ESPIRITUALIDAD DEL MATRIMONIO by eTvI60o

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									                                 ESPIRITUALIDAD DEL MATRIMONIO
                                                                                         Por Eutiquio Sanz

   Muy interesante es este artículo de Eutiquio Sanz, Sacerdote valenciano muy conocido entre
nosotros por sus frecuentes colaboraciones. EI vive plenamente inserto en el mundo obrero y es
consiliario de la Fraternidad Secular I.C. En esta reflexión intenta hacernos profundizar en lo que
sería la espiritualidad específica del matrimonio partiendo de las características comunes a toda
espiritualidad cristiana.

    Antes de empezar con este tema he de confesar que me resulta muy difícil por varias razones: yo no
tengo experiencia de matrimonio, así que lo que pueda decir es lo leído, lo comentado con otros, lo que
uno cree que debería ser pero que puede que no sea ... En mis años de párroco he sido testigo de
muchos matrimonios (aunque como en el acto religioso no se hacían fotos muchos iban a casarse a las
parroquias vecinas), si bien pocos celebran cristianamente el matrimonio, formaba parte de los
sacramentos de las cuatro estaciones (bautismo, primera comunión, matrimonio y exequias), que
coinciden con momentos importantes de la vida, si bien vividos desde un plano muy individualista y, en
el mejor de los casos, familiarmente, pero sin referencia a la comunidad. "Los candidatos al sacramento
son llevados familiarmente, según costumbres ancestrales, en brazos, de la mano, del bracete o a
hombros" (c. Floristán en "Sacramentos y militancia obrera". Cuadernos de la HOAC).

    Una segunda razón es que matrimonio es una realidad secular, surgida en todas las culturas y
religiones, entre otras razones, para ordenar las relaciones sexuales en el más amplio sentido:
afectividad de la pareja, procreación, formación de familia ... De hecho, sólo a partir de los siglos XI-XII
hay una conciencia expresa del matrimonio como sacramento, si bien el tema ha sido tratado en
innumerables ocasiones anteriormente. No quiero decir que en ello no hay Espíritu y, por lo tanto, no
pueda elaborarse una espiritualidad desde esa realidad humana y terrena. Es un tema que convendría
profundizar y que nos ayudaría a situarnos teniendo en cuenta las distintas antropologías existentes y la
crisis actual del matrimonio institución.

    En tercer lugar, habrá que ir a lo fundamental en el seguimiento a Jesús, si bien subrayando todo lo
específico del matrimonio a fin de ir haciendo síntesis. Y todo ello encuadrado en el marco referencial
de nuestro tiempo, descubriendo en él la presencia dinamizadora del Espíritu capaz de generar vida y
posibilitar el nacimiento del hombre y mujer nuevos, cumpliendo así nuestra vocación humana y
cristiana de ser libres para amar, sirviendo a Dios y a los hombres.

   ¿Qué características tendría una espiritualidad para hoy?

    Si tuviéramos que resumir en dos palabras la existencia cristiana diríamos que es una experiencia
de cruz y resurrección. Desde esta clave hay que hacer la lectura de lo que sigue. La cruz sola nos
conduce al fracaso. La resurrección nunca se da sin muerte previa. Se trataría de ver cómo cambia la
vida viéndola a la luz de un crucificado-resucitado: "Yo he vencido al mundo" (Jn 16, 33); "Estén alegres
en proporción a los sufrimientos que comparten con el Mesías" (1 Ped. 4,13); "Sepultados con él en el
bautismo, con él también han resucitado" (Col 2,12); "Serán mis testigos" (Hec. 1,8); "Aún suponiendo
que tuvieran que sufrir por ser honrados, dichosos ustedes. No les tengan miedo ni se asusten. En lugar
de eso reconozcan en su corazón al Mesías, dispuestos siempre a dar razón de su esperanza a todo el
que les pida una explicación" (1 Ped. 3,13).

    Nuestra diaria muerte y nuestra diaria resurrección se dan cuando somos capaces de responder a
las exigencias de nuestro tiempo. Nuestro Dios es un Dios que acontece en la medida en que el hombre
es capaz de vivir su propia historia. (Ver Gaudium et Spes 21 y 22; Evangelii Nuntiandi, 766). "Dios
piensa, ama, ruega, crea en mí. Y muere en mí, conmigo, cuando yo no tengo ya fuerza para venir a ser
otra cosa que ese conjunto de condiciones de mi vida que me han determinado a ser, cuando mi vida
deja de poseer esa dimensión trascendente, cuando no puedo ya crear nuevos posibles, nuevos
proyectos; cuando no puedo ya vivir nuevas experiencias; cuando me cierro a todo amor y me repliego y
aíslo en el individualismo; cuando acepto ser menos para tener más y dejo de ser creador, poeta o
profeta, encarcelándome en una forma ya adquirida" (R. Garaudy, Palabra de Hombre. Edicusa, 1975).

   Cualquier espiritualidad cristiana es necesariamente espiritualidad bautismal, que exige antes de
nada la conversión como actitud necesaria a todo cristiano, como actitud vital, independientemente del
estado de vida, misión, carisma, servicio, profesión, puesto ... conversión como fundamento de
cualquier fidelidad, como actitud que nos saca de nosotros mismos y nuestros intereses obligándonos a
ponernos en camino para ir a un "lugar extraño que Yo te mostraré”, a llevar a cabo "emigraciones”
abrámicas, a ir de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, de la incredulidad
a la fe, de la desesperación a la esperanza, del miedo a la audacia, aceptando que los planes y
proyectos de Dios, aún asumiendo los nuestros, pasan por encima de éstos ... posibilitando así el
nacimiento del hombre y mujer nuevos. Dios es quien nos trabaja y nos cambia: "Les daré un corazón
nuevo, infundiré mi Espíritu en ustedes” (Ez. 36, 26-27); "Mi Padre trabaja siempre"; "Hemos sido
liberados del poder de las tinieblas y trasladados al Reino del Hijo de su amor" (Col. 1,13).

   Ha de ser una espiritualidad comunitaria. Nuestra vocación es una convocación: somos llamados
con otros. "Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente sin conexión
alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera
santamente” (L.G. 9).

    En tiempos de inclemencia, como los nuestros, el ejercicio de la fraternidad es la mejor respuesta:
como lugar de contraste de la fe y de diálogo sincero con lo que lleva de exigencia de apertura, acogida,
escucha, atención al otro, aceptación de lo distinto, puesta en crisis de las propias seguridades y
certezas; área de reposo, vida de familia, lugar de oración, de silencio, de solidaridad, de compromiso,
de respuesta al mundo actual, lugar donde fomentar estructuras de vida interior en un mundo que
carece de ellas, signo profético frente al individualismo ...

    Conscientes que la comunidad la forman personas reales con sus problemas y necesidades,
evitando así todo romanticismo, pero personas que me son dadas, son un regalo para mí y me
posibilitan vivir la
    utopía mediante la fe que actúa, el amor que se esfuerza y la esperanza que persevera (1 Tes. 1,3).

    Se trataría, pues, de vivir una espiritualidad pascual. "Una espiritualidad pascual( ... ) representa
efectivamente la convicción de la última palabra sobre la historia que tiene la vida y no la muerte; es el
seguimiento de Jesús que se alimenta del testimonio de la resurrección y esperanza que significa la
muerte de la muerte, del pecado y la injusticia que se nutre de la fidelidad y el trabajo cotidiano de
tantos hombres y mujeres que son signos de vida en nuestra sociedad" (J.R. Urbieta. Bajo el impulso
del Espíritu).

    En esta espiritualidad debemos descubrir que el Evangelio es posible y es verdad, una verdad que
se realiza en la debilidad, en el vaciamiento, en el abandono, en el anonadamiento, porque sólo desde
ahí los demás pueden ser asumidos plenamente; una posibilidad que pasa por la aceptación de nuestra
realidad y el aprovechamiento de los distintos ritmos personales sin dogmatismos, sin exclusiones,
conscientes de nuestras mediaciones y revisando la calidad de éstas.

    Esta espiritualidad nos impulsa a llenar la vida con signos pascuales, signos de vida, compromisos
transformadores, ofrendas silenciosas, descubrir el valor de la gratuidad, denuncia de todo lo que sea
muerte (injusticia, pecado, ídolos... ). Nos anima a profundizar en el sentido de la muerte, en el sentido
del futuro en el sentido de la vida, personal y colectivamente. Y nos cuestiona cómo hacer de la tierra un
hogar desde la esperanza hasta vivir los nuevos cielos y la nueva tierra (Apoc. 21).

   De lo dicho hasta aquí podemos deducir que una espiritualidad para hoy además de las
características reseñadas, ha de ser contemplativa con alegría, comprometida ...

   Sin duda que podríamos seguir poniendo características de la espiritualidad cristiana, válidas para
cualquier estado de vida, pero creo que con las señaladas son suficientes para hacernos cargo del
seguimiento a Jesús. En ellas intentaré encuadrar lo que es específico del matrimonio.

   Características de la espiritualidad del matrimonio

    ¿Qué es la espiritualidad matrimonial? “La espiritualidad matrimonial podría definirse como el
camino por el que el hombre y la mujer unidos en matrimonio-sacramento crecen juntos en la fe, en la
esperanza y en la caridad y testimonian a los otros, a los hijos y al mundo el amor de Cristo que salva"
(Diccionario de Espiritualidad, p.543)
    “Y creó Dios al hombre a su imagen: a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó" (Gén. 2,
18). La imagen de Dios es la pareja; hombre y mujer. En Gén. 2, 21-25 observamos que el hombre y la
mujer son distintos, aunque no opuestos, que la primera pareja no es una comunidad de idénticos y que
el otro es “carne de mi carne”, es decir, que tiene algo mío de lo que yo carezco. Por tanto, habrá que
profundizar en la dimensión de pareja y la posibilidad de complementariedad de ambos, desarrollar que
no solo se vive con sino que se vive para, puesto que la persona amada es objeto del pensamiento de
los sentimientos, de los deseos, del querer, de la esperanza. En definitiva, se hace el centro de la vida
del otro y así es posible sufrir juntos, gozar juntos, orar juntos, agradecer, alegrarse, cuando se ha
hecho donación de sí al otro y viceversa. En Gén. 2, 24 podemos leer: “serán los dos una sola carne”,
indicando esa necesidad de vida interior, de silencio de reposo ... pero que no hay que confundir con
hacer “cooperativa de egoísmos”, espacios cerrados al margen de cualquier referencia externa.

   Y cuando hay donación nadie es anulado. La unidad de la pareja no rompe la individualidad de cada
uno de los miembros. Ambos habrán de cultivar su propia personalidad, pero desde la entrega
incondicional al otro.

    En L.G. 31, hablando de los laicos (y los casados lo son), podemos leer: “El carácter secular es
propio y peculiar de los laicos ( ... ) Viven en el mundo, es decir, en todas y cada una de las actividades
y profesiones, así como en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social ( ... ) A ellos, muy en
especial, corresponde iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente
vinculados, de tal manera, que se realicen continuamente según es espíritu de Jesucristo y se
desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor”.

    La espiritualidad del matrimonio será, pues, una espiritualidad secular, en tanto que responsable,
adulta, reconociendo la autonomía del hombre, que Dios no es el “tapaagujeros" que soluciona nuestros
problemas y conflictos. EI hombre y la mujer se hacen más humanos, más dueños de sí y del mundo,
cumpliendo así el mandato bíblico: “Creced, multiplicaos, dominad la tierra” (Gen 1,28). Y desde esta
adultez vendrá el compromiso en partidos políticos, asociaciones de vecinos, ONGs, movimientos
sindicales ... , el respeto a los derechos de los otros, la protesta profética cuando éstos no se cumplan,
la aceptación del pluralismo y tolerancia como formas de vida, nos hará más humildes
    en nuestras propias creencias y menos triunfalistas en nuestros planteamientos, propiciará una
mayor coherencia institucional, nos obligará a dar razón de nuestra esperanza posibilitando una fe más
personal, libre, crítica, transformadora de la realidad ...

    Otro componente importante de la espiritualidad matrimonial será la sexualidad. EI cuerpo es un
medio de encuentro con el otro a quién estimula, impulsa, atrae, moviliza a la comunión, impidiendo así
su utilización y posesión. Sexualidad como medio de profundizar la afectividad y el amor. "El arte de
amar es una asignatura bastante pendiente que, cuando se aprueba, impone exigencias que solo el
corazón llega a descubrir. En el fondo, me atrevería a decir que el cariño, a medida que se purifica y se
hace verdadero, impide que el sexo se viva como un fin en sí mismo. Aunque tenga resonancias
psicológicas gratificantes y ofrezca experiencias placenteras, no dejará de ser un sendero que conduce
al corazón del otro, un ícono que revela su dignidad más profunda" (E. Lopez Azpitarte. Crisis ética de la
sexualidad en el mundo de hoy. Pastoral Misionera 190-191,1993, p. 53)

   Sexualidad entendida como anhelo de plenitud, como descubrimiento de nuestras soledades y
necesidades. Por tanto, también, como espacio de procreación.

     Si el centro del matrimonio es el amor de dos personas que quieren vivir juntas, entregadas y
comprometidas en libertad, el espíritu que lo anime deberá ser el de una escuela de vida donde se
aprenda a superar los propios egoísmos, a vivir solidariamente, a cultivar los afectos, a la comunicación
y al diálogo, a la aceptación de la diversidad, a la relativización de situaciones, a compartir tanto la
cruces y sufrimientos como los gozos y las alegrías, a admitir las críticas, a estar abiertos, a buscar la
verdad con otros, a convivir democráticamente, a ser acogedores y hospitalarios, a descubrir que la
felicidad no está en la independencia sino en la donación de sí, a experimentar y testificar con la vida y
en la vida a Dios, que es familia. Por tanto, espiritualidad evangelizadora, integradora de toda una serie
de valores humanos y capaz de hacer de ellos lugar de liberación y salvación.
    Quizá fuera bueno hablar de las crisis matrimoniales, de los matrimonios fracasados, el amor entre
parejas del mismo sexo, matrimonios en los que uno de los cónyuges es bautizado y el otro no,
matrimonios civiles, parejas estables sin vínculo civil ni eclesiástico ... ¿Qué problemas plantean? ¿Qué
actitudes tener ante estas situaciones cada vez más frecuentes? Son temas en los que tendremos que
ir profundizando con urgencia, porque cada día va siendo más lo normal. No obstante, creo, se sale del
contenido de lo que se me pide. Pero ahí esta el reto.

    Razón tenía S. Pablo al afirmar “gran misterio es éste” (Ef 5, 32), aunque él lo dijera del amor de
Cristo a la Iglesia.

    “Por eso doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra,
para que les conceda, según la riqueza de su gloria, que sean fortalecidos por la acción del Espíritu en
el hombre interior, que Cristo habite por la fe en todos los santos cual es la anchura y la longitud, la
altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que se
vayan llenando hasta la total Plenitud de Dios" (Ef 3,14-19)


DIALOGO DE PAREJA:

¿Para qué hemos invitado a Jesús?

¿Quién es Jesús para los dos?

								
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