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									Vida y experiencia de un maestro: La huella social de Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

Julián Ruiz Iriarte
Maestría en Educación SUE Caribe
Universidad de Cartagena




        Forjador de nuevas generaciones, J.V. Gutiérrez.

Nació el 6 de mayo de 1942, en el Barrio de Sandiego de Cartagena, Bolívar. Sus padres,
Gilberto Gutiérrez Moreno y Juana Mercedes Alicia Magallanes Magallanes, siempre tuvieron
una mirada esperanzadora sobre lo que sería el destino de ese jovencito inquieto de la familia.

Sus primeros cuatro años de primaria los cursó, en la escuela unitaria de “La Fe”, ubicada en el
barrio de Getsemaní, El quinto año de primaria lo estudió en la Escuela Urbana Simón Bolívar,
situada en el centro de la ciudad, frente a la Universidad de Cartagena. Considera que en su
formación primaria tuvo dos grandes maestras: Ana Josefa Herrera Gutiérrez e Irmina
Schorbogth. Para él ésta última maestra fue forjadora de gran parte de la juventud cartagenera.
El bachillerato lo continuó en el Liceo de Bolívar del año 1957 al 1962, cuando funcionaba en el
edificio del antiguo Cuartel del Fijo de la calle del Cuartel. Del 1963 al 1966, hizo estudios de
licenciatura en Biología y Química en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia de
Tunja, Boyacá. De esta universidad tiene recuerdos muy gratos de sus maestros, hacían su
docencia con mucho humanismo (lo cual marcó en su desempeño como docente), para él muy
noble era el doctor José García Jefe de la especialidad de Biología y Química.

Al principio de su desempeño como docente consideraba que todos los estudios eran
necesarios para ascender en el escalafón, pero posteriormente cambió de mentalidad y
consideró que existian algunos de interés especial, como el de “Etnoeducación” el cual le
permitiría comprender aún más sus raíces.

Para él uno de los más altos referentes de orgullo estaba en el haber abierto los ojos y
encontrarse viviendo en el barrio de Chambacú, donde todo era alegría, hasta cuando cumplió
los siete años de edad.

En cuento a pasatiempos y aficiones tuvo varias etapas, cuando niño tendía a los juegos que
no tuvieran mucha movilidad, de allí que el que más recuerda fue el de las canicas o bolitas de
cristal, a pesar de gustarle un poco burlarse de los demás, era algo malo para la contienda
física, optó por dedicarse a leer, afición que comprendió bien después de haber salido de la
Universidad, en ésta me dedicó a participar como bailador del grupo folclórico, en cumbia,
mapalé y demás bailes del folclor de la Costa Atlántica. Hoy puede decir que su verdadera
afición es la lectura.

Su entorno como maestro, cree que se originó por la necesidad que apreciaba a su alrededor,
en el barrio predominaba el analfabetismo, y allí fue donde tuvo su primera experiencia como
alfabetizador, cuando cursaba el octavo grado, aquello le marcó un poco, también pudo decir
que el hecho de llegar a hacer parte de una congregación de jóvenes obreros católicos que se
reunían los sábados, en las tardes, para hacer lecturas de los evangelios e interpretar con una
práctica en nuestro entorno.

A medida que avanzaba en el bachillerato fue encontrando maestros como los licenciados:
Almanza Castillo, Julio Moneriz, Guillermo Trucco García, Luis Ripoll, estos estaban recién
egresados de la Universidad Pedagógica de Tunja. Todos ellos mostraban facilidad en la
comunicación con los estudiantes, y observaba que había una forma para llegar a ser docente.
Otra motivación era la necesidad que presentaba el departamento de Bolívar en la adquisición
de docentes, tanto era así, que otorgaban auxilios especiales a los bachilleres para estudiar
licenciatura o magisterio en general, como era el curso piloto que se hacía en el interior del país
especialmente en Medellín.

Egresó de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia de Tunja en diciembre del
año 1966, en Biología y Química, al regresar a Cartagena, logró vincularse al Liceo de Bolívar
en febrero del 1967, como profesor de Ciencias Naturales en los sextos grados, y en la jornada
contraria, la vespertina la hizo en la Escuela Normal de Varones, en ésta tenía medio tiempo y
orientaba las clases de Biología en octavo y noveno grado, al año siguiente clausuraron la
Normal de varones y adicionaron los estudiantes al Liceo de Bolívar y a la Escuela Normal
Piloto de Bolívar, allí laboró hasta el año 1971. Al inicio del 1972, pasó al Colegio Nacional
Soledad Acosta de Samper de tiempo completo en la jornada de la tarde, continuaba
trabajando en el Liceo de Bolívar con tiempo completo. En el año 1980, sus compañeros lo
postularon en el liceo de Bolívar como coordinador de disciplina, más tarde coordinador
general, cargo en el que estuvo hasta cuando salió jubilado. En cuanto a la Institución
Educativa Soledad Acosta de Samper, laboró hasta el 2001, hasta cuando lo desvincularon por
razón de doble tiempo, ya había ejercido la docencia en esas condiciones por espacio de 29
años.

Dentro de su experiencia docente ha desarrollado la enseñanza desde la Introducción de las
Ciencias Naturales en sexto grado hasta la Química Orgánica en grado once. En la Institución
Educativa Soledad Acosta, realizó por un tiempo Geociencia en el bachillerato con especialidad
en Ciencias Naturales.

Además de la actividad como maestro, le ha gustado escribir, actualmente ha publicado tres
libros. El primero lo hizo a través de un reconocimiento que le hizo el Instituto de Patrimonio y
Cultura de Cartagena (I.P.C.C.): “Chambacú a la Tiña, Puño y Patá”: el segundo lo hizo en
compañía del licenciado Jorge Valdelamar Meza. “Getsemaní: Oralidad en Atrios y Pretiles”.
Actualmente escribe para el Boletín del Jubilado de la Asociación de Jubilados del Magisterio
de Bolívar. Tiene una trecera obra, es inédita sobre La Lírica en las Ciencias Naturales.

Dentro de su carrera como docente siempre ha tenido presente la proyección, hacia dónde
debían llegar sus discípulos, cuando comenzó a enseñar a nivel de secundaria, eran los años
del 60 al 70, el estudiante que entraba a cursar el bachillerato, lo hacía con el simple objetivo
de estudiar una carrera universitaria, si no lo podía iba al mercado laboral. En esto es franco
cuando advierte que impartía una orientación para la universidad, situación esta que cambió a
medida que vió la necesidad de profundizar en la formación axiológica. A partir,
aproximadamente, del año 1980, observó la necesidad de hacer realidad lo que se decía
para cumplir con una planilla: al estudiante dice ” teníamos que buscar la forma de prepararlo
para la vida, para hacer parte de una sociedad que lo estaba exigiendo, ya no todos aspiraban
a la universidad”.
La muestra más convincente la presenta en sus exalumnos, en el reconocimiento que hacen de
la labor que cumplió con ellos. Tiene un orgullo muy personal, cuando hace un análisis de todo
el proceso evolutivo que sufrió como maestro para ganarse el afecto de los que hoy en su
presencia y a sus espaldas agradecen su hacer como maestro. Hoy camina sin
arrepentimiento por su constante preocupación por preparar buenos estudiantes.
Siempre laboró con estudiantes de los estratos: 1,2 ,3 y muchos casos en estrato cero o menos
cero, donde pudo apreciar el deterioro de la autoestima, en esto tiene mucho que ver, con la
casi desaparición de la familia nuclear, adicionándose a esta situación la puesta de la
“promoción automática”. Esta última situación es producto del decreto # 0230.

Empleó lo que llamó pedagogía de la vida, donde define la pedagogía, como la acción de
educar, de enseñar, de conducir el proceso de aprendizaje del ser humano, esto ampliando el
significado etimológico del concepto pedagogía que hace referencia a: conducir al niño.

Esto, desde su perspectiva, hace referencia a la utilización del sendero que usó para lograr
alcanzar el conocimiento por parte de los estudiantes, tiene que ver, según su parecer, con la
didáctica empleada: Trataba a toda costa de emplear la observación y en cuanto a las
explicaciones, descomponer los términos empleados en sus raíces más simples, en su clase
era fundamental el manejo del diccionario, en buena hora se estableció el uso directo del texto
de lo que se iba a tratar acompañado de material didáctico apropiado. Porque, piensa que esta
forma limitó bastante el uso absoluto de la memoria. El empleo de talleres después de la
debida explicación era una forma de mucha ayuda, siempre y cuando se llevara al consenso y
se alcanzase a hacer la esperada evaluación al final de la clase.

Como siempre consideró que si no se conocía el significado de los términos empleados en una
clase, era difícil alcanzar el aprendizaje de determinado logro, consideró fundamental el uso de
glosarios. Entonces llegó a la conclusión de aceptar, no un ensayo, sino una breve composición
del tema tratado, y esto lo puso en práctica cuando le tocó enseñar química a estudiantes de
bachillerato en humanidades, allí les hacía poemas referentes a los temas de química y
aceptaba los que ellos hiciesen siempre y cuando fueran capaces de explicar razonablemente
lo escrito. Otra forma era darle cierta transversalidad al tema tratado, es decir correlacionarlo
con las demás asignaturas.

En su accionar en el aula siempre tuvo presente, que en el aula la autoridad estaba
representada por el maestro y en especial por la preparación que este tenía o tiene, y desde un
principio en toda clase se debía mostrarle lo interesante que era el conocimiento que se iba a
adquirir. Se debía hablar claro, sin titubeo y saber esperar con paciencia la atención que debían
prestar.

Además de tener como fundamento la observación de la naturaleza, siempre trataba que el
desarrollo de la clase fuera funcional con lo que se estaba dando en la localidad o en el país o
en la parte reducida del mundo que tenían acceso. Como profesor de ciencias naturales, no
sólo utilizaba el laboratorio escolar, sino todo lo que en la casa se hacía y tenía que ver con
sustancia o materia orgánica e inorgánica, además de la biblioteca. Hubo un tiempo en que
utilizó una suscripción a la REVISTA CIMPEC OEA del Centro Interamericano para la
producción de Material Educativo y Científico para la Prensa, Bogotá .D.E. Colombia.
La relación con los estudiantes dentro del aula y en la vida social, Siempre , ahora cuando ha
pasado su vida por las aulas, hace análisis de las etapas vividas, como lo dijo anteriormente ,
en un principio fue supremamente exigente y muy serio en la clase, consideraba que en la
labor del maestro no se debía asomar el humor, porque este restaba seriedad a la clase: “algo
absurdo”, tal vez por considerar que sólo le bastaba el conocimiento de la asignatura que
enseñaba y no necesitaba de las disciplinas que ayudan a la pedagogía, como son : psicología,
sociología y antropología. Sus alumnos le miraban a distancia, con mucho miedo: allí en el aula
las cosas eran demasiado rígidas y las relaciones eran de aprensión. Fuera del aula, él seguía
siendo el maestro que exigía mucho respeto y mantenía la distancia, podría decir que en esos
primeros años de docencia, fue poca la vida social que realizó con sus estudiantes.
Afortunadamente, comprendió que se conseguían mejores resultados, cuando las clases se
desarrollaban en un ambiente sosegado, de buenas relaciones, tanto fue así que aceptó que se
dirigieran a él por el nombre, me era indiferente que me llamaran: profesor o el sólo nombre,
estas buenas relaciones se proyectaron en la poca vida social que han desarrollado sus
estudiantes. Podría decir que siempre estaba dispuesto a conocer el medio en que vivían los
estudiantes.

Una explicación que siempre ha tratado de darle a su comportamiento de exigencia y poca
“mamaderadegallo”en la enseñanza, es el valor sobredimensionado que le da a la educación, y
que esta es la única salvación para los de mi clase social (de menos cero a tres), ese tejido
social, que a todo tiende no darle importancia, a dejar para más tarde lo que debe hacer ya,
donde las oportunidades son escasas.

Cuando comprendió que el estudiante, era realmente el ser más importante para que se diese
el proceso de enseñanza aprendizaje, esto expresado con la veracidad del maestro que
siempre ha hecho la justa crítica a la forma como el Estado ha manejado la cultura: dándole
mayor prioridad al armamentismo que al ministerio de educación. Ahora en lo que respecta
como autocrítica, pude observar que al momento de organizar un horario se pensaba más en el
maestro que en el estudiante, esa era una pobre realidad. Pero, ya en el aula y a nivel de
confrontación de maestro –alumno, optó por una forma más consciente: Si el estudiante
mostraba cierta discrepancia en la actividad que desarrollaba para lograr alcanzar los objetivos
del aprendizaje. Debía hacer un “pare”y buscar los elementos o estrategias que lograran una
mejor relación, se lograba la meta, cuando acudía al diálogo y los estudiantes exponían sus
inquietudes. Manifiesta que él fue claro, que siempre estuvo en la actitud de presentar excusas
cuando cometía un error. Ya con el paso de los primeros años les decía que: los maestros
podían equivocarse, no eran infalibles, y como consecuencia debía ser bastante razonable para
buscar mayor empatía en la búsqueda de la comprensión. Como conclusión: la desavenencia o
la discordancia debían solucionarse a través del diálogo y en el aula.

Aquí Se atrevió a afirmar, que es determinante, y se siente más a medida que se hace con
estudiantes de grados de escolaridad inferior. Quizás donde más se necesitan las mejores
relaciones es en el proceso de enseñanza –aprendizaje, y por esta razón, hoy con la apertura
que se dio en educación para que cualquier profesional llegase a la enseñanza como docente,
se sentó como requisito fundamental la preparación de este profesional: en docencia, a través
de postgrados o diplomados con énfasis en psicopedagogía, donde se muestra la
importancia de las relaciones humanas para alcanzar determinadas competencias. En la
historia de la pedagogía son múltiples los casos de rechazo psicológico de un estudiante por
determinada asignatura, debido a las malas relaciones de un maestro para con el estudiante,
este llega a presentar una especie de “bloqueamiento” en el argot popular.

Cuántas veces los estudiantes sabían cómo irritar al docente para que entrara en una especie
de demencia por el estado de ira en que ingresaba, y la clase se perdía en el desorden que
duraba el tiempo de ésta. El manejo de grupo es fundamental para alcanzar el rendimiento
académico y mantener el debido comportamiento, sin llegar a posiciones inquisitoriales, porque
estas darían como resultado lo contrario a las buenas relaciones.

Esa relación pedagógica, se estableció basada en la comprensión del estudiante como un ser
humano con manifestaciones espirituales y materiales, trascendiendo más allá del recinto
escuela, estudiando observando el contexto del estudiante. Apreciaba que la labor se hacía
más fácil cuando trataba al adulto que respondía por la crianza del estudiante, generalmente
era una mujer y muchas veces la abuela, porque muchos tenían hogares disfuncionales, donde
por lo regular faltaba un miembro de la familiar de tipo nuclear o normal. Para una buena
relación pedagógica se necesita humildad por parte del docente, no entendiendo esta como
apocamiento o “minusvalía”, sino como aquella cualidad que permite entender las flaquezas del
ser humano como un individuo que siempre está en la búsqueda de la perfección humana o de
un ser integrado por razones axiológicas de mucha estima. Su lema fue que los jóvenes, la
mayoría de las veces, sino todas. No tenía culpa de las cosas malas que se daban en nuestra
sociedad, y en virtud de este eslogan buscaba entender las situaciones, llegando a comprender
cuando se generaban problemas entre los docentes y los estudiantes, era más fácil tratar con
el estudiante que con el adulto. No por esto dejaba de prevalecer la autoridad con justicia.

Esa escuela, llamada Liceo de Bolívar, donde me formé como estudiante y maestro, es un gran
laboratorio, donde se puede sentir el calor humano a pesar de todas las falencias que hoy se
presentan, donde el maestro sigue siendo un trabajador, acosado por múltiples problemas,
con la amenaza de una inseguridad por la asistencia social y con una elevada falta de
autoestima por parte de los estudiantes liceístas, esto último tiene sus raíces en la
problemática que se genera a partir de la familia, está bastante desvertebrada.

 Dentro de estrategias pedagógicas o didácticas desarrolladas en relación con los estudiantes
Como anteriormente lo había planteado, aquí no iba a argumentar citando las estrategias de
ningún pedagogo en especial, pero si era honesto al decir que el maestro que no lee está
perdido. Entonces, a través de la forma de relacionarse con los estudiantes y la apreciación de
ciertos maestros, buscaba la forma de desarrollar una didáctica que facilitase la comprensión
por parte del estudiantado. El tema a tratar debía ser leído y conocer el significado de todos los
términos empleados en la lectura, para lo cual era fundamental el uso del diccionario, se
trabajaba en grupos reducidos, que ojalá fuese de dos personas, hacer una breve síntesis de lo
comprendido y hacer una explicación al grupo, finalmente una pequeña evaluación de lo
desarrollado en clase. Trataba que pudieran establecer una relación de lo expuesto con lo que
se estaba dando en la cotidianidad. Siempre iniciaba la clase con una charla sobre formación
axiológica, porque argumentaba que su colegio necesitaba maestros que dedicasen más
tiempo a lo formativo que a lo académico. Cuando al estudiante se le crea el sentido de la
responsabilidad, es capaz de atender la parte académica con el sistema de guías bien
preparadas. Este sistema de guías me dio buenos resultados y mantenía siempre trabajando a
los estudiantes, siendo recomendable que el maestro permanezca en el aula de clase,
pendiente para resolver cualquier inquietud de los estudiantes.

Como anteriormente lo había planteado, aquí no iba a argumentar citando las estrategias de
ningún pedagogo en especial, pero si era honesto al decir que el maestro que no lee está
perdido. Entonces, a través de la forma de relacionarse con los estudiantes y la apreciación de
ciertos maestros, buscaba la forma de desarrollar una didáctica que facilitase la comprensión
por parte del estudiantado. El tema a tratar debía ser leído y conocer el significado de todos los
términos empleados en la lectura, para lo cual era fundamental el uso del diccionario, se
trabajaba en grupos reducidos, que ojalá fuese de dos personas, hacer una breve síntesis de lo
comprendido y hacer una explicación al grupo, finalmente una pequeña evaluación de lo
desarrollado en clase. Trataba que pudieran establecer una relación de lo expuesto con lo que
se estaba dando en la cotidianidad. Siempre iniciaba la clase con una charla sobre formación
axiológica, porque argumentaba que su colegio necesitaba maestros que dedicasen más
tiempo a lo formativo que a lo académico. Cuando al estudiante se le crea el sentido de la
responsabilidad, es capaz de atender la parte académica con el sistema de guías bien
preparadas. Este sistema de guías me dio buenos resultados y mantenía siempre trabajando a
los estudiantes, siendo recomendable que el maestro permanezca en el aula de clase,
pendiente para resolver cualquier inquietud de los estudiantes.

Después de haber pasado esa etapa, donde el maestro cree saberlo todo y sólo se debe oír su
voz, entendió que la clase era una comunión de todos y cuanto más participaran los
estudiantes era más provechosa la enseñanza, y volvió a ser reiterativo en esto lo ayudaron
muchas lecturas sobre didáctica y psicología, especialmente lo referente a como se da el
proceso de aprendizaje a través del cerebro. La evaluación de la clase la tomó como algo muy
importante, a pesar de que una persona como maestro interesado por lo que hace a favor de
la clase, sabe cuando aquella quedó bien y el mensaje fue bien compartido, se llega a
experimentar la satisfacción por el desarrollo de la clase. Hoy más que nunca son importantes
las sugerencias, porque el desarrollo de las ciencias se da de forma vertiginosa y el mundo se
ha constituido en la aldea por el desarrollo amplio de la comunicación. Hoy cada estudiante
tiene acceso al sistema de Internet. Pero da tristeza cuando todavía encontramos maestros que
sólo leen el texto que poseen los estudiantes y del mundo vive alejado.

La escuela y el maestro deben constituirse en una unidad de permanente evolución. El maestro
es un humano dispuesto a tratar de entender el desarrollo de la sociedad en que se mueve, su
pensamiento debe estar a disposición de la autocrítica para revisar los pasos dados. No hay
dueños de verdades, ni tenemos la última sentencia para definir la vida de nadie. El hombre es
un ser en permanente evolución. Hoy ser maestro es una responsabilidad muy grande, porque
la sociedad está más convulsionada., antes trabajábamos para un entorno muy reducido, ahora
estamos más en contacto del cosmos.

Aunque el profesor Juan Vicente Gutierrez Magallanes cartagenero, nacido y criado como ya
se ha dicho anteriormente en el corazón de la ciudad de cartagena. Sin embargo, no se
encuentra ubicado dentro del marco de los pedagogos clásicos, y hasta la fecha se halla en el
anonimato, por no estar reconocido por la comunidad pedagógica regional y nacional; es
necesario brindarle la oportunidad de ser siquiera mirado por un instante.

Si bien es cierto, reconoce y defiende orgullosamente su origen de extracción popular, no se
observa reflejada en sus primeros años de su práctica pedagógica, aquí abria que destacar la
frase de Carlos Marx “El ser social no determina su con ciencia”; donde se enfoca hacia el
paragdima de la pedagogía tradicional, manifestado a través de la enseñanza rígida como
única fuente de adquisición de conocimiento y considerando al maestro como “el único que
sabe”.

Lo que se puede deducir es que la práctica pedagógica del profesor Juan Vicente Gutierrez
Magallanes se dividió en dos períodos, el primero en el que el proceso de enseñanza y
aprendizaje era memorístico caracterizado por la aplicación de la pedagogía tradicional, donde,
el docenente aparecía como la máxima autoridad al que no se le podia discutir. El estudiante
por su parte es considerado un ser pasivo, el docente es apreciado como el centro del proceso.
La adopción de esta postura puede ser producto de su formación como licenciado, los cuales
en esa época eran muy pocos en la ciudad de Cartagena. En ese lapso se utilizaba el distintivo
como lo menciona él “el mejor profesor es el que más raje”; este procedimiento se circunscribe
entre las décadas del 60 y 70, donde eran pocos los libros de textos en las instituciones
educativas, por lo tanto habia una dependencia muy marcada del educando hacia el profesor.
Es necesario a notar que para esta etapa era docente en tres instituciones educación básica y
media.
El segundo momento se circunscribe entre la decada del 80 hasta el año 2007, donde cambia,
tanto su concepción, como su desepeño pedagógico. Se consideraba un facilitador y mediador
en el proceso en proceso de enseñanza y aprendizaje, flexible, concibe al estudiante como
centro del proceso, hasta llega a afirmar “Que si el estudiante no aprende es problema del
profesor, por la mala utilización de la didáctica y la falta de motivación”; además “son los
adultos quienes le ocasionan los problemas a los niños”. Trataba de cautivar la atención de
sus estudiantes, por medio de la elaboración de poemas en las ciencias naturales. De ahí nació
la idea de escribir su libro “la Lirica en las Ciencias Naturales”.

 El cambio en su visión pedagógica,se debió a su formación axiologia, a la influencia de leer
autores como Humberto Maturana Romecín, especialmente con si libro: “El Sentido de lo
Humano”, Aníbal Ponce: “Educación y Lucha de Clases”, Leo Buscaglia en:”Como Amarnos
los Unos a los Otros”- El Desafío de las Relaciones Humanas, “inteligencias Múltiples en la
Educación de la Persona de Elena María Ortiz de Maschwitz y “La Inteligencia Emocional”
Daniel Goleman.

Pensaba que la motivación reflejaba la atención y el interés del educando en la clase
pemitiendo un mejor desarrollo de la clase, especialmente cuando el tema era muy abstrato.
Por lo tanto, el maestro al entrar al aula de clases debía transformarse en artista, ser un buen
actor, dispuesto a hacerse querer a través del mensaje que llevaba. En cuanto a su
desempeño en el aula, trataba de utilizar la observación, las explicaciones, descomponer los
términos empleados en sus raíces más simples, en su clase era fundamental el manejo del
diccionario. Así ismo el empleaba talleres después de la debida explicación y discusión de tema
en el aula.

Producto de su transfrmación como docente, llega a afirmar el maestro Juan Gutierrez
Magallanes “Si el maestro fuera cuidadoso y observador de cómo está conformado el tejido de
las diferentes actividades ocupacionales del hombre, podía apreciar que no todos los
estudiantes se iban a desenvolver en las mismas actividades, y en esto debía hacer énfasis,
para que inclusive el mismo estudiante entendiera esta situación; pero desafortunadamente se
dió una “burda pedagogía”en que el maestro adoptaba una posición de permanente
“inquisidor”, con el anatema de “ese es mi talante y yo soy así”. El verdadero maestro siempre
está dispuesto al análisis de situaciones planteadas por el qué hacer en el desarrollo de la labor
pedagógica”.

El profesor Juan Gutierrez Magallanes, es considerado pedagogo social, por haber contribuido
en la formación de muchos profesionales, entre ellos docentes en los que se podrían
mencionar, Ignacio Herrera, el popular “Nacho”, Eloy Pereira; médicos, ingenieros e incluso
profesores de la Universidad de Cartagena, entre otros. Además, esnecesario señalar que la
Institución Educativa Liceo de Bolívar, hasta la década de los 80 forjó los mejores bachilleres
anivel regional y nacional, encluso de la decada del 90 hay hoy profesores en la Universidad
Pedagógica Nacional ecresados del Liceo de Bolívar producto de esa buena labor de docente
de éste gran maestro.

Otro aspecto importante a resaltar, es su preocupación permanente por la situación
extremadamente precaria de los actuales estudiantes del Liceo de Bolívar, era de los siempre
se colocaba (e incluso hoy todavia lo hace cuando se le comunica) al frente de actividades de
solidaridad, para estudiantes, padres de familias y hasta con cualquier persona que lo
necesite en el día de hoy.
Gran inspirador de la democracía, la pluralidad, identidad y valoración de las diferencias; la
participación y la responsabilidad democráctica, y por consiguiente de la convivencia y de la
paz entre la comunidad educativa especialmente, y vela por que esta armonía se introduzca en
la actitud y voluntad de los educandos y colectividad educativa en general. Por consiguiente,
promueve y dirige de manera activa la elección de personeros y demás represenantes ante las
instancias institucionales, aún siendo directivo.




                                           ANEXOS




                   I   HOJA DE VIDA

                  II El LUGAR DEL MAESTRO

                  III HUELLA DESDE LA IMPRENTA
                                             I

                              HOJA DE VIDA



JUAN VICENTE GUTIÉRREZ MAGALLANES.


Cédula de Ciudadanía: 6742388 de Tunja.

Edad: 66 años.

Estado Civil: casado.

Cel: 3155626960. Tel. 6617854.

Residencia: Barrio Santa Mónica, calle 1ª # 4 – 05. Cartagena.

ESTUDIOS REALIZADOS:


Bachiller del Liceo de Bolívar.


Licenciado en Biología y Química de la U.P.T.C de Tunja.


Diplomado en: Estudios sobre Cátedra Afrocolombiana.


EXPERIENCIA LABORAL:


Profesor de Química en la Escuela Normal Piloto de Cartagena (años 1967 a 1971).


Profesor de Biología y Química en el colegio Soledad Acosta de Samper (años 1972 a 2001).


Profesor de Biología y Química del Liceo de Bolívar y Coordinador (desde el año 1967 a

2007).
Miembro de la Asociación de Escritores del departamento de Bolívar.


Miembro de la Red para el Avance de las Comunidades Afrodescendientes.




OBRAS PUBLICADAS:


       Chambacú a la Tiña Puño y Patá (editada por el IPCC).

       Getsemaní: Oralidad en Atrios y Pretiles en compañía del Licenciado Jorge Valdelamar

        M.

       Crónicas y Poemas en El Diario Universal y El Boletín del Jubilado del Departamento

        de Bolívar.

       La Lírica en las Ciencias Naturales (inédita).




Atentamente,




Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


C.C.#67’42.388 de Tunja


Cartagena de Indias, 2 de junio de 2008


.
                                        II

                     El lugar del maestro




El veterano forjador fungiendo ahora como coordinador de la I.E. Liceo Bolívar.
“Al estudiante hay que escucharlo”, J.V. Gutiérrez Magallanes.
Elecciones de personero y consejeros, democracia escolar.
El ejercicio de la democracia escolar también es asunto de los mayores, en la
gráfica, de izquierda a derecha, las docentes Nurys Troncoso, registradora, Nurys
Pérez, representante del Proyecto “Nacho Derecho y Luna” de Colciencias, y
Denys Silva, coordinadora de la jornada electoral de la I.E. Liceo de Bolívar.
Grupo de apoyo en las elecciones estudiantiles, de izquierda a derecha, docentes
Julián Ruíz Iriarte y Denys Silva, Kelly Utria (representante de la Universidad de
Cartagena Proyecto “Nacho Derecho y Luna”), Kelly Sayas (estudiante) y Eliana
González (estudiante).
III HUELLAS DESDE LA
IMPRENTA




      Portada y contraportada de su primer libro: “A la
          tiña, puño y patá”, editada por el IPCC.
Segundo texto del maestro Gutiérrez, “La lírica en
 las ciencias naturales”, prolija poética desde dos
perspectivas del mundo.
“Getsemaní, oralidad en atrios y pretiles”, experiencia bilio-
 gráfica del maestro Juan V. Gutiérrez con su colega Jorge
                        Valdelamar.

								
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