hacer
conocer cómo, para hacer que el hombre
pudiera entrar de nuevo en su reino perdido,
he debido sacrificar a la más pequeña de las
criaturas, tenerla clavada por cuarenta años y
más dentro de un lecho, sin aire, sin la
plenitud de la luz del sol que todos gozan,
cómo su pequeño corazón ha sido el refugio de
mis penas y de aquéllas de las criaturas, cómo
ha amado a todos, rogado por todos, defendido
a todos y cuántas veces se ha expuesto a los
golpes de la Justicia Divina para defender a
todos sus hermanos, y además sus penas
íntimas,    mis    mismas    privaciones    que

                                                  304
                                               Divina Voluntad




martirizaban su pequeño corazón dándole
muerte continua, porque no conociendo otra
vida que la mía, otro Querer que el mío, todas
estas penas arrojaban los fundamentos del
reino de mi Voluntad, y como rayos solares
maduraban los frutos del Fiat Supremo.

    Por eso es necesario hacer conocer cuánto
te costó a ti y a Mí este reino, y así por el
costo puedan conocer cuánto amo el que
hagan adquisición de él, y por el costo puedan
apreciarlo y amarlo y aspirar a entrar a vivir
en el reino de mi Suprema Voluntad.”

    Esto lo he escrito por obedecer, pero ha sido
tanto el esfuerzo, que apenas he podido señalar
algo de mi pobre existencia, ya que por la gran
renuencia me siento helar la sangre en las venas,
pero me conviene repetir siempre:

   ¡Fiat, Fiat, Fiat!.


                         María, María, María




                                                          305
                                         Divina Voluntad




                                 Agosto 22, 1926
                                               Vol. 19




Los actos hechos en el Querer Supremo
toman la imagen de las cualidades
divinas. Qué significa ser cabeza de una
misión.


    Me siento como inmersa en el Querer eterno
de mi adorable Jesús, y cuanto más me es posible
hago mi giro por toda la Creación, para hacer
compañía a todos los actos que la Divina
Voluntad obra en ella, pero mientras esto hacía,
mi sumo y único bien se hacía ver en mi interior,
que mirándome toda numeraba uno por uno
todos mis actos y se los ponía en torno a Sí para
gozárselos, y después me ha dicho:

    “Hija mía, estoy haciendo la numeración
de todos tus actos para ver si llegan al número
establecido por Mí, y como mi Voluntad
encierra todas las cualidades divinas, cada



                                                    306
                                         Divina Voluntad




acto tuyo hecho en Ella toma la imagen de una
cualidad suprema; míralos cómo son bellos:

    Quién posee la imagen de mi Sabiduría,
quién la imagen de la Bondad, quién el Amor,
quién la Fortaleza, quién la Belleza, quién la
Misericordia, quién la Inmutabilidad, quién el
orden, en suma, todas mis cualidades
supremas.

     Cada uno de tus actos toma una imagen
distinta, pero se asemejan entre ellos, se
armonizan, se dan la mano y forman un acto
solo.

    Cómo es bello lo obrado por la criatura en
mi Voluntad, no hace otra cosa que producir
imágenes divinas, y Yo me deleito de
circundarme de estas mis imágenes para gozar
en la criatura los frutos de mis cualidades, y le
doy virtud de reproducir otras imágenes mías
divinas, pues quiero ver copiado, sellado el Ser
Supremo, y por eso tengo tanto interés de que
la criatura haga mi Voluntad y viva en Ella,
para repetir mis obras.”

   Después de esto estaba pensando entre mí:



                                                    307
                                          Divina Voluntad




    “Cómo es dura la privación de mi dulce
Jesús, se siente la verdadera muerte del alma y
sucede como al cuerpo cuando parte el alma, que
mientras posee los mismos miembros, estos están
vacíos de la vida, están inertes, sin movimiento y
no tienen más valor; así me parece mi pequeña
alma sin Jesús, posee las mismas facultades,
pero vacías de vida, sin Jesús termina la vida, el
movimiento, el calor, por eso la pena es
desgarradora, indescriptible y no se puede
comparar a ninguna otra pena. ¡Ah! la Mamá
Celestial no sufrió esta pena porque su Santidad
la volvía inseparable de Jesús, y por eso no quedó
jamás privada de Él.”

    Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús
se ha movido en mi interior diciéndome:

    “Hija mía, tú te equivocas, la privación de
Mí no es separación, sino dolor, y tú tienes
razón al decir que es un dolor más que mortal,
y este dolor tiene la virtud no de separar sino
de unir con ataduras más fuertes y más
estables la unión inseparable conmigo, y no
sólo esto, sino que cada vez que el alma queda
como privada de Mí, sin culpa suya, Yo resurjo
de nuevo para ella a nueva vida de
conocimiento, haciéndome comprender más
de nuevo amor, amándola de más, y doy nueva

                                                     308
                                        Divina Voluntad




gracia para enriquecerla y embellecerla, y ella
resurge a nueva Vida Divina, a nuevo amor y a
nueva belleza, porque es justo; sufriendo el
alma penas mortales, viene substituida con
nueva Vida Divina, si esto no fuese así me
dejaría vencer por el amor de la criatura, lo
que no puede ser. Y además no es verdad que
la Soberana Reina no haya quedado jamás
privada de Mí, inseparable jamás, pero privada
sí, esto no perjudicaba la altura de su
santidad, más bien la acrecentaba.

     Cuantas veces la dejé en el estado de pura
fe, porque debiendo ser la Reina de los dolores
y la Madre de todos los vivientes, no podía
faltarle el adorno más bello, la gema más
refulgente que le daba la característica de
Reina de los mártires y Madre Soberana de
todos los dolores; esta pena de ser dejada en el
estado de pura fe la preparó a recibir el
depósito de mi doctrina, el tesoro de los
Sacramentos y todos los bienes de mi
Redención, porque siendo mi privación la pena
más grande, pone al alma en condición de
merecer ser la depositaria de los dones más
grandes de su Creador, de sus conocimientos
más altos y de sus secretos.

    ¿Cuántas veces no lo he hecho contigo?

                                                   309
                                       Divina Voluntad




    Después de una privación mía te he
manifestado los conocimientos más altos
sobre mi Voluntad, y con esto venía a hacerte
depositaria no sólo de sus conocimientos, sino
de mi misma Voluntad.

    Y además la Soberana Reina como Madre
debía poseer todos los estados de ánimo, por
lo tanto también el estado de pura fe, para
poder dar a sus hijos aquella fe irremovible
que hace arriesgar la sangre y la misma vida
para defender y atestiguar la fe.

   Si este don de la fe no lo hubiera poseído,
¿cómo lo podía dar a sus hijos?”

    Dicho esto ha desaparecido, pero mi mente
quería pensar tantas cosas extrañas y quizá aún
disparatadas y me esforzaba por hacer mis actos
en la adorable Voluntad de Dios, pero mientras
esto hacía pensaba entre mí:

     “Si el vivir en el reino supremo de la
Voluntad Divina requiere tanta atención, tantos
sacrificios, serán poquísimos los que querrán
vivir en un reino tan santo.”

   Y mi dulce Jesús regresando me ha dicho:

                                                  310
                                        Divina Voluntad




    “Hija mía, quien es llamado como cabeza
de una misión debe abrazar no sólo todos los
miembros, sino debe regirlos, dominarlos y
constituirse vida de cada uno de ellos;
mientras que los miembros no son los que dan
vida a la cabeza ni hacen todo lo que hace ella,
sino que cada uno hace su oficio.

    Así quien es llamado como cabeza de una
misión, abrazando todo lo que conviene para
poder desarrollar el trabajo que le ha sido
confiado, sufriendo más que todos y amando a
todos, prepara el alimento, la vida, las
lecciones, los oficios, según la capacidad de
quien querrá seguir su misión.

    Lo que es necesario a ti que debes formar
el árbol con toda la plenitud de las ramas y
multiplicidad de los frutos, no será necesario a
quien debe ser solo rama o fruto, su trabajo
será de estar incorporado al árbol para recibir
los humores vitales que él contiene, o sea,
hacerse dominar por mi Voluntad, no dando
jamás vida al propio querer en todas las cosas,
sean internas o externas; conocer mi Voluntad
y recibirla como vida propia para hacerla
desarrollar su Vida Divina; en suma, hacerla
reinar y dominar como Reina.

                                                   311
                                        Divina Voluntad




    Así hija mía, quien debe ser cabeza
conviene que sufra, que trabaje y que haga él
solo todo lo que los demás harán todos juntos.
Esto es lo que hice Yo, porque como cabeza de
la Redención puedo decir que hice todo por
amor de todos, para darles la vida y ponerlos a
todos a salvo, como también la Virgen
Inmaculada, porque como Madre y Reina de
todos, ¿cuánto no sufrió?

    ¿Cuánto no amó y obró por todas las
criaturas?

    Ninguno puede decir que nos haya
igualado, ya sea en el sufrir como en el amar, a
lo más nos semejan en parte, pero igualarnos,
ninguno.

    Pero con el haber estado a la cabeza de
todos, tanto Yo como la Soberana Reina,
encerrábamos todas las gracias y todos los
bienes, la fuerza estaba en nuestro poder, el
dominio era nuestro, Cielo y tierra obedecían
a nuestra señas y temblaban delante a nuestra
Potencia y Santidad.

   Los redimidos han tomado nuestras
migajas y han comido nuestros frutos, se han

                                                   312
                                       Divina Voluntad




sanado con nuestros remedios, se han
revigorizado con nuestros ejemplos, han
aprendido nuestras lecciones, han resucitado a
costa de nuestra vida, y si han sido
glorificados ha sido en virtud de nuestra
Gloria, pero el poder es siempre nuestro, la
fuente viva de todos los bienes brota siempre
de Nosotros, tan es verdad, que si los
redimidos se alejan de Nosotros pierden todos
los bienes y vuelven a estar enfermos y pobres
más que antes.

    He aquí lo que significa ser cabeza, es
verdad que se sufre mucho, se trabaja
demasiado, se debe preparar el bien a todos,
pero todo lo que se posee sobrepasa todo y a
todos; hay tal distancia entre quien es cabeza
de una misión y entre quien debe ser
miembro, como si se comparara al sol como
cabeza y a una pequeña luz como miembro.

   Por eso te he dicho tantas veces que tu
misión es grande, porque no se trata de la sola
santidad personal, sino se trata de abrazar
todo y a todos, y preparar el reino de mi
Voluntad a las generaciones humanas.”

   Después de esto estaba siguiendo los actos
del Querer Supremo, los cuales, todos se

                                                  313
                                           Divina Voluntad




convertían en luz y formaban un horizonte de luz
resplandeciente, que formaba nubes de plata, y
donde penetraba esta luz todo se convertía en luz,
tenía el poder, la fuerza de vaciar todo para llenar
todo de su luz fulgidísima, y Jesús ha agregado:

    “Hija mía, no hay cosa más penetrante que
la luz, ella se expande dondequiera con una
rapidez encantadora, llevando sus benéficos
efectos a todos aquellos que se hacen investir
por ella; la luz no se niega a hacer bien a
ninguno, sean personas, sea tierra, sea agua,
sea planta u otro, su naturaleza es iluminar y
hacer el bien y por eso no deja atrás a
ninguno, lleva a todos su beso de luz y les
dona el bien que contiene.

    Mi Voluntad es más que luz, Ella se
expande dondequiera y lleva el bien que
contiene, y los actos hechos en Ella forman la
atmósfera de oro y de plata que tiene virtud de
vaciar todas las tinieblas de la noche de la
voluntad humana, y con su luz benéfica lleva
el beso del eterno Querer para disponer a las
criaturas a querer venir al reino del Fiat
Supremo.

    Cada acto tuyo hecho en él es un
horizonte nuevo que haces surgir al ojo de la

                                                      314
                                         Divina Voluntad




inteligencia humana, para hacerle suspirar la
luz del bien que posee mi Voluntad.

    Hija mía, para preparar este reino se
necesita el trabajo, se requieren leyes
celestiales, que son leyes todas de amor; en él
no entrarán las leyes de temor, de penas, de
condena, porque las leyes de amor de mi
Voluntad     serán   amigables,    filiales, de
recíproco amor entre Creador y criatura, así
que los temores, las condenas, no tendrán ni
vigor ni vida, y si habrá algún sufrimiento,
será pena de triunfo y de Gloria.

    Por eso sé atenta, porque se trata de hacer
conocer un reino celestial, de manifestar sus
secretos, sus prerrogativas, sus bienes, para
atraer a las almas a amarlo, a suspirarlo y a
hacerles tomar la posesión de él.”


                   Luisa, Luisa, Luisa




                                                    315
                                                                                            Divina Voluntad




                                                                              Abril 16, 1927
                                                                                                    Vol. 21




Nuestro Señor hizo el depósito de su Vida
Sacramental en el corazón de la
Santísima Virgen. El gran bien que puede
hacer una vida animada por la Divina
Voluntad. La Virgen Santísima, en sus dolores,
encontraba el secreto de la fuerza en la
Voluntad Divina38.




38
   En éste y en el siguiente capítulo Jesús le revela a Luisa no sólo la participación activa que la Santísima
Virgen María tuvo en la institución de la Eucaristía sino toda la actividad que desarrolla en toda la vida
sacramental de Jesús. Esto está implícito en que María, Corredentora y Medianera universal (dos conceptos
distintos, pero absolutamente inseparables) es también Dispensadora universal de todas las gracias. Es
magisterio ordinario de la Iglesia que Ella coopera dependientemente de Cristo en la distribución de todas y
cada una de las gracias que Dios concede a todos y a cada uno de los hombres (cristianos o paganos), de
suerte que se la puede llamar con toda propiedad y exactitud “Dispensadora universal” de todas las gracias
que Dios concede a la humanidad entera. Y ¿qué cosa son los sacramentos? Signos sensibles instituidos por
Cristo (con la participación materna de la Virgen María en todos ellos) que confieren la gracia. De modo que
María no pudo ser ajena a la institución del sacramento de la Eucaristía, ni de ningún otro, incluyendo el del
Orden, pues Ella forma parte intrínseca de toda la obra redentora, sin separación ni interrupción alguna en
todo lo que hizo y hace Jesús, y siempre en su papel de maternidad.

Es muy provechoso conocer toda esta actividad de María en torno a la Eucaristía y de los otros sacramentos,
porque esto nos lleva a pedirle que se una a nosotros para que recibamos a Jesús sacramentado con todo el
amor de Ella, a fin de que Jesús encuentre en nosotros ese mismo amor, esas mismas ternuras que tuvo Ella
y se las repitamos, no sólo por nosotros sino por todas las comuniones que se han hecho y que se harán.
Ella acudirá gozosa (“¿Qué no estoy aquí que soy tu Madre?”) para que recibamos a Jesús junto con Ella
como Ella lo recibió estando en la tierra.




                                                                                                         316
                                       Divina Voluntad




    Estaba haciendo la hora cuando Jesús
instituyó la Santísima Eucaristía, y moviéndose
en mi interior me ha dicho:

    “Hija mía, cuando hago un acto, primero
veo si hay al menos una criatura donde poner
el depósito de mi acto, a fin de que tome el
bien que hago, lo tenga custodiado y bien
defendido.

    Ahora, cuando instituí el Santísimo
Sacramento busqué a esta criatura y mi Reina
Mamá se ofreció a recibir este acto mío y el
depósito de este gran don diciéndome:

    ‘Hijo mío, si te ofrecí mi seno y todo mi
Ser en tu Concepción para tenerte custodiado
y defendido, ahora te ofrezco mi corazón
materno para recibir este gran depósito, y
dispongo en orden de batalla, en torno a tu
Vida Sacramental, mis afectos, mis latidos, mi
amor, mis pensamientos, toda Yo misma para
tenerte defendido, cortejado, amado, reparado;
tomo Yo el empeño de corresponderte por el
gran don que haces, confía en tu Mamá y Yo
pensaré en la defensa de tu Vida Sacramental;
y como Tú mismo me has constituido Reina de
toda la Creación, tengo el derecho de alinear
en torno a Ti toda la luz del sol como

                                                  317
                                        Divina Voluntad




homenaje y adoración, a las estrellas, al cielo,
al mar, a todos los habitantes del aire, todo lo
pongo en torno a Ti para darte amor y Gloria.

    Ahora, asegurándome donde podía poner
este gran depósito de mi Vida Sacramental y
fiándome de mi Mamá que me había dado
todas las pruebas de su fidelidad, instituí el
Santísimo Sacramento.

    Era Ella la única criatura digna que podía
custodiar, defender y reparar mi acto.

     Entonces mira, cuando las criaturas me
reciben, Yo desciendo en ellas junto con los
actos de mi inseparable Mamá, y sólo por esto
es que puedo continuar mi Vida Sacramental.
Por esto es necesario que escoja primero una
criatura cuando quiero hacer una obra grande,
digna de Mí, primero para tener el lugar donde
poner mi don, segundo para tener la
correspondencia.

    También en el orden natural se hace así, si
el agricultor quiere sembrar la semilla, no la
arroja en medio del camino, sino que va en
busca del pequeño terreno, lo prepara, forma
los surcos y después pone la semilla, y para
estar seguro la cubre con tierra esperando con

                                                   318
                                       Divina Voluntad




ansia    la   cosecha       para recibir   la
correspondencia de su trabajo y de la semilla
que ha confiado a la tierra.

    Otro quiere formar un bello objeto,
primero prepara las materias primas, el lugar
donde ponerlo y después lo forma.

   Así también he hecho contigo, te escogí, te
preparé y después te confié el gran don de las
manifestaciones de mi Voluntad, y así como
confié a mi amada Mamá la suerte de mi Vida
Sacramental, así he querido fiarme de ti,
confiándote la suerte del reino de mi
Voluntad.”

    Después continuaba pensando en todo lo que
mi amado Bien había hecho y sufrido en el curso
de su Vida, y Él ha agregado:

    “Hija mía, mi Vida fue brevísima acá abajo
y la mayor parte me la pasé escondido, pero a
pesar de que fue brevísima, como mi
Humanidad estaba animada por una Voluntad
Divina, ¿cuántos bienes no hice?

   Toda la Iglesia toma de mi Vida, a saciedad
bebe de la fuente de mi doctrina, cada palabra
mía es una fuente que brota en cada cristiano,

                                                  319
                                         Divina Voluntad




cada ejemplo es más que sol que ilumina, que
calienta, que fecunda y hace madurar las más
grandes santidades.

    Si se quisiera comparar a todos los santos,
todos los buenos, todas sus penas y su
heroísmo, todo puesto en comparación a mi
Vida brevísima, serían siempre las pequeñas
llamitas delante al gran sol, y como en Mí
reinaba la Divina Voluntad, todas las penas,
las humillaciones, confusiones, oposiciones,
acusaciones que me hacían los enemigos en el
curso de mi Vida y de mi Pasión, sirvió todo
para su vergüenza y para mayor confusión de
ellos mismos, porque estando en Mí una
Voluntad Divina, sucedía de Mí como sucede al
sol cuando las nubes, extendiéndose en lo bajo
del aire, parece que quieren hacer ultraje al sol
oscureciendo la superficie de la tierra
quitando momentáneamente la viveza de la
luz solar, pero el sol se ríe de las nubes porque
ellas no pueden hacer vida perenne en el aire,
su vida es fugaz, basta un pequeño viento para
hacerlas desaparecer y el sol queda siempre
triunfante en su plenitud de luz que domina y
llena toda la tierra.

    Así sucede de Mí, todo lo que me hicieron
mis enemigos y aun mi misma muerte, fueron

                                                    320
                                        Divina Voluntad




como tantas nubes que cubrieron mi
Humanidad, pero al Sol de mi Divinidad no lo
pudieron tocar, y no apenas el viento de la
Potencia de mi Voluntad Divina se movió,
desaparecieron las nubes y más que sol
resucité glorioso y triunfante, quedando los
enemigos más Avergonzados que antes.

     Hija mía, en el alma donde reina mi
Voluntad con toda su plenitud, los minutos de
vida son siglos y siglos de plenitud de todos
los bienes, y donde Ella no reina, los siglos de
vida son apenas minutos de bienes que
contienen; y si el alma donde reina mi Querer
sufriera humillaciones, oposiciones y penas,
son como nubes que el viento del Fiat Divino
descarga sobre aquellos, para su vergüenza,
que han osado tocar a la portadora de mi
eterno Querer.”

     Después de esto estaba pensando en el dolor
cuando mi dolorosa Mamá, traspasada en el
corazón se separó de Jesús, dejándolo muerto en
el sepulcro y pensaba entre mí:

     “¿Cómo fue posible que haya tenido tanta
fuerza de dejarlo?



                                                   321
                                         Divina Voluntad




    Es cierto que estaba muerto, pero era siempre
el cuerpo de Jesús, ¿cómo su amor materno no la
consumió para no dejarle dar un solo paso lejos
de aquel cuerpo extinto?

    Y sin embargó lo dejó. ¡Qué heroísmo, qué
fortaleza!”

    Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús
se ha movido en mi interior y me ha dicho:

  “Hija mía, ¿quieres saber cómo es que mi
Mamá tuvo la fuerza de dejarme?

   Todo el secreto de su fuerza estaba en mi
Voluntad reinante en Ella.

    Ella vivía de Voluntad Divina, no humana,
y por eso contenía la fuerza inmensurable.

     Es más, tú debes saber que cuando mi
traspasada Mamá me dejó en el sepulcro, mi
Querer la tenía inmersa en dos mares
inmensos, uno de dolor y el otro, más extenso,
de alegrías, de bienAventuranzas, y mientras
el de dolor le daba todos los martirios, el de la
alegría le daba todos los contentos y su bella
alma me siguió al limbo y asistió a la fiesta
que me hicieron todos los Patriarcas, los

                                                    322
                                          Divina Voluntad




profetas, su padre y su madre, nuestro amado
San José; el limbo se transformó en paraíso
con mi presencia y Yo no podía hacer menos
que hacer participar a Aquélla que había sido
inseparable en mis penas, hacerla asistir a
esta primera fiesta de las criaturas, y fue tanta
su alegría, que tuvo la fuerza de separarse de
mi cuerpo, retirándose y esperando el
momento      de    mi     Resurrección      como
cumplimiento de la Redención.

    La alegría la sostenía en el dolor, y el
dolor la sostenía en la alegría. A quien posee
mi Querer no puede faltarle ni fuerza ni
potencia ni alegría, todo lo tiene a su
disposición.

    ¿No lo experimentas en ti misma cuando
estás privada de Mí y te sientes consumar?

   La Luz del Fiat Divino forma su mar, te
hace feliz y te da la vida.”


                    Jesús, Jesús, Jesús




                                                     323
                                          Divina Voluntad




                                   Mayo 28, 1937
                                                Vol. 34




La Reina, portadora de Jesús, el gran don
que le fue entregado. Trabajo que tuvo del
Ente Supremo.


    El vivir en el Querer Divino continúa, es tanto
su Amor que me esconde en su Luz, a fin de que
no vea, no oiga, no toque más que su Santísima
Voluntad.

   Esta mañana, mi Madre Celestial me ha dado
una dulce y querida sorpresa:

    Habiendo recibido la Santa Comunión se
hacía ver en mi interior, que estaba con el niño
Jesús, lo tenía tan estrechado a su materno
corazón, cubierto con sus brazos, que para
mirarlo y recrearlo con mi pequeño amor, debía
abandonarme entre sus brazos para estarme
también yo unida con ellos, a fin de que pudiese
amar como se amaban Jesús y la Mamá Reina.


                                                     324
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¡Oh! cómo estaban contentos de que yo quería
hacer vida junto con ellos.

     Ahora, mientras me estaba estrechada con
ellos, la Soberana Reina, toda bondad y ternura
me ha dicho:

    “Amada hija mía, tú debes saber que Yo
soy la portadora de Jesús, esto fue un don
que el Ente Supremo me confió, y cuando
fue una realidad que Yo tuve la Gracia, el
Amor, la Potencia y la misma Voluntad
Divina para tenerlo custodiado, defendido,
amado, entonces me hizo la entrega del
don, esto es, el Verbo Eterno, que se
encarnó en mi seno diciéndome:

    ‘Hija nuestra, te hacemos el gran don de
la Vida del Hijo de Dios, a fin de que tú seas
la dueña de Ella y lo dones a quien quieras,
pero debes saber cómo tenerlo defendido,
jamás lo dejes solo en aquellos a quien lo
dones39, para suplir si no lo aman, para
39
   Ésta debería ser la actitud de los sacerdotes cuando como parte integrante de la Misa dan la comunión a
los fieles: “no dejarlo solo en quien lo dan” sino ir espiritualmente junto con Jesús sacramentado en quien lo
dan para que si no lo aman, lo amen ellos; si lo ofenden, lo reparen ellos, pues esas Hostias las consagraron
ellos. Pero… ¿quién piensa en esto? ¿Quién tiene esta actitud verdaderamente sacerdotal en unión con
María? ¡Ah, si aprendieran a ser sacerdotes como lo es María, Madre y Maestra de los sacerdotes! Pero
muchos se limitan a administradores extrínsecos de los sacramentos, por eso en muchos casos las ligerezas y
abusos en la administración delegada a otros del Santísimo Sacramento.

Pero quien vive en la Divina Voluntad, aunque no sea sacerdote ministerial, puede concurrir junto con María
a recibir a Jesús en todas las comuniones que se han hecho y que se harán, “no dejándolo solo”, realizando


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repararlo si lo ofenden, harás de modo que
nada le falte a la decencia, a la santidad, a
la pureza que le conviene, sé atenta, es el
don más grande que te hacemos, y te damos
el poder de bilocarlo cuantas veces quieras,
a fin de que quien lo quiera pueda recibir
este gran don y poseerlo.’

    Ahora, este Hijo es mío, es don mío, y
como mío conozco sus secretos amorosos,
sus ansias, sus suspiros, pero tanto, que
llega a llorar y con sollozos repetidos me
dice:

   ‘Mamá mía, dame a las almas, quiero las
almas.’

   Yo quiero lo que quiere Él, puedo decir
que suspiro y lloro junto, porque quiero que
todos posean a mi Hijo, pero debo poner al
seguro su Vida, el gran don que Dios me
confió; he aquí por qué si desciende en los
corazones Sacramentado Yo desciendo
junto por garantía de mi don, no puedo
dejarlo solo; pobre Hijo mío si no tuviera a
su Mamá que desciende junto, cómo me lo

así el sacerdocio común, real y verdadero de los fieles que realmente aman a Jesús y hacen una sola cosa
con Él, y no que solamente lo administran.

Y así de cada uno de los otros seis sacramentos. (Ver también nota 22).


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                                     Divina Voluntad




tratan mal; quién no le dice un te amo de
corazón, y yo debo amarlo; quién lo recibe
distraído, sin pensar en el gran don que
reciben, y yo me derramo sobre Él para no
dejarlo    sentir   sus    distracciones    y
frialdades; quién llega a hacerlo llorar, y
Yo debo quitarle el llanto y hacer los dulces
reproches a la criatura, que no me lo hagan
llorar.

    Cuántas escenas conmovedoras suceden
en    los    corazones    que    lo reciben
Sacramentado; hay almas que jamás se
contentan de amarlo, y Yo les doy mi amor,
y también el suyo para hacerlo amar, estas
son escenas de Cielo, y los mismos ángeles
quedan     raptados    por   ellas, y   nos
reanimamos de las penas que nos han dado
las otras criaturas.


   ¿Pero quién puede decirte todo?

    Soy la portadora de Jesús, ni Él quiere
estar sin Mí, tanto, que cuando el sacerdote
está por pronunciar las palabras de la
consagración sobre la ostia santa, hago
alas con mis manos maternas a fin de que
descienda por medio de mis manos para

                                                327
                                     Divina Voluntad




consagrarse, para que, si manos indignas
lo tocan, Yo hago sentir las mías que lo
defienden y lo cubren con mi amor.

    Pero esto no basta, estoy siempre de
guardia para ver si quieren a mi Hijo,
tanto, que si algún pecador se arrepiente
de sus grAves pecados y la luz de la Gracia
despunta en su corazón, Yo, rápidamente le
llevo a Jesús como confirmación del
perdón, y Yo pienso en todo lo que se
necesita para hacer que se quede en aquel
corazón convertido.

    Soy la portadora de Jesús, y lo soy
porque poseo en Mí el reino de su Voluntad
Divina; Ella me revela quién lo quiere, y Yo
corro, vuelo para llevarlo, pero sin jamás
dejarlo, y no sólo soy portadora, sino
espectadora, escucha de lo que hace y dice
a las almas.


   ¿Crees tú que Yo no estaba presente
para escuchar las tantas lecciones que mi
amado Hijo te daba sobre su Divina
Voluntad?



                                                328
                                     Divina Voluntad




    Yo estaba presente, escuchaba palabra
por palabra lo que te decía, y en cada
palabra Yo agradecía a mi Hijo y me sentía
doblemente glorificada porque hablaba del
reino que Yo ya poseía, que había sido toda
mi fortuna y la causa del gran don de mi
Hijo, y al oírlo hablar Yo veía injertada la
fortuna de mis hijos con la mía; ¡oh! cómo
exultaba, todas las lecciones que te ha
dado, y aún más, están ya escritas en mi
corazón, y al ver que te las repetía a ti Yo
gozaba en cada lección un paraíso de más,
y cuantas veces tú no estabas atenta y
olvidabas, Yo pedía perdón por ti y le
rogaba que repitiese sus lecciones, y Él
para contentarme, porque no sabe negar
nada a su Mamá, te repetía sus bellas
lecciones.


    Hija mía, Yo estoy siempre con Jesús,
pero a veces me escondo en Él, y parece que
Él hace todo, como si hiciera sin Mí, pero
Yo estoy dentro, concurro junto con Él y
estoy al día de lo que hace; otras veces se
esconde Él en su Mamá y me hace hacer a
Mí, pero siempre es concurrente conmigo;
otras veces nos hacemos presentes los dos,
y las almas ven a la Madre y al Hijo,

                                                329
                                        Divina Voluntad




quienes   los    aman    tanto   según    las
circunstancias    y   el   bien   que   ellas
requieren, y muchas veces es el amor que
no podemos contener que nos hace dar en
excesos hacia ellas; pero ten por seguro que
si está mi Hijo, estoy Yo, y que si estoy Yo,
está mi Hijo, es un trabajo que me fue dado
por el Ente Supremo, del cual Yo no puedo,
ni quiero retirarme, mucho más que estas
son las alegrías de mi maternidad, los
frutos de mis dolores, la Gloria del reino
que poseo, la Voluntad y el cumplimiento de
la Trinidad Sacrosanta.”


                  María, María, María




                                                   330
                                           Divina Voluntad




                                  Febrero 10, 1937


El reino del Querer Divino será el reino de
la Reina del Cielo. Sus deseos ardientes y
plegarias incesantes son asaltos de amor
que da a la Divinidad para obtenerlo.
Cómo pondrá su Vida a disposición de las
criaturas para darles la gracia de hacerlas
vivir de Voluntad Divina.


    Me sentía toda inmersa en el Querer Divino,
me parecía que Cielos y tierra suspiran, ruegan
que venga su reino a la tierra, a fin de que una
sea la Voluntad de todos, y reine como en el Cielo
así en la tierra, a esto se unía la Reina del Cielo,
que con sus suspiros ardientes investía todo,
movía, unía todo a Sí, ángeles, santos, y a toda la
Creación, para pedir con sus mismos suspiros y
con la misma Voluntad Divina que Ella posee,
aquel Fiat, que descienda en los corazones y
forme en ellos su Vida. Pero mientras esto
pensaba, mi siempre amable Jesús haciéndose
ver, todo amor suspiraba fuerte, el corazón le

                                                      331
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latía tanto, como si le quisiera estallar, y me ha
dicho:

    “Hija de mi Querer, escúchame, mi Amor
está por sumergirme, no puedo contenerlo
más, a cualquier costo, aunque debiese arrollar
Cielo y tierra, quiero que venga a reinar mi
Voluntad sobre la tierra.

    A esto se une mi Mamá Celestial, la cual
sin jamás cesar me dice, me repite:

    ‘Hijo, hazlo pronto, no tardes más, usa tus
estratagemas de amor, obra como el Dios
potente que eres, haz que tu Querer invista a
todos, y con su Potencia y Majestad, unidos a
un Amor que ninguno los podrá resistir, tome
posesión de todos y reine como en el Cielo así
en la tierra.40’

    Y esto me lo dice con tales suspiros
ardientes, con tales latidos candentes, con
tales estratagemas de amor de Madre, que no
puedo resistir.

        Y llega a agregar:
40
    Estas oraciones en unión con María debemos aprendérnoslas de memoria y recitarlas interior y
continuamente, pues son el eco del Pater Noster: “Venga tu Reino, hágase tu Voluntad como en el Cielo en
la tierra”, y sabiendo que estamos pidiendo junto con María lo que Dios nos quiere dar, infaliblemente lo
obtendremos para nosotros y para las futuras generaciones.


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                                       Divina Voluntad




    ‘Hijo mío, Hijo de mi corazón, me has
hecho Reina y Madre, ¿y mi pueblo, y mis
hijos, dónde están?

    Si Yo fuera capaz de infelicidad sería la
Reina y la Madre más infeliz, porque poseo mi
reino pero no tengo mi pueblo que viva de la
misma Voluntad de su Reina, y si no tengo mis
hijos a los cuales pueda confiar la gran
herencia de su Madre, ¿dónde encontraré la
alegría, la felicidad de mi Maternidad?

   Por eso haz que reine el Fiat Divino, y
entonces tu Mamá será feliz y tendré mi
pueblo y mis hijos que vivirán junto conmigo,
con la misma Voluntad de su Madre.’

    ¿Crees tú que Yo pueda permanecer
indiferente ante este hablar de mi Madre, que
me lo hace resonar continuamente al oído, y
que dulcemente inviste mi corazón, y que son
flechas y heridas de amor continuo?

    No lo puedo, y ni siquiera lo quiero. Mucho
más que Ella jamás me ha negado nada, por lo
que me falta la Fuerza de negarme a Ella, mi
corazón divino me empuja a contentarla; tú
únete con Nosotros y suspira y ruega que mi

                                                  333
                                         Divina Voluntad




Voluntad sea conocida y venga a reinar sobre
la tierra, y para mayormente confirmarte a
esto, quiero hacerte oír a mi dulce Mamá.”

    Mientras estaba en esto, me la he sentido
junto, que escondiéndome bajo su manto azul y
tomándome en su regazo materno, con un amor
que no sé decir me ha dicho:

    “Hija de mi materno corazón, el reino de la
Divina Voluntad será mi reino, la Trinidad
Sacrosanta me lo ha confiado a Mí; así como
me confió al Verbo Eterno cuando descendió
del Cielo a la tierra, así me confió su y mi
reino, por eso mis suspiros son ardientes, mi
plegarias incesantes, no hago otra cosa que
asaltar a la Trinidad Santísima con mi amor,
con los derechos de Reina y de Madre que me
dio, a fin de que lo que me confió venga a la
luz, forme su Vida, a fin de que mi reino
triunfe sobre la faz de la tierra; tú debes saber
que es tanto mi deseo, que me quema, que me
siento como si no tuviese Gloria, mientras que
tengo tanta que los Cielos y la tierra están
llenos de ella, si no veo formado el reino de la
Divina Voluntad en medio a mis hijos, porque
cada uno de estos hijos que vivirán en él, me
dará tanta Gloria, de duplicarme la Gloria que
poseo, por eso viéndome privada me siento

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                                        Divina Voluntad




como si no tuviese Gloria de Reina y no fuera
amada como Madre por mis hijos, por eso en
mi corazón los llamo siempre y voy repitiendo:

    ‘Hijos míos, hijos míos, vengan a su Mamá,
ámenme como Madre como Yo os amo como
hijos, si no llegan a vivir de la misma Voluntad
de la que Yo viví, no podéis darme el amor de
verdaderos hijos, ni podéis conocer hasta
dónde llega mi amor por ustedes.’

    Debes saber que es tanto mi amor y mis
deseos ardientes por querer que este reino
exista sobre la tierra, que desciendo del Cielo,
giro por las almas para ver quién está más
dispuesto a vivir del Querer Divino, los espío,
y cuando los veo dispuestos, entro en sus
corazones y formo mi Vida en ellos como
preparación, honor y decoro de aquel Fiat que
tomará posesión y formará su Vida en ellos.

    Por eso Yo seré inseparable de ellos,
pondré mi Vida, mi amor, mis virtudes, mis
dolores a su disposición, como muro de
fortaleza insuperable, a fin de que puedan
encontrar en su Madre lo que se necesita para
vivir en este reino tan santo.



                                                   335
                                        Divina Voluntad




    Y entonces mi fiesta será completa, mi
amor se reposará en mis hijos, mi Maternidad
encontrará quién me ama como hijo, y daré
gracias sorprendentes y pondré en fiesta Cielo
y tierra, la haré de Reina prodigando
generosamente gracias inauditas.

   Por eso hija mía, manténte unida con tu
Mamá, a fin de que ruegues y suspires
conmigo el reino de la Divina Voluntad.”


                  Luisa, Luisa, Luisa




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                                Divina Voluntad




       Arcidiocesi
 Trani-Barletta-Bisceglie
        Nazareth




       NULLA OSTA
Trani, 24 Settembre 1997




II Cancelliere Arcivescovile
  Mons. Giuseppe Asciano




  A Cura della Pstulazione
Della Causa di Beatificazione
     di Luisa Piccarreta


                                           337
                                     Divina Voluntad




Llamada Materna
de la Reina del Cielo.


“Hija queridísima, siento la irresistible
necesidad de bajar del Cielo para hacerte
mis visitas maternas. Si tú me aseguras tu
amor filial y tu fidelidad Yo permaneceré
siempre contigo, en tu alma, para ser tu
maestra, tu modelo y tu Madre ternísima.

Vengo para invitarte a entrar en el Reino de
tu Mamá, esto es, en el Reino de la Divina
Voluntad, y llamo a la puerta de tu corazón
para que tú me abras.

Mira, con mis manos te traigo en don este
libro, te lo ofrezco con amor materno para
que tú, leyéndolo, aprendas a vivir de Cielo
y ya no más de tierra.

Este libro es de oro, hija mía. Él formará tu
fortuna espiritual y tu felicidad aun en la
tierra. En él encontrarás la fuente de todos
los bienes:

                                                338
                                      Divina Voluntad




Si eres débil, adquirirás la fuerza; si eres
tentada, adquirirás la victoria; si caes en la
culpa, encontrarás la mano misericordiosa y
potente que te levantará; si te sientes fría,
encontrarás     el   medio     seguro     para
enfervorizarte; y si te sientes hambrienta,
tomarás el alimento exquisito de la Divina
Voluntad.

Con este libro no te faltará nada; ya no
estarás más sola, porque tu Mamá te hará
dulce compañía y con sus cuidados
maternos se comprometerá a hacerte feliz.
Yo, la Emperatriz Celestial, me encargaré de
todas tus necesidades si tú accedes a vivir
unida a Mí.

¡Si tú conocieras mis ansias, mis suspiros
ardientes y las lágrimas que derramo por
mis hijos! ¡Si tú supieras cómo ardo en el
deseo de que escuches mis lecciones todas
de Cielo y aprendas a vivir de Voluntad
Divina!

En este libro encontrarás maravillas.
Encontrarás a tu Mamá que te ama tanto
que sacrifica a su querido Hijo por ti, para


                                                 339
                                     Divina Voluntad




poder así hacerte vivir de la misma vida que
Ella vivió sobre la tierra.

¡Ah, no me des este dolor: no me rechaces,
acepta este don de Cielo que te traigo; acoge
mi visita, atiende mis lecciones!

Has de saber que Yo recorreré todo el
mundo, iré a cada alma, a todas las familias,
a todas las comunidades religiosas, a todas
las naciones, a todos los pueblos, y, si se
necesita, iré por siglos enteros, hasta que
haya formado como Reina a mi pueblo y
como Madre a mis hijos, los cuales
conocerán y harán reinar por doquier la
Divina Voluntad.

He aquí explicada la finalidad de este libro.
Aquéllos que lo acojan con amor serán los
primeros afortunados hijos que pertenecerán
al Reino del Fiat Divino, y Yo con caracteres
de oro escribiré sus nombres en mi Corazón
materno.

Mira, hija mía, el mismo amor infinito de
Dios que en la redención quiso servirse de
Mí para hacer descender al Verbo eterno a la
tierra, ahora me llama de nuevo y me confía
la tarea, el sublime mandato de formar en la

                                                340
                                            Divina Voluntad




tierra a los hijos del Reino de la Divina
Voluntad. Y yo, maternalmente presurosa
me pongo a la obra y te preparo el camino
que te conducirá a este feliz Reino.

Y para tal fin te daré sublimes y celestiales
lecciones; especialmente te enseñaré nuevas
oraciones, en las cuales el cielo, el Sol, la
creación entera, mi misma vida y la de mi
Hijo, todos los actos de los santos, queden
todos incluidos a fin de que a nombre tuyo
pidan el Reino adorable del Querer Divino.

Estas oraciones son las más potentes,
porque encierran en ellas la potencia del
mismo obrar Divino.     Por medio de ellas
Dios se sentirá desarmado y vencido por la
criatura.   En virtud de este auxilio, tú
apresurarás la venida de su Reino felicísimo
y conmigo obtendrás que la Divina Voluntad
se haga como en el Cielo así en la tierra,
según el deseo del Maestro Divino.

¡Ánimo, hija   mía;      conténtame     y    Yo       te
bendeciré!”


                  Jesús, Jesús, Jesús




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                                          Divina Voluntad




Oración a la Reina del Cielo
Para cada día del mes de mayo.


Reina Inmaculada, Celestial Madre mía, yo vengo
a tus rodillas maternas para abandonarme como
tu querida hija entre tus brazos y pedirte con los
suspiros más ardientes en este mes a ti
consagrado, la gracia más grande:

Que me admitas a vivir en el Reino de la Divina
Voluntad. Mamá Santa, Tú que eres la Reina de
este Reino admíteme a vivir en él como hija tuya,
a fin de que ya no esté desierto, sino poblado de
hijos tuyos.

Soberana Reina, a ti me confío a fin de que Tú
guíes mis pasos en el Reino del Querer Divino.
Teniéndome tomada con tus manos maternas
guía todo mi ser para que haga vida perenne en la
Divina Voluntad. Tú me harás de Mamá, y como
a Mamá mía te hago entrega de mi voluntad a fin
de que Tú me la cambies por la Voluntad Divina,
y así pueda yo estar segura de no salir de su
Reino. Te pido que me ilumines para que yo

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                                             Divina Voluntad




pueda comprender bien qué significa Voluntad de
Dios.

Ave María…

Florecilla del mes: En la mañana, a mediodía y
en la tarde, es decir, tres veces al día, ir sobre las
rodillas de nuestra Mamá Celestial y decirle:

“Mamá mía, te amo; ámame Tú también, da un
sorbo de Voluntad de Dios a mi alma y dame tu
bendición para que pueda hacer todas mis
acciones bajo tu mirada materna.”


                      María, María, María




                                                        343
                                          Divina Voluntad




                 PRIMER DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
El primer paso de la Divina Voluntad
en la concepción inmaculada
de la Mamá Celestial.


EL ALMA A SU INMACULADA REINA:

Heme aquí, oh Mamá dulcísima, postrada ante ti.
Hoy es el primer día del mes de mayo consagrado
a ti, en el cual todos tus hijos quieren ofrecerte
sus florecillas para testimoniarte su amor y para
comprometer a tu amor a amarlos. Y yo te veo
como descender de la Patria Celestial cortejada
por legiones de ángeles para recibir las bellas
rosas, las humildes violetas, los castos lirios de
tus hijos, y corresponderles con tus sonrisas de
amor, con tus gracias y bendiciones, y recibiendo
en tu regazo materno los dones de tus hijos te los
llevas al Cielo para reservarlos como prenda y
corona para el momento de su muerte.

                                                     344
                                          Divina Voluntad




Mamá Celestial, entre todos, yo, que soy la más
pequeña, la más necesitada de tus hijos, quiero ir
a tu regazo materno parar llevarte no solamente
flores y rosas, sino un sol cada día. Pero la
Mamá debe ayudar a la hija dándole sus
lecciones de Cielo para enseñarle cómo formar
estos soles divinos, y así te daré el homenaje más
bello y el amor más puro.

Mamá querida, Tú sabes qué cosa quiere tu hija:

Quiere ser enseñada por ti a vivir de Voluntad
Divina; y yo, transformando mis actos y toda yo
misma en la Divina Voluntad, según tus
enseñanzas, cada día vendré a poner en tu regazo
materno todos mis actos cambiados en soles.


LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija bendita, tu      oración ha herido mi
Corazón materno      y atrayéndome del Cielo
ya estoy junto a      mi hija para darle mis
lecciones todas de   Cielo.

Mira, hija querida, miles de ángeles me
rodean y reverentes están todos a la
expectativa para oírme hablar de aquel Fiat

                                                     345
                                       Divina Voluntad




Divino, del cual más que todos Yo poseo su
fuente, conozco sus admirables secretos, sus
alegrías infinitas, su felicidad indescriptible
y su valor incalculable. Y al sentirme llamar
por mi hija porque quiere mis lecciones
sobre la Divina Voluntad es para Mí la fiesta
más grande, la alegría más pura, y si tú
escuchas mis lecciones, Yo me consideraré
afortunada de ser tu Mamá.

Oh, cómo suspiro tener una hija que quiera
vivir toda de Voluntad Divina. Dime, hija,
¿me contentarás? ¿Me darás tu corazón, tu
voluntad, toda tú misma en mis manos
maternas para que Yo te prepare, te
disponga, te fortifique, te vacíe de todo, de
tal manera que pueda llenarte toda de luz,
de Divina Voluntad parar formar en ti su
Vida divina?

Apoya tu cabeza sobre el Corazón de tu
Mamá Celestial y sé atenta en escucharme
para que mis sublimes lecciones te hagan
decidir a no hacer jamás tu voluntad sino
siempre la de Dios.

Hija mía, escúchame, es mi Corazón
materno que tanto te ama y que quiere
derramarse en ti. Has de saber que te tengo

                                                  346
                                         Divina Voluntad




escrita aquí en mi Corazón y te amo como
verdadera hija, pero siento un gran dolor
porque no te veo semejante a Mí.

¿Y sabes qué       es   lo   que   nos        hace
desemejantes?

Ah, es tu voluntad, la cual te quita la
frescura de la gracia, la belleza que enamora
a tu Creador, la fortaleza que todo lo vence
y soporta y el amor que todo lo consume.
En suma, no es aquella Voluntad que anima
a tu Mamá Celestial. Has de saber que Yo
conocí mi voluntad humana sólo para
tenerla sacrificada en homenaje a mi
Creador.

Mi vida fue toda de Voluntad Divina:

Desde el primer instante de mi Concepción
fui plasmada, inflamada y puesta en su luz,
la cual purificó mi germen humano con su
potencia y quedé concebida sin mancha
original.

Así que, si mi Concepción fue sin mancha y
tan floriosa que forma el honor de la Familia
divina, fue sólo porque el Fiat Omnipotente
se vertió sobre mi germen y quedé

                                                    347
                                    Divina Voluntad




concebida pura y santa. Si el Querer Divino
so se hubiera derramado sobre mi germen,
más que una tierna madre, para impedir los
efectos del pecado original, Yo habría
encontrado la triste suerte de todas las
demás criaturas de ser concebida con el
pecado original. Por eso, la causa primaria
de    mi   Concepción     Inmaculada    fue
únicamente la Divina Voluntad.

A Ella sea el honor, la Gloria y el
agradecimiento por haber sido Yo concebida
sin pecado original.

Ahora, hija de mi Corazón, escucha a tu
Mamá:

Haz a un lado tu voluntad humana, prefiere
morir antes que darle un acto de vida. Tu
Mamá Celestial se habría contentado con
morir mil y mil veces antes que hacer un
acto solo de su propia voluntad.

¿No quieres imitarme?

Ah, si tú aceptas tener sacrificada tu
voluntad en honor a tu Creador, el Querer
Divino hará el primer paso en tu alma:


                                               348
                                        Divina Voluntad




Te sentirás circundada y plasmada por un
áurea celestial, purificada y enfervorizada
de tal forma que sentirás aniquilados en ti
los gérmenes de tus pasiones y te sentirán
puesta en los primeros pasos del Reino de la
Divina Voluntad.

Por eso, sé atenta; si me eres fiel en
escucharme, Yo te guiaré, te conduciré de la
mano por los interminables caminos del Fiat
Divino, te tendré defendida bajo mi manto
azul y tú serás mi honor, mi Gloria, mi
victoria y también la tuya.


EL ALMA:

Virgen Inmaculada, tómame sobre tus rodillas
maternas y hazme de Mamá, con tus santas
manos posesiónate de mi voluntad y purifícala,
enfervorízala con el toque de tus dedos maternos
y enséñame a vivir solamente de voluntad Divina.

Florecilla: Para honrarme, desde la mañana y
en todas tus acciones me entregarás tu
voluntad diciendo:

“Mamá mía, ofrece Tú misma a mi Creador
el sacrificio de mi voluntad.”

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                                       Divina Voluntad




Jaculatoria: Mamá Reina, encierra la Divina
Voluntad en mi alma.


                 Luisa, Luisa, Luisa




                                                  350
                                         Divina Voluntad




                SEGUNDO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
El segundo paso de la Divina Voluntad
en la Reina del Cielo.
La primera sonrisa de la Trinidad
Sacrosanta ante su concepción
inmaculada.


EL ALMA A SU INMACULADA REINA:

Heme aquí de nuevo sobre tus rodillas maternas
para escuchar tus lecciones. Mamá Celestial,
esta pobre hija tuya se confía a tu potencia. Soy
muy pobre, lo sé, pero sé que Tú me amas como
Mamá y esto me basta para arrojarme entre tus
brazos para que tengas compasión de mí y
abriéndome los oídos del corazón me hagas oír tu
voz dulcísima para darme tus sublimes lecciones.
Tú, Mamá Santa, purifica mi corazón con el toque



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                                         Divina Voluntad




de tus dedos maternos para que encierres en él el
celeste rocío de tus celestiales enseñanzas.

LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija mía, escúchame, si tú supieras cuánto
te amo, confiarías mayormente en Mí y no
dejarías escapar ni siquiera una sola palabra
mía.

Has de saber que no sólo te tengo escrita en
mi Corazón sino que dentro de él tengo una
especial fibra materna que me hace amar
más que madre a mi hija. Por eso quiero
hacerte conocer los inmensos prodigios que
obró el Fiat Supremo en Mí, para que tú,
imitándome, puedas darme el gran honor de
ser mi hija reina. Oh, cómo mi Corazón
ahogado de amor suspira tener alrededor de
Mí la noble legión de las pequeñas reinas.
Por tanto, escúchame, hija mía queridísima:

En cuanto el Querer Divino se vertió en mi
germen humano para impedir los tristes
efectos de la culpa, la Divinidad sonrió y se
puso en fiesta al ver en mi germen aquel
germen humano puro y santo como salió de
sus manos creadoras en la creación del
hombre.

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                                     Divina Voluntad




El Fiat Divino hizo entonces su segundo
paso en Mí con llevar este germen humano
mío, por Él mismo purificado y santificado,
ante la Divinidad con el fin de que Ella se
vertiera a torrentes sobre mi pequeñez en
acto de ser concebida.      Y la Divinidad,
descubriendo en Mí bella y pura su obra
creadora   sonrió   de   complacencia,    y
queriéndome festejar:

El Padre Celestial vertió en Mí mares de
potencia, el Hijo, mares de sabiduría y el
Espíritu santo, mares de amor. Así que Yo
quedé concebida en la Luz interminable de
la Divina Voluntad y en estos mares divinos,
y mi pequeñez, no pudiéndolos contener,
formaba olas altísimas para enviarlas como
homenajes de amor y de Gloria al Padre, al
Hijo y al Espíritu Santo.

La Divinidad era todo ojos sobre Mí, y para
no dejarse vencer por Mí en amor,
sonriéndome,    acariciándome me enviaba
otros mares, los cuales me embellecían
tanto que en cuanto fue formada mi pequeña
humanidad adquirí la virtud de raptar a mi
Creador, y Él verdaderamente se dejaba
raptar, tanto que entre Dios y Yo fue

                                                353
                                      Divina Voluntad




siempre   fiesta; nada   nos   negábamos
recíprocamente, Yo nunca le negué nada y
Él tampoco.

¿Pero sabes tú quién me animaba con esta
fuerza raptora?

La Divina Voluntad que como vida reinaba
en Mí. Por eso la fuerza del ser Supremo era
la mía y por tanto teníamos igual fuerza
para raptarnos recíprocamente.

Ahora, hija mía, escucha a tu Mamá:

Has de saber que Yo te amo muchísimo y
quisiera ver tu alma llena de mis mismos
mares. Estos mares míos son desbordantes
y quieren verterse en ti, pero para lograrlo
debes vaciarte de tu querer a fin de que el
Querer Divino pueda hacer su segundo paso
en ti y constituyéndose como principio de
vida en tu alma, llame la atención del Padre
Celestial, del Hijo y del Espíritu Santo para
que derramen también en ti sus mares
desbordantes. Pero para esto, Ellos quieren
encontrar en ti su misma Voluntad, porque
no quieren confiar a tu voluntad humana sus
mares de potencia, de sabiduría, de amor y
de belleza indescriptibles.

                                                 354
                                     Divina Voluntad




Hija queridísima, escucha a tu Mamá, pon la
mano en tu corazón, confíame tus secretos y
dime:

¿Cuántas veces te has sentido infeliz,
torturada, amargada porque has hecho tu
voluntad?

Mira, así has arrojado fuera una Voluntad
Divina y has caído en el laberinto de los
males. Ella quería hacerte pura y santa,
feliz y bella, con una belleza encantadora,
pero tú con hacer tu voluntad le hiciste
guerra y con gran dolor suyo la echaste
fuera de su amada habitación, la cual es tu
alma.

Escucha, hija de mi Corazón, es un dolor
para tu Mamá el no ver en ti el sol del Fiat
Divino sino las densas tinieblas de la noche
de tu voluntad humana. Pero, ánimo, si tú
me prometes darme tu voluntad en mis
manos, Yo, tu Mamá Celestial, te tomaré
entre mis brazos, te pondré sobre mis
rodillas y haré surgir en ti la vida de la
Divina Voluntad, y tú, finalmente, después
de tantas lágrimas mías formarás mi sonrisa


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                                         Divina Voluntad




y mi fiesta y la sonrisa y la fiesta de la
Trinidad Sacrosanta.

EL ALMA:

Mamá Celestial, si tanto me amas, te pido que
nunca permitas que yo me baje de tus rodillas
maternas y cuando veas que estoy por hacer mi
voluntad vigila mi pobre alma y encerrándome en
tu Corazón, la fuerza de tu amor queme mi
querer; así cambiaré tus lágrimas en sonrisas de
complacencia.


Florecilla: Para honrarme, vendrás tres veces
sobre mis rodillas, para entregarme tu
querer me dirás:

“Mamá quiero que mi voluntad sea tuya,
dame a cambio la Voluntad Divina.”


Jaculatoria: Soberana Reina, con tu imperio
Divino abate mi querer, a fin de que comience en
mí el alba de la Divina Voluntad.


                   Jesús, Jesús, Jesús




                                                    356
Divina Voluntad




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                TERCER DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
El tercer paso de la Divina Voluntad
en la Reina del Cielo.
La sonrisa de toda la creación por
la concepción de la Celestial Niña.


EL ALMA A LA VIRGEN:

Mamá soberana, ésta tu pequeña hija, raptada
por tus celestiales lecciones, siente la extrema
necesidad de venir cada día sobre tus rodillas
maternas para escucharte y para depositar en su
corazón tus maternas enseñanzas. Tu amor, tu
dulce acento, el estrecharme a tu Corazón entre
tus brazos me infunden valor y confianza de que
mi Mamá me dará la inmensa gracia de hacerme
comprender el gran mal de mi voluntad para
hacerme vivir de la Divina Voluntad.



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                                      Divina Voluntad




LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija mía, escúchame; es un corazón de
madre el que te habla y como veo que me
quieres oír, se alegra y nutre la segura
esperanza de que mi hija tomará posesión
del Reino de la Divina Voluntad, Reino que
poseo en mi materno Corazón para darlo a
mis hijos.     Por tanto, sé atenta en
escucharme y escribe todas mis palabras en
tu corazón para que las medites siempre y
modeles tu vida según mis enseñanzas.

Escucha, hija mía:

En cuanto la Divinidad sonrió y festejó mi
concepción, el Fiat Supremo hizo el tercer
paso en mi pequeña humanidad. Pequeñita,
pequeñita, me dotó de razón divina y
movida toda la creación a fiesta me hizo
reconocer por todas las cosas creadas como
su Reina.

Ellas reconocieron en Mí la vida del Querer
Divino y todo el universo se postró a mis
pies aunque era pequeñita y no había nacido
aún, y alabándome, el Sol me festejó y
sonrió con su luz, el cielo me festejó con sus

                                                 359
                                     Divina Voluntad




estrellas sonriéndome con su manso y dulce
centelleo y ofreciéndose como refulgente
corona sobre mi cabeza, el mar me festejó
con sus olas, alzándose y abajándose
pacíficamente, en suma, no hubo ninguna
cosa creada que no se uniera a la sonrisa y a
la fiesta de la Sacrosanta Trinidad.

Todas aceptaron mi dominio, mi imperio, mi
mando y se sintieron honradas de que
después de tantos siglos desde que Adán
perdió el mando y el dominio de rey con
sustraerse   de   la   Divina    Voluntad,
encontraron en Mí a su Reina y la creación
toda me proclamó Reina del Cielo y de la
tierra.

Querida hija mía, debes saber que la Divina
voluntad cuando reina en el alma no sabe
hacer cosas pequeñas sino grandes, quiere
concentrar en la afortunada criatura todas
sus prerrogativas divinas, y todas las cosas
que salieron de su Fiat Omnipotente la
rodean y quedan obedientes a sus órdenes.

Y a Mí ¿qué cosa no me dio el Fiat Divino?




                                                360
                                      Divina Voluntad




Me dio todo. Cielo y tierra estaban en mi
poder, me sentía dominadora de todo y
hasta de mi mismo Creador.

Ahora, hija mía, escucha a tu Mamá, oh,
cuánto me duele el corazón al verte débil,
pobre, sin tener el verdadero dominio para
dominarte a ti misma.      Temores, dudas,
aprehensiones son los que te dominan y
todos son miserables andrajos de tu
voluntad humana.

¿Y sabes por qué?

Porque en ti no existe la vida íntegra del
Querer Divino, que poniendo en fuga todos
los males del querer humano te haga feliz y
te llene de todos los bienes que posee. Pero
si tú con un propósito firme te decides a no
dar más vida a tu voluntad, entonces
sentirás morir en ti todos los males y revivir
en ti todos los bienes. Y entonces todo te
sonreirá, y el Divino Querer hará también en
ti su tercer paso y toda la creación festejará
a la nueva llegada al Reino de la Divina
Voluntad.

Dime, entonces, hija mía, ¿me escucharás?


                                                 361
                                          Divina Voluntad




¿Me das tu palabra de que no harás nunca,
nunca más tu voluntad?

Has de saber que si esto haces, Yo no te
dejaré jamás, me pondré a guardia de tu
alma, te envolveré en mi luz a fin de que
ninguno se atreva a molestar a mi hija y te
daré mi imperio para que imperes sobre
todos los males de tu voluntad.


EL ALMA:

Mamá Celestial, tus lecciones descienden en mi
corazón y me lo llenan de bálsamo celestial. Te
doy gracias por abajarte tanto a mí… pobrecilla.
Pero escucha, Mamá mía, temo de mí misma,
pero si Tú quieres, todo puedes, y yo contigo todo
puedo.

Me abandono como una pequeña niña entre los
brazos de su Mamá, pues estoy segura de que así
satisfaré sus deseos maternos.


Florecilla: Para honrarme, mirarás al Cielo,
al sol, a la tierra, y con ellos por tres veces
recitarás tres Gloria, agradeciendo a Dios


                                                     362
                                         Divina Voluntad




por haberme constituido Reina de todo lo
creado.


Jaculatoria: Reina poderosa, domina mi voluntad
y conviértela en Voluntad Divina.


                   María, María, María




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                                          Divina Voluntad




                 CUARTO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
El cuarto paso de la Divina Voluntad
En la Reina del Cielo. La prueba.


EL ALMA A LA VIRGEN:

Heme aquí de nuevo sobre las rodillas maternas
de mi querida Mamá Celestial. El corazón me late
fuerte, fuerte. Siento ansias de amor por el deseo
de escuchar tus bellas lecciones. Por eso dame la
mano y tómame entre tus brazos. En tus brazos
paso momentos de paraíso, me siento feliz. Oh,
cómo suspiro escuchar tu voz. Una nueva vida
desciende en mi corazón. Por eso, háblame y yo
te prometo poner en práctica tus santas
enseñanzas.




                                                     364
                                      Divina Voluntad




LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija mía, si supieras cuánto deseo tenerte
estrechada entre mis brazos, apoyada sobre
mi Corazón materno para hacerte escuchar
los arcanos celestiales del Fiat Divino. Si tú
suspiras tanto por escucharme, son mis
suspiros que hacen eco en tu corazón; es tu
Mamá que quiere a su hija, que quiere
confiarle sus secretos y narrarle la historia
de lo que obró en Ella la Voluntad Divina.

Hija de mi Corazón, préstame atención, es
mi    Corazón    de    Madre    que    quiere
desahogarse con su hija. Yo quiero decirte
mis secretos que hasta ahora no han sido
revelados a ninguno, porque no había
sonado aún la hora de Dios, pues Dios,
queriendo dar con liberalidad a sus criaturas
gracias sorprendentes que en toda la
historia del mundo no ha concedido, quiere
hacer conocer los prodigios del Fiat Divino,
lo que puede obrar en la criatura si se deja
dominar por Él y por eso quiere ponerme
ante la vista de todos como modelo, ya que
tuve el gran honor de formar mi vida toda de
Voluntad Divina.


                                                 365
                                     Divina Voluntad




Ahora, has de saber, hija mía, que en cuanto
fui concebida y puse en fiesta a la Divinidad
y Cielos y tierra me festejaron y me
reconocieron por su Reina, Yo quedé en tal
forma unificada con mi Creador que me
sentía en sus dominios Divinos como dueña.

Yo nunca conocí qué cosa era separación de
mi Creador, aquel mismo Querer Divino que
reinaba en Mí, reinaba también en Él y, por
tanto, nos hacía inseparables. Y si bien todo
era sonrisa y fiesta entre Nosotros, Yo veía
que Él no podía confiar en Mí si no tenía
una prueba mía.

Hija mía, la prueba superada es la bandera
que dice “Victoria”.     La prueba pone al
seguro todos los bienes que Dios nos quiere
dar. La prueba madura y dispone al alma
para la adquisición de grandes conquistas.
Y también Yo veía la necesidad de esta
prueba porque quería testimoniarle a mi
Creador, en reciprocidad de los tantos mares
de gracias que me había dado, un acto de
fidelidad mía, aunque me costara el
sacrificio de toda mi vida. Oh, cuán bello es
poder decir:

“Tú me has amado y yo te he amado”.

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                                     Divina Voluntad




Pero sin una prueba, esto jamás se puede
decir.

Debes saber entonces, hija mía, que el Fiat
Divino me hizo conocer la creación del
hombre inocente y santo, también para él
todo era felicidad, tenía el mando sobre toda
la creación y todos los elementos eran
obedientes a sus órdenes. Como en Adán
reinaba el Querer Divino y en virtud de Él,
también él era inseparable de su Creador. A
los tantos bienes que Dios le había dado,
para tener un acto de fidelidad en Adán, le
ordenó que no tocara sólo un fruto de los
tantos que había en ese Edén terrenal. Era
la prueba que Dios quería para confirmar su
inocencia, santidad y felicidad y para darle
el derecho de mando sobre toda la creación.
Pero Adán no fue fiel a la prueba, y no
habiendo sido fiel, Dios no pudo confiar más
en él y, por tanto, perdió el mando, la
inocencia, la felicidad y se puede decir que
trastornó la obra de la creación.

Ahora, hija de mi Corazón, debes saber que
cuando Yo conocí los grAves males de la
voluntad humana en Adán y en toda su
descendencia, Yo, tu Celestial Madre,

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                                     Divina Voluntad




aunque      apenas     concebida,     lloré
amargamente y con ardientes lágrimas sobre
el hombre caído.    Y el Querer Divino al
verme llorar, me pidió por prueba que le
cediera mi voluntad humana. El Fiat Divino
me dijo:

“No te pido un fruto como a Adán, no, no,
sino que te pido tu voluntad. Tú la tendrás
como si no la tuvieras, la tendrás bajo el
imperio de mi Querer Divino, que te será
vida y así Él se sentirá seguro para hacer
lo que quiera de ti.”

Y así el Fiat Supremo hizo el cuarto paso en
mi alma, pidiéndome como prueba mi
voluntad, esperando de Mí mi Fiat y la
aceptación de tal prueba.

Mañana te espero de nuevo sobre mis
rodillas para hacerte oír el éxito de la
prueba.    Y como quiero que imites a tu
Mamá, te pido como Madre que no rehúses
nunca nada a tu Dios, aunque fueran
sacrificios que duraran toda tu vida.      El
perseverar en la prueba que Dios quiere de ti
y tu fidelidad, son la llamada para los
designios divinos sobre ti, son el reflejo de
sus virtudes, las cuales como tantos

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                                         Divina Voluntad




pinceles forman de tu alma la obra maestra
del Ser Supremo. Se puede decir que la
prueba proporciona la materia en las manos
divinas para cumplir sus obras en la
criatura. Y de quien no es fiel en la prueba,
Dios no sabe qué hacer con él, y no sólo esto
sino que destroza las obras más bellas de su
Creador.

Por eso, querida hija mía, sé atenta. Si eres
fiel en la prueba, harás más feliz a tu Mamá.
No hagas que me preocupe, dame tu palabra
y Yo te guiaré y te sostendré en todo como
hija mía.


EL ALMA:

Mamá Santa, conozco mi debilidad, pero tu
bondad materna me infunde tal confianza que
todo espero de ti, y contigo me siento segura, es
más, pongo en tus manos maternas las mismas
pruebas que Dios disponga para mí, a fin de que
Tú me des todas las gracias para hacer que no
arruine los designios divinos.


Florecilla: Para honrarme, por tres veces me
entregarás todas tus penas tanto corporales

                                                    369
                                           Divina Voluntad




como espirituales a fin de que yo te las
bendiga y te infunda fuerza, luz y gracia.


Jaculatoria: Mamá Celestial, tómame entre tus
brazos y escribe en mi corazón:

¡Fiat, Fiat, Fiat!


                     Luisa, Luisa, Luisa




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                 QUINTO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
El quinto paso de la Divina Voluntad
en la Reina del Cielo.
El triunfo sobre la prueba.


EL ALMA A LA VIRGEN:

Soberana Celestial, veo que me tiendes los brazos
para tomarme sobre tus rodillas maternas y yo
corro, es más, vuelo para gozar los castos abrazos
y las celestiales sonrisas de mi Mamá Celestial.

Mamá Santa, tu aspecto hoy es de triunfadora, y
en aire de triunfo quieres narrarme la victoria en
tu prueba. Ah sí, con todo gozo te escucharé. Y
te pido que me des la gracia de saber triunfar en
las pruebas que el Señor disponga de mí.




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                                     Divina Voluntad




LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija queridísima, oh cómo suspiro confiar
mis secretos a mi hija, secretos que me
darán mucha Gloria y que glorificarán a
aquel Fiat Divino que fue causa primaria de
mi inmaculada concepción, de mi santidad,
de mi soberanía y de mi maternidad. Todo
lo debo al Fiat Divino; no conozco nada más.
Todas mis sublimes prerrogativas por las
cuales la Iglesia tanto me honra, no son más
que los efectos de aquella Divina Voluntad
que me dominaba, reinaba y vivía en Mí.
Por eso suspiro tanto que se conozca quién
es Aquélla que produjo en Mí tantos
privilegios y efectos tan admirables que dejó
estupefactos al Cielo y a la tierra.

Ahora escúchame, hija querida:

Cuando el Ser Supremo me pidió mi querer
humano, Yo comprendí el grAve mal que
puede hacer la voluntad humana en la
criatura, cómo esa pone todo en peligro, aun
las obras más bellas del Creador. La criatura
con su querer humano es oscilante, débil,
inconstante, desordenada… y esto porque

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                                     Divina Voluntad




Dios, al crearla, creó unida la voluntad
humana, como en naturaleza, a su Voluntad
Divina, de manera que Ésta debía ser la
fuerza, el primer movimiento, el sostén, el
alimento, la vida de la voluntad humana.
Así que con no dar vida a la Voluntad Divina
en la nuestra, se rechazan los bienes
recibidos de Dios en la creación y los
derechos recibidos en naturaleza en el acto
en que fuimos creados.

Oh, cómo comprendí bien la grAve ofensa
que se le hace a Dios y los males que llueven
sobre la criatura. Tuve entonces pavor y
horror de hacer mi voluntad, y justamente
temí porque también Adán fue creado por
Dios inocente y puro, y con hacer su
voluntad ¿en cuántos males no cayó él y
todas las generaciones?

Entonces Yo, tu Mamá, presa de terror y,
más aun, de amor hacia mi Creador, juré no
hacer nunca mi voluntad. Y para estar más
segura y testificar mayormente mi sacrificio
a Aquél que me había dado tantos mares de
gracia y de privilegios, tomé mi voluntad
humana y la até a los pies del trono divino
en homenaje continuo de amor y de
sacrificio, jurando que nunca me serviría de

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                                       Divina Voluntad




ella, ni siquiera por un solo instante de mi
vida, sino siempre de la de Dios.

Hija mía, tal vez a ti no te parezca grande
mi sacrificio de vivir sin mi voluntad, pero
te digo que no hay sacrificio semejante al
mío.    Es más, se pueden llamar sombras
todos los demás sacrificios de toda la
historia del mundo comparados con el mío.

Sacrificarse un día, ahora sí y ahora no, es
fácil; pero sacrificarse a cada instante y en
cada acto, aun en el mismo bien que se
quiere hacer, y durante toda la vida, sin dar
nunca vida a la voluntad propia es el
sacrificio de los sacrificios, es el testimonio
más grande y el amor más puro, tejido por la
misma Voluntad Divina, que se pueden
ofrecer a nuestro Creador. Es tan grande
este sacrificio que Dios no puede pedir nada
más de la criatura, ni la criatura puede
encontrar cómo poder sacrificarse más por
su Creador.

Ahora, hija mía queridísima, en cuanto hice
don de mi voluntad a mi Creador, Yo me
sentí triunfadora sobre la prueba que había
querido de Mí, y Dios, a su vez, se sintió
triunfador sobre mi voluntad humana. Él

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esperaba mi prueba, es decir, un alma que
viviera sin voluntad para reunir de nuevo lo
que el género humano había separado y
ponerse    en   actitud   de  clemencia    y
misericordia.

Mañana te espero nuevamente para narrarte
la historia de lo que hizo la Divina voluntad
después de mi triunfo sobre la prueba.

Y ahora, una palabra para ti, hija mía:

Oh, si tú supieras cómo anhelo verte vivir
sin tu voluntad. Tú sabes que soy tu Madre
y la Mamá quiere ver feliz a su hija; pero
¿cómo podrás ser feliz si no te decides a
vivir sin voluntad propia como vivió tu
Mamá?

En cambio, si lo haces así, todo te daré; me
pondré a tu disposición y seré toda tuya con
tal de tener el bien, el contento y la
felicidad de tener a una hija que viva toda
de Voluntad Divina.


EL ALMA:



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                                          Divina Voluntad




Soberana triunfadora, en tus manos de Madre
pongo mi voluntad a fin de que Tú misma como
Mamá me la purifiques y la embellezcas y junto
con la tuya la ates a los pies del trono divino,
para que pueda vivir no con mi voluntad sino
únicamente y siempre, siempre con la Voluntad
de Dios.


Florecilla: Para honrarme, en cada acto que
hagas entregarás en mis manos maternas tu
voluntad para que en lugar de ella Yo haga
correr el Divino Querer.


Jaculatoria: Reina triunfante, roba mi voluntad y
dame la Divina.


                    Jesús, Jesús, Jesús




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                                          Divina Voluntad




                  SEXTO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
El sexto paso de la Divina Voluntad
en la Reina del Cielo.
Después del triunfo sobre la prueba: La
posesión.


EL ALMA A LA VIRGEN:

Mamá Reina, veo que me esperas de nuevo y
extendiéndome tus manos me tomas sobre tus
rodillas, me estrechas a tu Corazón para hacerme
sentir la Vida de aquel Fiat Divino que Tú posees.
Oh, cómo es confortante su calor, cómo es
penetrante su luz. Ah Mamá Santa, si tanto me
amas, sumerge el pequeño átomo de mi alma en
ese Sol de la Divina Voluntad que Tú escondes, a
fin de que también yo pueda decir: “Mi voluntad
se acabó, no tendrá más vida; mi vida será la
Divina Voluntad”.


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                                     Divina Voluntad




LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija queridísima, confía en tu Mamá y pon
atención a sus lecciones. Ellas te servirán
para hacerte aborrecer tu voluntad y hacerte
suspirar aquel Fiat Supremo que arde en
deseos de formar su Vida en ti.

Hija mía, debes saber que la divinidad
después de que se aseguró de Mí en la
prueba que quiso, si bien todos creen que Yo
no tuve ninguna prueba y que le bastaba a
Dios hacer el gran portento que hizo de Mí
de ser concebida sin mancha original, pero
¡oh, cómo se engañan! Es más, Dios me
pidió a Mí una prueba que no ha pedido a
nadie. Y esto lo hizo con justicia y con
suma sabiduría, porque debiendo descender
en Mí al Verbo Eterno, no sólo no era
decoroso que Él encontrara en Mí la mancha
de origen, sino que ni siquiera era decoroso
que encontrara en Mí una voluntad humana
obrante. Hubiera sido muy indecoroso para
Dios descender en una criatura en la cual
reinara la voluntad humana.



                                                378
                                      Divina Voluntad




Por eso, Él quiso de Mí como prueba, y por
toda la vida, mi voluntad, para asegurar en
mi alma el Reino de su Divina Voluntad.
Asegurado éste en Mí, Dios podía hacer lo
que quería de Mí, todo podía darme y puedo
decir que nada podía negarme.

Por ahora volvamos al punto donde nos
quedamos; me reservaré en el curso de mis
lecciones irte narrando lo que hizo esta
Divina Voluntad en Mí.

Ahora escucha, hija mía:

Después del triunfo en la prueba, el Fiat
Divino hizo el sexto paso en mi alma con
hacerme tomar la posesión de todas las
propiedades divinas, por cuanto a criatura
es posible e imaginable.

Todo era mío:

Cielo y tierra y el mismo Dios, de quien
poseía su misma Voluntad. Yo me sentía
poseedora de la santidad Divina, del amor,
de la belleza, potencia, sabiduría y bondad
divinas, me sentía Reina de todo y no me
sentía extraña en la casa de mi Padre
Celestial; sentía a lo vivo su Paternidad y la

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                                      Divina Voluntad




suprema felicidad de ser su hija fiel. Puedo
decir que crecí sobre las rodillas Paternas de
Dios y no conocí otro amor ni otra ciencia
sino sólo la que me suministraba mi
Creador.

¿Quién puede decirte lo que hizo esta Divina
Voluntad en Mí?

Me elevó tan alto, me embelleció tanto que
los mismos ángeles quedan mudos y no
saben por dónde empezar a hablar de Mí.

Ahora, hija mía queridísima, debes saber que
en cuanto el Fiat Divino me hizo tomar
posesión de todo, me sentí poseedora de
todo y de todos. La Divina Voluntad con su
potencia,    inmensidad    y   omnividencia
encerraba en mi alma a todas las criaturas, y
Yo sentía un lugarcito en mi Corazón
Materno para cada una de ellas. Desde que
fui concebida, Yo te llevé en mi Corazón y
oh, cuánto te amé y te amo. Te amé tanto
que te hice de Madre ante Dios.

Mis oraciones, mis suspiros eran para ti, y
en el delirio de Madre decía:



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                                         Divina Voluntad




“Oh, cómo quisiera ver a mi hija poseedora
de todo, como lo soy Yo”.

Por eso, escucha a tu Mamá:

No quieras conocer más tu voluntad. Si esto
haces, todo será en común ente Yo y tú,
tendrás una fuerza divina en tu poder y
todas las cosas se convertirán en santidad,
en amor y en belleza divinos. Y yo, en la
hoguera de mi amor, así como me alaba el
Altísimo:

“Toda bella, toda santa, toda pura eres Tú,
oh María”, diré:

“Bella, pura y santa es mi hija, porque posee
la Divina Voluntad.”


EL ALMA:

Reina del Cielo, también yo te aclamo:

“Toda bella, pura y santa es mi Mamá Celestial”.

Ah, te pido, ya que tienes un lugar para mí en tu
Corazón materno, que me encierres en él y así
estaré segura de que no haré más mi voluntad

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sino siempre la de Dios, y la Mamá y la hija
seremos felices las dos.


Florecilla: Para honrarme, recitarás por tres
veces tres Gloria Patri en agradecimiento a
la Santísima Trinidad repitiendo en cada
Gloria:

“Toda bella, pura y santa es mi Mamá
Celestial”.


Jaculatoria: Reina del Cielo, hazme poseer por la
Divina Voluntad.


                    María, María, María




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                SÉPTIMO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
De la Divina Voluntad.
Toma el cetro de mando y
la Trinidad Sacrosanta
la constituye su Secretaria.


EL ALMA A LA DIVINA SECRETARIA:

Reina Mamá, heme aquí postrada a tus pies.
Siento que como hija tuya no puedo estar sin mi
Mamá Celestial y si bien hoy vienes a mí con la
Gloria del cetro de mando y con la corona de
Reina, de todas maneras eres siempre mi Mamá,
y, si bien temblando, me arrojo en tus brazos a
fin de que me sanes las heridas que mi mala
voluntad ha hecho a mi pobre alma. Oye, Mamá
Soberana, si Tú no haces un prodigio, si no
tomas tu cetro de mando para guiarme y tener tu
imperio sobre todos mis actos para hacer que mi
querer no tenga vida, ay, no tendré la gran suerte
de llegar al Reino de la Divina Voluntad.

                                                     383
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LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija mía querida, ven a los brazos de tu
Mamá, pon atención, escúchame y oirás los
inauditos prodigios que el Fiat Divino hizo
en tu Mamá Celestial.

Estos seis pasos que hizo el Fiat Divino en
Mí simbolizaban los seis días de la creación.
En cada día Dios, pronunciando un Fiat,
hacía como un paso, creando ahora una cosa
y ahora otra.

El sexto día hizo el último diciendo:

“Fiat, hagamos al hombre a nuestra imagen
y semejanza”.

Y, finalmente, en el séptimo día descansó en
sus obras, como queriéndose gozar todo lo
que con tanta magnificencia había creado.
Y en su descanso, mirando sus obras decía:

“Qué bellas son mis obras, todo es orden y
armonía”.

Y mirando al hombre, con la vehemencia de
su amor agregaba:

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                                      Divina Voluntad




“¡Pero el más bello eres tú, tú eres la corona
de todas nuestras obras!”

Ahora, mi concepción superó todos los
prodigios de la creación, y por eso la
Divinidad quiso hacer con su mismo Fiat
seis pasos en Mí y en cuanto tomé posesión
del Reino de la Divina voluntad, terminaron
sus pasos en Mí y empezó su vida plena,
entera y perfecta en mi alma y… ¡oh, en qué
alturas divinas fui puesta por el Altísimo!

Los cielos no podían alcanzarme ni
contenerme, la luz del Sol era pequeña ante
mi luz…       Ninguna cosa creada podía
alcanzarme. Yo nAvegaba los mares divinos
como si fueran míos y mi Padre Celestial, el
Hijo y el Espíritu Santo, me anhelaban en
sus brazos para gozarse a su pequeña Hija, y
¡oh, qué contento experimentaban al sentir
que cuando los amaba, les rezaba y adoraba
su Alteza Suprema, mi amor, mi oración y
mi adoración salían de dentro de mi alma
del centro mismo de su Divina Voluntad!
Sentían salir de Mí olas de amor divino,
castos perfumes, alegrías insólitas que
salían de dentro del cielo que su mismo


                                                 385
                                     Divina Voluntad




Querer Divino había formado en mi
pequeñez, tanto que no acababan de repetir:

“Toda bella, toda pura, toda santa es la
pequeña hija nuestra; sus palabras son
cadenas que nos atan, sus miradas son
dardos que nos hieren, sus latidos son
dardos que flechándonos nos causan delirio
de amor”.

Sentían salir de Mí la potencia, la fortaleza
de su Divina Voluntad que nos hacía
inseparables, y me llamaban; “Nuestra Hija
invencible que llevará la victoria aun sobre
nuestro Ser Divino”.

Ahora escúchame, hija mía: la Santísima
Trinidad presa de exceso de amor hacia Mí,
me dijo:

“Hija querida nuestra, nuestro amor no
resiste y se siente sofocado si no te
confiamos nuestros secretos, por eso te
elegimos como nuestra fiel Secretaria, a ti
queremos    confiar nuestros   dolores   y
nuestros decretos:

A cualquier costo queremos salvar al
hombre. ¡Mira cómo va al precipicio! Su

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                                     Divina Voluntad




voluntad rebelde lo arrastra continuamente
al mal; sin la vida, la fuerza, el sostén de
nuestro Querer Divino se desvió del camino
de su Creador y camina arrastrándose en la
tierra, débil, enfermo y lleno de todos los
vicios. Y no hay otros caminos para salvarlo
ni otras puertas de salida sino únicamente
que descienda el Verbo Eterno, tome sus
despojos, sus miserias, sus pecados sobre Él,
se hermane con él, lo venza por medio de
amor y de penas inauditas, y le dé tanta
confianza que lo pueda traer nuevamente a
nuestros brazos Paternos.

¡Oh, cuánto nos duele la suerte del hombre!
Nuestro dolor es grande y no podemos
confiarlo a ninguno, porque no teniendo una
Voluntad Divina que los domine, no pueden
comprender ni nuestro dolor ni los grAves
males del hombre caído en el pecado. A ti,
que posees nuestro Fiat, te es dado poderlo
comprender; y por eso, como Secretaria
nuestra    queremos     revelarte   nuestros
secretos y poner en tus manos el cetro de
mando, a fin de que domines e imperes
sobre todo y tu dominio venza a Dios y a los
hombres y nos los traigas como hijos
regenerados en tu Corazón Materno”.


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                                      Divina Voluntad




¿Quién puede decirte, hija querida, lo que
sintió mi Corazón ante este hablar divino?

Se abrió en Mí una herida de intenso dolor y
me propuse, aun a costa de mi vida, vencer
a Dios y a la criatura y reunirlos juntos.

Ahora, hija mía, escucha a tu Mamá. Te veo
sorprendida al oírme narrar la historia de la
posesión del Reino de la Divina Voluntad por
Mí.

Debes saber que también a ti te es dada esta
suerte:

Si te decides a no hacer nunca tu voluntad,
el Querer Divino formará su cielo en tu
alma, sentirás la inseparabilidad divina, te
será dado el cetro de mando sobre ti misma
y sobre tus pasiones y no serás más esclava
de ti misma, porque la voluntad humana es
la que esclaviza a la pobre criatura, le corta
las alas del amor hacia Aquél que la creó, le
quita la fuerza, el sostén y la confianza de
arrojarse en los brazos de su Padre Celestial,
de manera que no puede conocer ni sus
secretos ni el amor grande con el cual Él la
ama y por eso vive como extraña de la casa
de su Padre Divino.

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                                       Divina Voluntad




¡Qué lejanía pone entre Creador y criatura el
querer humano!        Por eso, escúchame,
conténtame, dime que no darás más vida a
tu voluntad y Yo te llenaré toda de Voluntad
Divina.


EL ALMA:

Mamá Santa, ayúdame, ¿no ves cómo soy débil?

Tus bellas lecciones me conmueven hasta las
lágrimas y lloro mi gran desventura de haber
caído tantas veces en el laberinto de hacer mi
voluntad, apartándome así de la de mi Creador.
Ah, hazme de Mamá, no me dejes abandonada a
mí misma. Con tu potencia une el Querer Divino
con el mío, enciérrame en tu Corazón materno en
donde estaré segura de no hacer más mi
voluntad.


Florecilla:  Para   honrarme   vendrás   a
refugiarte bajo mi manto para que aprendas
a vivir bajo mis miradas, y recitando tres
Ave Marias me pedirás que haga conocer a
todos la Divina Voluntad.


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                                         Divina Voluntad




Jaculatoria: Mamá Santa, enciérrame en tu
Corazón a fin de que yo aprenda de Ti a vivir de
Voluntad Divina.


                   Luisa, Luisa, Luisa




                                                    390
                                        Divina Voluntad




                OCTAVO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
Recibe de su Creador el mandato
de poner a salvo la suerte
del género humano.


EL ALMA A LA DIVINA MANDATARIA:

Heme aquí, Mamá celestial. Siento que no puedo
estar sin mi querida Mamá; mi pobre corazón
está inquieto y solamente me lo siento en paz
cuando estoy en tu regazo como pequeñita,
estrechada a tu Corazón para escuchar tus
lecciones. Tu acento materno me endulza todas
mis amarguras y dulcemente ata mi voluntad y
poniéndola como escabel bajo la Divina Voluntad,
me hace sentir su dulce imperio, su vida, su
felicidad.




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                                       Divina Voluntad




LECCIÓN DE LA CELESTIAL MANDATARIA:

Hija mía queridísima, sabes que te amo
muchísimo; confía en tu Mamá y está segura
de que lograrás la victoria sobre tu voluntad.
Si tú me eres fiel, Yo tomaré todo mi
empeño sobre ti, te haré de verdadera
Mamá. Por tanto, escucha lo que hice por ti
ante el Altísimo.

Yo    no    hacía    otra   cosa    más    que
transportarme a las rodillas de mi Padre
Celestial; era pequeñísima, no había nacido
aún, pero el Querer Divino, del cual Yo
poseía la vida, me hacía tener libre acceso a
mi Creador, para Mí las puertas y los
caminos estaban todos abiertos y Yo no
tenía temor ni miedo de Él. Solamente la
voluntad humana infunde miedo, temor,
desconfianza y aleja a la pobre criatura de
Aquél que tanto la ama y que quiere estar
rodeado por sus hijos. Así que si la criatura
tiene miedo y teme, y no sabe estar como
hija junto a su padre con su Creador, es
señal de que la Divina Voluntad no reina en
ella y por eso es la torturada, la mártir de la
voluntad humana. Por eso, no hagas nunca
tu voluntad, no quieras torturarte y

                                                  392
                                      Divina Voluntad




martirizarte por ti misma, que es el más
horrible de los martirios, sin sostén y sin
fuerza.

Así pues, escúchame:

Yo me transportaba a los brazos de la
Divinidad y mucho más porque me esperaba
y hacía fiesta al verme, me amaba tanto que
en cuanto aparecía derramaba otros mares
de amor y de santidad en mi alma. Yo no
recuerdo haberme alejado nunca de la
Divinidad sin que no me agregaran otros
dones sorprendentes. Mientras estaba entre
sus brazos, Yo rezaba por el género humano
y muchas veces con lágrimas y suspiros
lloraba por ti, hija mía, y por todos. Yo
lloraba por tu voluntad rebelde, por tu triste
suerte de verte esclavizada por ella que te
hacía infeliz. El ver infeliz a mi hija me
hacía derramar lágrimas amargas hasta
mojar las manos de mi Padre Celestial con
mi llanto.       Y la Santísima Trinidad,
enternecida     por   mi   llanto   continuó
diciéndome:

“Querida Hija nuestra, tu amor nos ata, tus
lágrimas apagan el fuego de la Divina
Justicia, tus oraciones nos atraen tanto

                                                 393
                                     Divina Voluntad




hacia las criaturas que no podemos
resistirte; por eso te damos el mandato de
poner a salvo la suerte del género humano.
Tú serás nuestra Mandataria en medio de
los hombres; a ti confiamos sus almas; Tú
defenderás nuestros derechos lesionados
por sus culpas, estarás en medio, entre
ellos y Nosotros, para ajustar las cosas por
ambas partes.     Sentimos en ti la fuerza
invencible de nuestra Voluntad Divina que
por medio tuyo ora y llora.

¿Quién te puede resistir?

Tus oraciones son órdenes, tus lágrimas
imperan sobre nuestro Ser Divino. Por eso,
adelante en tu empresa”.

Hija mía queridísima, mi pequeño Corazón
se sintió consumar de amor ante los modos
amorosos del hablar divino, y con todo amor
acepté su mandato diciendo:

“Majestad    Altísima,  estoy    aquí  entre
vuestros brazos, disponed de Mí lo que
queráis; Yo sacrificaré hasta mi vida, y si
tuviera tantas vidas por cuantas criaturas
existen, las pondría a disposición de ellas y


                                                394
                                     Divina Voluntad




vuestra, con tal de traerlas a todas salvadas
a vuestros brazos Paternos”.

Y sin saber aún que habría de ser la Madre
del Verbo Divino, sentía en Mí una doble
maternidad:

Maternidad hacia Dios para defender sus
justos derechos y maternidad hacia las
criaturas para ponerlas a salvo. Me sentía
Madre de todos.      El Querer Divino que
reinaba en Mí y que no sabe hacer obras
aisladas, ponía en Mí a Dios y a todas
criaturas de todos los siglos; en mi materno
Corazón sentía a mi Dios ofendido que
quería recibir satisfacción, y sentía a las
criaturas bajo el imperio de la Justicia
Divina.

¡Oh, cuántas lágrimas derramé!       Quería
hacer descender mis lágrimas en cada
corazón para hacerles sentir a todos mi
maternidad toda de amor. Lloré por ti y por
todos, hija mía, por eso escúchame, ten
piedad de mi llanto, toma mis lágrimas para
apagar tus pasiones y hacer que tu voluntad
pierda su vida. Ah, acepta mi mandato, es
decir, que tú hagas siempre la Voluntad de
tu Creador.

                                                395
                                          Divina Voluntad




EL ALMA:

Mamá Celestial, mi pobre corazón no resiste al
escuchar cuánto me amas. ¡Ah, me amas tanto
hasta llorar por mí! Tus lágrimas me las siento
descender en mi corazón, que me hieren y me
hacen comprender cuánto me amas; y yo quiero
unir mis lágrimas a las tuyas y pedirte, llorando,
que no me dejes jamás sola, que me vigiles en
todo y, si se necesita, castígame también; hazme
de Mamá y yo como pequeña hija tuya todo me
dejaré hacer de ti a fin de que tu mandato divino
se cumpla en mí y puedas llevarme entre tus
brazos al Padre Celestial como acto cumplido de
tu mandato divino.


Florecilla: Para honrarme, me entregarás tu
voluntad, tus penas, tus lágrimas, tus
ansias, tus dudas y temores a fin de que
como Mamá tuya las custodie en mi Corazón
materno y a cambio te daré como preciosa
prenda la Divina Voluntad.




                                                     396
                                       Divina Voluntad




Jaculatoria: Mamá Celestial, derrama tus
lágrimas en mi alma para que ellas curen las
heridas producidas por mi voluntad.
                 Jesús, Jesús, Jesús




                                                  397
                                             Divina Voluntad




                  NOVENO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
Es constituida por Dios Pacificadora
Celestial y vínculo de paz entre
el Creador y la criatura.


EL ALMA A SU CELESTIAL REINA:

Soberana Señora y Mamá mía queridísima, veo
que me llamas porque sientes la hoguera del
amor que arde en tu Corazón de que quieres
narrarme lo que hiciste por tu hija en el Reino de
la Divina Voluntad. Qué bello es ver que diriges
tus pasos hacia tu Creador y en cuanto Él oye las
pisadas de tus pies, te mira y se siente herir por
la pureza de tus miradas y te espera para ser
espectador de tu inocente sonrisa para sonreírte y
entretenerse contigo. Ah, Mamá Santa, en tus
alegrías, en tus castas sonrisas con tu Creador no
te olvides de mí, tu hija, que vivo en el exilio y que
tanta necesidad tengo porque a menudo mi

                                                        398
                                       Divina Voluntad




voluntad quiere arrastrarme para arrancarme del
Reino de la Divina Voluntad.


LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija de mi materno Corazón, no temas, no
te olvidaré jamás, es más, si tú haces
siempre la Divina Voluntad y vives en su
Reino seremos inseparables, te llevaré
siempre tomada de mi mano para conducirte
y ser tu guía para enseñarte a vivir en el
Fiat Supremo, por tanto haz a un lado el
temor, en Él todo es paz y seguridad; la
voluntad humana es la que turba a las almas
y la que pone en peligro las obras más
bellas, las cosas más santas, todo está en
peligro en ella: en peligro la santidad, las
virtudes y aun la misma salvación del alma.

La característica de quien vive de querer
humano es la volubilidad.

¿Quién puede confiarse en alguien que se
hace dominar por su voluntad humana?

Ninguno, ni Dios ni los hombres.     Es
semejante a aquellas cañas secas que se
mueven a cada soplo del viento. Por eso,

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                                     Divina Voluntad




hija mía queridísima, si algún soplo de
viento   te   quiere   hacer    inconstante,
sumérgete en el mar de la Divina Voluntad y
ven a esconderte en el regazo de tu Mamá, a
fin de que Yo te defienda del viento del
querer humano y estrechándote entre mis
brazos te haga firme y segura en el camino
de su Reino Divino.

Ahora, hija mía, sígueme ante la Majestad
Suprema y escúchame:

Yo con mis rápidos vuelos llegaba a sus
brazos divinos, y en cuanto llegaba, sentía
su amor desbordante, el cual como olas
impetuosas me cubría de su amor.         ¡Oh,
cuán bello es ser amado por Dios! En este
amor se siente felicidad, santidad, alegrías
infinitas y se es embellecida de tal manera
que Dios mismo se siente raptado por la
belleza que infunde en la criatura al amarla.

Yo quería imitarlo y si bien pequeñita, no
quería quedar atrás de su amor y de las
mismas olas de amor que me había dado,
formaba mis olas para cubrir a mi Creador
con mi amor; y al hacer esto Yo sonreía
porque sabía que mi amor nunca habría
podido cubrir la inmensidad de su amor, sin

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                                     Divina Voluntad




embargo hacía el intento y en mis labios
surgía mi sonrisa inocente. El ser Supremo
sonreía a mi sonrisa y festejaba y se
entretenía con mi pequeñez.

Ahora, en medio de nuestras estratagemas
amorosas Yo recordaba el estado doloroso de
mi familia humana en la tierra, pues Yo
también era de su estirpe. Y ¡oh, cómo me
dolía y pedía que descendiera el Verbo
Eterno a poner remedio! Y lo decía con tal
ternura que llegaba a cambiar la sonrisa y la
fiesta en llanto. El Altísimo se conmovía
mucho ante mis lágrimas, y mucho más
porque eran lágrimas de una pequeñita, y
estrechándome a su Seno Divino, me secaba
las lágrimas y me decía:

“Hija, no llores, ten valor, en tus manos
hemos puesto la suerte del género humano;
te hemos dado el mandato y ahora, para
consolarte más, te hacemos Pacificadora
entre Nosotros y la familia humana. Por lo
tanto, a ti te es dado ponernos nuevamente
en paz. La potencia de nuestro Querer que
reina en ti, se impone sobre Nosotros para
dar el beso de paz a la pobre humanidad
caída y en peligro”.


                                                401
                                          Divina Voluntad




¿Quién puede decirte, hija mía, lo que
sentía   mi      Corazón   ante    esta
condescendencia Divina?

Era tanto mi amor que me sentía desmayar
y deliraba buscando más amor para alivio de
mi amor.

Ahora unas palabras a ti, hija mía:

Si tú me escuchas haciendo a un lado tu
querer y dando el puesto regio al Fiat
Divino, también tú serás amada con amor
especial por tu Creador, serás su sonrisa, lo
pondrás en fiesta y serás vínculo de paz
entre el mundo y Dios.


EL ALMA:

Mamá Bella, ayuda a tu hija, ponme Tú misma en
el mar de la Divina Voluntad y cúbreme con las
olas del eterno amor a fin de que no vea ni sienta
más que amor y Voluntad de Dios.


Florecilla: Hoy, para honrarme, me pedirás
todos mis actos y los encerrarás en tu
corazón para que sientas la fuerza de la

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Divina Voluntad que reinaba en Mí, y luego
los ofrecerás al Altísimo para agradecerle
por todos los oficios que me confió para
salvar a las criaturas.


Jaculatoria: Reina de la Paz, obtenme el dulce
beso de paz de la Voluntad Divina.


                  María, María, María




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                 DÉCIMO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
Alba que surge para poner en fuga
a la noche del querer humano.
Su nacimiento glorioso.


EL ALMA A LA REINA DEL CIELO:

Aquí estoy, Mamá Santa, junto a tu cuna para ser
espectadora de tu nacimiento portentoso. Los
Cielos se asombran, el Sol fija su luz en ti, la
tierra exulta de alegría y se siente honrada por
ser habitada por su pequeña Reina recién nacida,
los ángeles hacen competencia en rodear tu cuna
para honrarte y estar prontos a tus órdenes.
Todos te honran y quieren festejar tu nacimiento.
Yo también me uno a todos y postrada delante de
tu cuna, ante la cual veo como arrobados a tu
madre Ana y a tu padre Joaquín, quiero decirte
mi primera palabra, quiero confiarte mi primer


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                                         Divina Voluntad




secreto, quiero vaciar mi corazón en el tuyo y
decirte:

“Mamita mía, Tú que eres el alba precursora del
Fiat Divino en la tierra pon en fuga de mi alma y
del mundo entero la tenebrosa noche del querer
humano.”

¡Ah sí! Sea tu nacimiento nuestra esperanza que
como nueva alba de gracia nos regenere en el
Reino de la Divina Voluntad.


LECCIÓN DE LA RECIÉN NACIDA REINA:

Hija de mi Corazón, mi nacimiento fue
prodigioso, ningún otro nacimiento puede
decirse igual al mío. Yo contenía en Mí el
Cielo, el Sol de la Divina Voluntad y también
la tierra de mi humanidad, pero tierra
bendita y santa que encerraba las más
hermosas floraciones.

Aunque apenas recién nacida, Yo era el
prodigio de los más grandes prodigios:

El Querer Divino reinante en Mí, el cual
encerraba en Mí un cielo más bello, un Sol
más refulgente que el de la creación, de los

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                                       Divina Voluntad




cuales también era Reina, y un mar de
gracia sin límites que murmuraba siempre
amor, amor hacia mi Creador. Por eso mi
nacimiento fue la verdadera alba que puso
en fuga la noche del querer humano, y
conforme crecía, formaba la aurora y
llamaba el día esplendidísimo para hacer
surgir el Sol del Verbo Eterno sobre la tierra.

Hija mía, ven a mi cuna a escuchar a tu
pequeña Mamita. En cuanto nací, abrí los
ojos para ver este bajo mundo, para ir en
busca de todos mis hijos a fin de encerrarlos
en mi Corazón, darles mi amor materno, y
regenerándolos a la nueva vida de amor y de
gracias abrirles el paso para hacerlos entrar
en el Reino del Fiat Divino, del cual Yo era
poseedora.     Quise hacerla de Reina y de
Madre encerrando a todos en mi Corazón,
para ponerlos a todos al seguro y darles el
gran don del Reino divino. En mi Corazón
tenía lugar para todos porque para quien
posee la Divina Voluntad no hay estrecheces
sino amplitud infinita, así que también te
miré a ti, hija mía, ninguno me escapó.

Y como ese día todos festejaron mi
nacimiento, también para Mí fue fiesta,
pero… al abrir mis ojos a la luz, tuve el dolor

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de ver a las criaturas en la oscura noche del
querer humano.

¡Oh, en qué abismo de tinieblas se encuentra
envuelta la criatura que se deja dominar por
su voluntad!

Esta es la verdadera noche, y noche sin
estrellas; a lo más hay algún rayo fugaz que
fácilmente viene seguido por truenos, los
cuales al hacer estruendo, hacen más
tupidas las tinieblas y descargan las
tempestades     sobre   la  pobre   criatura,
tempestades de temor, de debilidades, de
peligros, de caídas en el mal… Mi Corazón
quedó traspasado al ver a mis hijos bajo esta
horrible tempestad en que la noche del
querer humano los había arrojado.

Ahora, escucha a tu Mamá:

Estoy aún en la cuna, soy pequeña, mira mis
lágrimas que derramo por ti; cada vez que
haces tu voluntad formas en ti misma una
noche, y si supieras cuánto mal te hace esta
noche llorarías conmigo:

Te hace perder la luz del día del Divino
Querer, te trastorna, te paraliza en el bien,

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te destroza el verdadero amor y quedas
reducida a una pobre enferma a la que le
faltan las cosas necesarias para curarse. Ah,
hija mía, hija querida, escúchame, no hagas
nunca tu voluntad, dame tu palabra de que
contentarás a tu pequeña Mamá.


EL ALMA:

Mamita Santa, me siento temblar al sentir la
horrible noche de mi voluntad, por eso estoy aquí
frente a tu cuna, para pedirte la gracia de que por
tu nacimiento prodigioso me hagas renacer en la
Divina Voluntad. Yo permaneceré siempre junto
a ti, Celestial Niña, uniré mis oraciones y mis
lágrimas a las tuyas para impetrar para mí y para
todos el Reino de la Divina Voluntad en la tierra.


Florecilla: Para honrarme, vendrás tres veces
a visitarme a mi cuna, diciéndome:

“Celeste Niña, hazme renacer junto contigo
en la Divina Voluntad”


Jaculatoria: ¡Mamá Celestial, haz surgir el alba
de la Divina Voluntad en mi alma!

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                      Divina Voluntad



Luisa, Luisa, Luisa




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            DECIMOPRIMER DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
Forma durante los primeros años de
su vida una aurora esplendidísima
para hacer surgir en los corazones
el día suspirado de luz y de gracia.


EL ALMA A LA PEQUEÑA REINA NIÑA:

Heme de nuevo junto a tu cuna, Mamita
Celestial. Mi pequeño corazón se siente fascinado
por tu belleza y no puedo despegar la mirada de
una belleza tan rara. ¡Qué dulce es tu mirada!
El mover de tus manitas me llaman para
abrazarme y estrecharme a tu Corazón ahogado
de amor. Mamita Santa, dame tus llamas para
que quemes mi voluntad y así pueda contentarte
con vivir junto contigo de Voluntad Divina.




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LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija mía, ¡si supieras cuánto se alegra mi
materno Corazón al verte junto a mi cuna
para escucharme!        Me siento, con los
hechos, Reina y Madre, porque teniéndote
junto a Mí no soy una Madre estéril ni una
Reina sin pueblo, sino que tengo a la querida
hija mía que me ama mucho y que quiere de
Mí que le haga el oficio de Mamá y de Reina.
Por eso tú eres la portadora de alegría a tu
Mamá, sobre todo porque vienes a mi regazo
para ser enseñada por Mí cómo vivir en el
Reino de la Divina Voluntad.

Tener una hija que quiere vivir junto
conmigo en este Reino tan santo es para tu
Mamá la Gloria, el honor, la fiesta más
grande. Por lo tanto, préstame atención,
hija querida y Yo continuaré narrándote las
maravillas de mi nacimiento.

Mi cuna estaba rodeada por ángeles que
hacían competencia en cantarme canciones
de cuna como a su Soberana Reina, y como
Yo estaba dotada de razón y de ciencia
infundidas por mi Creador, cumplí mi
primer deber de adorar con mi inteligencia y

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                                      Divina Voluntad




también con mi vocecita de niña balbuciente
a la Santísima Trinidad adorable.

Era tanto el ímpetu de mi amor hacia una
Majestad tan Santa que languidecía y
deliraba porque quería encontrarme entre
los brazos de la Divinidad para recibir sus
abrazos y darle los míos.     Entonces los
ángeles, para los cuales mis deseos eran
órdenes, me tomaron y llevándome sobre
sus alas me condujeron a los brazos
amorosos de mi Padre Celestial.

¡Oh, con cuánto amor me esperaba! Yo iba
del exilio y las pequeñas treguas de
separaciones entre Yo y Ellos eran causa de
nuevos incendios de amor, eran dones que
preparaban para darme, y Yo buscaba nuevos
inventos para pedir piedad, misericordia
para mis hijos, que viviendo en el exilio
estaban bajo los azotes de la divina Justicia,
y derritiéndome en amor le decía:

“Trinidad adorable, Yo me siento feliz, me
siento Reina, no conozco qué cosa sea
infelicidad y esclavitud, es más, por vuestro
Querer que reina en Mí, son tales y tantas
las alegrías, las felicidades que, pequeñita
como soy, no puedo abrazarlas todas… Pero

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                                     Divina Voluntad




entre tanta felicidad, una vena de amargura
intensa hay dentro de mi pequeño Corazón:

Siento en él a mis hijos infelices, esclavos
de su voluntad rebelde.     ¡Piedad, Padre
Santo, piedad!    ¡Ah, haz completa mi
felicidad!

A estos hijos infelices que más que Madre
llevo en mi materno Corazón, hazlos felices:

Haz descender al Verbo Eterno sobre la
tierra y todo será concedido.      Yo no me
bajaré de tus rodillas Paternas si no me das
el rescrito de gracia, de manera que pueda
llevarles a mis hijos la alegre noticia de su
redención.”

La Divinidad quedaba conmovida ante mis
oraciones y colmándome de nuevos dones
me decía:

“Vuelve al exilio y continúa tus oraciones,
extiende el Reino de nuestra Voluntad en
todos tus actos y a su tiempo te
contentaremos.”

Pero no me decían ni cuándo ni dónde
habría de descender el Verbo. Así que Yo

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                                     Divina Voluntad




partía del Cielo sólo para cumplir la Divina
Voluntad; esto para Mí era el sacrificio más
heroico, pero lo hacía voluntariamente con
mucho gusto para hacer que Ella sola
tuviera su pleno dominio sobre Mí.

Ahora escúchame, hija mía, ¡cuánto me
costó tu alma… hasta llegar a amargarme el
inmenso mar de mis alegrías y felicidades!

Cada vez que tú haces tu voluntad te haces
esclava y sientes la infelicidad, y Yo, como
Mamá tuya, siento en mi Corazón la
infelicidad de mi hija. ¡Oh, qué doloroso es
tener hijos infelices! Aprende a hacer sólo
la Divina Voluntad como Yo, que llegaba
hasta a venirme del Cielo para hacer que mi
voluntad no tuviera vida en Mí.

Ahora, hija mía, continúa escuchándome:

El primer deber en todos tus actos sea
adorar a tu Creador, conocerlo y amarlo.
Esto te pone en el orden de la creación y
reconoces a Aquél que te creó. Este es el
deber más santo de toda criatura: reconocer
su origen.



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                                         Divina Voluntad




Debes saber que mi transportarme al Cielo,
rezar, bajar, formaba la aurora alrededor de
Mí, que expandiéndose en todo el mundo,
circundaba los corazones de mis hijos para
hacer que después del alba surgiera la aurora
para hacer despuntar el esperado día sereno
del Verbo Divino sobre la tierra.


EL ALMA:

Mamita Celestial, al verte que recién nacida
apenas me das lecciones tan santas, me siento
arrobar y comprendo cuánto me amas, hasta
llegar a hacerte infeliz por causa mía. ¡Ah, Mamá
Santa! Tú, que tanto me amas, haz descender en
mi corazón la potencia, el amor, las alegrías que
te inundan, a fin de que llena de ellas, mi
voluntad no encuentre lugar para vivir en mí y
libremente ceda el lugar al dominio de la Divina
Voluntad.


Florecilla: Para honrarme, harás tres actos
de adoración a tu Creador rezando tres
Gloria Patri para agradecerle por cuantas
veces tuve la gracia de ser admitida en su
presencia.


                                                    415
                                        Divina Voluntad




Jaculatoria: ¡Mamá Celestial, haz surgir           la
aurora de la Divina Voluntad en mi alma!.


                  Jesús, Jesús, Jesús




                                                   416
                                        Divina Voluntad




           DECIMOSEGUNDO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
Sale de la cuna, da los primeros pasos
y con sus actos infantiles llama
a Dios a descender a la tierra y
llama a las criaturas a vivir
en la Divina Voluntad.


EL ALMA A LA CELESTIAL REINECITA:

Heme aquí de nuevo Contigo, mi querida Niña, en
la casa de Nazaret. Quiero ser espectadora de tu
edad infantil, quiero darte la mano mientras das
tus primeros pasos y hablas con tu santa mamá
Ana y con tu padre Joaquín. Pequeñita como
eres, después de que aprendiste a caminar,
ayudas a santa Ana en pequeños servicios.
¡Mamita mía, cuánto me eres querida! ¡Ah! Dame
tus lecciones a fin de que siga tu infancia y
aprenda de ti a vivir, aun en las pequeñas

                                                   417
                                     Divina Voluntad




acciones humanas, en el Reino de la Divina
Voluntad.

LECCIÓN DE LA PEQUEÑA REINA DEL CIELO:

Querida hija mía, mi único deseo es el de
tener junto a Mí a mi hija, sin ti me siento
sola y no tengo a quien confiar mis secretos;
son mis cuidados maternos los que quieren a
mi lado a mi hija que tengo en mi Corazón
para darle mis lecciones y así hacerle
comprender cómo se vive en el Reino de la
Divina Voluntad. Pero en Él no entra el
querer humano sino que éste queda
aplastado y en acto de sufrir continuas
muertes ante la Luz, la santidad y la
potencia de la Divina Voluntad.

Pero ¿crees que el querer humano queda
afligido porque el Querer Divino lo tiene en
acto de morir continuamente?

¡Ah no, no! Más bien se siente feliz de que
sobre su voluntad muriente renace y surge
la Voluntad Divina victoriosa y triunfante,
que le lleva alegría y felicidad sin término.
Basta con comprender, hija querida, qué
significa hacerse dominar por Ella y
sentirlo, para hacer que la criatura

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                                     Divina Voluntad




aborrezca tanto su voluntad que esté
dispuesta a hacerse cortar en pedazos antes
que salir de la Divina Voluntad.

Ahora escúchame desde donde dejé:

Yo partí del Cielo sólo para hacer la
Voluntad del Eterno, y si bien tenía mi Cielo
en Mí, el cual era la Voluntad Divina, y era
inseparable de mi Creador, también me
gustaba estar en la Patria Celestial, y mucho
más, pues estando la Divina Voluntad en Mí,
Yo sentía los derechos de hija de estar con
Ellos y que me arrullaran como pequeñita
entre sus brazos Paternos y de participar en
todas las alegrías, felicidades, riquezas,
santidad que poseen; tomaba cuanto más
podía y me llenaba tanto hasta no poder
contener más.

El Ser Supremo gozaba al ver que Yo sin
temor, es más, con sumo amor me llenaba
de sus bienes y Yo no me asombraba de que
me dejaran tomar lo que Yo quería:

Era su hija, una era la Voluntad que nos
animaba, lo que Ellos querían lo quería Yo.
Así que sentía que las propiedades de mi
Padre Celestial eran mías, con la única

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                                     Divina Voluntad




diferencia de que Yo era pequeña y no podía
abrazar ni tomar todos sus bienes; por más
que tomaba, quedaban tantos que no tenía
capacidad en dónde ponerlos porque era
siempre criatura; en cambio la Divinidad era
grande, inmensa y en un solo acto abraza
todo.

Entonces, en cuanto me hacían entender
que me debía privar de sus alegrías
celestiales y de los castos abrazos que nos
dábamos, Yo partía del Cielo sin tardanza y
volvía entre mis queridos padres. Ellos me
amaban mucho y Yo era tan amable y bella,
tan alegre, pacífica y llena de gracias
infantiles, que raptaba su afecto. Ellos eran
todo ojos para Mí, Yo era su joyel y cuando
me tomaban en sus brazos, sentían cosas
insólitas y una vida divina palpitante en Mí.

Hija de mi Corazón, debes saber que en
cuanto comenzó mi vida acá abajo, la Divina
Voluntad principió a extender su Reino en
todos mis actos. Así que mis oraciones, mis
palabras, mis pasos, el alimento que tomaba,
el sueño, los pequeños servicios que hacía a
mi madre para ayudarle, eran todos
animados por la Voluntad Divina.


                                                420
                                    Divina Voluntad




Y como Yo te llevaba siempre en mi
Corazón, te llamaba como hija mía, en todos
mis actos llamaba tus actos junto con los
míos a fin de que también en tus actos, aun
en los más indiferentes, se extendiera el
Reino del Querer Divino.

¡Considera cuánto te amé…!

Cuando rezaba, llamaba a tu oración en la
mía, a fin de que la tuya y la mía fueran
valorizadas con un solo valor y un solo
poder:

El valor y el poder de la Voluntad Divina.
Cuando hablaba, llamaba a tu palabra;
cuando caminaba, llamaba a tus pasos y
cuando realizaba las más simples acciones
indispensables a la naturaleza humana,
como traer agua, barrer, darle la leña a mi
mamá para encender el fuego y otras cosas
similares, Yo invitaba en estos actos a tus
mismos actos, para valorizarlos con la
Voluntad Divina y para que en mis actos y
en los tuyos se extendiera su Reino.      Y
mientras te llamaba a ti en cada acto mío,
llamaba    al   Verbo    Divino  para   que
descendiera a la tierra.


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                                       Divina Voluntad




¡Oh, cuánto te amé, hija mía! Quería tus
actos en los míos para hacerte feliz y
hacerte reinar junto conmigo.      Pero ¡ay!
Cuántas veces yo te llamaba a ti y a tus
actos y con sumo dolor mío mis actos
quedaban aislados y los tuyos los veía como
perdidos en tu voluntad humana, formando,
cosa horrible de decirse, un reino no divino
sino humano:

El reino de las pasiones, del pecado, de las
infelicidades y de la desventura…

Tu Mamá lloraba entonces sobre tu
desventura… Y aún ahora, en cada acto de
voluntad humana que haces, conociendo el
reino infeliz al que te lleva, mis lágrimas se
derraman para hacerte comprender el gran
mal que haces.

Por eso, escucha a tu Mamá:

Si das muerte a tu querer para que el Divino
Querer tenga vida en ti, por derecho te
serán dadas las alegrías, las felicidades, todo
será en común entre tú y tu Creador; las
debilidades,    las     miserias      quedarán
desterradas de ti.    Además, serás la más
querida de mis hijas y Yo te tendré en mi

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                                         Divina Voluntad




mismo reino para hacerte vivir siempre de
Voluntad Divina.


EL ALMA:

Mamá Santa, ¿quién, al verte llorar, puede
resistirte y rehusarse a escuchar tus santas
lecciones?

Yo con todo mi corazón te prometo, te juro no
hacer jamás, jamás mi voluntad; y Tú, Mamá
divina, no me dejes nunca sola, para que con el
imperio de tu presencia aplastes mi voluntad y
hagas reinar siempre, siempre a la Voluntad de
Dios en mí.


Florecilla: Para honrarme, me ofrecerás
todos tus actos y me recitarás tres Ave
Marias en memoria de los tres años que viví
con mi Mamá Santa Ana.


Jaculatoria: Reina Poderosa rapta mi corazón
para encerrarlo en la Voluntad de Dios.


                   María, María, María




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                                          Divina Voluntad




             DECIMOTERCER DÍA


La   Reina del Cielo en el Reino
de   la Divina Voluntad.
Se   va al templo y da ejemplo
de   total triunfo en el sacrificio.


EL ALMA A LA REINA TRIUNFANTE:

Mamá Celestial, hoy vengo a postrarme ante ti
para pedirte tu fuerza invencible, es decir, que en
todas mis penas, y Tú sabes cómo está lleno mi
corazón hasta sentirme ahogada en penas, tomes
mi corazón entre tus manos, si tanto quieres
hacerme de Madre, y derrama en él el amor, la
gracia, la fuerza para triunfar en mis penas y
para convertirlas todas en Voluntad Divina.


LECCIÓN DE LA REINA TRIUNFANTE:

Hija mía, ánimo, no temas, tu Mamá es toda
para ti y hoy te esperaba para que mi

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                                     Divina Voluntad




heroísmo y mi triunfo en el sacrificio te
infundan fortaleza y valor, y así pueda ver a
mi hija triunfante en sus penas y con el
heroísmo de sobrellevarlas con amor y para
cumplir la Divina Voluntad.

Ahora, hija mía, escúchame:

Yo había cumplido apenas tres años cuando
mis padres me hicieron saber que querían
consagrarme al Señor en el Templo.         Mi
corazón exultó de alegría al saber que me iba
a consagrar y que iba a pasar mis años en la
casa de Dios, pero junto a mi alegría había
un dolor:

La privación de los más queridos que se
pueden tener en la tierra, que eran mis
queridos padres.    Era pequeña aún, tenía
necesidad de sus cuidados Paternales y me
privaba de la presencia de los grandes
santos; además, veía que a medida que se
acercaba el día de privarse de Mí, que era la
que hacía plena de alegría y felicidad su
vida, sentían tal amargura que se sentían
morir,   pero    aunque    sufrían,  estaban
dispuestos a hacer el acto heroico de
conducirme al Señor. Mis queridos padres
me amaban en orden a Dios y me

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                                     Divina Voluntad




consideraban como un gran don dado a ellos
por Dios, y esto les dio la fuerza para
cumplir el doloroso sacrificio.

Si también tú, hija mía, quieres tener fuerza
invencible para sufrir las penas más duras,
haz que todas tus cosas sean en orden a
Dios y considéralas como dones preciosos
dados a ti por el Señor.

Debes saber que Yo con valor preparaba mi
partida al templo, porque en cuanto
entregué mi voluntad al ser Divino y el Fiat
Supremo tomó posesión de todo mi ser,
adquirí todas las virtudes en naturaleza, Yo
era la dominadora de Mí misma, todas las
virtudes estaban en Mí como tantas nobles
princesas y según las circunstancias de mi
vida prontamente se ofrecían a hacer su
oficio sin ninguna resistencia. En vano me
habrían llamado Reina si no hubiera tenido
virtud de ser reina sobre Mí misma. Así que
tenía en mi dominio la caridad perfecta, la
paciencia invencible, la dulzura raptora, la
humildad profunda y todo el ajuar de las
demás virtudes.




                                                426
                                      Divina Voluntad




La Divina Voluntad hizo a la pequeña tierra
de mi afortunada humanidad siempre florida
y sin las espinas de los vicios.

¿Ves entonces, hija mía, qué significa vivir
de Voluntad Divina?

Su luz, su santidad y potencia convierten en
naturaleza todas las virtudes y Ella no se
abaja a reinar en un alma donde está la
naturaleza rebelde, ¡no, no! Ella es santidad
y donde debe reinar quiere la naturaleza
ordenada y santa. Entonces, el sacrificio de
ir al templo era una conquista que Yo hacía
y sobre el sacrificio venía formado el triunfo
de la Voluntad Divina en Mí, y estos triunfos
llevaban dentro de Mí nuevos mares de
gracia, de santidad y de luz hasta sentirme
feliz en mis penas con tal de poder
conquistar nuevos triunfos.

Ahora, hija mía, pon la mano sobre tu
corazón y dile a tu Mamá:

¿Sientes tu naturaleza cambiada en virtud?
¿O más bien sientes las espinas de la
impaciencia, las hierbas nocivas de las
agitaciones, los humores malos de los
afectos no santos?

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                                         Divina Voluntad




Mira, deja hacer a tu Mamá, dame tu
voluntad entre mis manos con decisión de
no quererla más y Yo te haré poseer por la
Voluntad Divina, la cual desterrará todo de
ti y lo que no has hecho en tantos años lo
harás en un día, el cual será el principio de
tu verdadera vida, de tu felicidad y de tu
verdadera santidad.


EL ALMA:

Mamá Santa, ayuda a tu hija, hazme una visita
en mi alma y todo lo que encuentres que no es
Voluntad de Dios, con tus manos maternas
arráncalo de mí, quema las espinas, las hierbas
nocivas y Tú misma llama a la Divina Voluntad a
reinar en mi alma.

Florecilla: Para honrarme, me llamarás tres
veces a visitar tu alma y me darás toda la
libertad de hacer lo que quiero de ti.

Jaculatoria: Soberana Reina, toma entre tus
manos mi alma y transfórmala toda en Voluntad
de Dios.
                   Luisa, Luisa, Luisa




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                                           Divina Voluntad




            DECIMOCUARTO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
De la Divina Voluntad.
Llega al templo. Su estancia.
Se hace modelo de las almas
consagradas al Señor.


EL ALMA A LA CELESTIAL REINA,
MODELO DE LAS ALMAS:

Mamá Celestial, tu pobre hija siente la irresistible
necesidad de estarse contigo, de seguir tus pasos,
de ver tus acciones para copiarlas, hacerlas mi
modelo y mantenerlas como guía de mi vida.
Siento la necesidad de ser guiada porque por mí
no sé hacer nada, pero con mi Mamá que me ama
tanto, sabré hacer todo y sabré hacer sólo la
Divina Voluntad.




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                                     Divina Voluntad




LECCIÓN DE LA CELESTIAL REINA,
MODELADORA DE LAS ALMAS:

Querida hija, es mi ardiente deseo hacer que
seas espectadora de mis acciones para que
te enamores e imites a tu Mamá, por eso
dame la mano, Yo me sentiré más feliz al
tener a mi hija junto conmigo.

Así que préstame atención y escúchame.

Yo dejé la casa de Nazaret acompañada por
mis santos padres y al dejarla quise dar una
última mirada a aquella casita en la cual
había nacido para agradecer a mi Creador
por haberme dado un lugar en donde nacer y
para dejarla en la Divina Voluntad, a fin de
que mi infancia y tantos queridos recuerdos
míos, pues estando Yo llena de razón todo
comprendía,      fueran    depositados     y
custodiados en la Divina Voluntad como
prendas de mi amor hacia Aquél que me
había creado.

Hija mía, el agradecer al Señor y depositar
en sus manos nuestros actos como prendas
de nuestro amor por Él, son nuevos canales
de gracias y comunicaciones que se abren

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                                      Divina Voluntad




entre Dios y el alma y es el homenaje más
bello que se pueda rendir a Quien tanto nos
ama. Por tanto aprende de Mí a agradecer al
Señor de todo lo que disponga de ti y en
todo lo que estás por realizar, tu palabra
sea:

“Gracias, oh Señor, deposito todo en tus
manos”.

Mientras dejé todo en el Fiat Divino, como
Él reinaba en Mí y nunca me dejó ni un
instante de mi vida, y Yo lo llevaba como en
triunfo en mi pequeña alma, ¡y oh, los
prodigios del Divino Querer!, con su virtud
conservadora mantenía el orden de todos
mis actos, pequeños y grandes, y los
mantenía como en acto dentro de Mí, como
triunfo suyo y mío, así que nunca perdí la
memoria de un solo acto mío, y esto me
daba tanta Gloria y honor que me sentía
Reina, porque cada acto mío hecho en la
Divina Voluntad era más que sol y Yo
quedaba adornada de luz, de felicidades, de
alegrías, Ella me traía su Paraíso.

¡Hija mía, el vivir de Voluntad Divina
debería ser el deseo, el anhelo y la pasión de


                                                 431
                                       Divina Voluntad




todos… Tanta es la belleza que se adquiere y
el bien que se siente!

Todo lo contrario la voluntad humana:

Ella tiene virtud de amargar a la pobre
criatura, la oprime, forma la noche, la hace
caminar a tientas y va siempre cojeando en
el bien, y muchas veces pierde memoria del
poco bien que ha hecho.

Hija mía, Yo partí de mi casa Paterna con
valor y desapego porque veía únicamente al
Querer Divino, en el Cual tenía fijo mi
Corazón y esto me bastaba para todo.

Mientras caminaba para ir al templo, miraba
toda la creación y ¡oh maravilla! Sentí el
latido de la Divina Voluntad en el Sol, en el
viento, en las estrellas, en el cielo, bajo mis
pasos la sentí palpitante y el Fiat Divino que
reinaba en Mí ordenó a toda la creación, que
como velo la escondía, que todos se
inclinaran y me dieran honor de Reina.
Todos se inclinaron dándome señales de
sujeción, ni la más pequeña florecita del
campo dejó de darme su pequeño homenaje.



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                                     Divina Voluntad




Yo ponía en fiesta a todo y cuando por
necesidad salía de la habitación, la creación
se ponía en actitud de darme muestras de
honor, y Yo quedaba obligada a ordenarles
que se estuvieran en su lugar y que
siguieran el orden de nuestro Creador.

Ahora escucha a tu Mamá y dime:

¿En tu corazón sientes la alegría, la paz, el
desapego de todo y de todos y el valor de
poder hacer cualquier cosa con tal de
cumplir la Divina Voluntad, de manera que
sientes en ti fiesta continua?

Hija mía, la paz, el desapego, el valor,
forman el vacío en el alma, en el cual puede
tomar lugar la Divina Voluntad, y siendo
Ella intangible de toda pena, lleva la fiesta
perenne a la criatura.

Por tanto, ánimo, hija mía, dime que quieres
vivir de Voluntad Divina y tu Mamá pensará
en todo. Mañana te espero para decirte el
modo como me comporté en el templo.


EL ALMA:


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                                          Divina Voluntad




Mamá mía, tus lecciones me raptan y me
descienden hasta en el corazón. Ah, Tú que tanto
quieres que tu hija viva de Voluntad Divina, con
tu imperio vacíame de todo, infúndeme el valor
necesario para que dé muerte a mi voluntad y yo
confiando en ti te diré:

“Quiero vivir de Voluntad Divina”.


Florecilla: Hoy, para honrarme, me darás
todos tus actos como prenda de amor hacia
Mí y Yo los depositaré en la Divina
Voluntad, y me dirás cada vez:

“Te amo Mamá mía”.

Jaculatoria: Mamá Celestial, vacíame de todo
para esconderme en la Voluntad de Dios.


                    Jesús, Jesús, Jesús




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            DÉCIMOQUINTO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
Continúa el mismo tema:
Su vida en el templo.


EL ALMA A LA REINA DEL CIELO:

Mamá Reina, he aquí a tu hija a tu lado para
seguir tus pasos al entrar al templo y oh, cómo
quisiera que mi Mamá tomara mi pequeña alma y
la encerrara en el templo vivo de la Voluntad de
Dios, que me aislara de todos excepto de mi
Jesús y de su dulce compañía.


LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija mía queridísima, cómo me es dulce tu
susurro a mi oído, al decirme que quieres
que te encierre en el templo vivo de la
Divina Voluntad y que no quieres otra

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                                      Divina Voluntad




compañía más que la de tu Jesús y la mía,
ah, hija querida, tú haces surgir en mi
materno Corazón las alegrías de verdadera
Madre. Y si esto me dejas hacer, Yo estoy
segura de que mi hija será feliz, mis alegrías
serán las suyas, y tener una hija feliz es la
más grande felicidad y Gloria de un corazón
materno.

Ahora escúchame, hija mía:

Yo llegué al templo sólo para vivir de
Voluntad Divina.     Mis santos padres me
entregaron a los Superiores del templo,
quienes me consagraron al Señor. Mientras
eso sucedía, Yo estaba vestida de fiesta, y
cantaron himnos y profecías relacionadas
con el futuro Mesías, ¡oh cómo se alegró mi
Corazón! Después di con valor el “adiós” a
mis queridos y santos padres, les besé la
mano, les agradecí por los cuidados que
habían tenido de mi infancia y por haberme
consagrado al Señor con tanto amor y
sacrificio. Mi actitud pacífica, sin llanto y
resuelta infundió en ellos tanto valor que
tuvieron la fuerza de dejarme y alejarse de
Mí.



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                                     Divina Voluntad




La Voluntad Divina imperaba sobre Mí y
extendía su Reino en todos esos actos míos.
Oh potencia del Fiat, sólo tú podías darme,
aún tan pequeñita, el heroísmo y la fuerza
de separarme de quienes tanto me amaban y
que Yo veía que sentían destrozárseles el
corazón al separarse de Mí.

Me encerré, entonces, hija mía, en el
templo, y el Señor lo quiso para hacerme
extender en los actos que debía hacer en él,
el Reino de la Divina Voluntad, para
preparar el terreno con mis actos humanos y
el cielo de la Divina Voluntad que debía
formarse sobre este terreno, para todas las
almas consagradas al Señor.        En aquel
sagrado lugar Yo era atentísima a todos los
deberes que tenía que hacer, era pacífica
con todos, jamás fui para ninguno causa de
amargura o de molestia, me sometía a los
servicios más humildes y no encontraba
dificultad en nada, ni en barrer, ni en lavar
los platos… cualquier sacrificio era para mí
un honor y un triunfo.

Y ¿quieres saber el por qué?

Porque Yo no veía nada, todo para Mí era
Voluntad de Dios. La campanita que me

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                                     Divina Voluntad




llamaba era el Fiat, Yo oía el sonido
misterioso del Querer Divino que me
llamaba en el sonido de la campanita y mi
Corazón gozaba y corría para ir a donde el
Fiat me llamaba; la regla era la Divina
Voluntad y a mis Superiores los veía como
exponentes de aquel Querer tan santo. Así
que para Mí, la campanita, la regla, los
Superiores, mis acciones, aun las más
humildes, eran alegrías y fiestas que me
preparaba    el  Fiat   Divino,   el   cual,
extendiéndose aun fuera de Mí, me llamaba
a extender su Voluntad para formar su Reino
en los más pequeños actos míos. Y Yo hacía
como el mar que esconde todo lo que posee
y no deja ver más que agua, escondía todo
en el mar inmenso del Fiat Divino y no veía
más que mar de Voluntad Divina y por eso
todas las cosas me llevaban felicidad y
fiestas.

¡Ah, hija mía! En mis actos corrías tú y
todas las almas; Yo no sabía hacer nada sin
mi hija, pues era precisamente para mis
hijos para quienes preparaba el Reino de la
Divina Voluntad.

Oh, si todas las almas consagradas al Señor
en los lugares santos hicieran desaparecer

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                                         Divina Voluntad




todo en la Divina Voluntad, qué felices
serían, convertirían a las comunidades en
tantas familias celestiales y poblarían la
tierra de tantas almas santas. Pero ¡ay!,
debo decirlo con dolor de Madre, ¿cuántas
amarguras, molestias, discordias no hay…?

Siendo que la santidad no está en el oficio
que les toca sino en cumplir la Voluntad
Divina en cualquier oficio asignado a ellas,
la cual es la pacificadora de las almas y la
fuerza y sostén en los sacrificios más duros.


EL ALMA:

Oh Mamá Santa, cuán bellas son tus lecciones,
qué dulcemente descienden a mi corazón. Ah, te
pido que extiendas en mí el mar del Fiat Divino y
lo pongas en torno a mí a fin de que tu hija no
vea y no conozca nada más que la Divina
Voluntad, de modo que nAvegando siempre en
Ella, pueda conocer sus secretos, sus alegrías y
su felicidad.


Florecilla: Recitarás doce Ave Marias para
honrar los doce años que viví en el templo y
unirás todos tus actos a los míos.

                                                    439
                                         Divina Voluntad




Jaculatoria: Mamá Reina enciérrame          en      el
Sagrado templo de la Voluntad de Dios.


                  María, María, María




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                                          Divina Voluntad




             DÉCIMOSEXTO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
Continúa su vida en el templo y
forma el nuevo día para hacer
surgir el resplandeciente Sol
del Verbo Divino en la tierra.


EL ALMA A SU MAMÁ CELESTIAL:

Mamá mía dulcísima, siento que me has robado
el corazón y yo corro hacia mi Mamá que tiene mi
corazón en el suyo como prenda de mi amor, y en
el lugar de mi corazón quiere poner como prenda
de su amor de Madre la Divina Voluntad, por eso
vengo a tus brazos para que como hija tuya me
prepares, me des tus lecciones y hagas lo que Tú
quieras de mí. Te pido que no dejes nunca sola a
tu hija, sino que la tengas siempre, siempre junto
contigo.



                                                     441
                                      Divina Voluntad




LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija mía queridísima, ¡oh, cómo suspiro
tenerte siempre junto conmigo, quisiera ser
tu latido, tu respiro, las obras de tus manos,
el paso de tus pies, para hacerte sentir por
medio mío cómo obraba la Divina Voluntad
en Mí, quisiera derramar en ti su Vida.

¡Oh,    cómo    Ella   es   dulce,    amable,
encantadora y raptora! ¡Oh, cómo me harías
doblemente feliz si te tuviera a ti, hija mía,
bajo el imperio total de ese Fiat Divino que
formó toda mi fortuna, mi felicidad y mi
Gloria!

Ahora, préstame atención y escucha a tu
Mamá que quiere compartir junto contigo su
fortuna.

Yo continué mi vida en el templo, pero el
Cielo para Mí no estaba cerrado, Yo podía ir
cuantas veces quisiera, tenía el paso libre
para subir y bajar. En el Cielo tenía mi
Familia Divina y Yo ardía y suspiraba por
entretenerme junto con Ella; la misma
Divinidad me esperaba con mucho amor para

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                                      Divina Voluntad




conversar junto conmigo, para gozarse y
hacerme más feliz, más bella, más querida a
sus ojos. Por lo demás, no me habían creado
para mantenerme lejos, ¡no, no! Querían
gozarme como hija, querían oír cómo mis
palabras animadas por el Fiat tenían la
potencia de poner paz entre Dios y las
criaturas, les placía ser vencidos por su
pequeña hija y oírse repetir:

“Descienda, descienda el Verbo a la tierra.”

Puedo decir que la misma Divinidad me
llamaba y Yo corría, volaba hacia Ellos, mi
presencia, como no había hecho nunca mi
voluntad humana, les correspondía por el
amor y por la Gloria de la gran obra de toda
la creación, y por eso me confiaban el
secreto de la historia del género humano y
yo pedía y pedía para que llegara la paz
entre Dios y el hombre.

Hija mía, debes saber que la voluntad
humana fue la única que cerró el Cielo y por
eso no le era dado penetrar en aquellas
celestes regiones ni tener relación familiar
con su Creador, es más, la voluntad humana
lo había arrojado lejos de Aquél que la había
creado. Cuando el hombre se sustrajo de la

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                                       Divina Voluntad




Voluntad Divina se volvió miedoso, tímido,
perdió el dominio de sí mismos y de toda la
creación; todos los elementos, como estaban
dominados por el Fiat, habían quedado
superiores a él y le podían hacer mal, el
hombre tenía miedo de todo.

¿Y te parece poco, hija mía, que aquél que
había sido creado rey y dominador de todo
llegaba a tener miedo de Aquél que lo había
creado?

Extraño, hija mía, y diría que es casi contra
naturaleza que un hijo tenga miedo de su
padre, mientras que es natural que cuando
se genera a la vez amor y confianza entre
padre e hijo, y esto se puede llamar la
primera herencia que le toca al hijo y el
primer derecho que le toca al padre. Así que
Adán, al hacer su voluntad, perdió la
heredad de su Padre, perdió su Reino y se
volvió el hazme reír de todas las cosas
creadas.

Hija mía, escucha a tu Madre y pondera bien
el gran mal de la voluntad humana:

Ella quita los ojos al alma y la hace ciega, de
tal manera que todo es tinieblas y temor

                                                  444
                                      Divina Voluntad




para la pobre criatura. Por eso, pon la mano
sobre tu corazón y júrale a tu Mamá que
prefieres morir antes que hacer tu voluntad.

Yo, al no hacer nunca mi voluntad no tenía
ningún temor de mi Creador.

¿Cómo podía tener temor si me amaba
tanto?

Su Reino se extendía tanto en Mí que con
mis actos iba formando el pleno día para
hacer surgir el nuevo Sol del Verbo Eterno
sobre la tierra, y Yo, conforme veía que se
iba formando el día, aumentaba mis súplicas
para obtener el suspirado día de la paz entre
el Cielo y la tierra.

Mañana te espero para narrarte              otra
sorpresa de mi vida acá abajo.


EL ALMA:

Soberana Mamá mía, cómo son dulces tus
lecciones. Ah, cómo me hacen comprender el
gran mal de mi voluntad humana. Oh, cuántas
veces también yo siento en mí temor, timidez y
me siento como lejana de mi Creador. Ah, es mi

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                                                       Divina Voluntad




voluntad humana que reina en mí no la Divina y
por eso yo siento sus tristes efectos. Así que si
me amas como hija toma mi corazón en tus
manos y quítame el temor, la timidez que me
impide el vuelo hacia mi Creador y en lugar de
ellas pon en mí aquel Fiat que tanto amas y que
quieres que reine en mi alma.


Florecilla: Para honrarme, pondrás en mis
manos todo lo que sientes de molestia, de
temor, de desconfianza, para que te lo
convierta en Voluntad de Dios, diciéndome
tres veces:

“Mamá mía, haz que                        reine   la    Divina
Voluntad en mi alma”.


Jaculatoria: Mamá mía, confianza mía, forma el
día de la Voluntad Divina en mi alma.


                    Luisa, Luisa, Luisa




                                                                  446
                                        Divina Voluntad




           DECIMOSÉPTIMO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
Sale del templo. Se desposa con San
José.
Es espejo Divino en el que llama
a reflejarse a todos aquéllos
que son llamados por Dios
al estado conyugal.


EL ALMA A SU MAMÁ CELESTIAL:

Mamá Santa, hoy más que nunca siento la
necesidad de permanecer estrechada entre los
brazos de mi Mamá, para que el Divino Querer
que reina en ti forme el dulce encanto a mi
voluntad, a fin de que esté dominada y no se
atreva a hacer algo que no sea Voluntad de Dios.
Tus lecciones de ayer me hicieron comprender la
cárcel a la que la voluntad humana arroja a la
pobre criatura y yo temo que la mía haga sus

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                                        Divina Voluntad




escapadas y vuelva a tomar su lugar en mí. Por
eso, me confío a ti, Mamá, a fin de que Tú me
vigiles tanto que yo pueda estar segura de vivir
siempre de Voluntad Divina.


LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija mía, ánimo y confianza en tu Mamá y
propósito férreo de nunca dar vida a tu
voluntad.

Oh, cómo me gustaría escuchar de tus
labios: “Mamá mía, mi voluntad se acabó,
todo el imperio lo tiene en mí el Fiat
Divino”.

Y esas son las armas que la hacen estar
muriendo continuamente y vencen el
Corazón de tu Mamá para usar todas las
artes amorosas de Madre para que su hija
viva en el reino de su Mamá. Para ti será
dulce muerte que te dará la verdadera vida y
para Mí será la más bella de las victorias que
haré en el Reino de la Divina Voluntad. Por
eso, confianza en Mí y valor.               La
desconfianza es de los viles y de aquéllos
que no están verdaderamente decididos a
obtener la victoria y por eso permanecen

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                                     Divina Voluntad




siempre sin armas, y sin armas no se puede
vencer, están siempre vacilantes y son
intermitentes en hacer el bien.

Ahora, hija mía, escúchame:

Yo continuaba mi vida en el templo y con
mis escapadas allá arriba, a mi Patria
Celestial. Yo tenía mis derechos de hija de
visitar a mi Familia Divina, que me
pertenecía más que Padre. Pero ¿cuál no
fue mi sorpresa cuando en una de estas
visitas Dios me hizo conocer que era su
Voluntad que Yo saliera del templo
uniéndome con vínculo de desposorios,
según el uso de aquellos tiempos, con un
hombre santo llamado José, para retirarme
después con él a vivir en la casa de Nazaret?

Hija mía, en este paso de mi vida
aparentemente parece que Dios quería
ponerme una prueba. Yo nunca había amado
a nadie en el mundo, y como la Voluntad
Divina se extendía en todo mi ser y mi
voluntad humana no había tenido nunca un
acto de vida, por lo tanto en Mí faltaba el
germen del amor humano, ¿cómo habría
entonces podido amar a un hombre en el
orden humano, por santo que fuera?

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                                    Divina Voluntad




Es verdad que yo amaba a todos y era tanto
mi amor hacia todos que este amor de Madre
había escrito en mi Corazón materno con
caracteres de fuego imborrable a uno por
uno, pero este amor era totalmente en el
orden del amor divino. El amor humano,
comparado con el Divino, puede llamarse
sombra, humo, átomo de amor…

Sin embargo, querida hija, de esto que
aparentemente parecía riesgo y como
extraño a la santidad de mi vida, Dios se
sirvió admirablemente para cumplir sus
designios y concederme la gracia tan
suspirada por Mí: El descendimiento del
Verbo a la tierra.       Dios me daba la
salvaguardia, la defensa, la ayuda para que
ninguno pudiera hablar mal de Mí, de mi
honestidad.        San José debía ser el
cooperador, el tutor que se debía ocupar de
lo poco de humano que se necesitaba, la
sombra de la Paternidad celestial bajo la
cual debía formarse nuestra pequeña familia
celestial en la tierra.

Entonces, a pesar de mi sorpresa, dije
inmediatamente Fiat, sabiendo que la Divina
Voluntad no me habría hecho mal ni habría

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                                     Divina Voluntad




perjudicado mi santidad.     En cambio, si
hubiera querido poner un acto de mi
voluntad humana, aun bajo el aspecto de no
querer conocer hombre, hubiera mandado a
la ruina los planes de la venida del Verbo a
la tierra.

Por lo tanto, no es la diversidad de los
estados lo que perjudica la santidad, sino la
falta  de   la  Divina    Voluntad    y   del
cumplimiento de los propios deberes en el
estado al cual Dios llama a la criatura.
Todos los estados son santos, también el
matrimonio, siempre y cuando esté dentro
la Divina Voluntad y el sacrificio en el
cumplimiento exacto de los propios deberes.

Sin embargo, la mayor parte de hombres y
mujeres son indolentes y flojos y no sólo no
se hacen santos, sino que forman del estado
de cada uno, unos un purgatorio y otros un
infierno.

En cuanto conocí que debía salir del templo,
Yo no dije palabra a nadie y esperé que Dios
mismo moviera las circunstancias externas
para hacerme cumplir su adorable Voluntad.
Como de hecho sucedió:


                                                451
                                            Divina Voluntad




Los Superiores del templo me llamaron y me
dijeron que era voluntad de ellos y también
el uso de aquellos tiempos, que Yo debía
prepararme a los esponsales; Yo acepté y
milagrosamente la elección recayó, entre
tantos, en San José; así que se celebraron
los esponsales y Yo salí del templo.

Por esto te pido, hija de mi Corazón, que en
todas las cosas te importe únicamente la
Divina Voluntad si quieres que los designios
divinos se cumplan también en ti.


EL ALMA:

Reina Celestial, tu hija se confía a ti y con mi
confianza quiero herirte el Corazón, y esta herida
diga siempre en tu materno Corazón:

¡Fiat, Fiat, Fiat!, te pide siempre tu pequeña hija.


Florecilla: Para honrarme, vendrás a mis
rodillas y recitarás quince Gloria Patri para
agradecer al Señor todas las Gracias que me
concedió hasta los quince años de mi vida.



                                                       452
                                         Divina Voluntad




Jaculatoria: Reina poderosa, concédeme            las
armas para ganar la batalla a mi Voluntad.


                   Jesús, Jesús, Jesús




                                                    453
                                          Divina Voluntad




             DECIMOCTAVO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
En la casa de Nazaret.
Cielo y tierra están a punto
de darse el beso de paz.
La hora divina está cercana.


EL ALMA A SU MAMÁ REINA:

Mamá mía Soberana, estoy de regreso para seguir
tus pasos; tu amor me ata y como imán potente
me tiene fija y toda ocupada en escuchar las
bellas lecciones de mi Mamá. Pero esto no me
basta; si me amas como hija, enciérrame dentro
del Reino de la Divina Voluntad en el cual viviste
y vives y cierra la puerta, de modo que, aunque lo
quisiera, no pueda salirme jamás, y así, Madre e
hija haremos vida común y ambas seremos
felices.



                                                     454
                                     Divina Voluntad




LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija mía queridísima, ¡si tú supieras cuánto
suspiro por tenerte encerrada en el Reino de
la Divina Voluntad! Cada lección que te doy
es una barrera de más que formo para
impedirte salir, es una fortaleza más para
poner tu voluntad entre muros a fin de que
comprenda y quiera permanecer bajo el
dulce imperio del Fiat Supremo. Por esto,
sé atenta al escucharme porque es trabajo
que tu Mamá hace para seducir y raptar tu
voluntad y para hacer triunfar en ti a la
Voluntad Divina.

Escúchame pues, querida hija:

Yo salí del Templo con el mismo valor con el
que entré y solamente para cumplir la
Divina Voluntad.      Iba a Nazaret y no
encontraría ya a mis queridos y santos
padres; iba acompañada sólo por San José.
Yo veía en él a mi buen ángel que Dios me
había dado para mi custodia, además de que
tenía    legiones  de    ángeles  que    me
acompañaban en el viaje y todas las cosas
creadas me hacían inclinaciones de honor
y… agradeciéndoles, daba a cada una de

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                                     Divina Voluntad




ellas mi beso y mi saludo de Reina… Y así
llegué a Nazaret.

Debes saber que San José y Yo nos
mirábamos con recato y los dos sentíamos el
corazón ansioso, pues uno quería hacer
conocer al otro recíprocamente que estaba
atado a Dios con el voto de virginidad
perpetua. Al fin se rompió el silencio y
mutuamente nos hicimos conocer el voto.
¡Cómo     nos   sentimos    felices!     Y
agradeciéndole al Señor nos prometimos
vivir juntos como hermano y hermana.

Yo    era   atentísima   en   servirlo;  nos
mirábamos con veneración, y la aurora de la
paz reinaba en medio de nosotros. ¡Oh, si
todos reflejándose en Mí me imitaran…! Yo
me adaptaba a la vida común, nada dejaba
transparentar de los grandes mares de gracia
que poseía. En la casa de Nazaret Yo me
sentía más que nunca encendida y pedía que
el Verbo Divino descendiera a la tierra.

La Divina Voluntad que reinaba en Mí no
hacía otra cosa que investir todos mis actos
de luz, de belleza, de santidad, de potencia.
Yo sentía que Ella formaba en Mí el Reino de
la Luz que siempre surge, el Reino de la

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                                      Divina Voluntad




belleza, de la santidad y de la potencia que
siempre crecen. Así que todas la cualidades
divinas que el Fiat Divino extendía en Mí
con su reinar, me llevaban la fecundidad; la
luz que me invadía era tanta que mi misma
humanidad quedaba en tal modo embellecida
y revestida por este Sol del Querer Divino,
que     producía     continuamente      flores
celestiales. Yo sentía que el Cielo descendía
hasta Mí y que la tierra de mi humanidad
subía, y Cielo y tierra se abrazaban y se
daban un recíproco beso de paz y de amor; y
la tierra se disponía a producir el germen
para formar al Justo, al Santo y el Cielo se
abría para hacer descender al Verbo Divino
en este germen.

Yo no hacía más que bajar y subir a mi
Patria Celestial y arrojarme en los brazos
Paternos de mi Padre Celestial diciéndole de
corazón:

“Padre Santo, no puedo más, me siento
quemar, y mientras ardo siento en Mí una
fuerza potente que quiere vencerte, con las
cadenas de mi amor quiero atarte para
desarmarte a fin de que ya no tardes más; en
las alas de mi amor quiero transportar al


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                                     Divina Voluntad




Verbo Divino del Cielo a la tierra”, y rezaba
y lloraba para ser escuchada.

La Divinidad vencida finalmente por mis
lágrimas y oraciones me aseguró:

“Hija, ¿quién te podrá resistir? ¡Tú has
vencido!    La hora divina está próxima.
Vuelve a la tierra y continúa tus actos en la
potencia de mi Querer, pues con ellos, todos
quedarán sacudidos y Cielo y tierra se
darán el beso de paz.”

Pero a pesar de esto, Yo no sabía aún que Yo
debía ser la Madre del Verbo Eterno.

Querida hija, escúchame y comprende bien
qué significa vivir de Voluntad Divina:

Yo, al vivir de Ella, formé su cielo y su
Reino Divino en mi alma; si no hubiera
formado en Mí este Reino, el Verbo no
habría nunca podido descender del Cielo a la
tierra. Si descendió fue porque bajó a su
Reino que la Divina Voluntad había formado
en Mí, y encontró en Mí su Cielo y sus
alegrías divinas.  Jamás el Verbo habría
descendido a un reino extraño a Él, ¡no, no!


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                                        Divina Voluntad




Quiso primero formar su Reino en Mí y luego
bajar cual vencedor en su reino.

Y no sólo esto, sino que con vivir siempre       de
Voluntad Divina, Yo adquirí por gracia           lo
que en Dios es naturaleza, es decir,             la
fecundidad divina, para formar, sin obra         de
hombre, el germen para hacer brotar de           Mí
la Humanidad del Verbo Eterno.

Oh, ¿qué cosa no puede hacer la Divina
Voluntad obrante en una criatura?      ¡Ella
puede hacer todo y todos los bienes posibles
e imaginables!

Por eso, anhela con todas tus fuerzas que
todo sea en ti Voluntad Divina si quieres
imitar a tu Mamá y hacerme feliz y
contenta.


EL ALMA:

Mamá Santa, si Tú quieres, puedes; si tuviste el
poder para vencer aun a Dios y hacerlo descender
del Cielo a la tierra, no te faltará poder para
vencer a mi voluntad para que ya no tenga vida.
Yo espero en ti y obtendré todo de ti.


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                                          Divina Voluntad




Florecilla: Para honrarme me harás una
visita a la casa de Nazaret y en homenaje me
darás todos tus actos, los unirás a los míos y
de este modo los convertirás en Voluntad
Divina.


Jaculatoria: Emperatriz Celestial, trae el beso de
la Voluntad de Dios a mi alma.


                    María, María, María




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                                         Divina Voluntad




            DECIMONOVENO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
Las puertas del Cielo se abren.
El Verbo Eterno se pone a observar
y envía a su Ángel para anunciar
a la Santísima Virgen que
la hora de Dios ha llegado.


EL ALMA A SU MAMÁ CELESTIAL:

Mamá Santa, heme aquí de nuevo sobre tus
rodillas, tu hija desea el alimento de tu palabra
dulcísima, la cual me da el bálsamo para sanar
las heridas de mi miserable voluntad humana.
Mamá mía, háblame, desciendan tus potentes
palabras a mi corazón y formen una nueva
creación para formar el germen de la Divina
Voluntad en mi alma.




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                                      Divina Voluntad




LECCIÓN DE LA REINA SOBERANA:

Hija queridísima, es precisamente ésta la
finalidad que Yo busco: hacerte oír los
arcanos celestiales del Fiat Divino y los
portentos que puede obrar en donde reina
completamente, y el gran mal que le viene a
quien se hace dominar del querer humano, a
fin de que ames al primero, para dejarle
formar su trono en ti y aborrezcas al
segundo para hacer de tu voluntad humana
el escabel del Querer Divino, teniéndola
sacrificada a sus pies divinos.

Ahora, hija mía, escúchame: Yo continuaba
mi vida en Nazaret, el Fiat Divino
continuaba extendiendo en Mí su Reino, se
servía de los más pequeños e indiferentes
actos míos, como eran: mantener el orden
en nuestra casita, encender el fuego, barrer,
y todos los demás servicios que se hacen en
la familia, para hacerme sentir su misma
Vida palpitante en el fuego, en el agua, en el
alimento, en el aire que respiraba, en todo, e
invistiendo mis pequeños actos formaba en
ellos mares de luz, de gracia, de santidad.
Porque donde reina el Divino Querer tiene la

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                                      Divina Voluntad




potencia de formar, de las pequeñeces,
nuevos cielos de belleza encantadora, pues
siendo inmenso no sabe hacer cosas
pequeñas, sino que con su potencia da valor
a las pequeñeces y las convierte en las cosas
más grandes, tanto de dejar atónitos Cielos
y tierra. Todo es santo, todo es sagrado
para quien vive de Voluntad Divina.

Ahora, hija de mi Corazón, pon atención y
escúchame:

Unos días antes de que el Verbo descendiera
a la tierra, Yo veía el cielo abierto y el Sol
del Verbo Divino a sus puertas, como
buscando hacia quién debía emprender su
vuelo para hacerse el Celestial Prisionero de
una criatura.

¡Oh, cómo era bello verlo a las puertas del
Cielo en actitud de vigilar y espiar a la
afortunada criatura que debía albergar a su
Creador!

La Sacrosanta Trinidad no miraba más a la
tierra como si le fuera extraña, no, porque
estaba la pequeña María, que poseyendo su
misma Voluntad, había formado el Reino
Divino en el cual el Verbo podía descender

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                                     Divina Voluntad




seguro, como en su propia morada, en donde
encontraba el Cielo y los tantos soles de los
tantos actos de Voluntad Divina hechos en
mi alma.     La Divinidad tuvo como una
explosión de amor y quitándose el manto de
Justicia que desde hacía tantos siglos había
mantenido en relación a las criaturas, se
cubrió con el manto de la Misericordia
infinita y decretó el descendimiento del
Verbo. ¡Y está a punto de sonar la hora de la
Encarnación! Ante esta llamada, Cielos y
tierra quedaron estupefactos y se pusieron
en actitud atenta para ser espectadores de
este exceso de amor tan grande y de un
prodigio tan inaudito.

Tu Mamá se sentía incendiada de amor y
haciendo eco al amor de mi Creador quería
formar un solo mar de amor, a fin de que en
él descendiera el Verbo a la tierra; mis
oraciones eran incesantes y… mientras
rezaba en mi cuartito, un Ángel, enviado
desde el Cielo como mensajero del Gran rey,
se apareció frente a Mí e inclinándose me
saludó:

“Dios te salve, oh María, Reina nuestra, el
Fiat Divino te ha llenado de gracia. Él ya
pronunció el Fiat de que quiere descender,

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                                    Divina Voluntad




ya está a mis espaldas…, pero quiere tu
Fiat para formar el cumplimiento de su
Fiat”.

Ante este anuncio tan grande y tan deseado
por Mí, pero como nunca había pensado que
Yo fuera la Elegida, quedé asombrada y me
turbé por un instante, pero el Ángel del
Señor agregó:

“No temas, ¡Reina nuestra!, porque has
hallado gracia delante de Dios, Tú has
vencido a tu Creador, por eso, para
cumplimiento de la victoria, pronuncia tu
Fiat”.

Pronuncié el Fiat y ¡oh maravilla! ¡Los dos
Fiat se fundieron y el Verbo Divino
descendió en Mí!

Mi Fiat, como estaba valorizado por el
mismo valor del Fiat Divino, formó, del
germen de mi humanidad, la pequeñísima
Humanidad que debía encerrar al Verbo y así
se  cumplió  el  gran   prodigio    de   la
Encarnación.

¡Oh potencia del Fiat Supremo, Tú me
elevaste tanto que me hiciste tan potente

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                                        Divina Voluntad




hasta poder Yo crear en Mí la Humanidad
que debía encerrar al Verbo Eterno, a Aquél
a quien Cielos y tierra no pueden contener!

Los Cielos se sacudieron y toda la creación
se puso en actitud de fiesta y exultando de
alegría miraban la humilde casita de Nazaret
para ofrecer sus homenajes y obsequios al
Creador humanado, y en su mudo lenguaje
decían:

“¡Oh prodigio de los prodigios que sólo un Dios
podía   hacer:     la    Inmensidad     se    ha
empequeñecido, la potencia ha quedado
impotente, la Altura inalcanzable se ha abajado
hasta el abismo del seno de una Virgen,
permaneciendo a un mismo tiempo pequeño e
inmenso, potente e impotente, fuerte y débil!”

Querida hija mía, tú no puedes comprender
lo que tu Mamá sintió en el acto de la
Encarnación    del  Verbo.     Todos  me
apresuraban    esperaban mi Fiat, podría
decir, omnipotente.

Hija querida, fíjate cuánto te debe importar
el hacer y el vivir de Voluntad Divina. Mi
potencia existe aún. Déjame pronunciar mi
Fiat en tu alma, pero para pronunciarlo

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                                         Divina Voluntad




quiero el tuyo. Solo, no se puede hacer
ningún bien verdadero, siempre entre dos se
hacen las obras más grandes. Dios mismo
no quiso obrar solo para formar el gran
prodigio de la Encarnación sino que me
quiso junto, en mi Fiat y en el suyo juntos
se formó la vida del Hombre Dios y se reparó
el destino del género humano. El Cielo ya
no estuvo cerrado y todos los bienes
quedaron encerrados entre dos Fiat. Por eso
pronunciémoslo juntas: ¡Fiat, Fiat! Y mi
amor materno encerrará en ti la Vida de la
Divina Voluntad.

Por hoy basta. Mañana te espero de nuevo
para narrarle a mi hija la continuación de la
Encarnación.


EL ALMA:

Mamá bella, yo me siento maravillada al escuchar
tus hermosas lecciones.       Ah, te pido que
pronuncies tu Fiat en mí y yo pronuncio el mío, a
fin de que quede concebido en mí ese Fiat que Tú
tanto anhelas que como vida reine en mí.




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                                        Divina Voluntad




Florecilla: Para honrarme harás una visita a
Jesús Sacramentado para agradecerle por
haberse encarnado y por haberse hecho
prisionero en mi seno concediéndome el
grandísimo honor de ser su Madre.


Jaculatoria: Mamá de Jesús, se también mi
mamá y guíame por el camino de la Divina
Voluntad.


                  Luisa, Luisa, Luisa




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                VIGÉSIMO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
La Virgen: Cielo tachonado de estrellas
y en este Cielo el Sol Divino
con sus refulgentes rayos
llena ya el Cielo y la tierra.
Jesús en el seno de su Mamá.
Visita a Isabel y santificación de Juan.


EL ALMA A SU MADRE REINA:

Heme aquí de nuevo contigo, Mamá mía Celestial;
vengo a alegrarme junto contigo y postrándome
ante tus santos pies, te saludo: ¡llena de gracia y
Madre de Jesús!

¡Oh, de ahora en adelante no te encontraré ya
sola, Mamá, porque encontraré contigo a mi
pequeño prisionero Jesús! Así que seremos tres,
no dos: la Mamá, Jesús y yo. ¡Oh, qué gran


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                                         Divina Voluntad




fortuna es la mía! Si quiero encontrar a mi
pequeño Rey Jesús, basta que venga con su
Mamá y mía!

¡Oh, Mamá Santa, desde la altura de Madre de
Dios en la que te encuentras, ten piedad de esta
tu pequeña y miserable hija, dirige la primera
palabra por mí al pequeño prisionero Jesús, a fin
de que me dé la gran gracia de vivir de su
Voluntad Divina!


LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO,
MADRE DE JESÚS:

Hija mía querida, hoy te espero más que
nunca; mi Corazón Materno está henchido y
siento la necesidad de desahogar mi
ardiente amor con mi hija. Quiero decirte
que soy Madre de Jesús. Mis alegrías son
infinitas, mares de felicidad me inundan.
Puedo decir: ¡soy Madre de Jesús…! ¡Su
criatura, su esclava es Madre de Jesús…! ¡Y
sólo al Fiat Divino lo debo! Él me hizo llena
de gracia y preparó la digna habitación para
mi creador.       Por eso, Gloria, honor,
agradecimiento sean siempre para el Fiat
Supremo.


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                                     Divina Voluntad




Ahora escúchame, hija de mi Corazón:

En cuanto se formó mediante la potencia del
Fiat Divino la pequeña Humanidad de Jesús
en mi seno, el Sol del Verbo eterno se
encarnó en Ella. Yo poseía mi Cielo formado
por el Fiat Divino, todo tachonado de
estrellas muy resplandecientes que emitían
alegrías, armonías de bellezas divinas y el
Sol del Verbo Eterno, fulgurante de luz
inaccesible, vino a tomar su puesto dentro
de este Cielo, escondido en su pequeña
Humanidad,     la   cual,   no    pudiéndolo
contener, el centro del Sol estaba en ella,
pero su luz se desbordaba fuera e
invistiendo Cielo y tierra llegaba a cada
corazón y con el toque de su luz llamaba a
las puertas de cada criatura y con voz de luz
penetrante les decía:

“Hijos míos, abridme, dadme lugar en
vuestro corazón, he descendido del Cielo a
la tierra para formar en cada uno de
vosotros mi Vida; mi Madre es el centro en
el cual Yo resido y todos vosotros, hijos
míos, seréis la circunferencia donde quiero
formar tantas vidas mías por cuantos hijos
tengo”.


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                                     Divina Voluntad




Y la luz llamaba y llamaba sin cesar y la
pequeña Humanidad de Jesús gemía, lloraba,
sufría y dentro de esa luz que llegaba a los
corazones, hacía correr sus lágrimas, sus
gemidos y sus espasmos de amor y de
dolor…

Ahora, debes saber que para tu Mamá
empezó una nueva vida. Yo estaba al tanto
de todo lo que obraba mi Hijo, lo veía
devorado por inmensas llamas de amor; de
cada uno de sus latidos, respiros y penas
eran mares de amor que hacía salir, con los
cuales envolvía a todas las criaturas para
hacerlas suyas a fuerza de amor y de dolor.

Porque, debes saber, que en cuanto fue
concebida su pequeña Humanidad, Jesús
concibió en Sí todas las penas que habría de
sufrir hasta la última de su vida, encerró en
Sí mismo a todas las almas, porque como
Dios nadie le podía escapar: su inmensidad
encerraba a todas las criaturas y su
omnividencia las hacía presentes a todas,
por lo tanto mi Jesús, mi Hijo, sentía el
peso y la carga de todos los pecados de cada
criatura y Yo, tu Mamá, lo seguía en todo. Y
sentí en mi Corazón Materno la nueva
generación de las penas de mi Jesús y la

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                                     Divina Voluntad




nueva generación de todas las almas que
como Madre debía junto con Él generar a la
gracia, a la Luz y a la nueva Vida que mi
querido Hijo vino a traer a la tierra.

Hija mía, has de saber que desde que fui
concebida, Yo te amé como Madre, te sentí
en mi Corazón, ardí de amor por ti, pero no
comprendía por qué el Fiat Divino me hacía
hacer esos actos, me tenía velado el secreto.
Pero cuando se encarnó el Verbo, me develó
el secreto y comprendí la fecundidad de mi
maternidad, de que no sólo debía ser Madre
de Jesús sino Madre de todos, y esta
maternidad debía ser formada en la hoguera
del dolor y del amor.

¿Ves, hija mía, cuánto te amé y cuánto te
amo?

Ahora escucha, hija querida, hasta dónde se
puede llegar cuando el Divino Querer toma
la vida obrante en la criatura y la voluntad
humana la deja obrar sin impedirle el paso:
Este Fiat, que por naturaleza posee la virtud
generativa, genera todos los bienes en la
criatura, la hace fecunda dándole la
maternidad sobre todos, sobre todos los
bienes y sobre Aquél que la creó.

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                                     Divina Voluntad




Maternidad significa verdadero amor, amor
heroico, amor que se contenta con morir
con tal de dar vida a quien ha generado; si
no existe esto, la palabra maternidad es
estéril, está vacía y se reduce a palabras
pues con los hechos no existe. Por eso, hija
mía, si quieres la generación de todos los
bienes, haz que el Fiat tenga en ti vida
obrante, el cual te dará la maternidad y
amarás todo con amor de madre y Yo, tu
Mamá, te enseñaré el modo para hacer
fecunda en ti esta maternidad toda santa y
divina.

Ahora sígueme y escúchame. En cuanto fui
Madre de Jesús y Madre tuya, mis mares de
amor se multiplicaron y no pudiéndolos
contener todos en Mí, sentía la necesidad de
expandirlos y de ser aun a costa de grandes
sacrificios, la primera portadora de Jesús a
las criaturas, y ¿por qué digo sacrificios?

Cuando se ama de verdad, los sacrificios y
las penas son refrigerios, son alivios y
desahogos del amor que se posee.

¡Oh, hija mía, si tú no conoces el bien del
sacrificio, si no sientes cómo te da las

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                                      Divina Voluntad




alegrías más íntimas, es señal de que la
Divina Voluntad no reina completamente en
ti, pues Ella es la única que da tal fuerza al
alma hasta hacerla invencible y capaz de
soportar cualquier pena!

Pon la mano en tu corazón y mira cuántos
vacíos de amor hay. Reflexiona: esa secreta
estima de ti misma, ese turbarte por la más
mínima contrariedad, esos apegos que
sientes a cosas y a personas, ese cansancio
en el bien, ese fastidio que sientes con lo
que no va de acuerdo a tus deseos…
equivalen a otros tantos vacíos de amor en
tu corazón, vacíos que te privan de la fuerza
y del deseo de ser colmada de Voluntad
Divina. ¡Oh, cómo sentirás también tú la
virtud reconfortante y conquistante en tus
sacrificios si llenas de amor estos vacíos!

Hija, dame la mano y sígueme para que Yo
continúe dándote mis lecciones:

Salí entonces de Nazaret, acompañada de
San José, afrontando un largo viaje,
atrAvesando montes para ir a visitar en
Judea a Isabel, quien en su vejez
milagrosamente se había convertido en
madre. Yo fui a ella no para hacerle una

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                                     Divina Voluntad




simple visita, sino porque ardía por el deseo
de llevarle a Jesús. La plenitud de gracia,
de amor, de Luz que sentía en Mí, me
empujaba     a   llevar,  a   multiplicar   y
centuplicar la vida de mi Hijo en todas las
criaturas.

Sí, hija mía, el amor de Madre que tuve por
todos los hombres y por ti en particular, fue
tan grande, que sentí la extrema necesidad
de dar a todos a mi querido Jesús, para que
todos lo pudieran poseer y amar. El derecho
de Madre que me concedió el Fiat Divino,
me enriqueció con tal potencia que podía
multiplicar tantas veces a Jesús por cuantas
eran las criaturas. Este era el milagro más
grande que Yo podía realizar: tener a Jesús
para darlo a quienquiera que lo deseara.

¡Oh, cómo me sentía feliz! ¡Cómo quisiera
que también tú, hija mía, acercándote a las
demás personas y haciéndoles visitas, fueras
siempre portadora de Jesús, capaz de
hacerlo conocer y deseosa de hacerlo amar!

Después de algunos días de viaje, llegué
finalmente a Judea y prontamente me dirigí
a la casa de Isabel, quien me salió al
encuentro alegremente. Al saludo que le di

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                                     Divina Voluntad




sucedieron    hechos    maravillosos:    mi
pequeño Jesús exultó en mi seno y fijando
con los rayos de su propia Divinidad al
pequeño Juan en el seno de su madre, lo
santificó, le dio el uso de razón y le hizo
conocer que Él era el Hijo de Dios; Juan
entonces exultó de amor y de alegría tan
fuertemente que Isabel se sintió sacudida, e
iluminada también por esa luz de la
Divinidad de mi Hijo, conoció que Yo era ya
la Madre de Dios y en la vehemencia de su
amor, rebosando de gratitud exclamó:

“¿De dónde a mí tanto honor… que la Madre de
mi Señor venga a mí?”

Yo no negué el altísimo misterio, sino que lo
confirmé humildemente, alabando a Dios
con el cántico del Magnificat, por medio del
cual la Iglesia continuamente me honra, y
anuncié que el Señor había hecho en Mí, su
esclava, maravillas, y que por eso todas las
generaciones me llamarían BienAventurada.

Hija mía, Yo me sentía arder por el deseo de
dar un desahogo a las llamas de amor que
me consumían y de comunicar mi secreto a
Isabel, quien también suspiraba por la
venida del Mesías a la tierra. El secreto es

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                                       Divina Voluntad




una      necesidad   del    corazón    que
irresistiblemente se revela a las personas
capaces de entenderse.

¿Quién podría decirte cuánto bien llevó mi
visita a Isabel, a Juan, y a toda esa casa?

Todos quedaron santificados, y llenos de
alegría     sintieron      gozos     insólitos,
comprendieron cosas inauditas y Juan, en
particular, recibió todas las gracias que eran
necesarias para prepararse a ser el Precursor
de mi Hijo.

Queridísima hija, la Divina Voluntad hace
cosas grandes y admirables en donde reina.
Si Yo obré tantos prodigios, fue porque Ella
tenía su puesto de Reina en mí; si también
tú haces reinar al Divino Querer en tu alma,
serás también la portadora de Jesús a las
criaturas y sentirás la irresistible necesidad
de darlo a todas.


EL ALMA:

Mamá Santa, me abandono en tus brazos… ¡Oh,
cómo quisiera bañar tus manos maternas con
mis lágrimas para moverte a compasión del

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                                          Divina Voluntad




estado en que se encuentra mi pobre alma! ¡Ah, si
me amas como Madre, enciérrame en tu Corazón
y tu amor queme mis miserias, mis debilidades, y
la potencia del Fiat Divino que posees como Reina
forme su vida obrante en mí, de manera que
pueda decir:

“Mi Mamá es toda para mí y yo soy toda para
Ella!”

Junto con Jesús desciende a mi alma, renueva en
mí la visita que hiciste a Santa Isabel y los
prodigios que obraste. ¡Ah sí, Mamá mía! Tráeme
a Jesús; santifícame, con Jesús sabré hacer su
Santísima Voluntad.


Florecilla: Para honrarme, recitarás tres
veces el Magnificat en agradecimiento por la
visita que hice a Santa Isabel.


Jaculatoria: Mamá Santa visita también a mi
alma y prepara en ella una digna habitación a la
Divina Voluntad.


                    Jesús, Jesús, Jesús




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                                          Divina Voluntad




           VIGESIMOPRIMER DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad. Sol que surge.
Pleno mediodía. El Verbo
Eterno en medio de nosotros.


EL ALMA A SU MAMÁ REINA:

Dulcísima Mamá, mi pobre corazón siente la
extrema necesidad de venir sobre tus rodillas
maternas para confiar sus pequeños secretos a tu
Corazón materno.         Escucha, Mamá:         al
considerar los grandes prodigios que obró en ti el
Fiat Divino, siento que no puedo imitarte, porque
soy pequeña y débil y además las luchas
tremendas de mi existencia no me dejan más que
un hilo de vida.

Mamá mía, cómo quisiera desahogar mi corazón
en el tuyo para hacerte sentir las penas que me
amargan y el temor que me tortura de que no
pueda cumplir la Divina Voluntad. Piedad, oh


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                                     Divina Voluntad




Madre Celestial, piedad, escóndeme en tu
Corazón y yo olvidaré todos mis males para
recordarme únicamente de vivir de Voluntad
Divina.


LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO,
MADRE DE JESÚS:

Hija queridísima, no temas, confía en tu
Mamá, pon todo en mi Corazón y Yo tendré
en cuenta todo, te haré de Mamá y no sólo
cambiaré tus penas en luz, sino que además
me serviré de ellas para extender los
confines del Reino de la Divina Voluntad en
tu alma. Por eso, haz ahora todo a un lado y
escúchame, quiero hacerte conocer lo que
obró el pequeño Rey Jesús en mi seno
materno y cómo tu Mamá no perdió ni
siquiera un respiro del pequeño Jesús.

Conforme la pequeña Humanidad de Jesús,
unida hipostáticamente a su Divinidad, iba
creciendo, mi seno materno se hacía más
estrecho, oscuro y sin ninguna fisura por
donde entrara la luz, así que Yo lo veía en
mi seno materno inmóvil, envuelto en una
noche profunda.


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                                     Divina Voluntad




Pero ¿sabes tú qué le formaba esta
oscuridad tan intensa al Infante Jesús?

La voluntad humana en la cual el hombre
voluntariamente se había envuelto, y por
cuantos pecados cometía tantos abismos de
tinieblas formaba alrededor y dentro de sí
mismo, de manera que lo inmovilizaba para
hacer el bien, y mi querido Jesús para poner
en fuga las tinieblas de esta noche tan
oscura, en la cual el hombre se había hecho
prisionero de su misma voluntad tenebrosa
hasta perder el movimiento para hacer el
bien, escogió la dulce prisión de su Mamá y
voluntariamente se ofreció a la inmovilidad
de nueve meses.

Hija mía, ¡si supieras cómo mi materno
Corazón era martirizado al ver al pequeño
Jesús en mi seno, inmóvil, llorando,
suspirando!

Su latido ardiente palpitaba fuerte, fuerte y
deliraba de amor, hacía sentir su latido en
cada corazón para pedirle por piedad su
alma a fin de encerrarla en la luz de su
Divinidad, y que Él por amor de ellos
voluntariamente había cambiado la luz por
las tinieblas a fin de que todos pudieran

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                                      Divina Voluntad




obtener la verdadera luz para salvarse. Hija
mía queridísima, ¿quién puede decirte lo
que sufrió mi pequeño Jesús en mi seno?

¡Penas inauditas e indescriptibles! Era Dios
y hombre, estaba dotado de plena razón, y
era tanto su amor que hacía como a un lado
los mares infinitos de alegrías, de felicidad,
de luz y sumergía a su pequeña Humanidad
en los mares de tinieblas, de amarguras, de
infelicidad y de miseria que le habían
preparado las criaturas y que ahora Él se las
echaba en las espaldas como si fueran suyas.

Hija mía, el verdadero amor nunca dice
“basta”, no ve las penas sino que por medio
de ellas busca al que ama y solamente está
satisfecho cuando ofrece la propia vida para
dar la vida a aquél que ama.

Hija mía, escucha a tu Mamá, mira qué gran
mal es hacer tu voluntad. No sólo preparas
la noche a tu Jesús y a ti, sino que también
formas mares de amargura, de infelicidad y
de miserias en los cuales quedas tan
envuelta que no sabes cómo salir.

Por esto, sé atenta, hazme feliz diciéndome:


                                                 483
                                     Divina Voluntad




“Quiero hacer siempre la Voluntad Divina.”

Ahora escucha, hija Mía:

El pequeño Jesús entre espasmos de amor se
encontraba ya en actitud de mover el paso
para salir a la luz del día; sus ansias, sus
suspiros, sus ardientes deseos de querer
abrazar a la criatura, hacerse ver y mirarla
para raptarla en sí, no le daban ya descanso,
y así como un día se había puesto a observar
a las puertas del Cielo para encerrarse en mi
seno, así ahora estaba en actitud de
observar desde las puertas de mi seno, que
era más que Cielo, para que el Sol del Verbo
Eterno surgiera en el mundo y formara su
pleno medio día. Así que para las pobres
criaturas no habría ya noche ni alba ni
aurora, sino puro Sol, más que en la
plenitud del mediodía.

Tu Mamá sentía que no podía contenerlo
más dentro de Ella; mares de luz y de amor
me inundaban… y como dentro de un mar de
luz lo concebí, así dentro de un mar de luz
salió de mi seno materno.

Querida hija, para quien vive de Voluntad
Divina todo es luz y todo se convierte en

                                                484
                                          Divina Voluntad




luz. Entonces, raptada en esta luz esperaba
estrechar entre mis brazos a mi pequeño
Jesús. En cuanto salió de mi seno, Yo sentí
sus primeros respiros amorosos y el Ángel
del Señor lo puso en mis brazos; Yo lo
estreché fuertemente a mi Corazón, le di mi
primer beso y el pequeño Jesús me dio el
suyo.

Por  ahora   basta,  mañana  te   espero
nuevamente para seguir la narración del
nacimiento de Jesús.


EL ALMA:

Mamá Santa, ¡oh, cómo eres afortunada! ¡Tú eres
verdaderamente bendita entre todas las mujeres!
Ah, te pido, por aquellas alegrías que sentiste al
estrechar a Jesús en tu regazo al darle tu primer
beso, que me cedas por algunos momentos al
pequeño Jesús entre mis brazos, a fin de hacerlo
contento diciéndole que juro amarlo siempre,
siempre y que no quiero conocer ninguna otra
cosa más que su Santa Voluntad.

Florecilla: Para honrarme vendrás a besar los
piececitos al Niño Jesús y para consolarlo le
entregarás tu voluntad en sus manitas.

                                                     485
                                         Divina Voluntad




Jaculatoria: Madre mía encierra en mi corazón al
Niño Jesús para que Él reine en mí con su Divina
Voluntad.


                   María, María, María




                                                    486
                                       Divina Voluntad




         VIGESIMOSEGUNDO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
El pequeño Rey Jesús ha nacido,
los Ángeles llaman a los pastores
a adorarlo; Cielos y tierra exultan.
El Sol del Verbo Eterno disipa
la noche del pecado y da principio
al pleno día de la gracia.
Permanencia en Belén.


EL ALMA A SU MAMÁ CELESTIAL:

Mamá santa, hoy siento un ímpetu de amor y
siento que no puedo estar si no vengo a tus
rodillas maternas para encontrar y gozar al
Celestial Niño en tus brazos. Su belleza me
arroba; sus miradas me hieren; sus labios en
actitud de gemir y de sollozar, me arrebatan el
corazón a amarlo. Mamá mía queridísima, yo sé
que Tú me amas y por eso te pido que me hagas

                                                  487
                                        Divina Voluntad




un lugarcito entre tus brazos para que le dé mi
primer beso a Jesús, ponga mi corazón en el
pequeño Rey Jesús, le confíe los secretos que me
oprimen tanto y para hacerlo sonreír le diré:

“Mi voluntad es tuya y la tuya es mía, por eso
forma en mí el Reino de tu Fiat Divino”.


LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO A SU HIJA:

Hija mía queridísima, cómo anhelo tenerte
entre mis brazos para tener el gran contento
de poderle decir a nuestro pequeño Rey
niño:

“No llores, querido mío, mira, aquí con
Nosotros está mi pequeña hija que quiere
reconocerte como su Rey y darte el dominio
de su alma para que Tú extiendas en ella el
Reino de la Divina Voluntad”.

Ahora hija de mi Corazón, mientras admiras
al Niño Jesús ponme atención y escúchame.
Era media noche cuando el pequeño Rey
salió de mi seno materno, pero la noche se
cambió en día:



                                                   488
                                      Divina Voluntad




Aquél que era dueño de la luz ponía en fuga
la noche de la voluntad humana, la noche
del pecado, la noche de todos los males, y
en señal de lo que hacía en el orden de las
almas, con su habitual Fiat omnipotente la
medianoche       se      cambió      en    día
esplendidísimo. Todas las cosas creadas
corrían para ensalzar a su Creador en
aquella pequeña Humanidad. El Sol corrió
para darle sus primeros besos de luz al
niñito Jesús y para calentarlo con su calor;
el viento imperante con sus ráfagas purificó
el aire del establo y con su dulce murmullo
le dijo “te amo”; los cielos se estremecieron;
la tierra exultó y tembló hasta sus abismos
más bajos; el mar se alborotó con sus olas
altísimas; en una palabra, todas las cosas
creadas reconocieron que su Creador ya
estaba en medio de ellas y todas hacían
competencia en alabarlo.

Los mismos ángeles, formando luz en el aire,
con sus voces melodiosas que podían ser
escuchadas por todos, cantaron:

“Gloria a Dios en lo más alto de los Cielos y
paz en la tierra a los hombres de buena
voluntad. Ya nació el Celestial Niño en una
gruta de Belén, envuelto en pobres pañales.”

                                                 489
                                     Divina Voluntad




Tanto que los pastores, que estaban en vela,
escucharon las voces angelicales y corrieron
a visitar al pequeño Rey Divino.

Hija querida, continúa escuchándome. En
cuanto lo recibí entre mis brazos y le di mi
primer beso, sentí la necesidad de amor de
dar de lo mío a mi Hijo niño y ofreciéndole
mi pecho le di leche abundante, leche
formada en mi persona por el mismo Fiat
Divino para alimentar al pequeño Rey Jesús.

¿Quién puede decirte lo que experimenté al
hacer esto y los mares de gracia, de amor,
de santidad que para corresponderme me
daba mi Hijo?

Luego lo envolví en pobres pero limpios
pañalitos y lo acomodé en el pesebre. Ésta
era su Voluntad y Yo no podía menos que
ejecutarla. Pero antes de hacer esto hice
partícipe al querido San José, poniéndoselo
entre sus brazos y ¡oh, cómo se alegró, se lo
estrechó al corazón y el dulce Niño derramó
en su alma torrentes de gracia!

Después, junto con San José arreglamos un
poco de heno en el pesebre, y separándolo

                                                490
                                         Divina Voluntad




de mis brazos maternos lo puse dentro del
pesebre.   Y, tu Mamá, extasiada por la
belleza del Infante Divino, permanecía la
mayor parte del tiempo arrodillada ante Él,
ponía en movimiento todos mis mares de
amor que el Querer Divino había formado en
Mí, para amarlo, adorarlo y darle gracias.

Y el Celestial   Niñito   ¿qué   hacía     en       el
pesebre?

Un acto continuado de la Voluntad de
nuestro Padre Celestial, que era también la
suya, y emitiendo gemidos y suspiros,
sollozaba, lloraba y llamaba a todos diciendo
en sus gemidos amorosos:

“Hijos míos, venid todos, por amor vuestro
he nacido al dolor, a las lágrimas; venid
todos a conocer el exceso de mi amor,
dadme acogida en vuestros corazones”.

Entonces hubo un ir y venir de pastores que
venían a visitarlo y a todos daba su dulce
mirada y sonrisa de amor entre sus
lágrimas.

Ahora, hija mía, una palabrita a ti:


                                                    491
                                      Divina Voluntad




Debes saber que toda mi alegría era tener en
mi regazo a mi querido Hijo Jesús; sin
embargo,     el  Querer   Divino   me   hizo
comprender que debía ponerlo en el pesebre
a disposición de todos, a fin de que quien
quisiera pudiera mimarlo, besarlo y tomarlo
entre sus brazos como si fuera suyo. Él era
el pequeño Rey de todos, por eso cada uno
tenía el derecho de apropiarse de Él como de
una dulce prenda de amor; y Yo para
cumplir el Querer Divino me privé de mis
inocentes alegrías y empecé, con obras y
sacrificios, mi oficio de Madre que consiste
en dar a todos a mi querido Jesús.

Hija mía, la Divina Voluntad es exigente,
quiere todo, también el sacrificio de las
cosas más santas y en ciertas circunstancias
pide aun el gran sacrificio de la privación
del mismo Jesús; y esto lo hace para
extender mayormente su Reino y para
multiplicar su Vida, porque cuando la
criatura por amor suyo se priva de Él, es tal
y tanto el heroísmo y el sacrificio, que tiene
virtud de producir una nueva vida de Jesús
para poder formar otra habitación a Jesús.




                                                 492
                                          Divina Voluntad




Por tanto, hija querida, sé atenta y no
rehúses nunca, por ningún pretexto, nada a
la Divina Voluntad.


EL ALMA:

Mamá Santa, tus bellas lecciones me confunden,
pero si quieres que las ponga en práctica, no me
dejes sola, a fin de que cuando esté por sucumbir
bajo el enorme peso de la privación divina me
estreches a tu Corazón materno y sienta la fuerza
de no negar nada a la Divina Voluntad.


Florecilla: Para honrarme, vendrás tres veces
a visitar al Niño Jesús y besando sus
manitas le ofrecerás actos de Amor para
consolarlo.

Jaculatoria: Mamá Santa, derrama las lágrimas
de Jesús en mi corazón para preparar en mí el
triunfo de la Voluntad Divina.


                    Luisa, Luisa, Luisa




                                                     493
                                         Divina Voluntad




           VIGÉSIMOTERCER DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
Suena la primera hora del dolor.
Una estrella con voz muda llama
a los Magos a adorar a Jesús.
Un profeta se hace revelador de
los dolores de la Soberana Reina.


EL ALMA A SU MAMÁ REINA:

Mamá mía dulcísima, heme aquí de nuevo sobre
tus rodillas. Esta hija tuya no puede estar más
sin ti. Mamá mía, el dulce encanto del Celestial
Niño que ahora estrechas entre tus brazos y
ahora arrodillada adoras y amas en el pesebre,
me rapta. Pensando que tu feliz suerte y el
mismo pequeño Rey Jesús no son otra cosa que
frutos y dulces y preciosas prendas de aquel Fiat
que extendió en ti su Reino. Ah, Mamá, dame tu



                                                    494
                                       Divina Voluntad




palabra de que harás uso de tu potencia para
formar en mí el Reino de la Divina Voluntad.


LECCIÓN DE MI MAMÁ CELESTIAL:

Hija mía queridísima, cuán contenta estoy
por tenerte junto a Mí para poderte enseñar
cómo en todas las cosas se puede extender
el Reino de la Divina Voluntad. Todas las
cruces, los dolores, las humillaciones,
investidas por la vida del Fiat Divino son
como materias primas en sus manos para
alimentar su Reino y extenderlo cada vez
más.

Ahora,   presta   atención   y   escucha   a     tu
Mamá.

Yo continuaba viviendo en la gruta de Belén
con Jesús y el querido San José, ¡oh, cómo
éramos felices.     Esa gruta, estando el
Infante Divino y la Voluntad Divina obrante
en nosotros, se había cambiado en paraíso.
Es verdad que penas y lágrimas no nos
faltaban, pero comparadas con los mares
inmensos de alegría, de felicidad, de luz, que
el Fiat Divino hacía surgir en cada acto
nuestro, eran apenas gotitas arrojadas en

                                                  495
                                    Divina Voluntad




estos mares.   Además, la dulce y amable
presencia de mi querido Hijo era una de mis
más grandes felicidades.

El Verbo Divino en un ímpetu de amor había
bajado del Cielo a la tierra, había quedado
concebido, había nacido y sentía la
necesidad de desahogar este amor, así que
cada respiro, latido y movimiento del
Celestial Niño era un desahogo de amor;
cada lágrima, suspiro y gemido era un
desahogo de amor, hasta el sentirse aterido
por el frío, sus pequeños labios lívidos y
temblorosos eran desahogos de amor, y
buscaba a su Mamá para depositar todo este
amor que no podía contener, y Yo estaba en
poder de su amor, así que me sentía herir
continuamente y sentía a mi querido
Pequeñito latir, respirar, moverse, llorar,
gemir y sollozar en mi materno Corazón y
quedaba inundada por las llamas de su amor.

Yo me sentía raptada al ver que en cada
pena, lágrima y movimiento que hacía mi
dulce Jesús, buscaba y llamaba a su Mamá
como queriendo refugio de sus actos y de su
vida.



                                               496
                                     Divina Voluntad




¿Quién puede decirte, hija mía, lo que pasó
entre el Celestial Niño y Yo en esos primeros
días?

La repetición de sus actos junto conmigo,
sus lágrimas, sus penas, su amor estaban
como fundidos junto con los míos y lo que
hacía Él lo hacía Yo.

Ahora, hija querida, debes saber que llegó el
octavo día del Celestial Niño que había
nacido a la luz del día y el Fiat Divino hizo
sonar la hora del dolor ordenándonos
circuncidar al gracioso Niñito; era una
herida dolorosísima a la que se debía
someter el pequeño Jesús.        Era ley de
aquellos tiempos que todos los primogénitos
se debían someter a esta herida dolorosa.
Se puede llamar ley del pecado, pero mi Hijo
era inocente y su ley era la ley del amor,
pero como vino a encontrar no al hombre
rey sino al hombre degradado, para
hermanarse a él y elevarlo, quiso abajarse y
se sometió a la ley.

Hija mía, Yo y San José sentimos un
estremecimiento de dolor, pero sin dudar y
serenamente llamamos al ministro e hicimos
circuncidarlo con una herida dolorosísima.

                                                497
                                     Divina Voluntad




Ante el dolor acervo el Niño Jesús lloraba y
se arrojaba en mis brazos pidiéndome ayuda.
San José y Yo unimos nuestras lágrimas a
las suyas, recogimos la primera sangre
derramada por Jesús por amor a las
criaturas, le impusimos el nombre de Jesús,
nombre potente que debía hacer temblar
Cielo y tierra y al mismo infierno, nombre
que debía ser el bálsamo, la defensa, la
ayuda a cada corazón.

Ahora, hija mía, esta herida fue la imagen de
la herida cruel que el hombre hizo a su alma
con hacer su voluntad, y mi querido Hijo se
hizo hacer esta herida para sanar la dura
herida de las voluntades humanas y con su
sangre sanar las heridas de los tantos
pecados que el veneno de la voluntad
humana produjo en las criaturas. Así que
cada acto de voluntad humana es una herida
de más que se hace, es una llaga que se abre,
y el Celestial Niño con su herida dolorosa
preparó el remedio a todas las heridas
humanas.

Ahora, hija mía, otra sorpresa:

Una estrella nueva resplandece en el cielo y
con su luz va buscando adoradores para

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                                     Divina Voluntad




conducirlos a reconocer y adorar al Niño
Jesús; tres personajes, cada uno lejano del
otro, quedan tocados e investidos por una
luz suprema y siguen la estrella, la cual los
conduce a la gruta de Belén a los pies del
Niño Jesús.

Pero ¿cuál no fue la maravilla de estos reyes
magos al reconocer en ese Infante Divino al
Rey del Cielo y de la tierra, a Aquél que
venía a amar y a salvar a todos?

Porque en el momento en que los Magos lo
adoraban, raptados por aquella celestial
belleza, el Niño hizo translucir de su
pequeña Humanidad y Divinidad y la gruta
se cambió en Paraíso, tanto que no podían
ya separase de los pies del Infante Divino,
hasta cuando retiró de nuevo en su
Humanidad la luz de su Divinidad. Y yo,
poniendo en ejercicio mi oficio de Madre, les
hablé largamente de la encarnación del
Verbo y los fortifiqué en la fe, esperanza y
caridad,  simbolizadas    por    sus   dones
ofrecidos a Jesús, y llenos de alegría
volvieron a sus regiones para ser los
primeros propagadores.



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                                     Divina Voluntad




Hija mía querida, no te alejes de mi lado,
sígueme a todas partes.       Ya están por
cumplirse cuarenta días del nacimiento del
pequeño Rey Jesús y el Fiat Divino nos
llama al Templo para cumplir la ley de la
presentación de mi Hijo. Así pues, fuimos al
templo. Era la primera vez que salía junto
con mi dulce Niño. Una herida de dolor se
abrió en mi Corazón: iba a ofrecerlo víctima
para la salvación de todos.

Entonces entramos en el templo; primero
adoramos a la Divina Majestad y luego
llamamos al sacerdote y habiéndolo puesto
en sus manos, hizo el ofrecimiento del
Celestial Niño al Eterno Padre, ofreciéndolo
en sacrificio por la salvación de todos. El
sacerdote era Simeón y cuando lo puse en
sus brazos, él reconoció que era el Verbo
Divino y exultó de inmensa alegría, y
después del ofrecimiento, tomando actitud
de profeta, profetizó todos mis dolores.

¡Oh, cómo el Fiat Supremo hizo sonar
intensamente sobre mi materno Corazón,
con sonido vibrante, la fatal tragedia de
todas las penas de mi Hijo Niño!



                                                500
                                     Divina Voluntad




Pero lo que más me traspasó fueron las
palabras que me dijo este santo profeta:

Que este querido Niño sería la salvación y la
ruina de muchos y sería el blanco de las
contradicciones. Si el Querer Divino no me
hubiera sostenido, habría muerto al instante
de puro dolor; en cambio, me dio vida y se
sirvió de mi dolor para formar en Mí el reino
de los dolores en el Reino de su misma
Voluntad. Así que además del derecho de
Madre que tenía sobre todos, adquirí el
derecho de Madre y Reina de todos los
dolores. ¡Ah sí! Con mis dolores adquirí la
moneda para pagar las deudas de mis hijos y
hasta de mis hijos ingratos.

Ahora, hija mía, debes saber que en la luz de
la Divina Voluntad Yo ya sabía todos los
dolores que debían tocarme y hasta mucho
más de lo que me dijo el santo profeta, pero
en ese momento tan solemne de ofrecer a mi
Hijo, al oírmelos repetir me sentí de tal
forma traspasada que me sangró el Corazón
y abrió desgarros profundos en mi alama.

Ahora escucha a tu Mamá, en tus penas, en
las circunstancias dolorosas, que no te
faltan, jamás te abatas sino que con amor

                                                501
                                         Divina Voluntad




heroico haz que el Querer Divino tome su
regio puesto en tus penas, para que te las
convierta en monedas de infinito valor, con
las cuales podrás pagar las deudas de tus
hermanos, para rescatarlos de la esclavitud
de la voluntad humana y hacerlos entrar de
nuevo como hijos libres en el Reino del Fiat
Divino.


EL ALMA:

Mamá Santa, en tu Corazón traspasado pongo
todas mis penas, ¡y Tú sabes cuánto me
traspasan el corazón! Ah, hazme de Mamá y
derrama en mis dolores el bálsamo de los tuyos, a
fin de que corra tu misma suerte de servirme de
mis penas como monedas para conquistar el
Reino de la Divina Voluntad.


Florecilla: Para honrarme, vendrás tres veces
a besar al Niño Celestial y pidiéndome que lo
encierre en tu corazón le darás el oro de tu
voluntad, el incienso de tus sacrificios y la
mirra de tus penas y sacrificios.

Jaculatoria: Mamá Celestial cúbreme con tu
manto y enciérrame en la Divina Voluntad.

                                                    502
                      Divina Voluntad




Jesús, Jesús, Jesús




                                 503
                                          Divina Voluntad




           VIGESIMOCUARTO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
Un impío tirano. El pequeño Rey Jesús
es llevado por su Mamá y por San José
a tierra extranjera y son como pobres
exiliados. Regreso a Nazaret.


EL ALMA A SU REINA ANEGADA DE DOLOR:

Mamá mía Soberana, tu pequeña hija siente la
necesidad de venir a tus rodillas para hacerte un
poco de compañía. Veo tu rostro velado por la
tristeza y algunas lágrimas que se te escapan,
corren de tus ojos; el dulce Niño tiembla y llora
sollozando. Mamá Santa, uno mis penas a las
tuyas para reconfortarte y para calmar el llanto al
Celestial Niño. Pero ah, Mamá mía, no niegues
revelarme el secreto.

¿Qué cosa funesta sucede a mi querido Niñito?



                                                     504
                                      Divina Voluntad




LECCIÓN DE LA MADRE REINA:

Hija mía queridísima, el Corazón de tu
Mamá hoy está henchido por el amor y por
el dolor, tanto que no puedo aguantarme de
llorar. Ya sabes de la venida de los reyes
magos, los cuales hicieron ruido en
Jerusalén preguntando por el nuevo Rey. Y
el impío Herodes por temor de ser derribado
del trono, dio la orden de matar a mi dulce
Jesús, a mi querida Vida, junto con todos
los demás niños.

Hija mía, ¡qué dolor!, ¡a Aquél que ha venido
a dar la Vida a todos y a traer al mundo la
nueva era de paz, de felicidad y de gracia, lo
quieren     matar!   ¡Qué    ingratitud,  qué
perfidia…! ¡Ah, hija mía, hasta dónde puede
llegar la ceguera de la voluntad humana!

Hasta ser tan feroz y querer atar las manos
de su mismo Creador y pretender hacerse
dueña de Aquél que la ha creado. Por eso,
compadéceme, hija mía y trata de calmar el
llanto de mi dulce Niño. Él llora por la
ingratitud de los hombres: Habiendo apenas
nacido, ellos ya lo quieren muerto. Y para
salvarlo fuimos obligados a huir.

                                                 505
                                     Divina Voluntad




El querido San José fue avisado por el ángel
para que partiéramos prontamente a tierra
extranjera. Tú acompáñanos, querida hija,
no nos dejes solos, y Yo continuaré dándote
mis lecciones sobre los grAves males de la
voluntad humana.

Has de saber que el hombre en cuanto se
sustrajo de la Divina Voluntad, rompió con
su Creador; todo había sido hecho por Dios
en la tierra y todo era suyo, pero el hombre,
con no hacer el Querer Divino perdió todos
los derechos y se puede decir que no tuvo ya
dónde pisar, así que se convirtió en el pobre
exiliado, en el peregrino que no podía poseer
habitación permanente.

Todas las cosas se volvieron mudables para
el pobre hombre y esto no sólo en el alma
sino también en el cuerpo, y si alguna cosa
le quedó, fue en virtud de los méritos
previstos de este Celestial Niño.    Y esto
porque toda la magnificencia de la creación
fue destinada por Dios para darla a aquéllos
que habrían hecho y vivido en el Reino de la
Divina Voluntad. Todos los demás, si toman
trabajosamente algo, son los verdaderos
ladrones de su Creador, y con razón:

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                                      Divina Voluntad




¡No quieren hacer la Voluntad de Dios, pero
sí quieren los bienes que a Ella pertenecen!

Hija mía, mira cuánto te amó mi querido
Niño:

En los primeros albores de su vida va al
exilio en tierra extranjera para liberarte del
exilio en el cual te confinó tu querer
humano y para llamarte a vivir no ya en
tierra extrajera sino en la Patria que Dios te
dio cuando fuiste creada, es decir, en el
Reino del Fiat Supremo.          Hija de mi
Corazón, ten piedad de las lágrimas de tu
Madre y de las lágrimas de este dulce y
querido Niño, que llorando te pedimos no
hacer más tu voluntad y te pedimos, te
suplicamos que vuelvas al regazo del querer
Divino que tanto te suspira.

Entonces, hija querida, entre el dolor de la
ingratitud humana, entre las inmensas
alegrías y felicidades que el Fiat Divino nos
daba y entre la fiesta que toda la creación
hacía al dulce Niño:

La tierra reverdecía y florecía bajo nuestros
pasos para dar homenaje a su Creador, el Sol

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                                     Divina Voluntad




lo fijaba y alabándolo con su luz se sentía
honrado de darle su luz y calor, el viento lo
acariciaba, los pajarillos como nubes se
abajaban hasta Nosotros y con sus trinos y
cantos formaban las más bellas canciones de
cuna al querido Niño para calmarle el llanto
y hacerle conciliar el sueño… pues estando
en Nosotros el Querer Divino teníamos el
poder sobre todos… Y así llegamos a Egipto.
Después de un largo periodo de tiempo el
ángel del Señor advirtió nuevamente a San
José que volviéramos a la casa de Nazaret,
pues el impío tirano había muerto. Y así nos
rePatriamos en nuestras tierras natales.

Ahora bien, Egipto simboliza a la voluntad
humana, tierra llena de ídolos, y por donde
pasaba el pequeño Jesús echaba por tierra
estos ídolos y los arrojaba al infierno.

¡Cuántos ídolos posee el querer humano!

Ídolos de vanaGloria, de amor propio, de
pasiones… que tiranizan a la pobre criatura.
Por eso, sé atenta y escucha a tu Mamá que
para no dejarte hacer nunca tu voluntad
haría cualquier sacrificio y ofrecería hasta
su vida para darte el gran bien de que vivas
siempre en el seno de la Divina Voluntad.

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                                          Divina Voluntad




EL ALMA:

Mamá Dulcísima, cuánto te agradezco de que me
hagas comprender el gran mal del querer
humano. Por el dolor que sufriste en el exilio en
Egipto te pido que hagas salir mi alma del exilio
de mi voluntad y me hagas volver a mi querida
Patria de la Divina Voluntad.


Florecilla: Para honrarme, me ofrecerás tus
acciones y tus penas unidas a las mías
pidiendo al Niño Jesús que entre en el
Egipto de tu corazón para cambiarlo todo en
Voluntad de Dios.


Jaculatoria: Mamá mía, encierra al pequeño
Jesús en mi corazón para que ahí Él forme el
Reino de la Divina Voluntad.


                    María, María, María




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                                          Divina Voluntad




           VIGESIMOQUINTO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
Nazaret: Símbolo y realidad del
Reino del Fiat Divino. Vida oculta.
María depositaria, manantial
y canal perenne.


EL ALMA A SU SOBERANA REINA:

Mamá Dulcísima, heme aquí nuevamente en tus
rodillas maternas; te encuentro junto con el Niño
Jesús, y Tú, acariciándolo, le narras tu historia
de amor, mientras Él a su vez te narra la suya.
Oh, qué hermoso es encontrar a Jesús y a la
Mamá que recíprocamente se hablan. Y es tan
intensa la hoguera de su amor que quedan
mudos, raptada la Madre en el Hijo y el Hijo en la
Madre. Mamá Santa, no me dejes a un lado, sino
tenme junto con Vosotros, para que yo,



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                                      Divina Voluntad




escuchando lo que os decís, aprenda a amaros y
a hacer siempre la santísima Voluntad de Dios.


LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija queridísima, cómo te esperaba para
poder continuar mis lecciones acerca del
Reino que cada vez más extendía en Mí el
Fiat Supremo. Debes saber que la pequeña
casa de Nazaret fue para tu Mamá, para el
querido y dulce Jesús y para San José un
paraíso.

Mi querido Hijo, siendo el Verbo Eterno,
poseía en Sí mismo por virtud propia la
Divina    Voluntad  y   en    esa  pequeña
humanidad residían mares inmensos de luz,
de santidad, de alegrías y de bellezas
infinitas; Yo poseía por gracia el Querer
Divino y si bien no podía abrazar su
inmensidad como el amado Jesús, porque Él
era Dios y hombre mientras que Yo era
siempre una criatura finita, sin embargo el
Fiat Divino me llenó tanto que había
formado en Mí sus mares de luz, de
santidad, de amor, de bellezas y de
felicidades. Y era tanta la luz, el amor y
todo lo que puede poseer un Querer Divino

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                                     Divina Voluntad




que salía de Nosotros que san José quedaba
deslumbrado, inundado y vivía de nuestros
reflejos.

Querida hija, en esta casa de Nazaret estaba
en pleno vigor el Reino de la Divina
Voluntad. Cada pequeño acto nuestro, como
el trabajo, el encender el fuego, el preparar
los alimentos, eran actos animados por el
Querer Supremo y formados sobre la solidez
de la santidad, del puro amor, por lo tanto,
desde el más pequeño acto nuestro hasta el
más grande, brotaban alegrías, felicidades y
bienAventuranzas      inmensas,     quedando
Nosotros en tal forma inundados que nos
sentíamos como bajo una lluvia tupida de
nuevas alegrías e indescriptibles contentos.

Hija mía, debes saber que la Divina Voluntad
posee por naturaleza la fuente de las
alegrías, y cuando reina en la criatura se
deleita en dar en cada acto de ella el acto
nuevo continuo de sus alegrías y felicidades.

¡Oh, cómo éramos felices! Todo era paz y
suma unión.     Yo me sentía honrada de
obedecer a San José, y mi querido Hijo hacía
competencia porque quería ser mandado en
los pequeños trabajos, ya fuera por San José

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                                     Divina Voluntad




o por Mí.    ¡Oh, qué hermoso era verlo
cuando ayudaba a su padre putativo en los
trabajos manuales o verlo cuando tomaba el
alimento!

¿Cuántos mares de gracia no hacía correr en
esos actos a favor de las criaturas?

Ahora, querida hija, escúchame:

En la casa de Nazaret se formó en tu Mamá y
en la Humanidad de mi Hijo el Reino de la
divina Voluntad, para darlo en don a la
familia humana en cuanto ésta se dispusiera
a recibir el bien de este Reino. Y si bien mi
Hijo era el Rey y Yo la Reina, sin embargo
éramos Rey y Reina sin pueblo; nuestro
Reino, aunque podía contener a todos y dar
vida a todos estaba desierto, porque se
necesitaba primero la redención para
preparar y disponer al hombre a entrar en
este Reino tan santo.

Además, siendo poseído este Reino por Mí y
por mi Hijo, quienes pertenecíamos según el
orden humano a la familia humana y en
virtud del Fiat Divino y del Verbo
Encarnado, pertenecíamos a la Familia
Divina, las criaturas recibían el derecho de

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                                     Divina Voluntad




entrar en ese Reino, y la Divinidad cedía el
derecho y dejaba las puertas abiertas a quien
querría entrar.

Así que, nuestra vida oculta de tan largos
años sirvió para preparar el Reino de la
Divina Voluntad a las criaturas y por eso
quiero hacerte conocer lo que obró en Mí
este Fiat Supremo, para que olvidando tu
voluntad y dándole la mano a tu Madre, Ella
te pueda conducir a los bienes que con tanto
amor te preparó.

Dime, hija de mi Corazón, ¿nos contentarás
a Mí y a nuestro querido Jesús que con
tanto amor te esperamos en este Reino tan
santo para vivir junto con Nosotros toda de
Voluntad Divina?

Ahora escucha, querida hija, otra obra de
amor que en esta casa de Nazaret hizo en Mí
mi querido Jesús:

Él me hizo depositaria de toda su vida.
Cuando Dios hace una obra no la deja
suspendida en el vacío, sino que busca
siempre a una criatura en la cual poder
encerrar y apoyar toda su obra, de otro
modo correría el peligro de exponer sus

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                                     Divina Voluntad




obras a la inutilidad, lo que no puede ser.
Por eso, mi querido Hijo depositaba en Mí
sus obras, sus palabras, sus penas, todo,
hasta cada respiro lo depositaba en su
Mamá. Y cuando estábamos recogidos en
nuestra habitación Él, con su dulce hablar
me narraba todos los evangelios que iba a
predicar al público, los sacramentos que iba
a   instituir,    todo    me   confiaba,   y
depositándolo todo en Mí, me constituía
canal y manantial perenne del cual debía
brotar su vida y todos sus bienes a favor de
todas las criaturas.

¡Oh, cómo me sentía rica y feliz al sentir
depositar en Mí todo lo que hacía mi querido
Hijo! El Querer Divino que reinaba en Mí me
daba el espacio para poder recibir todo y
Jesús recibía la correspondencia del amor y
de la Gloria de parte de su Mamá por la gran
obra de la redención.

¿Qué cosa hay que no haya recibido de Dios
por no haber nunca hecho mi voluntad sino
solamente y siempre la Suya?

Todo estaba a mi disposición, aun la misma
vida de mi Hijo, y mientras ésta permanecía


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                                          Divina Voluntad




siempre en Mí, Yo podía bilocarla para darla
a aquél que con amor me la pidiera.

Ahora una palabra para ti:

Si haces siempre la Divina Voluntad y nunca
la tuya y si vives en Ella, Yo, tu Mamá,
depositaré en tu alma todos los bienes de mi
Hijo.   ¡Oh, cómo te sentirás afortunada!
Tendrás una vida divina a tu disposición que
te dará todo, y Yo haciéndote de verdadera
Mamá, me pondré a guardia para que crezca
esta vida en ti y forme en ti el Reino de la
Divina Voluntad.


EL ALMA:

Mamá Santa, me abandono en tus brazos. Soy
una pequeña hija que siente extrema necesidad
de tus cuidados maternos. ¡Ah!, te pido que
tomes mi voluntad y la encierres en tu Corazón y
no me la devuelvas jamás, para que yo pueda ser
feliz de vivir siempre de Voluntad de Dios y así te
contentaré a ti y a mi querido Jesús.


Florecilla: Para    honrarme,    vendrás   a
hacernos tres visitas a la casa de Nazaret y

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                                         Divina Voluntad




para honrar a la Sagrada Familia recitarás
tres Pater, Ave, Gloria, pidiéndome que te
admita a vivir en medio de Nosotros.


Jaculatoria: Jesús, María y José, haced que viva
con vosotros en el Reino de la Divina Voluntad.


                   Luisa, Luisa, Luisa




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                                         Divina Voluntad




           VIGESIMOSEXTO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
La hora del dolor se aproxima.
Separación dolorosa. Jesús
en su vida pública y apostólica.


EL ALMA A SU MADRE CELESTIAL:

Heme aquí contigo nuevamente, Mamá Reina.
Hoy, mi amor de hija hacia ti me hace correr para
ser espectadora de cuando mi dulce Jesús se
separe de ti y emprenda el camino para formar su
vida apostólica en medio de las criaturas. Mamá
Santa, sé que sufrirás mucho, cada momento de
separación de Jesús te costará la vida y yo, tu
hija, no quiero dejarte sola, quiero secarte las
lágrimas y con mi compañía quiero romper tu
soledad; y mientras estamos juntas, Tú continúa
dándome tus bellas lecciones sobre la Divina
Voluntad.



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                                     Divina Voluntad




LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija mía queridísima, tu compañía me será
muy agradable porque veré en ti el primer
don que me da Jesús, don formado por puro
amor, fruto tanto de su sacrificio como del
mío, don que me costará la misma vida de
mi Hijo.

Ponme atención y escúchame, hija mía:

Para tu Mamá empezó una vida de dolor, de
soledad y de largas separaciones de mi sumo
bien Jesús. Su vida oculta terminó y Él
sentía la irresistible necesidad de amor de
salir en público, de darse a conocer y de ir
en busca del hombre perdido en el laberinto
de su voluntad y preso en todos los males.
El querido San José había ya muerto, Jesús
partía y Yo me quedaba sola en la pequeña
casita.

Cuando mi amado Jesús me pidió la
obediencia de partir, porque no hacía nunca
nada si antes no me lo decía, Yo sentí un
dolor vivo en mi Corazón; pero conociendo
que esa era la Voluntad Suprema, de
inmediato pronuncié mi Fiat sin dudar ni un

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                                     Divina Voluntad




instante, y entre mi Fiat y el Fiat de mi
Hijo, nos separamos.      En la hoguera de
nuestro amor me bendijo y me dejó; Yo lo
acompañé con mi mirada hasta que pude y
después, retirándome, me abandoné en el
Querer Divino que era mi vida. Pero, ¡oh,
potencia del Fiat Divino!, este Santo Querer
no me dejaba perder nunca de vista a mi
Hijo, ni Él me perdía de vista a Mí, es más,
Yo sentía su latido en el mío y Jesús sentía
mi latido en el suyo.

Querida hija, Yo había recibido a mi Hijo del
Querer Divino y lo que este Santo Querer da,
no está sujeto ni a acabar ni a sufrir
separación, sus dones son permanentes y
eternos; por lo tanto mi Hijo era mío, nadie
ni nada me lo podía quitar, ni la muerte, ni
el dolor, ni la separación, porque el Querer
Divino me lo había dado. Por lo que nuestra
separación era aparente, pues en realidad
estábamos fundidos juntos, y además era
una la Voluntad que nos animaba, ¿cómo
podíamos separarnos?

Debes saber que la luz de la Divina Voluntad
me hacía ver qué malamente y con cuánta
ingratitud trataban a mi Hijo. Sus pasos los
había dirigido hacia Jerusalén, su primera

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                                     Divina Voluntad




visita fue al templo santo en el cual empezó
la serie de sus predicaciones. Pero... ¡oh
dolor!, su palabra, llena de vida, portadora
de paz, de amor y de orden era falsamente
interpretada y escuchada con malicia,
especialmente por los sabios y los doctos de
aquellos tiempos. Cuando mi Hijo afirmaba
que era el Hijo de Dios, el Verbo del Padre,
Aquél que había venido a salvarlos, lo
tomaban tanto a mal que con sus miradas
furibundas lo querían devorar.

¡Oh, cómo sufría mi amado bien Jesús! Su
palabra creadora rechazada le hacía sufrir la
muerte que le daba a su palabra Divina. Y
Yo era toda atención y toda ojos para ver a
ese Corazón Divino que sangra y le ofrecía
mi Corazón materno para recibir las mismas
heridas, para consolarlo y para darle un
apoyo en el momento en que estaba por
sucumbir.

¡Oh, cuántas veces después de que había
repartido su palabra lo veía olvidado por
todos, sin que ninguno le ofreciera algún
consuelo, solo, solo…, lo veía fuera de los
muros de la ciudad, al descubierto, bajo el
manto del cielo estrellado, apoyado a un
árbol, llorar y rezar por la salvación de

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                                     Divina Voluntad




todos! Y tu Mamá, hija querida, desde su
casita lloraba junto con Él y en la luz del
Fiat Divino le enviaba sus lágrimas para
consolarlo, sus castos abrazos y sus besos
para confortarlo.

Entonces,     mi   amado    Hijo,   viéndose
rechazado por los grandes y los doctos no se
detuvo ni podía detenerse, su amor corría
porque quería almas y se rodeó de pobres, de
afligidos, de enfermos, de cojos, de ciegos,
de mudos, y de oprimidos por tantos otros
males, todos estos imágenes de los tantos
males que había producido la voluntad
humana en las criaturas. Y el querido Jesús
sanaba a todos, consolaba e instruía a todos,
así que se convirtió en el Amigo, en el
Padre, en el Médico y en el Maestro de los
pobres.

Hija mía, se puede decir que fueron los
pastores   con    sus   visitas   quienes  lo
recibieron al nacer y fueron los pobres
quienes lo siguieron en los últimos años de
su vida acá abajo hasta su muerte. Porque
los pobres, los ignorantes son más sencillos
y menos apegados a su propio juicio y por
eso    son    los   más     favorecidos,  los
mayormente bendecidos y los benjamines de

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                                       Divina Voluntad




mi Hijo, tanto que eligió a pobres
pescadores por Apóstoles y como columnas
de la Iglesia futura.

Ahora bien, hija queridísima, si quisiera
decirte lo que obramos y sufrimos mi Hijo y
Yo durante estos tres años de su vida
pública me extendería demasiado… Lo que
te recomiendo es que en todo lo que puedas
hacer y sufrir, tu acto primero y último sea
el Fiat Divino. Así como en el Fiat me
separé de mi Hijo y Él me dio la fuerza para
hacer el sacrificio, así tú encontrarás la
fuerza para todo, hasta en las penas que te
cuestan la vida, si todo lo encierras en el
Eterno Fiat.

Por eso da tu palabra a tu Mamá de que te
encontrarás siempre en la Divina Voluntad y
así también tú sentirás la inseparabilidad de
Mí y de nuestro Sumo bien Jesús.


EL ALMA:

Mamá dulcísima, te compadezco al verte sufrir
tanto. ¡Ah, te pido que derrames tus lágrimas y
las de Jesús en mi alma para reordenarla y
encerrarla en el Fiat Divino!

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                                         Divina Voluntad




Florecilla: Para honrarme, y para hacerme
compañía en mi soledad, me darás todas tus
penas y por cada una de ellas repetirás:

“Te Amo Jesús mío, Te Amo Mamá mía”.

Jaculatoria: Mamá Divina, tus palabras y las de
Jesús desciendan a mi corazón y formen en mí el
Reino del Divino Querer.


                   Jesús, Jesús, Jesús




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                                       Divina Voluntad




          VIGESIMOSÉPTIMO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
Reina de los dolores. Suena la hora
del dolor. La pasión. Un deicidio.
Llanto de toda la naturaleza.


EL ALMA A SU MADRE DOLIENTE:

Querida Mamá dolorosa, hoy más que nunca
siento la irresistible necesidad de permanecer
junto a ti; no, no me iré de tu lado para ser
espectadora de tus acerbos dolores y pedirte
como hija la gracia de que deposites en mí tus
dolores y los de tu Hijo Jesús y hasta su misma
muerte, a fin de que su muerte y tus dolores me
den la gracia de que mi voluntad muera
continuamente y sobre ella surja la vida de la
Divina Voluntad.




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                                     Divina Voluntad




LECCIÓN DE LA REINA DE LOS DOLORES:

Hija queridísima, no me niegues tu
compañía en mi amargura tan grande. La
Divinidad ha ya decretado el último día de
mi Hijo acá abajo.       Ya un Apóstol lo
traiciona entregándolo en manos de los
judíos para hacerlo morir, y mi querido Hijo
en un exceso de amor, no queriendo dejar a
sus hijos que con tanto amor vino a buscar a
la tierra, se queda en el Sacramento de la
Eucaristía, para que quien lo quiera lo pueda
poseer.

Así que la vida de mi Hijo está por terminar
y Él está por tomar el vuelo hacia su Patria
Celestial. ¡Ah, hija querida, el Fiat Divino
me lo dio, en el Fiat Divino Yo lo recibí, y
ahora en el mismo Fiat lo entrego! ¡El
Corazón se me desgarra, mares inmensos de
dolor me inundan y siento que mi vida se
acaba por los más atroces espasmos de
dolor! Pero nada habría podido negar al Fiat
Divino, es más, me sentía dispuesta a
sacrificar a mi Hijo con mis mismas manos
si Él así lo hubiera querido.



                                                526
                                      Divina Voluntad




La fuerza del Divino Querer es omnipotente
y Yo sentía tal fortaleza en virtud de Él, que
prefería morir antes que negar algo a la
Divina Voluntad.

Hija mía, escúchame, mi Corazón materno
quedaba sofocado por las penas, al sólo
pensar que mi Hijo, mi Dios, mi Vida, debía
morir… era más que muerte para tu Mamá, y
a pesar de esto sabía que Yo debía vivir, ¡qué
desgarro, qué heridas tan profundas de dolor
se abrían en mi Corazón y como espadas
cortantes lo traspasaban de lado a lado!

Sin embargo, querida hija, me duele decirlo
pero debo decírtelo:

En estas penas y heridas profundas y en las
penas de mi Hijo amado estaba tu alma, tu
voluntad humana que al no dejarse dominar
por la de Dios, Nosotros la cubríamos con
nuestras penas, la embalsamábamos, la
fortificábamos con ellas a fin de que se
dispusiera a recibir la Vida de la Divina
Voluntad.

¡Oh, si el Fiat Divino no me hubiera
sostenido y no hubiera seguido su curso de
formar los mares infinitos de luz, de

                                                 527
                                      Divina Voluntad




alegrías, de felicidad al lado de los mares de
mis acerbos dolores, Yo habría muerto
tantas veces por cuantas penas sufrió mi
querido Hijo! ¡Cómo me sentí despedazar el
Corazón cuando lo vi por última vez, antes
de la pasión, pálido, con una tristeza de
muerte en su rostro! Con voz temblorosa
como si quisiera sollozar, me dijo:

“Mamá, ¡adiós! Bendice a tu Hijo y dame la
obediencia de morir; el mío y tuyo Fiat
Divino me hizo concebirme en ti, el mío y
tuyo Fiat Divino me debe hacer morir.
Pronto, Mamá querida, pronuncia tu Fiat y
dime: ‘Te bendigo y te doy la obediencia de
morir crucificado, así quiere el Eterno
Querer, así lo quiero también Yo’.”

Hija mía, qué dolor vivísimo sufrí en mi
Corazón traspasado y, sin embargo, lo
pronuncié, porque en Nosotros no existían
penas forzadas, sino que todas eran
voluntarias.

Entonces, recíprocamente nos dimos la
bendición y dándonos aquella mirada que no
sabe despegarse del objeto amado, mi
querido Hijo, mi dulce Vida partió, y Yo, tu
doliente Mamá, me quedé; pero los ojos de

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                                     Divina Voluntad




mi alma no lo perdieron nunca de vista. Lo
seguí en el Huerto en su tremenda agonía
y… ¡oh, cómo me sangró el Corazón al verlo
abandonado por todos, aun por los más
fieles y queridos Apóstoles!

Hija mía, el abandono por parte de las
personas queridas es uno de los dolores más
grandes para el corazón humano en las
horas tempestuosas de la vida. Pero más
especialmente para mi Hijo que tanto los
había amado y cubierto de beneficios y
estaba a punto de dar su vida por aquéllos
mismos que lo habían abandonado en las
horas extremas de su vida, y es más, habían
huido. ¡Qué dolor, qué dolor! Yo, al verlo
agonizar y sudar sangre, agonizaba con Él y
lo sostenía entre mis brazos maternos.

Siendo Yo inseparable de mi Hijo, sus penas
se reflejaban en mi Corazón despedazado por
el dolor y por el amor, y las sentía más que
si hubieran sido mías. Y así lo seguí toda la
noche: No hubo pena ni acusación que le
hicieran que no resonara en mi Corazón. Y
al alba, no pudiendo más, acompañada por
Juan, por Magdalena y por otras piadosas
mujeres, lo quise seguir paso a paso, de un
tribunal a otro, aun corporalmente.

                                                529
                                        Divina Voluntad




Hija mía queridísima, Yo sentía los golpes de
los flagelos que llovían sobre el Cuerpo
desnudo de mi Hijo, oía las burlas, las risas
satánicas, sentía los golpes que le daban en
la cabeza cuando lo coronaron de espinas, lo
vi cuando Pilatos lo mostró al pueblo todo
desfigurado e irreconocible, me sentí
ensordecer por el: “¡Crucifícale, crucifícale…!”
Lo vi echarse la cruz en sus espaldas,
extenuado…

No pudiendo resistir más apuré el paso para
darle el último abrazo y limpiarle el rostro,
todo bañado de sangre.           Pero… ¡para
Nosotros no había piedad! Los crueles
soldados me lo alejaron, lo golpearon con las
sogas y lo hicieron caer por tierra. Hija mía,
¡qué pena tan desgarradora no poder
socorrer en tantas penas a mi querido Hijo!
Por eso cada pena abría un mar de dolor en
mi Corazón traspasado.

Finalmente lo seguí hasta el Calvario, en
donde     entre     dolores   inauditos    y
contorsiones horribles fue crucificado y
levantado en la cruz. Sólo hasta entonces
me fue concedido estar a los pies de la cruz
para recibir de sus labios moribundos el don

                                                   530
                                        Divina Voluntad




de todos mis hijos, el derecho y el sello de
mi maternidad sobre todas las criaturas.

Poco después, entre tormentos inauditos,
expiró…

Toda la naturaleza se vistió de luto y lloró la
muerte de su Creador:

Lloró el Sol oscureciéndose y retirando
horrorizado su luz de la faz de la tierra; lloró
la tierra con un fuerte terremoto, abriéndose
en diferentes lugares por el dolor de la
muerte de su Creador. Todos lloraron, las
tumbas con abrirse, los muertos con
resucitar y también el velo del templo lloró
de dolor con desgarrarse… Todos perdieron
el valor y sintieron pánico y terror, mientras
que Yo, tu Mamá, estaba petrificada por el
dolor, esperándolo entre mis brazos para
encerrarlo en el sepulcro.

Ahora escúchame, en mi intenso dolor
quiero hablarte con las penas de mi Hijo de
los grAves males de tu voluntad humana.
Míralo en mis brazos dolorosos… ¡cómo está
desfigurado! Es el verdadero retrato de los
males que el humano querer causa a las
pobres criaturas y mi querido Hijo quiso

                                                   531
                                          Divina Voluntad




sufrir tantos dolores para levantar a esta
voluntad caída en el abismo de todas las
miserias, en cada pena de Jesús y en cada
dolor mío, la llamábamos a resurgir en la
Divina Voluntad. Fue tanto nuestro amor
que para poner al seguro esta voluntad
humana la llenamos con nuestras penas
hasta sumergirla y encerrarla en los mares
inmensos de nuestros dolores.

Por eso, en este día de dolores, para tu
Mamá dolorosa, y todo por ti, dame a
cambio en mis manos tu voluntad, a fin de
que Yo la encierre en las llagas sangrantes
de Jesús como la más bella victoria de su
pasión y muerte y como triunfo de mis
acerbísimos dolores.


EL ALMA:

Mamá Dolorosa, tus palabras me hieren el
corazón y me siento morir al oír que fue mi
voluntad rebelde la que os hizo sufrir tanto. Por
eso te pido que la encierres en las llagas de Jesús
para que viva de sus penas y de tus acerbos
dolores.



                                                     532
                                          Divina Voluntad




Florecilla: Para honrarme, besarás las llagas
de Jesús haciendo cinco actos de amor y me
pedirás que mis dolores sellen tu voluntad
en la herida de su sagrado costado.

Jaculatoria: Las llagas de Jesús y los dolores de
mi Mamá me den la gracia de hacer resurgir mi
voluntad en la Voluntad de Dios.


                    María, María, María




                                                     533
                                          Divina Voluntad




            VIGÉSIMOCTAVO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
El Limbo. La espera. La victoria
sobre la muerte. La Resurrección.


EL ALMA A SU MAMÁ REINA:

Mamá traspasada, tu pequeña hija sabiéndote
sola, privada del amado bien Jesús, quiere
estrecharse a ti para hacerte compañía en tu
amarguísima desolación.     ¡Sin Jesús todo se
cambia en dolor para ti! El recuerdo de sus
desgarradoras penas, del dulce acento de su voz,
que aún resuena en tus oídos, de su fascinante
mirada, ahora dulce, ahora triste, ahora llena de
lágrimas, pero que siempre raptaba tu materno
Corazón, al no tenerlas ya contigo son espadas
cortantes que traspasan de lado a lado tu afligido
Corazón.



                                                     534
                                          Divina Voluntad




Desolada Mamá, tu querida hija quiere en cada
pena tuya darte un consuelo y compadecerte; es
más, quisiera ser Jesús mismo para poder darte
todo el amor, todos los consuelos, los alivios que
te hubiera dado Él en este estado de amarga
desolación. El dulce Jesús me ha entregado a ti
como hija, ponme, por tanto, en su lugar en tu
Corazón Materno y yo seré toda de mi Mamá, te
secaré las lágrimas y te haré siempre compañía.


LECCIÓN DE LA REINA Y MADRE DESOLADA:

Hija queridísima, gracias por tu compañía,
pero si quieres que sea para Mí dulce,
querida y sea portadora de consuelo a mi
traspasado Corazón, quiero encontrar en ti a
la Divina Voluntad dominante y obrante en
ti y que tú no le concedas a tu voluntad ni
siquiera un respiro de vida. Entonces sí, te
cambiaré por mi Hijo Jesús, porque estando
su Voluntad en ti, en Ella sentiré a Jesús en
tu corazón.

¡Oh, cómo seré feliz al encontrar en ti el
primer fruto de sus penas y de su muerte! Al
encontrar en mi hija a mi amado Jesús, mis
penas se cambiarán en gozos y mis dolores
en conquistas.

                                                     535
                                      Divina Voluntad




Ahora escúchame, hija de mis dolores:

En cuanto mi querido Hijo expiró, bajó al
limbo como triunfador y como portador de
Gloria y de felicidad a aquella prisión, en la
que se encontraban todos los Patriarcas y
profetas, el primer padre Adán, el querido
San José, mis santos padres, y todos
aquéllos que en virtud de los méritos
previstos del futuro Redentor se habían
salvado.

Yo era inseparable de mi Hijo y por tanto ni
siquiera la muerte me lo podía quitar, así
que en el océano de mis dolores lo seguí al
limbo y fui espectadora de la fiesta y de los
agradecimientos      que     toda     aquella
muchedumbre de almas prodigó a mi Hijo,
que había sufrido tanto y que su primer paso
había sido hacia ellos para hacerlos
bienAventurados y llevarlos con Él a la
Gloria celestial.

Como ves, en cuanto murió, empezaron las
conquistas y la Gloria para Jesús y para
todos aquéllos que lo amaban. Esto, querida
hija, es símbolo de que en cuanto la criatura
hace morir su propia voluntad al unirse con

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                                      Divina Voluntad




la   Divina,  comienzan     para   ella   las
conquistas en el orden Divino, la Gloria y el
gozo aun en medio de los más grandes
dolores.

Entre tanto, a pesar de que los ojos de mi
alma siguieron siempre a mi Hijo y nunca lo
perdieron de vista, en esos tres días que
estuvo en el sepulcro Yo tenía tales ansias
de verlo resucitado que continuamente
repetía en la hoguera de mi amor:

“¡Resucita,   Gloria   mía;   resucita,    Vida
mía…!”

Mis deseos eran ardientes, mis suspiros eran
de fuego, tanto que me sentía consumir.
Finalmente, en estas ansias vi que mi
querido Hijo, acompañado por aquella
innumerable muchedumbre de almas, salió
del limbo, en actitud triunfante y se
transportó al sepulcro.

Era el alba del tercer día, y así como toda la
naturaleza había llorado por Él, así gozaba
ahora, tanto que el Sol anticipó su curso
para estar presente en el momento en que
mi Hijo resucitaba. ¡Oh maravilla! Antes de
resucitar, Jesús mostró a aquella multitud

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                                     Divina Voluntad




de   almas     su   Santísima    Humanidad
sangrante, toda llagada y desfigurada, como
había quedado reducida por amor a ellas y a
todas.    ¡Cómo quedaron conmovidas y
admiraron los excesos de amor y el gran
portento de la redención!

Hija mía, cómo te habría querido presente
en el acto de la resurrección de mi Hijo. Él
era todo majestad, de su Divinidad, unida a
su alma, brotaban mares de luz y de belleza
encantadora que llenaban Cielo y tierra, y
como triunfador, haciendo uso de su
potencia ordenó a su muerta Humanidad que
acogiera nuevamente a su alma y que
resucitara triunfante y gloriosa a vida
inmortal. ¡Qué acto tan solemne!

Mi querido Jesús triunfaba sobre la muerte
diciéndole:

“Muerte, ya no serás más muerte, sino
vida.”

Así, con este acto de triunfo sellaba que Él
era hombre y Dios y confirmaba su doctrina,
sus milagros, la vida de los Sacramentos y la
vida de toda la Iglesia. Y no sólo esto, sino
que además triunfaba sobre las voluntades

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                                     Divina Voluntad




humanas debilitadas y casi muertas en el
verdadero bien, para hacer triunfar en ellas
la vida de aquel Querer Divino que debía
llevar a las criaturas la plenitud de la
santidad y de todos los bienes. Al mismo
tiempo, en virtud de su Resurrección, ponía
en los cuerpos el germen de resucitar a la
Gloria   imperecedera.      Hija   mía,   la
Resurrección de mi Hijo encierra todo, dice
todo, confirma todo y es el acto más
solemne que Él realizó por amor a las
criaturas.

Ahora escúchame, hija mía, quiero hablarte
como Mamá que ama muchísimo a su hija,
quiero decirte qué significa hacer la
Voluntad de Dios y vivir en Ella, y el
ejemplo te lo damos mi Hijo y Yo. Nuestra
vida estuvo llena de penas, de pobreza y de
humillaciones hasta ver morir de penas a mi
amado Hijo, pero en todo esto corría la
Divina Voluntad, Ella era la vida de nuestras
penas y Nosotros nos sentíamos en tal forma
triunfadores y conquistadores de cambiar en
vida a la misma muerte. Al ver el gran bien,
voluntariamente nos ofrecíamos a sufrir,
porque estando en Nosotros la Divina
Voluntad, nadie se podía imponer sobre Ella
ni sobre Nosotros, por lo tanto, el sufrir

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                                         Divina Voluntad




estaba en nuestro poder y lo llamábamos
como alimento y triunfo de la redención
para poder llevar el bien al mundo entero.

Ahora, querida hija, si tu vida y tus penas
tienen por centro de vida a la Divina
Voluntad, está segura de que el dulce Jesús
se servirá de ti y de tus penas para dar
ayuda, luz y gracia a todas las almas. Por
eso, ¡ten valor! La Divina Voluntad sabe
hacer cosas grandes donde reina. En todas
las circunstancias mírate en el espejo que
somos tu dulce Jesús y Yo y camina hacia
delante.


EL ALMA:

Mamá santa, si Tú me ayudas y me defiendes
bajo tu manto, haciéndome de celestial centinela,
yo estoy segura de convertir todas mis penas en
Voluntad Divina y de seguirte paso a paso en los
caminos interminables del Fiat Supremo, porque
sé que tu amor, fascinante de Madre y tu
potencia vencerán mi voluntad, y teniéndola en tu
poder me la cambiarás por la Divina. Por esto,
Mamá mía, a ti me confío y en tus brazos me
abandono.


                                                    540
                                        Divina Voluntad




Florecilla: Para honrarme, me ofrecerás mis
mismos dolores para que tú puedas cumplir
siempre la Divina Voluntad.

Jaculatoria: Mamá mía, por la Resurrección de
tu Hijo hazme resurgir en la Voluntad de Dios.


                  Luisa, Luisa, Luisa




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                                         Divina Voluntad




          VIGÉSIMONOVENO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
La hora del triunfo. Aparición de Jesús.
Los que habían huido se unen
en derredor de la Virgen como Arca
de salvación y de perdón.
Jesús parte para el Cielo.


EL ALMA A SU MADRE REINA:

Madre admirable, heme aquí de nuevo sobre tus
rodillas maternas para unirme contibgo en la
fiesta y triunfo de la Resurrección de nuestro
querido Jesús. ¡Qué hermoso es hoy tu aspecto!
Todo amable, todo dulzura y todo alegría. Me
parece verte resucitada junto con Jesús. Ah
Mamá Santa, en medio de tanta alegría y triunfo
no te olvides de tu hija; es más, encierra en mi
alma el germen de la Resurrección de Jesús a fin
de que en virtud de ella yo resurja plenamente en


                                                    542
                                        Divina Voluntad




la Divina Volutnad y viva siempre unida a ti y a
mi dulce Jesús.

LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija bendita de mi materno Corazón, grande
fue mi alegría y mi triunfo en la
Resurrección de mi Hijo.        Yo me sentí
renacida y resucitada en Él; todos mis
dolores se cambiaron en alegría y en mares
de gracias, de luz, de amor y de perdón para
las criaturas y extendieron mi maternidad
sobre todos mis hijos que me había dado
Jesús, con el sello de mis dolores.

Ahora escúchame, hija querida:

Debes saber que después de la muerte de mi
Hijo, me retiré al Cenáculo junto con el
amado Juan y Magdalena. Pero mi Corazón
quedaba traspasado porque únicamente Juan
estaba conmigo, y en mi dolor decía:

“Y los demás Apóstoles… ¿dónde están?”

Pero en cuanto ellos oyeron que Jesús había
muerto, tocados por gracias especiales,
todos conmovidos y llorando, uno por uno,
los fugitivos se acercaron en derredor mío,

                                                   543
                                     Divina Voluntad




haciéndome corona, y con lágrimas y
sollozos me pidieron perdón porque habían
tan vilmente abandonado y huido de su
Maestro. Yo los acogí maternalmente en el
Arca de refugio y de salvación de mi
Corazón, aseguré a todos el perdón de mi
Hijo, los animé a no temer y les dije que su
suerte estaba en mis manos porque a todos
me los había dado por hijos y Yo como tales
los reconocía.

Hija bendita, tú sabes que Yo estuve
presente en la Resurrección de mi Hijo, pero
no dije nada a nadie esperando que Jesús
mismo se manifestara que había resucitado
glorioso y triunfante. La primera que lo vio
resucitado fue la afortunada Magdalena,
después las piadosas mujeres, y todas
venían conmigo diciéndome que habían
visto a Jesús resucitado y que el sepulcro
estaba vacío. Y Yo escuchaba a todos y con
aire de triunfo confirmaba a todos en la fe
de la Resurrección.

Hasta esa noche casi todos los Apóstoles lo
vieron y todos se sentían como triunfantes
de haber sido Apóstoles de Jesús.     ¡Qué
cambio de escena, hija querida! Símbolo de
quien se ha hecho dominar antes por la

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                                     Divina Voluntad




voluntad humana, que está representado por
los Apóstoles que huyen, que abandonan a
su Maestro y es tanto el temor y el miedo
que se esconden y Pedro llega hasta negarlo.
¡Oh, si hubieran estado dominados por la
Divina Voluntad, nunca hubieran huido de
su Maestro, sino que valerosos y como
triunfadores, no se habrían separado nunca
de su lado y se habrían sentido honrados en
dar su propia vida para defenderlo!

Entonces, hija querida, mi amado Hijo Jesús
se entretuvo resucitado en la tierra cuarenta
días y muy frecuentemente se aparecía a los
Apóstoles   y    a   los   discípulos    para
confirmarlos en la fe y certeza de su
Resurrección, y cuando no estaba con los
Apóstoles permanecía junto con su Mamá en
el Cenáculo, rodeado por las almas salidas
del limbo.

Pero cuando llegó el término de los cuarenta
días, el amado Jesús instruyó a los
Apóstoles y dejando a su Mamá como Guía y
Maestra, nos prometió el descendimiento
del Espíritu Santo, y bendiciéndonos a todos
partió, tomando el vuelo hacia los Cielos
junto con aquella gran multitud de gente
salida del limbo.       Todos aquéllos que

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                                       Divina Voluntad




estaban, y eran en gran número, lo vieron
ascender, pero cuando llegó arriba en lo
alto, una nube de luz lo quitó de su vista.

Ahora, hija mía, tu Mamá Celestial lo siguió
al Cielo y asistió a la gran fiesta de la
Ascensión, y mucho más que para Mí no era
extraña la Patria Celestial y además, sin Mí,
no habría sido completa la fiesta de mi Hijo
ascendido al Cielo.

Ahora, una palabrita a ti, hija queridísima:

Todo lo que has escuchado y admirado no ha
sido otra cosa que el poder del Querer
Divino obrante en Mí y en mi Hijo. Por eso
deseo tanto encerrar en ti la Vida de la
Divina Voluntad, y Vida obrante, porque
todos la tienen, pero la mayor parte la
tienen sofocada y para hacerse servir por
Ella y mientras que podría obrar prodigios
de santidad, de gracia y hacer obras dignas
de su potencia, está obligada por las
criaturas a permanecer con las manos
atadas, sin poder desarrollar su poder. Por
eso sé atenta y haz que el Cielo de la Divina
Voluntad se extienda en ti y obre con su
poder lo que quiere y como quiere.


                                                  546
                                          Divina Voluntad




EL ALMA:

Mamá Santísima, tus bellas lecciones me
arrebatan y oh, cuánto quisiera y cómo suspiro la
Vida obrante de la Divina Voluntad en mi alma;
quiero ser también yo la inseparable de mi Jesús
y de ti, Mamá mía. Pero para estar segura de
esto, Tú debes tomar la tarea de tener mi
voluntad encerrada en tu materno Corazón, y
aunque veas que me cueste mucho, no me la
debes dar nunca, sólo así podré estar segura, de
otra manera serán siempre palabras pero los
hechos no los haré jamás. Por eso tu hija a ti se
encomienda y de ti todo espera.


Florecilla: Para honrarme harás una visita a
Jesús Sacramentado como obsequio a su
ascensión al Cielo y le pedirás que te haga
ascender en su Divina Voluntad.


Jaculatoria: Mamá querida, con tu poder triunfa
en mi alma y hazme renacer en la Voluntad de
Dios.


                    Jesús, Jesús, Jesús




                                                     547
                                          Divina Voluntad




               TRIGÉSIMO DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
La Maestra de los Apóstoles.
Sede y Centro de la Iglesia
Naciente. Barca de refugio.
Descendimiento del Espíritu Santo.


EL ALMA A SU MADRE CELESTIAL:

Heme aquí de nuevo, Soberana del Cielo, me
siento en tal forma atraída hacia ti que cuento los
minutos esperando que tu Alteza Suprema me
llame para darme las bellas sorpresas de tus
lecciones maternas. Tu amor de Madre me rapta
y al saber que Tú me amas, mi corazón se alegra
y siente toda la confianza en que mi Mamá me
dará tanto amor, tanta gracia para formar el
dulce encanto a mi voluntad humana, de manera
que el Querer Divino extienda sus mares de luz
en mi alma y ponga el sello de su Fiat en todos
mis actos. Ah, Mamá Santa, no me dejes más

                                                     548
                                        Divina Voluntad




sola y haz que descienda en mí el Espíritu Santo
a fin de que queme en mí lo que a la Divina
Voluntad no pertenece.


LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija mía bendita, tus palabras hacen eco en
mi Corazón y sintiéndome herir me derramo
en ti con mis mares de gracia, oh, cómo
corren hacia mi hija para darle la vida de la
Divina Voluntad. Si tú me eres fiel, Yo no te
dejaré más, estaré siempre contigo para
darte en cada acto tuyo, en cada palabra y
latido, el alimento de la Divina Voluntad.

Ahora escúchame, hija mía:

Nuestro Sumo bien Jesús partió al Cielo y
está pidiendo ante su Celestial Padre por sus
hijos y hermanos que dejó en la tierra. Él,
desde la Patria Celestial mira a todos, no le
escapa ninguno y es tanto su amor que dejó
a su Mamá todavía en la tierra para
consuelo, ayuda, enseñanza y compañía de
sus hijos y míos.

Debes saber que cuando mi Hijo partió para
el Cielo, Yo continué junto con los Apóstoles

                                                   549
                                      Divina Voluntad




en el Cenáculo, esperando al Espíritu Santo.
Todos estrechados a mi alrededor, orábamos
juntos, no hacían nada sin mi consejo, y
cuando Yo tomaba la palabra para instruirlos
o para decir alguna anécdota de mi Hijo, que
ellos no conocían, como por ejemplo, los
particulares de su nacimiento, sus lágrimas
infantiles, sus rasgos amorosos e incidentes
sucedidos en Egipto, las tantas maravillas
de su vida oculta en Nazaret…, oh, cómo
estaban atentos escuchándome y quedaban
raptados al oír las tantas sorpresas, las
tantas enseñanzas que Jesús me había dado
y que debían servir para ellos, porque mi
Hijo, poco o nada habló de Él mismo con los
Apóstoles, reservándome a Mí la tarea de
hacerles conocer cuánto los había amado y
las particularidades que sólo su Mamá
conocía.

Así que, hija mía, Yo era en medio de mis
Apóstoles más que el Sol del día y fui la
áncora,    el   timón,    la   barca    donde
encontraban el refugio para estar seguros y
defendidos de todo peligro. Por lo tanto
puedo decir que di a luz a la Iglesia naciente
sobre mis rodillas maternas y mis brazos
fueron la barca que la guió a puerto seguro y
la guía aún.

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                                     Divina Voluntad




Entonces, llegó el momento en que en el
Cenáculo descendió el Espíritu Santo
prometido      por    mi    Hijo.       ¡Qué
transformación, hija mía…! En cuanto los
Apóstoles fueron investidos adquirieron
nueva ciencia, fortaleza invencible y amor
ardiente; una nueva vida corrió en ellos que
los hizo intrépidos y valerosos, de modo que
se dispersaron por todo el mundo para dar a
conocer la redención y ofrecer la vida por su
Maestro. Yo me quedé con el amado Juan, y
fui obligada a salir de Jerusalén porque
empezó la tempestad de la persecución.

Hija mía queridísima, debes saber que Yo
continúo aún mi magisterio en la Iglesia. No
hay cosa que de Mí no descienda; puedo
decir que me desvivo por amor de mis hijos
y los nutro con mi leche materna. Y ahora,
en estos tiempos quiero mostrar un amor
más especial haciendo conocer cómo toda
mi vida fue formada en el Reino de la Divina
Voluntad; por eso te llamo sobre mis
rodillas, entre mis brazos maternos para que
haciéndote de barca quedes segura de vivir
en el mar de la Divina Voluntad. Gracia más
grande no podría hacerte, ah, te pido,
contenta a tu Mamá, ven a vivir en este

                                                551
                                        Divina Voluntad




Reino tan santo y cuando veas que tu
voluntad quisiera tener algún acto de vida
ven a refugiarte en la segura barca de mis
brazos diciéndome:

“Mamá mía, mi voluntad me quiere traicionar,
yo te la entrego a fin de que pongas en lugar
suyo a la Divina Voluntad”.

¡Oh, cómo seré feliz si puedo decir:

“La hija mía es toda mía, porque vive de
Voluntad Divina!”

Y Yo haré descender al Espíritu Santo a tu
alma para que te queme todo lo que es
humano y con su soplo refrigerante impere
sobre ti y te confirme en la Divina Voluntad.


EL ALMA:

Maestra divina, hoy siento el corazón tan
henchido, que quiero desahogarme en llanto y
bañar con mis lágrimas tus manos maternas. Un
velo de tristeza me invade y temo que no podré
sacar provecho de tus tantas enseñanzas y de tus
tantos cuidados más que maternos. Mamá mía,
ayúdame, fortifica mi debilidad, pon en fuga mis

                                                   552
                                         Divina Voluntad




temores, y yo, abandonándome en tus brazos,
estaré segura de vivir toda de Voluntad Divina.


Florecilla: Para honrarme, recitarás siete
Gloria en honor al Espíritu Santo, y me
pedirás que renueve sus prodigios sobre toda
la Iglesia.


Jaculatoria: Mamá Celestial, pon en mi corazón
fuego y llamas para que consuman y quemen en
mí todo lo que no es Voluntad de Dios.


                   María, María, María




                                                    553
                                          Divina Voluntad




          TRIGÉSIMOPRIMER DÍA


La Reina del Cielo en el Reino
de la Divina Voluntad.
Su Asunción al Cielo.
Entrada feliz. Cielo y tierra
festejan a la recién llegada.


EL ALMA A SU GLORIOSA REINA:

Mi querida Mamá Celestial, estoy de vuelta entre
tus brazos maternos y al mirarte veo que una
dulce sonrisa aflora en tus labios purísimos; tu
actitud hoy es toda de fiesta, me parece que
quieres narrarle y confiarle a tu hija alguna cosa
que le sorprenda más.

Mamá Santa, ah, te pido, con tus manos
maternas toca mi mente y vacía mi corazón a fin
de que yo pueda comprender tus santas
enseñanzas y pueda ponerlas en práctica.



                                                     554
                                     Divina Voluntad




LECCIÓN DE LA REINA DEL CIELO:

Hija queridísima, hoy, Yo, tu Mamá, estoy
de fiesta porque quiero hablarte de mi
partida de la tierra al Cielo, día en el cual
terminé de cumplir la Divina Voluntad en la
tierra, porque no hubo en Mí ni un respiro,
ni un latido, ni un paso en los que el Fiat
Divino no tuviera su acto completo, y esto
me embelleció, me enriqueció y me santificó
tanto que los mismos ángeles quedaron
raptados.

Ahora, debes saber que antes de partir para
la Patria Celestial Yo, con mi amado Juan,
volví de nuevo a Jerusalén. Era la última
vez que en carne mortal pasaba por la tierra
y todas las cosas de la creación, como si lo
hubieran intuido, se postraban en torno a
Mí, desde los peces del mar por el que
nAvegué hasta el más pequeño pajarito
querían ser bendecidos por su Reina, y Yo a
todos bendecía y les daba mi último adiós.
Así, llegué a Jerusalén y retirándome dentro
de una casa donde me llevó Juan, me
encerré para no salir nunca más.



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                                      Divina Voluntad




Hija bendita, debes saber que empecé a
sentir en Mí un tal martirio de amor unido
con ansias ardientes de alcanzar a mi Hijo
en el Cielo que me sentí consumir hasta
sentirme enferma de amor, y tenía fuertes
delirios y deliquios todos de amor. Porque
Yo no conocí nunca enfermedad alguna, ni
siquiera indisposición ligera, ya que a mi
naturaleza concebida sin pecado y vivida
toda de Voluntad Divina le faltaba el germen
de los males naturales; si las penas me
cortejaron tanto, fueron todas en orden
sobrenatural, y estas penas fueron para tu
Mamá Celestial triunfos y honores y me
daban campo para hacer que mi maternidad
no fuera estéril, sino fecunda de muchos
hijos.

Mira pues, hija querida, qué significa vivir
de Voluntad Divina:

Perder el germen de los males naturales que
producen no honores y triunfos, sino
debilidades, miserias y derrotas.

Por eso, hija      queridísima, escucha las
últimas palabras    de tu Mamá que está por
partir al Cielo.   No partiría contenta si no
dejara a mi hija   al seguro. Antes de partir

                                                 556
                                     Divina Voluntad




quiero darte mi testamento, dejándote por
dote esa misma Voluntad que posee tu
mamá y que tanto me agració, hasta
hacerme Madre del Verbo, Señora y Reina
del Corazón de Jesús, y Madre y Reina de
todos.

Escucha, hija querida, es el último día del
mes a Mí consagrado, Yo te he hablado con
mucho amor de lo que obró la Divina
Voluntad en Mí, del gran bien que Ella sabe
hacer y qué significa hacerse dominar por
Ella; te he hablado también de los grAves
males del querer humano.

Pero ¿crees tú que haya sido para hacerte
una simple narración?

¡No, no! Tu Mamá cuando habla quiere dar;
en la hoguera de mi amor en cada palabra
que te decía, Yo ataba tu alma al Fiat Divino
y te preparaba la dote en la que tú pudieras
vivir rica, feliz, dotada de fuerza Divina.
Ahora que estoy por partir, acepta mi
testamento, tu alma sea el papel en el que
Yo escribo con la pluma de oro del querer
Divino y con la tinta de mi ardiente amor
que me consuma, la testificación de la dote
que te doy.

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                                         Divina Voluntad




Hija bendita, asegúrame que no harás nunca
más tu voluntad, pon tu mano en mi
Corazón materno y júrame que encierras tu
voluntad en mi Corazón, y así, no
sintiéndola, no tendrás ocasión de hacerla y
Yo me la llevaré al Cielo como triunfo y
victoria de mi hija.

Ah, hija querida, escucha la última palabra
de tu Mamá moribunda de puro amor, recibe
su última bendición como sello de la Vida de
la Divina Voluntad que Ella deja en ti y que
formará tu Cielo, tu Sol, tu mar de amor y
de gracia. En estos últimos momentos tu
Mamá Celestial quiere ahogarte de amor,
quiere volcarse en ti con tal de obtener el
propósito de oír tu última palabra de que
preferirás morir y harás cualquier sacrificio
antes que dar un acto de vida a tu voluntad.

¡Dímelo, hija mía, dímelo…!


EL ALMA:

Mamá santa, en el ímpetu de mi dolor te lo digo
llorando: Si Tú ves que yo esté por hacer un acto
sólo de mi voluntad, hazme morir, ven Tú misma

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                                      Divina Voluntad




a tomar mi alma en tus brazos y llévame allá
arriba, y yo de corazón prometo, juro no hacer
nunca, nunca mi voluntad.


LA REINA DE AMOR:

¡Hija bendita, cómo estoy contenta! Yo no
podía decidirme a narrarte mi partida al
Cielo si mi hija no quedara asegurada sobre
la tierra y dotada de Voluntad Divina; pero
debes saber que desde el Cielo no te
abandonaré ni te dejaré huérfana sino que te
guiaré en todo, y en tu más pequeña
necesidad hasta en la más grande llámame y
Yo vendré inmediatamente a hacerte de
Mamá.

Ahora, hija querida, escúchame:

Ya estaba enferma de amor, y el Fiat Divino
para consolar a los Apóstoles y a Mí también
permitió, casi de modo prodigioso, que
todos los Apóstoles, excepto uno, me
hicieran corona en el momento en que
estaba para partir al Cielo. Todos sentían
un vivo dolor en su corazón y lloraba
amargamente. Yo los consolé a todos, les
encomendé de modo especial la Santa

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                                     Divina Voluntad




Iglesia naciente y les impartí a todos mi
materna    bendición,   dejando     en   sus
corazones en virtud de ella la Paternidad de
amor hacia las almas.

Mi querido Hijo no hacía más que ir y venir
desde el Cielo: no podía estar más sin su
Mamá, y dando el último respiro de puro
amor en la interminabilidad del Querer
Divino mi Hijo me recibió entre sus brazos y
me condujo al Cielo, en medio de las
legiones angélicas que alababan a su Reina.
Puedo decir que el Cielo se vació para venir
a mi encuentro; todos me festejaron y al
mirarme quedaban raptados y a coro decían:

“¿Quién es Ésta que viene del exilio toda
apoyada en su Señor, toda bella, toda santa y
con el cetro de Reina? Es tanta su grandeza
que los Cielos se han abajado para recibirla;
¡ninguna otra criatura ha entrado en estas
regiones celestiales tan adornada y hermosa,
tan potente que tiene la supremacía sobre
todo!”

Ahora, hija mía, ¿quieres saber quién es
Aquélla a quien todo el Cielo alaba y ante la
Cual queda arrobado?


                                                560
                                         Divina Voluntad




Soy Yo, tu Mamá, que jamás hice mi
voluntad y el Querer Divino me abundó
tanto que extendió cielos más bellos, soles
más refulgentes, mares de belleza, de amor y
de santidad que podía dar luz a todos, amor
y santidad a todos y encerrar dentro de mi
cielo todo y a todos. Era el obrar de la
Divina Voluntad obrante en Mí la que había
obrado prodigio tan grande. Era la única
criatura que entraba en el Cielo que había
hecho la Divina Voluntad en la tierra como
se hace en el Cielo y que había formado su
Reino en mi alma. Entonces, toda la corte
celestial al verme quedaba maravillada de
que viéndome me encontraba cielo y
volviendo a verme me encontraba sol, y no
pudiendo separar su mirada, viéndome más
a fondo me veía mar y encontraba también
en Mí la tierra tersísima de mi humanidad
con las más bellas floraciones… y raptada
exclamaba:

“¡Cuán bella es, todo encerró en Ella, nada le
falta de todas las obras del Creador; es la única
obra completa de toda la creación!”

Ahora, hija bendita, debes saber que fue la
primera fiesta que se hizo en el Cielo a la
Divina Voluntad que tantos prodigios había

                                                    561
                                        Divina Voluntad




obrado en su Criatura.       Así que en mi
entrada al Cielo fue festejado, por toda la
corte celestial, lo que de bello y de grande
puede obrar el Fiat Divino en la criatura.
Desde entonces en adelante no se han
repetido más estas fiestas, y por eso tu
Mamá quiere tanto que la Divina Voluntad
reine en modo absoluto en las almas, para
darle campo de hacerle repetir sus grandes
prodigios y sus fiestas maravillosas.


EL ALMA:

Mamá de amor, Emperatriz Soberana, ah, desde
el Cielo donde gloriosamente reinas dirige tu
mirada piadosa a la tierra y ten piedad de mí.
¡Oh, cómo siento la necesidad de mi querida
Mamá! Siento que me falta la vida sin ti, todo
vacila sin mi Mamá. Por eso, no me dejes a mitad
de mi camino, sino que continúa guiándome
hasta que todas las cosas para mí se conviertan
en Voluntad de Dios, a fin de que forme en mí su
Vida y su Reino.


Florecilla: Para honrarme, recitarás tres
Gloria a la Santísima Trinidad, para
agradecerle en mi nombre por la gran Gloria

                                                   562
                                         Divina Voluntad




que me dio en el instante de mi asunción al
Cielo y para pedirme que venga a asistirte
en la hora de tu muerte.


Jaculatoria: Mamá Celestial, guarda mi voluntad
en tu Corazón y encierra en mi alma el Sol de la
Divina Voluntad.


                   Luisa, Luisa, Luisa




                                                    563
                                          Divina Voluntad




    CONSAGRACIÓN DE LA VOLUNTAD
     HUMANA A LA REINA DEL CIELO



    MADRE DULCÍSIMA, heme aquí postrado a
los pies de Tu Trono para ofrecerTe mi inmenso
amor!. Como hijo tuyo quiero entrelazar como
una    guirnalda   perfumada     las   oraciones,
jaculatorias y promesas que tantas veces Te hice,
de no cumplir nunca más mi voluntad.


    Mamita, yo deposito esta bella corona en tu
regazo     como     testimonio     de   amor     y
agradecimiento: acéptala, Te ruego y tómala entre
tus manos para demostrarme que Te agrada mi
ofrenda. Con el tacto de Tus dedos maternos
convierte en otros tantos Soles los pequeños actos
que busquen hacer en la Voluntad de Dios.


    Oh sí, MADRE REINA, Tu querido hijo quiere
ofrecerte hoy los homenajes de luces y de Soles

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                                            Divina Voluntad




refulgentes; sé bien que Tú ya posees muchos,
pero no son aquellos de tu hijo; yo, por lo tanto,
quiero darte los míos, para decirTe que Te amo y
que me hago el propósito de amarte cada vez
más.


     MAMÁ SANTA, Tú me sonríes: Con tu
habitual bondad acepta mi ofrenda y yo Te
quedaré reconocido!.     Cuántas cosas quisiera
decirte!. MAMÁ, escucha: Yo encierro en Tu
Corazón materno mis penas, mis temores, mis
debilidades y todo mi ser, como en un lugar de
refugio, mientras Te consagro sin reserva mi
voluntad. Ah MADRE mía, acéptala, hazla un
triunfo de la Gracia, transfórmala en un campo
donde la Divina Voluntad pueda extender su
Reino! Esta Voluntad a Ti consagrada nos hará
inseparables y nos tendrá en continua relación;
las puertas del Cielo no se cerrarán más para mí,
porque habiéndote asegurado mi voluntad, Tú
estarás con Tu hijo en la tierra y éste Tu hijo irá a
vivir con su MAMÁ en el Cielo. Oh, que feliz seré
entonces!.



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    Oye, MADRE QUERIDÍSIMA, para hacer más
solemne esta consagración, yo invoco aquí
presentes a la Trinidad Sacrosanta, a los Ángeles
y Santos y delante de todos hago el juramento de
hacer para siempre renuncia a mi voluntad.


    Y entonces, Soberana Reina, Te pido como
conclusión para mí y para todos, Tu Santa
Bendición. Que ella descienda como celestial
rocío sobre los pecadores y los convierta, sobre
los afligidos y los consuele, sobre el mundo entero
y lo transforme hacia el bien, sobre las ánimas
del Purgatorio y apague en ellas el fuego que las
abrasa.


    Que tu bendición materna sea prenda de
eterna salvación para todas las almas!.


Así sea.




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                                                                                         Divina Voluntad




                  Novena a la Inmaculada41

PRIMER DÍA

Honrar a María con nueve actos de amor.
Hagamos estos actos en el Querer Divino para
poder poner sobre la augusta cabeza de nuestra
Reina un sol esplendidísimo con toda la plenitud
de gracia, de luz y todo el bien que contiene la
Divina Voluntad.

- En el primer acto daremos a María todo el
  amor del Padre.
- En el segundo, el amor del Hijo.
- En el tercero, el amor del Espíritu Santo.
- En el cuarto, el amor mismo de su Corazón de
  Madre.
- En el quinto, el amor de los ángeles.
- En el sexto, el amor de los santos.
- En el séptimo, el amor de todas las criaturas
  presentes.

41
  A manera de apéndice se incluye esta novena de Luisa, que escribió como un pequeño ejemplo de
correspondencia a Dios por la Santísima Virgen y a Ella misma (18/dic/20 y 26/jun/26) y de cómo llevar a la
práctica las enseñanzas contenidas en los capítulos acerca de la Inmaculada Concepción, y más que recitarla
con simples palabras, hay que seguirla con la voluntad uniéndonos realmente a los actos que Luisa hacía.



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                                          Divina Voluntad




- En el octavo, el amor de todas las criaturas que
  vendrán.
- En el noveno, el amor de todo el purgatorio.


Jaculatoria: Oh Trinidad Sacrosanta, enviad un
flujo de vuestro amor a mi corazón a fin de que se
inflame todo de amor, para formar con vuestro
mismo amor un sol esplendidísimo sobre la
augusta cabeza de nuestra Reina.


                    María, María, María




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                                           Divina Voluntad




SEGUNDO DÍA

Dios, al crear el mundo, prodigó tantas bellezas
que dejó por doquier la marca de su potencia, y
esto lo hizo primero, para preparar una dulce
morada a la Humanidad de Jesús que debía
descender a la tierra, y luego, para la Virgen, la
criatura más pura, la más santa, la más bella
después de Jesús. Nosotros, entremos en el
Querer Divino, hagamos nuestro todo este amor
esparcido por Dios en la creación, en el Sol, en la
luna, en las estrellas, en las flores…, y démoslo a
la Virgen, a fin de que reciba no un amor natural,
sino como si las Tres Divinas Personas la amaran
en la naturaleza.


Jaculatoria: Dios mío, infunde en mi corazón
todo el amor esparcido en lo creado, para que
yendo a la Virgen le pueda dar todo el amor y la
gloria que pusiste en la creación.


                     Luisa, Luisa, Luisa




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                                          Divina Voluntad




TERCER DÍA

En cuanto María fue concebida, ofreció sus
primeras adoraciones.

En la concepción de María concurrieron las Tres
Divinas Personas: El Padre la inundó con un mar
de sabiduría, el Hijo, con un mar de santidad y el
Espíritu Santo, con un mar de amor. De la unión
de estos tres mares salió María, la más perfecta
entre todas las criaturas, y apenas concebida hizo
su primer acto de adoración.

Junto con la dulce Mamá hagamos un giro en la
Voluntad de Dios: Tomemos las adoraciones de
todas las criaturas animadas e inanimadas y en
el vuelo de cada pensamiento, de cada mirada, de
cada palabra, de cada rayo de sol, en el brillar de
las estrellas y en el murmullo de las aguas,
demos al Padre un acto continuo y completo de
adoración.


Jaculatoria: Mamá mía, por ese primer acto de
adoración que le ofreciste a Dios, haz que mi
mente, mi corazón, los afectos, los deseos y todo



                                                     570
                                            Divina Voluntad




mi ser, de ahora en adelante, no sean más que un
continuo acto de adoración.
                     Jesús, Jesús, Jesús

CUARTO DÍA

Después del acto de adoración, la Virgen,
viéndose enriquecida con todos los dones de la
Trinidad Sacrosanta, la Cual hacía competencia
para llenarla de gracias, confundida se postró
ante la Majestad Suprema y se ofreció a sí misma
en acto de sacrificio, no reservándose nada para
sí, ni un pensamiento, ni una mirada, ni una
palabra, ni un afecto, ni un latido. Después miró
el mundo y viendo la ruina de tantas almas, se
ofreció toda sí misma por la salvación de estas
almas.

Y nosotros, desde la mañana, junto con la Mamá
hagamos un giro en la Divina Voluntad ofreciendo
nuestros    pensamientos,      las   miradas,     las
palabras, etc., todos en espíritu de sacrificio y por
la salvación de las almas.


Jaculatoria: Mamá mía, vengo a tus pies, me
arrojo en tus brazos y Tú derrama en mi corazón
todo tu amor, de manera de infundirme amor al
sacrificio de la mente, del corazón, de la voluntad
y de todo mi ser.


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                      Divina Voluntad




María, María, María




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                                          Divina Voluntad




QUINTO DÍA

Después del acto de sacrificio, la Virgen dirigió
una mirada al mundo y viendo el número
ilimitado de las almas que se perdían y todo el
mal cometido desde el primer hombre Adán hasta
la última criatura, y teniendo ante Ella todas las
generaciones pasadas, presentes y futuras, hizo
su primer acto de reparación, el acto más
completo porque abrazaba a todos y a cada
pensamiento, mirada, palabra, paso y afecto de
todas las criaturas.

Nosotros, junto con la Mamá, fundidos siempre
en el Divino Querer, haremos nuestros actos de
reparación por todas las criaturas por cada
pensamiento, por cada palabra, etc.


Jaculatoria: Mamá mía, toma mi corazón en tus
manos, estréchalo fuerte, fuerte, de modo de
infundir en mí el verdadero espíritu de
reparación.


                    Luisa, Luisa, Luisa




                                                     573
                                          Divina Voluntad




SEXTO DÍA

Al ver las tantas ofensas que se cometen, la
Virgen se sintió oprimir el Corazón por el dolor y
desde entonces empezó su oración continua,
ininterrumpida a favor de todos.

Nosotros, unámonos a la Mamá para hacer junto
con Ella lo que hacia Ella, y así vincular de nuevo
el Cielo y la tierra que la culpa habían desunido.


Jaculatoria: Mamá mía, estréchame a tu Corazón
materno y con tus latidos infunde en mi corazón
el espíritu de verdadera oración para impetrar de
Dios que su Voluntad reine en todos los
corazones.


                    Jesús, Jesús, Jesús




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                                          Divina Voluntad




SÉPTIMO DÍA

La Virgen, la más grande entre los santos, desde
el primer instante de su concepción no se dejó
escapar ni un pensamiento, ni una mirada, ni
una palabra, ni un suspiro, que no hiciera en la
Divina Voluntad; Ella todo lo hizo en la Divina
Voluntad.

Nosotros, hoy unamos nuestro pensamiento al
divino, nuestra mirada, nuestra palabra,
nuestras acciones a las divinas, y así formaremos
otros rayos de sol para hacer resplandecer sobre
la augusta cabeza de nuestra Reina.


Jaculatoria: Mamá mía, me uno a ti y haz que
todo mi ser viva siempre en la Voluntad Divina.

                    María, María, María




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                                          Divina Voluntad




OCTAVO DÍA

Para llenar el vacío que ante la Majestad Suprema
ha producido la falta de agradecimiento de parte
de las criaturas por habernos dado una Madre
tan grande preservándola de la culpa de origen,
nosotros haremos nueve actos de agradecimiento
en el Supremo Querer a nombre de todas las
criaturas, desde Adán hasta la última que existirá
sobre la tierra. Luego, nueve actos de
agradecimiento a la Virgen por habernos
aceptado como hijos, aunque ingratos a tanto
favor.


Jaculatoria: Mamá mía, Tú que eres la plenitud
de la gracia, guárdala en mi corazón a fin de que
pueda agradecer a Dios por haberte preservado
de la culpa original.

                    Luisa, Luisa, Luisa




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                                          Divina Voluntad




NOVENO DÍA

Honrar las primeras lágrimas que la Santísima
Virgen derramó ante la Divinidad.

Entonces Dios, al ver en Ella la pequeñez que
lloraba, Ella, pequeña y grande, pequeña y fuerte,
pequeña y luminosa, pero que de Ella todo
depende, conmovido y enternecido fue cuando se
decidió a hacer descender a su Hijo a la tierra.

Nosotros, hoy haremos un giro en la Divina
Voluntad y por nueve veces recogeremos todas las
lágrimas humanas que se han derramado, se
derraman y se derramarán en la tierra hasta el
fin del mundo y las llevaremos todas al regazo de
la Mamá, a fin de que Ella las lleve ante la
Majestad Suprema y las cambie todas en
lágrimas de conversión y de amor.


Jaculatoria: Mamá mía, tus lágrimas desciendan
a mi corazón para que se enternezca y si es malo
se convierta, si bueno, se santifique, y también
desciendan en los corazones de las criaturas para
que todas se conviertan.
                    Jesús, Jesús, Jesús




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                                          Divina Voluntad




DÍA DE LA FIESTA

Hoy, por nueve veces honremos a María con
agradecer a la Divina Voluntad por habérnosla
dado como nuestra Reina, como nuestra Madre y
como intercesora. Luego recemos nueve Glorias a
los nueve coros de los ángeles pidiéndoles que se
unan con nosotros para dar a María toda la gloria
creciente    que    la   Divinidad     contiene, y
sumergiendo a todos los ángeles y a todos los
santos en este Divino Querer demos a María toda
la gloria que le conviene y que le es debida.


Jaculatoria: Mamá mía, Reina de todos, reina y
toma el dominio de todos y haz que todos te
reconozcan tal cual eres Tú.


                    María, María, María




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